{"id":4884,"date":"2016-02-08T19:04:28","date_gmt":"2016-02-09T00:04:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-doctrina-de-la-gracia-2223-nadie-puede-venir-a-m-si-el-padre-que-me-envi-no-le\/"},"modified":"2016-02-08T19:04:28","modified_gmt":"2016-02-09T00:04:28","slug":"la-doctrina-de-la-gracia-2223-nadie-puede-venir-a-m-si-el-padre-que-me-envi-no-le","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-doctrina-de-la-gracia-2223-nadie-puede-venir-a-m-si-el-padre-que-me-envi-no-le\/","title":{"rendered":"La Doctrina de la Gracia: (22\/23) &#8211; Nadie puede venir a m&#237; si el Padre que me envi&#243; no le"},"content":{"rendered":"<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<h2 align=\"center\" style=\"color: rgb(0, 0, 0); font-family: Times; background-color: rgb(223, 226, 231); text-align: center; \">\n\t<span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-size: 10pt; \">La salvaci&oacute;n b&iacute;blica y la proclamaci&oacute;n del Evangelio.<o:p><\/o:p><\/span><\/h2>\n<h2 align=\"center\" style=\"color: rgb(0, 0, 0); font-family: Times; background-color: rgb(223, 226, 231); text-align: center; \">\n\t<span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-size: 10pt; \">J.I.Packer.<\/span><\/h2>\n<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEste estudio de J.I.Packer, profesor de teolog&iacute;a en el Regent College de Vancouver (Canad&aacute;), fue publicado primeramente como prefacio al c&eacute;lebre<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tlibro sobre la muerte de Cristo del gran te&oacute;logo ingl&eacute;s del siglo XVII John Owen. Fue retomado en un reciente libro del autor (Among God&#39;s Giants; Kingsway Publications, 1991 cap. 8). El texto siguiente es una traducci&oacute;n abreviada del prefacio; las alusiones a la teolog&iacute;a de Owen han sido suprimidas, pero todo aquello que es de un inter&eacute;s esencial para la noci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tb&iacute;blica de la salvaci&oacute;n y la manera de proclamar el evangelio ha sido conservado. La traducci&oacute;n (al franc&eacute;s) ha sido realizada por Andr&eacute; Coste y revisada por el equipo de redacci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<h2 align=\"center\">\n\tI. El Evangelio b&iacute;blico olvidado.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSu objetivo principal no es, como manifiesta demasiado frecuentemente la predicaci&oacute;n. Una de las tareas m&aacute;s urgentes que los cristianos, y en particular los &quot;evang&eacute;licos&quot;, tienen que llevar a cabo hoy d&iacute;a, es el regreso al Evangelio b&iacute;blico. Esta afirmaci&oacute;n, que puede sorprender, se desprende, sin embargo, del examen de los hechos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn efecto, parece evidente que el movimiento &quot;evang&eacute;lico&quot; manifiesta incertidumbres e interrogantes en bastantes &aacute;reas: la evangelizaci&oacute;n, la santificaci&oacute;n, el desarrollo de la vida como iglesia local, la relaci&oacute;n de asistencia por el pastor, la pr&aacute;ctica de la disciplina. La situaci&oacute;n no puede prolongarse, sin embargo el camino a seguir no aparece claro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iquest;De donde viene ese malestar? Yendo al fondo de la cuesti&oacute;n, se descubre que ya no estamos anclados en el Evangelio b&iacute;blico. Sin darnos cuenta lo hemos cambiado, en el siglo XIX, por un suced&aacute;neo, que se le parece en el aspecto, pero que en su totalidad se diferencia profundamente. Este suced&aacute;neo no produce los efectos poderosos que el Evangelio b&iacute;blico ha producido en otras ocasiones. Es manifiestamente incapaz de producir, con la calidad requerida, el respeto, el arrepentimiento, la humildad, el esp&iacute;ritu de adoraci&oacute;n y el inter&eacute;s por la iglesia local.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn raz&oacute;n de la naturaleza y del contenido de este otro Evangelio, su primera preocupaci&oacute;n no es colocar a Dios en el centro de los pensamientos, ni de poner su temor en el coraz&oacute;n. Dicho de otra manera, este Evangelio se preocupa demasiado por ser &quot;&uacute;til&quot; al hombre, proporcion&aacute;ndole paz, satisfacci&oacute;n, felicidad, contentamiento de si mismo, pero poniendo insuficientemente el acento en la gloria de Dios. El Evangelio b&iacute;blico es igualmente &quot;&uacute;til&quot; al hombre; su primer objetivo es siempre rendir gloria a Dios proclamando la soberan&iacute;a de Dios tanto cuando hace misericordia como cuando ejerce su juicio, recordando la actitud obligatoria de sumisi&oacute;n y de adoraci&oacute;n que el hombre debe manifestar frente a ese Dios Todopoderoso del que depende por entero. Dios est&aacute; en el centro y no el hombre, como puede observarse tras haberse producido la desviaci&oacute;n, en el siglo XIX, mencionado anteriormente, no &quot;evang&eacute;lica&quot; de nuestros d&iacute;as, el bienestar del hombre y la ayuda que Dios pueda aportarle. Su punto es Dios y su proyecto con los hombres. Entre las dos perspectivas existe una distancia inconmensurable que manifiesta una reformulaci&oacute;n del mensaje b&iacute;blico destinado, se piensa, a hacer este m&aacute;s &quot;&uacute;til&quot;. Es as&iacute; que los temas que tratan la incapacidad del hombre para creer, la elecci&oacute;n como causa &uacute;ltima de la salvaci&oacute;n y la muerte de Cristo solo por sus ovejas han dejado de ser predicados. Se cree que estas doctrinas no pueden m&aacute;s que hundir a los pecadores en la desesperaci&oacute;n al mostrarles que no tienen nada que ver con respecto a su salvaci&oacute;n en Jesucristo. La idea de que esta desesperaci&oacute;n pudiera ser saludable ni siquiera se tiene en consideraci&oacute;n, en tanto que aparece evidente que constituye un atentado insostenible contra el amor propio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEsta pr&aacute;ctica tiene como resultado que el Evangelio es presentado de forma mutilada como si no lo estuviera, y esta verdad a medias confiere a la verdad integral la apariencia de error. Es as&iacute; que se expresa como si cualquiera tuviese la posibilidad de recibir a Cristo en todo momento, como si la redenci&oacute;n adquirida en la cruz no fuese eficaz sino por la fe del creyente, como si el amor de Dios no fuese mas que una benevolencia general hacia cualquiera que crea y ponga su confianza en Jes&uacute;s. En otros t&eacute;rminos, el Padre y el Hijo est&aacute;n presentes, no como atrayendo hacia ellos a los pecadores en un acto soberano, sino como esperando pasivamente a que ellos les abran &quot;la puerta de su coraz&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tTal es la predicaci&oacute;n de hoy en muchas iglesias &quot;evang&eacute;licas&quot;. Tal es posiblemente la fe de muchos. Por eso es urgente decir con fuerza que este conjunto de medias verdades, de verdades torcidas, est&aacute; bien lejos del Evangelio b&iacute;blico. Proclam&aacute;ndolas uno se coloca en oposici&oacute;n a la Biblia, y el hecho de que esto se convierta en pr&aacute;ctica corriente muestra hasta que punto es importante que se opere un redireccionamiento r&aacute;pido y redescubrir el Evangelio aut&eacute;ntico y b&iacute;blico a fin de predicarlo y ponerlo en pr&aacute;ctica de nuevo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<h2 align=\"center\">\n\t1. El Evangelio b&iacute;blico y &quot;los cinco puntos&quot; del calvinismo.<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPuede ser que se objete: Al evocar la redenci&oacute;n limitada solamente a las ovejas, uno de los &quot;cinco puntos&quot; del calvinismo, como siendo una de las caracter&iacute;sticas del Evangelio b&iacute;blico &iquest;no se aboga m&aacute;s bien por el calvinismo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tConviene no eludir esta objeci&oacute;n elevada por muchos, se&ntilde;alando as&iacute; al mismo tiempo prejuicios e ignorancia, como si el Evangelio se limitase a eso para un calvinista o como si, igualmente, el calvinismo fuese la expresi&oacute;n refinada de la perversi&oacute;n teol&oacute;gica sin ninguna relaci&oacute;n con el Evangelio. Pero antes de hacer frente directamente a esta objeci&oacute;n, recordemos pues, a fin de restar todo fundamento a los prejuicios, en qu&eacute; consiste el calvinismo en general y &quot;los cinco puntos&quot; en particular, a partir de los hechos hist&oacute;ricos y teol&oacute;gicos siguientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLo que se llama &quot;los cinco puntos&quot; del calvinismo es simplemente la respuesta a una petici&oacute;n en cinco puntos (&quot;La remonstance&quot;= &quot;La protesta&quot;) redactada, en el siglo XVIII, por los &quot;semipelagianos&quot; protestantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tA.&quot;La Remonstrance&quot; (&quot;La Protesta&quot;) o arminianismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa teolog&iacute;a de &quot;La Remonstrance&quot;, conocida bajo el nombre de arminianismo (que toma el nombre de su principal promotor, Arminio, 1560-1609), tiene como fundamento dos principios filos&oacute;ficos:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\ta) La soberan&iacute;a de Dios no es compatible con la libertad humana y, por consiguiente, con la responsabilidad del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tb) Aquella (la soberan&iacute;a divina) reduce las obligaciones de esta (la responsabilidad del hombre).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl calificativo de &quot;semipelagianos&quot; est&aacute; as&iacute; plenamente justificado. De esos principios los arminianos extraen dos conclusiones:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\ta) Siendo la fe, seg&uacute;n la Biblia, un acto del hombre realizado libremente y de forma responsable, no puede tener a Dios por autor; surge independientemente de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tb) Siendo la fe, seg&uacute;n la Biblia, obligatoria por parte de aquellos que aceptan el Evangelio, el creer es una posibilidad universal y una oferta a todos los seres humanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl arminianismo sostiene hoy, como anteriormente, que la ense&ntilde;anza b&iacute;blica se formula de la siguiente manera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t1. El hombre jam&aacute;s ha sido afectado por el pecado hasta el punto de ser incapaz de aceptar la salvaci&oacute;n que se le presenta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t2. O, a&uacute;n bajo el control de Dios, que no puedan rechazarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t3. Dios elige y salva a las personas que sabe han de aceptar la salvaci&oacute;n voluntariamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t4. La muerte de Cristo hace posible la salvaci&oacute;n solo de aquellos que creen; esta no garantiza la salvaci&oacute;n de nadie, pues no asegura el don de la fe (tal don no existe).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t5. Pertenece a los creyentes el mantenerse en estado de gracia guardando la fe; si esta desfallece son rechazados y se pierden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tAs&iacute;, para el arminiano la salvaci&oacute;n depende en &uacute;ltima instancia del hombre mismo, siendo considerada la fe, de alguna manera, como su obra y no, por consiguiente, la obra de Dios en el.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tB. El s&iacute;nodo de Dordrecht (1618).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl s&iacute;nodo de Dordrecht (Pa&iacute;ses Bajos) fue convocado para pronunciarse sobre esta teolog&iacute;a (el arminianismo). &quot;Los cinco puntos del calvinismo&quot; constituyen una refutaci&oacute;n; est&aacute;n basados en un principio b&iacute;blico diferente, a saber, que &quot;la salvaci&oacute;n viene solo de Dios&quot;. He aqu&iacute; una breve evocaci&oacute;n:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t1. El hombre desechado es incapaz, por si mismo, de creer al Evangelio, de la misma manera que es incapaz de obedecer a la Ley, a pesar de la claridad de sus disposiciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t2. La elecci&oacute;n de Dios es un acto libre, soberano e incondicional, de Dios quien elige a los pecadores para salvarlos por medio de Cristo, darles la<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tfe y conducirlos a la gloria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t3. La obra de redenci&oacute;n de Cristo tiene por objeto la salvaci&oacute;n de los elegidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t4. La obra del Esp&iacute;ritu Santo, que es la de conducir al hombre a la fe, jam&aacute;s es frustrada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t5. Los creyentes son preservados en la fe y bajo la gracia, por el poder ilimitado de Dios, hasta su entrada en la gloria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEstas cinco proposiciones son conocidas, en los pa&iacute;ses angl&oacute;fonos, bajo las siglas TULIP (TULIP&Aacute;N en espa&ntilde;ol), una alusi&oacute;n al origen geogr&aacute;fico (los pa&iacute;ses de las flores) de &quot;los cinco puntos&quot; (Total depravity, Unconditional election; Limited atonement, Irresistible grace, Perseverance of the saints), que significa: Corrupci&oacute;n absoluta, Elecci&oacute;n incondicional, Expiaci&oacute;n limitada, Gracia irresistible y Perseverancia de los santos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tExisten, pues, dos interpretaciones del Evangelio b&iacute;blico, coherentes ambas, pero en indudable oposici&oacute;n. La diferencia entre las dos no es una diferencia de &eacute;nfasis sobre tal o cual punto, sino m&aacute;s bien una diferencia de contenido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUna (la interpretaci&oacute;n calvinista) proclama un Dios que salva; otra (la interpretaci&oacute;n arminiana) un Dios que hace al hombre capaz de salvarse a si mismo. Una presenta los tres grandes actos de la Santa Trinidad en vista de la restauraci&oacute;n de la humanidad perdida, a saber: la elecci&oacute;n por el Padre, la redenci&oacute;n por el Hijo y el llamamiento por el Esp&iacute;ritu Santo, enfocados los tres hacia las mismas personas asegurando infaliblemente su salvaci&oacute;n. La otra confiere a cada uno de sus actos un objetivo diferente, a saber: que la redenci&oacute;n por el Hijo ha sido adquirida para toda la humanidad, el llamamiento del Esp&iacute;ritu Santo se dirige a todos aquellos a quienes se ha anunciado el Evangelio y la elecci&oacute;n del Padre no concierne m&aacute;s que a las personas que responden &quot;si&quot; &#8211; negando a cualquiera la seguridad de su salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos planes de salvaci&oacute;n presentados por estas dos teolog&iacute;as son por completo diferentes. Para la una, la salvaci&oacute;n es obra de Dios; para la otra, es obra del hombre. Para la una, la fe con vista a la salvaci&oacute;n es un don de Dios; para la otra, constituye la contribuci&oacute;n del hombre a su salvaci&oacute;n. Para la una, en la salvaci&oacute;n de los creyentes toda la gloria revierte en Dios; para la otra, la alabanza esta repartida entre Dios, quien, por as&iacute; decir, a construido la maquinaria de la salvaci&oacute;n y el hombre, quien, mediante su fe, la hace funcionar. Estas diferencias son en verdad muy grandes. Precisar bien la naturaleza, la extensi&oacute;n y la intensidad, constituyen el inter&eacute;s permanente de los &quot;cinco puntos&quot;, esta especie de resumen del calvinismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t2. El calvinismo como interpretaci&oacute;n del mensaje de la Biblia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tA decir verdad, el calvinismo desborda ampliamente lo que se evoca en los &quot;cinco puntos&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\ta) El calvinismo presenta una visi&oacute;n global del mundo a partir de Dios Creador y Rey del cosmos. Propone un paso l&oacute;gico en el que el Creador es reconocido Se&ntilde;or, dirigiendo todas las cosas como &eacute;l lo ha decidido soberanamente. El calvinismo es una concepci&oacute;n teoc&eacute;ntrica de la vida, es decir, completamente sometida a la Palabra de Dios. En otros t&eacute;rminos, es una teolog&iacute;a construida bajo una perspectiva b&iacute;blica, siendo Dios la fuente, el instrumento y el fin de todas las cosas que edifican el orden, la naturaleza y la gracia. El calvinismo es a la vez y en la forma m&aacute;s pura y elevada, un te&iacute;smo (la fe en Dios es el fundamento de todo), una religi&oacute;n (el hombre depende de Dios quien le da todo lo que posee) y un movimiento &quot;evang&eacute;lico&quot; (marcado por una confianza en Dios, mediante Jesucristo, en toda circunstancia).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl calvinismo es igualmente una filosof&iacute;a unificadora de la historia, seg&uacute;n la cual todos los principios en vigor en el mundo creado por Dios y todos los acontecimientos que se producen, forman parte, ni m&aacute;s ni menos, que del plan preordenado por Dios para sus criaturas y para su Iglesia. Si los &quot;cinco puntos&quot; se limitan a afirmar que Dios es soberano en la salvaci&oacute;n del individuo, el calvinismo va m&aacute;s all&aacute; al reconocer su soberan&iacute;a en todos los campos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tb) A diferencia de los &quot;cinco puntos&quot; que presentan la soteriolog&iacute;a calvinista<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\ten forma negativa y bajo un tono pol&eacute;mico, el calvinismo es did&aacute;ctico, pastoral y constructivo. Expone la ense&ntilde;anza de la Escritura sin tener necesidad de posicionarse en comparaci&oacute;n con el arminianismo y no tiene ninguna necesidad de cortar de un tajo a este para existir. El calvinismo no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s en expresarse de modo negativo; su combate es en favor de los valores &quot;evang&eacute;licos&quot; positivos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl car&aacute;cter negativo de los &quot;cinco puntos&quot; es fuente de malentendidos, notoriamente en el punto tercero (la expiaci&oacute;n limitada, o redenci&oacute;n particular), si el acento se pone, como sucede con frecuencia, en el adjetivo para se&ntilde;alar que los calvinistas sacar&iacute;an ventaja limitando la misericordia de Dios. De hecho, esta terminolog&iacute;a est&aacute; destinada, como veremos, a salvaguardar la afirmaci&oacute;n central del Evangelio: Cristo es el Redentor que rescata verdaderamente. Por lo mismo, el rechazo de una elecci&oacute;n condicional y de una gracia a la que se le pudiera resistir, corresponde al deseo de preservar la verdad positiva de que es Dios quien salva. Las &uacute;nicas proposiciones realmente negativas son aquellas que formulan los arminianos al rehusar reconocer que la elecci&oacute;n, la redenci&oacute;n y el llamamiento son actos de Dios Salvador. El calvinismo rechaza estas negaciones a fin de proclamar el contenido positivo del Evangelio desde la base positiva de fortalecer la fe y edificar la Iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tc) La exposici&oacute;n de la soteriolog&iacute;a en cinco puntos (cifra correspondiente, como ya hemos visto, a las proposiciones arminianas a las que el S&iacute;nodo de Dordrecht respondi&oacute;), tiende a oscurecer la estructura coherente del pensamiento calvinista sobre este asunto. Las cinco proposiciones presentadas por separado son, de hecho, inseparables. Se sostienen unas a otras; es imposible rechazar una sin rechazar a las dem&aacute;s, al menos desde la perspectiva del S&iacute;nodo. Para el calvinismo, &quot;los cinco puntos&quot; no vienen a ser m&aacute;s que uno:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tDios salva a los pecadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t* Dios, el Dios trino y eterno, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, tres personas obrando juntos de forma soberanamente sabia, poderosa y amorosa en vistas a la salvaci&oacute;n de un pueblo elegido: el Padre elige, el Hijo cumple la voluntad del Padre mediante la redenci&oacute;n, y el Esp&iacute;ritu concreta el plan del Padre y del Hijo mediante la regeneraci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t* Salva, Dios realiza, desde el principio al fin, todo aquello que es necesario para la salvaci&oacute;n, conduciendo al pecador de la muerte en el pecado a la vida en la gloria; &eacute;l programa, ejecuta y aplica la redenci&oacute;n; &eacute;l llama, guarda, justifica, santifica y glorifica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t* A los pecadores, es decir los hombres culpables, malvados, d&eacute;biles, sin fuerza, ciegos, incapaces de hacer la voluntad de Dios o de mejorar su situaci&oacute;n espiritual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t* Dios salva a los pecadores. La fuerza de esta afirmaci&oacute;n no debe ser atenuada quebrando la unidad de la obra de la Trinidad, o repartiendo la realizaci&oacute;n de la salvaci&oacute;n entre Dios y el hombre, quien se asegurar&iacute;a una parte decisiva, o poniendo sordina a la incapacidad del pecador a fin de que pueda compartir la gloria de la salvaci&oacute;n con su Salvador. El &uacute;nico aspecto de la soteriolog&iacute;a calvinista que &quot;los cinco puntos&quot; se esfuerzan por expresar, y que el arminianismo rechaza, puede ser formulado as&iacute;: los pecadores no tienen modo alguno de salvarse ellos mismos; su salvaci&oacute;n ha sido, es y ser&aacute;, en su totalidad, la obra del Se&ntilde;or en quien revierte la gloria por siempre. Am&eacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\td) La formulaci&oacute;n de &quot;los cinco puntos&quot; disimula la diferencia profunda que existe entre las soteriolog&iacute;as calvinista y arminiana. Muchos se han dejado prender. Poner el &eacute;nfasis sobre los adjetivos (incondicional, definida, irresistible) en esta formulaci&oacute;n, conduce a pensar que el desacuerdo no est&aacute; m&aacute;s que en el papel del hombre con respecto a la salvaci&oacute;n, pero que el acuerdo existe sobre los tres grandes actos de Dios:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tla elecci&oacute;n, la redenci&oacute;n y el don de la gracia. &iquest;Condiciona la fe la elecci&oacute;n, o no? &iquest;Tiene la redenci&oacute;n por objeto la salvaci&oacute;n de todo hombre, o no? &iquest;Puede ser rechazado el don de la gracia? Seg&uacute;n que la respuesta sea &quot;si&quot; o &quot;no&quot;, se tienen conceptos opuestos sobre la elecci&oacute;n, la redenci&oacute;n y el don de la gracia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn el siglo XVII esta oposici&oacute;n era percibida con claridad; es importante que hoy hagamos lo mismo. Para ello coloquemos juntas las definiciones y<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tcompar&eacute;moslas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t<strong>3. La noci&oacute;n de la salvaci&oacute;n cuestionada.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t<strong>a). La elecci&oacute;n.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos arminianos definen la elecci&oacute;n como la decisi&oacute;n de Dios de recibir como sus hijos a las personas que, a su debido tiempo, creen en Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn otras palabras, Dios escoge a aquellos que &eacute;l sabe, mediante su presciencia, van a decidir creer por su propia voluntad. Nada en el decreto de elecci&oacute;n asegura que habr&aacute; creyentes en &eacute;l. Dios no decide que un hombre tenga la fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos calvinistas, a la inversa, definen la elecci&oacute;n como la elecci&oacute;n de personas particulares, sin ning&uacute;n m&eacute;rito, hecha por Dios a fin de salvarlos de sus pecados y de conducirlos a la gloria, es decir, rescatarlos mediante la muerte de Cristo y darles la fe mediante la llamada y la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl arminiano dice: &quot;yo debo mi elecci&oacute;n a mi fe&quot;, y el calvinista dice: &quot;yo debo mi fe a mi elecci&oacute;n&quot;. Estos dos conceptos est&aacute;n, evidentemente, muy lejos el uno del otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t<strong>b). La redenci&oacute;n.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos arminianos consideran la redenci&oacute;n como la remoci&oacute;n de un obst&aacute;culo (la exigencia insatisfecha de justicia) colocado en el camino donde Dios, seg&uacute;n su deseo, ofrece el perd&oacute;n a los pecadores, si al menos estos creen. As&iacute; la redenci&oacute;n le da a Dios el derecho de ofrecer la salvaci&oacute;n, pero no comporta en si misma la seguridad de que alguien acepte este ofrecimiento, puesto que la fe, siendo una obra propia del hombre, no es un don que le viene del Calvario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa muerte de Cristo le ha dado a la fe salvadora la ocasi&oacute;n de ejercitarse, y nada m&aacute;s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn cuanto a los calvinistas consideran la redenci&oacute;n como el acto por el cual Cristo a cargado con las consecuencias del pecado ocupando el lugar de un cierto n&uacute;mero de pecadores bien determinado, reconcili&aacute;ndoles as&iacute; con Dios, suprimiendo su culpabilidad y asegur&aacute;ndoles la vida eterna. En consecuencia, estos pecadores perdonados tienen derecho, a los ojos de Dios, al don de la fe, que es el instrumento que les permite tomar posesi&oacute;n de su herencia. En otros t&eacute;rminos, la cruz no hace simplemente posible la salvaci&oacute;n de aquellos por quienes Cristo ha muerto, tambi&eacute;n les asegura que recibir&aacute;n la fe y que su salvaci&oacute;n se ha realizado. La cruz salva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl arminiano dice: &quot;yo no habr&iacute;a podido obtener mi salvaci&oacute;n sin el Calvario&quot;, y el calvinista dice: &quot;Cristo ha obtenido mi salvaci&oacute;n en el Calvario&quot;. Para el primero, la cruz es la condici&oacute;n sine qua non de mi salvaci&oacute;n; para el segundo, ella es la causa, en virtud del acuerdo entre el Padre y el Hijo, hecho concreto en el monte Calvario; la cruz es tambi&eacute;n la fuente de todas las bendiciones espirituales que el recibe, entre las cuales se encuentra la fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEstos dos conceptos son, evidentemente, muy diferentes entre si.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t<strong>c). El don de la gracia.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos arminianos definen el don de la gracia eterna llevado a cabo por el Esp&iacute;ritu Santo, como &quot;una acci&oacute;n sobre la conciencia&quot;, un simple acceso a la comprensi&oacute;n de la verdad de Dios, pero que, insisten, no asegura la respuesta de la fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos calvinistas, por su parte, ven en este don no simplemente una iluminaci&oacute;n, sino la obra de la regeneraci&oacute;n que Dios opera en el hombre. &quot;El les quita su coraz&oacute;n de piedra y les da un coraz&oacute;n de carne; renueva su voluntad y, por su poder infinito, les orienta hacia el bien; les lleva eficazmente hacia Jesucristo; y entretanto, produciendo Dios su querer por su gracia, los elegidos van hacia &eacute;l libremente&quot;. Esta gracia es irresistible porque aniquila toda tendencia que se le resiste.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl arminiano se contenta con decir: &quot;yo me he decidido por Cristo&quot; o &quot;he decidido ser cristiano&quot;; el calvinista prefiere hablar de su conversi&oacute;n en t&eacute;rminos m&aacute;s teol&oacute;gicos y llamar la atenci&oacute;n sobre lo que le ha sucedido. Estos dos conceptos son, es evidente, netamente opuestos entre si.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t<strong>d). Comparaci&oacute;n.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl calvinista rechaza la idea del arminiano respecto de la elecci&oacute;n, la redenci&oacute;n y el llamamiento, considerados por este &uacute;ltimo como actos de Dios que no salvan, en contra de lo que es el coraz&oacute;n de la ense&ntilde;anza b&iacute;blica. Afirmar, como lo hace el arminiano, que Dios elige a los creyentes, que Cristo muri&oacute; por todos los hombres y que el Esp&iacute;ritu Santo renueva a aquellos que reciben la Palabra, viene a decir, si nos atenemos al verdadero sentido b&iacute;blico de los t&eacute;rminos, que Dios no elige a nadie, que Cristo no ha muerto por nadie, y que el Esp&iacute;ritu no renueva a nadie. En esta controversia, el debate se establece sobre el sentido que se da a los t&eacute;rminos b&iacute;blicos y a algunos otros relativos a la salvaci&oacute;n, tales como: el amor de Dios, el pacto de gracia y el mismo verbo &quot;salvar&quot; con sus sin&oacute;nimos. El arminiano los interpreta todos desde la perspectiva de que la salvaci&oacute;n depende directamente, no de un decreto o de un acto de Dios, sino de un acto de fe en el que el hombre toma la iniciativa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl calvinista considera este concepto como no escritural, que descansa sobre<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tuna interpretaci&oacute;n peligrosa que mina la substancia del Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tTal es el punto central de la controversia arminianismo &#8211; calvinismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t<strong>4. Origen y naturaleza del arminianismo y del calvinismo.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa formulaci&oacute;n negativa de los &quot;cinco puntos&quot; da la impresi&oacute;n de que el calvinismo es un arreglo o ajuste del arminianismo, el cual tiene una cierta supremac&iacute;a natural y que el calvinismo es, con respecto el, una ramificaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tA pesar de que esto es hist&oacute;ricamente inexacto, este criterio est&aacute; en la mente de muchos. El arminianismo surge como la forma simple y llana de leer las Escrituras, y el calvinismo como un producto artificial, no extra&iacute;do de los propios textos b&iacute;blicos, sino el resultado de un trabajo intelectual profano sobre los textos, torciendo su verdadero sentido, a fin de hacerlos entrar en un sistema que les es extra&ntilde;o. A&uacute;n si esto ha podido ser cierto con algunos calvinistas, no se debe generalizar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn efecto, el arminianismo es &quot;natural&quot;, al menos en un sentido, puesto que presenta la ense&ntilde;anza b&iacute;blica como puede hacerlo el hombre ca&iacute;do que, incluso para su salvaci&oacute;n, no quiere renunciar a la ilusi&oacute;n de ser el due&ntilde;o de su destino y el gu&iacute;a de su alma. Esta desviaci&oacute;n apareci&oacute; primeramente con el pelagianismo y el semipelagianismo del per&iacute;odo patr&iacute;stico, luego con el per&iacute;odo escol&aacute;stico; m&aacute;s tarde resurgi&oacute;, a la vez, en el siglo XVII en la teolog&iacute;a cat&oacute;lico romana y en el protestantismo, en la ense&ntilde;anza de los liberales racionalistas con el buen nombre de &quot;Evang&eacute;licos&quot;, como a&uacute;n hoy se puede observar. Al esp&iacute;ritu del hombre ca&iacute;do, siendo lo que es, el arminianismo representa una clase de error que corresponde bien a su naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tM&aacute;s bien es el calvinismo quien comprende la Escritura en su sentido natural y permanente. Expone lo que ciertamente dice. El calvinismo toma en serio la afirmaci&oacute;n b&iacute;blica de que Dios salva. Dios salva a aquellos a quienes ha escogido para salvarlos, lo hace por pura gracia sin exigir ninguna obra de la que se pudieran vanagloriar. El calvinismo afirma que Cristo es un Salvador perfecto; su salvaci&oacute;n proviene de la cruz sobre la cual su redenci&oacute;n a sido cumplida. El calvinismo reconoce a la cruz el honor que le es debido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl plan de salvaci&oacute;n de Dios llevado a cabo mediante la muerte de su Hijo, no<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tes un simple deseo en el que la realizaci&oacute;n dependa de la buena voluntad del hombre que ha de creer. De otro modo pudiera suceder que Cristo muera y que ninguna persona se salve. El calvinismo ense&ntilde;a que la cruz revela el poder de Dios para salvar y no a la inversa. Cristo no ha adquirido una hipot&eacute;tica salvaci&oacute;n para unos hipot&eacute;ticos creyentes, una simple posibilidad de salvaci&oacute;n para aquellos que eventualmente creyesen; &eacute;l obtuvo una salvaci&oacute;n efectiva para el pueblo que &eacute;l ha elegido. Su sangre preciosa &quot;nos salva a todos&quot; con seguridad, a consecuencia de su ofrenda en la cruz. Este poder salv&iacute;fico no debe nada a la fe. Esta no ha de ser a&ntilde;adida para que sea efectivo; su origen es anterior. La cruz garantiza la salvaci&oacute;n de aquellos por quienes muri&oacute; Cristo. &quot;En nada me gloriar&eacute;, salvo en la cruz de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs as&iacute; que la naturaleza de la soteriolog&iacute;a calvinista se hace evidente. No se trata de una extravagancia artificiosa, ni del fruto de una l&oacute;gica m&aacute;s que audaz. El punto clave de esta soteriolog&iacute;a, a saber, que Dios salva a los pecadores y Cristo nos rescata por su sangre, es a la vez el testimonio de la Biblia y el del coraz&oacute;n del creyente. El calvinista es un cristiano que confiesa ante los hombres, desde su teolog&iacute;a, aquello que cree en su coraz&oacute;n cuando ruega a Dios. La gracia soberana de Dios est&aacute; constantemente presente en sus pensamientos y en sus palabras, particularmente cuando ruega por la salvaci&oacute;n de otras almas o cuando obedece a un fuerte impulso de adoraci&oacute;n en su coraz&oacute;n, manifestando as&iacute; que, por su salvaci&oacute;n, ninguna alabanza merece, sino que toda la gloria pertenece a Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl calvinismo es la teolog&iacute;a que, de manera natural, se inscribe en el coraz&oacute;n del hombre regenerado por Cristo. El arminianismo, marcado por la falta de firmeza de una inteligencia da&ntilde;ada por el pecado, es natural como lo son los pecados, incluso aquellos que cometen los cristianos regenerados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl pensamiento calvinista es el del cristiano intelectualmente realista; el pensamiento arminiano es el del cristiano claudicando bajo el imperio de la debilidad de la carne.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl calvinismo es lo que la Iglesia cristiana siempre ha cre&iacute;do y proclamado, cuando no se ha entregado a controversias o se ha sometido a tradiciones alejadas de las ense&ntilde;anzas de las Escrituras. En los escritos de los Padres de la Iglesia hay frecuentes referencias testimoniales a &quot;los cinco puntos&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCalificar esta soteriolog&iacute;a de &quot;calvinista&quot; induce a error; no fue hecha ni por Juan Calvino ni por el S&iacute;nodo de Dordrecht, sino que constituye una parte de la verdad revelada por Dios y de la fe de la Iglesia universal. El t&eacute;rmino &quot;calvinista&quot; es uno de esos t&eacute;rminos negativos que ha visto como, con el correr de los siglos, se deteriora su estatuto a pesar de no contener otra cosa m&aacute;s que el Evangelio b&iacute;blico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<h2 align=\"center\">\n\tII &#8211; &iquest;C&Oacute;MO SE HA DE PREDICAR EL EVANGELIO HOY COMO AYER?<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t<strong>1. &iquest;Qu&eacute; Evangelio?<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&quot;&iquest;Reencontrar el Evangelio significa convertirse en calvinista?&quot; La palabra importa poco. Lo que importa, en cambio, es el Evangelio hist&oacute;rico que el calvinismo ha presentado. Elegir otra forma de expresarse conduce a torcer y a no entender el Evangelio b&iacute;blico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tHemos se&ntilde;alado al empezar, que el Evangelio que se predica en muchas Iglesia y Comunidades, incluidas las &quot;evang&eacute;licas&quot;, se aparta de la predicaci&oacute;n de anta&ntilde;o y tuerce el mensaje b&iacute;blico. Ahora es posible discernir lo que no va bien. En efecto, nuestros valores teol&oacute;gicos han sido devaluados: nos hemos puesto a pensar que la redenci&oacute;n obtenida en la cruz no es de hecho una redenci&oacute;n, que Cristo no es de hecho un Salvador, que el amor de Dios es insuficiente a menos que sea ayudado para salvar a alguien del infierno y que la fe constituye la ayuda humana de la que Dios tiene necesidad para llevar a cabo su plan de salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEsta lamentable evoluci&oacute;n tiene como resultado el impedir creer y predicar el Evangelio b&iacute;blico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tYa no se puede creer m&aacute;s en el Evangelio b&iacute;blico porque los esp&iacute;ritus han ca&iacute;do en las redes del sinergismo. Se est&aacute; obsesionado por la idea arminiana de que la fe y la incredulidad son actitudes que emanan de la responsabilidad de cada uno; son actitudes independientes. Se hace as&iacute; imposible de creer en la salvaci&oacute;n total por la pura gracia de Dios, por medio de la fe que es un don de Dios que fluye del Calvario. En su lugar aceptamos una especie de enredo de sistema doble relativo a la salvaci&oacute;n, considerando, en ciertos momentos, que esta depende solo de Dios, y en otros que depende de nosotros. Esta posici&oacute;n confusa priva a Dios de una buena parte de la gloria que le es debida por haber efectuado nuestra salvaci&oacute;n de principio a fin; tambi&eacute;n nos priva del bienestar que se experimenta al saber que Dios es por nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tAs&iacute;, al predicar el Evangelio, este concepto err&oacute;neo de la salvaci&oacute;n hace decir lo contrario de lo que quisiera. Se desea proclamar (correctamente) que Cristo es Salvador y se acaba por decir que, habiendo Cristo entregado toda la salvaci&oacute;n posible, los hombres pueden llegar a ser sus propios salvadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa deducci&oacute;n siguiente llega enseguida. Para exaltar la gracia salvadora de Dios y el poder salvador de Cristo, se viene a decir que el amor redentor de Dios se extiende a todos los hombres y que Cristo muri&oacute; para salvar a cada uno de ellos, pensando que esto muestra una justa medida de la gloria que va unida a la misericordia divina. Y a fin de evitar el universalismo, se hace necesario infravalorar aquello que antes se ha exaltado y explicar que de hecho lo que ha sido realizado por Dios y por Cristo, en orden a la salvaci&oacute;n, debe ser completado por el hombre; as&iacute; el elemento decisivo que asegura verdaderamente nuestra salvaci&oacute;n es nuestra propia fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn otros t&eacute;rminos, Cristo nos salva con nuestra ayuda; lo que viene a significar que nosotros nos salvamos con la ayuda de Cristo. He ah&iacute; una profunda desilusi&oacute;n. Cuando se comienza afirmando que el amor salvador de Dios se extiende a todos los hombres y que Cristo ha muerto por todos, mientras se rechaza el universalismo, se impone esta conclusi&oacute;n. Seamos l&uacute;cidos a prop&oacute;sito de la evoluci&oacute;n habida despu&eacute;s de m&aacute;s de un siglo. La gracia y la cruz no han sido exaltadas; han sido devaluadas. La expiaci&oacute;n se encuentra m&aacute;s reducida que en el calvinismo, el cual afirma que la muerte de Cristo salva a aquellos que debe salvar: esta muerte no ser&iacute;a ni siquiera suficiente para ello.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos pecadores impenitentes est&aacute;n ilusionados por la esperanza de que en su propio poder pueden arrepentirse y creen que Dios no puede atraerlos hacia si.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs dar poca importancia al arrepentimiento y a la fe (en vez de) hacerlas plausibles (&quot;es muy sencillo: abre tu coraz&oacute;n al Se&ntilde;or&#8230;&quot;).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCiertamente, la soberan&iacute;a de Dios es negada y la base de la verdadera religi&oacute;n socavada, a saber: que el hombre est&aacute; siempre en la mano de Dios. En verdad el d&eacute;ficit es enorme. Es ocioso preguntarse por qu&eacute; una tal predicaci&oacute;n suscita tan poco respeto y humildad, y por qu&eacute; los inconversos est&aacute;n tan satisfechos consigo mismos, inconscientes de su propio estado y deficientes en buenas obras que la Escritura considera como frutos de arrepentimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t<strong>2. La predicaci&oacute;n del Evangelio b&iacute;blico.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos reformadores nos han liberado de este tipo de predicaci&oacute;n y de fe, y nos ense&ntilde;an c&oacute;mo creer al Evangelio escritural y c&oacute;mo predicarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tDesde el principio est&aacute;n de acuerdo en inclinarse ante el Salvador Soberano que salva realmente y en alabarle por su muerte redentora que asegura a aquellos por quienes tuvo lugar su gloriosa resurrecci&oacute;n. No se ha llegado a percibir suficientemente, como lo hizo el S&iacute;nodo de Dordrecht, la importancia y el sentido de la cruz, su lugar en el coraz&oacute;n del Evangelio junto a, por un lado la total incapacidad del hombre y la elecci&oacute;n incondicional, y por el otro la gracia irresistible y la perseverancia asegurada. El significado pleno de la cruz aparece si la expiaci&oacute;n se expone desde la perspectiva de estas cuatro verdades: Cristo muri&oacute; para salvar a un pueblo de pecadores miserables a quienes Dios otorga su amor salv&iacute;fico y gratuito. El llamamiento y la perseverancia, desde ahora y hasta el retorno de Cristo, son aseguradas a todos aquellos por quienes Cristo llev&oacute; los pecados en la cruz. Tal ha sido, y sigue siendo, el significado del Calvario: la cruz ha salvado, la cruz sigue salvando. Tal es el meollo de la verdadera fe b&iacute;blica predicada en otros tiempos conforme a toda la ense&ntilde;anza del Nuevo Testamento completo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tTal afirmaci&oacute;n puede parecer parad&oacute;jica a aquellos que se imaginan que si no se predica que Cristo ha muerto por cada hombre, no se predica el Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iexcl;Es todo lo contrario! &iquest;Qu&eacute; significa predicar el Evangelio de la gracia de Dios? Con toda seguridad eso no significa afirmar a la asamblea dominical que Dios ama a cada uno de sus miembros (de la asamblea) y que Cristo ha muerto por cada uno de ellos, pues, seg&uacute;n la Biblia, eso implicar&iacute;a que todos ser&aacute;n salvos, lo que es imposible de decir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa seguridad de salvaci&oacute;n, que no es anterior a la fe que salva, permite saber que se es objeto del amor de Dios gracias a la muerte redentora de Cristo. Este conocimiento viene de aquello que se ha cre&iacute;do, pero no es la raz&oacute;n de nuestra fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSeg&uacute;n la Escritura, predicar el Evangelio consiste en exponer, como verdad proveniente de Dios para ser recibida y puesta en pr&aacute;ctica, las cuatro afirmaciones siguientes:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t1. Todos los hombres son pecadores e incapaces de salvarse a si mismos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t2. Jesucristo, el Hijo de Dios, es un Salvador perfecto, a&uacute;n para los peores pecadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t3. El Padre y el Hijo han prometido que todos aquellos que se reconocen pecadores y ponen su fe en Cristo como Salvador ser&aacute;n acogidos y no rechazados; esta promesa es cierta y est&aacute; fundada en el sacrificio eficaz y suficiente de Cristo sea cual sea el n&uacute;mero (grande o peque&ntilde;o) de beneficiarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t4. Dios ha hecho de la fe y del arrepentimiento un deber que requiere de aquellos que oyen el Evangelio una actitud de humildad y de dependencia frente a Cristo quien, seg&uacute;n las promesas del Evangelio, es un Salvador en el pleno sentido del t&eacute;rmino, capaz de librar y de salvar a todos aquellos que vienen a Dios mediante &eacute;l. Cristo esta dispuesto, deseoso y es capaz, por su sangre preciosa y a causa del rescate suficiente que &eacute;l ha pagado, de salvar a toda alma que viene a &eacute;l libremente con tal prop&oacute;sito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn otros t&eacute;rminos, la tarea del predicador es exponer quien es Cristo explicando que &eacute;l responde a la necesidad del hombre, que &eacute;l salva verdaderamente, que &eacute;l mismo se ofrece para ser el Salvador de todos aquellos que en verdad se vuelven hacia &eacute;l. Y no le corresponde al predicador decir, ni a sus oyentes preguntarse, por quienes muri&oacute; Jes&uacute;s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tNo hay nadie que, interpelado por el Evangelio, no busque alg&uacute;n d&iacute;a, discernir el proyecto y la intenci&oacute;n de Dios con respecto a el, a saber, ser beneficiario de la muerte de Cristo, estando plenamente seguro de que esta muerte es provechosa a todos aquellos que creen en &eacute;l y le obedecen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEsa fe as&iacute; establecida, y nunca antes, le da al creyente la seguridad de su salvaci&oacute;n; ve los frutos de esta muerte en el y en lo que le sucede; reconoce la benevolencia y el amor eterno de Dios de que es objeto, puesto que el Hijo vino a morir en su lugar. El Evangelio le llama y pone en pr&aacute;ctica su fe seg&uacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tlo establecido por Dios, y fundado en Sus promesas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tHe aqu&iacute; ahora algunas observaciones:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\ta) Primera observaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa manera antigua de anunciar el Evangelio comportaba, al igual que hoy, una oferta plena y completa de salvaci&oacute;n con su fundamento (el car&aacute;cter suficiente del sacrificio de Cristo y las promesas de Dios) y su atracci&oacute;n irresistible (la necesidad que tiene el pecador, el mandato del Se&ntilde;or que es tambi&eacute;n la invitaci&oacute;n del Redentor). En este punto, afirmar que Cristo muri&oacute; por todos los hombres no a&ntilde;ade nada. El Evangelio b&iacute;blico no da lugar, en efecto, al sentimentalismo barato que transformar&iacute;a la libre gracia de Dios hacia los pecadores en ternura seguramente impregnada de debilidad; no ofrece jam&aacute;s la imagen de un Salvador burlado y contrariado en su plan a causa de la incredulidad humana; con toda certeza no se dedica a hacer un llamamiento dram&aacute;tico invitando a los creyentes a dejarse salvar por Cristo. Ignora al Salvador lastimoso y al Dios pat&eacute;tico que presentan tantas predicaciones de hoy en d&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl Evangelio b&iacute;blico afirma que son los hombres quienes tienen necesidad de Dios y no a la inversa (&iexcl;f&aacute;bula enga&ntilde;osa!); invita no a compadecerse de Cristo, sino a entender que es Cristo quien se compadece de los hombres aunque estos est&eacute;n lejos de merecerlo. Tiene siempre en perspectiva la majestad divina y el poder soberano de Cristo; rechaza toda presentaci&oacute;n que ensombrezca la libertad y el poder absoluto del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iquest;Significa esto que los predicadores del Evangelio b&iacute;blico, tal como lo predicaron los reformadores, lo empeque&ntilde;ecen limit&aacute;ndose a presentar a la persona de Cristo invitando a todos a reconocerla? En absoluto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPorque admiten la gracia libre y soberana de Dios, su predicaci&oacute;n es mucho m&aacute;s rica que aquella que del Evangelio hace la interpretaci&oacute;n arminiana, puesto que este ofrecimiento es, desde el principio, bastante m&aacute;s maravilloso que aquel para el que el amor de Dios hacia todos los pecadores forma parte de la naturaleza misma de Dios y cae por su peso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn efecto, el Dios santo, que jam&aacute;s ha tenido necesidad de los hombres para su gozo y que habr&iacute;a podido rechazar por siempre a nuestra raza ca&iacute;da, ciertamente ha elegido rescatar a algunos en favor de los cuales su Hijo muri&oacute; y descendi&oacute; a los infiernos. Y ahora, desde lo alto de su trono de gloria, habla a los hombres imp&iacute;os a trav&eacute;s del Evangelio, les urge, con una inmensa compasi&oacute;n, a arrepentirse, a tener compasi&oacute;n de ellos mismos y escoger la vida. Estos hechos nutren la predicaci&oacute;n del Evangelio b&iacute;blico.&nbsp;&nbsp;Lo maravilloso es que todo responde a la sabidur&iacute;a divina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPero lo m&aacute;s maravilloso de todo, el punto m&aacute;s santo del Santo Evangelio, es la invitaci&oacute;n gratuita que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s dirige, de forma repetida, a los pecadores para que vengan a &eacute;l y hallen el descanso para su alma. Lo glorioso de estas invitaciones es el hecho de ser dirigidas por un Rey todopoderoso, como si formase parte de la gloria de Cristo sobre su trono el condescender a formularlas. Y es la gloria del ministro del Evangelio, en tanto que embajador de Cristo encargado de entregar personalmente la invitaci&oacute;n del Rey, predicar a los pecadores presentes ante el y urgirles a convertirse y vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&quot;Consideremos el amor y la misericordia infinita de Cristo en las invitaciones y llamamientos que nos hace a venir a &eacute;l para obtener la vida, la liberaci&oacute;n, la misericordia, la gracia, la paz y una salvaci&oacute;n eterna. Un gran n&uacute;mero de estas invitaciones y llamamientos est&aacute;n consignadas en las Escrituras e incluyen todos las benditas incitaciones que la sabidur&iacute;a divina sabe aplicar a los pecadores perdidos, culpables&#8230; Durante la proclamaci&oacute;n y la predicaci&oacute;n del Evangelio, Jesucristo se presenta ante ellos y les llama, les invita, les anima a venir ante &eacute;l: &iquest;Por qu&eacute; morir? &iquest;Por qu&eacute; perecer? &iquest;Por qu&eacute; no tener compasi&oacute;n de vuestras propias almas? &iquest;Estar&aacute;n preparados vuestros corazones y fortalecidas vuestras manos en el d&iacute;a de la ira que se acerca? &iexcl;Mirad a mi y sed salvos! Venid a mi y yo os aliviar&eacute; de todos vuestros pecados, tristezas, temores, cargas; dar&eacute; descanso a vuestras almas. Os suplico que veng&aacute;is.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tRechazad toda dilaci&oacute;n, toda demora; no me desech&eacute;is m&aacute;s, la eternidad est&aacute; pr&oacute;xima. No me aborrezc&aacute;is hasta el punto de preferir la muerte antes que aceptar mi salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl Se&ntilde;or Jesucristo no cesa de dirigirse a los pecadores, de abogar a favor de ellos y de exhortarlos. Lo hace mediante la predicaci&oacute;n de la Palabra, como si &eacute;l mismo estuviera presente en medio de la asamblea, hablando personalmente a cada uno. Esta es la raz&oacute;n por la que &eacute;l ha designado a los predicadores del Evangelio, que se ocupan de vosotros en su lugar y os hacen la invitaci&oacute;n en su nombre (2 Cor 5;19,20)&quot;&nbsp;(John Owen).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEstas invitaciones se dirigen a todos los hombres, son universales. Cristo las dirige a todos los pecadores en tanto que tales, y cada hombre, en tanto que crea que Dios es veraz, debe apropi&aacute;rselas como la misma Palabra de Dios y aceptar la promesa que les acompa&ntilde;a: que Cristo acoger&aacute; a todos aquellos que vienen a &eacute;l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEstas invitaciones son ciertas. Cristo se ofrece sinceramente a todos aquellos que oyen el Evangelio; &eacute;l es un Salvador perfecto para todos aquellos que depositan en &eacute;l su confianza. La cuesti&oacute;n de la extensi&oacute;n del alcance de la expiaci&oacute;n no ha de ser evocada en la predicaci&oacute;n evang&eacute;lica, la cual debe precisar solamente que Jesucristo, el Se&ntilde;or Soberano, muri&oacute; por los pecadores a los que ahora invita a venir a &eacute;l libremente. Dios ordena que todos se arrepientan y crean. Cristo promete la vida y la paz a todos aquellos que lo hagan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEstas invitaciones son, por dem&aacute;s, maravillosamente gratuitas. Los hombres las desprecian y las rechazan y en ning&uacute;n caso son dignos. Por tanto Cristo a&uacute;n las renueva; no tiene ninguna necesidad de hacerlo, pero lo hace: &quot;Venid a mi&#8230; y yo os har&eacute; descansar&quot; permanece su palabra en el mundo, jam&aacute;s anulada, siempre actual por la predicaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl, cuya muerte a asegurado la salvaci&oacute;n de todo su pueblo, debe ser predicado en todo lugar como Salvador perfecto; todos los hombres han de ser invitados y urgidos a creer en &eacute;l, quienes quiera que sean, lo que quiera que hayan sido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tTales son los tres aspectos del anuncio del Evangelio b&iacute;blico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs una suposici&oacute;n carente de fundamento pensar que la proclamaci&oacute;n del Evangelio, desde esta perspectiva, es an&eacute;mica y carece de entusiasmo en comparaci&oacute;n con la de los arminianos. Para persuadirse es suficiente con leer los sermones de predicadores tales como Bunyan, Whitefield o Spurgeon para ver que ellos ensalzaban al Salvador y exhortaban, con sencillez y con ardor, a los pecadores a venir a &eacute;l con una intensidad y un vigor inigualables en la literatura protestante. Al analizar estos sermones, uno queda impactado al ver como su gozo profundo, debido a las riquezas de la gracia de Dios, ten&iacute;a fuerza para subyugar a sus oyentes; la insistencia puesta en la libre gracia de Dios, hay que decirlo, a&uacute;n tiene este mismo poder sobre los lectores de coraz&oacute;n endurecido de hoy d&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tAquellos predicadores sab&iacute;an que la inmensidad del amor de Dios no hab&iacute;a sido comprendida ni en su mitad, tanto cuanto no se hab&iacute;a apercibido que a &eacute;l no le era necesario ni haber escogido para salvar, ni haber entregado a su Hijo para morir. Dios no ten&iacute;a necesidad, ni tampoco Cristo, de haber tomado sobre si la condenaci&oacute;n de los hombres a fin de rescatarlos, ni de invitar a todos los pecadores sin distinci&oacute;n, como hace. En efecto, es necesario llegar a entender bien que todos los actos de pura gracia de Dios dependen enteramente de su libre voluntad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPorque sab&iacute;an esto, aquellos predicadores lo recalcaban con fuerza; aquella fuerza hac&iacute;a de su anuncio del Evangelio una categor&iacute;a aparte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tOtros&nbsp;&nbsp;evangelistas, con una teolog&iacute;a de la gracia m&aacute;s superficial y menos correcta, han puesto el acento, en sus predicaciones del Evangelio, sobre las necesidades de perd&oacute;n, paz o poder de los pecadores, preocup&aacute;ndose de la forma de hacerles &quot;decidirse por Cristo&quot;. Que su predicaci&oacute;n ha tenido buenos efectos es incuestionable (pues Dios utiliza su verdad aunque sea proclamada con imperfecci&oacute;n y mezclada con error), bien que ese tipo de evangelizaci&oacute;n sea criticable por estar demasiado centrada en el hombre y ser demasiado sentimental. Mas ha de volverse a los calvinistas y a aquellos que, como los hermanos Wesley, adoptan la manera de pensar calvinista como principio de su predicaci&oacute;n a los inconversos, de predicar con mucha claridad el amor infinito, la misericordia, el sufrimiento inmenso y paciente, as&iacute; como la ternura sin l&iacute;mites del Se&ntilde;or Jesucristo. Tal es con seguridad la forma m&aacute;s escritural y m&aacute;s edificante de llevarla a cabo. En efecto, las invitaciones evangel&iacute;sticas dirigidas a los pecadores no honran a Dios ni exaltan a Cristo tanto como cuando poniendo un fuerte &eacute;nfasis destilan la misericordia todopoderosa y libre de Dios. Su poder para despertar y confirmar la fe es igualmente mayor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCiertamente parece como si los predicadores del Evangelio b&iacute;blico fueran los &uacute;nicos en hacer justicia a la revelaci&oacute;n de la misericordia divina, en el ofrecimiento que hacen de Cristo a los pecadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tb) Segunda observaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl Evangelio b&iacute;blico salvaguarda los valores que ha perdido la manera arminiana de predicar. Hemos visto que la afirmaci&oacute;n del alcance universal de la redenci&oacute;n y el deseo de Dios de que todos los hombres sean salvos, conduce a empeque&ntilde;ecer la gracia de Dios y a infravalorar la cruz, porque se niega la soberan&iacute;a del Padre y del Hijo en su obra de salvaci&oacute;n. Dicho de otra manera, despu&eacute;s de que Dios y Cristo hubieron hecho todo lo que pudieron y quisieron, la salvaci&oacute;n depende de la elecci&oacute;n personal de cada hombre, independientemente del proyecto de Dios: que sea o no salvo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEste concepto arminiano produce dos resultados enojosos. El primero es el de empujar y tropezar en el sentido verdadero de las invitaciones del Evangelio, de las que hemos hablado anteriormente. Estas invitaciones no son consideradas como manifestaciones de la tierna paciencia de un Soberano poderoso, sino como la expresi&oacute;n de un deseo despojado de poder. De tal suerte que el Se&ntilde;or sobre su trono sufre de repente una metamorfosis, convirti&eacute;ndose en un personaje d&eacute;bil y mediocre que llama tristemente a la puerta de un coraz&oacute;n que es incapaz de abrir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iexcl;Que escandaloso deshonor para el Cristo del Nuevo Testamento!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl segundo resultado, tan enojoso tambi&eacute;n, consiste en rechazar nuestra dependencia de Dios, cuando se ha de tomar una decisi&oacute;n vital, coloc&aacute;ndonos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tfuera de sus manos y convenci&eacute;ndonos de que despu&eacute;s de todo (a lo que nos hemos de acomodar voluntariamente en raz&oacute;n del pecado que habita en nosotros) somos due&ntilde;os de nuestro destino y gu&iacute;as de nuestras almas. &iquest;C&oacute;mo extra&ntilde;arse entonces, siendo esta la orientaci&oacute;n general dada sobre tal ense&ntilde;anza, de que las personas convertidas por este tipo de evangelizaci&oacute;n arminiana carezcan muy frecuentemente de reverencia ante Dios y de piedad?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl Evangelio b&iacute;blico tiene otras caracter&iacute;sticas. Por un lado, expone la necesidad que el hombre tiene de Cristo, insiste sobre un punto que descuida el arminianismo, a saber, que los pecadores no pueden decir &quot;si&quot; al Evangelio, ni obedecer la Ley de Dios, si su coraz&oacute;n no ha sido regenerado. Por otro lado, afirma que Cristo tiene el poder de salvar, el Evangelio b&iacute;blico le reconoce como el autor y el principal agente de la conversi&oacute;n, que mediante la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, renueva el coraz&oacute;n del hombre y lo atrae hacia si.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tAs&iacute;, dicho de otra manera, el Evangelio b&iacute;blico, aunque afirma que la fe es el deber del hombre, tambi&eacute;n afirma que tener fe no entra dentro de sus propias posibilidades, sino que Dios da aquello que ordena. No proclama simplemente que el hombre debe venir a Cristo para ser salvo, sino tambi&eacute;n que esto le es imposible a menos que Cristo mismo no lo atraiga hacia si. El Evangelio b&iacute;blico obra aniquilando todo orgullo humano, para convencer a los pecadores de que su salvaci&oacute;n est&aacute; totalmente fuera de sus manos y colocarles, conscientes de su completa incapacidad, ante el beneficio de la gracia soberana y gloriosa del Salvador, no solamente para su justificaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n para su fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUn predicador del Evangelio b&iacute;blico no puede sentirse satisfecho de la formula utilizada corrientemente de &quot;hacer una decisi&oacute;n por Cristo&quot;. En efecto, desde el principio esta expresi&oacute;n ofrece una imagen falsa, como la de una elecci&oacute;n para un cargo pol&iacute;tico, acto en el que el candidato no hace otra cosa m&aacute;s que presentarse a la votaci&oacute;n, dependiendo finalmente de la elecci&oacute;n de los votantes. No vamos a colocar al Hijo de Dios, en su labor de Salvador, permaneciendo pasivo mientras que los predicadores se apresuran en su favor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPor otro lado, la expresi&oacute;n &quot;decidirse por Cristo&quot; obscurece aquello que es esencial en el arrepentimiento y en la fe, a saber, el enfrentamiento del &quot;yo&quot; ante el acercamiento personal de Cristo. Ni que decir tiene que decidirse por Cristo significa venir a &eacute;l, reposar en &eacute;l, volverse del pecado y renunciar a las obras meritorias. Esta formulaci&oacute;n sugiere mucho menos y valora nociones inexactas en cuanto a lo que el Evangelio exige realmente de los pecadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSea cual sea la manera en que se estudie, esta expresi&oacute;n es defectuosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tA la pregunta &quot;&iquest;Qu&eacute; debo hacer para ser salvo?&quot;, el Evangelio b&iacute;blico responde:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&quot;cree en el Se&ntilde;or Jesucristo&quot;. A la pregunta siguiente &quot;&iquest;Qu&eacute; significa creer en el Se&ntilde;or Jesucristo?&quot;, la respuesta es: &quot;reconocerse pecador y saber que Cristo ha muerto por los pecadores como tu; abandonar toda justicia propia y confianza en si mismo y abandonarse totalmente a &eacute;l para recibir el perd&oacute;n y la paz; cambiar su naturaleza enemiga de Dios y de rebeli&oacute;n contra &eacute;l, por un esp&iacute;ritu de reconocimiento sumiso a la voluntad de Cristo, gracias a la renovaci&oacute;n del coraz&oacute;n operado por el Esp&iacute;ritu Santo&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tY a la &uacute;ltima pregunta &quot;&iquest;C&oacute;mo estoy en el camino de la fe en Cristo y del arrepentimiento si no poseo aptitud natural alguna para estas cosas?&quot;, la respuesta es &quot;mira a Cristo, h&aacute;blale, clama ante &eacute;l tal como tu eres; confi&eacute;sale tu pecado, tu rebeli&oacute;n, tu incredulidad y som&eacute;tete a su misericordia; p&iacute;dele un coraz&oacute;n nuevo que suscite en ti un verdadero arrepentimiento y una fe inconmovible; ru&eacute;gale que te quite tu coraz&oacute;n malvado e incr&eacute;dulo y que escriba su Ley en ti a fin de que jam&aacute;s te extrav&iacute;es lejos de &eacute;l&quot;. Volverse a Cristo y confiar en &eacute;l; pedirle que se haga su voluntad, que es siempre lo mejor; utilizar los &quot;medios de gracia&quot; sin esperar m&aacute;s, mirar a Cristo para que se acerque a ti mientras buscas acercarte a &eacute;l; considerar, orar, leer, escuchar la Palabra de Dios, adorar en comuni&oacute;n con el pueblo de Dios, y todo esto hasta que est&eacute;s convencido de que has sido realmente cambiado, que eres un creyente arrepentido y que has recibido el coraz&oacute;n nuevo que deseabas. En la primera etapa de esta andadura, el acento est&aacute; puesto en la necesidad de clamar a Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tNo hay que dejar esto para un mejor momento; es conveniente confesar pronto y honestamente su miseria, de abandonarse, rendirse, aqu&iacute; y ahora, a Cristo, y esperar en &eacute;l hasta que su luz brille en nuestro coraz&oacute;n, como lo prometen las Escrituras. Toda otra actitud que no sea esta relaci&oacute;n directa con Cristo, es desobediencia al Evangelio. Tal es el ejercicio espiritual al que el Evangelio b&iacute;blico llama a sus oyentes, y en el que la oraci&oacute;n debe ser: &quot;Creo, ayuda mi incredulidad&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl Evangelio b&iacute;blico, que da testimonio de Cristo, es proclamado correctamente, como por Cristo mismo, si las invitaciones de la Escritura que siguen son trasmitidas, no como un discurso en el que la aplicaci&oacute;n debe esperar la decisi&oacute;n del hombre, sino como un mensaje poderosamente activo para suscitar la fe. La predicaci&oacute;n del Evangelio es demasiado frecuentemente entendida como teniendo por objetivo el &quot;conducir a Cristo&quot;, siendo solo los hombres susceptibles de moverse mientras Cristo se contenta con esperar. La predicaci&oacute;n del Evangelio b&iacute;blico consiste primero en presentar a Cristo, coloc&aacute;ndole ante los ojos de los oyentes, a &eacute;l el Salvador poderoso que obra a trav&eacute;s de las palabras de los predicadores, actuando para la salvaci&oacute;n de los pecadores, despert&aacute;ndolos a la fe y llev&aacute;ndolos hacia &eacute;l por su gran misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl Evangelio b&iacute;blico que debe ser predicado es el de la gracia soberana de Dios en Cristo, quien es el autor de la fe y de la salvaci&oacute;n, y el que conduce a la perfecci&oacute;n. Cuando se ha gustado no se desea otro. En lo que concierne a la fe y a la predicaci&oacute;n del Evangelio, como en otros aspectos, tomemos las palabras de Jerem&iacute;as:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&quot;As&iacute; dijo el Eterno:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tParaos en los caminos, y mirad,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Informaos sobre las sendas antiguas,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Donde est&aacute; el buen camino? Andad por el. Y hallad el descanso para vuestras almas.&quot;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tVolvamos al Evangelio b&iacute;blico. Aquel que lo ha substituido, y que se oye con demasiada frecuencia, no es bienhechor ni para las personas, ni para la Iglesia.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La salvaci&oacute;n b&iacute;blica y la proclamaci&oacute;n del Evangelio. J.I.Packer. &nbsp; Este estudio de J.I.Packer, profesor de teolog&iacute;a en el Regent College de Vancouver (Canad&aacute;), fue publicado primeramente como prefacio al c&eacute;lebre libro sobre la muerte de Cristo del gran te&oacute;logo ingl&eacute;s del siglo XVII John Owen. Fue retomado en un reciente libro del autor &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-doctrina-de-la-gracia-2223-nadie-puede-venir-a-m-si-el-padre-que-me-envi-no-le\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa Doctrina de la Gracia: (22\/23) &#8211; Nadie puede venir a m&#237; si el Padre que me envi&#243; no le\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-4884","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4884","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4884"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4884\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4884"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4884"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4884"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}