{"id":41608,"date":"2016-10-07T23:39:00","date_gmt":"2016-10-08T04:39:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-12-24-26-donde-este-yo-estara-mi-servidor\/"},"modified":"2016-10-07T23:39:00","modified_gmt":"2016-10-08T04:39:00","slug":"jn-12-24-26-donde-este-yo-estara-mi-servidor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-12-24-26-donde-este-yo-estara-mi-servidor\/","title":{"rendered":"Jn 12, 24-26: Donde est\u00e9 yo, estar\u00e1 mi servidor"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">24<\/span> En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. <span class=\"versiculo\">25<\/span> El que se ama a s\u00ed mismo, se pierde, y el que se aborrece a s\u00ed mismo en este mundo, se guardar\u00e1 para la vida eterna. <span class=\"versiculo\">26<\/span> El que quiera servirme, que me siga, y donde est\u00e9 yo, all\u00ed tambi\u00e9n estar\u00e1 mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrar\u00e1. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Agustin_obispo\">San Agust\u00edn, obispo<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sermon_Si_amamos_a_Cristo_sigamoslo\">Serm\u00f3n: Si amamos a Cristo, sig\u00e1moslo<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n 304 : PL 38, 1385 (Liturgia de las Horas, 10 de Agosto)<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl que ama su vida la pierde, el que la pierde la gana para la vida eterna\u00bb (Jn 12,25)<\/p>\n<p>La Iglesia de Roma nos invita hoy a celebrar el triunfo de san Lorenzo, que super\u00f3 las amenazas y seducciones del mundo, venciendo as\u00ed la persecuci\u00f3n diab\u00f3lica. \u00c9l como ya se os ha explicado m\u00e1s de una vez, era di\u00e1cono de aquella Iglesia. En ella administr\u00f3 la sangre sagrada de Cristo, en ella, tambi\u00e9n, derram\u00f3 su propia sangre por el nombre de Cristo. El ap\u00f3stol san Juan expuso claramente el significado de la Cena del Se\u00f1or, con aquellas palabras: Como Cristo dio su vida por nosotros, tambi\u00e9n nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. As\u00ed lo entendi\u00f3 san Lorenzo; as\u00ed lo entendi\u00f3 y as\u00ed lo practic\u00f3; lo mismo que hab\u00eda tomado de la mesa del Se\u00f1or, eso mismo prepar\u00f3. Am\u00f3 a Cristo durante su vida, lo imit\u00f3 en su muerte.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n nosotros, hermanos, si amamos de verdad a Cristo, debemos imitarlo. La mejor prueba que podemos dar de nuestro amor es imitar su ejemplo, porque Cristo padeci\u00f3 por nosotros, dej\u00e1ndonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Seg\u00fan estas palabras de san Pedro, parece como si Cristo s\u00f3lo hubiera padecido por los que siguen sus huellas, y que la pasi\u00f3n de Cristo s\u00f3lo aprovechara a los que siguen sus huellas. Lo han imitado los santos m\u00e1rtires hasta el derramamiento de su sangre, hasta la semejanza con su pasi\u00f3n; lo han imitado los m\u00e1rtires, pero no s\u00f3lo ellos. El puente no se ha derrumbado despu\u00e9s de haber pasado ellos; la fuente no se ha secado despu\u00e9s de haber bebido ellos.<\/p>\n<p>Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Se\u00f1or no s\u00f3lo hay las rosas de los m\u00e1rtires, sino tambi\u00e9n los lirios de las v\u00edrgenes y las yedras de los casados, as\u00ed como las violetas de las viudas. Ning\u00fan hombre, cualquiera que sea su g\u00e9nero de vida, ha de desesperar de su vocaci\u00f3n: Cristo ha sufrido por todos. Con toda verdad est\u00e1 escrito de \u00e9l que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.<\/p>\n<p>Entendamos, pues, de qu\u00e9 modo el cristiano ha de seguir a Cristo, adem\u00e1s del derramamiento de sangre, adem\u00e1s del martirio. El Ap\u00f3stol, refiri\u00e9ndose a Cristo, dice: A pesar de su condici\u00f3n divina, no hizo alarde de su categor\u00eda de Dios. \u00a1Qu\u00e9 gran majestad! Al contrario, se despoj\u00f3 de su rango y tom\u00f3 la condici\u00f3n de esclavo, pasando por uno de tantos. \u00a1Qu\u00e9 gran humildad!<\/p>\n<p>Cristo se rebaj\u00f3: esto es, cristiano, lo que debes t\u00fa procurar. Cristo se someti\u00f3: \u00bfc\u00f3mo vas t\u00fa a enorgullecerte? Finalmente, despu\u00e9s de haber pasado por semejante humillaci\u00f3n y haber vencido la muerte, Cristo subi\u00f3 al cielo: sig\u00e1moslo. Oigamos lo que dice el Ap\u00f3stol: Ya que hab\u00e9is resucitado con Cristo, aspirad a los bienes de arriba, donde est\u00e1 Cristo, sentado a la derecha de Dios.<\/p>\n<h3><span id=\"Sermon_Si_os_amais_no_ameis_la_vida_de_este_mundo\">Serm\u00f3n: Si os am\u00e1is, no am\u00e9is la vida de este mundo.<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n 305<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abDonde est\u00e9 yo, all\u00ed tambi\u00e9n estar\u00e1 mi servidor\u00bb (Jn 12,26)<\/p>\n<p>Vuestra fe, hermanos, reconoce a ese grano ca\u00eddo en tierra, ese grano que la muerte ha multiplicado. Vuestra fe le reconoce porque habita en vuestros corazones. Ning\u00fan cristiano duda en creer lo que Cristo ha dicho de s\u00ed mismo. Pero una vez que este grano ha muerto y se ha multiplicado, muchos granos han ca\u00eddo en tierra. San Lorenzo es uno de ellos, y nosotros celebramos hoy el d\u00eda en que fue sembrado. Vemos qu\u00e9 inmensa cosecha ha nacido de todos esos granos esparcidos por toda la tierra; y este espect\u00e1culo nos llena de gozo si, no obstante y por la gracia de Dios, pertenecemos a su granero.<\/p>\n<p>Porque todo no todo lo que forma parte de la cosecha entra en el granero: es la misma lluvia, \u00fatil y fecunda, la que hace crecer tanto el grano como la paja, y nadie entroja a los dos en el mismo granero. Para nosotros ahora es el tiempo de escoger&#8230;<\/p>\n<p>Escuchadme pues, granos sagrados, porque no dudo que muchos de vosotros lo sois&#8230; Escuchadme, o mejor a\u00fan, escuchad en m\u00ed a aquel que, se nombr\u00f3 primero a s\u00ed mismo, buen grano. No am\u00e9is vuestra vida en este mundo. Si verdaderamente os am\u00e1is, no am\u00e9is as\u00ed vuestra vida y entonces la salvar\u00e9is&#8230; \u00abEl que ama su propia vida en este mundo la perder\u00e1\u00bb. Es el buen grano quien lo dice, el grano que fue echado en tierra y que muri\u00f3 para dar mucho fruto. Escuchadle, porque lo que ha dicho lo ha hecho. <\/p>\n<p>\u00c9l nos instruye y, con su ejemplo, nos ense\u00f1a el camino. Cristo no estuvo agarrado a la vida de este mundo; vino a este mundo para despojarse de s\u00ed mismo, para dar su vida y retomarla cuando quisiera&#8230; Es verdadero Dios y verdadero hombre, hombre sin pecado para quitar el pecado del mundo, revestido de un poder tan grande que pudo decir con toda verdad: \u00abYo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla\u00bb (Jn 10,18).<\/p>\n<h3><span id=\"Sermon_La_muerte_de_uno_solo\">Serm\u00f3n: La muerte de uno solo<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Serm\u00f3n para la fiesta de los m\u00e1rtires<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abSi el grano de trigo cae en tierra y muere, dar\u00e1 mucho fruto\u00bb (Jn 12,24)<\/p>\n<p>Las proezas gloriosas de los m\u00e1rtires, ornamento de la Iglesia en todo el  mundo, nos hacen comprender a nosotros la verdad de lo que acabamos de cantar:  \u00abEl Se\u00f1or siente profundamente la muerte de los que lo aman\u00bb (Sal 115,15). En  efecto, tiene un gran precio a nuestros ojos y a los ojos de aquel por cuyo nombre  murieron los m\u00e1rtires. Pero el precio de estas muertes es la muerte de uno solo. \u00bfCu\u00e1ntos muertos  ha rescatado muriendo \u00e9l s\u00f3lo, porque, si no hubiese muerto, el grano de trigo no  se hubiera multiplicado? Hab\u00e9is o\u00eddo lo que dijo cuando se acercaba a su pasi\u00f3n,  cuando se acercaba nuestra redenci\u00f3n: \u00abSi el grano de trigo no cae en tierra y  muere, queda solo, pero si muere dar\u00e1 mucho fruto\u00bb (Jn 12,24). Cuando su costado fue abierto por la lanza, sali\u00f3 sangre y agua, sali\u00f3 el precio del universo (cf  Jn 19,34).<\/p>\n<p>Los fieles y los m\u00e1rtires fueron rescatados; pero la fe de los m\u00e1rtires fue  probada, su sangre es testimonio. \u00abCristo ha dado su vida por nosotros. Tambi\u00e9n  nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos\u00bb (1Jn 3,16). Y en otro lugar:  \u00abSi te sientas a la mesa de un poderoso, mira bien a qui\u00e9n tienes delante\u00bb (Prov  23,1). Es una mesa espl\u00e9ndida donde comes con el amo del banquete que es \u00e9l  mismo. El es quien invita, \u00e9l mismo es la comida y la bebida tambi\u00e9n. Los m\u00e1rtires  prestaron atenci\u00f3n a lo que comieron y bebieron para preparar luego lo mismo.<\/p>\n<p>Pero \u00bfc\u00f3mo pod\u00edan hacer otro tanto que su maestro, si \u00e9l no les hubiera dado  primero para que luego pudieran imitarle? Esto es lo que nos recomienda el salmo  que hemos cantado: \u00abEl Se\u00f1or siente profundamente la muerte de los que lo  aman\u00bb (Sal 115,15).<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_09-11-1988\">Catequesis, Audiencia General (09-11-1988)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Mi\u00e9rcoles 9 de noviembre de 1988<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Sentido del sufrimiento a la luz de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or<\/p>\n<p>&#8220;Si el grano de trigo&#8230; muere, da mucho fruto&#8221; (Jn 12, 24).<br \/>1. <i>La redenci\u00f3n <\/i>realizada por Cristo al precio de la pasi\u00f3n y muerte de cruz, es un <i>acontecimiento decisivo y determinante en la historia de la humanidad<\/i>, no s\u00f3lo porque cumple el supremo designio divino de justicia y misericordia, sino tambi\u00e9n<i> porque revela a la conciencia del hombre un nuevo significado del sufrimiento.<\/i> Sabemos que no hay un problema que pese m\u00e1s sobre el hombre que \u00e9ste, particularmente en su relaci\u00f3n con Dios. Sabemos que desde la soluci\u00f3n del problema del sufrimiento se condiciona el valor de la existencia del hombre sobre la tierra. Sabemos que coincide, en cierta medida, con el <i>problema del mal<\/i>, cuya presencia en el mundo cuesta tanto aceptar.<\/p>\n<p>La cruz de Cristo \u2015la pasi\u00f3n\u2015 arroja una luz completamente nueva sobre este problema, dando otro sentido al sufrimiento humano en general.<\/p>\n<p>2. <i>En el Antiguo Testamento <\/i>el sufrimiento es considerado, globalmente, <i>como pena que debe sufrir el hombre<\/i>, por parte de Dios justo, <i>por sus pecados<\/i>. Sin embargo, permaneciendo en el \u00e1mbito de tal horizonte de pensamiento, basado en una revelaci\u00f3n divina inicial, el hombre encuentra <i>dificultad al dar raz\u00f3n del sufrimiento del que no tiene culpa<\/i>, o lo que es lo mismo, del inocente. Problema tremendo cuya expresi\u00f3n &#8220;cl\u00e1sica&#8221; se encuentra en el Libro de Job. A\u00f1\u00e1dase, sin embargo, que en el Libro de Isa\u00edas el problema se ve ya desde una luz nueva, cuando parece que la figura del Siervo de Yahv\u00e9 constituye una preparaci\u00f3n particularmente significativa y eficaz en relaci\u00f3n con el misterio pascual, en cuyo centro se colocar\u00e1, junto al &#8220;Var\u00f3n de dolores&#8221;, Cristo, el hombre sufriente de todos los tiempos y de todos los pueblos.<\/p>\n<p>El<i> Cristo que sufre<\/i> es, como ha cantado un poeta moderno, &#8220;el Santo que sufre&#8221;, el Inocente que sufre, y, precisamente por ello, su sufrimiento tiene una profundidad mucho mayor en relaci\u00f3n con la de todos los otros hombres, incluso de todos los Job, es decir de todos los que sufren en el mundo sin culpa propia. Ya que Cristo es el \u00fanico que verdaderamente no tiene pecado, y que, m\u00e1s a\u00fan, ni siquiera puede pecar. Es, por tanto, Aqu\u00e9l \u2015el \u00fanico\u2015 que<i> no merece<\/i> absolutamente<i> el sufrimiento<\/i>. Y sin embargo es tambi\u00e9n el que <i>lo ha aceptado<\/i> en la forma m\u00e1s plena y decidida,<i> <\/i>lo ha aceptado<i> voluntariamente y con amor<\/i>. Esto significa ese deseo suyo, esa especie de tensi\u00f3n interior de beber totalmente el c\u00e1liz del dolor (cf. <i>Jn <\/i>18, 11), y esto &#8220;por nuestros pecados, no s\u00f3lo por los nuestros sino tambi\u00e9n por los de todo el mundo&#8221;, como explica el Ap\u00f3stol San Juan (<i>1 Jn<\/i> 2, 2). En tal deseo, que se comunica tambi\u00e9n a un alma sin culpa, se encuentra la ra\u00edz de la redenci\u00f3n del mundo mediante la cruz. <i>La potencia redentora del sufrimiento est\u00e1 en el amor.<\/i><\/p>\n<p>3. Y as\u00ed, por obra de Cristo,<i> cambia radicalmente el sentido del sufrimiento.<\/i> Ya no basta ver en \u00e9l un castigo por los pecados. Es necesario descubrir en \u00e9l la potencia redentora, salv\u00edfica del amor. <i>El mal del sufrimiento<\/i>, en el misterio de la redenci\u00f3n de Cristo, queda superado y de todos modos transformado: <i>se convierte en la fuerza para la liberaci\u00f3n del mal<\/i>, para la victoria del bien. Todo sufrimiento humano, unido al de Cristo, completa &#8220;lo que falta a las tribulaciones de Cristo en la persona que sufre, en favor de su Cuerpo&#8221; (cf. <i>Col<\/i> 1, 24): el Cuerpo es la Iglesia como comunidad salv\u00edfica universal.<\/p>\n<p>4. En su ense\u00f1anza, llamada normalmente prepascual, Jes\u00fas dio a conocer m\u00e1s de una vez que <i>el concepto de sufrimiento, entendido exclusivamente como pena por el pecado, es insuficiente y hasta impropio.<\/i> As\u00ed, cuando le hablaron de algunos galileos &#8220;cuya sangre Pilato hab\u00eda mezclado con la de sus sacrificios&#8221;, Jes\u00fas pregunt\u00f3: &#8220;\u00bfPens\u00e1is que esos galileos eran m\u00e1s pecadores que todos los dem\u00e1s galileos, porque han padecido estas cosas&#8230;? aquellos dieciocho sobre los que se desplom\u00f3 la torre de Silo\u00e9 mat\u00e1ndolos \u00bfpens\u00e1is que eran m\u00e1s culpables que los dem\u00e1s hombres que habitaban en Jerusal\u00e9n?&#8221; (<i>Lc <\/i>13, 1 &#8211; 2.4). <i>Jes\u00fas cuestiona claramente tal modo de pensar, difundido y aceptado com\u00fanmente en aquel tiempo<\/i>, y hace comprender que la &#8220;desgracia&#8221; que comporta sufrimiento no se puede entender exclusivamente como un castigo por los pecados personales. &#8220;No, os lo aseguro&#8221; \u2015declara Jes\u00fas\u2015, y a\u00f1ade: &#8220;Si no os convert\u00eds, todos perecer\u00e9is del mismo modo&#8221; (<i>Lc <\/i>13, 3-4). En el contexto, confrontando estas palabras con las precedentes, es f\u00e1cil descubrir que Jes\u00fas trata de subrayar <i>la necesidad de evitar el pecado, porque este es el verdadero mal, el mal en s\u00ed mismo <\/i>y permaneciendo la solidaridad que une entre s\u00ed a los seres humanos, la ra\u00edz \u00faltima de todo sufrimiento. No basta evitar el pecado s\u00f3lo por miedo al castigo que se puede derivar de \u00e9l para el que lo comete. Es menester &#8220;convertirse&#8221; verdaderamente al bien, de forma que la ley de la solidaridad pueda invertir su eficacia y desarrollar, gracias a la comuni\u00f3n con los sufrimientos de Cristo, un influjo positivo sobre los dem\u00e1s miembros de la familia humana.<\/p>\n<p>5. En ese sentido suenan las palabras pronunciadas por Jes\u00fas <i>mientras curaba al ciego de nacimiento.<\/i> Cuando los disc\u00edpulos le preguntaron. &#8220;Rabb\u00ed, \u00bfqui\u00e9n pec\u00f3, \u00e9l o sus padres, para que haya nacido ciego?&#8221;. Jes\u00fas respondi\u00f3: &#8220;Ni \u00e9l pec\u00f3, ni sus padres; es <i>para que se manifiesten en \u00e9l las obras de Dios<\/i>&#8221; (<i>Jn <\/i>9, 1-3). Jes\u00fas, dando la vista al ciego, dio a conocer las &#8220;obras de Dios&#8221;, que deb\u00edan revelarse en aquel hombre disminuido, en favor de \u00e9l y de cuantos llegaran a conocer el hecho. La curaci\u00f3n milagrosa del ciego fue un &#8220;signo&#8221; que llev\u00f3 al curado a creer en Cristo e introdujo en el \u00e1nimo de otros un germen saludable de inquietud (cf. <i>Jn<\/i> 9, 16).<i> En la profesi\u00f3n de fe del que recibi\u00f3 el milagro se manifest\u00f3 la esencial &#8220;obra de Dios&#8221;<\/i>, el don salv\u00edfico que recibi\u00f3 junto con el don de la vista: &#8220;\u00bfT\u00fa crees en el Hijo del hombre? &#8230; \u00bfY qui\u00e9n es, Se\u00f1or, para que crea en \u00e9l?&#8230; Le has visto; el que est\u00e1 hablando contigo, ese es&#8230; \u00a1Creo, Se\u00f1or!&#8221; (<i>Jn <\/i>9, 35-38).<\/p>\n<p>6. En el fondo de este acontecimiento vislumbramos alg\u00fan aspecto de la verdad del dolor a la luz de la cruz. En realidad, <i>un juicio que vea el sufrimiento exclusivamente como castigo del pecado, va contra el amor del hombre<\/i>. Es lo que aparece ya en el caso de los interlocutores de Job, que le acusan sobre la base de argumentos deducidos de una concepci\u00f3n de la justicia carente de toda apertura al amor (cf. <i>Job <\/i>4 ss). Esto se ve mejor a\u00fan en el caso del ciego de nacimiento: &#8220;\u00bfQui\u00e9n pec\u00f3, el o sus padres, para que haya nacido ciego?&#8221; (<i>Jn <\/i>9, 2). Es como se\u00f1alar con el dedo a alguno. Es un sentenciar que pasa del sufrimiento visto como tormento f\u00edsico, al entendido como castigo por el pecado: alguno debe haber pecado en ese caso, el interesado o sus padres. Es una censura moral: \u00a1sufre, por eso, debe haber sido culpable!<\/p>\n<p>\u00a1Para poner fin a este modo mezquino e injusto de pensar, <i>era necesario que se revelase en su radicalidad el misterio del sufrimiento del Inocente, del Santo, del &#8220;Var\u00f3n de dolores&#8221;!<\/i> Desde que Cristo escogi\u00f3 la cruz y muri\u00f3 en el G\u00f3lgota, todos los que sufren, particularmente los que sufren sin culpa, pueden encontrarse con el rostro del &#8220;Santo que sufre&#8221;, y hallar en su pasi\u00f3n <i> la verdad total sobre el sufrimiento<\/i>, su sentido pleno, su importancia.<\/p>\n<p>7. A la luz de esta verdad, todos los que sufren<i> pueden sentirse llamados a participar en la obra de la redenci\u00f3n<\/i> realizada por medio de la cruz. Participar en la cruz de Cristo quiere decir <i>creer en la potencia salv\u00edfica del sacrificio<\/i> que todo creyente puede ofrecer junto al Redentor. Entonces el sufrimiento se libera de la sombra del absurdo, que parece recubrirlo, y adquiere una dimensi\u00f3n profunda, revela su significado y valor creativo. Se dir\u00eda, entonces, que cambia el escenario de la existencia, del que se aleja cada vez m\u00e1s la potencia destructiva del mal, precisamente porque<i> el sufrimiento produce frutos copiosos<\/i>. Jes\u00fas mismo nos lo revela y promete, cuando dice: &#8220;Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda \u00e9l solo; <i>pero si muere da mucho fruto&#8221; <\/i>(<i>Jn <\/i>12, 23-24) \u00a1Desde la cruz a la gloria!<\/p>\n<p>8. Es necesario iluminar con la luz del Evangelio otro aspecto de la verdad del sufrimiento. Mateo nos dice que &#8220;Jes\u00fas recorr\u00eda las aldeas&#8230; proclamando la Buena Nueva del reino y sanando toda enfermedad y dolencia&#8221; (<i>Mt <\/i>9, 35). Lucas a su vez narra que cuando interrogaron a Jes\u00fas sobre el significado correcto del mandamiento del amor, respondi\u00f3 con la par\u00e1bola del buen samaritano (cf. <i>Lc<\/i> 10, 30-37). De estos textos se deduce que, seg\u00fan Jes\u00fas, <i>el sufrimiento debe impulsar, de forma particular, al amor al pr\u00f3jimo y al compromiso por prestarle los servicios necesarios<\/i>. Tal amor y tales servicios, desarrollados en cualquier forma posible, constituyen un valor moral fundamental que &#8220;acompa\u00f1a&#8221; al sufrimiento. M\u00e1s a\u00fan, Jes\u00fas, hablando del juicio final, ha dado particular relieve al concepto de que <i>toda obra de amor llevada a cabo en favor del hombre que sufre, se dirige al Redentor mismo<\/i>: &#8220;Tuve hambre, y <i>me<\/i> disteis de comer; tuve sed, y<i> me<\/i> disteis de beber; era forastero, y<i> me <\/i>acogisteis; estaba desnudo, y<i> me<\/i> vestisteis; enfermo, y<i> me<\/i> visitasteis; en la c\u00e1rcel, y vinisteis a<i> verme<\/i>&#8221; (<i>Mt <\/i>25, 35-36). En estas palabras se basa toda la \u00e9tica &#8220;cristiana del servicio, tambi\u00e9n el social, y la valoraci\u00f3n definitiva del sufrimiento aceptado a la luz de la cruz.<\/p>\n<p>\u00bfNo se pod\u00eda sacar de aqu\u00ed la respuesta que, tambi\u00e9n hoy, espera la humanidad? Esa s\u00f3lo se puede recibir de Cristo crucificado, &#8220;el Santo que sufre&#8221;, que puede penetrar en el coraz\u00f3n mismo de los problemas humanos m\u00e1s tormentosos, porque ya est\u00e1 junto a todos los que sufren y le piden la infusi\u00f3n de una esperanza nueva.<\/p>\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI_papa\">Benedicto XVI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_15-06-2006_El_Pan_simbolo_de_la_Pasion\">Homil\u00eda (15-06-2006): El Pan, s\u00edmbolo de la Pasi\u00f3n<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Durante la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en la Solemnidad de Corpus Christi <br \/>Bas\u00edlica de San Juan de Letr\u00e1n. Jueves 15 de junio de 2006<\/p>\n<p>[&#8230;] La oraci\u00f3n con la que la Iglesia, durante la liturgia de la misa, entrega este pan al Se\u00f1or lo presenta como fruto de la tierra y del trabajo del hombre. En \u00e9l queda recogido el esfuerzo humano, el trabajo cotidiano de quien cultiva la tierra, de quien siembra, cosecha y finalmente prepara el pan. Sin embargo, el pan no es s\u00f3lo producto nuestro, algo hecho por nosotros; es fruto de la tierra y, por tanto, tambi\u00e9n don, pues el hecho de que la tierra d\u00e9 fruto no es m\u00e9rito nuestro; s\u00f3lo el Creador pod\u00eda darle la fertilidad.<\/p>\n<p> Ahora podemos tambi\u00e9n ampliar un poco m\u00e1s esta oraci\u00f3n de la Iglesia, diciendo:\u00a0 el pan es fruto de la tierra y a la vez del cielo. Presupone la sinergia de las fuerzas de la tierra y de los dones de lo alto, es decir, del sol y de la lluvia. Tampoco podemos producir nosotros el agua, que necesitamos para preparar el pan. En un per\u00edodo en el que se habla de la desertizaci\u00f3n y en el que se sigue denunciando el peligro de que los hombres y los animales mueran de sed en las regiones que carecen de agua, somos cada vez m\u00e1s conscientes de la grandeza del don del agua y de que no podemos proporcion\u00e1rnoslo por nosotros mismos. <\/p>\n<p> Entonces, al contemplar m\u00e1s de cerca este peque\u00f1o trozo de Hostia blanca, este pan de los pobres, se nos presenta como una s\u00edntesis de la creaci\u00f3n. Concurren el cielo y la tierra, as\u00ed como la actividad y el esp\u00edritu del hombre. La sinergia de las fuerzas que hace posible en nuestro pobre planeta el misterio de la vida y la existencia del hombre nos sale al paso en toda su maravillosa grandeza. De este modo, comenzamos a comprender por qu\u00e9 el Se\u00f1or escoge este trozo de pan como su signo. La creaci\u00f3n con todos sus dones aspira, m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma, hacia algo todav\u00eda m\u00e1s grande. M\u00e1s all\u00e1 de la s\u00edntesis de las propias fuerzas, y m\u00e1s all\u00e1 de la s\u00edntesis de la naturaleza y el esp\u00edritu que en cierto modo experimentamos en ese trozo de pan, la creaci\u00f3n est\u00e1 orientada hacia la divinizaci\u00f3n, hacia las santas bodas, hacia la unificaci\u00f3n con el Creador mismo. <\/p>\n<p> Pero todav\u00eda no hemos explicado plenamente el mensaje de este signo del pan. El Se\u00f1or hizo referencia a su misterio m\u00e1s profundo en el domingo de Ramos, cuando le presentaron la petici\u00f3n de unos griegos que quer\u00edan encontrarse con \u00e9l. En su respuesta a esa pregunta, se encuentra la frase:\u00a0 &#8220;En verdad, en verdad os digo:\u00a0 si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda \u00e9l solo; pero si muere, da mucho fruto&#8221; (<i>Jn<\/i> 12, 24). El pan, hecho de granos \u00a0molidos, \u00a0encierra el misterio de la Pasi\u00f3n. La harina, el grano molido, implica que el grano ha muerto y resucitado. Al ser molido y cocido manifiesta \u00a0una \u00a0vez m\u00e1s el misterio mismo de \u00a0la Pasi\u00f3n. S\u00f3lo a trav\u00e9s de la muerte llega la resurrecci\u00f3n, el fruto y la nueva vida. <\/p>\n<p> Las culturas del Mediterr\u00e1neo, en los siglos anteriores a Cristo, hab\u00edan intuido profundamente este misterio. Bas\u00e1ndose en la experiencia de este morir y resucitar, concibieron mitos de divinidades que, muriendo y resucitando, daban nueva vida. El ciclo de la naturaleza les parec\u00eda como una promesa divina en medio de las tinieblas del sufrimiento y de la muerte que se nos imponen. En estos mitos, el alma de los hombres, en cierto modo, se orientaba hacia el Dios que se hizo hombre, se humill\u00f3 hasta la muerte en la cruz y as\u00ed abri\u00f3 para todos nosotros la puerta de la vida. <\/p>\n<p> En el pan y en su devenir los hombres descubrieron una especie de expectativa de la naturaleza, una especie de promesa de la naturaleza de que tendr\u00eda que existir un Dios que muere y as\u00ed nos lleva a la vida. Lo que en los mitos era una expectativa y lo que el mismo grano esconde como signo de la esperanza de la creaci\u00f3n, ha sucedido realmente en Cristo. A trav\u00e9s de su sufrimiento y de su muerte voluntaria, se convirti\u00f3 en pan para todos nosotros y, de este modo, en esperanza viva y cre\u00edble:\u00a0 nos acompa\u00f1a en todos nuestros sufrimientos hasta la muerte. Los caminos que recorre con nosotros, y a trav\u00e9s de los cuales nos conduce a la vida, son caminos de esperanza. <\/p>\n<p> Cuando, en adoraci\u00f3n, contemplamos la Hostia consagrada, nos habla el signo de la creaci\u00f3n. Entonces reconocemos la grandeza de su don; pero reconocemos tambi\u00e9n la pasi\u00f3n, la cruz de Jes\u00fas y su resurrecci\u00f3n. Mediante esta contemplaci\u00f3n en adoraci\u00f3n, \u00e9l nos atrae hacia s\u00ed, nos hace penetrar en su misterio, por medio del cual quiere transformarnos, como transform\u00f3 la Hostia. <\/p>\n<p> La Iglesia primitiva tambi\u00e9n encontr\u00f3 en el pan otro simbolismo. La &#8220;Doctrina de los Doce Ap\u00f3stoles&#8221;, un libro escrito en torno al a\u00f1o 100, refiere en sus oraciones la afirmaci\u00f3n:\u00a0 &#8220;Como este fragmento de pan estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, as\u00ed sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino&#8221; (IX, 4:\u00a0 <i>Padres Apost\u00f3licos, <\/i>BAC, Madrid 1993, p. 86). El pan, hecho de muchos granos de trigo, \u00a0encierra tambi\u00e9n un acontecimiento de uni\u00f3n:\u00a0 el proceso por el cual muchos granos molidos se convierten en pan es un proceso de unificaci\u00f3n. Como nos dice san Pablo (cf. <i> 1 Co<\/i> 10, 17), nosotros mismos, que somos muchos, debemos llegar a ser un solo pan, un solo cuerpo. As\u00ed, el signo del pan se convierte\u00a0a\u00a0la vez en esperanza y tarea. <\/p>\n<p> De modo semejante nos habla tambi\u00e9n el signo del vino. Ahora bien, mientras el pan hace referencia a la vida diaria, a la sencillez y a la peregrinaci\u00f3n, el vino expresa la exquisitez de la creaci\u00f3n:\u00a0 la fiesta de alegr\u00eda que Dios quiere ofrecernos al final de los tiempos y que ya ahora anticipa una vez m\u00e1s como indicio mediante este signo. Pero el vino habla tambi\u00e9n de la Pasi\u00f3n:\u00a0 la vid debe podarse muchas veces para que sea purificada; la uva tiene que madurar con el sol y la lluvia, y tiene que ser pisada:\u00a0 s\u00f3lo a trav\u00e9s de esta \u00a0pasi\u00f3n \u00a0se \u00a0produce \u00a0un vino de calidad. <\/p>\n<p> En la fiesta del <i>Corpus Christi <\/i>contemplamos sobre todo el signo del pan. Nos recuerda tambi\u00e9n la peregrinaci\u00f3n de Israel durante los cuarenta a\u00f1os en el desierto. La Hostia es nuestro man\u00e1; con \u00e9l el Se\u00f1or nos alimenta; es verdaderamente el pan del cielo, con el que \u00e9l se entrega a s\u00ed mismo. En la procesi\u00f3n, seguimos este signo y as\u00ed lo seguimos a \u00e9l mismo. Y le pedimos:\u00a0 Gu\u00edanos por los caminos de nuestra historia. Sigue mostrando a la Iglesia y a sus pastores el camino recto. Mira a la humanidad que sufre, que vaga insegura entre tantos interrogantes. Mira el hambre f\u00edsica y ps\u00edquica que la atormenta. Da a los hombres el pan para el cuerpo y para el alma. Dales trabajo. Dales luz.<\/p>\n<p>Dales a ti mismo. Purif\u00edcanos y santif\u00edcanos a todos. Haznos comprender que nuestra vida s\u00f3lo puede madurar y alcanzar su aut\u00e9ntica realizaci\u00f3n mediante la participaci\u00f3n en tu pasi\u00f3n, mediante el &#8220;s\u00ed&#8221; a la cruz, a la renuncia, a las purificaciones que t\u00fa nos impones. Re\u00fanenos desde todos los confines de la tierra. Une a tu Iglesia; une a la humanidad herida. Danos tu salvaci\u00f3n. Am\u00e9n.<\/p>\n<h3><span id=\"Via_Crucis_Un_nuevo_inicio\">V\u00eda Crucis: Un nuevo inicio<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Palatino. Viernes Santo 2 de abril de 2010<\/p>\n<p>[&#8230;] Esta noche hemos contemplado a Jes\u00fas en su rostro lleno de dolor, despreciado, ultrajado, desfigurado por el pecado del hombre; ma\u00f1ana por la noche lo contemplaremos en su rostro lleno de alegr\u00eda, radiante y luminoso. Desde que Jes\u00fas fue colocado en el sepulcro, la tumba y la muerte ya no son un lugar sin esperanza, donde la historia concluye con el fracaso m\u00e1s completo, donde el hombre toca el l\u00edmite extremo de su impotencia. El Viernes Santo es el d\u00eda de la esperanza m\u00e1s grande, la esperanza madurada en la cruz, mientras Jes\u00fas muere, mientras exhala su \u00faltimo suspiro clamando con voz potente: \u00abPadre, a tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u00bb (<i>Lc<\/i> 23, 46). Poniendo su existencia \u00abdonada\u00bb en las manos del Padre, sabe que su muerte se convierte en fuente de vida, igual que la semilla en la tierra tiene que deshacerse para que la planta pueda crecer. \u00abSi el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto\u00bb (<i>Jn<\/i> 12,24). Jes\u00fas es el grano de trigo que cae en tierra, se deshace, se rompe, muere, y por esto puede dar fruto. Desde el d\u00eda en que Cristo fue alzado en ella, la cruz, que parece ser el signo del abandono, de la soledad, del fracaso, se ha convertido en un nuevo inicio: desde la profundidad de la muerte emerge la promesa de la vida eterna. En la cruz brilla ya el esplendor victorioso del alba del d\u00eda de la Pascua.<\/p>\n<p>En el silencio de esta noche, en el silencio que envuelve el S\u00e1bado Santo, embargados por el amor ilimitado de Dios, vivimos en la espera del alba del tercer d\u00eda, el alba del triunfo del Amor de Dios, el alba de la luz que permite a los ojos del coraz\u00f3n ver de modo nuevo la vida, las dificultades, el sufrimiento. La esperanza ilumina nuestros fracasos, nuestras desilusiones, nuestras amarguras, que parecen marcar el desplome de todo. El acto de amor de la cruz, confirmado por el Padre, y la luz deslumbrante de la resurrecci\u00f3n, lo envuelve y lo transforma todo: de la traici\u00f3n puede nacer la amistad, de la negaci\u00f3n el perd\u00f3n, del odio el amor. <\/p>\n<p>Conc\u00e9denos, Se\u00f1or, llevar con amor nuestra cruz, nuestras cruces cotidianas, con la certeza de que est\u00e1n iluminadas con la claridad de tu Pascua. Am\u00e9n.<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Comentarios_exegeticos\">Comentarios exeg\u00e9ticos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"X_Leon-Dufour_Lectura_del_Evangelio_de_Juan_Fecundidad_de_la_caida_en_tierra\">X. L\u00e9on-Dufour, Lectura del Evangelio de Juan: Fecundidad de la ca\u00edda en tierra<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Vol. II (Jn 5-12). Biblioteca de Estudios B\u00edblicos (69). S\u00edgueme, Salamanca (1992), pp. 367-370.<\/p>\n<p>v. 24.<\/p>\n<p>El camino de la glorificaci\u00f3n anunciada se precisa con ayuda de la imagen del grano de trigo, en una ant\u00edtesis vigorosa: \u00absi no muere\u00bb- \u00absi muere\u00bb y \u00abpermanece solo\u00bb-\u00abda fruto en abundancia\u00bb. La ca\u00edda en tierra es la condici\u00f3n de la fecundidad del grano de trigo.\u00a0<\/p>\n<p>La imagen del grano de trigo es familiar al nuevo testamento. A trav\u00e9s de ella, Pablo significa la transformaci\u00f3n de los cuerpos en la resurrecci\u00f3n final (1 Cor 15, 35-38). Jes\u00fas la utiliza en las par\u00e1bolas del reino de los cielos (Mt 13, 3ss par; Me 4, 26-29). Pero mientras que en la par\u00e1bola del sembrador la semilla es la palabra de Cristo, en Jn, en el contexto de la hora, el grano de trigo es identificado con el mismo Cristo. En esta peque\u00f1a par\u00e1bola Jes\u00fas traduce el \u00abes preciso\u00bb de la pasi\u00f3n motiv\u00e1ndolo por el fruto que ha de dar: el grano que muere no se queda solo, es decir, solitario, sino que produce otros granos, en abundancia; la glorificaci\u00f3n se describe a trav\u00e9s de esta multiplicaci\u00f3n. Esto es lo que la palabra correspondiente en el quiasmo, el v. 32, permite precisar: \u00aby yo, cuando sea elevado de la tierra, atraer\u00e9 a todos los hombres a m\u00ed\u00bb. En 4, 35, la \u00abcosecha\u00bb designaba a los samaritanos que ven\u00edan a Jes\u00fas.\u00a0<\/p>\n<p>Ensanchando su perspectiva, el lector no puede menos de ver en esta palabra sobre el grano de trigo una alusi\u00f3n al pan de la vida que es el mismo Jes\u00fas (6, 35.48), al pan que es su carne, \u00abdada por la vida del mundo\u00bb (6, 51). A partir de una ley de la creaci\u00f3n, Jes\u00fas significa el misterio por el que se realiza la creaci\u00f3n nueva41, y este misterio vale tambi\u00e9n para el creyente que, unido a Jes\u00fas, \u00abdar\u00e1 mucho fruto\u00bb; es lo que desarrollar\u00e1 la alegor\u00eda de la vi\u00f1a y del vi\u00f1ador (15, 1-8), diciendo que el sarmiento ha de ser podado y sobre todo permanecer unido a la cepa.\u00a0<\/p>\n<p>v. 25.<\/p>\n<p>El principio enunciado en el v. 24 a prop\u00f3sito del mismo Jes\u00fas pod\u00eda aplicarse tambi\u00e9n al creyente; el v. 25 repite en un lenguaje diferente la misma ley para este \u00faltimo. De nuevo la formulaci\u00f3n es antit\u00e9tica: literalmente \u00abamar\u00bb-\u00abodiar\u00bb su propia vida, y \u00abperderla\u00bb se opone a \u00abmantenerla como vida eterna\u00bb. La pareja amar-odiar procede del lenguaje sem\u00edtico al que le gusta enfrentar los extremos42; de ah\u00ed la traducci\u00f3n que hemos adoptado: \u00abapegarse\u00bb-\u00abno apegarse\u00bb a su propia vida. El t\u00e9rmino <i>psykh\u00e9, <\/i>traducido por \u00abpropia vida\u00bb, corresponde al hebreo <i>nefes <\/i>y designa en el griego de los Setenta y en el nuevo testamento al hombre individual en cuanto que vive, y a veces lo que nosotros llamamos \u00abel yo\u00bb. Es v\u00e1lida la traducci\u00f3n de <i>ten psykhen auto\u00fc <\/i>por \u00absu propia vida\u00bb; el inconveniente est\u00e1 en que desaparece entonces la diferencia cualitativa con el t\u00e9rmino <i>zo\u00e9, <\/i>que viene a continuaci\u00f3n y que significa la vida en sentido fuerte; sin embargo, el adjetivo \u00abeterna\u00bb <i>(zd\u00e9 ai\u00f3ni\u00f3s) <\/i>restituye este matiz.\u00a0<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza que se presenta en este vers\u00edculo se encuentra cinco veces en la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica43, en la que se ha trasmitido de diversas maneras una palabra aut\u00e9ntica de Jes\u00fas, y la precisi\u00f3n \u00abpor mi causa\u00bb se\u00f1ala que la sentencia se refiere al cristiano44. La formulaci\u00f3n de Jn, que le es propia, omite esta precisi\u00f3n y adquiere de este modo la forma de un principio que, si se refiere manifiestamente al disc\u00edpulo, puede valer tambi\u00e9n de Jes\u00fas mismo; en este sentido es una repetici\u00f3n de la palabra sobre el grano de trigo en cuanto a la necesidad de \u00abmorir\u00bb, aqu\u00ed de morir a s\u00ed mismo.\u00a0<\/p>\n<p>El sentido, abstrayendo lo que se dice de la \u00abvida eterna\u00bb, es universal: lo que dice corresponde a una verdad antropol\u00f3gica reconocida. La existencia puede considerarse como \u00abm\u00eda\u00bb y yo puedo querer estrecharla y conservarla como si se bastara a s\u00ed misma o se agitara en s\u00ed misma, como un bien \u00fanico que hay que defender a toda costa, como una propiedad que depende s\u00f3lo de m\u00ed. Pues bien, entonces se me escapa como el agua que me empe\u00f1ase en retener \u00e1vidamente entre mis manos, siendo as\u00ed que no puedo dominar su fuente y que est\u00e1 corriendo sin cesar. Al rev\u00e9s, si no me aferr\u00f3 a esta existencia, si acepto abrirme al otro y por tanto morir a lo que me repliega sobre m\u00ed mismo, he aqu\u00ed que esta muerte no es sino un \u00ab\u00e9xtasis\u00bb y mi existencia abierta de este modo se mantiene con firmeza45; seg\u00fan Jes\u00fas, \u00abcomo vida eterna\u00bb. Y sabemos que para Jn la vida eterna es la comuni\u00f3n con Dios mismo.\u00a0<\/p>\n<p>v. 26<\/p>\n<p>Esta palabra puede relacionarse con la anterior, referida por la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica en una vinculaci\u00f3n inmediata con ella. Jn ha modificado su tenor, pero ha mantenido la uni\u00f3n de las dos sentencias46. Su continuidad aqu\u00ed es evidente: el v. 26a viene a explicitar, en funci\u00f3n de la adhesi\u00f3n a Jes\u00fas, la abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo que el v. 25 asentaba como principio de vida verdadera. Para los sin\u00f3pticos se trata de responder a la cuesti\u00f3n: \u00ab\u00bfqui\u00e9n es el verdadero disc\u00edpulo?\u00bb Es aquel que toma su cruz y sigue a Jes\u00fas. Para Jn la cuesti\u00f3n subyacente es distinta: \u00ab\u00bfc\u00f3mo ver a Jes\u00fas?\u00bb. S\u00f3lo se ve a Jes\u00fas en donde est\u00e1: de ah\u00ed la llamada a \u00abseguirlo\u00bb. Aqu\u00ed seguir no equivale a creer como en 8, 12, ya que la adhesi\u00f3n de fe est\u00e1 puesta de antemano en la voluntad de \u00abservir\u00bb a Jes\u00fas; equivale entonces a seguir a Jes\u00fas hasta su muerte47. Jn escribe en una \u00e9poca en que se persegu\u00eda a los cristianos- la actitud que se se requiere, en continuidad con la exigencia afirmada en el v. 25, es la disponibilidad para enfrentarse con la prueba, e incluso con la muerte, para seguir a Jes\u00fas. Sin embargo, es posible al mismo tiempo otra lectura: Jes\u00fas le pedir\u00eda al disc\u00edpulo una fe que le hiciera seguir a Jes\u00fas hasta en <i>su <\/i>muerte, es decir, que le hiciera reconocer al Hijo de Dios incluso en el esc\u00e1ndalo de la cruz.\u00a0<\/p>\n<p>Esta llamada va acompa\u00f1ada de una promesa, expresada primero de manera enigm\u00e1tica y luego con claridad. Leamos el texto: Jes\u00fas dice en primer lugar: \u00abDonde yo estoy, all\u00ed estar\u00e1 tambi\u00e9n mi servidor\u00bb. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Jes\u00fas? No se indica. \u00bfQuiere decir Jes\u00fas, seg\u00fan el contexto, que est\u00e1 en la cruz y que el disc\u00edpulo participar\u00e1 en su pasi\u00f3n? En este caso, el honor que el Padre concede al disc\u00edpulo corresponder\u00eda a la participaci\u00f3n en la gloria del Hijo. Es posible; pero en el v. 32 la elevaci\u00f3n en la cruz se formula como un anuncio, no como el estado presente de Jes\u00fas, e igualmente en el v. 28 la voz celestial anuncia una glorificaci\u00f3n futura; los dos aspectos de la hora \u00abllegada\u00bb se distancian entonces respecto al momento en que Jes\u00fas habla, a pesar del triple \u00abahora\u00bb de anticipaci\u00f3n. El giro \u00abdonde yo estoy\u00bb aparece de nuevo en 14, 3 y en 17, 24 con la funci\u00f3n de situar tambi\u00e9n a los disc\u00edpulos en el mismo \u00ablugar\u00bb; en 7, 34 introduc\u00eda una negaci\u00f3n: \u00abdonde yo estoy, no pod\u00e9is venir vosotros\u00bb. Entonces estamos autorizados a concluir que, en labios de Jes\u00fas, \u00abdonde yo estoy\u00bb designa su uni\u00f3n permanente con el Padre; por eso esta expresi\u00f3n se emplea siempre en presente, mientras que el servidor \u00abestar\u00e1\u00bb donde est\u00e9 Jes\u00fas. As\u00ed lo confirma la continuaci\u00f3n de la promesa, que menciona al Padre vuelto hacia el disc\u00edpulo.\u00a0<\/p>\n<hr class=\"nota-pie\" \/>\n<p class=\"citaB\">Notas<\/p>\n<div class=\"textoNota\"><span><br \/>\n41. Es in\u00fatil recurrir a los \u00abmisterios\u00bb de las religiones helen\u00edsticas o al tema universal de la renovaci\u00f3n continua de la naturaleza. La par\u00e1bola se refiere a un acontecimiento \u00fanico, el de la hora, y no al ciclo que se repite indefinidamente.\u00a0<br \/>\n42. Amar-odiar: cf. Mt 6, 24; Le 14, 26. Sobre la asociaci\u00f3n de dos t\u00e9rminos contrarios, cf. Jn 10, 10; Dt 28, 6; 2 Sam 3, 25&#8230;\u00a0<br \/>\n43. Mt 16, 24s par; 10, 38s par.\u00a0<br \/>\n44. Situada en un marco hist\u00f3rico de persecuci\u00f3n, la palabra de Jes\u00fas invita a desprenderse de la propia vida, tal como se dispone a hacer Jes\u00fas para ser fiel a su misi\u00f3n. Los disc\u00edpulos se han asociado a esta empresa. La Iglesia primitiva ha explicitado esta relaci\u00f3n con Jes\u00fas a\u00f1adiendo en Mt y en Me la precisi\u00f3n \u00abpor mi causa\u00bb. Le 17, 33 y Jn, que no conservan esta precisi\u00f3n, ponen esta palabra en un contexto escatol\u00f3gico.\u00a0<br \/>\n45. Cf. X. L\u00e9on-Dufour, <i>Jes\u00fas <\/i>y <i>Pablo ante la muerte, <\/i>69-72.\u00a0<br \/>\n46. Cf. Mt 16, 24 par; 10, 38 par; sobre todo Mc 8, 34.\u00a0<br \/>\n47. El t\u00e9rmino <i>diakon\u00e9\u014d <\/i>significa en general \u00abservir a la mesa\u00bb, y pasa luego a designar el servicio mutuo. Empleado solamente en Jn 12, 26, equivale a <i>doule\u00fa\u014d<\/i><i> <\/i>(13, 16; 15, 20), y sirve para evocar la actitud de Jes\u00fas al lavar los pies de sus\u00a0 disc\u00edpulos (13, 1-11) y recomend\u00e1ndoles el servicio mutuo (13, 12-20).<\/span><\/div>\n<h2><span id=\"Biblia_Nacar-Colunga_Comentada\">Biblia N\u00e1car-Colunga Comentada<\/span><\/h2>\n<p class=\"subTitulo\">Cristo anuncia su glorificaci\u00f3n por su muerte, 12:23-36.<\/p>\n<p>El discurso de Cristo, literariamente, es respuesta a la comunicaci\u00f3n de Felipe y Andr\u00e9s (v.23), aunque el verbo usado (\u03b1\u03c0\u03bf\u03ba\u03c1\u03af\u03bd\u03b5\u03c4\u03b1\u03b9)! lo mismo puede significar \u201cresponder\u201d que \u201ctomar la palabra,\u201d \u201chablar.\u201d Como aqu\u00ed, en que el tono del mismo rebasa la respuesta directa. Los \u201cgriegos\u201d no deben estar presentes. Ni hab\u00eda llegado la hora de la evangelizaci\u00f3n directa por Cristo de los gentiles. En cambio, se introduce despu\u00e9s una \u201cmuchedumbre\u201d que estaba presente (v.29) <b>y que interviene en di\u00e1logo con Cristo<\/b> (v.34.30). Todo esto hace pensar que el episodio de los griegos\u201d sirve de pretexto literario para evocar <b>con ello la universalidad del fruto de la muerte de Cristo, en el discurso que Jes\u00fas, <\/b>con este motivo literario, pronuncia. No ser\u00eda m\u00e1s que un caso concreto de la estructura sint\u00e9tica del evangelio de Jn y del desarrollo evang\u00e9lico de su teolog\u00eda; lo mismo que desarrolla aqu\u00ed temas con cronolog\u00eda diversa, varios pasajes est\u00e1n en otros lugares. Se ve, en partes, el artificio redaccional.<\/p>\n<p class=\"subTitulo2\">La Ense\u00f1anza de Cristo Sobre Su Muerte (v.23-26).<\/p>\n<p>La \u201chora\u201d de la muerte de Cristo \u201cya lleg\u00f3,\u201d pues es inminente. Hecha la entrada mesi\u00e1nica en Jerusal\u00e9n, el per\u00edodo para su muerte est\u00e1 ya en marcha. Esta \u201chora\u201d es la tantas veces anunciada (Jn 2:4; 7:30; 8:20; 13:1; 17:1) y la que regul\u00f3 su vida.<\/p>\n<p>Pero esta \u201chora\u201d <b>es la hora en que el Hijo del hombre \u201cser\u00e1 glorificado.\u201d<\/b> Jn es el evangelista que, por excelencia, destaca la muerte de Cristo como su triunfo: no s\u00f3lo victoria sobre el pecado, <b>sino \u201cpaso,\u201d pascua, al Padre<\/b> (Jn 13:1) e ingreso de su humanidad en la plenitud de sus derechos divinos (Jn 17:1b.5.24). Es un tema eje en el enfoque del evangelio de Jn.<\/p>\n<p>Ilustraci\u00f3n de este triunfo es la comparaci\u00f3n parab\u00f3lica con el grano de trigo. Si \u00e9ste no \u201ccae\u201d en tierra y \u201cmuere,\u201d no fructifica; queda \u00e9l solo; pero, si \u201cmuere,\u201d es cuando fructifica y \u201cda mucho fruto.\u201d No es una consideraci\u00f3n cient\u00edfica del grano que muere, pues si esto sucediera, no surgir\u00eda la espiga. Es una apreciaci\u00f3n popular, usual. Posiblemente un refr\u00e1n o casi calcado en \u00e9l. Lo que Cristo ense\u00f1a con un s\u00edmil es la riqueza del fruto universal (Jn 11:52) de su muerte.<\/p>\n<p>Los dos vers\u00edculos siguientes encierran una ense\u00f1anza calcada en el ejemplo de su muerte.<\/p>\n<p>El que \u201csirve\u201d a Cristo ha de \u201cseguirle.\u201d Donde Cristo est\u00e1, tambi\u00e9n deber\u00e1 estar \u00e9l. Si El est\u00e1 ahora en la muerte, tambi\u00e9n el servidor ha de \u201cseguirle\u201d por este camino. Es el tema tan repetido por los sin\u00f3pticos: \u201cEl que quiera venir en pos de m\u00ed, nieg\u00faese a s\u00ed mismo, tome su cruz y s\u00edgame\u201d (Mt 16:24 par.). La ense\u00f1anza no se limita a solos los ap\u00f3stoles o disc\u00edpulos; la universalidad de la formulaci\u00f3n lo indica. Esto exige, en \u201corden a la vida eterna,\u201d perder su \u201calma\u201d en este \u201cmundo.\u201d En Jn, frecuentemente, el \u201cmundo\u201d tiene el sentido de los hombres malos. Por eso, el que quiera \u201cguardarla\u201d intacta y preservarla (Jn 17:12) para la vida eterna, ha de perderla para la vida de este \u201cmundo\u201d malo, ha de \u201codiar su alma.\u201d \u201cAlma,\u201d conforme al modo semita, est\u00e1 por vida o persona. Y \u201codiar\u201d (o \u03bc\u03b9\u03c3\u03ce\u03bd) es el modo semita, hiperb\u00f3lico y rotundo , de expresar lo que no se quiere o no se debe hacer (Dt 21:15; Rom 9:13; Mt 10:37; comp. Lc 14:26).<\/p>\n<p>El premio a este \u201cservicio\u201d y \u201cseguimiento\u201d a Cristo es que el Padre le \u201chonrar\u00e1.\u201d<\/p>\n<h2><span id=\"J_Mateos_8211_J_Barreto_El_Evangelio_de_Juan_La_Hora_final_caer_en_tierra\">J. Mateos &#8211; J. Barreto, El Evangelio de Juan: La Hora final (caer en tierra)<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">An\u00e1lisis Ling\u00fc\u00edstico y Comentario Exeg\u00e9tico. Segunda Edici\u00f3n. Cristiandad, Madrid (1979), pp. 558-560.<\/p>\n<p>24 <i>\u00abS\u00ed, os lo aseguro: Si el grano de trigo ca\u00eddo en la tierra no muere, permanece \u00e9l solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto\u00bb.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>En esta declaraci\u00f3n solemne y central explica Jes\u00fas c\u00f3mo se producir\u00e1 el fruto de la misi\u00f3n, suya y de los disc\u00edpulos (cf. 17,18: <i>Igual que a m\u00ed me enviaste al mundo, tambi\u00e9n yo los he enviado a ellos al mundo; <\/i>cf. 20,21).\u00a0<\/p>\n<p>No se puede producir vida sin dar la propia. La vida es fruto del amor y no brota si el amor no es pleno, si no llega al don total. Amar es darse sin escatimar; hasta desaparecer, si es necesario, como individuo y como comunidad. Jes\u00fas va a entregarse por sus ovejas (10,11), ha aceptado la muerte y prev\u00e9 ya el fruto.\u00a0<\/p>\n<p>En la met\u00e1fora del grano que muere en la tierra, la muerte es la condici\u00f3n para que se libere toda la energ\u00eda vital que contiene; la vida all\u00ed encerrada se manifiesta de una forma nueva. Jes\u00fas afirma que el hombre posee muchas m\u00e1s potencialidades de las que aparecen, y que solamente el don de s\u00ed total las libera para que ejerzan toda su eficacia. El fruto comienza en el mismo grano que muere.\u00a0<\/p>\n<p>La muerte de que habla Jes\u00fas no es suceso aislado, sino la culminaci\u00f3n de un proceso de donaci\u00f3n de s\u00ed mismo. Es el \u00faltimo acto de una donaci\u00f3n constante, que sella definitivamente la entrega haci\u00e9ndola irreversible.\u00a0<\/p>\n<p>En el contexto del acercamiento de los paganos muestra Jes\u00fas que ellos van a ser el fruto. Los griegos y la multitud son una anticipaci\u00f3n y una promesa de fecundidad. Hay esperanza para todos, que formar\u00e1n un solo reba\u00f1o con el \u00fanico pastor (10,16; 11,52).\u00a0<\/p>\n<p>La fecundidad no va a depender de la transmisi\u00f3n de un mensaje doctrinal, sino de una muestra extrema de amor. El amor es el mensaje (19,22 Lect.).\u00a0<\/p>\n<p>La infecundidad del grano que no muere se expresa de modo inesperado: <i>permanece \u00e9l solo. <\/i>El fruto son los hombres que se agregan a la nueva comunidad, pasando de la muerte a la vida (5,24).\u00a0<\/p>\n<p>25 <i>\u00abTener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este es conservarse para una vida definitiva\u00bb.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Dar la propia vida, condici\u00f3n para la fecundidad, es la suprema medida del amor. Explica Jes\u00fas a los disc\u00edpulos que tal decisi\u00f3n no es una p\u00e9rdida para el hombre, sino su m\u00e1xima ganancia; no significa frustrar la propia vida, sino llevarla a su completo \u00e9xito. Infundir temor es la gran arma del orden injusto. Quien no teme ni a la propia muerte, lo desarma; es soberanamente libre y est\u00e1 libre para amar totalmente.\u00a0<\/p>\n<p>El temor a perder la vida es el gran obst\u00e1culo a la entrega; Jes\u00fas advierte que poner l\u00edmite al compromiso por apego a la vida es llevarla al fracaso. La \u00fanica l\u00ednea de desarrollo para el hombre es la actividad del amor, y alcanzar\u00e1 su cima cuando el amor llegue a su expresi\u00f3n suprema. El apego a la vida lleva a todas las abdicaciones; llegar\u00e1 el momento en que el hombre ceda ante la amenaza. N o solamente le ser\u00e1 imposible amar hasta el l\u00edmite, sino que acabar\u00e1 cometiendo la injusticia o callando ante ella.\u00a0<\/p>\n<p>El amor leal consiste en olvidarse del propio inter\u00e9s y seguridad, en seguir trabajando por la vida, dignidad y libertad del hombre en medio y a pesar del sistema de muerte. El \u00e1mbito donde se ha desarrollado la actividad de Jes\u00fas y va a continuar la de sus disc\u00edpulos (15,18) es \u00abel mundos que lo odia, porque \u00e9l denuncia que su modo de obrar es perverso (7,7). Jes\u00fas se declara dispuesto a su enfrentamiento \u00faltimo. Para dar vida est\u00e1 dispuesto a dar la suya propia. As\u00ed muestra la grandeza y la fuerza de su amor, que es el de Dios mismo.\u00a0<\/p>\n<p>El fruto supone una muerte; la entrega exige fe en la fecundidad del amor.\u00a0<\/p>\n<p>26a <i>\u00abEl que quiera ayudarme, que me siga\u00bb.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Ha advertido Jes\u00fas que el secreto de la fecundidad est\u00e1 en el don de la propia vida. Ahora invita a seguirlo en ese camino: el del servicio total. Ser disc\u00edpulo consiste en colaborar en su misma tarea, dispuesto a sufrir su misma suerte, en medio de la hostilidad y la persecuci\u00f3n, y con la posibilidad de perderlo todo. Jes\u00fas expone con estas palabras el mismo mensaje contenido en la exigencia de \u00abcomer su carne y beber su sangre\u00bb (6,35 Lect.).\u00a0<\/p>\n<p>26b <i>\u00aby as\u00ed, all\u00ed donde yo estoy, estar\u00e1 tambi\u00e9n el que me ayuda\u00bb.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Jes\u00fas est\u00e1 en la esfera del Esp\u00edritu, que es la de Dios (7,34; 8, 23 Lects). Quien se decide a seguirlo entra en esa esfera divina. Estar donde est\u00e1 Jes\u00fas significa permanecer unido a \u00e9l, permanecer en su amor (15,4.9b); pero no d e modo est\u00e1tico, sino din\u00e1mico, dej\u00e1ndose llevar del Esp\u00edritu, q u e e s amor y entrega (15,10.12.14). L a capacidad d e amar, que en Jes\u00fas es plena desde el principio, ha de ser desarrollada en el disc\u00edpulo por el ejercicio y la actividad. As\u00ed va siguiendo a Jes\u00fas, hasta alcanzar como meta u n amor como e l suyo (13,34; 17,24).\u00a0<\/p>\n<p>Jes\u00fas \u00abel Hijo\u00bb tiene su lugar propio en el hogar del Padre. La adhesi\u00f3n din\u00e1mica d e l seguimiento hace a l hombre hijo d e Dios (1,12; 14,6 Lect.); por ella va adquiriendo su semejanza con el Padre hasta que, en el don total, la presencia del Padre sea plena en \u00e9l. Llega as\u00ed a realizar en s\u00ed mismo el proyecto creador.\u00a0<\/p>\n<p>El lugar de Jes\u00fas es, por tanto, el de la plenitud del amor que va a demostrar en la cruz, de donde brotar\u00e1 el fruto y desde donde tirar\u00e1 de todos hacia s\u00ed. La comunidad, que debe ser fecunda, lo ser\u00e1 en ese seguimiento, estando donde est\u00e1 \u00e9 l , viviendo e n e l don continuo y total. L a muerte ser\u00e1 el \u00faltimo acto del don hecho en cada momento.\u00a0<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n anterior hab\u00eda dicho Jes\u00fas a los dirigentes jud\u00edos que no eran capaces de ir adonde \u00e9l est\u00e1 (7,34), porque ellos hab\u00edan elegido el camino contrar\u00edo al del amor al hombre. Por eso su pecado, la opresi\u00f3n que ejercen y la injusticia que cometen, los lleva a la muerte (8, 21.24). S\u00f3lo hay vida, realizaci\u00f3n del hombre, donde hay amor. Esta frase explica la anterior: <i>Despreciar la propia vida &#8230;es conservarse para una vid i definitiva.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>El hombre libre creado por Jes\u00fas es due\u00f1o de su vida y por eso puede darla (8,32 Lect.). Lo que posee es su presente, y en cada presente puede entregarse del todo. Tal es el sentido de \u00abmorir\u00bb: ir entregando la propia vida, no porque otros la arrebaten, sino libremente, como don de s\u00ed. Cuando el hombre va dando su vida, el Padre, por su medio, va comunicando vida a otros y acrecent\u00e1ndola en el hombre mismo, que se hace semejante a \u00e9l. Vivir es dar vida; la vida se tiene en la medida en que se da.\u00a0<\/p>\n<p>26c <i>\u00abA quien me ayude lo honrar\u00e1 el Padre\u00bb.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>En paralelo con 8,50, donde Jes\u00fas afirmaba que el Padre se ocupa de su gloria, declara aqu\u00ed que tambi\u00e9n se ocupa del honor de los disc\u00edpulos. Ellos van a perderlo, como \u00e9l, en su enfrentamiento con el mundo, van a renunciar al honor humano (5,41; 7,18), pero van a recibirlo del Padre (5,44); \u00e9l los acoger\u00e1 como hijos.\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. 25 El que se ama a s\u00ed mismo, se pierde, y el que se aborrece a s\u00ed mismo en este mundo, se guardar\u00e1 para la vida eterna. 26 El &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-12-24-26-donde-este-yo-estara-mi-servidor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJn 12, 24-26: Donde est\u00e9 yo, estar\u00e1 mi servidor\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41608","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41608","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41608"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41608\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41608"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41608"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41608"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}