{"id":41434,"date":"2016-10-07T23:32:41","date_gmt":"2016-10-08T04:32:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-1-46-56-cantico-de-maria-magnificat\/"},"modified":"2016-10-07T23:32:41","modified_gmt":"2016-10-08T04:32:41","slug":"lc-1-46-56-cantico-de-maria-magnificat","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-1-46-56-cantico-de-maria-magnificat\/","title":{"rendered":"Lc 1, 46-56: C\u00e1ntico de Mar\u00eda (Magnificat)"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">46<\/span> Mar\u00eda dijo:<br \/>\n\u00abProclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or,<br \/> <span class=\"versiculo\">47<\/span> <i>se alegra<\/i> mi esp\u00edritu <i>en Dios, mi salvador;<\/i><br \/> <span class=\"versiculo\">48<\/span> <i>porque ha mirado la humildad de su esclava.<\/i> Desde ahora me felicitar\u00e1n todas las generaciones,<br \/> <span class=\"versiculo\">49<\/span> porque el Poderoso ha hecho obras grandes en m\u00ed: <i>su nombre es santo,<\/i><br \/> <span class=\"versiculo\">50<\/span> <i>y su misericordia llega a sus fieles de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n<\/i>.<br \/> <span class=\"versiculo\">51<\/span> \u00c9l hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de coraz\u00f3n,<br \/> <span class=\"versiculo\">52<\/span> <i>derriba<\/i> del trono <i>a los poderosos<\/i> <i>y enaltece a los humildes,<\/i><br \/> <span class=\"versiculo\">53<\/span> <i>a los hambrientos los colma de bienes<\/i> y a los ricos <i>los despide vac\u00edos<\/i>.<br \/> <span class=\"versiculo\">54<\/span> <i>Auxilia a Israel, su siervo, acord\u00e1ndose de la misericordia<\/i><br \/> <span class=\"versiculo\">55<\/span> \u2014como lo hab\u00eda prometido a <i>nuestros padres<\/i>\u2014 en favor de Abrah\u00e1n y su descendencia por siempre\u00bb.<br \/> <span class=\"versiculo\">56<\/span> Mar\u00eda se qued\u00f3 con ella unos tres meses y volvi\u00f3 a su casa. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"Adan_de_Perseigne_abad\">Ad\u00e1n de Perseigne, abad<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Carta\">Carta: <\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Carta a Andr\u00e9s, can\u00f3nigo de Tours, 13-15: SC 66, 62.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abHa hecho en m\u00ed cosas grandes el Poderoso\u00bb (Lc ,).<\/p>\n<p>\u201cMi alma engrandece al Se\u00f1or.\u201d \u00bfC\u00f3mo lo engrandeces t\u00fa? \u00bfA\u00f1adir\u00edas grandeza al que es infinitamente grande? \u201cEl Se\u00f1or es grande\u201d dice el salmista, y \u201cdigno de toda alabanza\u201d (cf Sal 144,3) El Se\u00f1or es grande, tan grande que su grandeza no soporta ni comparaci\u00f3n ni medida. \u00bfC\u00f3mo lo engrandeces t\u00fa si no le puedes hacer m\u00e1s grande?<\/p>\n<p>Lo engrandeces porque lo alabas. Lo engrandeces porque, en medio de las tinieblas de este mundo, t\u00fa eres m\u00e1s luminosa que el sol, m\u00e1s bella que la luna, m\u00e1s fragante que el perfume de la rosa, m\u00e1s blanca que la nieve, t\u00fa das a conocer el esplendor de Dios. T\u00fa lo engrandeces no a\u00f1adiendo grandeza a su grandeza sin medida, sino aportando, en medio de las tinieblas del mundo, la luz de la verdadera divinidad&#8230; T\u00fa lo engrandeces al ser elevada a una dignidad tan alta como para recibir la gracia en plenitud (Lc 1,28) acogiendo al Esp\u00edritu Santo y, siendo Madre de Dios permaneciendo Virgen inviolada, das a luz al Salvador del mundo perdido.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde viene esto? Porque el Se\u00f1or est\u00e1 contigo. (Lc 1,28) el Se\u00f1or que ha hecho de sus dones tus m\u00e9ritos. He aqu\u00ed porque se dice que engrandeces al Se\u00f1or, porque t\u00fa misma eres engrandecida en \u00e9l y por \u00e9l. Tu alma engrandece al Se\u00f1or ya que t\u00fa misma eres engrandecida por \u00e9l&#8230; porque eres el recept\u00e1culo del Verbo, la bodega del vino nuevo que embriaga la sobriedad de los creyentes. T\u00fa eres la Madre de Dios.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Luis_Maria_de_Grinon_de_Montfort_presbitero\">San Luis Mar\u00eda de Gri\u00f1\u00f3n de Montfort, presb\u00edtero<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Tratado\">Tratado: <\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Tratado de la aut\u00e9ntica devoci\u00f3n a la Virgen Mar\u00eda, 1-6.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abPorque ha mirado la humildad de su sierva\u00bb (Lc 1,48).<\/p>\n<p>Mar\u00eda viv\u00eda una vida muy escondida: por esto el Esp\u00edritu Santo y la Iglesia la llaman \u201cAlma Mater\u201d: Madre escondida y secreta. Su humildad fue tan profunda que en la tierra no busc\u00f3 nada con tanta verdad como el estar escondida a ella misma y a toda criatura, para que s\u00f3lo Dios la conociera y la mirara.<\/p>\n<p>Dios, para atender su petici\u00f3n de vivir escondida, empobrecida, humillada, se complaci\u00f3 en esconderla en su concepci\u00f3n, en su nacimiento, en su vida, en los misterios divinos de su resurrecci\u00f3n y asunci\u00f3n, al margen de casi toda criatura humana. Sus padres mismos no la conocieron del todo; y los \u00e1ngeles se preguntaron a menudo los unos a los otros: \u201c\u00bfQui\u00e9n es \u00e9sta?\u201d (Cant 6,10) porque Dios la escond\u00eda a los mismos \u00e1ngeles. O bien, si les descubr\u00eda alg\u00fan aspecto de la Virgen, les escond\u00eda lo m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>Dios Padre consinti\u00f3 que ella no hiciera ning\u00fan milagro en su vida, o por lo menos ning\u00fan milagro espectacular&#8230; Dios Hijo consinti\u00f3 que ella no hablara apenas, aunque el le hab\u00eda comunicado su sabidur\u00eda. Dios Esp\u00edritu Santo consinti\u00f3 en que sus ap\u00f3stoles y evangelistas hablaran muy poco de ella, siendo necesario para dar a conocer a Jesucristo, aunque ella fuera su Esposa fiel.<\/p>\n<p>Mar\u00eda es la obra maestra acabada del Alt\u00edsimo quien se reserv\u00f3 para s\u00ed el conocerla y poseerla&#8230; Mar\u00eda es el manantial sellado y la Esposa fiel del Esp\u00edritu Santo donde \u00e9l s\u00f3lo tiene entrada. Mar\u00eda es el santuario y el reposo de la Sant\u00edsima Trinidad donde Dios mora con una magnificencia y divinidad mayor que en cualquier otro lugar del universo, sin exceptuar su morada sobre los querubines y serafines. A ninguna criatura le es permitida, por muy pura que sea, entrar en este santuario sino es por un gran privilegio.<\/p>\n<p>Digo con los santos: Mar\u00eda es el para\u00edso terrestre del nuevo Ad\u00e1n&#8230;Es el mundo grande y divino de Dios donde hay bellezas escondidas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Alt\u00edsimo, donde escondi\u00f3, como en su seno, al Hijo \u00fanico y con \u00e9l todo lo que hay de excelente y precioso en el mundo. Oh, qu\u00e9 cosas tan grandes y escondido ha hecho Dios en esta criatura admirable, como ella misma se ve obligada a confesar, a pesar de su humildad profunda: \u201cEl Poderoso hacho maravillas por m\u00ed.\u201d El mundo no los conoce porque es incapaz e indigno de ello.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Beda_el_Venerable_presbitero_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Beda el Venerable, presb\u00edtero y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Comentario\">Comentario: <\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Comentario al Evangelio de Lucas, 1, 46: CCL 120,37 (Liturgia de las Horas del 22 de Diciembre).<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abAcogi\u00f3 a Israel su siervo\u00bb (Lc 1,54).<\/p>\n<p>Del Comentario de San Beda el Venerable, presb\u00edtero, sobre el evangelio de san Lucas<\/p>\n<p>(Lib. 1, 46-55: CCL 120, 37-39)<\/p>\n<p><i>C\u00e1ntico de Mar\u00eda<\/i><\/p>\n<p>Mar\u00eda dijo:<i> Proclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or, se alegra mi esp\u00edritu en Dios, mi salvador.<\/i><\/p>\n<p>\u00abEl Se\u00f1or \u2013dice\u2013 me ha engrandecido con un don tan inmenso y tan inaudito que no hay posibilidad de explicarlo con palabras, ni apenas el afecto m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n es capaz de comprenderlo; por ello ofrezco todas las fuerzas del alma en acci\u00f3n de gracias, y me dedico con todo mi ser, mis sentidos y mi inteligencia a contemplar con agradecimiento la grandeza de aquel que no tiene fin, ya que mi esp\u00edritu se complace en la eterna divinidad de Jes\u00fas, mi salvador, con cuya temporal concepci\u00f3n ha quedado fecundada mi carne\u00bb.<\/p>\n<p><i>Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m\u00ed: su nombre es santo.<\/i><\/p>\n<p>Se refiere al comienzo del himno, donde hab\u00eda dicho: <i>Proclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or. <\/i>Porque s\u00f3lo aquella alma a la que el Se\u00f1or se digna hacer grandes favores puede proclamar la grandeza del Se\u00f1or con dignas alabanzas y dirigir a quienes comparten los mismos votos y prop\u00f3sitos una exhortaci\u00f3n como \u00e9sta: <i>Proclamad conmigo la grandeza del Se\u00f1or, ensalcemos juntos su nombre.<\/i><\/p>\n<p>Pues quien, una vez que haya conocido al Se\u00f1or, tenga en menos el proclamar su grandeza y santificar su nombre en la medida de sus fuerzas <i>ser\u00e1 el menos importante en el reino de los cielos. <\/i>Ya que el nombre del Se\u00f1or se llama santo, porque con su singular poder trasciende a toda criatura y dista ampliamente de todas las cosas que ha hecho.<\/p>\n<p><i>Auxilia a Israel, su siervo, acord\u00e1ndose de la misericordia. <\/i>Bellamente llama a Israel siervo del Se\u00f1or, ya que efectivamente el Se\u00f1or lo ha acogido para salvarlo por ser obediente y humilde, de acuerdo con lo que dice Oseas: <i>Israel es mi siervo, y yo lo amo.<\/i><\/p>\n<p>Porque quien rechaza la humillaci\u00f3n tampoco puede acoger la salvaci\u00f3n, ni exclamar con el profeta: <i>Dios es mi auxilio, el Se\u00f1or sostiene mi vida, y el que se haga peque\u00f1o como este ni\u00f1o, \u00e9se es el m\u00e1s grande en el reino de los cielos.<\/i><\/p>\n<p><i>Como lo hab\u00eda prometido a nuestros padres, en favor de Abrah\u00e1n y su descendencia por siempre. <\/i>No se refiere a la descendencia carnal de Abrah\u00e1n, sino a la espiritual, o sea, no habla de los nacidos solamente de su carne, sino de los que siguieron las huellas de su fe, lo mismo dentro que fuera de Israel. Pues Abrah\u00e1n hab\u00eda cre\u00eddo antes de la circuncisi\u00f3n, y su fe le fue tenida en cuenta para la justificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De modo que el advenimiento del Salvador se le prometi\u00f3 a Abrah\u00e1n y a su descendencia por siempre, o sea, a los hijos de la promesa, de los que se dice: <i>Si sois de Cristo, sois descendencia de Abrah\u00e1n y herederos de la promesa.<\/i><\/p>\n<p>Con raz\u00f3n, pues, fueron ambas madres quienes anunciaron con sus profec\u00edas los nacimientos del Se\u00f1or y de Juan, para que, as\u00ed como el pecado empez\u00f3 por medio de las mujeres, tambi\u00e9n los bienes comiencen por ellas, y la vida que pereci\u00f3 por el enga\u00f1o de una sola mujer sea devuelta al mundo por la proclamaci\u00f3n de dos mujeres que compiten por anunciar la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><span id=\"Homilia_La_obra_de_Dios_en_Maria\">Homil\u00eda: La obra de Dios en Mar\u00eda.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Libro 1, 4: CCL 122, 25-26. 30 (Liturgia de las Horas del 31 de Mayo)\u00a0<\/p>\n<p><i>Mar\u00eda proclama la grandeza del Se\u00f1or por las obras que ha hecho en ella<\/i><\/p>\n<p>Proclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or, se alegra mi esp\u00edritu en Dios, mi salvador. Con estas palabras, Mar\u00eda reconoce en primer lugar los dones singulares que le han sido concedidos, pero alude tambi\u00e9n a los beneficios comunes con que Dios no deja nunca de favorecer al g\u00e9nero humano.\u00a0<\/p>\n<p>Proclama la grandeza del Se\u00f1or el alma de aquel que consagra todos sus afectos interiores a la alabanza y al servicio de Dios y, con la observancia de los preceptos divinos, demuestra que nunca echa en olvido las proezas de la majestad de Dios.\u00a0<\/p>\n<p>Se alegra en Dios, su salvador, el esp\u00edritu de aquel cuyo deleite consiste \u00fanicamente en el recuerdo de su creador, de quien espera la salvaci\u00f3n eterna.\u00a0<\/p>\n<p>Estas palabras, aunque son aplicables a todos los santos, hallan su lugar m\u00e1s adecuado en los labios de la Madre de Dios, ya que ella, por un privilegio \u00fanico, ard\u00eda en amor espiritual hacia aquel que llevaba corporalmente en su seno.\u00a0<\/p>\n<p>Ella con raz\u00f3n pudo alegrarse, m\u00e1s que cualquier otro santo, en Jes\u00fas, su salvador, ya que sab\u00eda que aquel mismo al que reconoc\u00eda como eterno autor de la salvaci\u00f3n hab\u00eda de nacer de su carne, engendrado en el tiempo, y hab\u00eda de ser, en una misma y \u00fanica persona, su verdadero hijo y Se\u00f1or.\u00a0<\/p>\n<p>Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m\u00ed: su nombre es santo. No se atribuye nada a sus m\u00e9ritos, sino que toda su grandeza la refiere a la libre donaci\u00f3n de aquel que es por esencia poderoso y grande, y que tiene por norma levantar a sus fieles de su peque\u00f1ez y debilidad para hacerlos grandes y fuertes.\u00a0<\/p>\n<p>Muy acertadamente a\u00f1ade: Su nombre es santo, para que los que entonces la o\u00edan y todos aquellos a los que hab\u00edan de llegar sus palabras comprendieran que la fe y el recurso a este nombre hab\u00eda de procurarles, tambi\u00e9n a ellos, una participaci\u00f3n en la santidad eterna y en la verdadera salvaci\u00f3n, conforme al or\u00e1culo prof\u00e9tico que afirma: Cuantos invoquen el nombre del Se\u00f1or se salvar\u00e1n, ya que este nombre se identifica con aquel del que antes ha dicho: Se alegra mi esp\u00edritu en Dios, mi salvador.\u00a0<\/p>\n<p>Por esto se introdujo en la Iglesia la hermosa y saludable costumbre de cantar diariamente este c\u00e1ntico de Mar\u00eda en la salmodia de la alabanza vespertina, ya que as\u00ed el recuerdo frecuente de la encarnaci\u00f3n del Se\u00f1or enardece la devoci\u00f3n de los fieles y la meditaci\u00f3n repetida de los ejemplos de la Madre de Dios los corrobora en la solidez de la virtud. Y ello precisamente en la hora de V\u00edsperas, para que nuestra mente, fatigada y tensa por el trabajo y las m\u00faltiples preocupaciones del d\u00eda, al llegar el tiempo del reposo, vuelva a encontrar el recogimiento y la paz del esp\u00edritu.\u00a0<\/p>\n<h2><span id=\"Padres_Griegos\">Padres Griegos<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia\">Homil\u00eda: <\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Homil\u00eda griega del siglo IV, atribuida a San Gregorio Taumaturgo, n. 2: PG 10, 1156.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abLa promesa hecha a nuestros padres\u00bb (Lc ,).<\/p>\n<p>Mar\u00eda dijo: \u00abMi alma glorifica al Se\u00f1or, mi Dios; mi esp\u00edritu se alegra en Dios mi Salvador&#8230; Ha librado a Israel su humilde siervo (Lc 1,54 griego), acord\u00e1ndose de su misericordia, como hab\u00eda prometido a nuestros padres, Abraham y descendencia para siempre\u00bb.<\/p>\n<p>Ved como la Virgen sobrepasa la perfecci\u00f3n del patriarca y confirma la alianza que Dios estableci\u00f3 con Abraham, cuando le dijo: \u00ab\u00bfTal ser\u00e1 la alianza entre t\u00fa y yo\u00bb? (Gn 17,11)&#8230; Es el canto de la profec\u00eda que la santa Madre de Dios, env\u00eda a Dios cuando dice: &#8220;Mi alma glorifica al Se\u00f1or&#8230; porque el Todopoderoso hizo en m\u00ed obras grandes, santo es su nombre. Haci\u00e9ndome la Madre de Dios, preserva mi virginidad. En mi seno se recapitula, para ser santificada all\u00ed, la plenitud de todas las generaciones. Bendijo a todas las edades, los hombres, las mujeres, los j\u00f3venes, los ni\u00f1os, los viejos &#8220;&#8230;<\/p>\n<p>\u00abDerrib\u00f3 a los poderosos de su trono y ensalz\u00f3 a los humildes&#8221;&#8230; Los humildes, los pueblos paganos, que estaban hambrientos de justicia (Mt 5,6), han sido exaltados. Dejando ver su humildad y su hambre de Dios, y solicitando la palabra de Dios, como la Cananea, pide las migajas (Mt 15,27), se han saciado de las riquezas que ocultan los misterios divinos. Porque todos los favores divinos, Cristo Jes\u00fas, nuestro Dios, el Hijo de la Virgen, los distribuy\u00f3 a los paganos. &#8220;Acogi\u00f3 a Israel su siervo&#8221;, no cualquier Israel, sino a su hijo, a quien honra tan alto nacimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso, la Madre de Dios, llama a este pueblo su hijo y su heredero. Dios que encuentra este pueblo agotado y extenuado por la Ley, lo llama a su gracia. D\u00e1ndole este nombre a Israel, lo levanta, &#8221; acord\u00e1ndose de su misericordia, como lo hab\u00eda prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia para siempre&#8221;. Estas palabras resumen todo el misterio de nuestra salvaci\u00f3n. Al querer salvar a la humanidad y sellar la alianza establecida con nuestros padres, Jes\u00fas &#8221; inclin\u00f3 los cielos y descendi\u00f3&#8221; (Sal. 17,10). Y as\u00ed se nos manifiesta, entrando por nuestra puerta, con el fin de que pudi\u00e9ramos verlo, tocarlo y entenderlo.<\/p>\n<h2><span id=\"Ludolfo_de_Sajonia_dominico\">Ludolfo de Sajonia, dominico<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia-2\">Homil\u00eda: <\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">La Vida de Jesucristo.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abHa mirado la humillaci\u00f3n de su esclava\u00bb (Lc 1,48).<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or fue prefigurada por la zarza ardiendo que quemaba sin consumirse (Ex 3,2), tal como Mar\u00eda concibi\u00f3 a su divino hijo sin perder la virginidad. El Se\u00f1or, que estaba en la zarza ardiendo, as\u00ed tambi\u00e9n habit\u00f3 el seno de Mar\u00eda. De igual manera que descendi\u00f3 a la zarza para liberar a los jud\u00edos sac\u00e1ndolos de Egipto, descendi\u00f3 tambi\u00e9n hasta Mar\u00eda para rescatar a los hombres arranc\u00e1ndolos al infierno.<\/p>\n<p>El hecho de que, de entre todas las mujeres, Dios escogiera a Mar\u00eda para revestir nuestra carne, fue ya prefigurado por el vell\u00f3n de Gede\u00f3n (Jc 6,36s). En efecto, de la misma manera que s\u00f3lo ese vell\u00f3n recibi\u00f3 el roc\u00edo celestial cuando todas las tierras vecinas estaban secas, as\u00ed tambi\u00e9n s\u00f3lo Mar\u00eda fue llena de este roc\u00edo divino del cual ninguna otra criatura, en el mundo entero, no fue hallada digna&#8230; La Virgen Mar\u00eda es ese vell\u00f3n del cual Jesucristo se form\u00f3 una t\u00fanica. El vell\u00f3n de Gede\u00f3n recibi\u00f3 el roci\u00f3 del cielo sin perjudicarlo, y Mar\u00eda concibi\u00f3 al Hombre-Dios sin alterar su virginidad&#8230;<\/p>\n<p>Oh Jes\u00fas, Hijo del Dios vivo, t\u00fa que por voluntad del Padre celestial y con la cooperaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, saliste del seno de tu Padre como el r\u00edo mana fuera del Para\u00edso de delicias, t\u00fa que visitando las profundidades de nuestros valles y fij\u00e1ndote en la humildad de tu sierva, bajaste el seno de una virgen donde, por una concepci\u00f3n inefable, revestiste tu carne mortal, te suplico, misericordioso Jes\u00fas y por los m\u00e9ritos de esta Virgen, tu madre, derrames tu gracia sobre m\u00ed, muy indigno siervo tuyo, a fin de que ardientemente te desee, por este amor te conciba en mi coraz\u00f3n y con la ayuda de esta misma gracia d\u00e9 frutos saludables de buenas obras. Am\u00e9n<\/p>\n<h2><span id=\"San_Ambrosio_de_Milan_obispo_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Ambrosio de Mil\u00e1n, obispo  y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Comentario-2\">Comentario: <\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Comentario a san Lucas, 2, 26-27.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abEnsalcemos juntos su nombre\u00bb (Lc ,).<\/p>\n<p>Que en todos resida el alma de Mar\u00eda para glorificar al Se\u00f1or; que en todos resida el esp\u00edritu de Mar\u00eda para exultar en Dios. Si bien es cierto que, f\u00edsicamente, no hay m\u00e1s que una Madre de Cristo, por la fe Cristo es el fruto de todos, porque toda alma recibe al Verbo de Dios con la condici\u00f3n de permanecer sin mancha, preservada, desde el momento que sea, del mal y del pecado, guardando la castidad en una inalterada pureza. As\u00ed pues, toda alma que llega a este estado exalta al Se\u00f1or, igual que el alma de Mar\u00eda exalt\u00f3 al Se\u00f1or y su esp\u00edritu se estremeci\u00f3 en Dios Salvador.<\/p>\n<p>En efecto, el Se\u00f1or fue magnificado tal como lo hab\u00e9is le\u00eddo en otra parte: \u201cProclamad conmigo la grandeza del Se\u00f1or\u201d (Sal 33,4). No porque la palabra humana pueda a\u00f1adir algo al Se\u00f1or, sino porque \u00e9l crece en nosotros. Porque \u201cCristo es la imagen de Dios\u201d (2C 4,4), y as\u00ed el alma que hace alguna cosa justa y religiosa, proclama esta imagen de Dios, a semejanza de quien ella ha sido creada. Entonces, proclam\u00e1ndola, en cierta forma participa de su grandeza y se eleva; parece que reproduce en ella esta imagen a trav\u00e9s del esplendor de los colores de sus buenas obras y, hasta cierto punto, la copia por sus virtudes.<\/p>\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI_papa\">Benedicto XVI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_15-02-2006_Magnificat_Cantico_de_la_santisima_Virgen_Maria\">Catequesis (15-02-2006): Magnificat, C\u00e1ntico de la sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda.<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Audiencia general, Mi\u00e9rcoles 15 de febrero de 2006.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00ab\u00bb (Lc ,).<\/p>\n<p>[&#8230;] Hoy reflexionaremos sobre el <i>C\u00e1ntico <\/i>con el que se concluye idealmente toda celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas:\u00a0 el <i>Magn\u00edficat <\/i>(cf. <i>Lc<\/i> 1, 46-55). <br \/> Es un canto que revela con acierto la espiritualidad de los <i>anawim <\/i> b\u00edblicos, es decir, de los fieles que se reconoc\u00edan &#8220;pobres&#8221; no s\u00f3lo por su alejamiento de cualquier tipo de idolatr\u00eda de la riqueza y del poder, sino tambi\u00e9n por la profunda humildad de su coraz\u00f3n, rechazando la tentaci\u00f3n del orgullo, abierto a la irrupci\u00f3n de la gracia divina salvadora. En efecto, todo el <i>Magn\u00edficat, <\/i>que acabamos de escuchar cantado por el coro de la Capilla Sixtina, est\u00e1 marcado por esta &#8220;humildad&#8221;, en griego <i>tapeinosis<\/i>, que indica una situaci\u00f3n de humildad y pobreza concreta. <\/p>\n<p> 2.\u00a0El primer movimiento del c\u00e1ntico mariano (cf. <i>Lc<\/i> 1, 46-50) es una especie de voz solista que se eleva hacia el cielo para llegar hasta el Se\u00f1or. Escuchamos precisamente la voz de la Virgen que habla as\u00ed de su Salvador, que ha hecho obras grandes en su alma y en su cuerpo. En efecto, conviene notar que el c\u00e1ntico est\u00e1 compuesto en primera persona:\u00a0 &#8220;Mi alma&#8230; Mi esp\u00edritu&#8230; Mi Salvador&#8230; Me felicitar\u00e1n&#8230; Ha hecho obras grandes por m\u00ed&#8230;&#8221;. As\u00ed pues, el alma de la oraci\u00f3n es la celebraci\u00f3n de la gracia divina, que ha irrumpido en el coraz\u00f3n y en la existencia de Mar\u00eda, convirti\u00e9ndola en la Madre del Se\u00f1or. <\/p>\n<p> La estructura \u00edntima de su canto orante es, por consiguiente, la alabanza, la acci\u00f3n de gracias, la alegr\u00eda, fruto de la gratitud. Pero este testimonio personal no es solitario e intimista, puramente individualista, porque la Virgen Madre es consciente de que tiene una misi\u00f3n que desempe\u00f1ar en favor de la humanidad y de que su historia personal se inserta en la historia de la salvaci\u00f3n. As\u00ed puede decir:\u00a0 &#8220;Su misericordia llega a sus fieles de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n&#8221; (v. 50). Con esta alabanza al Se\u00f1or, la Virgen se hace portavoz de todas las criaturas redimidas, que, en su &#8220;fiat&#8221; y as\u00ed en la figura de Jes\u00fas nacido de la Virgen, encuentran la misericordia de Dios. <\/p>\n<p> 3.\u00a0En este punto se desarrolla el segundo movimiento po\u00e9tico y espiritual del <i> Magn\u00edficat <\/i>(cf. vv. 51-55). Tiene una \u00edndole m\u00e1s coral, como si a la voz de Mar\u00eda se uniera la de la comunidad de los fieles que celebran las sorprendentes elecciones de Dios. En el original griego, el evangelio de san Lucas tiene siete verbos en aoristo, que indican otras tantas acciones que el Se\u00f1or realiza de modo permanente en la historia:\u00a0 &#8220;Hace proezas&#8230;; dispersa a los soberbios&#8230;; derriba del trono a los poderosos&#8230;; enaltece a los humildes&#8230;; a los hambrientos los colma de bienes&#8230;; a los ricos los despide vac\u00edos&#8230;; auxilia a Israel&#8221;. <\/p>\n<p> En estas siete acciones divinas es evidente el &#8220;estilo&#8221; en el que el Se\u00f1or de la historia inspira su comportamiento:\u00a0 se pone de parte de los \u00faltimos. Su proyecto a menudo est\u00e1 oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan &#8220;los soberbios, los poderosos y los ricos&#8221;. Con todo, est\u00e1 previsto que su fuerza secreta se revele al final, para mostrar qui\u00e9nes son los verdaderos predilectos de Dios:\u00a0 &#8220;Los que le temen&#8221;, fieles a su palabra, &#8220;los humildes, los que tienen hambre, Israel su siervo&#8221;, es decir, la comunidad del pueblo de Dios que, como Mar\u00eda, est\u00e1 formada por los que son &#8220;pobres&#8221;, puros y sencillos de coraz\u00f3n. Se trata del &#8220;peque\u00f1o reba\u00f1o&#8221;, invitado a no temer, porque al Padre le ha complacido darle su reino (cf. <i>Lc<\/i> 12, 32). As\u00ed, este c\u00e1ntico nos invita a unirnos a este peque\u00f1o reba\u00f1o, a ser realmente miembros del pueblo de Dios con pureza y sencillez de coraz\u00f3n, con amor a Dios. <\/p>\n<p> 4.\u00a0Acojamos ahora la invitaci\u00f3n que nos dirige san Ambrosio en su comentario al texto del <i>Magn\u00edficat<\/i>. Dice este gran doctor de la Iglesia:\u00a0 &#8220;Cada uno debe tener el alma de Mar\u00eda para proclamar la grandeza del Se\u00f1or, cada uno debe tener el esp\u00edritu de Mar\u00eda para alegrarse en Dios. Aunque, seg\u00fan la carne, s\u00f3lo hay una madre de Cristo, seg\u00fan la fe todas las almas engendran a Cristo, pues cada una acoge en s\u00ed al Verbo de Dios&#8230; El alma de Mar\u00eda proclama la grandeza del Se\u00f1or, y su esp\u00edritu se alegra en Dios, porque, consagrada con el alma y el esp\u00edritu al Padre y al Hijo, adora con devoto afecto a un solo Dios, del que todo proviene, y a un solo Se\u00f1or, en virtud del cual existen todas las cosas&#8221; (<i>Esposizione del Vangelo secondo Luca, <\/i>2, 26-27:\u00a0 <i>SAEMO, <\/i>XI, Mil\u00e1n-Roma 1978, p. 169). <\/p>\n<p> En este estupendo comentario de san Ambrosio sobre el <i>Magn\u00edficat <\/i>siempre me impresionan de modo especial las sorprendentes palabras:\u00a0 &#8220;Aunque, seg\u00fan la carne, s\u00f3lo hay una madre de Cristo, seg\u00fan la fe todas las almas engendran a Cristo, pues cada una acoge en s\u00ed al Verbo de Dios&#8221;. As\u00ed el santo doctor, interpretando las palabras de la Virgen misma, nos invita a hacer que el Se\u00f1or encuentre una morada en nuestra alma y en nuestra vida. No s\u00f3lo debemos llevarlo en nuestro coraz\u00f3n; tambi\u00e9n debemos llevarlo al mundo, de forma que tambi\u00e9n nosotros podamos engendrar a Cristo para nuestros tiempos. Pidamos al Se\u00f1or que nos ayude a alabarlo con el esp\u00edritu y el alma de Mar\u00eda, y a llevar de nuevo a Cristo a nuestro mundo. <\/p>\n<h3><span id=\"Deus_caritas_est\">Deus caritas est: <\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Carta enc\u00edclica Deus caritas est, n. 41.<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abMagnificat\u00bb (Lc 1,46-56).<\/p>\n<p>Entre los Santos, sobresale Mar\u00eda, Madre del Se\u00f1or y espejo de toda santidad. El<i> Evangelio de Lucas <\/i>la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima Isabel, con la cual permaneci\u00f3 \u00ab unos tres meses \u00bb (1, 56) para atenderla durante el embarazo.<i> \u00ab Magnificat anima mea Dominum \u00bb<\/i>, dice con ocasi\u00f3n de esta visita \u2014\u00ab proclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or \u00bb\u2014 (<i>Lc<\/i> 1, 46), y con ello expresa todo el programa de su vida: no ponerse a s\u00ed misma en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oraci\u00f3n como en el servicio al pr\u00f3jimo; s\u00f3lo entonces el mundo se hace bueno. Mar\u00eda es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios en lugar de a s\u00ed misma. Ella es humilde: no quiere ser sino la sierva del Se\u00f1or (cf. <i>Lc<\/i> 1, 38. 48). Sabe que contribuye a la salvaci\u00f3n del mundo, no con una obra suya, sino s\u00f3lo poni\u00e9ndose plenamente a disposici\u00f3n de la iniciativa de Dios. Es una mujer de esperanza: s\u00f3lo porque cree en las promesas de Dios y espera la salvaci\u00f3n de Israel, el \u00e1ngel puede presentarse a ella y llamarla al servicio total de estas promesas. Es una mujer de fe: \u00ab \u00a1Dichosa t\u00fa, que has cre\u00eddo! \u00bb, le dice Isabel (<i>Lc<\/i> 1, 45). El<i> Magn\u00edficat<\/i> \u2014un retrato de su alma, por decirlo as\u00ed\u2014 est\u00e1 completamente tejido por los hilos tomados de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios. As\u00ed se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. As\u00ed se pone de manifiesto, adem\u00e1s, que sus pensamientos est\u00e1n en sinton\u00eda con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer con Dios. Al estar \u00edntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada. Mar\u00eda es, en fin, una mujer que ama. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda ser de otro modo? Como creyente, que en la fe piensa con el pensamiento de Dios y quiere con la voluntad de Dios, no puede ser m\u00e1s que una mujer que ama. Lo intuimos en sus gestos silenciosos que nos narran los relatos evang\u00e9licos de la infancia. Lo vemos en la delicadeza con la que en Can\u00e1 se percata de la necesidad en la que se encuentran los esposos, y lo hace presente a Jes\u00fas. Lo vemos en la humildad con que acepta ser como olvidada en el per\u00edodo de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas, sabiendo que el Hijo tiene que fundar ahora una nueva familia y que la hora de la Madre llegar\u00e1 solamente en el momento de la cruz, que ser\u00e1 la verdadera hora de Jes\u00fas (cf.<i> Jn<\/i> 2, 4; 13, 1). Entonces, cuando los disc\u00edpulos hayan huido, ella permanecer\u00e1 al pie de la cruz (cf. <i>Jn <\/i>19, 25-27); m\u00e1s tarde, en el momento de Pentecost\u00e9s, ser\u00e1n ellos los que se agrupen en torno a ella en espera del Esp\u00edritu Santo (cf.<i> Hch <\/i>1, 14).<\/p>\n<p>42. La vida de los Santos no comprende s\u00f3lo su biograf\u00eda terrena, sino tambi\u00e9n su vida y actuaci\u00f3n en Dios despu\u00e9s de la muerte. En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos. En nadie lo vemos mejor que en Mar\u00eda. La palabra del Crucificado al disc\u00edpulo \u2014a Juan y, por medio de \u00e9l, a todos los disc\u00edpulos de Jes\u00fas: \u00ab Ah\u00ed tienes a tu madre \u00bb (<i>Jn<\/i> 19, 27)\u2014 se hace de nuevo verdadera en cada generaci\u00f3n. Mar\u00eda se ha convertido efectivamente en Madre de todos los creyentes. A su bondad materna, as\u00ed como a su pureza y belleza virginal, se dirigen los hombres de todos los tiempos y de todas las partes del mundo en sus necesidades y esperanzas, en sus alegr\u00edas y contratiempos, en su soledad y en su convivencia. Y siempre experimentan el don de su bondad; experimentan el amor inagotable que derrama desde lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n. Los testimonios de gratitud, que le manifiestan en todos los continentes y en todas las culturas, son el reconocimiento de aquel amor puro que no se busca a s\u00ed mismo, sino que sencillamente quiere el bien. La devoci\u00f3n de los fieles muestra al mismo tiempo la intuici\u00f3n infalible de c\u00f3mo es posible este amor: se alcanza merced a la uni\u00f3n m\u00e1s \u00edntima con Dios, en virtud de la cual se est\u00e1 embargado totalmente de \u00c9l, una condici\u00f3n que permite a quien ha bebido en el manantial del amor de Dios convertirse a s\u00ed mismo en un manantial \u00ab del que manar\u00e1n torrentes de agua viva \u00bb (<i>Jn <\/i>7, 38). Mar\u00eda, la Virgen, la Madre, nos ense\u00f1a qu\u00e9 es el amor y d\u00f3nde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. A ella confiamos la Iglesia, su misi\u00f3n al servicio del amor:<\/p>\n<blockquote>\n<p>Santa Mar\u00eda, Madre de Dios,<br \/> t\u00fa has dado al mundo la verdadera luz,<br \/> Jes\u00fas, tu Hijo, el Hijo de Dios.<br \/> Te has entregado por completo<br \/> a la llamada de Dios<br \/> y te has convertido as\u00ed en fuente<br \/> de la bondad que mana de \u00c9l.<br \/> Mu\u00e9stranos a Jes\u00fas. Gu\u00edanos hacia \u00c9l.<br \/> Ens\u00e9\u00f1anos a conocerlo y amarlo,<br \/> para que tambi\u00e9n nosotros<br \/> podamos llegar a ser capaces<br \/> de un verdadero amor<br \/> y ser fuentes de agua viva<br \/> en medio de un mundo sediento.<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>46 Mar\u00eda dijo: \u00abProclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or, 47 se alegra mi esp\u00edritu en Dios, mi salvador; 48 porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitar\u00e1n todas las generaciones, 49 porque el Poderoso ha hecho obras grandes en m\u00ed: su nombre es santo, 50 y su misericordia llega a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-1-46-56-cantico-de-maria-magnificat\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLc 1, 46-56: C\u00e1ntico de Mar\u00eda (Magnificat)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41434","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41434","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41434"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41434\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41434"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41434"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41434"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}