{"id":41624,"date":"2016-10-07T23:39:34","date_gmt":"2016-10-08T04:39:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-15-12-17-la-vid-y-los-sarmientos-el-mandamiento\/"},"modified":"2016-10-07T23:39:34","modified_gmt":"2016-10-08T04:39:34","slug":"jn-15-12-17-la-vid-y-los-sarmientos-el-mandamiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-15-12-17-la-vid-y-los-sarmientos-el-mandamiento\/","title":{"rendered":"Jn 15, 12-17: La Vid y los sarmientos: El Mandamiento"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">12<\/span> Este es mi mandamiento: que os am\u00e9is unos a otros como yo os he amado. <span class=\"versiculo\">13<\/span> Nadie tiene amor m\u00e1s grande que el que da la vida por sus amigos. <span class=\"versiculo\">14<\/span> Vosotros sois mis amigos si hac\u00e9is lo que yo os mando. <span class=\"versiculo\">15<\/span> Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se\u00f1or: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o\u00eddo a mi Padre os lo he dado a conocer. <span class=\"versiculo\">16<\/span> No sois vosotros los que me hab\u00e9is elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vay\u00e1is y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pid\u00e1is al Padre en mi nombre os lo d\u00e9. <span class=\"versiculo\">17<\/span> Esto os mando: que os am\u00e9is unos a otros. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_y_meditaciones_desde_la_tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios y meditaciones desde la tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Gregorio_Magno\"> Gregorio Magno<a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/padres.php?id=26\" title=\"Ver biograf\u00eda y todos los comentarios de  Gregorio Magno\" alt=\"Vida Padres de la Iglesia\"><br \/>\n <i class=\"fa fa-user-plus fa-lg\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/a><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Sobre_los_Evangelios_Por_que_nos_manda_a_amar\"> Sobre los Evangelios: \u00bfPor qu\u00e9 nos \u00abmanda\u00bb a amar?<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abEste es mi mandamiento: amaos los unos a los otros como yo os he amado\u00bb (Jn 15,12)<br \/>n. 27 : PL 76, 1204<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>Todas las palabras sagradas del Evangelio est\u00e1n repletas de mandamientos del Se\u00f1or. \u00bfEntonces, <strong>por qu\u00e9, el Se\u00f1or dijo que el amor era su mandato<\/strong>? \u00abEste es mi mandamiento: amamos los unos a los otros.\u00bb Resulta que todos los mandamientos surgen del amor, que todos los preceptos son s\u00f3lo uno, y cuyo \u00fanico fundamento es la caridad. Las ramas de un \u00e1rbol brotan de la misma ra\u00edz: as\u00ed todas las virtudes nacen s\u00f3lo de la caridad. La rama de una buena obra, no permanece vigorosa, si separa de la ra\u00edz de la caridad. Por lo tanto, los mandamientos del Se\u00f1or son numerosos, y al mismo tiempo son uno: m\u00faltiples por la diversidad de las obras, uno en la ra\u00edz del amor.<\/p>\n<p> <strong>\u00bfC\u00f3mo mantener este amor?<\/strong> El mismo Se\u00f1or nos lo da a entender: en la mayor\u00eda de los preceptos de su Evangelio, ordena a sus amigos que se amen en \u00c9l, y que amen a sus enemigos por \u00c9l. El que ama a su amigo en Dios y su enemigo por Dios, posee la verdadera caridad.<\/p>\n<p> Hay personas que aman a sus familiares, pero s\u00f3lo movidos por sentimientos de afecto que surgen del parentesco natural&#8230; Las palabras sagradas del Evangelio no hacen a estos hombres ning\u00fan reproche. Pero lo que espont\u00e1neamente se le da a la naturaleza es una cosa, y aquello que se da por caridad en obediencia es otra. Las personas a las que me he referido, aman sin duda a su pr\u00f3jimo&#8230; pero seg\u00fan la carne y no seg\u00fan el Esp\u00edritu&#8230; Diciendo: \u00abEste es mi mandamiento: amaos los unos a los otros\u00bb, el Se\u00f1or, inmediatamente ha a\u00f1adido: \u00abComo yo os he amado.\u00bb Estas palabras significan claramente: \u00abamar por la misma raz\u00f3n que Yo os he amado\u00bb.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Clemente_de_Roma\"> Clemente de Roma<a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/padres.php?id=27\" title=\"Ver biograf\u00eda y todos los comentarios de  Clemente de Roma\" alt=\"Vida Padres de la Iglesia\"><br \/>\n <i class=\"fa fa-user-plus fa-lg\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/a><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Primera_epistola_a_los_Corintios\"> Primera ep\u00edstola a los Corintios<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"rh\">Cap. 49-50: Funk 1, 123-125<\/span> <\/p>\n<p><span class=\"st1\">\u00abEste es mi mandamiento: Que os am\u00e9is unos a otros como yo os he amado\u00bb (Jn 15,12)<\/span> <\/p>\n<p>El que posee la caridad de Cristo que cumpla sus mandamientos. \u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 capaz de explicar debidamente el v\u00ednculo que la caridad divina establece? (Col 3,14) \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 dar cuenta de la grandeza de su hermosura? La caridad nos eleva hasta unas alturas inefables. La caridad nos une a Dios, la caridad cubre la multitud de los pecados (1Pe 4,8), la caridad lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada s\u00f3rdido ni altanero hay en ella; la caridad no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en la caridad hallan su perfecci\u00f3n todos los elegidos de Dios y sin ella nada es grato a Dios. En la caridad nos acogi\u00f3 el Se\u00f1or: por su caridad hacia nosotros, nuestro Se\u00f1or Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas.<\/p>\n<p> Ya veis, amados hermanos, cu\u00e1n grande y admirable es la caridad y c\u00f3mo es inenarrable su perfecci\u00f3n. Nadie es capaz de practicarla adecuadamente, si Dios no le otorga este don. Oremos, por tanto, e imploremos la misericordia divina, para que sepamos practicar sin tacha la caridad, libres de toda parcialidad humana. Todas las generaciones anteriores, desde Ad\u00e1n hasta nuestros d\u00edas, han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en la caridad obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestar\u00e1n el d\u00eda de la visita del reino de Cristo. Porque est\u00e1 escrito: Anda, pueblo m\u00edo, entra en los aposentos y cierra la puerta por dentro; esc\u00f3ndete un breve instante mientras pasa la c\u00f3lera; y me acordar\u00e9 del d\u00eda bueno y os har\u00e9 salir de vuestros sepulcros.<\/p>\n<p> Dichosos nosotros, amados hermanos, si cumplimos los mandatos del Se\u00f1or en la concordia de la caridad, porque esta caridad nos obtendr\u00e1 el perd\u00f3n de los pecados. Est\u00e1 escrito: Dichoso el que est\u00e1 absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Se\u00f1or no le apunta el delito y en cuyo esp\u00edritu no hay falsedad. Esta proclamaci\u00f3n de felicidad ata\u00f1e a los que, por Jesucristo nuestro Se\u00f1or, han sido elegidos por Dios, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Am\u00e9n.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Juan_Pablo_II\"> Juan Pablo II<a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/padres.php?id=5\" title=\"Ver biograf\u00eda y todos los comentarios de  Juan Pablo II\" alt=\"Vida Padres de la Iglesia\"><br \/>\n <i class=\"fa fa-user-plus fa-lg\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/a><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Veritatis_Splendor\"> Veritatis Splendor<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>Jes\u00fas pide que le sigan y le imiten en el camino del amor, de un amor que se da totalmente a los hermanos por amor de Dios: \u00ab\u00c9ste es el mandamiento m\u00edo: que os am\u00e9is los unos a los otros como yo os he amado\u00bb (Jn 15, 12). Este \u00abcomo\u00bb exige la imitaci\u00f3n de Jes\u00fas, la imitaci\u00f3n de su amor, cuyo signo es el lavatorio de los pies: \u00abPues si yo, el Se\u00f1or y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros tambi\u00e9n deb\u00e9is lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que tambi\u00e9n vosotros hag\u00e1is como yo he hecho con vosotros\u00bb (Jn 13, 14-15). El modo de actuar de Jes\u00fas y sus palabras, sus acciones y sus preceptos constituyen la regla moral de la vida cristiana. En efecto, estas acciones suyas y, de modo particular, el acto supremo de su pasi\u00f3n y muerte en la cruz, son la revelaci\u00f3n viva de su amor al Padre y a los hombres. \u00c9ste es el amor que Jes\u00fas pide que imiten cuantos le siguen. Es el mandamiento \u00abnuevo\u00bb: \u00abOs doy un mandamiento nuevo: que os am\u00e9is los unos a los otros. Que, como yo os he amado, as\u00ed os am\u00e9is tambi\u00e9n vosotros los unos a los otros. En esto conocer\u00e1n todos que sois disc\u00edpulos m\u00edos: si os ten\u00e9is amor los unos a los otros\u00bb (Jn 13, 34-35).<\/p>\n<p> Este como indica tambi\u00e9n la medida con la que Jes\u00fas ha amado y con la que deben amarse sus disc\u00edpulos entre s\u00ed. Despu\u00e9s de haber dicho: \u00ab\u00c9ste es el mandamiento m\u00edo: que os am\u00e9is los unos a los otros como yo os he amado\u00bb (Jn 15, 12), Jes\u00fas prosigue con las palabras que indican el don sacrificial de su vida en la cruz, como testimonio de un amor \u00abhasta el extremo\u00bb (Jn 13, 1): \u00abNadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos\u00bb (Jn 15, 13).<\/p>\n<p> Jes\u00fas, al llamar al joven a seguirle en el camino de la perfecci\u00f3n, le pide que sea perfecto en el mandamiento del amor, en su mandamiento: que se inserte en el movimiento de su entrega total, que imite y reviva el mismo amor del Maestro bueno, de aquel que ha amado hasta el extremo. Esto es lo que Jes\u00fas pide a todo hombre que quiere seguirlo: \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome su cruz y s\u00edgame\u00bb (Mt 16, 24).<\/p>\n<p>Seguir a Cristo no es una imitaci\u00f3n exterior, porque afecta al hombre en su interioridad m\u00e1s profunda. Ser disc\u00edpulo de Jes\u00fas significa hacerse conforme a \u00e9l, que se hizo servidor de todos hasta el don de s\u00ed mismo en la cruz (cf. Flp 2, 5-8). Mediante la fe, Cristo habita en el coraz\u00f3n del creyente (cf. Ef 3, 17), el disc\u00edpulo se asemeja a su Se\u00f1or y se configura con \u00e9l; lo cual es fruto de la gracia, de la presencia operante del Esp\u00edritu Santo en nosotros.<\/p>\n<p> Inserido en Cristo, el cristiano se convierte en miembro de su Cuerpo, que es la Iglesia (cf. 1 Co 12, 13. 27). Bajo el impulso del Esp\u00edritu, el bautismo configura radicalmente al fiel con Cristo en el misterio pascual de la muerte y resurrecci\u00f3n, lo \u00abreviste\u00bb de Cristo (cf. Ga 3, 27): \u00abFelicit\u00e9monos y demos gracias \u2014dice san Agust\u00edn dirigi\u00e9ndose a los bautizados\u2014: hemos llegado a ser no solamente cristianos, sino el propio Cristo (&#8230;). Admiraos y regocijaos: \u00a1hemos sido hechos Cristo!\u00bb [footnote]28. In Iohannis Evangelium Tractatus, 21, 8: CCL 36, 216.[\/footnote]. El bautizado, muerto al pecado, recibe la vida nueva (cf. Rm 6, 3-11): viviendo por Dios en Cristo Jes\u00fas, es llamado a caminar seg\u00fan el Esp\u00edritu y a manifestar sus frutos en la vida (cf. Ga 5, 16-25). La participaci\u00f3n sucesiva en la Eucarist\u00eda, sacramento de la nueva alianza (cf. 1 Co 11, 23-29), es el culmen de la asimilaci\u00f3n a Cristo, fuente de \u00abvida eterna\u00bb (cf. Jn 6, 51-58), principio y fuerza del don total de s\u00ed mismo, del cual Jes\u00fas \u2014seg\u00fan el testimonio dado por Pablo\u2014 manda hacer memoria en la celebraci\u00f3n y en la vida: \u00abCada vez que com\u00e9is este pan y beb\u00e9is esta copa, anunci\u00e1is la muerte del Se\u00f1or, hasta que venga\u00bb (1 Co 11, 26).<\/p>\n<h3><span id=\"De_la_Iglesia_Catolica\"> De la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"st2\">I. Por qu\u00e9 el Verbo se hizo carne<\/span><br \/>Con el Credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando: \u00ab<em>Por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n<\/em> baj\u00f3 del cielo, y por obra del Esp\u00edritu Santo se encarn\u00f3 de Mar\u00eda la Virgen y se hizo hombre\u00bb (DS 150).<\/p>\n<p>El Verbo se encarn\u00f3 <em>para salvarnos reconcili\u00e1ndonos con Dios<\/em>: \u00abDios nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados\u00bb (<em>1 Jn<\/em> 4, 10). \u00abEl Padre envi\u00f3 a su Hijo para ser salvador del mundo\u00bb (<em>1 Jn<\/em> 4, 14). \u00ab\u00c9l se manifest\u00f3 para quitar los pecados\u00bb (<em>1 Jn<\/em> 3, 5):<\/p>\n<p> \u00abNuestra naturaleza enferma exig\u00eda ser sanada; desgarrada, ser restablecida; muerta, ser resucitada. Hab\u00edamos perdido la posesi\u00f3n del bien, era necesario que se nos devolviera. Encerrados en las tinieblas, hac\u00eda falta que nos llegara la luz; estando cautivos, esper\u00e1bamos un salvador; prisioneros, un socorro; esclavos, un libertador. \u00bfNo ten\u00edan importancia estos razonamientos? \u00bfNo merec\u00edan conmover a Dios hasta el punto de hacerle bajar hasta nuestra naturaleza humana para visitarla, ya que la humanidad se encontraba en un estado tan miserable y tan desgraciado?\u00bb (San Gregorio de Nisa, <em>Oratio catechetica<\/em>, 15: PG 45, 48B).<\/p>\n<p>El Verbo se encarn\u00f3 <em>para que nosotros conoci\u00e9semos as\u00ed el amor de Dios<\/em>: \u00abEn esto se manifest\u00f3 el amor que Dios nos tiene: en que Dios envi\u00f3 al mundo a su Hijo \u00fanico para que vivamos por medio de \u00e9l\u00bb (<em>1 Jn<\/em> 4, 9). \u00abPorque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que todo el que crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u00bb (<em>Jn<\/em> 3, 16).<\/p>\n<p>El Verbo se encarn\u00f3 <em>para ser nuestro modelo de santidad<\/em>: \u00abTomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de m\u00ed &#8230; \u00ab(<em>Mt<\/em> 11, 29). \u00abYo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por m\u00ed\u00bb (<em>Jn<\/em> 14, 6). Y el Padre, en el monte de la Transfiguraci\u00f3n, ordena: \u00abEscuchadle\u00bb (<em>Mc<\/em> 9, 7;cf. <em>Dt<\/em> 6, 4-5). \u00c9l es, en efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la Ley nueva: \u00abAmaos los unos a los otros como yo os he amado\u00bb (<em>Jn<\/em> 15, 12). Este amor tiene como consecuencia la ofrenda efectiva de s\u00ed mismo (cf. <em>Mc<\/em> 8, 34).<\/p>\n<p>El Verbo se encarn\u00f3 <em>para hacernos \u00abpart\u00edcipes de la naturaleza divina\u00bb<\/em> (<em>2 P<\/em> 1, 4): \u00abPorque tal es la raz\u00f3n por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre al entrar en comuni\u00f3n con el Verbo y al recibir as\u00ed la filiaci\u00f3n divina, se convirtiera en hijo de Dios\u00bb (San Ireneo de Lyon, <em>Adversus haereses<\/em>, 3, 19, 1). \u00abPorque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios\u00bb (San Atanasio de Alejandr\u00eda, <em>De Incarnatione<\/em>, 54, 3: PG 25, 192B). <em>Unigenitus<\/em> [&#8230;] <em>Dei Filius, suae divinitatis volens nos esse participes, naturam nostram assumpsit, ut homines deos faceret factus homo<\/em> (\u00abEl Hijo Unig\u00e9nito de Dios, queriendo hacernos part\u00edcipes de su divinidad, asumi\u00f3 nuestra naturaleza, para que, habi\u00e9ndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres\u00bb) (Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>Oficio de la festividad del Corpus<\/em>, Of. de Maitines, primer Nocturno, Lectrua I).<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_13-06-1979\"> Audiencia General (13-06-1979)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"st1\">Corpus Christi<\/span><\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda es el sacramento de la comuni\u00f3n. Cristo se da a S\u00ed mismo a cada uno de nosotros, que lo recibimos bajo las especies eucar\u00edsticas. Se da a S\u00ed mismo a cada uno de nosotros que comemos el manjar eucar\u00edstico y bebemos la bebida eucar\u00edstica. Este comer es signo de la comuni\u00f3n. Es signo de la uni\u00f3n espiritual, en la que el hombre recibe a Cristo, se le ofrece la participaci\u00f3n en su Esp\u00edritu, encuentra de nuevo en \u00c9l particularmente \u00edntima la relaci\u00f3n con el Padre: siente particularmente cercano el acceso a \u00c9l.<\/p>\n<p> Dice un gran poeta (Mickiewocz, Coloquios vespertinos):<br \/><em>\u00abHablo contigo, que reinas en el ciclo y, que al mismo tiempo eres hu\u00e9sped en la casa de m\u00ed esp\u00edritu&#8230;<br \/>\u00a1Hablo contigo!, me faltan palabras para Ti; tu pensamiento escucha cada uno de mis pensamientos; reinas lejos y sirves en cercan\u00eda, Rey en los cielos y en mi coraz\u00f3n sobre la cruz&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p> En efecto, nos acercamos a la comuni\u00f3n eucar\u00edstica, recitando antes el \u00abPadrenuestro\u00bb.<\/p>\n<p> <strong>La comuni\u00f3n es un v\u00ednculo bilateral.<\/strong> Nos conviene decir, pues, que no s\u00f3lo recibimos a Cristo, no s\u00f3lo lo recibe cada uno de nosotros en este signo eucar\u00edstico, sino que <strong>tambi\u00e9n Cristo recibe a cada uno de nosotros.<\/strong> Por as\u00ed decirlo, \u00c9l acepta siempre en este sacramento al hombre, lo hace su amigo, tal como dijo en el Cen\u00e1culo: \u00abVosotros sois mis amigos\u00bb (Jn 15, 14). Esta acogida y la aceptaci\u00f3n del hombre por parte de Cristo es un beneficio inaudito. El hombre siente muy profundamente el deseo de ser aceptado. Toda la vida del hombre tiende en esta direcci\u00f3n, para ser acogido y aceptado por Dios; y la Eucarist\u00eda expresa esto sacramentalmente. Sin embargo, el hombre debe, como dice San Pablo, \u00abexaminarse a s\u00ed mismo\u00bb (cf. 1 Cor 11, 28), de si es digno de ser aceptado por Cristo. <strong>La Eucarist\u00eda es, en cierto sentido, un desaf\u00edo constante<\/strong> para que el hombre trate de ser aceptado, para que adapte su conciencia a las exigencias de la sant\u00edsima amistad divina.<\/p>\n<h3><span id=\"Discurso_12-04-1984\"> Discurso (12-04-1984)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"rh\">Jubileo Internacional de los J\u00f3venes.<br \/>Plaza de San Pedro<\/span><\/p>\n<p>El tercer tema de nuestra reflexi\u00f3n, queridos amigos j\u00f3venes, es la fascinante verdad del amor: el amor entre los hombres; el amor con que Dios nos ha amado primero; el amor que en todo momento debemos a Dios y a los otros.<\/p>\n<p> O\u00edd el testimonio del evangelista San Juan: \u00abPorque tanto am\u00f3 Dios al mundo, que le dio su unig\u00e9nito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna\u00bb (Jn 3, 16). Cristo es el amor del Padre hecho carne, \u00abla bondad y el amor de Dios, nuestro Salvador hacia los hombres\u00bb (Tit 3, 4); \u00c9l, incluso durante su gran humillaci\u00f3n de la cruz, pidi\u00f3 por sus verdugos y los perdon\u00f3. En su pasi\u00f3n y muerte Cristo pas\u00f3 tambi\u00e9n el oscuro abismo del amor; \u00c9l experiment\u00f3 la entrega total de la propia persona a causa del amor, del que El mismo dijo: \u00abNadie tiene amor mayor que \u00e9ste de dar uno la vida por sus amigos\u00bb (Jn 15, 13).<\/p>\n<p> <strong>\u00a1Mirad sobre todo a este Jes\u00fas! \u00a1Mirad a su cruz! \u00c9l es en persona lo que la palabra amor significa.<\/strong> El mismo quiere y debe ser tambi\u00e9n la medida de vuestro amor. Por eso, su nuevo y mayor mandamiento es: \u00abQue os am\u00e9is los unos a los otros; como yo os he amado, as\u00ed tambi\u00e9n amaos mutuamente. En esto conocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00edpulos: si ten\u00e9is amor los unos para con los otros\u00bb (Jn 13, 34-35). Cu\u00e1n hambriento de amor est\u00e1 el mundo enfermo, hambriento del amor salv\u00edfico de Jesucristo, del Salvador. El viejo mundo exige un amor que sea joven y que regale energ\u00eda juvenil. \u00a1Sed vosotros sus mensajeros! \u00a1Llevad vosotros este amor a los hombres, como hab\u00e9is llevado la luz de las antorchas por las calles este atardecer! Dejad que el fuego del Esp\u00edritu Santo brille en vosotros, para llevar al mundo la luz y el calor del amor de Dios.<\/p>\n<p>Muy queridos j\u00f3venes: <strong>\u00ab\u00a1Abrid las puertas al Redentor!\u00bb<\/strong>. Me viene a los labios espont\u00e1neamente este llamamiento que hice al mundo al comienzo de mi pontificado y que despu\u00e9s eleg\u00ed para lema y gu\u00eda de la celebraci\u00f3n de este A\u00f1o Santo extraordinario. Me salta espont\u00e1neamente a los labios esta tarde, en este encuentro con vosotros, que hab\u00e9is venido en representaci\u00f3n de los j\u00f3venes de todo el mundo. Dais testimonio de que el mensaje de Cristo no os deja indiferentes. Intu\u00eds que en su palabra puede estar la respuesta que vais buscando ansiosamente. Aun en medio de interrogantes y dudas, perplejidades y des\u00e1nimos, percib\u00eds en lo hondo de vuestro coraz\u00f3n que \u00c9l posee la clave capaz de resolver el enigma que anida hoy en todo ser humano. No os hubierais puesto en camino hacia Roma, si no os hubiera espoleado este atisbo en el que vibra ya el gozo de un descubrimiento que puede dotar de sentido y meta a toda una vida.<\/p>\n<p> Amad\u00edsimos j\u00f3venes: <strong>A Cristo se le descubre dej\u00e1ndole caminar junto a nosotros en nuestro camino.<\/strong> Es \u00e9sta mi invitaci\u00f3n: dejad, querid\u00edsimos j\u00f3venes, <strong>que Cristo se ponga a vuestro lado con la palabra de su Evangelio y la energ\u00eda vital de sus sacramentos.<\/strong> La suya es presencia exigente. Puede parecer una presencia inc\u00f3moda al principio, y pod\u00e9is sentiros tentados de rechazarla. Pero <strong>si ten\u00e9is el coraje de abrirle las puertas del coraz\u00f3n y acogerlo en la vida, descubrir\u00e9is en \u00c9l el gozo de la verdadera libertad,<\/strong> que os da la posibilidad de construir vuestra existencia sobre la \u00fanica realidad capaz de resistir al desgaste del tiempo y de lanzaros m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de la muerte, la realidad indestructible del amor.<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_23-07-1988\"> Audiencia General (23-07-1988)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"st1\">Jesucristo transmite a la Iglesia el patrimonio de la santidad (Ef 5, 25b-27)<\/span><\/p>\n<p>Jesucristo es la encarnaci\u00f3n viva de esta santidad. El mismo se presenta como \u00abaquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo\u00bb (Jn 10, 36). De \u00c9l, el mensajero de su nacimiento dice a Mar\u00eda: \u00abEl que ha de nacer ser\u00e1 santo y ser\u00e1 llamado Hijo de Dios\u00bb (Lc 1, 35). Los Ap\u00f3stoles son testigos de esta santidad, como proclama Pedro en nombre de todos: \u00abNosotros creemos y sabemos que t\u00fa eres el Santo de Dios\u00bb (Jn 6, 69). Es una santidad que se fue manifestando cada vez m\u00e1s a lo largo de su vida, comenzando por la infancia (cf. Lc 2, 40. 52), hasta alcanzar su cima en el sacrificio ofrecido \u00abpor los hermanos\u00bb, seg\u00fan las mismas palabras de Jes\u00fas: \u00abPor ellos me santifico a m\u00ed mismo para que ellos tambi\u00e9n sean santificados en la verdad\u00bb (Jn 17, 20), en conformidad con su otra declaraci\u00f3n: \u00abNadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos\u00bb (Jn 15, 13).<\/p>\n<p>La santidad de Cristo debe llegar a ser la herencia viva de la Iglesia. Esta es la finalidad de la obra salv\u00edfica de Jes\u00fas, anunciada por \u00c9l mismo: \u00abPara que tambi\u00e9n ellos sean santificados en la verdad\u00bb (Jn 17, 19). As\u00ed lo comprendi\u00f3 Pablo, que, en la Carta a los Efesios, escribe que Cristo \u00abam\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a si mismo por ella para santificarla\u00bb (Ef 5, 25-26), para que fuera \u00absanta e inmaculada\u00bb (Ef 5, 27).<\/p>\n<p> Jes\u00fas ha hecho suya la llamada a la santidad, que Dios dirigi\u00f3 ya a su Pueblo en la Antigua Alianza: \u00abSed santos, porque yo, Yav\u00e9, vuestro Dios, soy santo\u00bb (Lev 19, 2). Con toda la fuerza ha repetido esa llamada de forma ininterrumpida con su palabra y con el ejemplo de su vida. Sobre todo, en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, ha dejado a su Iglesia el c\u00f3digo de la santidad cristiana. Precisamente en esa p\u00e1gina leemos que, despu\u00e9s de haber dicho \u00abque no he venido a abolir a ley ni los profetas, sino a dar cumplimiento\u00bb (cf. Mt 5, 17), Jes\u00fas exhorta a sus seguidores a una perfecci\u00f3n que tiene a Dios por modelo: \u00abVosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial\u00bb (Mt 5, 48). Puesto que el Hijo refleja del modo m\u00e1s pleno esta perfecci\u00f3n del Padre, Jes\u00fas puede decir en otra ocasi\u00f3n: \u00ab El que me ha visto a m\u00ed ha visto al Padre\u00bb (Jn 14, 9).<\/p>\n<p>En todos los mandamientos y exhortaciones de Jes\u00fas y de la Iglesia emerge <strong>el primado de la caridad.<\/strong> Realmente la caridad, seg\u00fan San Pablo, es \u00abel v\u00ednculo de la perfecci\u00f3n\u00bb (Col 3, 14). La voluntad de Jes\u00fas es que \u00abnos amemos los unos a los otros como \u00c9l nos ha amado\u00bb (Jn 15, 12): por consiguiente, un amor que, como el suyo, llega \u00abhasta el extremo\u00bb (Jn 13, 1). Este es el patrimonio de santidad que Jes\u00fas dej\u00f3 a su Iglesia. Todos estamos llamados a participar de \u00e9l y alcanzar, de ese modo, la plenitud de gracia y de vida que hay en Cristo. La historia de la santidad cristiana es la comprobaci\u00f3n de que, viviendo en el <strong>esp\u00edritu de las bienaventuranzas evang\u00e9licas,<\/strong> proclamadas en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a (cf. Mt 5, 3-12), se cumple la exhortaci\u00f3n de Cristo, que se halla en el centro de la par\u00e1bola de la vid y los sarmientos: \u00abPermaneced en m\u00ed como yo en vosotros&#8230; el que permanece en m\u00ed y yo en \u00e9l, \u00e9ste da mucho fruto\u00bb (Jn 15, 4. 5). Estas palabras se realizan, revisti\u00e9ndose de m\u00faltiples formas, en la vida de cada uno de los cristianos y muestran as\u00ed, a lo largo de los siglos, la multiforme riqueza y belleza de la santidad de la Iglesia, la \u00abhija del Rey\u00bb, vestida de perlas y brocado (cf. Sal 44\/45, 14).<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_19-10-1988\"> Audiencia General (19-10-1988)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"st1\">Valor del sufrimiento y de la muerte de Cristo<\/span><\/p>\n<p>En toda obra salv\u00edfica, consumada en la pasi\u00f3n y en la muerte en Cruz, Jes\u00fas llev\u00f3 al extremo la manifestaci\u00f3n del amor divino hacia los hombres, que est\u00e1 en el origen tanto de su oblaci\u00f3n, como del designio del Padre.<\/p>\n<p> \u00abDespreciable y desecho de hombres, var\u00f3n de dolores y sabedor de dolencias\u00bb (Is 53, 3), Jes\u00fas mostr\u00f3 toda la verdad contenida en aquellas palabras prof\u00e9ticas: \u00abNadie tiene amor mayor, que el que da la vida por sus amigos\u00bb (Jn 15, 13). Haci\u00e9ndose \u00abvar\u00f3n de dolores\u00bb <strong>estableci\u00f3 una nueva solidaridad de Dios con los sufrimientos humanos.<\/strong> Hijo eterno del Padre, en comuni\u00f3n con \u00c9l en su gloria eterna, al hacerse hombre se guard\u00f3 bien la de reivindicar privilegios la gloria terrena o al menos de exenci\u00f3n del dolor, pero entr\u00f3 en el camino de la cruz y escogi\u00f3 como suyos los sufrimientos, no s\u00f3lo f\u00edsicos, sino morales que le acompa\u00f1aron hasta la muerte; todo por amor nuestro, para dar a los hombres la prueba decisiva de su amor, para reparar el pecado de los hombres y reconducirlos desde la dispersi\u00f3n hasta la unidad (cf. Jn 11, 52). Todo porque en el amor de Cristo se reflejaba el amor de Dios hacia la humanidad.<\/p>\n<p> As\u00ed puede Santo Tom\u00e1s afirmar que <strong>la primera raz\u00f3n de conveniencia que explica la liberaci\u00f3n humana mediante la pasi\u00f3n y muerte de Cristo<\/strong> es que \u00abde esta forma el hombre conoce cu\u00e1nto lo ama Dios, y el hombre, a su vez, es inducido a amarlo: en tal amor consiste la perfecci\u00f3n de la salvaci\u00f3n humana\u00bb (III, q. 46, a. 3). Aqu\u00ed el Santo Doctor cita al Ap\u00f3stol Pablo que escribe: <strong>\u00abLa prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav\u00eda pecadores, muri\u00f3 por nosotros\u00bb<\/strong> (Rom 5, 8).<\/p>\n<p>Ante este misterio, podemos decir que sin el sufrimiento y la muerte de Cristo, el amor de Dios hacia los hombres no se habr\u00eda manifestado en toda su profundidad y grandeza. Por otra parte, <strong>el sufrimiento y la muerte se han convertido, con Cristo, en invitaci\u00f3n, est\u00edmulo y vocaci\u00f3n a un amor m\u00e1s generoso,<\/strong> como ha ocurrido con tantos Santos que pueden ser justamente llamados los \u00abh\u00e9roes de la Cruz\u00bb y como sucede siempre con muchas criaturas, conocidas e ignoradas, que saben santificar el dolor reflejando en s\u00ed mismas el rostro llagado de Cristo. Se asocian as\u00ed a su oblaci\u00f3n redentora.<\/p>\n<p>Falta a\u00f1adir que Cristo, en su humanidad unida a la divinidad, y hecha capaz, en virtud de la abundancia de la caridad y de la obediencia, de reconciliar al hombre con Dios (cf. 2 Cor 5, 19), se establece como <strong>\u00fanico Mediador entre la humanidad y Dios, a un nivel muy superior al que ocupan los Santos del Antiguo y Nuevo Testamento, y la misma Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda,<\/strong> cuando se habla de su mediaci\u00f3n o se invoca su intercesi\u00f3n.<\/p>\n<p> Estamos, pues, ante nuestro Redentor, Jesucristo crucificado, muerto por nosotros por amor y convertido por ello en autor de nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p> Santa Catalina de Siena, con una de sus im\u00e1genes tan viva y expresivas, lo compara a un <strong>\u00abpuente sobre el mundo\u00bb<\/strong>. S\u00ed, \u00c9l es verdaderamente el Puente y el Mediador, porque a trav\u00e9s de \u00c9l viene todo don del cielo a los hombres y suben a Dios todos nuestros suspiros e invocaciones de salvaci\u00f3n (cf. S. Th. III, q. 26, a. 2). Abrac\u00e9monos, con Catalina y tantos otros \u00abSantos de la Cruz\u00bb a este Redentor nuestro dulc\u00edsimo y misericordios\u00edsimo, que la Santa de Siena llamaba Cristo-Amor. En su coraz\u00f3n traspasado est\u00e1 nuestra esperanza y nuestra paz.<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_09-08-1989\"> Audiencia General (09-08-1989)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"st1\">Pentecost\u00e9s, la Ley del Esp\u00edritu<\/span><\/p>\n<p><strong>El mandamiento del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, esencia de la nueva Ley instituida por Cristo con la ense\u00f1anza y el ejemplo<\/strong> (hasta dar \u00absu vida por sus amigos\u00bb: cf. Jn 15, 13), <strong>es \u00abescrito\u00bb en los corazones por el Esp\u00edritu Santo.<\/strong> Por esto se convierte en \u00abla ley del Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p> Como escribe el Ap\u00f3stol a los Corintios: \u00abEvidentemente sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta sino con el Esp\u00edritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones\u00bb (2 Co 3, 3). La Ley del Esp\u00edritu es, por consiguiente, el <strong>imperativo interior del hombre,<\/strong> en el que act\u00faa el Esp\u00edritu Santo: es, m\u00e1s a\u00fan, el mismo Esp\u00edritu Santo que se hace as\u00ed Maestro y gu\u00eda del hombre desde el interior del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Una Ley entendida as\u00ed est\u00e1 muy lejos de toda forma de imposici\u00f3n externa<\/strong> por la que el hombre queda sometido en sus propios actos. La Ley del Evangelio, contenida en la palabra y confirmada por la vida y la muerte de Cristo, consiste en una revelaci\u00f3n divina, que incluye la plenitud de la verdad sobre el bien de las acciones humanas, y al mismo tiempo sana y perfecciona la libertad interior del hombre, como escribe San Pablo: \u00abLa ley del Esp\u00edritu que da la vida en Cristo Jes\u00fas te liber\u00f3 de la ley del pecado y de la muerte\u00bb (Rm 8, 2). Seg\u00fan el Ap\u00f3stol, el Esp\u00edritu Santo que \u00abda vida\u00bb, porque por medio de \u00c9l el esp\u00edritu del hombre participa en la vida de Dios, se transforma al mismo tiempo en el nuevo principio y la nueva fuente del actuar del hombre: \u00aba fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no seg\u00fan la carne, sino seg\u00fan el esp\u00edritu\u00bb (Rm 8, 4).<\/p>\n<p> En esta ense\u00f1anza San Pablo hubiera podido hacer referencia a Jes\u00fas mismo que en el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a advert\u00eda: \u00abNo pens\u00e9is que he venido a abolir la Ley y los Profetas. <strong>No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento<\/strong>\u00bb (Mt 5, 17). Precisamente este cumplimiento, que Jesucristo ha dado a la Ley de Dios con su palabra y con su ejemplo, constituye el modelo del \u00abcaminar seg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb. En este sentido, en los creyentes en Cristo, part\u00edcipes de su Esp\u00edritu, existe y act\u00faa la \u00abLey del Esp\u00edritu\u00bb, escrita por \u00c9l \u00aben la carne de los corazones\u00bb.<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_03-06-1992\"> Audiencia General (03-06-1992)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"st1\">El testimonio de la caridad en la Iglesia, comunidad prof\u00e9tica<\/span><\/p>\n<p>En la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a> del concilio Vaticano II leemos: \u00abEl pueblo santo de Dios participa tambi\u00e9n de la funci\u00f3n prof\u00e9tica de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad\u00bb (n. 12). [&#8230;] El testimonio del amor es un tema de suma importancia, pues, como dice san Pablo, de estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad, \u00abla mayor es la caridad\u00bb (cf. 1 Co 13, 13). Pablo demuestra que conoce muy bien el valor que Cristo dio al mandamiento del amor. En el curso de los siglos la Iglesia no ha olvidado nunca esa ense\u00f1anza. Siempre ha sentido el deber de dar testimonio del evangelio de caridad con palabras y obras, a ejemplo de Cristo que, como se lee en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, \u00abpas\u00f3 haciendo el bien\u00bb (Hch 10, 38).<\/p>\n<p> <strong>Jes\u00fas puso de relieve el car\u00e1cter central del mandamiento de la caridad cuando lo llam\u00f3 su mandamiento:<\/strong> \u00abEste es el mandamiento m\u00edo: que os am\u00e9is los unos a los otros como yo os he amado\u00bb (Jn 15, 12). No se trata s\u00f3lo del amor al pr\u00f3jimo como lo prescribi\u00f3 el Antiguo Testamento, sino de un <strong>\u00abmandamiento nuevo\u00bb<\/strong> (Jn 13, 34). <strong>Es \u00abnuevo\u00bb porque el modelo es el amor de Cristo<\/strong> (\u00abcomo yo os he amado\u00bb), expresi\u00f3n humana perfecta del amor de Dios hacia los hombres. Y, m\u00e1s en particular, es el amor de Cristo en su manifestaci\u00f3n suprema, la del sacrificio: \u00abNadie tiene mayor amor que el que da su vida por los amigos\u00bb (Jn 15, 13).<\/p>\n<p> As\u00ed, la Iglesia tiene la misi\u00f3n de testimoniar el amor de Cristo hacia los hombres, amor dispuesto al sacrificio. La caridad no es simplemente manifestaci\u00f3n de solidaridad humana: es participaci\u00f3n en el mismo amor divino.<\/p>\n<p>Jes\u00fas dice: \u00abEn esto conocer\u00e1n todos que sois disc\u00edpulos m\u00edos: si os ten\u00e9is amor los unos a los otros\u00bb (Jn 13, 35). El amor que nos ense\u00f1a Cristo con su palabra y su ejemplo es el <strong>signo que debe distinguir a sus disc\u00edpulos.<\/strong> Cristo manifiesta el vivo deseo que arde en su coraz\u00f3n cuando confiesa: \u00abHe venido a arrojar un fuego sobre la tierra y \u00a1cu\u00e1nto desear\u00eda que ya estuviera encendido!\u00bb (Lc 12, 49). El fuego significa la intensidad y la fuerza del amor de caridad. Jes\u00fas pide a sus seguidores que se les reconozca por esta forma de amor. La Iglesia sabe que bajo esta forma el amor se convierte en testimonio de Cristo. La Iglesia es capaz de dar este testimonio porque, al recibir la vida de Cristo, recibe su amor. Es Cristo quien ha encendido el fuego del amor en los corazones (cf. Lc 12, 49) y sigue encendi\u00e9ndolo siempre y por doquier. La Iglesia es responsable de la difusi\u00f3n de este fuego en el universo. Todo aut\u00e9ntico testimonio de Cristo implica la caridad; requiere el deseo de evitar toda herida al amor. As\u00ed, tambi\u00e9n a toda la Iglesia se la debe reconocer por medio de la caridad.<\/p>\n<p>La caridad encendida por Cristo en el mundo es amor sin l\u00edmites, universal. La Iglesia testimonia este amor que <strong>supera toda divisi\u00f3n entre personas, categor\u00edas sociales, pueblos y naciones.<\/strong> Reacciona contra los particularismos nacionales que desear\u00edan limitar la caridad a las fronteras de un pueblo. Con su amor, abierto a todos, la Iglesia muestra que el hombre est\u00e1 llamado por Cristo no s\u00f3lo a evitar toda hostilidad en el seno de su propio pueblo, sino tambi\u00e9n a estimar y a amar a los miembros de las dem\u00e1s naciones, e incluso a los pueblos mismos.<\/p>\n<p>La caridad de Cristo <strong>supera tambi\u00e9n la diversidad de las clases sociales.<\/strong> No acepta el odio ni la lucha de clases. La Iglesia quiere la uni\u00f3n de todos en Cristo; trata de vivir y exhorta y ense\u00f1a a vivir el amor evang\u00e9lico, incluso hacia aquellos que algunos quisieran considerar enemigos. Poniendo en pr\u00e1ctica el mandamiento del amor de Cristo, la Iglesia exige justicia social y, por consiguiente, justa participaci\u00f3n de los bienes materiales en la sociedad y ayuda a los m\u00e1s pobres, a todos los desdichados. Pero al mismo tiempo predica y favorece la paz y la reconciliaci\u00f3n en la sociedad.<\/p>\n<h3><span id=\"Audiencia_General_07-02-2001\"> Audiencia General (07-02-2001)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"st1\">La Iglesia, esposa del Cordero, ataviada para su esposo<\/span><\/p>\n<p>La Iglesia, precisamente porque ha sido engendrada por el amor, difunde amor. Lo hace anunciando el mandamiento de amarnos unos a otros como Cristo nos ha amado (cf. Jn 15, 12), es decir, <strong>hasta dar la vida<\/strong>:\u00a0 \u00ab\u00c9l dio su vida por nosotros. Tambi\u00e9n nosotros debemos dar la vida por los hermanos\u00bb (1\u00a0Jn 3, 16). Ese Dios que \u00abnos am\u00f3 primero\u00bb (1 Jn 4, 19) y no dud\u00f3 en entregar a su Hijo por amor (cf. Jn 3, 16) impulsa a la Iglesia a recorrer \u00abhasta el extremo\u00bb (cf. Jn 13, 1) el camino del amor. Y est\u00e1 llamada a hacerlo con la lozan\u00eda de dos esposos que se aman en la alegr\u00eda de la <strong>entrega sin reservas<\/strong> y en la generosidad diaria, <strong>tanto cuando el cielo de la vida es primaveral y sereno, como cuando se ciernen la noche y las nubes del invierno del esp\u00edritu.<\/strong><\/p>\n<p> En este sentido se comprende por qu\u00e9 el Apocalipsis, a pesar de su dram\u00e1tica representaci\u00f3n de la historia, abunda en cantos, m\u00fasica y liturgias alegres. En el paisaje del esp\u00edritu, el amor es como el sol que ilumina y transfigura la naturaleza, la cual, sin su fulgor, ser\u00eda gris y uniforme.<\/p>\n<p><strong>Otra dimensi\u00f3n fundamental en la nupcialidad eclesial es la fecundidad.<\/strong> El amor recibido y dado no se limita a la relaci\u00f3n esponsal, sino que es creativo y generador. En el G\u00e9nesis, que presenta a la humanidad hecha \u00aba imagen y semejanza de Dios\u00bb, resulta significativa la referencia al hecho de ser \u00abvar\u00f3n y mujer\u00bb:\u00a0 \u00abCre\u00f3 Dios al ser humano a imagen suya; a imagen de Dios lo cre\u00f3, var\u00f3n y mujer los cre\u00f3\u00bb (Gn 1, 27).<\/p>\n<p> La distinci\u00f3n y la reciprocidad en la pareja humana son signo del amor de Dios no s\u00f3lo en cuanto fundamento de una vocaci\u00f3n a la comuni\u00f3n, sino tambi\u00e9n en cuanto finalizadas a la fecundidad generadora. No es casualidad que en el libro del G\u00e9nesis se presenten con frecuencia genealog\u00edas, que son fruto de la generaci\u00f3n y dan origen a la historia en cuyo seno Dios se revela.<\/p>\n<p> As\u00ed se comprende que tambi\u00e9n la Iglesia, en el Esp\u00edritu que la anima y la une a Cristo, su Esposo, est\u00e9 dotada de una \u00edntima fecundidad, \u00a0gracias \u00a0a la cual engendra continuamente hijos de Dios en el bautismo y los hace crecer hasta la plenitud de Cristo (cf. Ga 4, 19; Ef 4, 13).<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI\"> Benedicto XVI<a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/padres.php?id=6\" title=\"Ver biograf\u00eda y todos los comentarios de  Benedicto XVI\" alt=\"Vida Padres de la Iglesia\"><br \/>\n <i class=\"fa fa-user-plus fa-lg\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/a><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Homilia_29-06-2011\"> Homil\u00eda (29-06-2011)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"rh\">Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Santa Misa e Imposici\u00f3n del Palio a los Nuevos Metropolitanos.<br \/>Bas\u00edlica Vaticana.Mi\u00e9rcoles 29 de junio de 2011<\/span><\/p>\n<p>\u00abNon iam dicam servos, sed amicos\u00bb &#8211; <strong>\u00abYa no os llamo siervos, sino amigos\u00bb<\/strong> (cf. Jn 15,15). Sesenta a\u00f1os despu\u00e9s de mi Ordenaci\u00f3n sacerdotal, siento todav\u00eda resonar en mi interior estas palabras de Jes\u00fas, que nuestro gran Arzobispo, el Cardenal Faulhaber, con la voz ya un poco d\u00e9bil pero firme, nos dirigi\u00f3 a los nuevos sacerdotes al final de la ceremonia de Ordenaci\u00f3n. Seg\u00fan las normas lit\u00fargicas de aquel tiempo, esta aclamaci\u00f3n significaba entonces conferir expl\u00edcitamente a los nuevos sacerdotes el mandato de perdonar los pecados. \u00abYa no siervos, sino amigos\u00bb: yo sab\u00eda y sent\u00eda que, en ese momento, esta no era s\u00f3lo una palabra \u00abceremonial\u00bb, y era tambi\u00e9n algo m\u00e1s que una cita de la Sagrada Escritura. Era bien consciente: en este momento, <strong>\u00c9l mismo, el Se\u00f1or, me la dice a m\u00ed de manera totalmente personal.<\/strong> En el Bautismo y la Confirmaci\u00f3n, \u00c9l ya nos hab\u00eda atra\u00eddo hacia s\u00ed, nos hab\u00eda acogido en la familia de Dios. Pero lo que suced\u00eda en aquel momento era todav\u00eda algo m\u00e1s. \u00c9l me llama amigo. Me acoge en el c\u00edrculo de aquellos a los que se hab\u00eda dirigido en el Cen\u00e1culo. En el grupo de los que \u00c9l conoce de modo particular y que, as\u00ed, llegan a conocerle de manera particular. Me otorga la facultad, que casi da miedo, de hacer aquello que s\u00f3lo \u00c9l, el Hijo de Dios, puede decir y hacer leg\u00edtimamente: Yo te perdono tus pecados. \u00c9l quiere que yo -por mandato suyo- pronuncie con su \u00abYo\u00bb unas palabras que no son \u00fanicamente palabras, sino acci\u00f3n que produce un cambio en lo m\u00e1s profundo del ser. S\u00e9 que tras estas palabras est\u00e1 su Pasi\u00f3n por nuestra causa y por nosotros. S\u00e9 que el perd\u00f3n tiene su precio: en su Pasi\u00f3n, \u00c9l ha descendido hasta el fondo oscuro y sucio de nuestro pecado. Ha bajado hasta la noche de nuestra culpa que, s\u00f3lo as\u00ed, puede ser transformada. Y, mediante el mandato de perdonar, me permite asomarme al abismo del hombre y a la grandeza de su padecer por nosotros los hombres, que me deja intuir la magnitud de su amor. \u00c9l se f\u00eda de m\u00ed: \u00abYa no siervos, sino amigos\u00bb. Me conf\u00eda las palabras de la Consagraci\u00f3n en la Eucarist\u00eda. Me considera capaz de anunciar su Palabra, de explicarla rectamente y de llevarla a los hombres de hoy. \u00c9l se abandona a m\u00ed. \u00abYa no sois siervos, sino amigos\u00bb: esta es una afirmaci\u00f3n que produce una gran alegr\u00eda interior y que, al mismo tiempo, por su grandeza, puede hacernos estremecer a trav\u00e9s de las d\u00e9cadas, con tantas experiencias de nuestra propia debilidad y de su inagotable bondad.<\/p>\n<p><strong>\u00abYa no siervos, sino amigos\u00bb<\/strong>: en estas palabras se encierra el programa entero de una vida sacerdotal. <strong>\u00bfQu\u00e9 es realmente la amistad?<\/strong> <em>\u00cddem velle, \u00eddem nolle<\/em> &#8211; querer y no querer lo mismo &#8211; , dec\u00edan los antiguos. La amistad es una comuni\u00f3n en el pensamiento y el deseo. El Se\u00f1or nos dice lo mismo con gran insistencia: \u00abConozco a los m\u00edos y los m\u00edos me conocen\u00bb (cf. Jn 10,14). El Pastor llama a los suyos por su nombre (cf. Jn 10,3). \u00c9l me conoce por mi nombre. No soy un ser an\u00f3nimo cualquiera en la inmensidad del universo. Me conoce de manera totalmente personal. Y yo, \u00bfle conozco a \u00c9l? La amistad que \u00c9l me ofrece s\u00f3lo puede significar que tambi\u00e9n yo trate siempre de conocerle mejor; que yo, en la Escritura, en los Sacramentos, en el encuentro de la oraci\u00f3n, en la comuni\u00f3n de los Santos, en las personas que se acercan a m\u00ed y que \u00c9l me env\u00eda, me esfuerce siempre en conocerle cada vez m\u00e1s. La amistad no es solamente conocimiento, es sobre todo comuni\u00f3n del deseo. Significa que mi voluntad crece hacia el \u00abs\u00ed\u00bb de la adhesi\u00f3n a la suya. En efecto, su voluntad no es para m\u00ed una voluntad externa y extra\u00f1a, a la que me doblego m\u00e1s o menos de buena gana. No, en la amistad mi voluntad se une a la suya a medida que va creciendo; su voluntad se convierte en la m\u00eda, y justo as\u00ed llego a ser yo mismo. Adem\u00e1s de la comuni\u00f3n de pensamiento y voluntad, el Se\u00f1or menciona un tercer elemento nuevo: \u00c9l da su vida por nosotros (cf. Jn 15,13; 10,15). Se\u00f1or, ay\u00fadame siempre a conocerte mejor. Ay\u00fadame a estar cada vez m\u00e1s unido a tu voluntad. Ay\u00fadame a vivir mi vida, no para m\u00ed mismo, sino junto a Ti para los otros. Ay\u00fadame a ser cada vez m\u00e1s tu amigo.<\/p>\n<p>Las palabras de Jes\u00fas sobre la amistad est\u00e1n en el contexto del discurso sobre la vid. El Se\u00f1or enlaza la imagen de la vid con una tarea que encomienda a los disc\u00edpulos: \u00abOs he elegido y os he destinado para que vay\u00e1is y deis fruto, y vuestro fruto permanezca\u00bb (Jn 15,16). <strong>El primer cometido que da a los disc\u00edpulos, a los amigos, es el de \u00a0ponerse en camino<\/strong> -os he destinado para que vay\u00e1is-, <strong>de salir de s\u00ed mismos y de ir hacia los otros.<\/strong> Podemos o\u00edr juntos aqu\u00ed tambi\u00e9n las palabras que el Resucitado dirige a los suyos, con las que san Mateo concluye su Evangelio: \u00abId y ense\u00f1ad a todos los pueblos&#8230;\u00bb (cf. Mt 28,19s). El Se\u00f1or nos exhorta a superar los confines del ambiente en que vivimos, a llevar el Evangelio al mundo de los otros, para que impregne todo y as\u00ed el mundo se abra para el Reino de Dios. Esto puede recordarnos que el mismo Dios ha salido de s\u00ed, ha abandonado su gloria, para buscarnos, para traernos su luz y su amor. Queremos seguir al Dios que se pone en camino, superando la pereza de quedarnos c\u00f3modos en nosotros mismos, para que \u00c9l mismo pueda entrar en el mundo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la palabra sobre el ponerse en camino, Jes\u00fas contin\u00faa: <strong>dad fruto, un fruto que permanezca. \u00bfQu\u00e9 fruto espera \u00c9l de nosotros? \u00bfCu\u00e1l es el fruto que permanece?<\/strong> Pues bien, el fruto de la vid es la uva, del que luego se hace el vino. Deteng\u00e1monos un momento en esta imagen. Para que una buena uva madure, se necesita sol, pero tambi\u00e9n lluvia, <strong>el d\u00eda y la noche.<\/strong> Para que madure un vino de calidad, hay que <strong>prensar la uva,<\/strong> se requiere la paciencia de la fermentaci\u00f3n, los atentos cuidados que sirven a los procesos de maduraci\u00f3n. Un vino de clase no solamente se caracteriza por su dulzura, sino tambi\u00e9n por la riqueza de los matices, la variedad de aromas que se han desarrollado en los procesos de maduraci\u00f3n y fermentaci\u00f3n. \u00bfAcaso no es \u00e9sta una imagen de la vida humana, y particularmente de nuestra vida de sacerdotes? Necesitamos el sol y la lluvia, la serenidad y la dificultad, <strong>las fases de purificaci\u00f3n y prueba, y tambi\u00e9n los tiempos de camino alegre con el Evangelio.<\/strong> Volviendo la mirada atr\u00e1s, <strong>podemos dar gracias a Dios por ambas cosas: por las dificultades y por las alegr\u00edas, por las horas oscuras y por aquellas felices. En las dos reconocemos la constante presencia de su amor, que nos lleva y nos sostiene siempre de nuevo.<\/strong><\/p>\n<p>Ahora, sin embargo, \u2013 querer debemos preguntarnos: <strong>\u00bfQu\u00e9 clase de fruto es el que espera el Se\u00f1or de nosotros? El vino es imagen del amor: \u00e9ste es el verdadero fruto que permanece, el que Dios quiere de nosotros.<\/strong> Pero no olvidemos que, en el Antiguo Testamento, el vino que se espera de la uva selecta es sobre todo imagen de la <strong>justicia, que se desarrolla en una existencia vivida seg\u00fan la ley de Dios.<\/strong> Y no digamos que esta es una visi\u00f3n veterotestamentaria ya superada: no, ella sigue siendo siempre verdadera. El aut\u00e9ntico contenido de la Ley, su <em>summa<\/em>, es el amor a Dios y al pr\u00f3jimo. Este doble amor, sin embargo, no es simplemente algo dulce. Conlleva en s\u00ed la carga de la paciencia, de la humildad, de la maduraci\u00f3n de nuestra voluntad en la formaci\u00f3n e identificaci\u00f3n con la voluntad de Dios, la voluntad de Jesucristo, el Amigo. S\u00f3lo as\u00ed, en el hacerse todo nuestro ser verdadero y recto, tambi\u00e9n el amor es verdadero; s\u00f3lo as\u00ed es un fruto maduro. Su exigencia intr\u00ednseca, la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, requiere que se cumpla siempre tambi\u00e9n en el sufrimiento. Precisamente de este modo, crece la verdadera alegr\u00eda. En el fondo, la esencia del amor, del verdadero fruto, se corresponde con las palabras sobre el ponerse en camino, sobre el salir: amor significa abandonarse, entregarse; lleva en s\u00ed el signo de la cruz. En este contexto, Gregorio Magno dec\u00eda una vez: Si tend\u00e9is hacia Dios, tened cuidado de no alcanzarlo solos (cf. H Ev 1,6,6: PL 76, 1097s); una palabra que nosotros, como sacerdotes, hemos de tener presente \u00edntimamente cada d\u00eda.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Joseph_Ratzinger_Benedicto_XVI\"> Joseph Ratzinger (Benedicto XVI)<\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Homilia_18-04-2005\"> Homil\u00eda (18-04-2005)<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><span class=\"rh\">Misa \u00abPro Eligendo Pontifice\u00bb. Homil\u00eda del Cardenal Joseph Ratzinger, Decano del Colegio Cardenalicio<br \/>Lunes 18 de abril de 2005<\/span><\/p>\n<p>Vayamos ahora al Evangelio, de cuya riqueza quisiera extraer s\u00f3lo dos peque\u00f1as observaciones. El Se\u00f1or nos dirige estas admirables palabras: \u00abNo os llamo ya siervos&#8230;, sino que os he llamado amigos\u00bb (<i>Jn<\/i> 15, 15). Muchas veces nos sentimos ?y es la verdad? s\u00f3lo siervos in\u00fatiles (cf. <i>Lc<\/i> 17, 10). Y, sin embargo, el Se\u00f1or nos llama amigos, nos hace amigos suyos, nos da su amistad. <strong>El Se\u00f1or define la amistad de dos modos.<\/strong> <strong>No existen secretos<\/strong> entre amigos: <strong>Cristo nos dice todo<\/strong> lo que escucha del Padre; <strong>nos da toda su confianza<\/strong> y, con la confianza, tambi\u00e9n <strong>el conocimiento<\/strong>. Nos revela su rostro, su coraz\u00f3n. Nos muestra su ternura por nosotros, su amor apasionado, que llega hasta la locura de la cruz. Conf\u00eda en nosotros, nos da el poder de hablar con su yo: \u00abEste es mi cuerpo&#8230;\u00bb, \u00abyo te absuelvo&#8230;\u00bb. <strong>Nos encomienda su cuerpo,<\/strong> la Iglesia. Encomienda a nuestras mentes d\u00e9biles, a nuestras manos d\u00e9biles, su verdad, el misterio de Dios Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo; el misterio de Dios que \u00abtanto am\u00f3 al mundo que le dio a su Hijo \u00fanico\u00bb (cf<i>. Jn<\/i> 3, 16). <strong>Nos ha hecho amigos suyos, y nosotros, \u00bfc\u00f3mo respondemos?<\/strong><\/p>\n<p>El <strong>segundo<\/strong> modo como Jes\u00fas define la amistad es la <strong>comuni\u00f3n de las voluntades.<\/strong> <i>\u00abIdem velle, idem nolle\u00bb<\/i>, era tambi\u00e9n para los romanos la definici\u00f3n de amistad. \u00abVosotros sois mis amigos, si hac\u00e9is lo que yo os mando\u00bb (<i>Jn<\/i> 15, 14). La amistad con Cristo <strong>coincide con lo que expresa la tercera petici\u00f3n del padrenuestro:<\/strong> \u00abH\u00e1gase tu voluntad en la tierra como en el cielo\u00bb. En la hora de <strong>Getseman\u00ed<\/strong> Jes\u00fas <strong>transform\u00f3 nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conforme y unida a la voluntad divina.<\/strong> Sufri\u00f3 todo el drama de nuestra autonom\u00eda y, precisamente <strong>poniendo nuestra voluntad en las manos de Dios, nos da la verdadera libertad:<\/strong> \u00abNo como quiero yo, sino como quieres t\u00fa\u00bb (<i>Mt<\/i> 21, 39). En esta comuni\u00f3n de voluntades se realiza nuestra redenci\u00f3n: ser amigos de Jes\u00fas, convertirse en amigos de Jes\u00fas. Cuanto m\u00e1s amamos a Jes\u00fas, cuanto m\u00e1s lo conocemos, tanto m\u00e1s crece nuestra verdadera libertad, crece la alegr\u00eda de ser redimidos. \u00a1Gracias, Jes\u00fas, por tu amistad!<\/p>\n<p>El otro aspecto del Evangelio al que quer\u00eda aludir es el discurso de Jes\u00fas sobre <strong>dar fruto:<\/strong> \u00abOs he destinado para que vay\u00e1is y deis fruto y vuestro fruto permanezca\u00bb (<i>Jn<\/i> 15, 16). Aparece aqu\u00ed el dinamismo de la existencia del cristiano, del ap\u00f3stol: os he destinado para que vay\u00e1is&#8230; Debemos estar impulsados por una <strong>santa inquietud:<\/strong> la inquietud de <strong>llevar a todos el don de la fe, de la amistad con Cristo.<\/strong> En verdad, el amor, la amistad de Dios se nos ha dado para que llegue tambi\u00e9n a los dem\u00e1s. <strong>Hemos recibido la fe para transmitirla a los dem\u00e1s;<\/strong> somos sacerdotes para servir a los dem\u00e1s. Y debemos dar un fruto que permanezca. Todos los hombres quieren dejar una huella que permanezca. Pero <strong>\u00bfqu\u00e9 permanece?<\/strong> El dinero, no. Tampoco los edificios; los libros, tampoco. Despu\u00e9s de cierto tiempo, m\u00e1s o menos largo, todas estas cosas desaparecen. <strong>Lo \u00fanico que permanece eternamente es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad<\/strong>. Por tanto, <strong>el fruto que permanece es todo lo que hemos sembrado en las almas humanas: el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el coraz\u00f3n; la palabra que abre el alma a la alegr\u00eda del Se\u00f1or.<\/strong> As\u00ed pues, vayamos y pidamos al Se\u00f1or que nos ayude a dar fruto, un fruto que permanezca. S\u00f3lo as\u00ed la tierra se transforma de valle de l\u00e1grimas en jard\u00edn de Dios.<\/p>\n<p><\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n<h1><span id=\"Uso_Liturgico_de_este_texto_Homilias\">Uso Lit\u00fargico de este texto (Homil\u00edas)<\/span><\/h1>\n<p><span class=\"uso-liturgico\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh3.googleusercontent.com\/-w-1FqQOVfHg\/VroITLSbR2I\/AAAAAAAAFlQ\/66p8JnqUNaUnYjkzQg0RN661xxWCmQc5wCCo\/s800-Ic42\/right-arrow-pascua_12x12.jpg\"><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/homilias_semana-05_tiempo-pascua_dia-06-viernes\">Tiempo de Pascua: Viernes V <\/a><br \/><\/span><\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>12 Este es mi mandamiento: que os am\u00e9is unos a otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene amor m\u00e1s grande que el que da la vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos si hac\u00e9is lo que yo os mando. 15 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-15-12-17-la-vid-y-los-sarmientos-el-mandamiento\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJn 15, 12-17: La Vid y los sarmientos: El Mandamiento\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41624","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41624","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41624"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41624\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41624"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41624"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41624"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}