{"id":41367,"date":"2016-10-07T23:30:04","date_gmt":"2016-10-08T04:30:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-6b-11-bautismo-de-jesus\/"},"modified":"2016-10-07T23:30:04","modified_gmt":"2016-10-08T04:30:04","slug":"mc-1-6b-11-bautismo-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-6b-11-bautismo-de-jesus\/","title":{"rendered":"Mc 1, 6b-11: Bautismo de Jes\u00fas"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">6<\/span> Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. <span class=\"versiculo\">7<\/span> Y proclamaba: \u00abDetr\u00e1s de m\u00ed viene el que es m\u00e1s fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. <span class=\"versiculo\">8<\/span> Yo os he bautizado con agua, pero \u00e9l os bautizar\u00e1 con Esp\u00edritu Santo\u00bb.<br \/> <span class=\"versiculo\">9<\/span> Y sucedi\u00f3 que por aquellos d\u00edas lleg\u00f3 Jes\u00fas desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jord\u00e1n. <span class=\"versiculo\">10<\/span> Apenas sali\u00f3 del agua, vio rasgarse los cielos y al Esp\u00edritu que bajaba hacia \u00e9l como una paloma. <span class=\"versiculo\">11<\/span> Se oy\u00f3 una voz desde los cielos: <br \/>\u00abT\u00fa eres mi Hijo amado, en ti me complazco\u00bb.<\/p>\n<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_de_Antioquia\">San Gregorio de Antioqu\u00eda<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_Vivamos_verdaderamente_como_Hijos\">Homil\u00eda: Vivamos verdaderamente como Hijos.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Homil\u00eda 2 en el Bautismo de Cristo, 5.6.9.10: PG 88, 1875-1879.1882-1883.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00ab\u00c9ste es mi Hijo, el amado, en quien me complazco\u00bb (Mc 1,11).<\/p>\n<p>\u00c9ste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.  \u00c9ste es el que sin abandonar mi seno, entr\u00f3 en el seno de Mar\u00eda; el  que inseparablemente permaneci\u00f3 en m\u00ed y en ella habit\u00f3 no circunscrito; el que  indivisiblemente est\u00e1 en los cielos, y mor\u00f3 en el seno de la Virgen inmaculada.<\/p>\n<p>No es uno mi Hijo y otro el hijo de Mar\u00eda; no  es uno el que yaci\u00f3 en la gruta y otro el que fue adorado por los Magos; no es  uno el que fue bautizado y otro distinto el exento de bautismo. Sino: <i>\u00e9ste es  mi Hijo;<\/i> el mismo en quien la mente piensa y contemplan los ojos; el mismo  invisible en s\u00ed y visto por vosotros; sempiterno y temporal; el mismo que,  si\u00e9ndome consustancial por su divinidad, es consustancial a vosotros por su  humanidad en todo, menos en el pecado.<\/p>\n<p>Este es mi Mediador y el de sus hermanos, ya  que por s\u00ed mismo reconcilia conmigo a los que hab\u00edan pecado. Este es mi Hijo y  cordero, sacerdote y v\u00edctima: es al mismo tiempo oferente y oblaci\u00f3n, el que se  convierte en sacrificio y el que lo recibe.<\/p>\n<p>Este es el testimonio que dio el Padre de su  Unig\u00e9nito al bautizarse en el Jord\u00e1n. Y cuando Cristo se transfigur\u00f3 en el monte  delante de sus disc\u00edpulos y su rostro desprend\u00eda una luminosidad tal que  eclipsaba los rayos del sol, tambi\u00e9n entonces se volvi\u00f3 a o\u00edr aquella voz: <i>Este es mi Hijo, el amado, mi  predilecto. Escuchadlo.<\/i><\/p>\n<p>Si dijera: <i>Yo estoy en el Padre y el Padre  en m\u00ed, <\/i>escuchadlo. Si dijera: <i>Quien me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre, <\/i>escuchadlo porque dice la verdad. Si  dijera: <i>El Padre que me ha enviado es m\u00e1s que yo, <\/i>inscribid esta manera  de hablar en la econom\u00eda de su condescendencia. Si dijera: <i>Esto es mi cuerpo  que se reparte entre vosotros para el perd\u00f3n de los pecados, <\/i>contemplad el  cuerpo que \u00e9l os muestra, contemplad el cuerpo que, tomado de vosotros, se ha  convertido en su propio cuerpo, cuerpo destrozado por vosotros. Si dijera: <i> Esta es mi sangre, <\/i>pensad en la sangre del que habla con vosotros, no en la  sangre de otro cualquiera.<\/p>\n<p>Dios nos ha llamado a la paz y no a la  discordia. Permanezcamos en nuestra vocaci\u00f3n. Estemos con reverente temor en  torno a la m\u00edstica mesa, en la cual participamos de los misterios celestes. Guard\u00e9monos de ser  al mismo tiempo comensales y mutuamente intrigantes; unidos en el altar por la  comuni\u00f3n y sorprendidos fuera en flagrante delito de discordia. No sea que el  Se\u00f1or tenga que decir tambi\u00e9n de nosotros: \u00abHijos engendr\u00e9 y elev\u00e9 y con mi  carne los aliment\u00e9, pero ellos renegaron de m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Quiera el Salvador del mundo y Autor de la  paz reunir en la tranquilidad a sus iglesias; conservar a este su santo reba\u00f1o.  Que \u00e9l proteja al pastor de la grey; que re\u00fana en su aprisco a las ovejas  descarriadas, de modo que no haya m\u00e1s que una grey y un solo redil. A \u00e9l la  gloria y el poder por los siglos de los siglos. Am\u00e9n.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_01-04-1998_El_bautismo_fundamento_de_la_existencia_cristiana\">Catequesis (01-04-1998): El bautismo, fundamento de la existencia cristiana<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Audiencia General, Mi\u00e9rcoles 1 de abril de 1998.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abT\u00fa eres mi Hijo amado, en ti me complazco\u00bb (Mc 1,11).<\/p>\n<p>1. Seg\u00fan el evangelio de san Marcos, las \u00faltimas ense\u00f1anzas de Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos presentan unidos fe y bautismo como el \u00fanico camino de salvaci\u00f3n: \u00abEl que crea y sea bautizado, se salvar\u00e1; el que no crea, se condenar\u00e1\u00bb (<i>Mc<\/i> 16, 16). Tambi\u00e9n Mateo, al referir el mandato misionero que Jes\u00fas da a los Ap\u00f3stoles, subraya el nexo entre predicaci\u00f3n del Evangelio y bautismo: \u00abId, pues, y haced disc\u00edpulos a todas las gentes bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb (<i>Mt<\/i> 28, 19).<\/p>\n<p>En conformidad con estas palabras de Cristo, Pedro, el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, dirigi\u00e9ndose al pueblo para exhortarlo a la conversi\u00f3n, invita a sus oyentes a recibir el bautismo: \u00abConvert\u00edos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisi\u00f3n de vuestros pecados; y recibir\u00e9is el don del Esp\u00edritu Santo\u00bb (<i>Hch<\/i> 2, 38). La conversi\u00f3n, pues, no consiste s\u00f3lo en una actitud interior, sino que implica tambi\u00e9n el ingreso en la comunidad cristiana a trav\u00e9s del bautismo, que obra el perd\u00f3n de los pecados e inserta en el Cuerpo m\u00edstico de Cristo.<\/p>\n<p>2. Para captar el sentido profundo del bautismo, es necesario volver a meditar en el misterio del bautismo de Jes\u00fas, al comienzo de su vida p\u00fablica. Se trata de un episodio a primera vista sorprendente, porque el bautismo de Juan, que recibi\u00f3 Jes\u00fas, era un bautismo de \u00abpenitencia\u00bb, que dispon\u00eda al hombre a recibir la remisi\u00f3n de los pecados. Jes\u00fas sab\u00eda bien que no ten\u00eda necesidad de ese bautismo, siendo perfectamente inocente. En tono desafiante, dir\u00e1 un d\u00eda a sus adversarios: \u00ab\u00bfQui\u00e9n de vosotros puede probar que soy pecador?\u00bb (<i>Jn<\/i> 8, 46).<\/p>\n<p>En realidad, someti\u00e9ndose al bautismo de Juan, Jes\u00fas lo recibe no para su propia purificaci\u00f3n, sino como signo de solidaridad redentora con los pecadores. En su gesto bautismal est\u00e1 impl\u00edcita una <i>intenci\u00f3n redentora<\/i>, puesto que es \u00abel Cordero (&#8230;) que quita el pecado del mundo\u00bb (<i>Jn<\/i> 1, 29). M\u00e1s tarde llamar\u00e1 \u00abbautismo\u00bb a su pasi\u00f3n, experiment\u00e1ndola como una especie de inmersi\u00f3n en el dolor, aceptada con finalidad redentora para la salvaci\u00f3n de todos: \u00abCon un bautismo tengo que ser bautizado y \u00a1qu\u00e9 angustiado estoy hasta que se cumpla!\u00bb (<i>Lc<\/i> 12, 50).<\/p>\n<p>3. En el bautismo en el Jord\u00e1n, Jes\u00fas no s\u00f3lo anuncia el compromiso del sufrimiento redentor, sino que tambi\u00e9n obtiene una efusi\u00f3n especial del Esp\u00edritu, que desciende en forma de paloma, es decir, como Esp\u00edritu de la reconciliaci\u00f3n y de la benevolencia divina. Este descenso es preludio del don del Esp\u00edritu Santo, que se comunicar\u00e1 en el bautismo de los cristianos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, una voz celestial proclama: \u00abT\u00fa eres mi Hijo amado, en ti me complazco\u00bb (<i>Mc<\/i> 1, 11). Es el Padre quien reconoce a su propio Hijo y manifiesta el v\u00ednculo de amor que lo une a \u00e9l. En realidad, Cristo est\u00e1 unido al Padre por una relaci\u00f3n \u00fanica, porque es el Verbo eterno \u00abde la misma naturaleza del Padre\u00bb. Sin embargo, en virtud de la filiaci\u00f3n divina conferida por el bautismo, puede decirse que para cada persona bautizada e injertada en Cristo resuena a\u00fan la voz del Padre: \u00abT\u00fa eres mi hijo amado\u00bb.<\/p>\n<p>En el bautismo de Cristo se encuentra la fuente del bautismo de los cristianos y de su riqueza espiritual.<\/p>\n<p>4. San Pablo ilustra el bautismo sobre todo como participaci\u00f3n en los frutos de la obra redentora de Cristo, subrayando la necesidad de renunciar al pecado y comenzar una vida nueva. Escribe a los Romanos: \u00ab\u00bfO es que ignor\u00e1is que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jes\u00fas, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con \u00e9l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros vivamos una vida nueva\u00bb (<i>Rm<\/i> 6, 3-4).<\/p>\n<p>El bautismo cristiano, precisamente porque sumerge en el misterio pascual de Cristo, tiene un valor muy superior a los ritos bautismales jud\u00edos y paganos, que eran abluciones destinadas a significar la purificaci\u00f3n, pero incapaces de borrar los pecados. En cambio, el bautismo cristiano es un signo eficaz, que obra realmente la purificaci\u00f3n de las conciencias, comunicando el perd\u00f3n de los pecados. Confiere, adem\u00e1s, un don mucho mayor: la vida nueva de Cristo resucitado, que transforma radicalmente al pecador.<\/p>\n<p>5. Pablo muestra el efecto esencial del bautismo, cuando escribe a los G\u00e1latas: \u00abTodos los bautizados en Cristo os hab\u00e9is revestido de Cristo\u00bb (<i>Ga<\/i> 3, 27). Existe una semejanza fundamental del cristiano con Cristo, que implica el don de la filiaci\u00f3n divina adoptiva. Los cristianos, precisamente porque est\u00e1n \u00abbautizados en Cristo\u00bb, son por una raz\u00f3n especial \u00abhijos de Dios\u00bb. El bautismo produce un verdadero \u00abrenacimiento\u00bb.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n de san Pablo se relaciona con la doctrina transmitida por el evangelio de san Juan, especialmente con el di\u00e1logo de Jes\u00fas con Nicodemo: \u00abEl que no nazca de agua y de Esp\u00edritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Esp\u00edritu, es esp\u00edritu\u00bb (<i>Jn<\/i> 3, 5-6).<\/p>\n<p>\u00abNacer del agua\u00bb es una clara referencia al bautismo, que de ese modo resulta un verdadero nacimiento del Esp\u00edritu. En efecto, en \u00e9l se da al hombre el Esp\u00edritu de la vida que \u00abconsagr\u00f3\u00bb la humanidad de Cristo desde el momento de la Encarnaci\u00f3n y que Cristo mismo infundi\u00f3 en virtud de su obra redentora.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo hace nacer y crecer en el cristiano una vida \u00abespiritual\u00bb, divina, que anima y eleva todo su ser. A trav\u00e9s del Esp\u00edritu, la vida misma de Cristo produce sus frutos en la existencia cristiana.<\/p>\n<p>\u00a1Don y misterio grande es el bautismo! Es de desear que todos los hijos de la Iglesia, especialmente en este per\u00edodo de preparaci\u00f3n del acontecimiento jubilar, tomen conciencia cada vez m\u00e1s profunda de ello.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_03-06-1998_Comienzo_de_la_mision\">Catequesis (03-06-1998): Comienzo de la misi\u00f3n.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Audiencia General, Mi\u00e9rcoles 3 de junio de 1998.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abEscuchadle\u00bb (cf. Mc 1,11).<\/p>\n<p>1. Otra intervenci\u00f3n significativa del Esp\u00edritu Santo en la vida de Jes\u00fas, despu\u00e9s de la de la Encarnaci\u00f3n, se realiza en su bautismo en el r\u00edo Jord\u00e1n.<\/p>\n<p>El evangelio de san Marcos narra el acontecimiento as\u00ed: \u00abY sucedi\u00f3 que por aquellos d\u00edas vino Jes\u00fas desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jord\u00e1n. En cuanto sali\u00f3 del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Esp\u00edritu, en forma de paloma, bajaba a \u00e9l. Y se oy\u00f3 una voz que ven\u00eda de los cielos: \u201cT\u00fa eres mi Hijo amado, en ti me complazco\u201d\u00bb (<i>Mc<\/i> 1, 9-11 y par.). El cuarto evangelio refiere el testimonio del Bautista: \u00abHe visto al Esp\u00edritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre \u00e9l\u00bb (<i>Jn<\/i> 1, 32).<\/p>\n<p>2. Seg\u00fan el concorde testimonio evang\u00e9lico, el acontecimiento del Jord\u00e1n constituye el comienzo de la misi\u00f3n p\u00fablica de Jes\u00fas y de su revelaci\u00f3n como Mes\u00edas, Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Juan predicaba \u00abun bautismo de conversi\u00f3n para perd\u00f3n de los pecados\u00bb (<i>Lc<\/i> 3, 3). Jes\u00fas se presenta en medio de la multitud de pecadores que acuden para que Juan los bautice. \u00c9ste lo reconoce y lo proclama como cordero inocente que quita el pecado del mundo (cf. <i>Jn<\/i> 1, 29) para guiar a toda la humanidad a la comuni\u00f3n con Dios. El Padre expresa su complacencia en el Hijo amado, que se hace siervo obediente hasta la muerte, y le comunica la fuerza del Esp\u00edritu para que pueda cumplir su misi\u00f3n de Mes\u00edas Salvador.<\/p>\n<p>Ciertamente, Jes\u00fas posee el Esp\u00edritu ya desde su concepci\u00f3n (cf. <i>Mt<\/i> 1, 20; <i>Lc<\/i> 1, 35), pero en el bautismo recibe una nueva efusi\u00f3n del Esp\u00edritu, una unci\u00f3n con el Esp\u00edritu Santo, como testimonia san Pedro en su discurso en la casa de Cornelio: \u00ab<i>Dios<\/i> a Jes\u00fas de Nazaret <i>le ungi\u00f3 con el Esp\u00edritu Santo<\/i> y con poder\u00bb (<i>Hch<\/i> 10, 38). Esta unci\u00f3n es una <i>elevaci\u00f3n<\/i> de Jes\u00fas \u00abante Israel como Mes\u00edas, es decir, <i>ungido<\/i> con el Esp\u00edritu Santo\u00bb (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__P7.HTM\">Dominum et vivificantem<\/a><\/i>, 19); es una verdadera <i>exaltaci\u00f3n<\/i> de Jes\u00fas en cuanto Cristo y Salvador.<\/p>\n<p>Mientras Jes\u00fas vivi\u00f3 en Nazaret, Mar\u00eda y Jos\u00e9 pudieron experimentar su progreso en sabidur\u00eda, en estatura y en gracia (cf. <i>Lc<\/i> 2, 40; 2, 51) bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, que actuaba en \u00e9l. Ahora, en cambio, se inauguran los tiempos mesi\u00e1nicos: comienza una nueva fase en la existencia hist\u00f3rica de Jes\u00fas. El bautismo en el Jord\u00e1n es como un \u00abpreludio\u00bb de cuanto suceder\u00e1 a continuaci\u00f3n. Jes\u00fas empieza a acercarse a los pecadores para revelarles el rostro misericordioso del Padre. La inmersi\u00f3n en el r\u00edo Jord\u00e1n prefigura y anticipa el \u00abbautismo\u00bb en las aguas de la muerte, mientras que la voz del Padre, que lo proclama Hijo amado, anuncia la gloria de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_27-05-1987_El_Padre_da_testimonio_del_Hijo\">Catequesis (27-05-1987): El Padre da testimonio del Hijo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Audiencia General, Mi\u00e9rcoles 27 de mayo de 1987.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abEn el instante en que sal\u00eda del agua se oy\u00f3 una voz de los cielos\u00bb (Mc ,).<\/p>\n<p>1. Los Evangelios \u2014y todo el Nuevo Testamento\u2014 dan testimonio de Jesucristo como Hijo de Dios. Es \u00e9sta una verdad central de la fe cristiana. Al confesar a Cristo como Hijo \u201cde la misma naturaleza\u201d que el Padre, la Iglesia contin\u00faa fielmente <i>este testimonio evang\u00e9lico<\/i>. Jesucristo es el Hijo de Dios en el sentido estricto y preciso de esta palabra. Ha sido, por consiguiente, \u201cengendrado\u201d en Dios, y no \u201ccreado\u201d por Dios y \u201caceptado\u201d luego como Hijo, es decir, \u201cadoptado\u201d. Este testimonio del Evangelio (y de todo el Nuevo Testamento), en el que se funda la fe de todos los cristianos, tiene su <i> fuente <\/i>definitiva <i>en Dios-Padre, que da testimonio de Cristo como Hijo suyo.<\/i><\/p>\n<p>En la catequesis anterior hemos hablado ya de esto refiri\u00e9ndonos a los textos del Evangelio seg\u00fan Mateo y Lucas. \u201cNadie conoce al Hijo sino el Padre\u201d (<i>Mt<\/i> 11, 27). \u201cNadie conoce qui\u00e9n es el Hijo sino el Padre\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 22).<\/p>\n<p>2. Este testimonio \u00fanico y fundamental, que surge del misterio eterno de la vida trinitaria, encuentra expresi\u00f3n particular en los <i>Evangelios sin\u00f3pticos, <\/i>primero en la narraci\u00f3n del bautismo de Jes\u00fas en el Jord\u00e1n y luego en el relato de la transfiguraci\u00f3n de Jes\u00fas en el monte Tabor. Estos dos acontecimientos merecen una atenta consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. En el Evangelio seg\u00fan Marcos leemos: \u201cEn aquellos d\u00edas vino Jes\u00fas desde Nazaret, de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jord\u00e1n. En el instante en que sal\u00eda del agua vio los cielos abiertos y el Esp\u00edritu, como paloma, que descend\u00eda sobre \u00c9l, y una voz se hizo (o\u00edr) de los cielos:<i> &#8216;T\u00fa eres mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias&#8217;<\/i>\u201c (<i>Mc<\/i> 1, 9-11).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el texto de Mateo, la voz que viene del cielo dirige sus palabras no a Jes\u00fas directamente, sino a aquellos que se hallaban presentes durante su bautismo en el Jord\u00e1n: <i>\u201cEste es <\/i>mi Hijo amado<i>\u201d <\/i>(<i>Mt <\/i>3, 17). En el texto de Lucas (cf.<i> Lc <\/i>3, 22), el tenor de las palabras es id\u00e9ntico al de Marcos.<\/p>\n<p>4. As\u00ed, pues, somos testigos de una teofan\u00eda trinitaria. <i>La voz del cielo<\/i> que se dirige al Hijo en segunda persona: \u201cT\u00fa eres&#8230;\u201d (Marcos y Lucas) o habla de \u00c9l en tercera persona: \u201cEste es&#8230;\u201d (Mateo), es<i> la voz del Padre<\/i>, que en cierto sentido <i>presenta <\/i>a su propio Hijo a los hombres que hab\u00edan acudido al Jord\u00e1n para escuchar a Juan Bautista. Indirectamente lo presenta a todo Israel: Jes\u00fas es el que viene con la potencia del Esp\u00edritu Santo: el Ungido del Esp\u00edritu Santo, es decir, el Mes\u00edas\/Cristo. \u00c9l <i>es el Hijo<\/i> <i>en quien el Padre ha puesto sus complacencias<\/i>, el Hijo \u201camado\u201d. Esta predilecci\u00f3n, este amor, insin\u00faa la presencia del Esp\u00edritu Santo en la unidad trinitaria, si bien en la teofan\u00eda del bautismo en el Jord\u00e1n esto no se manifiesta a\u00fan con suficiente claridad.<\/p>\n<p>5. El testimonio contenido en la voz que procede \u201cdel cielo\u201d (de lo alto), tiene lugar precisamente<i> al comienzo de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas de Nazaret. <\/i>Se repetir\u00e1 en el momento que precede a la pasi\u00f3n y al acontecimiento pascual que concluye toda su misi\u00f3n: <i>el momento de la transfiguraci\u00f3n.<\/i> A pesar de la semejanza entre las dos teofan\u00edas, hay una clara diferencia entre ellas, que nace sobre todo del contexto de los relatos. Durante el bautismo en el Jord\u00e1n, Jes\u00fas es proclamado Hijo de Dios <i>ante todo el pueblo<\/i>. La teofan\u00eda de la transfiguraci\u00f3n se refiere<i> s\u00f3lo a algunas personas escogidas<\/i>: ni siquiera se introduce a todos los Ap\u00f3stoles en cuanto grupo, sino s\u00f3lo a tres de ellos: Pedro, Santiago y Juan. \u201cPasados seis d\u00edas Jes\u00fas tom\u00f3 a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo solos a un monte alto y apartado<i> y se transfigur\u00f3 ante ellos&#8230;<\/i>\u201d. Esta transfiguraci\u00f3n va acompa\u00f1ada de la \u201caparici\u00f3n de El\u00edas con Mois\u00e9s hablando con Jes\u00fas\u201d. Y cuando, superado el \u201csusto\u201d ante tal acontecimiento, los tres Ap\u00f3stoles expresan el deseo de prolongarlo y fijarlo (\u201cbueno es estarnos aqu\u00ed\u201d), \u201cse form\u00f3 una nube&#8230; y se dej\u00f3 oir desde la nube <i>una voz: Este es mi Hijo amado, escuchadle<\/i>\u201d (cf. <i>Mc<\/i> 9, 2-7). As\u00ed en el texto de Marcos. Lo mismo se cuenta en Mateo: \u201cEste es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadle\u201d (Mt 17, 5). En Lucas, por su parte, se dice: \u201cEste es mi Hijo<i> elegido<\/i>, escuchadle\u201d (<i>Lc <\/i>9, 35).<\/p>\n<p>6. El hecho, descrito por los Sin\u00f3pticos, ocurri\u00f3 cuando Jes\u00fas se hab\u00eda dado a conocer ya a Israel mediante sus signos (milagros), sus obras y sus palabras. La voz del Padre <i>constituye como una confirmaci\u00f3n \u201cdesde lo alto\u201d de lo que estaba madurando ya en la conciencia de los disc\u00edpulos<\/i>. Jes\u00fas quer\u00eda que, sobre la base de los signos y de las palabras, la fe en su misi\u00f3n y filiaci\u00f3n divinas naciese en la conciencia de sus oyentes en virtud<i> de la revelaci\u00f3n interna<\/i>, que les daba el mismo Padre.<\/p>\n<p>7. Desde este punto de vista, tiene especial significaci\u00f3n la respuesta que Sim\u00f3n Pedro recibi\u00f3 de Jes\u00fas tras haberlo confesado en las cercan\u00edas de Cesarea de Filipo. En aquella ocasi\u00f3n dijo Pedro: \u201c<i>T\u00fa eres el Mes\u00edas, el Hijo de Dios vivo<\/i>\u201d (<i>Mt<\/i> 16, 16). Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u201cBienaventurado t\u00fa, Sim\u00f3n Bar Jona,<i> porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre<\/i>, que est\u00e1 en los cielos\u201d (<i>Mt<\/i> 16, 17). Sabemos la importancia que tiene en labios de Pedro la confesi\u00f3n que acabamos de citar. Pues bien, resulta esencial tener presente que la profesi\u00f3n de la verdad sobre la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas de Nazaret \u2014\u201cT\u00fa eres el Mes\u00edas, el Hijo de Dios vivo\u201d\u2014 procede del Padre. S\u00f3lo el Padre \u201cconoce al Hijo\u201d (<i>Mt <\/i>11, 27), solo el Padre sabe \u201cqui\u00e9n es el Hijo\u201d (<i>Lc <\/i>10, 22), y<i> s\u00f3lo el Padre puede conceder este conocimiento al hombre. <\/i>Esto es precisamente lo que afirma Cristo en la respuesta dada a Pedro. La verdad sobre la filiaci\u00f3n divina que brota de labios del Ap\u00f3stol, tras haber madurado primero en su interior, en su conciencia, procede de la profundidad de la autorrevelaci\u00f3n de Dios. En este momento todos los significados an\u00e1logos de la expresi\u00f3n \u201cHijo de Dios\u201d, conocidos ya en el Antiguo Testamento, quedan completamente superados. Cristo<i> es el Hijo del Dios vivo, el Hijo en el sentido propio y esencial de esta palabra<\/i>: es \u201cDios de Dios\u201d.<\/p>\n<p>8. La voz que escuchan los tres Ap\u00f3stoles durante la transfiguraci\u00f3n en el monte (identificado por la tradici\u00f3n posterior con el monte Tabor), confirma la convicci\u00f3n expresada por Sim\u00f3n Pedro en las cercan\u00edas de Cesarea (seg\u00fan<i> Mt <\/i>16, 16). Confirma en cierto modo \u201cdesde el exterior\u201d lo que el Padre hab\u00eda ya \u201crevelado desde el interior\u201d. Y <i>el Padre, al confirmar ahora la revelaci\u00f3n interior <\/i>sobre la filiaci\u00f3n divina de Cristo \u2014\u201cEste es mi Hijo amado: escuchadle\u201d\u2014, parece como si quisiera preparar a quienes ya han cre\u00eddo en \u00c9l para los acontecimientos de la Pascua que se acerca: para su muerte humillante en la cruz. Es significativo que \u201cmientras bajaban del monte\u201d Jes\u00fas les ordenar\u00e1: \u201cNo deis a conocer a nadie esta visi\u00f3n hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos\u201d (<i>Mt <\/i>17, 9, como tambi\u00e9n<i> Mc<\/i> 9, 9, y adem\u00e1s, en cierta medida, <i>Lc <\/i>9, 21). La teofan\u00eda en el monte de la transfiguraci\u00f3n del Se\u00f1or se halla as\u00ed relacionada con el conjunto del misterio pascual de Cristo.<\/p>\n<p>9. En esta l\u00ednea se puede entender el importante pasaje del Evangelio de Juan (<i>Jn <\/i>12, 20-28) donde se narra un hecho ocurrido tras la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, cuando por un lado aumenta la admiraci\u00f3n hacia Jes\u00fas y, por otro, crecen las amenazas contra \u00c9l. Cristo habla entonces <i>del grano de trigo<\/i> que debe morir para poder producir mucho fruto. Y luego concluye significativamente: \u201cAhora mi alma se siente turbada; \u00bfy qu\u00e9 dir\u00e9? \u00bfPadre, l\u00edbrame de esta hora? \u00a1Mas para esto he venido yo a esta hora! <i>Padre, glorifica tu nombre\u201d. Y \u201clleg\u00f3 entonces una voz del Cielo: &#8216;\u00a1Lo glorifiqu\u00e9 y de nuevo lo glorificar\u00e9&#8217;!\u201d<\/i> (cf. <i>Jn <\/i>12, 27-28). En esta voz se expresa la respuesta del Padre, que confirma las palabras anteriores de Jes\u00fas: \u201cEs llegada la hora en que el Hijo del Hombre ser\u00e1 glorificado\u201d (<i>Jn <\/i>12, 23).<\/p>\n<p>El Hijo del Hombre que se acerca a su \u201chora\u201d pascual, es Aquel de quien la voz de lo alto proclamaba en el bautismo y en la transfiguraci\u00f3n: \u201c<i>Mi Hijo&#8230; amado.<\/i>.. en quien tengo mis complacencias&#8230; el elegido\u201d. En esta voz se conten\u00eda el testimonio del Padre sobre el Hijo. El autor de la segunda Carta de Pedro, recogiendo el testimonio ocular del Jefe de los Ap\u00f3stoles, escribe pasa consolar a los cristianos en un momento de dura persecuci\u00f3n: \u201c(Jesucristo)&#8230; al <i>recibir de Dios Padre honor y gloria<\/i>, de la majestuosa gloria le sobrevino una voz (que hablaba) en estos t\u00e9rminos: &#8216;Este es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias&#8217;. Y esta voz bajada del cielo la o\u00edmos los que con \u00c9l est\u00e1bamos en el monte santo\u201d (<i>2 Pe<\/i> 1, 16-18).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_05-08-1987_Jesucristo_viene_en_la_potencia_del_Espiritu_Santo\">Catequesis (05-08-1987): Jesucristo viene en la potencia del Esp\u00edritu Santo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Audiencia General, Mi\u00e9rcoles 5 de agosto de 1987.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre mi\u00bb (Lc 4,17).<\/p>\n<p>1. \u201cSal\u00ed del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y me voy al Padre\u201d (<i>Jn<\/i> 16, 28). Jesucristo tiene el conocimiento de su origen del Padre: es el Hijo porque<i> proviene del Padre<\/i>. Como Hijo ha<i> venido al mundo, mandado por el Padre.<\/i> Esta misi\u00f3n (<i>missio<\/i>) que se basa en el origen eterno del Cristo-Hijo, de la misma naturaleza que el Padre, est\u00e1 radicada en \u00c9l. Por ello en esta misi\u00f3n el Padre revela el Hijo y da testimonio de Cristo como su Hijo, mientras que al mismo tiempo el Hijo revea al Padre. Nadie, efectivamente \u201cconoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revel\u00e1rselo\u201d (<i>Mt <\/i>11, 27). El Hijo, que \u201cha salido del Padre\u201d,<i> expresa y confirma la propia filiaci\u00f3n en cuanto \u201crevela al Padre\u201d<\/i> ante el mundo. Y lo hace no s\u00f3lo con las palabras del Evangelio, sino tambi\u00e9n con su vida, por el hecho de que \u00c9l completamente \u201cvive por el Padre\u201d, y esto hasta el sacrificio de su vida en la cruz.<\/p>\n<p>2. <i>Esta misi\u00f3n salv\u00edfica del Hijo de Dios como Hombre se lleva a cabo \u201cen la potencia\u201d del Esp\u00edritu Santo<\/i>. Lo atestiguan numerosos pasajes de los Evangelios y todo el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, la verdad sobre la estrecha relaci\u00f3n entre la misi\u00f3n del Hijo y la venida del Esp\u00edritu Santo (que es tambi\u00e9n su \u201cmisi\u00f3n\u201d) estaba escondida, aunque tambi\u00e9n, en cierto modo, ya anunciada. Un presagio particular son <i>las palabras de Isa\u00edas<\/i>, a las cuales Jes\u00fas hace referencia al inicio de su actividad mesi\u00e1nica en Nazaret: \u201c<i>El Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre mi, porque me ungi\u00f3,<\/i> para evangelizar a los pobres; <i>me envi\u00f3<\/i> a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperaci\u00f3n de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u201d (<i>Lc<\/i> 4, 17-19; cf.<i> Is <\/i>61, 1-2).<\/p>\n<p>Estas palabras hacen referencia al Mes\u00edas:<i> palabra que significa \u201cconsagrado con unci\u00f3n\u201d<\/i> (\u201cungido\u201d), <i>es decir, aquel que viene de la potencia del Esp\u00edritu del Se\u00f1or.<\/i> Jes\u00fas afirma delante de sus paisanos que estas palabras se refieren a \u00c9l: \u201cHoy se cumple esta Escritura que acab\u00e1is de o\u00edr\u201d (cf. <i>Lc <\/i>4, 21).<\/p>\n<p>3. Esta verdad sobre el Mes\u00edas que viene en el poder del Esp\u00edritu Santo encuentra su confirmaci\u00f3n<i> durante el bautismo de Jes\u00fas en el Jord\u00e1n<\/i>, tambi\u00e9n al comienzo de su actividad mesi\u00e1nica. Particularmente denso es el texto de Juan que refiere las palabras del Bautista: \u201c<i>Yo he visto el Esp\u00edritu <\/i> descender del cielo como paloma y<i> posarse sobre \u00c9l<\/i>. Yo no le conoc\u00eda; pero el que me envi\u00f3 a bautizar en agua me dijo: Sobre quien vieres descender el Esp\u00edritu y posarse sobre \u00c9l, \u00e9se es el<i> que bautiza en el Esp\u00edritu Santo<\/i>. Y yo vi, y doy testimonio de que \u00e9ste es el Hijo de Dios\u201d (<i>Jn<\/i> 1, 32-34).<\/p>\n<p>Por consiguiente, Jes\u00fas es el Hijo de Dios, aquel que \u201cha salido del Padre y ha venido al mundo\u201d (cf. <i>Jn <\/i>16, 28), para llevar el Esp\u00edritu Santo: \u201cpara bautizar en el Esp\u00edritu Santo\u201d (cf. <i>Mc <\/i>1, 8), es decir, para instituir la nueva realidad de un nuevo nacimiento, por el poder de Dios, de los hijos de Ad\u00e1n manchados por el pecado. La venida del Hijo de Dios al mundo, <i>su concepci\u00f3n humana y su nacimiento virginal se han cumplido por obra del Esp\u00edritu Santo.<\/i> El Hijo de Dios se ha hecho hombre y ha nacido de la Virgen Mar\u00eda por obra del Esp\u00edritu Santo, en su potencia.<\/p>\n<p>4. El testimonio que Juan da de Jes\u00fas como Hijo de Dios, est\u00e1 en estrecha relaci\u00f3n con el texto del Evangelio de Lucas, donde leemos que en la Anunciaci\u00f3n Mar\u00eda oye decir que Ella \u201cconcebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz en su seno un hijo que ser\u00e1 llamado Hijo del Alt\u00edsimo\u201d (cf. <i>Lc <\/i>1, 31-32). Y cuando pregunta: \u201c\u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 ser esto, pues yo no conozco var\u00f3n?\u201d, recibe la respuesta. \u201c<i>El Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti<\/i> y la virtud del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra, y por esto el hijo engendrado ser\u00e1 santo, <i>ser\u00e1 llamado Hijo de Dios<\/i>\u201d (<i>Lc <\/i>1, 34-35).<\/p>\n<p>Si, entonces, el \u201csalir del Padre y venir al mundo\u201d (cf. <i>Jn<\/i> 16, 28) del Hijo de Dios como hombre (el Hijo del hombre), se ha efectuado en el poder del Esp\u00edritu Santo, esto manifiesta el misterio de la vida trinitaria de Dios. Y este poder vivificante del Esp\u00edritu Santo est\u00e1 confirmado desde el comienzo de la actividad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, como aparece en los textos de los Evangelios, sea de los sin\u00f3pticos (<i>Mc<\/i> 1, 10;<i> Mt<\/i> 3, 16; <i>Lc<\/i> 3, 22) como de Juan (<i>Jn<\/i> 1, 32-34).<\/p>\n<p>5. Ya en el Evangelio de la infancia, cuando se dice de Jes\u00fas que \u201cla gracia de Dios estaba en \u00c9l\u201d (<i>Lc <\/i>2, 40), se pone de relieve la presencia santificante del Esp\u00edritu Santo. Pero es en el momento del bautismo en el Jord\u00e1n cuando los Evangelios hablan mucho m\u00e1s expresamente de a actividad de Cristo en la potencia del Esp\u00edritu: \u201censeguida (despu\u00e9s del bautismo) <i>el Esp\u00edritu le empuj\u00f3 hacia el desierto<\/i>\u201d dice Marcos (<i>Mc <\/i>1, 12). Y en el desierto, despu\u00e9s de un per\u00edodo de cuarenta d\u00edas de ayuno, el Esp\u00edritu de Dios permiti\u00f3 que Jes\u00fas fuese tentado por el esp\u00edritu de las tinieblas, de forma que obtuviese sobre \u00e9l la primera victoria mesi\u00e1nica (cf.<i> Lc <\/i>4, 1-14). Tambi\u00e9n durante su actividad p\u00fablica, Jes\u00fas manifiesta numerosas veces la misma potencia del Esp\u00edritu Santo respecto a los endemoniados. \u00c9l mismo lo resalta con aquellas palabras suyas: \u201c<i>si yo arrojo los demonios con el Esp\u00edritu de Dios<\/i>, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios\u201d (<i>Mt<\/i> 12, 28). La conclusi\u00f3n de todo el combate mesi\u00e1nico contra las fuerzas de las tinieblas ha sido el acontecimiento pascual: la muerte en cruz y la resurrecci\u00f3n de Quien ha venido del Padre en la potencia del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>6. Tambi\u00e9n, despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n, Jes\u00fas permaneci\u00f3, en la conciencia de sus disc\u00edpulos, como aquel a quien \u201cungi\u00f3 Dios con el Esp\u00edritu Santo y con poder\u201d (<i>Act <\/i>10, 38). Ellos recuerdan que gracias a este poder los hombres, escuchando las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, alababan a Dios y dec\u00edan: \u201cun gran profeta se ha levantado entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo\u201d (<i>Lc<\/i> 7, 16),\u201d Jam\u00e1s hombre alguno habl\u00f3 como \u00e9ste\u201d (<i>Jn<\/i> 7, 46), y atestiguaban que, gracias a este poder, Jes\u00fas \u201chacia milagros, prodigios y se\u00f1ales\u201d (cf.<i> Act<\/i> 2, 22), de esta manera \u201ctoda la multitud buscaba tocarle, porque sal\u00eda de \u00c9l una virtud que sanaba a todos\u201d (<i>Lc<\/i> 6, 19). En todo lo que Jes\u00fas de Nazaret, el Hijo del hombre, hac\u00eda o ense\u00f1aba, se cumpl\u00edan las palabras del profeta Isa\u00edas (cf.<i> Is <\/i>42, 1 ) sobre el Mes\u00edas: \u201cHe aqu\u00ed a mi siervo a quien eleg\u00ed; mi amado en quien mi alma se complace. Har\u00e9 descansar asar mi esp\u00edritu sobre \u00e9l&#8230;\u201d (<i>Mt <\/i>12, 1 8).<\/p>\n<p>7. Este poder del Esp\u00edritu Santo se ha manifestado hasta el final <i>en el sacrificio redentor de Cristo<\/i> y en su resurrecci\u00f3n. Verdaderamente Jes\u00fas es el Hijo de Dios \u201cque el Padre santific\u00f3 y envi\u00f3 al mundo\u201d (cf.<i> Jn<\/i> 10, 36). Respondiendo a la voluntad del Padre, \u00c9l mismo se ofrece a Dios<i> mediante el Esp\u00edritu como v\u00edctima inmaculada<\/i> y esta v\u00edctima purifica nuestra conciencia de las obras muertas, para que podamos servir al Dios viviente (cf. <i>Heb<\/i> 9, 14). El mismo <i>Esp\u00edritu Santo<\/i> \u2014como testimonia el Ap\u00f3stol Pablo\u2014 \u201c<i>resucit\u00f3 a Cristo Jes\u00fas de entre los muertos<\/i>\u201d (<i>Rom<\/i> 8, 11), y mediante este \u201cresurgir de los muertos\u201d Jesucristo recibe la plenitud de la potencia mesi\u00e1nica y es definitivamente <i>revelado<\/i> por el Esp\u00edritu Santo<i> como \u201cHijo de Dios con potencia\u201d<\/i> (literalmente): \u201cconstituido Hijo de Dios, poderoso seg\u00fan el Esp\u00edritu de Santidad a partir de la resurrecci\u00f3n de entre los muertos\u201d (<i>Rom<\/i> 1, 4).<\/p>\n<p>8. As\u00ed pues, Jesucristo, el Hijo de Dios, viene al mundo por obra del Esp\u00edritu Santo, y como Hijo del hombre cumple totalmente su misi\u00f3n mesi\u00e1nica en la fuerza del Esp\u00edritu Santo. Pero si<i> Jesucristo act\u00faa por este poder<\/i> durante toda su actividad salv\u00edfica y al final en la pasi\u00f3n y en la resurrecci\u00f3n, entonces es<i> el mismo Esp\u00edritu Santo el que revela que \u00c9l es el Hijo de Dios.<\/i> De modo que hoy, gracias al Esp\u00edritu Santo, la divinidad del Hijo, Jes\u00fas de Nazaret, resplandece ante el mundo. Y \u201cnadie \u2014como escribe San Pablo\u2014 puede decir: &#8216;Jes\u00fas es el Se\u00f1or&#8217;, sino en el Esp\u00edritu Santo\u201d (<i>1 Cor<\/i> 12, 3).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_06-09-1989_El_bautismo_en_el_Espiritu\">Catequesis (06-09-1989): El bautismo en el Esp\u00edritu.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Audiencia General, Mi\u00e9rcoles 6 de septiembre de 1989.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abCon Esp\u00edritu Santo y fuego\u00bb (cf. Mc 1,8).<\/p>\n<p>1. Cuando la Iglesia, brotada del sacrificio de la cruz, comenz\u00f3 su camino en el mundo por obra del Esp\u00edritu Santo, que baj\u00f3 al Cen\u00e1culo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, tuvo inicio \u201csu tiempo\u201d, \u201cel tiempo de la Iglesia\u201d como colaboradora del Esp\u00edritu en la misi\u00f3n de hacer fructificar la redenci\u00f3n de Cristo en la humanidad, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Precisamente en esta misi\u00f3n y colaboraci\u00f3n con el Esp\u00edritu se realiza \u201cla sacramentalidad\u201d que le atribuye el Concilio Vaticano II cuando ense\u00f1a que \u201c&#8230; <i>La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la uni\u00f3n intima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano<\/i>\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a> <\/i>1). Esta \u201csacramentalidad\u201d tiene un significado profundo en relaci\u00f3n con el misterio de Pentecost\u00e9s, que da a la Iglesia el vigor y los carismas para operar visiblemente en toda la familia humana.<\/p>\n<p>2. En esta catequesis queremos considerar principalmente la relaci\u00f3n entre Pentecost\u00e9s y el sacramento del bautismo. Sabemos que la venida del Esp\u00edritu Santo fue anunciada en el Jord\u00e1n junto con la venida de Cristo. Fue Juan Bautista quien asoci\u00f3 las dos venidas, e incluso mostr\u00f3 su intima conexi\u00f3n, hablando de \u201cbautismo\u201d: \u201c\u00c9l os bautizar\u00e1 con Esp\u00edritu Santo\u201d (<i>Mc<\/i> 1, 8); \u201c\u00c9l os bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo y fuego\u201d (<i>Mt<\/i> 3, 11). Este v\u00ednculo entre el Esp\u00edritu Santo y el fuego se ha de colocar en el contexto del lenguaje b\u00edblico, que ya en el Antiguo Testamento presentaba el fuego como el medio usado por Dios para purificar las conciencias (cf <i>Is<\/i> 1, 25; 6, 5-7;<i> Za<\/i> 13, 9; <i>Ml<\/i> 3, 2-3; <i>Si<\/i> 2, 5, etc.). A su vez el bautismo, que se practicaba en el juda\u00edsmo y en otras religiones antiguas, era una inmersi\u00f3n ritual, con la que se quer\u00eda significar una purificaci\u00f3n renovadora. Juan Bautista hab\u00eda adoptado esta pr\u00e1ctica del bautismo en el agua, a\u00fan subrayando que su valor no era s\u00f3lo ritual sino tambi\u00e9n moral, puesto que era \u201cpara la conversi\u00f3n\u201d (cf. <i>Mt<\/i> 3, 2. 6. 8. 11; <i>Lc<\/i> 3, 10-14).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, ese bautismo constitu\u00eda una especie de iniciaci\u00f3n, mediante la cual aquellos que lo recib\u00edan se convert\u00edan en disc\u00edpulos del Bautista y constitu\u00edan en torno a \u00e9l y con \u00e9l una cierta comunidad caracterizada por la espera escatol\u00f3gica del Mes\u00edas (cf. <i>Mt<\/i> 3, 2.11; <i>Jn<\/i> 1, 19-34). Sin embargo, se trataba de un <i>bautismo de agua<\/i>; es decir, no ten\u00eda un poder de purificaci\u00f3n sacramental. Tal poder ser\u00eda propio del <i>bautismo de fuego<\/i> \u2015elemento en s\u00ed mucho m\u00e1s poderoso que el agua\u2015 tra\u00eddo por el Mes\u00edas. Juan proclamaba la funci\u00f3n preparatoria y simb\u00f3lica de su bautismo en relaci\u00f3n con el Mes\u00edas, que deb\u00eda bautizar \u201cen Esp\u00edritu Santo y fuego\u201d (<i>Mt<\/i> 3, 11; cf. 3.7.10.12; <i>Jn<\/i> 1, 33). Y a\u00f1ad\u00eda que si con el fuego del Esp\u00edritu el Mes\u00edas iba a purificar a fondo a los hombres bien dispuestos, recogidos como \u201ctrigo en el granero\u201d, sin embargo quemar\u00eda \u201cla paja con fuego que no se apaga\u201d, como el \u201cfuego de la gehenna\u201d (cf. <i>Mt<\/i> 18, 8-9), s\u00edmbolo de la consumaci\u00f3n a la que est\u00e1 destinado todo lo que no se ha dejado purificar (cf. <i>Is<\/i> 66, 24; <i>Jdt<\/i> 16, 17; <i>Si<\/i> 7, 17; <i>So<\/i> 1, 18; <i>Sal<\/i> 21, 10, etc.).<\/p>\n<p>3. Mientras est\u00e1 desarrollando su funci\u00f3n prof\u00e9tica y prefiguradora en la l\u00ednea del simbolismo del Antiguo Testamento, el Bautista un d\u00eda se encuentra con Jes\u00fas en las aguas del Jord\u00e1n. Reconoce en \u00c9l al Mes\u00edas, del que proclama que es \u201cel Cordero de Dios que quita el pecado del mundo\u201d (<i>Jn<\/i> 1, 29) y, por petici\u00f3n suya, lo bautiza (cf. <i>Mt<\/i> 3, 14-15); pero, al mismo tiempo, da testimonio de su mesianidad, de la que se profesa un simple anunciador y precursor (cf. <i>Jn<\/i> 1, 30-31). Este testimonio de Juan est\u00e1 constituido por la comunicaci\u00f3n que \u00e9l mismo hace a sus disc\u00edpulos y oyentes acerca de la experiencia que tuvo \u00e9l en esa circunstancia, y que tal vez le hizo recordar la narraci\u00f3n del G\u00e9nesis sobre la conclusi\u00f3n del diluvio (cf. <i>Gn<\/i> 8, 10): \u201cHe visto al Esp\u00edritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre \u00e9l. Y yo no le conoc\u00eda, pero el que me envi\u00f3 a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Esp\u00edritu y se queda sobre \u00e9l, \u00e9se es el que bautiza con Esp\u00edritu Santo&#8230;\u201d (<i>Jn<\/i> 1, 32-33; cf. <i>Mt<\/i> 3, 16; <i>Mc<\/i> 1, 8; <i> Lc<\/i> 3, 22).<\/p>\n<p>\u201cBautizar en Esp\u00edritu Santo\u201d significa regenerar la humanidad con el poder del Esp\u00edritu de Dios: es lo que hace el Mes\u00edas, sobre el que, como hab\u00eda predicho Isa\u00edas (11, 2; 42, 1), reposa el Esp\u00edritu colmando su humanidad de valor divino a partir de la Encarnaci\u00f3n hasta la plenitud de la resurrecci\u00f3n tras la muerte en la cruz (cf. <i>Jn<\/i> 7, 39; 14, 26; 16, 7.8; 20, 22; <i>Lc<\/i> 24, 49). Adquirida esta plenitud, el Mes\u00edas Jes\u00fas puede dar el nuevo bautismo en el Esp\u00edritu del que est\u00e1 lleno (cf. <i>Jn<\/i> 1, 33; <i>Hch<\/i> 1, 5). De su humanidad glorificada, como de un manantial de agua viva, el Esp\u00edritu se difundir\u00e1 por el mundo (cf. <i>Jn<\/i> 7, 37-39; 19, 34; cf.. <i>Rm<\/i> 5, 5). Este es el anuncio que hace el Bautista al dar testimonio de Cristo con ocasi\u00f3n del bautismo, en el que se funden los s\u00edmbolos del agua y del fuego, expresando el misterio de la nueva energ\u00eda vivificadora que el Mes\u00edas y el Esp\u00edritu han derramado en el mundo.<\/p>\n<p>4. Tambi\u00e9n Jes\u00fas, durante su ministerio, habla de su pasi\u00f3n y muerte <i> como un bautismo<\/i> que \u00c9l mismo debe recibir: un <i>bautismo<\/i>, porque deber\u00e1 sumergirse totalmente en el sufrimiento, simbolizado tambi\u00e9n por el c\u00e1liz que ha de beber (cf. <i>Mc<\/i> 10, 38; 14, 36); pero un bautismo vinculado por Jes\u00fas con el otro s\u00edmbolo del <i>fuego<\/i>, que \u00c9l vino a traer a la tierra (<i>Lc<\/i> 12, 49-50): <i>fuego<\/i>, en el que es bastante f\u00e1cil entrever al Esp\u00edritu Santo que \u201ccolma\u201d su humanidad y que un d\u00eda, despu\u00e9s del incendio de la cruz, se extender\u00e1 por el mundo como propagaci\u00f3n del bautismo <i>de fuego<\/i>, que Jes\u00fas desea tan intensamente recibir, que se encuentra angustiado hasta que se haya realizado en \u00e9l (cf. <i>Lc<\/i> 12, 50).<\/p>\n<p>5. Escrib\u00ed en la Enc\u00edclica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PD.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i>: \u201cEn el Antiguo Testamento se habla varias veces del \u2018fuego del cielo\u2019, que quemaba los sacrificios presentados por los hombres. Por analog\u00eda se puede decir que <i>el Esp\u00edritu Santo es el \u2018fuego del cielo\u2019 que act\u00faa en lo m\u00e1s profundo del misterio de la cruz<\/i>&#8230; Como amor y don, desciende, en cierto modo, al centro mismo del sacrificio que se ofrece en la cruz. Refiri\u00e9ndonos a la Tradici\u00f3n b\u00edblica podemos decir: <i>\u00c9l consuma este sacrificio con el fuego del amor<\/i>, que une al Hijo con el Padre en la comuni\u00f3n trinitaria. Y dado que el sacrificio de la cruz es un acto propio de Cristo, tambi\u00e9n en este sacrificio \u00c9l <i>\u2018recibe\u2019 el Esp\u00edritu Santo<\/i>. Lo recibe de tal manera que despu\u00e9s \u2015\u00c9l solo con Dios Padre\u2015 puede <i>\u2018darlo\u2019 a los Ap\u00f3stoles, a la Iglesia, y a la humanidad<\/i>. \u00c9l solo lo \u2018env\u00eda\u2019 desde el Padre. \u00c9l solo se presenta ante los Ap\u00f3stoles reunidos en el Cen\u00e1culo, \u2018sopla sobre ellos\u2019 y les dice: \u2018Recibid el Esp\u00edritu Santo. A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados\u2019 (<i>Jn<\/i> 20, 23)\u201d (n. 41).<\/p>\n<p>6. As\u00ed encuentra su realizaci\u00f3n el anuncio mesi\u00e1nico de Juan en el Jord\u00e1n: \u201c\u00c9l os bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo y fuego\u201d (<i>Mt<\/i> 3, 11; cf. <i>Lc<\/i> 3, 16). Aqu\u00ed encuentra tambi\u00e9n su realizaci\u00f3n el simbolismo b\u00edblico, con el que Dios mismo se manifest\u00f3 como la <i>columna de fuego <\/i>que guiaba a su pueblo a trav\u00e9s del desierto (cf. <i>Ex <\/i>13, 21-22), <i>como palabra de fuego <\/i>por la que \u201cla monta\u00f1a (del Sina\u00ed) ard\u00eda en llamas hasta el mismo cielo\u201d (<i>Dt<\/i> 4, 11), como <i>luz en el fuego <\/i>(<i>Is <\/i>10, 17), como <i>fuego de ardiente gloria <\/i>en el amor a Israel (cf. <i>Dt <\/i>4, 24). Encuentra realizaci\u00f3n lo que Cristo mismo prometi\u00f3 cuando dijo que hab\u00eda venido a encender el fuego sobre la tierra (cf. <i>Lc <\/i>12, 49), mientras el Apocalipsis dir\u00e1 de \u00e9l que sus ojos son como llama de fuego (cf. <i>Ap<\/i> 1, 14; 2, 18; 19, 12). Se explica as\u00ed que <i>el Esp\u00edritu Santo sea enviado en el fuego <\/i>(cf. <i>Hch<\/i> 2, 3). Todo esto sucede en el misterio pascual, cuando Cristo en el sacrificio de la cruz recibe el bautismo con el que \u00c9l mismo deb\u00eda ser bautizado (cf. <i>Mc <\/i>10, 38) y en el misterio de Pentecost\u00e9s, cuando Cristo resucitado y glorificado comunica su Esp\u00edritu a los Ap\u00f3stoles y a la Iglesia.<\/p>\n<p>Por aquel \u201cbautismo de fuego\u201d recibido en su sacrificio, seg\u00fan San Pablo, Cristo en su resurrecci\u00f3n se convirti\u00f3, como <i>\u201c\u00faltimo Ad\u00e1n\u201d<\/i>, en \u201cesp\u00edritu que da vida\u201d (<i>1 Co <\/i>15, 45). Por esto, Cristo resucitado anuncia a los Ap\u00f3stoles: \u201cJuan bautiz\u00f3 con agua, pero vosotros ser\u00e9is bautizados en el Esp\u00edritu Santo dentro de pocos d\u00edas\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 5). Por obra del \u201c\u00faltimo Ad\u00e1n\u201d, Cristo, ser\u00e1 dado a los Ap\u00f3stoles y a la Iglesia \u201cel Esp\u00edritu que da vida\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 63).<\/p>\n<p>7. <i>El d\u00eda de Pentecost\u00e9s se da la revelaci\u00f3n de este bautismo<\/i>: el bautismo nuevo y definitivo, que obra la purificaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n para una vida nueva; <i>el bautismo, en virtud del cual nace la Iglesia <\/i>en la perspectiva escatol\u00f3gica que se extiende \u201chasta el fin del mundo\u201d (cf. <i>Mt<\/i> 28, 20): no s\u00f3lo la \u201cIglesia de Jerusal\u00e9n\u201d, de los Ap\u00f3stoles y de los disc\u00edpulos inmediatos del Se\u00f1or, sino <i>la Iglesia \u201centera\u201d tomada en su universalidad<\/i>, que se realiza a trav\u00e9s de los tiempos y los lugares de su arraigo terreno.<\/p>\n<p>Las lenguas de fuego que acompa\u00f1an el acontecimiento de Pentecost\u00e9s en el Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, son el signo de aquel fuego que Jesucristo trajo y encendi\u00f3 sobre la tierra (cf. <i>Lc <\/i>12, 49): el fuego del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>8. A la luz de Pentecost\u00e9s <i>tambi\u00e9n podemos comprender mejor el significado del bautismo como primer sacramento, en cuanto es obra del Esp\u00edritu Santo. <\/i>Jes\u00fas mismo hab\u00eda aludido a ello en el coloquio con Nicodemo: \u201cEn verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Esp\u00edritu no puede entrar en el Reino de Dios\u201d (<i>Jn<\/i> 3, 5): En aquel mismo coloquio Jes\u00fas alude tambi\u00e9n a su futura muerte en la cruz (cf. <i>Jn<\/i> 3, 14-15) y a su exaltaci\u00f3n celeste (cf. <i>Jn<\/i> 3, 13); es el bautismo del sacrificio, del que <i>el bautismo de agua<\/i>, el primer sacramento de la Iglesia, recibir\u00e1 la virtud de obrar <i>el nacimiento por el Esp\u00edritu Santo <\/i>y de abrir a los hombres \u201cla entrada al reino de Dios\u201d. En efecto, como escribe San Pablo a los Romanos, \u201ccuantos fuimos bautizados en Cristo Jes\u00fas, fuimos bautizados en su muerte. Fuimos, pues, con \u00e9l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros vivamos una vida nueva\u201d (<i>Rm<\/i> 6, 3-4). Este camino bautismal en la vida nueva tiene inicio el d\u00eda de Pentecost\u00e9s en Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>9. El Ap\u00f3stol ilustra m\u00e1s veces el significado del bautismo en sus <i> Cartas<\/i> (cf. <i>1 Co <\/i>6, 11; <i>Tt <\/i>3, 5; <i>2 Co <\/i>1, 22; <i>Ef <\/i> 1, 13). \u00c9l lo concibe como un \u201cba\u00f1o de peregrinaci\u00f3n y de renovaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo\u201d (<i>Tt<\/i> 3, 5), heraldo de justificaci\u00f3n \u201cen el nombre del Se\u00f1or Jesucristo\u201d (<i>1 Co<\/i> 6, 11; cf. <i>2 Co <\/i>1, 22); como un <i>\u201csello del Esp\u00edritu Santo de la Promesa\u201d <\/i>(<i>Ef <\/i>1, 13); como \u201carras del Esp\u00edritu en nuestros corazones\u201d (<i>2 Co <\/i>1, 22). Dada esta presencia del Esp\u00edritu Santo en los bautizados, el Ap\u00f3stol recomendaba a los cristianos de entonces y lo repite tambi\u00e9n a nosotros hoy: <i>\u201cNo entristezc\u00e1is al Esp\u00edritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el d\u00eda de la redenci\u00f3n\u201d<\/i>(<i>Ef <\/i>4, 30).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_11-07-1990_La_venida_del_Espiritu_Santo_en_el_bautismo_de_Jesus\">Catequesis (11-07-1990): La venida del Esp\u00edritu Santo en el bautismo de Jes\u00fas.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Audiencia General, Mi\u00e9rcoles\u00a011 de julio de 1990.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abYo os he bautizado con agua, pero \u00e9l os bautizar\u00e1 con Esp\u00edritu Santo\u00bb (Mc 1,8).<\/p>\n<p>1. En la vida de Jes\u00fas-Mes\u00edas, es decir, de Aquel que es consagrado con la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo (cf. <i>Lc<\/i> 4, 18), hay momentos de especial intensidad en los que <i>el Esp\u00edritu Santo se manifiesta \u00edntimamente unido a la humanidad ya la misi\u00f3n de Cristo<\/i>. Hemos visto que el primero de estos momentos es el de la <i>Encarnaci\u00f3n<\/i>, que se realiza mediante la concepci\u00f3n y el nacimiento de Jes\u00fas de Mar\u00eda Virgen por obra del Esp\u00edritu Santo: \u201cConceptus, de Spiritu Sancto, natus ex Maria Virgine\u201d, como proclama el s\u00edmbolo de la fe.<\/p>\n<p>Otro momento en que la presencia y la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo toman un particular relieve es el del <i>bautismo<\/i> de Jes\u00fas en el Jord\u00e1n. Lo veremos en la catequesis de hoy.<\/p>\n<p>2. Todos los evangelistas nos han transmitido el acontecimiento (<i>Mt<\/i> 3, 13-17; <i>Mc <\/i>1, 9-11; <i>Lc<\/i> 3, 21-22; <i>Jn<\/i> 1, 29-34). Leamos el texto de Marcos: \u201cPor aquellos d\u00edas vino Jes\u00fas desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jord\u00e1n. En cuanto sali\u00f3 del agua vio que los cielos se rasgaban y que <i>el Esp\u00edritu, en forma de paloma, bajaba a \u00e9l<\/i>\u201d (<i>Mc <\/i> 1, 9-10). Jes\u00fas hab\u00eda ido al Jord\u00e1n desde Nazaret, donde hab\u00eda pasado los a\u00f1os de su vida \u201cescondida\u201d (Volveremos a\u00fan sobre este tema en la pr\u00f3xima catequesis). Antes de eso, \u00e9l <i>hab\u00eda sido anunciado por Juan<\/i>, que en el Jord\u00e1n exhortaba al \u201cbautismo de penitencia\u201d. \u201cY proclamaba: \u2018Detr\u00e1s de m\u00ed viene el que es m\u00e1s fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclin\u00e1ndome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero <i>\u00e9l os bautizar\u00e1 con Esp\u00edritu Santo\u2019<\/i>\u201d (<i>Mc <\/i>1, 7-8).<\/p>\n<p>Ya se estaba en los umbrales de la era mesi\u00e1nica. Con la predicaci\u00f3n de Juan conclu\u00eda la larga preparaci\u00f3n, que hab\u00eda recorrido toda la Antigua Alianza y, se podr\u00eda decir, toda la historia humana, narrada por las Sagradas Escrituras. Juan sent\u00eda la grandeza de aquel momento decisivo, que interpretaba como el inicio de una <i>nueva creaci\u00f3n<\/i>, en la que descubr\u00eda la presencia del Esp\u00edritu que aleteaba por encima de <i>la primera creaci\u00f3n<\/i> (cf. <i>Jn<\/i> 1, 32; <i>Gn<\/i> 1, 2). \u00c9l sabia y confesaba que era un simple heraldo, precursor y ministro de Aquel que habr\u00eda de venir a \u201cbautizar con Esp\u00edritu Santo\u201d.<\/p>\n<p>3. Por su parte, Jes\u00fas se preparaba en la oraci\u00f3n para aquel momento, de inmenso alcance en la historia de la salvaci\u00f3n, en el que se hab\u00eda de manifestar, aunque bajo signos representativos, el Esp\u00edritu Santo que procede del Padre y del Hijo en el misterio trinitario, presente en la humanidad como principio de vida divina. En efecto, leemos en Lucas: \u201c<i>Mientras Jes\u00fas&#8230; estaba en oraci\u00f3n<\/i>, se abri\u00f3 el cielo y baj\u00f3 sobre \u00e9l el Esp\u00edritu Santo\u201d (<i>Lc<\/i> 3, 21-22). El mismo evangelista narrar\u00e1 a continuaci\u00f3n que un d\u00eda Jes\u00fas, ense\u00f1ando a orar a los que lo segu\u00edan por los caminos de Palestina, dijo que \u201cel Padre del cielo <i>dar\u00e1 el Esp\u00edritu<\/i> <i>Santo a los que se lo pidan<\/i>\u201d (<i>Lc<\/i> 11, 13). \u00c9l mismo en primer lugar ped\u00eda este Don alt\u00edsimo para poder cumplir su propia misi\u00f3n mesi\u00e1nica: y durante el bautismo en el Jord\u00e1n hab\u00eda recibido una manifestaci\u00f3n suya especialmente visible que se\u00f1alaba ante Juan y ante sus oyentes <i>la \u201cinvestidura\u201d mesi\u00e1nica de Jes\u00fas de Nazaret<\/i>. El Bautista daba testimonio de \u00e9l \u201cante los ojos de Israel como Mes\u00edas, es decir como \u2018Ungido\u2019 con el Esp\u00edritu Santo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__P7.HTM\">Dominum et vivificantem<\/a><\/i>, n. 19).<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n de Jes\u00fas, que en su Yo divino era el Hijo eterno de Dios, pero que actuaba y oraba en la naturaleza humana, era escuchada por el Padre. \u00c9l mismo, un d\u00eda, dir\u00eda al Padre: \u201cYa sab\u00eda yo que t\u00fa siempre me escuchas\u201d (<i>Jn<\/i> 11, 42). Esta conciencia vibr\u00f3 especialmente en \u00e9l en aquel momento del bautismo, que daba comienzo p\u00fablico a su <i>misi\u00f3n redentora<\/i>, como Juan intuy\u00f3 y proclam\u00f3. En efecto, \u00e9l present\u00f3 a aquel que ven\u00eda a \u201cbautizar en Esp\u00edritu Santo\u201d (<i>Mt<\/i> 3, 11) como \u201cel cordero de Dios que quita el pecado del mundo\u201d (<i>Jn<\/i> 1, 29).<\/p>\n<p>4. Lucas nos dice que durante el bautismo de Jes\u00fas en el Jord\u00e1n \u201cse abri\u00f3 el cielo\u201d (<i>Lc<\/i> 3, 21). En otro tiempo el profeta Isa\u00edas hab\u00eda dirigido a Dios la invocaci\u00f3n: \u201c\u00a1Ah, si rompieses los cielos y descendieses!\u201d (<i>Is<\/i> 63, 19). Ahora Dios parec\u00eda responder a ese grito, escuchar esa oraci\u00f3n, precisamente en el momento del bautismo. Aquel \u201cabrirse\u201d del cielo est\u00e1 ligado a la venida del Esp\u00edritu Santo sobre Cristo en forma de paloma. Es un signo visible de que la oraci\u00f3n del profeta era escuchada, y de que su profec\u00eda se estaba cumpliendo; ese signo ven\u00eda acompa\u00f1ado por <i>una voz del cielo<\/i>: \u201cY se oy\u00f3 una voz que ven\u00eda de los cielos: \u2018T\u00fa eres <i>mi Hijo amado<\/i>, en ti me complazco\u2019\u201d (<i>Mc<\/i> 1, 11; <i>Lc<\/i> 3, 22). El signo toca, por tanto, la vista (con la paloma) y el o\u00eddo (con la voz) de los privilegiados beneficiarios de aquella extraordinaria experiencia sobrenatural. Ante todo en el alma humana de Cristo, pero tambi\u00e9n en las personas que se hallaban presentes en el Jord\u00e1n, toma forma la manifestaci\u00f3n de la eterna \u201ccomplacencia\u201d del Padre en el Hijo. As\u00ed, en el bautismo de Jes\u00fas en el Jord\u00e1n tiene lugar una teofan\u00eda cuyo <i> car\u00e1cter trinitario<\/i> queda mucho m\u00e1s subrayado a\u00fan en la narraci\u00f3n de la anunciaci\u00f3n. El \u201cabrirse el cielo\u201d significa, en aquel momento, una particular iniciativa de comunicaci\u00f3n del Padre y del Esp\u00edritu Santo con la tierra para la inauguraci\u00f3n religiosa y casi \u201critual\u201d de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica del Verbo encarnado.<\/p>\n<p>5. En el texto de Juan, el hecho que tuvo lugar en el bautismo de Jes\u00fas es descrito por el mismo Bautista: \u201cJuan dio testimonio diciendo: \u2018He visto al Esp\u00edritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre \u00e9l. Y yo no le conoc\u00eda pero el que me envi\u00f3 a bautizar con agua me dijo: <i>Aquel sobre quien veas que baje el Esp\u00edritu y se queda sobre \u00e9l, \u00e9se es el que bautiza con Esp\u00edritu Santo<\/i>. Y yo le he visto y doy testimonio de que \u00e9ste es el Hijo de Dios\u2019 \u201d (<i>Jn<\/i> 1, 32-34). Eso significa que, seg\u00fan el evangelista, el Bautista particip\u00f3 en aquella experiencia de la teofan\u00eda trinitaria y se dio cuenta, al menos oscuramente, con la fe mesi\u00e1nica, del significado de aquellas palabras que el Padre hab\u00eda pronunciado: \u201cT\u00fa eres mi Hijo amado, en ti me complazco\u201d. Por lo dem\u00e1s, tambi\u00e9n en los dem\u00e1s evangelistas es significativo que el t\u00e9rmino \u201chijo\u201d se encuentra usado en sustituci\u00f3n del t\u00e9rmino \u201csiervo\u201d, que se halla en el primer canto de Isa\u00edas sobre el <i>siervo del Se\u00f1or<\/i>: \u201cHe aqu\u00ed mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi esp\u00edritu sobre \u00e9l\u201d (<i>Is<\/i> 42, 1).<\/p>\n<p>En su fe inspirada por Dios, y en la de la comunidad cristiana primitiva, el \u201csiervo\u201d se identificaba con el Hijo de Dios (cf. <i>Mt<\/i> 12, 18; 16, 16), y el \u201cesp\u00edritu\u201d que se le hab\u00eda concedido era reconocido en su personalidad divina <i>como Esp\u00edritu Santo<\/i>. Jes\u00fas, un d\u00eda, la v\u00edspera de su Pasi\u00f3n, dir\u00e1 a los Ap\u00f3stoles que aquel mismo Esp\u00edritu, que descendi\u00f3 sobre \u00e9l en el bautismo, actuar\u00eda junto con \u00e9l en la realizaci\u00f3n de la redenci\u00f3n: \u201c\u00c9l (el Esp\u00edritu de verdad) me dar\u00e1 gloria, porque <i>recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros<\/i>\u201d (<i>Jn<\/i> 16, 14).<\/p>\n<p>6. Es interesante, al respecto, un texto de San Ireneo de Li\u00f3n (\u2020 203) que, comentando el bautismo en el Jord\u00e1n, afirma: \u201cEl Esp\u00edritu Santo hab\u00eda prometido por medio de los profetas que en los \u00faltimos d\u00edas se derramar\u00eda sobre sus siervos y sus siervas, para que profetizaran. Por esto \u00e9l <i>descendi\u00f3 sobre el Hijo de Dios<\/i>, que se hizo hijo del hombre, acostumbr\u00e1ndose juntamente con \u00e9l a permanecer con el g\u00e9nero humano, a \u2018descansar\u2019 en medio de los hombres y a morar entre aquellos que han sido creados por Dios, poniendo por obra en ellos la voluntad del Padre y renov\u00e1ndolos de forma que se transformen de \u2018hombre viejo\u2019 en la \u2018novedad\u2019 de Cristo\u201d (<i>Adversus haer<\/i>., III, 17, 1). El texto confirma que, desde los primeros siglos, la Iglesia era consciente de la asociaci\u00f3n entre Cristo y el Esp\u00edritu Santo en la realizaci\u00f3n de la \u201cnueva creaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>7. Una alusi\u00f3n, antes de concluir, al <i>s\u00edmbolo de la paloma<\/i> que, con ocasi\u00f3n del bautismo en el Jord\u00e1n, aparece como signo del Esp\u00edritu Santo. La paloma, en el simbolismo bautismal, va unida al agua y, seg\u00fan algunos Padres de la Iglesia, evoca lo que sucedi\u00f3 al fin del diluvio, interpretado tambi\u00e9n \u00e9l como figura del bautismo cristiano. Leemos en el libro del G\u00e9nesis: (No\u00e9) <i> \u201cvolvi\u00f3 a soltar la paloma fuera del arca<\/i>. La paloma vino al atardecer, y he aqu\u00ed que tra\u00eda en el pico un ramo de olivo, por donde conoci\u00f3 No\u00e9 que hab\u00edan disminuido las aguas de encima de la tierra\u201d (<i>Gn<\/i> 8, 10-11). El s\u00edmbolo de la paloma <i>indica el perd\u00f3n de los pecados, la reconciliaci\u00f3n con Dios y la renovaci\u00f3n de la Alianza<\/i>. Y es eso lo que halla su pleno cumplimiento en la era mesi\u00e1nica, por obra de Cristo redentor y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>6 Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 7 Y proclamaba: \u00abDetr\u00e1s de m\u00ed viene el que es m\u00e1s fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. 8 Yo os he bautizado con &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-6b-11-bautismo-de-jesus\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMc 1, 6b-11: Bautismo de Jes\u00fas\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41367","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41367","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41367"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41367\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41367"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41367"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41367"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}