{"id":41421,"date":"2016-10-07T23:32:14","date_gmt":"2016-10-08T04:32:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-12-18-27-sobre-la-resurreccion\/"},"modified":"2016-10-07T23:32:14","modified_gmt":"2016-10-08T04:32:14","slug":"mc-12-18-27-sobre-la-resurreccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-12-18-27-sobre-la-resurreccion\/","title":{"rendered":"Mc 12, 18-27: Sobre la Resurrecci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">18<\/span> Se le acercan unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrecci\u00f3n, y le preguntan: <span class=\"versiculo\">19<\/span> \u00abMaestro, Mois\u00e9s nos dej\u00f3 escrito: \u201cSi a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y d\u00e9 descendencia a su hermano\u201d. <span class=\"versiculo\">20<\/span> Pues bien, hab\u00eda siete hermanos: el primero se cas\u00f3 y muri\u00f3 sin hijos; <span class=\"versiculo\">21<\/span> el segundo se cas\u00f3 con la viuda y muri\u00f3 tambi\u00e9n sin hijos; lo mismo el tercero; <span class=\"versiculo\">22<\/span> y ninguno de los siete dej\u00f3 hijos. Por \u00faltimo muri\u00f3 la mujer. <span class=\"versiculo\">23<\/span> Cuando llegue la resurrecci\u00f3n y resuciten, \u00bfde cu\u00e1l de ellos ser\u00e1 mujer? Porque los siete han estado casados con ella\u00bb. <span class=\"versiculo\">24<\/span> Jes\u00fas les respondi\u00f3: \u00ab\u00bfNo est\u00e1is equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? <span class=\"versiculo\">25<\/span> Pues cuando resuciten, ni los hombres se casar\u00e1n ni las mujeres ser\u00e1n dadas en matrimonio, ser\u00e1n como \u00e1ngeles del cielo. <span class=\"versiculo\">26<\/span> Y a prop\u00f3sito de que los muertos resucitan, \u00bfno hab\u00e9is le\u00eddo en el libro de Mois\u00e9s, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: \u201cYo soy el Dios de Abrah\u00e1n, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob\u201d? <span class=\"versiculo\">27<\/span> No es Dios de muertos, sino de vivos. Est\u00e1is muy equivocados\u00bb. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Justino_filosofo_y_martir\">San Justino, fil\u00f3sofo y m\u00e1rtir<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Tratado_sobre_la_resurreccion\">Tratado sobre la resurrecci\u00f3n<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">2.4.7-9<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abLos muertos resucitan\u00bb (Mc 12,26)<\/p>\n<p>Los que est\u00e1n en el error dicen que no hay resurrecci\u00f3n de la carne, que es imposible que \u00e9sta, despu\u00e9s de ser destruida y reducida a polvo, encuentre de nuevo su integridad. Seg\u00fan ellos la resurrecci\u00f3n de la carne no s\u00f3lo ser\u00eda imposible, sino perjudicial: censuran la carne, critican sus defectos, la hacen responsable de los pecados; dicen que si esta carne ha de resucitar, tambi\u00e9n resucitar\u00e1n sus defectos&#8230; Pero el Salvador dice: \u00abLos que resucitan, ni los hombres ni las mujeres  se casar\u00e1n; ser\u00e1n como los \u00e1ngeles del cielo\u00bb. Ahora bien, ellos dicen que los \u00e1ngeles no tienen carne, ni comen, ni se unen. As\u00ed pues, dicen ellos, no habr\u00e1 resurrecci\u00f3n de la carne&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1n ciegos son los ojos del entendimiento solo! Porque no han visto en la tierra \u00abque los ciegos ven, que los cojos andan\u00bb (Mt 11,5) gracias a la palabra del Salvador&#8230;, para que creamos que en la resurrecci\u00f3n, la carne resucitar\u00e1 completa. Si en esta tierra \u00e9l cur\u00f3 las enfermedades de la carne y devolvi\u00f3 al cuerpo su integridad, cu\u00e1nto m\u00e1s lo har\u00e1 en el momento de la resurrecci\u00f3n a fin de que la carne resucite sin defecto, \u00edntegramente&#8230; Me parece que esa gente ignora el conjunto de la acci\u00f3n divina en los or\u00edgenes de la creaci\u00f3n, en la formaci\u00f3n del hombre; ignoran porque han sido hechas las cosas terrestres.<\/p>\n<p>El Verbo dijo: \u00abHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza\u00bb (Gn 1,26)&#8230; Es evidente que el hombre, modelado a imagen de Dios, sea de carne. As\u00ed que \u00a1qu\u00e9 absurdo pretender menospreciar, sin ning\u00fan m\u00e9rito, a la carne modelada por Dios seg\u00fan su propia imagen! Que la carne sea preciosa a los ojos de Dios, es evidente por ser su obra. Y porque en ella se encuentra el principio de su proyecto para el resto de la creaci\u00f3n, es por lo que ella es lo m\u00e1s precioso a los ojos del creador.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<p>* Este evangelio fue comentado ampliamente por el Papa Juan Pablo en las audiencias generales de los mi\u00e9rcoles que constituyeron m\u00e1s tarde la llamada &#8220;Teolog\u00eda del Cuerpo&#8221;. Aqu\u00ed solamente algunas de dichas audiencias. Si se desea profundizar alg\u00fan otro aspecto s\u00f3lo hay que referirse a dichas audiencias en la p\u00e1gina web del Vaticano (vatican.va)<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_11-11-1981\">Catequesis: Audiencia General (11-11-1981)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Mi\u00e9rcoles 11 de noviembre de 1981<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">La teolog\u00eda del cuerpo<\/p>\n<p> 1. Reanudamos hoy, despu\u00e9s de una pausa m\u00e1s bien larga, las meditaciones que ven\u00edamos haciendo desde hace tiempo y a las que hemos llamado reflexiones sobre la teolog\u00eda del cuerpo. <\/p>\n<p> Al continuar, conviene ahora que volvamos de nuevo a las palabras del Evangelio, en las que Cristo hace referencia a la resurrecci\u00f3n: palabras que tienen una importancia fundamental para entender el matrimonio en el sentido cristiano y tambi\u00e9n \u00abla renuncia\u201d a la vida conyugal \u201cpor el reino de los cielos\u201d.<\/p>\n<p> La compleja casu\u00edstica del Antiguo Testamento en el campo matrimonial no s\u00f3lo impuls\u00f3 a los fariseos a ir a Cristo para plantearle el problema de la indisolubilidad del matrimonio (cf. <i>Mt<\/i> 19, 3-9; <i>Mc <\/i>10, 2-12), sino tambi\u00e9n a los saduceos en otra ocasi\u00f3n para preguntarle por la ley del llamado levirato <a title=\"\" href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[1]<\/a>. Los sin\u00f3pticos relatan concordemente esta conversaci\u00f3n (cf. <i>Mt <\/i>22, 24-30; <i>Mc<\/i> 12, 18-27; <i>Lc<\/i> 20, 27-40. Aunque las tres redacciones sean casi id\u00e9nticas, sin embargo, se notan entre ellas algunas diferencias leves, pero, al mismo tiempo, significativas. Puesto que la conversaci\u00f3n est\u00e1 en tres versiones, la de Mateo, Marcos y Lucas, se requiere un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo, en cuanto que la conversaci\u00f3n comprende contenidos que tienen un significado esencial para la teolog\u00eda del cuerpo.<\/p>\n<p> Junto a los otros dos importantes coloquios, esto es: aquel en el que Cristo hace referencia al \u201cprincipio\u201d (cf. <i>Mt <\/i>19, 3-9; <i>Mc <\/i>10, 2-12), y el otro en el que apela a la intimidad del hombre (al \u201ccoraz\u00f3n\u201d), se\u00f1alando al deseo y a la concupiscencia de la carne como fuente del pecado (cf. <i>Mt<\/i> 5, 27-32), el coloquio que ahora nos proponemos someter a an\u00e1lisis, constituye, dir\u00eda, <i>el tercer miembro del tr\u00edptico <\/i>de las enunciaciones de Cristo mismo: tr\u00edptico de palabras esenciales y constitutivas para la teolog\u00eda del cuerpo. En este coloquio Jes\u00fas alude a la resurrecci\u00f3n, descubriendo as\u00ed una dimensi\u00f3n completamente nueva del misterio del hombre.<\/p>\n<p> 2. La revelaci\u00f3n de esta dimensi\u00f3n del cuerpo, estupenda en su contenido \u2014y vinculada tambi\u00e9n con el Evangelio rele\u00eddo en su conjunto y hasta el fondo\u2014, emerge en el coloquio con los saduceos, \u201cque niegan la resurrecci\u00f3n\u201d (<i>Mt<\/i> 22, 23); vinieron a Cristo para exponerle un tema que \u2014a su juicio\u2014 convalida el car\u00e1cter razonable de su posici\u00f3n. Este tema deb\u00eda contradecir \u201clas hip\u00f3tesis de la resurrecci\u00f3n\u201d<a title=\"\" href=\"#_edn2\" name=\"_ednref2\">[2]<\/a>. El razonamiento de los saduceos es el siguiente: \u201cMaestro, Mois\u00e9s nos ha prescrito que, si el hermano de uno viniere a morir y dejare la mujer sin hijos, tome el hermano esa mujer y d\u00e9 sucesi\u00f3n a su hermano\u201d (<i>Mc<\/i> 12, 19). Los saduceos se refieren a la llamada ley del levirato (cf. <i>Dt <\/i>25, 5-10), y bas\u00e1ndose en la prescripci\u00f3n de esa antigua ley, <i>presentan el siguiente \u201ccaso\u201d<\/i>: \u201cEran siete hermanos. El primero tom\u00f3 mujer, pero al morir no dej\u00f3 descendencia. La tom\u00f3 el segundo, y muri\u00f3 sin dejar sucesi\u00f3n, e igual el tercero, y de los siete ninguno dej\u00f3 sucesi\u00f3n. Despu\u00e9s de todos muri\u00f3 la mujer. Cuando en la resurrecci\u00f3n resuciten, \u00bfde qui\u00e9n ser\u00e1 la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer\u201d (<i>Mc<\/i> 12, 20-23)<a title=\"\" href=\"#_edn3\" name=\"_ednref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p> 3. La respuesta de Cristo es una de las respuestas-clave del Evangelio, en la que se revela \u2014 precisamente a partir de los razonamientos puramente humanos y en contraste con ellos \u2014 otra dimensi\u00f3n de la cuesti\u00f3n, es decir, la que corresponde a la sabidur\u00eda y a la potencia de Dios mismo. An\u00e1logamente, por ejemplo, se hab\u00eda presentado el caso de la moneda del tributo con la imagen de C\u00e9sar, y de la relaci\u00f3n correcta entre lo que en el \u00e1mbito de la potestad es divino y lo que es humano (\u201cde C\u00e9sar\u201d) (cf. <i>Mt<\/i> 22, 15-22). Esta vez <i>Jes\u00fas responde as\u00ed<\/i>: \u201c\u00bfNo est\u00e1 bien claro que err\u00e1is y que desconoc\u00e9is las Escrituras y el poder de Dios? Cuando en la resurrecci\u00f3n resuciten de entre los muertos, ni se casar\u00e1n ni ser\u00e1n dadas en matrimonio, sino que ser\u00e1n como \u00e1ngeles en los cielos\u201d (<i>Mc<\/i> 12, 24-25). Esta es la respuesta basilar del \u201ccaso\u201d, es decir, del problema que en ella se encierra. Cristo, conociendo las concepciones de los saduceos, e intuyendo sus aut\u00e9nticas intenciones, toma de nuevo inmediatamente <i>el problema de la posibilidad de la resurrecci\u00f3n<\/i>, negada por los saduceos mismos: \u201cPor lo que toca a la resurrecci\u00f3n de los muertos, \u00bfno hab\u00e9is le\u00eddo en el libro de Mois\u00e9s, en lo de la zarza, c\u00f3mo habl\u00f3 Dios diciendo Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivos\u201d (<i>Mc <\/i>12, 26-27).<\/p>\n<p> Como se ve, Cristo cita al mismo Mois\u00e9s al cual han hecho referencia los saduceos, y termina afirmando: \u201cMuy errados and\u00e1is\u201d (<i>Mc<\/i> 12, 27).<\/p>\n<p> 4. Cristo repite por segunda vez esta afirmaci\u00f3n conclusiva. Efectivamente, la primera vez la pronunci\u00f3 al comienzo de su exposici\u00f3n. Entonces dijo: \u201cEst\u00e1is en el error y ni conoc\u00e9is las Escrituras ni el poder de Dios\u201d: as\u00ed leemos en Mateo (22, 29). Y en Marcos: \u201c\u00bfNo est\u00e1 bien claro que err\u00e1is y que desconoc\u00e9is las Escrituras y el poder de Dios?\u201d (<i>Mc<\/i> 12, 24). En cambio, la misma respuesta de Cristo, en la versi\u00f3n de Lucas (20, 27-36), carece de acento pol\u00e9mico, de ese \u201cest\u00e1is en gran error\u201d. Por otra parte, \u00e9l proclama lo mismo en cuanto que introduce en la respuesta algunos elementos que no se hallan ni en Mateo ni en Marcos. He aqu\u00ed el texto: \u201cD\u00edjoles Jes\u00fas: Los hijos de este siglo toman mujeres y maridos. Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrecci\u00f3n de los muertos, ni tomar\u00e1n mujeres ni maridos, porque ya no pueden morir y son semejantes a los \u00e1ngeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrecci\u00f3n\u201d (<i>Lc<\/i> 20, 34-36). Por lo que respecta a la posibilidad misma de la resurrecci\u00f3n, Lucas \u2014 como los otros dos sin\u00f3pticos \u2014 <i>hace referencia a Mois\u00e9s, o sea, al pasaje del libro del \u00c9xodo<\/i> 3, 2-6, en el que efectivamente, se narra que el gran legislador de la Antigua Alianza hab\u00eda o\u00eddo desde la zarza que \u201card\u00eda y no se consum\u00eda\u201d, las siguientes palabras: \u201cYo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob\u201d (<i>\u00c9x<\/i> 3, 6). En el mismo lugar, cuando Mois\u00e9s pregunt\u00f3 el nombre de Dios, hab\u00eda escuchado la respuesta: \u201cYo soy el que soy\u201d (<i>\u00c9x<\/i> 3, 14). <\/p>\n<p> As\u00ed, pues, al hablar de la futura resurrecci\u00f3n de los cuerpos, Cristo hace referencia al poder mismo de Dios viviente. Consideraremos de modo m\u00e1s detallado este tema.<\/p>\n<hr class=\"nota-pie\" \/>\n<p><b>Notas<\/b><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[1]<\/a>. Esta ley, contenida en el Deuteronomio 25, 7-10, se refiere a los hermanos que habitan bajo el mismo techo. Si uno de ellos mor\u00eda sin dejar hijos, el hermano del difunto deb\u00eda tomar por mujer a la viuda del hermano muerto. El ni\u00f1o nacido de este matrimonio era reconocido hijo del difunto, a fin de que no se extinguiese su estirpe y se conservase en la familia la heredad (cf. 3, 9-4, 12). <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref2\" name=\"_edn2\">[2]<\/a>. En el tiempo de Cristo los saduceos formaban, en el \u00e1mbito del juda\u00edsmo, una secta ligada al c\u00edrculo de la aristocracia sacerdotal. Contrapon\u00edan a la tradici\u00f3n oral y a la teolog\u00eda elaboradas por los fariseos, la interpretaci\u00f3n literal del Pentateuco, al que consideraban fuente principal de la religi\u00f3n yahvista. Dado que en los libros b\u00edblicos m\u00e1s antiguos no se hac\u00eda menci\u00f3n de la vida de ultratumba, los saduceos rechazaban la escatolog\u00eda proclamada por los fariseos, afirmando que \u201clas almas mueren juntamente con el cuerpo\u201d (cf. Joseph., <i>Antiquitates Judaicae<\/i>, XVII 1. 4, 16).<\/p>\n<p>Sin embargo no conocemos directamente las concepciones de los saduceos, ya que todos sus escritos se perdieron despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n en el a\u00f1o 70, cuando desapareci\u00f3 la misma secta. Son escasas las informaciones referentes a los saduceos; las tomamos de los escritos de sus adversarios ideol\u00f3gicos. <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref3\" name=\"_edn3\">[3]<\/a>. Los saduceos, al dirigirse a Jes\u00fas para un \u201ccaso\u00bb puramente te\u00f3rico, atacan, al mismo tiempo, la primitiva concepci\u00f3n de los fariseos sobre la vida despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de los cuerpos; efectivamente, insin\u00faan que la fe en la resurrecci\u00f3n de los cuerpos lleva a admitir la poliandria, que est\u00e1 en contraste con la ley de Dios. <\/p>\n<h2><span id=\"Joseph_Ratzinger_Benedicto_XVI\">Joseph Ratzinger (Benedicto XVI<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Mitarbeiter_der_Warhrheit\">Mitarbeiter der Warhrheit<\/span><\/h3>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abNo es Dios de muertos, sino de vivos\u00bb (Mc 12,27)<\/p>\n<p>El cristianismo no promete tan s\u00f3lo la salvaci\u00f3n del alma, en un m\u00e1s all\u00e1  cualquiera donde todos los valores y las cosas preciosas de este mundo  desaparecer\u00e1n como si se tratara de una escena que se hubiera construido en otro  tiempo y que desaparece desde aquel momento. El cristianismo promete la  eternidad de todo lo que se ha realizado en la tierra.<\/p>\n<p>Dios conoce y ama a este hombre total que somos actualmente. Es, pues,  inmortal lo que crece y se desarrolla en nuestra vida ya desde ahora. Es en nuestro  cuerpo que sufrimos y que amamos, que esperamos, que experimentamos el gozo  y la tristeza, que progresamos a lo largo del tiempo. Todo lo que se desarrolla as\u00ed  en nuestra vida de ahora, es lo que es imperecedero. Es pues, imperecedero lo que  hemos llegado a ser en nuestro cuerpo, lo que ha crecido y madurado en el coraz\u00f3n  de nuestra vida, unido a las cosas de este mundo. Es \u00abel hombre total\u00bb tal cual  est\u00e1 situado en este mundo, tal cual ha vivido y sufrido, el que un d\u00eda ser\u00e1 llevado  a la eternidad de Dios y tendr\u00e1 parte en Dios mismo, por la eternidad. Es esto lo  que debe llenarnos de un gozo profundo.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_18-11-1981\">Catequesis: Audiencia General (18-11-1981)<\/span><\/h3>\n<p> <b>La resurrecci\u00f3n de los cuerpos <br \/>seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas a los saduceos<\/b><\/p>\n<p> 1. &#8220;Est\u00e1is en un error, y ni conoc\u00e9is las Escrituras ni el poder de Dios&#8221; (<i>Mt<\/i> 22, 29); as\u00ed dijo Cristo a los saduceos, los cuales \u2014al rechazar la fe en la resurrecci\u00f3n futura de los cuerpos\u2014 le hab\u00edan expuesto el siguiente caso: &#8220;Hab\u00eda entre nosotros siete hermanos; y casado el primero, muri\u00f3 sin descendencia, y dej\u00f3 la mujer a su hermano (seg\u00fan la ley mosaica del &#8220;levirato&#8221;); igualmente el segundo y el tercero, hasta los siete. Despu\u00e9s de todos muri\u00f3 la mujer. Pues en la resurrecci\u00f3n, \u00bfde cu\u00e1l de los siete ser\u00e1 la mujer?&#8221; (<i>Mt<\/i> 22, 25-28).<\/p>\n<p> Cristo replica a los saduceos afirmando, al comienzo y al final de su respuesta, que est\u00e1n en un gran error, no conociendo ni las Escrituras ni el poder de Dios (cf. <i>Mc<\/i> 12, 24; <i>Mt<\/i> 22, 29). Puesto que la conversaci\u00f3n con los saduceos la refieren los tres Evangelios sin\u00f3pticos, confrontemos brevemente los relativos textos.<\/p>\n<p> 2. La versi\u00f3n de Mateo (22, 24-30), aunque no haga referencia a la zarza, concuerda casi totalmente con la de Marcos (12, 18-25). Las dos versiones contienen dos elementos esenciales: 1) la enunciaci\u00f3n sobre la resurrecci\u00f3n futura de los cuerpos; 2) la enunciaci\u00f3n sobre el estado de los cuerpos de los hombres resucitados <a title=\"\" href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[1]<\/a>. Estos dos elementos se encuentran tambi\u00e9n en Lucas (20, 27-36)<a title=\"\" href=\"#_edn2\" name=\"_ednref2\">[2]<\/a>. El primer elemento, concerniente a la resurrecci\u00f3n futura de los cuerpos, est\u00e1 unido, especialmente en Mateo y en Marcos, con las palabras dirigidas a los saduceos, seg\u00fan las cuales, ellos no conoc\u00edan &#8220;ni las Escrituras ni el poder de Dios&#8221;. Esta afirmaci\u00f3n merece una atenci\u00f3n particular, porque precisamente en ella Cristo puntualiza las bases mismas de la fe en la resurrecci\u00f3n, a la que hab\u00eda hecho referencia al responder a la cuesti\u00f3n planteada por los saduceos con el ejemplo concreto de la ley mosaica del levirato. <\/p>\n<p> 3. Sin duda, los saduceos tratan la cuesti\u00f3n de la resurrecci\u00f3n como un tipo de teor\u00eda o de hip\u00f3tesis, susceptible de superaci\u00f3n <a title=\"\" href=\"#_edn3\" name=\"_ednref3\">[3]<\/a>. Jes\u00fas les demuestra primero un error de m\u00e9todo: <i>no conocen las Escrituras;<\/i> y luego, un error de fondo: no aceptan lo que est\u00e1 revelado en las Escrituras \u2014<i>no conocen el poder de Dios\u2014<\/i>, no creen en Aquel que se revel\u00f3 a Mois\u00e9s en la zarza ardiente. Se trata de una respuesta muy significativa y muy precisa. Cristo se encuentra aqu\u00ed con hombres que se consideran expertos y competentes int\u00e9rpretes de las Escrituras. A estos hombres \u2014esto es, a los saduceos\u2014 les responde Jes\u00fas que el solo conocimiento literal de la Escritura no basta. Efectivamente, la Escritura es, sobre todo, un medio para conocer el poder de Dios vivo, que se revela en ella a s\u00ed mismo, igual que se revel\u00f3 a Mois\u00e9s en la zarza. En esta revelaci\u00f3n El se ha llamado a s\u00ed mismo &#8220;el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y de Jacob&#8221;<a title=\"\" href=\"#_edn4\" name=\"_ednref4\">[4]<\/a>, de aquellos, pues, que hab\u00edan sido los padres de Mois\u00e9s en la fe, que brota de la revelaci\u00f3n del Dios viviente. Todos ellos han muerto ya hace mucho tiempo; sin embargo, Cristo completa la referencia a ellos con la afirmaci\u00f3n de que Dios &#8220;no es Dios de muertos, sino de vivos&#8221;. Esta afirmaci\u00f3n-clave, en la que Cristo interpreta las palabras dirigidas a Mois\u00e9s desde la zarza ardiente, s\u00f3lo pueden ser comprendidas si <i>se admite la realidad de una vida, a la que la muerte no pone fin<\/i>. Los padres de Mois\u00e9s en la fe, Abraham, Isaac y Jacob, para Dios son personas vivientes (cf. <i>Lc<\/i> 20, 38: &#8220;porque para El todos viven&#8221;), aunque, seg\u00fan los criterios humanos, haya que contarlos entre los muertos. Interpretar correctamente la Escritura, y en particular estas palabras de Dios, quiere decir conocer y acoger con la fe el poder del Dador de la vida, el cual no est\u00e1 atado por la ley de la muerte, dominadora en la historia terrena del hombre. <\/p>\n<p> 4. Parece que de este modo hay que interpretar la respuesta de Cristo sobre la posibilidad de la resurrecci\u00f3n <a title=\"\" href=\"#_edn5\" name=\"_ednref5\">[5]<\/a>, dada a los saduceos, seg\u00fan la versi\u00f3n de los tres sin\u00f3pticos. Llegar\u00e1 el momento en que Cristo d\u00e9 la respuesta, sobre esta materia, con la propia resurrecci\u00f3n; sin embargo, por ahora se remite al testimonio del Antiguo Testamento, demostrando c\u00f3mo se descubre all\u00ed la verdad sobre la inmortalidad y sobre la resurrecci\u00f3n. Es preciso hacerlo no deteni\u00e9ndose solamente en el sonido de las palabras, sino remont\u00e1ndose tambi\u00e9n al poder de Dios, que se revela en esas palabras. La alusi\u00f3n a Abraham, Isaac y Jacob en aquella teofan\u00eda concedida a Mois\u00e9s, que leemos en el libro del \u00c9xodo (3, 2-6), constituye un testimonio que Dios vivo da de aquellos que viven &#8220;para El&#8221;; de aquellos que gracias a su poder tienen vida, a\u00fan cuando, qued\u00e1ndose en las dimensiones de la historia, ser\u00eda preciso contarlos, desde hace mucho tiempo, entre los muertos.<\/p>\n<p> 5. El significado pleno de este testimonio, al que Jes\u00fas se refiere en su conversaci\u00f3n con los saduceos, se podr\u00eda entender (siempre s\u00f3lo a la luz del Antiguo Testamento) del modo siguiente: Aquel que es \u2014Aquel que vive y que es la Vida\u2014 constituye la fuente inagotable de la existencia y de la vida, tal como se revel\u00f3 al &#8220;principio&#8221;, en el G\u00e9nesis (cf. <i>G\u00e9n<\/i> 1-3). Aunque, a causa del pecado, la muerte corporal se haya convertido en la suerte del hombre (cf. <i>G\u00e9n<\/i> 3, 19)<a title=\"\" href=\"#_edn6\" name=\"_ednref6\">[6]<\/a>6, y aunque le haya sido prohibido el acceso al \u00e1rbol de la vida (gran s\u00edmbolo del libro del G\u00e9nesis) (cf. <i>G\u00e9n<\/i> 3, 22), sin embargo, <i>el Dios viviente, estrechando su alianza con los hombres<\/i> (Abraham, Patriarcas, Mois\u00e9s, Israel), <i>renueva continuamente<\/i>, en esta Alianza, <i>la realidad misma de la Vida<\/i>, desvela de nuevo su perspectiva y, en cierto sentido, abre nuevamente el acceso al \u00e1rbol de la vida. Juntamente con la Alianza, esta vida, cuya fuente es Dios mismo, se da en participaci\u00f3n a los mismos hombres que, a consecuencia de la ruptura de la primera Alianza, hab\u00edan perdido el acceso al \u00e1rbol de la vida, y en las dimensiones de su historia terrena hab\u00edan sido sometidos a la muerte.<\/p>\n<p> 6. Cristo es la \u00faltima palabra de Dios sobre este tema; efectivamente, la Alianza, que con El y por El se establece entre Dios y la humanidad, abre una perspectiva infinita de Vida: y el acceso al \u00e1rbol de la vida \u2014seg\u00fan el plano originario del Dios de la Alianza\u2014 se revela a cada uno de los hombres en su plenitud definitiva. Este ser\u00e1 el significado de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Cristo, \u00e9ste ser\u00e1 el testimonio del misterio pascual. Sin embargo, la conversaci\u00f3n con los saduceos se desarrolla <i>en la fase pre-pascual de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Cristo<\/i>. El curso de la conversaci\u00f3n seg\u00fan Mateo (22, 24-30), Marcos (12, 18-27) y Lucas (20, 27-36) manifiesta que Cristo \u2014que otras veces, particularmente en las conversaciones con sus disc\u00edpulos, hab\u00eda hablado de la futura resurrecci\u00f3n del Hijo del hombre (cf., por ejemplo, <i>Mt<\/i> 17, 9. 23; 20, 19 y paral.)\u2014 en la conversaci\u00f3n con los saduceos, en cambio, no se remite a este argumento. Las razones son obvias y claras. La conversaci\u00f3n tiene lugar con los saduceos, &#8220;los cuales afirman que no hay resurrecci\u00f3n&#8221; (como subraya el Evangelista), es decir, ponen en duda su misma posibilidad, y a la vez se consideran expertos de la Escritura del Antiguo Testamento y sus int\u00e9rpretes calificados. Y, por esto, Jes\u00fas se refiere al Antiguo Testamento, y, bas\u00e1ndose en \u00e9l, les demuestra que &#8220;no conocen el poder de Dios&#8221;<a title=\"\" href=\"#_edn7\" name=\"_ednref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n<p> 7. Respecto a la posibilidad de la resurrecci\u00f3n, Cristo se remite precisamente a ese poder, que va unido con el testimonio del Dios vivo, que es el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob y el Dios de Mois\u00e9s. El Dios, a quien los saduceos &#8220;privan&#8221; de este poder, no es el verdadero Dios de sus Padres, sino del Dios de sus hip\u00f3tesis e interpretaciones. Cristo, en cambio, ha venido para dar testimonio del Dios de la Vida en toda la verdad de su poder que se despliega en la vida del hombre. <\/p>\n<hr class=\"nota-pie\" \/>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[1]<\/a> Aunque el Nuevo Testamento no conoce la expresi\u00f3n &#8220;la resurrecci\u00f3n de los cuerpos&#8221; (que aparecer\u00e1 por vez primera en San Clemente: 2 <i>Clem<\/i> 9, 1 y en Justino: <i>Dial<\/i> 80, 5) y utilice la expresi\u00f3n &#8220;resurrecci\u00f3n de los muertos&#8221;, entendiendo con ella al hombre en su integridad, sin embargo, es posible hallar en muchos textos del Nuevo Testamento la fe en la inmortalidad del alma y su existencia incluso fuera del cuerpo. (cf. por ejemplo: <i>Lc<\/i> 23, 43; <i>Flp<\/i> 1, 23-24; 2 <i>Cor<\/i> 5, 6-8). <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref2\" name=\"_edn2\">[2]<\/a> El texto de Lucas contiene algunos elementos nuevos en torno a los cuales se desarrolla la discusi\u00f3n de los ex\u00e9getas. <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref3\" name=\"_edn3\">[3]<\/a> Como es sabido, en el juda\u00edsmo de aquel per\u00edodo no se formul\u00f3 claramente una doctrina acerca de la resurrecci\u00f3n; exist\u00edan s\u00f3lo las diversas teor\u00edas lanzadas por cada una de las escuelas.<\/p>\n<p> <i>Los fariseos, <\/i>que cultivaban la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica, desarrollaron fuertemente la doctrina sobre la resurrecci\u00f3n, viendo alusiones a ella en todos los libros del Antiguo Testamento. Sin embargo, entend\u00edan la futura resurrecci\u00f3n de modo terrestre y primitivo, preanunciando por ejemplo un enorme aumento de la recolecci\u00f3n y de la fertilidad en la vida despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p> <i>Los saduceos,<\/i> en cambio, polemizaban contra esta concepci\u00f3n, partiendo de la premisa que el Pentateuco no habla de la escatolog\u00eda. Es necesario tambi\u00e9n tener presente que en el siglo I el canon de los libros del Antiguo Testamento no estaba a\u00fan establecido.<\/p>\n<p> El caso presentado por los saduceos ataca directamente a la concepci\u00f3n farisaica de la resurrecci\u00f3n. En efecto, los saduceos pensaban que Cristo era seguidor de ellos.<\/p>\n<p> La respuesta de Cristo corrige igualmente tanto la concepci\u00f3n de los fariseos, como la de los saduceos. <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref4\" name=\"_edn4\">[4]<\/a> Esta expresi\u00f3n <i>no<\/i> significa: &#8220;Dios <i>que era honrado <\/i>por Abraham, Isaac y Jacob&#8221;, sino: &#8220;Dios que <i>ten\u00eda cuidado <\/i>de los Patriarcas y los libraba&#8221;.<\/p>\n<p> Esta f\u00f3rmula se vuelve a encontrar en el libro del Exodo: 3, 6; 3, 15; 46; 4, 5, siempre en el contexto de la promesa de liberaci\u00f3n de Israel: el nombre del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es prenda y garant\u00eda de esta liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p> &#8220;Dieu de X est synonyme de secours, de soutien et d&#8217;abri pour Israel&#8221;. Un sentido semejante se encuentra en el G\u00e9nesis 49, 24: &#8220;Por el poder\u00edo del fuerte de Jacob, por el nombre del Pastor de Israel. En el Dios de tu padre hallar\u00e1s tu socorro&#8221; (cf. <i>G\u00e9n<\/i> 49, 24-25; cf. tambi\u00e9n: <i>G\u00e9n<\/i> 24, 27; 26, 24; 28, 13; 32, 10; 46, 3).<\/p>\n<p> Cf. F. Dreyfus, o.p., &#8220;<i>L&#8217;argument scripturaire de J\u00e9sus en faveur de la r\u00e9surrection des morts (Mc<\/i> XII, 26-27), R\u00e9vue Biblique 66, 1959, 218.<\/p>\n<p> La f\u00f3rmula: &#8220;Dios de Abraham, Isaac y Jacob&#8221;, en la que se citan los tres nombres de los Patriarcas, indicaba en la ex\u00e9gesis de los Patriarcas, indicaba en la ex\u00e9gesis judaica, contempor\u00e1nea de Jes\u00fas, <i>la relaci\u00f3n de Dios con el Pueblo de la Alianza<\/i> como comunidad.<\/p>\n<p> Cf. E. Ellis, <i>Jesus, The Sadducees and Qumram,<\/i> New Testament Studies, 10, 1963-64, 275. <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref5\" name=\"_edn5\">[5]<\/a> Seg\u00fan nuestro modo actual de comprender este texto evang\u00e9lico, el razonamiento de Jes\u00fas s\u00f3lo mira a la inmortalidad; en efecto, si los Patriarcas viven despu\u00e9s de su muerte ya ahora antes de la resurrecci\u00f3n escatol\u00f3gica del cuerpo, entonces la constataci\u00f3n de Jes\u00fas mira a la inmortalidad del alma y no habla de la resurrecci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<p> Pero el razonamiento de Jes\u00fas fue dirigido a los saduceos que no conoc\u00edan el dualismo del cuerpo y del alma, aceptando s\u00f3lo la b\u00edblica unidad sico-fisica del hombre que es &#8220;el cuerpo y el aliento de vida&#8221;. Por esto, seg\u00fan ellos, el alma muere juntamente con el cuerpo. La afirmaci\u00f3n de Jes\u00fas, seg\u00fan la cual los Patriarcas viven, para los saduceos s\u00f3lo pod\u00eda significar la resurrecci\u00f3n con el cuerpo. <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref6\" name=\"_edn6\">[6]<\/a> No nos detenemos aqu\u00ed sobre la concepci\u00f3n de la muerte en el sentido puramente veterotestamentario, sino que tomamos en consideraci\u00f3n la antropolog\u00eda teol\u00f3gica en su conjunto. <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref7\" name=\"_edn7\">[7]<\/a> Este es el argumento determinante que comprueba la autenticidad de la discusi\u00f3n con los saduceos.<\/p>\n<p> Si la per\u00edcopa constituye &#8220;<i>un a\u00f1adido postpascual de la comundiad cristiana&#8221;<\/i> (como pensaba, por ejemplo, R. Bultmann), la fe en la resurrecci\u00f3n de los cuerpos estar\u00eda apoyada por el hecho de la resurrecci\u00f3n de Cristo, que se impon\u00eda como una fuerza irresistible, como lo da a entender por ejemplo San Pablo (cf. 1 <i>Cor<\/i> 15, 12).<\/p>\n<p> Cf. J. Jeremias, <i>Neutestamentliche Theologie<\/i>, I Teil, Gutersloh 1971 (Mohn) ; cf., adem\u00e1s, I. H. Marshall, <i>The Golpel of Luke,<\/i> Exeter 1978, The Paternoster Press, p\u00e1g. 738.<\/p>\n<p> La referencia al Pentateuco \u2014mientras en el Antiguo Testamento hay textos que tratan directamente de la resurrecci\u00f3n (como por ejemplo, <i>Is<\/i> 26, 19, o <i> Dan<\/i> 12, 2)\u2014 testimonia que la conversaci\u00f3n se tuvo realmente con los saduceos, los cuales consideraban el Pentateuco la \u00fanica autoridad decisiva.<\/p>\n<p> La estructura de la controversia demuestra que \u00e9sta era una discusi\u00f3n rab\u00ednica, seg\u00fan los modelos cl\u00e1sicos que se usaban en las academias de entonces.<\/p>\n<p> Cf. J. Le Moyne, o.s.b., <i>Les Sadduc\u00e9eus,<\/i> Par\u00eds 1972, Gabalda, p\u00e1g. 124 y s.; E Lohmeyer, <i>Das Evangelium des Markus,<\/i> G\u00f6ttingen 1959, p\u00e1g. 257; D. Daube, <i>New Testament and Rabbinic Judaism,<\/i> Londres 1956, p\u00e1gs. 158-163; J. Rademakers, s.j., <i>La bonne nouvelle de J\u00e8sus selon St. Marc, <\/i>Bruselas 1974, Institut d&#8217;Etudes Th\u00e9ologiques, p\u00e1g. 313. <\/p>\n<p> \u00a0<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_02-12-1981\">Catequesis: Audiencia General (02-12-1981)<\/span><\/h3>\n<p class=\"subTitulo\">La resurrecci\u00f3n de los cuerpos <br \/>seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas referidas por los Evangelios sin\u00f3pticos<\/p>\n<p> 1.<b> <\/b>&#8220;Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casar\u00e1n ni ser\u00e1n dadas en matrimonio&#8221; (<i>Mc<\/i> 12, 25). Cristo pronuncia <i>estas palabras, que tienen un significado clave para la teolog\u00eda del cuerpo<\/i>, despu\u00e9s de haber afirmado, en la conversaci\u00f3n con los saduceos, que la resurrecci\u00f3n corresponde a la potencia del Dios viviente. Los tres Evangelios sin\u00f3pticos refieren el mismo enunciado, s\u00f3lo que la versi\u00f3n de Lucas se diferencia en algunos detalles de la de Mateo y Marcos. Para los tres es esencial la constataci\u00f3n de que, en la futura resurrecci\u00f3n los hombres, despu\u00e9s de haber vuelto a adquirir sus cuerpos en la plenitud de la perfecci\u00f3n propia de la imagen y semejanza de Dios \u2014despu\u00e9s de haberlos vuelto a adquirir en su masculinidad y feminidad\u2014, &#8220;ni se casar\u00e1n ni ser\u00e1n dados en matrimonio&#8221;. Lucas en el cap\u00edtulo 20, 34-35 expresa la misma idea con las palabras siguientes: &#8220;Los hijos de este siglo toman mujeres y maridos. Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrecci\u00f3n de los muertos, ni tomaran mujeres ni maridos&#8221;.<\/p>\n<p> 2<b>. <\/b>Como se deduce de estas palabras, <i>el matrimonio<\/i>, esa uni\u00f3n en la que, seg\u00fan dice el libro del G\u00e9nesis, &#8220;el hombre&#8230; se unir\u00e1 a su mujer, y vendr\u00e1n a ser los dos una sola carne&#8221; (2, 24) \u2014 uni\u00f3n propia del hombre desde el &#8220;principio&#8221;\u2014 pertenece <i>exclusivamente a &#8220;este siglo&#8221;<\/i>. El matrimonio y la procreaci\u00f3n, en cambio, no constituyen el futuro escatol\u00f3gico del hombre. En la resurrecci\u00f3n pierden, por decirlo as\u00ed, su raz\u00f3n de ser. Ese &#8220;otro siglo&#8221; del que habla Lucas (20, 35), significa la realizaci\u00f3n definitiva del g\u00e9nero humano, la clausura cuantitativa del c\u00edrculo de seres que fueron creados a imagen y semejanza de Dios, a fin de que multiplic\u00e1ndose a trav\u00e9s de la conyugal &#8220;unidad en el cuerpo&#8221; de hombres y mujeres, sometiesen la tierra. Ese &#8220;otro siglo&#8221; no es el mundo de la tierra, sino el mundo de Dios, el cual, como sabemos por la primera carta de Pablo a los Corintios, lo llenar\u00e1 totalmente, viniendo a ser &#8220;todo en todos&#8221; (<i>1Cor<\/i> 15, 28).<\/p>\n<p> 3.<b> <\/b>Al mismo tiempo, ese &#8220;otro siglo&#8221;, que, seg\u00fan la Revelaci\u00f3n, es &#8220;el Reino de Dios&#8221;, es tambi\u00e9n la definitiva y eterna &#8220;patria&#8221; del hombre (cf. <i> Flp<\/i> 3, 20), es la &#8220;casa del Padre&#8221; (<i>Jn<\/i> 14, 2). Ese &#8220;otro siglo&#8221;, como <i>nueva patria del hombre, emerge<\/i> definitivamente del mundo actual, que es temporal \u2014sometido a la muerte, o sea, a la destrucci\u00f3n del cuerpo (cf. <i>G\u00e9n<\/i> 3, 19: &#8220;al polvo volver\u00e1s&#8221;)\u2014 <i>a trav\u00e9s de la resurrecci\u00f3n<\/i>. La resurrecci\u00f3n, seg\u00fan las palabras de Cristo referidas por los sin\u00f3pticos, significa no s\u00f3lo la recuperaci\u00f3n de la corporeidad y el restablecimiento de la vida humana en su integridad mediante la uni\u00f3n del cuerpo con el alma, sino tambi\u00e9n un estado totalmente nuevo de la misma vida humana. Hallamos la confirmaci\u00f3n de este nuevo estado del cuerpo en la resurrecci\u00f3n de Cristo (cf. <i>Rom<\/i> 6, 5-11). Las palabras que refieren los sin\u00f3pticos (<i>Mt<\/i> 22, 30; <i>Mc<\/i> 12, 25; <i>Lc<\/i> 20, 34-35) volver\u00e1n a sonar entonces (esto es, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Cristo) \u2014para aquellos que las hab\u00edan o\u00eddo, dir\u00eda que casi con una nueva fuerza probativa y, al mismo tiempo, adquirir\u00e1n el car\u00e1cter de una promesa convincente. Sin embargo, por ahora nos detenemos sobre estas palabras en su fase &#8220;pre-pascual&#8221;, bas\u00e1ndonos solamente en la situaci\u00f3n en la que fueron pronunciadas. No cabe duda de que ya en la respuesta dada a los saduceos, Cristo descubre la nueva condici\u00f3n del cuerpo humano en la resurrecci\u00f3n, y lo hace precisamente mediante una referencia y un parang\u00f3n con la condici\u00f3n de la que el hombre hab\u00eda sido hecho part\u00edcipe desde el &#8220;principio&#8221;.<\/p>\n<p> 4.<b> <\/b>Las palabras: &#8220;ni se casar\u00e1n ni ser\u00e1n dadas en matrimonio&#8221; parecen afirmar, a la vez, que los cuerpos humanos, recuperados y al mismo tiempo renovados en la resurrecci\u00f3n, mantendr\u00e1n su peculiaridad masculina o femenina y que <i>el sentido de ser var\u00f3n o mujer en el cuerpo<\/i> en el &#8220;otro siglo&#8221; se <i>constituir\u00e1 y entender\u00e1 de modo diverso<\/i> del que fue desde &#8220;el principio&#8221; y, luego en toda la dimensi\u00f3n de la existencia terrena. Las palabras del G\u00e9nesis: &#8220;dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre, y se unir\u00e1 a su mujer, y vendr\u00e1n a ser los dos una sola carne&#8221; (2, 24), han constituido desde el principio esa condici\u00f3n y relaci\u00f3n de masculinidad y feminidad que se extiende tambi\u00e9n al cuerpo, y a la que justamente es necesario definir &#8220;conyugal&#8221; y al mismo tiempo &#8220;procreadora&#8221; y &#8220;generadora&#8221;; efectivamente, est\u00e1 unida con la bendici\u00f3n de la fecundidad, pronunciada por Dios (<i>Elohim<\/i>) en la creaci\u00f3n del hombre &#8220;var\u00f3n y mujer&#8221; (<i>G\u00e9n<\/i> 1, 27). Las palabras pronunciadas por Cristo sobre la resurrecci\u00f3n nos permiten deducir que la dimensi\u00f3n de masculinidad y feminidad \u2014esto es, el ser en el cuerpo var\u00f3n y mujer\u2014 quedar\u00e1 nuevamente constituida juntamente con la resurrecci\u00f3n del cuerpo en el &#8220;otro siglo&#8221;.<\/p>\n<p> 5.<b> <\/b>\u00bfSe puede decir algo a\u00fan m\u00e1s detallado sobre este tema? Sin duda, las palabras de Cristo referidas por los sin\u00f3pticos (especialmente en la versi\u00f3n de <i>Lc<\/i> 20, 27-40) nos autorizan a esto. Efectivamente, all\u00ed leemos que &#8220;los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrecci\u00f3n de los muertos&#8230; ya no pueden morir y son semejantes a los \u00e1ngeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrecci\u00f3n&#8221; (Mateo y Marcos dicen s\u00f3lo que &#8220;ser\u00e1n como \u00e1ngeles en los cielos&#8221;). Este enunciado permite sobre todo deducir <i>una espiritualizaci\u00f3n del hombre seg\u00fan una dimensi\u00f3n diversa de la de la vida terrena<\/i> (e incluso diversa de la del mismo &#8220;principio&#8221;). Es obvio que aqu\u00ed no se trata de transformaci\u00f3n de la naturaleza del hombre en la ang\u00e9lica, esto es, puramente espiritual. El contexto indica claramente que el hombre conservar\u00e1 en el &#8220;otro siglo&#8221; la propia naturaleza humana sicosom\u00e1tica. Si fuese de otra manera, carecer\u00eda de sentido hablar de resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p> Resurrecci\u00f3n significa restituci\u00f3n a la verdadera vida de la corporeidad humana, que fue sometida a la muerte en su fase temporal. En la expresi\u00f3n de Lucas (20, 36) citada hace un momento (y en la de Mateo 22, 30 y Marcos 12, 25) se trata ciertamente de la naturaleza humana, es decir, sicosom\u00e1tica. La comparaci\u00f3n con los seres celestes, utilizada en el contexto, no constituye novedad alguna en la Biblia. Entre otros, ya el Salmo, exaltando al hombre como obra del Creador, dice: &#8220;Lo hiciste poco inferior a los \u00e1ngeles&#8221; (<i>Sal<\/i> 8, 6). Es necesario suponer que en la resurrecci\u00f3n esta semejanza se har\u00e1 mayor; no a trav\u00e9s de una desencarnaci\u00f3n del hombre, sino mediante otro modo (incluso se podr\u00eda decir: otro grado) de espiritualizaci\u00f3n de su naturaleza som\u00e1tica, esto es, mediante otro &#8220;sistema de fuerzas&#8221; dentro del hombre. La resurrecci\u00f3n significa una nueva sumisi\u00f3n del cuerpo al esp\u00edritu.<\/p>\n<p> 6.<b> <\/b>Antes de disponernos a desarrollar este tema, conviene recordar que la verdad sobre la resurrecci\u00f3n tuvo un <i>significado clave para la formaci\u00f3n de toda la antropolog\u00eda teol\u00f3gica<\/i>, que podr\u00eda ser considerada sencillamente como <i>&#8220;antropolog\u00eda de la resurrecci\u00f3n&#8221;<\/i>. La reflexi\u00f3n sobre la resurrecci\u00f3n hizo que Santo Tom\u00e1s de Aquino omitiera en su antropolog\u00eda metaf\u00edsica (y a la vez teol\u00f3gica) la concepci\u00f3n filos\u00f3fica de Plat\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre el alma y el cuerpo y se acercara a la concepci\u00f3n de Arist\u00f3teles <a title=\"\" href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[1]<\/a>. En efecto, la resurrecci\u00f3n da testimonio, al menos indirectamente, de que el cuerpo, en el conjunto del compuesto humano, no est\u00e1 s\u00f3lo temporalmente unido con el alma (como su &#8220;prisi\u00f3n&#8221; terrena, cual juzgaba Plat\u00f3n)<a title=\"\" href=\"#_edn2\" name=\"_ednref2\">[2]<\/a>, sino que, juntamente con el alma constituye la unidad e integridad del ser humano. Precisamente esto ense\u00f1aba Arist\u00f3teles <a title=\"\" href=\"#_edn3\" name=\"_ednref3\">[3]<\/a>, de manera distinta que Plat\u00f3n. Si Santo Tom\u00e1s acept\u00f3 en su antropolog\u00eda la concepci\u00f3n de Arist\u00f3teles, lo hizo teniendo a la vista la verdad de la resurrecci\u00f3n. Efectivamente, la verdad sobre la resurrecci\u00f3n afirma con claridad que la perfecci\u00f3n escatol\u00f3gica y la felicidad del hombre no pueden ser entendidas como un estado del alma sola, separada (seg\u00fan Plat\u00f3n: liberada) del cuerpo, sino que es preciso entenderla como <i>el estado del hombre definitiva y perfectamente &#8220;integrado<\/i>&#8220;, a trav\u00e9s de una uni\u00f3n tal del alma con el cuerpo, que califica y asegura definitivamente esta integridad perfecta.<\/p>\n<p> Aqu\u00ed interrumpimos nuestra reflexi\u00f3n sobre las palabras pronunciadas por Cristo acerca de la resurrecci\u00f3n. La gran riqueza de los contenidos encerrados en estas palabras nos llevar\u00e1 a volver sobre ellas en las ulteriores consideraciones.<\/p>\n<hr class=\"nota-pie\" \/>\n<p><b>Notas<\/b><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[1]<\/a> Cf. ad es.: &#8220;Habet autem anima alium modum essendi cum unitur corpori, et cum fuerit a corpore separata, manente tamen eadem animae natura; non ita quod uniri corpori sit ei accidentale, sed per rationem suae naturae corpori unitur&#8230;&#8221; (Santo Tom\u00e1s, <i>S. Th<\/i>. I q.89, a I).<\/p>\n<p> &#8220;Si autem hoc non est ex natura animae, sed per accidens hoc convenit eiex eo quod corpori alligatur, sicut Platonici posuerunt&#8230; remoto impedimento corporis, rediret anima ad suam naturam&#8230; Sed, secundum hoc, non esset anima corpori unita propter melius animae&#8230;; sed hoc esset solum propter melius corporis: quod est irrationabile, cum materia sit propter formam, et non e converso&#8230;&#8221; (ib.).<\/p>\n<p>&#8220;Secundum se convenit animae corpori uniri&#8230; Anima humana manet in suo esse cum fuerit a corpore separata, habent aptitudinem et inclinationem naturalem ad corporis unionem&#8221; (<i>S.Th<\/i> I q.76, a. I ad 6). <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref2\" name=\"_edn2\">[2]<\/a> To m\u00e8n s\u00f4ma estin hemin s\u00eama (Plat\u00f3n, <i>Gorgia<\/i> 493 A; cf. tambi\u00e9n Fed\u00f3n, 66 B; Cratilo 400 C.). <\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref3\" name=\"_edn3\">[3]<\/a> A., <i>De anima<\/i> II, 412a, 19-22; cf. tambi\u00e9n <i>Metaph<\/i>. 1029 b 11-1030 b 14. <\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_09-12-1981\">Catequesis: Audiencia General (09-12-1981<\/span><\/h3>\n<p class=\"subTitulo\">Espiritualizaci\u00f3n y divinizaci\u00f3n del hombre <br \/>en la futura resurrecci\u00f3n de los cuerpos<\/p>\n<p> 1. &#8220;En la resurrecci\u00f3n&#8230; ni se casar\u00e1n ni se dar\u00e1n en casamiento, sino que ser\u00e1n como \u00e1ngeles en el cielo&#8221; (<i>Mt<\/i> 22, 30; an\u00e1logamente <i>Mc<\/i> 12, 25). &#8220;Son semejantes a los \u00e1ngeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrecci\u00f3n&#8221; (<i>Lc<\/i> 20, 36).<\/p>\n<p> Tratemos de comprender estas palabras de Cristo referentes a la resurrecci\u00f3n futura, para sacar de ellas una conclusi\u00f3n sobre la <i>espiritualizaci\u00f3n<\/i> del hombre diferente de la de la vida terrena. Se podr\u00eda hablar aqu\u00ed incluso de un sistema perfecto de fuerzas en las relaciones rec\u00edprocas entre lo que en el hombre es espiritual y lo que es corp\u00f3reo. El hombre &#8220;hist\u00f3rico&#8221;, como consecuencia del pecado original, experimenta una imperfecci\u00f3n m\u00faltiple de este sistema de fuerzas, que se manifiesta en las bien conocidas palabras de San Pablo: &#8220;Siento otra ley en mis miembros que repugna a la ley de mi mente&#8221; (<i>Rom<\/i> 7, 23).<\/p>\n<p> El hombre &#8220;escatol\u00f3gico&#8221; estar\u00e1 libre de esa &#8220;oposici\u00f3n&#8221;. En la resurrecci\u00f3n, el cuerpo volver\u00e1 a la perfecta unidad y armon\u00eda con el esp\u00edritu: el hombre no experimentar\u00e1 m\u00e1s la oposici\u00f3n entre lo que en \u00e9l es espiritual y lo que es corp\u00f3reo. La <i>&#8220;espiritualizaci\u00f3n&#8221;<\/i> significa no s\u00f3lo que el esp\u00edritu dominar\u00e1 al cuerpo, sino, dir\u00eda, que <i>impregnar\u00e1 plenamente al cuerpo<\/i>, y que <i>las fuerzas del esp\u00edritu impregnar\u00e1n las energ\u00edas del cuerpo<\/i>.<\/p>\n<p> 2. En la vida terrena, el dominio del esp\u00edritu sobre el cuerpo \u2014y la simult\u00e1nea subordinaci\u00f3n del cuerpo al esp\u00edritu\u2014, como fruto de un trabajo perseverante sobre s\u00ed mismo, puede expresar una personalidad espiritualmente madura; sin embargo, el hecho de que las energ\u00edas del esp\u00edritu logren dominar las fuerzas del cuerpo, no quita la posibilidad misma de su rec\u00edproca oposici\u00f3n. La &#8220;espiritualizaci\u00f3n&#8221;, a la que aluden los evangelios sin\u00f3pticos (<i>Mt<\/i> 22, 30; <i>Mc<\/i> 12, 25; <i>Lc<\/i> 20, 34-35) en los textos aqu\u00ed analizados, est\u00e1 ya fuera de esta posibilidad. Se trata, pues, de una espiritualizaci\u00f3n perfecta, en la que queda completamente eliminada <i>la posibilidad<\/i> de que &#8220;otra ley luche contra la ley de la&#8230; mente&#8221; (cf. <i>Rom<\/i> 7, 23). Este estado que \u2014como es claro\u2014 se diferencia esencialmente (y no s\u00f3lo en grado) de lo que experimentamos en la vida terrena, no significa, sin embargo, &#8220;desencarnaci\u00f3n&#8221; alguna del cuerpo ni, consiguientemente, una &#8220;deshumanizaci\u00f3n&#8221; del hombre. M\u00e1s a\u00fan, significa, por el contrario, su &#8220;realizaci\u00f3n&#8221; perfecta. Efectivamente, en el ser compuesto, psicosom\u00e1tico, que es el hombre, la perfecci\u00f3n no puede consistir en una oposici\u00f3n rec\u00edproca del esp\u00edritu y del cuerpo, sino <i>en una profunda armon\u00eda entre ellos, salvaguardando el primado del esp\u00edritu<\/i>. En el &#8220;otro mundo&#8221;, este primado se realizar\u00e1 y manifestar\u00e1 en una espontaneidad perfecta, carente de oposici\u00f3n alguna por parte del cuerpo. Sin embargo, esto no hay que entenderlo como una &#8220;victoria&#8221; definitiva del esp\u00edritu sobre el cuerpo. La resurrecci\u00f3n consistir\u00e1 en la perfecta participaci\u00f3n por parte de todo lo corp\u00f3reo del hombre en lo que en \u00e9l es espiritual. Al mismo tiempo consistir\u00e1 en la realizaci\u00f3n perfecta de lo que en el hombre es personal.<\/p>\n<p> 3. Las palabras de los sin\u00f3pticos atestiguan que el estado del hombre en el &#8220;otro mundo&#8221; ser\u00e1 no s\u00f3lo un estado de perfecta espiritualizaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de fundamental &#8220;divinizaci\u00f3n&#8221; de su humanidad. Los &#8220;hijos de la resurrecci\u00f3n&#8221; \u2014como leemos en Lucas 20, 36 \u2014 no s\u00f3lo &#8220;son semejantes a los \u00e1ngeles&#8221;, sino que tambi\u00e9n &#8220;son hijos de Dios&#8221;. De aqu\u00ed se puede sacar la conclusi\u00f3n de que el grado de espiritualizaci\u00f3n, propia del hombre &#8220;escatol\u00f3gico&#8221;, tendr\u00e1 su fuente en el grado de su &#8220;divinizaci\u00f3n&#8221;, incomparablemente superior a la que se puede conseguir en la vida terrena. Es necesario a\u00f1adir que aqu\u00ed se trata no s\u00f3lo de un grado diverso, sino en cierto sentido de otro g\u00e9nero de &#8220;divinizaci\u00f3n&#8221;. La participaci\u00f3n en la naturaleza divina, la participaci\u00f3n en la vida \u00edntima de Dios mismo, penetraci\u00f3n e impregnaci\u00f3n de lo que es esencialmente humano por parte de lo que es esencialmente divino, alcanzar\u00e1 entonces su v\u00e9rtice, por lo cual la vida del esp\u00edritu humano llegar\u00e1 a una plenitud tal, que antes le era absolutamente inaccesible. Esta nueva espiritualizaci\u00f3n ser\u00e1, pues, <i>fruto de la gracia, esto es, de la comunicaci\u00f3n de Dios en su misma divinidad<\/i>, no s\u00f3lo al alma, sino <i>a toda la subjetividad psicosom\u00e1tica del hombre<\/i>. Hablamos aqu\u00ed de la &#8220;subjetividad&#8221; (y no s\u00f3lo de la &#8220;naturaleza&#8221;) porque esa divinizaci\u00f3n se entiende no s\u00f3lo como un &#8220;estado interior&#8221; del hombre (esto es, del sujeto), capaz de ver a Dios &#8220;cara a cara&#8221;, sino tambi\u00e9n como una nueva formaci\u00f3n de toda la subjetividad personal del hombre a medida de la uni\u00f3n con Dios en su misterio trinitario y de la intimidad con El en la perfecta comuni\u00f3n de las personas. Esta intimidad \u2014con toda su intensidad subjetiva\u2014 no absorber\u00e1 la subjetividad personal del hombre, sino, al contrario, la har\u00e1 resaltar en medida incomparablemente mayor y m\u00e1s plena.<\/p>\n<p> 4. La &#8220;divinizaci\u00f3n&#8221; en el &#8220;otro mundo&#8221;, indicada por las palabras de Cristo aportar\u00e1 al esp\u00edritu humano una tal &#8220;gama de experiencias&#8221; de la verdad y del amor, que el hombre nunca habr\u00eda podido alcanzar en la vida terrena. Cuando Cristo habla de la resurrecci\u00f3n, demuestra al mismo tiempo que en esta experiencia escatol\u00f3gica de la verdad y del amor, unida a la visi\u00f3n de Dios &#8220;cara a cara&#8221;, participar\u00e1 tambi\u00e9n, a su modo, el cuerpo humano. Cuando Cristo dice que los que participen en la resurrecci\u00f3n futura &#8220;ni se casar\u00e1n ni ser\u00e1n dadas en matrimonio&#8221; (<i>Mc<\/i> 12, 25), sus palabras \u2014como ya hemos observado antes\u2014 afirman no s\u00f3lo el final de la historia terrena, vinculada al matrimonio y a la procreaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n parecen descubrir el nuevo significado del cuerpo. En este caso, \u00bfes quiz\u00e1 posible pensar \u2014<i>a nivel de escatolog\u00eda b\u00edblica<\/i>\u2014 <i>en el descubrimiento del significado<\/i> &#8220;esponsalicio&#8221; del cuerpo, sobre todo como significado &#8220;<i>virginal<\/i>&#8221; de ser, en cuanto al cuerpo, var\u00f3n y mujer? Para responder a esta pregunta que surge de las palabras referidas por los sin\u00f3pticos, conviene penetrar m\u00e1s a fondo en la esencia misma de lo que ser\u00e1 la visi\u00f3n beat\u00edfica del Ser Divino, visi\u00f3n de Dios &#8220;cara a cara&#8221; en la vida futura. Es preciso tambi\u00e9n dejarse guiar por esa &#8220;gama de experiencias&#8221; de la verdad y del amor, que sobrepasa los l\u00edmites de las posibilidades cognoscitivas y espirituales del hombre en la temporalidad, y de la que ser\u00e1 part\u00edcipe en el &#8220;otro mundo&#8221;.<\/p>\n<p> 5. Esta &#8220;experiencia escatol\u00f3gica&#8221; del Dios viviente concentrar\u00e1 en s\u00ed no s\u00f3lo todas las energ\u00edas espirituales del hombre, sino que al mismo tiempo, le descubrir\u00e1, de modo vivo y experimental, la &#8220;<i>comunicaci\u00f3n<\/i>&#8221; de Dios a toda la creaci\u00f3n y, en particular, <i>al hombre; lo cual es el &#8220;don&#8221; m\u00e1s personal de Dios en su misma divinidad, al hombre<\/i>; a ese ser, que desde el principio lleva en s\u00ed la imagen y semejanza de El. As\u00ed, pues, en el &#8220;otro mundo&#8221; el objeto de la &#8220;visi\u00f3n&#8221; ser\u00e1 ese misterio escondido desde la eternidad en el Padre, misterio que en el tiempo ha sido revelado en Cristo, para realizarse incesantemente por obra del Esp\u00edritu Santo; ese misterio se convertir\u00e1, si nos podemos expresar as\u00ed, en el contenido de la experiencia escatol\u00f3gica y en la &#8220;forma&#8221; de toda la existencia humana en las dimensiones del &#8220;otro mundo&#8221;. La vida eterna hay que entenderla en sentido escatol\u00f3gico, esto es, como plena y perfecta experiencia de esa gracia (= <i>charis<\/i>) de Dios, de la que el hombre se hace part\u00edcipe mediante la fe, durante la vida terrena, y que, en cambio, no s\u00f3lo deber\u00e1 revelarse a los que participar\u00e1n del &#8220;otro mundo&#8221; en toda su penetrante profundidad, sino ser tambi\u00e9n experimentada en su realidad beatificante.<\/p>\n<p> Suspendemos aqu\u00ed nuestra reflexi\u00f3n centrada en las palabras de Cristo, relativas a la futura resurrecci\u00f3n de los cuerpos. En esta &#8220;espiritualizaci\u00f3n&#8221; y &#8220;divinizaci\u00f3n&#8221;, de las que el hombre participar\u00e1 en la resurrecci\u00f3n, descubrimos \u2014en una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica\u2014 las mismas caracter\u00edsticas que calificaban el significado &#8220;esponsalicio&#8221; del cuerpo; las descubrimos en el encuentro con el misterio del Dios viviente, que se revela mediante la visi\u00f3n de El &#8220;cara a cara&#8221;.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_27-01-1982\">Catequesis: Audiencia General (27-01-1982)<\/span><\/h3>\n<p class=\"subTitulo\">La antropolog\u00eda paulina concerniente a la resurrecci\u00f3n<\/p>\n<p> 1. Durante las audiencias precedentes hemos reflexionado sobre las palabras de Cristo acerca del \u00abotro mundo\u00bb, que emerger\u00e1 juntamente con la resurrecci\u00f3n de los cuerpos.<\/p>\n<p> Esas palabras tuvieron una resonancia singularmente intensa en la ense\u00f1anza de San Pablo. Entre la respuesta dada a los saduceos, transmitida por los Evangelios sin\u00f3pticos (cf. <i>Mt <\/i>22, 30; <i>Mc<\/i> 12, 25; <i>Lc<\/i> 20, 35-36), y el apostolado de Pablo tuvo lugar ante todo el hecho de la resurrecci\u00f3n de Cristo mismo y una serie de encuentros con el Resucitado, entre los cuales hay que contar, como \u00faltimo eslab\u00f3n, el evento ocurrido en ]as cercan\u00edas de Damasco. Saulo o Pablo de Tarso que, una vez convertido, vino a ser el \u00abAp\u00f3stol de los Gentiles\u00bb, tuvo tambi\u00e9n <i>la propia experiencia postpascual, <\/i>an\u00e1loga a la de los otros Ap\u00f3stoles. En la base de su fe en la resurrecci\u00f3n, que \u00e9l expresa sobre todo en la <i>primera Carta a los Corintios<\/i> (cap\u00edtulo 15), est\u00e1 ciertamente ese encuentro con el Resucitado, que se convirti\u00f3 en el comienzo y fundamento de su apostolado.<\/p>\n<p> 2. Es dif\u00edcil resumir aqu\u00ed y comentar adecuadamente la estupenda y amplia argumentaci\u00f3n del cap\u00edtulo 15 de la <i>primera Carta a los Corintios<\/i> en todos sus pormenores. Resulta significativo que, mientras Cristo con las palabras referidas por los Evangelios sin\u00f3pticos respond\u00eda a los saduceos, que \u00abniegan la resurrecci\u00f3n\u00bb (<i>Lc<\/i> 20. 27), Pablo, por su parte, responde, o mejor, polemiza (seg\u00fan su temperamento) con los que le contestan <a title=\"\" href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[1]<\/a>. Cristo, en su respuesta (pre-pascual) no hac\u00eda referencia a la propia resurrecci\u00f3n, sino que se remit\u00eda a la realidad fundamental de la Alianza vetero testamentaria, a la realidad de Dios vivo, que est\u00e1 en la base del convencimiento sobre la posibilidad de la resurrecci\u00f3n: el Dios vivo \u00abno es Dios de muertos, sino de vivos\u00bb (<i>Mc<\/i> 12, 27). Pablo, en su argumentaci\u00f3n postpascual sobre la resurrecci\u00f3n futura, se remite sobre todo a la realidad y a la verdad de la resurrecci\u00f3n de Cristo. M\u00e1s a\u00fan, defiende esta verdad incluso como fundamento de la fe en su integridad: \u00ab&#8230;Si Cristo no resucit\u00f3, vana es nuestra predicaci\u00f3n. Vana nuestra fe&#8230; Pero no; Cristo ha resucitado de entre los muertos\u00bb (<i>1Cor<\/i> 15, 14, 20).<\/p>\n<p> 3. Aqu\u00ed nos encontramos en la misma l\u00ednea de la Revelaci\u00f3n: <i>la resurrecci\u00f3n de Cristo es la \u00faltima<\/i> y m\u00e1s plena palabra <i>de la autorrevelaci\u00f3n<\/i> del Dios vivo como \u00abDios no de muertos, sino <i>de vivos<\/i>\u00bb (<i>Mc<\/i> 12, 27). Es la \u00faltima y m\u00e1s plena confirmaci\u00f3n de la verdad sobre Dios que desde el principio se manifiesta a trav\u00e9s de esta Revelaci\u00f3n. Adem\u00e1s, la resurrecci\u00f3n es la respuesta del Dios de la vida a lo inevitable hist\u00f3rico de la muerte, a la que el hombre est\u00e1 sometido desde el momento de la ruptura de la primera Alianza y que, juntamente con el pecado, entr\u00f3 en su historia. Esta respuesta acerca de la victoria lograda sobre la muerte, est\u00e1 ilustrada por la <i>primera Carta a los Corintios<\/i> (cap\u00edtulo 15) con una perspicacia singular, presentando la resurrecci\u00f3n de Cristo como el comienzo de ese cumplimiento escatol\u00f3gico, en el que por \u00c9l y en \u00c9l todo retornar\u00e1 al Padre, todo le ser\u00e1 sometido, esto es, entregado de nuevo definitivamente, para que \u00abDios sea todo en todos\u00bb (<i>1Cor<\/i> 15, 28). Y entonces \u2014en esta definitiva victoria sobre el pecado, sobre lo que contrapon\u00eda la criatura al Creador\u2014 ser\u00e1 vencida tambi\u00e9n la muerte: \u00abEl \u00faltimo enemigo reducido a la nada ser\u00e1 la muerte\u00bb (1 <i>Cor<\/i> 15, 26).<\/p>\n<p> 4. En este contexto se insertan las palabras que pueden ser consideradas s\u00edntesis de la <i>antropolog\u00eda<\/i> <i>paulina <\/i>concerniente a <i>la resurrecci\u00f3n<\/i>. Y sobre estas palabras convendr\u00e1 que nos detengamos aqu\u00ed m\u00e1s largamente. En efecto, leemos en la <i>primera Carta a los Corintios <\/i>15, 42-46, acerca de la resurrecci\u00f3n de los muertos: \u00abSe siembra en corrupci\u00f3n y se resucita en corrupci\u00f3n. Se siembra en ignominia y se levanta en gloria. Se siembra en flaqueza y se levanta en poder. Se siembra cuerpo animal y se levanta cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo animal, tambi\u00e9n lo hay espiritual. Que por eso est\u00e1 escrito: El primer hombre, Ad\u00e1n, fue hecho alma viviente; el \u00faltimo Ad\u00e1n, esp\u00edritu vivificante. Pero no es primero lo espiritual, sino lo animal: despu\u00e9s lo espiritual\u00bb.<\/p>\n<p> 5. Entre esta antropolog\u00eda paulina de la resurrecci\u00f3n y la que emerge del texto de los Evangelios sin\u00f3pticos (cf. <i>Mt<\/i> 22, 30; <i>Mc<\/i> 12, 25; <i>Lc<\/i> 20, 35-36), hay una coherencia esencial, s\u00f3lo que el texto de la primera Carta a los Corintios est\u00e1 m\u00e1s desarrollado. Pablo profundiza en lo que hab\u00eda anunciado Cristo, penetrando, a la vez, en los varios aspectos de esa verdad que las palabras escritas por los sin\u00f3pticos expresaban de modo conciso y sustancial. Adem\u00e1s, es significativo en el texto paulino que <i>la perspectiva escatol\u00f3gica<\/i> del hombre, basada sobre la fe \u00aben la resurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb, <i>est\u00e1 unida con la referencia al <\/i>\u00ab<i>principio<\/i>\u00bb, como tambi\u00e9n con la profunda conciencia <i>de la situaci\u00f3n <\/i>\u00ab<i>hist\u00f3rica<\/i>\u00bb<i> del hombre<\/i>. El hombre al que Pablo se dirige en la primera Carta a los Corintios y que se opone (como los saduceos) a la posibilidad de la resurrecci\u00f3n, tiene tambi\u00e9n su experiencia (\u00abhist\u00f3rica\u00bb) del cuerpo, y de esta experiencia resulta con toda claridad que el cuerpo es \u00abcorruptible\u00bb, \u00abd\u00e9bil\u00bb, \u00abanimal\u00bb, \u00abinnoble\u00bb.<\/p>\n<p> 6. A este hombre, destinatario de su escrito \u2014 tanto en la comunidad de Corinto, como tambi\u00e9n, dir\u00eda, en todos los tiempos \u2014, Pablo lo confronta con Cristo resucitado, \u00abel \u00faltimo Ad\u00e1n\u00bb. Al hacerlo as\u00ed, le invita, en cierto sentido, a seguir las huellas de la propia experiencia postpascual. A la vez le recuerda \u00abel primer Ad\u00e1n\u00bb, o sea, le induce a dirigirse al \u00abprincipio\u00bb, a esa primera verdad acerca del hombre y el mundo, que est\u00e1 en la base de la revelaci\u00f3n del misterio de Dios vivo. As\u00ed, pues, Pablo <i>reproduce en su s\u00edntesis todo lo que Cristo<\/i> <i>hab\u00eda anunciado, <\/i>cuando se remiti\u00f3, en tres momentos diversos, al \u00abprincipio\u00bb en la conversaci\u00f3n con los fariseos (cf. <i>Mt<\/i> 19, 3-8;<i> Mc<\/i> 10, 2-9); al \u00abcoraz\u00f3n\u00bb humano, como lugar de lucha con las concupiscencias en el interior del hombre, durante el Serm\u00f3n de la monta\u00f1a (cf. <i>Mt<\/i> 5, 27); y a la resurrecci\u00f3n como realidad del \u00abotro mundo\u00bb, en la conversaci\u00f3n con los saduceos (cf. <i>Mt <\/i>22, 30; <i>Mc<\/i> 12, 25; <i>Lc<\/i> 20, 35-36).<\/p>\n<p> 7. Al estilo de la s\u00edntesis de Pablo pertenece, pues, el hecho de que ella hunde sus ra\u00edces en el conjunto del misterio revelado de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n, en el que se desarrolla y a cuya luz solamente se explica. La creaci\u00f3n del hombre, seg\u00fan el relato b\u00edblico, es una vivificaci\u00f3n de la materia mediante el esp\u00edritu, gracias al cual \u00abel primer Ad\u00e1n&#8230; fue hecho alma viviente\u00bb (<i>1Cor<\/i> 15, 45). El texto paulino repite aqu\u00ed las palabras del libro del G\u00e9nesis 2, 7, es decir, del segundo relato de la creaci\u00f3n del hombre (llamado: relato yahvista). Por la misma fuente se sabe que esta originaria \u00abanimaci\u00f3n del cuerpo\u00bb sufri\u00f3 una corrupci\u00f3n a causa del pecado. Aunque en este punto de la <i>primera Carta a los Corintios<\/i> el autor no hable directamente del pecado original, sin embargo la serie de definiciones que atribuye al cuerpo del hombre hist\u00f3rico, escribiendo que es \u00abcorruptible.. d\u00e9bil&#8230; animal&#8230; innoble&#8230;\u00bb, indica suficientemente lo que, seg\u00fan la Revelaci\u00f3n, es consecuencia del pecado, lo que el mismo Pablo llamar\u00e1 en otra parte \u00abesclavitud de la corrupci\u00f3n\u00bb (<i>Rom<\/i> 8, 21). A esta <i>\u00abesclavitud de la corrupci\u00f3n\u00bb est\u00e1 sometida indirectamente toda la creaci\u00f3n a causa del pecado del hombre, <\/i>el cual fue puesto por el Creador en medio del mundo visible para que \u00abdominase\u00bb (cf. <i>G\u00e9n <\/i>1, 28). De<i> <\/i>este modo el pecado del hombre tiene una dimensi\u00f3n no s\u00f3lo interior, sino tambi\u00e9n &#8220;c\u00f3smica&#8221;. Y seg\u00fan esta dimensi\u00f3n, el cuerpo \u2014al que Pablo (de acuerdo con su experiencia) caracteriza como \u00abcorruptible&#8230; d\u00e9bil&#8230; animal&#8230; innoble\u00bb\u2014 manifiesta en s\u00ed el estado de la creaci\u00f3n despu\u00e9s del pecado. Esta creaci\u00f3n, en efecto, \u00abgime y siente dolores de parto\u00bb (<i>Rom <\/i>8, 22).<i> <\/i>Sin embargo, como los dolores del parto van unidos al deseo del nacimiento, a la esperanza de un nuevo hombre, as\u00ed tambi\u00e9n toda la creaci\u00f3n espera \u00abcon impaciencia la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios&#8230; con la esperanza de que tambi\u00e9n ella ser\u00e1 libertada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios\u00bb (<i>Rom <\/i>8, 19-21).<\/p>\n<p> 8. A trav\u00e9s de este contexto \u00abc\u00f3smico\u00bb de la afirmaci\u00f3n contenida en la Carta a los Romanos \u2014en cierto sentido, a trav\u00e9s del \u00abcuerpo de todas las criaturas\u00bb\u2014, tratamos de comprender hasta el fondo la interpretaci\u00f3n paulina de la resurrecci\u00f3n. Si esta imagen del cuerpo del hombre hist\u00f3rico, tan profundamente realista y adecuada a la experiencia universal de los hombres, <i>esconde en s\u00ed, <\/i>seg\u00fan Pablo, <i>no s\u00f3lo la \u00abservidumbre de la corrupci\u00f3n\u00bb<\/i>,<i> <\/i>sino tambi\u00e9n la esperanza, semejante a la que acompa\u00f1a a \u00ablos dolores del parto\u00bb, esto sucede porque el Ap\u00f3stol capta en esta imagen tambi\u00e9n <i>la presencia del misterio de la redenci\u00f3n. <\/i>La conciencia de ese misterio brota precisamente de todas las experiencias del hombre que no se pueden definir como \u00abservidumbre de la corrupci\u00f3n\u00bb; y brota porque la redenci\u00f3n act\u00faa en el alma del hombre mediante <i>los dones del Esp\u00edritu<\/i>: \u00ab&#8230;Tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del Esp\u00edritu, gemimos dentro de nosotros mismos suspirando por la adopci\u00f3n, por la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u00bb (<i>Rom<\/i> 8, 23). La redenci\u00f3n es el camino para la resurrecci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n constituye el cumplimiento definitivo de la redenci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<p> Reanudaremos el an\u00e1lisis del texto paulino de la <i>primera Carta a los Corintios<\/i> en nuestras reflexiones ulteriores. <\/p>\n<hr class=\"nota-pie\" \/>\n<p><b>Notas<\/b><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[1]<\/a>. Los Corintios probablemente estaban afectados por corrientes de pensamiento basadas en el dualismo plat\u00f3nico y en el neopitagorismo de matiz religioso, en el estoicismo y en el epicure\u00edsmo; por lo dem\u00e1s, todas las filosof\u00edas griegas negaban la resurrecci\u00f3n del cuerpo. Pablo ya hab\u00eda experimentado en Atenas la reacci\u00f3n de los griegos ante la doctrina de la resurrecci\u00f3n, durante su discurso en el Are\u00f3pago (cf. <i>Act<\/i> 17, 32). <\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_01-12-1982\">Catequesis: Audiencia General (01-12-1982)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Vivir el matrimonio-sacramento seg\u00fan el Esp\u00edritu<\/p>\n<p> 6. La vida \u00abseg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb se manifiesta, pues, tambi\u00e9n en la \u00abuni\u00f3n\u00bb rec\u00edproca (cf. <i>G\u00e9n<\/i> 4, 1), por medio de la cual los esposos, al convertirse en \u00abuna sola carne\u00bb, someten su feminidad y masculinidad a la bendici\u00f3n de la procreaci\u00f3n: \u00abConoci\u00f3 Ad\u00e1n a su mujer, que concibi\u00f3 y pari\u00f3&#8230;, diciendo: He alcanzado de Yahv\u00e9 un var\u00f3n\u00bb (<i>G\u00e9n<\/i> 4, 1). <i>La \u00abvida seg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb<\/i> se manifiesta tambi\u00e9n en la conciencia de la gratificaci\u00f3n, a la que corresponde la dignidad de los mismos esposos en calidad de padres, esto es, se manifiesta <i>en la conciencia profunda de la santidad de la vida (sacrum)<\/i>, a la que los dos han dado origen, participando \u2014como padres\u2014, en las fuerzas del misterio de la creaci\u00f3n. A la luz de la esperanza, que est\u00e1 vinculada con el misterio de la redenci\u00f3n del cuerpo (cf. <i>Rom<\/i> 8, 19-23), esta nueva vida humana, el hombre nuevo concebido y nacido de la uni\u00f3n conyugal de su padre y de su madre, se abre a las \u00abprimicias del Esp\u00edritu\u00bb (<i>ib<\/i>., 8, 23) \u00abpara participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios\u00bb (<i>ib<\/i>., 8, 21). Y si \u00abla creaci\u00f3n entera hasta ahora gime y siente dolores de parto\u00bb (<i>ib<\/i> 8, 22), una esperanza especial acompa\u00f1a a los dolores de la madre que va a dar a luz, esto es, la esperanza de la \u00abmanifestaci\u00f3n de los hijos de Dios\u00bb (<i>ib<\/i>., 8, 19), la esperanza de la que todo reci\u00e9n nacido que viene al mundo trae consigo un destello.<\/p>\n<p> 7. Esta esperanza que est\u00e1 \u00aben el mundo\u00bb, impregnando \u2014como ense\u00f1a San Pablo\u2014 toda la creaci\u00f3n, al mismo tiempo, no es \u00abdel mundo\u00bb. M\u00e1s a\u00fan: debe combatir en el coraz\u00f3n humano con lo que es \u00abdel mundo\u00bb, con lo que hay \u00aben el mundo\u00bb. \u00abPorque todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino que procede del mundo\u00bb (1 <i>Jn<\/i> 2, 16). <i>El matrimonio, como sacramento primordial<\/i> y a la vez como sacramento que brota en el misterio de la redenci\u00f3n del cuerpo del amor nupcial de Cristo y de la Iglesia, \u00abviene del Padre\u00bb. No procede \u00abdel mundo\u00bb, sino \u00abdel Padre\u00bb. En consecuencia, tambi\u00e9n el matrimonio, como sacramento, constituye la base de la esperanza para la persona, esto es, para el hombre y para la mujer, para los padres y para los hijos, para las generaciones humanas. Efectivamente, por una parte, \u00abpasa el mundo y tambi\u00e9n sus concupiscencias\u00bb, por otra parte, \u00abel que hace la voluntad de Dios permanece para siempre\u00bb (<i>ib<\/i>., 2, 17). Con el matrimonio, como sacramento, est\u00e1 vinculado el origen del hombre en el mundo, y en \u00e9l est\u00e1 tambi\u00e9n grabado su porvenir, y esto no s\u00f3lo en las dimensiones hist\u00f3ricas, sino tambi\u00e9n en las escatol\u00f3gicas.<\/p>\n<p> 8. A esto se refieren <i>las palabras en las que Cristo se remite a la resurrecci\u00f3n de los cuerpos<\/i>, palabras que traen los tres sin\u00f3pticos (cf. <i> Mt<\/i> 22, 23-32; <i>Mc<\/i> 12, 18-27; <i>Lc<\/i> 20, 34-39). \u00abPorque en la resurrecci\u00f3n ni se casar\u00e1n ni se dar\u00e1n en casamiento, sino que ser\u00e1n como \u00e1ngeles en el cielo\u00bb: as\u00ed dice Mateo y de modo parecido Marcos; y Lucas: \u00abLos hijos de este siglo toman mujeres y maridos. Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrecci\u00f3n de los muertos, ni tomar\u00e1n mujeres ni maridos, porque ya no pueden morir y son semejantes a los \u00e1ngeles e hijos de Dios, hijos de la resurrecci\u00f3n\u00bb (<i>Lc<\/i> 20, 34-36). Estos textos ya han sido sometidos anteriormente a un an\u00e1lisis detallado.<\/p>\n<p> 9. Cristo afirma que <i>el matrimonio <\/i>\u2014<i>sacramento del origen <\/i>del hombre en el mundo visible temporal\u2014 no <i>pertenece<\/i> a la realidad escatol\u00f3gica del <i> \u00abmundo futuro\u00bb<\/i>. Sin embargo, el hombre, llamado a participar de este futuro escatol\u00f3gico mediante la resurrecci\u00f3n del cuerpo, es el mismo hombre, var\u00f3n y mujer, cuyo origen en el mundo visible temporal est\u00e1 unido al matrimonio como sacramento primordial del misterio mismo de la creaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, cada hombre, llamado a participar de la realidad de la resurrecci\u00f3n futura, trae al mundo esta vocaci\u00f3n, por el hecho de que en el mundo visible temporal tienen su <i> origen por obra del matrimonio de sus padres<\/i>. As\u00ed, pues, las palabras de Cristo, que excluyen el matrimonio de la realidad del \u00abmundo futuro\u00bb, al mismo tiempo desvelan indirectamente el significado de este sacramento para <i>la participaci\u00f3n <\/i>de los hombres, hijos e hijas, <i>en la resurrecci\u00f3n futura<\/i>.<\/p>\n<p> 10. El matrimonio, que es sacramento primordial \u2014renacido, en cierto sentido, del amor nupcial de Cristo y de la Iglesia\u2014 no pertenece a la \u00abredenci\u00f3n del cuerpo\u00bb en la dimensi\u00f3n de la esperanza escatol\u00f3gica (cf. <i>Rom<\/i> 8, 23). El mismo matrimonio, concedido al hombre como gracia, como \u00abdon\u00bb, destinado por Dios precisamente a los esposos, y a la vez asignado a ellos, con las palabras de Cristo, como ethos, ese matrimonio sacramental <i>se cumple <\/i>y se realiza <i>en la perspectiva de la esperanza escatol\u00f3gica<\/i>. Tiene un significado esencial para la \u00abredenci\u00f3n del cuerpo\u00bb en la dimensi\u00f3n de esta esperanza. De hecho, proviene del Padre y a \u00c9l se debe su origen en el mundo. Y si este \u00abmundo pasa\u00bb, y si con \u00e9l pasan tambi\u00e9n la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y el orgullo de la vida, que proceden \u00abdel mundo\u00bb, el matrimonio como sacramento sirve inmutablemente para que el hombre, var\u00f3n y mujer, dominando la concupiscencia, cumpla la voluntad del Padre. Y \u00abel que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre\u00bb. (1 <i>Jn<\/i> 2, 17).<\/p>\n<p> 11. En este sentido, el matrimonio, como sacramento, lleva consigo tambi\u00e9n el germen del futuro escatol\u00f3gico del hombre, esto es, la perspectiva de la \u00abredenci\u00f3n del cuerpo\u00bb en la dimensi\u00f3n de la esperanza escatol\u00f3gica, a la que corresponden las palabras de Cristo acerca de la resurrecci\u00f3n: \u00abEn la resurrecci\u00f3n&#8230; ni se casar\u00e1n ni se dar\u00e1n en casamiento\u00bb (<i>Mt<\/i> 22, 30): sin embargo, tambi\u00e9n lo que, \u00absiendo hijos de la resurrecci\u00f3n&#8230; son semejantes a los \u00e1ngeles y&#8230; son hijos de Dios\u00bb (<i>Lc<\/i> 20, 36), deben su propio origen en el mundo visible temporal al matrimonio y a la procreaci\u00f3n del hombre y de la mujer. El matrimonio, como sacramento del \u00abprincipio\u00bb humano, como <i>sacramento de la temporalidad<\/i> del hombre hist\u00f3rico, realiza de este modo un servicio insustituible respecto a su futuro extra-temporal, respecto al misterio de la \u00abredenci\u00f3n del cuerpo\u00bb en la dimensi\u00f3n de la esperanza escatol\u00f3gica.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_21-04-1982\">Catequesis: Audiencia General (21-04-1982)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">El celibato, donaci\u00f3n y renuncia por amor<\/p>\n<p> 7. El \u00abreino de los cielos\u00bb es ciertamente el cumplimiento definitivo de las aspiraciones de todos los hombres, a quienes Cristo dirige su mensaje: es la plenitud del bien, que el coraz\u00f3n humano desea por encima de todo lo que puede ser su herencia en la vida terrena, es la m\u00e1xima plenitud de la gratificaci\u00f3n de Dios al hombre. En la conversaci\u00f3n con los saduceos (cf. <i>Mt<\/i> 22, 24-30; <i> Mc<\/i> 12, 18-27; <i>Lc<\/i> 20, 27-40), que hemos analizado anteriormente, encontramos algunos detalles sobre ese \u00abreino\u00bb, o sea, sobre el \u00abotro mundo\u00bb. Hay muchos m\u00e1s en todo el Nuevo Testamento. Sin embargo, parece que para esclarecer qu\u00e9 es el reino de los cielos para los que, a causa de \u00e9l, eligen la continencia voluntaria, tiene un significado especial <i>la revelaci\u00f3n de la relaci\u00f3n esponsalicia de Cristo con la Iglesia<\/i>: entre otros textos, pues, es decisivo el de la Carta a los Efesios, 5, 25 ss., sobre el cual nos convendr\u00e1 fundarnos especialmente cuando consideremos el problema de la sacramentalidad del matrimonio.<\/p>\n<p> Ese texto es igualmente v\u00e1lido, tanto para la teolog\u00eda del matrimonio, como para la teolog\u00eda de la continencia \u00abpor el reino\u00bb, es decir, la teolog\u00eda de la virginidad o del celibato. Parece que precisamente en ese texto encontramos como concretado lo que Cristo hab\u00eda dicho a sus disc\u00edpulos, al invitar a la continencia voluntaria \u00abpor el reino de los cielos\u00bb.<\/p>\n<p> 8. En este an\u00e1lisis se ha subrayado ya suficientemente que las palabras de Cristo \u2014en medio de su gran concisi\u00f3n\u2014 son fundamentales, est\u00e1n llenas de contenido esencial y caracterizadas adem\u00e1s por cierta severidad. No cabe duda de que Cristo pronuncia su llamada a la continencia en la perspectiva del \u00abotro mundo\u00bb, pero en esta llamada pone el acento sobre todo aquello en que se manifiesta el realismo temporal de la decisi\u00f3n a esta continencia, decisi\u00f3n vinculada con la voluntad de participar en la obra redentora de Cristo.<\/p>\n<p> As\u00ed, pues, a la luz de las respectivas palabras de Cristo, referidas por Mateo (19, 11-12), emergen, sobre todo, la profundidad y la seriedad de la decisi\u00f3n de vivir la continencia \u00abpor el reino\u00bb, y encuentra expresi\u00f3n el momento de la renuncia que implica esta decisi\u00f3n.<\/p>\n<p> Indudablemente, a trav\u00e9s de todo esto, a trav\u00e9s de la seriedad y profundidad de la decisi\u00f3n, a trav\u00e9s de la severidad y responsabilidad que comporta, se transparenta y se trasluce el amor: <i>el amor como disponibilidad del don exclusivo de s\u00ed por el <\/i>\u00ab<i>reino de Dios<\/i>\u00bb. Sin embargo, en las palabras de Cristo este amor parece estar velado por lo que, en cambio, se pone en primer plano. Cristo no oculta a sus disc\u00edpulos el hecho de que la elecci\u00f3n de la continencia \u00abpor el reino de los cielos\u00bb es \u2014<i>vista en categor\u00edas de temporalidad<\/i>\u2014 una renuncia. Ese modo de hablar a los disc\u00edpulos, que formula claramente la verdad de su ense\u00f1anza y de las exigencias que esta ense\u00f1anza contiene, es significativo para todo el Evangelio; y es precisamente eso lo que le confiere, entre otras cosas, una marca y una fuerza tan convincentes.<\/p>\n<p> 9. Es propio del coraz\u00f3n humano aceptar exigencias, incluso dif\u00edciles, en nombre del amor por un ideal y sobre todo <i>en nombre del amor hacia la persona <\/i> (efectivamente, el amor est\u00e1 orientado por esencia hacia la persona). Y por esto, en la llamada a la continencia \u00abpor el reino de los cielos\u00bb, primero los mismos disc\u00edpulos y, luego, toda la Tradici\u00f3n viva de la Iglesia descubrir\u00e1n enseguida el amor que se refiere<i> a Cristo mismo como Esposo de la Iglesia, Esposo de las almas<\/i>, a las que \u00c9l se ha entregado hasta el fin en el misterio de su Pascua y de la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p> De este modo la continencia \u00abpor el reino de los cielos\u00bb, la opci\u00f3n de la virginidad o del celibato para toda la vida, ha venido a ser en la experiencia de los disc\u00edpulos y de los seguidores de Cristo el acto de <i>una respuesta particular del amor<\/i> del Esposo Divino, y, por esto, <i>ha adquirido el significado de un acto de amor esponsalicio<\/i>: esto es, de una donaci\u00f3n esponsalicia de s\u00ed, para corresponder de modo especial al amor esponsalicio del Redentor; una donaci\u00f3n de s\u00ed entendida como <i>renuncia<\/i>, pero hecha, sobre todo, <i>por amor<\/i>.<\/p>\n<h2><span id=\"Catecismo_de_la_Iglesia_Catolica\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/h2>\n<p class=\"subTitulo\">La  Resurrecci\u00f3n de Cristo y la nuestra<\/p>\n<p>   <P><b>Revelaci\u00f3n progresiva de la Resurrecci\u00f3n<\/b>    <\/P>   <P> <b>992<\/b> La resurrecci\u00f3n de los muertos fue revelada  progresivamente por Dios a su Pueblo. La esperanza en la resurrecci\u00f3n corporal  de los muertos se impuso como una consecuencia intr\u00ednseca de la fe en un Dios  creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. El creador del cielo y de la  tierra es tambi\u00e9n Aqu\u00e9l que mantiene fielmente su Alianza con Abraham y su  descendencia. En esta doble perspectiva comienza a expresarse la fe en la  resurrecci\u00f3n. En sus pruebas, los m\u00e1rtires Macabeos confiesan:    <\/P><\/p>\n<blockquote><p>   <P> \u00abEl Rey del mundo, a nosotros que morimos por sus leyes, nos  resucitar\u00e1 a una vida eterna\u00bb (<i>2 M<\/i> 7, 9). \u00abEs preferible morir a manos de  los hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por \u00e9l\u00bb  (<i>2 M<\/i> 7, 14; cf. <i>2 M <\/i>7, 29; <i>Dn<\/i> 12, 1-13).      <\/P>   <\/p>\n<\/blockquote>\n<p>   <P> <b>993<\/b> Los fariseos (cf. <i>Hch<\/i> 23, 6) y muchos contempor\u00e1neos del Se\u00f1or  (cf. <i>Jn<\/i> 11, 24) esperaban la resurrecci\u00f3n. Jes\u00fas la ense\u00f1a firmemente. A  los saduceos que la niegan responde: &#8220;Vosotros no conoc\u00e9is ni las Escrituras ni  el poder de Dios, vosotros est\u00e1is en el error&#8221; (<i>Mc<\/i> 12, 24). La fe en la  resurrecci\u00f3n descansa en la fe en Dios que &#8220;no es un Dios de muertos sino de  vivos&#8221; (<i>Mc<\/i> 12, 27).<\/P>   <P> <b>994<\/b> Pero hay m\u00e1s: Jes\u00fas liga la fe en la resurrecci\u00f3n a la fe en su  propia persona: &#8220;Yo soy la resurrecci\u00f3n y la vida&#8221; (<i>Jn<\/i> 11, 25). Es el  mismo Jes\u00fas el que resucitar\u00e1 en el \u00faltimo d\u00eda a quienes hayan cre\u00eddo en \u00c9l (cf. <i>Jn<\/i> 5, 24-25; 6, 40) y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre (cf. <i> Jn<\/i> 6, 54). En su vida p\u00fablica ofrece ya un signo y una prenda de la  resurrecci\u00f3n devolviendo la vida a algunos muertos (cf. <i>Mc<\/i> 5, 21-42; <i> Lc<\/i> 7, 11-17; <i>Jn<\/i> 11), anunciando as\u00ed su propia Resurrecci\u00f3n que, no  obstante, ser\u00e1 de otro orden. De este acontecimiento \u00fanico, \u00c9l habla como del  &#8220;signo de Jon\u00e1s&#8221; (<i>Mt<\/i> 12, 39), del signo del Templo (cf. <i>Jn<\/i> 2,  19-22): anuncia su Resurrecci\u00f3n al tercer d\u00eda despu\u00e9s de su muerte (cf. <i>Mc<\/i>  10, 34).<\/P>   <P> <b>995<\/b> Ser testigo de Cristo es ser &#8220;testigo de su Resurrecci\u00f3n&#8221; (<i>Hch<\/i> 1, 22;  cf. 4, 33), &#8220;haber comido y bebido con \u00e9l despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n de entre  los muertos&#8221; (<i>Hch<\/i> 10, 41). La esperanza cristiana en la resurrecci\u00f3n est\u00e1  totalmente marcada por los encuentros con Cristo resucitado. Nosotros  resucitaremos como \u00c9l, con \u00c9l, por \u00c9l.<\/P>   <P> <b>996<\/b> Desde el principio, la fe cristiana en la resurrecci\u00f3n ha encontrado  incomprensiones y oposiciones (cf. <i>Hch<\/i> 17, 32; <i>1 Co<\/i> 15, 12-13). &#8220;En ning\u00fan punto  la fe cristiana encuentra m\u00e1s contradicci\u00f3n que en la resurrecci\u00f3n de la carne&#8221;  (San Agust\u00edn, <i>Enarratio in Psalmum<\/i> 88, 2, 5). Se acepta muy com\u00fanmente que, despu\u00e9s de la  muerte, la vida de la persona humana contin\u00faa de una forma espiritual. Pero  \u00bfc\u00f3mo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida  eterna?<\/P>   <P> <b>C\u00f3mo resucitan los muertos<\/b><\/P>   <P> <b>997<\/b> <i>\u00bfQu\u00e9 es resucitar?<\/i> En la muerte, separaci\u00f3n del alma y el  cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupci\u00f3n, mientras que su alma va al  encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su  omnipotencia dar\u00e1 definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible  uni\u00e9ndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/P>   <P> <b>998<\/b> <i>\u00bfQui\u00e9n resucitar\u00e1?<\/i> Todos los hombres que han muerto: &#8220;los que  hayan hecho el bien resucitar\u00e1n para la vida, y los que hayan hecho el mal, para  la condenaci\u00f3n&#8221; (<i>Jn<\/i> 5, 29; cf. <i>Dn<\/i> 12, 2).<\/P>   <P> <b>999<\/b> <i>\u00bfC\u00f3mo?<\/i> Cristo resucit\u00f3 con su propio cuerpo: &#8220;Mirad mis manos  y mis pies; soy yo mismo&#8221; (<i>Lc<\/i> 24, 39); pero \u00c9l no volvi\u00f3 a una vida terrenal.  Del mismo modo, en \u00c9l &#8220;todos resucitar\u00e1n con su propio cuerpo, del que ahora  est\u00e1n revestidos&#8221;  (Concilio de Letr\u00e1n IV: DS 801), pero este cuerpo ser\u00e1 &#8220;transfigurado en cuerpo de  gloria&#8221; (<i>Flp<\/i> 3, 21), en &#8220;cuerpo espiritual&#8221; (<i>1 Co<\/i> 15, 44):<\/P><\/p>\n<blockquote><p>   <P> \u00abPero dir\u00e1 alguno: \u00bfc\u00f3mo resucitan los muertos? \u00bfCon qu\u00e9 cuerpo vuelven a la  vida? \u00a1Necio! Lo que t\u00fa siembras no revive si no muere. Y lo que t\u00fa siembras no  es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano&#8230;, se siembra corrupci\u00f3n,  resucita incorrupci\u00f3n [&#8230;]; los muertos resucitar\u00e1n incorruptibles. En efecto, es  necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este  ser mortal se revista de inmortalidad (<i>1 Cor<\/i> 15,35-37. 42. 53).<\/P>   <\/p>\n<\/blockquote>\n<p>   <P> <b>1000<\/b> Este &#8220;c\u00f3mo ocurrir\u00e1 la resurrecci\u00f3n&#8221; sobrepasa nuestra imaginaci\u00f3n y nuestro entendimiento;  no es accesible m\u00e1s que en la fe. Pero nuestra participaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda  nos da ya un anticipo de la transfiguraci\u00f3n de nuestro cuerpo por Cristo:<\/P><\/p>\n<blockquote><p>   <P> \u00abAs\u00ed como el pan que viene de la tierra, despu\u00e9s de haber recibido la invocaci\u00f3n  de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucarist\u00eda, constituida por dos cosas, una  terrena y otra celestial, as\u00ed nuestros cuerpos que participan en la eucarist\u00eda  ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrecci\u00f3n\u00bb (San  Ireneo de Lyon, <i>Adversus haereses<\/i>, 4, 18, 4-5).<\/P>   <\/p>\n<\/blockquote>\n<p>   <P> <b>1001<\/b> <i>\u00bfCu\u00e1ndo?<\/i> Sin duda en el &#8220;\u00faltimo d\u00eda&#8221; (<i>Jn<\/i> 6, 39-40. 44. 54;  11, 24); &#8220;al fin del mundo&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">LG<\/a> 48). En efecto, la resurrecci\u00f3n de los muertos  est\u00e1 \u00edntimamente asociada a la Parus\u00eda de Cristo:<\/P><\/p>\n<blockquote><p>   <P> \u00abEl Se\u00f1or mismo, a la orden dada por la voz de un arc\u00e1ngel y por la trompeta de  Dios, bajar\u00e1 del cielo, y los que murieron en Cristo resucitar\u00e1n en primer lugar\u00bb  (<i>1 Ts<\/i> 4, 16).<\/P>   <\/p>\n<\/blockquote>\n<p>   <P> <b>Resucitados con Cristo<\/b><\/P>   <P> <b>1002<\/b> Si es verdad que Cristo nos resucitar\u00e1 en &#8220;el \u00faltimo d\u00eda&#8221;, tambi\u00e9n  lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En efecto,  gracias al Esp\u00edritu Santo, la vida cristiana en la tierra es, desde ahora, una  participaci\u00f3n en la muerte y en la Resurrecci\u00f3n de Cristo:<\/P><\/p>\n<blockquote><p>   <P> \u00abSepultados con \u00e9l en elBbautismo, con \u00e9l tambi\u00e9n hab\u00e9is resucitado por la fe en  la acci\u00f3n de Dios, que le resucit\u00f3 de entre los muertos [&#8230;] As\u00ed pues, si hab\u00e9is  resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde est\u00e1 Cristo sentado a  la diestra de Dios\u00bb (<i>Col<\/i> 2, 12; 3, 1).<\/P>   <\/p>\n<\/blockquote>\n<p>   <P> <b>1003<\/b> Unidos a Cristo por el Bautismo, los creyentes participan ya  realmente en la vida celestial de Cristo resucitado (cf. <i>Flp<\/i> 3, 20), pero esta  vida permanece &#8220;escondida [&#8230;] con Cristo en Dios&#8221; (<i>Col<\/i> 3, 3) &#8220;Con  \u00e9l nos ha  resucitado y hecho sentar en los cielos con Cristo Jes\u00fas&#8221; (<i>Ef<\/i> 2, 6). Alimentados  en la Eucarist\u00eda con su Cuerpo, nosotros pertenecemos ya al Cuerpo de Cristo.  Cuando resucitemos en el \u00faltimo d\u00eda tambi\u00e9n nos &#8220;manifestaremos con \u00e9l llenos de  gloria&#8221; (<i>Col<\/i> 3, 4).<\/P>   <P> <b>1004<\/b> Esperando este d\u00eda, el cuerpo y el alma del creyente participan ya  de la dignidad de ser &#8220;en Cristo&#8221;; donde se basa la exigencia del respeto hacia  el propio cuerpo, y tambi\u00e9n hacia el ajeno, particularmente cuando sufre:<\/P><\/p>\n<blockquote><p>   <P> \u00abEl cuerpo es [&#8230;] para el Se\u00f1or y el Se\u00f1or para el cuerpo. Y Dios, que resucit\u00f3 al  Se\u00f1or, nos resucitar\u00e1 tambi\u00e9n a nosotros mediante su poder. \u00bfNo sab\u00e9is que  vuestros cuerpos son miembros de Cristo? [&#8230;] No os pertenec\u00e9is [&#8230;] Glorificad, por  tanto, a Dios en vuestro cuerpo\u00bb (<i>1 Co<\/i> 6, 13-15. 19-20).<\/P>   <\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>18 Se le acercan unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrecci\u00f3n, y le preguntan: 19 \u00abMaestro, Mois\u00e9s nos dej\u00f3 escrito: \u201cSi a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y d\u00e9 descendencia a su hermano\u201d. 20 Pues bien, hab\u00eda siete hermanos: el primero &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mc-12-18-27-sobre-la-resurreccion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMc 12, 18-27: Sobre la Resurrecci\u00f3n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41421","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41421","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41421"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41421\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41421"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41421"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41421"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}