{"id":41528,"date":"2016-10-07T23:36:02","date_gmt":"2016-10-08T04:36:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-14-25-33-renuncia-a-todo-lo-que-se-ama-y-a-los-bienes\/"},"modified":"2016-10-07T23:36:02","modified_gmt":"2016-10-08T04:36:02","slug":"lc-14-25-33-renuncia-a-todo-lo-que-se-ama-y-a-los-bienes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-14-25-33-renuncia-a-todo-lo-que-se-ama-y-a-los-bienes\/","title":{"rendered":"Lc 14, 25-33: Renuncia a todo lo que se ama y a los bienes"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">25<\/span> Mucha gente acompa\u00f1aba a Jes\u00fas; \u00e9l se volvi\u00f3 y les dijo: <span class=\"versiculo\">26<\/span> \u00abSi alguno viene a m\u00ed y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a s\u00ed mismo, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo. <span class=\"versiculo\">27<\/span> Quien no carga con su cruz y viene en pos de m\u00ed, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo. <span class=\"versiculo\">28<\/span> As\u00ed, \u00bfqui\u00e9n de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? <span class=\"versiculo\">29<\/span> No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de \u00e9l los que miran, <span class=\"versiculo\">30<\/span> diciendo: \u201cEste hombre empez\u00f3 a construir y no pudo acabar\u201d. <span class=\"versiculo\">31<\/span> \u00bfO qu\u00e9 rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podr\u00e1 salir al paso del que lo ataca con veinte mil? <span class=\"versiculo\">32<\/span> Y si no, cuando el otro est\u00e1 todav\u00eda lejos, env\u00eda legados para pedir condiciones de paz. <span class=\"versiculo\">33<\/span> As\u00ed pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Catena_Aurea_comentarios_de_los_Padres_de_la_Iglesia_por_versiculos\">Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por vers\u00edculos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_homil_37_in_Evang\">San Gregorio, <i>homil. 37, in Evang<\/i><\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">25. <\/span>El alma se enardece cuando oye hablar de los premios de la gloria y quisiera encontrarse all\u00ed, en donde espera gozar eternamente. Pero los grandes premios no pueden alcanzarse sino por medio de grandes trabajos. Por esto se dice: <span class=\"ct\">\u00abCaminaba con \u00e9l mucha gente, y volvi\u00e9ndose les dijo&#8230;\u00bb<\/span>.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">26-27. <\/span>Pero debe examinarse por qu\u00e9 se nos manda aborrecer a nuestros padres y a nuestros parientes carnales <a title=\"Ver nota al pie\" href=\"#_edn1\" id=\"_ednref1\"> [1]<\/a>, cuando se nos manda amar a nuestros enemigos. Si examinamos el sentido del precepto, veremos que podemos hacer una y otra cosa con discreci\u00f3n, de modo que amemos a los que est\u00e1n unidos con nosotros por los v\u00ednculos de la carne y que conocemos como pr\u00f3jimos, e ignoremos y huyamos de los que encontremos como adversarios en los caminos del Se\u00f1or. Pues no escuchando al que, sabio seg\u00fan la carne, nos conduce al mal venimos a amarlo, por decirlo as\u00ed, con nuestro odio.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or, para dar a conocer que este odio hacia los pr\u00f3jimos no debe nacer de la afecci\u00f3n o de la pasi\u00f3n, sino de la caridad, a\u00f1adi\u00f3 lo que sigue: <span class=\"ct\">\u00abY hasta su propia vida\u00bb<\/span>. Porque es evidente que amando debe aborrecer al pr\u00f3jimo el que lo aborrece como a s\u00ed mismo, puesto que aborrecemos con raz\u00f3n nuestra vida cuando no condescendemos con sus deseos carnales, cuando contrariamos sus apetitos y resistimos a sus pasiones. Ahora, puesto que despreciada se vuelve mejor, viene a ser amada por el odio<a title=\"Ver nota al pie\" href=\"#_edn2\" id=\"_ednref2\"> [2]<\/a>.<\/p>\n<p>Manifiesta cu\u00e1l debe ser este aborrecimiento de la vida a\u00f1adiendo: <span class=\"ct\">\u00abEl que no lleve su cruz y venga en pos de m\u00ed, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Porque la palabra <b>cruz<\/b> quiere decir tormento, nosotros llevamos la del Se\u00f1or de dos maneras: cuando mortificamos la carne por la abstinencia, o cuando hacemos nuestras las aflicciones de nuestros pr\u00f3jimos por la compasi\u00f3n. Pero como algunos hacen ver las mortificaciones de su carne, no por Dios, sino por vanagloria y son compasivos, no espiritual, sino materialmente, con raz\u00f3n a\u00f1ade: &#8220;Y viene en pos de m\u00ed&#8221;. Llevar la cruz e ir en pos de Jesucristo, es lo mismo que guardar la abstinencia de la carne y compadecerse del pr\u00f3jimo con el af\u00e1n de ganar la eterna bienaventuranza.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">28-33. <\/span>Porque los sublimes mandamientos han sido dados, a\u00f1ade en seguida la comparaci\u00f3n de un gran edificio diciendo: <span class=\"ct\">\u00abPorque \u00bfqui\u00e9n de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla?\u00bb<\/span> Por tanto, todo lo que hacemos debemos prepararlo con la meditaci\u00f3n debida. Si proyectamos levantar la torre de la humildad, primeramente debemos prepararnos a sufrir las adversidades de este mundo.<\/p>\n<p>Porque si cuando nos ocupamos de buenas obras no vigilamos con cuidado contra los esp\u00edritus malignos, seremos objeto de burla de los que al mismo tiempo nos aconsejan el mal. Pero de esta comparaci\u00f3n pasa a otra m\u00e1s elevada, para que las cosas m\u00e1s peque\u00f1as nos hagan pensar en las m\u00e1s grandes y dice: <span class=\"ct\">\u00abO \u00bfqu\u00e9 rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra \u00e9l con veinte mil?\u00bb<\/span><\/p>\n<p>En aquel tremendo juicio no vamos a nuestro rey como iguales porque <b><i>diez mil contra veinte mil<\/i><\/b> suyos, es como uno contra dos. Viene a pelear con un ej\u00e9rcito doble en contra del sencillo. Porque s\u00f3lo estamos preparados por la obra y El discute a la vez nuestra obra y nuestro pensamiento. Cuando todav\u00eda est\u00e1 lejos el que no aparece a\u00fan para el juicio, envi\u00e9mosle en embajada nuestras l\u00e1grimas, nuestras obras de misericordia, nuestros sacrificios de propiciaci\u00f3n. Esta es nuestra embajada, que aplaca al rey que viene.<\/p>\n<hr class=\"nota-pie\" \/>\n<p class=\"citaB\">Notas<\/p>\n<p><span class=\"textoNota\"><a title=\"Volver al texto\" href=\"#_ednref1\" id=\"_edn1\">[1] <\/a><b><i>&#8220;Aborrecer&#8221;<\/i><\/b> es un modo sem\u00edtico (hebreo) de expresar un amor \u00fanico, que no permite comparaci\u00f3n en el plano de la igualdad. En este caso, se refiere al amor a Jes\u00fas, como se ve tambi\u00e9n en Mt 10, 37. Es claro que se refiere a que el amor al padre, a la madre y\/o a los hijos no puede compararse con el amor que debemos tener al Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/span><br \/>\n<span class=\"textoNota\"><a title=\"Volver al texto\" href=\"#_ednref2\" id=\"_edn2\">[2] <\/a>En un lenguaje que hoy nos podr\u00eda sonar algo negativo, los Padres quieren indicar, con la palabra &#8220;odio&#8221;, el rechazo del pecado que hay en el hombre, y el esfuerzo asc\u00e9tico por dar muerte al hombre viejo. &#8220;Aborrecerse a s\u00ed mismo&#8221; quiz\u00e1 podr\u00eda traducirse hoy por: &#8220;amarse rectamente a s\u00ed mismo&#8221;, en el sentido asc\u00e9tico antes mencionado.<\/span><\/p>\n<h2><span id=\"San_Basilio\">San Basilio<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">27. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abEl que no lleve su cruz y venga en pos de m\u00ed, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo.\u00bb<\/span> Tomando la <b>cruz<\/b> anunciaba la muerte del Se\u00f1or, diciendo (G\u00e1l 6,14): <i>&#8220;El mundo est\u00e1 crucificado para m\u00ed y yo lo estoy para el mundo&#8221;<\/i>, lo cual anticipamos nosotros por el bautismo, en que nuestro hombre viejo es crucificado, para que se destruya el cuerpo del pecado.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">28-33. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abPorque \u00bfqui\u00e9n de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla?\u00bb<\/span> Una <b>torre<\/b> es una atalaya alta para defender una ciudad y para observar las acometidas de los enemigos. A modo de una torre de esta clase se nos ha dado el entendimiento para conservar los bienes y prever los males. El Se\u00f1or nos mand\u00f3 que nos sent\u00e1semos para calcular al empezar la edificaci\u00f3n si podr\u00edamos concluirla (<i> in Esai. 2, cap\u00edtulo visio. 2<\/i>).<\/p>\n<p>El Se\u00f1or se propone con los ejemplos citados no facultar o dar licencias a cada uno para que se haga o no disc\u00edpulo suyo, como puede uno no poner el cimiento o no tratar de la paz, sino manifestar la imposibilidad de agradar a Dios entre aquellas cosas que distraen el alma y la ponen en peligro, haci\u00e9ndola m\u00e1s accesible a las asechanzas y astucias del enemigo.<\/p>\n<h2><span id=\"Teofilacto\">Teofilacto<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">25-27. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abCaminaba con \u00e9l mucha gente, y volvi\u00e9ndose les dijo&#8230;\u00bb<\/span> Como muchos de los que le segu\u00edan no lo hac\u00edan con todo afecto, sino con tibieza, da a conocer c\u00f3mo debe ser su disc\u00edpulo.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">28-30. <\/span><span class=\"ct\">\u00ab\u00bfQui\u00e9n de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de \u00e9l&#8230;?\u00bb<\/span> No debemos, pues, poner el <b>cimiento<\/b> -esto es, empezar a seguir a Jesucristo- y no dar fin a la obra como aquellos de quienes dice San Juan (Jn 6,66) que muchos de sus disc\u00edpulos se retiraron. Puede considerarse tambi\u00e9n como fundamento por ejemplo la ense\u00f1anza de la palabra sobre la abstinencia. Es necesario, pues, a dicho fundamento el edificio de las obras, para que podamos terminar la torre de la fortaleza contra el enemigo (Sal 3,4). De otro modo aquel hombre ser\u00eda objeto de burla para todos los que lo viesen, ya fuesen hombres ya demonios.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">31-32. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abO \u00bfqu\u00e9 rey, que sale a enfrentarse contra otro rey&#8230;?\u00bb<\/span> El <b>rey<\/b> que domina en nuestro cuerpo mortal es el pecado (Rom 6), pero nuestro entendimiento tambi\u00e9n ha sido constituido en rey. Por tanto, el que quiera pelear contra el pecado, piense consigo mismo y con toda su alma. Porque los demonios son los sat\u00e9lites del pecado, que parecen ser <b><i>veinte mil contra nuestros diez mil<\/i><\/b>. Porque siendo incorp\u00f3reos, comparados con nosotros que somos corp\u00f3reos, parece que tienen mucha mayor fuerza.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Agustin\">San Agust\u00edn<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">28. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abO \u00bfqu\u00e9 rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra \u00e9l con veinte mil?\u00bb<\/span> Los <b><i>diez mil<\/i><\/b> que han de pelear con el rey que tiene <b><i>veinte mil<\/i><\/b> representan la sencillez del cristiano, que ha de pelear contra la doblez del diablo (<i>De quaest. Evang. 2, 31<\/i>).<\/p>\n<p><span class=\"cv\">29-32. <\/span> As\u00ed como dijo el Se\u00f1or que no debemos trabajar en la <b>torre<\/b> que no podamos concluir, con el fin de que no nos ultrajen diciendo: <span class=\"ct\">\u00ab\u201cEste comenz\u00f3 a edificar y no pudo terminar\u201d\u00bb<\/span>, as\u00ed en lo del rey con quien hay que pelear, denunci\u00f3 la paz misma cuando dijo: <span class=\"ct\">\u00abY si no, cuando est\u00e1 todav\u00eda lejos, env\u00eda una embajada para pedir condiciones de paz\u00bb<\/span>, significando tambi\u00e9n que no podr\u00e1n resistir las tentaciones con que nos amenaza el demonio aqu\u00e9llos que, aunque renuncien a todo lo que tienen, hacen con \u00e9l la paz consintiendo en cometer pecados (<i>De quaest. Evang. 2, 31<\/i>).<\/p>\n<p><span class=\"cv\">33. <\/span>Nos declara el sentido de estas par\u00e1bolas diciendo en esta ocasi\u00f3n: <span class=\"ct\">\u00abPues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo.\u00bb<\/span> Por tanto, el dinero para edificar la torre y la fuerza de diez mil contra el rey que viene con veinte mil, no significan otra cosa sino que cada uno renuncie a todo lo que posee. Lo dicho antes concuerda con lo que ahora se dice, porque en renunciar cada uno a todo lo que posee se incluye tambi\u00e9n el aborrecer a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun su propia vida<a title=\"Ver nota al pie\" href=\"#_edn1a\" id=\"_ednref1a\"> [1]<\/a>.  Todas estas cosas son propias de cada uno y son obst\u00e1culo e impedimento para obtener, no lo temporal y transitorio, sino lo que es com\u00fan a todos y habr\u00e1 de subsistir siempre (<i> Ad Laetam epist. 38 <\/i>).<\/p>\n<hr class=\"nota-pie\" \/>\n<p class=\"citaB\">Notas<\/p>\n<p><span class=\"textoNota\"><a title=\"Volver al texto\" href=\"#_ednref1a\" id=\"_edn1a\">[1] <\/a>&#8220;Aborrecer&#8221; en el sentido indicado en la nota anterior.<\/span><\/p>\n<h2><span id=\"San_Cirilo\">San Cirilo<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">26. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abSi alguno viene donde m\u00ed y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo.\u00bb<\/span> No debe aborrecerse la vida, que aun el mismo San Pablo conserv\u00f3 en su cuerpo con el fin de poder anunciar a Jesucristo. Pero cuando conven\u00eda <b>despreciar la vida<\/b> para dar t\u00e9rmino a su carrera, confiesa que no es de ning\u00fan precio para \u00e9l (Hch 20,24).<\/p>\n<p><span class=\"cv\">31. <\/span><span class=\"ct\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra \u00e9l con veinte mil?\u00bb<\/span> Es nuestro deber pelear contra los esp\u00edritus del mal que est\u00e1n en el aire (Ef 6). Nos asedia una multitud de otros enemigos: el azote de la carne, la ley del pecado que impera en nuestros miembros y varias pasiones. He aqu\u00ed la temible multitud de enemigos (<i> in Cat. graec. Patr <\/i>).<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Crisostomo\">San Juan Cris\u00f3stomo<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">27. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abEl que no lleve su cruz y venga en pos de m\u00ed, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo.\u00bb<\/span> No dijo esto para que llevemos una verdadera <b>cruz<\/b> sobre nuestros hombros, sino para que tengamos siempre la muerte ante nuestros ojos. As\u00ed era como mor\u00eda todos los d\u00edas San Pablo (1Cor 15) y despreciaba la muerte.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Ambrosio\">San Ambrosio<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">26. <\/span><span class=\"ct\">\u00abSi alguno viene donde m\u00ed y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo.\u00bb<\/span> Pero no manda el Se\u00f1or desconocer la naturaleza, ni ser cruel e inhumano, sino condescender con ella, de modo que veneremos a su autor y que no nos separemos de Dios por amor de nuestros padres.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_Niceno_De_virg_cap_18\">San Gregorio Niceno, <i>De virg. cap. 18<\/i><\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">28-29. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abPorque \u00bfqui\u00e9n de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla?\u00bb<\/span> Se debe perseverar para llegar al t\u00e9rmino de toda ardua empresa, observando los mandamientos de Dios para consumar esta obra divina. Porque ni la f\u00e1brica de la torre es una sola piedra, ni el cumplimiento de uno solo de los preceptos puede conducir al alma a la perfecci\u00f3n, sino que debe existir el cimiento. Y, seg\u00fan el Ap\u00f3stol (2Cor 3), sobre \u00e9ste se han de colocar las piezas de oro, de plata y piedras preciosas. Por esto sigue: <span class=\"ct\">\u00abNo sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de \u00e9l&#8230;\u00bb<\/span><\/p>\n<h2><span id=\"Beda\">Beda<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">33. <\/span> <span class=\"ct\">\u00abCualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo.\u00bb<\/span> Hay diferencia entre renunciar a todas las cosas y dejarlas, porque es de un peque\u00f1o n\u00famero de perfectos el dejarlas -esto es, posponer los cuidados del mundo- mientras que es de todos los fieles el renunciarlas -esto es, tener las cosas del mundo de tal modo que por ellas no estemos ligados al mundo-.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"Juan_Casiano\">Juan Casiano<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Conferencias_La_clave_es_la_Caridad\">Conferencias: La clave es la Caridad<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Conf. I, 6-7<\/p>\n<p>Muchos que, por seguir a Cristo hab\u00edan menospreciado fortunas considerables, cantidades enormes de oro y plata y magn\u00edficos dominios, despu\u00e9s se dejaron turbar por una lima, por un punz\u00f3n, por una aguja, por una pluma de escribir&#8230; Despu\u00e9s de haber distribuido todas sus riquezas por amor a Cristo, conservan su antigua pasi\u00f3n y la ponen en cosas vanas y se encolerizan f\u00e1cilmente por defenderlas. No teniendo la caridad de la que habla san Pablo su vida est\u00e1 marcada por la esterilidad. El bienaventurado ap\u00f3stol previ\u00f3 esta desdicha: <i>\u00abPodr\u00eda repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve\u00bb<\/i>, dice (1Co 13,3). Es una prueba evidente que por el mero hecho de haber renunciado a todas las riquezas y despreciado honores, la perfecci\u00f3n no se alcanza de golpe si no se une a ello la caridad que el ap\u00f3stol nos describe bajo diversos aspectos.<\/p>\n<p>La perfecci\u00f3n se encuentra solamente en la pureza de coraz\u00f3n. Porque rechazar la envidia, el creerse m\u00e1s que los dem\u00e1s, la c\u00f3lera y la frivolidad, no buscar el propio inter\u00e9s, no complacerse en la injusticia, no llevar cuenta del mal, y todo lo dem\u00e1s (1Co 13,4-5): \u00bfacaso es otra cosa que ofrecer continuamente a Dios un coraz\u00f3n perfecto y puro y guardarlo indemne de cualquier movimiento de pasi\u00f3n? La \u00fanica finalidad de nuestras acciones y deseos ser\u00e1, pues, la pureza de coraz\u00f3n.<\/p>\n<h3><span id=\"Conferencias_Renunciar_a_todos_sus_bienes\">Conferencias: Renunciar a todos sus bienes<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Conf. 3, 6-7; CSEL 13\/2, 73-75.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n un\u00e1nime de los Padres se junta a la autoridad de las Escrituras para mostrar, en efecto, que las renuncias son tres&#8230; La primera consiste en despreciar todas las riquezas y bienes de este mundo. Por la segunda renunciamos a nuestra vida pasada, a nuestros vicios y a nuestras afecciones del esp\u00edritu y de la carne. La tercera tiene por objeto apartar nuestra mente de las cosas presentes y visibles, para contemplar \u00fanicamente las cosas futuras y no desear m\u00e1s que las invisibles. Que es menester cumplir con los tres, es el mandamiento que el Se\u00f1or hizo ya a Abraham, cuando le dijo: \u00abSal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre\u00bb (Gn 12,1).<\/p>\n<p>En primer lugar ha dicho: \u00abSal de tu patria\u00bb, es decir, de los bienes de este mundo y de las riquezas de esta tierra. En segundo lugar: \u00abAbandona a tu parentela\u00bb, esto es, la vida y las costumbres de anta\u00f1o, tan estrechamente unidas a nosotros desde nuestro nacimiento, que hemos contra\u00eddo con ellas como una especie de afinidad y parentesco natural, cual si fuera nuestra propia sangre. En tercer lugar: \u00abAl\u00e9jate de la casa de tu padre\u00bb, o sea, aparta tus ojos del recuerdo del mundo presente&#8230;<\/p>\n<p>Contemplemos, tal como lo dice el ap\u00f3stol Pablo, \u00abno las cosas visibles sino las invisibles; pues las visibles son temporales y las invisibles, eternas\u00bb (2Co 4,18)&#8230;; \u00absomos ya ciudadanos del cielo\u00bb (Flp 3,20)&#8230; Abandonaremos, as\u00ed, la morada de nuestro primer padre, \u00e9l que fue nuestro padre, como sabemos, seg\u00fan el hombre viejo, desde nuestro nacimiento, cuando \u00ab\u00e9ramos por naturaleza hijos de ira, como el resto de los hombres\u00bb (Ef 2,3). Entonces, despojados de este afecto, nuestra mirada se concentrar\u00e1 \u00fanicamente en el cielo&#8230; entonces nuestra alma se elevar\u00e1 hasta el mundo invisible por la meditaci\u00f3n constante de las cosas de Dios y la contemplaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<h2><span id=\"Juan_Taulero\">Juan Taulero<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermones_El_cristianismo_no_es_comodo\">Sermones: El cristianismo no es c\u00f3modo<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n 21, 4\u00ba para la Ascensi\u00f3n<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl que no lleva su cruz y me sigue no puede ser mi disc\u00edpulo\u00bb (Lc ).<\/p>\n<p>Puesto que nuestra Cabeza subi\u00f3 a los cielos, conviene que sus miembros (Col. 2,19) sigan a su Maestro, pasando por el mismo camino que \u00c9l escogi\u00f3. Porque <i>&#8220;\u00bfNo era necesario que el Mes\u00edas padeciera esto y entrara as\u00ed en su gloria?&#8221;<\/i> (Lc 24,26). Debemos seguir a nuestro Maestro, tan digno de amor, \u00c9l, que llev\u00f3 el estandarte de la cruz delante de nosotros. Que cada hombre tome su cruz y le siga; y llegaremos all\u00ed d\u00f3nde \u00e9l est\u00e1. \u00a1Aunque vemos que muchos siguen los caminos de este mundo para obtener honores irrisorios, y para esto renuncian a la comodidad f\u00edsica, a su hogar, a sus amigos, exponi\u00e9ndose a los peligros de la guerra \u00a1todo esto para adquirir bienes exteriores! Resulta l\u00f3gico y plenamente justo que nosotros hagamos una renuncia total para adquirir el bien puro que es Dios, y que de este modo sigamos a nuestro Maestro&#8230; <\/p>\n<p>No es raro encontrar hombres que desean ser testigos del Se\u00f1or en la paz, es decir, que todo resulte seg\u00fan sus deseos. De buena gana quieren llegar a ser santos, pero sin cansancio, sin aburrimiento, sin dificultad, sin que les cueste nada. Desean conocer a Dios, gustarlo, sentirlo, pero sin que haya amargura. Entonces, ocurre que en cuanto hay que trabajar, en cuanto aparece la amargura, las tinieblas y las tentaciones, en cuanto no sienten a Dios y se sienten abandonados interna y externamente, sus bellas resoluciones se desvanecen. Estos no son verdaderos testigos, testigos como los que necesita el Salvador&#8230; \u00a1Ojal\u00e1 podamos librarnos de este tipo de b\u00fasqueda que carece de trabajos, amarguras y tinieblas y encontremos la paz en todo tiempo, incluso en la desgracia! Es ah\u00ed solamente donde nace la verdadera paz, la que permanece. <\/p>\n<h2><span id=\"San_Buenaventura_franciscano_doctor_de_la_Iglesia\">San Buenaventura, franciscano, doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Obras_Seguir_desnudos_al_Senor\">Obras: Seguir desnudos al Se\u00f1or.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">La Vida de san Francisco, Leyenda mayor, cap. 2.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abSan Francisco renuncia a todo para seguir a Cristo\u00bb (Cf. Lc ).<\/p>\n<p>El padre de Francisco lo quer\u00eda hacer comparecer ante el obispo para que renunciara a todos sus derechos de heredero y le restituyese todo lo que a\u00fan pose\u00eda. Francisco, amante aut\u00e9ntico de la pobreza, se presta con agrado a la ceremonia, se presenta ante el tribunal del obispo y, sin esperar un instante, ni vacilar en absoluto, sin esperar una orden o pedir una explicaci\u00f3n, se quita de presto sus vestidos y los devuelve a su padre&#8230; Llevado por su admirable fervor, embriagado por el Esp\u00edritu se quita hasta la ropa interior y, completamente desnudo delante de toda la asistencia, declara a su padre: \u201cHasta ahora te he llamado padre en la tierra; de aqu\u00ed en adelante puedo decir con toda seguridad: \u201cPadre Nuestro que est\u00e1s en el cielo\u201d ya que he confiado a \u00e9l mi tesoro y entregado mi fe.\u201d<\/p>\n<p>El obispo, un hombre santo y lleno de dignidad, lloraba de admiraci\u00f3n al ver hasta qu\u00e9 excesos lo llevaba su amor de Dios; se levant\u00f3, tom\u00f3 al joven entre sus brazos, lo envolvi\u00f3 en su manto y le hizo traer algo para cubrirse. Le entregaron la pobre t\u00fanica de sayal de un criado del obispo; Francisco la recibe agradecido y recoge luego por el camino un trozo de yeso y traza la se\u00f1al de la cruz sobre su vestido;  era un h\u00e1bito muy significativo para este hombre crucificado, pobre y medio desnudo. As\u00ed el servidor del Gran Rey fue despojado para seguir luego a su Se\u00f1or desnudo y clavado en la cruz.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Josemaria_Escriva_de_Balaguer\">San Jos\u00e9maria Escriv\u00e1 de Balaguer<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilias_La_Oracion\">Homil\u00edas: La Oraci\u00f3n<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\"><i>Homil\u00eda<\/i> 06-02-1960 en Amigos de Dios, cap. 4, n. 64-66<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEdificar una torre\u00bb<\/p>\n<p>Me gustaba subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crester\u00eda, un aut\u00e9ntico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa. En esas charlas les hac\u00eda notar que aquella maravilla no se ve\u00eda desde abajo. Y, para materializar lo que con repetida frecuencia les hab\u00eda explicado, les comentaba: \u00a1esto es el trabajo de Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfecci\u00f3n, con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra. Comprend\u00edan, ante esa realidad que entraba por los ojos, que todo eso era oraci\u00f3n, un di\u00e1logo hermoso con el Se\u00f1or.  Los que gastaron sus energ\u00edas en esa tarea, sab\u00edan perfectamente que desde las calles de la ciudad nadie apreciar\u00eda su esfuerzo: era s\u00f3lo para Dios\u2026  <\/p>\n<p>Convencidos de que Dios se encuentra en todas partes, nosotros cultivamos los campos alabando al Se\u00f1or, surcamos los mares y ejercitamos todos los dem\u00e1s oficios nuestros cantando sus misericordias. De esta manera estamos unidos a Dios en todo momento\u2026 Pero no me olvid\u00e9is que est\u00e1is tambi\u00e9n en presencia de los hombres, y que esperan de vosotros -\u00a1de ti!- un testimonio cristiano.<\/p>\n<p>Por eso, en la ocupaci\u00f3n profesional, en lo humano, hemos de obrar de tal manera que no podamos sentir verg\u00fcenza si nos ve trabajar quien nos conoce y nos ama, ni le demos motivo para que sonroje\u2026<\/p>\n<p>Y tampoco os suceder\u00e1 como a aquel hombre de la par\u00e1bola que se propuso edificar una torre: despu\u00e9s de haber echado los cimientos y no pudiendo concluirla, todos los que lo ve\u00edan comenzaban a burlarse de \u00e9l, diciendo: ved ah\u00ed un hombre que empez\u00f3 a edificar y no pudo rematar.<\/p>\n<p>Os aseguro que, si no perd\u00e9is el punto de mira sobrenatural, coronar\u00e9is vuestra tarea, acabar\u00e9is vuestra catedral, hasta colocar la \u00faltima piedra. <\/p>\n<h2><span id=\"San_Basilio_obispo_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Basilio, obispo y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Regla_No_anteponer_nada_a_Cristo\">Regla: No anteponer nada a Cristo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Grandes Reglas mon\u00e1sticas; cuesti\u00f3n 8.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00ab\u00bb (Lc ).<\/p>\n<p> Nuestro Se\u00f1or Jesucristo ha dicho a todos, en diferentes ocasiones y dando diversas pruebas: \u201cSi alguno quiere venir detr\u00e1s de mi, que se renuncie a s\u00ed mismo, tome su cruz y me siga\u201d; y adem\u00e1s: \u201cEl que de entre vosotros no renuncie a todo lo que tiene, no puede ser mi disc\u00edpulo\u201d. Nos parece, pues, exigir la renuncia m\u00e1s completa\u2026 \u201cDonde est\u00e1 tu tesoro, dice en otra parte, all\u00ed est\u00e1 tu coraz\u00f3n\u201d (Mt 6,21). Si nosotros, pues, nos reservamos bienes terrestres o algo perecedero, nuestro esp\u00edritu permanece atascado en ellos como en el barro. Entonces es inevitable que nuestra alma sea incapaz de contemplar a Dios y se vuelve insensible a los deseos y fulgores del cielo y de los bienes que se nos han prometido. No podremos obtener estos bienes m\u00e1s que si los pedimos sin cesar, con un ardiente deseo que, por otra parte, har\u00e1 ligero el esfuerzo necesario para alcanzarlos.<\/p>\n<p> Renunciarse es, pues, desatar los lazos que nos atan a esta vida terrestre y pasajera, liberarse de las contingencias humanas, a fin de hacernos m\u00e1s aptos para caminar por el camino que conduce a Dios. Es liberarse de los impedimentos a fin de poseer y usar los bienes  que son \u201cmucho m\u00e1s preciosos que el oro y la plata\u201d (Sl 18,11). Y para decirlo del todo, renunciarse es transportar el coraz\u00f3n humano a la vida del cielo, de tal manera que se pueda decir: \u201cNuestra patria est\u00e1 en el cielo\u201d (Flp 3,20). Y, sobre todo, es empezar a ser semejante a Cristo, que por nosotros se hizo pobre, \u00e9l que era rico (2C 8,9). Debemos asemejarnos a \u00e9l si queremos vivir seg\u00fan el Evangelio.<\/p>\n<h2><span id=\"Filomeno_de_Mabboug\">Filomeno de Mabboug<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilias_No_somos_de_aqui\">Homil\u00edas: No somos de aqu\u00ed<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Hom. n\u00ba 9<\/p>\n<p>Escucha la voz de Dios que te impulsa a salir de ti para seguir a Cristo y ser\u00e1s un disc\u00edpulo perfecto: <i>&#8220;el que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser mi disc\u00edpulo&#8221;<\/i>. \u00bfQu\u00e9 tienes que decir? \u00bfQu\u00e9 puedes responder a todo esto? Todas tus dudas y tus preguntas caen ante esta sola palabra; la palabra de verdad es el sendero sublime por donde t\u00fa avanzar\u00e1s. Jes\u00fas ha dicho m\u00e1s a\u00fan: <i>&#8220;El que no renuncia a todos sus bienes, y no toma su cruz para seguirme, no puede ser mi disc\u00edpulo&#8221;<\/i>. Y para ense\u00f1arnos a renunciar no s\u00f3lo a nuestros bienes para darle gloria, y as\u00ed en el mundo confesarle ante los hombres, sino incluso a nuestra propia vida, a\u00f1ade: <i>&#8220;El que no renuncia a s\u00ed mismo, no puede ser mi disc\u00edpulo\u2026&#8221;<\/i> Y en otro lugar dice: <i>&#8220;El que se aborrece a s\u00ed mismo en este mundo se  guardar\u00e1 para la vida eterna. A quien me sirva, el Padre le premiar\u00e1&#8221;<\/i> (Jn 12,25s). Y dice a los suyos: <i>&#8220;\u00a1Levantaos, vay\u00e1monos de aqu\u00ed!&#8221;<\/i> (Jn 14,31). Por esta palabra nos ha querido ense\u00f1ar que ni su lugar ni el de sus disc\u00edpulos est\u00e1 aqu\u00ed abajo.  <\/p>\n<p>Se\u00f1or \u00bfa d\u00f3nde iremos? <i>&#8220;All\u00ed donde est\u00e9 yo, estar\u00e1 tambi\u00e9n mi servidor&#8221;<\/i> (Jn 12,26). Si Jes\u00fas nos llama: <i>&#8220;\u00a1Levantaos, vay\u00e1monos de aqu\u00ed!&#8221;<\/i>, \u00bfqui\u00e9n ser\u00e1 tan necio para consentir quedarse con los muertos en el sepulcro y permanecer entre los enterrados? Cada vez, pues, que el mundo quiera retenerte, acu\u00e9rdate de la palabra de Cristo: <i>&#8220;\u00a1Levantaos, vay\u00e1monos de aqu\u00ed!&#8221;<\/i>. Si est\u00e1s vivo, esta palabra bastar\u00e1 para estimularte. Cada vez que quieras quedarte sentado, instalarte, que te complaces en permanecer donde est\u00e1s, acu\u00e9rdate de esta voz apremiante que te<br \/>\ndice <i>&#8220;\u00a1Lev\u00e1ntate, vay\u00e1monos de aqu\u00ed!&#8221;<\/i> <\/p>\n<p>Puesto que de todas maneras ser\u00e1 necesario que te marches; vete tal como Jes\u00fas se va; vete porque \u00e9l te lo ha dicho, no porque la muerte te lleva a pesar tuyo. Lo quieras o no est\u00e1s en el camino de los que se van. M\u00e1rchate, pues, siguiendo la<br \/>\npalabra de tu Maestro, no porque te sientes forzado a ello. <\/p>\n<p><i>&#8220;\u00a1Lev\u00e1ntate, vay\u00e1monos de aqu\u00ed!&#8221;<\/i>\u2026 \u00bfPor qu\u00e9 te retrasas? Cristo camina contigo.   <\/p>\n<h2><span id=\"San_Macario\">San Macario<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilias_contemplar_la_cruz_de_Cristo\">Homil\u00edas: contemplar la cruz de Cristo<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Homil\u00edas espirituales<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEntregarnos totalmente a \u00c9l\u00bb<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo es posible que a pesar de las exhortaciones y las promesas de parte del Se\u00f1or, rehusemos entregarnos a \u00e9l del todo y sin reserva, que nos neguemos a renunciar a todas las cosas y a nuestra propia vida, conforme al evangelio (Lc 14,26) para amarle a \u00e9l solo y a nada m\u00e1s que a \u00e9l?<\/p>\n<p>Considera todo lo que ha sido hecho para nosotros: \u00a1cu\u00e1nta gloria nos ha sido dada, cu\u00e1ntas cosas ha dispuesto el Se\u00f1or a lo largo de la historia de salvaci\u00f3n desde los padres y los profetas, cu\u00e1ntas promesas, cu\u00e1ntas exhortaciones, cu\u00e1nta compasi\u00f3n por parte del Amo desde los or\u00edgenes! Al final manifest\u00f3 su indecible solicitud hacia nosotros viniendo a vivir \u00e9l mismo con nosotros y muriendo en una cruz para que nos convirti\u00e9ramos y llevarnos de nuevo a la vida. Y nosotros seguimos sin dejar de lado nuestra propia voluntad, nuestro amor a las cosas del mundo, nuestras predisposiciones y nuestros malos h\u00e1bitos, pareci\u00e9ndonos, en eso, a los hombres de poca fe e incluso sin fe alguna.<\/p>\n<p>Y no obstante \u00a1mira como, a pesar de todo, Dios se muestra lleno de bondad y misericordia. Nos protege y nos cuida invisiblemente! A pesar de nuestras faltas, no nos abandona a nuestra maldad y a las ilusiones del mundo. En su inmensa paciencia evita que perezcamos y observa, desde lejos, el momento en que volveremos a \u00e9l.<\/p>\n<h2><span id=\"Santa_Teresa_del_Nino_Jesus_doctora_de_la_Iglesia\">Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, doctora de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Carta_Que_se_necesita_para_amar_a_Jesus\">Carta: \u00bfQu\u00e9 se necesita para amar a Jes\u00fas?.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Carta 197, del 17-09-1896.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl que de entre vosotros no renuncie a sus bienes no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo\u00bb (Lc ).<\/p>\n<p>Querida hermana: \u00bfC\u00f3mo puedes preguntarme si puedes t\u00fa amar a Dios como le amo yo&#8230;?  Mis deseos de martirio no son nada, no son ellos los que me dan la confianza ilimitada que siento en mi coraz\u00f3n. A decir verdad, son las riquezas espirituales las que hacen injusto al hombre cuando se apoya en ellas con complacencia, creyendo que son algo grande&#8230; Yo s\u00e9 muy bien que lo que le agrada a Dios en mi pobre alma es verme amar mi peque\u00f1ez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia. Este es mi \u00fanico tesoro.<\/p>\n<p>Hermana querida, comprende que para amar a Jes\u00fas, cuanto m\u00e1s d\u00e9bil se es, sin deseos ni virtudes, m\u00e1s cerca se est\u00e1 de las operaciones de este Amor consumidor y transformante&#8230; Con el solo deseo de ser v\u00edctima ya basta; pero es necesario aceptar ser siempre pobres y sin fuerzas, y eso es precisamente lo dif\u00edcil, pues \u00abal verdadero pobre de esp\u00edritu \u00bfqui\u00e9n lo encontrar\u00e1? Hay que buscarle muy lejos\u00bb, dijo el salmista. No dijo que hay que buscarlo entre las almas grandes, sino \u00abmuy lejos\u00bb, es decir, en la bajeza, en la nada&#8230;<\/p>\n<p>Manteng\u00e1monos, pues, muy lejos de todo lo que brilla, amemos nuestra peque\u00f1ez, deseemos no sentir nada. Entonces seremos pobres de esp\u00edritu y Jes\u00fas ir\u00e1 a buscarnos, por lejos que nos encontremos, y nos transformar\u00e1 en llamas de amor&#8230; \u00a1Ay, c\u00f3mo quisiera hacerte comprender lo que yo siento&#8230;! La confianza, y nada m\u00e1s que la confianza, puede conducirnos al amor&#8230; El temor \u00bfno conduce a la justicia&#8230;? <\/p>\n<p>Ya que sabemos el camino, corramos juntas. S\u00ed, siento que Jes\u00fas quiere concedernos las mismas gracias a las dos, que quiere darnos gratuitamente su cielo.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Gregorio\">San Gregorio<\/span><\/h2>\n<p class=\"rh\">[fr]<\/p>\n<p>El alma se enardece cuando oye hablar de los premios de la gloria, y quisiera encontrarse all\u00ed, en donde espera gozar eternamente; pero los grandes premios no pueden alcanzarse sino por medio de grandes trabajos. Por esto se dice: &#8220;Y muchas gentes iban con \u00e9l, y volvi\u00e9ndose les dijo: &#8230;&#8221;. <\/p>\n<p>Pero debe examinarse por qu\u00e9 se nos manda aborrecer a nuestros padres y nuestros parientes carnales, cuando se nos manda amar a nuestros enemigos. Si examinamos el sentido del precepto veremos que podemos hacer una y otra cosa con discreci\u00f3n ; de modo que amemos a los que est\u00e1n unidos con nosotros por los v\u00ednculos de la carne y que conocemos como pr\u00f3jimos, e ignoremos y huyamos de los que encontremos como adversarios en los caminos del Se\u00f1or; pues no escuchando al que, sabio seg\u00fan la carne, nos conduce al mal, venimos a amarle por decirlo as\u00ed con nuestro odio&#8230; <\/p>\n<p>&#8230;El Se\u00f1or, para dar a conocer que este odio hacia los pr\u00f3jimos, no debe nacer de la afecci\u00f3n y de la pasi\u00f3n, sino de la caridad, a\u00f1adi\u00f3 lo que sigue: &#8220;Y aun tambi\u00e9n su vida&#8221;. Porque es evidente que amando debe aborrecer al pr\u00f3jimo en que le aborrece como a s\u00ed mismo; puesto que aborrecemos con raz\u00f3n nuestra vida cuando no condescendemos con sus deseos carnales, cuando contrariamos sus apetitos y resistimos a sus pasiones. Ahora, puesto que despreciada se vuelve mejor, vine a ser amada por el odio&#8230; <\/p>\n<p>&#8230;Manifiesta cu\u00e1l debe ser este aborrecimiento de la vida a\u00f1adiendo: &#8220;Y el que no lleva su cruz a cuestas&#8221;, etc&#8230;. O porque la palabra cruz quiere decir tormento, nosotros llevamos la del Se\u00f1or de dos maneras: cuando mortificamos la carne por la abstinencia, o cuando hacemos nuestras las aflicciones de nuestros pr\u00f3jimos por la compasi\u00f3n. Pero como algunos hacen ver las mortificaciones de su carne, no por Dios, sino por vanagloria, y son compasivos, no espiritual, sino materialmente, con raz\u00f3n a\u00f1ade: &#8220;Y viene en pos de m\u00ed&#8221;. Llevar la cruz e ir en pos de Jesucristo, es lo mismo que guardar la abstinencia de la carne y compadecerse del pr\u00f3jimo con el af\u00e1n de ganar la eterna bienaventuranza&#8230; <\/p>\n<p>&#8230;Como los mandamientos ya dados son sublimes, a\u00f1ade en seguida la comparaci\u00f3n de un gran edificio diciendo: &#8220;Porque, \u00bfQui\u00e9n de vosotros, queriendo edificar una torre no cuenta primero de asiento&#8221;, etc. Por tanto, todo lo que hacemos debemos prepararlo con la medici\u00f3n debida. Si proyectamos levantar la torre de la humildad, primero debemos prepararnos a sufrir las adversidades de este mundo.<\/p>\n<h2><span id=\"Francisco_papa\">Francisco, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Angelus_08-09-2013\">\u00c1ngelus (08-09-2013)<\/span><\/h3>\n<p>[&#8230;] En el Evangelio de hoy Jes\u00fas insiste acerca de las condiciones para ser sus disc\u00edpulos: no anteponer nada al amor por \u00c9l, cargar la propia cruz y seguirle. En efecto, mucha gente se acercaba a Jes\u00fas, quer\u00eda estar entre sus seguidores; y esto suced\u00eda especialmente tras alg\u00fan signo prodigioso, que le acreditaba como el Mes\u00edas, el Rey de Israel. Pero Jes\u00fas no quiere enga\u00f1ar a nadie. \u00c9l sabe bien lo que le espera en Jerusal\u00e9n, cu\u00e1l es el camino que el Padre le pide que recorra: es el camino de la cruz, del sacrificio de s\u00ed mismo para el perd\u00f3n de nuestros pecados. Seguir a Jes\u00fas no significa participar en un cortejo triunfal. Significa compartir su amor misericordioso, entrar en su gran obra de misericordia por cada hombre y por todos los hombres. La obra de Jes\u00fas es precisamente una obra de misericordia, de perd\u00f3n, de amor. \u00a1Es tan misericordioso Jes\u00fas! Y este perd\u00f3n universal, esta misericordia, pasa a trav\u00e9s de la cruz. Pero Jes\u00fas no quiere realizar esta obra solo: quiere implicarnos tambi\u00e9n a nosotros en la misi\u00f3n que el Padre le ha confiado. Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n dir\u00e1 a sus disc\u00edpulos: \u00abComo el Padre me ha enviado, as\u00ed tambi\u00e9n os env\u00edo yo&#8230; A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados\u00bb (<i>Jn<\/i> 20, 21.23). El disc\u00edpulo de Jes\u00fas renuncia a todos los bienes porque ha encontrado en \u00c9l el Bien m\u00e1s grande, en el que cualquier bien recibe su pleno valor y significado: los v\u00ednculos familiares, las dem\u00e1s relaciones, el trabajo, los bienes culturales y econ\u00f3micos, y as\u00ed sucesivamente. El cristiano se desprende de todo y reencuentra todo en la l\u00f3gica del Evangelio, la l\u00f3gica del amor y del servicio.<\/p>\n<p>Para explicar esta exigencia, Jes\u00fas usa dos par\u00e1bolas: la de la torre que se ha de construir y la del rey que va a la guerra. Esta segunda par\u00e1bola dice as\u00ed: \u00ab\u00bfO qu\u00e9 rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podr\u00e1 salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro est\u00e1 todav\u00eda lejos, env\u00eda legados para pedir condiciones de paz\u00bb (<i>Lc<\/i> 14, 31-32). Aqu\u00ed, Jes\u00fas no quiere afrontar el tema de la guerra, es s\u00f3lo una par\u00e1bola. Sin embargo, en este momento en el que estamos rezando fuertemente por la paz, esta palabra del Se\u00f1or nos toca en lo vivo, y en esencia nos dice: existe una guerra m\u00e1s profunda que todos debemos combatir. Es la decisi\u00f3n fuerte y valiente de renunciar al mal y a sus seducciones y elegir el bien, dispuestos a pagar en persona: he aqu\u00ed el seguimiento de Cristo, he aqu\u00ed el cargar la propia cruz. Esta guerra profunda contra el mal. \u00bfDe qu\u00e9 sirve declarar la guerra, tantas guerras, si t\u00fa no eres capaz de declarar esta guerra profunda contra el mal? No sirve para nada. No funciona&#8230; Esto comporta, entre otras cosas, esta guerra contra el mal comporta decir no al odio fratricida y a los enga\u00f1os de los que se sirve; decir no a la violencia en todas sus formas; decir no a la proliferaci\u00f3n de las armas y a su comercio ilegal. \u00a1Hay tanto de esto! \u00a1Hay tanto de esto! Y siempre permanece la duda: esta guerra de all\u00e1, esta otra de all\u00ed \u2014porque por todos lados hay guerras\u2014 \u00bfes de verdad una guerra por problemas o es una guerra comercial para vender estas armas en el comercio ilegal? Estos son los enemigos que hay que combatir, unidos y con coherencia, no siguiendo otros intereses si no son los de la paz y del bien com\u00fan. [&#8230;]<\/p>\n<h2><span id=\"San_Luis_Maria_Grignion_de_Montfort\">San Luis Mar\u00eda Grignion de Montfort<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Carta_a_los_Amigos_de_la_Cruz\">Carta a los Amigos de la Cruz<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">II<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abTodo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo\u00bb (Lc 14,33)<\/p>\n<p>Toda la perfecci\u00f3n cristiana, en efecto, consiste en: <\/p>\n<p>1\u00ba querer ser santo: el que quiera venirse conmigo, <br \/>2\u00ba abnegarse: que se niegue a s\u00ed mismo, <br \/>3\u00ba padecer: que cargue con su cruz, <br \/>4\u00ba obrar: y que me siga. <\/p>\n<p>A. \u00abSi alguno quiere venirse conmigo\u00bb <\/p>\n<p>Si alguno quiere: y no algunos, se refiere al reducido n\u00famero de los elegidos (+Mt 20,16), que quieren configurarse a Jesucristo crucificado, llevando su cruz. Es un n\u00famero tan peque\u00f1o, tan reducido, que si lo conoci\u00e9ramos, quedar\u00edamos pasmados de dolor. <\/p>\n<p>Es tan peque\u00f1o que apenas si hay uno por cada diez mil. As\u00ed fue revelado a varios santos, como a San Sime\u00f3n Estilita, seg\u00fan refiere el santo abad Nilo, despu\u00e9s de San Efr\u00e9n, San Basilio y varios otros. Es tan reducido que, si Dios quisiera reunirlos, tendr\u00eda que gritarles, como otra vez lo hizo un profeta: \u00ab\u00a1congregaos uno a uno!\u00bb (Is 27,12), uno de esta provincia, otro de aquel reino. <\/p>\n<p>Si alguno quiere: aquel que tenga una voluntad sincera, una voluntad firme y determinada, no ya por naturaleza, costumbre o amor propio, por inter\u00e9s o respeto humano, sino por una gracia victoriosa del Esp\u00edritu Santo, que no a todo el mundo se da: \u00abno a todos ha sido dado a conocer el misterio\u00bb (Mt 13,11). De hecho, el conocimiento del misterio de la Cruz ha sido dado a unas pocas personas. Para que un hombre suba al Calvario y se deje crucificar con Jes\u00fas, en medio de su propia gente, es necesario que sea un valiente, un h\u00e9roe, un decidido, un disc\u00edpulo de Dios, que pisotee el mundo y el infierno, su cuerpo y su propia voluntad; un hombre resuelto a dejarlo todo, a emprender todo lo que sea y a sufrirlo todo por Jesucristo. <\/p>\n<p>Sabedlo bien, queridos Amigos de la Cruz: aquellos de entre vosotros que no tengan esta determinaci\u00f3n andan s\u00f3lo con un pie, vuelan s\u00f3lo con un ala, y no son dignos de estar entre vosotros, porque no merecen llamarse Amigos de la Cruz, a la que hay que amar, como Jesucristo, \u00abcon un coraz\u00f3n generoso y de buena gana\u00bb (2Mac 1,3). Basta una voluntad a medias para contagiar, como una oveja sarnosa, a todo el reba\u00f1o. Si una de \u00e9stas hubiera entrado en vuestro redil por la puerta falsa del mundo, en el nombre de Jesucristo crucificado, echadla fuera, pues es un lobo en medio de las ovejas (Mt 7,15). <\/p>\n<p>Si alguno quiere venirse conmigo, que tanto me humill\u00e9 (+Flp 2,6-8) y que me anonad\u00e9 tanto que llegu\u00e9 a \u00abparecer un gusano, y no un hombre\u00bb (Sal 21,7); conmigo, que no vine al mundo sino para abrazar la Cruz -\u00abaqu\u00ed estoy\u00bb (Sal 39,8; Heb 10,7-9)-; para alzarla en medio de mi coraz\u00f3n -\u00aben las entra\u00f1as\u00bb (Sal 39,9)-; para amarla desde joven -\u00abla quise desde muchacho\u00bb (Sab 8,2)-; para suspirar por ella toda mi vida -\u00ab\u00a1c\u00f3mo la ans\u00edo!\u00bb (Lc 12,50)-; para llevarla con alegr\u00eda, prefiri\u00e9ndola a todos los goces y delicias del cielo y de la tierra -\u00aben vez del gozo que se le ofrec\u00eda, soport\u00f3 la cruz\u00bb (Heb 12,2)-; conmigo, en fin, que no hall\u00e9 la plena alegr\u00eda hasta morir en sus divinos brazos. <\/p>\n<p>B. \u00abQue se niegue a s\u00ed mismo\u00bb <\/p>\n<p>El que quiera, pues, venirse conmigo, as\u00ed anonadado y crucificado, debe, a imitaci\u00f3n de m\u00ed, no gloriarse sino en la pobreza, en las humillaciones y en los sufrimientos de mi Cruz: \u00abque se niegue a s\u00ed mismo\u00bb. <\/p>\n<p>\u00a1Lejos de los Amigos de la Cruz esos que sufren con orgullo, esos sabios seg\u00fan el siglo, esos grandes genios y esp\u00edritus fuertes, que est\u00e1n rellenos e hinchados con sus propias luces y talentos! \u00a1Lejos de aqu\u00ed esos grandes charlatanes, que hacen mucho ruido y que no dan m\u00e1s fruto que el de su vanidad! \u00a1Lejos de aqu\u00ed los devotos soberbios, que hacen resonar en todas partes aquel \u00abno soy como los dem\u00e1s\u00bb del orgulloso Lucifer (Lc 18,11); que no aguantan que les censuren, sin excusarse; que los ataquen, sin defenderse; que los humillen, sin ensalzarse! <\/p>\n<p>Tened mucho cuidado para no admitir en vuestra compa\u00f1\u00eda a estos hombres delicados y sensuales, que se duelen de la menor molestia, que gritan y se quejan por el menor dolor, que jam\u00e1s han conocido la cadenilla, el cilicio y la disciplina, ni otro instrumento alguno de penitencia, y que unen a sus devociones -aquellas que est\u00e1n de moda- una sensualidad y una inmortificaci\u00f3n sumamente encubiertas y refinadas. <\/p>\n<p>C. \u00abQue cargue con su cruz\u00bb <\/p>\n<p>\u00abQue cargue con su cruz\u00bb, con la suya propia. Que ese tal, que ese hombre, esa mujer excepcional -\u00abtoda la tierra, de un extremo al otro, no alcanzar\u00eda a pagarle\u00bb (Prov 31,10]-, tome con alegr\u00eda, abrace con entusiasmo y lleve sobre sus hombros con valent\u00eda su cruz, y no la de otro; -su propia cruz, aqu\u00e9lla que con mi sabidur\u00eda le he hecho, en n\u00famero, peso y medida exactos (+Sab 11,21]; -su cruz, cuyas cuatro dimensiones, espesor y longitud, anchura y profundidad, trac\u00e9 yo por mi propia mano con toda exactitud; -su cruz, la que le he fabricado con un trozo de la que llev\u00e9 sobre el Calvario, como expresi\u00f3n del amor infinito que le tengo; -su cruz, que es el mayor regalo que puedo yo hacer a mis elegidos en esta tierra; -su cruz, formada en su espesor por la p\u00e9rdida de bienes, humillaciones y desprecios, dolores, enfermedades y penas espirituales, que, por mi providencia, habr\u00e1n de sobrevenirle cada d\u00eda hasta la muerte; -su cruz, formada en su longitud por una cierta duraci\u00f3n de meses o d\u00edas en los que habr\u00e1 de verse abrumado por la calumnia, postrado en el lecho, reducido a la mendicidad, v\u00edctima de tentaciones, sequedades, abandonos y otras penas espirituales; -su cruz, constituida en su anchura por todas las circunstancias m\u00e1s duras y amargas, unas veces por parte de sus amigos, otras por los dom\u00e9sticos o los familiares; su cruz, en fin, compuesta en su profundidad por las aflicciones m\u00e1s ocultas que yo mismo le infligir\u00e9, sin que pueda hallar consuelo en las criaturas, pues \u00e9stas, por orden m\u00eda, le volver\u00e1n la espalda y se unir\u00e1n a m\u00ed para hacerle padecer. <\/p>\n<p>\u00abQue la cargue\u00bb, que la cargue: no que la arrastre, ni que la rechace o la recorte o la oculte. Es decir, que la lleve en lo alto de la mano, sin impaciencia ni tristeza, sin quejas ni murmuraciones voluntarias, sin componendas ni miramientos naturales, y sin sentir por ello verg\u00fcenza alguna o respetos humanos. <\/p>\n<p>\u00abQue la cargue\u00bb, es decir, que la lleve marcada en su frente, diciendo aquello de San Pablo: \u00aben cuanto a m\u00ed, no quiera Dios que me glor\u00ede sino en la cruz de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (G\u00e1l 6,14), mi Maestro. <\/p>\n<p>Que la lleve sobre sus hombros, a ejemplo de Jesucristo, para que la cruz venga a ser el arma de sus conquistas y el cetro de su imperio (Is 9,6-7). <\/p>\n<p>En fin, que \u00e9l la grabe en su coraz\u00f3n por el amor, para transformarla as\u00ed en zarza ardiente, que d\u00eda y noche se abrase en el puro amor de Dios, sin consumirse (+Ex 3,2). <\/p>\n<p>\u00abLa cruz\u00bb. Que cargue con la cruz, pues nada hay tan necesario, nada tan \u00fatil, tan dulce ni tan glorioso, como padecer algo por Jesucristo (+Hch 5,41). <\/p>\n<p>(&#8230;) <\/p>\n<p>D. \u00abY que me siga\u00bb <\/p>\n<p>Pero no basta con sufrir: tambi\u00e9n el demonio y el mundo tienen sus m\u00e1rtires. Es preciso que cada uno sufra y lleve su cruz siguiendo a Jesucristo: \u00abque me siga\u00bb (Mt 16,24), es decir, llev\u00e1ndola como \u00e9l la llev\u00f3. Y para eso hab\u00e9is de guardar estas reglas: <\/p>\n<p>1\u00ba No os busqu\u00e9is cruces a prop\u00f3sito ni por culpa propia. No hay que hacer el mal para que venga el bien (Rm 3,8). No conviene, sin una inspiraci\u00f3n especial, hacer las cosas mal para atraerse el desprecio de los hombres. Hay que imitar, m\u00e1s bien, a Jesucristo, del que se dijo \u00abtodo lo ha hecho bien\u00bb (Mc 7,37), y no por amor propio o vanidad, sino por agradar a Dios y para ganar al pr\u00f3jimo. Y si os dedic\u00e1is a cumplir lo mejor que pod\u00e1is vuestros deberes, nos os faltar\u00e1n contradicciones, persecuciones y desprecios, pues la divina Providencia os los enviar\u00e1, contra vuestra voluntad y sin que lo elij\u00e1is. <\/p>\n<p>2\u00ba Si vais a hacer cualquier cosa en s\u00ed indiferente, que, aunque sea sin motivo, pudiera escandalizar al pr\u00f3jimo, absteneos de hacerlo por caridad, para evitar el esc\u00e1ndalo de los d\u00e9biles (+1Cor 8,13). Y el acto heroico de caridad que en esa ocasi\u00f3n hac\u00e9is vale infinitamente m\u00e1s de lo que hac\u00edas o quer\u00edais hacer. <\/p>\n<p>Sin embargo, si el bien que hac\u00e9is es necesario o \u00fatil al pr\u00f3jimo, aunque alg\u00fan fariseo o mal esp\u00edritu se escandalice sin motivo, consultad con alguien prudente para aseguraros de que lo que hac\u00e9is es necesario o muy \u00fatil al com\u00fan de los pr\u00f3jimos; y si \u00e9l as\u00ed lo considera, continuad haci\u00e9ndolo y dejadles murmurar, con tal de que os dejen actuar, contestando en esta ocasi\u00f3n aquello que respondi\u00f3 Nuestro Se\u00f1or a algunos de sus disc\u00edpulos, cuando vinieron a decirle que hab\u00eda escribas y fariseos que se escandalizaban de sus palabras y actos: \u00abdejadles; est\u00e1n ciegos\u00bb (Mt 15,14). <\/p>\n<p>3\u00ba Algunos santos y varones ilustres han pedido, buscado e incluso procurado por medios rid\u00edculos cruces, desprecios y humillaciones. Pues bien, eso debe movernos a adorar y admirar la obra extraordinaria del Esp\u00edritu Santo en sus almas, y a humillarnos ante tan sublime virtud; pero no ha de llevarnos a pretender volar tan alto, pues nosotros, comparados con esas \u00e1guilas veloces y esos leones rugientes, no pasamos de ser pollos mojados y perros muertos. <\/p>\n<p>4\u00ba No obstante, pod\u00e9is e incluso deb\u00e9is pedir la sabidur\u00eda de la cruz, que es una ciencia sabrosa y experimental de la verdad, por la que se entienden a la luz de la fe los m\u00e1s ocultos misterios, entre otros el de la cruz; pero es ciencia que no se alcanza sino a trav\u00e9s de muchos trabajos, profundas humillaciones y fervientes oraciones. Si necesit\u00e1is este esp\u00edritu generoso (Sal 50,14), que permite llevar con valor las m\u00e1s pesadas cruces; este esp\u00edritu bueno (Lc 11,13) y suave, que hace, en lo parte superior del alma, gustar las amarguras m\u00e1s repugnantes; este esp\u00edritu puro y firme (Sal 50,12), que solamente busca a Dios; esta ciencia de la cruz, que contiene todas las verdades; en una palabra, este tesoro infinito que nos hace part\u00edcipes de la amistad de Dios (Sab 7,14), pedid la sabidur\u00eda; pedidla incesantemente, con toda insistencia, sin vacilar (Sant 1,5-6), sin temor de no alcanzarla, e infaliblemente la recibir\u00e9is. Y entonces comprender\u00e9is claramente, por experiencia, c\u00f3mo se puede llegar a desear, a buscar y a gustar la cruz. <\/p>\n<p>5\u00ba Cuando por ignorancia o incluso por culpa propia hay\u00e1is cometido cualquier torpeza que os acarree alguna cruz, humillaos inmediatamente bajo la mano poderosa de Dios (1Pe 5,6), sin consentir en turbaciones, diciendo interiormente, por ejemplo: \u00ab\u00a1\u00e9stos son, Se\u00f1or, los frutos de mi huerto!\u00bb. Y si en vuestra falta hubiese alg\u00fan pecado, aceptad como un castigo la humillaci\u00f3n que os sobreviene. Muchas veces, permite Dios que sus mejores servidores, que son los m\u00e1s levantados por su gracia, cometan las faltas m\u00e1s humillantes para humillarlos ante s\u00ed mismos y ante los hombres, y para quitarles as\u00ed la vista y la consideraci\u00f3n orgullosa de las gracias que \u00c9l les concede y del bien que hacen, a fin de que, como dice el Esp\u00edritu Santo, \u00abning\u00fan mortal pueda enorgullecerse ante Dios\u00bb (1Cor 1,29). <\/p>\n<p>6\u00ba Estad bien convencidos de que todo cuanto hay en nosotros est\u00e1 todo corrompido por el pecado de Ad\u00e1n y por los pecados actuales (+Rm 3,23), y no s\u00f3lo los sentidos del cuerpo, sino tambi\u00e9n las potencias del alma. Y de que desde el momento en que nuestro esp\u00edritu corrompido considera alg\u00fan don de Dios en nosotros con morosidad y complacencia, ese don, esa acci\u00f3n, esa gracia se ensucian y corrompen, y Dios aparta de ellas su divina mirada. Y si las mismas miradas y pensamientos del esp\u00edritu humano echan as\u00ed a perder las mejores acciones y los dones m\u00e1s divinos \u00bfqu\u00e9 diremos de los actos de la propia voluntad, que a\u00fan son m\u00e1s corruptos que los del entendimiento? <\/p>\n<p>Despu\u00e9s de eso, no nos extra\u00f1emos, pues, si Dios se complace en ocultar a los suyos en el asilo de su presencia (Sal 30,21), para que no se vean manchados por las miradas de los hombres ni por su propio conocimiento. Y para ocultarlos as\u00ed \u00a1qu\u00e9 cosas permite y hace ese Dios celoso! \u00a1Cu\u00e1ntas humillaciones les procura! \u00a1De qu\u00e9 tentaciones permite que sean atacados, como San Pablo (+2Cor 12,7)! \u00a1En qu\u00e9 incertidumbres, tinieblas y perplejidades les deja! \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 admirable es Dios en sus santos, y en las v\u00edas que \u00c9l dispone para conducirles a la humildad y la santidad! <\/p>\n<p>7\u00ba Tened mucho cuidado de creer, como los devotos orgullosos y engre\u00eddos, que vuestras cruces son grandes, que no son sino pruebas de vuestra fidelidad, y testimonios de un amor singular de Dios hacia vosotros. Esta trampa del orgullo espiritual es sumamente sutil y delicada, pero est\u00e1 llena de veneno. Pensad m\u00e1s bien: <\/p>\n<p>1) que vuestro orgullo y delicadeza os hacen tomar como postes lo que no son m\u00e1s que pajas, como heridas las picaduras, como elefantes los ratones, como atroces injurias y abandono cruel una palabrita que se lleva el viento, en realidad una nader\u00eda; <\/p>\n<p>2) que las cruces que Dios os env\u00eda son m\u00e1s bien amorosos castigos de vuestros pecados, y no muestras de una benevolencia especial; <\/p>\n<p>3) que por m\u00e1s cruces y humillaciones que \u00c9l os env\u00ede, os perdona infinitamente m\u00e1s, dado el n\u00famero y la gravedad de vuestros cr\u00edmenes; pues hab\u00e9is de considerar \u00e9stos a la luz de la santidad de Dios, que no soporta nada impuro, y a quien vosotros hab\u00e9is ofendido; a la luz de un Dios que muere, abrumado de dolor a causa de vuestros pecados; a la luz de un infierno eterno que hab\u00e9is merecido mil y quiz\u00e1 cien mil veces; <\/p>\n<p>4) que en la paciencia con la que padec\u00e9is mezcl\u00e1is lo humano y natural bastante m\u00e1s de lo que cre\u00e9is; prueba de ello son esos miramientos, esas b\u00fasquedas secretas de consuelos, esas expansiones del coraz\u00f3n tan naturales con vuestros amigos, y quiz\u00e1 con vuestro director espiritual, esas excusas tan sutiles y prontas, esas quejas, o m\u00e1s bien maledicencias contra quienes os han hecho mal, tan bien formuladas, tan caritativamente expuestas, ese reconsiderar y complacerse delicadamente en vuestros males, ese convencimiento luciferino de que sois algo grande (Hch 8,9), etc. No acabar\u00eda nunca si hubiera de describir todas las vueltas y revueltas de la naturaleza incluso en los sufrimientos. <\/p>\n<p>8\u00ba Aprovechaos de los peque\u00f1os sufrimientos a\u00fan m\u00e1s que de los grandes. No mira Dios tanto lo que se sufre como la manera en que se sufre. Sufrir mucho y mal es sufrimiento de condenados; sufrir mucho y con aguante, pero por una mala causa, es sufrir como m\u00e1rtir del demonio; sufrir poco o mucho, sufriendo por Dios, es sufrir como santo. <\/p>\n<p>Si se diera el caso de que pudi\u00e9ramos elegir nuestras cruces, optemos por las m\u00e1s peque\u00f1as y deslucidas, frente a otras m\u00e1s grandes y llamativas. El orgullo natural puede pedir, buscar e incluso elegir y tomar las cruces m\u00e1s grandes y espectaculares. En cambio, s\u00f3lo puede ser fruto de una gracia excelente y de una gran fidelidad a Dios ese elegir y llevar alegremente las cruces peque\u00f1as y oscuras. Actuad, pues, como el comerciante en su mostrador, y sacad provecho de todo: no desperdici\u00e9is ni la menor part\u00edcula de la verdadera Cruz, aunque s\u00f3lo sea la picadura de un mosquito o de un alfiler, la dificultad de un vecino, la peque\u00f1a injuria de un desprecio, la p\u00e9rdida m\u00ednima de un dinero, un ligero malestar del \u00e1nimo, un cansancio pasajero del cuerpo, un dolorcillo en uno de vuestros miembros, etc. Sacad provecho de todo, como el que atiende su comercio, y as\u00ed como \u00e9l se hace rico ganando centavo a centavo en su mostrador, as\u00ed muy pronto vendr\u00e9is vosotros a ser ricos seg\u00fan Dios. A la menor contrariedad que os sobrevenga, decid: \u00ab\u00a1Bendito sea Dios! \u00a1Gracias, Dios m\u00edo!\u00bb. Y guardad en seguida en la memoria de Dios, que viene a ser vuestra alcanc\u00eda, la cruz que acab\u00e1is de ganar. Y despu\u00e9s ya no os acord\u00e9is m\u00e1s de ella, si no es para decir: \u00ab\u00a1Mil gracias, Se\u00f1or!\u00bb o \u00ab\u00a1Misericordia!\u00bb <\/p>\n<p>9\u00ba Cuando se os pide que am\u00e9is la cruz no se est\u00e1 hablando de un amor sensible, que es imposible a la naturaleza. <\/p>\n<p>Hay que distinguir bien entre tres clases de amor: el amor sensible, el amor racional y el amor fiel y supremo. Dicho de otro modo: el amor de la parte inferior, que es la carne; el amor de la parte superior, que es la raz\u00f3n; y el amor de la parte suprema o cima del alma, que es el entendimiento iluminado por la fe. <\/p>\n<p>Dios no os exige que am\u00e9is la cruz con la voluntad de la carne (Jn 1,13). Siendo \u00e9sta completamente corrupta y criminal, todo lo que de ella nace est\u00e1 corrompido (3,6), y ella misma no puede por s\u00ed misma someterse a la voluntad de Dios y a su ley crucificante. Por eso Nuestro Se\u00f1or, refiri\u00e9ndose a ella en el Huerto de los Olivos, dice: \u00abPadre m\u00edo, que se haga tu voluntad y no la m\u00eda\u00bb (Lc 22,42). Si la parte inferior del hombre en el mismo Jesucristo, siendo toda ella santa, no fue capaz de amar la cruz sin alguna interrupci\u00f3n, con m\u00e1s raz\u00f3n la nuestra, completamente corrompida, la rechazar\u00e1. Es cierto que podemos experimentar a veces, como no pocos santos han experimentado, una cierta alegr\u00eda sensible en nuestros sufrimientos; pero esa alegr\u00eda, aunque est\u00e9 en la carne, no procede de la carne; proviene de la parte superior, que est\u00e1 tan llena del gozo divino del Esp\u00edritu Santo que lo hace desbordar sobre la parte inferior, de modo que entonces la persona crucificada puede decir: \u00abmi coraz\u00f3n y mi carne retozan por el Dios vivo\u00bb (Sal 83,3). <\/p>\n<p>Hay otro amor a la cruz que llamo racional; est\u00e1 en la parte superior, que es la raz\u00f3n. Este amor es completamente espiritual, y como nace del conocimiento de la felicidad que hay en sufrir por Dios, es perceptible y es percibido por el alma, a la que alegra y fortalece interiormente. Pero este amor racional, aunque bueno y muy bueno, no siempre es necesario para sufrir alegremente y seg\u00fan Dios. <\/p>\n<p>Y es que existe otro amor de la cima, del \u00e1pice del alma, como dicen los maestros de la vida espiritual -o de la inteligencia, como dicen los fil\u00f3sofos-. Por \u00e9l, sin sentir alegr\u00eda alguna en los sentidos, sin captar en el alma ning\u00fan placer razonable, sin embargo, se ama y se gusta, a la luz de la pura fe, la cruz que se lleva; y eso aunque muchas veces est\u00e9 en guerra y l\u00e1grimas la parte inferior, que gime y se queja, que llora y busca alivio, de manera que dice con Jesucristo: \u00abPadre m\u00edo, que se haga tu voluntad y no la m\u00eda\u00bb (Lc 22,42); o con la Sant\u00edsima Virgen: \u00abhe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb (1,38). <\/p>\n<p>Pues bien, con uno de estos dos amores de la parte superior hemos de amar y aceptar la cruz. <\/p>\n<p>10\u00ba Decid\u00edos, queridos Amigos de la Cruz, a sufrir toda clase de cruces, sin exceptuar ninguna y sin elegirlas: cualquier pobreza, cualquier injusticia, cualquier p\u00e9rdida, cualquier enfermedad, cualquier humillaci\u00f3n, cualquier contradicci\u00f3n, cualquier calumnia, cualquier sequedad, cualquier abandono, cualquier pena interior y exterior, diciendo siempre: \u00abMi coraz\u00f3n est\u00e1 firme, Dios m\u00edo, mi coraz\u00f3n est\u00e1 firme\u00bb (Sal 56,8; +107,2). Disponeos, pues, a ser abandonados por los hombres y los \u00e1ngeles, y hasta del mismo Dios; a ser perseguidos, envidiados, traicionados, calumniados, desprestigiados y abandonados por todos; a sufrir hambre, sed, mendicidad, desnudez, exilio, c\u00e1rcel, horca y toda clase de suplicios, aunque se\u00e1is inocentes de los cr\u00edmenes que se os imputan. Imaginaos, en fin, que despu\u00e9s de haber sido despojados de vuestros bienes y de vuestro honor, despu\u00e9s de haber sido expulsados de vuestra casa, como Job y Santa Isabel reina de Hungr\u00eda, se os tira al barro, como a esta santa, o se os arrastra a un estercolero, como a Job, hediondo y cubierto de llagas (Job 2,7-8), sin que se os d\u00e9 un trapo con que cubrir vuestras heridas, sin un trozo de pan, que no se niega a un caballo o a un perro, para comer, y que en medio de tales males extremos, Dios os abandona a todas las tentaciones de los demonios, sin aliviar vuestra alma con la menor consolaci\u00f3n sensible. <\/p>\n<p>Creedlo firmemente: ah\u00ed est\u00e1 la meta suprema de la gloria divina y de la felicidad verdadera para un verdadero y perfecto Amigo de la Cruz. <\/p>\n<p>11\u00ba Para ayudaros a sufrir bien, tomad la santa costumbre de considerar estas cuatro cosas: <\/p>\n<p>En primer lugar, la mirada de Dios que, como un gran rey en lo alto de una torre, mira en el combate a su soldado, complacido y alabando su valor. \u00bfQu\u00e9 mira Dios sobre la tierra? \u00bfA los reyes y emperadores en sus tronos? Con frecuencia no los mira sino con desprecio. \u00bfMira las grandes victorias de los ej\u00e9rcitos del Estado, las piedras preciosas, en una palabra, las cosas que los hombres consideran m\u00e1s grandes? Lo que es m\u00e1s estimable a los ojos de los hombres es abominable ante Dios (Lc 16,15). \u00bfQu\u00e9 es, pues, lo que mira con placer y gozo, y de qu\u00e9 pide noticias a los \u00e1ngeles y a los mismos demonios? -Dios mira al hombre que por \u00c9l lucha contra la fortuna, el mundo, el infierno, y contra s\u00ed mismo, al hombre que lleva con alegr\u00eda su cruz. \u00bfNo has visto sobre la tierra una maravilla inmensa, que todo el cielo contempla con admiraci\u00f3n?, dice el Se\u00f1or a Satan\u00e1s: \u00bfno te has fijado en mi siervo Job, que sufre por m\u00ed (Job 2,3)? <\/p>\n<p>En segundo lugar, considerad la mano de este Se\u00f1or poderoso, que permite todo el mal que nos sobreviene de la naturaleza, desde el mayor hasta el menor. La misma mano que aniquil\u00f3 un ej\u00e9rcito de cien mil hombres (+2Re 19,35) es la que hace caer la hoja del \u00e1rbol o el cabello de vuestra cabeza (+Lc 21,18). La mano que hiri\u00f3 tan duramente a Job (+Job 1,13-22; 2,7-10) es la misma que os roza suavemente con esa peque\u00f1a contrariedad. La misma mano que hace el d\u00eda y la noche, el sol y las tinieblas, el bien y el mal, es la que permite los pecados que os inquietan: no ha causado la malicia, pero ha permitido la acci\u00f3n. (&#8230;). <\/p>\n<p>Considerad que Dios, con una mano infinitamente poderosa y prudente os sostiene, mientras os hiere con la otra. Con una mano mortifica, con la otra vivifica; humilla y enaltece (Lc 1,52). Con sus dos brazos abarca por completo vuestra vida dulce y fuertemente (Sab 8,1): dulcemente, sin permitir que seais tentados y afligidos por encima de vuestras fuerzas (1Cor 10,13); fuertemente, pues os ayuda con una gracia poderosa, que corresponde a la fuerza y duraci\u00f3n de la tentaci\u00f3n y de la aflicci\u00f3n; fuertemente, s\u00ed, porque, como lo dice por el esp\u00edritu de su santa Iglesia, \u00c9l se hace \u00abvuestro apoyo junto al precipicio ante el que os hall\u00e1is, vuestro gu\u00eda si os extravi\u00e1is en el camino, vuestra sombra en el calor abrasador, vuestro vestido en la lluvia que os empapa y en el fr\u00edo que os hiela, vuestro veh\u00edculo en el cansancio que os agota, vuestro socorro en la adversidad que os abruma, vuestro bast\u00f3n en los pasos resbaladizos, y vuestro puerto en las tormentas que os amenazan con ruina y naufragio\u00bb [Breviario antiguo]. <\/p>\n<p>En tercer lugar, mirad las llagas y los dolores de Jes\u00fas crucificado. \u00c9l mismo os dice: \u00ab\u00a1vosotros, los que pas\u00e1is por el camino lleno de espinas y cruces por el que yo he pasado, mirad, fijaos! (Lam 1,12). Mirad con los ojos corporales y ved con los ojos de la contemplaci\u00f3n si vuestra pobreza y desnudez, vuestros desprecios, dolores y abandonos, son comparables con los m\u00edos. Miradme, a m\u00ed que soy inocente, y quejaos vosotros, que sois los culpables\u00bb. <\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo nos manda por boca de los Ap\u00f3stoles esa misma mirada a Jes\u00fas crucificado (G\u00e1l 3,1); nos ordena armarnos con este pensamiento (1Pe 4,1), arma m\u00e1s penetrante y terrible contra todos nuestros enemigos que todas las dem\u00e1s armas. Cuando os ve\u00e1is atacados por la pobreza, la abyecci\u00f3n, el dolor, la tentaci\u00f3n y las otras cruces, armaos con el pensamiento de Jesucristo crucificado, que ser\u00e1 para vosotros escudo, coraza, casco y espada de doble filo (Ef 6,11-18). En \u00e9l hallar\u00e9is la soluci\u00f3n de todas las dificultades y la victoria sobre cualquier enemigo. <\/p>\n<p>En cuarto lugar, mirad en el cielo la hermosa corona que os espera, si llev\u00e1is bien vuestra cruz. \u00c9sta es la recompensa que sostuvo a los patriarcas y profetas en su fe en medio de las persecuciones; y es la que ha animado a Ap\u00f3stoles y M\u00e1rtires en sus trabajos y tormentos. Preferimos, dicen los patriarcas con Mois\u00e9s, ser afligidos con el pueblo de Dios, para gozar eternamente con \u00e9l, a disfrutar moment\u00e1neamente de un placer culpable (+Heb 11,24-26). Soportamos grandes persecuciones en espera del premio, dicen los profetas con David (+Sal 68,8; Jer 15,15). Somos por nuestro sufrimientos como v\u00edctimas condenadas a muerte, como espect\u00e1culo para el mundo, para los \u00e1ngeles y los hombres, y somos como basura y anatema del mundo (1Cor 4,9.13), dicen los Ap\u00f3stoles y M\u00e1rtires con San Pablo, por el peso inmenso de gloria que nos prepara la moment\u00e1nea y ligera tribulaci\u00f3n (2Cor 4,17). <\/p>\n<p>Contemplemos sobre nuestra cabeza a los \u00e1ngeles que nos gritan: \u00abGuardaos de perder la corona se\u00f1alada con la cruz que se os ha dado, si la llev\u00e1is bien. Pues si no la llev\u00e1is como se debe, otro la llevar\u00e1 como conviene y os arrebatar\u00e1 el premio. Combatid valientemente, sufriendo con paciencia, nos dicen todos los santos, y recibir\u00e9is un reino eterno\u00bb (Mt 5,10-12; 11,12). Escuchemos, en fin, a Jesucristo, que nos dice: \u00abno dar\u00e9 yo mi premio sino a quien haya sufrido y vencido por su paciencia\u00bb (Ap 2,7.11.17.26-28; 3,5.12. 21; 21,7). <\/p>\n<p>Contemplemos abajo el lugar que hemos merecido, y que nos espera en el infierno con el mal ladr\u00f3n y los condenados, si como ellos sufrimos con protesta, despecho y venganza. Exclamemos con San Agust\u00edn: quema, Se\u00f1or, corta, poda, divide en esta vida, castigando mis pecados, con tal que me los perdones en la eternidad. <\/p>\n<p>12\u00ba Jam\u00e1s os quej\u00e9is voluntariamente, murmurando de las criaturas de que Dios se sirve para afligiros. Y distinguid en las penas tres modos de quejas: <\/p>\n<p>-La primera es involuntaria y natural: es la del cuerpo que gime y suspira, que se queja y llora, que se lamenta. Mientras el alma, como he dicho, est\u00e9 sometida a la voluntad de Dios en su parte superior, no hay en esto pecado alguno. <\/p>\n<p>-La segunda es razonable: nos quejamos y manifestamos nuestro mal a quienes pueden remediarlo, como al superior, al m\u00e9dico. Es una queja que pueda ser imperfecta si es demasiado ansiosa, pero en s\u00ed misma no es pecado. <\/p>\n<p>-La tercera es criminal: se da cuando nos quejamos al pr\u00f3jimo para evitar el mal que nos hace sufrir o para vengarnos, o cuando nos quejamos del dolor que padecemos, consintiendo en la queja y a\u00f1adi\u00e9ndole impaciencia y murmuraci\u00f3n. <\/p>\n<p>13\u00ba Nunca recib\u00e1is una cruz sin besarla humildemente con agradecimiento. Y si Dios en su bondad os favorece con alguna cruz de mayor peso, agradec\u00e9dselo de un modo especial y pedid a otros que hagan lo mismo. Seguid el ejemplo de aquella pobre mujer que, habiendo perdido en un pleito injusto todos sus bienes, con la \u00fanica moneda que le quedaba, encarg\u00f3 celebrar una misa para dar gracias a Dios por la buena suerte que le hab\u00eda deparado. <\/p>\n<p>14\u00ba Si quer\u00e9is haceros dignos de las cruces que os vendr\u00e1n sin vuestra participaci\u00f3n, y que son las mejores, procuraos algunas cruces voluntarias, con el consejo de un buen director. <\/p>\n<p>Por ejemplo; \u00bften\u00e9is en casa alg\u00fan mueble in\u00fatil al que est\u00e1is aficionados? Dadlo a los pobres, diciendo: \u00bfquisieras tener cosas superfluas, mientras Jes\u00fas es tan pobre? <\/p>\n<p>\u00bfOs repugna alg\u00fan alimento, ciertos actos de virtud, alg\u00fan mal olor? Probad, practicad, oled: venceos. <\/p>\n<p>\u00bfEst\u00e1is excesivamente apegados a alguna persona o a determinados objetos? Apartaos, privaos, alejaos de aquello que os halaga. <\/p>\n<p>\u00bfTen\u00e9is muchas ganas naturales de ver, de actuar, de aparecer, de ir a tal sitio? Deteneos, callaos, ocultaos, desviad vuestra mirada. <\/p>\n<p>\u00bfSent\u00eds natural repugnancia por un objeto o por una persona? Usadlo a menudo, frecuentad su trato: dominaos. <\/p>\n<p>Si de verdad sois Amigos de la Cruz, el amor, que es siempre ingenioso, os har\u00e1 encontrar muchas peque\u00f1as cruces, con las que os ir\u00e9is enriqueciendo sin daros cuenta y sin peligro de vanidad, que no pocas veces se mezcla con la paciencia cuando se llevan cruces m\u00e1s deslumbrantes. Y por haber sido fieles en lo poco, el Se\u00f1or, como lo prometi\u00f3, os constituir\u00e1 sobre lo mucho (Mt 25,21.23); es decir, sobre muchas gracias que os dar\u00e1, sobre muchas cruces que os enviar\u00e1, sobre mucho gloria que os preparar\u00e1&#8230;<\/p>\n<h2><span id=\"Dr_D_Isidro_Goma_y_Tomas\">Dr. D. Isidro Gom\u00e1 y Tom\u00e1s<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"El_Evangelio_Explicado_De_la_abnegacion_de_si_mismo\">El Evangelio Explicado: De la abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo<\/span><\/h3>\n<p class=\"rh\">Vol. II, Ed. Acervo, 6\u00aa ed., 1967, p. 231-234<\/p>\n<p class=\"st1\">\u00abSi alguno viene a m\u00ed y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a s\u00ed mismo, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo\u00bb (Lc 13,26)<\/p>\n<p><span class=\"st1\">Explicaci\u00f3n.-<\/span> <\/p>\n<p>Ind\u00edcanse en este fragmento las condiciones que se requieren para lograr el Reino de Dios: todas ellas se reducen a la abnegaci\u00f3n o renunciamiento de nosotros mismos, diametralmente opuesto al criterio de expansi\u00f3n y dominio que prevalec\u00eda entre los jud\u00edos. Pero tiene este renunciamiento diferentes denominaciones, seg\u00fan el aspecto psicol\u00f3gico bajo el que se les considere: son, por el valor en desprendernos de los nuestros y de los nuestro, siempre que pueda ser un estorbo para lograr el Reino de Dios (25- 27); la prudencia y resoluci\u00f3n en calcular el esfuerzo que ello deba costarnos (28- 33); y la perseverancia (34- 35). <\/p>\n<p>Abnegaci\u00f3n de afecciones y aceptaci\u00f3n de trabajos (25- 27).- Una turba numerosa sigui\u00f3, llena de entusiasmo, a Jes\u00fas a la salida de casa del fariseo: Y muchas gentes iban con \u00e9l, pero movidas tal vez por pensamientos demasiados humanos, presagiando quiz\u00e1 la gloria temporal del reino mesi\u00e1nico. El Se\u00f1or va a adoctrinar al pueblo sobre el verdadero concepto de su reino: Y, volvi\u00e9ndose, pues ir\u00eda a la cabeza del grupo, les dijo, vaciando en una met\u00e1fora de sentido moral el hecho material del seguimiento de las turbas: Si alguno viene a m\u00ed, y no me ama m\u00e1s que a su padre, y madre, y mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y a\u00fan m\u00e1s que a su propia vida, no puede ser mi disc\u00edpulo; la frase es hiperb\u00f3lica, y significa que debemos estar dispuestos al desamor de cuanto es m\u00e1s caro para nosotros si ello es obst\u00e1culo para el seguimiento de Cristo: incluso debemos posponer la vida al amor y por la causa de Cristo. La Vulgata traduce el verbo griego \u201cmisei\u201d por \u201codiar\u201d; seg\u00fan lexic\u00f3grafo tan eminente como el P. Zorell, dicho verbo equivale en este contexto a \u201cposponer\u201d, \u201camar menos\u201d.<\/p>\n<p>Ni solo debemos despegarnos de lo que queremos, sino que debemos abrazarnos con valor con las penas y trabajos de la vida: Y el que no lleva su cruz a cuestas, y viene en pos de m\u00ed, siguiendo las pisadas del Se\u00f1or, no puede ser mi disc\u00edpulo. As\u00ed, de un trazo, describe Jes\u00fas el ideal espiritual de su reino y destruye el vano concepto de un reino glorioso en la tierra. <\/p>\n<p>Prudente c\u00e1lculo del esfuerzo que exige el seguir a Jes\u00fas (28- 33).- Ni el amor de los seres queridos y de la propia vida, ni los trabajos, deben separarnos de Jes\u00fas; por ello, y para no incurrir en la responsabilidad de un rid\u00edculo de orden moral, antes de aceptar tan costosos sacrificios debemos considerar seriamente si somos de ello capaces: lo que demuestra el Se\u00f1or con dos breves y sugestivas par\u00e1bolas: Primera: La torre: Porque \u00bfqui\u00e9n de vosotros, queriendo edificar una torre, de las que se constru\u00edan en medio de los campos para poner en ella guardianes, no cuenta primero de asiento, con prolongados c\u00e1lculos, los gastos que son necesarios, viendo si tiene para acabarla? No sea que, despu\u00e9s que hubiere puesto el cimiento y no la pudiese acabar, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de \u00e9l, diciendo: Este hombre comenz\u00f3 a edificar, y no ha podido acabar. Es detalle de fina observaci\u00f3n popular. As\u00ed caer\u00e1 en rid\u00edculo, a\u00fan ante los enemigos de Cristo, aquel que, habi\u00e9ndole dado su nombre, le abandonare por miedo a los trabajos y persecuciones; la causa de Jes\u00fas no quiere cobardes: mejor es no empezar que abandonar torpemente lo comenzado. <\/p>\n<p>Segunda: El rey: O \u00bfqu\u00e9 rey queriendo salir a pelear con otro rey, no considera antes, de asiento, si podr\u00e1 salir con diez mil hombres a hacer frente al que viene contra \u00e9l con veinte mil? Es uno contra dos; la victoria no es imposible, pero es muy dif\u00edcil; preciso es pensarlo mucho antes no ponerse en situaci\u00f3n peor con la derrota, en que pierda quiz\u00e1 reino y libertad: De otra suerte, a\u00fan estando aquel lejos, env\u00edale su embajada pidi\u00e9ndole tratados de paz: sucumbir en un empe\u00f1o es peor que no tenerlo. Aplica Jes\u00fas las par\u00e1bolas en esta sentencia: Pues as\u00ed cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi disc\u00edpulo: piense, pues, gravemente el que quiere ser disc\u00edpulo de Jes\u00fas lo que se le exige y las fuerzas que tiene, para que no fracase rid\u00edculamente, como el de la torre y el rey. <\/p>\n<p><span class=\"st1\">Lecciones morales.-<\/span> <\/p>\n<p>a) v. 26.- Si alguno viene a m\u00ed, y no me ama m\u00e1s que a su padre&#8230;- Pero cabe preguntar, dice San Gregorio, \u00bfc\u00f3mo se puede mandar que aborrezcamos a nuestros padres y consangu\u00edneos, cuando se nos manda que amemos a los enemigos? Si examinamos el fondo del precepto, responde, ambas cosas podemos hacer, si distinguimos: amando a quienes est\u00e1n unidos a nosotros con parentesco carnal y a todos los que reconocemos como pr\u00f3jimos, y huyendo y aborreciendo a cuantos conozcamos ser nuestros adversarios en el seguimiento de los caminos de Dios; una especie de odio es no o\u00edr a quienes, siendo sabios seg\u00fan la carne, nos sugieren cosas perversas. Y \u00e9stas nos las pueden sugerir las personas m\u00e1s allegadas y queridas. <\/p>\n<p>b) v. 27.- Y el que no lleva su cruz a cuestas&#8230;- No que debamos cargar un madero sobre nuestros hombros, dice el Cris\u00f3stomo, sino que tengamos siempre la muerte ante nuestros ojos, como San Pablo, que \u201cmor\u00eda cada d\u00eda\u201d (1 Cor. 15, 31) y despreciaba la muerte. El cual, a\u00f1ade San Basilio, tomando la cruz anunciaba la muerte del Se\u00f1or, diciendo: \u201cEl mundo est\u00e1 crucificado para m\u00ed, y yo para el mundo\u201d (Gal. 6, 14). Lo cual hacemos nosotros tambi\u00e9n por el bautismo, en el cual el hombre viejo es crucificado, para que se destruya el cuerpo de pecado (Rom 6, 6). <\/p>\n<p>c) v. 30.- este hombre comenz\u00f3 a edificar, y no ha podido acabar.- No que desistiera voluntariamente del empe\u00f1o, sino obligado por la penuria de su caudal. \u00a1Cu\u00e1ntas veces hemos fracasado en nuestras empresas de orden espiritual por no haber calculado con prudencia las reservas de nuestra energ\u00eda! No hemos trabajado al comp\u00e1s de nuestras fuerzas, sino seg\u00fan el insano empuje de nuestros deseos, aunque laudables, y hemos tenido que ceder. Grandes pasos no pueden darse con cortas piernas, y tal vez hayamos querido llegar a metas demasiados lejanas: mortificaciones imprudentes, actos de virtud impremeditados, progresos excesivamente r\u00e1pidos; ha venido el cansancio, la desilusi\u00f3n, y hemos sucumbido. No nos carguemos con yugos insoportables. <\/p>\n<p>d) v. 33.- Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi disc\u00edpulo.- Con los anteriores ejemplos de la torre y del rey, no quiere significar el Se\u00f1or que es libre a cada uno de nosotros hacerse su disc\u00edpulo o no, como era libre el de la torre de poner o no los cimientos; sino que intenta ense\u00f1arnos la imposibilidad de agradar a Dios en medio de las cosas que distraen el alma y en las que peligra de sucumbir por la astucia del diablo. Por otra parte, a\u00f1ade San Beda, hay gran diferencia entre \u201crenunciar a todo\u201d y \u201cdejarlo todo\u201d; esto es propio de los pocos perfectos, y equivale a dejar los cuidados del mundo, no sea uno pose\u00eddo por el mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>25 Mucha gente acompa\u00f1aba a Jes\u00fas; \u00e9l se volvi\u00f3 y les dijo: 26 \u00abSi alguno viene a m\u00ed y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a s\u00ed mismo, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo. 27 Quien no &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-14-25-33-renuncia-a-todo-lo-que-se-ama-y-a-los-bienes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLc 14, 25-33: Renuncia a todo lo que se ama y a los bienes\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41528","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41528","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41528"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41528\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41528"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41528"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41528"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}