{"id":41628,"date":"2016-10-07T23:39:40","date_gmt":"2016-10-08T04:39:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-16-12-15-espiritu-de-la-verdad\/"},"modified":"2016-10-07T23:39:40","modified_gmt":"2016-10-08T04:39:40","slug":"jn-16-12-15-espiritu-de-la-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-16-12-15-espiritu-de-la-verdad\/","title":{"rendered":"Jn 16, 12-15: Esp\u00edritu de la Verdad"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">12<\/span> Muchas cosas me quedan por deciros, pero no pod\u00e9is cargar con ellas por ahora; <span class=\"versiculo\">13<\/span> cuando venga \u00e9l, el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hasta la verdad plena. Pues no hablar\u00e1 por cuenta propia, sino que hablar\u00e1 de lo que oye y os comunicar\u00e1 lo que est\u00e1 por venir. <span class=\"versiculo\">14<\/span> \u00c9l me glorificar\u00e1, porque recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1. <span class=\"versiculo\">15<\/span> Todo lo que tiene el Padre es m\u00edo. Por eso os he dicho que recibir\u00e1 y tomar\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/>\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Hilario_obispo\">San Hilario, obispo<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Tratado_sobre_la_Santisima_Trinidad\">Tratado sobre la Sant\u00edsima Trinidad<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Libro 2, 1, 33. 35: PL 10, 50-51. 73-75 &#8211; Liturgia de las Horas, Viernes VII Pascua (Par)<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">El don del Padre en Cristo<\/p>\n<p>El Se\u00f1or mand\u00f3 bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, esto es, en la profesi\u00f3n de fe en el Creador, en el Hijo \u00fanico y en el que es llamado Don.<\/p>\n<p>Uno solo es el Creador de todo, ya que uno solo es Dios Padre, de quien procede todo; y uno solo el Hijo \u00fanico, nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por quien ha sido hecho todo; y uno solo el Esp\u00edritu, que a todos nos ha sido dado.<\/p>\n<p>Todo, pues, se halla ordenado seg\u00fan la propia virtud y operaci\u00f3n: un Poder del cual procede todo, un Hijo por quien existe todo, un Don que es garant\u00eda de nuestra esperanza consumada. Ninguna falta se halla en semejante perfecci\u00f3n; dentro de ella, en el Padre y el Hijo y el Esp\u00edritu Santo, se halla lo infinito en lo eterno, la figura en la imagen, la fruici\u00f3n en el don.<\/p>\n<p>Escuchemos las palabras del Se\u00f1or en persona, que nos describe cu\u00e1l es la acci\u00f3n espec\u00edfica del Esp\u00edritu en nosotros; dice, en efecto: <em>Tendr\u00eda a\u00fan muchas cosas que deciros, pero no est\u00e1is ahora en disposici\u00f3n de entenderlas. Os conviene, por tanto, que yo me vaya, porque, si me voy, os enviar\u00e9 el Abogado<\/em>.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n: <em>Yo rogar\u00e9 al Padre y \u00e9l os dar\u00e1 otro Abogado que est\u00e9 con vosotros para siempre, el Esp\u00edritu de verdad. \u00c9l os conducir\u00e1 a la verdad completa, porque no hablar\u00e1 por cuenta propia, sino que os dir\u00e1 cuanto se le comunique y os anunciar\u00e1 las cosas futuras. \u00c9l me glorificar\u00e1, porque tomar\u00e1 de lo que es m\u00edo<\/em>.<\/p>\n<p>Esta pluralidad de afirmaciones tiene por objeto darnos una mayor comprensi\u00f3n, ya que en ellas se nos explica cu\u00e1l sea la voluntad del que nos otorga su Don, y cu\u00e1l la naturaleza de este mismo Don: pues, ya que la debilidad de nuestra raz\u00f3n nos hace incapaces de conocer al Padre y al Hijo y nos dificulta el creer en la encarnaci\u00f3n de Dios, el Don que es el Esp\u00edritu Santo, con su luz, nos ayuda a penetrar en estas verdades.<\/p>\n<p>Al recibirlo, pues, se nos da un conocimiento m\u00e1s profundo. Porque, del mismo modo que nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los est\u00edmulos adecuados, permanece inactivo (por ejemplo, los ojos, privados de luz, los o\u00eddos, cuando falta el sonido, y el olfato, cuando no hay ning\u00fan olor, no ejercen su funci\u00f3n propia, no porque dejen de existir por la falta de est\u00edmulo, sino porque necesitan este est\u00edmulo para actuar), as\u00ed tambi\u00e9n nuestra alma, si no recibe por la fe el Don que es el Esp\u00edritu, tendr\u00e1 ciertamente una naturaleza capaz de entender a Dios, pero le faltar\u00e1 la luz para llegar a ese conocimiento. El Don de Cristo est\u00e1 todo entero a nuestra disposici\u00f3n y se halla en todas partes, pero se da a proporci\u00f3n del deseo y de los m\u00e9ritos de cada uno. Este Don est\u00e1 con nosotros hasta el fin del mundo; \u00e9l es nuestro solaz en este tiempo de expectaci\u00f3n; \u00e9l, con su actuaci\u00f3n en nosotros, es la garant\u00eda de nuestra esperanza futura; \u00e9l es la luz de nuestra mente, el resplandor de nuestro esp\u00edritu.<\/p>\n<h2><span id=\"Diadoco_de_Fotice\">Diadoco de Fotic\u00e9<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Capitulos_sobre_la_perfeccion_espiritual\">Cap\u00edtulos sobre la perfecci\u00f3n espiritual<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\"> 6.26.27.30: PG 65, 1169.1175-1176<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">El discernimiento de esp\u00edritus se adquiere por el gusto espiritual<\/p>\n<p>El aut\u00e9ntico conocimiento consiste en discernir sin error el bien del mal; cuando esto se logra, entonces el camino de la justicia, que conduce al alma hacia Dios, sol de justicia, introduce a aquella misma alma en la luz infinita del conocimiento, de modo que, en adelante, va ya segura en pos de la caridad.<\/p>\n<p>Conviene que, aun en medio de nuestras luchas, conservemos siempre la paz del esp\u00edritu, para que la mente pueda discernir los pensamientos que la asaltan, guardando en la despensa de su memoria los que son buenos y provienen de Dios, y arrojando de este almac\u00e9n natural los que son malos y proceden del demonio. El mar, cuando est\u00e1 en calma, permite a los pescadores ver hasta el fondo del mismo y descubrir d\u00f3nde se hallan los peces; en cambio, cuando est\u00e1 agitado, se enturbia e impide aquella visibilidad, volviendo in\u00fatiles todos los recursos de que se valen los pescadores.<\/p>\n<p>S\u00f3lo el Esp\u00edritu Santo puede purificar nuestra mente; si no entra \u00e9l, como el m\u00e1s fuerte del evangelio, para vencer al ladr\u00f3n, nunca le podremos arrebatar a \u00e9ste su presa. Conviene, pues, que en toda ocasi\u00f3n el Esp\u00edritu Santo se halle a gusto en nuestra alma pacificada, y as\u00ed tendremos siempre encendida en nosotros la luz del conocimiento; si ella brilla siempre en nuestro interior, no s\u00f3lo se pondr\u00e1n al descubierto las influencias nefastas y tenebrosas del demonio, sino que tambi\u00e9n se debilitar\u00e1n en gran manera, al ser sorprendidas por aquella luz santa y gloriosa.<\/p>\n<p>Por esto dice el Ap\u00f3stol: <em>No apagu\u00e9is el Esp\u00edritu, <\/em>esto es, no entristezc\u00e1is al Esp\u00edritu Santo con vuestras malas obras y pensamientos, no sea que deje de ayudaros con su luz. No es que nosotros podamos extinguir lo que hay de eterno y vivificante en el Esp\u00edritu Santo, pero s\u00ed que \u00e9l contristarlo, es decir, al ocasionar este alejamiento entre \u00e9l y nosotros, queda nuestra mente privada de su luz y envuelta en tinieblas.<\/p>\n<p>La sensibilidad del esp\u00edritu consiste en un gusto acertado, que nos da el verdadero discernimiento. Del mismo modo que, por el sentido corporal del gusto, cuando disfrutamos de buena salud, apetecemos lo agradable, discerniendo sin error lo bueno de lo malo, as\u00ed tambi\u00e9n nuestro esp\u00edritu, desde el momento en que comienza a gozar de plena salud y a prescindir de in\u00fatiles preocupaciones, se hace capaz de experimentar la abundancia de la consolaci\u00f3n divina y de retener en su mente el recuerdo de su sabor, por obra de la caridad, para distinguir y quedarse con lo mejor, seg\u00fan lo que dice el Ap\u00f3stol: <em>Y \u00e9sta es mi oraci\u00f3n: Que vuestro amor siga creciendo m\u00e1s y m\u00e1s en penetraci\u00f3n y en sensibilidad para apreciar los valores.<\/em><\/p>\n<h2><span id=\"San_Gregorio_de_Nacianceno_obispo_y_doctor_de_la_Iglesia\"> San Gregorio de Nacianceno, obispo y doctor de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Discurso\">Discurso<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Discurso 31, 25-27; PG 36, 159<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abCuando venga \u00c9l, el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hacia la verdad plena\u00bb<\/p>\n<p>A lo largo de los siglos, dos grandes revoluciones han conmovido la tierra; los llamados dos Testamentos: uno ha hecho pasar a los hombres de la idolatr\u00eda a la Ley; el otro, de la Ley al Evangelio. Un tercer cambio se prevee: aquel que, de aqu\u00ed abajo, nos llevar\u00e1 a lo alto donde no hay movimiento ni agitaci\u00f3n. Ahora bien, estos dos Testamentos tienen el mismo car\u00e1cter&#8230;: no lo han transformado todo r\u00e1pidamente desde el primer impulso de su creaci\u00f3n&#8230;para no hacer las cosas con violencia sino con persuasi\u00f3n. Porque aquello que es impuesto por la fuerza, no es perdurable.<\/p>\n<p>El Antiguo Testamento ha manifestado claramente al Padre, oscuramente al Hijo. El Nuevo Testamento ha revelado al Hijo e insinuado la divinidad del Esp\u00edritu. Hoy el Esp\u00edritu vive entre nosotros, y se hace ver con claridad. Hubiera sido peligroso dar a conocer abiertamente al Hijo cuando la divinidad del Padre no era reconocida, y, cuando la divinidad del Hijo no era admitida, imponer&#8230;la del Esp\u00edritu Santo. Se podr\u00eda temer que, como los responsables de demasiada comida o como los que miran el sol con los ojos todav\u00eda d\u00e9biles, los creyentes pueden perder la fuerza que ten\u00edan para soportar. El esplendor de la Trinidad debe, entonces, iluminar progresivamente o como dice David, \u00abpoco a poco\u00bb(Sal 83,6) y por una progresi\u00f3n de gloria en gloria &#8230; <\/p>\n<p>Todav\u00eda quiero hacer esta consideraci\u00f3n: El Salvador sab\u00eda que ciertas cosas sus disc\u00edpulos no las pod\u00edan llevar por ahora, a pesar de la ense\u00f1anza que hab\u00edan recibido. Por la raz\u00f3n que he dicho m\u00e1s arriba, manten\u00eda cosas ocultas. Y \u00c9l les repet\u00eda que el Esp\u00edritu, despu\u00e9s de su venida, se lo ense\u00f1ar\u00eda todo.<\/p>\n<h2><span id=\"Simeon_el_Nuevo_Teologo_monje_griego\">Sime\u00f3n el Nuevo Te\u00f3logo, monje griego<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis\">Catequesis<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">n. 33: SC 113<\/p>\n<p class=\"refHomilia\">\u00abCuando venga el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hasta la verdad plena\u00bb<\/p>\n<p>La &#8220;llave del conocimiento&#8221;(Lc 11,52) no es otra cosa que la gracia del Esp\u00edritu Santo.  Se da por la fe. Por la iluminaci\u00f3n, produce realmente el conocimiento y hasta el conocimiento pleno. Despierta nuestro esp\u00edritu encerrado y oscurecido, a menudo con par\u00e1bolas y s\u00edmbolos, pero tambi\u00e9n con afirmaciones m\u00e1s claras&#8230; hechas atenci\u00f3n en el sentido espiritual de la palabra. Si la llave no es buena, la puerta no se abre. Porque, dice el Buen Pastor, &#8221; es a \u00e9l a quien el portero abre &#8221; (Jn 10,3). Pero si la puerta no se abre, nadie entra en la casa del Padre, porque Cristo dijo: &#8220;Nadie va al Padre sin pasar por m\u00ed&#8221; (Jn 14,6). <\/p>\n<p>Por tanto, es el Esp\u00edritu Santo, el primero, que despierta nuestro esp\u00edritu y nos ense\u00f1a lo que concierne al Padre y el Hijo. Cristo nos dice esto tambi\u00e9n: &#8220;Cuando venga, \u00e9l, el Esp\u00edritu de la verdad que procede del Padre, dar\u00e1 testimonio en mi favor, y os guiar\u00e1 hacia la verdad plena&#8221; (Jn 15,26; 16,13). Ved c\u00f3mo, por el Esp\u00edritu o m\u00e1s bien en el Esp\u00edritu, el Padre y el Hijo se dan a conocer, inseparablemente&#8230; <\/p>\n<p>Si se llama llave al Esp\u00edritu Santo, es porque, por \u00e9l y en \u00e9l primero, tenemos el esp\u00edritu iluminado. Una vez purificados, somos iluminados por la luz del conocimiento. Somos bautizados desde lo alto, recibimos un nuevo nacimiento y llegamos a ser hijos de Dios, como dice san Pablo: &#8220;El Esp\u00edritu Santo clama por nosotros con gemidos inefables&#8221; (Rm 8,26). Y todav\u00eda m\u00e1s: &#8220;Dios derram\u00f3 su Esp\u00edritu en nuestros corazones que grita: &#8216; Abba, Padre&#8217;&#8221; (Ga 4,6). Es pues \u00e9l quien nos muestra la puerta, puerta que es luz, y la puerta nos ense\u00f1a que, aquel que habita en la casa ,es \u00e9l tambi\u00e9n luz inaccesible. <\/p>\n<h2><span id=\"Dominum_et_Vivifantem\">Dominum et Vivifantem<\/span><\/h2>\n<p>6. Esto se deduce tambi\u00e9n de la profunda correlaci\u00f3n de contenido y de intenci\u00f3n con el anuncio y la promesa mencionada, que se encuentra en las palabras sucesivas del texto de Juan: \u00ab Mucho podr\u00eda deciros a\u00fan, pero ahora no pod\u00e9is con ello. Cuando venga el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hasta la verdad completa; pues no hablar\u00e1 por su cuenta, sino que hablar\u00e1 lo que oiga, y os anunciar\u00e1 lo que ha de venir \u00bb (Jn 16, 12 s.).<\/p>\n<p>Con estas palabras Jes\u00fas presenta el Par\u00e1clito. el Esp\u00edritu de la verdad, como el que \u00ab ense\u00f1ar\u00e1 \u00bb y \u00ab recordar\u00e1 \u00bb, como el que \u00ab dar\u00e1 testimonio \u00bb de \u00e9l; luego dice: \u00ab Os guiar\u00e1 hasta la verdad completa \u00bb. Este \u00ab guiar hasta la verdad completa \u00bb, con referencia a lo que dice a los ap\u00f3stoles \u00ab pero ahora no pod\u00e9is con ello \u00bb, est\u00e1 necesariamente relacionado <em>con el anonadamiento de Cristo <\/em>por medio de la pasi\u00f3n y muerte de Cruz, que entonces, cuando pronunciaba estas palabras, era inminente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, sin embargo, resulta claro que aquel \u00ab guiar hasta la verdad completa \u00bb se refiere <em>tambi\u00e9n, <\/em>adem\u00e1s del <em>esc\u00e1ndalo de la cruz, <\/em>a todo lo que Cristo \u00ab hizo y ense\u00f1\u00f3 \u00bb (Act 1, 1). En efecto, el <em>misterio de Cristo <\/em>en su globalidad exige la fe ya que \u00e9sta introduce oportunamente al hombre en la realidad del misterio revelado. El \u00ab guiar hasta la verdad completa \u00bb se realiza, pues en la fe y mediante la fe, lo cual es obra del Esp\u00edritu de la verdad y fruto de su acci\u00f3n en el hombre. El Esp\u00edritu Santo debe ser en esto la gu\u00eda suprema del hombre y la luz del esp\u00edritu humano. Esto sirve para los ap\u00f3stoles, testigos oculares, que deben llevar ya a todos los hombres el anuncio de lo que Cristo \u00ab hizo y ense\u00f1\u00f3 \u00bb y, especialmente, el anuncio de su Cruz y de su Resurrecci\u00f3n. En una perspectiva m\u00e1s amplia esto sirve tambi\u00e9n para todas las generaciones de disc\u00edpulos y confesores del Maestro, ya que deber\u00e1n <em>aceptar <\/em>con fe y <em>confesar <\/em>con lealtad el misterio de Dios operante en la historia del hombre, el misterio revelado que explica el sentido definitivo de esa misma historia.<\/p>\n<p>7. Entre el Esp\u00edritu Santo y Cristo subsiste, pues, en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n una relaci\u00f3n \u00edntima por la cual el Esp\u00edritu act\u00faa en la historia del hombre como \u00ab otro Par\u00e1clito \u00bb, asegurando de modo permanente la trasmisi\u00f3n y la irradiaci\u00f3n de la Buena Nueva revelada por Jes\u00fas de Nazaret. Por esto, resplandece la gloria de Cristo en el Esp\u00edritu Santo-Par\u00e1clito, que en el misterio y en la actividad de la Iglesia contin\u00faa incesantemente la presencia hist\u00f3rica del Redentor sobre la tierra y su obra salv\u00edfica, como lo atestiguan las siguientes palabras de Juan: \u00ab El me dar\u00e1 gloria, porque <em>recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo comunicar\u00e1 a vosotros <\/em>\u00bb (Jn 16,14). Con estas palabras se confirma una vez m\u00e1s todo lo que han dicho los enunciados anteriores. \u00ab Ense\u00f1ar\u00e1 &#8230;, recordar\u00e1 &#8230;, dar\u00e1 testimonio \u00bb. La suprema y completa autorrevelaci\u00f3n de Dios, que se ha realizado en Cristo, atestiguada por la predicaci\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, sigue manifest\u00e1ndose en la Iglesia mediante la misi\u00f3n del Par\u00e1clito invisible, el Esp\u00edritu de la verdad. Cu\u00e1n \u00edntimamente esta misi\u00f3n est\u00e9 relacionada con la misi\u00f3n de Cristo y cu\u00e1n plenamente se fundamente en ella misma, consolidando y desarrollando en la historia sus frutos salv\u00edficos, est\u00e1 expresado con el verbo \u00ab recibir \u00bb: \u00ab recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo comunicar\u00e1 \u00bb. Jes\u00fas para explicar la palabra \u00ab recibir\u00e1 \u00bb, poniendo en clara evidencia la unidad divina y trinitaria de la fuente, a\u00f1ade: \u00ab <em>Todo lo que tiene el Padre es m\u00edo. <\/em>Por eso os he dicho: <em>Recibir\u00e1 de lo m\u00edo y <\/em>os lo comunicar\u00e1 a vosotros \u00bb (Jn 16, 15). Tomando de lo \u00ab m\u00edo \u00bb, por eso mismo recibir\u00e1 de \u00ab lo que es del Padre \u00bb.<\/p>\n<p>A la luz pues de aquel \u00ab recibir\u00e1 \u00bb se pueden explicar todav\u00eda las otras palabras significativas sobre el Esp\u00edritu Santo, pronunciadas por Jes\u00fas en el Cen\u00e1culo antes de la Pascua: \u00ab Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendr\u00e1 a vosotros el Par\u00e1clito; <em>pero si me voy, os lo enviar\u00e9; <\/em>y cuando \u00e9l venga, convencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio \u00bb (Jn 16, 7s). Convendr\u00e1 dedicar todav\u00eda a estas palabras una reflexi\u00f3n aparte.<\/p>\n<h2><span id=\"Catecismo_de_la_Iglesia_Catolica\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/h2>\n<p class=\"subTitulo\">La Iglesia, Templo del Esp\u00edritu Santo<\/p>\n<p><strong>797<\/strong> <em>Quod est spiritus noster, id est anima nostra, ad membra nostra, hoc est Spiritus Sanctus ad membra Christi, ad corpus Christi, quod est Ecclesia<\/em> (&#8220;Lo que nuestro esp\u00edritu, es decir, nuestra alma, es para nuestros miembros, eso mismo es el Esp\u00edritu Santo para los miembros de Cristo, para el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia&#8221;; san Agust\u00edn, <em>Sermo<\/em> 268, 2). &#8220;A este Esp\u00edritu de Cristo, como a principio invisible, ha de atribuirse tambi\u00e9n el que todas las partes del cuerpo est\u00e9n \u00edntimamente unidas, tanto entre s\u00ed como con su excelsa Cabeza, puesto que est\u00e1 todo \u00e9l en la Cabeza, todo en el Cuerpo, todo en cada uno de los miembros&#8221; (P\u00edo XII: <em>Mystici Corporis<\/em>: DS 3808). El Esp\u00edritu Santo hace de la Iglesia &#8220;el Templo del Dios vivo&#8221; (<em>2 Co<\/em> 6, 16; cf. <em>1 Co<\/em> 3, 16-17; <em>Ef<\/em> 2,21):<\/p>\n<blockquote>\n<p>\u00abEn efecto, es a la misma Iglesia, a la que ha sido confiado el &#8220;don de Dios&#8221; [&#8230;] Es en ella donde se ha depositado la comuni\u00f3n con Cristo, es decir, el Esp\u00edritu Santo, arras de la incorruptibilidad, confirmaci\u00f3n de nuestra fe y escala de nuestra ascensi\u00f3n hacia Dios [&#8230;] Porque all\u00ed donde est\u00e1 la Iglesia, all\u00ed est\u00e1 tambi\u00e9n el Esp\u00edritu de Dios; y all\u00ed donde est\u00e1 el Esp\u00edritu de Dios, est\u00e1 la Iglesia y toda gracia\u00bb (San Ireneo de Lyon, <em>Adversus haereses<\/em>, 3, 24, 1).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p><strong>798<\/strong> El Esp\u00edritu Santo es &#8220;el principio de toda acci\u00f3n vital y verdaderamente saludable en todas las partes del cuerpo&#8221; (P\u00edo XII, <em>Mystici Corporis<\/em>: DS 3808). Act\u00faa de m\u00faltiples maneras en la edificaci\u00f3n de todo el cuerpo en la caridad (cf. <em>Ef<\/em> 4, 16): por la Palabra de Dios, &#8220;que tiene el poder de construir el edificio&#8221; (<em>Hch<\/em> 20, 32), por el Bautismo mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo (cf. <em>1 Co<\/em> 12, 13); por los sacramentos que hacen crecer y curan a los miembros de Cristo; por &#8220;la gracia concedida a los ap\u00f3stoles&#8221; que &#8220;entre estos dones destaca&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">LG<\/a> 7), por las virtudes que hacen obrar seg\u00fan el bien, y por las m\u00faltiples gracias especiales [llamadas &#8220;carismas&#8221;] mediante las cuales los fieles quedan &#8220;preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir m\u00e1s y m\u00e1s la Iglesia&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">LG<\/a> 12; cf. <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\"> AA<\/a> 3).<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_26-04-1989\">Catequesis: Audiencia General (26-04-1989)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Mi\u00e9rcoles 26 de Abril de 1989<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">&#8220;Creo en el Esp\u00edritu Santo&#8221;: La promesa de Cristo<\/p>\n<p>5. <em>El Esp\u00edritu Santo <\/em>presentado por Jes\u00fas especialmente en el discurso de despedida en el Cen\u00e1culo, es evidentemente <em>una Persona diversa de \u00c9l<\/em>: \u201cYo pedir\u00e9 al Padre y os dar\u00e1 <em>otro<\/em> Par\u00e1clito\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 16). \u201cPero el Par\u00e1clito, el Esp\u00edritu Santo, que el Padre <em>enviar\u00e1 en mi nombre<\/em>, <em>\u00e9l<\/em> os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo y os recordar\u00e1 todo lo que yo os he dicho\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 26<em>). Jes\u00fas habla<\/em> del Esp\u00edritu Santo <em>adoptando frecuentemente el pronombre personal \u201c\u00e9l\u201d<\/em>: \u201c<em>\u00c9l<\/em> dar\u00e1 testimonio de m\u00ed\u201d (<em>Jn<\/em> 15, 26). \u201c<em>\u00c9l<\/em> convencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 8). \u201cCuando venga <em>\u00e9l<\/em>, el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hasta la verdad completa\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 13), \u201c<em>\u00c9l<\/em> me dar\u00e1 gloria\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 14). De estos textos emerge la verdad del Esp\u00edritu Santo como Persona, y no s\u00f3lo como una potencia impersonal emanada de Cristo (cf. por ejemplo Lc 6, 19: \u201cDe \u00e9l sal\u00eda una fuerza\u201d). Siendo una Persona, le <em>pertenece un obrar propio, de car\u00e1cter personal<\/em>. En efecto, Jes\u00fas, hablando del Esp\u00edritu Santo, dice a los Ap\u00f3stoles: \u201cVosotros le conoc\u00e9is, porque mora con vosotros y en vosotros est\u00e1\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 17). \u201c<em>\u00c9l os lo ense\u00f1ar\u00e1<\/em> todo y os <em>recordar\u00e1 <\/em>todo lo que yo os he dicho\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 26<em>); \u201cDar\u00e1 testimonio <\/em>de m\u00ed<em>\u201d<\/em> (<em>Jn<\/em> 15, 26); \u201cOs guiar\u00e1 a la verdad completa\u201d, \u201cos anunciar\u00e1 lo que ha de venir\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 13); \u00c9l \u201cdar\u00e1 gloria\u201d a Cristo (<em>Jn<\/em> 16, 14), y \u201cconvencer\u00e1 al mundo en lo referente al pecado\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 8). El Ap\u00f3stol Pablo, por su parte, afirma que el Esp\u00edritu \u201cclama\u201d en nuestros corazones (<em>Ga<\/em> 4, 6), \u201cdistribuye\u201d sus dones \u201ca cada uno en particular <em>seg\u00fan su voluntad<\/em>\u201d (<em>1 Co<\/em> 12, 11), \u201cintercede por los fieles\u201d (cf. <em>Rm<\/em> 8, 27).<\/p>\n<p>6. El Esp\u00edritu Santo revelado por Jes\u00fas es, por tanto, un <em>ser <\/em> personal (tercera Persona de la Trinidad) con un <em>obrar<\/em> propio personal. Pero en el mismo \u201cdiscurso de despedida\u201d, Jes\u00fas <em>muestra los v\u00ednculos que unen a la persona del Esp\u00edritu Santo con el Padre y el Hijo<\/em>: por ello el anuncio de la venida del Esp\u00edritu Santo \u2015en ese \u201cdiscurso de despedida\u201d\u2015, es al mismo tiempo la definitiva revelaci\u00f3n de Dios como Trinidad.<\/p>\n<p>Efectivamente, Jes\u00fas dice a los Ap\u00f3stoles: \u201cYo pedir\u00e9 al Padre y os dar\u00e1 <em>otro<\/em> Par\u00e1clito\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 16): \u201c<em>el Esp\u00edritu de la verdad, <\/em>que<em> procede del Padre<\/em>\u201d (<em>Jn<\/em> 15, 26) \u201cque el Padre enviar\u00e1 <em>en mi nombre<\/em>\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 26). El Esp\u00edritu Santo es, por tanto, una persona distinta del Padre y del Hijo y, al mismo tiempo, unida \u00edntimamente a ellos: \u201cprocede\u201d del Padre, <em>el Padre lo \u201cenv\u00eda\u201d en el nombre del Hijo<\/em>: y esto en consideraci\u00f3n de la redenci\u00f3n, realizada por el Hijo mediante la ofrenda de S\u00ed mismo en la cruz. Por ello Jesucristo dice: \u201cSi me voy os lo enviar\u00e9\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 7). \u201cEl Esp\u00edritu de verdad que procede del Padre\u201d es anunciado por Cristo como <em>el Par\u00e1clito<\/em>, que \u201c<em>yo os enviar\u00e9 junto al Padre<\/em>\u201d (<em>Jn<\/em> 15, 26).<\/p>\n<p>7. En el texto de Juan, que refiere el discurso de Jes\u00fas en el Cen\u00e1culo, est\u00e1 contenida, por tanto, la revelaci\u00f3n de la <em>acci\u00f3n salv\u00edfica de Dios como Trinidad<\/em>. En la Enc\u00edclica <em> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__P4.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/em> he escrito: \u201cEl Esp\u00edritu Santo, consubstancial al Padre y al Hijo en la divinidad, es amor y don (increado), del que deriva como de una fuente (<em>fons vivus<\/em>) toda d\u00e1diva a las criaturas (don creado): la donaci\u00f3n de la existencia a todas las cosas mediante la creaci\u00f3n<em>; la donaci\u00f3n de la gracia a los hombres mediante toda la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n<\/em>\u201d (n. 10:<em> L&#8217;Osservatore Romano<\/em>, Edici\u00f3n en Lengua Espa\u00f1ola, 8 de junio de 1986, p\u00e1g. 3).<\/p>\n<p>En el Esp\u00edritu Santo se halla, pues, la revelaci\u00f3n de la profundidad de la Divinidad: el misterio de la Trinidad en el que subsisten las Personas divinas, pero abierto al hombre para darle vida y salvaci\u00f3n. A ello se refiere San Pablo en la Primera <em>Carta a los Corintios<\/em>, cuando escribe: \u201cEl Esp\u00edritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios\u201d (<em>1 Co<\/em>2, 10).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_general_17-05-1989\">Catequesis: Audiencia general (17-05-1989)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Mi\u00e9rcoles 17 de mayo de 1989<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">&#8220;Parakletos&#8221;, el Esp\u00edritu de la verdad <\/p>\n<p>1. Hemos citado varias veces las palabras de Jes\u00fas, que en el discurso de despedida dirigido a los Ap\u00f3stoles en el Cen\u00e1culo promete la venida del Esp\u00edritu Santo como nuevo y definitivo defensor y consolador: \u201cYo pedir\u00e9 al Padre y os dar\u00e1 otro Par\u00e1clito, para que est\u00e9 con vosotros para siempre, el Esp\u00edritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 16-17). Aquel \u201c<em>discurso de despedida<\/em>\u201d, que se encuentra en la narraci\u00f3n solemne de la \u00faltima cena (cf. <em>Jn<\/em> 13, 2), es una fuente de primera importancia para la neumatolog\u00eda, es decir, para la <em>disciplina teol\u00f3gica que se refiere al Esp\u00edritu Santo<\/em>. Jes\u00fas habla de \u00c9l como del Par\u00e1clito, que \u201cprocede\u201d del Padre, y que el Padre \u201cenviar\u00e1\u201d a los Ap\u00f3stoles y a la Iglesia \u201cen nombre del Hijo\u201d, cuando el propio Hijo \u201cse vaya\u201d, \u201ca costa\u201d de su partida mediante el sacrificio de la cruz.<\/p>\n<p>Hemos de considerar el hecho de que <em>Jes\u00fas llama al Par\u00e1clito el \u201cEsp\u00edritu de la verdad\u201d<\/em>. Tambi\u00e9n en otros momentos lo ha llamado as\u00ed (cf. <em>Jn<\/em> 15, 26; <em>Jn<\/em> 16, 13).<\/p>\n<p>2. Tengamos presente que en el mismo \u201cdiscurso de despedida\u201d Jes\u00fas, respondiendo a una pregunta del Ap\u00f3stol Tom\u00e1s acerca de su identidad, afirma de s\u00ed mismo: \u201cYo soy el camino, la verdad y la vida\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 6). De esta doble referencia a la verdad que Jes\u00fas hace para definir tanto a S\u00ed mismo como al Esp\u00edritu Santo se deduce que, si el Par\u00e1clito es llamado por \u00c9l \u201cEsp\u00edritu de la verdad\u201d, esto significa que <em>el Esp\u00edritu Santo es quien<\/em> despu\u00e9s de la partida de Cristo, <em>mantendr\u00e1 entre los disc\u00edpulos la misma verdad, que \u00c9l ha anunciado y revelado<\/em> y, m\u00e1s a\u00fan, que <em>es \u00c9l mismo<\/em>. El Par\u00e1clito, en efecto, es la verdad, como lo es Cristo. Lo dir\u00e1 Juan en su Primera Carta: \u201cEl Esp\u00edritu es el que da testimonio, porque el Esp\u00edritu es la verdad\u201d (<em>1<\/em> <em>Jn<\/em> 5, 6). En la misma Carta el Ap\u00f3stol escribe tambi\u00e9n: \u201cNosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos<em> el esp\u00edritu de la verdad y el esp\u00edritu del error \u2018spiritus erroris\u2019<\/em>\u201d (<em>1 Jn<\/em> 4, 6). La misi\u00f3n del Hijo y la del Esp\u00edritu Santo se encuentran, est\u00e1n ligadas y se complementan rec\u00edprocamente en la afirmaci\u00f3n de la verdad y en la victoria sobre el error. Los campos de acci\u00f3n en que act\u00faa son el esp\u00edritu humano y la historia del mundo. La distinci\u00f3n entre la verdad y error es el primer momento de dicha actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Permanecer en la verdad y obrar en la verdad es el problema esencial para los Ap\u00f3stoles y para los disc\u00edpulos de Cristo, tanto de los primeros tiempos como de todas las nuevas generaciones de la Iglesia a lo largo de los siglos. Desde este punto de vista, el anuncio del Esp\u00edritu de la verdad tiene una importancia clave. Jes\u00fas dice en el Cen\u00e1culo<em>: \u201cMucho tengo todav\u00eda que deciros, pero ahora <\/em>(todav\u00eda<em>) no pod\u00e9is con ello\u201d<\/em> (<em>Jn<\/em> 16, 12). Es verdad que la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas dur\u00f3 poco, demasiado poco para revelar a los disc\u00edpulos todos los contenidos de la revelaci\u00f3n. Y no s\u00f3lo fue breve el tiempo a disposici\u00f3n sino que tambi\u00e9n resultaron limitadas la preparaci\u00f3n y la inteligencia de los oyentes. Varias veces se dice que los mismos Ap\u00f3stoles \u201cestaban desconcertados en su interior\u201d (Cf. <em>Mc<\/em> 6, 52), y \u201cno entend\u00edan\u201d (cf. por ejemplo, <em>Mc<\/em> 8, 21), o bien entend\u00edan err\u00f3neamente las palabras y las obras de Cristo (cf. por ejemplo, <em>Mt<\/em> 16, 6-11 ).<\/p>\n<p>As\u00ed se explican en toda la plenitud de su significado las palabras del Maestro: <em>\u201cCuando venga&#8230; el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hasta la verdad completa\u201d<\/em> (<em>Jn<\/em> 16, 13).<\/p>\n<p>4. La primera confirmaci\u00f3n de esta promesa de Jes\u00fas tendr\u00e1 lugar en Pentecost\u00e9s y en los d\u00edas sucesivos, como atestiguan los <em>Hechos de los Ap\u00f3stoles<\/em>. Pero la promesa no se refiere s\u00f3lo a los Ap\u00f3stoles y a sus inmediatos compa\u00f1eros en la evangelizaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n a las futuras generaciones de disc\u00edpulos y de confesores de Cristo. El Evangelio, en efecto, est\u00e1 destinado a todas las naciones y a las generaciones siempre nuevas, que se desarrollar\u00e1n en el contexto de las diversas culturas y del m\u00faltiple progreso de la civilizaci\u00f3n humana. Mirando todo el arco de la historia Jes\u00fas dice: \u201c<em>El<\/em> <em>Esp\u00edritu de la verdad<\/em>, que procede del Padre, dar\u00e1 testimonio de m\u00ed\u201d. \u201cDar\u00e1 testimonio\u201d, es decir, mostrar\u00e1 el verdadero sentido del Evangelio en el interior de la Iglesia para que ella lo anuncie de modo aut\u00e9ntico a todo el mundo. Siempre y en todo lugar, incluso en la interminable sucesi\u00f3n de las cosas que cambian desarroll\u00e1ndose en la vida de la humanidad, el \u201cesp\u00edritu de la verdad\u201d guiar\u00e1 a la Iglesia \u201chasta la verdad completa\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 13).<\/p>\n<p>5. La relaci\u00f3n entre la revelaci\u00f3n comunicada por el Esp\u00edritu Santo y la de Jes\u00fas es muy estrecha. No se trata de una revelaci\u00f3n diversa, heterog\u00e9nea. Esto se puede argumentar desde una peculiaridad del lenguaje que Jes\u00fas usa en su promesa: \u201cEl Par\u00e1clito, el Esp\u00edritu Santo, que el Padre enviar\u00e1 en mi nombre<em>, os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo y os recordar\u00e1 todo lo que yo os he dicho<\/em>\u201d (<em>Jn<\/em> 14, 26). El <em>recordar <\/em>es la funci\u00f3n de la memoria. Recordando se vuelve a lo pasado, a lo que se ha dicho y realizado, renovando as\u00ed en la conciencia las cosas pasadas, y casi haci\u00e9ndolas revivir. Trat\u00e1ndose especialmente del Esp\u00edritu Santo, Esp\u00edritu de una verdad cargada del poder divino, su misi\u00f3n no se agota al recordar el pasado como tal: <em>\u201crecordando\u201d las palabras, las obras y todo el misterio salv\u00edfico de Cristo, el Esp\u00edritu de la verdad<\/em> lo hace continuamente presente en la Iglesia, de modo que revista una \u201cactualidad\u201d siempre nueva en la comunidad de la salvaci\u00f3n. Gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, la Iglesia no s\u00f3lo recuerda la verdad, sino que permanece y vive en la verdad recibida de su Se\u00f1or. Tambi\u00e9n de este modo se cumplen las palabras de Cristo: \u201c\u00c9l (el Esp\u00edritu Santo) dar\u00e1 testimonio de m\u00ed\u201d (<em>Jn<\/em> 15, 26). Este testimonio del Esp\u00edritu de la verdad se identifica as\u00ed con la presencia de Cristo siempre vivo, con la fuerza operante del Evangelio, con la actuaci\u00f3n creciente de la redenci\u00f3n, con una continua ilustraci\u00f3n de verdad y de virtud. De este modo, el Esp\u00edritu Santo \u201cgu\u00eda\u201d a la Iglesia \u201chasta la verdad completa\u201d.<\/p>\n<p>6. Tal verdad est\u00e1 presente, al menos de manera impl\u00edcita, en el Evangelio. Lo que el Esp\u00edritu Santo revelar\u00e1 ya lo dijo Cristo. Lo revela \u00c9l mismo cuando, hablando del Esp\u00edritu Santo, subraya que \u201c<em>no hablar\u00e1 por su cuenta, sino que hablar\u00e1 lo que oiga<\/em>&#8230; El me dar\u00e1 gloria, porque recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 13)14). Cristo, glorificado por el Esp\u00edritu de la verdad, es, ante todo, el mismo Cristo crucificado, despojado de todo y casi \u201caniquilado\u201d en su humanidad para la redenci\u00f3n del mundo. Precisamente por obra del Esp\u00edritu Santo la \u201cpalabra de la cruz\u201d ten\u00eda que ser aceptada por los disc\u00edpulos, a los cuales el mismo Maestro hab\u00eda dicho: \u201cAhora (todav\u00eda) no pod\u00e9is con ello\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 12). Se presentaba, ante aquellos pobres hombres, la imagen de la cruz. Era necesaria un acci\u00f3n profunda para hacer que sus mentes y sus corazones fuesen capaces de descubrir la \u201c<em>gloria de la redenci\u00f3n<\/em>\u201d, que se hab\u00eda realizado precisamente en la cruz. Era necesario una intervenci\u00f3n divina para convencer y transformar interiormente a cada uno de ellos, como preparaci\u00f3n, sobre todo, para el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, y, posteriormente. la misi\u00f3n apost\u00f3lica en el mundo. Y Jes\u00fas les advierte que el Esp\u00edritu Santo \u201cme dar\u00e1 gloria, <em>porque recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros<\/em>\u201d. S\u00f3lo el Esp\u00edritu que, seg\u00fan San Pablo (1 <em>Co<\/em> 2, 10) \u201csondea las profundidades de Dios\u201d, conoce el misterio del Hijo-Verbo en su relaci\u00f3n filial con el Padre y en su relaci\u00f3n redentora con los hombres de todos los tiempos. <em>S\u00f3lo \u00c9l, el Esp\u00edritu de la verdad, puede abrir las mentes y los corazones humanos <\/em>haci\u00e9ndolos capaces <em>de aceptar el inescrutable misterio de Dios <\/em>y de su Hijo encarnado, crucificado y resucitado, Jesucristo el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>7. Jes\u00fas a\u00f1ade: \u201cEl Esp\u00edritu de la verdad&#8230; <em>os anunciar\u00e1 lo que ha de venir<\/em>\u201d (<em>Jn<\/em> 16, 13). \u201c\u00bfQu\u00e9 significa esta proyecci\u00f3n prof\u00e9tica y escatol\u00f3gica con la que Jes\u00fas coloca bajo el radio de acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo todo el futuro de la Iglesia, todo el camino hist\u00f3rico que ella est\u00e1 llamada a realizar a lo largo de los siglos? Significa ir al encuentro de Cristo glorioso, hacia el que tiende en virtud de la invocaci\u00f3n suscitada por el Esp\u00edritu Santo: \u201c\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u201d (<em>Ap <\/em>22, 17. 20). El Esp\u00edritu Santo conduce a la Iglesia hacia un constante progreso en la comprensi\u00f3n de la verdad revelada. Vela por la ense\u00f1anza de dicha verdad, por su conservaci\u00f3n, por su aplicaci\u00f3n a las cambiantes situaciones hist\u00f3ricas. Suscita y conduce el desarrollo de todo lo que contribuye al conocimiento y a la difusi\u00f3n de esta verdad: en particular, la ex\u00e9gesis de la Sagrada Escritura y la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica, que nunca se pueden separar de la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu de la verdad ni del Magisterio de la Iglesia, en el que el Esp\u00edritu siempre est\u00e1 actuando.<\/p>\n<p>Todo acontece en la fe y por la fe, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, como he dicho en la Enc\u00edclica <em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__P3.HTM\">Dominum et vivificantem<\/a><\/em>: \u201cEl <em>misterio de Cristo<\/em> en su globalidad exige la fe, ya que \u00e9sta introduce oportunamente al hombre en la realidad del misterio revelado. El \u2018guiar hasta la verdad completa\u2019 se realiza, pues, en la fe y mediante la fe, lo cual es obra del Esp\u00edritu de verdad y fruto de su acci\u00f3n en el hombre. El Esp\u00edritu debe ser en esto la gu\u00eda suprema del hombre y <em>la luz del esp\u00edritu humano<\/em>. Esto sirve para los Ap\u00f3stoles, testigos oculares, que deben llevar ya a todos los hombres el anuncio de lo que Cristo \u2018hizo y ense\u00f1\u00f3\u2019 y, especialmente, el anuncio de su cruz y de su resurrecci\u00f3n. En una perspectiva m\u00e1s amplia esto sirve tambi\u00e9n para todas las generaciones de disc\u00edpulos y confesores del Maestro, ya que deber\u00e1n <em>aceptar<\/em> con fe y <em>confesar<\/em> con lealtad el misterio de Dios operante en la historia del hombre, el misterio revelado que explica el sentido definitivo de esa misma historia\u201d (n. 6).<\/p>\n<p>8. De este modo, el \u201cEsp\u00edritu de la verdad\u201d continuamente anuncia los acontecimientos futuros; continuamente <em>muestra a la humanidad este futuro de Dios<\/em>, que est\u00e1 por encima y fuera de todo futuro \u201ctemporal\u201d; y as\u00ed llena de valor eterno el futuro del mundo. As\u00ed el Esp\u00edritu convence al hombre, haci\u00e9ndole entender que, con todo lo que es, y tiene, y hace, est\u00e1 <em>llamado por Dios en Cristo<\/em> a la salvaci\u00f3n. As\u00ed el \u201cPar\u00e1clito\u201d, el Esp\u00edritu de la verdad, es el verdadero \u201cConsolador\u201d del hombre. As\u00ed es el verdadero Defensor y Abogado. As\u00ed es el verdadero Garante del Evangelio en la historia: bajo su acci\u00f3n <em>la Buena Nueva es siempre \u201cla misma\u201d<\/em> y es siempre \u201cnueva\u201d; y de modo siempre nuevo ilumina el camino del hombre en la perspectiva del cielo con \u201cpalabras de vida eterna\u201d (<em>Jn<\/em> 6, 68).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_12-12-1990\">Catequesis: Audiencia General (12-12-1990)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Mi\u00e9rcoles 12 de diciembre de 1990<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">El Esp\u00edritu Santo, fuente de la santidad de la Iglesia<\/p>\n<p>5. San Pablo insiste en recordar que el Esp\u00edritu Santo obra la santificaci\u00f3n humana y forma la comuni\u00f3n eclesial de los creyentes, part\u00edcipes de su misma santidad. En efecto, los hombres \u00ablavados, santificados y justificados en el nombre del Se\u00f1or Jesucristo\u00bb se convierten en santos \u00aben el Esp\u00edritu de nuestro Dios\u00bb (<em>1 Co<\/em> 6, 11). \u00abEl que se une al Se\u00f1or, se hace un solo esp\u00edritu con \u00e9l\u00bb (<em>1 Co<\/em> 6, 17). <em>Y esta santidad se transforma en el verdadero culto del Dios vivo<\/em>: el \u00abculto en el Esp\u00edritu de Dios\u00bb (<em>Flp<\/em> 3, 3).<\/p>\n<p>Esta doctrina de Pablo se debe poner en relaci\u00f3n con las palabras de Cristo que aparecen en el evangelio de Juan acerca de los \u00abverdaderos adoradores\u00bb que \u00abadoran al Padre en esp\u00edritu y en verdad, porque as\u00ed quiere el Padre que sean los que le adoren\u00bb (Jn 4, 23-24). Este <em>culto en esp\u00edritu y en verdad<\/em> tiene en Cristo la ra\u00edz de donde se desarrolla toda la planta, vivificada por \u00e9l mediante el Esp\u00edritu, como dir\u00e1 Jes\u00fas mismo en el Cen\u00e1culo: \u00ab\u00c9l me dar\u00e1 gloria, porque recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros\u00bb (<em>Jn<\/em> 16, 14). Toda la \u00abopus laudis\u00bb en el Esp\u00edritu Santo es el \u00abverdadero culto\u00bb ofrecido al Padre por el Hijo-Verbo encarnado, y participado en los creyentes por el Esp\u00edritu Santo. As\u00ed, pues, se trata tambi\u00e9n <em>de la glorificaci\u00f3n del Hijo mismo en el Padre.<\/em><\/p>\n<p>6. La participaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo a los creyentes y a la Iglesia se da tambi\u00e9n bajo todos los dem\u00e1s aspectos de la santificaci\u00f3n: la purificaci\u00f3n del pecado (cf<em>. 1 P<\/em> 4, 8), la iluminaci\u00f3n del intelecto (cf. <em>Jn <\/em> 14, 26; <em>1 Jn<\/em> 2, 27), la observancia de los mandamientos (cf. <em>Jn<\/em> 14, 23), la perseverancia en el camino hacia la vida eterna (cf. <em>Ef <\/em>1, 13-14; <em>Rm<\/em> 8, 14-16), y la escucha de lo que el Esp\u00edritu mismo \u00abdice a las Iglesias\u00bb (cf. <em>Ap<\/em> 2, 7). En la consideraci\u00f3n de esta obra de santificaci\u00f3n, santo Tom\u00e1s de Aquino, en la catequesis sobre el S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles, encuentra f\u00e1cil el paso del art\u00edculo sobre el Esp\u00edritu Santo al art\u00edculo sobre la \u00absanta Iglesia cat\u00f3lica\u00bb. En efecto, escribe: \u00abAs\u00ed como vemos que en un hombre existe un alma y un cuerpo, y a pesar de ello hay diversos miembros, as\u00ed la Iglesia cat\u00f3lica es un solo cuerpo con diversos miembros. El alma que vivifica este cuerpo es el Esp\u00edritu <em>Santo<\/em>. Por tanto, despu\u00e9s de la fe en el Esp\u00edritu Santo, se nos manda creer en la <em>santa<\/em> Iglesia cat\u00f3lica, como decimos en el S\u00edmbolo. Ahora bien, Iglesia significa congregaci\u00f3n: por consiguiente, la Iglesia es la congregaci\u00f3n de los fieles, y todo cristiano es como un miembro de la Iglesia, que es <em>santa<\/em> (&#8230;) por el lavado en la Sangre de Cristo, por la unci\u00f3n con la gracia del Esp\u00edritu <em> Santo<\/em>, por la inhabitaci\u00f3n de la Trinidad, por la invocaci\u00f3n del Nombre de Dios en el templo del alma, que ya no se debe violar (cf<em>. 1 Co<\/em> 3, 17)\u00bb (<em>In Symb. Apost<\/em>., a. 9). Y tras haber ilustrado las notas de la Iglesia, el Aquinate pasa al art\u00edculo sobre la comuni\u00f3n de los santos: \u00abAs\u00ed como en el cuerpo natural la operaci\u00f3n de cada miembro confluye en el bien de todo el cuerpo, de la misma manera sucede en el cuerpo espiritual, es decir, en la Iglesia. Puesto que todos los fieles son un solo cuerpo, el bien de cada uno es participado con el otro (cf. <em>Rm<\/em> 12, 5): seg\u00fan la fe de los Ap\u00f3stoles existe, pues, en la Iglesia la comuni\u00f3n de los bienes, en Cristo que, como Cabeza, comunica su bien a todos los cristianos, como a miembros de su Cuerpo\u00bb (<em>In Symb Apost<\/em>., a. 10).<\/p>\n<p>7. La l\u00f3gica de este raciocinio est\u00e1 fundada en el hecho de que la santidad, de la que es fuente el Esp\u00edritu Santo, debe acompa\u00f1ar a la Iglesia y a sus miembros durante toda la peregrinaci\u00f3n hasta las moradas eternas. Por esto, en el S\u00edmbolo est\u00e1n vinculados entre s\u00ed los art\u00edculos sobre el Esp\u00edritu Santo, la Iglesia y la comuni\u00f3n de los santos: \u00ab<em>Creo en el Esp\u00edritu Santo, la santa Iglesia cat\u00f3lica, la comuni\u00f3n de los santos<\/em>\u00bb. El perfeccionamiento de esta uni\u00f3n \u2015comuni\u00f3n de los santos\u2015 ser\u00e1 el fruto escatol\u00f3gico de la santidad que es concedida en la tierra por el Esp\u00edritu Santo a la Iglesia en sus hijos, en toda persona, en toda generaci\u00f3n, a lo largo de la historia. Y aunque en esta peregrinaci\u00f3n terrena los hijos de la Iglesia con frecuencia \u00abentristecen al Esp\u00edritu Santo\u00bb (<em>Ef<\/em> 4, 30), la fe nos dice que ellos, \u00absellados\u00bb con este Esp\u00edritu \u00abpara el d\u00eda de la redenci\u00f3n\u00bb (<em>Ef<\/em> 4, 30), pueden \u2015a pesar de sus debilidades y sus pecados\u2015 avanzar por las sendas de la santidad, hasta la conclusi\u00f3n del camino. Las sendas son muchas, y es grande tambi\u00e9n la variedad de los santos en la Iglesia. \u00abUna estrella difiere de otra en resplandor\u00bb (<em>1 Co<\/em> 15, 41). Pero \u00abhay un solo Esp\u00edritu\u00bb, que con su propio modo y estilo divino realiza en cada uno la santidad. Por eso, podemos acoger con fe y esperanza la exhortaci\u00f3n del ap\u00f3stol Pablo: \u00abHermanos m\u00edos amados, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Se\u00f1or, conscientes de que vuestro trabajo no es vano en el Se\u00f1or\u00bb (<em>1 Co<\/em> 15, 58).<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_17-04-1991\">Catequesis: Audiencia General (17-04-1991)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Mi\u00e9rcoles 17 de abril de 1991<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">El Esp\u00edritu Santo, autor de nuestra oraci\u00f3n<\/p>\n<p>4. En realidad, sobre todo en la ense\u00f1anza de san Pablo, <em>el Esp\u00edritu Santo <\/em>se presenta como el autor de la oraci\u00f3n cristiana. En primer lugar, porque <em>estimula a la oraci\u00f3n<\/em>. Es \u00e9l quien engendra la necesidad y el deseo de obedecer el consejo de Cristo, especialmente para la hora de la tentaci\u00f3n: \u00abVelad y orad&#8230;; que el esp\u00edritu est\u00e1 pronto, pero la carne es d\u00e9bil\u00bb (<em>Mt<\/em> 26, 41). Un eco de esa exhortaci\u00f3n resuena en aquella recomendaci\u00f3n de la carta a los Efesios que dice: \u00aborad en toda ocasi\u00f3n en el Esp\u00edritu, <em>velando juntos con perseverancia <\/em>(&#8230;) para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valent\u00eda el misterio del Evangelio\u00bb (<em>Ef <\/em>6, 18-19). Pablo se reconoce en la condici\u00f3n de los hombres que tienen necesidad de orar <em>para resistir a la tentaci\u00f3n <\/em>y no caer v\u00edctimas de su debilidad humana, <em>y para llevar a cabo la misi\u00f3n a la que son llamados<\/em>. En efecto, siempre tiene presente, y a veces siente de modo casi dram\u00e1tico, la consigna que recibi\u00f3 de ser en el mundo, especialmente en medio de los paganos, el testigo de Cristo y del Evangelio. Pablo sabe que lo que est\u00e1 llamado a hacer y a decir es tambi\u00e9n, y sobre todo, obra del Esp\u00edritu de verdad, del que Jes\u00fas dijo: \u00abRecibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros\u00bb (<em>Jn<\/em> 16, 14).<\/p>\n<p>Dado que se trata de una \u00abcosa de Cristo\u00bb, que el Esp\u00edritu toma para \u00abglorificarlo\u00bb mediante el anuncio misionero, s\u00f3lo entrando en el circuito de esa relaci\u00f3n entre Cristo y su Esp\u00edritu, en el misterio de la unidad con el Padre, el hombre puede llevar a cabo esa misi\u00f3n: el camino de ingreso en dicha comuni\u00f3n es la oraci\u00f3n, inspirada en nosotros por el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>5. En la carta a los Romanos el Ap\u00f3stol muestra, con palabras sumamente penetrantes, que \u00abel Esp\u00edritu <em>viene en ayuda de nuestra flaqueza<\/em>. Pues nosotros no sabemos c\u00f3mo pedir para orar como conviene; mas el Esp\u00edritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables\u00bb (<em>Rm<\/em> 8, 26). Pablo nota que, de alg\u00fan modo, unos gemidos semejantes brotan tambi\u00e9n de lo m\u00e1s \u00edntimo de la creaci\u00f3n, que \u00abdeseando vivamente la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios (&#8230;) gime hasta el presente y sufre dolores de parto con la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n\u00bb (<em>Rm<\/em> 8, 19, 21-22). En este escenario, hist\u00f3rico y espiritual, act\u00faa el Esp\u00edritu Santo: \u00abEl que escruta los corazones conoce cu\u00e1l es la aspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu, y que <em>su intercesi\u00f3n a favor de los santos es seg\u00fan Dios<\/em>\u00bb (<em>Rm<\/em> 8, 27).<\/p>\n<p>Nos encontramos en la ra\u00edz m\u00e1s \u00edntima y profunda de la oraci\u00f3n. Pablo nos lo asegura y, por tanto, nos ayuda a entender que <em>adem\u00e1s de impulsarnos el Esp\u00edritu Santo a la oraci\u00f3n, \u00e9l mismo ora en nosotros<\/em>.<\/p>\n<p>6. El Esp\u00edritu Santo est\u00e1 en el origen de la oraci\u00f3n que refleja del modo m\u00e1s perfecto la relaci\u00f3n existente entre las Personas divinas de la Trinidad: la oraci\u00f3n de <em>glorificaci\u00f3n <\/em>y de <em>acci\u00f3n de gracias<\/em>, con que se honra al Padre y, con \u00e9l, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo. Esta oraci\u00f3n estaba en boca de los Ap\u00f3stoles el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, cuando anunciaban \u00ablas maravillas de Dios\u00bb (<em>Hch<\/em> 2, 11). Lo mismo acaeci\u00f3 en la casa del centuri\u00f3n Cornelio cuando, durante el discurso de Pedro, los presentes recibieron \u00abel don del Esp\u00edritu Santo\u00bb y \u00abglorificaban a Dios\u00bb (cf. <em>Hch<\/em> 10, 45-47).<\/p>\n<p>San Pablo interpreta esta primera experiencia cristiana, que se convirti\u00f3 en patrimonio com\u00fan de la Iglesia de los or\u00edgenes, cuando en la carta a los Colosenses, tras haberles deseado: \u00ab<em>La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza\u00bb <\/em>(<em>Col <\/em>3, 16), exhorta a los cristianos a permanecer en la oraci\u00f3n, cantando a Dios de coraz\u00f3n y con gratitud himnos y c\u00e1nticos inspirados, instruy\u00e9ndose y amonest\u00e1ndose con toda sabidur\u00eda, y les pide que este estilo de vida de oraci\u00f3n sea aplicado a todo lo que hagan: \u00ab<em>Todo cuanto hag\u00e1is, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas, dando gracias por su medio a Dios Padre\u00bb <\/em>(<em>Col <\/em>3, 17). La misma recomendaci\u00f3n aparece en la carta a los Efesios: \u00abLlenaos m\u00e1s bien del Esp\u00edritu. Recitad entre vosotros salmos, himnos y c\u00e1nticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro coraz\u00f3n al Se\u00f1or, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (<em>Ef <\/em>5, 18-20)<\/p>\n<p>Aqu\u00ed resalta la <em>dimensi\u00f3n trinitaria<\/em> de la oraci\u00f3n cristiana, seg\u00fan la ense\u00f1anza y la exhortaci\u00f3n del Ap\u00f3stol. Se ve asimismo que, seg\u00fan el Ap\u00f3stol, es el Esp\u00edritu Santo quien impulsa a esa oraci\u00f3n y la forma en el coraz\u00f3n del hombre. La \u00abvida de oraci\u00f3n\u00bb de los santos, de los m\u00edsticos, de las escuelas y corrientes de espiritualidad, que se desarroll\u00f3 en el cristianismo durante los siglos siguientes, sigue la l\u00ednea de la experiencia de las comunidades primitivas. Y en esa misma l\u00ednea se mantiene la liturgia de la Iglesia, como se manifiesta, por ejemplo, en el <em>Gloria in excelsis Deo<\/em>, cuando decimos; \u00ab<em>Por tu inmensa gloria&#8230;, te damos gracias\u00bb<\/em>; de igual forma, en el <em>Te Deum, alabamos <\/em>a Dios y lo <em>proclamamos Se\u00f1or<\/em>. En los Prefacios tambi\u00e9n vuelve la invitaci\u00f3n invariable: \u00ab<em>Demos gracias al Se\u00f1or, nuestro Dios\u00bb<\/em>, y a los fieles se les invita a dar su respuesta de asentimiento y participaci\u00f3n: \u00ab<em>Es justo y necesario\u00bb<\/em>. Es hermoso repetir con la Iglesia orante, al final de cada salmo y en muchas otras ocasiones, la breve, densa y espl\u00e9ndida doxolog\u00eda del <em>Gloria Patri: \u00ab<\/em>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Esp\u00edritu Santo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>7. La glorificaci\u00f3n de Dios, Uno y Trino, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo que ora en nosotros y por nosotros, tiene lugar principalmente en el coraz\u00f3n, pero se traduce tambi\u00e9n en las <em>alabanzas orales <\/em>por una necesidad de expresi\u00f3n personal y de asociaci\u00f3n comunitaria en la celebraci\u00f3n de las maravillas de Dios. El alma que ama a Dios se expresa a s\u00ed misma en las palabras y, f\u00e1cilmente, tambi\u00e9n en el canto, como ha sucedido siempre en la Iglesia, desde las primeras comunidades cristianas. San Agust\u00edn nos informa de que \u00absan Ambrosio introdujo el canto en la Iglesia de Mil\u00e1n\u00bb (cf. <em>Confesiones<\/em>, 9, c. 7: <em>PL <\/em>32, 770) y recuerda que llor\u00f3 escuchando \u00ablos himnos y c\u00e1nticos que se elevaban en tu Iglesia, lleno de una profunda emoci\u00f3n\u00bb (cf. <em> Confesiones<\/em>, 9, c. 6: <em>PL<\/em> 32, 769). Tambi\u00e9n <em>el sonido <\/em>puede ayudar en la alabanza a Dios, cuando los instrumentos sirven para \u00abtransportar a las alturas (<em>rapere in celsitudinem<\/em>) los afectos humanos\u00bb (Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>Expositio in psalmos<\/em>, 32, 2). As\u00ed se explica el valor de los cantos y de los sonidos en la liturgia de la Iglesia, pues \u00absirven para excitar el afecto con relaci\u00f3n a Dios&#8230; (tambi\u00e9n) con las diversas modulaciones de los sonidos\u00bb (Santo Tom\u00e1s, <em>Summa Theologica<\/em>, II-II, q. 92, a. 2; cf. San Agust\u00edn, <em>Confesiones<\/em>, 10, c. 22: <em>PL <\/em>32, 800). Si se observan las normas lit\u00fargicas, se puede experimentar tambi\u00e9n hoy lo que san Agust\u00edn recordaba en aquel otro pasaje de sus <em>Confesiones <\/em>(9, c. 4, n. 8): \u00ab\u00a1Qu\u00e9 voces elev\u00e9, Dios m\u00edo, hasta ti al leer los salmos de David, c\u00e1nticos de fe, m\u00fasica de piedad! (&#8230;) \u00a1Qu\u00e9 voces elevaba hasta ti al leer aquellos salmos! \u00a1C\u00f3mo me inflamaba de amor a ti y de deseo de recitarlos, si hubiera podido, delante de toda la tierra&#8230;!\u00bb. Eso acontece cuando, tanto los individuos como las comunidades, secundan la acci\u00f3n \u00edntima del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_24-04-1991\">Catequesis: Audiencia General (24-04-1991)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Mi\u00e9rcoles 24 de abril de 1991<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">El Esp\u00edritu Santo, luz del alma<\/p>\n<p>1. La vida espiritual tiene necesidad de iluminaci\u00f3n y de gu\u00eda. Por eso Jes\u00fas, al fundar la Iglesia y al mandar a los Ap\u00f3stoles al mundo, les confi\u00f3 la tarea de hacer disc\u00edpulos a todas las gentes, como leemos en el evangelio seg\u00fan san Mateo (28, 19-20), pero tambi\u00e9n la de \u00abproclamar la Buena Nueva a toda la creaci\u00f3n\u00bb, como dice el texto can\u00f3nico del evangelio de san Marcos (16, 15). Tambi\u00e9n san Pablo habla del apostolado como de una iluminaci\u00f3n para todos (cf. <em>Ef<\/em> 3, 9).<\/p>\n<p>Pero esta obra de la Iglesia evangelizadora y maestra pertenece al ministerio de los Ap\u00f3stoles y de sus sucesores y, de manera diversa, a todos los miembros de la Iglesia, para continuar para siempre la obra de Cristo, el \u00ab\u00fanico Maestro\u00bb (<em>Mt<\/em> 23, 8), que ha tra\u00eddo a la humanidad la plenitud de la revelaci\u00f3n de Dios. Permanece la necesidad de un Maestro interior que haga penetrar en el esp\u00edritu y en el coraz\u00f3n de los hombres la ense\u00f1anza de Jes\u00fas. Es el Esp\u00edritu Santo a quien Jes\u00fas mismo llama \u00abEsp\u00edritu de verdad\u00bb y que, seg\u00fan nos promete, guiar\u00e1 hacia toda la verdad (cf. <em>Jn<\/em> 14, 17; 16, 13). Si Jes\u00fas ha dicho de s\u00ed mismo: \u00abYo soy la verdad\u00bb (<em>Jn<\/em> 14, 6), es esta verdad de Cristo la que el Esp\u00edritu Santo hace conocer y difunde: \u00abNo hablar\u00e1 por su cuenta, sino que hablar\u00e1 de lo que oiga&#8230;, recibir\u00e1 de lo m\u00edo y os lo anunciar\u00e1 a vosotros\u00bb (<em>Jn<\/em> 16, 13-14). El Esp\u00edritu es Luz del alma: <em>Lumen cordium<\/em>, como lo invocamos en la secuencia de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>2. El Esp\u00edritu Santo fue Luz y Maestro interior <em>para los Ap\u00f3stoles <\/em> que deb\u00edan conocer a Cristo en profundidad, a fin de poder llevar a cabo la tarea de ser sus evangelizadores. Lo ha sido y lo es <em>para la Iglesia<\/em> y, en la Iglesia, <em>para los creyentes <\/em>de todas las generaciones; de modo particular, para los te\u00f3logos y los maestros del esp\u00edritu, para los catequistas y los responsables de comunidades cristianas. Lo ha sido y lo es tambi\u00e9n para todos aquellos que, dentro y fuera de los l\u00edmites visibles de la Iglesia, quieren seguir los caminos de Dios con coraz\u00f3n sincero y, sin culpa, no encuentran qui\u00e9n los ayude a descifrar los enigmas del alma y a descubrir la verdad revelada. Ojal\u00e1 que el Se\u00f1or conceda a todos nuestros hermanos \u2015millones, es m\u00e1s, millares de millones\u2015 la gracia del recogimiento y de la docilidad al Esp\u00edritu Santo en los momentos que pueden ser decisivos en su vida.<\/p>\n<p>Para nosotros, los cristianos, el magisterio \u00edntimo del Esp\u00edritu Santo es una certeza gozosa, fundada en la palabra de Cristo sobre la venida del \u00abotro Par\u00e1clito\u00bb que, seg\u00fan dec\u00eda, \u00abel Padre enviar\u00e1 en mi nombre, os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo y os recordar\u00e1 todo lo que yo os he dicho\u00bb (<em>Jn<\/em> 14, 26). \u00abOs guiar\u00e1 hasta la verdad completa\u00bb (<em>Jn<\/em> 16, 13).<\/p>\n<p>3. Como resulta de este texto, Jes\u00fas no conf\u00eda su palabra s\u00f3lo a la memoria de sus oyentes: esta memoria ser\u00e1 auxiliada por el Esp\u00edritu Santo, que reavivar\u00e1 continuamente en los Ap\u00f3stoles el recuerdo de los acontecimientos y el sentido de los misterios evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>De hecho, el Esp\u00edritu Santo gui\u00f3 a los Ap\u00f3stoles en la transmisi\u00f3n de la palabra y de la vida de Jes\u00fas, inspirando ya sea su predicaci\u00f3n oral y sus escritos, ya la redacci\u00f3n de los evangelios, como hemos visto en su momento en la catequesis sobre el Esp\u00edritu Santo y la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero sigue siendo \u00e9l mismo el que ayuda a los lectores de la Escritura para que comprendan el significado divino que encierra el texto, del que es inspirador y autor principal: s\u00f3lo \u00e9l puede hacer conocer \u00ablas profundidades de Dios\u00bb (<em>1 Co<\/em> 2, 10), tal como est\u00e1n contenidas en el texto sagrado; \u00e9l es quien ha sido enviado para instruir a los disc\u00edpulos sobre las ense\u00f1anzas del Maestro (cf. <em>Jn<\/em> 16, 13).<\/p>\n<p>4. De este magisterio \u00edntimo del Esp\u00edritu Santo nos hablan los mismos Ap\u00f3stoles, los primeros transmisores de la palabra de Cristo. Escribe san Juan: \u00abEn cuanto a vosotros, est\u00e1is ungidos por el Santo [Cristo] y todos vosotros <em> lo sab\u00e9is<\/em>. Os he escrito, no porque desconozc\u00e1is la verdad, sino porque la conoc\u00e9is y porque ninguna mentira viene de la verdad\u00bb (<em>1 Jn<\/em> 2, 20-21). Seg\u00fan los Padres de la Iglesia y la mayor\u00eda de los exegetas modernos, esta \u00abunci\u00f3n\u00bb (<em>chrisma<\/em>) designa al Esp\u00edritu Santo. M\u00e1s a\u00fan, san Juan afirma que aquellos que viven seg\u00fan el Esp\u00edritu no tienen necesidad de otros maestros: \u00abEn cuanto a vosotros \u2015escribe\u2015, la unci\u00f3n que de \u00e9l hab\u00e9is recibido permanece en vosotros y no necesit\u00e1is que nadie os ense\u00f1e. Pero como su unci\u00f3n os ense\u00f1a acerca de todas las cosas \u2015y es verdadera y no mentirosa\u2015 seg\u00fan os ense\u00f1\u00f3, permaneced en \u00e9l\u00bb (<em>1<\/em> <em>Jn<\/em> 2, 27).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el ap\u00f3stol Pablo habla de una comprensi\u00f3n seg\u00fan el Esp\u00edritu, que no es fruto de sabidur\u00eda humana, sino de iluminaci\u00f3n divina: \u00abEl hombre naturalmente (<em>psichic\u00f2s<\/em>) no capta las cosas del Esp\u00edritu de Dios; son necedad para \u00e9l. Y no las puede conocer pues s\u00f3lo espiritualmente (<em>pneumatic\u00f2s<\/em>) pueden ser juzgadas. En cambio, el hombre de esp\u00edritu lo juzga todo; y a \u00e9l nadie puede juzgarlo\u00bb (<em>1 Co<\/em> 2, 14-15).<\/p>\n<p>Por tanto, los cristianos, habiendo recibido el Esp\u00edritu Santo, unci\u00f3n de Cristo, poseen en s\u00ed mismos una fuente de conocimiento de la verdad, y el Esp\u00edritu Santo es el Maestro soberano que los ilumina y gu\u00eda.<\/p>\n<p>5. Si son d\u00f3ciles y fieles a su magisterio divino, el Esp\u00edritu Santo los preserva del error, y los hace vencedores en el conflicto continuo entre el \u00abesp\u00edritu de la verdad\u00bb y el \u00abesp\u00edritu del error\u00bb (cf. <em>1 Jn<\/em> 4, 6). El esp\u00edritu del error, que no reconoce a Cristo (cf. <em>1<\/em> <em>Jn<\/em> 4, 3), es esparcido por los \u00abfalsos profetas\u00bb, siempre presentes en el mundo, tambi\u00e9n en medio del pueblo cristiano, con una acci\u00f3n a voces descubierta e incluso clamorosa, y a veces enga\u00f1osa y servil. Como Satan\u00e1s, tambi\u00e9n ellos se visten a menudo como \u00ab\u00e1ngeles de luz\u00bb (cf. <em>2 Co<\/em> 11, 14) y se presentan con carismas de aparente inspiraci\u00f3n prof\u00e9tica y apocal\u00edptica. Esto ya suced\u00eda en los tiempos apost\u00f3licos. Por eso san Juan advierte: \u00abQueridos, no os fi\u00e9is de cualquier esp\u00edritu, sino examinad si los esp\u00edritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo\u00bb (<em>1<\/em> <em>Jn<\/em> 4, 1). El Esp\u00edritu Santo, como ha recordado el Concilio Vaticano II (cf. <em> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, 12), protege al cristiano del error, haci\u00e9ndole discernir lo que es genuino de lo que es falso. El cristiano, por su parte, siempre necesita buenos criterios de discernimiento acerca de las cosas que escucha o lee en materia de religi\u00f3n, de Sagrada Escritura, de manifestaciones de lo sobrenatural, etc. Tales criterios son: la conformidad con el Evangelio, pues el Esp\u00edritu Santo no puede menos de \u00abrecibir de Cristo\u00bb; la sinton\u00eda con la ense\u00f1anza de la Iglesia, fundada y mandada por Cristo a predicar su verdad; la rectitud de la vida de quien habla o escribe; y los frutos de santidad que derivan de lo que se presenta o se propone.<\/p>\n<p>6. El Esp\u00edritu Santo ense\u00f1a al cristiano <em>la verdad como principio de vida <\/em>y le muestra la aplicaci\u00f3n concreta de las palabras de Jes\u00fas en su vida. Adem\u00e1s, hace descubrir la actualidad del Evangelio y su valor para todas las situaciones humanas, adapta la inteligencia de la verdad a todas las circunstancias, a fin de que esta verdad no permanezca s\u00f3lo como abstracta y especulativa, y libera al cristiano de los peligros de la doblez y de la hipocres\u00eda.<\/p>\n<p>Por eso, el Esp\u00edritu Santo ilumina a cada uno personalmente, para guiarlo en su comportamiento, indic\u00e1ndole el camino que tiene que seguir y abri\u00e9ndole por lo menos alguna perspectiva en relaci\u00f3n con el proyecto del Padre acerca de su vida. Es la gran gracia de luz que san Pablo ped\u00eda para los Colosenses: \u00ab<em>La inteligencia espiritual\u00bb<\/em>, capaz de hacer que ellos comprendan la voluntad divina. En efecto, los tranquilizaba: \u00abPor eso, tampoco nosotros dejamos de rogar por vosotros desde el d\u00eda que lo o\u00edmos, y de pedir que llegu\u00e9is al pleno conocimiento de su voluntad [de Dios] con toda sabidur\u00eda e <em>inteligencia espiritual<\/em>, para que viv\u00e1is de una manera digna del Se\u00f1or, agrad\u00e1ndole en todo, fructificando en toda obra buena&#8230;\u00bb (<em>Col<\/em> 1, 9-10). Para todos nosotros es necesaria esta gracia de luz, a fin de que conozcamos bien la voluntad de Dios sobre nosotros y podamos vivir plenamente nuestra vocaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>No faltan nunca problemas que a veces parecen insolubles. Pero el Esp\u00edritu Santo socorre en las dificultades e ilumina. Puede revelar la soluci\u00f3n divina, como en el momento de la Anunciaci\u00f3n para el problema de la conciliaci\u00f3n de la maternidad con el deseo de conservar la virginidad. Aunque no se trate de un misterio \u00fanico, como el de la intervenci\u00f3n de Mar\u00eda en la encarnaci\u00f3n del Verbo, puede decirse que el Esp\u00edritu Santo posee una inventiva infinita, propia de la mente divina, que provee a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los m\u00e1s complejos e impenetrables.<\/p>\n<p>7. El Esp\u00edritu Santo concede y obra todo esto en el alma <em>mediante sus dones<\/em>, gracias a los cuales es posible practicar un buen discernimiento, no seg\u00fan los criterios de la sabidur\u00eda humana, que es necedad ante Dios, sino de la divina, que puede parecer necedad a los ojos de los hombres (cf. <em>1 Co<\/em> 1, 18-25). En realidad, s\u00f3lo el Esp\u00edritu \u00abtodo lo sondea, hasta las profundidades de Dios\u00bb (<em>1 Co<\/em> 2, 10-11). Y si hay oposici\u00f3n entre el esp\u00edritu del mundo y el Esp\u00edritu de Dios, Pablo recuerda a los cristianos: \u00abNosotros no hemos recibido el esp\u00edritu del mundo, sino el Esp\u00edritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado\u00bb (<em>1 Co<\/em> 2, 12). A diferencia del \u00abhombre natural\u00bb, el \u00abhombre espiritual\u00bb (<em>pneumatic\u00f2s<\/em>), est\u00e1 abierto sinceramente al Esp\u00edritu Santo y es d\u00f3cil y fiel a sus inspiraciones (cf. <em>1 Co<\/em> 2, 14-16). Por eso tiene habitualmente la capacidad de un juicio recto, bajo la gu\u00eda de la sabidur\u00eda divina.<\/p>\n<p>8. Un signo del contacto real con el Esp\u00edritu Santo en el discernimiento es y ser\u00e1 siempre la adhesi\u00f3n a la verdad revelada <em>como la propone el Magisterio de la Iglesia<\/em>. El Maestro interior no inspira el disentimiento, la desobediencia y ni siquiera la resistencia injustificada frente a los pastores y maestros establecidos por \u00e9l mismo en la Iglesia (cf. <em>Hch<\/em> 20, 29). A la autoridad de la Iglesia, como dice el Concilio en la constituci\u00f3n <em> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a> <\/em>(n. 12), compete \u00abante todo no sofocar el Esp\u00edritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (cf. <em>1 Ts <\/em>5, 12 y 19-21)\u00bb. Esta l\u00ednea de sabidur\u00eda eclesial y pastoral viene tambi\u00e9n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<h2><span id=\"Francisco_papa\">Francisco, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_15-05-2013\">Catequesis: Audiencia General (15-05-2013)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Mi\u00e9rcoles 15 de mayo de 2013. Plaza de San Pedro.<\/p>\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buenos d\u00edas!:<\/em><\/p>\n<p>Hoy quisiera reflexionar sobre la acci\u00f3n que realiza el Esp\u00edritu Santo al guiar a la Iglesia y a cada uno de nosotros a la Verdad. Jes\u00fas mismo dice a los disc\u00edpulos: el Esp\u00edritu Santo \u00abos guiar\u00e1 hasta la verdad\u00bb (<em>Jn<\/em> 16, 13), siendo \u00c9l mismo \u00abel Esp\u00edritu de la Verdad\u00bb (cf. <em>Jn<\/em> 14, 17; 15, 26; 16, 13).<\/p>\n<p>Vivimos en una \u00e9poca en la que se es m\u00e1s bien esc\u00e9ptico respecto a la verdad. Benedicto XVI habl\u00f3 muchas veces de relativismo, es decir, de la tendencia a considerar que no existe nada definitivo y a pensar que la verdad deriva del consenso o de lo que nosotros queremos. Surge la pregunta: \u00bfexiste realmente \u00abla\u00bb verdad? \u00bfQu\u00e9 es \u00abla\u00bb verdad? \u00bfPodemos conocerla? \u00bfPodemos encontrarla? Aqu\u00ed me viene a la mente la pregunta del Procurador romano Poncio Pilato cuando Jes\u00fas le revela el sentido profundo de su misi\u00f3n: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es la verdad?\u00bb (<em>Jn<\/em> 18, 38). Pilato no logra entender que \u00abla\u00bb Verdad est\u00e1 ante \u00e9l, no logra ver en Jes\u00fas el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Sin embargo, Jes\u00fas es precisamente esto: la Verdad, que, en la plenitud de los tiempos, \u00abse hizo carne\u00bb (<em>Jn<\/em> 1, 1.14), vino en medio de nosotros para que la conoci\u00e9ramos. La verdad no se aferra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesi\u00f3n, es un encuentro con una Persona.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqui\u00e9n nos hace reconocer que Jes\u00fas es \u00abla\u00bb Palabra de verdad, el Hijo unig\u00e9nito de Dios Padre? San Pablo ense\u00f1a que \u00abnadie puede decir: \u201c\u00a1Jes\u00fas es Se\u00f1or!\u201d, sino por el Esp\u00edritu Santo\u00bb (<em>1 Co<\/em> 12, 3). Es precisamente el Esp\u00edritu Santo, el don de Cristo Resucitado, quien nos hace reconocer la Verdad. Jes\u00fas lo define el \u00abPar\u00e1clito\u00bb, es decir, \u00abaquel que viene a ayudar\u00bb, que est\u00e1 a nuestro lado para sostenernos en este camino de conocimiento; y, durante la \u00faltima Cena, Jes\u00fas asegura a los disc\u00edpulos que el Esp\u00edritu Santo ense\u00f1ar\u00e1 todo, record\u00e1ndoles sus palabras (cf. <em>Jn<\/em> 14, 26).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es, entonces, la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en nuestra vida y en la vida de la Iglesia para guiarnos a la verdad? Ante todo, recuerda e imprime en el coraz\u00f3n de los creyentes las palabras que dijo Jes\u00fas, y, precisamente a trav\u00e9s de tales palabras, la ley de Dios \u2014como hab\u00edan anunciado los profetas del Antiguo Testamento\u2014 se inscribe en nuestro coraz\u00f3n y se convierte en nosotros en principio de valoraci\u00f3n en las opciones y de gu\u00eda en las acciones cotidianas; se convierte en principio de vida. Se realiza as\u00ed la gran profec\u00eda de Ezequiel: \u00abos purificar\u00e9 de todas vuestras inmundicias e idolatr\u00edas, y os dar\u00e9 un coraz\u00f3n nuevo, y os infundir\u00e9 un esp\u00edritu nuevo&#8230; Os infundir\u00e9 mi esp\u00edritu, y har\u00e9 que camin\u00e9is seg\u00fan mis preceptos, y que guard\u00e9is y cumpl\u00e1is mis mandatos\u00bb (36, 25-27). En efecto, es del interior de nosotros mismos de donde nacen nuestras acciones: es precisamente el coraz\u00f3n lo que debe convertirse a Dios, y el Esp\u00edritu Santo lo transforma si nosotros nos abrimos a \u00c9l.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo, luego, como promete Jes\u00fas, nos gu\u00eda \u00abhasta la verdad plena\u00bb (<em>Jn<\/em> 16, 13); nos gu\u00eda no s\u00f3lo al encuentro con Jes\u00fas, plenitud de la Verdad, sino que nos gu\u00eda incluso \u00abdentro\u00bb de la Verdad, es decir, nos hace entrar en una comuni\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda con Jes\u00fas, don\u00e1ndonos la inteligencia de las cosas de Dios. Y esto no lo podemos alcanzar con nuestras fuerzas. Si Dios no nos ilumina interiormente, nuestro ser cristianos ser\u00e1 superficial. La Tradici\u00f3n de la Iglesia afirma que el Esp\u00edritu de la Verdad act\u00faa en nuestro coraz\u00f3n suscitando el \u00absentido de la fe\u00bb (<em>sensus fidei<\/em>) a trav\u00e9s del cual, como afirma el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, bajo la gu\u00eda del Magisterio, se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida, la profundiza con recto juicio y la aplica m\u00e1s plenamente en la vida (cf. Const. dogm. <em> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/em>, 12). Pregunt\u00e9monos: \u00bfestoy abierto a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, le pido que me d\u00e9 luz, me haga m\u00e1s sensible a las cosas de Dios? Esta es una oraci\u00f3n que debemos hacer todos los d\u00edas: \u00abEsp\u00edritu Santo haz que mi coraz\u00f3n se abra a la Palabra de Dios, que mi coraz\u00f3n se abra al bien, que mi coraz\u00f3n se abra a la belleza de Dios todos los d\u00edas\u00bb. Quisiera hacer una pregunta a todos: \u00bfcu\u00e1ntos de vosotros rezan todos los d\u00edas al Esp\u00edritu Santo? Ser\u00e1n pocos, pero nosotros debemos satisfacer este deseo de Jes\u00fas y rezar todos los d\u00edas al Esp\u00edritu Santo, para que nos abra el coraz\u00f3n hacia Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Pensemos en Mar\u00eda, que \u00abconservaba todas estas cosas medit\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n\u00bb (<em>Lc<\/em> 2, 19.51). La acogida de las palabras y de las verdades de la fe, para que se conviertan en vida, se realiza y crece bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. En este sentido es necesario aprender de Mar\u00eda, revivir su \u00abs\u00ed\u00bb, su disponibilidad total a recibir al Hijo de Dios en su vida, que qued\u00f3 transformada desde ese momento. A trav\u00e9s del Esp\u00edritu Santo, el Padre y el Hijo habitan junto a nosotros: nosotros vivimos en Dios y de Dios. Pero, nuestra vida \u00bfest\u00e1 verdaderamente animada por Dios? \u00bfCu\u00e1ntas cosas antepongo a Dios?<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, necesitamos dejarnos inundar por la luz del Esp\u00edritu Santo, para que \u00c9l nos introduzca en la Verdad de Dios, que es el \u00fanico Se\u00f1or de nuestra vida. En este <em> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/annus_fidei\/index_sp.htm\"> A\u00f1o de la fe<\/a><\/em> pregunt\u00e9monos si hemos dado concretamente alg\u00fan paso para conocer m\u00e1s a Cristo y las verdades de la fe, leyendo y meditando la Sagrada Escritura, estudiando el Catecismo, acerc\u00e1ndonos con constancia a los Sacramentos. Pregunt\u00e9monos al mismo tiempo qu\u00e9 pasos estamos dando para que la fe oriente toda nuestra existencia. No se es cristiano a \u00abtiempo parcial\u00bb, s\u00f3lo en algunos momentos, en algunas circunstancias, en algunas opciones. No se puede ser cristianos de este modo, se es cristiano en todo momento. \u00a1Totalmente! La verdad de Cristo, que el Esp\u00edritu Santo nos ense\u00f1a y nos dona, ata\u00f1e para siempre y totalmente nuestra vida cotidiana. Invoqu\u00e9mosle con m\u00e1s frecuencia para que nos gu\u00ede por el camino de los disc\u00edpulos de Cristo. Invoqu\u00e9mosle todos los d\u00edas. Os hago esta propuesta: invoquemos todos los d\u00edas al Esp\u00edritu Santo, as\u00ed el Esp\u00edritu Santo nos acercar\u00e1 a Jesucristo.<\/p>\n<h2><span id=\"Benedicto_XVI_papa\">Benedicto XVI, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_07-05-2005\">Homil\u00eda (07-05-2005)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">En la Misa de Toma de Posesi\u00f3n de su C\u00e1tedra. Bas\u00edlica de San Juan de Letr\u00e1n<br \/>S\u00e1bado 7 de mayo de 2005<\/p>\n<p>[&#8230;] De las lecturas de la liturgia de hoy aprendemos tambi\u00e9n algo m\u00e1s sobre c\u00f3mo el Se\u00f1or realiza de forma concreta este estar cerca de nosotros. El Se\u00f1or promete a los disc\u00edpulos su Esp\u00edritu Santo&#8230;El Esp\u00edritu Santo ser\u00e1 &#8220;fuerza&#8221; para los disc\u00edpulos; el evangelio a\u00f1ade que nos guiar\u00e1 hasta la Verdad completa. Jes\u00fas dijo todo a sus disc\u00edpulos, siendo \u00e9l mismo la Palabra viva de Dios, y Dios no puede dar m\u00e1s de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>En Jes\u00fas, Dios se nos ha dado totalmente a s\u00ed mismo, es decir, nos lo ha dado todo. Adem\u00e1s de esto, o junto a esto, no puede haber ninguna otra revelaci\u00f3n capaz de comunicar m\u00e1s o de completar, de alg\u00fan modo, la revelaci\u00f3n de Cristo. En \u00e9l, en el Hijo, se nos ha dicho todo, se nos ha dado todo. Pero nuestra capacidad de comprender es limitada; por eso, la misi\u00f3n del Esp\u00edritu consiste en introducir a la Iglesia de modo siempre nuevo, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, en la grandeza del misterio de Cristo.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu no a\u00f1ade nada diverso o nada nuevo a Cristo; no existe -como dicen algunos- ninguna revelaci\u00f3n pneum\u00e1tica junto a la de Cristo, ning\u00fan segundo nivel de Revelaci\u00f3n. No:  &#8220;recibir\u00e1 de lo m\u00edo&#8221;, dice Cristo en el evangelio (<em>Jn<\/em> 16, 14). Y del mismo modo que Cristo dice s\u00f3lo lo que oye y recibe del Padre, as\u00ed el Esp\u00edritu Santo es int\u00e9rprete de Cristo. &#8220;Recibir\u00e1 de lo m\u00edo&#8221;. No nos conduce a otros lugares, lejanos de Cristo, sino que nos conduce cada vez m\u00e1s dentro de la luz de Cristo.<\/p>\n<p>Por eso, la Revelaci\u00f3n cristiana es, al mismo tiempo, siempre antigua y siempre nueva. Por eso, todo nos es dado siempre y ya. Al mismo tiempo, cada generaci\u00f3n, en el inagotable encuentro con el Se\u00f1or, encuentro mediado por el Esp\u00edritu Santo, capta siempre algo nuevo.<\/p>\n<p>As\u00ed, el Esp\u00edritu Santo es la fuerza a trav\u00e9s de la cual Cristo nos hace experimentar su cercan\u00eda. Pero la primera lectura hace tambi\u00e9n una segunda afirmaci\u00f3n:  ser\u00e9is mis testigos. Cristo resucitado necesita testigos que se hayan encontrado con \u00e9l, hombres que lo hayan conocido \u00edntimamente a trav\u00e9s de la fuerza del Esp\u00edritu Santo. Hombres que, habiendo estado con \u00e9l, puedan dar testimonio de \u00e9l. As\u00ed la Iglesia, la familia de Cristo, ha crecido desde &#8220;Jerusal\u00e9n&#8230; hasta los confines de la tierra&#8221;, como dice la lectura. A trav\u00e9s de los testigos se ha construido la Iglesia, comenzando por Pedro y Pablo, y por los Doce, hasta todos los hombres y mujeres que, llenos de Cristo, a lo largo de los siglos han encendido y encender\u00e1n de modo siempre nuevo la llama de la fe. Todo cristiano, a su modo, puede y debe ser testigo del Se\u00f1or resucitado. Al repasar los nombres de los santos podemos constatar que han sido, y siguen siendo, ante todo hombres sencillos, hombres de los que emanaba, y emana, una luz resplandeciente capaz de llevar a Cristo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>12 Muchas cosas me quedan por deciros, pero no pod\u00e9is cargar con ellas por ahora; 13 cuando venga \u00e9l, el Esp\u00edritu de la verdad, os guiar\u00e1 hasta la verdad plena. Pues no hablar\u00e1 por cuenta propia, sino que hablar\u00e1 de lo que oye y os comunicar\u00e1 lo que est\u00e1 por venir. 14 \u00c9l me glorificar\u00e1, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-16-12-15-espiritu-de-la-verdad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJn 16, 12-15: Esp\u00edritu de la Verdad\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41628","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41628","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41628"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41628\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41628"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41628"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41628"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}