{"id":41602,"date":"2016-10-07T23:38:45","date_gmt":"2016-10-08T04:38:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-10-22-30-revelacion-de-jesus-en-la-fiesta-de-la-dedicacion-i\/"},"modified":"2016-10-07T23:38:45","modified_gmt":"2016-10-08T04:38:45","slug":"jn-10-22-30-revelacion-de-jesus-en-la-fiesta-de-la-dedicacion-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-10-22-30-revelacion-de-jesus-en-la-fiesta-de-la-dedicacion-i\/","title":{"rendered":"Jn 10, 22-30: Revelaci\u00f3n de Jes\u00fas en la fiesta de la Dedicaci\u00f3n (i)"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">22<\/span> Se celebraba entonces en Jerusal\u00e9n la fiesta de la Dedicaci\u00f3n del templo. <span class=\"versiculo\">23<\/span> Era invierno, y Jes\u00fas se paseaba en el templo por el p\u00f3rtico de Salom\u00f3n. <span class=\"versiculo\">24<\/span> Los jud\u00edos, rode\u00e1ndolo, le preguntaban: \u00ab\u00bfHasta cu\u00e1ndo nos vas a tener en suspenso? Si t\u00fa eres el Mes\u00edas, d\u00ednoslo francamente\u00bb. <span class=\"versiculo\">25<\/span> Jes\u00fas les respondi\u00f3: \u00abOs lo he dicho, y no cre\u00e9is; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de m\u00ed. <span class=\"versiculo\">26<\/span> Pero vosotros no cre\u00e9is, porque no sois de mis ovejas. <span class=\"versiculo\">27<\/span> Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, <span class=\"versiculo\">28<\/span> y yo les doy la vida eterna; no perecer\u00e1n para siempre, y nadie las arrebatar\u00e1 de mi mano. <span class=\"versiculo\">29<\/span> Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. <span class=\"versiculo\">30<\/span> Yo y el Padre somos uno\u00bb. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_y_meditaciones_desde_la_tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios y meditaciones desde la tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Atanasio_de_Alejandria\"> Atanasio de Alejandr\u00eda<a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/padres.php?id=95\" title=\"Ver biograf\u00eda y todos los comentarios de  Atanasio de Alejandr\u00eda\" alt=\"Vida Padres de la Iglesia\"><br \/>\n <i class=\"fa fa-user-plus fa-lg\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/a><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Obras_Fe_sin_desviaciones\"> Obras: Fe sin desviaciones<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abYo y el Padre somos uno\u00bb (Jn 10,30)<br \/>S\u00edmbolo \u201cQuicumque\u201d, [Falta referencia]<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>He aqu\u00ed la fe cat\u00f3lica: veneramos a un Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la unidad, sin confundir a las personas, sin dividir la sustancia: una es, en efecto, la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Esp\u00edritu Santo; pero el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo tienen una misma divinidad, una gloria igual, una misma majestuosidad eterna. As\u00ed como es el Padre, es el Hijo y el Esp\u00edritu Santo: increado es el Padre, increado el Hijo e increado el Esp\u00edritu Santo&#8230; De este modo el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Esp\u00edritu Santo es Dios; y sin embargo ellos no son tres dioses, sino un mismo Dios&#8230;<\/p>\n<p> Esta es la fe sin desviaciones: nosotros creemos y confesamos que nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y hombre: \u00c9l es Dios, de la sustancia del Padre, engendrado antes de los siglos; y \u00c9l es hombre, de la sustancia de su madre, nacido en el tiempo: Dios perfecto, hombre perfecto, compuesto de un alma razonable y un cuerpo humano, igual al Padre seg\u00fan la divinidad, inferior al Padre seg\u00fan la humanidad. Aunque \u00c9l sea Dios y hombre, no existen dos cristos sino un solo Cristo: uno, no porque la divinidad haya pasado a la carne, sino porque la humanidad fue asumida por Dios; una uni\u00f3n no por mezcla de sustancias, sino por la unidad de la persona. Porque, al igual que el alma razonable y el cuerpo forman un hombre, Dios y el hombre forman un Cristo. \u00c9l sufri\u00f3 por nuestra salvaci\u00f3n, descendi\u00f3 a los infiernos, resucit\u00f3 al tercer d\u00eda de entre los muertos, subi\u00f3 a los cielos, y est\u00e1 sentado a la derecha del Padre; desde all\u00ed vendr\u00e1 a juzgar a vivos y muertos.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Agustin_de_Hipona\"> Agust\u00edn de Hipona<a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/padres.php?id=2\" title=\"Ver biograf\u00eda y todos los comentarios de  Agust\u00edn de Hipona\" alt=\"Vida Padres de la Iglesia\"><br \/>\n <i class=\"fa fa-user-plus fa-lg\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/a><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"De_Trinitate_La_vida_eterna_es_conocerle\"> De Trinitate: La vida eterna es conocerle<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00ab\u00bfHasta cuando nos vas a tener en suspenso?\u00bb (Jn 10,24)<br \/>I, 13, 30-3<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>Como es igual al Padre, el Hijo de Dios no recibe el poder de juzgar, ya que lo posee con el Padre. Lo recibe para que buenos y malos lo vean juzgar, porque es el Hijo del hombre. Ver al Hijo del hombre se les dar\u00e1 a los malvados por s\u00ed mismos, pero la visi\u00f3n de su divinidad s\u00f3lo se dar\u00e1 a los limpios de coraz\u00f3n, porque son ellos los que ver\u00e1n a Dios (Mt 5,8). \u00bfQu\u00e9 es la vida eterna, sino esta visi\u00f3n, que ser\u00e1 denegada a los imp\u00edos? \u00abQue te conozcan a ti, \u00fanico Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo\u00bb (Jn 17,3). \u00bfC\u00f3mo conocer\u00e1n a Jesucristo, si no como el verdadero Dios, el que se muestra a s\u00ed mismo a ellos? \u00c9l se mostrar\u00e1 lleno de bondad en la visi\u00f3n que descubrir\u00e1 a los limpios de coraz\u00f3n. \u00abQu\u00e9 bueno es el Dios de Israel para los rectos de coraz\u00f3n\u00bb (Sal 72,1). S\u00f3lo Dios es bueno.<\/p>\n<p> He aqu\u00ed por qu\u00e9 aquel que llam\u00f3 al Se\u00f1or \u00abmaestro bueno\u00bb , y le pidi\u00f3 consejo para llegar a la vida eterna, recibe esta respuesta: \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 me preguntas sobre lo que es bueno?\u00bb. \u00abNadie es bueno salvo el mismo Dios\u00bb (Mc 10, 17-18). Este hombre que le ha interrogado no sabe a qui\u00e9n se ha acercado y lo ha tomado por un simple hijo del hombre&#8230; \u00abEl cual, siendo de condici\u00f3n divina, no retuvo \u00e1vidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo tomando la condici\u00f3n de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y as\u00ed, reconocido como hombre por su presencia\u00bb (Flp 2, 6-7). Este es \u00c9l, el \u00fanico Dios, Padre, Hijo, Esp\u00edritu Santo, que aparecer\u00e1 tan solo para alegr\u00eda inalterable de los justos.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Juan_Pablo_II\"> Juan Pablo II<a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/padres.php?id=5\" title=\"Ver biograf\u00eda y todos los comentarios de  Juan Pablo II\" alt=\"Vida Padres de la Iglesia\"><br \/>\n <i class=\"fa fa-user-plus fa-lg\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/a><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_30-10-1985_Murio_por_ser_Dios\"> Audiencia General (30-10-1985): Muri\u00f3 por ser Dios<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abEl que cree en el Hijo posee la vida eterna\u00bb (Jn 10,36)<br \/>nn. 4-5<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><strong>El Hijo<\/strong><\/p>\n<p> La misi\u00f3n de Jesucristo de revelar al Padre, manifest\u00e1ndose a S\u00ed mismo como Hijo, no carec\u00eda de dificultades. Efectivamente ten\u00eda que superar los obst\u00e1culos derivados de la mentalidad estrictamente monote\u00edsta de los oyentes, que se hab\u00eda formado por medio de la ense\u00f1anza del Antiguo Testamento, en la fidelidad a la Tradici\u00f3n, la cual se remontaba a Abraham y a Mois\u00e9s, y en la lucha contra el polite\u00edsmo. En los Evangelios, y especialmente en el de Juan, encontramos muchos indicios de esta dificultad que Jesucristo supo superar con habilidad, presentando con suma pedagog\u00eda signos de revelaci\u00f3n a los que se dejaron abrir los disc\u00edpulos bien dispuestos.<\/p>\n<p> Jes\u00fas hablaba a sus oyentes de modo claro e inequ\u00edvoco: \u00abEl Padre, que me ha enviado, da testimonio de m\u00ed\u00bb. Y a la pregunta: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu Padre?\u00bb, respond\u00eda: \u00abNi a m\u00ed me conoc\u00e9is ni a mi Padre; si me conocierais a m\u00ed, conocer\u00edais tambi\u00e9n a mi Padre&#8230;\u00bb \u00abYo hablo lo que he visto en el Padre&#8230;\u00bb. Luego a los oyentes que objetaban: \u00abNosotros tenemos por Padre a Dios&#8230;\u00bb, les rebat\u00eda: \u00abSi Dios fuera vuestro Padre, me amar\u00edais a m\u00ed, porque yo he salido y vengo de Dios&#8230; es \u00c9l que me ha enviado&#8230;\u00bb, en verdad, en verdad os digo: Antes que Abraham naciese, era yo\u00bb (Cf. Jn 8, 12-59).<\/p>\n<p>Cristo dice \u00abYo soy\u00bb, igual que siglos antes, al pie del monte Horeb, hab\u00eda dicho Dios a Mois\u00e9s, cuando le preguntaba el nombre: \u00abYo soy el que soy\u00bb (Cfr. Ex 3, 14). Las palabras de Cristo: \u00abAntes que Abraham naciese, Yo Soy\u00bb, provocaron la reacci\u00f3n violenta de los oyentes que \u00abbuscaban&#8230; matarlo, porque dec\u00eda a Dios su Padre, haci\u00e9ndose igual a Dios\u00bb (Jn 5, 18). En efecto, Jes\u00fas no se limitaba a decir: \u00abMi Padre sigue obrando todav\u00eda, y por eso obro yo tambi\u00e9n\u00bb (Jn 5, 17), sino que incluso proclamaba: \u00abYo y el Padre somos una sola cosa\u00bb (Jn 10, 30)<\/p>\n<p> En los d\u00edas dram\u00e1ticos que finalizan si vida, Jes\u00fas es arrastrado al tribunal del Sanedr\u00edn, donde el mismo Sumo Sacerdote le dirige la pregunta-imputaci\u00f3n: \u00abTe conjuro por Dios vivo a que me digas si eres t\u00fa el Mes\u00edas, el Hijo de Dios\u00bb (Mt 26, 63). Jes\u00fas responde: \u00abT\u00fa lo has dicho\u00bb (ib., 64).<\/p>\n<p> La tragedia se consuma y se pronuncia contra Jes\u00fas la sentencia de muerte.<\/p>\n<p> Cristo, revelador del Padre y revelador de S\u00ed mismo como Hijo del Padre, muri\u00f3 porque hasta el fin dio testimonio de la verdad sobre su filiaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p> Con el coraz\u00f3n colmado de amor nosotros queremos repetirle tambi\u00e9n hoy con el Ap\u00f3stol Pedro el testimonio de nuestra fe: \u00abT\u00fa eres el Mes\u00edas, el Hijo de Dios vivo\u00bb (Mt 16, 16).<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_08-07-1987_Jesucristo_Hijo_intimamente_unido_al_Padre\"> Audiencia General (08-07-1987): Jesucristo: Hijo \u00edntimamente unido al Padre<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abYo y el Padre somos una sola cosa\u00bb (Jn 10, 24-30)<br \/><\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>\u00abAbb\u00e1-Padre m\u00edo\u00bb: Todo lo que hemos dicho en la catequesis anterior, nos permite penetrar m\u00e1s profundamente en la \u00fanica y excepcional relaci\u00f3n del hijo con el Padre, que encuentra su expresi\u00f3n en los Evangelios, tanto en los Sin\u00f3pticos como en San Juan, y en todo el Nuevo Testamento. Si en el Evangelio de Juan son m\u00e1s numerosos los pasajes que ponen de relieve esta relaci\u00f3n (podr\u00edamos decir \u00aben primera persona\u00bb), en los Sin\u00f3pticos (Mt y Lc) se encuentra, sin embargo, la frase que parece contener la clave de esta cuesti\u00f3n: \u00abNadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Mt 11, 27 y Lc 10, 22).<\/p>\n<p> El Hijo, pues, revela al Padre como Aquel que lo \u00abconoce\u00bb y lo ha mandado como Hijo para \u00abhablar\u00bb a los hombres por medio suyo (cf. Heb 1, 2) de forma nueva y definitiva. M\u00e1s a\u00fan: precisamente este Hijo unig\u00e9nito el Padre \u00ablo ha dado\u00bb a los hombres para la salvaci\u00f3n del mundo, con el fin de que el hombre alcance la vida eterna en \u00c9l y por medio de \u00c9l (cf. Jn 3, 16).<\/p>\n<p>Muchas veces, pero especialmente durante la \u00faltima Cena, Jes\u00fas insiste en dar a conocer a sus disc\u00edpulos que est\u00e1 unido al Padre con un v\u00ednculo de pertenencia particular. \u00abTodo lo m\u00edo es tuyo, y lo tuyo es m\u00edo\u00bb, dice en la oraci\u00f3n sacerdotal, al despedirse de los Ap\u00f3stoles para ir a su pasi\u00f3n. Y entonces pide la unidad para sus disc\u00edpulos, actuales y futuros, con palabras que ponen de relieve la relaci\u00f3n de esa uni\u00f3n y \u00abcomuni\u00f3n\u00bb con la que existe s\u00f3lo entre el Padre y el Hijo. En efecto, pide: \u00abQue todos sean uno, como t\u00fa, Padre, est\u00e1s en mi y yo en ti, para que tambi\u00e9n ellos sean en nosotros y el mundo crea que t\u00fa me has enviado. Yo les he dado la gloria que t\u00fa me diste, a fin de que sean uno como nosotros somos uno. Yo en ellos y t\u00fa en m\u00ed, para que sean perfectamente uno y conozca el mundo que t\u00fa me enviaste y amaste a \u00e9stos como me amaste a m\u00ed\u00bb (Jn 17, 21-23).<\/p>\n<p>Al rezar por la unidad de sus disc\u00edpulos y testigos, al revelar Jes\u00fas al mismo tiempo qu\u00e9 unidad, qu\u00e9 \u00abcomuni\u00f3n\u00bb existe entre \u00c9l y el Padre: el Padre est\u00e1 \u00aben el\u00bb Hijo y el Hijo \u00aben el\u00bb Padre. Esta particular \u00abinmanencia\u00bb, la compenetraci\u00f3n rec\u00edproca \u2014expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n de las personas\u2014 revela la medida de la rec\u00edproca pertenencia y la intimidad de la rec\u00edproca realizaci\u00f3n del Padre y del Hijo. Jes\u00fas la explica cuando afirma: \u00abTodo lo m\u00edo es tuyo, y lo tuyo m\u00edo\u00bb (Jn 17, 10). Es una relaci\u00f3n de posesi\u00f3n rec\u00edproca en la unidad de esencia, y al mismo tiempo es una relaci\u00f3n de don. De hecho dice Jes\u00fas: \u00abAhora saben que todo cuanto me diste viene de ti\u00bb (Jn 17, 7).<\/p>\n<p>Se pueden captar en el Evangelio de Juan los indicios de la atenci\u00f3n, del asombro y del recogimiento con que los Ap\u00f3stoles escucharon estas palabras de Jes\u00fas en el Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, la v\u00edspera de los sucesos pascuales. Pero la verdad de la oraci\u00f3n sacerdotal de alg\u00fan modo ya se hab\u00eda expresado p\u00fablicamente con anterioridad el d\u00eda de la solemnidad de la dedicaci\u00f3n del templo. Al desaf\u00edo de los que se hab\u00edan congregado: \u00abSi eres el Mes\u00edas, d\u00ednoslo claramente\u00bb, Jes\u00fas responde: \u00abOs lo dije y no cre\u00e9is; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, \u00e9sas dan testimonio de mi\u00bb. Y a continuaci\u00f3n afirma Jes\u00fas que los que lo escuchan y creen en \u00c9l, pertenecen a su reba\u00f1o en virtud de un don del Padre: \u00abMis ovejas oyen mi voz y yo las conozco&#8230; Lo que mi Padre me dio es mejor que todo, y nadie podr\u00e1 arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una sola cosa\u00bb (Jn 10, 24-30).<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n de los adversarios en este caso es violenta: \u00abDe nuevo los jud\u00edos trajeron piedras para apedrearlo\u00bb. Jes\u00fas les pregunta por qu\u00e9 obras provenientes del Padre y realizadas por \u00c9l lo quieren apedrear, y ellos responden: \u00abPor la blasfemia, porque t\u00fa, siendo hombre, te haces Dios\u00bb. La respuesta de Jes\u00fas es inequ\u00edvoca: \u00abSi no hago las obras de mi Padre no me cre\u00e1is; pero si las hago, ya que no me cre\u00e9is a m\u00ed, creed a la obras, para que sep\u00e1is y conozc\u00e1is que el Padre est\u00e1 en m\u00ed y yo en el Padre\u00bb (cf. Jn 10, 31-38).<\/p>\n<p>Tengamos bien en cuenta el significado de este punto crucial de la vida y de la revelaci\u00f3n de Cristo. La verdad sobre el particular v\u00ednculo, la particular unidad que existe entre el Hijo y el Padre, encuentra la oposici\u00f3n de los jud\u00edos: Si t\u00fa eres el Hijo en el sentido que se deduce de tus palabras, entonces t\u00fa, siendo hombre, te haces Dios. En tal caso profieres la mayor blasfemia. Por lo tanto, los que lo escuchaban comprendieron el sentido de las palabras de Jes\u00fas de Nazaret: como Hijo, \u00c9l es \u00abDios de Dios\u00bb \u2014\u00abde la misma naturaleza que el Padre\u00bb\u2014, pero precisamente por eso no las aceptaron, sino que las rechazaron de la forma m\u00e1s absoluta, con toda firmeza. Aunque en el conflicto de ese momento no se llega a apedrearlo (cf. Jn 10, 39); sin embargo, al d\u00eda siguiente de la oraci\u00f3n sacerdotal en el Cen\u00e1culo, Jes\u00fas ser\u00e1 sometido a muerte en la cruz. Y los jud\u00edos presentes gritar\u00e1n: \u00abSi eres Hijo de Dios, baja de la cruz\u00bb (Mt 27, 40), y comentar\u00e1n con escarnio: \u00abHa puesto su confianza en Dios; que \u00c9l lo libre ahora, si es que lo quiere, puesto que ha dicho: soy el Hijo de Dios\u00bb (Mt 27, 42-43).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la hora del Calvario Jes\u00fas afirma la unidad con el Padre. Como leemos en la Carta a los Hebreos: \u00abY aunque era Hijo, aprendi\u00f3 por sus padecimientos la obediencia\u00bb (Heb 5, 8). Pero esta \u00abobediencia hasta la muerte\u00bb (cf. Flp 2, 8) era la ulterior y definitiva expresi\u00f3n de la intimidad de la uni\u00f3n con el Padre. En efecto, seg\u00fan el texto de Marcos, durante a agon\u00eda en la cruz, \u00abJes\u00fas&#8230; grit\u00f3: \u2018!Elo\u00ed, Elo\u00ed, lam\u00e1 sabact\u00e1ni?\u2019, que quiere decir: Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mc 15, 34). Este grito \u2014aunque las palabras manifiestan el sentido del abandono probado en su psicolog\u00eda de hombre sufriente por nosotros\u2014 era la expresi\u00f3n de la m\u00e1s intima uni\u00f3n del Hijo con el Padre en el cumplimiento de su mandato: \u00abHe llevado a cabo la obra que me encomendaste realizar\u00bb (cf. Jn 17, 4). En este momento la unidad del Hijo con el Padre se manifest\u00f3 con una definitiva profundidad divino-humana en el misterio de la redenci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el Cen\u00e1culo Jes\u00fas dice a los Ap\u00f3stoles: \u00abNadie viene al Padre sino por m\u00ed. Si me hab\u00e9is conocido, conocer\u00e9is tambi\u00e9n a mi Padre&#8230; Felipe, le dijo: Se\u00f1or, mu\u00e9stranos al Padre y nos basta. Jes\u00fas le dijo: Felipe, \u00bftanto tiempo ha que estoy con vosotros y a\u00fan no me hab\u00e9is conocido? El que me ha visto (ve) a m\u00ed ha visto (ve) al Padre&#8230; \u00bfNo crees que yo estoy en el Padre y el Padre en m\u00ed?\u00bb (Jn 14, 6-10).<\/p>\n<p> \u00abQuien me ve a m\u00ed, ve al Padre\u00bb. El Nuevo Testamento est\u00e1 todo plagado de la luz de esta verdad evang\u00e9lica. El Hijo es \u00abirradiaci\u00f3n de su (del Padre) gloria\u00bb, e \u00abimpronta de su substancia\u00bb (Heb 1, 3). Es \u00abimagen del Dios invisible\u00bb (Col 1, 15). Es la epifan\u00eda de Dios. Cuando se hizo hombre, asumiendo \u00abla condici\u00f3n de siervo\u00bb y \u00abhaci\u00e9ndose obediente hasta la muerte\u00bb (cf. Flp 2, 7-8), al mismo tiempo se hizo para todos los que lo escucharon \u00abel camino\u00bb: el camino al Padre, con el que es \u00abla verdad y la vida\u00bb (Jn 14, 6).<\/p>\n<p> En la fatigosa subida para conformarse a la imagen de Cristo, los que creen en \u00c9l, como dice San Pablo, \u00abse revisten del hombre nuevo&#8230;\u00bb, y \u00abse renuevan sin cesar, para lograr el perfecto conocimiento de Dios\u00bb (cf. Col 3, 10), seg\u00fan la imagen del Aqu\u00e9l que es \u00abmodelo\u00bb. Este es el s\u00f3lido fundamento de la esperanza cristiana.<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_26-08-1987_Jesucristo_verdadero_Dios_y_verdadero_hombre\"> Audiencia General (26-08-1987): Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abEl Padre y yo somos uno\u00bb (Jn 10,30)<br \/><\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>\u00abCreo&#8230; en Jesucristo, su \u00fanico Hijo (= de Dios Padre), nuestro Se\u00f1or; que fue concebido por obra y gracia del Esp\u00edritu Santo, y naci\u00f3 de Santa Mar\u00eda Virgen\u00bb. El ciclo de catequesis sobre Jesucristo, que desarrollamos aqu\u00ed, hace referencia constante a la verdad expresada en las palabras del S\u00edmbolo Apost\u00f3lico que acabamos de citar. Nos presentan a Cristo como verdadero Dios \u2014Hijo del Padre\u2014 y, al mismo tiempo, como verdadero Hombre, Hijo de Mar\u00eda Virgen. Las catequesis anteriores nos han permitido y cercarnos a esta verdad fundamental de la fe. Ahora, sin embargo, debemos tratar de profundizar su contenido esencial: debemos preguntarnos qu\u00e9 significa \u00abverdadero Dios y verdadero Hombre\u00bb. Es esta una realidad que se desvela ante los ojos de nuestra fe mediante a autorrevelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo. Y dado que \u00e9sta \u2014como cualquier otra verdad revelada\u2014 s\u00f3lo se puede acoger rectamente mediante la fe, entra aqu\u00ed en juego el \u00abrationabile obsequium fidei\u00bb el obsequio razonable de la fe. Las pr\u00f3ximas catequesis, centradas en el misterio del Dios-Hombre, quieren favorecer una fe as\u00ed.<\/p>\n<p>Ya anteriormente hemos puesto de relieve que Jesucristo hablaba a menudo de s\u00ed, utilizando el apelativo de \u201cHijo del hombre\u201d (cf. Mt 16, 28; Mc 2, 28). Dicho t\u00edtulo estaba vinculado a la tradici\u00f3n mesi\u00e1nica del Antiguo Testamento, y al mismo tiempo, respond\u00eda a aquella \u201cpedagog\u00eda de la fe\u201d, a la que Jes\u00fas recurr\u00eda voluntariamente. En efecto, deseaba que sus disc\u00edpulos y los que le escuchaban llegasen por s\u00ed solos al descubrimiento de que \u201cel Hijo del hombre\u201d era al mismo tiempo el verdadero Hijo de Dios. De ello tenemos una demostraci\u00f3n muy significativa en la profesi\u00f3n de Sim\u00f3n Pedro, hecha en los alrededores de Cesarea de Filipo, a la que nos hemos referido en las catequesis anteriores. Jes\u00fas provoca a los Ap\u00f3stoles con preguntas y cuando Pedro llega al reconocimiento expl\u00edcito de su identidad divina, confirma su testimonio llam\u00e1ndolo \u201cbienaventurado t\u00fa, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado sino mi Padre\u201d (cf. Mt 16, 17). Es el Padre, el que da testimonio del Hijo, porque s\u00f3lo \u00c9l conoce al Hijo (cf. Mt 11, 27).<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de la discreci\u00f3n con que Jes\u00fas actuaba aplicando ese principio pedag\u00f3gico de que se ha hablado, la verdad de su filiaci\u00f3n divina se iba haciendo cada vez m\u00e1s patente, debido a lo que \u00c9l dec\u00eda y especialmente a lo que hac\u00eda. Pero si para unos esto constitu\u00eda objeto de fe, para otros era causa de contradicci\u00f3n y de acusaci\u00f3n. Esto se manifest\u00f3 de forma definitiva durante el proceso ante el Sanedr\u00edn. Narra el Evangelio de Marcos: \u201cEl Pont\u00edfice le pregunt\u00f3 y dijo: \u00bfEres t\u00fa el Mes\u00edas, el Hijo del Bendito? Jes\u00fas dijo: Yo soy, y ver\u00e9is al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo\u201d (Mc 14, 61-62). En el Evangelio de Lucas la pregunta se formula as\u00ed: \u201cLuego, \u00bferes t\u00fa el Hijo de Dios? D\u00edjoles: vosotros lo dec\u00eds, yo soy\u201d (Lc 22, 70).<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n de los presentes es concorde: \u201cHa blasfemado&#8230; Acab\u00e1is de o\u00edr la blasfemia&#8230; Reo es de muerte\u201d (Mt 26, 65-66). Esta acusaci\u00f3n es, por decirlo as\u00ed, fruto de una interpretaci\u00f3n material de la ley antigua.<\/p>\n<p> Efectivamente, leemos en el Libro del Lev\u00edtico: \u201cQuien blasfemare el nombre de Yahv\u00e9 ser\u00e1 castigado con la muerte; toda la asamblea lo lapidar\u00e1\u201d (Lev 24, 16). Jes\u00fas de Nazaret, que ante los representantes oficiales del Antiguo Testamento declara ser el verdadero Hijo de Dios, pronuncia \u2014seg\u00fan la convicci\u00f3n de ellos\u2014 una blasfemia. Por eso \u201creo es de muerte\u201d, y la condena se ejecuta, si bien no con la lapidaci\u00f3n seg\u00fan la disciplina veterotestamentaria, sino con la crucifixi\u00f3n, de acuerdo con la legislaci\u00f3n romana. Llamarse a s\u00ed mismo \u201cHijo de Dios\u201d quer\u00eda decir \u201chacerse Dios\u201d (cf. Jn 10, 33), lo que suscitaba una protesta radical por parte de los custodios del monote\u00edsmo del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>Lo que al final se llev\u00f3 a cabo en el proceso intentado contra Jes\u00fas, en realidad hab\u00eda sido ya antes objeto de amenaza, como refieren los Evangelios, particularmente el de Juan. Leemos en \u00e9l repetidas veces que los que lo escuchaban quer\u00edan apedrear a Jes\u00fas, cuando lo que o\u00edan de su boca les parec\u00eda una blasfemia. Descubrieron una tal blasfemia, por ejemplo, en sus palabras sobre el tema del Buen Pastor (cf. Jn 10, 27. 29), y en la conclusi\u00f3n a la que lleg\u00f3 en esa circunstancia: \u201cYo y el Padre somos una sola cosa\u201d (Jn 10, 30). La narraci\u00f3n evang\u00e9lica prosigue as\u00ed: \u201cDe nuevo los jud\u00edos trajeron piedras para apedrearle. Jes\u00fas les respondi\u00f3: Muchas obras os he mostrado de parte de mi Padre; \u00bfpor cu\u00e1l de ellas me apedre\u00e1is? Respondi\u00e9ronle los jud\u00edos: Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la blasfemia, porque t\u00fa, siendo hombre, te haces Dios\u201d (Jn 10, 31-33).<\/p>\n<p>An\u00e1loga fue la reacci\u00f3n a estas otras palabras de Jes\u00fas: \u201cAntes que Abraham naciese, era yo\u201d (Jn 8, 58). Tambi\u00e9n aqu\u00ed Jes\u00fas se hall\u00f3 ante una pregunta y una acusaci\u00f3n id\u00e9ntica: \u201c\u00bfQui\u00e9n pretendes ser?\u201d (Jn 8, 53), y la respuesta a tal pregunta tuvo como consecuencia la amenaza de lapidaci\u00f3n (cf. Jn 8, 59).<\/p>\n<p> Est\u00e1, pues, claro, que si bien Jes\u00fas hablaba de s\u00ed mismo sobre todo como del \u201cHijo del hombre\u201d, sin embargo todo el conjunto de lo que hac\u00eda y ense\u00f1aba daba testimonio de que \u00c9l era el Hijo de Dios en el sentido literal de la palabra: es decir, que era una sola cosa con el Padre, y por tanto: tambi\u00e9n \u00c9l era Dios, como el Padre. Del contenido un\u00edvoco de este testimonio es prueba tanto el hecho de que El fue reconocido y escuchado por unos: \u201cmuchos creyeron en \u00c9l\u201d: (cf. por ejemplo Jn 8, 30); como, todav\u00eda m\u00e1s, el hecho de que hall\u00f3 en otros una oposici\u00f3n radical, m\u00e1s a\u00fan, la acusaci\u00f3n de blasfemia con la disposici\u00f3n a infligirle la pena prevista para los blasfemos en la Ley del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>[&#8230;] Entre las afirmaciones de Cristo\u00a0resulta especialmente significativa\u00a0<i>la expresi\u00f3n: \u201cYO SOY\u201d.<\/i>\u00a0El contexto en el que viene pronunciada indica que Jes\u00fas recuerda aqu\u00ed la respuesta dada por Dios mismo a Mois\u00e9s, cuando le dirige la pregunta sobre su Nombre: \u201cYo soy el que soy&#8230; As\u00ed responder\u00e1s a los hijos de Israel:\u00a0<i>Yo soy me manda a vosotros<\/i>\u201d (<i>Ex<\/i> 3, 14). Ahora bien, Cristo se sirve de la misma expresi\u00f3n \u201cYo soy\u201d en contextos muy significativos. Aquel del que se ha hablado, concerniente a Abraham: \u201cAntes que Abraham naciese, ERA YO\u201d; pero no s\u00f3lo \u00e9se. As\u00ed, por ejemplo:\u00a0<i>\u201cSi no creyereis que YO SOY, morir\u00e9is en vuestros pecados\u201d\u00a0<\/i>(<i>Jn<\/i>\u00a08, 24), y tambi\u00e9n: \u201cCuando levant\u00e9is en alto al Hijo del hombre, entonces conocer\u00e9is que YO SOY\u201d (<i>Jn<\/i>\u00a08, 28), y asimismo: \u201cDesde ahora os lo digo, antes de que suceda<i>, para que, cuando suceda, cre\u00e1is que YO SOY<\/i>\u201d (<i>Jn\u00a0<\/i>13, 19).<\/p>\n<p> Este \u201cYo soy\u201d se halla tambi\u00e9n en otros lugares de los Evangelios sin\u00f3pticos (por ejemplo\u00a0<i>Mt<\/i> 28, 20;\u00a0<i>Lc\u00a0<\/i>24, 39); pero en las afirmaciones que hemos citado\u00a0<i>el uso del Nombre de Dios, propio del Libro del \u00c9xodo<\/i>, aparece particularmente l\u00edmpido y firme. Cristo habla de su \u201celevaci\u00f3n\u201d pascual mediante la cruz y la sucesiva resurrecci\u00f3n: \u201cEntonces conocer\u00e9is que YO SOY\u201d. Lo que quiere decir: entonces se manifestar\u00e1 claramente que yo soy aquel al que compete el Nombre de Dios. Por ello, con dicha expresi\u00f3n Jes\u00fas indica que es el verdadero Dios. Y a\u00fan antes de su pasi\u00f3n \u00c9l ruega al Padre as\u00ed: \u201cTodo lo m\u00edo es tuyo, y lo tuyo m\u00edo\u201d (<i>Jn<\/i> 17, 10), que es otra manera de afirmar: \u201cYo y el Padre somos una sola cosa\u201d (<i>Jn<\/i>\u00a010, 30).<\/p>\n<p> Ante Cristo, Verbo de Dios encarnado, un\u00e1monos tambi\u00e9n nosotros a Pedro y repitamos con la misma elevaci\u00f3n de fe: \u201cT\u00fa eres el Mes\u00edas, el Hijo de Dios\u00a0vivo\u201d (<i>Mt<\/i>\u00a016, 16).<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_27-01-1988_Jesucristo_verdadero_hombre\"> Audiencia General (27-01-1988): Jesucristo, verdadero hombre<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00ab\u201cYo y el Padre somos una sola cosa\u00bb (Jn 10, 30)<br \/>nn. 1-8<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre: es el misterio central de nuestra fe y es tambi\u00e9n la verdad-clave de nuestras catequesis cristol\u00f3gicas. Esta ma\u00f1ana nos proponemos buscar el testimonio de esta verdad en la Sagrada Escritura, especialmente en los Evangelios, y en la Tradici\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p> Hemos visto ya que en los Evangelio, Jesucristo se presenta y se da a conocer como Dios-Hijo, especialmente cuando declara: \u00abYo y el Padre somos una sola cosa\u00bb (Jn 10, 30), cuando se atribuye a S\u00ed mismo el nombre de Dios \u00abYo soy\u00bb (cf. Jn 8, 58), y los atributos divinos; cuando afirma que le \u00abha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra\u00bb (Mt 28, 18): el poder del juicio final sobre todos los hombres y el poder sobre la ley (Mt 5, 22. 28. 32. 34. 39. 44) que tiene su origen y su fuerza en Dios, y por \u00faltimo el poder de perdonar los pecados (cf. Jn 20, 22-23), porque a\u00fan habiendo recibido del Padre el poder de pronunciar el \u00abjuicio\u00bb final sobre el mundo (cf. Jn 5, 22), \u00c9l viene al mundo \u00aba buscar y salvar lo que estaba perdido\u00bb (Lc 19, 10).<\/p>\n<p> Para confirmar su poder divino sobre la creaci\u00f3n, Jes\u00fas realiza \u00abmilagros\u00bb, es decir, \u00absignos\u00bb que testimonian que junto con \u00c9l ha venido al mundo el reino de Dios.<\/p>\n<p>Pero este Jes\u00fas que, a trav\u00e9s de todo lo que \u00abhace y ense\u00f1a\u00bb da testimonio de S\u00ed como Hijo de Dios, a la vez se presenta a S\u00ed mismo y se da a conocer como verdadero hombre. Todo el Nuevo Testamento y en especial los Evangelios atestiguan de modo inequ\u00edvoco esta verdad, de la cual Jes\u00fas tiene un conocimiento clar\u00edsimo y que los Ap\u00f3stoles y Evangelistas conocen, reconocen y transmiten sin ning\u00fan g\u00e9nero de duda. Por tanto, debemos dedicar la catequesis de hoy a recoger y a comentar al menos en un breve bosquejo los datos evang\u00e9licos sobre esta verdad, siempre en conexi\u00f3n con cuanto hemos dicho anteriormente sobre Cristo como verdadero Dios.<\/p>\n<p> Este modo de aclarar la verdadera humanidad del Hijo de Dios es hoy indispensable, dada la tendencia tan difundida a ver y a presentar a Jes\u00fas s\u00f3lo como hombre: un hombre ins\u00f3lito y extraordinario, pero siempre y s\u00f3lo un hombre. Esta tendencia caracter\u00edstica de los tiempos modernos es en cierto modo antit\u00e9tica a la que se manifest\u00f3 bajo formas diversas en los primeros siglos del cristianismo y que tom\u00f3 el nombre de \u00abdocetismo\u00bb. Seg\u00fan los \u00abdocetas\u00bb Jesucristo era un hombre \u00abaparente\u00bb: es decir, ten\u00eda la apariencia de un hombre pero en realidad era solamente Dios.<\/p>\n<p> Frente a estas tendencias opuestas, la Iglesia profesa y proclama firmemente la verdad sobre Cristo como Dios-hombre: verdadero Dios y verdadero Hombre; una sola Persona \u2014la divina del Verbo\u2014 subsistente en dos naturalezas, la divina y la humana, como ense\u00f1a el catecismo. Es un profundo misterio de nuestra fe: pero encierra en s\u00ed muchas luces.<\/p>\n<p>Los testimonios b\u00edblicos sobre la verdadera humanidad de Jesucristo son numerosos y claros. Queremos reagruparlos ahora para explicarlos despu\u00e9s en las pr\u00f3ximas catequesis.<\/p>\n<p> El punto de arranque es aqu\u00ed la verdad de la Encarnaci\u00f3n: \u00abEt incarnatus est\u00bb, profesamos en el Credo. M\u00e1s distintamente se expresa esta verdad en e el Pr\u00f3logo del Evangelio de Juan: \u00abY el Verbo se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros\u00bb (Jn 1, 14). Carne (en griego \u00absarx\u00bb) significa el hombre en concreto, que comprende la corporeidad, y por tanto la precariedad, la debilidad, en cierto sentido la caducidad (\u00abToda carne es hierba\u00bb, leemos en el libro de Isa\u00edas 40, 6).<\/p>\n<p> Jesucristo es hombre en este significado de la palabra \u00abcarne\u00bb.<\/p>\n<p> Esta carne \u2014y por tanto la naturaleza humana\u2014 la ha recibido Jes\u00fas de su Madre, Mar\u00eda, la Virgen de Nazaret. Si San Ignacio de Antioqu\u00eda llama a Jes\u00fas \u00absarc\u00f3foros\u00bb (Ad Smirn., 5), con esta palabra indica claramente su nacimiento humano de una Mujer, que le ha dado la \u00abcarne humana\u00bb. San Pablo hab\u00eda dicho ya que \u00abenvi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer\u00bb (G\u00e1l 4, 4).<\/p>\n<p>El Evangelista Lucas habla de este nacimiento de una Mujer, cuando describe los acontecimientos de la noche de Bel\u00e9n: \u00abEstando all\u00ed se cumplieron los d\u00edas de su parto, y dio a luz a su hijo primog\u00e9nito, y le envolvi\u00f3 en pa\u00f1ales y le acost\u00f3 en un pesebre\u00bb (Lc 2, 6-7). El mismo Evangelista nos da a conocer que, el octavo d\u00eda despu\u00e9s del nacimiento, el Ni\u00f1o fue sometido a la circuncisi\u00f3n ritual y \u00able dieron el nombre de Jes\u00fas\u00bb (Lc 2, 21). El d\u00eda cuadrag\u00e9simo fue ofrecido como \u00abprimog\u00e9nito\u00bb en el templo jerosolimitano seg\u00fan la ley de Mois\u00e9s (cf. Lc 2, 22-24).<\/p>\n<p> Y, como cualquier otro ni\u00f1o, tambi\u00e9n este \u00abNi\u00f1o crec\u00eda y se fortalec\u00eda lleno de sabidur\u00eda\u00bb (Lc 2, 40). \u00abJes\u00fas crec\u00eda en sabidur\u00eda y edad y gracia ante Dios y ante los hombres\u00bb (Lc 2, 52).<\/p>\n<p>Ve\u00e1moslo de adulto, como nos lo presentan m\u00e1s frecuentemente los Evangelios. Como verdadero hombre, hombre de carne (sarx), Jes\u00fas experiment\u00f3 el cansancio, el hambre y la sed. Leemos: \u00abY habiendo ayunado cuarenta d\u00edas y cuarenta noches, al fin tuvo hambre\u00bb (Mt 4, 2). Y en otro lugar: \u00abJes\u00fas, fatigado del camino, se sent\u00f3 sin m\u00e1s junto a la fuente&#8230; Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jes\u00fas le dice: dame de beber\u00bb (Jn 4, 6-7).<\/p>\n<p> Jes\u00fas tiene pues un cuerpo sometido al cansancio, al sufrimiento, un cuerpo mortal. Un cuerpo que al final sufre las torturas del martirio mediante la flagelaci\u00f3n, la coronaci\u00f3n de espinas y, por \u00faltimo, la crucifixi\u00f3n. Durante la terrible agon\u00eda, mientras mor\u00eda en el madero de la cruz, Jes\u00fas pronuncia aquel su \u00abTengo sed\u00bb (Jn 19, 28), en el cual est\u00e1 contenida una \u00faltima, dolorosa y conmovedora expresi\u00f3n de la verdad de su humanidad.<\/p>\n<p>S\u00f3lo un verdadero hombre ha podido sufrir como sufri\u00f3 Jes\u00fas en el G\u00f3lgota, s\u00f3lo un verdadero hombre ha podido morir como muri\u00f3 verdaderamente Jes\u00fas. Esta muerte la constataron muchos testigos oculares, no s\u00f3lo amigos y disc\u00edpulos sino, como leemos en el Evangelio de Juan, los mismos soldados que \u00abllegando a Jes\u00fas, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atraves\u00f3 con su lanza el costado, y al instante sali\u00f3 sangre y agua\u00bb (Jn 19, 33-34).<\/p>\n<p> \u00abNaci\u00f3 de Santa Mar\u00eda Virgen, padeci\u00f3 bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado\u00bb: con estas palabras del S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles la Iglesia profesa la verdad del nacimiento y de la muerte de Jes\u00fas. La verdad de la Resurrecci\u00f3n se atestigua inmediatamente despu\u00e9s con las palabras: \u00abal tercer d\u00eda resucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb.<\/p>\n<p>La Resurrecci\u00f3n confirma de modo nuevo que Jes\u00fas es verdadero hombre: si el Verbo para nacer en el tiempo \u00abse hizo carne\u00bb, cuando resucito volvi\u00f3 a tomar el propio cuerpo de hombre. S\u00f3lo un verdadero hombre ha podido sufrir y morir en la cruz, s\u00f3lo un verdadero hombre ha podido resucitar. Resucitar quiere decir volver a la vida en el cuerpo. Este cuerpo puede ser transformado, dotado de nuevas cualidades y potencias, y al final incluso glorificado (como en la Ascensi\u00f3n de Cristo y en la futura resurrecci\u00f3n de los muertos), pero es cuerpo verdaderamente humano. En efecto, Cristo resucitado se pone en contacto con los Ap\u00f3stoles, ellos lo ven, lo miran, tocan a las cicatrices que quedaron despu\u00e9s de la crucifixi\u00f3n, y \u00c9l no s\u00f3lo habla y se entretiene con ellos, sino que incluso acepta su comida: \u00abLe dieron un trozo de pez asado, y tom\u00e1ndolo, comi\u00f3 delante de ellos\u00bb (Lc 24, 42-43). Al final Cristo, con este cuerpo resucitado y ya glorificado, pero siempre cuerpo de verdadero hombre, asciende al cielo, para sentarse \u00aba la derecha del Padre\u00bb.<\/p>\n<p>Por tanto, verdadero Dios y verdadero hombre. No un hombre aparente, no un \u00abfantasma\u00bb (homo phantasticus), sino hombre real. As\u00ed lo conocieron los Ap\u00f3stoles y el grupo de creyentes que constituy\u00f3 la Iglesia de los comienzos. As\u00ed nos hablaron en su testimonio.<\/p>\n<p> Notamos desde ahora que, as\u00ed las cosas, no existe en Cristo una antinomia entre lo que es \u00abdivino\u00bb y lo que es \u00abhumano\u00bb. Si el hombre, desde el comienzo, ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (cf. G\u00e9n 1, 27; 5, 1), y por tanto lo que es \u00abhumano\u00bb puede manifestar tambi\u00e9n lo que es \u00abdivino\u00bb, mucho m\u00e1s ha podido ocurrir esto en Cristo. \u00c9l revel\u00f3 su divinidad mediante la humanidad, mediante una vida aut\u00e9nticamente humana. Su \u00abhumanidad\u00bb sirvi\u00f3 para revelar su \u00abdivinidad\u00bb: su Persona de Verbo-Hijo.<\/p>\n<p> Al mismo tiempo \u00c9l como Dios-Hijo no era, por ello, \u00abmenos\u00bb hombre. Para revelarse como Dios no estaba obligado a ser \u00abmenos\u00bb hombre. M\u00e1s a\u00fan: por este hecho \u00c9l era \u00abplenamente\u00bb hombre, o sea, en la asunci\u00f3n de la naturaleza humana en unidad con la Persona divina del Verbo, \u00c9l realizaba en plenitud la perfecci\u00f3n humana. Es una dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica de la cristolog\u00eda, sobre la que volveremos a hablar.<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_09-03-1988_La_fe_en_Jesucristo\"> Audiencia General (09-03-1988): La fe en Jesucristo<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abSoy uno con el Padre\u00bb (Jn 10,30)<br \/>nn. 1-11<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><strong>La formulaci\u00f3n de la fe de la Iglesia en Jesucristo: <br \/> definiciones conciliares (I)<\/strong><\/p>\n<p> 1. \u00abCreemos&#8230; en un solo Se\u00f1or Jesucristo Hijo de Dios, nacido unig\u00e9nito (\u03bc\u03bf\u03bd\u03bf\u03b3\u03b5\u03bd\u03ae)\u00a0del Padre, es decir, de la sustancia del Padre. Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consubstancial al Padre (\u03cc\u03bc\u03bf\u03bf\u03cd\u03c3\u03b9\u03bf\u03bd \u03c4\u03ce \u03c0\u03b1\u03c4\u03c1\u03af) por quien todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n baj\u00f3 del cielo y se encarn\u00f3, se hizo hombre, padeci\u00f3, y resucit\u00f3 al tercer d\u00eda, subi\u00f3 a los cielos, y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos&#8230;\u00bb (cf. DS 125).<\/p>\n<p> Este es el texto de la definici\u00f3n con la que el Concilio de Nicea (a\u00f1o 325) enunci\u00f3 la fe de la Iglesia en Jesucristo: verdadero Dios y verdadero hombre; Dios-Hijo, consubstancial al Padre Eterno y hombre verdadero, con una naturaleza como la nuestra. Este texto conciliar entr\u00f3 casi al pie de la letra en la profesi\u00f3n de fe que repite la Iglesia en la liturgia y en otros momentos solemnes, en la versi\u00f3n del S\u00edmbolo niceno-constantinopolitano (a\u00f1o 381; cf. DS 150), en torno al cual gira todo el ciclo de nuestras catequesis.<\/p>\n<p>El texto de la definici\u00f3n dogm\u00e1tica conciliar reproduce los elementos esenciales de la cristolog\u00eda b\u00edblica, que hemos venido analizando a lo largo de las catequesis precedentes de este ciclo. Estos elementos constitu\u00edan, desde el principio, el contenido de la fe viva de la Iglesia de los tiempos apost\u00f3licos, como ya hemos visto en la \u00faltima catequesis. Siguiendo el testimonio de los Ap\u00f3stoles la Iglesia cre\u00eda y profesaba, desde el principio, que Jes\u00fas de Nazaret, hijo de Mar\u00eda, y, por tanto, verdadero hombre, crucificado y resucitado, es el Hijo de Dios, es el Se\u00f1or (Kyrios), es el \u00fanico Salvador del mundo, dado a la humanidad al cumplirse la \u00abplenitud de los tiempos\u00bb (cf. G\u00e1l 4, 4).<\/p>\n<p>La Iglesia ha custodiado, desde el principio, esta fe y la ha transmitido a las sucesivas generaciones cristianas. La ha ense\u00f1ado y la ha defendido, intentando \u2014bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu de Verdad\u2014 profundizar en ella y explicar su contenido esencial, encerrado en los datos de la Revelaci\u00f3n. El Concilio de Nicea (a\u00f1o 325) ha sido, en este itinerario de conocimiento y formulaci\u00f3n del dogma, una aut\u00e9ntica piedra miliar. Ha sido un acontecimiento importante y solemne, que se\u00f1al\u00f3, desde entonces, el camino de la fe verdadera a todos los seguidores de Cristo, mucho antes de las divisiones de la cristiandad en tiempos sucesivos. Es particularmente significativo el hecho de que este Concilio se reuniera poco despu\u00e9s de que la Iglesia (a\u00f1o 313) hubiera adquirido libertad de acci\u00f3n en la vida p\u00fablica sobre todo el territorio del Imperio romano, como si quisiera significar con ello la voluntad de permanecer en la una fides de los Ap\u00f3stoles, cuando se abr\u00edan al cristianismo nuevas v\u00edas de expansi\u00f3n.<\/p>\n<p>En aquella \u00e9poca, la definici\u00f3n conciliar refleja no s\u00f3lo la verdad sobre Jesucristo, heredada de los Ap\u00f3stoles y fijada en los libros del Nuevo Testamento, sino que refleja tambi\u00e9n, de igual manera, la ense\u00f1anza de los Padres del per\u00edodo postapost\u00f3lico, que \u2014como se sabe\u2014 era tambi\u00e9n el per\u00edodo de las persecuciones y de las catacumbas. Es un deber, aunque agradable, para nosotros, nombrar aqu\u00ed al menos a los dos primeros Padres que, con su ense\u00f1anza y santidad de vida, contribuyeron decididamente a transmitir la tradici\u00f3n y el patrimonio permanente de la Iglesia: San Ignacio de Antioqu\u00eda, arrojado a las fieras en Roma, en el a\u00f1o 107 \u00f3 106, y San Ireneo de Li\u00f3n, que sufri\u00f3 el martirio probablemente en el a\u00f1o 202. Fueron ambos Obispos y Pastores de sus Iglesias. De San Ireneo queremos recordar aqu\u00ed que, al ense\u00f1ar que Cristo es \u00abverdadero hombre y verdadero Dios\u00bb, escrib\u00eda: \u00ab\u00bfC\u00f3mo podr\u00edan los hombres lograr la salvaci\u00f3n, si Dios no hubiese obrado su salvaci\u00f3n sobre la tierra? \u00bfO c\u00f3mo habr\u00eda ido el hombre a Dios, si Dios no hubiese venido al hombre?\u00bb (Adv. haer. IV, 33. 4). Argumento \u2014como se ve\u2014 soteriol\u00f3gico, que, a su vez, hall\u00f3 tambi\u00e9n expresi\u00f3n en la definici\u00f3n del Concilio de Nicea.<\/p>\n<p>El texto de San Ireneo que acabamos de citar est\u00e1 tomado de la obra \u00abAdversus haereses\u00bb, o sea, de un libro que sal\u00eda en defensa de la verdad cristiana contra los errores de los herejes, que, en este caso, eran los ebionitas. Los Padres Apost\u00f3licos, en su ense\u00f1anza, ten\u00edan que asumir muy a menudo la defensa de la aut\u00e9ntica verdad revelada frente a los errores que continuamente se o\u00edan de modos diversos. A principios del siglo IV, fue famoso Arrio, quien dio origen a una herej\u00eda que tom\u00f3 el nombre de arrianismo. Seg\u00fan Arrio, Jesucristo no es Dios: aunque es preexistente al nacimiento del seno de Mar\u00eda, fue creado en el tiempo. El Concilio de Nicea rechaz\u00f3 este error de Arrio y, al hacerlo, explic\u00f3 y formul\u00f3 la verdadera doctrina de la fe de la Iglesia con las palabras que cit\u00e1bamos al comienzo de esta catequesis. Al afirmar que Cristo, como Hijo unig\u00e9nito de Dios es consubstancial al Padre (\u03cc\u03bc\u03bf\u03bf\u03cd\u03c3\u03b9\u03bf\u03bd \u03c4\u03ce \u03c0\u03b1\u03c4\u03c1\u03af), el Concilio expres\u00f3, en una f\u00f3rmula adaptada a la cultura (griega) de entonces, la verdad que encontramos en todo el Nuevo Testamento. En efecto, sabemos que Jes\u00fas dice de S\u00ed mismo que es \u00abuno\u00bb con el Padre (\u00abYo y el Padre somos uno\u00bb: Jn 10, 30), y lo afirma en presencia de un auditorio que, por esta causa, quiere apedrearlo por blasfemo (cf. Jn 10, 31). Lo afirma ulteriormente durante el juicio, ante el Sanedr\u00edn, hecho \u00e9ste que va a costarle la condena a muerte. Una relaci\u00f3n m\u00e1s detallada de los lugares b\u00edblicos sobre este tema se encuentra en las catequesis precedentes. De su conjunto, resulta claramente que el Concilio de Nicea, al hablar de Cristo como Hijo de Dios, \u00abde la misma substancia que el Padre\u00bb (\u03ad\u03ba \u03c4\u03ae\u03c2 \u03bf\u03cd\u03c3\u03af\u03b1\u03c2 \u03c4\u03bf\u03cd \u03c0\u03b1\u03c4\u03c1\u03cc\u03c2 ), \u00abDios de Dios\u00bb, eternamente \u00abnacido, no hecho\u00bb, no hace sino confirmar una verdad precisa, contenida en la Revelaci\u00f3n divina, hecha verdad de fe de la Iglesia, verdad central de todo el cristianismo.<\/p>\n<p>Cuando el Concilio la defini\u00f3, se puede decir que ya estaba todo maduro en el pensamiento y en la conciencia de la Iglesia para llegar a una definici\u00f3n como \u00e9sta. Se puede decir igualmente que la definici\u00f3n no cesa de ser actual tambi\u00e9n para nuestros tiempos, en los que antiguas y nuevas tendencias a reconocer a Cristo solamente como un hombre, aunque sea como un hombre extraordinario, y no como Dios, se manifiestan de muchos modos. Admitirlas o secundarlas ser\u00eda destruir el dogma cristol\u00f3gico, pero significar\u00eda, al mismo tiempo, la aniquilaci\u00f3n de toda la soteriolog\u00eda cristiana. Si Cristo no es verdadero Dios, entonces no transmite a la humanidad la vida divina. No es, por consiguiente, el Salvador del hombre en el sentido puesto de relieve por la Revelaci\u00f3n y la Tradici\u00f3n. Al violar esta verdad de fe de la Iglesia, se desmorona toda la construcci\u00f3n del dogma cristiano, se anula la l\u00f3gica integral de la fe y de la vida cristiana. porque se elimina la piedra angular de todo el edificio.<\/p>\n<p>Pero hemos de a\u00f1adir inmediatamente que, al confirmar de modo solemne y definitivo esta verdad, en el Concilio de Nicea la Iglesia, al mismo tiempo, sostuvo, ense\u00f1\u00f3 y defendi\u00f3 la verdad sobre la verdadera humanidad de Cristo. Tambi\u00e9n esta otra verdad hab\u00eda llegado a ser objeto de opiniones erradas y de teor\u00edas her\u00e9ticas. En particular, hay que recordar en este punto el docetismo (de la expresi\u00f3n griega \u00ab\u03b4\u03bf\u03ba\u03b5\u03af\u03bd\u00bb = parecer). Esta concepci\u00f3n anulaba la naturaleza humana de Cristo, sosteniendo que \u00c9l no pose\u00eda un cuerpo verdadero, sino solamente una apariencia de carne humana. Los docetas consideraban que Dios no habr\u00eda podido nacer realmente de una mujer, que no habr\u00eda podido morir verdaderamente en la cruz. De esta posici\u00f3n se segu\u00eda que en toda la esfera de la encarnaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n ten\u00edamos s\u00f3lo una ilusi\u00f3n de la carne, en abierto contraste con la Revelaci\u00f3n contenida en los distintos textos del Nuevo Testamento, entre los cuales se encuentra el se San Juan: \u00ab&#8230; Jesucristo, venido en carne\u00bb (1 Jn 4, 2); \u00abEl Verbo se hizo carne\u00bb (Jn 1, 14), y aquel otro de San Pablo, seg\u00fan el cual, en esta carne, Cristo se hizo \u00abobediente hasta la muerte y una muerte de cruz\u00bb (cf. Flp 2, 8).<\/p>\n<p>Seg\u00fan la fe de la Iglesia, sacada de la Revelaci\u00f3n, Jesucristo era verdadero hombre. Precisamente por esto, su cuerpo humano estaba animado por un alma verdaderamente humana. Al testimonio de los Ap\u00f3stoles y de los Evangelistas, un\u00edvoco sobre este punto, correspond\u00eda la ense\u00f1anza de la Iglesia primitiva, como tambi\u00e9n la de los primeros escritores eclesi\u00e1sticos, por ejemplo, Tertuliano (De carne Christi, 13, 4), que escrib\u00eda: \u00abEn Cristo&#8230; encontramos alma y carne, es decir, un alma alma (humana) y una carne carne\u00bb. Sin embargo, corr\u00edan opiniones contrarias tambi\u00e9n sobre este punto, en particular, las de Apolinar, obispo de Laodicea (nacido alrededor del a\u00f1o 310 en Laodicea de Siria y muerto alrededor del 390), y sus seguidores (llamados apolinaristas), seg\u00fan los cuales no habr\u00eda habido en Cristo una verdadera alma humana, porque habr\u00eda sido sustituida por el Verbo de Dios. Pero est\u00e1 claro que tambi\u00e9n en este caso se negaba la verdadera humanidad de Cristo.<\/p>\n<p>De hecho, el Papa D\u00e1maso I (366-384), en una carta dirigida a los obispos orientales (a. 374), indicaba y rechazaba contempor\u00e1neamente los errores tanto de Arrio como de Apolinar: \u00abAquellos (o sea, los arrianos) ponen en el Hijo de Dios una divinidad imperfecta: \u00e9stos (es decir, los apolinaristas) afirman falsamente una humanidad incompleta en el Hijo del hombre. Pero, si verdaderamente ha sido asumido un hombre incompleto, imperfecta es la obra de Dios, imperfecta nuestra salvaci\u00f3n, porque no ha sido salvado todo el hombre&#8230; Y nosotros, que sabemos que hemos sido salvados en la plenitud del ser humano, seg\u00fan la fe de la Iglesia cat\u00f3lica, profesamos que Dios, en la plenitud de su ser, ha asumido al hombre en la plenitud de su ser\u00bb. El documento damasiano, redactado cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de Nicea, iba principalmente contra los apolinaristas (cf. DS 146). Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, el Concilio I de Constantinopla (a\u00f1o 381) conden\u00f3 todas las herej\u00edas del tiempo, incluidos el arrianismo y el apolinarismo, confirmando lo que el Papa D\u00e1maso I hab\u00eda enunciado sobre la humanidad de Cristo, a la que pertenece por su naturaleza una verdadera alma humana (y, por tanto, un verdadero intelecto humano, una libre voluntad) (cf. DS 146, 149, 151).<\/p>\n<p>El argumento soteriol\u00f3gico con el que el Concilio de Nicea explic\u00f3 la encarnaci\u00f3n, ense\u00f1ando que el Hijo, consubstancial al Padre, se hizo hombre, \u00bb por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n\u00bb, hall\u00f3 nueva expresi\u00f3n en la defensa de la verdad \u00edntegra sobre Cristo, tanto frente al arrianismo como contra el apolinarismo, por parte del Papa D\u00e1maso y del Concilio de Constantinopla. En particular, respecto de los que negaban la verdadera humanidad del Hijo de Dios, el argumento soteriol\u00f3gico fue presentado de un modo nuevo: para que el hombre entero pudiera ser salvado, la entera (perfecta) humanidad deb\u00eda ser asumida en la unidad del Hijo: \u00abquod non est assumptum, non est sanatum\u00bb (cf. S. Gregorio Nacianceno, Ep. 101 ad Cledon.).<\/p>\n<p>El Concilio de Calcedonia (a\u00f1o 451), al condenar una vez m\u00e1s el apolinarismo, complet\u00f3 en cierto sentido el S\u00edmbolo niceno de la fe, proclamando a Cristo \u00abperfectum in deitate, eundem perfectum in humanitate\u00bb: \u00abnuestro Se\u00f1or Jesucristo, perfecto en su divinidad y perfecto en su humanidad, verdadero Dios y verdadero hombre (compuesto) de alma racional y del cuerpo, consubstancial al Padre por la divinidad, y consubstancial a nosotros por la humanidad (\u03cc\u03bc\u03bf\u03bf\u03cd\u03c3\u03b9\u03bf\u03bd \u03ae\u03bc\u03af\u03bd \u00a0&#8230;\u00a0\u03c7\u03b1\u03c4\u03ac \u03c4\u03ae\u03bd \u03ac\u03bd\u03b4\u03c1\u03c9\u03c0\u03cc\u03c4\u03b7\u03c4\u03b1\u00bb) &#8216;semejante a nosotros en todo menos en el pecado&#8217; (cf Heb 4. 15), engendrado por el Padre antes de los siglos seg\u00fan la divinidad, y en estos \u00faltimos tiempos, por nosotros y por nuestra salvaci\u00f3n, de Mar\u00eda Virgen y Madre de Dios, seg\u00fan la humanidad, uno y mismo Cristo Se\u00f1or unig\u00e9nito&#8230;\u00bb (Symbolum Chalcedonense DS 301).<\/p>\n<p> Como se ve, la fatigosa elaboraci\u00f3n del dogma cristol\u00f3gico realizada por los Padres y Concilios, nos remite siempre al misterio del \u00fanico Cristo, Verbo encarnado por nuestra salvaci\u00f3n, como nos lo ha hecho conocer la Revelaci\u00f3n, para que creyendo en \u00c9l y am\u00e1ndolo, seamos salvados y tengamos la vida (cf. Jn 20, 31).<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_23-03-1988_Dimension_humana_y_divina_de_Cristo\"> Audiencia General (23-03-1988): Dimensi\u00f3n humana y divina de Cristo<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abLas obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de m\u00ed\u00bb (Jn 10,25)<br \/>nn. 3-5<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><strong>La formulaci\u00f3n de la fe en Jesucristo: definiciones conciliares (III)<\/strong><\/p>\n<p> Hay que observar a\u00fan que, seg\u00fan la l\u00f3gica del dogma cristol\u00f3gico, el efecto de la dualidad de naturalezas en Cristo es la dualidad de voluntad y operaciones, a\u00fan en la unidad de la persona. Esta verdad fue definida por el Concilio III de Constantinopla (VI Concilio Ecum\u00e9nico), en el a\u00f1o 681 \u2014como, por otra parte lo hizo ya el Concilio Lateranense del 649 (cf. DS, 500)\u2014 contra los errores de los monotelitas, que atribu\u00edan a Cristo una sola voluntad.<\/p>\n<p> El Concilio conden\u00f3 la \u00abherej\u00eda de una sola voluntad y una sola operaci\u00f3n en dos naturalezas&#8230; de Cristo\u00bb, que mutilaba en el mismo Cristo una parte esencial de su humanidad, y \u00absiguiendo a los cinco santos Concilios Ecum\u00e9nicos y a los santos e insignes Padres\u00bb, de acuerdo con ellos, \u00abdefin\u00eda y confesaba\u00bb que en Cristo hay \u00abdos voluntades naturales y dos operaciones naturales&#8230;; dos voluntades que no est\u00e1n en contraste entre s\u00ed&#8230; , sino (que son) tales que la voluntad humana permanece sin oposici\u00f3n o repugnancia, o mejor, est\u00e9 sometida a su voluntad divina omnipotente&#8230;, seg\u00fan lo que \u00c9l mismo dice: &#8216;Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado\u00b4 (Jn 6, 38)\u00bb (cf. DS, 556).<\/p>\n<p>Esta es la ense\u00f1anza de los primeros Concilios: en ellos, junto con la divinidad, queda totalmente clara la dimensi\u00f3n humana de Cristo. \u00c9l es verdadero hombre por naturaleza, capaz de actividad humana, conocimiento humano, voluntad humana, conciencia humana y, a\u00f1adamos, de sufrimiento humano, paciencia, obediencia, pasi\u00f3n y muerte. S\u00f3lo por la fuerza de esta plenitud humana se pueden comprender y explicar los textos sobre la obediencia de Cristo hasta la muerte (cf. Flp 2, 8; Rom 5, 19; Heb 5, 8), y, sobre todo, la oraci\u00f3n de Getseman\u00ed: \u00ab&#8230;no se haga mi voluntad, sino la tuya\u00bb (Lc 22, 42; cf. Mc 14, 36). Pero es verdad igualmente que la voluntad humana y el obrar humano de Jes\u00fas pertenecen a la Persona divina del Hijo: precisamente en Getsemani tiene lugar la invocaci\u00f3n: \u00abAbb\u00e1, Padre\u00bb (Mc 14, 36). De su Persona divina \u00c9l es bien consciente, como revela por ejemplo, cuando declara: \u00abAntes de que Abraham existiera, Yo Soy\u00bb (Jn 8, 58), y en otros pasajes evang\u00e9licos que examinamos ya a su debido tiempo. Es cierto que, como verdadero hombre, Jes\u00fas posee una conciencia espec\u00edficamente humana, conciencia que descubrimos continuamente en los Evangelios. Pero, al mismo tiempo, su conciencia humana pertenece a ese \u00abYo\u00bb divino, por el cual puede decir: \u00abYo y el Padre somos uno\u00bb (Jn 10, 30). No hay ning\u00fan texto evang\u00e9lico del que resulte que Cristo habla de S\u00ed mismo como de una persona humana, a\u00fan cuando de buen grado se presenta como \u00abHijo del hombre\u00bb: palabra densa de significado que, bajo los velos de la expresi\u00f3n b\u00edblica y mesi\u00e1nica, parece indicar ya la pertenencia de Aquel que la aplica a s\u00ed mismo a un orden diverso y superior al del com\u00fan de los mortales en cuanto a la realidad de su Yo. Palabra en la que resuena el testimonio de la conciencia \u00edntima de su propia identidad divina.<\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n de nuestra exposici\u00f3n de la cristolog\u00eda de los grandes Concilios, podemos saborear toda la densidad de la p\u00e1gina del Papa San Le\u00f3n Magno en su Carta al obispo Flaviano de Constantinopla (Tomus Leonis, 13 de junio, 449), que fue como la premisa del Concilio de Calcedonia y que resume el dogma cristol\u00f3gico de la Iglesia antigua: \u00ab&#8230;el Hijo de Dios, bajando de su trono celeste, pero no alej\u00e1ndose de la gloria del Padre, entra en las flaquezas de este mundo, engendrado por nuevo orden, por nuevo nacimiento&#8230; Porque \u00c9l que es verdadero Dios es tambi\u00e9n verdadero hombre, y no hay en esta unidad mentira alguna, al darse juntamente (realmente) la humildad del hombre y la alteza de la divinidad. Pues al modo que Dios no se muda por la misericordia (con la que se hace hombre), as\u00ed tampoco el hombre se aniquila por la dignidad (divina). Una y otra forma, en efecto, obra lo que le es propio en comuni\u00f3n con la otra, es decir, que el Verbo obra lo que pertenece al Verbo, la carne cumple lo que ata\u00f1e a la carne. Uno de ellos resplandece por los milagros, el otro sucumbe por las injurias. Y as\u00ed como el Verbo no se aparta de la igualdad de la gloria paterna, as\u00ed tampoco la carne abandona la naturaleza de nuestro g\u00e9nero\u00bb. Y, despu\u00e9s de referirse a numerosos textos evang\u00e9licos que constituyen la base de su doctrina, San Le\u00f3n concluye: \u00abNo es de la misma naturaleza decir: &#8216;Yo y el Padre somos uno&#8217; (Jn 10, 30), que decir: &#8216;El Padre es m\u00e1s grande que Yo\u00b4 (Jn 14, 28). De hecho, aunque en el Se\u00f1or Jesucristo haya una sola persona de Dios y del hombre, sin embargo, una cosa es aquello de lo que se deriva para el uno y para el otro la ofensa, y otra cosa es aquello de lo que emana para el uno y para el otro la gloria. De nuestra naturaleza \u00c9l tiene una humanidad inferior al Padre; del Padre le deriva una divinidad igual a la del Padre\u00bb (cf. DS, 294-295).<\/p>\n<p> Estas formulaciones del dogma cristol\u00f3gico, a\u00fan pudiendo aparecer dif\u00edciles, encierran y dejan traslucir el misterio del Verbum caro factum, anunciado en el pr\u00f3logo del Evangelio de San Juan ante el cual sentimos la necesidad de postrarnos en adoraci\u00f3n junto con aquellos altos esp\u00edritus que lo han honrado tambi\u00e9n con sus estudios y reflexiones para nuestra utilidad y la de toda la Iglesia.<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_01-06-1988_Clave_para_comprender_la_mision_de_Cristo\"> Audiencia General (01-06-1988): Clave para comprender la misi\u00f3n de Cristo<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abSi t\u00fa eres el Mes\u00edas, d\u00ednoslo francamente\u00bb (Jn 10,24)<br \/>nn. 1-5<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><strong>La misi\u00f3n de Cristo<\/strong><strong> <\/strong><strong>El Hijo unig\u00e9nito que revela al Padre<\/strong><\/p>\n<p> \u00abMuchas veces y de muchos modos habl\u00f3 Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los Profetas; en estos \u00faltimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo&#8230;\u00bb (Heb 1, 1 ss.). Con estas palabras, bien conocidas por los fieles, gracias a la liturgia navide\u00f1a, el autor de la Carta a los Hebreos habla de la misi\u00f3n de Jesucristo, present\u00e1ndola sobre el fondo de la historia de la Antigua Alianza. Hay, por un lado, una continuidad entre la misi\u00f3n de los Profetas y la misi\u00f3n de Cristo; por otro lado, sin embargo, salta enseguida a la vista una clara diferencia. Jes\u00fas no es s\u00f3lo el \u00faltimo o el m\u00e1s grande entre los Profetas: el Profeta escatol\u00f3gico como era llamado y esperado por algunos. Se distingue de modo esencial de todos los antiguos Profetas y supera infinitamente el nivel de su personalidad y de su misi\u00f3n. \u00c9l es el Hijo del Padre, el Verbo-Hijo, consubstancial al Padre.<\/p>\n<p>Esta es la verdad clave para comprender la misi\u00f3n de Cristo. Si \u00c9l ha sido enviado para anunciar la Buena Nueva (el Evangelio) a los pobres, si junto con \u00c9l \u00abha llegado a nosotros\u00bb el reino de Dios, entrando de modo definitivo en la historia del hombre, si Cristo es el que da testimonio de la verdad contenida en la misma fuente divina, como hemos visto en las catequesis anteriores, podemos ahora extraer del texto de la Carta a los Hebreos que acabamos de mencionar, la verdad que unifica todos los aspectos de la misi\u00f3n de Cristo: Jes\u00fas revela a Dios del modo m\u00e1s aut\u00e9ntico, porque est\u00e1 fundado en la \u00fanica fuente absolutamente segura e indudable: la esencia misma de Dios. El testimonio de Cristo tiene, as\u00ed, el valor de la verdad absoluta.<\/p>\n<p>En el Evangelio de Juan encontramos la misma afirmaci\u00f3n de la Carta a los Hebreos, expresada de modo m\u00e1s conciso. Leemos al final del pr\u00f3logo: \u00abA Dios nadie le ha visto jam\u00e1s. El Hijo \u00fanico que est\u00e1 en el seno del Padre, \u00e9l lo ha contado\u00bb (Jn 1, 18).<\/p>\n<p> En esto consiste la diferencia esencial entre la revelaci\u00f3n de Dios que se encuentra en los Profetas y en todo el Antiguo Testamento y la que trae Cristo, que dice de S\u00ed mismo: \u00abAqu\u00ed hay algo m\u00e1s que Jon\u00e1s\u00bb (Mt 12, 41). Para hablar de Dios est\u00e1 aqu\u00ed Dios mismo, hecho hombre: \u00abEl Verbo se hizo carne\u00bb (cf. Jn 1, 14). Aquel Verbo que \u00abest\u00e1 en el seno del Padre\u00bb (Jn 1, \u00ab8) se convierte en \u00abla luz verdadera\u00bb (Jn 1, 9), \u00abla luz del mundo\u00bb (Jn 8, 12). El mismo dice de S\u00ed: \u00abYo soy el camino, la verdad y la vida\u00bb (Jn 14, 6).<\/p>\n<p>Cristo conoce a Dios como el Hijo que conoce al Padre y al mismo tiempo, es conocido por \u00c9l: \u00abComo me conoce el Padre (ginoskei) y yo conozco a mi Padre&#8230;\u00bb, leemos en el Evangelio de Juan (Jn 10, 15), y casi id\u00e9nticamente en los Sin\u00f3pticos: \u00abNadie conoce bien al Hijo (epiginoskei) sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Mt 11, 27; cf. Lc 10, 22).<\/p>\n<p> Por tanto, Cristo, el Hijo, que conoce al Padre, revela al Padre. Y, al mismo tiempo, el Hijo es revelado por el Padre. Jes\u00fas mismo, despu\u00e9s de la confesi\u00f3n de Cesarea de Filipo, lo hace notar a Pedro, quien lo reconoce como \u00abel Cristo, el Hijo de Dios vivo\u00bb (Mt 16, 16). \u00abNo te lo ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 16, 17).<\/p>\n<p>Si la misi\u00f3n esencial de Cristo es revelar al Padre, que es \u00abnuestro Dios\u00bb (cf. Jn 20, 17) al propio tiempo \u00c9l mismo es revelado por el Padre como Hijo. Este Hijo \u00absiendo una sola cosa con el Padre\u00bb (cf. Jn 10, 30), puede decir: \u00abEl que me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre\u00bb (Jn 14, 9). En Cristo, Dios se ha hecho \u00abvisible\u00bb: en Cristo se hace realidad la \u00abvisibilidad\u00bb de Dios. Lo ha dicho concisamente San Ireneo: \u00abLa realidad invisible del Hijo era el Padre y la realidad visible del Padre era el Hijo\u00bb (Adv. haer., IV, 6, 6).<\/p>\n<p> As\u00ed, pues, en Jesucristo, se realiza la autorrevelaci\u00f3n de Dios en toda su plenitud. En el momento oportuno se revelar\u00e1 luego el Esp\u00edritu que procede del Padre (cf. Jn 15, 26), y que el Padre enviar\u00e1 en el nombre del Hijo (cf. Jn 14, 26).<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_24-08-1988_Union_intima_con_el_Padre\"> Audiencia General (24-08-1988): Uni\u00f3n \u00edntima con el Padre<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abYo y el Padre somos uno\u00bb (Jn 10,30)<br \/>nn. 1-8<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><strong>Cristo, modelo de oraci\u00f3n y de vida filialmente unida al Padre <\/strong> p>Jesucristo es el Redentor. Esto constituye el centro y el culmen de su misi\u00f3n; es decir, la obra de la redenci\u00f3n incluye tambi\u00e9n este aspecto: \u00c9l se ha convertido en modelo perfecto de la transformaci\u00f3n salv\u00edfica del hombre. En realidad, todas las catequesis precedentes de este ciclo se han desarrollado en la perspectiva de la redenci\u00f3n. Hemos visto que Jes\u00fas anuncia el Evangelio del reino de Dios; pero tambi\u00e9n hemos aprendido de \u00c9l que el reino entra definitivamente en la historia del hombre s\u00f3lo en la redenci\u00f3n por medio de la cruz y la resurrecci\u00f3n. Entonces \u00c9l \u00abentregar\u00e1\u00bb este reino a los Ap\u00f3stoles, para que permanezca y se desarrolle en la historia del mundo mediante la Iglesia. De hecho, la redenci\u00f3n lleva en s\u00ed la \u00abliberaci\u00f3n\u00bb mesi\u00e1nica del hombre, que de la esclavitud del pecado pasa a la vida en la libertad de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>Jesucristo es el modelo m\u00e1s perfecto de esa vida, como hemos visto en los escritos apost\u00f3licos citados en la catequesis precedente. Aquel que es el Hijo consubstancial al Padre, unido a El en la divinidad (\u00abYo y el Padre somos uno\u00bb, Jn 10, 30), mediante todo lo que \u00abhace y ense\u00f1a\u00bb (cf. Act 1, 1) constituye el \u00fanico modelo en su g\u00e9nero de vida filial orientada y unida al Padre. En referencia a este modelo, reflej\u00e1ndolo en nuestra conciencia y en nuestro comportamiento, podemos desarrollar en nosotros un modo y una orientaci\u00f3n de vida \u00abque se asemeje a Cristo\u00bb y en la que se exprese y realice la verdadera \u00ablibertad de los hijos de Dios\u00bb (cf. Rom 8, 21).<\/p>\n<p>De hecho, como hemos indicado en diversas ocasiones, toda la vida de Jes\u00fas estuvo orientada hacia el Padre. Esto se manifiesta ya en la respuesta que dio a sus padres cuando ten\u00eda doce a\u00f1os y lo encontraron en el templo: \u00ab\u00bfNo sab\u00edais que yo deb\u00eda estar en la casa de mi Padre?\u00bb (Lc 2, 49). Hacia el final de su vida, el d\u00eda antes de la pasi\u00f3n, \u00absabiendo que hab\u00eda llegado su hora de pasar de este mundo al Padre\u00bb (Jn 13, 1), ese mismo Jes\u00fas dir\u00e1 a los Ap\u00f3stoles: \u00abVoy a prepararos un lugar; y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volver\u00e9 y os tomar\u00e9 conmigo, para que donde est\u00e9 yo, est\u00e9is tambi\u00e9n vosotros&#8230; En la casa de mi Padre hay muchas mansiones\u00bb (Jn 14, 2-3).<\/p>\n<p>Desde el principio hasta el fin, esta orientaci\u00f3n teoc\u00e9ntrica de la vida y de la acci\u00f3n de Jes\u00fas es clara y un\u00edvoca. Lleva a los suyos \u00abhacia el Padre\u00bb, creando un claro modelo de vida orientada hacia el Padre. \u00abYo he cumplido el mandamiento de mi Padre y permanezco en su amor\u00bb. Y Jes\u00fas considera su \u00abalimento\u00bb este \u00abpermanecer en su amor, es decir, el cumplimiento de su voluntad: \u00abMi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra\u00bb (Jn 4, 34). Es lo que dice a sus disc\u00edpulos junto al pozo de Jacob en Sicar. Ya antes, en el transcurso del di\u00e1logo con la samaritana, hab\u00eda indicado que ese mismo \u00abalimento\u00bb deber\u00e1 ser la herencia espiritual de sus disc\u00edpulos y seguidores: \u00abPero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorar\u00e1n al Padre en esp\u00edritu y en verdad; porque as\u00ed quiere el Padre que sean los que lo adoran\u00bb (Jn 4, 23).<\/p>\n<p>Los \u00abverdaderos adoradores\u00bb son, ante todo, los que imitan a Cristo en lo que hace\u00bb. Y \u00c9l lo hace todo imitando al Padre: \u00abLas obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de m\u00ed, de que el Padre me ha enviado\u00bb (Jn 5, 36). M\u00e1s a\u00fan: \u00abEl Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; lo que hace \u00e9l, eso tambi\u00e9n lo hace igualmente el Hijo\u00bb (Jn 5, 19).<\/p>\n<p> Encontramos as\u00ed un fundamento perfecto a las palabras del Ap\u00f3stol, seg\u00fan las cuales somos llamados a imitar a Cristo (cf. 1 Cor 11, 1; 1 Tes 1, 6), y, en consecuencia, a Dios mismo: \u00abSed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos\u00bb (Ef 5, 1). La vida \u00abque se asemeja a Cristo\u00bb es al mismo tiempo una vida semejante a la de Dios, en el sentido m\u00e1s pleno de la palabra.<\/p>\n<p>El concepto de \u00abalimento\u00bb de Cristo, que durante su vida fue el cumplimiento de la voluntad del Padre, se inserta en el misterio de su obediencia, que lleg\u00f3 hasta la muerte de cruz. Entonces fue un alimento amargo, como se manifiesta sobre todo en la oraci\u00f3n de Getseman\u00ed y luego durante toda la pasi\u00f3n y la agon\u00eda de la cruz: \u00abAbb\u00e1, Padre; todo es posible para ti; aparta de m\u00ed esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras t\u00fa\u00bb (Mc 14, 36). Para entender esta obediencia, para entender incluso por qu\u00e9 este \u00abalimento\u00bb result\u00f3 tan amargo, es necesario mirar toda la historia del hombre sobre la tierra, marcada por el pecado, es decir, por la desobediencia a Dios, Creador y Padre. \u00abEl Hijo que libera\u00bb (cf. Jn 8, 36), libera por consiguiente mediante su obediencia hasta la muerte. Y lo hace revelando hasta el fin su plena entrega de amor: \u00abPadre, en tus manos pongo mi esp\u00edritu\u00bb (Lc 23, 46). En esta entrega, en este \u00ababandonarse\u00bb al Padre, se afirma sobre toda la historia de la desobediencia humana, la uni\u00f3n divina contempor\u00e1nea del Hijo con el Padre: \u00abYo y el Padre somos uno\u00bb (Jn 10, 30). Y aqu\u00ed se expresa lo que podemos definir como aspecto central de la imitaci\u00f3n a la que el hombre es llamado en Cristo: \u00abPues todo el que cumple la voluntad de mi Padre celestial, \u00e9se es mi hermano, mi hermana y mi madre\u00bb (Mt 12, 50; y adem\u00e1s Mc 3, 35).<\/p>\n<p>Con su vida orientada completamente \u00abhacia el Padre\u00bb y unida profundamente a El, Jesucristo es tambi\u00e9n modelo de nuestra oraci\u00f3n, de nuestra vida de oraci\u00f3n mental y vocal. \u00c9l no solamente nos ense\u00f1\u00f3 a orar, sobre todo en el Padrenuestro (cf. Mt 6, 9 ss.), sino que el ejemplo de su oraci\u00f3n se ofrece como momento esencial de la revelaci\u00f3n de su vinculaci\u00f3n y de su uni\u00f3n con el Padre. Se puede afirmar que en su oraci\u00f3n se confirma de un modo especial\u00edsimo el hecho de que \u00abs\u00f3lo el Padre conoce al Hijo\u00bb, \u00aby s\u00f3lo el Hijo conoce al Padre\u00bb (cf. Mt 11, 27; Lc 10, 22).<\/p>\n<p> Recordemos los momentos m\u00e1s significativos de su vida de oraci\u00f3n. Jes\u00fas pasa mucho tiempo en oraci\u00f3n (por ejemplo, Lc 6, 12; 11, 1), especialmente en las horas nocturnas, buscando adem\u00e1s los lugares m\u00e1s adecuados para ello (por ejemplo, Mc 1, 35; Mt 14, 23; Lc 6, 12). Con la oraci\u00f3n se prepara para el bautismo en el Jord\u00e1n (Lc 3, 21) y para la instituci\u00f3n de los Doce Ap\u00f3stoles (cf. Lc 6, 12-13). Mediante la oraci\u00f3n en Getseman\u00ed se dispone para hacer frente a la pasi\u00f3n y muerte en la cruz (cf. Lc 22, 42). La agon\u00eda en el Calvario est\u00e1 impregnada toda ella de oraci\u00f3n: desde el Salmo 22, 1: \u00abDios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb, a las palabras: \u00abPadre, perd\u00f3nales porque no saben lo que hacen\u00bb (Lc 23, 34), y al abandono final: \u00abPadre, en tus manos pongo mi esp\u00edritu\u00bb (Lc 23, 46). S\u00ed, en su vida y en su muerte, Jes\u00fas es modelo de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sobre la oraci\u00f3n de Cristo leemos en la Carta a los Hebreos que \u00ab\u00c9l, <i>habiendo ofrecido<\/i>, en los d\u00edas de su vida mortal, <i>ruegos y s\u00faplicas con poderoso clamor<\/i> y l\u00e1grimas al que pod\u00eda salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y a\u00fan siendo Hijo, con lo que padeci\u00f3 experiment\u00f3 la obediencia\u00bb (<i>Heb<\/i> 5, 7-8). Esta afirmaci\u00f3n significa que Jesucristo ha cumplido perfectamente la voluntad del Padre, el designio eterno de Dios acerca de la redenci\u00f3n del mundo, a costa del sacrificio supremo por amor. Seg\u00fan el Evangelio de Juan, este sacrificio <i>era no s\u00f3lo una glorificaci\u00f3n del Padre por parte del Hijo, sino tambi\u00e9n una glorificaci\u00f3n del Hijo<\/i>, de acuerdo con las palabras de la oraci\u00f3n \u00absacerdotal\u00bb en el Cen\u00e1culo: \u00abPadre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que seg\u00fan el poder que le has dado sobre toda carne, <i>d\u00e9 tambi\u00e9n vida eterna a todos lo que t\u00fa le has dado<\/i>\u00bb (<i>Jn<\/i> 17, 1-2). Fue esto lo que se cumpli\u00f3 en la cruz. La resurrecci\u00f3n a los tres d\u00edas fue la confirmaci\u00f3n y casi la manifestaci\u00f3n de la gloria con la que \u00abel Padre glorific\u00f3 al Hijo\u00bb (cf. <i>Jn<\/i> 17, 1). Toda la vida de obediencia y de \u00abpiedad\u00bb filial de Cristo se fund\u00eda con su oraci\u00f3n, que le obtuvo finalmente la glorificaci\u00f3n definitiva.<\/p>\n<p>Este esp\u00edritu de filiaci\u00f3n amorosa, obediente y piadosa, se refleja incluso en el episodio ya recordado, en el que sus <i>disc\u00edpulos<\/i> pidieron a Jes\u00fas que les \u00abense\u00f1ara a orar\u00bb (cf. <i>Lc<\/i> 11, 1-2). A ellos y a todas las generaciones de sus seguidores, Jesucristo les transmiti\u00f3 una oraci\u00f3n que comienza con esa s\u00edntesis verbal y conceptual tan expresiva: \u00ab<i>Padre nuestro<\/i>\u00ab. En esas palabras est\u00e1 la manifestaci\u00f3n del Esp\u00edritu de Cristo, orientado filialmente al Padre y pose\u00eddo completamente por las \u00abcosas del Padre\u00bb (cf. <i> Lc<\/i> 2, 49). Al entregarnos aquella oraci\u00f3n a todos los tiempos, Jes\u00fas nos<i> ha transmitido en ella y con ella un modelo de vida filialmente unida al Padre<\/i>. Si queremos hacer nuestro para nuestra vida este modelo, si debemos, sobre todo, participar en el misterio de la redenci\u00f3n imitando a Cristo, es preciso que no cesemos de repetir el \u00abPadrenuestro\u00bb como \u00c9l nos ha ense\u00f1ado.<\/p>\n<h3><span id=\"Discurso_14-08-1991_Yo_soy_me_acuerdo_velo\"> Discurso (14-08-1991): Yo soy, me acuerdo, velo&#8230;<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abYo soy\u00bb (Jn 10,20)<br \/>Vigilia de Oraci\u00f3n en Czestochowa, VI Jornada Mundial de la Juventud, nn. 1-4<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>En esta vigilia de oraci\u00f3n, cargada de extraordinaria intensidad de sentimientos, quisiera centrar vuestra atenci\u00f3n, queridos j\u00f3venes, en tres palabras-gu\u00eda: Yo soy (la palabra). Me acuerdo. Velo.<\/p>\n<p> <strong>A. Yo soy (la Palabra) <\/strong><\/p>\n<p> \u00abYo soy\u00bb: \u00e9ste es el nombre de Dios. As\u00ed respondi\u00f3 una Voz a Mois\u00e9s desde la zarza ardiente, cuando preguntaba cu\u00e1l era el nombre de Dios. \u00abYo soy el que soy\u00bb (Ex 3, 14): con este nombre el Se\u00f1or envi\u00f3 a Mois\u00e9s a Israel, esclavo de Egipto, y al fara\u00f3n-opresor: \u00abYo-Soy me ha enviado a vosotros\u00bb (Ex 3, 14). Con este nombre Dios sac\u00f3 a su pueblo elegido de la esclavitud, para sellar una alianza con Israel:<\/p>\n<p> \u00abYo, el Se\u00f1or, soy tu Dios, que te ha sacado del pa\u00eds de Egipto, de la casa de servidumbre. No habr\u00e1 para ti otros dioses delante de m\u00ed\u00bb (Ex 20, 2-3).<\/p>\n<p> \u00abYo-Soy\u00bb, este nombre es el fundamento de la antigua Alianza.<\/p>\n<p>Ese nombre constituye tambi\u00e9n el fundamento de la nueva Alianza. Jesucristo dice a los jud\u00edos: \u00abYo y el Padre somos uno\u00bb (Jn 10, 30). \u00abAntes de que Abraham existiera, Yo Soy\u00bb (Jn 8, 58). \u00abCuando hay\u00e1is levantado al Hijo del hombre, entonces sabr\u00e9is que Yo Soy\u00bb (Jn 8, 28).<\/p>\n<p> En medio de nosotros, que velamos, se ha detenido la cruz. Hab\u00e9is tra\u00eddo aqu\u00ed esta cruz y la hab\u00e9is levantado en medio de nuestra asamblea. En esta cruz se ha manifestado \u00abhasta el extremo\u00bb (cf. Jn 13, 1) el \u00abYo-Soy\u00bb divino de la Alianza nueva y eterna. \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que (el hombre no perezca, sino que tenga vida eterna\u00bb (Jn 3, 16).<\/p>\n<p> La cruz es el signo del amor inefable, el signo que revela que \u00abDios es amor\u00bb (cf. 1 Jn 4, 8).<\/p>\n<p> Mientras se acercaba la noche, antes del s\u00e1bado de Pascua, Jes\u00fas fue retirado de la cruz y depositado en el sepulcro. El tercer d\u00eda se present\u00f3 resucitado en medio de sus disc\u00edpulos, que estaban \u00absobresaltados y asustados\u00bb, dici\u00e9ndoles: \u00abLa paz con vosotros (&#8230;); soy yo mismo\u00bb (cf. Lc 24, 36-37. 39): el \u00abYo-Soy\u00bb divino de la Alianza, del Misterio pascual y de la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para poder existir y decir a su Creador \u00abyo soy\u00bb. En este \u00abyo soy\u00bb humano se contiene toda la verdad de la existencia y de la conciencia. \u00abYo soy\u00bb ante ti, que \u00abEres\u00bb.<\/p>\n<p> Cuando Dios pregunta al primer hombre: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1s?\u00bb, Ad\u00e1n responde: \u00abMe escond\u00ed de ti\u00bb (cf. Gn 3, 9-10), tratando de no estar delante de Dios. \u00a1No puedes esconderte, Ad\u00e1n! No puedes no estar delante de quien te ha creado, de quien ha hecho que \u00abt\u00fa seas\u00bb, delante de quien \u00abescruta los corazones y conoce\u00bb (cf. Rm 8, 27).<\/p>\n<p>Hab\u00e9is llegado a Jasna G\u00f3ra, queridos amigos, donde desde hace muchos a\u00f1os se canta el himno \u00abEstoy junto a ti\u00bb.<\/p>\n<p> El mundo que os rodea, la civilizaci\u00f3n moderna, ha influido mucho para quitar ese \u00abYo Soy\u00bb divino de la conciencia del hombre. Tiende a vivir como si Dios no existiera. Este es su programa.<\/p>\n<p> Pero, si Dios no existe, t\u00fa, hombre, \u00bfpodr\u00e1s existir de verdad?<\/p>\n<p> Hab\u00e9is venido aqu\u00ed, queridos amigos, para recuperar y confirmar profundamente esta identidad humana: \u00abyo soy\u00bb, delante del \u00abYo Soy\u00bb de Dios. Mirad la cruz en la que el \u00abYo-Soy\u00bb significa \u00abAmor\u00bb. \u00a1Mirad la cruz y no os olvid\u00e9is! Que el \u00abestoy junto a ti\u00bb siga siendo la palabra clave de toda vuestra vida&#8230;<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_10-03-1999_Misterio_que_supera_nuestra_inteligencia\"> Audiencia General (10-03-1999): Misterio que supera nuestra inteligencia<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">Dan testimonio de m\u00ed las obras que hago en nombre de mi Padre (Jn 10,25)<br \/>nn. 1-4<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><strong>La relaci\u00f3n de Jes\u00fas con el Padre revelaci\u00f3n del misterio trinitario<\/strong><\/p>\n<p> Como hemos visto en la catequesis anterior, con sus palabras y sus obras Jes\u00fas mantiene una relaci\u00f3n muy especial con \u00absu\u00bb Padre. El evangelio de san Juan subraya que cuanto \u00e9l comunica a los hombres es fruto de esta uni\u00f3n \u00edntima y singular: \u00abYo y el Padre somos uno\u00bb (Jn 10, 30). Y tambi\u00e9n: \u00abTodo lo que tiene el Padre es m\u00edo\u00bb (Jn 16, 15). Existe una reciprocidad entre el Padre y el Hijo, en lo que conocen de s\u00ed mismos (cf. Jn 10, 15), en lo que son (cf. Jn 14, 10), en lo que hacen (cf. Jn 5, 19; 10, 38) y en lo que poseen: \u00abTodo lo m\u00edo es tuyo y todo lo tuyo es m\u00edo\u00bb (Jn 17, 10). Es un intercambio rec\u00edproco que encuentra su expresi\u00f3n plena en la gloria que Jes\u00fas obtiene del Padre en el misterio supremo de la muerte y la resurrecci\u00f3n, despu\u00e9s de que \u00e9l mismo se la ha dado al Padre durante su vida terrena: \u00abPadre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. (&#8230;) Yo te he glorificado en la tierra. (&#8230;) Ahora, Padre, glorif\u00edcame t\u00fa, junto a ti\u00bb (Jn 17, 1.4 s).<\/p>\n<p> Esta uni\u00f3n esencial con el Padre no s\u00f3lo acompa\u00f1a la actividad de Jes\u00fas, sino que determina todo su ser. \u00abLa encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios revela que Dios es el Padre eterno, y que el Hijo es consubstancial al Padre, es decir, que es en \u00e9l y con \u00e9l el mismo y \u00fanico Dios\u00bb (Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, n. 262). El evangelista san Juan pone de relieve que los jefes religiosos del pueblo reaccionan precisamente ante esta pretensi\u00f3n, al no tolerar que llame a Dios su propio Padre y, por tanto, se haga a s\u00ed mismo igual a Dios (cf. Jn 5, 18; 10, 33; 19, 7).<\/p>\n<p>En virtud de esta armon\u00eda en el ser y en el obrar, tanto con sus palabras como con sus obras, Jes\u00fas revela al Padre: \u00abA Dios nadie le ha visto jam\u00e1s: el Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el seno del Padre, \u00e9l lo ha contado\u00bb (Jn 1, 18). La \u00abpredilecci\u00f3n\u00bb de que goza Cristo es proclamada en su bautismo, seg\u00fan la narraci\u00f3n de los evangelios sin\u00f3pticos (cf. Mc 1, 11; Mt 3, 17; Lc 3, 22). El evangelista san Juan la remonta a su ra\u00edz trinitaria, o sea, a la misteriosa existencia del Verbo \u00abcon\u00bb el Padre (cf. Jn 1, 1), que lo ha engendrado en la eternidad.<\/p>\n<p> Partiendo del Hijo, la reflexi\u00f3n del Nuevo Testamento, y despu\u00e9s la teolog\u00eda enraizada en ella, han profundizado el misterio de la \u00abpaternidad\u00bb de Dios. El Padre es el que en la vida trinitaria constituye el principio absoluto, el que no tiene origen y del que brota la vida divina. La unidad de las tres personas es comuni\u00f3n de la \u00fanica esencia divina, pero en el dinamismo de relaciones rec\u00edprocas que tienen en el Padre su fuente y su fundamento. \u00abEl Padre es el que engendra; el Hijo, el que es engendrado, y el Esp\u00edritu Santo, el que procede\u00bb (Concilio lateranense IV: Denzinger Sch\u00f6nmetzer, 804).<\/p>\n<p>De este misterio, que supera infinitamente nuestra inteligencia, el ap\u00f3stol san Juan nos ofrece una clave, cuando proclama en la primera carta: \u00abDios es amor\u00bb (1 Jn 4, 8). Este v\u00e9rtice de la revelaci\u00f3n indica que Dios es \u00e1gape, o sea, don gratuito y total de s\u00ed, del que Cristo nos dio testimonio especialmente con su muerte en la cruz. En el sacrificio de Cristo, se revela el amor infinito del Padre al mundo (cf. Jn 3, 16; Rm 5, 8). La capacidad de amar infinitamente, entreg\u00e1ndose sin reservas y sin medida, es propia de Dios. En virtud de su ser Amor, \u00e9l, antes a\u00fan de la libre creaci\u00f3n del mundo, es Padre en la misma vida divina: Padre amante que engendra al Hijo amado y da origen con \u00e9l al Esp\u00edritu Santo, la Persona-Amor, v\u00ednculo rec\u00edproco de comuni\u00f3n.<\/p>\n<p> Bas\u00e1ndose en esto, la fe cristiana comprende la igualdad de las tres personas divinas: el Hijo y el Esp\u00edritu son iguales al Padre, no como principios aut\u00f3nomos, como si fueran tres dioses, sino en cuanto reciben del Padre toda la vida divina, distingui\u00e9ndose de \u00e9l y rec\u00edprocamente s\u00f3lo en la diversidad de las relaciones (cf. Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, n. 254).<\/p>\n<p> Misterio sublime, misterio de amor, misterio inefable, frente al cual la palabra debe ceder su lugar al silencio de la admiraci\u00f3n y de la adoraci\u00f3n. Misterio divino que nos interpela y conmueve, porque por gracia se nos ha ofrecido la participaci\u00f3n en la vida trinitaria, a trav\u00e9s de la encarnaci\u00f3n redentora del Verbo y el don del Esp\u00edritu Santo: \u00abSi alguno me ama, guardar\u00e1 mi palabra, y mi Padre le amar\u00e1, y vendremos a \u00e9l, y haremos morada en \u00e9l\u00bb (Jn 14, 23).<\/p>\n<p>As\u00ed, la reciprocidad entre el Padre y el Hijo llega a ser para nosotros, creyentes, el principio de una vida nueva, que nos permite participar en la misma plenitud de la vida divina: \u00abQuien confiese que Jes\u00fas es el Hijo de Dios, Dios permanece en \u00e9l y \u00e9l en Dios\u00bb (1 Jn 4, 15). Las criaturas viven el dinamismo de la vida trinitaria, de manera que todo converge en el Padre, mediante Jesucristo, en el Esp\u00edritu Santo. Esto es lo que subraya el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abToda la vida cristiana es comuni\u00f3n con cada una de las personas divinas, sin separarlas de ning\u00fan modo. El que da gloria al Padre lo hace por el Hijo en el Esp\u00edritu Santo\u00bb (n. 259).<\/p>\n<p> El Hijo se ha convertido en \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rm 8, 29); a trav\u00e9s de su muerte, el Padre nos ha reengendrado (cf. 1 P 1, 3; tambi\u00e9n Rm 8, 32; Ef 1, 3), de modo que en el Esp\u00edritu Santo podemos invocarlo con la misma expresi\u00f3n usada por Jes\u00fas: Abb\u00e1 (cf. Rm 8, 15; Ga 4, 6). San Pablo ilustra ulteriormente este misterio, diciendo que \u00abel Padre nos ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz. \u00c9l nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido\u00bb (Col 1, 12-13). Y el Apocalipsis describe as\u00ed el destino escatol\u00f3gico de quien lucha y vence con Cristo la fuerza del mal: \u00abAl vencedor le conceder\u00e9 sentarse conmigo en mi trono, como yo tambi\u00e9n venc\u00ed y me sent\u00e9 con mi Padre en su trono\u00bb (Ap 3, 21). Esta promesa de Cristo nos abre una perspectiva maravillosa de participaci\u00f3n en su intimidad celestial con el Padre.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Joseph_Ratzinger_Benedicto_XVI\"> Joseph Ratzinger (Benedicto XVI)<\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"El_Dios_de_Jesucristo_Nadie_puede_soltarse_de_la_mano_del_Padre\"> El Dios de Jesucristo: Nadie puede soltarse de la mano del Padre<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abNadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre\u00bb (Jn 10,29)<br \/>[Falta referencia]<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>Dios es. La fe cristiana a\u00f1ade: Dios es como Padre, Hijo y Santo Esp\u00edritu, uno en tres personas. En la cristiandad un silencio molesto rodea este centro de su fe. \u00bfLa Iglesia no ha ido demasiado lejos? \u00bfNo valdr\u00eda m\u00e1s dejarlo como una cosa muy grande, muy impenetrable, de car\u00e1cter inaccesible? \u00bfPor otra parte, tal realidad puede significar algo para nosotros?<\/p>\n<p> Por cierto, este art\u00edculo de fe nos expresa en cierto modo que Dios es Todo Otro, que es infinitamente m\u00e1s grande que nosotros, que sobrepasa todo nuestro pensamiento, todo nuestro ser. Pero si no ten\u00eda nada que decirnos, su contenido no nos habr\u00eda sido revelado&#8230; \u00bfQu\u00e9 significa esto? Comencemos all\u00ed d\u00f3nde Dios tambi\u00e9n comenz\u00f3: \u00e9l se llama Padre. La paternidad humana puede dar una idea de lo que es. Pero all\u00ed d\u00f3nde no hay m\u00e1s que paternidad, all\u00ed d\u00f3nde la paternidad se vive m\u00e1s como un fen\u00f3meno biol\u00f3gico m\u00e1s que humano y espiritual, hablar de Dios Padre, es una forma de hablar vac\u00eda&#8230;<\/p>\n<p> All\u00ed d\u00f3nde la paternidad no aparece m\u00e1s que como azar biol\u00f3gico sin recurso humano o como tiran\u00eda que hay que rechazar, est\u00e1 herida la estructura profunda del ser humano. Para ser plenamente hombre necesitamos de un padre con verdadero sentido del t\u00e9rmino: una responsabilidad frente al otro, sin dominar al otro pero devolvi\u00e9ndole su libertad; es decir un amor que no desea tomar posesi\u00f3n del otro sino que le quiere en su verdad m\u00e1s \u00edntima, que est\u00e1 en su creador. Esta manera de ser padre s\u00f3lo es posible con la condici\u00f3n de aceptar de ser hijo; aceptar la palabra de Jes\u00fas: \u00abVosotros ten\u00e9is un solo Padre, el que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 23,9), es la condici\u00f3n interior para que los hombres puedan ser padres de la mejor manera&#8230;<\/p>\n<p> Hay que completar nuestro pensamiento: el hecho de que en la Biblia Dios aparece fundamentalmente bajo la imagen de Padre incluye el hecho de que el misterio del maternal tambi\u00e9n, est\u00e1 presente en \u00e9l en su origen&#8230; No es una abstracci\u00f3n que el hombre es \u00abimagen de Dios\u00bb (Gn 1,27) -esto nos presentar\u00eda s\u00f3lo a un Dios abstracto. El lo es en su realidad concreta, es decir en la relaci\u00f3n.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Catecismo_de_la_Iglesia_Catolica\"> Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Catecismo_de_la_Iglesia_Catolica_Creer_es_morir_a_si_mismo_para_nacer_de_nuevo\"> Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: Creer es morir a s\u00ed mismo para nacer de nuevo<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abOs lo he dicho, y no cre\u00e9is\u00bb (Jn 10,25)<br \/>nn. 587-591<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><strong>III. Jes\u00fas y la fe de Israel en el Dios \u00fanico y Salvador<\/strong><\/p>\n<p> Si la Ley y el Templo de Jerusal\u00e9n pudieron ser ocasi\u00f3n de \u00abcontradicci\u00f3n\u00bb (cf. <em>Lc<\/em> 2, 34) entre Jes\u00fas y las autoridades religiosas de Israel, la raz\u00f3n est\u00e1 en que Jes\u00fas, para la redenci\u00f3n de los pecados \u2014obra divina por excelencia\u2014, acepta ser verdadera piedra de esc\u00e1ndalo para aquellas autoridades (cf. <em>Lc<\/em> 20, 17-18; <em>Sal<\/em> 118, 22).<\/p>\n<p>Jes\u00fas escandaliz\u00f3 a los fariseos comiendo con los publicanos y los pecadores (cf. <em>Lc<\/em> 5, 30) tan familiarmente como con ellos mismos (cf. <em>Lc<\/em> 7, 36; 11, 37; 14, 1). Contra algunos de los \u00abque se ten\u00edan por justos y despreciaban a los dem\u00e1s\u00bb (<em>Lc<\/em> 18, 9; cf. <em>Jn<\/em> 7, 49; 9, 34), Jes\u00fas afirm\u00f3: \u00abNo he venido a llamar a conversi\u00f3n a justos, sino a pecadores\u00bb (<em>Lc<\/em> 5, 32). Fue m\u00e1s lejos todav\u00eda al proclamar frente a los fariseos que, siendo el pecado una realidad universal (cf. <em>Jn<\/em> 8, 33-36), los que pretenden no tener necesidad de salvaci\u00f3n se ciegan con respecto a s\u00ed mismos (cf. <em>Jn<\/em> 9, 40-41).<\/p>\n<p>Jes\u00fas escandaliz\u00f3 sobre todo porque identific\u00f3 su conducta misericordiosa hacia los pecadores con la actitud de Dios mismo con respecto a ellos (cf. <em>Mt<\/em> 9, 13; <em>Os<\/em> 6, 6). Lleg\u00f3 incluso a dejar entender que compartiendo la mesa con los pecadores (cf. <em>Lc<\/em> 15, 1-2), los admit\u00eda al banquete mesi\u00e1nico (cf. <em>Lc<\/em> 15, 22-32). Pero es especialmente al perdonar los pecados, cuando Jes\u00fas puso a las autoridades de Israel ante un dilema. Porque como ellas dicen, justamente asombradas, \u00ab\u00bfQui\u00e9n puede perdonar los pecados sino s\u00f3lo Dios?\u00bb (<em>Mc<\/em> 2, 7). Al perdonar los pecados, o bien Jes\u00fas blasfema porque es un hombre que pretende hacerse igual a Dios (cf. <em>Jn<\/em> 5, 18; 10, 33) o bien dice verdad y su persona hace presente y revela el Nombre de Dios (cf. <em>Jn<\/em> 17, 6-26).<\/p>\n<p>S\u00f3lo la identidad divina de la persona de Jes\u00fas puede justificar una exigencia tan absoluta como \u00e9sta: \u00abEl que no est\u00e1 conmigo est\u00e1 contra m\u00ed\u00bb (<em>Mt<\/em> 12, 30); lo mismo cuando dice que \u00e9l es \u00abm\u00e1s que Jon\u00e1s [&#8230;] m\u00e1s que Salom\u00f3n\u00bb (<em>Mt<\/em> 12, 41-42), \u00abm\u00e1s que el Templo\u00bb (<em>Mt<\/em> 12, 6); cuando recuerda, refiri\u00e9ndose a que David llama al Mes\u00edas su Se\u00f1or (cf. <em>Mt<\/em> 12, 36-37), cuando afirma: \u00abAntes que naciese Abraham, Yo soy\u00bb (<em>Jn<\/em> 8, 58); e incluso: \u00abEl Padre y yo somos una sola cosa\u00bb (<em>Jn<\/em> 10, 30).<\/p>\n<p>Jes\u00fas pidi\u00f3 a las autoridades religiosas de Jerusal\u00e9n que creyeran en \u00e9l en virtud de las obras de su Padre que \u00e9l realizaba (<em>Jn<\/em> 10, 36-38). Pero tal acto de fe deb\u00eda pasar por una misteriosa muerte a s\u00ed mismo para un nuevo \u00abnacimiento de lo alto\u00bb (<em>Jn<\/em> 3, 7) atra\u00eddo por la gracia divina (cf. <em>Jn<\/em> 6, 44). Tal exigencia de conversi\u00f3n frente a un cumplimiento tan sorprendente de las promesas (cf. <em>Is<\/em> 53, 1) permite comprender el tr\u00e1gico desprecio del Sanedr\u00edn al estimar que Jes\u00fas merec\u00eda la muerte como blasfemo (cf. <em>Mc<\/em> 3, 6; <em>Mt<\/em> 26, 64-66). Sus miembros obraban as\u00ed tanto por \u00abignorancia\u00bb (cf. <em>Lc<\/em> 23, 34;<em> Hch<\/em> 3, 17-18) como por el \u00abendurecimiento\u00bb (<em>Mc<\/em> 3, 5; <em>Rm<\/em> 11, 25) de la \u00abincredulidad\u00bb (<em>Rm<\/em> 11, 20).<\/p>\n<p><\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n<h1><span id=\"Uso_Liturgico_de_este_texto_Homilias\">Uso Lit\u00fargico de este texto (Homil\u00edas)<\/span><\/h1>\n<p><span class=\"uso-liturgico\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh3.googleusercontent.com\/-w-1FqQOVfHg\/VroITLSbR2I\/AAAAAAAAFlQ\/66p8JnqUNaUnYjkzQg0RN661xxWCmQc5wCCo\/s800-Ic42\/right-arrow-pascua_12x12.jpg\"><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/homilias_semana-04_tiempo-pascua_dia-03-martes\">Tiempo de Pascua: Martes IV <\/a><br \/><\/span><\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>22 Se celebraba entonces en Jerusal\u00e9n la fiesta de la Dedicaci\u00f3n del templo. 23 Era invierno, y Jes\u00fas se paseaba en el templo por el p\u00f3rtico de Salom\u00f3n. 24 Los jud\u00edos, rode\u00e1ndolo, le preguntaban: \u00ab\u00bfHasta cu\u00e1ndo nos vas a tener en suspenso? Si t\u00fa eres el Mes\u00edas, d\u00ednoslo francamente\u00bb. 25 Jes\u00fas les respondi\u00f3: \u00abOs lo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-10-22-30-revelacion-de-jesus-en-la-fiesta-de-la-dedicacion-i\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJn 10, 22-30: Revelaci\u00f3n de Jes\u00fas en la fiesta de la Dedicaci\u00f3n (i)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41602","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41602","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41602"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41602\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41602"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41602"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41602"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}