{"id":4429,"date":"2015-12-01T14:20:28","date_gmt":"2015-12-01T19:20:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-lucha-por-la-santidad\/"},"modified":"2015-12-01T14:20:28","modified_gmt":"2015-12-01T19:20:28","slug":"la-lucha-por-la-santidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-lucha-por-la-santidad\/","title":{"rendered":"La Lucha por la Santidad"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\"><em>Jerry Bridges<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Mediante la uni\u00f3n con Cristo en su muerte somos liberados del poder del pecado. Pero seguimos comprobando que el pecado  lucha por volver a dominarnos, como lo pint\u00f3 v\u00edvidamente el ap\u00f3stol Pablo<\/p>\n<p>Mediante la uni\u00f3n con Cristo en su muerte somos liberados del poder del pecado. Pero seguimos comprobando que el pecado  lucha por volver a dominarnos, como lo pint\u00f3 v\u00edvidamente el ap\u00f3stol Pablo: \u201cQueriendo yo hacer el bien, hallo\u2026que el mal est\u00e1 en m\u00ed\u201d (Romanos 7.21). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nA lo mejor no nos guste el hecho de que tengamos esta lucha incesante durante toda la vida, pero cuanto m\u00e1s nos demos cuenta de este hecho y lo aceptemos, tanto mejor preparados estaremos para hacerle frente. Mientras m\u00e1s detalles descubrimos acerca del poder del pecado que mora en nosotros, tanto menos sentiremos sus efectos. En la medida en que descubrimos esta ley del pecado dentro de nosotros, podremos aborrecerla y luchar contra ella. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nPero aun cuando el creyente sigue teniendo esa inclinaci\u00f3n a pecar como una fuerza interior, el <\/p>\n<p align=\"justify\">\nEsp\u00edritu Santo se ocupa de mantener en nosotros un anhelo predominante de santidad (1 Juan 3.9). El creyente lucha con el pecado que Dios le permite descubrir en su vida. Este es el cuadro que vemos en Romanos 7.21, y sirve para distinguir a los creyentes de los incr\u00e9dulos, que viven serenamente satisfechos en medio de la oscuridad. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nLas interpretaciones de Romanos 7.14-25 se pueden encuadrar en tres grupos b\u00e1sicos. No es el prop\u00f3sito de este libro analizar dichas interpretaciones ni decidir a favor de alguna de ellas. Cualquiera que sea la interpretaci\u00f3n de Romanos 7, todos los creyentes admiten la aplicaci\u00f3n universal de la afirmaci\u00f3n paulina de que \u201cqueriendo yo hacer el bien, hallo\u2026que el mal est\u00e1 en m\u00ed\u201d. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nComo fue indicado en el cap\u00edtulo anterior, el pecado que mora en nosotros sigue all\u00ed aun cuando haya sido destronado. Y aun cuando ha sido derrocado y debilitado, su naturaleza no ha cambiado. El pecado sigue siendo hostil a Dios y no puede someterse a su ley (Romanos 8.7). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nDe manera que tenemos un enemigo implacable de la justicia en nuestro propio coraz\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 diligencia y qu\u00e9 actitud de vigilancia nos son necesarias cuando el enemigo que tenemos en el alma est\u00e1 dispuesto a oponerse a todo esfuerzo de nuestra parte por hacer el bien!<\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nSi hemos de batallar exitosamente contra este enemigo interior, es importante que tengamos alg\u00fan conocimiento de su naturaleza y de sus t\u00e1cticas. En primer lugar, la Escritura indica que el \u201casiento del pecado que mora en nosotros es el coraz\u00f3n\u201d. \u201cPorque de dentro, del coraz\u00f3n de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el enga\u00f1o, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre\u201d (Marcos 7.21-23; v\u00e9ase tambi\u00e9n G\u00e9nesis 6.5 y Lucas 6.45). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nLa palabra \u201ccoraz\u00f3n\u201d se usa en las Escrituras de diversos modos. A veces significa la raz\u00f3n o el entendimiento, otras los afectos y las emociones, y tambi\u00e9n v\u00e9ase la voluntad. Generalmente denota el alma toda del hombre junto con todas sus facultades, no individualmente, sino en su manifestaci\u00f3n conjunta al hacer el bien o el mal. La mente al razonar, discernir, y juzgar; las emociones cuando manifiestan agrado o desagrado; la conciencia al resolver y alertar; y la voluntad al elegir o rechazar \u2013 se denominan en conjunto coraz\u00f3n. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nLa Biblia nos aclara que el coraz\u00f3n es enga\u00f1oso e inescrutable para todos, menos para Dios (Jerem\u00edas 17.9-10). Ni siquiera como creyentes somos capaces de conocer nuestro propio coraz\u00f3n (1 Corintios 4.3-5). Nadie puede discernir plenamente los motivos ocultos, las intrigas secretas, las tortuosidades de su coraz\u00f3n. Y en ese coraz\u00f3n inescrutable mora la ley del pecado. Buena parte de la fortaleza del pecado radica en esto: que luchamos con un enemigo que no podemos ubicar con precisi\u00f3n. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nEl coraz\u00f3n es enga\u00f1oso tambi\u00e9n. Tiende a explicar, a excusar, a justificar las acciones. Nos enceguece con respecto a aspectos diversos del pecado existente en nuestra vida. Nos hace adoptar medidas que resuelven simplemente a medias el pecado en nuestra vida, o nos hace creer que el asentimiento mental a la Palabra de Dios es igual que obedecer (Santiago 1.22). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nEl saber que el pecado mora en nuestro coraz\u00f3n, y que \u00e9ste es enga\u00f1oso e inescrutable, tendr\u00eda que servir para hacernos sumamente cautelosos. Tenemos que pedirle diariamente a Dios que examine nuestro coraz\u00f3n en busca de pecados que nosotros mismos no queremos o no podemos ver. He aqu\u00ed el coraz\u00f3n de David: \u201cExam\u00edname, oh Dios, y conoce mi coraz\u00f3n; pru\u00e9bame y conoce mis pensamiento; y ve si hay en m\u00ed camino de perversidad, y gu\u00edame en el camino eterno\u201d (Salmo 139.23-24). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nEl medio principal de que se vale Dios para examinar nuestro coraz\u00f3n es su Palabra, cuando la leemos someti\u00e9ndonos al poder del Esp\u00edritu Santo. \u201cLa palabra de Dios es viva y eficaz, y m\u00e1s cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el esp\u00edritu, las coyunturas y los tu\u00e9tanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del coraz\u00f3n\u201d (Hebreos 4.12). Al orar a Dios pidi\u00e9ndole que examine nuestro coraz\u00f3n, tenemos que exponernos constantemente al examen de su Palabra. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nDebemos tener cuidado de permitir que el Esp\u00edritu Santo pueda realizar la tarea de examinarnos. Si nosotros mismos tratamos de hacerlo, corremos el peligro de caer en una u otra de dos posibles trampas. La primera es la trampa de la introspecci\u00f3n morbosa. La introspecci\u00f3n puede f\u00e1cilmente transformarse en herramienta de Satan\u00e1s, aquel a quien se le llama \u201cacusador\u201d (Apocalipsis 12.10). Una de sus armas principales es el desaliento. Satan\u00e1s sabe que si puede lograr que nos desalentemos y nos descorazonemos, no hemos de luchar en procura de la santidad. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nLa segunda trampa es la de hacernos perder de vista las cuestiones realmente importantes de nuestra vida. El car\u00e1cter enga\u00f1oso de Satan\u00e1s y de nuestro propio coraz\u00f3n nos llevar\u00e1 a concentrar la atenci\u00f3n en cuestiones secundarias. Tengo presente a un joven que me vino a hablar sobre un problema con relaci\u00f3n al pecado en su vida, algo que no pod\u00eda dominar. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nM\u00e1s si bien el problema ocupaba un lugar preponderante en su mente, hab\u00eda otros aspectos de su vida de los que tambi\u00e9n deb\u00eda ocuparse, pero con relaci\u00f3n a los cuales \u00e9l andaba ciego. El pecado del que s\u00ed ten\u00eda conciencia, s\u00f3lo lo afectaba a \u00e9l personalmente, pero los problemas que no ve\u00eda, afectaban a otros diariamente. S\u00f3lo es Esp\u00edritu Santo puede hacernos ver los aspectos a los cuales estamos ciegos. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nEl asiento del pecado que mora en nosotros es, pues, nuestro propio coraz\u00f3n enga\u00f1oso e inescrutable. Lo segundo que tenemos que comprender es que el pecado que mora en nosotros opera principalmente a trav\u00e9s de los deseos. Desde que el hombre cay\u00f3 en el jard\u00edn del Ed\u00e9n, ha sido su costumbre escuchar la voz del deseo m\u00e1s que de la raz\u00f3n. El deseo se ha convertido con el andar del tiempo en la facultad m\u00e1s fuerte del coraz\u00f3n del hombre. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nLa pr\u00f3xima vez que el lector tenga que enfrentar alguna de sus tentaciones caracter\u00edsticas, observe c\u00f3mo se desarrolla la lucha entre los deseos y la raz\u00f3n. Si cedemos a la tentaci\u00f3n, es porque el deseo ha vencido a la raz\u00f3n en la lucha por influir nuestra voluntad. El mundo reconoce este hecho y por lo tanto apela a los deseos, mediante lo que el escritor de la carta a los Hebreos denomina \u201clos deleites\u2026del pecado\u201d (Hebreos 11.25). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nNo todos los deseos son malos, desde luego. Pablo nos habla de su deseo de conocer a Cristo (Filipenses 3.10), de su deseo de que los jud\u00edos, sus connacionales, sean salvos (Romanos 10.1), y del deseo de que sus hijos espirituales lleguen a la madurez (G\u00e1latas 4.19). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nAqu\u00ed, sin embargo, estamos hablando de los deseos malos que nos llevan a pecar. Santiago dice que somos tentados cuando somos arrastrados o atra\u00eddos y seducidos por nuestros propios deseos pecaminosos (Santiago 1.14). Si hemos de ganar la batalla de la santidad, tenemos que reconocer el hecho de que el problema b\u00e1sico lo tenemos dentro de nosotros mismos. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nSon nuestros propios deseos pecaminosos los que nos hacen ser tentados. A lo mejor creemos que respondemos \u00fanicamente a tentaciones externas a nosotros mismos. Pero la verdad es que nuestros deseos malos buscan constantemente tentaciones que puedan satisfacer su insaciable lujuria. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nConsidere el lector las tentaciones a las que es particularmente vulnerable, y note que con cu\u00e1nta frecuencia se sorprende a s\u00ed mismo buscando formas y ocasiones de satisfacer esos deseos malos. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nAun cuando estemos entregados de un modo o de otro a la lucha contra alg\u00fan pecado en particular, nuestros malos deseos o el pecado que mora en nosotros nos llevar\u00e1 a jugar con el mismo pecado contra el cual estamos luchando. A veces, mientras estamos confesando un pecado, comenzamos al mismo tiempo a alentar nuevamente pensamientos malos relacionados con ese mismo pecado, y podemos volver a ser tentados otra vez. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nHay muchas ocasiones, desde luego, en que nos ataca alguna tentaci\u00f3n en forma inesperada. Cuando ocurre esto, los deseos pecaminosos est\u00e1n listos y dispuestos para hacerles lugar gustosamente. As\u00ed como el fuego quema todo elemento combustible que se le acerque, tambi\u00e9n nuestros propios deseos pecaminosos responden de inmediato a la tentaci\u00f3n. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nJohn Owen dijo que el pecado lleva a cabo su lucha enmara\u00f1ando los afectos (lo que yo llamo aqu\u00ed los deseos) y atray\u00e9ndolos hacia s\u00ed. Por lo tanto, dec\u00eda Owen, negar el pecado debe consistir principalmente en ocuparnos de los afectos. Debemos asegurarnos de que los deseos se encaminen a glorificar a Dios, dec\u00eda, y no a satisfacer la lujuria del cuerpo <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nEn tercer lugar, lo que tenemos que comprender acerca del pecado que mora en nosotros es que tiende a enga\u00f1ar el entendimiento o la raz\u00f3n. La raz\u00f3n, iluminada por el Esp\u00edritu Santo mediante la Palabra de Dios, evita que el pecado nos domine a trav\u00e9s de los deseos. Por consiguiente la gran estrategia de Satan\u00e1s consiste en enga\u00f1ar a la mente. Pablo habla de los \u201cdeseos enga\u00f1osos\u201d del viejo hombre (Efesios 4.22). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nDice que en un tiempo fuimos \u201cesclavos de concupiscencias y deleites diversos (Tito 3.3). Estos pasajes nos hablan acerca de nuestra vida anterior, pero es preciso que comprendamos que ese elemento enga\u00f1oso sigue guerreando contra nosotros, aun cuando ya no tiene dominio sobre nosotros. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nEl enga\u00f1o de la mente es llevado a cabo gradualmente, poco a poco. Primeramente se nos induce a bajar la guardia, luego a desobedecer. Nos volvemos como Efra\u00edn, del que Dios dijo: \u201cDevoraron extra\u00f1o su fuerza, y \u00e9l no lo supo; y aun canas le han cubierto, y \u00e9l no lo supo\u201d (Oseas 7.9). Somos inducidos a bajar la guardia cuando nos volvemos demasiado confiados. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nComenzamos a pensar que alguna tentaci\u00f3n en particular ya no nos puede alcanzar. Vemos que alguna otra persona ha ca\u00eddo y decimos: \u201cA m\u00ed no me pasar\u00e1 nunca\u201d. Pero Pablo nos ha advertido: \u201cEl que piensa estar firme mire que no caiga\u201d (1 Corintios 10.12). Incluso cuando estamos ayudando a alguien que ha ca\u00eddo, tenemos que estar en guardia, no sea que nosotros mismos seamos tentados (G\u00e1latas 6.1). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nA menudo somos llevados a no obedecer porque abusamos de la gracia de Dios. Judas habla de ciertos hombres \u201cque convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios\u201d (Judas 4). Cometemos un abuso contra la gracia cuando pensamos que podemos pecar y luego recibir el perd\u00f3n correspondiente apelando a 1 Juan 1.9. Cometemos un abuso contra la gracia de Dios cuando, despu\u00e9s de haber pecado, apelamos a la compasi\u00f3n y la misericordia de Dios con exclusi\u00f3n de su santidad y de su aborrecimiento del pecado. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nNos alejamos de la actitud de obediencia cada vez que comenzamos a poner en duda lo que Dios nos dice en su Palabra. Esta fue la primera t\u00e1ctica de Satan\u00e1s con Eva (G\u00e9nesis 3.1-5). As\u00ed como le dijo a Eva: \u201cNo morir\u00e9is\u201d, nos dice a nosotros: \u201c\u00a1Es poca cosa!\u201d o \u201cDios no se va a ocupar de juzgar ese pecado.\u201d<\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nDe modo que vemos que, aun cuando el pecado ya no tiene dominio en nosotros, no obstante se empe\u00f1a en llevar a cabo su guerra de guerrillas en nosotros. Si no se lo controla llegar\u00e1 a derrotarnos. Nuestro recurso en esta lucha consiste en ocuparnos en forma r\u00e1pida y firme de las primeras manifestaciones del pecado que mora en nosotros. <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nSi la tentaci\u00f3n encuentra donde alojarse en el alma, utilizar\u00e1 el privilegio otorgado para hacernos pecar. \u201cPor cuanto no se ejecuta luego  sentencia sobre la mala obra, el coraz\u00f3n de los hijos de los hombres est\u00e1 en ellos dispuesto para hacer el mal\u201d (Eclesiast\u00e9s 8.11). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nM\u00e1s todav\u00eda, jam\u00e1s debemos considerar que la lucha contra el pecado ha cesado. El coraz\u00f3n es inescrutable, los deseos pecaminosos son insaciables, y la raz\u00f3n est\u00e1 constantemente en peligro de ser enga\u00f1ada. Bien dijo Jes\u00fas: \u201cVelad y orad, para que no entr\u00e9is en tentaci\u00f3n\u201d (Mateo 26.41). Y Salom\u00f3n advirti\u00f3: \u201cSobre toda cosa guardada, guarda tu coraz\u00f3n; porque de \u00e9l mana la vida (Proverbios 4.23). <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">\nTomado del libro: En pos de la santidad <\/p>\n<p align=\"justify\">\nEditorial Vida <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jerry Bridges Mediante la uni\u00f3n con Cristo en su muerte somos liberados del poder del pecado. Pero seguimos comprobando que el pecado lucha por volver a dominarnos, como lo pint\u00f3 v\u00edvidamente el ap\u00f3stol Pablo Mediante la uni\u00f3n con Cristo en su muerte somos liberados del poder del pecado. 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