{"id":41482,"date":"2016-10-07T23:34:21","date_gmt":"2016-10-08T04:34:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-9-7-9-dudas-de-herodes\/"},"modified":"2016-10-07T23:34:21","modified_gmt":"2016-10-08T04:34:21","slug":"lc-9-7-9-dudas-de-herodes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-9-7-9-dudas-de-herodes\/","title":{"rendered":"Lc 9, 7-9: Dudas de Herodes"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">7<\/span> El tetrarca Herodes se enter\u00f3 de lo que pasaba y no sab\u00eda a qu\u00e9 atenerse, porque unos dec\u00edan que Juan hab\u00eda resucitado de entre los muertos; <span class=\"versiculo\">8<\/span> otros, en cambio, que hab\u00eda aparecido El\u00edas, y otros que hab\u00eda vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. <span class=\"versiculo\">9<\/span> Herodes se dec\u00eda: \u00abA Juan lo mand\u00e9 decapitar yo. \u00bfQui\u00e9n es este de quien oigo semejantes cosas?\u00bb. Y ten\u00eda ganas de verlo. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Ireneo_de_Lyon_obispo_y_martir\">San Ireneo de Lyon, obispo y m\u00e1rtir<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Tratado_El_hombre_por_si_mismo_no_puede_ver_a_Dios\">Tratado: El hombre por s\u00ed mismo no puede ver a Dios.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Contra las Herej\u00edas, libro IV, 20, 4- 5.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abHerodes trataba de ver a Jes\u00fas\u00bb (Lc 9,9).<\/p>\n<p>Los profetas, pues anunciaban por anticipado que Dios ser\u00eda visto por los hombres, conforme a lo que dice tambi\u00e9n el Se\u00f1or: \u201cDichosos los limpios de coraz\u00f3n, porque ellos ver\u00e1n a Dios\u201d(Mt 5,8).Ciertamente, seg\u00fan su grandeza y gloria inenarrable, \u201cnadie puede ver a Dios y quedar con vida\u201d(Ex 33,20), pues el Padre es incomprensible. Sin embargo, seg\u00fan su amor, su bondad hacia los hombres y su omnipotencia, el Padre llega hasta a conceder a quienes aman el privilegio de ver a Dios,-como profetizaban los profetas- pues \u201clo que el hombre no puede, lo puede Dios\u201d(Lc 18,27).<\/p>\n<p>El hombre por s\u00ed mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el Esp\u00edritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopci\u00f3n filial y ser\u00e1 visto en el reino de los cielos como Padre. En efecto, el Esp\u00edritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios. Pues del mismo modo que quienes ven la luz est\u00e1n en la luz y perciben su esplendor, as\u00ed tambi\u00e9n los que ven a Dios est\u00e1n en Dios y perciben su esplendor. Ahora bien, la claridad divina es vivificante. Por tanto, los que  contemplan a Dios tienen parte en la vida divina.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Pedro_Crisologo_obispo_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Pedro Cris\u00f3logo, obispo y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_Muestrame_tu_rostro\">Homil\u00eda: Mu\u00e9strame tu rostro.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n 147 : PL 52, 594-596.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abTambi\u00e9n como Herodes, queremos ver a Jes\u00fas\u00bb (cf. Lc 9,9).<\/p>\n<p>El amor no consiente no ver al que ama.  \u00bfNo es cierto que todos los santos han tenido por cosa insignificante, sea lo que fuere que consiguieran, si no pod\u00edan ver a Dios? [&#8230;] Por eso Mois\u00e9s se atreve a decir: \u201cSi he hallado gracia ante ti, mu\u00e9strame tu rostro\u201d (Ex 33,13). Y el salmista: \u201cMu\u00e9strame tu rostro\u201d (Sal 79,4). \u00bfNo es por esta misma raz\u00f3n que los paganos se hacen \u00eddolos? En el seno mismo del error, con sus propios ojos ven al que adoran.<\/p>\n<p>Dios conoc\u00eda el tormento que sufren los mortales por el deseo de verle. Lo que \u00e9l ha escogido para mostrarse era grande en la tierra y no es menor en el cielo. Porque eso que, sobre la tierra, Dios ha hecho semejante a \u00e9l, no pod\u00eda quedar sin ser honorado en el cielo: \u201cHagamos, dice, al hombre a nuestra imagen y semejanza\u201d (Gn 1,26) [\u2026] Que nadie, pues, piense que Dios se ha equivocado al venir a los hombres por medio un hombre: Se ha hecho carne entre nosotros para ser visto por nosotros.<\/p>\n<h2><span id=\"Isaac_el_Sirio_monje\">Isaac el Sirio, monje<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Discurso_El_humilde_puede_ver_a_Dios\">Discurso: El humilde puede ver a Dios.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Discursos espirituales, primera serie, n. 20.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abHerodes quer\u00eda ver a Jes\u00fas\u00bb (Lc 9,9).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo pueden los seres creados contemplar a Dios? La visi\u00f3n de Dios es tan terrible que el mismo Mois\u00e9s dice que tiembla de temor. En efecto, cuando la gloria de Dios aparece en la tierra, en el monte Sina\u00ed (Ex 20) la monta\u00f1a echa humo y tiembla ante la inminente revelaci\u00f3n. Los animales que se acercan a la falda de la monta\u00f1a mor\u00edan. Los hijos de Israel se hab\u00edan preparado: se hab\u00edan purificado durante tres d\u00edas seg\u00fan la orden de Mois\u00e9s, para ser dignos de o\u00edr la voz de Dios y de ver su manifestaci\u00f3n. Cuando lleg\u00f3 el tiempo no pudieron ni asumir la visi\u00f3n de su luz ni soportar el trueno de su voz terrible.<\/p>\n<p>Pero ahora, cuando Dios ha derramado su gracia en su venida, ya no es a trav\u00e9s de un terremoto, ni en el fuego, ni en la manifestaci\u00f3n de una voz terrible y fuerte que ha bajado, sino como el roc\u00edo sobre el orvalle. (Jue 6,37), como un gota que cae suavemente sobre la tierra. Ha venido a nosotros de manera diferente. Ha cubierto su majestad con el velo de nuestra carne. Ha hecho de ella un tesoro. Ha vivido entre nosotros en esta carne que su voluntad se hab\u00eda formado en el seno de la Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios, para que, vi\u00e9ndolo de nuestra raza y viviendo entre nosotros, no nos qued\u00e1ramos turbados contemplando su gloria. Por esto, los que se han revestido con el vestido con que el Creador apareci\u00f3 entre nosotros, se han revestido de Cristo mismo. (Gal 3,27) Han deseado llevar en su persona interior (Ef 3,16) la misma humildad con la que Cristo se manifest\u00f3 a su creaci\u00f3n y ha vivido en ella, como se manifiesta ahora a sus servidores. En lugar del vestido de honor y de gloria exteriores, \u00e9stos se han revestido de su humildad.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Damasceno_monje_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Juan Damasceno monje y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Escritos_Dios_no_nos_deja_en_la_completa_ignorancia\">Escritos: Dios no nos deja en la completa ignorancia.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">La Fe ortodoxa, I, 1.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abHerodes quer\u00eda ver a Cristo\u00bb (Lc 9,9).<\/p>\n<p>&#8220;Nunca nadie ha visto Dios. El Hijo \u00fanico que se encuentra en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer&#8221; (Jn 1,18). Lo divino es inexplicable e incomprensible: &#8220;nadie conoce al Padre, excepto el Hijo o aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar&#8221; (Mt 11,27), y el Esp\u00edritu Santo conoce igualmente a Dios&#8230; Pero despu\u00e9s de este primero y bendito conocimiento divino, nadie ha conocido a Dios sino aquellos a quien Dios mismo se revele&#8230;<\/p>\n<p>Por tanto, Dios no nos dej\u00f3 en la completa ignorancia, porque cada uno ha sembrado en s\u00ed, el conocimiento de que existe un Dios. La creaci\u00f3n, por su cohesi\u00f3n y su direcci\u00f3n, proclama la magnificencia de la naturaleza divina (cf. Rm 1.20). A continuaci\u00f3n, la Ley y los Profetas y su \u00fanico Hijo, el Se\u00f1or, &#8220;nuestro Dios y Salvador Jesucristo&#8221; (2Pe 1,1), han demostrado el conocimiento de Dios, de acuerdo a lo que podemos conseguir. Por eso todo lo que nos fue transmitido por la Ley y los Profetas, los Ap\u00f3stoles y los Evangelistas, lo aceptamos, lo conocemos, aplicamos nuestra devoci\u00f3n y no buscamos m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Dios es bueno; apela al bien&#8230; Como \u00e9l lo sabe todo y lo que nos conviene a cada uno, nos revela lo que nos es \u00fatil de conocer y lo que podemos llevar. Debemos, por lo tanto, contentarnos con esto y permanecer en ello.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Columbano_abad\">San Columbano, abad<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Instrucciones_Un_Dios_cercano_por_la_fe\">Instrucciones: Un Dios cercano, por la fe.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Instrucci\u00f3n 1,2-4 ; PL 80, 231-232.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abHerodes tenia inter\u00e9s en verle\u00bb (Lc 9,9).<\/p>\n<p>Dios est\u00e1 en todas partes, de manera total, inmensa. En todas partes est\u00e1 cercano tal como \u00c9l mismo da testimonio de ello : \u00abSoy un Dios cercano, y no un Dios lejano\u00bb (Jr 23,23). El Dios que buscamos no es un Dios que est\u00e9 lejos de nosotros. Lo tenemos entre nosotros. Habita en nosotros como el alma en el cuerpo si somos para \u00c9l, por lo menos, miembros sanos a quienes el pecado no ha matado\u2026 \u00abEn \u00c9l, dice el ap\u00f3stol Pablo, tenemos la vida, el movimiento y el ser\u00bb (Hch 17,28).<\/p>\n<p>M\u00e1s, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 seguir al Alt\u00edsimo hasta llegar a su ser inexpresable e incomprensible? \u00bfQui\u00e9n escrutar\u00e1 las profundidades de Dios? \u00bfQui\u00e9n se atrever\u00e1 tratar sobre el origen eterno del universo? \u00bfQui\u00e9n se gloriar\u00e1 de conocer al Dios infinito que lo llena todo, lo envuelve todo, lo penetra todo y lo sobrepasa todo, lo abraza todo y se esconde a todo, \u00aba \u00c9l a quien nadie ha visto jam\u00e1s\u00bb tal cual es? (1Tm 6,16). Que nadie, pues, tenga la presunci\u00f3n de sondear la impenetrable profundidad de Dios, el qu\u00e9, el c\u00f3mo, y el por qu\u00e9 de su ser. Todo lo cual no se puede expresar, ni escrutar, ni penetrar. Cree simplemente, pero con fuerza, que Dios es tal como ha sido y tal como ser\u00e1 porque en \u00c9l no hay cambios.<\/p>\n<h2><span id=\"Catecismo_de_la_Iglesia_Catolica\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">nn. 31-35.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Las v\u00edas de acceso al conocimiento de Dios.<\/p>\n<p>Creado a imagen de Dios, llamado a conocer y amar a Dios, el hombre que busca a Dios descubre ciertas &#8220;v\u00edas&#8221; para acceder al conocimiento de Dios. Se las llama tambi\u00e9n &#8220;pruebas de la existencia de Dios&#8221;, no en el sentido de las pruebas propias de las ciencias naturales, sino en el sentido de &#8220;argumentos convergentes y convincentes&#8221; que permiten llegar a verdaderas certezas.<\/p>\n<p>Estas &#8220;v\u00edas&#8221; para acercarse a Dios tienen como punto de partida la creaci\u00f3n: el mundo material y la persona humana. El mundo: A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo. San Pablo afirma refiri\u00e9ndose a los paganos: &#8220;Lo que de Dios se puede conocer, est\u00e1 en ellos manifiesto: Dios se lo manifest\u00f3. Porque lo invisible de Dios, desde la creaci\u00f3n del mundo se deja ver a la inteligencia a trav\u00e9s de sus obras: su poder eterno y su divinidad&#8221; (Rm 1,19-20; cf. Hch 14,15.17; 17,27-28; Sb 13,1-9)&#8230;<\/p>\n<p>El hombre: Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiraci\u00f3n al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En todo esto se perciben signos de su alma espiritual&#8230;; su alma, no puede tener origen m\u00e1s que en Dios. El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin \u00faltimo, sino que participan de Aquel que es el Ser en s\u00ed, sin origen y sin fin. As\u00ed, por estas diversas &#8220;v\u00edas&#8221;, el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin \u00faltimo de todo, &#8220;y que todos llaman Dios&#8221; (San Tom\u00e1s de Aquino).<\/p>\n<p>Las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la existencia de un Dios personal. Pero para que el hombre pueda entrar en la intimidad de \u00c9l ha querido revelarse al hombre y darle la gracia de poder acoger en la fe esa revelaci\u00f3n. Sin embargo, las pruebas de la existencia de Dios pueden disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la raz\u00f3n humana.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Comentarios_exegeticos\">Comentarios exeg\u00e9ticos<\/span><\/h1>\n<p>Pr\u00f3ximamente&#8230; no pudo hacerse ahora por falta de tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>7 El tetrarca Herodes se enter\u00f3 de lo que pasaba y no sab\u00eda a qu\u00e9 atenerse, porque unos dec\u00edan que Juan hab\u00eda resucitado de entre los muertos; 8 otros, en cambio, que hab\u00eda aparecido El\u00edas, y otros que hab\u00eda vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. 9 Herodes se dec\u00eda: \u00abA Juan lo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-9-7-9-dudas-de-herodes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLc 9, 7-9: Dudas de Herodes\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41482","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41482","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41482"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41482\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41482"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41482"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41482"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}