{"id":41516,"date":"2016-10-07T23:35:32","date_gmt":"2016-10-08T04:35:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-12-49-53-la-mision-de-jesus-traer-fuego-a-la-tierra\/"},"modified":"2016-10-07T23:35:32","modified_gmt":"2016-10-08T04:35:32","slug":"lc-12-49-53-la-mision-de-jesus-traer-fuego-a-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-12-49-53-la-mision-de-jesus-traer-fuego-a-la-tierra\/","title":{"rendered":"Lc 12, 49-53: La misi\u00f3n de Jes\u00fas &#8211; Traer fuego a la tierra"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">49<\/span> He venido a prender fuego a la tierra, \u00a1y cu\u00e1nto deseo que ya est\u00e9 ardiendo! <span class=\"versiculo\">50<\/span> Con un bautismo tengo que ser bautizado, \u00a1y qu\u00e9 angustia sufro hasta que se cumpla! <span class=\"versiculo\">51<\/span> \u00bfPens\u00e1is que he venido a traer paz a la tierra? No, sino divisi\u00f3n. <span class=\"versiculo\">52<\/span> Desde ahora estar\u00e1n divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; <span class=\"versiculo\">53<\/span> estar\u00e1n divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra\u00bb. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Catena_Aurea_comentarios_de_los_Padres_de_la_Iglesia_por_versiculos\">Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por vers\u00edculos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Ambrosio\">San Ambrosio<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">49.<\/span> A los administradores -esto es, a los sacerdotes- es a quienes parece referirse lo que precede, para que sepan que habr\u00e1n de padecer terriblemente en la otra vida, si cuid\u00e1ndose s\u00f3lo de las diversiones mundanas, se olvidan de gobernar bien la grey del Se\u00f1or que les ha sido encomendada. Pero como el separarse del error por miedo al castigo es poco adelanto, as\u00ed es mayor la prerrogativa de la caridad y del amor. Por esto el Se\u00f1or los excita a desear poseer a Dios, diciendo: <span class=\"ct\">\u00abHe venido a arrojar un fuego sobre la tierra.\u00bb<\/span> No aqu\u00e9l que consume los bienes, sino el que produce la buena voluntad que mejora los vasos de oro de la casa del Se\u00f1or y reduce a cenizas el heno y la paja.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">50.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abCon un bautismo tengo que ser bautizado\u2026\u00bb<\/span> La misericordia del Se\u00f1or es tan grande, que dice que lo obliga el deseo de infundirnos la devoci\u00f3n y consumar nuestra perfecci\u00f3n, como tambi\u00e9n de apresurar su pasi\u00f3n por nosotros. Por esto sigue: <span class=\"ct\">\u00ab\u2026 y \u00a1qu\u00e9 angustiado estoy hasta que se cumpla!\u00bb<\/span>Dicen algunos c\u00f3dices <span class=\"citaI\">coangor, <\/span> esto es, me entristezco. No teniendo en s\u00ed nada que lo aflija, se aflige por nuestras desgracias y en el tiempo de la muerte mostraba tristeza que no ten\u00eda por miedo de su muerte, sino por la tardanza de nuestra redenci\u00f3n: as\u00ed que se angustia hasta que llega el momento, pero una vez que ha llegado se tranquiliza, porque no es la muerte lo que teme sino la condici\u00f3n de la naturaleza corporal. Habiendo asumido la naturaleza humana deb\u00eda pues sufrir todo lo que es propio del cuerpo, como tener hambre, afligirse y contristarse. Pero la divinidad no puede inmutarse por estos afectos. Manifiesta tambi\u00e9n que en la lucha de la pasi\u00f3n la muerte del cuerpo fue el t\u00e9rmino de su angustia y no aumento de su dolor.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">52-53.<\/span> <span class=\"ct\">\u00ab Porque desde ahora habr\u00e1 cinco en una casa y estar\u00e1n divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estar\u00e1n divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.\u00bb<\/span> Aunque parece un hecho la subordinaci\u00f3n entre seis personas (la del padre y del hijo, de la madre y de la hija, de la suegra y de la nuera), s\u00f3lo se dice de cinco, porque la madre y la suegra suelen ser una sola persona: la que es madre del hijo es nuera de la mujer.<\/p>\n<p>En sentido m\u00edstico, esta <span class=\"ct\">casa<\/span> es el hombre. Leemos con frecuencia que el cuerpo y el alma son dos. Ahora, si est\u00e1n conformes los dos constituyen uno solo: uno que sirve al otro que manda. Las afecciones del alma son tres: una razonable, otra concupiscible y la tercera irascible. Por lo tanto, <span class=\"ct\">dos se dividen contra tres y tres contra dos.<\/span> Porque despu\u00e9s de la venida de Jesucristo, el hombre que era irracional se hizo racional. \u00c9ramos carnales y terrenos, mand\u00f3 el Se\u00f1or su esp\u00edritu a nuestros corazones (G\u00e1l 4) y nos hicimos sus hijos espirituales. Tambi\u00e9n podemos decir que <span class=\"ct\">en esta casa hay otros cinco,<\/span> esto es: el olor, el tacto, el gusto, la vista y el o\u00eddo. Por tanto, si seg\u00fan lo que o\u00edmos o leemos por el o\u00eddo y la vista, rechazamos las voluptuosidades superfluas del cuerpo que se perciben por el gusto, el tacto y el olor, dividimos dos contra tres; porque el alma no cede a los halagos del vicio. Por el contrario, si admitimos los cinco sentidos corporales, los vicios del cuerpo y los pecados se dividen. Pueden tambi\u00e9n verse separadas la carne y el alma por el olor, el tacto y el gusto de la lujuria. Porque la raz\u00f3n, como m\u00e1s viril, se inclina a los afectos nobles, mientras que la carne trata de ablandar a la raz\u00f3n. Tal es el origen de las diversas pasiones voluptuosas. Pero cuando el alma vuelve sobre s\u00ed, reniega de estos herederos degenerados, la carne se duele ciertamente de estar unida a sus pasiones que ella misma engendr\u00f3 y que son como los zarzales del mundo y la voluptuosidad, como nuera, dig\u00e1moslo as\u00ed, del cuerpo y del alma, desposa estos movimientos de las malas pasiones. Todo el tiempo que en una casa existe la armon\u00eda indivisible por la mancomunidad de los vicios, no se ve, pues, ninguna divisi\u00f3n en ella. Pero cuando Jesucristo envi\u00f3 a la tierra el fuego que consume los delitos del coraz\u00f3n, o la espada con que penetra sus secretos, entonces el cuerpo y el alma, renovados por los misterios de la regeneraci\u00f3n, rompieron su uni\u00f3n con su descendencia. Y por esto, los padres se separan de los hijos cuando el intemperante renuncia a la intemperancia y el alma rechaza el consorcio con la culpa. Los hijos se insurreccionan tambi\u00e9n contra los padres cuando, renovados los hombres, abandonan sus antiguos vicios y la voluptuosidad rechaza la norma de la piedad, como el adolescente reh\u00faye la disciplina de una casa seria.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Cirilo_in_Cat_graec_Patr\">San Cirilo, in Cat. graec. Patr<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">49-50.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abHe venido a arrojar un fuego sobre la tierra.\u00bb<\/span> En algunas ocasiones en la Sagrada Escritura se acostumbra llamar fuego a la palabra sagrada y divina, porque as\u00ed como los que quieren purificar el oro y la plata les quitan toda la escoria con el fuego, as\u00ed el Salvador, por la palabra evang\u00e9lica en la virtud del Esp\u00edritu, purifica la inteligencia de los que creen en El. Este es el fuego saludable y \u00fatil por el cual los moradores de la tierra, de alg\u00fan modo fr\u00edos y endurecidos por el pecado, se calientan y enardecen por la vida santa.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or atizaba el incendio de este fuego. Por lo que prosigue: <span class=\"ct\">\u00abY \u00a1cu\u00e1nto desear\u00eda que ya estuviera encendido!\u00bb<\/span> Cre\u00edan ya algunos de Israel -de los que los primeros fueron los disc\u00edpulos-, pero este fuego, una vez encendido en Judea, deb\u00eda extenderse por todo el mundo cuando hubiese terminado su pasi\u00f3n. Por lo que sigue: <span class=\"ct\">\u00abCon un bautismo tengo que ser bautizado\u2026\u00bb<\/span> Y como antes de la pasi\u00f3n y de su resurrecci\u00f3n de entre los muertos, s\u00f3lo se hac\u00eda menci\u00f3n de su doctrina y de sus milagros en Judea, despu\u00e9s que los imp\u00edos mataron al autor de la vida, dijo a sus disc\u00edpulos (Mt 28,19): &#8220;Id y ense\u00f1ad a todas las gentes&#8221;.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">51-52.<\/span> <span class=\"ct\">\u00ab\u00ab\u00bfCre\u00e9is que estoy aqu\u00ed para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino divisi\u00f3n.\u00bb<\/span> \u00bfQu\u00e9 dices, Se\u00f1or? \u00bfNo has venido a dar la paz, cuando eres nuestra paz (Ef 2), estableciendo la uni\u00f3n entre el cielo y la tierra por tu cruz (Col 1), t\u00fa que has dicho: &#8220;Os doy mi paz&#8221; (Jn 14,27)? Pero es bien sabido que la paz es \u00fatil, como tambi\u00e9n puede ser da\u00f1osa y separar del amor divino, que es por lo que toleramos a los que se alejan de Dios y por lo cual se ense\u00f1\u00f3 a los fieles que evitasen el trato con los mundanos. Por esto sigue: <span class=\"ct\">\u00abPorque desde ahora habr\u00e1 cinco en una casa y estar\u00e1n divididos; tres contra dos, y dos contra tres&#8230;\u00bb<\/span><\/p>\n<h2><span id=\"Beda\">Beda<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">50.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abCon un bautismo tengo que ser bautizado\u2026\u00bb<\/span> Es decir, primero debo ser ba\u00f1ado con la propia sangre que yo he de derramar y as\u00ed he de inflamar los corazones de los que creen con el fuego del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">51.<\/span> Manifiesta c\u00f3mo la tierra ha de ser abrasada despu\u00e9s del bautismo de su pasi\u00f3n y de la venida del fuego espiritual, a\u00f1adiendo: <span class=\"ct\">\u00ab\u00ab\u00bfCre\u00e9is que estoy aqu\u00ed para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino divisi\u00f3n.\u00bb<\/span><\/p>\n<p><span class=\"cv\">52-53.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abPorque desde ahora habr\u00e1 cinco en una casa y estar\u00e1n divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estar\u00e1n divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.\u00bb<\/span> Podemos decir que tres representa a los que creen en el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad y dos a los infieles que prescinden de la unidad de la fe. El padre es el diablo, cuyos hijos somos cuando lo imitamos. Pero despu\u00e9s que vino aquel fuego celestial, nos separ\u00f3 unos de otros y nos dio a conocer a otro Padre que habita en los cielos. La madre es la sinagoga. La hija es la Iglesia primitiva, que sufri\u00f3 persecuci\u00f3n en su fe por la misma sinagoga, de quien desciende y que la contradijo con la verdad de su fe. La suegra es la sinagoga. La nuera es la Iglesia de los gentiles, porque Jesucristo, esposo de la Iglesia, es hijo de la sinagoga, seg\u00fan la carne. La sinagoga, por tanto, se divide contra la nuera y contra la hija, a quienes persigue en los que creen de uno y otro pueblo. Y ellas est\u00e1n divididas contra la suegra y la madre, porque no quieren recibir la circuncisi\u00f3n carnal.<\/p>\n<h2><span id=\"Otros_padres\">Otros padres<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">49.<\/span> Debe entenderse que vino del cielo, porque si hubiere venido de la tierra a la tierra, no dir\u00eda: <span class=\"ct\">\u00abHe venido a arrojar un fuego sobre la tierra.\u00bb<\/span> (Tito Bostrense)<\/p>\n<p><span class=\"cv\">49.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abHe venido a arrojar un fuego sobre la tierra.\u00bb<\/span>El fuego se manda a la tierra cuando el soplo abrasador del Esp\u00edritu Santo libra al esp\u00edritu humano de sus deseos carnales. Llora lo malo que ha hecho cuando es inflamado en el amor espiritual y as\u00ed arde la tierra cuando el coraz\u00f3n del pecador se consume en el dolor de la penitencia, acusado por su conciencia (San Gregorio, sup. Ezech., hom. 12).<\/p>\n<p>Ahora llama tierra no precisamente a la que pisamos con los pies, sino a la que El form\u00f3 con sus manos, es decir el hombre, en quien Dios infunde su fuego para consumir el pecado y renovar su alma (Cris\u00f3stomo, in eadem Cat. graec).<\/p>\n<p><span class=\"cv\">52.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abPorque desde ahora habr\u00e1 cinco en una casa y estar\u00e1n divididos; tres contra dos, y dos contra tres&#8230;\u00bb<\/span> Con esto dice lo que habr\u00eda de suceder. Podr\u00eda acontecer que en una misma casa hubiera alguno que fuese fiel y que su padre quisiese llevarlo a la infidelidad. Pero prevaleci\u00f3 tanto la fuerza de la doctrina de Jesucristo, que los hijos abandonaban a sus padres, las hijas a las madres y los padres a los hijos. Convino, pues, que los fieles de Jesucristo no s\u00f3lo desprecien lo propio, sino tambi\u00e9n que lo sufran todo, con tal de que no abandonen la fe. Si El hubiese sido un puro hombre, \u00bfc\u00f3mo hubiera podido pensar que los padres hab\u00edan de amarlo m\u00e1s que a sus hijos, los hijos m\u00e1s que a sus padres, los maridos m\u00e1s que a sus mujeres, y esto no en una casa o cien, sino en todo el mundo? Y no s\u00f3lo predijo esto, sino tambi\u00e9n lo ense\u00f1\u00f3 con la obra (Cris\u00f3stomo, in eadem Cat. graec).<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Ambrosio_obispo\">San Ambrosio, obispo.<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Tratado_Cristo_no_vino_a_traer_un_fuego_que_destruye\">Tratado: Cristo no vino a traer un fuego que destruye<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Tratado sobre San Lucas, n. 7, 131-132.134: SC 52.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00ab\u00bfPens\u00e1is que he venido a traer la paz al mundo? No, sino la divisi\u00f3n\u00bb (Lc 12,)<\/p>\n<p>\u201cHe venido a traer fuego sobre la tierra, \u00a1y c\u00f3mo desear\u00eda que ya estuviera ardiendo!\u201d El Se\u00f1or quiere que seamos vigilantes, esperando de un momento a otro la venida del Salvador&#8230; Pero como el provecho es poco y d\u00e9bil el m\u00e9rito cuando es el temor al suplicio lo que nos aparta del camino errado, porque el amor tiene un valor superior, por esto el Se\u00f1or mismo&#8230;..inflama nuestro deseo de Dios cuando dice: \u201cHe venido a prender fuego en el mundo \u201c. Desde luego no un fuego que destruye, sino aquel que genera una voluntad dispuesta, aquel que purifica los vasos de oro de la casa del Se\u00f1or, consumiendo la paja (1 Cor 13,12ss) limpiando toda ganga del mundo, acumulada por el gusto de los placeres mundanos, obra de la carne que tiene que perecer.<\/p>\n<p>Este fuego es el que quema los huesos de los profetas, como lo declara Jerem\u00edas: \u201cEra dentro de m\u00ed como un fuego devorador encerrado en mis huesos.\u201d (Jr 20,9) Pues hay un fuego del Se\u00f1or del que se dice: \u201cdelante de \u00e9l avanza fuego\u201d (Sl 96,3) El Se\u00f1or mismo es como un fuego \u201cla zarza estaba ardiendo pero no se consum\u00eda.\u201d (Ex 3,2) El fuego del Se\u00f1or es luz eterna; en este fuego se encienden las l\u00e1mparas de los fieles: \u201cTened ce\u00f1ida la cintura y las l\u00e1mparas encendidas\u201d (Lc 12,35) Porque los d\u00edas de esta vida todav\u00eda son noche oscura y es necesaria la l\u00e1mpara. Este fuego es el que, seg\u00fan el testimonio de los disc\u00edpulos de Ema\u00fas, encendi\u00f3 el mismo Se\u00f1or en sus corazones: \u201cNo ard\u00eda nuestro coraz\u00f3n mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?\u201d (Lc 24,32) Los disc\u00edpulos nos ense\u00f1an  con claridad c\u00f3mo act\u00faa este fuego que ilumina el fondo del coraz\u00f3n humano. De ah\u00ed que el Se\u00f1or llegar\u00e1 con fuego (cf Is 66,15) para consumir los vicios en el momento de la resurrecci\u00f3n, colmar con su presencia el deseo de todo hombre y proyectar su luz sobre los m\u00e9ritos y misterios.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfPens\u00e1is que he venido a traer la paz al mundo? No, sino la divisi\u00f3n. En adelante una familia de cinco estar\u00e1 dividida: tres contra dos y dos contra tres&#8230;\u00bb En casi todos los pasajes del Evangelio el sentido espiritual juega un papel importante; pero sobre todo en este pasaje es necesario buscar la profundidad espiritual en el entramado del sentido a fin de que no sea repelido por la dureza de una explicaci\u00f3n simplista&#8230;  \u00bfC\u00f3mo \u00e9l mismo dice: \u00abMi paz os doy, mi paz os dejo\u00bb (Jn 14,27) si vino a separar los padres de sus hijos, los hijos de sus padres, rompiendo los lazos que los unen? \u00bfC\u00f3mo puede ser llamado \u00abmaldito el que honra a su padre\u00bb (Dt 27,16), y fervoroso si le abandona?<\/p>\n<p>Si comprendemos que la religi\u00f3n est\u00e1 en primer lugar y la piedad filial en segundo, veremos que esta cuesti\u00f3n queda iluminada; en efecto, es preciso que lo humano d\u00e9 paso a lo divino. Porque si tenemos deberes para con nuestros padres, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s con el Padre de los padres a quien debemos estar agradecidos por el don de nuestros padres!&#8230; No dice, pues, que hayamos de renunciar a los que amamos, sino que Dios sea preferido a todos. Por otra parte encontramos en otro libro: \u00abEl que ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed, no es digno de m\u00ed\u00bb (Mt 10,37). No te est\u00e1 prohibido amar a tus padres, per s\u00ed preferirlos a Dios. Porque las relaciones naturales son beneficios del Se\u00f1or, y nadie debe amar a los beneficios recibidos m\u00e1s que a Dios que preserva los bienes que da.<\/p>\n<h2><span id=\"Pedro_de_Blois\">Pedro de Blois<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermon_Signos_del_Espiritu_Santo\">Serm\u00f3n: Signos del Esp\u00edritu Santo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n 25 : PL 207, 635-637 (Liturgia de las Horas).<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abHe venido a prender  fuego en el mundo\u00bb (Lc 12,49).<\/p>\n<p>Cristo, que recibi\u00f3 el Esp\u00edritu sin medida, dio dones a los hombres y no cesa de repartirlos.  <i>De su plenitud todos hemos recibido, y nada se libra de su calor. Tiene una hoguera en Si\u00f3n, un horno en  Jerusal\u00e9n. <\/i>Este es el fuego que Cristo ha venido a prender en el mundo. Por  eso tambi\u00e9n se apareci\u00f3 en lenguas de fuego sobre los ap\u00f3stoles, para que una  ley de fuego fuera predicada por lenguas de fuego. De este fuego dice Jerem\u00edas: <i>Desde el cielo ha lanzado un fuego que se me ha metido en los huesos. <\/i> Porque en Cristo el Esp\u00edritu Santo habit\u00f3 plena y corporalmente. Y es \u00e9l quien  derram\u00f3 de su Esp\u00edritu sobre todos: <i>En cada uno se manifiesta el Esp\u00edritu  para el bien com\u00fan. Y <\/i>a\u00f1ade: <i> Hay diversidad de dones, hay diversidad de  servicios y hay diversidad de funciones, pero un mismo y \u00fanico Esp\u00edritu que  reparte a cada uno en particular como a \u00e9l le parece.<\/i><\/p>\n<p> En funci\u00f3n de esta diversidad de carismas el  Esp\u00edritu es designado a veces como fuego, otras como \u00f3leo, como vino o como  agua. Es fuego porque siempre inflama en el amor, y porque una vez que prende no  deja de arder, esto es, de amar ardientemente.  <i>He venido <\/i>\u2014dice\u2014 <i>a prender  fuego en el mundo: \u00a1y ojal\u00e1 estuviera ya ardiendo! <\/i>El Esp\u00edritu Santo es \u00f3leo  en raz\u00f3n de sus diversas propiedades. Es connatural al aceite flotar sobre todos  los dem\u00e1s l\u00edquidos. As\u00ed tambi\u00e9n la gracia del Esp\u00edritu Santo, que con su amor  generoso desborda los m\u00e9ritos y deseos de los que le suplican, es m\u00e1s excelente  que todos los dones y que todos los bienes. El aceite es medicinal, porque  mitiga los dolores; y tambi\u00e9n el Esp\u00edritu Santo es verdadera-mente \u00f3leo, porque  es el Consolador. El aceite por naturaleza no puede mezclarse; y el Esp\u00edritu  Santo es una fuente con la que ninguna otra puede entrar en comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Tenemos, pues, que el Esp\u00edritu Santo  es designado unas veces como fuego y otras como \u00f3leo. En efecto, dos veces les  fue dado el Esp\u00edritu a los ap\u00f3stoles: la primera antes de la pasi\u00f3n, y la  segunda despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n. Observa lo grande que es en ellos la fuente  del ardor: no basta con verter aceite, hay que calentarlo; no basta con acercar  el fuego, hay que rociar el fuego con aceite. Inflamados por este fuego los  disc\u00edpulos, <i>salieron del consejo contentos, <\/i>glori\u00e1ndose en las  tribulaciones. El lengua-je del pr\u00edncipe de los ap\u00f3stoles era \u00e9ste: Dichosos  vos-otros, si ten\u00e9is que sufrir por Cristo. <i>Se os ha dado <\/i>\u2014dice\u2014  <i>la gracia no s\u00f3lo de creer  en Jesucristo, sino tambi\u00e9n de padecer por \u00e9l<\/i>.<\/p>\n<p> El Esp\u00edritu Santo es  <i>vino que alegra el coraz\u00f3n del  hombre. <\/i>Este vino no se echa en odres viejos. El Esp\u00edritu Santo es agua: <i> El que tenga sed <\/i>\u2014dice\u2014, <i>que venga a m\u00ed; el que cree en m\u00ed, que beba. <\/i> El Esp\u00edritu Santo es  m\u00e1s dulce que la miel: oremos, pues, con esp\u00edritu de humildad, al Esp\u00edritu  Santo, para que derrame sobre nuestros corazones el roc\u00edo de su bendici\u00f3n, la  llovizna de sus dones espirituales y una lluvia copiosa para lavar nuestras  conciencias; infunda el aceite de j\u00fabilo y el incendio de su amor en nuestros  corazones Jesucristo, a quien el Padre ungi\u00f3, en quien deposit\u00f3 la plenitud de  la unci\u00f3n y de la bendici\u00f3n, para que todos recibi\u00e9ramos de su plenitud. A \u00e9l el  honor y la gloria por los siglos de los siglos. Am\u00e9n.<\/p>\n<h2><span id=\"Dionisio_el_Cartujo_monje\">Dionisio el Cartujo, monje<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Comentario_Saludable_division\">Comentario: Saludable divisi\u00f3n.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Comentario al evangelio de Lucas; Opera omnia, 12, 72.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00ab\u00bfPens\u00e1is que he venido a traer paz a la tierra\u00bb (Lc 12,51).<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfPens\u00e1is que he venido a traer al mundo la paz?\u00bb Es como si Cristo dijera: \u00abNo pens\u00e9is que he venido a dar a los hombres la paz seg\u00fan la carne y este mundo de aqu\u00ed abajo, la paz sin ninguna regla, que les har\u00eda vivir en armon\u00eda con el mal y les asegurar\u00eda la prosperidad en esta tierra. No, os lo digo, no he venido a traer una paz de este g\u00e9nero sino la divisi\u00f3n, una buena y saludable separaci\u00f3n de los esp\u00edritus e incluso de los cuerpos. As\u00ed, los que creen en m\u00ed, puesto que aman a Dios y buscan la paz interior, se encontraran, naturalmente, en desacuerdo con los malvados; se separar\u00e1n de los que intentan alejarlos del progreso espiritual y de la pureza del amor divino, o bien se esfuerzan en crearles dificultades\u00bb.<\/p>\n<p>La paz espiritual, pues, la paz interior, la buena paz, es la tranquilidad del alma en Dios, y la buena armon\u00eda seg\u00fan el justo orden. Cristo vino, ante todo, a traer esta paz&#8230; La paz interior tiene su fuente en el amor. Consiste en un gozo inalterable del alma que est\u00e1 en Dios. Se le llama la paz del coraz\u00f3n. Es el comienzo y un anticipo de la paz de los santos que est\u00e1n en la patria, de la paz de la eternidad.<\/p>\n<h2><span id=\"Isaac_el_Sirio_monje\">Isaac el Sirio, monje<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Discurso_Fuego_que_purifica\">Discurso: Fuego que purifica.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Discursos asc\u00e9ticos, 1\u00aa serie, n\u00b02.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abHe venido a traer fuego a la tierra\u00bb (Lc 12,49).<\/p>\n<p>Hazte violencia (cf Mt 11,12), esfu\u00e9rzate en imitar la humildad de Cristo, a fin de que se encienda cada vez m\u00e1s el fuego que prendi\u00f3 en ti, este fuego que consume todos los impulsos de este mundo que destruyen al hombre nuevo y que manchan las moradas del Se\u00f1or santo y poderoso. Porque yo afirmo con san Pablo que &#8220;somos templo de Dios&#8221; (2Co 6,16). Purifiquemos pues su templo, &#8220;como \u00e9l mismo es puro&#8221; (1Jn 3,3), con el fin de que tenga el deseo de permanecer all\u00ed; santifiqu\u00e9moslo, como \u00e9l mismo es santo (1P 1,16); adorn\u00e9moslo de muchas obras buenas y dignas.<\/p>\n<p>Llenemos el templo del descanso de su voluntad, como de un perfume, por la oraci\u00f3n pura, la oraci\u00f3n del coraz\u00f3n que es imposible adquirir entreg\u00e1ndose a los continuos impulsos de este mundo. As\u00ed la nube de su gloria cubrir\u00e1 tu alma, y la luz de su grandeza brillar\u00e1 en tu coraz\u00f3n (cf 1R 8,10). Todos los que permanezcan en la casa de Dios se llenar\u00e1n de alegr\u00eda y se regocijar\u00e1n. Pero los insolentes y los desleales desaparecer\u00e1n bajo la llama del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_14-09-1983_Muerte_voluntaria\">Catequesis (14-09-1983): Muerte voluntaria.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia general, 14 de Septiembre de 1983.<\/p>\n<p>1. [&#8230;] De los Evangelios resulta claro que Jes\u00fas fue al encuentro de la muerte <i>voluntariamente<\/i>. <em><strong>&#8220;Tengo que recibir un bautismo y \u00a1c\u00f3mo me siento angustiado hasta que se cumpla!&#8221;<\/strong><\/em> (<i>Lc<\/i> 12, 50; cf. <i>Mc<\/i> 10, 39; <i>Mt<\/i> 20, 23). Pod\u00eda haberlo evitado huyendo como algunos profetas perseguidos, por ejemplo El\u00edas y otros. Pero Jes\u00fas quiso &#8220;subir a Jerusal\u00e9n&#8221;, &#8220;entrar en Jerusal\u00e9n&#8221;, purificar el templo, celebrar la \u00faltima Cena pascual con los suyos, acudir al huerto de los Olivos &#8220;para que el mundo supiera que amaba al Padre y hac\u00eda lo que el Padre le hab\u00eda mandado&#8221; (cf. <i>Jn<\/i> 14. 31).<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n cierto e innegable que <i>fueron los hombres los responsables<\/i> de su muerte. &#8220;Vosotros le entregasteis y negasteis en presencia de Pilato \u2014declara Pedro ante el pueblo de Jerusal\u00e9n\u2014 cuando \u00e9ste juzgaba que deb\u00eda soltarlo. Vosotros negasteis al Santo y al Justo y pedisteis que se os hiciera gracia de un homicida. Disteis muerte al pr\u00edncipe de la vida&#8221; (<i>Act<\/i> 3, 13-14). Tuvieron responsabilidad los romanos y los jefes de los jud\u00edos y, realmente, lo pidi\u00f3 una masa astutamente manipulada.<\/p>\n<p>2. Casi todas las manifestaciones del mal, del pecado y del sufrimiento se hicieron presentes en la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas: el c\u00e1lculo, la envidia, la vileza, la traici\u00f3n, la avaricia, la sed de poder, la violencia, la ingratitud por una parte y abandono por otra, el dolor f\u00edsico y moral, la soledad, la tristeza y el desaliento, el miedo y la angustia. Recordemos las lacerantes palabras de Getseman\u00ed: &#8220;Triste est\u00e1 mi alma hasta la muerte&#8221; (<i>Mc<\/i> 14, 34); y &#8220;lleno de angustia, refiere San Lucas, oraba con m\u00e1s insistencia; y sud\u00f3 como gruesas gotas de sangre, que corr\u00edan hasta la tierra&#8221; (<i>Lc<\/i> 22, 44).<\/p>\n<p>La muerte de Jes\u00fas fue ejemplo eximio de honradez, coherencia y fidelidad a la verdad hasta el supremo sacrificio de s\u00ed. Por ello, la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas son siempre el <i>emblema mismo de la muerte del justo<\/i> que padece heroicamente el martirio para no traicionar su conciencia ni las exigencias de la verdad y la ley moral. Ciertamente la pasi\u00f3n de Cristo no cesa de asombrarnos por los ejemplos que nos ha dado. Lo constataba ya la Carta de San Pedro (cf. <i>1 Pe<\/i> 2, 20-23).<\/p>\n<p>4. [&#8230;] No hay duda de que Jes\u00fas concibi\u00f3 su vida y su muerte como <i>medio de rescate<\/i> (<i>lytron<\/i>) de los hombres. Nos hallamos en el coraz\u00f3n del misterio de la vida de Cristo. Jes\u00fas quiso darse por nosotros. Como escribi\u00f3 San Pablo, &#8220;Me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed&#8221; (<i>G\u00e1l<\/i> 2, 20).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_05-10-1988_La_mision_de_Jesus_es_morir\">Catequesis (05-10-1988): La misi\u00f3n de Jes\u00fas es morir.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia general, 5 de Octubre de 1988.<\/p>\n<p>1. [&#8230;]El S\u00edmbolo (el Credo) pone de relieve el hecho de que la <i>muerte de Cristo en la cruz ha ocurrido como sacrificio por los pecados<\/i> y se ha convertido, por ello, en &#8220;precio&#8221; de la redenci\u00f3n del hombre: &#8220;Por nuestra causa fue crucificado&#8221;, &#8220;por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>Resulta espont\u00e1neo preguntarse <i>qu\u00e9 conciencia<\/i> tuvo Jes\u00fas de esta finalidad de su misi\u00f3n: cu\u00e1ndo y c\u00f3mo percibi\u00f3 <i>la vocaci\u00f3n<\/i> a ofrecerse en sacrificio por los pecados del mundo.<\/p>\n<p>A este respecto, es necesario decir de antemano que no es f\u00e1cil penetrar en la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la conciencia de Jes\u00fas: el Evangelio hace alusi\u00f3n a ella (cf. <i>Lc<\/i> 2, 52), pero sin ofrecer datos precisos para determinar las etapas.<\/p>\n<p>Muchos textos evang\u00e9licos documentan esta conciencia, ya clara, de Jes\u00fas, sobre su misi\u00f3n: una conciencia en tal forma viva, que reacciona con vigor y hasta con dureza a quien intentaba, incluso por afecto hacia \u00c9l, apartarle de ese camino: como ocurri\u00f3 con Pedro al que Jes\u00fas no dud\u00f3 en oponerle su &#8220;\u00a1Vade retro Satan\u00e1s!&#8221; (<i>Mc<\/i> 8, 33).<\/p>\n<p>2. Jes\u00fas sabe que <strong>ser\u00e1 bautizado con un &#8220;bautismo&#8221; de sangre<\/strong> (cf. <i>Lc<\/i> 12, 50), a\u00fan antes de ver que su predicaci\u00f3n y comportamiento encuentran la oposici\u00f3n y suscitan la hostilidad de los c\u00edrculos de su pueblo que tienen el poder de decidir su suerte. Es consciente de que sobre su cabeza pende un &#8220;oportet&#8221; correspondiente al eterno designio del Padre (cf. <i>Mc<\/i> 8, 31), mucho antes de que las circunstancias hist\u00f3ricas lleven a la realizaci\u00f3n de lo que est\u00e1 previsto, Jes\u00fas, sin duda, se abstiene por alg\u00fan tiempo de anunciar esa muerte suya, a\u00fan siendo consciente de su mesianidad, desde el principio, como lo testifica su autopresentaci\u00f3n en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4, 16-21); sabe que la raz\u00f3n de ser de la Encarnaci\u00f3n, la finalidad de su vida es la contemplada en el eterno designio de Dios sobre la salvaci\u00f3n<i>. &#8220;El Hijo del hombre no ha venido<\/i> a ser servido, sino a servir y a <i>dar su vida como rescate por muchos<\/i>&#8221; (<i>Mc<\/i> 10, 45).<\/p>\n<p>7. [Pero]\u00a0cuando Jes\u00fas anuncia su pasi\u00f3n y muerte, procura hablar tambi\u00e9n de la<i> resurrecci\u00f3n que suceder\u00e1 &#8220;el tercer d\u00eda&#8221;. <\/i>Es un a\u00f1adido que no cambia en absoluto el significado esencial del sacrificio mesi\u00e1nico mediante la muerte en cruz, sino que pone de relieve su significado salv\u00edfico y vivificante. Digamos, desde ahora, que esto pertenece a la m\u00e1s profunda esencia de la misi\u00f3n de Cristo: el Redentor del mundo es aquel en quien se debe llevar a cabo la &#8220;pascua&#8221;, es decir, <i>el paso del hombre a una nueva vida en Dios.<\/i><\/p>\n<p>8. En este mismo esp\u00edritu Jes\u00fas forma <i>a sus Ap\u00f3stoles<\/i> y traza la prospectiva en que deber\u00e1 moverse su <i>futura Iglesia<\/i>. Los Ap\u00f3stoles, sus sucesores y todos los seguidores de Cristo, tras las huellas del Maestro crucificado, deber\u00e1n recorrer el camino de la cruz: &#8220;<i>Os entregar\u00e1n<\/i> a los tribunales, ser\u00e9is azotados en las sinagogas y comparecer\u00e9is ante gobernadores y reyes por mi causa para que deis testimonio ante ellos&#8221; (<i>Mc<\/i> 13, 9). &#8220;Os entregar\u00e1n a la tortura y os matar\u00e1n, y ser\u00e9is odiados de todas las naciones por causa de mi nombre&#8221; (<i>Mt<\/i> 24, 9). Pero ya sea a los Ap\u00f3stoles o a los futuros seguidores, que participar\u00e1n en la pasi\u00f3n y muerte redentora de su Se\u00f1or, Jes\u00fas tambi\u00e9n preanuncia: &#8220;En verdad, en verdad os digo: &#8230;Estar\u00e9is tristes, pero <i>vuestra tristeza se convertir\u00e1 en gozo<\/i>&#8221; (<i>Jn<\/i> 16, 20). Tanto los Ap\u00f3stoles como la Iglesia est\u00e1n llamados, en todas las \u00e9pocas, a tomar parte en el misterio pascual de Cristo en su totalidad. Es un misterio, en el que, del sufrimiento y la &#8220;tristeza&#8221; del que participa en el sacrificio de la cruz, nace el &#8220;gozo&#8221; de la nueva vida de Dios.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_06-09-1989_Bautismo_en_el_Espiritu\">Catequesis (06-09-1989): Bautismo en el Esp\u00edritu.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia general, 6 de Septiembre de 1989.<\/p>\n<p>[&#8230;] 4. Jes\u00fas, durante su ministerio, habla de su pasi\u00f3n y muerte <i>como un bautismo<\/i> que \u00c9l mismo debe recibir: un <i>bautismo<\/i>, porque deber\u00e1 sumergirse totalmente en el sufrimiento, simbolizado tambi\u00e9n por el c\u00e1liz que ha de beber (cf. <i>Mc<\/i> 10, 38; 14, 36); pero un bautismo vinculado por Jes\u00fas con el otro s\u00edmbolo del <i>fuego<\/i>, que \u00c9l vino a traer a la tierra (<i>Lc<\/i> 12, 49-50): <i>fuego<\/i>, en el que es bastante f\u00e1cil entrever al Esp\u00edritu Santo que \u201ccolma\u201d su humanidad y que un d\u00eda, despu\u00e9s del incendio de la cruz, se extender\u00e1 por el mundo como propagaci\u00f3n del bautismo <i>de<\/i> <i>fuego<\/i>, que Jes\u00fas desea tan intensamente recibir, que se encuentra angustiado hasta que se haya realizado en \u00e9l (cf. <i>Lc<\/i> 12, 50).<\/p>\n<p>5. Escrib\u00ed en la Enc\u00edclica <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PD.HTM\"><i>Dominum et Vivificantem<\/i><\/a>: \u201cEn el Antiguo Testamento se habla varias veces del \u2018fuego del cielo\u2019, que quemaba los sacrificios presentados por los hombres. Por analog\u00eda se puede decir que <i>el Esp\u00edritu Santo es el \u2018fuego del cielo\u2019 que act\u00faa en lo m\u00e1s profundo del misterio de la cruz<\/i>&#8230; Como amor y don, desciende, en cierto modo, al centro mismo del sacrificio que se ofrece en la cruz. Refiri\u00e9ndonos a la Tradici\u00f3n b\u00edblica podemos decir: <i>\u00c9l consuma este sacrificio con el fuego del amor<\/i>, que une al Hijo con el Padre en la comuni\u00f3n trinitaria. Y dado que el sacrificio de la cruz es un acto propio de Cristo, tambi\u00e9n en este sacrificio \u00c9l <i>\u2018recibe\u2019 el Esp\u00edritu Santo<\/i>. Lo recibe de tal manera que despu\u00e9s \u2015\u00c9l solo con Dios Padre\u2015 puede <i>\u2018darlo\u2019 a los Ap\u00f3stoles, a la Iglesia, y a la humanidad<\/i>. \u00c9l solo lo \u2018env\u00eda\u2019 desde el Padre. \u00c9l solo se presenta ante los Ap\u00f3stoles reunidos en el Cen\u00e1culo, \u2018sopla sobre ellos\u2019 y les dice: \u2018Recibid el Esp\u00edritu Santo. A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados\u2019 (<i>Jn<\/i> 20, 23)\u201d (n. 41).<\/p>\n<p>6. As\u00ed encuentra su realizaci\u00f3n el anuncio mesi\u00e1nico de Juan en el Jord\u00e1n: \u201c\u00c9l os bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo y fuego\u201d (<i>Mt<\/i> 3, 11; cf. <i>Lc<\/i> 3, 16). Aqu\u00ed encuentra tambi\u00e9n su realizaci\u00f3n el simbolismo b\u00edblico, con el que Dios mismo se manifest\u00f3 como la <i>columna de fuego <\/i>que guiaba a su pueblo a trav\u00e9s del desierto (cf. <i>Ex <\/i>13, 21-22), <i>como palabra de fuego <\/i>por la que \u201cla monta\u00f1a (del Sina\u00ed) ard\u00eda en llamas hasta el mismo cielo\u201d (<i>Dt<\/i> 4, 11), como <i>luz en el fuego <\/i>(<i>Is <\/i>10, 17), como <i>fuego de ardiente gloria <\/i>en el amor a Israel (cf. <i>Dt <\/i>4, 24). Encuentra realizaci\u00f3n lo que Cristo mismo prometi\u00f3 cuando dijo que hab\u00eda venido a encender el fuego sobre la tierra (cf. <i>Lc <\/i>12, 49), mientras el Apocalipsis dir\u00e1 de \u00e9l que sus ojos son como llama de fuego (cf. <i>Ap<\/i> 1, 14; 2, 18; 19, 12). Se explica as\u00ed que <i>el Esp\u00edritu Santo sea enviado en el fuego <\/i>(cf. <i>Hch<\/i> 2, 3). Todo esto sucede en el misterio pascual, cuando Cristo en el sacrificio de la cruz recibe el bautismo con el que \u00c9l mismo deb\u00eda ser bautizado (cf. <i>Mc <\/i>10, 38) y en el misterio de Pentecost\u00e9s, cuando Cristo resucitado y glorificado comunica su Esp\u00edritu a los Ap\u00f3stoles y a la Iglesia.<\/p>\n<p>Por aquel \u201cbautismo de fuego\u201d recibido en su sacrificio, seg\u00fan San Pablo, Cristo en su resurrecci\u00f3n se convirti\u00f3, como <i>\u201c\u00faltimo Ad\u00e1n\u201d<\/i>, en \u201cesp\u00edritu que da vida\u201d (<i>1 Co <\/i>15, 45). Por esto, Cristo resucitado anuncia a los Ap\u00f3stoles: \u201cJuan bautiz\u00f3 con agua, pero vosotros ser\u00e9is bautizados en el Esp\u00edritu Santo dentro de pocos d\u00edas\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 5). Por obra del \u201c\u00faltimo Ad\u00e1n\u201d, Cristo, ser\u00e1 dado a los Ap\u00f3stoles y a la Iglesia \u201cel Esp\u00edritu que da vida\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 63).<\/p>\n<p>7. <i>El d\u00eda de Pentecost\u00e9s se da la revelaci\u00f3n de este bautismo<\/i>: el bautismo nuevo y definitivo, que obra la purificaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n para una vida nueva; <i>el bautismo, en virtud del cual nace la Iglesia <\/i>en la perspectiva escatol\u00f3gica que se extiende \u201chasta el fin del mundo\u201d (cf. <i>Mt<\/i> 28, 20): no s\u00f3lo la \u201cIglesia de Jerusal\u00e9n\u201d, de los Ap\u00f3stoles y de los disc\u00edpulos inmediatos del Se\u00f1or, sino <i>la Iglesia \u201centera\u201d tomada en su universalidad<\/i>, que se realiza a trav\u00e9s de los tiempos y los lugares de su arraigo terreno.<\/p>\n<p>Las lenguas de fuego que acompa\u00f1an el acontecimiento de Pentecost\u00e9s en el Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, son el signo de aquel fuego que Jesucristo trajo y encendi\u00f3 sobre la tierra (cf. <i>Lc <\/i>12, 49): el fuego del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>8. A la luz de Pentecost\u00e9s <i>tambi\u00e9n podemos comprender mejor el significado del bautismo como primer sacramento, en cuanto es obra del Esp\u00edritu Santo. <\/i>Jes\u00fas mismo hab\u00eda aludido a ello en el coloquio con Nicodemo: \u201cEn verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Esp\u00edritu no puede entrar en el Reino de Dios\u201d (<i>Jn<\/i> 3, 5): En aquel mismo coloquio Jes\u00fas alude tambi\u00e9n a su futura muerte en la cruz (cf. <i>Jn<\/i> 3, 14-15) y a su exaltaci\u00f3n celeste (cf. <i>Jn<\/i> 3, 13); es el bautismo del sacrificio, del que <i>el bautismo de agua<\/i>, el primer sacramento de la Iglesia, recibir\u00e1 la virtud de obrar <i>el nacimiento por el Esp\u00edritu Santo <\/i>y de abrir a los hombres \u201cla entrada al reino de Dios\u201d. En efecto, como escribe San Pablo a los Romanos, \u201ccuantos fuimos bautizados en Cristo Jes\u00fas, fuimos bautizados en su muerte. Fuimos, pues, con \u00e9l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros vivamos una vida nueva\u201d (<i>Rm<\/i> 6, 3-4). Este camino bautismal en la vida nueva tiene inicio el d\u00eda de Pentecost\u00e9s en Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>9. El Ap\u00f3stol ilustra m\u00e1s veces el significado del bautismo en sus <i>Cartas<\/i> (cf. <i>1 Co <\/i>6, 11; <i>Tt <\/i>3, 5; <i>2 Co <\/i>1, 22; <i>Ef <\/i>1, 13). \u00c9l lo concibe como un \u201cba\u00f1o de peregrinaci\u00f3n y de renovaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo\u201d (<i>Tt<\/i> 3, 5), heraldo de justificaci\u00f3n \u201cen el nombre del Se\u00f1or Jesucristo\u201d (<i>1 Co<\/i> 6, 11; cf. <i>2 Co <\/i>1, 22); como un <i>\u201csello del Esp\u00edritu Santo <\/i>de la Promesa<i>\u201d <\/i>(<i>Ef <\/i>1, 13); como \u201carras del Esp\u00edritu en nuestros corazones\u201d (<i>2 Co <\/i>1, 22). Dada esta presencia del Esp\u00edritu Santo en los bautizados, el Ap\u00f3stol recomendaba a los cristianos de entonces y lo repite tambi\u00e9n a nosotros hoy: <i>\u201cNo entristezc\u00e1is al Esp\u00edritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el d\u00eda de la redenci\u00f3n\u201d <\/i>(<i>Ef <\/i>4, 30).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_10-04-1991_Recibir_el_fuego_del_Espiritu\">Catequesis (10-04-1991): Recibir el fuego del Esp\u00edritu.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia general, 10 de Abril de 1991.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo desarrolla en el creyente todo el dinamismo de la gracia que da la vida nueva, y de las virtudes que traducen esta vitalidad en frutos de bondad. El Esp\u00edritu Santo act\u00faa tambi\u00e9n desde el \u00abseno\u00bb del creyente como fuego, seg\u00fan otra semejanza que utiliza el Bautista a prop\u00f3sito del bautismo: \u00ab\u00e9l os bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo y <i>fuego<\/i>\u00bb (<i>Mt<\/i> 3, 11); y Jes\u00fas mismo sobre su misi\u00f3n mesi\u00e1nica: \u00abHe venido a arrojar <i>un fuego<\/i> sobre la tierra\u00bb (<i>Lc<\/i> 12, 49). Por ello, el Esp\u00edritu suscita una vida animada por aquel fervor que san Pablo recomendaba en la carta a los Romanos: \u00absed fervorosos en el Esp\u00edritu\u00bb (12, 11). Es la \u00abllama viva de amor\u00bb que pac\u00edfica, ilumina, abrasa y consuma, como tan bien explic\u00f3 san Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>4. De esta forma se desarrolla en el creyente, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, <i>una santidad original<\/i>, que asume, eleva y lleva a la perfecci\u00f3n la personalidad de cada uno, sin destruirla. As\u00ed cada santo tiene su fisonom\u00eda propia. <i>Stella differt<\/i> <i>a stella<\/i>, se puede decir con san Pablo: \u00abuna estrella difiere de otra en resplandor\u00bb (<i>1 Co <\/i>15, 41): no s\u00f3lo en la \u00abresurrecci\u00f3n futura\u00bb a la que se refiere el Ap\u00f3stol, sino tambi\u00e9n en la condici\u00f3n actual del hombre, que no es ya s\u00f3lo <i>ps\u00edquico <\/i>(dotado de vida natural), sino <i>espiritual<\/i> (animado por el Esp\u00edritu Santo) (cf. <i>1 Co<\/i> 15, 44 ss.).<\/p>\n<p>La santidad est\u00e1 en la perfecci\u00f3n del amor. Y sin embargo var\u00eda seg\u00fan la multiplicidad de aspectos que el amor adquiere en las diversas condiciones de la vida personal. Bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, cada uno vence en el amor el instinto del ego\u00edsmo, y desarrolla las mejores fuerzas en su modo original de darse. Cuando la fuerza expresiva y expansiva de la originalidad es muy poderosa, el Esp\u00edritu Santo hace que en torno a esas personas (aunque a veces permanezcan escondidas) se formen grupos de disc\u00edpulos y seguidores. De este modo nacen corrientes de vida espiritual, escuelas de espiritualidad, institutos religiosos, cuya variedad en la unidad es, pues, efecto de esa divina intervenci\u00f3n. El Esp\u00edritu Santo valora las capacidades de todos en las personas y en los grupos, en las comunidades y en las instituciones, entre los sacerdotes y entre los laicos.<\/p>\n<p>5. De la fuente interior del Esp\u00edritu deriva tambi\u00e9n <i>el nuevo valor de libertad<\/i>, que caracteriza la vida cristiana. Como dice san Pablo: \u00abdonde est\u00e1 el Esp\u00edritu del Se\u00f1or, all\u00ed est\u00e1 la libertad\u00bb (<i>2 Co <\/i>3, 17). El Ap\u00f3stol se refiere directamente a la libertad adquirida por los seguidores de Cristo respecto a la ley judaica, en sinton\u00eda con la ense\u00f1anza y la actitud de Jes\u00fas mismo. Pero el principio que \u00e9l enuncia tiene un valor general. Efectivamente, \u00e9l habla repetidas veces de la libertad como vocaci\u00f3n del cristiano: \u00abHermanos, hab\u00e9is sido llamados a la libertad\u00bb (<i>Ga <\/i>5, 13). Y explica bien de qu\u00e9 se trata. Seg\u00fan el Ap\u00f3stol, \u00abel que camina seg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb (<i>Ga <\/i>5, 13) vive en la libertad, porque no se halla ya bajo el yugo opresor de la carne: \u00abSi viv\u00eds seg\u00fan el Esp\u00edritu, no dar\u00e9is satisfacci\u00f3n a las apetencias de la <i>carne<\/i>\u00bb (<i>Ga<\/i> 5, 16). \u00abLas tendencias de la carne son muerte; mas las del Esp\u00edritu, vida y paz\u00bb (<i>Rm<\/i> 8, 6).<\/p>\n<p>Las \u00abobras de la carne\u00bb, de las que est\u00e1 libre el cristiano fiel al Esp\u00edritu, son las del ego\u00edsmo y las pasiones, que impiden el acceso al reino de Dios. En cambio, las obras del Esp\u00edritu son las del amor: \u00abContra tales cosas \u2015observa san Pablo\u2015 no hay ley\u00bb (<i>Ga <\/i>5, 23).<\/p>\n<p>Se deriva de aqu\u00ed \u2015seg\u00fan el Ap\u00f3stol\u2015 que \u00absi sois conducidos por el Esp\u00edritu, no est\u00e1is bajo la ley\u00bb (<i>Ga<\/i> 5, 18). Al escribir a Timoteo, no duda en decir: \u00abLa ley no ha sido instituida para el justo\u00bb (<i>1 Tm<\/i> 1, 9). Y santo Tom\u00e1s explica: \u00abLa ley no tiene fuerza <i>coactiva<\/i> sobre los justos, sino sobre los malos\u00bb (I-II, q. 96 a. 5, ad. 1), puesto que los justos no hacen nada contrario a la ley. M\u00e1s a\u00fan guiados por el Esp\u00edritu Santo, hacen libremente m\u00e1s de lo que pide la ley (cf<i>. Rm<\/i> 8, 4; <i>Ga<\/i> 5, 13-16).<\/p>\n<p>6. \u00c9sta es la admirable conciliaci\u00f3n de la libertad y de la ley, fruto del Esp\u00edritu Santo que act\u00faa en el justo, como hab\u00edan predicho Jerem\u00edas y Ezequiel al anunciar la interiorizaci\u00f3n de la ley en la Nueva Alianza (cf.<i> Jr <\/i>31, 31-34; <i>Ez<\/i> 36, 26-27).<\/p>\n<p>\u00abInfundir\u00e9 mi Esp\u00edritu en vosotros\u00bb (<i>Ez <\/i>36, 27). Esta profec\u00eda se ha verificado y sigue realiz\u00e1ndose siempre en los fieles de Cristo y en el conjunto de la Iglesia. El Esp\u00edritu Santo da la posibilidad de ser, no meros observantes de la ley, sino libres, fervientes y fieles realizadores del designio de Dios. Se realiza as\u00ed cuanto dice el Ap\u00f3stol: \u00abTodos los que son guiados por el Esp\u00edritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un esp\u00edritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un Esp\u00edritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: \u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb (<i>Rm<\/i> 8, 14-15). Es la <i>libertad de hijos<\/i> que anunci\u00f3 Jes\u00fas como la verdadera libertad (cf. <i>Jn<\/i> 8, 36). Se trata de una libertad interior, fundamental, pero orientada siempre hacia el amor, que hace posible y casi espont\u00e1neo el acceso al Padre en el \u00fanico Esp\u00edritu (cf. <i>Ef <\/i>2, 18). Es la libertad guiada que resplandece en la vida de los santos.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_03-06-1992_El_testimonio_de_la_caridad\">Catequesis (03-06-1992): El testimonio de la caridad.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia general, 3 de Junio de 1992.<\/p>\n<p>[&#8230;] La Iglesia tiene la misi\u00f3n de testimoniar el amor de Cristo hacia los hombres, amor dispuesto al sacrificio. La caridad no es simplemente manifestaci\u00f3n de solidaridad humana: es participaci\u00f3n en el mismo amor divino.<\/p>\n<p>2. Jes\u00fas dice: \u00abEn esto conocer\u00e1n todos que sois disc\u00edpulos m\u00edos: si os ten\u00e9is amor los unos a los otros\u00bb (<i>Jn<\/i> 13, 35). El <i>amor<\/i> que nos ense\u00f1a Cristo con su palabra y su ejemplo es el <i>signo<\/i> que debe distinguir a sus disc\u00edpulos. Cristo manifiesta el vivo deseo que arde en su coraz\u00f3n cuando confiesa: \u00abHe venido a arrojar un fuego sobre la tierra y \u00a1cu\u00e1nto desear\u00eda que ya estuviera encendido!\u00bb (<i>Lc<\/i> 12, 49). El fuego significa la intensidad y la fuerza del amor de caridad. Jes\u00fas pide a sus seguidores que se les reconozca por esta forma de amor. La Iglesia sabe que bajo esta forma el amor se convierte en testimonio de Cristo. La Iglesia es capaz de dar este testimonio porque, al recibir la vida de Cristo, recibe su amor. Es Cristo quien ha encendido el fuego del amor en los corazones (cf. <i>Lc<\/i> 12, 49) y sigue encendi\u00e9ndolo siempre y por doquier. La Iglesia es responsable de la difusi\u00f3n de este fuego en el universo. Todo aut\u00e9ntico testimonio de Cristo implica la caridad; requiere el deseo de evitar toda herida al amor. As\u00ed, tambi\u00e9n a toda la Iglesia se la debe reconocer por medio de la caridad.<\/p>\n<p>3. La caridad encendida por Cristo en el mundo es amor sin l\u00edmites, universal. La Iglesia testimonia este amor que supera toda divisi\u00f3n entre personas, categor\u00edas sociales, pueblos y naciones. Reacciona contra los particularismos nacionales que desear\u00edan limitar la caridad a las fronteras de un pueblo. Con su amor, abierto a todos, la Iglesia muestra que el hombre est\u00e1 llamado por Cristo no s\u00f3lo a evitar toda hostilidad en el seno de su propio pueblo, sino tambi\u00e9n a estimar y a amar a los miembros de las dem\u00e1s naciones, e incluso a los pueblos mismos.<\/p>\n<p>4. La caridad de Cristo supera tambi\u00e9n la diversidad de las clases sociales. No acepta el odio ni la lucha de clases. La Iglesia quiere la uni\u00f3n de todos en Cristo; trata de vivir y exhorta y ense\u00f1a a vivir el amor evang\u00e9lico, incluso hacia aquellos que algunos quisieran considerar enemigos. Poniendo en pr\u00e1ctica el mandamiento del amor de Cristo, la Iglesia exige justicia social y, por consiguiente, justa participaci\u00f3n de los bienes materiales en la sociedad y ayuda a los m\u00e1s pobres, a todos los desdichados. Pero al mismo tiempo predica y favorece la paz y la reconciliaci\u00f3n en la sociedad.<\/p>\n<p>5. La caridad de la Iglesia implica esencialmente una actitud de perd\u00f3n, a imitaci\u00f3n de la benevolencia de Cristo que, a\u00fan condenando el pecado, se comport\u00f3 como \u00abamigo de pecadores\u00bb (cf. <i>Mt <\/i>11, 19; <i>Lc <\/i>19, 5-10) y no quiso condenarlos (cf. <i>Jn <\/i>8, 11). De este modo, la Iglesia se esfuerza por reproducir en s\u00ed, y en el esp\u00edritu de sus hijos, la disposici\u00f3n generosa de Jes\u00fas, que perdon\u00f3 y pidi\u00f3 al Padre que perdonara a los que lo hab\u00edan llevado al suplicio (cf. <i>Lc <\/i>23, 34).<\/p>\n<p>Los cristianos saben que no pueden recurrir nunca a la venganza y que, seg\u00fan la respuesta de Jes\u00fas a Pedro, deben perdonar todas las ofensas, sin cansarse jam\u00e1s (cf. <i>Mt <\/i>18, 22). Cada vez que recitan el <i>Padre nuestro<\/i> reafirman su deseo de perdonar. El testimonio del perd\u00f3n, dado y recomendado por la Iglesia, est\u00e1 ligado a la revelaci\u00f3n de la misericordia divina: precisamente para asemejarse al Padre celeste, seg\u00fan la exhortaci\u00f3n de Jes\u00fas (cf. <i>Lc<\/i>6, 36-38; <i>Mt <\/i>6, 14-15; 18, 33-35), los cristianos se inclinan a la indulgencia, a la comprensi\u00f3n y a la paz. Con esto no descuidan la justicia, que nunca se debe separar de la misericordia.<\/p>\n<p>6. La caridad se manifiesta tambi\u00e9n en el respeto y en la estima hacia toda persona humana, que la Iglesia quiere practicar y recomienda practicar. Ha recibido la misi\u00f3n de difundir la verdad de la revelaci\u00f3n y dar a conocer el camino de la salvaci\u00f3n, establecido por Cristo. Pero, siguiendo a Jesucristo, dirige su mensaje a hombres que, como personas, reconoce libres, y les desea el pleno desarrollo de su personalidad, con la ayuda de la gracia. En su obra, por tanto, toma el camino de la persuasi\u00f3n, del di\u00e1logo, de la b\u00fasqueda com\u00fan de la verdad y del bien; y, aunque se mantiene firme en su ense\u00f1anza de las verdades de fe y de los principios de la moral, se dirige a los hombres proponi\u00e9ndoselos, m\u00e1s que imponi\u00e9ndoselos, respetuosa y confiada en su capacidad de juicio.<\/p>\n<p>7. La caridad requiere, asimismo, una disponibilidad para servir al pr\u00f3jimo. Y en la Iglesia de todos los tiempos siempre han sido muchos los que se dedican a este servicio. Podemos decir que ninguna sociedad religiosa ha suscitado tantas obras de caridad como la Iglesia: servicio a los enfermos, a los minusv\u00e1lidos, servicio a los j\u00f3venes en las escuelas, a las poblaciones azotadas por desastres naturales y otras calamidades, ayuda a toda clase de pobres y necesitados. Tambi\u00e9n hoy se repite este fen\u00f3meno, que a veces parece prodigioso: a cada nueva necesidad que va apareciendo en el mundo responden <i>nuevas iniciativas <\/i>de socorro y de asistencia por parte de los cristianos que viven seg\u00fan el esp\u00edritu del Evangelio. Es una caridad testimoniada en la Iglesia, a menudo, con hero\u00edsmo. En ella son numerosos los m\u00e1rtires de la caridad. Aqu\u00ed recordamos s\u00f3lo a Maximiliano Kolbe, que se entreg\u00f3 a la muerte para salvar a un padre de familia.<\/p>\n<p>8. Debemos reconocer que, al ser la Iglesia una comunidad compuesta tambi\u00e9n por pecadores, no han faltado a lo largo de los siglos las transgresiones al mandamiento del amor. Se trata de faltas de individuos y de grupos, que se adornaban con el nombre cristiano, en el plano de las relaciones rec\u00edprocas, sea de orden interpersonal, sea de dimensi\u00f3n social e internacional. Es la dolorosa realidad que se descubre en la historia de los hombres y de las naciones, y tambi\u00e9n en la historia de la Iglesia. Conscientes de la propia vocaci\u00f3n al amor, a ejemplo de Cristo, los cristianos confiesan con humildad y arrepentimiento esas culpas contra el amor, pero sin dejar de creer en el amor, que, seg\u00fan san Pablo, \u00abtodo lo soporta\u00bb y \u00abno acaba nunca\u00bb (<i>1 Co<\/i> 13, 7-8). Pero, aunque la historia de la humanidad y de la Iglesia misma abunda en pecados contra la caridad, que entristecen y causan dolor, al mismo tiempo se debe reconocer con gozo y gratitud que en todos los siglos cristianos se han dado maravillosos testimonios que confirman el amor, y que muchas veces -como hemos recordado- se trata de testimonios heroicos.<\/p>\n<p>El hero\u00edsmo de la caridad de las personas va acompa\u00f1ado por el imponente testimonio de las obras de caridad de car\u00e1cter social. No es posible hacer aqu\u00ed un elenco de las mismas, a\u00fan sucinto. La historia de la Iglesia, desde los primeros tiempos cristianos hasta hoy, est\u00e1 llena de este tipo de obras. Y, a pesar de ello, la dimensi\u00f3n de los sufrimientos y de las necesidades humanas rebasa siempre las posibilidades de ayuda. Ahora bien, el amor es y sigue siendo invencible (<i>omnia vincit amor<\/i>), incluso cuando da la impresi\u00f3n de no tener otras armas, fuera de la confianza indestructible en la verdad y en la gracia de Cristo.<\/p>\n<p>9. Podemos resumir y concluir con una aseveraci\u00f3n, que encuentra en la historia de la Iglesia, de sus instituciones y de sus santos, una confirmaci\u00f3n que podr\u00edamos definir experimental: la Iglesia, en su ense\u00f1anza y en sus esfuerzos por alcanzar la santidad, siempre ha mantenido vivo el ideal evang\u00e9lico de la caridad; ha suscitado innumerables ejemplos de caridad, a menudo llevada hasta el hero\u00edsmo; ha producido una amplia difusi\u00f3n del amor en la humanidad; est\u00e1 en el origen, m\u00e1s o menos reconocido, de muchas instituciones de solidaridad y colaboraci\u00f3n social que constituyen un tejido indispensable de la civilizaci\u00f3n moderna; y, finalmente, ha progresado y sigue siempre progresando en la conciencia de las exigencias de la caridad y en el cumplimiento de las tareas que esas exigencias le imponen: todo esto bajo el influjo del Esp\u00edritu Santo, que es Amor eterno e infinito.<\/p>\n<h2><span id=\"Francisco_papa\">Francisco, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Angelus_18-08-2013_No_es_Jesus_quien_divide\">\u00c1ngelus (18-08-2013): No es Jes\u00fas quien divide<\/span><\/h3>\n<p>[&#8230;]La Palabra de Dios contiene tambi\u00e9n una palabra de Jes\u00fas que nos pone en crisis, y que se ha de explicar, porque de otro modo puede generar malentendidos. Jes\u00fas dice a los disc\u00edpulos: \u00ab\u00bfPens\u00e1is que he venido a traer paz a la tierra? No, sino divisi\u00f3n\u00bb (Lc 12, 51). \u00bfQu\u00e9 significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religi\u00f3n, como si fuese un pastel que se lo decora con nata. No, la fe no es esto. La fe comporta elegir a Dios como criterio- base de la vida, y Dios no es vac\u00edo, Dios no es neutro, Dios es siempre positivo, Dio es amor, y el amor es positivo. Despu\u00e9s de que Jes\u00fas vino al mundo no se puede actuar como si no conoci\u00e9ramos a Dios. Como si fuese una cosa abstracta, vac\u00eda, de referencia puramente nominal; no, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que se dona a todos nosotros. Por esto Jes\u00fas dice: he venido a traer divisi\u00f3n; no es que Jes\u00fas quiera dividir a los hombres entre s\u00ed, al contrario: Jes\u00fas es nuestra paz, nuestra reconciliaci\u00f3n. Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad, Jes\u00fas no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio. Seguir a Jes\u00fas comporta renunciar al mal, al ego\u00edsmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto s\u00ed, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones m\u00e1s cercanas. Pero atenci\u00f3n: no es Jes\u00fas quien divide. \u00c9l pone el criterio: vivir para s\u00ed mismos, o vivir para Dios y para los dem\u00e1s; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. He aqu\u00ed en qu\u00e9 sentido Jes\u00fas es \u00absigno de contradicci\u00f3n\u00bb (Lc 2, 34).<\/p>\n<p>Por lo tanto, esta palabra del Evangelio no autoriza, de hecho, el uso de la fuerza para difundir la fe. Es precisamente lo contrario: la verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda violencia. \u00a1Fe y violencia son incompatibles! \u00a1Fe y violencia son incompatibles! En cambio, fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento, pero es fuerte. \u00bfCon qu\u00e9 fortaleza? La de la mansedumbre, la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor.<\/p>\n<p>Queridos amigos, tambi\u00e9n entre los parientes de Jes\u00fas hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio (cf. Mc 3, 20-21). Pero su Madre lo sigui\u00f3 siempre fielmente, manteniendo fija la mirada de su coraz\u00f3n en Jes\u00fas, el Hijo del Alt\u00edsimo, y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de Mar\u00eda, los familiares de Jes\u00fas entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 1, 14). Pidamos a Mar\u00eda que nos ayude tambi\u00e9n a nosotros a mantener la mirada bien fija en Jes\u00fas y a seguirle siempre, incluso cuando cuesta.<\/p>\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI_papa\">Benedicto XVI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Angelus_19-08-2007_La_paz_de_Jesus_es_fruto_de_una_lucha_constante_contra_el_mal\">\u00c1ngelus (19-08-2007): La paz de Jes\u00fas es fruto de una lucha constante contra el mal<\/span><\/h3>\n<p>En el evangelio de este domingo hay una expresi\u00f3n de Jes\u00fas que siempre atrae nuestra atenci\u00f3n y hace falta comprenderla bien. Mientras va de camino hacia Jerusal\u00e9n, donde le espera la muerte en cruz, Cristo dice a sus disc\u00edpulos: &#8220;\u00bfPens\u00e1is que he venido a traer al mundo paz? No, sino divisi\u00f3n&#8221;. Y a\u00f1ade: &#8220;En adelante, una familia de cinco estar\u00e1 dividida: tres contra dos y dos contra tres; estar\u00e1n divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra&#8221; (<i>Lc<\/i> 12, 51-53). Quien conozca, aunque sea m\u00ednimamente, el evangelio de Cristo, sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jes\u00fas mismo, como escribe san Pablo, &#8220;es nuestra paz&#8221; (<i>Ef<\/i> 2, 14), muerto y resucitado para derribar el muro de la enemistad e inaugurar el reino de Dios, que es amor, alegr\u00eda y paz. \u00bfC\u00f3mo se explican, entonces, esas palabras suyas? \u00bfA qu\u00e9 se refiere el Se\u00f1or cuando dice \u2014seg\u00fan la redacci\u00f3n de san Lucas\u2014 que ha venido a traer la &#8220;divisi\u00f3n&#8221;, o \u2014seg\u00fan la redacci\u00f3n de san Mateo\u2014 la &#8220;espada&#8221;? (<i>Mt<\/i> 10, 34).<\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n de Cristo significa que la paz que vino a traer no es sin\u00f3nimo de simple ausencia de conflictos. Al contrario, la paz de Jes\u00fas es fruto de una lucha constante contra el mal. El combate que Jes\u00fas est\u00e1 decidido a librar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, contra Satan\u00e1s. Quien quiera resistir a este enemigo permaneciendo fiel a Dios y al bien, debe afrontar necesariamente incomprensiones y a veces aut\u00e9nticas persecuciones.<\/p>\n<p>Por eso, todos los que quieran seguir a Jes\u00fas y comprometerse sin componendas en favor de la verdad, deben saber que encontrar\u00e1n oposiciones y se convertir\u00e1n, sin buscarlo, en signo de divisi\u00f3n entre las personas, incluso en el seno de sus mismas familias. En efecto, el amor a los padres es un mandamiento sagrado, pero para vivirlo de modo aut\u00e9ntico no debe anteponerse jam\u00e1s al amor a Dios y a Cristo. De este modo, siguiendo los pasos del Se\u00f1or Jes\u00fas, los cristianos se convierten en &#8220;instrumentos de su paz&#8221;, seg\u00fan la c\u00e9lebre expresi\u00f3n de san Francisco de As\u00eds. No de una paz inconsistente y aparente, sino real, buscada con valent\u00eda y tenacidad en el esfuerzo diario por vencer el mal con el bien (cf. <i>Rm<\/i> 12, 21) y pagando personalmente el precio que esto implica.<\/p>\n<p>La Virgen Mar\u00eda, Reina de la paz, comparti\u00f3 hasta el martirio del alma la lucha de su Hijo Jes\u00fas contra el Maligno, y sigue comparti\u00e9ndola hasta el fin de los tiempos. Invoquemos su intercesi\u00f3n materna para que nos ayude a ser siempre testigos de la paz de Cristo, sin llegar jam\u00e1s a componendas con el mal.<\/p>\n<h3><span id=\"Homilia_31-05-2009_El_fuego_verdadero\">Homil\u00eda (31-05-2009): El fuego verdadero<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Solemnidad de Pentecost\u00e9s. Bas\u00edlica de San Pedro.<\/p>\n<p>Cada vez que celebramos la eucarist\u00eda vivimos en la fe el misterio que se realiza en el altar; es decir, participamos en el acto supremo de amor que Cristo realiz\u00f3 con su muerte y su resurrecci\u00f3n. El \u00fanico y mismo centro de la liturgia y de la vida cristiana \u2014el misterio pascual\u2014, en las diversas solemnidades y fiestas asume &#8220;formas&#8221; espec\u00edficas, con nuevos significados y con dones particulares de gracia. Entre todas las solemnidades Pentecost\u00e9s destaca por su importancia, pues en ella se realiza lo que Jes\u00fas mismo anunci\u00f3 como finalidad de toda su misi\u00f3n en la tierra. En efecto, mientras sub\u00eda a Jerusal\u00e9n, declar\u00f3 a los disc\u00edpulos: &#8220;He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y \u00a1cu\u00e1nto desear\u00eda que ya estuviera encendido!&#8221; (<i>Lc <\/i>12, 49). Estas palabras se cumplieron de la forma m\u00e1s evidente cincuenta d\u00edas despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, en Pentecost\u00e9s, antigua fiesta jud\u00eda que en la Iglesia ha llegado a ser la fiesta por excelencia del Esp\u00edritu Santo: &#8220;Se les aparecieron unas lenguas como de fuego (&#8230;) y quedaron todos llenos del Esp\u00edritu Santo&#8221; (<i>Hch<\/i> 2, 3-4). Cristo trajo a la tierra el fuego verdadero, el Esp\u00edritu Santo. No se lo arrebat\u00f3 a los dioses, como hizo Prometeo, seg\u00fan el mito griego, sino que se hizo mediador del &#8220;don de Dios&#8221; obteni\u00e9ndolo para nosotros con el mayor acto de amor de la historia: su muerte en la cruz.<\/p>\n<p>Dios quiere seguir dando este &#8220;fuego&#8221; a toda generaci\u00f3n humana y, naturalmente, es libre de hacerlo como quiera y cuando quiera. \u00c9l es esp\u00edritu, y el esp\u00edritu &#8220;sopla donde quiere&#8221; (cf.<i> Jn<\/i> 3, 8). Sin embargo, hay un &#8220;camino normal&#8221; que Dios mismo ha elegido para &#8220;arrojar el fuego sobre la tierra&#8221;: este camino es Jes\u00fas, su Hijo unig\u00e9nito encarnado, muerto y resucitado. A su vez, Jesucristo constituy\u00f3 la Iglesia como su Cuerpo m\u00edstico, para que prolongue su misi\u00f3n en la historia. &#8220;Recibid el Esp\u00edritu Santo&#8221;, dijo el Se\u00f1or a los Ap\u00f3stoles la tarde de la Resurrecci\u00f3n, acompa\u00f1ando estas palabras con un gesto expresivo: &#8220;sopl\u00f3&#8221; sobre ellos (cf. <i>Jn<\/i> 20, 22). As\u00ed manifest\u00f3 que les transmit\u00eda su Esp\u00edritu, el Esp\u00edritu del Padre y del Hijo.<\/p>\n<p>[&#8230;] Queridos hermanos y hermanas, el Esp\u00edritu de Dios, donde entra, expulsa el miedo; nos hace conocer y sentir que estamos en las manos de una Omnipotencia de amor: suceda lo que suceda, su amor infinito no nos abandona. Lo demuestra el testimonio de los m\u00e1rtires, la valent\u00eda de los confesores de la fe, el \u00edmpetu intr\u00e9pido de los misioneros, la franqueza de los predicadores, el ejemplo de todos los santos, algunos incluso adolescentes y ni\u00f1os. Lo demuestra la existencia misma de la Iglesia que, a pesar de los l\u00edmites y las culpas de los hombres, sigue cruzando el oc\u00e9ano de la historia, impulsada por el soplo de Dios y animada por su fuego purificador.<\/p>\n<p>Con esta fe y esta gozosa esperanza repitamos hoy, por intercesi\u00f3n de Mar\u00eda: &#8220;Env\u00eda tu Esp\u00edritu, Se\u00f1or, para que renueve la faz de la tierra&#8221;.<\/p>\n<h2><span id=\"Catecismo_de_la_Iglesia_Catolica\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Los_simbolos_del_Espiritu_Santo_el_fuego\">\u00a0Los s\u00edmbolos del Esp\u00edritu Santo: el fuego<\/span><\/h3>\n<p><b>696<\/b> <i>El fuego<\/i>. Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la vida dada en el Esp\u00edritu Santo, el fuego simboliza la energ\u00eda transformadora de los actos del Esp\u00edritu Santo. El profeta El\u00edas que &#8220;surgi\u00f3 [&#8230;] como el fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha&#8221; (<i>Si<\/i> 48, 1), con su oraci\u00f3n, atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio del monte Carmelo (cf. <i>1 R<\/i> 18, 38-39), figura del fuego del Esp\u00edritu Santo que transforma lo que toca. Juan Bautista, &#8220;que precede al Se\u00f1or con el esp\u00edritu y el poder de El\u00edas&#8221; (<i>Lc<\/i> 1, 17), anuncia a Cristo como el que &#8220;bautizar\u00e1 en el Esp\u00edritu Santo y el fuego&#8221; (<i>Lc<\/i> 3, 16), Esp\u00edritu del cual Jes\u00fas dir\u00e1: &#8220;He venido a traer fuego sobre la tierra y \u00a1cu\u00e1nto desear\u00eda que ya estuviese encendido!&#8221; (<i>Lc<\/i> 12, 49). En forma de lenguas &#8220;como de fuego&#8221; se pos\u00f3 el Esp\u00edritu Santo sobre los disc\u00edpulos la ma\u00f1ana de Pentecost\u00e9s y los llen\u00f3 de \u00e9l (<i>Hch<\/i> 2, 3-4). La tradici\u00f3n espiritual conservar\u00e1 este simbolismo del fuego como uno de los m\u00e1s expresivos de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo (cf. San Juan de la Cruz, <i>Llama de amor viva<\/i>). &#8220;No exting\u00e1is el Esp\u00edritu&#8221;(<i>1 Ts<\/i> 5, 19).<\/p>\n<h3><span id=\"El_Bautismo_de_Jesus\">El Bautismo de Jes\u00fas<\/span><\/h3>\n<p><b>535<\/b> El comienzo (cf. <i>Lc<\/i> 3, 23) de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas es su bautismo por Juan en el Jord\u00e1n (cf. <i>Hch<\/i> 1, 22). Juan proclamaba &#8220;un bautismo de conversi\u00f3n para el perd\u00f3n de los pecados&#8221; (<i>Lc<\/i> 3, 3). Una multitud de pecadores, publicanos y soldados (cf. <i>Lc<\/i> 3, 10-14), fariseos y saduceos (cf. <i>Mt<\/i> 3, 7) y prostitutas (cf. <i>Mt<\/i> 21, 32) viene a hacerse bautizar por \u00e9l. &#8220;Entonces aparece Jes\u00fas&#8221;. El Bautista duda. Jes\u00fas insiste y recibe el bautismo. Entonces el Esp\u00edritu Santo, en forma de paloma, viene sobre Jes\u00fas, y la voz del cielo proclama que \u00e9l es &#8220;mi Hijo amado&#8221; (<i>Mt<\/i> 3, 13-17). Es la manifestaci\u00f3n (&#8220;Epifan\u00eda&#8221;) de Jes\u00fas como Mes\u00edas de Israel e Hijo de Dios.<\/p>\n<p><b>536<\/b> El bautismo de Jes\u00fas es, por su parte, la aceptaci\u00f3n y la inauguraci\u00f3n de su misi\u00f3n de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores (cf. <i>Is<\/i> 53, 12); es ya &#8220;el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo&#8221; (<i>Jn<\/i> 1, 29); anticipa ya el &#8220;bautismo&#8221; de su muerte sangrienta (cf <i>Mc<\/i> 10, 38; <i>Lc<\/i> 12, 50). Viene ya a &#8220;cumplir toda justicia&#8221; (<i>Mt<\/i> 3, 15), es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisi\u00f3n de nuestros pecados (cf. <i>Mt<\/i> 26, 39). A esta aceptaci\u00f3n responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo (cf. <i>Lc<\/i> 3, 22; <i>Is<\/i> 42, 1). El Esp\u00edritu que Jes\u00fas posee en plenitud desde su concepci\u00f3n viene a &#8220;posarse&#8221; sobre \u00e9l (<i>Jn<\/i> 1, 32-33; cf. <i>Is<\/i> 11, 2). De \u00e9l manar\u00e1 este Esp\u00edritu para toda la humanidad. En su bautismo, &#8220;se abrieron los cielos&#8221; (<i>Mt<\/i> 3, 16) que el pecado de Ad\u00e1n hab\u00eda cerrado; y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jes\u00fas y del Esp\u00edritu como preludio de la nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>537<\/b> Por el Bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jes\u00fas que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrecci\u00f3n: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jes\u00fas, para subir con \u00e9l, renacer del agua y del Esp\u00edritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y &#8220;vivir una vida nueva&#8221; (<i>Rm<\/i> 6, 4):<\/p>\n<p>\u00abEnterr\u00e9monos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con \u00e9l; descendamos con \u00e9l para ser ascendidos con \u00e9l; ascendamos con \u00e9l para ser glorificados con \u00e9l\u00bb (San Gregorio Nacianceno, <i>Oratio<\/i> 40, 9: PG 36, 369).<\/p>\n<p>\u00abTodo lo que aconteci\u00f3 en Cristo nos ense\u00f1a que despu\u00e9s del ba\u00f1o de agua, el Esp\u00edritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios. (San Hilario de Poitiers, <i>In evangelium Matthaei<\/i>, 2, 6: PL 9, 927).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>49 He venido a prender fuego a la tierra, \u00a1y cu\u00e1nto deseo que ya est\u00e9 ardiendo! 50 Con un bautismo tengo que ser bautizado, \u00a1y qu\u00e9 angustia sufro hasta que se cumpla! 51 \u00bfPens\u00e1is que he venido a traer paz a la tierra? No, sino divisi\u00f3n. 52 Desde ahora estar\u00e1n divididos cinco en una casa: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-12-49-53-la-mision-de-jesus-traer-fuego-a-la-tierra\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLc 12, 49-53: La misi\u00f3n de Jes\u00fas &#8211; Traer fuego a la tierra\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41516","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41516","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41516"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41516\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41516"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41516"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41516"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}