{"id":41477,"date":"2016-10-07T23:34:08","date_gmt":"2016-10-08T04:34:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-8-1-3-jesus-y-sus-seguidores\/"},"modified":"2016-10-07T23:34:08","modified_gmt":"2016-10-08T04:34:08","slug":"lc-8-1-3-jesus-y-sus-seguidores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-8-1-3-jesus-y-sus-seguidores\/","title":{"rendered":"Lc 8, 1-3: Jes\u00fas y sus seguidores"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">1<\/span> Despu\u00e9s de esto iba \u00e9l caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompa\u00f1ado por los Doce, <span class=\"versiculo\">2<\/span> y por algunas mujeres, que hab\u00edan sido curadas de esp\u00edritus malos y de enfermedades: Mar\u00eda la Magdalena, de la que hab\u00edan salido siete demonios; <span class=\"versiculo\">3<\/span> Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les serv\u00edan con sus bienes. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Mulieris_Dignitatem_16\">Mulieris Dignitatem, \u00a7 16.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abLo acompa\u00f1aban los Doce y algunas mujeres\u00bb (cf. Lc 8,1s).<\/p>\n<p>     Desde el comienzo de la misi\u00f3n de Cristo, la mujer muestra, con relaci\u00f3n a \u00e9l y a todo su misterio, una particular sensibilidad que corresponde a una de las caracter\u00edsticas de su feminidad. Adem\u00e1s conviene se\u00f1alar que esta verdad se confirma de manera particular en el misterio pascual, no solamente en el momento de la crucifixi\u00f3n sino todav\u00eda m\u00e1s al amanecer del d\u00eda de la resurrecci\u00f3n. Las mujeres son las primeras en estar junto al sepulcro. Son las primeras que lo encuentran vac\u00edo. Son las primeras en o\u00edr: \u00abNo est\u00e1 aqu\u00ed: ha resucitado, como hab\u00eda dicho\u00bb (Mt 28,6). Son las primeras en abrazar sus pies (Mt 28,9). Tambi\u00e9n son las primeras llamadas a anunciar esta verdad a los ap\u00f3stoles (Mt 28,1-10; Lc 24,8-11). <\/p>\n<p>     El Evangelio de Juan (cf tambi\u00e9n Mc 16,9) pone de relieve el papel particular de Mar\u00eda de Magdala. Es la primera que se encuentra con Cristo resucitado&#8230; Por eso mismo se la ha llamado \u00abap\u00f3stol de los ap\u00f3stoles\u00bb. Mar\u00eda de Magdala fue, ante los ap\u00f3stoles, testimonio ocular de Cristo resucitado y, por esta raz\u00f3n, fue tambi\u00e9n la primera en dar testimonio de \u00e9l ante los mismos.<\/p>\n<p>     Este acontecimiento es, en un sentido, como el coronamiento de todo lo que se ha dicho anteriormente sobre la transmisi\u00f3n, hecha por Cristo, de la verdad divina a las mujeres, en un plano de igualdad con los hombres. Se puede decir que as\u00ed se han visto cumplidas las palabras del profeta: \u00abDerramar\u00e9 mi Esp\u00edritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizar\u00e1n\u00bb (Jl 3,1). Cincuenta d\u00edas despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n de Cristo, estas palabras son de nuevo confirmadas en el Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, al descender el Esp\u00edritu Santo, el Par\u00e1clito (Hch 2,17). Todo lo que aqu\u00ed se ha dicho sobre la actitud de Cristo respecto a las mujeres confirma e ilumina, en el Esp\u00edritu Santo, la verdad sobre la igualdad del hombre y la mujer.<\/p>\n<h3><span id=\"Mulieres_dignitatem_27\">Mulieres dignitatem, 27.<\/span><\/h3>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abLo acompa\u00f1aban los Doce y algunas mujeres\u00bb (cf. Lc 8,1s).<\/p>\n<p>    En la historia de la Iglesia, desde los primeros tiempos, hab\u00eda, junto a los hombres, numerosas mujeres en las que se expresaba con fuerza la respuesta de la Iglesia-Esposa al amor redentor de Cristo-Esposo. En primer lugar est\u00e1n aquella que personalmente hab\u00edan encontrado a Cristo, que lo hab\u00edan seguido y que, despu\u00e9s de su partida, \u201cperseveraban un\u00e1nimes en la oraci\u00f3n\u201d (Hch 1,14) con los ap\u00f3stoles en el cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n hasta el d\u00eda de Pentecost\u00e9s. Aquel d\u00eda, el Esp\u00edritu Santo habl\u00f3 por \u201clos hijos y las hijas\u201d del pueblo de Dios&#8230;.(cf Hch 2,17; Jl 3,1) Estas mujeres, y otras en el transcurso del tiempo, han tenido un papel activo e importante en la vida de la Iglesia primitiva, en la construcci\u00f3n, desde sus fundamentos, de la primera comunidad cristiana y de las comunidades posteriores, gracias a sus carismas y a sus m\u00faltiples maneras de servir&#8230; El ap\u00f3stol Pablo habla de sus \u201cfatigas\u201d por Cristo en los diversos terrenos del servicio apost\u00f3lico en la Iglesia, comenzando por \u201cla Iglesia dom\u00e9stica\u201d. En efecto, la \u201cfe sin rebajas\u201d pasa por la madre a los hijos y nietos, como ocurri\u00f3 en casa de Timoteo. (cf 2Tim 1,5)<\/p>\n<p>    Esto mismo se renueva durante el correr de los siglos, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, como lo muestra la historia de la Iglesia. La Iglesia, en efecto, defendiendo la dignidad de la mujer y su vocaci\u00f3n, ha manifestado su gratitud hacia ellas, las que, fieles al evangelio, han participado en todos los tiempos en la misi\u00f3n apost\u00f3lica de todo el pueblo de Dios y las ha honrado. Santas m\u00e1rtires, santas v\u00edrgenes, madres de familia, han dado testimonio de su fe con valent\u00eda y tambi\u00e9n, por la educaci\u00f3n de sus hijos en el esp\u00edritu del evangelio. Han transmitido la fe y la tradici\u00f3n de la Iglesia&#8230; Incluso, enfrent\u00e1ndose a graves discriminaciones sociales, las santas mujeres han obrado con libertad, fuertes por su uni\u00f3n con Cristo&#8230;<\/p>\n<p>    En nuestros d\u00edas, la Iglesia no cesa de enriquecerse gracias al testimonio de numerosas mujeres que viven generosamente su vocaci\u00f3n a la santidad. Las santas mujeres son una encarnaci\u00f3n del ideal femenino: pero, tambi\u00e9n son un modelo para todos los cristianos, un modelo de \u201csequela Christi\u201d, del seguimiento de Cristo, un ejemplo de la manera c\u00f3mo la Iglesia-Esposa tiene que responder con amor al amor de Cristo-Esposo.<\/p>\n<h3><span id=\"Alocucion_29-04-1979\">Alocuci\u00f3n (29-04-1979).<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Alocuci\u00f3n del 29 de abril 1979 13.<\/p>\n<p>\u201cLo acompa\u00f1aban los Doce y tambi\u00e9n algunas mujeres\u201d<\/p>\n<p>    Es particularmente conmovedor meditar en la actitud de Jes\u00fas hacia la mujer: se mostr\u00f3 audaz y sorprendente para aquellos tiempos, cuando, en el paganismo, la mujer era considerada objeto de placer, de mercanc\u00eda y de trabajo, y, en el juda\u00edsmo, estaba marginada y despreciada. Jes\u00fas mostr\u00f3 siempre la m\u00e1xima estima y el m\u00e1ximo respeto por la mujer, por cada mujer, y en particular fue sensible hacia el sufrimiento femenino. Traspasando las barreras religiosas y sociales del tiempo, Jes\u00fas restableci\u00f3 a la mujer en su plena dignidad de persona humana ante Dios y ante los hombres.<\/p>\n<p>    \u00bfC\u00f3mo no recordar sus encuentros con Marta y Mar\u00eda, con la Samaritana, con la viuda de Na\u00edn, con la mujer ad\u00faltera, con la hemorroisa, con la pecadora en casa de Sim\u00f3n el fariseo? El coraz\u00f3n vibra de emoci\u00f3n al s\u00f3lo enumerarlos.  Y c\u00f3mo no recordar sobre todo, que Jes\u00fas quiso asociar algunas mujeres a los Doce, que le acompa\u00f1aban y serv\u00edan y fueron su consuelo durante la v\u00eda dolorosa hasta el pie de la cruz? Y despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n Jes\u00fas se apareci\u00f3 a las piadosas mujeres y a Mar\u00eda Magdalena, encarg\u00e1ndole anunciar a los disc\u00edpulos su resurrecci\u00f3n. Deseando encarnarse y entrar en nuestras historia humana, Jes\u00fas quiso tener una Madre, Mar\u00eda Sant\u00edsima, y elev\u00f3 as\u00ed a la mujer a la cumbre m\u00e1s alta y admirable de la dignidad, Madre de Dios encarnado, Inmaculada, Asunta, Reina del cielo y de la tierra.<\/p>\n<p>    \u00a1Por eso, vosotras, mujeres cristianas, deb\u00e9is anunciar, como Mar\u00eda Magdalena y las otras mujeres del Evangelio deb\u00e9is testimoniar que Cristo ha resucitado verdaderamente, que El es nuestro verdadero y \u00fanico consuelo! Tened, pues, cuidado de vuestra vida interior.<\/p>\n<h3><span id=\"Mulieris_dignitatem_31\">\u201cMulieris dignitatem\u201d, \u00a7 31.<\/span><\/h3>\n<p>\u201cLo acompa\u00f1aban los Doce y tambi\u00e9n algunas mujeres\u201d<\/p>\n<p>    \u00abSi conocieras el don de Dios\u00bb (Jn 4, 10), dice Jes\u00fas a la samaritana en el transcurso de uno de aquellos admirables coloquios que muestran la gran estima que Cristo tiene por la dignidad de la mujer y por la vocaci\u00f3n que le permite tomar parte en su misi\u00f3n mesi\u00e1nica. [\u2026] La Iglesia desea dar gracias a la Sant\u00edsima Trinidad por el \u00abmisterio de la mujer\u00bb y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las \u00abmaravillas de Dios\u00bb, que en la historia de la humanidad se han cumplido en ella y por medio de ella. En definitiva, \u00bfno se ha obrado en ella y por medio de ella lo m\u00e1s grande que existe en la historia del hombre sobre la tierra, es decir, el acontecimiento de que Dios mismo se ha hecho hombre?<\/p>\n<p>    La Iglesia, por consiguiente, da gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios en la virginidad; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es el signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan profesionalmente, mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social [\u2026]. <\/p>\n<p>    La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del \u00abgenio\u00bb femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Esp\u00edritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios [\u2026]. La Iglesia pide, al mismo tiempo, que estas inestimables \u00abmanifestaciones del Esp\u00edritu\u00bb (cf. 1 Cor 12, 4 ss.), [\u2026], sean reconocidas debidamente, valorizadas, para que redunden en com\u00fan beneficio de la Iglesia y de la humanidad.<\/p>\n<h3><span id=\"Mulieris_dignitatem_16\">\u201cMulieris dignitatem\u201d, \u00a7 16.<\/span><\/h3>\n<p>\u00ab Los doce estaban con \u00c9l, y tambi\u00e9n las mujeres \u00bb<\/p>\n<p>    El hecho de ser hombre o mujer, no comporta ninguna restricci\u00f3n en lo que concierne a la misi\u00f3n, de la misma manera que la acci\u00f3n salv\u00edfica y santificante del Esp\u00edritu en el hombre no est\u00e1 limitada por el hecho de ser jud\u00edo o griego, esclavo o libre, seg\u00fan nos viene expresado en las palabras bien conocidas del ap\u00f3stol Pablo: \u00ab Porque todos no form\u00e1is m\u00e1s que uno en Cristo Jes\u00fas \u00bb (Gal 3,28).<\/p>\n<p>    Esta unidad no suprime las diferencias. El Esp\u00edritu, que hace realidad esta unidad en el orden sobrenatural de la gracia santificante, contribuye, en la misma medida, al hecho de que \u00ab vuestros hijos e hijas profetizar\u00e1n \u00bb (Jl 3,1). Profetizar significa expresar, a trav\u00e9s de la palabra y la vida \u00ab las maravillas de Dios \u00bb (Hch 2,11), salvaguardando la verdad y la originalidad de cada persona, sea hombre o mujer. La igualdad evang\u00e9lica, la paridad del hombre y la mujer frente a las maravillas de Dios, tal como nos ha sido manifestada con total claridad en las obras y las palabras de Jes\u00fas de Nazaret, constituye el fundamento m\u00e1s evidente de la dignidad y la vocaci\u00f3n de la mujer en la Iglesia y en el mundo. Toda vocaci\u00f3n tiene un sentido profundamente personal y prof\u00e9tico. En la vocaci\u00f3n as\u00ed comprendida, la personalidad de la mujer encuentra una dimensi\u00f3n del todo nueva : es la dimensi\u00f3n de las \u00ab maravillas de Dios \u00bb de las cuales la mujer es sujeto viviente y testimonio irreemplazable.    <\/p>\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI_papa\">Benedicto XVI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_14-02-2007\">Catequesis (14-02-2007)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia general del 14 de febrero del 2007.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abLo acompa\u00f1aban los Doce y algunas mujeres\u00bb (cf. Lc 8,1s).<\/p>\n<p>     Sabemos que entre sus disc\u00edpulos, Jes\u00fas escogi\u00f3 a doce para ser los padres del nuevo Israel, y los escogi\u00f3 para que \u00abestuvieran con \u00e9l y enviarlos a predicar\u00bb. Este hecho es evidente, pero, adem\u00e1s de los Doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo Pueblo de Dios, escogi\u00f3 tambi\u00e9n a muchas mujeres para que fueran del n\u00famero de sus disc\u00edpulos. No puedo hacer m\u00e1s que evocar brevemente las que se encuentran en el camino del mismo Jes\u00fas, desde la profetisa Ana hasta la Samaritana, la Sirofenicia, la mujer que sufr\u00eda p\u00e9rdidas de sangre y a la pecadora perdonada. No insistir\u00e9 sobre los personajes que entran en algunas par\u00e1bolas vivientes, por ejemplo la del ama de casa que cuece el pan, la que limpia la casa porque pierde la moneda de plata, la de la viuda que importuna al juez. En nuestra reflexi\u00f3n de hoy son m\u00e1s significativas estas mujeres que han jugado un papel activo en el conjunto de la misi\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>     Naturalmente, en primer lugar se piensa en la Virgen Mar\u00eda, que por su fe y su colaboraci\u00f3n maternal coopera de manera \u00fanica a la redenci\u00f3n hasta el punto que Elisabet pudo proclamarla \u00abbendita entre todas las mujeres\u00bb, a\u00f1adiendo: \u00abDichosa la que ha cre\u00eddo\u00bb. Hecha disc\u00edpula de su Hijo, Mar\u00eda manifiesta en Can\u00e1 su absoluta fe en \u00e9l, y lo sigui\u00f3 hasta la cruz donde recibi\u00f3 de \u00e9l una misi\u00f3n maternal para con todos los disc\u00edpulos de todos los tiempos, representados all\u00ed por Juan.<\/p>\n<p>     Detr\u00e1s de Mar\u00eda vienen muchas mujeres, las cuales, a t\u00edtulos diversos, han ejercido alrededor de la persona de Jes\u00fas funciones de diversa responsabilidad. Son ejemplo elocuente de ello las que segu\u00edan a Jes\u00fas asisti\u00e9ndole con sus recursos y de las que Lucas nos transmite algunos nombres: Mar\u00eda de Magdala, Juana, Susana, y \u00abotras muchas\u00bb. Seguidamente los Evangelios nos informan que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jes\u00fas a la hora de la Pasi\u00f3n. Entre ellas destaca, de manera particular, Mar\u00eda de Magdala, la cual, no tan s\u00f3lo asisti\u00f3 a la Pasi\u00f3n, sino que fue la primera en recibir el testimonio del Resucitado y a anunciarle. Es precisamente a ella a quien santo Tom\u00e1s de Aquino reserva el calificativo \u00fanico de \u00abap\u00f3stol de los ap\u00f3stoles\u00bb, y a\u00f1adiendo este bello comentario: \u00abAs\u00ed como una mujer anunci\u00f3 al primer hombre palabras de muerte, as\u00ed tambi\u00e9n una mujer anunci\u00f3 a los ap\u00f3stoles palabras de vida\u00bb.<\/p>\n<p>    En el \u00e1mbito de la Iglesia primitiva la presencia femenina tampoco fue secundaria.<br \/>\n    Debemos a san Pablo una documentaci\u00f3n m\u00e1s amplia sobre la dignidad y el papel eclesial de la mujer. Toma como punto de partida el principio fundamental seg\u00fan el cual para los bautizados &#8220;ya no hay jud\u00edo ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer&#8221;. El motivo es que &#8220;todos somos uno en Cristo Jes\u00fas&#8221; (Ga 3, 28), es decir, todos tenemos la misma dignidad de fondo, aunque cada uno con funciones espec\u00edficas (1 Co 12, 27-30).<br \/>\n    El Ap\u00f3stol admite como algo normal que en la comunidad cristiana la mujer pueda &#8220;profetizar&#8221; (1 Co 11, 5), es decir, hablar abiertamente bajo el influjo del Esp\u00edritu, a condici\u00f3n de que sea para la edificaci\u00f3n de la comunidad y que se haga de modo digno&#8230;  Ya hablamos de Prisca o Priscila, esposa de \u00c1quila, que en dos casos sorprendentemente es mencionada antes que su marido (Hch 18, 18; Rm 16, 3); en cualquier caso, ambos son calificados expl\u00edcitamente por san Pablo como sus &#8220;colaboradores&#8221; -sun-ergo\u00fas (Rm 16, 3). Hay otras observaciones que no conviene descuidar. Por ejemplo, es preciso constatar que san Pablo dirige tambi\u00e9n a una mujer de nombre &#8220;Apfia&#8221; la breve carta a Filem\u00f3n (Flm 2), y conviene notar que en la comunidad de Colosas deb\u00eda ocupar un puesto importante; en todo caso, es la \u00fanica mujer mencionada por san Pablo entre los destinatarios de una carta suya. En otros pasajes, el Ap\u00f3stol menciona a una cierta &#8220;Febe&#8221;, a la que llama di\u00e1konos de la Iglesia en Cencreas, peque\u00f1a localidad portuaria al este de Corinto (Rm 16, 1-2). Aunque en aquel tiempo ese t\u00edtulo todav\u00eda no ten\u00eda un valor ministerial espec\u00edfico de car\u00e1cter jer\u00e1rquico, demuestra que esa mujer ejerc\u00eda verdaderamente un cargo de responsabilidad en favor de la comunidad cristiana. San Pablo pide que la reciban cordialmente y le ayuden &#8220;en cualquier cosa que necesite&#8221;, y despu\u00e9s a\u00f1ade: &#8220;pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de m\u00ed mismo&#8221;. En el mismo contexto epistolar, el Ap\u00f3stol, con gran delicadeza, recuerda otros nombres de mujeres: una cierta Mar\u00eda, y despu\u00e9s Trifena, Trifosa, P\u00e9rside, &#8220;muy querida&#8221;, y Julia, de las que escribe abiertamente que &#8220;se han fatigado por vosotros&#8221; o &#8220;se han fatigado en el Se\u00f1or&#8221; (Rm 16, 6. 12a. 12b. 15), subrayando as\u00ed su intenso compromiso eclesial.<br \/>\n    Asimismo, en la Iglesia de Filipos se distingu\u00edan dos mujeres llamadas Evodia y S\u00edntique (Flp 4, 2): el llamamiento que san Pablo hace a la concordia mutua da a entender que estas dos mujeres desempe\u00f1aban una funci\u00f3n importante dentro de esa comunidad.<br \/>\n    En s\u00edntesis, la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera contado con la aportaci\u00f3n generosa de muchas mujeres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 Despu\u00e9s de esto iba \u00e9l caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompa\u00f1ado por los Doce, 2 y por algunas mujeres, que hab\u00edan sido curadas de esp\u00edritus malos y de enfermedades: Mar\u00eda la Magdalena, de la que hab\u00edan salido siete demonios; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-8-1-3-jesus-y-sus-seguidores\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLc 8, 1-3: Jes\u00fas y sus seguidores\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41477","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41477","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41477"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41477\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41477"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41477"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41477"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}