{"id":41632,"date":"2016-10-07T23:39:46","date_gmt":"2016-10-08T04:39:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-16-29-33-despedida-yo-he-vencido-al-mundo\/"},"modified":"2016-10-07T23:39:46","modified_gmt":"2016-10-08T04:39:46","slug":"jn-16-29-33-despedida-yo-he-vencido-al-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-16-29-33-despedida-yo-he-vencido-al-mundo\/","title":{"rendered":"Jn 16, 29-33 \u2013 Despedida: Yo he vencido al mundo"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">29<\/span> Le dicen sus disc\u00edpulos: \u00abAhora s\u00ed que hablas claro y no usas comparaciones. <span class=\"versiculo\">30<\/span> Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios\u00bb. <span class=\"versiculo\">31<\/span> Les contest\u00f3 Jes\u00fas: \u00ab\u00bfAhora cre\u00e9is? <span class=\"versiculo\">32<\/span> Pues mirad: est\u00e1 para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os dispers\u00e9is cada cual por su lado y a m\u00ed me dej\u00e9is solo. Pero no estoy solo, porque est\u00e1 conmigo el Padre. <span class=\"versiculo\">33<\/span> Os he hablado de esto, para que encontr\u00e9is la paz en m\u00ed. En el mundo tendr\u00e9is luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo\u00bb. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_y_meditaciones_desde_la_tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios y meditaciones desde la tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Columbano\"> Columbano<\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Obra_La_paz_que_nos_da_necesita_ser_cuidada\"> Obra: La paz que nos da necesita ser cuidada<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abOs he hablado de esto, para que encontr\u00e9is la paz en mi\u00bb (Jn 16,33)<br \/>[Falta referencia]<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>\u00abMi paz os dejo, mi paz os doy\u00bb (Jn 14,27). Pero \u00bfde qu\u00e9 nos sirve saber que esta paz es buena, si nosotros no velamos por ella? aquello que es muy bueno suele ser muy fr\u00e1gil; y los bienes preciosos reclaman mayor atenci\u00f3n y vigilancia. Muy fr\u00e1gil es la paz que se puede perder por una palabra ligera o una ofensa m\u00ednima hecha a un hermano. <\/p>\n<p>Sin embargo, nada complace m\u00e1s a los hombres que hablar fuera de contexto y ocuparse de lo que no les compete, de proferir discursos est\u00e9riles y de criticar los ausentes. Por consiguiente, que aquellos que no pueden decir: \u00abDios mi Se\u00f1or me dio el lenguaje de un hombre que se deja instruir, para que yo sepa a mi vez consolar a aquel que no puede m\u00e1s\u00bb (Is 50,4), que as\u00ed se manifiesten o, si dicen una palabra, que sea una palabra de paz&#8230; \u00ab El cumplimiento perfecto de la Ley, es el amor\u00bb (Rm 13,10): que se digne inspir\u00e1rnoslo el buen Se\u00f1or y Salvador Jesucristo, el autor de la paz y el Dios del amor.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Pablo_VI\"> Pablo VI<\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Gaudete_in_Domino_Alegria_del_amor\"> Gaudete in Domino: Alegr\u00eda del amor<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abNo estoy solo, porque est\u00e1 conmigo el Padre\u00bb (Jn 16,32)<br \/>nn. 24-29<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>Aqu\u00ed nos interesa destacar el secreto de la insondable alegr\u00eda que Jes\u00fas lleva dentro de s\u00ed y que le es propia. Es sobre todo el evangelio de san Juan el que nos descorre el velo, descubri\u00e9ndonos las palabras \u00edntimas del Hijo de Dios hecho hombre. Si Jes\u00fas irradia esa paz, esa seguridad, esa alegr\u00eda, esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su Padre. Despu\u00e9s de su bautismo a orillas del Jord\u00e1n, este amor, presente desde el primer instante de su Encarnaci\u00f3n, se hace manifiesto: \u00abTu eres mi hijo amado, mi predilecto\u00bb (<em>Lc<\/em> 3,22). Esta certeza es inseparable de la conciencia de Jes\u00fas. Es una presencia que nunca lo abandona (cf. <em>Jn<\/em> 16,32). Es un conocimiento \u00edntimo el que lo colma: \u00abEl Padre me conoce y yo conozco al Padre\u00bb (<em>Jn<\/em> 10,15). Es un intercambio incesante y total: \u00abTodo lo que es m\u00edo es tuyo, y todo lo que es tuyo es m\u00edo\u00bb (<em>Jn<\/em> 17,19). El Padre ha dado al Hijo el poder de juzgar y de disponer de la vida. Entre ellos se da una inhabitaci\u00f3n rec\u00edproca: \u00abYo estoy en el Padre y el Padre est\u00e1 en m\u00ed\u00bb (<em>Jn<\/em> 14,10). En correspondencia, el Hijo tiene para con el Padre un amor sin medida: \u00abYo amo al Padre y procedo conforme al mandato del Padre\u00bb (<em>Jn<\/em> 14,31). Hace siempre lo que place al Padre, es \u00e9sta su \u00abcomida\u00bb (cf. <em>Jn<\/em> 8,29; 4,34). Su disponibilidad llega hasta la donaci\u00f3n de su vida humana, su confianza hasta la certeza de recobrarla: \u00abPor esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida, para recobrarla de nuevo\u00bb (<em>Jn<\/em> 10,17). En este sentido, \u00e9l se alegra de ir al padre. No se trata, para Jes\u00fas, de una toma de conciencia ef\u00edmera: es la resonancia, en su conciencia de hombre, del amor que \u00e9l conoce desde siempre, en cuanto Dios, en el seno de Padre: \u00abT\u00fa me has amado antes de la creaci\u00f3n del mundo\u00bb (<em>Jn<\/em> 17,24). Existe una relaci\u00f3n incomunicable de amor, que se confunde con su existencia de Hijo y que constituye el secreto de la vida trinitaria: el Padre aparece en ella como el que se da al Hijo, sin reservas y sin intermitencias, en un palpitar de generosidad gozosa, y el Hijo, como el que se da de la misma manera al Padre con un impulso de gozosa gratitud, en el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que los disc\u00edpulos y todos cuantos creen en Cristo, est\u00e9n llamados a participar de esta alegr\u00eda. Jes\u00fas quiere que sientan dentro de s\u00ed su misma alegr\u00eda en plenitud: \u00abYo les he revelado tu nombre, para que el amor con que t\u00fa me has amado est\u00e9 en ellos y tambi\u00e9n yo est\u00e9 en ellos\u00bb (<em>Jn<\/em> 17,26).<\/p>\n<p>Esta alegr\u00eda de estar dentro del amor de Dios comienza ya aqu\u00ed abajo. Es la alegr\u00eda del Reino de Dios. Pero es una alegr\u00eda concedida a lo largo de un camino escarpado, que requiere una confianza total en el Padre y en el Hijo, y dar una preferencia a las cosas del Reino. El mensaje de Jes\u00fas promete ante todo la alegr\u00eda, esa alegr\u00eda exigente; \u00bfno se abre con las bienaventuranzas? \u00abDichosos vosotros los pobres, porque el Reino de los cielos es vuestro. Dichosos vosotros lo que ahora pas\u00e1is hambre, porque quedar\u00e9is saciados. Dichosos vosotros, los que ahora llor\u00e1is, porque reir\u00e9is\u00bb (<em>Lc<\/em> 6,20-21).<\/p>\n<p>Misteriosamente, Cristo mismo, para desarraigar del coraz\u00f3n del hombre el pecado de suficiencia y manifestar al Padre una obediencia filial y completa, acepta morir a manos de los imp\u00edos (cf. <em>Hech<\/em> 2,23), morir sobre una cruz. Pero el Padre no permiti\u00f3 que la muerte lo retuviese en su poder. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el sello puesto por el Padre sobre el valor del sacrificio de su Hijo; es la prueba de la fidelidad del Padre, seg\u00fan el deseo formulado por Jes\u00fas antes de entrar en su pasi\u00f3n: \u00abPadre, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique\u00bb (<em>Jn<\/em> 17,1). Desde entonces Jes\u00fas vive para siempre en la Gloria del Padre, y por esto mismo los disc\u00edpulos se sintieron arrebatados por una alegr\u00eda imperecedera al ver al Se\u00f1or, el d\u00eda de Pascua.<\/p>\n<p>Sucede que, aqu\u00ed abajo, la alegr\u00eda del Reino hecha realidad, no puede brotar m\u00e1s que de la celebraci\u00f3n conjunta de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. Es la paradoja de la condici\u00f3n cristiana que esclarece singularmente la de la condici\u00f3n humana: ni las pruebas, ni los sufrimientos quedan eliminados de este mundo, sino que adquieren un nuevo sentido, ante la certeza de compartir la redenci\u00f3n llevada a cabo por el Se\u00f1or y de participar en su gloria. Por eso el cristiano, sometido a las dificultades de la existencia com\u00fan, no queda sin embargo reducido a buscar su camino a tientas, ni a ver la muerte el fin de sus esperanzas. En efecto, como yo lo anunciaba el profeta: \u00abEl pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras y una luz les brill\u00f3. Acreciste la alegr\u00eda, aumentaste el gozo\u00bb (<em>Is<\/em> 9,1-2). El <em>Exsultet<\/em> del preg\u00f3n pascual canta un misterio realizado por encima de las esperanzas prof\u00e9ticas: en el anuncio gozoso de la resurrecci\u00f3n, la pena misma del hombre se halla transfigurada, mientras que la plenitud de la alegr\u00eda surge de la victoria del Crucificado, de su Coraz\u00f3n traspasado, de su Cuerpo glorificado, y esclarece las tinieblas de las almas\u00bb: \u00abEt nox illuminatio mea in deliciis meis\u00bb (Preg\u00f3n Pascual).<\/p>\n<p>La alegr\u00eda pascual no es solamente la de una transfiguraci\u00f3n posible: es la de una nueva presencia de Cristo resucitado, dispensando a los suyos el Esp\u00edritu, para que habite en ellos. As\u00ed el Esp\u00edritu Par\u00e1clito es dado a la Iglesia como principio inagotable de su alegr\u00eda de esposa de Cristo glorificado. El lo env\u00eda de nuevo para recordar, mediante el ministerio de gracia y de verdad ejercido por los sucesores de los Ap\u00f3stoles, la ense\u00f1anza misma del Se\u00f1or. El suscit\u00f3 en la Iglesia la vida divina y el apostolado. Y el cristiano sabe que este Esp\u00edritu no se extinguir\u00e1 jam\u00e1s en el curso de la historia. La fuente de esperanza manifestada en Pentecost\u00e9s no se agotar\u00e1.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Tito_Brandsma\"> Tito Brandsma<a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/padres.php?id=55\" title=\"Ver biograf\u00eda y todos los comentarios de  Tito Brandsma\" alt=\"Vida Padres de la Iglesia\"><br \/>\n <i class=\"fa fa-user-plus fa-lg\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/a><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Escritos_11-11-1931_Querria_hacer_escuchar_a_todo_el_mundo_esta_palabra_Paz\"> Escritos (11-11-1931): Querr\u00eda hacer escuchar a todo el mundo esta palabra: Paz<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abEn el mundo, tendr\u00e9is luchas, pero tened confianza: yo he vencido al mundo\u00bb (Jn 16,33)<br \/>Conferencia \u00abPaz y amor por la paz\u00bb<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p>Aunque amemos la paz y tengamos esperanza en el fondo del coraz\u00f3n de que nuestra acci\u00f3n en favor de la paz no ser\u00e1 in\u00fatil, ni vosotros ni yo podremos eludir las presiones de este tiempo. <\/p>\n<p>Esto significa que no podemos liberarnos de la duda de que, seg\u00fan las leyes de la historia, algo pueda cambiar: una guerra sucede a otra guerra, y cada vez, esto es un golpe mortal para la causa de la paz. Vivimos todav\u00eda demasiado bajo la influencia de los que afirman que los que quieren la paz deben armarse para vencer la guerra&#8230; <\/p>\n<p>Es notable de comprobar que en el curso de los siglos, brotan constantemente h\u00e9roes de paz, predicadores del mensaje de paz&#8230; Encontramos a estos mensajeros, estos ap\u00f3stoles de la paz en todo tiempo y en todo lugar. Y en nuestros d\u00edas, por suerte, no carecemos de eso. Pero ning\u00fan mensajero de la paz, ha encontrado un eco m\u00e1s vasto que aquel al que llamamos el Rey de la paz (Is 9,5). Permitidme recordaros qui\u00e9n es este mensajero. El d\u00eda de Pascua, parec\u00eda que los ap\u00f3stoles hab\u00edan perdido toda esperanza desde la muerte de Cristo en la cruz. Mientras que a los ojos del mundo la misi\u00f3n de Cristo hab\u00eda terminado, hab\u00eda fracasado, era incomprendida, \u00e9l apareci\u00f3 en medio de sus ap\u00f3stoles reunidos en el Cen\u00e1culo por temor a los enemigos, y, en lugar de declaraciones belicosas contra sus adversarios, ellos escuchan decir: \u00abOs dejo mi paz, os doy mi paz. No os la doy como la da el mundo\u00bb (Jn 14,27)&#8230; <\/p>\n<p>Querr\u00eda repetir esta palabra, hacerla resonar en el mundo entero, sin preocuparme de qui\u00e9n la escuchar\u00e1. Querr\u00eda repetirla tan a menudo que, aunque la neguemos, logr\u00e1ramos escucharla hasta que todos nosotros la hayamos o\u00eddo y comprendido.<\/p>\n<div class=\"ir-arriba\">\n<h2><span id=\"Catecismo_de_la_Iglesia_Catolica\"> Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/span><\/h2>\n<\/div>\n<h3><span id=\"Catecismo_de_la_Iglesia_Catolica_Virtud_de_la_Fortaleza\"> Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: Virtud de la Fortaleza<\/span><\/h3>\n<p><span class=\"rh\"><span class=\"rh\">\u00abEn el mundo tendr\u00e9is luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo\u00bb (Jn 16,33)<br \/>nn. 1803-1805.1808.1810-1811<\/span><br \/><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/colecciones.php?id=\"><\/a><\/span><\/p>\n<p><strong>LAS VIRTUDES<\/strong> <\/p>\n<p>\u00abTodo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta\u00bb (<em>Flp<\/em> 4, 8).<\/p>\n<p>La virtud es una disposici\u00f3n habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no s\u00f3lo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de s\u00ed misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige a trav\u00e9s de acciones concretas.<\/p>\n<p>\u00abEl objetivo de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios\u00bb (San Gregorio de Nisa, <em>De beatitudinibus<\/em>, oratio\u00a0 1).<\/p>\n<p><strong>I. Las virtudes humanas<\/strong> <\/p>\n<p>Las <em>virtudes humanas<\/em> son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y gu\u00edan nuestra conducta seg\u00fan la raz\u00f3n y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien.<\/p>\n<p>Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los g\u00e9rmenes de los actos moralmente buenos. Disponen todas las potencias del ser humano para armonizarse con el amor divino.<\/p>\n<p><strong>Distinci\u00f3n de las virtudes cardinales<\/strong> <\/p>\n<p>Cuatro virtudes desempe\u00f1an un papel fundamental. Por eso se las llama \u00abcardinales\u00bb; todas las dem\u00e1s se agrupan en torno a ellas. Estas son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. \u00ab\u00bfAmas la justicia? Las virtudes son el fruto de sus esfuerzos, pues ella ense\u00f1a la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza\u00bb (<em>Sb<\/em> 8, 7). Bajo otros nombres, estas virtudes son alabadas en numerosos pasajes de la Escritura.<\/p>\n<p>La <em>fortaleza<\/em> es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la b\u00fasqueda del bien. Reafirma la resoluci\u00f3n de resistir a las tentaciones y de superar los obst\u00e1culos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. \u00abMi fuerza y mi c\u00e1ntico es el Se\u00f1or\u00bb (<em>Sal<\/em> 118, 14). \u00abEn el mundo tendr\u00e9is tribulaci\u00f3n. Pero \u00a1\u00e1nimo!: Yo he vencido al mundo\u00bb (<em>Jn<\/em> 16, 33).<\/p>\n<p><strong>Las virtudes y la gracia<\/strong> <\/p>\n<p>Las virtudes humanas adquiridas mediante la educaci\u00f3n, mediante actos deliberados, y una perseverancia, mantenida siempre en el esfuerzo, son purificadas y elevadas por la gracia divina. Con la ayuda de Dios forjan el car\u00e1cter y dan soltura en la pr\u00e1ctica del bien. El hombre virtuoso es feliz al practicarlas.<\/p>\n<p>Para el hombre herido por el pecado no es f\u00e1cil guardar el equilibrio moral. El don de la salvaci\u00f3n por Cristo nos otorga la gracia necesaria para perseverar en la b\u00fasqueda de las virtudes. Cada cual debe pedir siempre esta gracia de luz y de fortaleza, recurrir a los sacramentos, cooperar con el Esp\u00edritu Santo, seguir sus invitaciones a amar el bien y guardarse del mal.<\/p>\n<p><\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n<h1><span id=\"Uso_Liturgico_de_este_texto_Homilias\">Uso Lit\u00fargico de este texto (Homil\u00edas)<\/span><\/h1>\n<p><span class=\"uso-liturgico\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh3.googleusercontent.com\/-w-1FqQOVfHg\/VroITLSbR2I\/AAAAAAAAFlQ\/66p8JnqUNaUnYjkzQg0RN661xxWCmQc5wCCo\/s800-Ic42\/right-arrow-pascua_12x12.jpg\"><a href=\"http:\/\/deiverbum.org\/homilias_semana-07_tiempo-pascua_dia-02-lunes\">Tiempo de Pascua: Lunes VII <\/a><br \/><\/span><\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>29 Le dicen sus disc\u00edpulos: \u00abAhora s\u00ed que hablas claro y no usas comparaciones. 30 Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios\u00bb. 31 Les contest\u00f3 Jes\u00fas: \u00ab\u00bfAhora cre\u00e9is? 32 Pues mirad: est\u00e1 para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jn-16-29-33-despedida-yo-he-vencido-al-mundo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJn 16, 29-33 \u2013 Despedida: Yo he vencido al mundo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41632","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41632","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41632"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41632\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41632"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41632"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41632"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}