{"id":41371,"date":"2016-10-07T23:30:16","date_gmt":"2016-10-08T04:30:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-40-45-jesus-en-galilea-curacion-de-un-leproso\/"},"modified":"2016-10-07T23:30:16","modified_gmt":"2016-10-08T04:30:16","slug":"mc-1-40-45-jesus-en-galilea-curacion-de-un-leproso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-40-45-jesus-en-galilea-curacion-de-un-leproso\/","title":{"rendered":"Mc 1, 40-45: Jes\u00fas en Galilea: curaci\u00f3n de un leproso"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">40<\/span> Se le acerca un leproso, suplic\u00e1ndole de rodillas: \u00abSi quieres, puedes limpiarme\u00bb. <span class=\"versiculo\">41<\/span> Compadecido, extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3 diciendo: \u00abQuiero: queda limpio\u00bb. <span class=\"versiculo\">42<\/span> La lepra se le quit\u00f3 inmediatamente y qued\u00f3 limpio. <span class=\"versiculo\">43<\/span> \u00c9l lo despidi\u00f3, encarg\u00e1ndole severamente: <span class=\"versiculo\">44<\/span> \u00abNo se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificaci\u00f3n lo que mand\u00f3 Mois\u00e9s, para que les sirva de testimonio\u00bb. <span class=\"versiculo\">45<\/span> Pero cuando se fue, empez\u00f3 a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jes\u00fas ya no pod\u00eda entrar abiertamente en ning\u00fan pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun as\u00ed acud\u00edan a \u00e9l de todas partes. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<h1><span id=\"Catena_Aurea_comentarios_de_los_Padres_de_la_Iglesia_por_versiculos\">Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por vers\u00edculos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"Beda\">Beda<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"comentario\">40. <\/span>Despu\u00e9s de ser reducida a silencio la lengua de serpiente de los demonios, y despu\u00e9s de ser curada de la fiebre la mujer primeramente seducida, fue curado de la lepra de su error aquel hombre que por las palabras de su mujer se dej\u00f3 llevar al mal, a fin de que existiese el mismo orden en la restauraci\u00f3n del Se\u00f1or y en la ca\u00edda de los dos primeros seres formados de barro. &#8220;Vino tambi\u00e9n a El, contin\u00faa, un leproso a pedirle favor&#8221;.<\/p>\n<p>Dice el Se\u00f1or: &#8220;No he venido a destruir la ley, sino a darle cumplimiento&#8221;. De este modo, al haber curado por el poder de Dios a aquel que como leproso estaba excluido de la ley, anunci\u00f3 que la gracia, que pudo lavar la mancha del leproso, no estaba en la ley, sino sobre ella. Y en verdad que as\u00ed como se declara en el Se\u00f1or la autoridad de la potestad, as\u00ed tambi\u00e9n se declara en aqu\u00e9l la constancia de la fe. &#8220;E hinc\u00e1ndose de rodillas, le dijo: Se\u00f1or, si T\u00fa quieres, puedes limpiarme&#8221;. El se arrodilla cayendo sobre su faz, lo que es se\u00f1al de humildad y verg\u00fcenza, para que cada cual se averg\u00fcence de las manchas de su vida. Pero esta verg\u00fcenza no impide su confesi\u00f3n; muestra la llaga y pide el remedio. Ya la misma confesi\u00f3n est\u00e1 llena de piedad y de fe. Si quieres, dice, puedes. Esto es, puso la potestad en la voluntad del Se\u00f1or.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">41. <\/span>No dud\u00f3 de la voluntad de Dios como cualquier imp\u00edo, sino como aquel que sabe lo indigno que es por las manchas que lo afean. &#8220;Jes\u00fas, compadecido de \u00e9l, extendi\u00f3 la mano, y toc\u00e1ndole, le dice: Quiero: s\u00e9 limpiado&#8221;.<\/p>\n<p>Lo toc\u00f3 tambi\u00e9n para probar que no pod\u00eda contaminarse el que libraba a los otros. Es de admirar, al mismo tiempo, que lo cur\u00f3 del mismo modo como \u00e9ste le hab\u00eda rogado: &#8220;Si t\u00fa quieres, dijo el leproso, puedes curarme&#8221;. &#8220;Quiero&#8221;, contest\u00f3 Cristo, he aqu\u00ed la voluntad. &#8220;S\u00e9 curado&#8221;, he aqu\u00ed el efecto de la piedad.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">42-43. <\/span>No hay mediaci\u00f3n, pues, entre la obra de Dios y el mandato, porque en el mandato est\u00e1 la obra (Sal 148,4): dijo, pues, y todo fue hecho.<br \/>\n&#8220;Y Jes\u00fas le despach\u00f3 luego conmin\u00e1ndole y dici\u00e9ndole: Mira que no lo digas a nadie&#8221;.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">44. <\/span>Para que viera con toda evidencia el sacerdote que hab\u00eda sido curado no por orden de la ley, sino por gracia de Dios que est\u00e1 sobre ella.<br \/>\n&#8220;Y ofrece por tu curaci\u00f3n lo que tiene Mois\u00e9s ordenado, para que esto les sirva de testimonio&#8221;.<\/p>\n<p>Pero si alguno se admira de que el Se\u00f1or aprobase el sacrificio jud\u00edo, no recibido por la Iglesia, tenga presente que a\u00fan no hab\u00eda ofrecido su holocausto en la pasi\u00f3n. Pues no conven\u00eda mostrar la fuerza significativa de los sacrificios antes que aquel que hab\u00eda sido anunciado fuese confirmado por el testimonio de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica y de la fe de los pueblos creyentes.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">45a. <\/span>La perfecta salud de uno solo conduce a multitud de gentes hacia el Se\u00f1or. &#8220;De modo que, prosigue, ya no pod\u00eda Jes\u00fas entrar manifiestamente en la ciudad, sino que andaba fuera por lugares solitarios&#8221;.<\/p>\n<p>Extendida verdaderamente la mano del Salvador, esto es, encarnado el Verbo de Dios y tocando a la naturaleza humana, purifica a \u00e9sta de los diversos y antiguos errores.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">45b. <\/span>Despu\u00e9s de realizado el milagro en la ciudad, el Se\u00f1or se retira al desierto para manifestar que prefiere la vida tranquila y separada de las preocupaciones del mundo, y que por esta preferencia se consagra al cuidado de sanar los cuerpos.<\/p>\n<h2><span id=\"Teofilacto\">Teofilacto<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"comentario\">41. <\/span>No dijo: Si rogares a Dios, sino: Si quieres, como crey\u00e9ndolo Dios mismo.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">44-45. <\/span>Le manda que d\u00e9 lo que ten\u00edan costumbre de dar los que eran purificados. Con ello demuestra que, en vez de oponerse a la ley, la confirma m\u00e1s, puesto que El mismo guarda sus preceptos.<\/p>\n<p>Aunque el Se\u00f1or se lo prohibi\u00f3, el leproso divulg\u00f3 el beneficio. &#8220;Mas aquel hombre, dice, as\u00ed que se fue, comenz\u00f3 a hablar de su curaci\u00f3n y a publicarla por todas partes&#8221;. Conviene que el favorecido sea agradecido y d\u00e9 las gracias, aunque no necesite de ello el bienhechor.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Jeronimo\">San Jer\u00f3nimo<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"comentario\">41. <\/span>No se debe entender y leer: quiero curar, como lo entiende la mayor parte de los latinos, sino separadamente, esto es, diciendo primero quiero, y mandando despu\u00e9s s\u00e9 curado.<\/p>\n<p>En sentido m\u00edstico, nuestra lepra es el pecado del primer hombre, en quien empez\u00f3 cuando dese\u00f3 los reinos del mundo. Porque la ra\u00edz de todos los males es la codicia (1Tim 6,10) siendo un ejemplo de ello Giezi, quien se vio cubierto de lepra por haberse dejado dominar de la avaricia (2Re 5,27).<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">44. <\/span>La lepra manifestada al verdadero sacerdote, seg\u00fan el orden de Melquisedec, se limpia con la limosna. Dad limosna, y todo lo bueno ser\u00e1 para vosotros (Lc 11,41). Que Jes\u00fas no pod\u00eda entrar manifiestamente en la ciudad, etc., significa que Jes\u00fas no se manifiesta a todos los que buscan alabanzas en las plazas p\u00fablicas y que sirven a sus propias voluntades. Se manifiesta a los que salen fuera con Pedro y est\u00e1n en lugares des\u00e9rticos, como los que eligi\u00f3 el Se\u00f1or para orar y alimentar al pueblo. Se manifiesta a los que abandonan verdaderamente los placeres del mundo y todo lo que poseen, diciendo: Mi porci\u00f3n es el Se\u00f1or. La gloria del Se\u00f1or se manifiesta verdaderamente a los que vienen de todas partes, por las llanuras y monta\u00f1as, y a quienes nada puede separar de la caridad de Cristo.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Crisostomo_hom_26_sobre_San_Mateo_y_en_la_obra_incompleta_hom_21\">San Juan Cris\u00f3stomo, hom. 26, sobre San Mateo, y en la obra incompleta, hom. 21<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"comentario\">41b. <\/span>Aunque pod\u00eda curar al leproso s\u00f3lo con la palabra, lo toca, porque la ley de Mois\u00e9s dec\u00eda (Lev 22,4-6): &#8220;El que tocase al leproso quedar\u00e1 impuro hasta la noche&#8221;. Con esto quer\u00eda mostrar que esta impureza era seg\u00fan la naturaleza. Y como no se hab\u00eda dictado la ley para El, sino s\u00f3lo para los hombres, y como era El mismo propiamente el Se\u00f1or de la ley, y curaba como Se\u00f1or y no como siervo, toc\u00f3 con raz\u00f3n al leproso, aunque no era necesario el tacto para que se operase la cura.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">42. <\/span>No s\u00f3lo no destruye la creencia del leproso, sino m\u00e1s bien la confirma, puesto que la enfermedad huye de la palabra, y lo que dijo el leproso de palabra, El lo cumpli\u00f3 con la obra. Por esto dice: &#8220;Y acabando de decir esto, al instante desapareci\u00f3 de \u00e9l la lepra&#8221;, etc.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">44. <\/span>&#8220;&#8230; no digas nada a nadie&#8221;. Como si dijera: No es tiempo ahora de publicar mi obra, ni necesito que t\u00fa la divulgues. De este modo nos ense\u00f1a a no buscar la honra entre los hombres como retribuci\u00f3n por nuestras obras. &#8220;Pero ve, prosigue, y pres\u00e9ntate al pr\u00edncipe de los sacerdotes&#8221;. El Salvador lo manda al sacerdote para que testifique la curaci\u00f3n y para que no estuviera m\u00e1s fuera del templo, pudiendo orar en \u00e9l con los dem\u00e1s. Lo mand\u00f3 tambi\u00e9n para cumplir con lo prescrito por la ley, y para acallar la maledicencia de los jud\u00edos. As\u00ed pues, complet\u00f3 la obra mand\u00e1ndoles la prueba de ella.<\/p>\n<p><span class=\"comentario\">45. <\/span>El leproso, pues, publicaba por todas partes la admirable cura, de modo que todos corr\u00edan para ver al que lo hab\u00eda curado y para creer en El. Esto hizo imposible que el Se\u00f1or predicase en las ciudades, teniendo que hacerlo en los desiertos.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_19_Moral_cap_18\">San Gregorio, 19 Moral., cap. 18<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"comentario\">45. <\/span>Pero se pregunta uno con raz\u00f3n c\u00f3mo no pudo permanecer en secreto ni por una hora lo que mand\u00f3 el Se\u00f1or que no se dijera a nadie. Es de notar que se divulg\u00f3 el milagro que hab\u00eda hecho y que mand\u00f3 no decir a nadie, para que sus elegidos sigan el ejemplo dado en esta doctrina, ocultando voluntariamente las grandes cosas que hagan, pero para que sean divulgadas, aunque contra su voluntad, en provecho de los dem\u00e1s. No es que habiendo querido hacer una cosa no pudiese hacerla, sino que como maestro dio un ejemplo de su doctrina sobre lo que deben querer sus disc\u00edpulos, y de lo que aun contra su voluntad debe hacerse.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Agustin_De_cons_Evang_lib_2_cap_19\">San Agust\u00edn, De cons. Evang., lib. 2, cap. 19<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"comentario\">41. <\/span>Lo que dice San Marcos de este leproso curado, hace que por sus muchas coincidencias deba consider\u00e1rsele el mismo de quien San Mateo dice (Mt 5,17) que fue curado despu\u00e9s de que baj\u00f3 el Se\u00f1or de predicar en el monte.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Juan_Crisostomo\">San Juan Cris\u00f3stomo<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_acercase_a_Jesus_con_fe\">Homil\u00eda: acercase a Jes\u00fas con fe.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Homil\u00edas sobre el evangelio de san Mateo, n. 25, 1-2: PG 57, 328-329 (Liturgia de las Horas).<\/p>\n<p><i>Grande es la prudencia y la fe del que se acerca<\/i><\/p>\n<p><i>Se acerc\u00f3 un leproso, diciendo: Se\u00f1or, si quieres, puedes limpiarme. <\/i>Grande es la prudencia y la fe del que se acerca. Pues no interrumpe el discurso ni irrumpe en medio de los oyentes, sino que espera el momento oportuno; se le acerca cuando Cristo ha bajado del monte. Y le ruega no superficialmente, sino con gran fervor, postr\u00e1ndose a sus pies, con fe sincera y con una justa opini\u00f3n de \u00e9l.<\/p>\n<p>Porque no dijo: \u00abSi se lo pides a Dios\u00bb, ni: \u00abSi haces oraci\u00f3n\u00bb, sino: <i>Si quieres, puedes limpiarme. <\/i>Tampoco dijo: \u00abSe\u00f1or, l\u00edmpiame\u00bb; sino que todo lo deja en sus manos, le hace se\u00f1or de su curaci\u00f3n y le reconoce la plenitud de poder. Mas el Se\u00f1or, que muchas veces habl\u00f3 de s\u00ed humildemente y por debajo de lo que a su gloria corresponde, \u00bfqu\u00e9 dice aqu\u00ed para confirmar la opini\u00f3n de quienes contemplaban admirados su autoridad? <i>Quiero: queda limpio. <\/i>Aun cuando hubiera el Se\u00f1or realizado ya tantos y tan estupendos milagros, en ninguna parte hallamos una expresi\u00f3n que se le parezca.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, en cambio, para confirmar la opini\u00f3n que de su autoridad ten\u00eda tanto el pueblo en su totalidad como el leproso, antepuso este: <i>quiero.<\/i> Y no es que lo dijera y luego no lo hiciera, sino que la obra secund\u00f3 inmediatamente a la palabra. Y no se limit\u00f3 a decir: <i>quiero: queda limpio, <\/i>sino que a\u00f1ade: <i>Extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3. <\/i>Lo cual es digno de ulterior consideraci\u00f3n. En efecto, \u00bfpor qu\u00e9 si opera la curaci\u00f3n con la voluntad y la palabra, a\u00f1ade el contacto de la mano? Pienso que lo hizo \u00fanicamente para indicar que \u00e9l no estaba sometido a la ley, sino por encima de la ley, y que en lo sucesivo todo es limpio para los limpios.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or, en efecto, no vino a curar solamente los cuerpos, sino tambi\u00e9n para conducir el alma a la filosof\u00eda. Y as\u00ed como en otra parte afirma que en adelante no est\u00e1 ya prohibido comer sin lavarse las manos \u2014sentando aquella \u00f3ptima ley relativa a la indiferencia de los alimentos\u2014, as\u00ed act\u00faa tambi\u00e9n en este lugar ense\u00f1\u00e1ndonos que lo importante es cuidar del alma y, sin hacer caso de las purificaciones externas, mantener el alma bien limpia, no temiendo otra lepra que la lepra del alma, es decir, el pecado. Jes\u00fas es el primero que toca a un leproso y nadie se lo reprocha.<\/p>\n<p>Y es que aquel tribunal no estaba corrompido ni los espectadores estaban trabajados por la envidia. Por eso, no s\u00f3lo no lo calumniaron, sino que, maravillados ante semejante milagro, se retiraron adorando su poder invencible, patentizado en sus palabras y en sus obras.<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndole, pues, curado el cuerpo, mand\u00f3 el Se\u00f1or al leproso que no lo dijera a nadie, sino que se presentase al sacerdote y ofreciera lo prescrito en la ley. Y no es que lo curase de modo que pudiera subsistir duda alguna sobre su cabal curaci\u00f3n: pero lo encarg\u00f3 severamente no decirlo a nadie, para ense\u00f1arnos a no buscar la ostentaci\u00f3n y la vanagloria. Ciertamente \u00e9l sab\u00eda que el leproso no se iba a callar y que hab\u00eda de hacerse lenguas de su bienhechor; hizo, sin embargo, lo que estaba en su mano.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, Jes\u00fas mand\u00f3 que no exaltaran su persona, sino que dieran gloria a Dios; en la persona de este leproso quiere exhortarnos el Se\u00f1or a que seamos humildes y que huyamos la vanagloria; en la persona de aquel otro leproso, por lo contrario, nos exhorta a ser agradecidos y no echar en olvido los beneficios recibidos. Y en cualquier caso, nos ense\u00f1a a canalizar hacia Dios toda alabanza.<\/p>\n<h2><span id=\"Santa_Teresa_de_Jesus\">Santa Teresa de Jes\u00fas<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Libro_de_la_Vida_Dios_no_abandona_en_la_prueba\">Libro de la Vida: Dios no abandona en la prueba.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">cap. 25, 17-18<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abSi quieres, puedes limpiarme\u00bb (Mc 1, 40)<\/p>\n<p>\u00a1Oh Se\u00f1or m\u00edo, c\u00f3mo sois Vos el amigo verdadero; y como poderoso, cuando  quer\u00e9is pod\u00e9is, y nunca dej\u00e1is de querer si os quieren! \u00a1Alaben os todas las cosas,  Se\u00f1or del mundo! \u00a1Oh, qui\u00e9n diese voces por \u00e9l, para decir cu\u00e1n fiel sois a vuestros  amigos! Todas las cosas faltan; Vos Se\u00f1or de todas ellas, nunca falt\u00e1is.<\/p>\n<p>Poco es lo que dej\u00e1is padecer a quien os ama. \u00a1Oh Se\u00f1or m\u00edo!, \u00a1qu\u00e9 delicada  y pulida y sabrosamente los sab\u00e9is tratar! \u00a1Qui\u00e9n nunca se hubiera detenido en  amar a nadie sino a Vos! Parece, Se\u00f1or, que prob\u00e1is con rigor a quien os ama, para  que en el extremo del trabajo se entienda el mayor extremo de vuestro amor. \u00a1Oh  Dios m\u00edo, qui\u00e9n tuviera entendimiento y letras y nuevas palabras para encarecer  vuestras obras como lo entiende mi alma! F\u00e1ltame todo, Se\u00f1or m\u00edo; mas si Vos no  me desampar\u00e1is, no os faltar\u00e9 yo a Vos&#8230;<\/p>\n<p>Que yo tengo experiencia de la ganancia con que sac\u00e1is a quien s\u00f3lo en Vos  conf\u00eda. Pues estando en esta gran fatiga &#8230;, solas estas palabras bastaban para  quit\u00e1rmela y quietarme del todo: No hayas miedo, hija, que Yo soy y no te  desamparar\u00e9; no temas&#8230; Heme aqu\u00ed con solas estas palabras sosegada, con  fortaleza, con \u00e1nimo, con seguridad, con una quietud y luz que en un punto vi mi  alma hecha otra.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_de_la_Cruz\">San Juan de la Cruz<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Obras_Matas_para_dar_vida\">Obras: Matas para dar vida.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Llama de amor viva, estrofa 2<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abJes\u00fas extendi\u00f3 su mano y lo toc\u00f3\u00bb (Mc 1, 41)<\/p>\n<p>\u00a1Oh divina vida!, nunca matas si no es para dar vida, as\u00ed como nunca llagas si no es para sanar. Llag\u00e1steme para sanarme, \u00a1Oh divina mano!, y mataste en mi lo que me ten\u00eda muerta sin la vida de Dios, en que ahora me veo vivir. Y esto hiciste t\u00fa con la liberalidad de tu general gracia para conmigo en el toque con que me tocaste del resplandor de tu gloria y figura de tu sustancia (Hb1,3), que es tu Unig\u00e9nito Hijo; en el cual, siendo el tu Sabidur\u00eda, tocas fuertemente desde un fin hasta otro fin por su limpieza (Sab 7,24).<\/p>\n<p>\u00a1Oh, pues, t\u00fa, toque delicado, Verbo Hijo de Dios, que por la delicadez de tu ser divino penetras sutilmente la sustancia de mi alma, y, toc\u00e1ndola toda delicadamente, la absorbes toda a ti en divinos modos de suavidades nunca o\u00eddas en la tierra de Cana\u00e1n, ni vistas en Tem\u00e1n (Bar 3,22)! \u00a1Oh, pues, mucho y en grande manera mucho delicado toque del Verbo para m\u00ed, cuanto, habiendo trastornado los montes y quebrantado las piedras en el monte Horeb con la sobra de su poder y fuerza que iba adelante, te diste a sentir al profeta en silbo de aire delgado (1Re 19,11-12)! \u00a1Oh aire delgado!; como eres aire delgado y delicado, di, \u00bfc\u00f3mo tocas delgada y delicadamente, siendo tan terrible y poderoso? \u00a1Oh dichosa y mucho dichosa el alma a quien tocares delgadamente, siendo tan terrible y poderoso! Dilo al mundo, mas no lo digas al mundo, porque no sabe de aire delgado el mundo, y no te sentir\u00e1, porque no te puede recibir ni te puede ver (Jn 14,17), \u00a1Oh, Dios m\u00edo y vida m\u00eda!, sino aquellos te sentir\u00e1n y ver\u00e1n en tu toque que se pusieren en delgado, con viniendo delgado con delgado; a quien tanto m\u00e1s delgadamente tocas, cuanto estando t\u00fa escondido en la ya adelgazada y pulida sustancia de su alma, enajenados ellos de toda criatura y de todo rastro de ella, los escondes a ellos en el escondrijo de tu rostro, que es tu divino Hijo, escondidos, de la conturbaci\u00f3n de los hombres (Sal 30,21).<\/p>\n<h2><span id=\"Santa_Teresa_de_Calcuta\">Santa Teresa de Calcuta<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Carta_Cristo_se_hizo_pobre_y_enfermo\">Carta: Cristo se hizo pobre y enfermo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Carta a sus colaboradoras del 10\/04\/1974.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abConmovido, Jes\u00fas extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3\u00bb (Mc 1,41).<\/p>\n<p>Los pobres tienen sed de agua, pero tambi\u00e9n de paz, de verdad y de justicia. Los pobres est\u00e1n desnudos y necesitan vestidos, pero tambi\u00e9n dignidad humana y compasi\u00f3n por los pecadores. Los pobres no tienen hogar y necesitan un refugio hecho ladrillos, pero tambi\u00e9n un coraz\u00f3n alegre, compasivo y lleno de amor. Est\u00e1n enfermos y necesitan atenci\u00f3n m\u00e9dica, pero tambi\u00e9n una mano caritativa y una sonrisa acogedora. <\/p>\n<p>Los excluidos, los que son rechazados, aquellos que no son amados, los presos, los alcoh\u00f3licos, los moribundos, los que est\u00e1n solos y abandonados, los marginados, los intocables y los leprosos&#8230;,  los que viven en la duda y la confusi\u00f3n, los que no han sido tocados por la luz del Cristo, los hambrientos de la palabra y de la paz de Dios, las almas tristes y afligidas&#8230;, los que son una carga para la sociedad, que han perdido toda esperanza y fe en la vida, los que olvidaron c\u00f3mo sonre\u00edr y los que no saben lo que es recibir un poco de calor humano, un gesto de amor y de amistad &#8211; todos ellos, se vuelven hacia nosotros para recibir un poco de consuelo. Si les damos la espalda, damos la espalda a Cristo.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Buenaventura_doctor_de_la_Iglesia\">San Buenaventura, doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Vida_de_San_Francisco_Es_curado_de_su_miedo_por_un_leproso\">Vida de San Francisco: Es curado de su miedo por un leproso<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Relato de tres compa\u00f1eros de San Francisco de As\u00eds.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abJes\u00fas extendi\u00f3 la mano y le toc\u00f3\u00bb (Mc 1,41).<\/p>\n<p>Un d\u00eda en que Francisco se paseaba a caballo por la llanura cerca de As\u00eds, en su camino encontr\u00f3 a un leproso. Ante este encuentro inesperado, le vino un sentimiento de intenso horror, mas, acord\u00e1ndose de la resoluci\u00f3n que hab\u00eda hecho de vida perfecta y que, antes que nada, deb\u00eda vencerse a s\u00ed mismo si quer\u00eda llegar a ser \u201csoldado de Cristo\u201d (2Tm 2,3), salt\u00f3 del caballo para abrazar al desgraciado. \u00c9ste, que alargaba su mano para recibir una limosna, recibi\u00f3, junto con el dinero, un beso. Despu\u00e9s Francisco volvi\u00f3 a subirse al caballo. Pero sinti\u00f3 ganas de mirar a su alrededor, y ya no vio m\u00e1s al leproso. Lleno de gozo y admiraci\u00f3n, se puso a cantar alabanzas al Se\u00f1or&#8230;<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas m\u00e1s tarde, con gran cantidad de dinero en el bolsillo se dirigi\u00f3 hacia el hospicio de los leprosos y, una vez reunidos todos, les dio a cada uno de ellos una limosna bes\u00e1ndoles las manos. A la vuelta experiment\u00f3 lo que en un principio le resultaba amargo, -ver y tocar a los leprosos-, se le hab\u00eda vuelto dulzura. Antes, la simple vista de los leprosos, como \u00e9l mismo confesaba, le era tan penoso que incluso evitaba ver las casas donde habitaban. Si en alguna ocasi\u00f3n los ve\u00eda o le tocaba pasar cerca de una leproser\u00eda&#8230;volv\u00eda el rostro y se tapaba la nariz. Pero la gracia de Dios le convirti\u00f3 de tal manera que se le hizo familiar y le gustaba convivir con ellos y servirlos, como el mismo reconoce en su testamento. La visita a los leprosos le hab\u00eda transformado. <\/p>\n<p>Se abandon\u00f3 entonces, al esp\u00edritu de pobreza, al gusto por la humildad y a seguir los impulsos de vivir una piedad profunda. Siendo as\u00ed que antes la sola vista de un leproso le sacud\u00eda interiormente de horror, desde aquel momento se puso a prestarles todos los servicios posibles con una despreocupaci\u00f3n total de s\u00ed mismo, siempre humilde y muy humano; y todo ello lo hac\u00eda por Cristo crucificado el cual, seg\u00fan el profeta, le \u201cestimamos leproso\u201d (Is 53,3). A menudo los visitaba y les daba limosnas; despu\u00e9s, movido por la compasi\u00f3n, besaba afectuosamente sus manos y su  rostro. Tambi\u00e9n a los mendigos, no qued\u00e1ndose contento con darles lo que ten\u00eda, hubiera querido darse \u00e9l mismo y, cuando ya no le quedaba m\u00e1s dinero en la mano, les daba sus vestidos, descosi\u00e9ndolos o, a veces, haci\u00e9ndolos pedazos para repart\u00edrselos.<\/p>\n<p>Por esta \u00e9poca peregrin\u00f3 a Roma hasta el sepulcro del ap\u00f3stol Pedro;  cuando vio a los mendigos pululando por el atrio de la bas\u00edlica, movido de compasi\u00f3n tanto como por el amor a la pobreza, escogi\u00f3 a uno de los m\u00e1s miserables, le propuso cambiar sus propios vestidos por los pingajos del mendigo y pas\u00f3 todo el d\u00eda en compa\u00f1\u00eda de los pobres, y el alma llena de un gozo que no hab\u00eda conocido hasta entonces.   <\/p>\n<h2><span id=\"Francisco_papa\">Francisco, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Lumen_Fidei_La_fe_fuerza_que_conforta_en_el_sufrimiento\">Lumen Fidei: La fe, fuerza que conforta en el sufrimiento.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Carta Enc\u00edclica Lumen fidei (La Luz de la fe), nn. 56-57.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abSe le acerc\u00f3 un leproso\u00bb (Mc 1,40).<\/p>\n<p>El cristiano sabe que siempre habr\u00e1 sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor\u2026 La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. \u00a1Cu\u00e1ntos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de As\u00eds, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos. Acerc\u00e1ndose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar raz\u00f3n cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una l\u00e1mpara, gu\u00eda nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. <\/p>\n<p>Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompa\u00f1a, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, \u00ab inici\u00f3 y completa nuestra fe \u00bb (Hb 12,2).<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_Profecia_de_la_Pasion_de_Cristo\">Homil\u00eda: Profec\u00eda de la Pasi\u00f3n de Cristo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Homil\u00eda pronunciada ante los j\u00f3venes.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abJes\u00fas extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3\u00bb (Mc 1,41).<\/p>\n<p>El gesto afectuoso de Jes\u00fas que se acerca a unos leprosos, los reconforta y los cura, tiene su plena y misteriosa expresi\u00f3n en la Pasi\u00f3n. En pleno suplicio y desfigurado por el sudor de sangre, por la flagelaci\u00f3n, por la corona de espinas, por la crucifixi\u00f3n, abandonado por el pueblo que ha olvidado todo los bienes recibidos de \u00e9l, Jes\u00fas en su Pasi\u00f3n se identifica con los leprosos; llega a ser su imagen y su s\u00edmbolo, tal como el profeta Isa\u00edas hab\u00eda tenido la intuici\u00f3n contemplando por anticipado el misterio del Siervo del Se\u00f1or: \u201cNo ten\u00eda belleza ni figura, lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros&#8230; Nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado\u201d (Is 53,2-4). Pero es precisamente de las llagas del cuerpo sufriente de Jes\u00fas y de la fuerza de su resurrecci\u00f3n que brotan la vida y la esperanza para todos los hombres golpeados por el mal y la enfermedad.<\/p>\n<p>La Iglesia ha sido siempre fiel en anunciar la palabra de Cristo unida al gesto concreto de misericordia solidaria para con los m\u00e1s pobres, los \u00faltimos. A lo largo de los siglos ha habido un crecimiento en la entrega conmovedora y extraordinaria en favor de los que viven golpeados por el peso de las enfermedades humanamente m\u00e1s repugnantes. La historia hace relucir el hecho de que los cristianos han sido siempre los primeros en preocuparse del problema de los leprosos. El ejemplo de Cristo ha sido seguido, ha sido fecundo en gestos de solidaridad, de entrega, de generosidad y de caridad desinteresada.   <\/p>\n<h2><span id=\"Isaias_de_Gaza\">Isa\u00edas de Gaza<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Ascetikon_Curacion_por_la_cruz\">Ascetikon: Curaci\u00f3n por la cruz<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"cv\">Logos 8.<\/span> Si nuestro Se\u00f1or Jesucristo no hubiera curado todas las pasiones del hombre, pues para eso hab\u00eda venido, no habr\u00eda subido a la cruz. En efecto, antes de venir nuestro Se\u00f1or en la carne <i>(Timoteo 3,16), <\/i>el hombre estaba cojo, tullido, ciego, sordo, leproso, paral\u00edtico, estaba muerto por todo lo que est\u00e1 en contra de la naturaleza; pero cuando nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas vino, tuvo misericordia y vino por nosotros, resucit\u00f3 al muerto, hizo ver al ciego, hablar al mudo, o\u00edr al sordo, enderez\u00f3 al tullido, hizo andar al cojo, purific\u00f3 al leproso, levant\u00f3 al paral\u00edtico, y resucit\u00f3 al hombre nuevo <i>(Efesios 4,24), <\/i>libre de toda enfermedad, y entonces subi\u00f3 a la cruz. Y suspendieron con \u00c9l a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda&#8230;<\/p>\n<p><span class=\"cv\">Logos 13.<\/span> Son numerosos los signos que realiz\u00f3 Nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas <i>(Juan 20,30). <\/i>Que los ciegos vean es esto: aquel que se fija en la esperanza de este mundo es un ciego, pero si la abandona y atiende a la esperanza venidera <i>(Colosenses 1,5; Hebreos 6,18), <\/i>\u00e9l ve. Asimismo, que los cojos anden es esto: el que busca a Dios y ama la voluntad carnal de su coraz\u00f3n es un cojo, pero si la abandona y ama a Dios con todo su coraz\u00f3n <i>(Mateo 22,37), <\/i>anda. As\u00ed tambi\u00e9n que los sordos oyen es esto: el que est\u00e1 en la distracci\u00f3n es un sordo de la cautividad y el olvido, pero si trabaja con ciencia, oye. Que los leprosos son purificados debe entenderse as\u00ed -pues est\u00e1 escrito en la ley de Mois\u00e9s: <i>&#8220;El impuro no entrar\u00e1 en la casa del Se\u00f1or&#8221; (cfr. Lev\u00edtico 15,31)-: <\/i>cualquiera que tenga enemistad hacia su pr\u00f3jimo, o envidia, u odio o una palabra malvada; pero si lo abandonan, son purificados. En adelante, si el ciego ve, si el cojo anda, si el sordo oye, y si el leproso queda limpio, el hombre que estaba muerto por estas cosas durante su vida de negligencia, resucita y queda renovado en adelante; y evangeliza a sus sentidos, que estaban empobrecidos en las santas virtudes, el que ha visto, el que anduvo, escuch\u00f3 y fue purificado. \u00c9sta es la defensa que expondr\u00e1s a quien te bautiz\u00f3.<\/p>\n<p>El bautismo es esto: mortificaci\u00f3n en humildad y silencio. Pues est\u00e1 escrito sobre Juan: &#8220;Su <i>vestido era de piel de camello, un cintur\u00f3n de piel ce\u00f1\u00eda sus ri\u00f1ones en el desierto&#8221; (Mateo 3,4). <\/i>\u00c9ste es el signo de la mortificaci\u00f3n, lo que da acceso a que el hombre se purifique: si trabaja, se posee a s\u00ed mismo (cfr. <i>Lucas 21,19), y si <\/i>se posee a si mismo, persevera para subir a la cruz.<\/p>\n<p>La cruz es el signo de la inmortalidad, que llegar\u00e1 cuando sea cerrada la boca de los fariseos y de los saduceos <i>(Mateo 22,34); los <\/i>saduceos llevan la imagen de la incredulidad y de la falta de esperanza <i>(Mateo 22,23); los <\/i>fariseos llevan la imagen de la malignidad, de la hipocres\u00eda y de la vanagloria <i>(Mateo 23,2-7), <\/i>seg\u00fan est\u00e1 escrito: <i>&#8220;Nadie se atrevi\u00f3 a interrogar a Jes\u00fas a partir de ese momento&#8221; (Mateo 22,46). <\/i>Entonces envi\u00f3 a Pedro y a Juan para preparar la Pascua <i>(Lucas 22,8). <\/i>Esto es un s\u00edmbolo para nosotros mismos, pues si el esp\u00edritu ve que no est\u00e1 dominado por nada, est\u00e1 preparado para la inmortalidad y juntando sus sentidos los hace un solo cuerpo <i>(1 Corintios 12.12ss) y los <\/i>alimenta, recibiendo ellos de \u00e9l sin distinci\u00f3n.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Uso_liturgico_de_este_texto_Homilias\">Uso lit\u00fargico de este texto (Homil\u00edas)<\/span><\/h1>\n<ul>\n<li><a href=\"homilias-ciclo-b_semana-06_tiempo-ordinario_dia-01-domingo\"><b>Domingo VI Tiempo Ordinario (B)<\/b><\/a><\/li>\n<li>Jueves I Tiempo Ordinario<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>40 Se le acerca un leproso, suplic\u00e1ndole de rodillas: \u00abSi quieres, puedes limpiarme\u00bb. 41 Compadecido, extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3 diciendo: \u00abQuiero: queda limpio\u00bb. 42 La lepra se le quit\u00f3 inmediatamente y qued\u00f3 limpio. 43 \u00c9l lo despidi\u00f3, encarg\u00e1ndole severamente: 44 \u00abNo se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-1-40-45-jesus-en-galilea-curacion-de-un-leproso\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMc 1, 40-45: Jes\u00fas en Galilea: curaci\u00f3n de un leproso\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41371","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41371","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41371"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41371\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41371"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41371"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41371"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}