{"id":4916,"date":"2016-02-08T19:04:48","date_gmt":"2016-02-09T00:04:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sus-errores-del-ayer-quedaron-en-el-pasado\/"},"modified":"2016-02-08T19:04:48","modified_gmt":"2016-02-09T00:04:48","slug":"sus-errores-del-ayer-quedaron-en-el-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sus-errores-del-ayer-quedaron-en-el-pasado\/","title":{"rendered":"Sus errores del ayer quedaron en el pasado"},"content":{"rendered":"<div>Un recuerdo de mi lejana ni&#241;ez todav&#237;a me asalta con frecuencia. Lo constituyen las escenas de un indigente al que &#8211;en Vijes, mi patria chica&#8211; le hicieron parte de la familia. S&#243;lo sab&#237;amos su nombre: Camilo. Otros le dec&#237;an &#8220;Saco viejo&#8221;. Era gracioso, como si hubiese sido tomado de una caricatura o de los dibujos animados. Risue&#241;o. Y permanec&#237;a en el parque principal, al amparo de una enorme Ceiba.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Los parroquianos se turnaban alimentarlo. Pero tambi&#233;n, proveerle vestido. Y aunque era poco amigo de ba&#241;arse, todos sent&#237;an un sano orgullo cuando le ve&#237;an bien presentado.<\/p>\n<p>Sin embargo los d&#237;as tranquilos del hombre se tornaban tristes y tormentosos cuando alguno de los adolescentes, que sol&#237;a pasar frente a la silla en la que ve&#237;a morir el tiempo, le gritaba: <i>&#8220;Esa ropa no es tuya, sino m&#237;a&#8221;. <\/i><\/p>\n<p>Inmediatamente abandonaba el mundo de fantas&#237;a en el que viv&#237;a, mudaba su semblante y, con rabia, se deshac&#237;a de cada una de las prendas. Era dram&#225;tico. Le hac&#237;an sufrir.<\/p>\n<p><b>&#191;Le ha ocurrido alguna vez?<\/b><\/p>\n<p>Igual que Camilo puede ocurrirle a usted. Justo cuando se siente m&#225;s entusiasmado porque experimenta cambios en su comportamiento, le embarga un extra&#241;o sentimiento de frustraci&#243;n y desasosiego. Recuerda su pasado. Es como una sombra que le sigue a todas partes.<\/p>\n<p>&#191;Ha vivido esa situaci&#243;n? Es frecuente. Y pone obst&#225;culos al prop&#243;sito de cambio. Es una de las armas eficaces de Satan&#225;s y sus aliados. Es la forma como detiene cualquier avance espiritual. Siembra des&#225;nimo y frustraci&#243;n.<\/p>\n<p>Sin embargo se trata de una mentira. La m&#225;s infame porque desde el momento en que usted y yo aceptamos a Jes&#250;s como Se&#241;or y Salvador, todos nuestros pecados fueron borrados.<\/p>\n<p>El ap&#243;stol Pablo escribi&#243;: <b>&#8221;Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisi&#243;n de vuestra carne, os dio vida juntamente con &#233;l, perdon&#225;ndoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que hab&#237;a contra nosotros, quit&#225;ndola de en medio y clav&#225;ndola en la cruz&#8230; &#8221;(Colosenses 2:13-14).<\/i><\/b><\/p>\n<p><b>Es hora de perdonarse<\/b><\/p>\n<p>Imagine por un instante que entra a la oficina celestial de Jesucristo. Est&#225; ocupado. Sobre su escritorio, decenas de documentos por firmar. Usted toca la puerta entreabierta y, con un gesto, mir&#225;ndole por encima de sus lentes, le invita a seguir.<\/p>\n<p>&#8212;<i>Se&#241;or Jes&#250;s, me siento triste, deprimido, me embarga la sensaci&#243;n de que no vale la pena seguir adelante<\/i>&#8211;, le explica.<\/p>\n<p>&#8212;<i>&#191;A qu&#233; se debe?<\/i>&#8212; pregunta el maestro.<\/p>\n<p>&#8212;<i>Es un pecado que comet&#237; hace algunos a&#241;os. Enga&#241;&#233; a mi esposa, le caus&#233; mucho da&#241;o, la hice infeliz<\/I>&#8212;argumenta usted.<\/p>\n<p>Sin decir palabra, Jes&#250;s se dirige al archivador. Pregunta su nombre, luego su apellido y comienza a revisar todos los expedientes. Guarda silencio. Sus dedos recorren h&#225;bilmente todos los folios. Mueve la cabeza y volvi&#233;ndole la mirada, le dice:&#8211;<i>Lo siento, no se de qu&#233; me hablas. Revis&#233; todos los archivos y no aparece el pecado de que me hablas<\/i>&#8212;.<\/p>\n<p>&#8212;<i>Yo recuerdo que te ped&#237; perd&#243;n, pero sigo preocupado&#8230;<\/i>&#8212;<\/p>\n<p>&#8212;<i>Ah&#8230; &#8211;le interrumpe el Se&#241;or&#8212;es que me pediste perd&#243;n. Yo te perdon&#233;. Eso lo explica todo. Ya no existen esos errores. Est&#225;n en el pasado, y para serte sincero, all&#237; quedar&#225;n para siempre, en el pasado<\/i>&#8212;<\/p>\n<p>Usted abandona el lugar con la convicci&#243;n de que fue perdonado, aunque mismo no quer&#237;a admitirlo para si mismo.<\/p>\n<p>&#191;A qu&#233; se debe esta situaci&#243;n? A que Dios nos perdon&#243; pero nosotros no nos hemos perdonado a&#250;n. Ese es el instrumento que utiliza el diablo para traernos a la memoria lo que hicimos ayer, y tratar de frenarnos en nuestro crecimiento espiritual. Lo que debemos hacer entonces, es permitir que el perd&#243;n nos cubra. Es decir, perdonarnos. De lo contrario, siempre nos atormentaremos por lo que hicimos.<\/p>\n<p><b>Comience a vivir plenamente<\/b><\/p>\n<p>El pasado es pasado y en el pasado debe quedar. No es un juego de palabras. Es una realidad. Dios ya le perdon&#243;. No tiene sentido que usted se siga atormentando como lo hace hasta ahora.<\/p>\n<p>Cuando se perdone asimismo, seguramente comenzar&#225; a vivir plenamente. Es inevitable. Dios nos perdon&#243;, nosotros debemos perdonarnos.<\/p>\n<p>Pero hay algo que quiz&#225; le falta. Es aceptar a Jesucristo como Se&#241;or y Salvador. S&#243;lo as&#237; se har&#225; efectivo el perd&#243;n de sus pecados en la cruz. <\/p>\n<p>Hacerlo es f&#225;cil. Basta con una sencilla oraci&#243;n. D&#237;gale: <b><i>&#8220;Se&#241;or Jes&#250;s, reconozco el perd&#243;n de mis pecados por tu sacrificio en la cruz. Te acepto en mi coraz&#243;n como &#250;nico y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que t&#250; quieres que yo sea. Am&#233;n&#8221;<\/i><\/b>.<\/p>\n<p>Lo felicito. Es la mejor decisi&#243;n que haya podido tomar. Su existencia ser&#225; diferente. Ha comenzado el proceso de cambio. Ahora le sugiero tres cosas. La primera, que asuma el h&#225;bito de orar. Es hablar con Dios. La segunda, que lea Su Palabra diariamente. Le ayudar&#225; a crecer espiritualmente. Y la tercera, que se congregue en una iglesia cristiana.<\/p>\n<p>Autor: Fernando Alexis Jim&#233;nez<\/p>\n<p>Website <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.heraldosdelapalabra.com\">http:\/\/www.heraldosdelapalabra.com<\/a> y meditaciones diarias en <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.adorador.com\/meditaciones\">http:\/\/www.adorador.com\/meditaciones<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un recuerdo de mi lejana ni&#241;ez todav&#237;a me asalta con frecuencia. 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