{"id":41340,"date":"2016-10-07T23:28:45","date_gmt":"2016-10-08T04:28:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mt-18-21-191-parabola-sobre-el-perdon-y-la-misericordia\/"},"modified":"2016-10-07T23:28:45","modified_gmt":"2016-10-08T04:28:45","slug":"mt-18-21-191-parabola-sobre-el-perdon-y-la-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mt-18-21-191-parabola-sobre-el-perdon-y-la-misericordia\/","title":{"rendered":"Mt 18, 21\u201419,1: Par\u00e1bola sobre el perd\u00f3n y la misericordia"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">21<\/span> Acerc\u00e1ndose Pedro a Jes\u00fas le pregunt\u00f3: \u00abSe\u00f1or, si mi hermano me ofende, \u00bfcu\u00e1ntas veces tengo que perdonarlo? \u00bfHasta siete veces?\u00bb. <span class=\"versiculo\">22<\/span> Jes\u00fas le contesta: \u00abNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. <span class=\"versiculo\">23<\/span> Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. <span class=\"versiculo\">24<\/span> Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que deb\u00eda diez mil talentos. <span class=\"versiculo\">25<\/span> Como no ten\u00eda con qu\u00e9 pagar, el se\u00f1or mand\u00f3 que lo vendieran a \u00e9l con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara as\u00ed. <span class=\"versiculo\">26<\/span> El criado, arroj\u00e1ndose a sus pies, le suplicaba diciendo: \u201cTen paciencia conmigo y te lo pagar\u00e9 todo\u201d. <span class=\"versiculo\">27<\/span> Se compadeci\u00f3 el se\u00f1or de aquel criado y lo dej\u00f3 marchar, perdon\u00e1ndole la deuda. <span class=\"versiculo\">28<\/span> Pero al salir, el criado aquel encontr\u00f3 a uno de sus compa\u00f1eros que le deb\u00eda cien denarios y, agarr\u00e1ndolo, lo estrangulaba diciendo: \u201cP\u00e1game lo que me debes\u201d. <span class=\"versiculo\">29<\/span> El compa\u00f1ero, arroj\u00e1ndose a sus pies, le rogaba diciendo: \u201cTen paciencia conmigo y te lo pagar\u00e9\u201d. <span class=\"versiculo\">30<\/span> Pero \u00e9l se neg\u00f3 y fue y lo meti\u00f3 en la c\u00e1rcel hasta que pagara lo que deb\u00eda. <span class=\"versiculo\">31<\/span> Sus compa\u00f1eros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su se\u00f1or todo lo sucedido. <span class=\"versiculo\">32<\/span> Entonces el se\u00f1or lo llam\u00f3 y le dijo: \u201c\u00a1Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdon\u00e9 porque me lo rogaste. <span class=\"versiculo\">33<\/span> \u00bfNo deb\u00edas t\u00fa tambi\u00e9n tener compasi\u00f3n de tu compa\u00f1ero, como yo tuve compasi\u00f3n de ti?\u201d. <span class=\"versiculo\">34<\/span> Y el se\u00f1or, indignado, lo entreg\u00f3 a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. <span class=\"versiculo\">35<\/span> Lo mismo har\u00e1 con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de coraz\u00f3n a su hermano\u00bb. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Francisco_de_Sales_obispo\">San Francisco de Sales, obispo<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermon_Perdonar_al_hermano_de_todo_corazon\">Serm\u00f3n: Perdonar al hermano de todo coraz\u00f3n<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n para el Viernes santo, 25-03-1622.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00ab\u00bfNo deb\u00edas t\u00fa tambi\u00e9n tener compasi\u00f3n de tu compa\u00f1ero, como yo tuve compasi\u00f3n de ti?\u00bb (Mt 18,33)<\/p>\n<p>La primera palabra que nuestro Se\u00f1or pronunci\u00f3 sobre la cruz fue una oraci\u00f3n  por aquellos que le crucificaban; hizo lo que escribe San Pablo: &#8221; Cristo, en los d\u00edas  de su vida mortal&#8230;, present\u00f3 oraciones y s\u00faplicas &#8221; (He 5,7). Por cierto, que los  crucificaban a nuestro divino Salvador no lo conoc\u00edan&#8230;, porque si lo hubieran  conocido no lo habr\u00edan crucificado (1Co 2,8).<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or pues, viendo la ignorancia y la debilidad de los que le  atormentaban, comenz\u00f3 a excusarles y a ofrecer por ellos este sacrificio a su Padre  celeste, porque la oraci\u00f3n es un sacrificio&#8230;: \u00abPadre, perd\u00f3nales porque no saben lo  que hacen&#8221; (Lc 23,34). Qu\u00e9 grande era la llama de amor que ard\u00eda en el coraz\u00f3n de  nuestro dulce Salvador, que en el culmen de sus dolores, al tiempo que la  vehemencia de sus tormentos parec\u00eda quitarle el poder de rezar por s\u00ed mismo, pudo  por la fuerza de su caridad olvidarse de s\u00ed mismo, pero no de sus criaturas&#8230;<\/p>\n<p>Quer\u00eda as\u00ed darnos a entender el amor que nos ten\u00eda, que no pod\u00eda disminuir  por ning\u00fan tipo de sufrimiento, y ense\u00f1arnos a nosotros c\u00f3mo debe ser nuestro  coraz\u00f3n con respecto a nuestro pr\u00f3jimo&#8230; Entonces, este divino Se\u00f1or que se ha  entregado para pedir perd\u00f3n por los hombres, est\u00e1 seguro de que su petici\u00f3n le fue  concedida, porque su divino Padre lo amaba demasiado para negarle cualquier cosa  que le pidiera.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Crisostomo_obispo_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Juan Cris\u00f3stomo, obispo y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_Condenar_nuestros_pecados_y_perdonar_los_de_los_demas\">Homil\u00eda: Condenar nuestros pecados y perdonar los de los dem\u00e1s<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Homil\u00eda 61 sobre san Mateo.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abTen paciencia conmigo\u00bb (Mt 18,26)<\/p>\n<p><P>Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer la primera cosa a causa de la segunda, que as\u00ed ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil, porque el que se acuerda de sus pecados ser\u00e1 menos severo hacia su compa\u00f1ero de miseria. Y perdonar no s\u00f3lo de palabra, sino desde el fondo del coraz\u00f3n, para no volver contra nosotros mismos el hierro con el cual queremos perforar a los otros. \u00bfQu\u00e9 mal puede hacerte tu enemigo que sea comparable al que t\u00fa mismo te haces con tu acritud?&#8230;<\/p>\n<p>Considera, pues, cuantas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria. Primeramente mereces \u2013y es lo m\u00e1s importante- el perd\u00f3n de tus pecados. Adem\u00e1s te ejercitas a la paciencia y a la valent\u00eda. En tercer lugar, adquieres la dulzura y la caridad, porque el que es incapaz de enfadarse contra los que le han disgustado, ser\u00e1 mucho m\u00e1s caritativo a\u00fan con los que le aman. En cuarto lugar arrancas de ra\u00edz la c\u00f3lera de tu coraz\u00f3n, lo cual es un bien sin igual. El libera su alma de la c\u00f3lera, evidentemente arranca de ella la tristeza: no gastar\u00e1 su vida en penas y vanas inquietudes. As\u00ed es que, odiando a los otros nos castigamos a nosotros mismos; am\u00e1ndolos nos hacemos el bien a nosotros mismos. Por otra parte, todos te venerar\u00e1n, incluso tus enemigos, aunque sean los demonios. Mucho mejor, comport\u00e1ndote as\u00ed ya no tendr\u00e1s m\u00e1s enemigos.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Doroteo_de_Gaza\">San Doroteo de Gaza<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Instruccion_Acusarse_a_si_mismo\">Instrucci\u00f3n: Acusarse a s\u00ed mismo<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Instrucci\u00f3n sobre la acusaci\u00f3n de s\u00ed mismo, 7,1-2: PG 88, 1695-1699.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abLa causa de toda perturbaci\u00f3n consiste en que nadie se acusa a s\u00ed mismo\u00bb (cf. Mt 18,35)<\/p>\n<p>Tratemos de averiguar, hermanos, cu\u00e1l es el motivo principal de un hecho que acontece con frecuencia, a saber, que a veces uno escucha una palabra desagradable y se comporta como si no la hubiera o\u00eddo, sin sentirse molesto, y en cambio, otras veces, as\u00ed que la oye, se siente turbado y afligido. \u00bfCu\u00e1l, me pregunto, es la causa de esta diversa reacci\u00f3n? \u00bfHay una o varias explicaciones? Yo distingo diversas causas y explicaciones y sobre todo una, que es origen de todas las otras, como ha dicho alguien: \u00abMuchas veces esto proviene del estado de \u00e1nimo en que se halla cada uno\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, quien est\u00e1 fortalecido por la oraci\u00f3n o la meditaci\u00f3n tolerar\u00e1 f\u00e1cilmente, sin perder la calma, a un hermano que lo insulta. Otras veces soportar\u00e1 con paciencia a su hermano, porque se trata de alguien a quien profesa gran afecto. A veces tambi\u00e9n por desprecio, porque tiene en nada al que quiere perturbarlo y no se digna tomarlo en consideraci\u00f3n, como si se tratara del m\u00e1s despreciable de los hombres, ni se digna responderle palabra, ni mencionar a los dem\u00e1s sus maldiciones e injurias.<\/p>\n<p>De ah\u00ed proviene, como he dicho, el que uno no se turbe ni se aflija, si desprecia y tiene en nada lo que dicen. En cambio, la turbaci\u00f3n o aflicci\u00f3n por las palabras de un hermano proviene de una mala disposici\u00f3n moment\u00e1nea o del odio hacia el hermano. Tambi\u00e9n pueden aducirse otras causas. Pero, si examinamos atentamente la cuesti\u00f3n, veremos que la causa de toda perturbaci\u00f3n consiste en que nadie se acusa a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>De ah\u00ed deriva toda molestia y aflicci\u00f3n, de ah\u00ed deriva el que nunca hallemos descanso; y ello no debe extra\u00f1arnos, ya que los santos nos ense\u00f1an que esta acusaci\u00f3n de s\u00ed mismo es el \u00fanico camino que nos puede llevar a la paz. Que esto es verdad, lo hemos comprobado en m\u00faltiples ocasiones; y nosotros, con todo, esperamos con anhelo hallar el descanso, a pesar de nuestra desidia, o pensamos andar por el camino recto, a pesar de nuestras repetidas impaciencias y de nuestra resistencia en acusarnos a nosotros mismos.<\/p>\n<p>As\u00ed son las cosas. Por m\u00e1s virtudes que posea un hombre, aunque sean innumerables, si se aparta de este camino, nunca hallar\u00e1 el reposo, sino que estar\u00e1 siempre afligido o afligir\u00e1 a los dem\u00e1s, perdiendo as\u00ed el m\u00e9rito de todas sus fatigas.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Cesareo_de_Arles_obispo\">San Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s, obispo<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermon_Dos_tipos_de_misericordia\">Serm\u00f3n: Dos tipos de misericordia<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n 25, 1: CCL 103, 111-112.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abLa misericordia divina y la misericordia humana\u00bb (cf. Mt 18,27)<\/p>\n<p><i>Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzar\u00e1n misericordia. <\/i>Dulce es el nombre de misericordia, hermanos muy amados; y, si el nombre es tan dulce, \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s no lo ser\u00e1 la cosa misma? Todos los hombres la desean, mas, por desgracia, no todos obran de manera que se hagan dignos de ella; todos desean alcanzar misericordia, pero son pocos los que quieren practicarla.<\/p>\n<p>Oh hombre, \u00bfcon qu\u00e9 cara te atreves a pedir, si t\u00fa te resistes a dar? Quien desee alcanzar misericordia en el cielo debe \u00e9l practicarla en este mundo. Y, por esto, hermanos muy amados, ya que todos deseamos la misericordia, actuemos de manera que ella llegue a ser nuestro abogado en este mundo, para que nos libre despu\u00e9s en el futuro. Hay en el cielo una misericordia, a la cual se llega a trav\u00e9s de la misericordia terrena. Dice, en efecto, la Escritura: <i>Se\u00f1or, tu misericordia llega al cielo.<\/i><\/p>\n<p>Existe, pues, una misericordia terrena y humana, otra celestial y divina. \u00bfCu\u00e1l es la misericordia humana? La que consiste en atender a las miserias de los pobres. \u00bfCu\u00e1l es la misericordia divina? Sin duda, la que consiste en el perd\u00f3n de los pecados. Todo lo que da la misericordia humana en este tiempo de peregrinaci\u00f3n se lo devuelve despu\u00e9s la misericordia divina en la patria definitiva. Dios, en este mundo, padece fr\u00edo y hambre en la persona de todos los pobres, como dijo \u00e9l mismo: <i>Cada vez que lo hicisteis con uno de \u00e9stos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. <\/i>El mismo Dios que se digna dar en el cielo quiere recibir en la tierra.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo somos nosotros, que, cuando Dios nos da, queremos recibir y, cuando nos pide, no le queremos dar? Porque, cuando un pobre pasa hambre, es Cristo quien pasa necesidad, como dijo \u00e9l mismo: <i>Tuve hambre, y no me disteis de comer. <\/i>No apartes, pues, tu mirada de la miseria de los pobres, si quieres esperar confiado el perd\u00f3n de los pecados. Ahora, hermanos, Cristo pasa hambre, es \u00e9l quien se digna padecer hambre y sed en la persona de todos los pobres; y lo que reciba aqu\u00ed en la tierra lo devolver\u00e1 luego en el cielo.<\/p>\n<p>Os pregunto, hermanos, \u00bfqu\u00e9 es lo que quer\u00e9is o busc\u00e1is cuando ven\u00eds a la iglesia? Ciertamente la misericordia. Practicad, pues, la misericordia terrena, y recibir\u00e9is la misericordia celestial. El pobre te pide a ti, y t\u00fa le pides a Dios, aqu\u00e9l un bocado, t\u00fa la vida eterna. Da al indigente, y merecer\u00e1s recibir de Cristo, ya que \u00e9l ha dicho: <i>Dad, y se os dar\u00e1. <\/i>No comprendo c\u00f3mo te atreves a esperar recibir, si t\u00fa te niegas a dar. Por esto, cuando veng\u00e1is a la iglesia, dad a los pobres la limosna que pod\u00e1is, seg\u00fan vuestras posibilidades.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Comentarios_exegeticos\">Comentarios exeg\u00e9ticos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"Comentarios_a_la_Biblia_Liturgica_NT_Perdon_ilimitado\">Comentarios a la Biblia Lit\u00fargica (NT): Perd\u00f3n ilimitado<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Paulinas-PPC-Regina-Verbo Divino (1990), pp. 1050-1052.<\/p>\n<p>La presente secci\u00f3n se abre enunciando un principio b\u00e1sico de la vida cristiana: la reconciliaci\u00f3n y el perd\u00f3n. El lector del evangelio ya lo conoce por otras palabras de Jes\u00fas (5,23ss.) y la oraci\u00f3n espec\u00edficamente cristiana, el Padrenuestro, lo recuerda constantemente. Los n\u00fameros utilizados por la pregunta de Pedro y, sobre todo, por la respuesta de Jes\u00fas hablan de un perd\u00f3n ilimitado. El patr\u00f3n que se tiene delante, tanto para la pregunta como para la respuesta, es el de la venganza: <i>si Ca\u00edn fue vengado siete veces, Lamec lo ser\u00e1 setenta veces siete <\/i>(Gen 4,24). La contrapartida del principio pagano de la venganza sin l\u00edmite es el principio cristiano del perd\u00f3n ilimitado.\u00a0<\/p>\n<p>La par\u00e1bola que viene a continuaci\u00f3n es una aclaraci\u00f3n pr\u00e1ctica y concreta del principio enunciado. La venganza era una ley sagrada en todo el Oriente; el perd\u00f3n era humillante. Nuestra par\u00e1bola es como un drama en cuatro actos: deuda, misericordia, crueldad y justicia.\u00a0<\/p>\n<p>Un hombre <i>deb\u00eda <\/i>diez mil talentos. Una suma exorbitante: unos siete millones de d\u00f3lares. El auditorio de Cristo no pod\u00eda imaginar deuda semejante. Los oyentes de Jes\u00fas deb\u00edan llegar a la conclusi\u00f3n siguiente: es imposible que el siervo en cuesti\u00f3n pueda pagar su deuda. En resumen, se trata de una deuda <i>impagable.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>El acreedor da orden de venta de todo cuanto su deudor tiene: \u00e9l mismo, su mujer, familiares y cosas. Es un rasgo parab\u00f3lico: el dinero obtenido de la venta de todo y de todos seria una cantidad rid\u00edcula, absolutamente desproporcionada con la deuda. La orden de venta pretende \u00fanicamente poner de relieve la indignaci\u00f3n del se\u00f1or ante la deuda de aquel siervo suyo. Este reacciona de la \u00fanica forma que le es posible: <i>suplica y promete. <\/i>As\u00ed se ha preparado ya la reacci\u00f3n del rey: <i>le condon\u00f3 toda la deuda. <\/i>Su magnanimidad le hizo ir mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que el siervo pod\u00eda imaginarse.\u00a0<\/p>\n<p>El deudor perdonado se convierte en deudor despiadado. La deuda que un compa\u00f1ero suyo ten\u00eda con \u00e9l era absolutamente rid\u00edcula en comparaci\u00f3n con la que el rey acababa de perdonarle a \u00e9l. Quiere ahogarlo. Y ahora se repite la misma escena que hab\u00eda protagonizado \u00e9l ante el rey: <i>suplica y promete. <\/i>Pero en este caso todo resulta in\u00fatil y lo mete en la c\u00e1rcel hasta que le pague todo lo que le deb\u00eda.\u00a0<\/p>\n<p>Los compa\u00f1eros que sab\u00edan todo lo que hab\u00eda ocurrido, se lo cuentan al rey. Este, indignado por aquel proceder incalificable, le retira el perd\u00f3n y le aplica la justicia. Este deudor despiadado vivir\u00e1 en adelante bajo el l\u00e1tigo de los torturadores, porque nunca ser\u00e1 capaz de compensar su deuda con el rey.\u00a0<\/p>\n<p>As\u00ed har\u00e1 con vosotros mi Padre celestial si no perdonare cada uno a su hermano de todo coraz\u00f3n. La par\u00e1bola describe las relaciones del hombre con Dios y de los hombres entre si. La deuda de diez mil talentos, impagable en todo caso, simboliza la situaci\u00f3n del hombre pecador, de todo hombre, a quien Dios perdona por pura gracia. La actitud del siervo despiadado retrata la ruindad del coraz\u00f3n humano. Unos a otros nos debemos cien denarios. Una ridiculez en comparaci\u00f3n con lo que nos ha sido perdonado. \u00bfCu\u00e1l debe ser la reacci\u00f3n del hombre frente al pr\u00f3jimo?\u00a0<\/p>\n<p>Dios abre la gracia de su perd\u00f3n de una manera insospechada para el hombre. Pero retira esta ola de indulgencia jubilar ante los corazones ruines que niegan el perd\u00f3n al pr\u00f3jimo. Y en el d\u00eda del juicio el deudor despiadado ser\u00e1 medido con la medida de la justicia (ver el comentario a 7,1-5).\u00a0<\/p>\n<h2><span id=\"Bastin-Pinckers-Teheux_Dios_cada_dia_La_Alianza_de_la_compasion\">Bastin-Pinckers-Teheux, Dios cada d\u00eda: La Alianza de la compasi\u00f3n<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Siguiendo el Leccionario Ferial (4). Semanas X-XXI T.O. Evangelio de Mateo.<br \/>\nSal Terrae (1990), pp. 197-199.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Josu\u00e9 3, 7-10a. 11.13-17.<\/p>\n<p>El relato de la traves\u00eda del Jord\u00e1n tiene relaci\u00f3n con el santuario de Gilgal. Cuenta un acontecimiento hist\u00f3rico. En efecto, las tribus de Efra\u00edn y de Benjam\u00edn atravesaron el Jord\u00e1n en las cercan\u00edas de Jeric\u00f3. De hecho, esta traves\u00eda no necesitaba de ning\u00fan milagro, pues el Jord\u00e1n pod\u00eda ser atravesado vadeando (cfr. Jos 2, donde unos esp\u00edas lo atraviesan dos veces). Sin embargo, por debajo del relato se adivina un acontecimiento que fue tenido por milagroso. El relato insiste, en efecto, en el hecho de que los israelitas atravesaron el r\u00edo a pie enjuto, a pesar de que, como consecuencia del derretimiento primaveral de las nieves, el r\u00edo ven\u00eda crecido. Ahora bien, diferentes cr\u00f3nicas han relatado hechos semejantes: por ejemplo, la parada y el amontonamiento de las aguas, r\u00edo arriba, como consecuencia de alg\u00fan derrumbamiento de tierras. Podemos suponer, con R. de Vaux, que, o bien los israelitas fueron testigos de alg\u00fan suceso semejante que sirvi\u00f3 de tel\u00f3n de fondo al relato del paso del r\u00edo por parte de sus antepasados, o bien que los antepasados mismos vivieron realmente dicho acontecimiento. El relato de la traves\u00eda del Jord\u00e1n podr\u00eda ser entonces el resultado de la reinterpretaci\u00f3n de un acontecimiento natural, visto como una acci\u00f3n del &#8220;Dios vivo&#8221;. Adem\u00e1s, este relato habr\u00eda influido en la redacci\u00f3n del paso del Mar Rojo (Ex 14), en su versi\u00f3n sacerdotal.\u00a0<\/p>\n<p>En todo caso, la narraci\u00f3n de la traves\u00eda del Jord\u00e1n reviste un car\u00e1cter cultual innegable. \u00bfProviene quiz\u00e1 de alguna liturgia celebrada en el santuario de Gilgal para conmemorar el acontecimiento? As\u00ed lo han afirmado algunos. La procesi\u00f3n sal\u00eda de Gilgal, y los sacerdotes, que llevaban el arca, tocaban el agua con los pies, mientras el pueblo, que hab\u00eda seguido la procesi\u00f3n a respetuosa distancia, era invitado a desfilar delante del arca. Pero esta hip\u00f3tesis encuentra fuertes objeciones. Por ejemplo, Jos 3-4, supone que Gilgal se convirti\u00f3 en un lugar sagrado com\u00fan a todas las tribus, lo cual, en resumidas cuentas, nos remite a la \u00e9poca de Samuel-Sa\u00fal o incluso de David, en un momento en que el arca de la alianza, que se piensa desempe\u00f1\u00f3 un papel destacado en la liturgia, no pod\u00eda encontrarse en Gilgal. Detr\u00e1s de esta hip\u00f3tesis, se plantea la cuesti\u00f3n de saber si el culto crea la tradici\u00f3n. R. de Vaux ha sostenido lo contrario: que la tradici\u00f3n crea el culto; \u00e9l ve en Jos 3-4 un &#8220;discurso sagrado&#8221; que se recitaba en Gilgal, &#8220;donde se hab\u00edan erigido las doce piedras como un memorial&#8221;. Pero tambi\u00e9n es cierto que la narraci\u00f3n conmemora algo m\u00e1s que un simple recuerdo: el paso del Jord\u00e1n significa franquear la frontera que separa el desierto de la Tierra Prometida por Dios, con lo cual comienza una nueva \u00e9poca.\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Salmo 113a<\/p>\n<p>El salmo 113a es el ejemplo t\u00edpico de un poema teof\u00e1nico que describe la conmoci\u00f3n de la naturaleza que acompa\u00f1a a la llegada de Yahv\u00e9. Pero el poema ha sido transformado para adaptarlo a las tradiciones de la historia de la salvaci\u00f3n, como se puede observar en el v. 1, donde se sustituye &#8220;la venida de Yahv\u00e9&#8221; por la &#8220;salida del pueblo de Israel de Egipto&#8221;.\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Mateo 18, 21-19,1.<\/p>\n<p>&#8220;Si cada cual no perdona de coraz\u00f3n a su hermano, lo mismo har\u00e1 con vosotros mi Padre Celestial.&#8221; La comunidad es el lugar donde se experimenta el perd\u00f3n de Dios. Si los vers\u00edculos precedentes ilustraban esta realidad insistiendo en la necesidad de la correcci\u00f3n fraterna, la par\u00e1bola del acreedor implacable revela que la misericordia divina se expresa en el perd\u00f3n ilimitado que los hermanos se otorgan entre s\u00ed. Pedro hab\u00eda preguntado si hab\u00eda que perdonar hasta siete veces, que es la cifra de la plenitud; Jes\u00fas subraya la profundidad del perd\u00f3n proponiendo el n\u00famero de setenta veces siete, lo cual, desde el punto de vista b\u00edblico, significa justamente lo contrario de lo que se afirma a prop\u00f3sito de la venganza de Lamec (Gn 4, 24).\u00a0<\/p>\n<p>La par\u00e1bola muestra claramente que los pensamientos de Dios no son como los de los hombres. Entre \u00e9stos reinan la intolerancia, el rencor y la mezquindad. El acreedor se niega a perdonar una deuda rid\u00edcula, pero cree poder contar a su favor con el coraz\u00f3n de Dios. Sin duda, Dios est\u00e1 dispuesto a perdonarle su deuda -y as\u00ed lo hace-, pero el acreedor no sabe discernir que es precisamente su actitud lo que constituye el obst\u00e1culo (el &#8220;esc\u00e1ndalo &#8220;) principal para que pueda ejercerse la gracia divina. A pesar de lo cual Jes\u00fas toma el camino de Jerusal\u00e9n, donde derramar\u00e1 su sangre por el pecado de la multitud.\u00a0<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>El pueblo errante va a instalarse en Cana\u00e1n. El libro de <i>Josu\u00e9 <\/i>nos presenta a un pueblo de Dios fatigado de su caminar por el desierto, irritado por la incomodidad de la vida n\u00f3mada, harto de la insipidez del man\u00e1, derrengado por las fr\u00edas noches bajo la fr\u00e1gil tienda. Desea tener cuanto antes una tierra, unos campos que cultivar, unas casas como Dios manda, una ciudad, un poco de tranquilidad&#8230; Hasta ahora, las promesas de Dios hab\u00edan sido objeto de esperanza; con la toma de Jeric\u00f3, dichas promesas se convierten e realidad.\u00a0<\/p>\n<p>El pueblo va a instalarse y, aunque el establecimiento de las tribus israelitas se ha revelado tan fr\u00e1gil y discutible como todas las dem\u00e1s conquistas, no es menos cierto que esta instalaci\u00f3n es como una par\u00e1bola. Entrar en un pa\u00eds es una realidad pol\u00edtica, pero es tambi\u00e9n un s\u00edmbolo. La tierra de Cana\u00e1n se convierte en figura del Reino ofrecido, dado como herencia. El Evangelio abre una frontera y exige un destierro: con Jes\u00fas, pasamos a una &#8220;nueva tierra&#8221;. Y esta tierra, que es la de la promesa y la de la alianza, es tambi\u00e9n la de la compasi\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>La compasi\u00f3n&#8230; Es de buen tono en nuestros d\u00edas tacharla de condescendiente y paternalista. Se la desprecia y, sin embargo, la compasi\u00f3n es el nombre que adopta el amor cuando la otra persona sufre; a\u00f1ade a la l\u00e1stima una decisi\u00f3n eficaz de prestar ayuda. La tierra que se nos ofrece gratuitamente es un pa\u00eds en el que se vive al ritmo de Dios: &#8221; \u00bfNo deb\u00edas t\u00fa tambi\u00e9n tener compasi\u00f3n de tu compa\u00f1ero, como yo tuve compasi\u00f3n de ti?&#8221; Ese gran rey que quiere ajustar sus cuentas representa lo que ser\u00eda Dios si fuera &#8220;justo&#8221; en el sentido corriente y jur\u00eddico de la palabra. Afortunadamente para nosotros, Dios no es as\u00ed; la Buena Nueva del Evangelio pone de manifiesto el hecho de que nuestra situaci\u00f3n actual no tiene nada que ver con una &#8220;justicia&#8221; de este tipo. Todos somos perdonados: \u00a1Dios nos ha perdonado sesenta millones de monedas de plata! Nos ha amado simplemente como somos: \u00a1mezquinos, calculadores, tramposos o rid\u00edculamente cargantes! Dios nos ha perdonado todo, y este perd\u00f3n es el fundamento de su alianza. Pasamos a una tierra en la que las costumbres son nuevas, al contrario que nuestras leyes de la jungla -leyes en las que domina el provecho a ultranza, la venganza tenaz, la violencia y opresi\u00f3n de todo tipo-. Y nos atrevemos a decir: &#8220;Perd\u00f3nanos nuestras ofensas <i>como <\/i>tambi\u00e9n nosotros perdonamos a los que nos ofenden&#8230;&#8221; La tierra que est\u00e1 al otro lado del Jord\u00e1n es tambi\u00e9n la tierra de la cruz <b>y <\/b>de la llamada a amar con esta clase de amor: \u00a1Amaos <i>como <\/i>yo os he amado!&#8221; Es la tierra de los nuevos comienzos, del nuevo g\u00e9nesis, en la que, al igual que en el para\u00edso, el hombre y Dios vivir\u00e1n en comuni\u00f3n. Es la tierra de la nueva creaci\u00f3n, puesto que el perd\u00f3n da al otro una nueva posibilidad de existir.\u00a0<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Se\u00f1or, Dios y Padre nuestro,\u00a0<br \/>\nal darnos a tu Hijo,\u00a0<br \/>\nnos manifiestas tu compasi\u00f3n y tu misericordia;\u00a0<br \/>\ny al resucitarlo,\u00a0<br \/>\nnos haces pasar a la tierra de la libertad,\u00a0<br \/>\nde la paz y de la ternura.<br \/>\nHaznos vivir por tu Esp\u00edritu:<br \/>\nque nuestro perd\u00f3n mutuo sea el signo de tu Reino,\u00a0<br \/>\nque nuestro amor fraterno sea ya<br \/>\nel comienzo de la alegr\u00eda eterna.\u00a0<\/p>\n<h2><span id=\"Biblia_Nacar-Colunga_Comentada\">Biblia N\u00e1car-Colunga Comentada<\/span><\/h2>\n<p class=\"subTitulo\">El perd\u00f3n de las ofensas, 18:21-35.<\/p>\n<p>Acaso sugerido por el tema de los \u201dpeque\u00f1uelos\u201d y pecadores, se trata aqu\u00ed este tema de caridad. \u00bfCu\u00e1l hab\u00eda de ser la actitud cristiana ante las faltas reiteradas del pr\u00f3jimo?<\/p>\n<p>La vida est\u00e1 llena de reincidencias en culpas perdonadas, y la vida social, \u00bfva a estar sometida al juego de indefinidos perdones? Tampoco <i>el perd\u00f3n <\/i>social externo debe ir contra la prudencia y el honor. Pero aqu\u00ed se trata de la <b>actitud sincera de perd\u00f3n ante Dios<\/b> (Mt 5:38-45).<\/p>\n<p>Pedro, que plantea el problema, lo lleva al extremo de preguntar si incluso ha de perdonar \u201csiete veces,\u201d n\u00famero muchas veces simb\u00f3lico de lo universal (Gen 4:24). La pregunta de Pedro es equivalente a saber si tiene que perdonar <i>siempre. <\/i>El juda\u00edsmo discut\u00eda el n\u00famero legal de veces a perdonar; generalmente eran cuatro. Pero era un perd\u00f3n externo. La respuesta de Cristo es afirmativa, con el grafismo oriental, de perdonar no s\u00f3lo \u201csiete veces,\u201d sino \u201csetenta veces siete.\u201d Y para hacer m\u00e1s gr\u00e1fica la ense\u00f1anza se expone una par\u00e1bola de Cristo.<\/p>\n<p>El \u201ctalento\u201d era una unidad fundamental de <i>peso; <\/i>indicaba un peso determinado de dinero. El \u201ctalento\u201d comprend\u00eda 60 \u201cminas\u201d = 6.000 \u201cdracmas \u00e1ticas.\u201d La \u201cdracma \u00e1tica\u201d era equivalente al \u201cdenario.\u201d Y \u00e9ste era la paga diaria de un jornalero (Mt 20:1). Por eso la deuda de 10.000 \u201ctalentos\u201d era equivalente a 60 millones de \u201ddenarios.\u201d La deuda era, pues, fabulosa.<\/p>\n<p>La escena, como parab\u00f3lica, utiliza deliberadamente datos artificiosos por su exclusiva finalidad pedag\u00f3gica. Por ejemplo, Perea y Galilea daban anualmente a Antipas 200 \u201ctalentos\u201d; Idumea, Judea y Samar\u00eda daban anualmente a Arquelao 600 \u201ctalentos\u201d. El servidor podr\u00eda haber sido un valido que hab\u00eda defraudado la confianza del due\u00f1o.<\/p>\n<p>Se manda, para compensar en parte, vender a su mujer, hijos y propiedades. En los contratos de entonces entraba la responsabilidad familiar (2 Re 4:1; Dan 6:24; Est l6:18). Mas el an\u00e1lisis de los datos hace ver que se trata de la pintura de una corte oriental, pero no jud\u00eda. Con ello se ve lo inveros\u00edmil de poder, con esta venta, lograr ni una cantidad respetable ante la deuda de los 10.000 \u201ctalentos.\u201d Es un dato m\u00e1s alegorizante en la par\u00e1bola para acusar la misericordia de su se\u00f1or con \u00e9l. Por lo que, no pudiendo pagar, el due\u00f1o se lo perdona todo.<\/p>\n<p>Pero se contrapone la conducta de este siervo perdonado con lo que exige a otro consiervo para que le pague, inmediatamente, una peque\u00f1a deuda: 100 \u201ddenarios.\u201d Y al no pagarlos, lo mete en la c\u00e1rcel. Enterado el rey, lo manda encarcelar hasta que pague la deuda.<\/p>\n<p>La par\u00e1bola se alegoriza en parte. Son varios los puntos doctrinales que se destacan.<\/p>\n<p><i>a) <\/i>El <i>motivo <\/i>por el que el consiervo deb\u00eda haber perdonado: el que el rey \u2014 Dios \u2014 le hab\u00eda perdonado a \u00e9l. \u201cSed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial\u201d (Mt 5:43-48; cf. Col 3:12-15; Sant 2:13).<\/p>\n<p><i>b) <\/i>Tambi\u00e9n se percibe, alegorizada, la distancia entre el perd\u00f3n del rey al siervo (60.000.000 de denarios\u201d) y lo que no quer\u00eda perdonar aquel otro siervo (100 \u201cdenarios\u201d). Esto habla de la <b>deuda <i>infinita <\/i>del perd\u00f3n de Dios a los seres humanos,<\/b> y la peque\u00f1ez de perd\u00f3n de los seres humanos entre s\u00ed.<\/p>\n<p><i>c) <\/i>Pero el punto central e<b>s la necesidad de perdonar para que Dios perdone.<\/b> Es el <i>Patern\u00f3ster <\/i>(cf. 1 Jn 4:20).<\/p>\n<p>A la hora de esta redacci\u00f3n evang\u00e9lica se refleja los problemas internos eclesiales, que exig\u00edan resolverlos \u2014 lo que no es destruir la justicia \u2014 con la caridad y el perd\u00f3n.<\/p>\n<p><b><\/b><\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Peque\u00f1a indicaci\u00f3n geogr\u00e1fica y milagrosa, 19:1-2 (Mc 1:1; Lc 16:18).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la larga actividad de Cristo en Galilea, que ha ocupado casi todo el ministerio p\u00fablico de Cristo en Mt (c.4-18; cf. 4:12), lo sit\u00faa en las \u201cpartes de Judea al otro lado del Jord\u00e1n\u201d (v.1), que es Perea. Luego lo pondr\u00e1 subiendo a Jerusal\u00e9n (20:17) y despu\u00e9s har\u00e1 su entrada el d\u00eda de Ramos (c.21). Esta estancia en Perea es <i>estable <\/i>(Jn 10:40). A Perea ha debido ir desde Jerusal\u00e9n, como indica Jn, y pasando por Betania. As\u00ed se explica tambi\u00e9n c\u00f3mo las hermanas de L\u00e1zaro sab\u00edan d\u00f3nde estaba Jes\u00fas<i>. <\/i>Mt aqu\u00ed, como en otras ocasiones, va jalonando su evangelio con cuadros gen\u00e9ricos \u2014 impactos psicol\u00f3gicos \u2014 en los que resume y expone la obra grandiosa de Jes\u00fas: <b>su autoridad mesi\u00e1nica.<\/b><\/p>\n<h2><span id=\"G_Zevini_Lectio_Divina_Mateo_El_perdon_y_el_deudor_despiadado\">G. Zevini, Lectio Divina (Mateo): El perd\u00f3n y el deudor despiadado<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Verbo Divino (2008), pp. 337-346.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">La Palabra se ilumina<\/p>\n<p>Pedro le plantea a Jes\u00fas una pregunta que tiene una gran importancia para toda la comunidad: \u00ab\u00bfCu\u00e1ntas veces hay que perdonar al hermano en caso de recibir una ofensa personal?\u00bb. La pr\u00e1ctica jud\u00eda preve\u00eda que se perdonara una misma culpa hasta tres veces. Pedro, al preguntar si basta con <i>\u00absiete veces\u00bb <\/i>(n\u00famero que indica la perfecci\u00f3n), se muestra disponible a un perd\u00f3n generoso. Sin embargo, Jes\u00fas da una vez m\u00e1s un vuelco a la perspectiva yendo m\u00e1s all\u00e1 de la ley establecida: es preciso perdonar <i>\u00absetenta veces siete\u00bb, <\/i>o sea, siempre.\u00a0<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil percibir en la respuesta del Maestro una alusi\u00f3n al \u00abcanto de la espada\u00bb de L\u00e1mec (Gn 4,23s), que pretend\u00eda para s\u00ed una venganza de <i>\u00absetenta veces siete\u00bb <\/i>superior a la fijada por Dios para Ca\u00edn. La petici\u00f3n de Jes\u00fas exige, por tanto, un cambio radical de mentalidad, un cambio que haga pasar al hombre de la atenci\u00f3n a s\u00ed mismo y de la reivindicaci\u00f3n de sus propios derechos al amor desmesurado y gratuito por el otro. \u00c9sta es la verdadera conversi\u00f3n que restaura en \u00e9l su semejanza original con Dios, haci\u00e9ndole \u00abperfecto\u00bb como su Padre, es decir, misericordioso m\u00e1s all\u00e1 de todo c\u00e1lculo y medida.\u00a0<\/p>\n<p>El fragmento, para hacer m\u00e1s claro y eficaz el mensaje, prosigue con la par\u00e1bola del siervo sin entra\u00f1as. \u00c9sta, exclusiva de Mateo, se articula en tres escenas; las dos primeras -sim\u00e9tricas- ponen en clara contraposici\u00f3n los dos diferentes comportamientos que se pueden asumir frente a un deudor: la misericordia hasta \u00abperjudicarse\u00bb a s\u00ed mismo en favor de los otros, o la dureza hasta aniquilar a los otros en beneficio de los propios intereses (vv. 24-27; 28-30); la tercera escena describe el castigo reservado a quien no es capaz de ser ben\u00e9volo. Los tonos empleados son los propios del juda\u00edsmo escatol\u00f3gico, que revelan que la par\u00e1bola ha sido adaptada en vistas a las exigencias eclesiales de la comunidad judeocristiana a la que se dirige el evangelista.\u00a0<\/p>\n<p>Por una parte, hay un siervo \u00abinicuo\u00bb, que pide a su se\u00f1or tiempo para saldar su deuda y no s\u00f3lo obtiene un aplazamiento, sino la condonaci\u00f3n total (cien mil talentos es una suma que nunca hubiera podido reembolsar); por otra, este mismo siervo, agraciado, en vez de derramar sobre los otros la misericordia que han usado con \u00e9l, se muestra duro e inflexible hasta el punto de no perdonar una peque\u00f1a deuda a un consiervo suyo que le debe una cifra irrisoria. \u00c9l mismo se condena. En efecto, tal como nos recuerda la oraci\u00f3n que nos ense\u00f1\u00f3 Jes\u00fas, para obtener el perd\u00f3n del Padre tambi\u00e9n nosotros debemos perdonar a los hermanos. La naturaleza herida por el pecado ser\u00eda incapaz de esto; por eso Jes\u00fas, el perd\u00f3n del Padre, ha venido a clavar en la cruz el documento de nuestra deuda y a derramar en nuestros corazones su Esp\u00edritu de amor.\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">La Palabra me ilumina<\/p>\n<p>Para quien ha encontrado a Cristo y en \u00e9l ha conocido la misericordia del Padre que perdona y renueva la vida, la piedad con los hermanos se convierte en un deber imprescindible: \u00ab <i>\u00bfNo deb\u00edas haber tenido&#8230;?\u00bb. <\/i>Cuando el coraz\u00f3n del hombre ha conocido los amplios horizontes del verdadero amor, cuando ha descubierto que cada uno de nosotros ha sido pensado y querido desde la eternidad por un designio que le arranca del anonimato y de la desesperaci\u00f3n del sinsentido para hacerle cooperador de la salvaci\u00f3n universal, inevitablemente se adquiere tambi\u00e9n una mirada diferente sobre los hombres, reconocidos en Cristo como hermanos.\u00a0<\/p>\n<p>El amor tiene una ley propia fundamental: cuando se comparte con los otros, se multiplica; cuando lo retenemos para nosotros mismos, se deteriora en ego\u00edsmo. As\u00ed como una llamita no se apaga si enciende otras, sino que hace aumentar la luz, as\u00ed el amor del Se\u00f1or, propagado, se vuelve un r\u00edo impetuoso que derriba todas las barreras, supera todo limite en un <i>crescendo <\/i>de caridad que llega a abarcar toda la humanidad.\u00a0<\/p>\n<p>Por el contrario, si el comportamiento esta en abierta contradiccion con la fe profesada, la incoherencia se convierte en un gran obstaculo para la fe de los hermanos. Un cristiano que no sea capaz de perdonar y hasta probablemente conserve en su coraz\u00f3n sentimientos de rencor, no se perjudica solo a si mismo, sino tambi\u00e9n a los otros a los que escandaliza. En efecto, el encuentro con Cristo no es autentico si no transforma radicalmente las relaciones interpersonales a partir de las que tenemos con las personas que viven a nuestro lado.\u00a0<\/p>\n<p>No siempre resulta f\u00e1cil -m\u00e1s a\u00fan, en ocasiones puede resultar muy dif\u00edcil- superar ciertas reacciones interiores frente a los que nos han causado sufrimiento. Para vencer la resistencias instintivas no hay camino m\u00e1s seguro que mantener fija la mirada en Jesus crucificado. Con excesiva frecuencia olvidamos todo lo que el Se\u00f1or nos ha perdonado y nos perdona continuamente, mientras que tenemos una memoria optima para cobrarnos el m\u00e1s peque\u00f1o desaire recibido. Nuestro \u00abyo\u00bb se muestra a menudo un monarca absoluto a quien todos deben honor y reverencia: \u00a1ay de \u00e9l si alguien se permite ofender tal majestad! Sucede entonces que, mientras no honramos nunca de manera suficiente a nuestro Se\u00f1or y Salvador, reclamamos justicia por cualquier nader\u00eda. Solo un amoroso recuerdo del sacrificio de Cristo podr\u00e1 arrancarnos del pecho ese coraz\u00f3n de piedra y ense\u00f1arnos la dulce compasi\u00f3n de Dios.\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">La Palabra en el coraz\u00f3n de los Padres<\/p>\n<p>Dos cosas, pues, son las que de nosotros quiere aqu\u00ed el Se\u00f1or: que condenemos nuestros propios pecados y que perdonemos los de nuestro pr\u00f3jimo. Y la condonaci\u00f3n del Se\u00f1or esta en funci\u00f3n del perd\u00f3n, porque lo uno haga m\u00e1s f\u00e1cil lo otro; pues aquel que considera sus propios pecados, estar\u00e1 m\u00e1s dispuesto al perd\u00f3n de su compa\u00f1ero. Y no perdonar simplemente de boca, sino de coraz\u00f3n, pues de lo contrario, manteniendo el rencor, no hacemos sino clavarnos la espada a nosotros mismos. Porque \u00bfqu\u00e9 es lo que pudo haberte hecho tu ofensor comparado con lo que t\u00fa te haces a ti mismo cuando enciendes tu ira y te atraes contra ti la sentencia condenatoria de Dios?\u00a0<\/p>\n<p>Porque, si estas alerta y sabes obrar filos\u00f3ficamente, todo el mal recaer\u00e1 sobre la cabeza del ofensor y el ser\u00e1 quien lo pague todo. Mas, si te obstinas en tu malhumor y enfado, entonces el da\u00f1o ser\u00e1 para ti: no el que te hace tu enemigo, sino el que te haces t\u00fa a ti mismo. No digas, pues, que te injurio y te calumnio y te hizo males sin cuento, pues cuanto m\u00e1s digas, m\u00e1s demuestras que es un bienhechor tuyo. Porque el te ha dado ocasi\u00f3n de expiar tus pecados. Si m\u00e1s te hubiera agraviado, de mayor perd\u00f3n hubiera sido causa. Verdaderamente, si nosotros queremos, nadie ser\u00e1 capaz de agraviarnos ni da\u00f1arnos. Nuestros mismos enemigos nos har\u00e1n los mayores favores. Y no digo solo los hombres. e.Puede haber algo m\u00e1s perverso que el diablo? Y, sin embargo, hasta el diablo puede ser para nosotros ocasi\u00f3n de la mayor gloria, como lo demuestra la historia de Job. Si, pues, el diablo puede ser para ti ocasi\u00f3n de corona, \u00bfa qu\u00e9 temes a un hombre enemigo? Mira, si no, cu\u00e1nto ganas sufriendo con mansedumbre los ataques de tus enemigos.\u00a0<\/p>\n<p>En primer lugar, y \u00e9sta es la mayor ganancia, te libras de tus pecados; en segundo lugar, adquieres constancia y paciencia; en tercer lugar, ganas mansedumbre y misericordia, porque quien no sabe irritarse contra quienes le ofenden y da\u00f1an, con m\u00e1s raz\u00f3n ser\u00e1 suave con los que le quieren. En cuarto lugar, te limpias definitivamente de la ira. \u00bfY puede haber bien comparable a \u00e9ste? Porque el que est\u00e1 puro de ira, evidentemente tambi\u00e9n estar\u00e1 libre de la tristeza, de la que es fuente la ira, y no consumir\u00e1 su vida en vanos afanes y dolores. El que no sabe irritarse no sabe tampoco estar triste, sino que gozar\u00e1 de placer y de bienes infinitos.\u00a0<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, cuando a los otros aborrecemos, a nosotros mismos nos castigamos; y al rev\u00e9s, a nosotros mismos nos hacemos beneficio cuando a los otros amamos. Sobre todo esto, tus mismos enemigos, aun cuando fueren demonios, te respetar\u00e1n; o, por mejor decir, con esta actitud tuya, ni enemigos tendr\u00e1s en adelante. En fin, lo que vale m\u00e1s que todo y es lo primero de todo: as\u00ed te ganar\u00e1s la benevolencia de Dios; y, si has pecado, alcanzar\u00e1s perd\u00f3n; si has practicado el bien, a\u00f1adir\u00e1s nuevo motivo de confianza.\u00a0<\/p>\n<p>Esforc\u00e9monos, pues, por no odiar a nadie, a fin de que Dios nos ame. As\u00ed, aun cuando le debamos diez mil talentos, se compadecer\u00e1 de nosotros y nos perdonar\u00e1. \u00bfPero dices que te perjudic\u00f3 tu enemigo? Pues tenle compasi\u00f3n, no le aborrezcas; ll\u00f3rale, no le rechaces. Porque no eres t\u00fa el que ha ofendido a Dios, sino \u00e9l; t\u00fa m\u00e1s bien has adquirido gloria, si lo sabes llevar pacientemente. Considera que, cuando Cristo iba a ser crucificado, se alegr\u00f3 por s\u00ed y llor\u00f3 por los que le crucificaban. Tal ha de ser tambi\u00e9n nuestra disposici\u00f3n del alma: cuanto m\u00e1s se nos agravie y perjudique, tanto m\u00e1s hemos de llorar a quienes nos agravian y perjudican. Porque a nosotros, s\u00f3lo bien puede venirnos de ello; mas a ellos, todo lo contrario. \u00a1Pero es que me insult\u00f3, es que me hiri\u00f3 en presencia de todo el mundo! Luego en presencia de todo el mundo se cubri\u00f3 de ignominia y deshonor y abri\u00f3 la boca de infinitos acusadores y teji\u00f3 para ti m\u00e1s numerosas coronas y junt\u00f3 mayor coro de heraldos de tu paciencia. \u00a1Pero es que me calumni\u00f3 delante de los otros! \u00bfY qu\u00e9 tiene eso que ver cuando ha de ser Dios el que te ha de pedir cuentas y no esos que oyeran a tu calumniador? A s\u00ed mismo fue a quien se a\u00f1adi\u00f3 materia de castigo, pues no s\u00f3lo tendr\u00e1 que dar cuenta de sus propios actos, sino tambi\u00e9n de lo que dijo contra ti. \u00c9l te desacredit\u00f3 a ti delante de los hombres, pero \u00e9l qued\u00f3 desacreditado delante de Dios. Mas, si no te bastan estas consideraciones, piensa que tambi\u00e9n tu Se\u00f1or fue calumniado no s\u00f3lo por Satan\u00e1s, sino tambi\u00e9n por los hombres, y calumniado ante quienes m\u00e1s \u00e9l amaba.\u00a0<\/p>\n<p>Y como el Padre, as\u00ed tambi\u00e9n su Unig\u00e9nito. De ah\u00ed que \u00e9ste dijera: Si al amo de casa le han llamado Belceb\u00fa, mucho m\u00e1s se lo llamar\u00e1n a sus familiares. Y no s\u00f3lo calumni\u00f3 al Se\u00f1or aquel maligno demonio, sino que se le dio cr\u00e9dito, y no le calumni\u00f3 en cosas de poco m\u00e1s o menos, sino de infamias y culpas grav\u00edsimas. En efecto, de \u00e9l hizo correr que era un endemoniado, impostor y enemigo de Dios. Mas \u00bfes que despu\u00e9s de hacer beneficio se te ha pagado con malos tratos? Pues por eso justamente has de llorar por quien te los ha dado y alegrarte por ti, porque has venido a ser semejante a Dios, que hace salir su sol sobre buenos y malos.\u00a0<\/p>\n<p>Acaso te parezca por encima de tus fuerzas el imitar a Dios. A la verdad, para quien vive vigilante, esto no es dif\u00edcil. Pero, en fin, si te parece superior a tus fuerzas, yo te pondr\u00e9 ejemplos de hombres como t\u00fa. Ah\u00ed esta Jos\u00e9, que, despu\u00e9s de sufrir tanto por parte de ellos, fue el bienhechor de sus hermanos; ah\u00ed Moises, que, despu\u00e9s de tanta insidia por parte de su pueblo, ruega a Dios por el; ah\u00ed Pablo, que, no obstante no poder ni contar cuanto sufri\u00f3 por parte de los jud\u00edos, a\u00fan ped\u00eda ser anatema por su salvaci\u00f3n; ah\u00ed Esteban, que, apedreado, rogaba al Se\u00f1or que no les imputara aquel pecado. Considerando tambi\u00e9n estos ejemplos, desechemos de nosotros toda ira, a fin de que tambi\u00e9n a nosotros nos perdone Dios nuestros pecados, por la gracia y misericordia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, con quien sea al Padre y al Esp\u00edritu Santo gloria, poder y honor ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amen (Juan Cris\u00f3stomo, <i>Comentario al evangelio seg\u00fan Mateo, <\/i>LXI, 5).\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Caminar con la Palabra<\/p>\n<p>Probemos a preguntarnos si no hay en nuestra familia, entre nuestros amigos, alguien al que no hayamos perdonado la ofensa que nos ha hecho, alguien del que nos hayamos separado pensando: \u00abNo, con esta persona ya no puedo tener nada en com\u00fan\u00bb. \u00bfO somos hasta tal punto inconscientes de que no conocemos ni siquiera uno? \u00bfNo corremos el riesgo de que se levanten una vez uno tras otro para acusarnos: \u00abTe separaste de m\u00ed en la discordia\u00bb; \u00abNo has sido capaz de soportarme\u00bb; \u00abUn d\u00eda te hice mal y me dejaste solo\u00bb; \u00abTe he buscado con frecuencia y me has evitado\u00bb? En ese momento revivir\u00e1n ante nosotros nombres que ni siquiera recordamos, los nombres de muchos a los que no hemos sido capaces de perdonar el pecado.\u00a0<\/p>\n<p>Y entre ellos tal vez se encuentre el de un verdadero amigo, el de un hermano, el de uno de nuestros padres. Se levantar\u00eda entonces contra nosotros una Unica gran voz, amenazadora, terrible: \u00abHas sido un hombre duro. Toda tu cortes\u00eda no te sirve de nada; todos te \u00e9ramos indiferentes u odiosos; nunca has sabido lo que obra el perd\u00f3n: cuanto bien hace al que lo experimenta y cu\u00e1n libre hace al que lo concede\u00bb.\u00a0<\/p>\n<p>iTomamos tan a la ligera nuestras relaciones con los dem\u00e1s! Nos volvemos insensibles y pensamos que cuando no alimentamos pensamientos malos contra alguien es como si le hubi\u00e9ramos perdonado. Y olvidamos por completo que no tenemos ning\u00fan<b> <\/b>pensamiento bueno respecto a \u00e9l. Sin embargo, perdonar significa tener solo pensamientos buenos respecto a \u00e9l, significa \u00abllevar\u00bb al otro. Y esto es precisamente lo que evitamos; no llevamos al otro, no pasamos a su lado y acabamos por acostumbrarnos a su silencio.\u00a0<\/p>\n<p>Lo que cuenta es el llevar: llevar al otro en todo, en todas las facetas de su car\u00e1cter, incluso en las dif\u00edciles y desagradables, y callar ante sus errores y sus pecados, incluso ante los cometidos contra nosotros. Llevar y amar sin desistir: esto se acerca al perd\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>Quien adopta una actitud semejante respecto al otro, respecto a su padre, respecto a un amigo, respecto a su propia mujer, respecto a su propio marido e incluso respecto a los extra\u00f1os, respecto a todos los que encuentra, sabe muy bien lo dif\u00edcil que resulta. Incluso llegar\u00e1 a decir en alguna ocasi\u00f3n: \u00abNo, ahora ya no puedo m\u00e1s. Se\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces he de perdonar? \u00bfDurante cu\u00e1nto tiempo habr\u00e9 de soportar que alguien se muestre duro conmigo, que me ofenda y me hiera, que se muestre falto<b> <\/b>de atenci\u00f3n y de delicadeza, que contin\u00fae haci\u00e9ndome da\u00f1o?\u00bb.\u00a0<\/p>\n<p>Pedro nos hace sonre\u00edr: \u00a1siete veces! Nos parece muy poco. Cuantas veces hemos perdonado ya y cerrado los ojos&#8230; Pero, en verdad, no debemos re\u00edrnos de Pedro. Perdonar siete veces, pero perdonar de verdad, es decir, cambiar en bien todo el da\u00f1o que se nos ha hecho, trocar el mal por el bien, acoger al otro como si hubiera sido siempre nuestro hermano m\u00e1s querido, no es cosa de nada. Es un verdadero tormento este continuo interrogarme: \u00ab\u00bfC\u00f3mo me las arreglar\u00e9 con este, como har\u00e9 para soportarle? \u00bfDonde empieza mi derecho?\u00bb. Veamos: hagamos, pues, como Pedro, vayamos a Jes\u00fas. Si acudimos a otro o si nos interrogamos a nosotros mismos, no obtendremos ayuda alguna o s\u00f3lo una ayuda p\u00e9sima. Jes\u00fas, s\u00ed, Jes\u00fas puede ayudarnos realmente, aunque de una manera absolutamente sorprendente: \u00abNo te digo hasta siete \u2014le dice a Pedro\u2014, sino hasta setenta veces siete\u00bb, y sabe muy bien que es la \u00fanica manera de ayudarle (D. Bonhoeffer, <i>Memoria e fedelt\u00e1, <\/i>Qiqajon, Magnano 1995, 94-98, <i>passim).\u00a0<\/i><\/p>\n<h2><span id=\"W_Trilling_El_Nuevo_Testamento_y_su_Mensaje_Mt_El_perdon_de_las_ofensas\">W. Trilling, El Nuevo Testamento y su Mensaje (Mt): El perd\u00f3n de las ofensas<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Herder (1980), Tomo II, Cf. pp. 149-159.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\"><i>a) <\/i>Regla del perd\u00f3n (18,21-22).<\/p>\n<p class=\"cv\">vv. 21-22.<\/p>\n<p>21 <i>Entonces se le acerc\u00f3 Pedro y le dijo: Se\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces tendr\u00e9 que perdonar a mi hermano, si peca contra m\u00ed? \u00bfHasta siete veces?<\/i> 22 <i>Resp\u00f3ndele Jes\u00fas: No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Al principio del cap\u00edtulo los disc\u00edpulos preguntan juntos (.18.1), al fin s\u00f3lo pregunta Pedro. \u00c9l es el ap\u00f3stol que ha sido tratado con distinci\u00f3n sobre todos mediante la transmisi\u00f3n del poder de las llaves para el reino de los cielos y del poder de atar y desatar (16.18s). En otros pasajes del Evangelio de san Mateo Pedro habla y obra en nombre de los disc\u00edpulos &#8220;,4. Adem\u00e1s es el ap\u00f3stol que cay\u00f3 y fue perdonado por el Se\u00f1or (26,69ss). De una forma significativa Pedro dirige la palabra a Jes\u00fas llam\u00e1ndole <i>Se\u00f1or. <\/i>El que est\u00e1 ante \u00e9l no s\u00f3lo es el instructor y Maestro, sino tambi\u00e9n el <i>Se\u00f1or <\/i>dotado de poder y lleno de la gloria de Dios, el <i>Se\u00f1or <\/i>que ordena. Este pasaje est\u00e1 enlazado con el precedente (18,15-20) por el hecho del pecado. Pero aqu\u00ed se dice claramente que se trata de un delito <i>contra el propio hermano, <\/i>lo cual hasta entonces no se hab\u00eda dicho &#8220;. No se indica la clase y gravedad del delito, pero parece natural pensar en la amplia zona de las infracciones del mandamiento del amor.\u00a0<\/p>\n<p>La pregunta se dirige a la <i>medida del perd\u00f3n. <\/i>\u00bfSe puede esperar de un disc\u00edpulo que se ejercite siempre en perdonar sin ninguna compensaci\u00f3n? \u00bfHay una norma con que se pueda medir la obligaci\u00f3n de reconciliarse?\u00a0<\/p>\n<p>El n\u00famero siete que nombra Pedro, se dice de una forma tan t\u00edpica como el siguiente n\u00famero setenta veces siete. Siete es un n\u00famero sagrado y ya alude a algo perfecto y total. Hasta siete veces significar\u00eda que estoy dispuesto a seguir tambi\u00e9n perdonando m\u00e1s all\u00e1 de la <i>\u00fanica vez <\/i>que ciertamente exige la obligaci\u00f3n del amor. Aunque se repita regularmente la falta, estoy dispuesto a perdonar. Siete veces ya se dice como tope m\u00e1ximo.\u00a0<\/p>\n<p>La respuesta de Jes\u00fas a\u00fan es m\u00e1s asombrosa que la medida por la que ya se ha preguntado. Pedro no s\u00f3lo debe perdonar hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Este es un n\u00famero, que alude a una <i>ilimitada disposici\u00f3n pura perdonar. <\/i>Aqu\u00ed no se da la medida q u e Pedro deseaba conocer. La par\u00e1bola siguiente explica el porqu\u00e9 del trastorno de los principios de una conducta \u00abrazonable\u00bb. Aunque el hermano no mejore en modo alguno y siempre recaiga en el pecado, el otro nunca debe desistir de ejercitarse en el perd\u00f3n. Ni siquiera se dice, como en san Lucas, que el hermano se convierta, que lo diga expresamente y con ello solicite el perd\u00f3n (Lc 17,4). Aunque no se llegue al acto externo de reconciliarse, a la declaraci\u00f3n oral de arrepentimiento, en el interior nunca deben tolerarse los sentimientos de enemistad y endurecimiento. El ofendido en principio con respecto al ofensor est\u00e1 en una situaci\u00f3n semejante a la del deudor con respecto a su acreedor. Esto es tan sorprendente y pasmoso que se requiere necesariamente la par\u00e1bola como explicaci\u00f3n. En el libro del G\u00e9nesis se transmite un antiguo canto, que Lamec, uno de los descendientes de Ca\u00edn, cant\u00f3 antiguamente ante sus mujeres:\u00a0<\/p>\n<p>Ada y Sela, o\u00edd mi voz;<br \/>\nmujeres de Lamec dad o\u00eddos a mis palabras:<br \/>\nPor una herida matar\u00e9 a un hombre,<br \/>\ny a un joven, por un cardenal.<br \/>\nCa\u00edn ser\u00e1 vengado siete veces,<br \/>\npero Lamec lo ser\u00e1 setenta veces siete (Gen 4,23s).\u00a0<\/p>\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1n los dos n\u00fameros. Ca\u00edn disfrut\u00f3 de la especial protecci\u00f3n de Yahveh, obtuvo una se\u00f1al para que no pudiera matarle nadie que le encontrase (Gen 4,15). Pero si sucediera que alguien lo matara, entonces Ca\u00edn ser\u00eda vengado siete veces, es decir con un castigo much\u00edsimo m\u00e1s grave. En su arrogante canto triunfal Lamec intenta sobrepujar a Ca\u00edn. Si a Ca\u00edn le corresponde una represalia s\u00e9ptuple, entonces a \u00e9l, a Lamec, hay que vengarle de un modo <i>feroz <\/i>y <i>desmedido. <\/i>Dios se hab\u00eda reservado la venganza de Ca\u00edn, pero ahora el mismo Lamec la reclama. Este texto est\u00e1 al principio del gran desorden en la creaci\u00f3n. Poco despu\u00e9s que la primera pareja humana fue expulsada del para\u00edso, Ca\u00edn mat\u00f3 a su hermano Abel. Unas l\u00edneas m\u00e1s abajo, leemos aquella perversi\u00f3n que lo inunda todo, consistente en la desmesura en la venganza y en la sangre. El mal se reproduce de mil formas y un pecado siempre origina otros.\u00a0<\/p>\n<p>Jes\u00fas da su orden contra esta temible destrucci\u00f3n del mundo de Dios. Fund\u00e1ndose en este texto de Lamec se da la primera explicaci\u00f3n del ilimitado deber de reconciliarse. Puesto que el pecado en el mundo presenta mil maneras diferentes, s\u00f3lo puede ser detenido, si se le contrapone una medida igualmente grande en el bien. Puesto que el perd\u00f3n siempre debe seguir siendo la \u00faltima palabra, que nunca debe pronunciar el ofensor, en todos los casos el bien alcanza la victoria. Solamente as\u00ed parece posible detener la marea ascendente del pecado y superarla <i>mediante el amor libremente dispensado. <\/i>San Pablo dir\u00e1: \u00abNo te dejes vencer por el mal, sino vence al mal con el bien\u00bb (Rom 12,21).\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\"><i>b) <\/i>Par\u00e1bola del siervo despiadado (18,23-35).<\/p>\n<p class=\"cv\">vv. 23-35.<\/p>\n<p>23 <i>A prop\u00f3sito de esto: el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>24 <i>Cuando comenz\u00f3 a ajustar\u00edas, le presentaron a uno que le deb\u00eda diez mil talentos. <\/i>25 <i>Pero, como \u00e9ste no ten\u00eda con qu\u00e9 pagar, mand\u00f3 el se\u00f1or que lo vendieran, con su mujer y sus hijos y todo cuanto ten\u00eda, y que as\u00ed se liquidara la deuda. <\/i>26 <i>El siervo se ech\u00f3 entonces a sus pies y, postrado ante \u00e9l, le suplicaba: \u00a1Ten paciencia conmigo, que te lo pagar\u00e9 todo! <\/i><i>27 <\/i><i>Movido a compasi\u00f3n el se\u00f1or de aquel siervo, lo dej\u00f3 en libertad, y adem\u00e1s le perdon\u00f3 la deuda. <\/i>28 <i>Al salir, aquel siervo se encontr\u00f3 con uno de sus compa\u00f1eros que le deb\u00eda cien denarios; y, agarr\u00e1ndolo por el cuello, casi lo ahogaba mientras le dec\u00eda: \u00a1Paga lo que debes! <\/i>29 <i>El compa\u00f1ero se ech\u00f3 a sus pies y le suplicaba: \u00a1Ten paciencia conmigo, que te pagar\u00e9! <\/i>30 <i>Pero \u00e9l no consinti\u00f3, sino que fue y lo meti\u00f3 en la c\u00e1rcel, hasta que pagara lo que deb\u00eda. <\/i>31 <i>Al ver, pues, sus compa\u00f1eros lo que hab\u00eda sucedido, se disgustaron mucho y fueron a cont\u00e1rselo todo a su se\u00f1or. <\/i>32 <i>El se\u00f1or, entonces, lo mand\u00f3 llamar a su presencia y le dijo: \u00a1Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdon\u00e9, porque me \u00a1o suplicaste. <\/i>33. <i>\u00bfNo deb\u00edas tambi\u00e9n t\u00fa tener compasi\u00f3n de tu compa\u00f1ero, como yo la tuve de ti? <\/i>34 <i>Y el se\u00f1or, enfurecido, lo entreg\u00f3 a los torturadores, hasta que pagara todo lo que le deb\u00eda. <\/i>35. <i>As\u00ed tambi\u00e9n mi Padre celestial har\u00e1 con vosotros, si no perdon\u00e1is de coraz\u00f3n cada uno a vuestro hermano.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Toda la historia parece muy inveros\u00edmil. Aunque no se cuente entre los siervos a ning\u00fan sirviente bajo, sino a altos funcionarios, resulta dif\u00edcil de concebir que uno de ellos pudiera haber acumulado una deuda tan enorme (10 000 talentos = unos 10 millones de d\u00f3lares). Aunque se hubiese vendido al funcionario derrochador con su mujer y sus hijos, dif\u00edcilmente se podr\u00eda esperar que esta venta hubiese aportado tan ingente suma. El siervo, movido por la angustia, pide su libertad, y promete la devoluci\u00f3n de la deuda. El rey por esta mera s\u00faplica se deja inducir a condonarle simplemente toda la deuda. Ni siquiera le exige una insignificante se\u00f1al de buena voluntad. Adem\u00e1s, cuando el siervo se enfrenta sin piedad con su compa\u00f1ero, hace que lo encierren inmediatamente en la c\u00e1rcel hasta que haya reunido su exigua deuda (100 denarios = 17.5 d\u00f3lares). Y finalmente el rey enojado entrega al siervo a los torturadores \u00abhasta que pague todo lo que le debe\u00bb, lo cual tambi\u00e9n excede todo lo que nos podamos imaginar.\u00a0<\/p>\n<p>La historia ya contiene en su dise\u00f1o la declaraci\u00f3n de su sentido interno. Toda la par\u00e1bola es transparente y hace que se trasluzca la <i>majestad y misericordia de Dios. <\/i>Todo lo que se cuenta, s\u00f3lo puede decirse razonablemente de Dios. No se puede decir que a todos los pormenores de la narraci\u00f3n resulte posible atribuirles en seguida un significado religioso, pero s\u00ed puede afirmarse que, a lo largo de toda la historia, la mirada est\u00e1 dirigida a Dios y a su modo de proceder. En la Sagrada Escritura se tiende a representar la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre con la met\u00e1fora del Se\u00f1or y del siervo. S\u00f3lo Dios puede perdonar una deuda tan colosal, s\u00f3lo \u00e9l puede pronunciar una sentencia tan terrible. El siervo que es entregado a los torturadores, tiene que pagar toda su deuda. Puesto que la deuda era inmensa y hab\u00eda alcanzado cifras enormes, el siervo tendr\u00e1 que expiar para siempre. El p\u00e1nico de la eterna reprobaci\u00f3n relampaguea tras las palabras que nos indican el castigo.\u00a0<\/p>\n<p>La primera ense\u00f1anza de la par\u00e1bola es la <i>advertencia contra la dureza de coraz\u00f3n. <\/i>Si los hermanos no se perdonan mutuamente, est\u00e1 en peligro su eterno destino. El Padre que est\u00e1 en los cielos proceder\u00e1 como el rey de la par\u00e1bola, si alguien no perdona de todo coraz\u00f3n (18.35). El cuarto tema de nuestro cap\u00edtulo y todo el discurso concluyen con estas palabras amenazadoras. En ellas recae la definitiva decisi\u00f3n sobre la vida humana. S\u00f3lo tiene perspectiva de que sea condonada su deuda el que antes hizo lo mismo con sus hermanos (cf. 6.15).\u00a0<\/p>\n<p>Tan grande como la medida del castigo es la <i>medida del perd\u00f3n de Dios. <\/i>\u00c9l es el rey que perdona la enorme deuda s\u00f3lo por la simple s\u00faplica. Su clemencia es sin medida, el perd\u00f3n de la culpa sobrepasa todo l\u00edmite humano. Dios demuestra su omnipotencia y majestad en la grandeza de la misericordia. Pero no es esto s\u00f3lo. Cada uno de los hermanos sabe que \u00e9l tambi\u00e9n est\u00e1 obligado a tenerla si quiere subsistir ante Dios. Cada uno va acumulando pecados y se parece de alg\u00fan modo al primer siervo. Si Dios le condona la deuda, est\u00e1 de nuevo ante Dios como siervo que vive enteramente de la munificencia y de la misericordia de su Se\u00f1or.\u00a0<\/p>\n<p>Solamente as\u00ed resulta inteligible que la obligaci\u00f3n con el hermano haya de tener validez sin limitaciones. El que recibe la misericordia con exceso, no puede encerrarla y endurecer su coraz\u00f3n. Para quien desempe\u00f1a el papel de deudor, no hay nadie m\u00e1s que tambi\u00e9n pueda ser deudor con respecto a \u00e9l. <i>La medida con que Dios nos mide es la misma con que nosotros debemos medir. <\/i>La relaci\u00f3n con los dem\u00e1s hermanos se regula con nuestra relaci\u00f3n con Dios. De aqu\u00ed nace la orden de estar dispuestos sin restricciones a reconciliarnos. Solamente as\u00ed se mantiene la perspectiva de ser salvado al rendir cuentas en el juicio.\u00a0<\/p>\n<p>De este modo se ha elevado a un nuevo plano la relaci\u00f3n de los hermanos entre s\u00ed. Todos ellos est\u00e1n relacionados como personas <i>que viven de la misericordia del mismo Se\u00f1or. <\/i>Lo que se les ha encargado es obsequiarse tambi\u00e9n entre s\u00ed con esta misericordia, que se les ha concedido con exceso. En la historia se revela la conducta de Dios con el hombre con la misma profundidad que la conducta de los hombres entre s\u00ed. El que no busca su propia gloria, sino que constantemente se da poca importancia y perdona desinteresadamente, \u00e9ste es el mayor en el reino de los cielos.\u00a0<\/p>\n<p class=\"cv\">v. 19, 1.<\/p>\n<p>1 <i>Cuando Jes\u00fas acab\u00f3 estos discursos, parti\u00f3 de Galilea y se fue a la regi\u00f3n de Judea, al otro lado del Jord\u00e1n. <\/i>2 <i>Le siguieron grandes multitudes y realiz\u00f3 curaciones all\u00ed.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Por cuarta vez el evangelista concluye uno de los grandes discursos de Jes\u00fas con las mismas palabras. Al mismo tiempo Mateo designa aqu\u00ed una nueva secci\u00f3n en la obra del Mes\u00edas. Galilea y Judea se excluyen entre s\u00ed. La precedente actividad de Jes\u00fas se efectu\u00f3 seg\u00fan el modo de ver que el evangelista adopt\u00f3 en su relato, en el \u00e1mbito de Galilea con muy pocos cruces de frontera &#8220;. Aqu\u00ed un nuevo \u00e1mbito entra en el campo visual del lector. Inicialmente parecen las palabras <i>a la regi\u00f3n de Judea <\/i>algo indeterminadas. Paulatinamente aparece con mayor claridad la direcci\u00f3n en que se mueve la comitiva del maestro. Pero con el nombre de Judea resuena lo cr\u00edtico y decisivo. Ya hace tiempo sabemos lo que suceder\u00e1 en Judea, sobre todo en Jerusal\u00e9n. y lo que de all\u00ed hay que esperar (cf. 2,3; 15.1). Estamos preparados especialmente por medio de vaticinios de la pasi\u00f3n (16,21s; 17.22s). Pronto seguir\u00e1 un nuevo vaticinio (20.17-19). Desde la confesi\u00f3n mesi\u00e1nica de Pedro se sabe adonde se va. La inestable vida errante es relevada por el camino resuelto hacia Jerusal\u00e9n. Jes\u00fas llega a Judea. que ya no abandonar\u00e1 hasta su muerte. Judea es el recinto de la crisis. Galilea fue eJ recinto del comienzo primaveral, y ser\u00e1 el recinto de la revelaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado (28,16).\u00a0<\/p>\n<p>\u00abAl otro lado del Jord\u00e1n\u00bb es una expresi\u00f3n que aqu\u00ed solamente indica que Jes\u00fas no tom\u00f3 el camino directo a trav\u00e9s de Samar\u00eda, sino que dio un rodeo por oriente del Jord\u00e1n, pasando por la ciudad de Jeric\u00f3 situada en el camino hacia Jerusal\u00e9n (20,29)&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>21 Acerc\u00e1ndose Pedro a Jes\u00fas le pregunt\u00f3: \u00abSe\u00f1or, si mi hermano me ofende, \u00bfcu\u00e1ntas veces tengo que perdonarlo? \u00bfHasta siete veces?\u00bb. 22 Jes\u00fas le contesta: \u00abNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23 Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mt-18-21-191-parabola-sobre-el-perdon-y-la-misericordia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMt 18, 21\u201419,1: Par\u00e1bola sobre el perd\u00f3n y la misericordia\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41340","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41340","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41340"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41340\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41340"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41340"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41340"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}