{"id":41368,"date":"2016-10-07T23:30:07","date_gmt":"2016-10-08T04:30:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-14-20-dejaron-sus-redes-y-le-siguieron\/"},"modified":"2016-10-07T23:30:07","modified_gmt":"2016-10-08T04:30:07","slug":"mc-1-14-20-dejaron-sus-redes-y-le-siguieron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-14-20-dejaron-sus-redes-y-le-siguieron\/","title":{"rendered":"Mc 1, 14-20: Dejaron sus redes y le siguieron"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">14<\/span> Despu\u00e9s de que Juan fue entregado, Jes\u00fas se march\u00f3 a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; <span class=\"versiculo\">15<\/span> dec\u00eda: \u00abSe ha cumplido el tiempo y est\u00e1 cerca el reino de Dios. Convert\u00edos y creed en el Evangelio\u00bb. <span class=\"versiculo\">16<\/span> Pasando junto al mar de Galilea, vio a Sim\u00f3n y a Andr\u00e9s, el hermano de Sim\u00f3n, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. <span class=\"versiculo\">17<\/span> Jes\u00fas les dijo: \u00abVenid en pos de m\u00ed y os har\u00e9 pescadores de hombres\u00bb. <span class=\"versiculo\">18<\/span> Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. <span class=\"versiculo\">19<\/span> Un poco m\u00e1s adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. <span class=\"versiculo\">20<\/span> A continuaci\u00f3n los llam\u00f3, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de \u00e9l. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Catena_Aurea_comentarios_de_los_Padres_de_la_Iglesia_por_versiculos\">Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por vers\u00edculos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Juan_Crisostomo\">San Juan Cris\u00f3stomo<\/span><\/h2>\n<p><span class='cv'>14.<\/span> San Marcos evangelista sigue en el orden a San Mateo. Es as\u00ed que, despu\u00e9s que dijo que los \u00e1ngeles lo serv\u00edan, a\u00f1adi\u00f3: <span class='ct'>Despu\u00e9s de que Juan fue entregado, Jes\u00fas se march\u00f3 a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios&#8230;<\/span> Despu\u00e9s de las tentaciones y de ser servido por los \u00e1ngeles, parti\u00f3 a Galilea. De este modo nos ense\u00f1a a no resistir a las violencias de los malvados.<\/p>\n<p>El se retir\u00f3 tambi\u00e9n con el fin de conservarse para las ense\u00f1anzas y curaciones antes de su Pasi\u00f3n y, una vez cumplidas todas estas cosas, hacerse obediente hasta la muerte.<\/p>\n<p><span class='cv'>15.<\/span> <span class='ct'>dec\u00eda: \u00abSe ha cumplido el tiempo y est\u00e1 cerca el reino de Dios. Convert\u00edos y creed en el Evangelio\u00bb<\/span> Cumplido ya el tiempo, es decir, cuando verdaderamente lleg\u00f3 la plenitud de los tiempos y envi\u00f3 Dios a su Hijo ( G\u00e1l 4), fue conveniente que el g\u00e9nero humano obtuviera la \u00faltima gracia de Dios. Por esto dice que el reino de Dios se hab\u00eda aproximado. Pero el reino de Dios es, en cuanto a la sustancia, el mismo que el reino de los Cielos, aunque difiera por la raz\u00f3n. Se entiende por reino de Dios aqu\u00e9l en que Dios reina; esto es en las regiones de los vivos, cuando se vive en las buenas promesas de ver a Dios cara a cara. Aquella regi\u00f3n se puede entender ya sea por el amor, ya sea por alguna otra prueba de aquellos que llevan la imagen divina. Esto se entiende por cielos. Es, pues, bien claro que el reino de Dios no se encierra en ning\u00fan lugar ni tiempo.<\/p>\n<h2><span id=\"Beda\">Beda<\/span><\/h2>\n<p><span class='cv'>14-15.<\/span> <span class='ct'>Despu\u00e9s de que Juan fue entregado&#8230; <\/span> Apresado San Juan, empez\u00f3 el Se\u00f1or a predicar oportunamente, por lo que contin\u00faa: <span class='ct'>Jes\u00fas se march\u00f3 a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios&#8230;<\/span>, porque donde tiene fin la ley es consiguiente que tenga origen el Evangelio.<\/p>\n<p>No piense ninguno que el confinamiento de San Juan en la c\u00e1rcel fue inmediatamente despu\u00e9s de la tentaci\u00f3n de los cuarenta d\u00edas y del ayuno del Se\u00f1or. Cualquiera que leyere el Evangelio de San Juan encontrar\u00e1 que el Se\u00f1or ense\u00f1\u00f3 muchas cosas antes que San Juan fuese entregado, obrando asimismo muchos milagros. Por eso dice su Evangelio: &#8220;Este fue el principio de los milagros de Jes\u00fas&#8221; ( Jn 2,11), y despu\u00e9s: &#8220;Todav\u00eda Juan no hab\u00eda sido enviado a la c\u00e1rcel&#8221; ( Jn 3,22). Se dice que cuando San Juan ley\u00f3 los libros de San Mateo, San Marcos y San Lucas, los aprob\u00f3 ciertamente como textos de la historia y afirm\u00f3 que dec\u00edan la verdad, refiri\u00e9ndose a lo acaecido en el a\u00f1o que transcurri\u00f3 despu\u00e9s de la prisi\u00f3n de San Juan el Bautista. Por tanto, omitiendo \u00e9l el a\u00f1o cuyas actas fueron suficientemente expuestas por los tres, narr\u00f3 los hechos del tiempo anterior al d\u00eda en que fue encerrado San Juan en la c\u00e1rcel. Habiendo dicho San Marcos que Jes\u00fas lleg\u00f3 a Galilea predicando el Evangelio del reino, a\u00f1adi\u00f3: <span class='ct'>dec\u00eda: \u00abSe ha cumplido el tiempo y est\u00e1 cerca el reino de Dios. Convert\u00edos y creed en el Evangelio\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><span class='cv'>17-20.<\/span> <span class='ct'>Jes\u00fas les dijo: \u00abVenid en pos de m\u00ed y os har\u00e9 pescadores de hombres\u00bb.<\/span> Pescadores e ignorantes, son enviados a predicar, para que se comprenda que la fe de los creyentes est\u00e1 en el poder de Dios y no en la elocuencia ni en la doctrina.<\/p>\n<p>Pero se preguntar\u00e1 alguno: \u00bfC\u00f3mo llam\u00f3 de sus barcas de dos en dos a los pescadores, primeramente a Pedro y Andr\u00e9s, despu\u00e9s, avanzando un poco m\u00e1s, a los dos hijos de Zebedeo, cuando San Lucas dice ( Lc 5,1-11) que Santiago y Juan fueron llamados para ayudar a Pedro y a Andr\u00e9s, y que Cristo s\u00f3lo a Pedro dijo: &#8220;No temas; ya desde este momento ser\u00e1s pescador de hombres&#8221;, y que sin embargo, conducidas las barcas a tierra, ambos lo siguieron? Por lo que entendemos, ocurri\u00f3 primero lo que dice San Lucas, y despu\u00e9s, cuando regresaron a la pesca seg\u00fan su costumbre, lo que refiere San Marcos. Entonces siguieron al Se\u00f1or conduciendo las barcas a tierra, no ya con el pensamiento de volver a ellas, sino de seguir al que los llamaba y mandaba que lo siguiesen.<\/p>\n<h2><span id=\"Teofilacto\">Teofilacto<\/span><\/h2>\n<p><span class='cv'>15.<\/span> <span class='ct'>dec\u00eda: \u00abSe ha cumplido el tiempo y est\u00e1 cerca el reino de Dios. Convert\u00edos y creed en el Evangelio\u00bb<\/span> Dice el Se\u00f1or que el tiempo de la ley se ha cumplido. Es como si dijese: Hasta el tiempo presente ha imperado la ley; en adelante ser\u00e1 renovado el reino de Dios que, seg\u00fan el Evangelio, es la vida. Esta se identifica convenientemente con el reino de los cielos. Cuando veis que alg\u00fan mortal vive seg\u00fan el Evangelio, \u00bfno dec\u00eds acaso que tiene el reino de los cielos? Este no es alimento, ni bebida, sino justicia y paz, y gozo en el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p><span class='cv'>16-17.<\/span> <span class='ct'>Pasando junto al mar de Galilea, vio a Sim\u00f3n y a Andr\u00e9s, el hermano de Sim\u00f3n, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jes\u00fas les dijo: \u00abVenid en pos de m\u00ed y os har\u00e9 pescadores de hombres\u00bb.<\/span> Como refiere San Juan evangelista, Pedro y Andr\u00e9s eran disc\u00edpulos del precursor, y viendo el testimonio que San Juan hab\u00eda dado de Jes\u00fas, se unieron a El. Condolidos despu\u00e9s por haber sido apresado San Juan, volvieron a trabajar en su oficio de pescadores. Por lo que sigue: &#8220;Echando las redes en el mar, pues eran pescadores&#8221;. Ved, pues, que ellos viven de su propio trabajo y no de la iniquidad. Eran por tanto dignos de ser los primeros disc\u00edpulos de Cristo. Y Jes\u00fas les dijo: &#8220;Seguidme a m\u00ed&#8221;. Los llama ahora por segunda vez, siendo \u00e9sta la segunda vocaci\u00f3n con respecto a aqu\u00e9lla que se lee en San Juan. Les manifiesta para qu\u00e9 son llamados con las siguientes palabras: &#8220;Har\u00e9 que veng\u00e1is a ser pescadores de hombres&#8221;.<\/p>\n<p><span class='cv'>18-20.<\/span> <span class='ct'>Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. <\/span> As\u00ed pues, no conviene tardarse, sino seguir a Dios inmediatamente. Despu\u00e9s de \u00e9stos aparecen los pescadores Santiago y Juan, quienes, aunque eran pobres, sosten\u00edan a su anciano padre. <span class='ct'>Un poco m\u00e1s adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuaci\u00f3n los llam\u00f3, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de \u00e9l.<\/span> Dejaron, pues, a su padre, porque les hubiera servido de impedimento para seguir a Cristo. As\u00ed vosotros, cuando para seguir al Se\u00f1or encontr\u00e9is alg\u00fan impedimento en vuestros padres, dejadlos y acercaos a Dios. Con esto se manifiesta que Zebedeo no crey\u00f3, aunque crey\u00f3 la madre de estos dos ap\u00f3stoles. Ella, una vez muerto Zebedeo, sigui\u00f3 a Cristo.<\/p>\n<p>Es de saber tambi\u00e9n que primeramente es llamada la acci\u00f3n, despu\u00e9s la contemplaci\u00f3n. El que en verdad est\u00e1 cerca de Pedro significa <span class='citaI'>acci\u00f3n;<\/span> el que est\u00e1 cerca de Juan, <span class='citaI'>contemplaci\u00f3n;<\/span> Pedro es fervoros\u00edsimo y m\u00e1s sol\u00edcito que los otros, pero Juan fue excelent\u00edsimo te\u00f3logo.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Jeronimo\">San Jer\u00f3nimo<\/span><\/h2>\n<p><span class='cv'>14.<\/span> <span class='ct'>Despu\u00e9s de que Juan fue entregado, Jes\u00fas se march\u00f3 a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios&#8230;<\/span> Desapareciendo la sombra, aparece la verdad. San Juan en la c\u00e1rcel, la ley en Judea; Jes\u00fas en Galilea, San Pablo predicando a las gentes el Evangelio del reino. La pobreza sucede al reino terreno, el reino sempiterno se da a la pobreza de los cristianos. La honra terrena se compara a la espuma, al agua helada, al humo o al sue\u00f1o.<\/p>\n<p><span class='cv'>15.<\/span> <span class='ct'>dec\u00eda: \u00abSe ha cumplido el tiempo y est\u00e1 cerca el reino de Dios. Convert\u00edos y creed en el Evangelio\u00bb<\/span> Hace penitencia el que quiere unirse al eterno Bien, esto es, al reino de Dios. El que desea la almendra de la nuez, rompe la c\u00e1scara. La dulzura de la fruta compensa la amargura de la ra\u00edz. La esperanza del enriquecimiento hace agradables los peligros del mar, la esperanza de la salud mitiga el dolor que causa la curaci\u00f3n. As\u00ed, pues, los que merecieron llegar a la palma de la indulgencia son los que pueden anunciar dignamente las ense\u00f1anzas de Cristo. Y por esto, despu\u00e9s que dijo: &#8220;Haced penitencia&#8221;, a\u00f1adi\u00f3: &#8220;Y creed en el Evangelio, porque si no creyereis, no le entender\u00e9is&#8221;. Haced penitencia y creed, esto es, renunciad a las obras de muerte. Porque, de \u00bfqu\u00e9 aprovecha creer sin buenas obras? Porque no lleva a la fe el m\u00e9rito de las buenas obras, sino que empieza la fe para que sigan las buenas obras.<\/p>\n<p><span class='cv'>16-20.<\/span> M\u00edsticamente: somos conducidos al cielo, como El\u00edas, en esta carroza de los cuatro pescadores. La primera Iglesia se construye sobre estos cuatro v\u00e9rtices. Por las cuatro letras hebreas conocidas como <span class=citaI>tetragrammaton<\/span><a title=\"Ver nota al pie\" href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\"> [1]<\/a>, reconocemos el nombre del Se\u00f1or. A nosotros se nos aconseja con este ejemplo a que oigamos la voz de Dios que nos llama, y que olvidemos al pueblo de los vicios y la casa del trato paterno. Todo esto es necedad para Dios, y es como una red de telas de ara\u00f1a en la que -como a los mosquitos apenas ca\u00eddos en ella- nos sosten\u00eda el aire, que est\u00e1 suspendido sobre la nada. De este modo debemos rechazar la barca del antiguo trato del mundo. Ad\u00e1n, que es nuestro padre seg\u00fan la carne, se cubr\u00eda con pieles de animales muertos. Ahora, habiendo depuesto al hombre viejo con sus obras, y siguiendo al nuevo, nos cubrimos con las pieles de Salom\u00f3n, con las cuales se vanagloriaba la esposa de parecer hermosa. Sim\u00f3n significa <span class='citaI'>obediente,<\/span> Andr\u00e9s <span class='citaI'>viril,<\/span> Santiago <span class='citaI'>suplidor,<\/span> Juan <span class='citaI'>gracia.<\/span> Por estos cuatro nombres nos convertimos en imagen de Dios. La obediencia para que oigamos; la virilidad para que luchemos; el suplemento para que perseveremos; la gracia para que nos conservemos. Estas cuatro virtudes son llamadas cardinales, pues por la prudencia obedecemos, por la justicia obramos virilmente, por la templanza pisamos a la serpiente, y por la fortaleza merecemos la gracia de Dios.<\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<p class=\"citaB\" align=\"left\">Notas<\/p>\n<p class='textoNota'><a title=\"Volver al texto\" href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[1] <\/a> Del griego: <span class='citaI'>tetra,<\/span> cuatro, y <span class='citaI'>gramma,<\/span> letra: denominaci\u00f3n t\u00e9cnica, entre los israelitas, del nombre propio de Dios, que consta de cuatro letras <span class='citaI'>(yhwh)<\/span>. La verdadera pronunciaci\u00f3n del tetragrama es <span class='citaI'>yahv\u00e9h.<\/span> La falsa pronunciaci\u00f3n Jehov\u00e1 es de origen cristiano. (Haag-Van den Born-Ausejo, Diccionario de la Biblia).<\/p>\n<h2><span id=\"San_Remigio\">San Remigio<\/span><\/h2>\n<p><span class='cv'>17.<\/span> <span class='ct'>Jes\u00fas les dijo: \u00abVenid en pos de m\u00ed y os har\u00e9 pescadores de hombres\u00bb.<\/span> Porque por la red de la santa predicaci\u00f3n sacaron a los hombres del mar profundo de la infidelidad a la luz de la fe. Y es muy admirable esta pesca, porque los peces cogidos mueren lentamente, mientras que los hombres prendidos por la palabra de la predicaci\u00f3n son vivificados.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Jeronimo_presbitero\">San Jer\u00f3nimo, presb\u00edtero<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_El_tiempo_se_ha_cumplido\">Homil\u00eda: El tiempo se ha cumplido<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Homil\u00eda sobre el Evangelio de Marcos, n\u00b0 2 A; SC 494 (trad. SC p. 93 rev.)<\/p>\n<p class='subTitulo'>\u00abEl tiempo se ha cumplido, el reino de Dios est\u00e1 cerca\u00bb (Mc 1, 15)<\/p>\n<p>&#8220;Despu\u00e9s de la detenci\u00f3n de Juan Bautista, Jes\u00fas vino a Galilea\u2026 &#8220;. Seg\u00fan nuestra interpretaci\u00f3n, Juan representa la Ley y Jes\u00fas el Evangelio. En efecto, Juan dijo:  &#8220;detr\u00e1s de mi, viene el que es m\u00e1s fuerte que yo&#8221; (Mc 1,7), y en otro lugar: &#8220;Hace  falta que \u00c9l crezca y que yo disminuya&#8221; (Jn 3,30): as\u00ed es como compara la Ley con  Evangelio. Y luego dice: &#8220;Yo &#8211; es decir la Ley \u2013 os bautizo con agua, pero \u00c9l &#8211; es  decir el Evangelio &#8211; os bautizar\u00e1 con el Esp\u00edritu Santo&#8221; (Mc 1,8). Jes\u00fas vino porque  Juan hab\u00eda sido encarcelado. En efecto la Ley es cerrada y encerrada, ya no tiene la  libertad pasada; pero nosotros pasamos de la Ley al Evangelio \u2026 &#8220;Jes\u00fas vino a  Galilea, predicando el Evangelio, la Buena Noticia del Reino de Dios &#8221; \u2026 Cuando leo  la Ley, los profetas y los salmos, jam\u00e1s pens\u00e9 hablar del Reino de los cielos:  solamente en el Evangelio.<\/p>\n<p>Porque solamente cuando vino aquel sobre el que se dec\u00eda \u201cel Reino de Dios est\u00e1  entre vosotros&#8221; (Lc 17,21) es cuando el Reino de Dios se abre\u2026 En efecto, antes de  la llegada del Salvador y la luz del Evangelio, antes de que Cristo abra la puerta del  para\u00edso al ladr\u00f3n (Lc 23,43), todas las almas de los santos descend\u00edan a la estancia  de los muertos. Jacob mismo dice: &#8221; De luto, bajar\u00e9 al lugar de los muertos &#8221; (Gn  37,35)\u2026 En la Ley, Abraham est\u00e1 en el descanso de los muertos; en el Evangelio, el  ladr\u00f3n est\u00e1 en el para\u00edso. No denigramos a Abraham, todos deseamos reposar en  su seno (Lc 16,23); pero preferimos Cristo a Abraham, el Evangelio a la Ley.<\/p>\n<p>Leemos que despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n del Cristo, muchos santos aparecieron en la  ciudad santa (Mt 27,53). Nuestro Se\u00f1or y nuestro Salvador predic\u00f3 sobre tierra y  predic\u00f3 tambi\u00e9n en los infiernos; muri\u00f3, descendi\u00f3 a los infiernos para liberar las  almas que estaban retenidas all\u00ed (1Sal. 3,18s).<\/p>\n<h2><span id=\"San_Ireneo_de_Lyon_obispo_y_martir\">San Ireneo de Lyon, obispo y m\u00e1rtir<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Contra_las_herejias_Dios_no_tiene_necesidad_de_nosotros\">Contra las herej\u00edas: Dios no tiene necesidad de nosotros<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>n. 4, 14<\/p>\n<p class='subTitulo'>\u00abTodos los que han sido llamados en mi nombre\u00bb<\/p>\n<p>El Padre nos recomienda vivir en seguimiento del Verbo, no porque tuviera  necesidad de nuestro servicio sino para procurarnos la salvaci\u00f3n. Porque, seguir al  Salvador es tener parte en la salvaci\u00f3n, como seguir a la luz es tener parte en la luz. No son los hombres los que hacen resplandecer la luz sino que son ellos los  iluminados, los que resplandecen por la luz. Los hombres nada pueden a\u00f1adir a la  luz, sino que la luz los ilumina y los enriquece.<\/p>\n<p>Lo mismo ocurre con el servicio que rendimos a Dios. Dios no tiene necesidad de  nuestro servicio y nada le a\u00f1ade a su gloria. Pero aquellos que le sirven y le siguen  reciben de Dios la vida, la incorruptibilidad y la gloria eterna. Si Dios invita a los  hombres a vivir en su servicio, es para poder otorgarnos sus beneficios, ya que \u00e9l  es bueno y misericordioso con todos. Dios no necesita nada; en cambio el hombre  necesita de la comuni\u00f3n con Dios. La gloria del hombre consiste en perseverar en el  servicio de Dios.<\/p>\n<p>Por esto dijo el Se\u00f1or a los ap\u00f3stoles: \u201cNo me elegisteis vosotros a m\u00ed, fui yo  quien os eleg\u00ed a vosotros.\u201d (Jn 15,16) Con ello indica que no somos nosotros los  que le glorificamos con nuestro servicio, sino que por haber seguido al Hijo de Dios,  somos glorificados por \u00e9l&#8230; Es de ellos de quien dice Dios por boca de Isa\u00edas:  \u201cDesde Oriente traer\u00e9 a tu estirpe, te reunir\u00e9 desde Occidente&#8230; haz venir a mis  hijos desde lejos, y a mis hijas del extremo de la tierra, a todos los que llevan mi  nombre, a los que cre\u00e9 para mi gloria\u201d (Is 43,6-7).<\/p>\n<h2><span id=\"San_Leon_Magno_papa\">San Le\u00f3n Magno, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermon_Autentica_conversion\">Serm\u00f3n: Aut\u00e9ntica conversi\u00f3n<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Serm\u00f3n 1 en la Navidad del Se\u00f1or, 1-3; PL 54, 190<\/p>\n<p class='subTitulo'>\u00abConvert\u00edos y creed en el evangelio\u00bb (Mc 1, 15b)<\/p>\n<p>Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su  Hijo, en el Esp\u00edritu Santo, puesto que se apiad\u00f3 de nosotros a causa de la inmensa  misericordia con que nos am\u00f3; estando nosotros muertos por los pecados, nos ha  hecho vivir con Cristo, para que gracias a \u00e9l fu\u00e9semos una nueva creatura, una  nueva creaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Despoj\u00e9monos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya que  hemos recibido la participaci\u00f3n de la generaci\u00f3n de Cristo, renunciemos a las obras  de la carne.  Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho part\u00edcipe de la  naturaleza divina (2P 1,4), no pienses en volver con un comportamiento indigno a  las antiguas vilezas. Piensa de qu\u00e9 cabeza y de qu\u00e9 cuerpo eres miembro (Ef 4,15- 16). No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y  al reino de Dios (Col 1,13).<\/p>\n<p>Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Esp\u00edritu  Santo (1Co 6,19); no se te ocurra ahuyentar con tus malas acciones a tan noble  hu\u00e9sped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es  la sangre de Cristo.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_Magno_papa_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"In_Kephas_Lo_que_significa_dejarlo_todo\">In Kephas: Lo que significa dejarlo todo<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>In Kephas 1, pp. 451-452<\/p>\n<p class='subTitulo'>\u00abInmediatamente, dejando las redes, le siguieron\u00bb (Mc 1,18)<\/p>\n<p>Lo deja todo el que no guarda nada para s\u00ed. Lo deja todo el que, sin  reservarse nada para s\u00ed, abandona lo poco que posee. Nosotros, por el contrario,  nos quedamos atados a lo que tenemos, y buscamos \u00e1vidamente lo que no tenemos. Pedro y Andr\u00e9s pues, abandonaron mucho al renunciar los dos al mero  deseo de poseer. Abandonaron mucho puesto que, renunciando a sus bienes,  renunciaron tambi\u00e9n a sus ambiciones.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, al seguir al Se\u00f1or renunciaron a todo lo que hubieran podido desear  si no le hubiesen seguido. Que nadie, pues, incluso el que ve que algunos han  renunciado a grandes riquezas, no diga para s\u00ed mismo: \u00abMucho quisiera yo imitarles  en su menosprecio de este mundo, pero no he dejado nada \u00bb. Abandon\u00e1is mucho,  hermanos m\u00edos, si renunci\u00e1is a los deseos terrestres. Y el Se\u00f1or se contenta con  nuestros bienes exteriores, por m\u00ednimos que sean. Porque, en efecto, lo que \u00e9l  aprecia es el coraz\u00f3n y no los bienes; pone m\u00e1s atenci\u00f3n en las disposiciones que  acompa\u00f1an a la ofrenda que le hacemos, que a la misma ofrenda.<\/p>\n<p>Porque si tenemos en cuenta los bienes exteriores, vemos que nuestros  santos comerciantes han pagado con sus redes y sus barcas la vida eterna que es  la de los \u00e1ngeles. El Reino de Dios no tiene precio: y sin embargo s\u00f3lo vale lo que  ten\u00e9is.<\/p>\n<h2><span id=\"Santa_Teresa-Benedicta_de_la_Cruz_Edith_Stein_virgen_y_martir\">Santa Teresa-Benedicta de la Cruz (Edith Stein), virgen y m\u00e1rtir<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"El_pesebre_y_la_cruz\">El pesebre y la cruz<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>n. 4, 14<\/p>\n<p class='subTitulo'>\u00abSe ha cumplido el plazo&#8230; Venid conmigo\u00bb<\/p>\n<p>El ni\u00f1o del pesebre es Rey de reyes, el que reina sobre la vida y la muerte. Y dice: \u00abS\u00edgueme\u00bb, y el que no est\u00e1 con \u00e9l est\u00e1 contra \u00e9l (Lc 11,23). Lo dice tambi\u00e9n<br \/>\npor nosotros y nos pone ante la posibilidad de escoger entre la luz y las tinieblas. Desconocemos d\u00f3nde nos quiere llevar el Ni\u00f1o divino en esta tierra, y no hemos de pregunt\u00e1rselo antes de que sea la hora. Todo lo que sabemos es que para los que aman al Se\u00f1or todo concurre para su bien (Rm 8,28), y que los caminos trazados por el Se\u00f1or nos conducen m\u00e1s all\u00e1 de esta tierra.<\/p>\n<p>Tomando un cuerpo, el Creador del g\u00e9nero humano nos ofrece su divinidad. Dios se ha hecho hombre para que los hombres lleg\u00e1ramos a ser hijos de Dios. \u00ab\u00a1Oh admirable intercambio!\u00bb. Es para esta obra que el Salvador ha venido al mundo. Uno de entre nosotros hab\u00eda roto el lazo de nuestra filiaci\u00f3n de Dios; uno de entre nosotros deb\u00eda atarlo de nuevo y expiar la falta. Ning\u00fan reto\u00f1o del viejo tronco, enfermo y degenerado, hubiera podido hacerlo; era necesario que sobre este tronco se injertara una nueva planta, sana y noble. Y es as\u00ed que lleg\u00f3 a ser uno de nosotros y al mismo tiempo m\u00e1s que eso: uno con nosotros. Esto es lo que hay de m\u00e1s maravilloso en el g\u00e9nero humano: que todos seamos uno&#8230; Vino para formar con nosotros un cuerpo misterioso: \u00e9l el Jefe, la cabeza, y nosotros sus miembros (Ef 5,23.30).<\/p>\n<p>Si aceptamos poner nuestras manos en las del Ni\u00f1o divino, si respondemos \u00abS\u00ed\u00bb a su \u00abS\u00edgueme\u00bb, entonces somos suyos y el camino est\u00e1 libre para que pase a nosotros su vida divina. Este es el comienzo de la vida eterna en nosotros. No estamos a\u00fan en la visi\u00f3n beat\u00edfica en la luz de la gloria, estamos todav\u00eda en la oscuridad de la fe; pero no es ya la oscuridad de este mundo \u2013es estar ya en el Reino de Dios.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_El_Reino_de_Dios\">Catequesis: El Reino de Dios<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Audiencia general, 18-03-1987<\/p>\n<p class='subTitulo'>Jesucristo, inauguraci\u00f3n y cumplimiento del Reino de Dios<\/p>\n<p>1. \u201c<i>Se ha cumplido el tiempo, est\u00e1 cerca el reino de Dios<\/i>\u201d (<i>Mc<\/i> 1, 15). Con estas palabras Jes\u00fas de Nazaret comienza su predicaci\u00f3n mesi\u00e1nica. El reino de Dios, que en Jes\u00fas <i>irrumpe<\/i> en la vida y en la<i> historia del hombre<\/i>, constituye el cumplimiento de las promesas de salvaci\u00f3n que Israel hab\u00eda recibido del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se revela Mes\u00edas, no porque busque un dominio temporal y pol\u00edtico seg\u00fan la concepci\u00f3n de sus contempor\u00e1neos, sino porque con sumisi\u00f3n se culmina en la pasi\u00f3n-muerte-resurrecci\u00f3n, \u201ctodas las promesas de Dios son \u2018s\u00ed\u2019\u201d (<i>2 Cor<\/i> 1, 20).<\/p>\n<p>2. Para comprender plenamente la misi\u00f3n de Jes\u00fas es necesario recordar el mensaje del Antiguo Testamento que proclama la realeza salv\u00edfica del Se\u00f1or. En el c\u00e1ntico de Mois\u00e9s (<i>Ex<\/i>15, 1-18), el Se\u00f1or es aclamado \u201crey\u201d porque ha liberado maravillosamente a su pueblo y lo ha guiado, con potencia y amor, a la comuni\u00f3n con \u00c9l y con los hermanos en el gozo de la libertad. Tambi\u00e9n el antiqu\u00edsimo Salmo 28\/29 da testimonio de la misma fe: el Se\u00f1or es contemplado en la potencia de su realeza, que domina todo lo creado y comunica a su pueblo fuerza, bendici\u00f3n y paz (<i>Sal<\/i> 28\/29, 10). Pero la fe en el Se\u00f1or \u201crey\u201d se presenta completamente penetrada por el tema de la salvaci\u00f3n, sobre todo en la vocaci\u00f3n de Isa\u00edas. El \u201cRey\u201d contemplado por el Profeta con los ojos de la fe \u201csobre un trono alto y sublime\u201d (<i>Is<\/i> 6, 1 ) es Dios en el misterio de su santidad transcendente y de su bondad misericordiosa, con la que se hace presente a su pueblo como fuente de amor que purifica, perdona, salva: \u201cSanto, Santo, Santo, Yahv\u00e9 de los ej\u00e9rcitos. Est\u00e1 la tierra llena de tu gloria\u201d (<i>Is<\/i> 6, 3).<\/p>\n<p>Esta fe en la realeza salv\u00edfica del Se\u00f1or impidi\u00f3 que, en el pueblo de la alianza, la monarqu\u00eda se desarrollase de forma aut\u00f3noma, como ocurr\u00eda en el resto de las naciones: El rey es el elegido, el ungido del Se\u00f1or y, como tal, es el instrumento mediante el cual Dios mismo ejerce su soberan\u00eda sobre Israel (cf. <i>1 Sam<\/i> 12, 12-15). \u201cEl Se\u00f1or reina\u201d, proclaman continuamente los Salmos (cf. 5, 3; 9, 6; 28\/29, 10; 92\/93, 1; 96\/97, 1-4; 145\/146, 10).<\/p>\n<p>3. Frente a la experiencia dolorosa de los l\u00edmites humanos y del pecado, los <i>Profetas<\/i> anuncian una nueva Alianza, en la que el Se\u00f1or mismo ser\u00e1 el gu\u00eda salv\u00edfico y real de su pueblo renovado (cf<i>. Jer<\/i> 31, 31-34; <i>Ez<\/i> 34, 7-16; 36, 24-28).<\/p>\n<p>En este contexto surge la expectaci\u00f3n de un nuevo David, que el Se\u00f1or suscitar\u00e1 para que sea el instrumento del \u00e9xodo, de la liberaci\u00f3n, de la salvaci\u00f3n (<i>Ez<\/i> 34, 23-25; cf. <i>Jer <\/i>23, 5-6). Desde ese momento la figura del Mes\u00edas aparece en relaci\u00f3n \u00edntima con la manifestaci\u00f3n de la realeza plena de Dios.<\/p>\n<p>Tras el exilio, a\u00fan cuando la instituci\u00f3n de la monarqu\u00eda decayera en Israel, se continu\u00f3 profundizando la fe en la realeza que Dios ejerce sobre su pueblo y que se extender\u00e1 hasta \u201clos confines de la tierra\u201d. Los Salmos que cantan al Se\u00f1or rey constituyen el testimonio m\u00e1s significativo de esta esperanza (cf. <i>Sal <\/i>95\/96 &#8211; 98\/99).<\/p>\n<p>Esta esperanza alcanza su grado m\u00e1ximo de intensidad cuando la mirada de la fe, dirigi\u00e9ndose m\u00e1s all\u00e1 del tiempo de la historia humana, llegar\u00e1 a comprender que s\u00f3lo en la eternidad futura se establecer\u00e1 el reino de Dios en todo su poder: entonces, mediante la resurrecci\u00f3n, los redimidos se encontrar\u00e1n en la plena comuni\u00f3n de vida y de amor con el Se\u00f1or (cf. <i>Dan<\/i> 7, 9-10; 12, 2-3).<\/p>\n<p>4. <i>Jes\u00fas alude a esta esperanza del Antiguo Testamento y proclama su cumplimiento<\/i>. El reino de Dios constituye el tema central de su predicaci\u00f3n, como lo demuestran sobre todo las <i>par\u00e1bolas.<\/i><\/p>\n<p>La par\u00e1bola del sembrador (<i>Mt <\/i>13, 3-8) proclama que el reino de <i>Dios est\u00e1 ya actuando<\/i> en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas; al mismo tiempo invita a contemplar a abundancia de frutos que constituir\u00e1n la riqueza sobreabundante del reino al final de los tiempos. La par\u00e1bola de la semilla que crece por s\u00ed sola (<i>Mc<\/i> 4, 26-29) subraya que el reino no es obra humana, sino \u00fanicamente don del amor de Dios que act\u00faa en el coraz\u00f3n de los creyentes y gu\u00eda la historia humana hacia su realizaci\u00f3n definitiva en la comuni\u00f3n eterna con el Se\u00f1or. La par\u00e1bola de la ciza\u00f1a en medio del trigo (<i>Mt<\/i> 13, 24-30) y la de la red para pescar (<i>Mt<\/i> 13, 47-52) se refieren, sobre todo, a la presencia, ya operante, de la salvaci\u00f3n de Dios. Pero, junto a los \u201chijos del reino\u201d, se hallan tambi\u00e9n los \u201chijos del maligno\u201d, los que realizan la iniquidad: s\u00f3lo al final de la historia ser\u00e1n destruidas las potencias del mal, y quien hay cogido el reino estar\u00e1 para siempre con el Se\u00f1or. Finalmente, las par\u00e1bolas del tesoro escondido y de la perla preciosa (<i>Mt<\/i> 13, 44-46), expresan el valor supremo y absoluto del reino de Dios: quien lo percibe, est\u00e1 dispuesto a afrontar cualquier sacrificio y renuncia para entrar en \u00e9l.<\/p>\n<p>5. De la ense\u00f1anza de Jes\u00fas nace una riqueza muy iluminadora. <i>El reino de Dios<\/i>, en su plena y total realizaci\u00f3n, es ciertamente futuro, <i>\u201cdebe venir\u201d<\/i> (cf. <i>Mc<\/i> 9, 1; <i>Lc<\/i> 22, 18); la oraci\u00f3n del Padrenuestro ense\u00f1a a pedir su venida: \u201cVenga a nosotros tu reino\u201d (<i>Mt<\/i> 6, 10).<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, Jes\u00fas afirma que el reino de Dios \u201cya ha venido\u201d (<i>Mt <\/i>12, 28), \u201cest\u00e1 dentro de vosotros\u201d (<i>Lc<\/i> 17, 21) mediante la predicaci\u00f3n y las obras, de Jes\u00fas. Por otra parte, de todo el Nuevo Testamento se deduce que la Iglesia, fundada por Jes\u00fas, es el lugar donde la realeza de Dios se hace presente, en Cristo, como don de salvaci\u00f3n en la fe, de vida nueva en el Esp\u00edritu, de comuni\u00f3n en la caridad.<\/p>\n<p>Se ve as\u00ed la relaci\u00f3n \u00edntima entre el reino y Jes\u00fas, una relaci\u00f3n tan estrecha que el reino de Dios puede llamarse tambi\u00e9n \u201creino de Jes\u00fas\u201d (<i>Ef <\/i>5, 5; <i>2 Pe<\/i> 1, 11), como afirma, por lo dem\u00e1s, el mismo Jes\u00fas ante Pilato al decir que \u201csu\u201d reino no es de este mundo (cf. 18, 36).<\/p>\n<p>6. Desde esta perspectiva podemos comprender las condiciones indicadas por Jes\u00fas para entrar en el reino se pueden resumir en la palabra \u201cconversi\u00f3n\u201d. Mediante la conversi\u00f3n el hombre se abre al don de Dios (cf. <i>Lc<\/i> 12, 32), que llama \u201ca su reino y a su gloria\u201d (<i>1 Tes<\/i> 2, 12); acoge como un ni\u00f1o el reino (<i>Mc<\/i> 10, 15) y est\u00e1 dispuesto a todo tipo de renuncias para poder entrar en \u00e9l (cf<i>. Lc<\/i> 18, 29; <i>Mt <\/i>19, 29; <i>Mc <\/i>10, 29)<\/p>\n<p>El reino de Dios exige una \u201cjusticia\u201d profunda o nueva (Mt 5, 20); requiere empe\u00f1o en el cumplimiento de la \u201cvoluntad de Dios\u201d (<i>Mt <\/i>7, 21), implica sencillez interior \u201ccomo los ni\u00f1os\u201d (<i>Mt<\/i> 18, 3; <i>Mc<\/i> 10, 15); comporta la superaci\u00f3n del obst\u00e1culo constituido por las riquezas (cf. <i>Mc<\/i> 10, 23-24).<\/p>\n<p>7. Las <i>bienaventuranzas<\/i> proclamadas por Jes\u00fas (cf. <i>Mt<\/i> 5, 3-12) se presentan como la \u201cCarta magna\u201d del reino de los cielos, dado a los pobres de esp\u00edritu, a los afligidos, a los humildes, a quien tiene hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los puros de coraz\u00f3n, a los art\u00edfices de paz, a los perseguidos por causa de la justicia. Las bienaventuranzas no muestran s\u00f3lo las exigencias del reino; manifiestan ante todo la obra que Dios realiza en nosotros haci\u00e9ndonos semejantes a su Hijo (<i>Rom<\/i> 8, 29) y capaces de tener sus sentimientos (<i>Flp <\/i>2, 5 ss.) de amor y de perd\u00f3n (cf. <i>Jn<\/i> 13, 34-35; <i>Col <\/i>3, 13).<\/p>\n<p>8. La ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre el reino de Dios es testimoniada por la Iglesia del Nuevo Testamento, que vivi\u00f3 esta ense\u00f1anza con a alegr\u00eda de su fe pascual. La Iglesia es la comunidad de los \u201cpeque\u00f1os\u201d que el Padre \u201cha liberado del poder de las tinieblas y ha trasladado al reino del Hijo de su amor\u201d (<i>Col<\/i> 1, 13); es la comunidad de los que viven \u201cen Cristo\u201d, dej\u00e1ndose guiar por el Esp\u00edritu en el camino de la paz (<i>Lc<\/i> 1, 79), y que luchan para no \u201ccaer en la tentaci\u00f3n\u201d y evitar la obras de la \u201ccarne\u201d, sabiendo muy bien que \u201cquienes tales cosas hacen no heredar\u00e1n el reino de Dios\u201d (<i>G\u00e1l<\/i> 5, 21). La Iglesia es la comunidad de quienes anuncian, con su vida y con sus palabras, el mismo mensaje de Jes\u00fas: \u201cEl reino de Dios est\u00e1 cerca de vosotros\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 9).<\/p>\n<p>9. La Iglesia, que \u201ccamina a trav\u00e9s de los siglos incesantemente a la plenitud de la verdad divina hasta que se cumpla en ella las palabras de Dios\u201d (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\"><i>Dei Verbum<\/i><\/a>, 8), pide al Padre en cada una de las celebraciones de la Eucarist\u00eda que \u201cvenga su reino\u201d. Vive esperando ardientemente la venida gloriosa del Se\u00f1or y Salvador Jes\u00fas, que ofrecer\u00e1 a la Majestad Divina \u201cun reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor la paz\u201d (<i>Prefacio de la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo<\/i>).<\/p>\n<p>Esta espera del Se\u00f1or es fuente incesante de confianza de energ\u00eda. Estimula a los bautizados, hechos part\u00edcipes de la dignidad real de Cristo, a vivir d\u00eda tras d\u00eda \u201cen el reino del Hijo de su amor\u201d, a testimoniar y anunciar la presencia del reino con las mismas obras de Jes\u00fas (cf. <i>Jn<\/i> 14, 12). En virtud de este testimonio de fe y de amor, ense\u00f1a el Concilio, el mundo se impregnar\u00e1 del Esp\u00edritu de Cristo y alcanzar\u00e1 con mayor eficacia su fin en la justicia, en la caridad y en la paz (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"><i>Lumen gentium<\/i><\/a>, 36).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Anuncio_de_la_Buena_Nueva\">Catequesis: Anuncio de la Buena Nueva<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Audiencia general, 15-06-1988<\/p>\n<p class='subTitulo'>Jes\u00fas fundador de la Iglesia. &#8220;&#8230;edificar\u00e9 mi Iglesia&#8221; (<i>Mt<\/i> 16, 18)<\/p>\n<p>1. &#8220;El tiempo se ha cumplido y el <i>reino de Dios est\u00e1 cerca<\/i>; convert\u00edos y creed en la Buena Nueva&#8221; (<i>Mc<\/i> 1, 15). En el comienzo del Evangelio de Marcos, se dicen estas palabras casi para resumir brevemente la misi\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret, Aquel que ha &#8220;venido para anunciar la Buena Nueva&#8221;. En el centro de su anuncio se encuentra la revelaci\u00f3n del reino de Dios, que se acerca y, m\u00e1s a\u00fan, ha entrado en la historia del hombre (&#8220;El tiempo se ha cumplido&#8221;).<\/p>\n<p>2. Proclamando la verdad sobre el reino de Dios, Jes\u00fas anuncia al mismo <i>tiempo el cumplimiento de las promesas contenidas en el Antiguo Testamento<\/i>. Del reino de Dios hablan ciertamente con frecuencia los vers\u00edculos de los Salmos (cf. <i>Sal<\/i> 102\/103, 19; <i>Sal<\/i> 92\/93, 1). El Salmo 144\/145 canta la gloria y la majestad de este reino y se\u00f1ala simult\u00e1neamente su eterna duraci\u00f3n: &#8220;Tu reino, un reino por los siglos todos, tu dominio, por todas las edades&#8221; (<i>Sal<\/i> 144\/145, 13). Los posteriores libros del Antiguo Testamento vuelven a tratar este tema. Concretamente, puede recordarse el anuncio prof\u00e9tico, especialmente elocuente del libro de Daniel: &#8220;&#8230;el Dios del cielo har\u00e1 surgir un reino que jam\u00e1s ser\u00e1 destruido y este reino no pasar\u00e1 a otro pueblo. Pulverizar\u00e1 y aniquilar\u00e1 a todos estos reinos y subsistir\u00e1 eternamente&#8221; (<i>Dan<\/i> 2, 44).<\/p>\n<p>3. Refiri\u00e9ndose a estos anuncios y promesas del Antiguo Testamento, el Concilio Vaticano II constata y afirma: &#8220;Este reino brilla ante los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"><i>Lumen gentium<\/i><\/a>, 5)&#8230; &#8220;Cristo, en cumplimiento de la voluntad de Padre, <i>inaugur\u00f3 en la tierra el reino de los cielos<\/i>&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"><i>Lumen gentium<\/i><\/a>, 3). Al mismo tiempo, el Concilio subraya que &#8220;nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas dio comienzo a la Iglesia predicando la Buena Nueva, es decir, la llegada del reino de Dios prometido desde siglos en la Escritura&#8230;&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"><i>Lumen gentium<\/i><\/a>, 5). <i>El inicio de la Iglesia, su fundaci\u00f3n por Cristo, se inscribe en el Evangelio del reino de Dios<\/i>, en el anuncio de su venida y de su presencia entre los hombres. Si el reino de Dios se ha hecho presente entre los hombres gracias a la venida de Cristo, a sus palabras y a sus obras, es tambi\u00e9n verdad que, por expresa voluntad suya, &#8220;est\u00e1 presente en la Iglesia, actualmente en misterio, y por el poder de Dios crece visiblemente en el mundo&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"><i>Lumen gentium<\/i><\/a>, 3).<\/p>\n<p>4. Jes\u00fas dio a conocer de varias formas a sus oyentes la venida del reino de Dios. Son sintom\u00e1ticas las palabras que pronunci\u00f3 a prop\u00f3sito de la &#8220;expulsi\u00f3n del demonio&#8221; fuera de los hombres y del mundo: &#8220;&#8230;si por el dedo de Dios expulso yo a los demonios&#8230;, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios&#8221; (<i>Lc<\/i> 11, 20). <i>El reino de Dios significa, <\/i>realmente<i>, la victoria sobre el poder del mal<\/i> que hay en el mundo y sobre aquel que es su principal agente escondido. Se trata del esp\u00edritu de las tinieblas, due\u00f1o de este mundo; se trata de todo pecado que nace en el hombre por efecto de su mala voluntad y bajo el influjo de aquella arcana y mal\u00e9fica presencia. Jes\u00fas, que ha venido para perdonar los pecados, incluso cuando cura de las enfermedades, advierte que la liberaci\u00f3n del mal f\u00edsico es se\u00f1al de la liberaci\u00f3n del mal m\u00e1s grave que arruina el alma del hombre. Hemos explicado esto con mayor amplitud en las catequesis anteriores.<\/p>\n<p>5. Los diversos signos del poder salv\u00edfico de Dios ofrecidos por Jes\u00fas con sus milagros, conectados con su Palabra, abren el camino para la comprensi\u00f3n de la verdad del reino de Dios en medio de los hombres. El explica esta verdad, <i>sirvi\u00e9ndose especialmente de las par\u00e1bolas<\/i>, entre las cuales se encuentran la <i>del sembrador y la de la semilla<\/i>. La semilla es la Palabra de Dios, que puede ser acogida de modo que crezca en el terreno del alma humana o, por diversos motivos, no ser acogida o serlo de un modo que no pueda madurar y dar fruto en el tiempo oportuno (cf. <i>Mc<\/i> 4, 14-20). Pero he aqu\u00ed otra par\u00e1bola que nos pone frente al misterio del desarrollo de la semilla por obra de Dios: &#8221; El reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de d\u00eda, el grano brota y crece sin que \u00e9l sepa c\u00f3mo. La tierra da el fruto por s\u00ed misma, primero, hierba, luego espiga, despu\u00e9s trigo abundante en la espiga&#8221; (<i>Mc<\/i> 4, 26-28). Es el poder de Dios el que &#8220;hace crecer&#8221;, dir\u00e1 San Pablo (<i>1 Cor<\/i> 3, 6 ss.) y, como escribe el Ap\u00f3stol, es \u00c9l quien da &#8220;el querer y el obrar&#8221; (<i>Flp<\/i> 2, 13).<\/p>\n<p>6. <i>El reino de Dios<\/i>, o &#8220;reino de los cielos&#8221;, como dice Mateo (cf. 3, 2, etc.), ha entrado <i>en la historia del hombre sobre la tierra por medio de Cristo<\/i> que tambi\u00e9n, durante su pasi\u00f3n y en la inminencia de su muerte en la cruz, habla de S\u00ed mismo como de un Rey y, a la vez, explica el car\u00e1cter del reino que ha venido a inaugurar sobre la tierra. <i>Sus respuestas a Pilato<\/i>, recogidas en el cuarto Evangelio, (<i>Jn<\/i> 18, 33 ss.), sirven como texto clave para la comprensi\u00f3n de este punto. Jes\u00fas se encuentra frente al Gobernador romano, a quien ha sido entregado por el Sanedr\u00edn bajo la acusaci\u00f3n de haberse querido hacer &#8220;Rey de los jud\u00edos&#8221;. Cuando Pilato le presente este hecho, Jes\u00fas responde: &#8220;Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, mi gente habr\u00eda combatido para que no fuese entregado a los jud\u00edos&#8221; (<i>Jn<\/i> 18, 36). Pese a que Cristo<i> no es un rey en sentido terreno<\/i> de la palabra, ese hecho no cancela el otro sentido de su reino, que \u00c9l explica en la respuesta a una nueva pregunta de su juez. Luego, &#8220;\u00bfT\u00fa eres rey?&#8221;, pregunta Pilato. Jes\u00fas responde con firmeza: &#8220;S\u00ed, como dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz&#8221; (<i>Jn<\/i> 18, 37). Es la m\u00e1s neta e inequ\u00edvoca proclamaci\u00f3n de la propia realeza, pero tambi\u00e9n de su car\u00e1cter trascendente, que confirma el valor m\u00e1s profundo del esp\u00edritu humano y la base principal de las relaciones humanas: &#8220;la verdad&#8221;.<\/p>\n<p>7. El reino que Jes\u00fas, <i>como Hijo de Dios encarnado<\/i>, ha inaugurado en la historia del hombre, siendo <i>de Dios<\/i>, se establece y crece en el esp\u00edritu del hombre con la fuerza de la verdad y de la gracia, que proceden de Dios, como nos han hecho comprender las par\u00e1bolas del sembrador y de la semilla, que hemos resumido. Cristo es el sembrador de esta verdad. Pero, <i>en definitiva<\/i> ser\u00e1 <i>por medio de la cruz<\/i> como realizar\u00e1 su realeza y llevar\u00e1 a cabo la obra de la salvaci\u00f3n en la historia de la humanidad: &#8220;Yo, cuando sea elevado de la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed&#8221; (<i>Jn<\/i> 12, 32).<\/p>\n<p>8. Todo esto se trasluce tambi\u00e9n de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre el Buen Pastor, que &#8220;da su vida por las ovejas&#8221; (<i>Jn<\/i> 10, 11). Esta<i> imagen del pastor<\/i> est\u00e1 estrechamente <i>ligada con la del reba\u00f1o<\/i> y de las ovejas que escuchan la voz del pastor. Jes\u00fas dice que es el Buen Pastor que &#8220;conoce a sus ovejas y ellas le conocen&#8221; (<i>Jn<\/i> 10, 14). Como Buen Pastor, busca a la oveja perdida (cf. <i>Mt<\/i> 18, 12; <i>Lc<\/i> 15, 4) e incluso piensa en las &#8220;otras ovejas que no son de este redil&#8221;; tambi\u00e9n a \u00e9sas las &#8220;tiene que conducir&#8221; para que &#8220;escuchen su voz y haya un solo reba\u00f1o y un solo pastor&#8221; (<i>Jn<\/i> 10, 16). Se trata, pues, de una realeza universal, ejercida con \u00e1nimo y estilo de pastor, para llevar a todos a vivir en la verdad de Dios.<\/p>\n<p>9. Como se ve, toda <i>la<\/i> <i>predicaci\u00f3n de Cristo, toda su misi\u00f3n<\/i> mesi\u00e1nica se orienta a &#8220;reunir&#8221; el reba\u00f1o. No se trata solamente de cada uno de sus oyentes, seguidores, imitadores. Se trata de una &#8220;asamblea&#8221;, que en arameo se dice &#8220;<i>kehala<\/i>&#8221; y, en hebreo, &#8220;<i>qahal<\/i>&#8220;, que corresponde al griego &#8220;<i>ekklesia<\/i>&#8220;. La palabra griega deriva de un verbo que significa &#8220;llamar&#8221; (&#8220;llamada&#8221; en griego se dice <i>&#8220;klesis<\/i>&#8220;) y esta derivaci\u00f3n etimol\u00f3gica sirve para hacernos comprender que, lo mismo que en la Antigua Alianza Dios hab\u00eda &#8220;llamado&#8221; a su pueblo Israel, as\u00ed Cristo <i>llama al nuevo Pueblo de Dios<\/i> escogiendo y buscando sus miembros entre todos los hombres. \u00c9l los atrae a S\u00ed y los re\u00fane en torno a su persona por medio de la palabra del Evangelio y con el poder redentor del misterio pascual. Este poder divino, manifestado de forma definitiva en la resurrecci\u00f3n de Cristo, confirmar\u00e1 el sentido de las palabras que una vez se dijeron a Pedro: &#8220;sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia&#8221; (<i>Mt<\/i> 16, 18), es decir: la nueva asamblea del reino de Dios.<\/p>\n<p>10. La Iglesia-Ecclesia-Asamblea recibe de Cristo <i>el mandamiento nuevo<\/i>: &#8220;Os doy un mandamiento nuevo: que os am\u00e9is los unos a los otros. Que, como yo os he amado&#8230; en esto conocer\u00e1n todos que sois disc\u00edpulos m\u00edos&#8221; (<i>Jn<\/i> 13, 34-35; cf. <i>Jn<\/i> 15, 12). Es cierto que la &#8220;asamblea-Iglesia&#8221; recibe de Cristo tambi\u00e9n su estructura externa (de lo que trataremos pr\u00f3ximamente), pero su valor <i>esencial es la comuni\u00f3n con el mismo Cristo<\/i>: es \u00c9l quien &#8220;re\u00fane&#8221; la Iglesia, es El quien la &#8220;edifica&#8221; constantemente como su Cuerpo (cf. <i>Ef<\/i> 4, 12), <i>como reino de Dios con dimensi\u00f3n universal<\/i>. &#8220;Vendr\u00e1n de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur y se pondr\u00e1n a la mesa (con Abraham, Isaac y Jacob) en el reino de Dios&#8221; (cf. <i>Lc<\/i> 13, 28-29).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_La_llamada_a_la_conversion_en_el_mensaje_de_Fatima\">Catequesis: La llamada a la conversi\u00f3n en el mensaje de F\u00e1tima<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Audiencia general, 15-05-1991<\/p>\n<p>1. Deseo manifestar mi gratitud a la misericordiosa Providencia divina, porque me ha sido dado estar <i>en F\u00e1tima, en el santuario de la Madre de Dios, el d\u00eda 13 de mayo<\/i>,<i> <\/i>con una inmensa multitud de peregrinos. Esta gran asamblea anual de peregrinos guarda relaci\u00f3n con las apariciones que se verificaron en aquel lugar durante el a\u00f1o 1917\u2026<\/p>\n<p>El mensaje de Mar\u00eda en F\u00e1tima se puede sintetizar en estas primeras y claras palabras de Cristo: &#8220;El reino de Dios est\u00e1 cerca; convert\u00edos y creed en la Buena Nueva&#8221; (<i>Mc<\/i> 1, 15).<i> <\/i>Los acontecimientos que han tenido lugar durante este decenio en nuestro continente europeo, particularmente en la Europa Central y Oriental, permiten dar nueva actualidad a esta llamada evang\u00e9lica en el umbral del tercer milenio. <i>Estos acontecimientos obligan tambi\u00e9n a pensar de modo particular en F\u00e1tima. <\/i>El coraz\u00f3n de la Madre de Dios es el coraz\u00f3n de la Madre que se cuida no s\u00f3lo de los hombres, sino tambi\u00e9n de todos los pueblos y naciones. El coraz\u00f3n de Mar\u00eda est\u00e1 totalmente dedicado a la misi\u00f3n salv\u00edfica de su Hijo: de Cristo, Redentor del mundo, Redentor del hombre.<\/p>\n<p>[&#8230;]<\/p>\n<p>4. Volviendo una vez m\u00e1s a <i>F\u00e1tima <\/i>que constitu\u00eda la \u00faltima fase de la visita a la tierra portuguesa, es dif\u00edcil resistir a la elocuencia de la fe y la confianza de aquella multitud de un mill\u00f3n de personas que se reuni\u00f3 por la noche <i>para la vigilia, y <\/i>al d\u00eda siguiente, 13 de mayo, llen\u00f3 a\u00fan m\u00e1s la explanada del santuario durante la <i>concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica. <\/i>Adem\u00e1s de los pastores de la Iglesia de Portugal estaba presente casi todo el Episcopado de Angola, as\u00ed como otros muchos cardenales y obispos que hab\u00edan llegado de diversos pa\u00edses de Europa y de otros continentes.<\/p>\n<p>En medio de aquella gran comunidad en oraci\u00f3n hemos sentido de modo especial &#8220;<i>a <\/i>&#8220;<i>las grandes obras de Dios<\/i>&#8221; (cf. <i>Hch<\/i> 2, 11 ),<i> <\/i>que la Providencia escribe en la historia del hombre, sirvi\u00e9ndose de la humilde &#8220;Sierva del Se\u00f1or&#8221; (cf. <i>Lc<\/i> 1, 38)<i>. <\/i>Sin embargo ella confi\u00f3 muy gustosamente su mensaje evang\u00e9lico y, al mismo tiempo, materno a <i>las almas sencillas y puras: <\/i>a tres pobres ni\u00f1os. Eso tuvo lugar precisamente en F\u00e1tima. Lo mismo hab\u00eda ocurrido antes en Lourdes: &#8220;porque de los que son como \u00e9stos es el reino de los cielos&#8221; <i>(Mt <\/i>19,<i> <\/i>14), seg\u00fan las palabras del Se\u00f1or. \u00bfC\u00f3mo no quedar estupefactos?<\/p>\n<p>Este a\u00f1o la experiencia de F\u00e1tima, comenzando por el agradecimiento, ha asumido al mismo tiempo <i>la forma de s\u00faplica <\/i>ardiente. Porque las agujas que en el reloj de los siglos se mueven hacia el a\u00f1o 2000, muestran no s\u00f3lo los cambios providenciales producidos en la historia de enteras naciones, sino tambi\u00e9n <i>las amenazas nuevas y antiguas. <\/i>Baste recordar lo que se trat\u00f3 hace algunas semanas en el Consistorio extraordinario de los cardenales celebrado en Roma. En la <i>liturgia de F\u00e1tima, <\/i>el libro del Apocalipsis, adem\u00e1s de mostrarnos a &#8220;una mujer vestida de sol&#8221; (cf. <i>Ap<\/i> 12, 1)<i>, <\/i>nos presenta todas las amenazas mortales que se ciernen contra los hijos que ella da a luz con dolor. <i>Porque la Madre de Dios es, <\/i>como record\u00f3 el \u00faltimo Concilio, <i>el prototipo de la Iglesia-Madre.<\/i><\/p>\n<p>5. Madre de la Iglesia, tu siervo en la sede de Pedro te da las gracias por todo bien que, a pesar de tantas amenazas, transforma la faz de la tierra. Te da las gracias tambi\u00e9n por todos estos a\u00f1os del &#8220;Ministerium petrinum&#8221;, durante los cuales has querido ayudarle con tu intercesi\u00f3n ante Cristo, el \u00fanico y eterno Pastor de la historia del hombre.<\/p>\n<p>\u00a1A \u00e9l la gloria por los siglos!<\/p>\n<h3><span id=\"Discurso_Pescadores_de_hombres\">Discurso: Pescadores de hombres<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>VISITA AL PONTIFICIO SEMINARIO ROMANO MAYOR<br \/>\nCON OCASI\u00d3N DE LA FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DE LA CONFIANZA (13-02-1999)<\/p>\n<p>[Quisiera] meditar en la vocaci\u00f3n sacerdotal, como llamada a convertirse en \u00abpescadores de hombres\u00bb, seg\u00fan la invitaci\u00f3n que el divino Maestro dirigi\u00f3 a los primeros disc\u00edpulos, a orillas del lago de Galilea (cf. <i>Mc<\/i> 1, 17). El Se\u00f1or quiso dejar las redes del \u00abreino de los cielos\u00bb (<i>Mt<\/i> 13, 47) en las manos de los Ap\u00f3stoles, de sus sucesores y colaboradores: los obispos y los presb\u00edteros.<\/p>\n<p>El trabajo del pescador es duro. Requiere esfuerzo constante y paciencia. Exige, sobre todo, fe en el poder de Dios. El sacerdote es el hombre de la confianza, que repite con el ap\u00f3stol Pedro: \u00abMaestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echar\u00e9 las redes\u00bb (<i>Lc<\/i> 5, 5). Sabe bien que se pesca a los hombres en virtud de la palabra de Dios, que posee un dinamismo intr\u00ednseco. Por eso, no se deja llevar por la prisa, sino que permanece en una actitud de vigilancia atenta para captar los tiempos de Dios.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Llamada_y_celibato\">Catequesis: Llamada y celibato<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Audiencia general, 17-07-1993<\/p>\n<p class='subTitulo'>La l\u00f3gica de la consagraci\u00f3n en el celibato sacerdotal<\/p>\n<p>1. En los evangelios, cuando Jes\u00fas llam\u00f3 a sus primeros Ap\u00f3stoles para convertirlos en &#8220;pescadores de hombres&#8221; (<i>Mt<\/i> 4, 19; <i>Mc<\/i> 1, 17; cf. <i>Lc<\/i> 5, 10), ellos, &#8220;<i>dej\u00e1ndolo todo<\/i>, le siguieron&#8221; (<i>Lc<\/i> 5, 11; cf. <i>Mt<\/i> 4, 20.22; <i>Mc<\/i> 1, 18.20). Un d\u00eda Pedro mismo record\u00f3 ese aspecto de la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica, diciendo a Jes\u00fas: &#8220;Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido&#8221; (<i>Mt<\/i> 19, 27; <i>Mc<\/i> 10, 28; cf <i>Lc<\/i> 18, 28). Jes\u00fas, entonces, enumer\u00f3 todas las renuncias necesarias, &#8220;por m\u00ed y por el Evangelio&#8221; (<i>Mc<\/i> 10, 29). No se trataba s\u00f3lo de renunciar a ciertos bienes materiales, como la casa o la hacienda, sino tambi\u00e9n de separarse de las personas m\u00e1s queridas: &#8220;hermanos, hermanas, madre, padre e hijos&#8221; \u2014como dicen Mateo y Marcos\u2014, y de &#8220;mujer, hermanos, padres o hijos&#8221; \u2014como dice Lucas (18, 29).<\/p>\n<p>Observamos aqu\u00ed la diversidad de las vocaciones. Jes\u00fas no exig\u00eda de todos sus disc\u00edpulos la renuncia radical a la vida en familia, aunque les exig\u00eda a todos el primer lugar en su coraz\u00f3n cuando les dec\u00eda: &#8220;El que ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed, no es digno de m\u00ed; el que ama a su hijo o a su hija m\u00e1s que a m\u00ed no es digno de m\u00ed&#8221; (<i>Mt<\/i> 10, 37). La exigencia de renuncia efectiva es propia de la vida apost\u00f3lica o de la vida de consagraci\u00f3n especial. Al ser llamados por Jes\u00fas, &#8220;Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan&#8221;, no dejaron s\u00f3lo la barca en la que estaban &#8220;arreglando sus redes&#8221;, sino tambi\u00e9n a su padre, con quien se hallaban (<i>Mt<\/i> 4, 22; cf. <i>Mc<\/i> 1, 20).<\/p>\n<p>Esta constataci\u00f3n nos ayuda a comprender mejor el porqu\u00e9 de la legislaci\u00f3n eclesi\u00e1stica acerca del <i>celibato sacerdotal<\/i>. En efecto, la Iglesia lo ha considerado y sigue consider\u00e1ndolo como parte integrante de la l\u00f3gica de la consagraci\u00f3n sacerdotal y de la consecuente pertenencia total a Cristo, con miras a la actuaci\u00f3n consciente de su mandato de vida espiritual y de evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. De hecho, en el evangelio de Mateo, poco antes del p\u00e1rrafo sobre la separaci\u00f3n de las personas queridas que acabamos de citar, Jes\u00fas expresa con fuerte lenguaje sem\u00edtico otra renuncia exigida por el reino de los cielos, a saber, la renuncia al matrimonio. &#8220;Hay eunucos \u2014dice\u2014 que se hicieron tales a s\u00ed mismos por el reino de los cielos&#8221; (<i>Mt<\/i> 19, 12). Es decir, que se han comprometido con el celibato para ponerse totalmente al servicio de la &#8220;buena nueva del Reino&#8221; (cf. <i>Mt<\/i> 4, 23; 9, 35; 24, 34).<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol Pablo afirma en su primera carta a los Corintios que ha tomado resueltamente ese camino, y muestra con coherencia su decisi\u00f3n, declarando: &#8220;El no casado se preocupa de las cosas del Se\u00f1or, de c\u00f3mo agradar al Se\u00f1or. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de c\u00f3mo agradar a su mujer; est\u00e1 por tanto dividido&#8221; (<i>1 Co<\/i> 7, 32.34). Ciertamente, no es conveniente que est\u00e9 dividido quien ha sido llamado para ocuparse, como sacerdote, de las cosas del Se\u00f1or. Como dice el Concilio, el compromiso del celibato, derivado de una tradici\u00f3n que se remonta a Cristo, &#8220;est\u00e1 en m\u00faltiple armon\u00eda con el sacerdocio [&#8230;]. Es, en efecto, signo y est\u00edmulo al mismo tiempo de la caridad pastoral y fuente peculiar de fecundidad espiritual en el mundo&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\"><i>Presbyterorum ordinis<\/i><\/a>, 16).<\/p>\n<p>Es verdad que en las Iglesias orientales muchos presb\u00edteros est\u00e1n casados leg\u00edtimamente seg\u00fan el derecho can\u00f3nico que les corresponde. Pero tambi\u00e9n en esas Iglesias los obispos viven el celibato y as\u00ed mismo cierto n\u00famero de sacerdotes. La diferencia de disciplina, vinculada a condiciones de tiempo y lugar valoradas por la Iglesia, se explica por el hecho de que la continencia perfecta, como dice el Concilio, &#8220;no se exige, ciertamente, por la naturaleza misma del sacerdocio&#8221; (<i>ib<\/i>.). No pertenece a la esencia del sacerdocio como orden y, por tanto, no se impone en absoluto en todas las Iglesias. Sin embargo, no hay ninguna duda sobre su <i>conveniencia<\/i> y, m\u00e1s a\u00fan, su <i>congruencia<\/i> con las exigencias del <i>orden sagrado<\/i>. Forma parte, como se ha dicho, de la <i>l\u00f3gica<\/i> de la <i>consagraci\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<p>3. El ideal concreto de esa condici\u00f3n de vida consagrada es Jes\u00fas, modelo para todos, pero especialmente para los sacerdotes. Vivi\u00f3 c\u00e9libe y, por ello, pudo dedicar todas sus fuerzas a la predicaci\u00f3n del reino de Dios y al servicio de los hombres, con un coraz\u00f3n abierto a la humanidad entera, como fundador de una nueva generaci\u00f3n espiritual. Su opci\u00f3n fue verdaderamente &#8220;por el reino de los cielos&#8221; (cf. <i>Mt<\/i> 19, 12).<\/p>\n<p>Jes\u00fas, con su ejemplo, daba una orientaci\u00f3n, que se ha seguido. Seg\u00fan los evangelios, parece que los Doce, destinados a ser los primeros en participar de su sacerdocio, renunciaron para seguirlo a vivir en familia. Los evangelios no hablan jam\u00e1s de mujeres o de hijos cuando se refieren a los Doce, aunque nos hacen saber que Pedro, antes de que Jes\u00fas lo hubiera llamado, estaba casado (cf. <i>Mt<\/i> 8, 14; <i>Mc<\/i> 1, 30; <i>Lc<\/i> 4, 38).<\/p>\n<p>4. Jes\u00fas no promulg\u00f3 una ley, sino que propuso un <i>ideal<\/i> del celibato para el nuevo sacerdocio que institu\u00eda. Ese ideal se ha afirmado cada vez m\u00e1s en la Iglesia. Puede comprenderse que en la primera fase de propagaci\u00f3n y de desarrollo del cristianismo un gran n\u00famero de sacerdotes fueran hombres casados, elegidos y ordenados siguiendo la tradici\u00f3n judaica. Sabemos que en las cartas a Timoteo (<i>1 Tm<\/i> 3, 2.3) y a Tito (1, 6) se pide que, entre las cualidades de los hombres elegidos como presb\u00edteros, figure la de ser buenos padres de familia, casados con una sola mujer (es decir, fieles a su mujer). Es una fase de la Iglesia en v\u00edas de organizaci\u00f3n y, por decirlo as\u00ed, de experimentaci\u00f3n de lo que, como disciplina de los estados de vida, corresponde mejor al ideal y a los consejos que el Se\u00f1or propuso. Bas\u00e1ndose en la experiencia y en la reflexi\u00f3n, la disciplina del celibato ha ido afirm\u00e1ndose paulatinamente, hasta generalizarse en la Iglesia occidental, en virtud de la legislaci\u00f3n can\u00f3nica. No era s\u00f3lo la consecuencia de un hecho jur\u00eddico y disciplinar: era la maduraci\u00f3n de una conciencia eclesial sobre la oportunidad del celibato sacerdotal por razones no s\u00f3lo hist\u00f3ricas y pr\u00e1cticas, sino tambi\u00e9n derivadas de la congruencia, captada cada vez mejor, entre el celibato y las exigencias del sacerdocio.<\/p>\n<p>5. El concilio Vaticano II enuncia los motivos de esa conveniencia \u00edntima del celibato respecto al sacerdocio: &#8220;Por la virginidad o celibato guardado por amor del reino de los cielos, se consagran los presb\u00edteros de nueva y excelente manera a Cristo, se unen m\u00e1s f\u00e1cilmente a \u00e9l con coraz\u00f3n indiviso, se entregan m\u00e1s libremente, en \u00e9l y por \u00e9l, al servicio de Dios y de los hombres, sirven m\u00e1s expeditamente a su reino y a la obra de regeneraci\u00f3n sobrenatural y se hacen m\u00e1s aptos para recibir m\u00e1s dilatada paternidad en Cristo [&#8230;]. Y as\u00ed evocan aquel misterioso connubio, fundado por Dios y que ha de manifestarse plenamente en lo futuro, por el que la Iglesia tiene por \u00fanico esposo a Cristo. Convi\u00e9rtense, adem\u00e1s, en signo vivo de aquel mundo futuro, que se hace ya presente por la fe y la caridad, y en el que los hijos de la resurrecci\u00f3n no tomar\u00e1n ni las mujeres maridos ni los hombres mujeres&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\"><i>Presbyterorum ordinis<\/i><\/a>, 16; cf. <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis_sp.html\"><i>Pastores dabo vobis<\/i><\/a>, 29; 50; <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/ESL0022\/__P4Y.HTM\"><i>Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica<\/i><\/a>, n.1579).<\/p>\n<p>Esas son razones de noble elevaci\u00f3n espiritual, que podemos resumir en los siguientes elementos esenciales: una adhesi\u00f3n m\u00e1s plena a Cristo, amado y servido con un coraz\u00f3n indiviso (cf. <i>1 Co<\/i> 7, 32.33); una disponibilidad m\u00e1s amplia al servicio del reino de Cristo y a la realizaci\u00f3n de las propias tareas en la Iglesia; la opci\u00f3n m\u00e1s exclusiva de una fecundidad espiritual (cf. <i>1 Co<\/i> 4,15); y la pr\u00e1ctica de una vida m\u00e1s semejante a la vida definitiva del m\u00e1s all\u00e1 y, por consiguiente, m\u00e1s ejemplar para la vida de aqu\u00ed. Esto vale para todos los tiempos, incluso para el nuestro, como raz\u00f3n y criterio supremo de todo juicio y de toda opci\u00f3n en armon\u00eda con la invitaci\u00f3n a dejar todo, que Jes\u00fas dirigi\u00f3 a sus disc\u00edpulos y, especialmente, a sus Ap\u00f3stoles. Por esa raz\u00f3n, el S\u00ednodo de los obispos de 1971 confirm\u00f3: &#8220;La ley del celibato sacerdotal, vigente en la Iglesia latina, debe ser mantenida \u00edntegramente&#8221; (<i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, edici\u00f3n en lengua espa\u00f1ola, 12 de diciembre de 1971, p. 5).<\/p>\n<p>6. Es verdad que hoy la pr\u00e1ctica del celibato encuentra obst\u00e1culos, a veces incluso graves, en las condiciones subjetivas y objetivas en las que los sacerdotes se hallan. El S\u00ednodo de los obispos las ha examinado, pero ha considerado que tambi\u00e9n las dificultades actuales son superables, si se promueven &#8220;las condiciones aptas, es decir: el incremento de la vida interior mediante la oraci\u00f3n, la abnegaci\u00f3n, la caridad ardiente hacia Dios y hacia el pr\u00f3jimo, y los dem\u00e1s medios de la vida espiritual; el equilibrio humano mediante la ordenada incorporaci\u00f3n al campo complejo de las relaciones sociales; el trato fraterno y los contactos con los otros presb\u00edteros y con el obispo, adaptando mejor para ello las estructuras pastorales y tambi\u00e9n con la ayuda de la comunidad de los fieles&#8221;(<i>ib<\/i>.).<\/p>\n<p>Es una especie de desaf\u00edo que la Iglesia lanza a la mentalidad, a las tendencias ya las seducciones de este siglo, con una voluntad cada vez m\u00e1s renovada de coherencia y de fidelidad al ideal evang\u00e9lico. Para ello, aunque se admite que el Sumo Pont\u00edfice puede valorar y disponer lo que hay que hacer en algunos casos, el S\u00ednodo reafirm\u00f3 que en la Iglesia latina &#8221; &#8220;no se admite ni siquiera en casos particulares la ordenaci\u00f3n presbiteral de hombres casados&#8221; (<i>ib<\/i>.). La Iglesia considera que la conciencia de consagraci\u00f3n total madurada a lo largo de los siglos sigue teniendo raz\u00f3n de subsistir y de perfeccionarse cada vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>Asimismo la Iglesia sabe, y lo recuerda juntamente con el Concilio a los presb\u00edteros y a todos los fieles, que &#8220;el don del celibato, tan en armon\u00eda con el sacerdocio del Nuevo Testamento, ser\u00e1 liberalmente dado por el Padre, con tal que, quienes participan del sacerdocio de Cristo por el sacramento del orden e incluso toda la Iglesia, lo pidan humilde e insistentemente&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\"><i>Presbyterorum ordinis<\/i><\/a>, 16).<\/p>\n<p>Pero quiz\u00e1, antes, es necesario pedir la gracia de comprender el celibato sacerdotal, que sin duda alguna encierra cierto misterio: el de la exigencia de audacia y de confianza en la fidelidad absoluta a la persona y a la obra redentora de Cristo, con un radicalismo de renuncias que ante los ojos humanos puede parecer desconcertante. Jes\u00fas mismo, al sugerirlo, advierte que no todos pueden comprenderlo (cf. <i>Mt<\/i> 19, 10.12). &#8220;Bienaventurados los que reciben la gracia de comprenderlo y siguen fieles por ese camino!<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Conversion_y_penitencia\">Catequesis: Conversi\u00f3n y penitencia<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Audiencia general, 15-09-1999<\/p>\n<p>1. El camino hacia el Padre, propuesto a la especial reflexi\u00f3n de este a\u00f1o de preparaci\u00f3n para el gran jubileo, implica tambi\u00e9n el redescubrimiento del sacramento de la penitencia en su significado profundo de encuentro con \u00e9l, que perdona mediante Cristo en el esp\u00edritu (cf. <i>Tertio millennio adveniente<\/i>, 50).<\/p>\n<p>Son varios los motivos por los que urge en la Iglesia una reflexi\u00f3n seria sobre este sacramento. Lo exige, ante todo, el anuncio del amor del Padre, como fundamento del vivir y el obrar cristiano, en el marco de la sociedad actual, donde a menudo se halla ofuscada la visi\u00f3n \u00e9tica de la existencia humana. Si muchos han perdido la dimensi\u00f3n del bien y del mal, es porque han perdido el sentido de Dios, interpretando la culpa solamente seg\u00fan perspectivas psicol\u00f3gicas o sociol\u00f3gicas. En segundo lugar, la pastoral debe dar nuevo impulso a un itinerario de crecimiento en la fe que subraye el valor del esp\u00edritu y de la pr\u00e1ctica penitencial en todo el arco de la vida cristiana.<\/p>\n<p>2. El mensaje b\u00edblico presenta esa dimensi\u00f3n <i>penitencial<\/i> como compromiso permanente de conversi\u00f3n. Hacer obras de penitencia supone una transformaci\u00f3n de la conciencia, que es fruto de la gracia de Dios. Sobre todo en el Nuevo Testamento la conversi\u00f3n es exigida como opci\u00f3n fundamental a aquellos a quienes se dirige la predicaci\u00f3n del reino de Dios: \u00abConvert\u00edos y creed en el Evangelio\u00bb (<i>Mc<\/i> 1, 15; cf. <i>Mt<\/i> 4, 17). Con estas palabras Jes\u00fas inicia su ministerio y anuncia la plenitud de los tiempos y la inminencia del reino. El \u00abconvert\u00edos\u00bb (en griego, metanoeite) es una llamada a cambiar el modo de pensar y actuar.<\/p>\n<p>3. Esta invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n constituye la conclusi\u00f3n vital del anuncio que hacen los Ap\u00f3stoles despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s. En \u00e9l, el objeto del anuncio es explicitado plenamente: ya no es gen\u00e9ricamente el \u00abreino\u00bb, sino la obra misma de Jes\u00fas, insertada en el plan divino predicho por los profetas. Despu\u00e9s del anuncio de lo que aconteci\u00f3 en Jesucristo muerto, resucitado y vivo en la gloria del Padre, hacen una apremiante invitaci\u00f3n a la <i>conversi\u00f3n<\/i>, a la que est\u00e1 vinculado tambi\u00e9n el perd\u00f3n de los pecados. Todo esto queda claramente de manifiesto en el discurso que Pedro hace en el p\u00f3rtico de Salom\u00f3n: \u00abDios ha dado as\u00ed cumplimiento a lo que hab\u00eda anunciado por boca de todos los profetas, la pasi\u00f3n de su Ungido. Arrepent\u00edos, pues, y convert\u00edos, para que sean borrados vuestros pecados\u00bb (<i>Hch<\/i> 3, 18-19).<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento, este perd\u00f3n de los pecados es prometido por Dios en el marco de la <i>nueva alianza<\/i>, que \u00e9l establecer\u00e1 con su pueblo (cf. <i>Jr<\/i> 31, 31-34). Dios escribir\u00e1 la ley en el coraz\u00f3n. Desde esa perspectiva, la conversi\u00f3n es un requisito de la alianza definitiva con Dios y, a la vez, una actitud permanente de aquel que, acogiendo las palabras del anuncio evang\u00e9lico, entra a formar parte del reino de Dios en su dinamismo hist\u00f3rico y escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>4. En el sacramento de la reconciliaci\u00f3n se realizan y hacen visibles mist\u00e9ricamente esos valores fundamentales anunciados por la palabra de Dios. Ese sacramento vuelve a insertar al hombre en el marco salv\u00edfico de la alianza y lo abre de nuevo a la vida trinitaria, que es di\u00e1logo de gracia, comunicaci\u00f3n de amor, don y acogida del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Una relectura atenta del <i>Ordo paenitentiae<\/i> ayudar\u00e1 mucho a profundizar, con ocasi\u00f3n del jubileo, las dimensiones esenciales de este sacramento. La madurez de la vida eclesial depende, en gran parte, de su redescubrimiento. En efecto, el sacramento de la reconciliaci\u00f3n no se limita al momento lit\u00fargico-celebrativo, sino que lleva a vivir la actitud penitencial como dimensi\u00f3n permanente de la experiencia cristiana. Es \u00abun acercamiento a la santidad de Dios, un nuevo encuentro de la propia verdad interior, turbada y trastornada por el pecado, una liberaci\u00f3n en lo m\u00e1s profundo de s\u00ed mismo y, con ello, una recuperaci\u00f3n de la alegr\u00eda perdida, la alegr\u00eda de ser salvados, que la mayor\u00eda de los hombres de nuestro tiempo ha dejado de gustar\u00bb (<i>Reconciliatio et paenitentia<\/i>, 31, III).<\/p>\n<p>5. Para los contenidos doctrinales de este sacramento remito a la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <i>Reconciliatio et paenitentia<\/i> (cf. nn. 28-34) y al <i>Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica<\/i> (cf. nn. 1420-1484), as\u00ed como a las dem\u00e1s intervenciones del Magisterio eclesial. Aqu\u00ed deseo recordar la importancia de la atenci\u00f3n pastoral necesaria para que el pueblo de Dios valore este sacramento, de modo que el anuncio de la reconciliaci\u00f3n, el camino de conversi\u00f3n e incluso la celebraci\u00f3n del sacramento logren tocar m\u00e1s el coraz\u00f3n de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>En particular, deseo recordar a los pastores que s\u00f3lo es buen confesor el que es aut\u00e9ntico penitente. Los sacerdotes saben que son depositarios de un poder que viene de lo alto: en efecto, el perd\u00f3n que transmiten \u00abes el signo eficaz de la intervenci\u00f3n del Padre\u00bb (<i>Reconciliatio et paenitentia<\/i>, 31, III), que hace resucitar de la muerte espiritual. Por eso, viviendo con humildad y sencillez evang\u00e9lica una dimensi\u00f3n tan esencial de su ministerio, los confesores no deben descuidar su propio perfeccionamiento y actualizaci\u00f3n, a fin de que no les falten nunca las cualidades humanas y espirituales, tan necesarias para la relaci\u00f3n con las conciencias.<\/p>\n<p>Pero, juntamente con los pastores, toda la comunidad cristiana debe participar en la renovaci\u00f3n pastoral del sacramento de la reconciliaci\u00f3n. Lo exige la \u00abeclesialidad\u00bb propia del sacramento. La comunidad eclesial es el seno que acoge al pecador arrepentido y perdonado y, antes a\u00fan, crea el ambiente adecuado para un camino de vuelta al Padre. En una comunidad reconciliada y reconciliadora los pecadores pueden volver a encontrar la senda perdida y la ayuda de los hermanos. Y, por \u00faltimo, a trav\u00e9s de la comunidad cristiana se puede trazar nuevamente un s\u00f3lido camino de caridad que, mediante las buenas obras, haga visible el perd\u00f3n recuperado, el mal reparado y la esperanza de poder encontrar de nuevo los brazos misericordiosos del Padre.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Cooperadores_del_Reino\">Catequesis: Cooperadores del Reino<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Audiencia general, 06-12-2000<\/p>\n<p class='subTitulo'>Cooperar a la llegada del reino de Dios en el mundo<\/p>\n<p>1. [&#8230;] Nuestra reflexi\u00f3n toma como punto de partida el evangelio de san Marcos, donde leemos: &#8220;March\u00f3 Jes\u00fas a Galilea; y proclamaba la buena nueva de Dios, diciendo: &#8220;El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios est\u00e1 cerca; convert\u00edos y creed en el Evangelio&#8221;&#8221; (<i>Mc<\/i> 1, 14-15). Estas son las primeras palabras que Jes\u00fas pronuncia ante la multitud: contienen el n\u00facleo de su Evangelio de esperanza y salvaci\u00f3n, el anuncio del reino de Dios. Desde ese momento en adelante, como observan los evangelistas, &#8220;recorr\u00eda Jes\u00fas toda Galilea, ense\u00f1ando en sus sinagogas, proclamando la buena nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo&#8221; (<i>Mt <\/i>4, 23; cf. <i>Lc<\/i> 8, 1). En esa l\u00ednea se sit\u00faan los Ap\u00f3stoles, al igual que san Pablo, el Ap\u00f3stol de las gentes, llamado a &#8220;anunciar el reino de Dios&#8221; en medio de las naciones hasta la capital del imperio romano (cf. <i>Hch<\/i> 20, 25; 28, 23.\u00a031).<\/p>\n<p>2. Con el Evangelio del Reino, Cristo se remite a las Escrituras sagradas que, con la imagen de un rey, celebran el se\u00f1or\u00edo de Dios sobre el cosmos y sobre la historia. As\u00ed leemos en el Salterio:\u00a0 &#8220;Decid a los pueblos:\u00a0 &#8220;El Se\u00f1or es rey; \u00e9l afianz\u00f3 el orbe, y no se mover\u00e1; \u00e9l gobierna a los pueblos rectamente&#8221;&#8221; (<i>Sal<\/i>\u00a096, 10). Por consiguiente, el Reino es la acci\u00f3n eficaz, pero misteriosa, que Dios lleva a cabo en el universo y en el entramado de las vicisitudes humanas. Vence las resistencias del mal con paciencia, no con prepotencia y de forma clamorosa.<\/p>\n<p>Por eso, Jes\u00fas compara el Reino con el grano de mostaza, la m\u00e1s peque\u00f1a de todas las semillas, pero destinada a convertirse en un \u00e1rbol frondoso (cf. <i>Mt<\/i> 13, 31-32), o con la semilla que un hombre echa en la tierra:\u00a0 &#8220;duerma o se levante, de noche o de d\u00eda, el grano brota y crece, sin que \u00e9l sepa c\u00f3mo&#8221; (<i>Mc<\/i> 4, 27). El Reino es gracia, amor de Dios al mundo, para \u00a0nosotros \u00a0fuente de serenidad y confianza:\u00a0 &#8220;No temas, peque\u00f1o reba\u00f1o -dice Jes\u00fas-, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino&#8221; (<i>Lc <\/i>12, 32). Los temores, los afanes y las \u00a0angustias \u00a0desaparecen, porque el reino de Dios est\u00e1 en medio de nosotros en la persona de Cristo (cf.<i>\u00a0Lc<\/i> 17, 21).<\/p>\n<p>3.\u00a0Con todo, el hombre no es un testigo inerte del ingreso de Dios en la historia. Jes\u00fas nos invita a &#8220;buscar&#8221; activamente &#8220;el reino de Dios y su justicia&#8221; y a considerar esta b\u00fasqueda como nuestra preocupaci\u00f3n principal (cf.<i>\u00a0Mt <\/i>6,\u00a033). A los que &#8220;cre\u00edan que el reino de Dios aparecer\u00eda de un momento a otro&#8221; (<i>Lc<\/i> 19, 11), les recomienda una actitud activa en vez de una espera pasiva, cont\u00e1ndoles la par\u00e1bola de las diez minas encomendadas para hacerlas fructificar (cf. <i>Lc<\/i> 19, 12-27). Por su parte, el ap\u00f3stol san Pablo declara que &#8220;el reino de Dios no es cuesti\u00f3n de comida o bebida, sino -ante todo- de justicia&#8221; (<i>Rm<\/i> 14, 17) e insta a los fieles a poner sus miembros al servicio de la justicia con vistas a la santificaci\u00f3n (cf. <i>Rm<\/i> 6, 13.\u00a019).<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la persona humana est\u00e1 llamada a cooperar con sus manos, su mente y su coraz\u00f3n al establecimiento del reino de Dios en el mundo. Esto es verdad de manera especial con respecto a los que est\u00e1n llamados al apostolado y que son, como dice san Pablo, &#8220;cooperadores del reino de Dios&#8221; (<i>Col<\/i> 4, 11), pero tambi\u00e9n es verdad con respecto a toda persona humana.<\/p>\n<p>4. En el Reino entran las personas que han elegido el camino de las bienaventuranzas evang\u00e9licas, viviendo como &#8220;pobres de esp\u00edritu&#8221; por su desapego de los bienes materiales, para levantar a los \u00faltimos de la tierra del polvo de la humillaci\u00f3n. &#8220;\u00bfAcaso no ha escogido Dios a los pobres seg\u00fan el mundo -se pregunta el ap\u00f3stol Santiago en su carta- para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que prometi\u00f3 a los que le aman?&#8221; (<i>St<\/i> 2, 5). En el Reino entran los que soportan con amor los sufrimientos de la vida:\u00a0 &#8220;Es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios&#8221; (<i>Hch<\/i> 14, 22; cf. <i>2 Ts<\/i> 1, 4-5), donde Dios mismo &#8220;enjugar\u00e1 toda l\u00e1grima (&#8230;) y no habr\u00e1 ya muerte ni llanto ni gritos ni fatigas&#8221; (<i>Ap<\/i>\u00a021, 4). En el Reino entran los puros de coraz\u00f3n que eligen la senda de la justicia, es decir, de la adhesi\u00f3n a la voluntad de Dios, como advierte san Pablo:\u00a0 &#8220;\u00bfNo sab\u00e9is acaso que los injustos no heredar\u00e1n el reino de Dios? \u00a1No os enga\u00f1\u00e9is! Ni los impuros, ni los id\u00f3latras, ni los ad\u00falteros, (&#8230;) ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredar\u00e1n el reino de Dios&#8221; (<i>1 Co<\/i> 6, 9-10, cf. 15, 50; <i>Ef<\/i> 5, 5).<\/p>\n<p>5. As\u00ed pues, todos los justos de la tierra, incluso los que no conocen a Cristo y a su Iglesia, y que, bajo el influjo de la gracia, buscan a Dios con coraz\u00f3n sincero (cf. <i>Lumen gentium<\/i>, 16), est\u00e1n llamados a edificar el reino de Dios, colaborando con el Se\u00f1or, que es su art\u00edfice primero y decisivo. Por eso, debemos ponernos en sus manos, confiar en su palabra y dejarnos guiar por \u00e9l como ni\u00f1os inexpertos que s\u00f3lo en el Padre encuentran la seguridad:\u00a0 &#8220;El que no reciba el reino de Dios como ni\u00f1o -dijo Jes\u00fas-, no entrar\u00e1 en \u00e9l&#8221; (<i>Lc<\/i> 18, 17).<\/p>\n<p>Con este esp\u00edritu debemos hacer nuestra la invocaci\u00f3n:\u00a0 &#8220;\u00a1Venga tu reino!&#8221;. En la historia de la humanidad esta invocaci\u00f3n se ha elevado innumerables veces al cielo como un gran anhelo de esperanza:\u00a0 &#8220;\u00a1Venga a nosotros la paz de tu reino!&#8221;, exclama Dante en su par\u00e1frasis del Padrenuestro (<i>Purgatorio<\/i> XI, 7). Esa invocaci\u00f3n nos impulsa a dirigir nuestra mirada al regreso de Cristo y alimenta el deseo de la venida final del reino de Dios. Sin embargo, este deseo no impide a la Iglesia cumplir su misi\u00f3n en este mundo; al contrario, la compromete a\u00fan m\u00e1s (cf. <i>Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, <\/i>n. 2818), a la espera de poder cruzar el umbral del Reino, del que la Iglesia es germen e inicio (cf.<i>\u00a0Lumen gentium<\/i>, 5), cuando llegue al mundo en plenitud. Entonces, como nos asegura san Pedro en su segunda carta, &#8220;se os dar\u00e1 amplia entrada en el reino eterno de nuestro Se\u00f1or y Salvador Jesucristo&#8221; (<i>2 P<\/i> 1, 11).<\/p>\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI_papa\">Benedicto XVI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Angelus_En_fatima_y_en_Lourdes_la_virgen_invita_a_la_conversion_y_a_la_penitencia\">\u00c1ngelus: En f\u00e1tima y en Lourdes la virgen invita a la conversi\u00f3n y a la penitencia<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Extracto del \u00e1ngelus de 14-10-2007 y 11-02-2007<\/p>\n<p>&#8220;Convert\u00edos y creed en el Evangelio&#8221; (<i>Mc<\/i> 1, 15). Jes\u00fas inici\u00f3 su vida p\u00fablica con esta invitaci\u00f3n, que sigue resonando en la Iglesia, hasta el punto de que tambi\u00e9n la sant\u00edsima Virgen, especialmente en sus apariciones de los \u00faltimos tiempos, ha renovado siempre esta exhortaci\u00f3n. Hoy pensamos, de modo particular, en F\u00e1tima donde, exactamente hace 90 a\u00f1os, desde el 13 de mayo hasta el 13 de octubre de 1917, la Virgen se apareci\u00f3 a los tres pastorcillos:\u00a0 Luc\u00eda, Jacinta y Francisco&#8230;<\/p>\n<p>Pidamos a la Virgen para todos los cristianos el don de una verdadera conversi\u00f3n, a fin de que se anuncie y se testimonie con coherencia y fidelidad el perenne mensaje evang\u00e9lico, que indica a la humanidad el camino de la aut\u00e9ntica paz (\u00c1ngelus 14-10-2007).<\/p>\n<p>[&#8230;] Hoy la Iglesia recuerda la primera aparici\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda a santa Bernardita, acaecida el 11 de febrero de 1858 en la gruta de Massabielle, cerca de Lourdes. Se trata de un acontecimiento prodigioso, que ha hecho de aquella localidad, situada en la vertiente francesa de los Pirineos, un centro mundial de peregrinaciones y de intensa espiritualidad mariana. En aquel lugar, desde hace ya casi 150 a\u00f1os, resuena con fuerza la exhortaci\u00f3n de la Virgen a la oraci\u00f3n y a la penitencia, como un eco permanente de la invitaci\u00f3n con la que Jes\u00fas inaugur\u00f3 su predicaci\u00f3n en Galilea:\u00a0 &#8220;El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios est\u00e1 cerca; convert\u00edos y creed en el Evangelio&#8221; (<i>Mc<\/i> 1, 15) (\u00c1ngelus, 11-02-2007).<\/p>\n<h3><span id=\"Angelus_La_Buena_Nueva_de_Jesus\">\u00c1ngelus: La Buena Nueva de Jes\u00fas<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>27-01-2008<\/p>\n<p>En la liturgia de hoy el evangelista san Mateo, que nos acompa\u00f1ar\u00e1 durante todo este a\u00f1o lit\u00fargico, presenta el inicio de la misi\u00f3n p\u00fablica de Cristo. Consiste esencialmente en el anuncio del reino de Dios y en la curaci\u00f3n de los enfermos, para demostrar que este reino ya est\u00e1 cerca, m\u00e1s a\u00fan, ya ha venido a nosotros. Jes\u00fas comienza a predicar en Galilea, la regi\u00f3n en la que creci\u00f3, un territorio de &#8220;periferia&#8221; con respecto al centro de la naci\u00f3n jud\u00eda, que es Judea, y en ella, Jerusal\u00e9n. Pero el profeta Isa\u00edas hab\u00eda anunciado que esa tierra, asignada \u00a0a \u00a0las \u00a0tribus de Zabul\u00f3n y Neftal\u00ed, \u00a0conocer\u00eda \u00a0un futuro glorioso:\u00a0 el pueblo que caminaba en tinieblas ver\u00eda una \u00a0gran \u00a0luz (cf. <i>Is<\/i> 8, 23-9, 1), la luz de Cristo y de su Evangelio (cf. <i>Mt<\/i> 4, 12-16).<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino &#8220;evangelio&#8221;, en tiempos de Jes\u00fas, lo usaban los emperadores romanos para sus proclamas. Independientemente de su contenido, se defin\u00edan &#8220;buenas nuevas&#8221;, es decir, anuncios de salvaci\u00f3n, porque el emperador era considerado el se\u00f1or del mundo, y sus edictos, buenos presagios. Por eso, aplicar esta palabra a la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas asumi\u00f3 un sentido fuertemente cr\u00edtico, como para decir:\u00a0 Dios, no el emperador, es el Se\u00f1or del mundo, y el verdadero Evangelio es el de Jesucristo.<\/p>\n<p>La &#8220;buena nueva&#8221; que Jes\u00fas proclama se resume en estas palabras:\u00a0 &#8220;El reino de Dios \u2014o reino de los cielos\u2014 est\u00e1 cerca&#8221; (<i>Mt<\/i> 4, 17; <i>Mc<\/i> 1, 15). \u00bfQu\u00e9 significa esta expresi\u00f3n? Ciertamente, no indica un reino terreno, delimitado en el espacio y en el tiempo; anuncia que Dios es quien reina, que Dios es el Se\u00f1or, y que su se\u00f1or\u00edo est\u00e1 presente, es actual, se est\u00e1 realizando.<\/p>\n<p>Por tanto, la novedad del mensaje de Cristo es que <i>en \u00e9l <\/i>Dios se ha hecho cercano, que ya reina en medio de nosotros, como lo demuestran los milagros y las curaciones que realiza. Dios reina en el mundo mediante su Hijo hecho hombre y con la fuerza del Esp\u00edritu Santo, al que se le llama &#8220;dedo de Dios&#8221; (cf. <i>Lc<\/i> 11, 20). El Esp\u00edritu creador infunde vida donde llega Jes\u00fas, y los hombres quedan curados de las enfermedades del cuerpo y del esp\u00edritu. El se\u00f1or\u00edo de Dios se manifiesta entonces en la curaci\u00f3n integral del hombre. De este modo Jes\u00fas quiere revelar el rostro del verdadero Dios, el Dios cercano, lleno de misericordia hacia todo ser humano; el Dios que nos da la vida en abundancia, su misma vida. En consecuencia, el reino de Dios es la vida que triunfa sobre la muerte, la luz de la verdad que disipa las tinieblas de la ignorancia y de la mentira.<\/p>\n<p>Pidamos a Mar\u00eda sant\u00edsima que obtenga siempre para la Iglesia la misma pasi\u00f3n por el reino de Dios que anim\u00f3 la misi\u00f3n de Jesucristo:\u00a0 pasi\u00f3n por Dios, por su se\u00f1or\u00edo de amor y de vida; pasi\u00f3n por el hombre, encontr\u00e1ndolo de verdad con el deseo de darle el tesoro m\u00e1s valioso:\u00a0 el amor de Dios, su Creador y Padre.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Los_Apostoles_testigos_y_enviados_de_Cristo\">Catequesis: Los Ap\u00f3stoles testigos y enviados de Cristo<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>Audiencia general, 22-03-2006<\/p>\n<p>La carta a los Efesios nos presenta a la Iglesia como un edificio construido &#8220;sobre el cimiento de los ap\u00f3stoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo&#8221; (<i>Ef<\/i> 2, 20). En el Apocalipsis, el papel de los Ap\u00f3stoles, y m\u00e1s espec\u00edficamente de los Doce, se aclara en la perspectiva escatol\u00f3gica de la Jerusal\u00e9n celestial, presentada como una ciudad cuyas murallas &#8220;se asientan sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce Ap\u00f3stoles del Cordero&#8221; (<i>Ap<\/i> 21, 14). Los Evangelios concuerdan al referir que la llamada de los Ap\u00f3stoles marc\u00f3 los primeros pasos del ministerio de Jes\u00fas, despu\u00e9s del bautismo recibido del Bautista en las aguas del Jord\u00e1n.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el relato de san Marcos (cf. <i>Mc<\/i> 1, 16-20) y san Mateo (cf. <i>Mt<\/i> 4, 18-22), el escenario de la llamada de los primeros Ap\u00f3stoles es el lago de Galilea. Jes\u00fas acaba de comenzar la predicaci\u00f3n del reino de Dios, cuando su mirada se fija en dos pares de hermanos:\u00a0 Sim\u00f3n y Andr\u00e9s, Santiago y Juan. Son pescadores, dedicados a su trabajo diario. Echan las redes, las arreglan. Pero los espera otra pesca. Jes\u00fas los llama con decisi\u00f3n y ellos lo siguen con prontitud:\u00a0 de ahora en adelante ser\u00e1n &#8220;pescadores de hombres&#8221; (<i>Mc<\/i> 1, 17; <i>Mt <\/i>4, 19).<\/p>\n<p>San Lucas, aunque sigue la misma tradici\u00f3n, tiene un relato m\u00e1s elaborado (cf. <i>Lc<\/i> 5, 1-11). Muestra el camino de fe de los primeros disc\u00edpulos, precisando que la invitaci\u00f3n al seguimiento les llega despu\u00e9s de haber escuchado la primera predicaci\u00f3n de Jes\u00fas y de haber asistido a los primeros signos prodigiosos realizados por \u00e9l. En particular, la pesca milagrosa constituye el contexto inmediato y brinda el s\u00edmbolo de la misi\u00f3n de pescadores de hombres, encomendada a ellos. El destino de estos &#8220;llamados&#8221;, de ahora en adelante, estar\u00e1 \u00edntimamente unido al de Jes\u00fas. El ap\u00f3stol es un enviado, pero, ante todo, es un &#8220;experto&#8221; de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El evangelista san Juan pone de relieve precisamente este aspecto desde el primer encuentro de Jes\u00fas con sus futuros Ap\u00f3stoles. Aqu\u00ed el escenario es diverso. El encuentro tiene lugar en las riberas del Jord\u00e1n. La presencia de los futuros disc\u00edpulos, que como Jes\u00fas hab\u00edan venido de Galilea para vivir la experiencia del bautismo administrado por Juan, arroja luz sobre su mundo espiritual.<\/p>\n<p>Eran hombres que esperaban el reino de Dios, deseosos de conocer al Mes\u00edas, cuya venida se anunciaba como inminente. Les basta la indicaci\u00f3n de Juan Bautista, que se\u00f1ala a Jes\u00fas como el Cordero de Dios (cf. <i>Jn<\/i> 1, 36), para que surja en ellos el deseo de un encuentro personal con el Maestro. Las palabras del di\u00e1logo de Jes\u00fas con los primeros dos futuros Ap\u00f3stoles son muy expresivas. A la pregunta:\u00a0 &#8220;\u00bfQu\u00e9 busc\u00e1is?&#8221;; ellos contestan con otra pregunta:\u00a0 &#8220;Rabb\u00ed\u00a0\u2014que quiere decir &#8220;Maestro&#8221;\u2014, \u00bfd\u00f3nde vives?&#8221;. La respuesta de Jes\u00fas es una invitaci\u00f3n:\u00a0 &#8220;Venid y lo ver\u00e9is&#8221; (cf.<i> Jn<\/i> 1, 38-39). Venid para que pod\u00e1is ver.<\/p>\n<p>La aventura de los Ap\u00f3stoles comienza as\u00ed, como un encuentro de personas que se abren rec\u00edprocamente. Para los disc\u00edpulos comienza un conocimiento directo del Maestro. Ven d\u00f3nde vive y empiezan a conocerlo. En efecto, no deber\u00e1n ser anunciadores de una idea, sino testigos de una persona. Antes de ser enviados a evangelizar, deber\u00e1n &#8220;estar&#8221; con Jes\u00fas (cf. <i>Mc<\/i> 3, 14), entablando con \u00e9l una relaci\u00f3n personal. Sobre esta base, la evangelizaci\u00f3n no ser\u00e1 m\u00e1s que un anuncio de lo que se ha experimentado y una invitaci\u00f3n a entrar en el misterio de la comuni\u00f3n con Cristo (cf.<i>\u00a01 Jn<\/i> 1, 3).<\/p>\n<p>\u00bfA qui\u00e9n ser\u00e1n enviados los Ap\u00f3stoles? En el evangelio, Jes\u00fas parece limitar su misi\u00f3n s\u00f3lo a Israel:\u00a0 &#8220;No he sido enviado m\u00e1s que a las ovejas perdidas de la casa de Israel&#8221; (<i>Mt<\/i> 15, 24). De modo an\u00e1logo, parece circunscribir la misi\u00f3n encomendada a los Doce:\u00a0 &#8220;A estos Doce envi\u00f3 Jes\u00fas, despu\u00e9s de darles estas instrucciones:\u00a0 &#8220;No tom\u00e9is camino de gentiles ni entr\u00e9is en ciudad de samaritanos; dirig\u00edos m\u00e1s bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel&#8221;&#8221; (<i>Mt<\/i> 10,\u00a05-6).<\/p>\n<p>Cierta cr\u00edtica moderna de inspiraci\u00f3n racionalista hab\u00eda visto en estas expresiones la falta de una conciencia universalista del Nazareno. En realidad, se deben comprender a la luz de su relaci\u00f3n especial con Israel, comunidad de la Alianza, en la continuidad de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la espera mesi\u00e1nica, las promesas divinas, dirigidas inmediatamente a Israel, se cumplir\u00edan cuando Dios mismo, a trav\u00e9s de su Elegido, reunir\u00eda a su pueblo como hace un pastor con su reba\u00f1o:\u00a0 &#8220;Yo vendr\u00e9 a salvar a mis ovejas para que no est\u00e9n m\u00e1s expuestas al pillaje (&#8230;). Yo suscitar\u00e9 para pon\u00e9rselo al frente un solo pastor que las apacentar\u00e1, mi siervo David:\u00a0 \u00e9l las apacentar\u00e1 y ser\u00e1 su pastor. Yo, el Se\u00f1or, ser\u00e9 su Dios, y mi siervo David ser\u00e1 pr\u00edncipe en medio de ellos&#8221; (<i>Ez<\/i> 34, 22-24).<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el pastor escatol\u00f3gico, que re\u00fane a \u00a0las ovejas perdidas de la casa de Israel y va en busca de ellas, porque las conoce y las ama (cf. <i>Lc<\/i> 15, 4-7 y <i>Mt<\/i>\u00a018, 12-14; cf. tambi\u00e9n la figura del buen pastor en <i>Jn<\/i> 10, 11 ss). A trav\u00e9s de esta &#8220;reuni\u00f3n&#8221; el reino de Dios se anuncia a todas las naciones:\u00a0 &#8220;Manifestar\u00e9 yo mi gloria entre las naciones, y todas las naciones ver\u00e1n el juicio que voy a ejecutar y la mano que pondr\u00e9 sobre ellos&#8221; (<i>Ez<\/i> 39, 21). Y Jes\u00fas sigue precisamente esta l\u00ednea prof\u00e9tica. El primer paso es la &#8220;reuni\u00f3n&#8221; del pueblo de Israel, para que as\u00ed todas las naciones llamadas a congregarse en la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or puedan ver y creer.<\/p>\n<p>De este modo, los Doce, elegidos para participar en la misma misi\u00f3n de Jes\u00fas, cooperan con el Pastor de los \u00faltimos tiempos, yendo ante todo tambi\u00e9n ellos a las ovejas perdidas de la casa de Israel,\u00a0es decir,\u00a0dirigi\u00e9ndose al pueblo de la promesa, cuya reuni\u00f3n es el signo de salvaci\u00f3n para todos los pueblos, el inicio de la universalizaci\u00f3n de la Alianza.<\/p>\n<p>Lejos de contradecir la apertura universalista de la acci\u00f3n mesi\u00e1nica del Nazareno, la limitaci\u00f3n inicial a Israel de su misi\u00f3n y de la de los Doce se transforma as\u00ed en el signo prof\u00e9tico m\u00e1s eficaz. Despu\u00e9s de la pasi\u00f3n y la resurrecci\u00f3n de Cristo, ese signo quedar\u00e1 esclarecido:\u00a0 el car\u00e1cter universal de la misi\u00f3n de los Ap\u00f3stoles se har\u00e1 expl\u00edcito. Cristo enviar\u00e1 a los Ap\u00f3stoles &#8220;a todo el mundo&#8221; (<i>Mc<\/i> 16, 15), a &#8220;todas las naciones&#8221; (<i>Mt<\/i> 28, 19; <i>Lc<\/i> 24, 47), &#8220;hasta los confines de la tierra&#8221; (<i>Hch<\/i> 1, 8).<\/p>\n<p>Y esta misi\u00f3n contin\u00faa. Contin\u00faa siempre el mandato del Se\u00f1or de congregar a los pueblos en la unidad de su amor. Esta es nuestra esperanza y este es tambi\u00e9n nuestro mandato:\u00a0 contribuir a esta universalidad, a esta verdadera unidad en la riqueza de las culturas, en comuni\u00f3n con nuestro verdadero Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n<h3><span id=\"Homilia_La_conversion_y_la_penitencia_son_fundamentales\">Homil\u00eda: La conversi\u00f3n y la penitencia son fundamentales<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>CONCELEBRACI\u00d3N EUCAR\u00cdSTICA CON LOS MIEMBROS DE LA PONTIFICIA COMISI\u00d3N B\u00cdBLICA<br \/>\nCapilla Paulina (15-04-2010)<\/p>\n<p>[&#8230;] Reflexionemos tambi\u00e9n sobre otro vers\u00edculo: Cristo, el Salvador, concedi\u00f3 a Israel la conversi\u00f3n y el perd\u00f3n de los pecados (<i>ib<\/i>., v. 31) \u2014en el texto griego el t\u00e9rmino es <i>metanoia<\/i>\u2014, concedi\u00f3 la penitencia y el perd\u00f3n de los pecados. Para m\u00ed, se trata de una observaci\u00f3n muy importante: la penitencia es una gracia. Existe una tendencia en ex\u00e9gesis que dice: Jes\u00fas en Galilea anunci\u00f3 una gracia sin condici\u00f3n, totalmente incondicional; por tanto, tambi\u00e9n sin penitencia, gracia como tal, sin condiciones humanas previas. Pero esta es una falsa interpretaci\u00f3n de la gracia. La penitencia es gracia; es una gracia que reconozcamos nuestro pecado, es una gracia que reconozcamos que tenemos necesidad de renovaci\u00f3n, de cambio, de una trasformaci\u00f3n de nuestro ser. Penitencia, poder hacer penitencia, es el don de la gracia. Y debo decir que nosotros, los cristianos, tambi\u00e9n en los \u00faltimos tiempos, con frecuencia hemos evitado la palabra penitencia, nos parec\u00eda demasiado dura. Ahora, bajo los ataques del mundo que nos hablan de nuestros pecados, vemos que poder hacer penitencia es gracia. Y vemos que es necesario hacer penitencia, es decir, reconocer lo que en nuestra vida hay de equivocado, abrirse al perd\u00f3n, prepararse al perd\u00f3n, dejarse transformar. El dolor de la penitencia, es decir, de la purificaci\u00f3n, de la transformaci\u00f3n, este dolor es gracia, porque es renovaci\u00f3n, es obra de la misericordia divina. Estas dos cosas que dice san Pedro \u2014penitencia y perd\u00f3n\u2014 corresponden al inicio de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas: <i>metanoeite<\/i>, es decir, convert\u00edos (cf. <i>Mc<\/i> 1, 15). Por lo tanto, este es el punto fundamental: la <i>metanoia<\/i> no es algo privado, que parecer\u00eda sustituido por la gracia, sino que la <i>metanoia<\/i> es la llegada de la gracia que nos trasforma.<\/p>\n<h3><span id=\"Lectio_Divina_Sigueme\">Lectio Divina: S\u00edgueme<\/span><\/h3>\n<p class='refHomilia'>VISITA AL PONTIFICIO SEMINARIO ROMANO MAYOR CON OCASI\u00d3N DE LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LA CONFIANZA.<br \/>\nCapilla del Seminario (04-03-2011)<\/p>\n<p>Entramos ahora en el tema central de nuestra meditaci\u00f3n, al encontrar una palabra que nos impresiona de modo especial: la palabra \u00abllamada\u00bb, \u00abvocaci\u00f3n\u00bb. San Pablo escribe: \u00abcomportaos como pide la <i>llamada<\/i> \u2014de la \u03ba\u03bb\u03ae\u03c3\u03b9\u03c2\u2014 que hab\u00e9is recibido\u00bb (<i>ib.<\/i>). Y poco despu\u00e9s la repetir\u00e1 al afirmar que \u00abuna sola es la esperanza a la que hab\u00e9is sido <i>llamados<\/i>, la de vuestra <i>vocaci\u00f3n<\/i>\u00bb (v. 4). Aqu\u00ed, en este caso, se trata de la vocaci\u00f3n com\u00fan de todos los cristianos, es decir, de la vocaci\u00f3n bautismal: la llamada a ser de Cristo y a vivir en \u00e9l, en su cuerpo. Dentro de esta palabra se halla inscrita una experiencia, en ella resuena el eco de la experiencia de los primeros disc\u00edpulos, que conocemos por los Evangelios: cuando Jes\u00fas pas\u00f3 por la orilla del lago de Galilea y llam\u00f3 a Sim\u00f3n y Andr\u00e9s, luego a Santiago y Juan (cf. <i>Mc<\/i> 1, 16-20). Y antes a\u00fan, junto al r\u00edo Jord\u00e1n, despu\u00e9s del bautismo, cuando, d\u00e1ndose cuenta de que Andr\u00e9s y el otro disc\u00edpulo lo segu\u00edan, les dijo: \u00abVenid y ver\u00e9is\u00bb (<i>Jn<\/i> 1, 39). La vida cristiana comienza con una llamada y es siempre una respuesta, hasta el final. Eso es as\u00ed, tanto en la dimensi\u00f3n del creer como en la del obrar: tanto la fe como el comportamiento del cristiano son correspondencia a la gracia de la vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>He hablado de la llamada de los primeros Ap\u00f3stoles, pero con la palabra \u00abllamada\u00bb pensamos sobre todo en la Madre de todas las llamadas, en Mar\u00eda sant\u00edsima, la elegida, la Llamada por excelencia. El icono de la Anunciaci\u00f3n a Mar\u00eda representa mucho m\u00e1s que ese episodio evang\u00e9lico particular, por m\u00e1s fundamental que sea: contiene todo el misterio de Mar\u00eda, toda su historia, su ser; y, al mismo tiempo, habla de la Iglesia, de su esencia de siempre, al igual que de cada creyente en Cristo, de cada alma cristiana llamada.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto, debemos tener presente que no hablamos de personas del pasado. Dios, el Se\u00f1or, nos ha llamado a cada uno de nosotros; cada uno ha sido llamado por su propio nombre. Dios es tan grande que tiene tiempo para cada uno de nosotros, me conoce, nos conoce a cada uno por nombre, personalmente. Cada uno de nosotros ha recibido una llamada personal. Creo que debemos meditar muchas veces este misterio: Dios, el Se\u00f1or, me ha llamado a m\u00ed, me llama a m\u00ed, me conoce, espera mi respuesta como esperaba la respuesta de Mar\u00eda, como esperaba la respuesta de los Ap\u00f3stoles. Dios me llama: este hecho deber\u00eda impulsarnos a estar atentos a la voz de Dios, atentos a su Palabra, a su llamada a m\u00ed, a fin de responder, a fin de realizar esta parte de la historia de la salvaci\u00f3n para la que me ha llamado a m\u00ed.<\/p>\n<p>En este texto, adem\u00e1s, san Pablo nos indica algunos elementos concretos de esta respuesta con cuatro palabras: \u00abhumildad\u00bb, \u00abmansedumbre\u00bb, \u00abmagnanimidad\u00bb y \u00absobrellev\u00e1ndoos mutuamente con amor\u00bb\u2026<\/p>\n<p>[&#8230;] Ahora demos un paso m\u00e1s. Despu\u00e9s de la palabra \u00abllamada\u00bb sigue la dimensi\u00f3n eclesial. Hemos hablado ahora de la vocaci\u00f3n como de una llamada muy personal: Dios me llama, me conoce, espera mi respuesta personal. Pero, al mismo tiempo, la llamada de Dios es una llamada en comunidad, es una llamada eclesial. Dios nos llama en una comunidad. Es verdad que en este pasaje que estamos meditando no aparece la palabra \u03b5\u03ba\u03ba\u03bb\u03b7\u03c3\u03af\u03b1, la palabra \u00abIglesia\u00bb<i>, <\/i>pero s\u00ed est\u00e1 muy presente la realidad. San Pablo habla de un Esp\u00edritu y un cuerpo. El Esp\u00edritu se crea el cuerpo y nos une como un \u00fanico cuerpo. Y luego habla de la unidad, habla de la cadena del ser, del v\u00ednculo de la paz. Con esta palabra alude a la palabra \u00abprisionero\u00bb del comienzo. Siempre es la misma palabra: \u00abyo estoy en cadenas\u00bb, \u00abme hallo en cadenas\u00bb, pero detr\u00e1s de ella est\u00e1 la gran cadena invisible, liberadora, del amor. Nosotros estamos en este v\u00ednculo de la paz que es la Iglesia; es el gran v\u00ednculo que nos une con Cristo. Tal vez tambi\u00e9n debemos meditar personalmente en este punto: estamos llamados personalmente, pero estamos llamados en un cuerpo. Y este cuerpo no es algo abstracto, sino muy real\u2026<\/p>\n<p>[&#8230;]<\/p>\n<p>Ahora podemos dar un nuevo paso. Si nos preguntamos cu\u00e1l es el sentido profundo de este uso de la palabra \u00abllamada\u00bb, vemos que es una de las dos puertas que se abren sobre el misterio trinitario. Hasta ahora hemos hablado del misterio de la Iglesia, del \u00fanico Dios, pero se nos presenta tambi\u00e9n el misterio trinitario. Jes\u00fas es el mediador de la llamada del Padre que se realiza en el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n cristiana no puede menos de tener una forma trinitaria, tanto a nivel de cada persona como a nivel de comunidad eclesial. Todo el misterio de la Iglesia est\u00e1 animado por el dinamismo del Esp\u00edritu Santo, que es un dinamismo vocacional en sentido amplio y perenne, a partir de Abraham, el primero que escuch\u00f3 la llamada de Dios y respondi\u00f3 con la fe y con la acci\u00f3n (cf. <i>Gn <\/i>12, 1-3); hasta el \u00abHeme aqu\u00ed\u00bb de Mar\u00eda, reflejo perfecto del \u00abHeme aqu\u00ed\u00bb del Hijo de Dios en el momento en que acoge la llamada del Padre a venir al mundo (cf. <i>Hb<\/i> 10, 5-7). As\u00ed, en el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb de la Iglesia \u2014como dir\u00eda santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas\u2014 la llamada de cada cristiano es un misterio trinitario: el misterio del encuentro con Jes\u00fas, con la Palabra hecha carne, mediante la cual Dios Padre nos llama a la comuni\u00f3n consigo y, por esto, nos quiere dar su Esp\u00edritu Santo; y precisamente gracias al Esp\u00edritu podemos responder a Jes\u00fas y al Padre de modo aut\u00e9ntico, dentro de una relaci\u00f3n real, filial. Sin el soplo del Esp\u00edritu Santo la vocaci\u00f3n cristiana sencillamente no se explica, pierde su linfa vital.<\/p>\n<p>Y, finalmente, el \u00faltimo pasaje. La forma de la unidad seg\u00fan el Esp\u00edritu requiere, como he dicho, la imitaci\u00f3n de Jes\u00fas, la configuraci\u00f3n con \u00e9l en sus comportamientos concretos. Como hemos meditado, el Ap\u00f3stol escribe: \u00abCon toda humildad, mansedumbre y magnanimidad, sobrellev\u00e1ndoos mutuamente con amor\u00bb, y a\u00f1ade que la unidad del esp\u00edritu se debe conservar \u00abcon el v\u00ednculo de la paz\u00bb (<i>Ef<\/i> 4, 2-3).<\/p>\n<p>La unidad de la Iglesia no deriva de un \u00abmolde\u00bb impuesto desde el exterior, sino que es fruto de una concordia, de un compromiso com\u00fan de comportarse como Jes\u00fas, con la fuerza de su Esp\u00edritu.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Uso_liturgico_de_este_texto_Homilias\">Uso lit\u00fargico de este texto (Homil\u00edas)<\/span><\/h1>\n<ul>\n<li><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/homilias-ciclo-b_semana-03_tiempo-ordinario_dia-01-domingo\/\"><b>Domingo III del Tiempo Ordinario (Ciclo B)<\/b><\/a><\/li>\n<li>Lunes I del Tiempo Ordinario<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>14 Despu\u00e9s de que Juan fue entregado, Jes\u00fas se march\u00f3 a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; 15 dec\u00eda: \u00abSe ha cumplido el tiempo y est\u00e1 cerca el reino de Dios. Convert\u00edos y creed en el Evangelio\u00bb. 16 Pasando junto al mar de Galilea, vio a Sim\u00f3n y a Andr\u00e9s, el hermano de Sim\u00f3n, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-14-20-dejaron-sus-redes-y-le-siguieron\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMc 1, 14-20: Dejaron sus redes y le siguieron\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41368","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41368","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41368"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41368\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41368"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41368"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41368"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}