{"id":41416,"date":"2016-10-07T23:32:01","date_gmt":"2016-10-08T04:32:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-10-46-52-el-ciego-de-jerico-en-marcos\/"},"modified":"2016-10-07T23:32:01","modified_gmt":"2016-10-08T04:32:01","slug":"mc-10-46-52-el-ciego-de-jerico-en-marcos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-10-46-52-el-ciego-de-jerico-en-marcos\/","title":{"rendered":"Mc 10, 46-52: El ciego de Jeric\u00f3 en Marcos"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">46<\/span> Y llegan a Jeric\u00f3. Y al salir \u00e9l con sus disc\u00edpulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. <span class=\"versiculo\">47<\/span> Al o\u00edr que era Jes\u00fas Nazareno, empez\u00f3 a gritar: \u00abHijo de David, Jes\u00fas, ten compasi\u00f3n de m\u00ed\u00bb. <span class=\"versiculo\">48<\/span> Muchos lo increpaban para que se callara. Pero \u00e9l gritaba m\u00e1s: \u00abHijo de David, ten compasi\u00f3n de m\u00ed\u00bb. <span class=\"versiculo\">49<\/span> Jes\u00fas se detuvo y dijo: \u00abLlamadlo\u00bb. Llamaron al ciego, dici\u00e9ndole: \u00ab\u00c1nimo, lev\u00e1ntate, que te llama\u00bb. <span class=\"versiculo\">50<\/span> Solt\u00f3 el manto, dio un salto y se acerc\u00f3 a Jes\u00fas. <span class=\"versiculo\">51<\/span> Jes\u00fas le dijo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres que te haga?\u00bb. El ciego le contest\u00f3: <i>\u00abRabbuni,<\/i> que recobre la vista\u00bb. <span class=\"versiculo\">52<\/span> Jes\u00fas le dijo: \u00abAnda, tu fe te ha salvado\u00bb. Y al momento recobr\u00f3 la vista y lo segu\u00eda por el camino. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_Magno_papa_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_Fijemonos_en_lo_que_pide_el_ciego\">Homil\u00eda: Fij\u00e9monos en lo que pide el ciego.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Homil\u00edas sobre el evangelio, n\u00b02 ; PL 76, 1081.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abGritaba m\u00e1s fuerte\u00bb (Mc 10,48).<\/p>\n<p>\u00abUn mendigo ciego estaba sentado al borde del camino&#8230;\u00bb Con raz\u00f3n la Escritura nos presenta a este ciego al borde del camino y pidiendo limosna, porque el que es la Verdad misma ha dicho: Yo soy el camino. Quien ignora el esplendor de la eterna luz, es ciego. Con todo, si ya cree en el Redentor, entonces ya est\u00e1 sentado a la vera del camino. Esto, sin embargo, no es suficiente. Si deja de orar para recibir la fe y abandona las imploraciones, es un ciego sentado a la vera del camino pero sin pedir limosna. Solamente si cree y, convencido de la tiniebla que le oscurece el coraz\u00f3n, pide ser iluminado, entonces ser\u00e1 como el ciego que estaba sentado en la vera del camino pidiendo limosna. Quienquiera que reconozca las tinieblas de su ceguera, quienquiera que comprenda lo que es esta luz de la eternidad que le falta, invoque desde lo m\u00e1s \u00edntimo de su coraz\u00f3n, grite con todas las energ\u00edas de su alma, diciendo: &#8220;Jes\u00fas, Hijo de David, ten piedad de m\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p>Que todo hombre que sabe que las tinieblas hacen de \u00e9l un ciego&#8230; grite desde  el fondo de su ser: \u00abJes\u00fas, hijo de David, ten misericordia de m\u00ed\u00bb       Pero escucha tambi\u00e9n lo que sigue a los gritos del ciego: \u00ablos que iban  delante lo rega\u00f1aban para que se callara\u00bb (Lc 18,39).<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes son estos? Ellos est\u00e1n ah\u00ed para representar los deseos de nuestra  condici\u00f3n humana en este mundo, los que nos arrastran a la confusi\u00f3n, los vicios  del hombre y el temor, que, con el deseo de impedir nuestro encuentro con Jes\u00fas,  perturban nuestras mentes mediante la siembra de la tentaci\u00f3n y quieren acallar la  voz de nuestro coraz\u00f3n en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En efecto, suele ocurrir con frecuencia  que nuestro deseo de volver de nuevo  a<br \/>\n Dios&#8230; nuestro esfuerzo de alejar nuestros pecados por la oraci\u00f3n, se ven  frustrados por estos: la vigilancia de nuestro esp\u00edritu se relaja al entrar en contacto  con ellos, llenan de confusi\u00f3n  nuestro coraz\u00f3n y ahogan el grito de nuestra oraci\u00f3n  &#8230;<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hizo entonces el ciego para recibir luz a pesar de los obst\u00e1culos? \u00ab\u00c9l  grit\u00f3 m\u00e1s fuerte: Hijo de David, ten compasi\u00f3n de m\u00ed!\u00bb&#8230; ciertamente, cuanto m\u00e1s  nos agobie el desorden de nuestros deseos&#8230; m\u00e1s debemos insistir con nuestra  oraci\u00f3n&#8230; cuanto m\u00e1s nublada est\u00e9 la voz de nuestro coraz\u00f3n, hay que insistir con  m\u00e1s fuerza, hasta dominar el desorden de los pensamientos que nos invaden y  llegar a o\u00eddos fieles del Se\u00f1or. Creo, que cada uno se reconocer\u00e1 en esta imagen:  en el momento en que nos esforzamos por desviarlos de nuestro coraz\u00f3n y  dirigirlos  a Dios&#8230;  suelen ser tan inoportunos y nos hacen tanta fuerza que  debemos combatirlos.  Pero insistiendo vigorosamente en la oraci\u00f3n, haremos  que  Jes\u00fas se pare al pasar. Como dice el Evangelio: &#8220;Jes\u00fas se detuvo y mand\u00f3 que  se lo trajeran&#8221; (v. 40).<\/p>\n<p>Observemos lo que el Se\u00f1or dijo al ciego que se le acerc\u00f3: \u00ab\u00bfqu\u00e9 quieres que haga por ti?\u00bb El que tiene el poder de devolver la vista, \u00bfignoraba lo que quer\u00eda el ciego? Evidentemente, no. Pero \u00c9l desea que le pidamos las cosas, aunque \u00c9l lo sepa de antemano y nos lo vaya a conceder. Nos exhorta a pedir, incluso hasta ser molestos, el que afirma: \u201cvuestro Padre celestial sabe lo que os hace falta, antes de que lo pid\u00e1is\u00bb (Mt 6,8). Si pregunta, es para que se le pida; si pregunta, es para impulsar nuestro coraz\u00f3n a la oraci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Lo que pide el ciego al Se\u00f1or, no es oro, sino luz. No le preocupa solicitar otra cosa m\u00e1s que luz\u2026 Imitemos a este hombre, hermanos muy queridos. No pidamos al Se\u00f1or ni riquezas enga\u00f1osas, ni obsequios de la tierra, ni honores pasajeros, sino luz: No la luz circunscrita por el espacio, limitada por el tiempo, interrumpida por la noche, con la que compartimos la vista con los animales, pidamos esta luz que s\u00f3lo los \u00e1ngeles ven como nosotros,que no tiene principio y ni fin. Sin embargo, el camino para llegar a esta luz, es la fe. Por tanto, con raz\u00f3n el Se\u00f1or responde inmediatamente al ciego que va a recobrar la luz: \u00ab\u00a1Lev\u00e1ntate! Tu fe te ha salvado\u00bb.<\/p>\n<p>[&#8230;] Es tiempo de escuchar lo que fue hecho al ciego que ped\u00eda la vista o, tambi\u00e9n, lo que \u00e9l mismo hizo. Dice todav\u00eda el Evangelio: &#8220;Luego \u00e9l recuper\u00f3 la vista y se puso a seguir a Jes\u00fas&#8221;. Ve y sigue quien realiza el bien que conoci\u00f3; ve pero no sigue aquel que igualmente conoce el bien, pero no se dedica a realizarlo.<\/p>\n<p>Si, pues, hermanos car\u00edsimos, ya conocemos la ceguera de nuestro peregrinar; si, con la fe en el misterio de nuestro Redentor, ya estamos sentados en la vera del camino; si, con una oraci\u00f3n continua, ya pedimos la luz a nuestro creador; si, adem\u00e1s de eso, despu\u00e9s de la ceguera, por el don de la fe que penetra la inteligencia, fuimos iluminados, esforc\u00e9monos por seguir con las obras a aquel Jes\u00fas que conocemos con la inteligencia. Observemos hacia donde el Se\u00f1or se dirige e, imit\u00e1ndolo, sigamos sus pasos. En efecto, s\u00f3lo sigue a Jes\u00fas quien lo imita\u201d.<\/p>\n<h2><span id=\"Guillermo_de_San_Teodorico_monje\">Guillermo de San Teodorico, monje<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Obras_Quiero_ver_tu_rostro\">Obras: Quiero ver tu rostro.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">La contemplaci\u00f3n de Dios, 1- 2.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres que haga por ti?\u00bb (Mc 10,51).<\/p>\n<p>\u201cVenid! Subamos al monte del Se\u00f1or, a la casa del Dios de Jacob, y nos ense\u00f1ar\u00e1  sus caminos\u201d (Is 2,3). Vosotros, las intenciones, deseos intensos, voluntad y  pensamientos, afectos y todas las energ\u00edas del coraz\u00f3n, venid, escalemos el monte,  llegu\u00e9monos al lugar donde el Se\u00f1or ve y se hace ver. Pero vosotros,  preocupaciones, solicitaciones e inquietudes, trabajos y servidumbres, esperadnos  aqu\u00ed&#8230; hasta que, apresur\u00e1ndonos hacia este lugar, regresemos junto a vosotros  despu\u00e9s de haber adorado (cf Gn 22, 5). Porque ser\u00e1 necesario regresar, y  desgraciadamente, demasiado pronto.<\/p>\n<p>Se\u00f1or, Dios de mi fuerza, vu\u00e9lvenos hacia ti, \u201crest\u00e1uranos, que brille tu rostro y nos  salve\u201d (Sal 79,20). Pero, Se\u00f1or, \u00a1cu\u00e1n prematuro, temerario, presuntuoso,  contrario a la norma dada por la palabra de tu verdad y de tu sabidur\u00eda, es  pretender ver a Dios con coraz\u00f3n impuro! Oh bondad soberana, bien supremo, gu\u00eda  de corazones, luz de nuestros ojos interiores, por tu bondad, Se\u00f1or, ten piedad.  \u00a1He aqu\u00ed mi purificaci\u00f3n, mi confianza y mi justicia: la contemplaci\u00f3n de tu bondad,  Se\u00f1or bondadoso! T\u00fa, Dios m\u00edo, dices a mi alma como solo t\u00fa lo sabes hacer: \u201cTu  salvaci\u00f3n soy yo\u201d (Sal 34,3). Rabboni, maestro y aleccionador soberano, t\u00fa, el  \u00fanico doctor capaz de hacerme ver lo que deseo ver, di a este ciego mendigo:  \u201c\u00bfQu\u00e9 quieres que haga por ti?\u201d Y t\u00fa, que me das esta gracia, sabes bien&#8230;, con  qu\u00e9 fuerza mi coraz\u00f3n exclama: \u201cTe he buscado, Se\u00f1or; buscar\u00e9 siempre tu rostro!  No me escondas tu rostro\u201d (Sal 26,8).<\/p>\n<h2><span id=\"Santa_Gertrudis_de_Helfta_monja_benedictina\">Santa Gertrudis de Helfta, monja benedictina<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Ejercicio_Cuando_entrare_en_tu_presencia\">Ejercicio: \u00bfCu\u00e1ndo entrar\u00e9 en tu presencia?<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Ejercicios, n. 6 : SC 127.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abMaestro, que pueda ver\u00bb (Mc 10,51).<\/p>\n<p>En ti, Oh Dios vivo, mi coraz\u00f3n y mi carne se estremece, y mi alma se  regocija en ti, mi verdadera salvaci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1ndo te ver\u00e1n mis ojos, Dios de los  dioses, Dios m\u00edo? \u00bfDios de mi coraz\u00f3n, cu\u00e1ndo me regocijar\u00e1s con la visi\u00f3n de la  dulzura de tu rostro? \u00bfCu\u00e1ndo colmar\u00e1s el deseo de mi alma con la manifestaci\u00f3n  de tu gloria?<\/p>\n<p>\u00a1Dios m\u00edo, tu eres mi herencia escogida de entre todos, mi fuerza y mi gloria!  \u00bfCu\u00e1ndo entrar\u00e9 en tu omnipotencia para ver tu fuerza y tu gloria? \u00bfCu\u00e1ndo en  lugar del esp\u00edritu de tristeza me revestir\u00e1s con el manto de la alabanza, para que  unida a los \u00e1ngeles, todos mi ser te ofrezca un sacrificio de aclamaci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u00bfDios de mi vida, cu\u00e1ndo entrar\u00e9 en el tabern\u00e1culo de tu gloria, para poder  cantarte en presencia de todos los santos, y proclamar con el alma y el coraz\u00f3n que  tus misericordias para conmigo han sido magn\u00edficas? \u00bfCu\u00e1ndo se romper\u00e1 la red de  esta muerte, para que mi alma pueda verte sin intermediario?&#8230; \u00bfQui\u00e9n resistir\u00e1 a  la vista de tu claridad? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 verte el ojo y o\u00edrte la oreja, contemplando la  gloria de tu rostro?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>46 Y llegan a Jeric\u00f3. Y al salir \u00e9l con sus disc\u00edpulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. 47 Al o\u00edr que era Jes\u00fas Nazareno, empez\u00f3 a gritar: \u00abHijo de David, Jes\u00fas, ten compasi\u00f3n de m\u00ed\u00bb. 48 Muchos lo increpaban para que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-10-46-52-el-ciego-de-jerico-en-marcos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMc 10, 46-52: El ciego de Jeric\u00f3 en Marcos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41416","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41416","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41416"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41416\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41416"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41416"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41416"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}