{"id":41547,"date":"2016-10-07T23:36:45","date_gmt":"2016-10-08T04:36:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-19-41-44-lamentacion-sobre-jerusalen\/"},"modified":"2016-10-07T23:36:45","modified_gmt":"2016-10-08T04:36:45","slug":"lc-19-41-44-lamentacion-sobre-jerusalen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-19-41-44-lamentacion-sobre-jerusalen\/","title":{"rendered":"Lc 19, 41-44: Lamentaci\u00f3n sobre Jerusal\u00e9n"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">41<\/span> Al acercarse y ver la ciudad, llor\u00f3 sobre ella, <span class=\"versiculo\">42<\/span> mientras dec\u00eda: \u00ab\u00a1Si reconocieras t\u00fa tambi\u00e9n en este d\u00eda lo que conduce a la paz! Pero ahora est\u00e1 escondido a tus ojos. <span class=\"versiculo\">43<\/span> Pues vendr\u00e1n d\u00edas sobre ti en que tus enemigos te rodear\u00e1n de trincheras, te sitiar\u00e1n, apretar\u00e1n el cerco de todos lados, <span class=\"versiculo\">44<\/span> te arrasar\u00e1n con tus hijos dentro, y no dejar\u00e1n piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita\u00bb. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Catena_Aurea_comentarios_de_los_Padres_de_la_Iglesia_por_versiculos\">Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por vers\u00edculos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"Origenes_in_Lucam_hom_38\">Or\u00edgenes, in Lucam hom. 38<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">41.<\/span> Jesucristo confirma con su ejemplo todas las bienaventuranzas de que ha hablado en el Evangelio, as\u00ed, como hab\u00eda dicho: &#8220;Bienaventurados los mansos&#8221; (Mt 5,4), lo prueba diciendo: &#8220;Aprended de m\u00ed que soy manso&#8221; (Mt 11,29); y como hab\u00eda dicho: &#8220;Bienaventurados los que lloran&#8221; (Mt 5,5), El tambi\u00e9n llor\u00f3 sobre la ciudad. Por esto dice: <span class=\"ct\">\u00abAl acercarse y ver la ciudad, llor\u00f3 por ella&#8230;\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Yo no niego que aquella Jerusal\u00e9n fuese destruida por los pecados de sus habitantes; pero pregunto si estas l\u00e1grimas han sido vertidas tambi\u00e9n sobre vuestra Jerusal\u00e9n. Cuando alguno peca despu\u00e9s de participar de los misterios de la verdad, se llorar\u00e1 por \u00e9l; pero no por ning\u00fan gentil, sino s\u00f3lo por aquel que perteneci\u00f3 a Jerusal\u00e9n y despu\u00e9s la abandon\u00f3.<\/p>\n<p>Llora adem\u00e1s por nuestra Jerusal\u00e9n, a la que, despu\u00e9s que ha pecado, sitian sus enemigos, esto es, el esp\u00edritu maligno, y la rodean de trincheras para cercarla y no dejar piedra sobre piedra; especialmente cuando alguno es vencido despu\u00e9s de mucha continencia y de algunos a\u00f1os de castidad, y atra\u00eddo por los halagos de la carne, pierde la paciencia y la castidad. Y si fuese fornicador no dejar\u00e1n en \u00e9l piedra sobre piedra, seg\u00fan las palabras de Ezequiel: &#8220;No me acordar\u00e9 de sus primitivas virtudes&#8221; (Ez 18,24).<\/p>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_in_evang_hom_39\">San Gregorio, in evang. hom. 39<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">41-43.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abAl acercarse y ver la ciudad, llor\u00f3 por ella&#8230;\u00bb<\/span> Llor\u00f3, pues, el piadoso Redentor la destrucci\u00f3n de aquella p\u00e9rfida ciudad, las desgracias que ella misma ignoraba habr\u00edan de venirle. Por esto a\u00f1ade: <span class=\"ct\">\u00ab\u00a1Si tambi\u00e9n t\u00fa conocieras&#8230;\u00bb<\/span> llorar\u00edas con amargura, la que ahora tanto te alegras, porque desconoces lo que te amenaza. Por esto a\u00f1ade: <span class=\"ct\">\u00absiquiera en este d\u00eda el mensaje de paz\u00bb<\/span> Como en aquel d\u00eda se hab\u00eda consagrado a todos los goces materiales, ten\u00eda todo lo que pod\u00eda procurarle la paz. Manifiesta despu\u00e9s c\u00f3mo los bienes presentes hacen su paz, cuando a\u00f1ade: <span class=\"ct\">\u00abPero ahora ha quedado oculto a tus ojos\u00bb<\/span>; porque si los males que la amenazan no estuviesen ocultos a los ojos de su coraz\u00f3n, no se alegrar\u00eda tanto por las prosperidades presentes; por esto a\u00f1ade la pena que lo amenaza, cuando dice: <span class=\"ct\">\u00abPorque vendr\u00e1n d\u00edas sobre ti, en que tus enemigos te rodear\u00e1n de empalizadas, te cercar\u00e1n y te apretar\u00e1n por todas partes&#8230;\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Nuestro Redentor no cesa de llorar por sus escogidos cuando ve caer en el mal a los que pose\u00edan la virtud; porque si \u00e9stos conociesen la condenaci\u00f3n que les espera, se llorar\u00edan a s\u00ed mismos con las l\u00e1grimas de los escogidos. El hombre de inclinaciones malas tiene aqu\u00ed su d\u00eda, que goza por breve tiempo, y se complace en las cosas temporales disfrutando de cierta paz; por esto huye de prever el porvenir, para que no se turbe su alegr\u00eda presente. Por esto sigue: &#8220;Mas ahora est\u00e1 encubierto a tus ojos&#8221;, etc.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">43-44.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abPorque vendr\u00e1n d\u00edas sobre ti, en que tus enemigos te rodear\u00e1n de empalizadas, te cercar\u00e1n y te apretar\u00e1n por todas partes&#8230;\u00bb<\/span> Esto se\u00f1ala a los pr\u00edncipes romanos; porque habla de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, que sucedi\u00f3 bajo Vespasiano y Tito, pr\u00edncipes romanos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en esto que a\u00f1ade: <span class=\"ct\">\u00abY no dejar\u00e1n en ti piedra sobre piedra&#8230;\u00bb<\/span>, est\u00e1 atestiguada la reubicaci\u00f3n de esta misma ciudad; porque ahora est\u00e1 construida en aquel sitio donde el Salvador fue crucificado, fuera de la puerta: la primera fue destruida en absoluto. Dice luego la culpa por la que fue condenada a la destrucci\u00f3n, a\u00f1adiendo: <span class=\"ct\">\u00abPorque no has conocido el tiempo de tu visita.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>Los esp\u00edritus malignos asedian el alma en cuanto sale del cuerpo, y como ama la carne en los placeres carnales, la inquietan con el enga\u00f1o del deleite; <b>la rodean de trincheras,<\/b> presentando a su vista las iniquidades que cometi\u00f3, y la estrechan con los que son compa\u00f1eros de su condenaci\u00f3n, con el fin de que ella vea, una vez en el \u00faltimo instante de su vida, la clase de enemigos que la asedian y no pueda encontrar medio de evadirse, porque ya no puede hacer el bien que despreci\u00f3 cuando pudo hacerlo; estrechan al alma por todas partes poni\u00e9ndole a la vista la iniquidad, no s\u00f3lo de sus obras, sino tambi\u00e9n de sus palabras y de sus pensamientos; para que as\u00ed como antes se hab\u00eda solazado tanto en la maldad, sienta en su \u00faltima hora la angustia que merece en pago. Entonces el alma, por la condici\u00f3n de su culpa, se aterra cuando ve que su carne, que crey\u00f3 que era su vida, va a convertirse en polvo; entonces mueren sus hijos cuando los pensamientos il\u00edcitos, que ahora nacen de ella, se disipan en el \u00faltimo momento de la venganza; estos pensamientos pueden representarse por las piedras. La mente perversa, cuando a\u00f1ade a un pensamiento malo otro peor, pone, por decirlo as\u00ed, una piedra sobre otra; pero cuando es llevada a su castigo, se destruye todo el edificio de sus pensamientos. Sin embargo, el Se\u00f1or visita al alma culpable para su ense\u00f1anza alguna vez mediante la desgracia, otras con los milagros, con el fin de que conozca las verdades que ignoraba, y menospreciando el mal vuelva por la compunci\u00f3n del dolor u obligada por los beneficios, y se averg\u00fcence de lo mal que obr\u00f3. Pero porque no conoci\u00f3 el tiempo en que fue visitada, al final de su vida ser\u00e1 entregada a sus enemigos, con quienes se ver\u00e1 unida en el juicio eterno de su perpetua condenaci\u00f3n.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Cirilo\">San Cirilo<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">41.<\/span> <span class=\"ct\">\u00abAl acercarse y ver la ciudad, llor\u00f3 por ella&#8230;\u00bb<\/span> Se compadec\u00eda de \u00e9stos el Se\u00f1or, que quiere que todos los hombres se salven, lo cual no nos ser\u00eda manifiesto, si no lo hubiera evidenciado por medio de algo humano; pues las l\u00e1grimas vertidas son se\u00f1al de tristeza.<\/p>\n<p><span class=\"cv\">42.<\/span> <span class=\"ct\">\u00ab\u00a1Si tambi\u00e9n t\u00fa conocieras!\u00bb<\/span> No eran dignos de comprender las Sagradas Escrituras divinamente inspiradas, que refieren el misterio de Cristo. En efecto, cuantas veces se lee a Mois\u00e9s, un velo cubre su coraz\u00f3n para que no vean que todo se ha cumplido en Jesucristo, que como verdad hace huir las sombras; y como no conoc\u00edan la verdad, se hicieron indignos de obtener la salud que mana de Jesucristo. Por esto sigue: <span class=\"cv\">42.<\/span> <span class=\"ct\">\u00absiquiera en este d\u00eda el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos.\u00bb<\/span><\/p>\n<h2><span id=\"San_Eusebio\">San Eusebio<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">42-43.<\/span> <span class=\"ct\">\u00ab\u00a1Si tambi\u00e9n t\u00fa conocieras en este d\u00eda el mensaje de paz!\u00bb<\/span> En lo que da a conocer que su venida ten\u00eda por objeto la pacificaci\u00f3n de todo el mundo; hab\u00eda venido, pues, a predicar la paz a los que estaban cerca y a los que estaban lejos; pero como no quisieron recibir la paz anunciada, quedaron ocultas para ellos estas cosas. Por esto a\u00f1ade: <span class=\"ct\">\u00abPero ahora ha quedado oculto a tus ojos.\u00bb<\/span>. As\u00ed, pues, predice con toda claridad el sitio que dentro de poco habr\u00eda de sufrir, diciendo: <span class=\"ct\">\u00abPorque vendr\u00e1n d\u00edas sobre ti, en que tus enemigos te rodear\u00e1n de empalizadas, te cercar\u00e1n y te apretar\u00e1n por todas partes&#8230;\u00bb<\/span><\/p>\n<p>C\u00f3mo se cumpli\u00f3 todo esto, podemos conocerlo por lo que refiere Josefo, quien a pesar de ser jud\u00edo refiere estas cosas tal y como Jesucristo las hab\u00eda predicho.<\/p>\n<h2><span id=\"Teofilactus\">Teofilactus<\/span><\/h2>\n<p><span class=\"cv\">44.<\/span> <span class=\"ct\">\u00ab&#8230; Porque no has conocido el tiempo de tu visita.\u00bb<\/span> Esto es, de mi venida; porque he venido a visitarte y a salvarte, y si lo hubieras comprendido as\u00ed, y creyeras en m\u00ed, estar\u00edas en paz con los romanos y libre de todos los peligros, as\u00ed como todos aquellos que creyeron en Jesucristo pudieron evadirse.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Agustin_obispo_y_doctor_de_la_Iglesia\">San Agust\u00edn, obispo y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Obras_Dos_amores_dos_ciudades\">Obras: Dos amores, dos ciudades.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">La Ciudad de Dios 14,28.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abAl ver la ciudad, llor\u00f3 por ella\u00bb (Lc 19,41).<\/p>\n<p>Dos amores construyeron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio a Dios hizo la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de si mismo, la ciudad del cielo. La una se glorifica a s\u00ed misma, la otra se glorifica en el Se\u00f1or. Una busca la gloria que viene de los hombres  (Jn 5,44), la otra tiene su gloria en Dios, testigo de su conciencia. Una, hinchada de vana gloria, levanta la cabeza, la otra dice a su Dios: \u201cT\u00fa eres mi gloria, me haces salir vencedor&#8230;\u201d (cf Sal 3,4) En una, los pr\u00edncipes son dominados por la pasi\u00f3n de dominar sobre los hombres y sobre las naciones conquistadas, en la otra todos son servidores del pr\u00f3jimo en la caridad, los jefes velando por el bien de sus subordinados y \u00e9stos obedeci\u00e9ndoles. La primera, en la persona de los poderosos, se admira de su propia fuerza, la otra dice a su Dios: \u201cTe amo, Se\u00f1or, t\u00fa eres mi fortaleza.\u201d (Sal 17,2)<\/p>\n<p>En la primera, los sabios llevan una vida mundana, no buscando m\u00e1s que las satisfacciones del cuerpo o del esp\u00edritu o las dos a la vez: \u201c&#8230;habiendo conocido a Dios, no lo han glorificado, ni le han dado gracias, sino que han puesto sus pensamientos en cosas sin valor y se ha oscurecido su insensato coraz\u00f3n&#8230;han cambiado la verdad de Dios por la mentira.\u201d (cf Rm 1,21-25) En la ciudad de Dios, en cambio, toda la sabidur\u00eda del hombre se encuentra en la piedad que da culto al verdadero Dios, un culto leg\u00edtimo y que espera como recompensa, en la comuni\u00f3n de los santos, no solamente de los hombres sino tambi\u00e9n de los \u00e1ngeles, \u201cque Dios sea todo en todos.\u201d (1Cor 15,28)<\/p>\n<h3><span id=\"Comentario_De_que_Jerusalen_habla\">Comentario: \u00bfDe qu\u00e9 Jerusal\u00e9n habla?<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Comentarios a los salmos, Sal 121.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00ab\u00a1Si t\u00fa tambi\u00e9n hubieras comprendido en este d\u00eda el mensaje de paz!\u00bb (Lc 19,42).<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda cuando me dijeron: &#8216;Vamos a la casa del Se\u00f1or&#8217;. Ya est\u00e1n pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusal\u00e9n!\u00bb (Sl 121, 1-2). \u00bfDe qu\u00e9 Jerusal\u00e9n habla? En la tierra hay una ciudad con este nombre, pero no es m\u00e1s que la sombra de la otra Jerusal\u00e9n. \u00bfQu\u00e9 dicha tan grande hay en estar en la Jerusal\u00e9n de aqu\u00ed abajo de la que se habla con tanto amor y tanto fervor siendo as\u00ed que no ha podido mantenerse firme y ha sido arruinada?&#8230; No es de la Jerusal\u00e9n de aqu\u00ed debajo de la cual habla el ap\u00f3stol Pablo con tanto amor, tanto fervor, tanto deseo de llegar a la Jerusal\u00e9n \u00abnuestra madre\u00bb cuando dice que es \u00abeterna en los cielos\u00bb (Ga 4,26; 2C 5,1)&#8230;<\/p>\n<p>\u00abOh Jerusal\u00e9n, que haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios\u00bb (Sl 121,7).  Es decir, que tu paz se encuentre en tu amor, porque el amor es la fuerza. Escuchad lo que dice el Cantar de los Cantares: \u00abEl amor es fuerte como la muerte\u00bb (8,6)&#8230; Efectivamente, el amor destruye lo que hemos sido, para permitirnos, por una especie de muerte, llegar a ser lo que no \u00e9ramos&#8230; Es esta muerte la que actuaba en aquel que dec\u00eda: \u00abEl mundo est\u00e1 crucificado para m\u00ed, y yo para el mundo\u00bb (Ga 6,14). Es de esta misma muerte de la que habla el mismo ap\u00f3stol cuando dice: \u00abHab\u00e9is muerto, y vuestra vida est\u00e1 con Cristo escondida en Dios\u00bb (Col 3,3). S\u00ed, \u00abel amor es fuerte como la muerte\u00bb. Si el amor es fuerte, es poderoso, tiene mucha fuerza, es la fuerza misma&#8230; Que tu paz est\u00e9, pues, en tu fuerza, Jerusal\u00e9n; que tu paz est\u00e9 en tu amor.<\/p>\n<p>El amor es m\u00e1s fuerte que la muerte. (&#8230;) Haya paz en tu fortaleza, \u00a1oh Jerusal\u00e9n!, haya paz en tu amor. Y por esta fortaleza, por este amor, por esta paz, \u201chaya abundancia en tus torres\u201d, (Sal 121,7) es decir, en tus alturas. (\u2026)Sin embargo, el colmo de las delicias y la plenitud de las riquezas es el mismo Dios, \u00c9l que es uno. Aquel de quien participa la ciudad en la permanencia; \u00b4\u00c9l ser\u00e1 tambi\u00e9n nuestra abundancia en la ciudad de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<h2><span id=\"Origenes_presbitero\">Or\u00edgenes, presb\u00edtero<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_Somos_la_Jerusalen_sobre_la_que_llora_Jesus\">Homil\u00eda: Somos la Jerusal\u00e9n sobre la que llora Jes\u00fas.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Homil\u00eda 38, sobre el evangelio de Lucas; PG 13, 1896-1898.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abCuando se fue acercando, al ver la ciudad, llor\u00f3 por ella.\u00bb (Lc 19,41).<\/p>\n<p>Cuando Nuestro Se\u00f1or y Salvador se acerc\u00f3 a Jerusal\u00e9n, al ver la ciudad llor\u00f3 por ella.\u00bbSi en este d\u00eda comprendieras t\u00fa tambi\u00e9n los caminos de la paz!\u00bb Pero tus ojos siguen cerrados. Llegar\u00e1 un d\u00eda en que tus enemigos te rodear\u00e1n con trincheras, te cercar\u00e1n y te acosar\u00e1n por todas partes&#8230;\u00bb (Lc 19,41ss) Puede que alguien diga: -Est\u00e1 claro el sentido de estas palabras; de hecho, se han realizado en cuanto a Jerusal\u00e9n; el ej\u00e9rcito romano la siti\u00f3 y devast\u00f3 hasta el exterminio y el tiempo vendr\u00e1 en que no quedar\u00e1 piedra sobre piedra&#8230;<\/p>\n<p>No lo niego; Jerusal\u00e9n ha sido destruida a causa de su ceguera, pero pregunto: \u00bfEl llanto no se refer\u00eda a nuestra Jerusal\u00e9n? Porque nosotros somos aquella Jerusal\u00e9n sobre la que Jes\u00fas llor\u00f3, nosotros que imaginamos tener una vista tan penetrante. Si, una vez instruidos sobre los misterios de la verdad, despu\u00e9s de haber recibido la palabra del evangelio y la doctrina de la Iglesia&#8230;, alguien de entre nosotros peca, provocar\u00e1 lamentos y llantos, porque no se llora sobre los paganos sino sobre aquel que despu\u00e9s de haber formado parte de Jerusal\u00e9n se ha separado de ella.<\/p>\n<p>Hay llantos sobre nuestra Jerusal\u00e9n porque a causa de sus pecados los enemigos van a sitiarla, es decir, las fuerzas adversas, los esp\u00edritus malos. Levantar\u00e1n entorno a ella trincheras, la sitiar\u00e1n, y no quedar\u00e1 piedra sobre piedra. Esto es lo que suceder\u00e1 cuando despu\u00e9s de largos a\u00f1os de continencia y de castidad, el hombre sucumbe, vencido por las seducciones de la carne&#8230;.Esta es la Jerusal\u00e9n sobre la cual se llora.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Francisco_de_Sales_obispo\">San Francisco de Sales, obispo<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Carta_No_descuidar_el_asunto_mas_importante\">Carta: No descuidar el asunto m\u00e1s importante.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Carta a la Sra. de la Fl\u00e9ch\u00e8re, Mayo 1608.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abSi al menos ese d\u00eda conocieras lo que te trae la paz&#8230;\u00bb (Lc 19,42).<\/p>\n<p>No perd\u00e1is ocasi\u00f3n, por peque\u00f1a que sea, de ejercer la dulzura de coraz\u00f3n con el pr\u00f3jimo. No confi\u00e9is en solucionar vuestros asuntos por industria vuestra, sino solamente mediante la ayuda de Dios y, por tanto, descansad en su cuidado, creyendo que El har\u00e1 lo que sea mejor para vos, siempre que por vuestra parte no dej\u00e9is de ser diligente, y eso con dulzura. <\/p>\n<p>Digo con dulzura porque la diligencia violenta estropea los corazones y los asuntos y ya no es diligencia, sino apresuramiento y turbaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Por Dios, se\u00f1ora, pronto estaremos en la eternidad y all\u00ed veremos que los asuntos de este mundo eran muy poca cosa y apenas importaba que se realizasen o no. Y, sin embargo, ahora nos ponemos en acci\u00f3n como si fueran grandes cosas. <\/p>\n<p>De peque\u00f1os, hay que ver con cu\u00e1nto ardor junt\u00e1bamos trocitos de tejas, de madera, de barro para hacer casas y edificios. Y si alguien nos los deshac\u00eda nos pon\u00edamos tristes y llor\u00e1bamos; y ahora vemos lo poco que importaba todo eso. <\/p>\n<p>Un d\u00eda, en el cielo, veremos que nuestros afectos mundanos eran s\u00f3lo ni\u00f1er\u00edas. <\/p>\n<p>No es que yo quiera quitar el cuidado que hemos de tener por las cosas triviales, pues Dios nos las ha encargado en este mundo, pero s\u00ed quisiera quitar el ardor excesivo que ponemos en ellas. <\/p>\n<p>Hag\u00e1monos ni\u00f1os, puesto que somos ni\u00f1os, pero no nos agotemos en esas cosas. <\/p>\n<p>Y si alguien derriba nuestras casitas y deshace nuestros dibujitos, que no nos importe mucho, pues el d\u00eda en que llegue la muerte ya no nos van a servir de nada las casitas; porque iremos a la casa del Padre. <\/p>\n<p>Cuidad, con celo, de vuestros asuntos, pero sabiendo que no hay asunto m\u00e1s digno ni importante que el de vuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<h2><span id=\"Isaac_el_Sirio_monje\">Isaac el Sirio, monje<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Discurso_Llorar_con_Cristo\">Discurso: Llorar con Cristo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Discursos asc\u00e9ticos, 1\u00aa serie, n\u00b0 60.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abLlor\u00f3 sobre Jerusal\u00e9n\u00bb (Lc 19,41).<\/p>\n<p>No desprecies al pecador, porque todos somos culpables. Si por amor a Dios te levantas contra \u00e9l, llora m\u00e1s bien por \u00e9l. \u00bfPor qu\u00e9 lo desprecias? desprecia sus pecados, y reza por \u00e9l, con el fin de ser igual a Cristo, que no se irrit\u00f3 contra los pecadores sino que rez\u00f3 por ellos (cf Lc 23,34). \u00bfNo ves c\u00f3mo llor\u00f3 sobre Jerusal\u00e9n? Si nosotros tambi\u00e9n m\u00e1s de una vez hemos sido tentados por el diablo. \u00bfPor qu\u00e9 despreciar al que como nosotros ha sido tentado por el diablo que se burla de todos nosotros?  \u00bfPor qu\u00e9, t\u00fa que eres s\u00f3lo un hombre, desprecias al pecador? \u00bfPorque no es justo como t\u00fa? \u00bfPero d\u00f3nde est\u00e1 tu justicia, si no tienes amor? \u00bfPor qu\u00e9 no lloraste por \u00e9l? Al contrario, lo persigues. Algunos, por ignorancia se irritan contra otros, porque creen tener el discernimiento de las obras de los pecadores.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Rafael_Arnaiz_Baron_monje_trapense_espanol\">San Rafael Arn\u00e1iz Bar\u00f3n, monje trapense espa\u00f1ol<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Escritos_Paz_que_viene_de_Dios\">Escritos: Paz que viene de Dios.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Escritos del 23-02-1938. Obras completas &#8211; Editorial Monte Carmelo, p. 894-895, \u00a71063-1064.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00ab\u00a1Si t\u00fa tambi\u00e9n hubieras comprendido en este d\u00eda el mensaje de paz!\u00bb (Lc 19,42a).<\/p>\n<p>Me asom\u00e9 a una ventana [\u2026]. Empezaba a salir el sol. Una paz muy grande reinaba en la naturaleza\u2026 Todo empezaba a despertar\u2026, la tierra, el cielo, los p\u00e1jaros\u2026 todo poco a poco, despertaba dulcemente al mandato de Dios\u2026 Todo obedec\u00eda a sus divinas leyes, sin quejas, y sin sobresaltos, mansamente, dulcemente, tanto la luz como las tinieblas, tanto el cielo azul como la tierra dura cubierta del roc\u00edo del amanecer\u2026 Qu\u00e9 bueno es Dios, pens\u00e9\u2026 En todo hay paz menos en el coraz\u00f3n humano.<\/p>\n<p>Y suavemente, dulcemente, tambi\u00e9n Dios me ense\u00f1o por medio de esta dulce y tranquila madrugada, a obedecer\u2026 Una paz muy grande llen\u00f3 mi alma\u2026 Pens\u00e9 que s\u00f3lo Dios es bueno; que todo por \u00c9l est\u00e1 ordenado\u2026 Que qu\u00e9 me importa lo que hagan y digan los hombres\u2026 Para m\u00ed no debe haber en el mundo m\u00e1s que una cosa\u2026 Dios\u2026, Dios que lo va ordenando todo para mi bien\u2026<\/p>\n<p>Dios, que hace salir cada ma\u00f1ana el sol, que deshace la escarcha, que hace cantar a los p\u00e1jaros y va cambiando en mil suaves colores, las nubes del cielo\u2026<\/p>\n<p>Dios que me ofrece un rinc\u00f3n en la tierra para orar; que me da un rinc\u00f3n donde poder esperar lo que espero\u2026 Dios tan bueno conmigo, que en el silencio me habla al coraz\u00f3n, y me va ense\u00f1ando poco a poco, quiz\u00e1s con l\u00e1grimas, siempre con cruz, a desprenderlo de las criaturas, a no buscar la perfecci\u00f3n m\u00e1s que en \u00c9l\u2026, a mostrarme a Mar\u00eda, y decirme: He aqu\u00ed la \u00fanica criatura perfecta\u2026 En Ella encontrar\u00e1s el amor y la caridad que no encuentras en los hombres.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 te quejas, hermano Rafael? \u00c1mame a M\u00ed, sufre conmigo, soy Jes\u00fas.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_de_Avila\">San Juan de \u00c1vila<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Audi_Filia_El_amor_de_Jesucristo\">Audi Filia: El amor de Jesucristo<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">CAPITULO 79: Del abrasado amor con que Jesucristo amaba a Dios y a los hombres por Dios; del cual amor, como de fuente, naci\u00f3 lo mucho que exteriormente padeci\u00f3; y que fue mucho m\u00e1s lo que padeci\u00f3 en lo interior.<\/p>\n<p>Si el coraz\u00f3n del hombre es tan malo, como Jerem\u00edas (Jr 17,10) dice, que no hay quien lo pueda escudri\u00f1ar sino Dios, y cuanto m\u00e1s se cava en la pared de \u00e9l, se descubren mayores abominaciones, como fu\u00e9 mostrado en figura a Ezequiel (Ez 8,9), \u00bfcon cu\u00e1nta m\u00e1s raz\u00f3n podremos decir que el Coraz\u00f3n de Jesucristo nuestro Se\u00f1or, por ser m\u00e1s bueno que los otros son malos, no habr\u00e1 quien del todo lo pueda escudri\u00f1ar, sino el mismo Se\u00f1or, cuyo es? Cosa es digna de admiraci\u00f3n, y que debe bastar para robarnos el \u00e1nima y cautivarnos de Dios, el excesivo amor de su Coraz\u00f3n, que se manifest\u00f3 en padecer muerte y Pasi\u00f3n por nosotros, seg\u00fan hemos dicho. Mas si con lumbre del cielo cav\u00e1is m\u00e1s, y escudri\u00f1\u00e1is este relicario de Dios, lleno de inefables secretos, ver\u00e9is dentro de \u00e9l tales efectos de amor, que nos pongan en mayor admiraci\u00f3n que lo que de fuera pas\u00f3. Para lo cual os deb\u00e9is de acordar que en la villa de Bethsaida, curando el Se\u00f1or a un hombre sordo, dice el Evangelio que alz\u00f3 el Se\u00f1or sus sagrados ojos al cielo, y gimi\u00f3 (Mc 7,34), y tras esto cur\u00f3 al enfermo. Aquel gemido que de fuera son\u00f3, uno era, y en breve tiempo se pasarla; mas fue testimonio de otro gemido, y gemidos entra\u00f1ables, y que le duraron, no por un rato breve, sino por meses y a\u00f1os.<\/p>\n<p>Porque hab\u00e9is de saber, que en siendo criada aquella sant\u00edsima Anima, e infundida en su cuerpo en el vientre virginal de nuestra Se\u00f1ora, luego vio tan claramente como ahora la divina Esencia, que por su alteza es llamada cielo con mucha raz\u00f3n. Y en vi\u00e9ndola, juzg\u00f3 ser digna de toda honra y servicio; y as\u00ed se lo dese\u00f3, con inefables fuerzas de amor que le fueron dadas para amar. Y aunque la ley ordinaria del que ve a Dios claramente sea \u00e9sta, que sea bienaventurada en cuerpo y en \u00e1nima, y ninguna pena pueda tener; mas porque nosotros pudi\u00e9semos ser rescatados por los preciosos trabajos de este Se\u00f1or, fu\u00e9 ordenado que la bienaventuranza y gozo se quedase en la parte superior de su Anima, y que no redundase en la interior, ni en el cuerpo; renunciando lo que justamente le era debido de gozo, por aceptar y sufrir las penas que nosotros deb\u00edamos.<\/p>\n<p>Y si aquella sant\u00edsima Anima, que alz\u00f3 los ojos de su entendimiento al cielo de la Divinidad, no tuviera otra cosa que mirar sino a Ella, no hubiera de qu\u00e9 tomar pena, pues es Dios tal bien, que de su vista no puede venir sino amor y gozo. Mas como tambi\u00e9n vio todas, las ofensas que los hombres hab\u00edan hecho contra Dios desde el principio del mundo, y las que se hab\u00edan de hacer hasta el fin de \u00e9l, fue tan entra\u00f1able su dolor de ver ofendido aquel cielo de la divina Majestad, cuan grande el deseo que ten\u00eda de verla servida. Y como no hay quien pueda alcanzar la grandeza de este deseo, tampoco hay quien pueda alcanzar la grandeza de aquel su dolor. Porque el Esp\u00edritu Santo, que le fue dado sin medida (Jn 3,34), que es figurado en el fuego, la abrasaba con grand\u00edsimo amor para amar a Dios; y el mismo Esp\u00edritu Santo, figurado en paloma, le hac\u00eda amargamente gemir, por ver ofendido al que inefablemente amaba.<\/p>\n<p>Mas para que ve\u00e1is c\u00f3mo este cuchillo de dolor, que atravesaba el Coraz\u00f3n del Se\u00f1or, no le her\u00eda por sola una parte, mas que era de entrambas partes agudo y muy lastimero, acordaos que <b>el mismo Se\u00f1or, mirando al cielo gimi\u00f3 y llor\u00f3 sobre L\u00e1zaro<\/b> (Jn 11,35), <b>y sobre Jerusal\u00e9n<\/b> (Lc 19,41). Y como San Ambrosio dice: \u00abNo es de maravillar que se duela de todos quien por uno llor\u00f3.\u00bb De manera,: que ver a Dios ofendido, ya los hombres perdidos por el pecado, era cuchillo de dos filos que entra\u00f1ablemente lastimaba su Coraz\u00f3n, por el inestimable amor que a \u00c9l ten\u00eda por S\u00ed y a los hombres por \u00c9l, deseando la satisfacci\u00f3n de la honra divina y el remedio de los hombres, aunque fuese muy a su costa. \u00a1Oh Jes\u00fas bendit\u00edsimo!, que verte de fuera atormentado quiebra el coraz\u00f3n del cristiano, y verte de dentro quebrantado con algunos dolores, ni hay vista ni fuerza que lo pueda llevar. Tres clavos, Se\u00f1or, rompieron tus manos y pies con graves dolores; setenta y tantas espinas se dice que penetraron tu divina cabeza; tus bofetadas e injurias muy muchas fueron; y de los azotes que recibi\u00f3 tu delicad\u00edsimo cuerpo, se dice que pasaron de cinco mil. Por lo cual, y por otras muchas penas que en tu Pasi\u00f3n concurrieron, tan graves, que otro que T\u00fa que las pasaste no las alcanza, fue dicho en tu persona mucho tiempo antes (Lm 1,12): Todos los que pas\u00e1is por el camino, atended y mirad si hay dolor igual al m\u00edo. Y con todo esto, T\u00fa, cuyo amor no tenia tasa, buscaste y hallaste invenciones nuevas para traer y sentir dentro de Ti dolores que excediesen en n\u00famero a los clavos, azotes y tormentos que de fuera pasaste, y durasen m\u00e1s tiempo y fuesen m\u00e1s agudos para te herir. Isa\u00edas (Is 53,6) dice: Cada uno de nosotros se perdi\u00f3 por su camino, y el Se\u00f1or puso sobre su Mes\u00edas los pecados de iodos nosotros. Y esta sentencia tan rigurosa de la divina justicia, tu amor, Se\u00f1or, la hubo por buena; y echaste sobre tus cuestas, y te hiciste cargo de todos los pecados, sin faltar uno, que todos los hombres hicieron, hacen y han de hacer desde el principio del mundo hasta que se acabe, para pagarlos T\u00fa, Se\u00f1or, amador nuestro, con dolores de tu Coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfMas qui\u00e9n contar\u00e1 el n\u00famero de tus dolores, pues tampoco hay quien cuente el n\u00famero de nuestros pecados, que los causaron, sino T\u00fa solo, Se\u00f1or, que los pasaste, hecho por nosotros var\u00f3n de dolores, y que pruebas por experiencia trabajos? (Is 53,3). Un solo nombre dice de si que ten\u00eda m\u00e1s pecados que cabellos en la cabeza (Ps 39,12). Y sobre esto, aun dice que le perdone Dios los otros pecados que tiene y no los conoce (Ps 18,14). Pues si uno, que es David, tantos tiene, \u00bfqui\u00e9n contar\u00e1 los que tienen todos los hombres, muchos de los cuales hicieron m\u00e1s y mayores pecados que no David? \u00a1 En cu\u00e1nto trabajo te metiste, oh Cordero de Dios, para quitar los pecados del mundo!, en cuya persona fue dicho (Ps 21,13): Cerc\u00e1ronme muchos becerros; y los toros gruesos me rodearon: abrieron sobre m\u00ed su boca como le\u00f3n que brama y hace presa. Mas aunque en el huerto de Getseman\u00ed te fueron, Se\u00f1or, a prender una capitan\u00eda de mil hombres del brazo seglar, sin la gente enviada por los Pont\u00edfices y fariseos, los cuales con mucha crueldad te cercaron y prendieron; mas a quien mirare la muchedumbre y grandeza de todos los pecados del mundo que han cercado tu Coraz\u00f3n, poca gente le parecer\u00e1 la que aquella noche te fue a prender, en comparaci\u00f3n de los que cercan a tu Coraz\u00f3n. \u00a1 Qu\u00e9 vista, Se\u00f1or, tan espantable! \u00a1 Qu\u00e9 retablo tan feo, y para dar tanta pena, tra\u00edas delante de Ti, cercado de nuestros grandes pecados, significados por los becerros, y de los muy grandes, significados por los toros! \u00bfQui\u00e9n contar\u00e1, Se\u00f1or, cuan feos pecados han acaecido en el mundo, que presentados delante tu inefable limpieza y santidad, te pondr\u00edan espanto, y como toros con bocas abiertas arremet\u00edan a Ti, pidiendo que T\u00fa, Se\u00f1or, pagases la pena que tanta maldad merec\u00eda? \u00a1Con cu\u00e1nta raz\u00f3n se dice adelante (v. 15) que fuiste derramado como agua, con tormentos de fuera, y tu Coraz\u00f3n fue derretido como cera, con fuego de dolores de dentro! \u00bfQui\u00e9n, Se\u00f1or, dir\u00e1 que puede m\u00e1s crecer el n\u00famero de tus dolores, pues tan sin n\u00famero son nuestros pecados?<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_de_la_Cruz\">San Juan de la Cruz<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Subida_al_Monte_Carmelo_Dios_nos_mira_por_dentro\">Subida al Monte Carmelo: Dios nos mira por dentro<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Cap\u00edtulo 38: Que prosigue en los bienes motivos. Dice de los oratorios y lugares dedicados para oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>1 Par\u00e9ceme que ya queda dado a entender c\u00f3mo en estos accidentes de las im\u00e1genes puede tener el espiritual tanta imperfecci\u00f3n, y por ventura m\u00e1s peligrosa, poniendo su gusto y gozo en ellas, componiendo como en las dem\u00e1s cosas corporales y temporales. Y digo que m\u00e1s, por ventura, porque con decir: cosas santas son, se aseguran m\u00e1s y no temen la propiedad y asimiento natural. Y as\u00ed, se enga\u00f1an a veces harto, pensando que ya est\u00e1n llenos de devoci\u00f3n porque se sienten tener el gusto en estas cosas santas, y, por ventura, no es m\u00e1s que condici\u00f3n y apetito natural, que, como se ponen en otras cosas, se ponen en aquello.<\/p>\n<p>2 De aqu\u00ed es, porque comencemos a tratar de los oratorios, que algunas personas no se hartan de a\u00f1adir unas y otras im\u00e1genes a su oratorio, gustando del orden y atav\u00edo con que las ponen, a fin que su oratorio est\u00e9 bien adornado y parezca bien. Y a Dios no le quieren m\u00e1s as\u00ed que as\u00ed, mas antes menos, pues el gusto que ponen en aquellos ornatos pintados quitan a lo vivo, como habemos dicho. Que, aunque es verdad que todo ornato y atav\u00edo y reverencia que se puede hacer a las im\u00e1genes es muy poco, por lo cual los que las tienen con poca decencia y reverencia son dignos de mucha reprehensi\u00f3n, junto con los que hacen algunas tan mal talladas, que antes quitan la devoci\u00f3n que la a\u00f1aden, por lo cual hab\u00edan de impedir algunos oficiales que en esta arte son cortos y toscos , pero \u00bfqu\u00e9 tiene esto que ver con la propiedad y asimiento y apetito que t\u00fa tienes en estos ornatos y atav\u00edos exteriores, cuando de tal manera te engolfan el sentido, que te impiden mucho el coraz\u00f3n de ir a Dios y amarle y olvidarte de todas las cosas por su amor? Que si a esto faltas por esotro, no s\u00f3lo no te lo agradecer\u00e1, mas te castigar\u00e1, por no haber buscado en todas las cosas su gusto m\u00e1s que el tuyo.<\/p>\n<p>Lo cual podr\u00e1s bien entender en aquella fiesta que hicieron a Su Majestad cuando entr\u00f3 en Jerusal\u00e9n, recibi\u00e9ndole con tantos cantares y ramos (Mt 21,9) y <b>lloraba el Se\u00f1or<\/b> (Lc 19,41); <b>porque, teniendo ellos su coraz\u00f3n muy lejos de \u00e9l, le hac\u00edan pago con aquellas se\u00f1ales y ornatos exteriores.<\/b> En lo cual podemos decir que m\u00e1s se hac\u00edan fiesta a s\u00ed mismos que a Dios, como acaece a muchos el d\u00eda de hoy, que, cuando hay alguna solemne fiesta en alguna parte, m\u00e1s se suelen alegrar por lo que ellos se han de holgar en ella, ahora por ver o ser vistos, ahora por comer, ahora por otros sus respectos, que por agradar a Dios. En las cuales inclinaciones e intenciones ning\u00fan gusto dan a Dios, mayormente los mismos que celebran las fiestas cuando inventan para interponer en ellas cosas rid\u00edculas e indevotas para incitar a risa la gente, con que m\u00e1s se distraen; y otros ponen cosas que agraden m\u00e1s a la gente que la muevan a devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>3 Pues \u00bfqu\u00e9 dir\u00e9 de otros intentos que tienen algunos de intereses en las fiestas que celebran? Los cuales si tienen m\u00e1s el ojo y codicia a esto que al servicio de Dios, ellos se lo saben, y Dios, que lo ve. Pero en las unas maneras y en las otras, cuando as\u00ed pasa, crean que m\u00e1s se hacen a s\u00ed la fiesta que a Dios; porque por lo que su gusto o el de los hombres hacen, no lo toma Dios a su cuenta, antes muchos se estar\u00e1n holgando de los que comunican en las fiestas de Dios, y Dios se estar\u00e1 con ellos enojando; como lo hizo con los hijos de Israel cuando hac\u00edan fiesta cantando y bailando a su \u00eddolo, pensando que hac\u00edan fiesta a Dios, de los cuales mat\u00f3 muchos millares (Ex 32,7-28); o como con los sacerdotes Nadab y Abi\u00fa hijos de Aar\u00f3n, a quien mat\u00f3 Dios con los incensarios en las manos porque ofrec\u00edan fuego ajeno (Lv 10,1-2); o como al que entr\u00f3 en las bodas mal ataviado y compuesto, al cual mand\u00f3 el rey echar en las tinieblas exteriores atado de pies y manos (Mt 22,12-13). En lo cual se conoce cu\u00e1n mal sufre Dios en las juntas que se hacen para su servicio estos desacatos.<\/p>\n<p>Porque \u00a1cu\u00e1ntas fiestas, Dios m\u00edo, os hacen los hijos de los hombres en que se lleva m\u00e1s el demonio que Vos! Y el demonio gusta de ellas, porque en ellas, como el tratante, hace \u00e9l su feria. \u00a1Y cu\u00e1ntas veces dir\u00e9is Vos en ellas: Este pueblo con los labios me honra s\u00f3lo, mas su coraz\u00f3n est\u00e1 lejos de m\u00ed, porque me sirve sin, causa! (Mt 15,8). Porque la causa por que Dios ha de ser servido es s\u00f3lo por ser \u00e9l quien es, y no interponiendo otros fines. Y as\u00ed, no sirvi\u00e9ndole s\u00f3lo por quien \u00e9l es, es servirle sin causa final de Dios.<\/p>\n<p>4 Pues, volviendo a los oratorios, digo que algunas personas los atav\u00edan m\u00e1s por su gusto que por el de Dios. Y algunos hacen tan poco caso de la devoci\u00f3n de ellos, que no los tienen en m\u00e1s que sus camariles profanos, y aun algunos no en tanto, pues tienen m\u00e1s gusto en lo profano que en lo divino.<\/p>\n<p>5 Pero dejemos ahora esto y digamos todav\u00eda de los que hilan m\u00e1s delgado, es a saber, de los que se tienen por gente devota. Porque muchos de \u00e9stos de tal manera dan en tener asido el apetito y gusto a su oratorio y ornato de \u00e9l, que todo lo (que) hab\u00edan de emplear en oraci\u00f3n de Dios y recogimiento interior se les va en esto. Y no echan de ver que, no ordenando esto para el recogimiento interior y paz del alma, se distraen tanto en ello como en las dem\u00e1s cosas, y se inquietar\u00e1n en el tal gusto a cada paso, y m\u00e1s si se lo quisiesen quitar.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_El_tiempo_del_Evangelio\">Catequesis: El tiempo del Evangelio<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Audiencia general (17-12-1997)<\/p>\n<p>1. La entrada de la eternidad en el tiempo a trav\u00e9s del misterio de la Encarnaci\u00f3n hace que toda la vida de Cristo en la tierra sea un per\u00edodo excepcional. El arco de esta vida constituye un tiempo \u00fanico, tiempo de la plenitud de la Revelaci\u00f3n, en la que el Dios eterno nos habla en su Verbo encarnado a trav\u00e9s del velo de su existencia humana.<\/p>\n<p>Se trata del tiempo que permanecer\u00e1 para siempre como punto de referencia normativo:\u00a0<em>el tiempo del Evangelio<\/em>. Todos los cristianos lo reconocen como el tiempo en el que comienza su fe.<\/p>\n<p>Es el tiempo de una vida humana que ha cambiado todas las vidas humanas. La vida de Cristo fue m\u00e1s bien breve; pero su intensidad y su valor son incomparables. Nos encontramos ante la mayor riqueza para la historia de la humanidad. Riqueza inagotable, porque es la riqueza de la eternidad y de la divinidad.<\/p>\n<p>2. Particularmente afortunados fueron quienes, viviendo en el tiempo de Jes\u00fas, tuvieron la alegr\u00eda de estar a su lado, verlo y escucharlo. Jes\u00fas mismo los llama bienaventurados: \u00ab\u00a1Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y o\u00edr lo que vosotros o\u00eds, pero no lo oyeron\u00bb (<em>Lc<\/em>10, 23-24).<\/p>\n<p>La f\u00f3rmula \u00abos digo\u00bb permite comprender que la afirmaci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de una simple constataci\u00f3n del hecho hist\u00f3rico. Jes\u00fas pronuncia una\u00a0<em>palabra de revelaci\u00f3n<\/em>, que ilumina el sentido profundo de la historia. En el pasado que lo precede Jes\u00fas no ve s\u00f3lo los acontecimientos externos que preparan su venida; contempla las aspiraciones profundas de los corazones, que subyacen en esos acontecimientos y anticipan su \u00e9xito final.<\/p>\n<p>Gran parte de los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas no se dan cuenta de su privilegio. Ven y oyen al Mes\u00edas sin reconocerlo como el Salvador esperado. Se dirigen a \u00e9l sin saber que est\u00e1n hablando con el Ungido de Dios que anunciaron los profetas.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, al decirles \u00ablo que vosotros veis\u00bb, \u00ablo que vosotros o\u00eds\u00bb, los invita a captar el misterio, yendo m\u00e1s all\u00e1 del velo de los sentidos. En esta penetraci\u00f3n, ayuda sobre todo a sus disc\u00edpulos: \u00abA vosotros se os ha confiado el misterio del reino de Dios\u00bb (<em>Mc\u00a0<\/em>4, 11).<\/p>\n<p>En este camino de los disc\u00edpulos hacia el descubrimiento del misterio se enraiza nuestra fe, fundada precisamente en su testimonio. Nosotros no tenemos el privilegio de ver y o\u00edr a Jes\u00fas como era posible en los d\u00edas de su vida terrena; pero, con la fe, recibimos la gracia inconmensurable de entrar en el misterio de Cristo y de su Reino.<\/p>\n<p>3. El tiempo del Evangelio abre la puerta a un profundo conocimiento de la persona de Cristo. A este prop\u00f3sito, podemos recordar las palabras del conmovedor reproche que hace Jes\u00fas a Felipe: \u00ab\u00bfTanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe?\u00bb (<em>Jn\u00a0<\/em>14, 9). Jes\u00fas esperaba un conocimiento penetrante y lleno de amor por parte de quien, siendo ap\u00f3stol, viv\u00eda en una relaci\u00f3n muy estrecha con el Maestro y, precisamente por esta intimidad, hubiera debido comprender que en \u00e9l se manifestaba el rostro del Padre. \u00abEl que me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre\u00bb (<em>Jn\u00a0<\/em>14, 9). El disc\u00edpulo est\u00e1 llamado a descubrir en el rostro de Cristo, con la mirada de la fe, el rostro invisible del Padre.<\/p>\n<p>4. El Evangelio presenta el arco de la vida terrena de Cristo como\u00a0<em>tiempo de bodas<\/em>. Es un tiempo para difundir la alegr\u00eda. \u00ab\u00bfPueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio est\u00e1 con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar\u00bb (<em>Mc\u00a0<\/em>2, 19). Jes\u00fas usa aqu\u00ed una imagen sencilla y sugestiva. \u00c9l es el esposo que inaugura la fiesta de sus bodas, bodas del amor entre Dios y la humanidad. \u00c9l es el esposo que quiere comunicar su alegr\u00eda. Los amigos del esposo son invitados a compartirla, participando en el banquete.<\/p>\n<p>Sin embargo, precisamente en el mismo marco nupcial, Jes\u00fas anuncia el momento en el que ya no estar\u00e1 presente: \u00abD\u00edas vendr\u00e1n en que les ser\u00e1 arrebatado el novio; entonces ayunar\u00e1n\u00bb (<em>Mc\u00a0<\/em>2, 20): es una clara alusi\u00f3n a su sacrificio. Jes\u00fas sabe que a la alegr\u00eda seguir\u00e1 la tristeza. Sus disc\u00edpulos entonces \u00abayunar\u00e1n\u00bb, o sea, sufrir\u00e1n participando en su pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>La venida de Cristo a la tierra, con toda la alegr\u00eda que conlleva para la humanidad, est\u00e1 relacionada indisolublemente con el sufrimiento. La fiesta nupcial est\u00e1 marcada por el drama de la cruz, pero culminar\u00e1 en la alegr\u00eda pascual.<\/p>\n<p>5. Este drama es el fruto del inevitable enfrentamiento de Cristo con la potencia del mal: \u00abLa luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas n ola vencieron\u00bb (<em>Jn<\/em>1,5). Los pecados de todos los hombres desempe\u00f1an un papel esencial en este drama. Pero fue particularmente doloroso para Cristo que una parte de su pueblo no lo reconociera. Dirigi\u00e9ndose a la ciudad de Jerusal\u00e9n, le reprocha: \u00abNo has conocido el tiempo de tu visita\u00bb (<em>Lc<\/em>19, 44).<\/p>\n<p>El tiempo de la presencia terrena de Cristo era el tiempo de la visita de Dios. Ciertamente, no faltaron quienes dieron una respuesta positiva, la respuesta de la fe. Antes de referirse al llanto de Jes\u00fas sobre la ciudad rebelde (cf.\u00a0<em>Lc\u00a0<\/em>19, 41-44), san Lucas nos describe su ingreso \u00abreal\u00bb, \u00abmesi\u00e1nico\u00bb en Jerusal\u00e9n, cuando \u00abtoda la multitud de los disc\u00edpulos, con gran alegr\u00eda, se puso a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que hab\u00edan visto. Dec\u00edan: &#8220;Bendito el rey que viene en nombre del Se\u00f1or. Paz en el cielo y gloria en las alturas&#8221;\u00bb (<em>Lc\u00a0<\/em>19, 37-38). Pero este entusiasmo no pod\u00eda ocultar, a los ojos de Jes\u00fas, la amarga evidencia de ser rechazado por los jefes de su pueblo y por la multitud que ellos instigaban.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, antes de la entrada triunfal en Jerusal\u00e9n, Jes\u00fas hab\u00eda anunciado su sacrificio: \u00abEl Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos\u00bb (<em>Mc\u00a0<\/em>10, 45; cf.\u00a0<em>Mt\u00a0<\/em>20, 28).<\/p>\n<p>As\u00ed, el tiempo de la vida terrena de Cristo se caracteriza por su ofrenda redentora. Es el tiempo del misterio pascual de muerte y resurrecci\u00f3n, de la que brota la salvaci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<h2><span id=\"Beato_Pablo_VI_papa\">Beato Pablo VI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Exhortacion_Jerusalen_celeste\">Exhortaci\u00f3n: Jerusal\u00e9n celeste.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica sobre la alegr\u00eda cristiana \u00abGaudete in Domino\u00bb.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abDesdichadamente, esto est\u00e1 escondido a tus ojos\u00bb (Lc 19,42b).<\/p>\n<p>Es del todo evidente que ninguna ciudad de aqu\u00ed abajo constituye el t\u00e9rmino de nuestro peregrinar en el tiempo. Dicho t\u00e9rmino est\u00e1 escondido en el m\u00e1s all\u00e1, en el coraz\u00f3n del misterio de Dios que todav\u00eda es invisible para nosotros; porque nuestro caminar es todav\u00eda en fe, no en la clara visi\u00f3n, y no se nos ha manifestado todav\u00eda lo que seremos. La nueva Jerusal\u00e9n, de la cual somos ya ciudadanos e hijos, desciende de arriba, de junto a Dios. Todav\u00eda no hemos podido contemplar el esplendor de esta \u00fanica ciudad definitiva, m\u00e1s que como en un espejo, de manera confusa, manteniendo firme la palabra de los profetas. Pero ya desde ahora somos ciudadanos de ella, o estamos invitados a serlo; todo el peregrinar espiritual recibe su sentido interior de este \u00faltimo destino.<\/p>\n<p>Esta es la Jerusal\u00e9n que han celebrado lo salmistas. El mismo Jes\u00fas, y Mar\u00eda, su madre, en esta tierra, han cantado los c\u00e1nticos de Si\u00f3n al subir a Jerusal\u00e9n: \u201cBelleza perfecta, alegr\u00eda de toda la tierra\u201d. Pero desde ahora la Jerusal\u00e9n de arriba recibe todo su atractivo s\u00f3lo de Cristo, es hacia \u00e9l que hacemos un camino interior.<\/p>\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI_papa\">Benedicto XVI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Angelus_Jerusalen_somos_todos_nosotros\">\u00c1ngelus: Jerusal\u00e9n somos todos nosotros<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">En la solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or (06-01-2009)<\/p>\n<p>[&#8230;]\u00a0El Evangelio cuenta c\u00f3mo Jes\u00fas vino al mundo con gran humildad y ocultamiento&#8230;<\/p>\n<p>Ciertamente, resalta el hecho de que el conocimiento de las Escrituras y de las profec\u00edas mesi\u00e1nicas no lleva a todos a abrirse a \u00e9l y a su palabra. Esto lleva a pensar que, poco antes de la pasi\u00f3n, Jes\u00fas llor\u00f3 sobre Jerusal\u00e9n porque no hab\u00eda reconocido el tiempo de su visita (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a019, 44).<\/p>\n<p>Tocamos aqu\u00ed uno de los puntos cruciales de la teolog\u00eda de la historia: el drama del amor fiel de Dios en la persona de Jes\u00fas, que &#8220;vino a los suyos y los suyos no lo recibieron&#8221; (<i>Jn<\/i>\u00a01,11). A la luz de toda la Biblia, esta actitud de<strong> hostilidad, de ambig\u00fcedad o de superficialidad<\/strong> representa la de todo hombre y del &#8220;mundo&#8221; \u2014en sentido espiritual\u2014, cuando se cierra al misterio del Dios verdadero, que sale a nuestro encuentro con la desarmante mansedumbre del amor. Jes\u00fas, el &#8220;rey de los jud\u00edos&#8221; (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a018, 37), es el Dios de la misericordia y de la fidelidad; quiere reinar con el amor y la verdad, y nos pide que nos convirtamos, que abandonemos las obras malas y que recorramos con decisi\u00f3n el camino del bien.<\/p>\n<p>Por tanto, en este sentido, <strong>&#8220;Jerusal\u00e9n&#8221; somos todos nosotros.<\/strong> Que la Virgen Mar\u00eda, que acogi\u00f3 con fe a Jes\u00fas, nos ayude a no cerrar nuestro coraz\u00f3n a su Evangelio de salvaci\u00f3n. M\u00e1s bien, dej\u00e9monos conquistar y transformar por \u00e9l, el &#8220;Emmanuel&#8221;, el Dios que vino a nosotros para darnos su paz y su amor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>41 Al acercarse y ver la ciudad, llor\u00f3 sobre ella, 42 mientras dec\u00eda: \u00ab\u00a1Si reconocieras t\u00fa tambi\u00e9n en este d\u00eda lo que conduce a la paz! Pero ahora est\u00e1 escondido a tus ojos. 43 Pues vendr\u00e1n d\u00edas sobre ti en que tus enemigos te rodear\u00e1n de trincheras, te sitiar\u00e1n, apretar\u00e1n el cerco de todos lados, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lc-19-41-44-lamentacion-sobre-jerusalen\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLc 19, 41-44: Lamentaci\u00f3n sobre Jerusal\u00e9n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41547","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41547","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41547"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41547\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41547"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41547"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41547"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}