{"id":41539,"date":"2016-10-07T23:36:28","date_gmt":"2016-10-08T04:36:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-17-20-25-la-venida-del-reino-de-dios-el-dia-del-hijo-del-hombre-i\/"},"modified":"2016-10-07T23:36:28","modified_gmt":"2016-10-08T04:36:28","slug":"lc-17-20-25-la-venida-del-reino-de-dios-el-dia-del-hijo-del-hombre-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-17-20-25-la-venida-del-reino-de-dios-el-dia-del-hijo-del-hombre-i\/","title":{"rendered":"Lc 17, 20-25: La venida del Reino de Dios &#8211; El D\u00eda del Hijo del hombre (i)"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">20<\/span> Los fariseos le preguntaron: \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo va a llegar el reino de Dios?\u00bb. \u00c9l les contest\u00f3: \u00abEl reino de Dios no viene aparatosamente, <span class=\"versiculo\">21<\/span> ni dir\u00e1n: \u201cEst\u00e1 aqu\u00ed\u201d o \u201cEst\u00e1 all\u00ed\u201d, porque, mirad, el reino de Dios est\u00e1 en medio de vosotros\u00bb. <span class=\"versiculo\">22<\/span> Dijo a sus disc\u00edpulos: \u00abVendr\u00e1n d\u00edas en que desear\u00e9is ver un solo d\u00eda del Hijo del hombre, y no lo ver\u00e9is. <span class=\"versiculo\">23<\/span> Entonces se os dir\u00e1: \u201cEst\u00e1 aqu\u00ed\u201d o \u201cEst\u00e1 all\u00ed\u201d; no vay\u00e1is ni corr\u00e1is detr\u00e1s, <span class=\"versiculo\">24<\/span> pues como el fulgor del rel\u00e1mpago brilla de un extremo al otro del cielo, as\u00ed ser\u00e1 el Hijo del hombre en su d\u00eda. <span class=\"versiculo\">25<\/span> Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generaci\u00f3n. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Catena_Aurea_comentarios_de_los_Padres_de_la_Iglesia_por_versiculos\">Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por vers\u00edculos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Cirilo_in_Cat_graec_Patr\">San Cirilo, <i>in Cat graec. Patr<\/i><\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">20. <\/span>Como el Salvador mencionaba con frecuencia el reino de Dios en los discursos que dirig\u00eda a otros, se burlaban de El los fariseos. Por esto dice: <b><i>&#8220;Y pregunt\u00e1ndole los fariseos: \u00bfCu\u00e1ndo vendr\u00e1 el reino de Dios?&#8221;<\/i><\/b>, como si dijeran con tono irrisorio: antes que venga el reino de quien hablas te coger\u00e1 la muerte de la cruz. Pero el Se\u00f1or, manifestando su paciencia, en vez de devolver injuria con injuria, no desde\u00f1a responder a los que tan mal le trataban. Sigue, pues: <b><i>&#8220;Les respondi\u00f3 y dijo: El reino de Dios no vendr\u00e1 con muestra exterior&#8221;<\/i><\/b>, como diciendo: No pregunt\u00e9is acerca de la \u00e9poca en que el reino de Dios vendr\u00e1 por segunda vez.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">21. <\/span>Unicamente dice que servir\u00e1 para bien de todo hombre, aquello que a\u00f1ade: <b><i>&#8220;Porque el reino de Dios est\u00e1 dentro de vosotros&#8221;.<\/i><\/b> Esto es, en vuestras afecciones y en vuestro poder est\u00e1 el alcanzarlo; porque todo hombre que sea justificado por la fe y la gracia de Jesucristo y que est\u00e9 adornado con las virtudes, puede alcanzar el reino de los cielos.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">22. <\/span>Como el Se\u00f1or hab\u00eda dicho que el reino de Dios estaba en medio de ellos, quiso que sus disc\u00edpulos estuviesen dispuestos a ejercitar <b>la paciencia,<\/b> para que fortalecidos pudieran entrar en el reino de Dios. Les predice tambi\u00e9n que antes que El vuelva a venir del cielo al fin del mundo, vendr\u00e1 sobre ellos la persecuci\u00f3n. Por esto sigue: <b><i>&#8220;Y dijo a sus disc\u00edpulos: vendr\u00e1n d\u00edas&#8230;&#8221;<\/i><\/b>, dando a conocer que ser\u00e1 tan cruel la persecuci\u00f3n, que desear\u00e1n ver un s\u00f3lo d\u00eda suyo, es decir, de aquel tiempo en que a\u00fan trataban con Jesucristo. Y en verdad que los jud\u00edos afligieron al Salvador con muchos improperios e injurias, le amenazaron con apedrearle y muchas veces quisieron arrojarle de lo alto de un monte, pero todas estas cosas deber\u00edan considerarse como de menor importancia en comparaci\u00f3n a los mayores males que hab\u00edan de venir.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">23-25. <\/span>Los disc\u00edpulos del Salvador cre\u00edan que cuando fuese a Jerusal\u00e9n les dar\u00eda a conocer en seguida el reino de Dios. Teniendo en cuenta esta idea, les manifiesta que primero conven\u00eda que sufriese por nuestra salud los tormentos de la pasi\u00f3n, que despu\u00e9s subir\u00eda hasta el Padre y que resplandecer\u00eda para juzgar a todo el mundo en su justicia. Por esto a\u00f1ade: <b><i>&#8220;Mas primero es menester que El padezca mucho y que sea reprobado de esta generaci\u00f3n&#8221;.<\/i><\/b><\/p>\n<h2><span id=\"Beda\">Beda<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">20-21. <\/span>Este tiempo no puede conocerse ni por los hombres ni por los \u00e1ngeles, como el de la encarnaci\u00f3n, que fue anunciado por los vaticinios de los profetas y la voz de los \u00e1ngeles. Por esto a\u00f1ade: <b><i>&#8220;Ni dir\u00e1n: Helo aqu\u00ed o helo all\u00ed&#8221;.<\/i><\/b> O de otro modo: Preguntan por el tiempo del reino de Dios, porque (como se dice m\u00e1s adelante) cre\u00edan que viniendo el Se\u00f1or a Jerusal\u00e9n en seguida se dar\u00eda a conocer su reino. Por esto el Se\u00f1or responde que el reino de Dios no vendr\u00e1 dando muestras exteriores.<\/p>\n<p>O dice que el reino de Dios es El mismo, colocado en medio de ellos, esto es, reinando en sus corazones por la fe.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">22-23. <\/span>O bien llama <b><i>d\u00eda de Cristo<\/i><\/b> a su reino futuro, que esperamos. Y dice muy bien un solo d\u00eda, porque en la gloria de la felicidad no tendr\u00e1n cabida las tinieblas. Bueno es desear el d\u00eda de Cristo, pero no debemos dejarnos llevar hacia ilusiones y sue\u00f1os por nuestro gran deseo, creyendo que el d\u00eda del Se\u00f1or est\u00e1 pr\u00f3ximo. Por esto sigue: <b><i>&#8220;Y os dir\u00e1n vedle aqu\u00ed, No quer\u00e1is ir&#8221;.<\/i><\/b><\/p>\n<p><span class=\"cv\">24. <\/span>Y bellamente dice: <b><i>&#8220;relumbrando bajo el cielo&#8221;,<\/i><\/b> porque el juicio se celebrar\u00e1 debajo del cielo, esto es, en los aires, seg\u00fan aquellas palabras del Ap\u00f3stol (1Tes 4,16): <i>&#8220;Seremos arrebatados con ellos hasta las nubes en presencia de Jesucristo en los aires&#8221;.<\/i> Por tanto, si el Se\u00f1or ha de aparecer en el juicio como un rayo, nadie podr\u00e1 ocultarse ni aun en conciencia, porque el resplandor del juez lo penetrar\u00e1 todo. Puede tambi\u00e9n referirse esta contestaci\u00f3n del Salvador a la venida con la que todos los d\u00edas se presenta en su Iglesia. Y como los herejes hab\u00edan de perturbar muchas veces la Iglesia entre tanto, diciendo que su doctrina era la verdadera fe de Jesucristo, han deseado los fieles de aquel tiempo que el Se\u00f1or volviese a la tierra por un d\u00eda -si pudiera ser- y declarase por s\u00ed mismo cu\u00e1l era la verdadera fe. <b><i>&#8220;Y no le ver\u00e9is&#8221;,<\/i><\/b> dijo, porque no necesita el Se\u00f1or venir otra vez en cuerpo visible para manifestar espiritualmente con la verdad del Evangelio lo que ya hizo una vez extendi\u00e9ndolo y difundi\u00e9ndolo por todo el mundo.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">25. <\/span>As\u00ed llama no s\u00f3lo a la de los jud\u00edos, sino tambi\u00e9n a la de todos los r\u00e9probos, de quienes hab\u00eda de <b>sufrir mucho y ser reprobado<\/b> ahora el Hijo del hombre en su cuerpo (esto es, en la Iglesia). Contin\u00faa habl\u00e1ndoles de su pasi\u00f3n y de la gloria de su venida, para calmar los tormentos de su pasi\u00f3n con la promesa de su gloria y tambi\u00e9n para que se preparasen y no temiesen a la muerte, si deseaban la gloria de su reino.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_Niceno_De_proposito_secundum_Deum_sive_De_scopo_Christiani\">San Gregorio Niceno, <i>De proposito secundum Deum, sive De scopo Christiani<\/i><\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">21. <\/span>Da conocer que <b>el reino de los cielos est\u00e1 en nosotros,<\/b> para manifestar la alegr\u00eda que produce en nuestras almas el Esp\u00edritu Santo. Ella es como la imagen y el testimonio de la constante alegr\u00eda que disfrutan las almas de los santos en la otra vida.<\/p>\n<h2><span id=\"Teofilatus\">Teofilatus<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">22. <\/span>Entonces viv\u00edan sin cuidados, porque Jesucristo cuidaba de ellos y los proteg\u00eda, pero hab\u00eda de suceder que cuando Jesucristo estuviese ausente, <b>se ver\u00edan expuestos a toda clase de peligros,<\/b> ser\u00edan llevados ante los reyes y los jueces y entonces desear\u00edan aquel tiempo y lo recordar\u00edan como tranquilo.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Eusebio\">San Eusebio<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">23-24. <\/span>Como diciendo: Si cuando venga el Anticristo, llega a ser tan grande su fama como si fuere Jesucristo quien hubiere aparecido, no salg\u00e1is ni le sig\u00e1is, porque es imposible que aqu\u00e9l que fue visto en la tierra una vez, vuelva a verse en la estrechez de ella. Por tanto, \u00e9ste ser\u00e1 aqu\u00e9l de quien se dice: no es el verdadero Cristo. La se\u00f1al manifiesta de la segunda venida de nuestro Salvador lo es que el brillo que acompa\u00f1ar\u00e1 a su venida, llenar\u00e1 de repente el mundo entero. Por esto sigue: <b><i>&#8220;Porque como el rel\u00e1mpago, que relumbrando en la regi\u00f3n inferior del cielo resplandece por todas partes, as\u00ed tambi\u00e9n ser\u00e1 el Hijo del hombre&#8230;&#8221;,<\/i><\/b> Por tanto, no aparecer\u00e1 andando sobre la tierra como un hombre com\u00fan (o vulgar), sino que brillar\u00e1 sobre todos nosotros por todas partes, manifestando a todos la grandeza de su divinidad.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"Tomas_de_Kempis\">Tom\u00e1s de Kempis<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Imitacion_de_Jesucristo_Permanecer_en_el_Reino_de_Dios\">Imitaci\u00f3n de Jesucristo: Permanecer en el Reino de Dios.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Libro II, c. 1, 2-3<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl Reino de Dios est\u00e1 dentro de vosotros\u00bb (Lc 17,21).<\/p>\n<p>\u201cEl Reino de Dios est\u00e1 en medio de vosotros\u201d (Lc 17,21), dice el Se\u00f1or. \u00a1Convi\u00e9rtete de todo coraz\u00f3n a Dios, olvida el mundo y tu alma encontrar\u00e1 el reposo! Ea, pues, alma fiel  prepara tu coraz\u00f3n a este Esposo para que quiera venirse a ti, y hablar contigo.  Porque \u00c9l dice as\u00ed: <i>\u00abSi alguno me ama, guardar\u00e1 mi palabra, y vendremos a \u00e9l, y  haremos en \u00e9l nuestra morada\u00bb<\/i> (Jn 14,23). Da, pues, lugar a Cristo, y a todo lo  dem\u00e1s cierra la puerta. Si a Cristo tuvieres estar\u00e1s rico, y te bastar\u00e1. \u00c9l ser\u00e1 tu fiel procurador, y te proveer\u00e1 de todo, de manera que no tendr\u00e1s necesidad de esperar  en los hombres. Porque los hombres se mudan f\u00e1cilmente, y desfallecen en breve;  pero <i>\u00abJesucristo permanece para siempre\u00bb<\/i> (Jn 12,34), y est\u00e1 firme hasta el fin. \u00a1Aprende, ante todo, a recogerte en tu interior y ver\u00e1s que el reino de Dios viene a ti! Porque el reino de Dios es \u201cpaz y gozo en el Esp\u00edritu Santo\u201d (Rm 14,17).<\/p>\n<p>Esta alegr\u00eda no se da a los hombres sin fe. Cristo viene a ti y te har\u00e1 experimentar su consuelo si le has preparado dentro de ti una morada digna de \u00e9l. \u201cYa entra la princesa, bell\u00edsima&#8230;\u201d (Sal 44,14) Le gusta habitar en el interior. Al hombre interior, Dios le concede frecuentes visitas, conversaciones y consuelos, una gran paz y una familiaridad que confunde. Ea, pues, \u00a1prep\u00e1rate para que se digne habitar en tu interior! Porque \u201cel que me ama, se mantendr\u00e1 fiel a mis palabras. Mi Padre lo amar\u00e1, y mi Padre y yo vendremos a \u00e9l y haremos morada en \u00e9l.\u201d (Jn 14,23).<\/p>\n<p>No hay que poner mucha confianza en el hombre fr\u00e1gil y mortal aunque sea  \u00fatil y bien querido, ni has de tomar mucha pena si alguna vez fuere contrario o no  te atiende. Los que hoy son contigo, ma\u00f1ana te pueden contradecir, y al contrario;  porque muchas veces se vuelven como el viento. Pon en Dios toda tu esperanza, y  sea \u00c9l tu temor y tu amor. \u00c9l responder\u00e1 por ti, y lo har\u00e1 bien, como mejor  convenga.<\/p>\n<p><i>\u00abNo tienes aqu\u00ed domicilio permanente\u00bb<\/i> (Hb 13,14). Dondequiera que  estuvieres, ser\u00e1s <i>\u00abextra\u00f1o y peregrino\u00bb<\/i> (Hb 11,13), y no tendr\u00e1s nunca reposo, si  no estuvieres \u00edntimamente unido a Cristo.<\/p>\n<h2><span id=\"Santa_Teresa_del_Nino_Jesus_carmelita_descalza_doctora_de_la_Iglesia\">Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas, carmelita descalza, doctora de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Escritos_Reconocer_dentro_la_presencia_de_Cristo\">Escritos: Reconocer dentro la presencia de Cristo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Manuscrito A, 83 v\u00ba.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl reino de Dios no viene aparatosamente\u00bb (Lc 17,20).<\/p>\n<p>Lo que me sostiene en la oraci\u00f3n es, por encima de todo, el evangelio; hallo en \u00e9l todo lo que necesita mi pobrecita alma. Siempre descubro en \u00e9l luces nuevas, sentidos ocultos y misteriosos&#8230;<\/p>\n<p>Comprendo y s\u00e9 por experiencia, que el reino de Dios est\u00e1 dentro de nosotros. Jes\u00fas no tiene necesidad de libros ni de doctores para instruir a las almas; \u00e9l, el doctor de los doctores, ense\u00f1a sin ruido de palabras&#8230;Nunca le he o\u00eddo hablar, pero s\u00e9 que est\u00e1 dentro de m\u00ed. Me gu\u00eda y me inspira a cada instante lo que debo decir o hacer. Descubro, justamente en el momento en que las necesito, luces que hasta entonces no hab\u00eda visto. Y las m\u00e1s de las veces estas ilustraciones no son m\u00e1s abundantes precisamente en la oraci\u00f3n, sino m\u00e1s bien en medio de las ocupaciones del d\u00eda&#8230;<\/p>\n<h2><span id=\"Origenes_presbitero\">Or\u00edgenes, presb\u00edtero<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Tratado_Venga_tu_reino\">Tratado: Venga  tu reino.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Tratado sobre la oraci\u00f3n, 25; GCS 3, 356.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl reino de Dios est\u00e1 en medio de nosotros y dentro de nosotros\u00bb (cf. Lc 17,21).<\/p>\n<p>Como dice nuestro Se\u00f1or y Salvador: \u00abel reino de Dios no vendr\u00e1 espectacularmente, ni anunciar\u00e1n que est\u00e1 aqu\u00ed o est\u00e1 all\u00ed, sino que el reino de Dios est\u00e1 dentro de nosotros\u00bb, pues \u00abla Palabra est\u00e1 cerca de nosotros, en los labios y en el coraz\u00f3n\u00bb (Dt 30,14). Cuando pedimos que venga el reino de Dios, lo que pedimos es que este reino de Dios, que est\u00e1 dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que estos se someten a su ley espiritual, y as\u00ed Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta est\u00e1 presente el Padre, y Cristo reina en ella, junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: \u00abVendremos a \u00e9l y haremos morada en \u00e9l\u00bb (Jn 14,23).<\/p>\n<p>Este reino de Dios que est\u00e1 dentro de nosotros llegar\u00e1, con nuestra cooperaci\u00f3n, a su plena perfecci\u00f3n cuando se realice lo que dice el ap\u00f3stol Pablo, esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a \u00e9l todos sus enemigos, entregue \u00aba Dios Padre su reino, y as\u00ed Dios lo ser\u00e1 todo para todos\u00bb (1Co 15,28). Por esto, Rogando incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acci\u00f3n del Verbo, digamos a nuestro Padre que est\u00e1 en los cielos: \u00abSantificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino\u00bb (Mt 6,9).<\/p>\n<h2><span id=\"Isaac_el_Sirio_monje\">Isaac el Sirio, monje<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermon_Signos_del_Reino_en_nosotros\">Serm\u00f3n: Signos del Reino en nosotros.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Sermones asc\u00e9ticos, 1\u00aa serie.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abComo el fulgor del rel\u00e1mpago brilla de un extremo al otro del cielo, as\u00ed ser\u00e1 el Hijo del hombre en su d\u00eda\u00bb (Lc 17,24).<\/p>\n<p>Los demonios temen, pero Dios y sus \u00e1ngeles desean el hombre que con fervor busca a Dios en su coraz\u00f3n d\u00eda y noche, y echa lejos de \u00e9l las agresiones del enemigo. El pa\u00eds espiritual de este hombre puro en su alma est\u00e1 dentro de \u00e9l: el sol que en \u00e9l brilla es la luz de la Santa Trinidad; el aire que respiran los pensamientos que le habitan es el Santo Esp\u00edritu consolador. Y los santos \u00e1ngeles est\u00e1n siempre con \u00e9l. Su vida, su gozo, su alegr\u00eda es Cristo, luz de la luz del Padre. Un tal hombre se alegra constantemente al contemplar su alma, y se maravilla de la belleza que ve en ella, cien veces m\u00e1s luminosa que el resplandor del Sol.<\/p>\n<p>Es Jerusal\u00e9n. Y es \u00abel Reino de Dios escondido dentro de nosotros\u00bb seg\u00fan la palabra del Se\u00f1or. Este pa\u00eds es la nube de la gloria de Dios, en la que s\u00f3lo entrar\u00e1n los corazones puros para contemplar el rostro de su Se\u00f1or (Mt 5,8), y su entendimiento ser\u00e1 iluminado por los rayos de su luz.<\/p>\n<h2><span id=\"Beato_John_Henry_Newman\">Beato John Henry Newman<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermon_Dios_cumple_su_promesa\">Serm\u00f3n: Dios cumple su promesa.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n \u00abEl mundo invisible\u00bb, PPS vol. 4, n\u00ba 13.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl reino de Dios est\u00e1 dentro de vosotros\u00bb (Lc 17,21).<\/p>\n<p>\u00bfLe es dif\u00edcil a la fe admitir las palabras de la Escritura que se refieren a nuestras relaciones con un mundo superior a nosotros?&#8230; Este mundo espiritual est\u00e1 presente aunque es invisible; es ya presente, no s\u00f3lo futuro, y no nos es distante. No est\u00e1 por encima del cielo ni m\u00e1s all\u00e1 del sepulcro; est\u00e1 presente ahora y aqu\u00ed: \u00abEl reino de Dios est\u00e1 dentro de nosotros\u00bb. Es san Pablo que habla de \u00e9l: \u00abNo nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno\u00bb (2 Co 4,18)&#8230;<\/p>\n<p>As\u00ed es el reino de Dios escondido; y de la misma manera que ahora est\u00e1 escondido, de esta misma manera ser\u00e1 revelado en el momento oportuno. Los hombres creen ser los amos del mundo y que pueden hacer de \u00e9l lo que quieran. Creen ser sus propietarios y poseer un poder sobre su curso&#8230; Pero este mundo est\u00e1 habitado por los sencillos de Cristo a quienes desprecian y por sus \u00e1ngeles en quienes no creen. \u00c9stos son los que tomar\u00e1n posesi\u00f3n de \u00e9l cuando se manifestar\u00e1n. Por ahora \u00abtodas las cosas\u00bb aparentemente \u00abcontin\u00faan tal como eran desde el principio de la creaci\u00f3n\u00bb y los que se burlan de \u00e9l preguntan: \u00bfD\u00f3nde queda la promesa de su venida?\u00bb (2Pe 3,4). Pero en el tiempo se\u00f1alado habr\u00e1 una \u00abmanifestaci\u00f3n de los hijos de Dios\u00bb y los santos escondidos \u00abbrillar\u00e1n como el sol en el Reino de su Padre\u00bb (Rm 8,19; Mt 13,43).<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de los \u00e1ngeles a los pastores fue de manera s\u00fabita: \u00abDe pronto, en torno al \u00e1ngel, apareci\u00f3 una legi\u00f3n del ej\u00e9rcito celestial\u00bb (Lc 2,13). Inmediatamente antes la noche era igual a otra noche cualquiera \u2013los pastores vigilaban sus reba\u00f1os- y observaban el curso de la noche: las estrellas segu\u00edan su curso; era medianoche; de ninguna manera esperaban semejante cosa cuando se les apareci\u00f3 el \u00e1ngel. As\u00ed son el poder y la fuerza escondida en las cosas visibles. Se manifiestan cuando Dios lo quiere.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Casiano_abad\">San Juan Casiano, abad<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_Que_reine_Dios_en_el_santuario_de_nuestra_alma\">Homil\u00eda: Que reine Dios en el santuario de nuestra alma.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Conferencia 1, SC 42.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl Reino de Dios entre nosotros y dentro de nosotros\u00bb (Lc 17,21).<\/p>\n<p>Seg\u00fan nuestro juicio, ser\u00eda una impureza apartarnos, ni que fuera por un momento, de la contemplaci\u00f3n de Cristo. Cuando nuestra atenci\u00f3n se ha desviado en algo de este divino objeto, volvamos a \u00e9l los ojos de nuestro coraz\u00f3n y conduzcamos la direcci\u00f3n de nuestra mirada interior hacia \u00e9l. Todo yace en le santuario profundo del alma. Cuando el diablo ha sido expulsado de all\u00ed y los vicios ya no tienen poder  en ella, se establece  en nosotros el Reino de Dios. Pero, el \u201cReino de Dios\u201d, dice el evangelista, no viene de manera ostentosa que se pueda percibir con los ojos&#8230; En verdad, el Reino de Dios est\u00e1 dentro de vosotros (cf Lc 17,20-21).<\/p>\n<p>En nosotros no pueden habitar a la vez el conocimiento y la ignorancia de la verdad, el amor al vicio y a la virtud. Por lo tanto, somos nosotros quienes damos el poder sobre nuestra coraz\u00f3n o al demonio o a Cristo.<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol, a su vez, describe as\u00ed la naturaleza de este Reino: \u201cPorque el reino de Dios no consiste en lo que se come o en lo que se bebe; consiste en la fuerza salvadora, en la paz y la alegr\u00eda que proceden del Esp\u00edritu Santo.\u201d (Rm 14,17) Si, pues, el Reino de Dios est\u00e1 dentro de nosotros mismos, y si consiste en la justicia, la paz y la alegr\u00eda, todos los que viven practicando estas virtudes est\u00e1n, sin duda, en el Reino de Dios&#8230; Levantemos la mirada de nuestra alma hacia el Reino que es gozo sin fin.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Francisco_de_Sales_obispo\">San Francisco de Sales, obispo<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermon_Dios_reina_tambien_en_la_afliccion\">Serm\u00f3n: Dios reina tambi\u00e9n en la aflicci\u00f3n.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n. IX, 287.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abComo el rayo relampaguea de un extremo a otro del cielo, as\u00ed ser\u00e1 el Hijo del Hombre en su d\u00eda\u00bb (Lc 17,24).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo es posible, me dec\u00eds, que el Se\u00f1or est\u00e9 conmigo y me veo rodeado de toda clase de aflicciones&#8230;; que el Se\u00f1or sea el Dios de la paz y estoy en guerra y en turbaci\u00f3n&#8230;? <\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo se enga\u00f1an los hombres y el mundo si creen que donde est\u00e1 el Se\u00f1or no puede haber penas y aflicciones, sino que solamente abunda la consolaci\u00f3n! <\/p>\n<p>Esto no es as\u00ed, al contrario, en la aflicci\u00f3n y en la tribulaci\u00f3n es cuando Dios est\u00e1 m\u00e1s cerca de nosotros, pues es entonces cuando tenemos m\u00e1s necesidad de su protecci\u00f3n y su socorro. <\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or se lo quiso ense\u00f1ar as\u00ed a sus Ap\u00f3stoles mediante una se\u00f1al cierta: que la paz se asegura mediante llagas y sufrimientos. Como diciendo: \u00bfQu\u00e9 os pasa? Bien veo, Ap\u00f3stoles m\u00edos, que est\u00e1is temerosos y con miedo. Hab\u00e9is tenido motivos de temor hace unos d\u00edas cuando me visteis azotado (o mejor, lo o\u00edsteis decir, pues todos me abandonasteis excepto uno que me fue fiel). Supisteis que fui golpeado, coronado de espinas y colgado de la cruz. <\/p>\n<p>Pero ahora ya no ten\u00e9is que temer; que la paz est\u00e9 en vuestro coraz\u00f3n, pues Yo he salido victorioso, derribando a todos mis adversarios. <\/p>\n<p>No teng\u00e1is miedo, Yo he hecho las paces entre mi Padre celestial y los hombres y en el Sacrificio que he ofrecido a la Bondad divina, se ha cumplido esta santa reconciliaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Yo soy pobre, nada tengo. Sab\u00e9is que mi grandeza consiste, no en la posesi\u00f3n de bienes terrenales, que en toda mi vida no los tuve. Mi riqueza es la paz y \u00e9se es el legado que os hago. <\/p>\n<p>Lo que Yo doy a los que me son m\u00e1s queridos es la paz.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_13-05-1988_Cristo_en_medio_de_nosotros_en_la_Eucaristia\">Homil\u00eda (13-05-1988): Cristo en medio de nosotros en la Eucarist\u00eda.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">5\u00ba Congreso Eucar\u00edstico, Lima, 13-5-1988<\/p>\n<p>&#8230; 2. Est\u00e1 en medio de nosotros el mismo Cristo crucificado y resucitado. Est\u00e1 con nosotros Aquel que en el Cen\u00e1culo <i>\u00abtom\u00f3 el pan&#8230; y dijo: \u201cEsto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros&#8230;\u201d. Lo mismo hizo con el c\u00e1liz, despu\u00e9s de cenar, diciendo: \u201cEste es el c\u00e1liz de la nueva alianza sellada con mi sangre\u201d\u00bb<\/i> (1Co 11, 23-25).  El Cuerpo y la Sangre de Cristo. Jes\u00fas crucificado que se ofrece en sacrificio por los pecados del mundo. Jes\u00fas que, en la agon\u00eda, entrega al Padre su esp\u00edritu (cf Lc 23, 46). Cristo, el gran Sacerdote, el Sacerdote del sacrificio de su propio Cuerpo y de su propia Sangre que ofrece al Padre.<\/p>\n<p>Cristo crucificado y Cristo resucitado. Tanto este Sacrificio como este Sacerdote son perennes. Perduran en este mundo a\u00fan despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n del Se\u00f1or. <i>\u201cPor eso, cada vez que com\u00e9is de este pan y beb\u00e9is de este c\u00e1liz, proclam\u00e1is la muerte del Se\u00f1or, hasta que vuelva\u201d<\/i> (1Co 11, 26),  nos recuerda el Ap\u00f3stol San Pablo.<\/p>\n<p>Proclam\u00e1is la muerte del Se\u00f1or en todas partes, en todos los lugares de la tierra, en todos los pa\u00edses bolivarianos, en toda la Am\u00e9rica Latina. Y la muerte del Se\u00f1or quiere decir precisamente esto: la verdad del Emmanuel. Dios est\u00e1 con nosotros mediante el sacrificio de su Hijo hecho obediente hasta la muerte. El est\u00e1 presente en medio de nosotros de modo salv\u00edfico. Est\u00e1 con nosotros como Redentor del mundo.<\/p>\n<p>&#8230;3. <i>\u201cPorque Dios es el Rey del mundo&#8230; \/ Dios reina sobre las naciones, \/ Dios se sienta en su trono sagrado\u201d<\/i> (Sal 47 [46], 8-9). S\u00ed, todas las criaturas piden a Dios que est\u00e9 con ellas como Creador y Se\u00f1or. Y sin embargo su trono sobre la tierra es la cruz en el Calvario, donde su Cuerpo ha sido entregado a la muerte y su Sangre ha sido derramada por los pecados del mundo. Y su trono es la Eucarist\u00eda: el pan y el vino como especies del sacrificio redentor de la presencia salv\u00edfica del Emmanuel.<\/p>\n<p>4. Por eso, estamos alrededor de este sacramento admirable.<\/p>\n<p>&#8230; A la Eucarist\u00eda hemos de asociar toda nuestra vida y la vida de los hombres del mundo entero. El pan, <i>\u201cfruto de la tierra y del trabajo del hombre\u201d<\/i>, y el vino, <i>\u201cfruto de la vid y del trabajo del hombre\u201d<\/i>, simbolizan que todo lo bueno que llevamos en nosotros mismos y todo nuestro trabajo pueden convertirse en ofrenda y en alabanza a Dios.<\/p>\n<p>De esta manera, la instauraci\u00f3n del reino de los cielos comienza a hacerse realidad ya en la tierra. Dios quiere contar con nuestra colaboraci\u00f3n unida a estas ofrendas. Mediante la Eucarist\u00eda, Sacrificio del Cuerpo y de la Sangre del Se\u00f1or, los bienes de esta tierra sirven para instaurar el reino definitivo. El pan y el vino <i>\u201cson transformados misteriosa aunque real y sustancialmente, por obra del Esp\u00edritu Santo y de las palabras del ministro, en el Cuerpo y la Sangre del Se\u00f1or Jesucristo, Hijo de Dios y Hijo de Mar\u00eda\u201d<\/i> (Sollicitudo rei socialis, 48).  El Se\u00f1or asume en S\u00ed mismo todo lo que nosotros hemos aportado y se ofrece y nos ofrece al Padre <i>\u201cen la renovaci\u00f3n de su \u00fanico sacrificio, que anticipa el reino de Dios y anuncia su venida final\u201d<\/i> (Ib\u00edd.). <\/p>\n<p>5. Cristo se queda en medio de vosotros. No s\u00f3lo durante la Misa, sino tambi\u00e9n despu\u00e9s, bajo las especies reservadas en el Sagrario. Y el culto eucar\u00edstico se extiende a todo el d\u00eda, sin que se limite a la celebraci\u00f3n del Sacrificio. Es un Dios cercano, un Dios que nos espera, un Dios que ha querido permanecer con nosotros. Cuando se tiene fe en esa presencia real, \u00a1qu\u00e9 f\u00e1cil resulta estar junto a El, adorando al Amor de los amores!, \u00a1qu\u00e9 f\u00e1cil es comprender las expresiones de amor con que a lo largo de los siglos los cristianos han rodeado la Eucarist\u00eda!<\/p>\n<p>&#8230;6. Pero Jes\u00fas no s\u00f3lo quiere permanecer con nosotros; quiere darnos la fuerza para entrar en su reino. <i>\u201cNo todo el que me diga: \u201cSe\u00f1or, Se\u00f1or\u201d entrar\u00e1 en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial\u201d<\/i>(Mt 7, 21). Cristo, que ha cumplido la voluntad de su Padre <i>\u201chasta la muerte y muerte de cruz\u201d<\/i> (Flp 2, 8),  nos hace part\u00edcipes, de su fidelidad, mediante la Eucarist\u00eda. A trav\u00e9s de ella nos da la fuerza que hace posible cumplir la voluntad de Dios, por la que entramos en el reino de los cielos. Cristo quiere ser nuestro alimento. <i>\u201cTomad y comed, \u00e9ste es mi Cuerpo\u201d<\/i> (Mt 26, 26),  nos dice a nosotros como dijo a sus disc\u00edpulos el d\u00eda de Jueves Santo. Es el misterio del amor, que exige de nuestra parte una respuesta de amor. Por eso hemos de recibirlo siempre dignamente, con el alma en gracia, habi\u00e9ndonos purificado antes, cuando lo necesitemos, mediante el sacramento de la penitencia. <i>\u201cQuien como el Pan o beba el C\u00e1liz del Se\u00f1or indignamente \u2013nos dice el Ap\u00f3stol San Pablo\u2013 ser\u00e1 reo del Cuerpo y de la Sangre del Se\u00f1or\u201d<\/i> (1Co 11, 27).  Y lo recibiremos con la mayor frecuencia posible como manifestaci\u00f3n de nuestro amor, de nuestro deseo de asemejarnos a El y ser verdaderos disc\u00edpulos suyos en el servicio a nuestros hermanos.<\/p>\n<p>Emmanuel, Dios con nosotros, Dios dentro de nosotros es como un anticipo de la uni\u00f3n con Dios que tendremos en el cielo. Cuando lo recibimos con las debidas disposiciones se refuerza, por as\u00ed decir, la inhabitaci\u00f3n de la Trinidad en nuestra alma, la percibimos m\u00e1s \u00edntimamente. Al comulgar podemos escuchar de nuevo a Cristo que nos dice <b><i>\u201cel reino de los cielos ya est\u00e1 entre vosotros\u201d<\/i><\/b> (Lc 17, 21). <\/p>\n<p>Recordamos, al mismo tiempo, que su reino, aunque ya incoado en el tiempo presente, no es de este mundo (cf. Jn 18, 36). Su reino es el <i>\u201creino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz\u201d<\/i> (\u00abPraefatio\u00bb in sollemnitate Domini Nostri Iesu Christi Universorum Regis). Es el reino a donde va a prepararnos un lugar y al que nos llevar\u00e1 cuando nos lo haya preparado (cf. Jn 14, 2-3),  si le hemos sido fieles. De esta manera, sabremos rechazar la tentaci\u00f3n del mesianismo terreno: la tentaci\u00f3n de reducir la misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia a una liberaci\u00f3n exclusivamente temporal. <i>\u201cLa Iglesia quiere el bien del hombre en todas sus dimensiones: en primer lugar como miembro de la ciudad de Dios y luego como miembro de la ciudad terrena\u201d<\/i> (Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Libertatis Conscientia, 63).  Por eso, ense\u00f1a que <i>\u201cla liberaci\u00f3n m\u00e1s radical, que es la liberaci\u00f3n del pecado y de la muerte, se ha cumplido por medio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo\u201d<\/i> (Ib\u00edd. 22). <\/p>\n<p>7. <i>\u201cCada vez que com\u00e9is de este Pan y beb\u00e9is de este c\u00e1liz,<\/i> \u2013acabamos de escuchar en la liturgia\u2013 <i>proclam\u00e1is la muerte del Se\u00f1or, hasta que vuelva\u201d<\/i> (1Co 11, 26). <\/p>\n<p>Cada vez que participamos de la Eucarist\u00eda nos unimos m\u00e1s a Cristo y, en El, a todos los hombres, con un vinculo m\u00e1s perfecto que toda uni\u00f3n natural. Y, unidos, nos env\u00eda al mundo entero para dar testimonio del amor de Dios mediante la fe y las obras de servicio a los dem\u00e1s, preparando la venida de su reino y anticip\u00e1ndolo en las sombras del tiempo presente. Descubrimos, tambi\u00e9n, el sentido profundo de nuestra acci\u00f3n en el mundo a favor del desarrollo y de la paz, y recibimos de El las energ\u00edas para empe\u00f1arnos en esa misi\u00f3n cada vez con m\u00e1s generosidad (Sollicitudo rei socialis, 48).  Construimos as\u00ed una nueva civilizaci\u00f3n: la civilizaci\u00f3n del amor. Una civilizaci\u00f3n que, aqu\u00ed en el Per\u00fa, han contribuido a forjar almas escogidas como Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa de Lima, San Mart\u00edn de Porres, San Francisco Solano, San Juan Mac\u00edas, la beata Ana de los \u00c1ngeles y tantos otros cristianos ejemplares, que mediante el testimonio de sus vidas y con sus obras de caridad nos han dejado un camino luminoso de aut\u00e9ntico amor preferencial a los pobres desde el Evangelio. Una civilizaci\u00f3n que, sobre esa base de amor a la persona que est\u00e1 cerca de nosotros \u2013nuestro pr\u00f3jimo\u2013, transformar\u00e1 las estructuras y el mundo entero.<\/p>\n<p>&#8230; 9. La Eucarist\u00eda que hoy celebramos aqu\u00ed es sacramento de la misi\u00f3n, del env\u00edo. De ella nace la misi\u00f3n de todos: de los obispos, de los sacerdotes, de los religiosos y de las religiosas, de los laicos, de todo el Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>\u00a1Caminad, por tanto, alimentados y sostenidos por la Eucarist\u00eda! \u00a1Caminad con Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas! Permaneced con Ella en oraci\u00f3n perseverante (cf Hch 1, 14).  Ella es la Madre de la Iglesia naciente y, despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n del Hijo, su condici\u00f3n maternal permanece en la Iglesia para sostenernos con su amor (Redemptoris Mater, 40).  \u00a1Caminad!, y que no os falte coraje ni paciencia, que no os falte humanidad y constancia. \u00a1Que no os falte la caridad!<\/p>\n<p>Todos nosotros estamos en este mundo, en medio de las realidades terrenas, pero con nuestra mirada puesta en lo alto, sabiendo que el Se\u00f1or ha de venir de nuevo. Con gran amor y confianza estamos \u201cen la espera de tu venida\u201d. <i>Maran\u00e0 tha.<\/i> \u00a1Ven Se\u00f1or Jes\u00fas!<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_18-03-1987_La_conversion_como_condicion_del_Reino\">Catequesis (18-03-1987): La conversi\u00f3n como condici\u00f3n del Reino.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia General.<\/p>\n<p>&#8230; 5. De la ense\u00f1anza de Jes\u00fas nace una riqueza muy iluminadora. El reino de Dios, en su plena y total realizaci\u00f3n, es ciertamente futuro, <i>\u201cdebe venir\u201d<\/i> (cf. Mc 9, 1; Lc 22, 18); la oraci\u00f3n del Padrenuestro ense\u00f1a a pedir su venida: <i>\u201cVenga a nosotros tu reino\u201d<\/i> (Mt 6, 10).<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, Jes\u00fas afirma que el reino de Dios <i>\u201cya ha venido\u201d<\/i> (Mt 12, 28), <b><i>\u201cest\u00e1 dentro de vosotros\u201d<\/i><\/b> (Lc 17, 21) mediante la predicaci\u00f3n y las obras, de Jes\u00fas. Por otra parte, de todo el Nuevo Testamento se deduce que la Iglesia, fundada por Jes\u00fas, es el lugar donde la realeza de Dios se hace presente, en Cristo, como don de salvaci\u00f3n en la fe, de vida nueva en el Esp\u00edritu, de comuni\u00f3n en la caridad.<\/p>\n<p>Se ve as\u00ed la relaci\u00f3n \u00edntima entre el reino y Jes\u00fas, una relaci\u00f3n tan estrecha que el reino de Dios puede llamarse tambi\u00e9n <i>\u201creino de Jes\u00fas\u201d<\/i> (Ef 5, 5; 2 Pe 1, 11), como afirma, por lo dem\u00e1s, el mismo Jes\u00fas ante Pilato al decir que \u201csu\u201d reino no es de este mundo (cf. 18, 36).<\/p>\n<p>6. Desde esta perspectiva podemos comprender las condiciones indicadas por Jes\u00fas para entrar en el reino se pueden resumir en la palabra <b><i>\u201cconversi\u00f3n\u201d.<\/i><\/b> Mediante la conversi\u00f3n el hombre se abre al don de Dios (cf. Lc 12, 32), que llama <i>\u201ca su reino y a su gloria\u201d<\/i> (1 Tes 2, 12); acoge como un ni\u00f1o el reino (Mc 10, 15) y est\u00e1 dispuesto a todo tipo de renuncias para poder entrar en \u00e9l (cf. Lc 18, 29; Mt 19, 29; Mc 10, 29)<\/p>\n<p>El reino de Dios exige una <i>\u201cjusticia\u201d<\/i> profunda o nueva (Mt 5, 20); requiere empe\u00f1o en el cumplimiento de la <i>\u201cvoluntad de Dios\u201d<\/i> (Mt 7, 21), implica sencillez interior <i>\u201ccomo los ni\u00f1os\u201d<\/i> (Mt 18, 3; Mc 10, 15); comporta la superaci\u00f3n del obst\u00e1culo constituido por las riquezas (cf. Mc 10, 23-24).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_04-09-1991_Reino_de_Dios_reino_de_Cristo\">Catequesis (04-09-1991): Reino de Dios, reino de Cristo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia general.<\/p>\n<p><i>(Lectura: evangelio de san Marcos, cap\u00edtulo 1, vers\u00edculos 14-15)<\/i><br \/>\n1. Leemos en la constituci\u00f3n Lumen gentium del Concilio Vaticano II que <i>\u00ab[el Padre] estableci\u00f3 convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue (&#8230;) preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza (&#8230;), y manifestada por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu [Santo]\u00bb<\/i> (n. 2). Hemos dedicado la catequesis anterior a esta preparaci\u00f3n de la Iglesia en la Antigua Alianza; hemos visto que en la conciencia progresiva que Israel iba tomando del designio de Dios a trav\u00e9s de las revelaciones de los profetas y de los mismos acontecimientos de su historia, se hacia cada vez m\u00e1s claro el concepto de un reino futuro de Dios, m\u00e1s elevado y universal que cualquier previsi\u00f3n sobre la suerte de la dinast\u00eda dav\u00eddica. Hoy pasamos a considerar otro hecho hist\u00f3rico, denso de significado teol\u00f3gico: Jesucristo comienza su misi\u00f3n mesi\u00e1nica con este anuncio: <i>\u00abEl tiempo se ha cumplido y el reino de Dios est\u00e1 cerca\u00bb<\/i> (Mc 1, 15). Estas palabras se\u00f1alan la entrada <i>\u00aben la plenitud de los tiempos\u00bb<\/i>, como dir\u00e1 san Pablo (cf. Ga 4, 4), y preparan el paso a la Nueva Alianza, fundada en el misterio de la encarnaci\u00f3n redentora del Hijo y destinada a ser Alianza eterna. En la vida y misi\u00f3n de Jesucristo el reino de Dios no s\u00f3lo <i>\u00abest\u00e1 cerca\u00bb<\/i> (Lc 10, 9), sino que adem\u00e1s ya est\u00e1 presente en el mundo, ya obra en la historia del hombre. Lo dice Jes\u00fas mismo: <b><i>\u00abEl reino de Dios est\u00e1 entre vosotros\u00bb<\/i><\/b> (Lc 17, 21).<\/p>\n<p>2. Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, hablando de su precursor Juan el Bautista, nos da a conocer la diferencia de nivel y de calidad entre el tiempo de la preparaci\u00f3n y el del cumplimiento \u2015entre la Antigua y la Nueva Alianza\u2015, cuando nos dice: <i>\u00abEn verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista: sin embargo, el m\u00e1s peque\u00f1o en el reino de los cielos es mayor que \u00e9l\u00bb<\/i> (Mt 11, 11). Ciertamente, desde las orillas del Jord\u00e1n (y desde la c\u00e1rcel) Juan contribuy\u00f3 m\u00e1s que ning\u00fan otro, incluso m\u00e1s que los antiguos profetas (cf. Lc 7, 26-27), a la preparaci\u00f3n inmediata del camino del Mes\u00edas. No obstante, permanece de alg\u00fan modo en el umbral del nuevo reino, que entr\u00f3 en el mundo con la venida de Cristo y que empez\u00f3 a manifestarse con su ministerio mesi\u00e1nico. S\u00f3lo por medio de Cristo los hombres llegan a ser <i>\u00abhijos del reino\u00bb<\/i>, a saber, del reino nuevo, muy superior a aquel del que los jud\u00edos contempor\u00e1neos se consideraban los herederos naturales (cf. Mt 8, 12).<\/p>\n<p>3. El nuevo reino tiene un car\u00e1cter eminentemente espiritual. Para entrar en \u00e9l, es necesario convertirse, creer en el Evangelio y liberarse de las potencias del esp\u00edritu de las tinieblas, someti\u00e9ndose al poder del Esp\u00edritu de Dios que Cristo trae a los hombres. Como dice Jes\u00fas: <i>\u00abSi por el Esp\u00edritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios\u00bb<\/i> (Mt 12, 28; cf. Lc 11, 20).<\/p>\n<p>La naturaleza espiritual y trascendente de este reino se manifiesta as\u00ed mismo en otra expresi\u00f3n equivalente que encontramos en los textos evang\u00e9licos: <i>\u00abreino de los cielos\u00bb<\/i>. Es una imagen estupenda que deja entrever el origen y el fin del reino \u2015los \u00abcielos\u00bb\u2015, as\u00ed como la misma dignidad divino-humana de aquel en el que el reino de Dios se concreta hist\u00f3ricamente con la Encarnaci\u00f3n: Cristo.<\/p>\n<p>4 . Esta trascendencia del reino de Dios se funda en el hecho de que no deriva de una iniciativa s\u00f3lo humana, sino del plan, del designio y de la voluntad de Dios mismo. Jesucristo, que lo hace presente y lo act\u00faa en el mundo, no es s\u00f3lo uno de los profetas enviados por Dios, sino el Hijo consustancial al Padre, que se hizo hombre mediante la Encarnaci\u00f3n. El reino de Dios es, por tanto, el reino del Padre y de su Hijo. El reino de Dios es el reino de Cristo; es el reino de los cielos que se ha abierto sobre la tierra para permitir que los hombres entren en este nuevo mundo de espiritualidad y de eternidad. Jes\u00fas afirma: <i>\u00abTodo me ha sido entregado por mi Padre (&#8230;); nadie conoce bien al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb<\/i> (Mt 11, 27). <i>\u00abPorque, como el Padre tiene vida en s\u00ed mismo, as\u00ed tambi\u00e9n le ha dado al Hijo tener vida en s\u00ed mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre\u00bb<\/i> (Jn 5, 26-27).<\/p>\n<p>Junto con el Padre y con el Hijo, tambi\u00e9n el Esp\u00edritu Santo obra para la realizaci\u00f3n del reino ya en este mundo. Jes\u00fas mismo lo revela: el Hijo del hombre <i>\u00abexpulsa los demonios por el Esp\u00edritu de Dios\u00bb,<\/i> por esta raz\u00f3n <i>\u00abha llegado a vosotros el reino de Dios\u00bb<\/i> (Mt 12, 28).<\/p>\n<p>5. Pero, aunque se realice y se desarrolle en este mundo, el reino de Dios tiene su finalidad en los \u00abcielos\u00bb. Trascendente en su origen, lo es tambi\u00e9n en su fin, que se alcanza en la eternidad, siempre que nos mantengamos fieles a Cristo en esta vida y a lo largo del tiempo. Jes\u00fas nos advierte de esto cuando dice que, haciendo uso de su poder de \u00abjuzgar\u00bb (Jn 5, 27), el Hijo del hombre ordenar\u00e1, al fin del mundo, recoger <i>\u00abde su Reino todos los esc\u00e1ndalos\u00bb<\/i>, es decir, todas las injusticias cometidas tambi\u00e9n en el \u00e1mbito del reino de Cristo. Y <i>\u00abentonces <\/i>\u2015agrega Jes\u00fas\u2015 <i>los justos brillar\u00e1n como el sol en el reino de su Padre\u00bb<\/i> (Mt 13, 41. 43). Entonces tendr\u00e1 lugar la realizaci\u00f3n plena y definitiva del \u00abreino del Padre\u00bb, a quien el Hijo entregar\u00e1 a los elegidos salvados por \u00e9l en virtud de la redenci\u00f3n y de la obra del Esp\u00edritu Santo. El reino mesi\u00e1nico revelar\u00e1 entonces su identidad con el reino de Dios (cf. Mt 25, 34; 1 Cor 15, 24).<\/p>\n<p>Existe, pues, un ciclo hist\u00f3rico del reino de Cristo, Verbo encarnado, pero el alfa y la omega de este reino \u2015se podr\u00eda decir, con mayor propiedad, el fondo en el que se abre, vive, se desarrolla y alcanza su cumplimiento pleno\u2015 es el mysterium Trinitatis. Ya hemos dicho, y lo volveremos a tratar a su debido tiempo, que en este misterio hunde sus ra\u00edces el mysterium Ecclesiae.<\/p>\n<p>6. El punto de paso y de enlace de un misterio con el otro es Cristo, que ya hab\u00eda sido anunciado y esperado en la Antigua Alianza como un Rey-Mes\u00edas con el que se identificaba el reino de Dios. En la Nueva Alianza Cristo identifica el reino de Dios con su propia persona y misi\u00f3n. En efecto, no s\u00f3lo proclama que con \u00e9l el reino de Dios est\u00e1 en el mundo; ense\u00f1a, adem\u00e1s, a <i>\u00abdejar por el reino de Dios\u00bb<\/i> todo lo que es m\u00e1s preciado para el hombre (cf. Lc 18, 29-30); y, en otro punto, a dejar todo esto <i>\u00abpor su nombre\u00bb<\/i> (cf. Mt 19, 29), o <i>\u00abpor m\u00ed y por el Evangelio\u00bb<\/i> (Mc 10, 29).<\/p>\n<p>Por consiguiente, el reino de Dios se identifica con el reino de Cristo. Est\u00e1 presente en \u00e9l, en \u00e9l se act\u00faa, y de \u00e9l pasa, por su misma iniciativa, a los Ap\u00f3stoles y, por medio de ellos, a todos los que habr\u00e1n de creer en \u00e9l: <i>\u00abYo, por mi parte, dispongo un reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para m\u00ed\u00bb<\/i> (Lc 22, 29). Es un reino que consiste en una expansi\u00f3n de Cristo mismo en el mundo, en la historia de los hombres, como vida nueva que se toma de \u00e9l y que se comunica a los creyentes en virtud del Esp\u00edritu Santo-Par\u00e1clito, enviado por \u00e9l (cf. Jn 1, 16; 7, 38-39; 15, 26; 16, 7).<\/p>\n<p>7. El reino mesi\u00e1nico, que Cristo instaura en el mundo, revela y precisa definitivamente su significado en el \u00e1mbito de la pasi\u00f3n y la muerte en la cruz. Ya en la entrada en Jerusal\u00e9n se produjo un hecho, dispuesto por Cristo, que Mateo presenta como el cumplimiento de la profec\u00eda de Zacar\u00edas sobre el <i>\u00abrey montado en un pollino, cr\u00eda de asna\u00bb<\/i> (Za 9, 9; Mt 21, 5). En la mente del profeta, en la intenci\u00f3n de Jes\u00fas y en la interpretaci\u00f3n del evangelista, el pollino simbolizaba la mansedumbre y la humildad. Jes\u00fas era el rey manso y humilde que entraba en la ciudad dav\u00eddica, en la que con su sacrificio iba a cumplir las profec\u00edas acerca de la verdadera realeza mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>Esta realeza se manifiesta de forma muy clara durante el interrogatorio al que fue sometido Jes\u00fas ante el tribunal de Pilato. Las acusaciones contra Jes\u00fas eran <i>\u00abque alborotaba al pueblo, prohib\u00eda pagar tributos al C\u00e9sar y dec\u00eda que era Cristo rey\u00bb<\/i> (Lc 23, 2). Por eso, Pilato pregunta al Acusado si es rey. Y \u00e9sta es la respuesta de Cristo: <i>\u00abMi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi gente habr\u00eda combatido para que no fuera entregado a los jud\u00edos; pero mi reino no es de aqu\u00ed\u00bb.<\/i> El evangelista narra que <i>\u00abentonces Pilato le dijo: &#8220;\u00bfLuego t\u00fa eres rey?&#8221;. Respondi\u00f3 Jes\u00fas: &#8220;S\u00ed, como dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz&#8221;<\/i> (Jn 18, 36-37).<\/p>\n<p>8. Esa declaraci\u00f3n concluye toda la antigua profec\u00eda que corre a lo largo de la historia de Israel y llega a ser realidad y revelaci\u00f3n en Cristo. Las palabras de Jes\u00fas nos permiten vislumbrar los resplandores de luz que surcan la oscuridad del misterio sintetizado en el trinomio: reino de Dios, reino mesi\u00e1nico y pueblo de Dios convocado en la Iglesia.<\/p>\n<p>Siguiendo esta estela de luz prof\u00e9tica y mesi\u00e1nica, podemos entender mejor y repetir, con mayor comprensi\u00f3n de las palabras, la plegaria que nos ense\u00f1\u00f3 Jes\u00fas (Mt 6, 10): <i>\u00abVenga tu reino\u00bb.<\/i> Es el reino del Padre, reino que ha entrado en el mundo con Cristo; es el reino mesi\u00e1nico que, por obra del Esp\u00edritu Santo, se desarrolla en el hombre y en el mundo para volver al seno del Padre, en la gloria de los Cielos.<\/p>\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI_papa\">Benedicto XVI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Discurso_22-12-2006_La_palabra_8220Dios8221\">Discurso (22-12-2006): La palabra &#8220;Dios&#8221;.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">A la Curia Romana, 22 de Diciembre del 2006.<\/p>\n<p>&#8230;Mi intenci\u00f3n principal era poner de relieve el tema de &#8220;Dios&#8221;, consciente de que en algunas partes de Alemania la mayor\u00eda de los habitantes no son bautizados y para ellos el cristianismo y el Dios de la fe parecen algo del pasado. Al hablar de Dios, tambi\u00e9n tocamos precisamente el tema que constituy\u00f3 el inter\u00e9s central de la predicaci\u00f3n terrena de Jes\u00fas. El tema fundamental de esa predicaci\u00f3n es el dominio de Dios, el <i>&#8220;reino de Dios&#8221;.<\/i> Esas palabras no aluden a algo que vendr\u00e1 m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano en un futuro indeterminado. Tampoco se refieren al mundo mejor que tratamos de crear paso a paso con nuestras fuerzas.<\/p>\n<p>En la expresi\u00f3n <i>&#8220;reino de Dios&#8221;<\/i> la palabra <b><i>&#8220;Dios&#8221;<\/i><\/b> es un genitivo subjetivo, lo cual significa que Dios no es una a\u00f1adidura al <b><i>&#8220;reino&#8221;,<\/i><\/b> de la que se podr\u00eda prescindir. Dios es el sujeto. Reino de Dios quiere decir, en realidad <i>&#8220;Dios reina&#8221;.<\/i> \u00c9l mismo est\u00e1 presente y es decisivo para los hombres en el mundo. \u00c9l es el sujeto y donde falta este sujeto no queda nada del mensaje de Jes\u00fas. Por eso Jes\u00fas dice:  el reino de Dios no viene de tal manera que podamos \u2014por decirlo as\u00ed\u2014 situarnos al borde del camino y contemplar su llegada. <b><i>&#8220;Est\u00e1 en medio de vosotros&#8221;<\/i><\/b> (cf. Lc 17, 20 s). Este reino se desarrolla donde se realiza la voluntad de Dios. Est\u00e1 presente donde hay personas que se abren a su llegada y as\u00ed dejan que Dios entre en el mundo. Por eso Jes\u00fas es el reino de Dios en persona:  el hombre en el cual Dios est\u00e1 en medio de nosotros y a trav\u00e9s del cual podemos tocar a Dios, acercarnos a Dios. Donde esto acontece, el mundo se salva.<\/p>\n<h2><span id=\"Concilio_Vaticano_II\">Concilio Vaticano II<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Constitucion_GS_Cristo_nos_trajo_el_reino\">Constituci\u00f3n (GS): Cristo nos trajo el reino.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Constituci\u00f3n sobre la Iglesia en el mundo de hoy \u00abGaudium et spes\u00bb, \u00a7 38.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl Reino de Dios est\u00e1 en medio de vosotros\u00bb (Lc 9,).<\/p>\n<p>El Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, hecho \u00c9l mismo carne y habitando en la tierra, entr\u00f3 como hombre perfecto en la historia del mundo, asumi\u00e9ndola y recapitul\u00e1ndola en s\u00ed mismo. \u00c9l es quien nos revela que \u201cDios es amor\u201d (1Jn 4,8), a la vez que nos ense\u00f1a que la ley fundamental de la perfecci\u00f3n humana, es el mandamiento nuevo del amor&#8230; As\u00ed, pues, a los que creen en la caridad divina, les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas in\u00fatiles. Al mismo tiempo advierte que esta caridad no hay que buscarla \u00fanicamente en los acontecimientos importantes, sino, ante todo, en la vida ordinaria. \u00c9l, sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos ense\u00f1a con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia.<\/p>\n<p>Constituido Se\u00f1or por su resurrecci\u00f3n, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra (Mt 28,18), obra ya por la virtud de su Esp\u00edritu en el coraz\u00f3n del hombre, no s\u00f3lo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo tambi\u00e9n con ese deseo aquellos generosos prop\u00f3sitos con los que la familia humana intenta hacer m\u00e1s llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin. Mas los dones del Esp\u00edritu Santo son diversos: si a unos llama a dar testimonio manifiesto con el anhelo de la morada celestial y a mantenerlo vivo en la familia humana, a otros los llama para que se entreguen al servicio temporal de los hombres, y as\u00ed preparen la materia del reino de los cielos. Pero a todos les libera, para que, con la abnegaci\u00f3n propia y el empleo de todas las energ\u00edas terrenas en pro de la vida, se proyecten hacia las realidades futuras, cuando la propia humanidad se convertir\u00e1n en oblaci\u00f3n acepta a Dios (Rm 15,16).<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Comentarios_exegeticos\">Comentarios exeg\u00e9ticos<\/span><\/h1>\n<p>Pr\u00f3ximamente&#8230; no pudo hacerse ahora por falta de tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>20 Los fariseos le preguntaron: \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo va a llegar el reino de Dios?\u00bb. \u00c9l les contest\u00f3: \u00abEl reino de Dios no viene aparatosamente, 21 ni dir\u00e1n: \u201cEst\u00e1 aqu\u00ed\u201d o \u201cEst\u00e1 all\u00ed\u201d, porque, mirad, el reino de Dios est\u00e1 en medio de vosotros\u00bb. 22 Dijo a sus disc\u00edpulos: \u00abVendr\u00e1n d\u00edas en que desear\u00e9is ver un solo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-17-20-25-la-venida-del-reino-de-dios-el-dia-del-hijo-del-hombre-i\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLc 17, 20-25: La venida del Reino de Dios &#8211; El D\u00eda del Hijo del hombre (i)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41539","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41539","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41539"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41539\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41539"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41539"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41539"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}