{"id":4945,"date":"2016-02-08T19:05:05","date_gmt":"2016-02-09T00:05:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-nos-ayuda-a-construir-el-hogar-que-merecemos\/"},"modified":"2016-02-08T19:05:05","modified_gmt":"2016-02-09T00:05:05","slug":"dios-nos-ayuda-a-construir-el-hogar-que-merecemos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-nos-ayuda-a-construir-el-hogar-que-merecemos\/","title":{"rendered":"Dios nos ayuda a construir el hogar que merecemos"},"content":{"rendered":"<div>El lugar donde reside Ra&#250;l no es propiamente halagador. Por el contrario, revela descuido y hacinamiento. El cuarto de pocos metros luce desordenado. Hay ropa por todas partes, libros, revistas, un vaso de agua que derram&#243; el contenido, dos recibos por cancelar y un &#225;lbum viejo. All&#237; guarda las fotograf&#237;as de lo que fue su familia.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">&#8211;Yo los amo, de verdad&#8212;me dijo mientras revis&#225;bamos su vida matrimonial&#8211;, pero no soportaba tantos enfrentamientos. No entend&#237;a a mi esposa, y ella no me entiende tampoco. Se que la amo, pero no se c&#243;mo volver a comenzar&#8212;enfatiz&#243;.<\/p>\n<p>En dos ocasiones intentaron regresar. Pero fue peor que antes. Terminaban en enfrentamientos que despertaban angustia entre los vecinos, que llevaban platos a volar por entre los cristales de las ventanas y que una vez concluy&#243; con la imagen pat&#233;tica de Ra&#250;l en el umbral de la puerta mientras su c&#243;nyuge le arrojaba toda su ropa, desde dentro.<\/p>\n<p>&#8211;Nunca m&#225;s quiero saber de ti &#191;Me escuchaste? Nunca m&#225;s&#8230;&#8212;vociferaba la mujer al tiempo que cerraba con furia el portal, que vibr&#243; con el golpe. <\/p>\n<p>Y all&#237; est&#225;bamos los dos, conversando, tomando caf&#233; tinto y revisando qu&#233; pudo ocurrir. No es el primer caso, y sin duda, tampoco ser&#225; el &#250;ltimo.<\/p>\n<p>&#191;A qui&#233;n recurr&#237;a en sus conflictos?<\/p>\n<p>La pregunta obvia:&#8211;Ra&#250;l, y en los conflictos &#191;A qui&#233;n recurr&#237;as?&#8212;<\/p>\n<p>Me mir&#243; con la expresi&#243;n de quien no sabe responder. &#8211;A nadie, yo resuelvo mis problemas solos. Y lo primero que hac&#237;a era tratar de resolver las diferencias momentos despu&#233;s de las discusiones, pero era peor&#8211;, dijo.<\/p>\n<p>Muchas personas al igual que este fot&#243;grafo de profesi&#243;n, obran as&#237;. Conf&#237;an en sus propias capacidades y terminan enredados en un laberinto sin salida. Como no ten&#237;a nada que perder, acept&#243; que revis&#225;ramos un Salmo de la Biblia. Es el 127.<\/p>\n<p>&#8211;Hace tiempo que no leo la Biblia&#8212;confes&#243;. De buena gana ley&#243; conmigo los primeros dos vers&#237;culos del texto: &#8220;Si el SE&#209;OR no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el SE&#209;OR no guarda la ciudad, en vano vela la guardia. Es en vano que os levant&#233;is de madrugada, que os acost&#233;is tarde, que com&#225;is el pan de afanosa labor, pues El da a su amado aun mientras duerme.&#8221;(vers&#237;culos 1 y 2. La Biblia de Las Am&#233;ricas).<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Te das cuenta?&#8212;le pregunt&#233;. Ley&#243; de nuevo el pasaje, sus ojos se abrieron como si acabara de descubrir un tesoro enterrado en mitad de una avenida poblada de gente.<\/p>\n<p>&#8211;&#161;Claro! Eso es lo que me pas&#243;. Jam&#225;s llev&#233; a Dios mis problemas. Es m&#225;s, nunca se los present&#233; en oraci&#243;n. Pens&#233; que el Se&#241;or estaba muy ocupado para prestar atenci&#243;n a esas tonter&#237;as&#8212;razon&#243; Ra&#250;l mientras rele&#237;a el texto.<\/p>\n<p>Coincid&#237;amos en dos elementos de suma importancia: el primero, que a Dios s&#237; le importa nuestro hogar y cualquier incidente &#8211;por m&#237;nimo que parezca&#8211; debemos llevarlo a su presencia en oraci&#243;n. Nadie m&#225;s que El nos puede otorgar la sabidur&#237;a necesaria para expresar las palabras apropiadas en el momento indicado.<\/p>\n<p>El segundo aspecto, es que Jesucristo debe reinar en nuestro hogar. De lo contrario, ser&#225;n nuestros propios sentimientos&#8212;la mayor parte de las veces equivocados o sujetos a variaciones de todo g&#233;nero&#8212;y no hallaremos una soluci&#243;n f&#225;cil cuando nos encontremos en medio del laberinto.<\/p>\n<p>El hogar cuenta tambi&#233;n por los hijos<\/p>\n<p>Cuando se produce una ruptura al interior de la familia, los hijos son los quienes llevan la peor parte. Son un tesoro muy preciado para Dios quien inspir&#243; al salmista para que escribiera: &#8220;He aqu&#237;, don del SE&#209;OR son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en la mano del guerrero, as&#237; son los hijos tenidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba; no ser&#225;n avergonzados cuando hablen con sus enemigos en la puerta.&#8221;(vers&#237;culos 3 y 4. La Biblia de Las Am&#233;ricas).<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Pensaste en tus hijos?&#8212;le pregunt&#233;, conociendo de antemano la respuesta. Ni usted ni yo lo hacemos cuando discutimos con el c&#243;nyuge. Es m&#225;s, mantenemos disputas delante de ellos.<\/p>\n<p>&#8211;No, sabes bien que no. No razonaba. Simplemente daba rienda suelta a mi ira&#8212;admiti&#243; Ra&#250;l. Acto seguido revisamos cada uno de los enfrentamientos en los que estuvieron presentes los chicos. Tambi&#233;n algo interesante: muchas discusiones pudieron evitarse si tan solo uno de los dos hubiera guardado silencio en el momento oportuno. &#8211;Realmente uno sigue y sigue y pareciera que nunca se detendr&#225;&#8212;comparti&#243; al razonar que fue posible calmarse antes de hablar.<\/p>\n<p>Despu&#233;s de esta y muchas otras conversaciones que mantuvimos, acordamos orar delante del Se&#241;or en procura del restablecimiento de ese hogar. No fue f&#225;cil. Hab&#237;an bastantes heridas en los dos. Sin embargo, poco a poco lo est&#225;n logrando. Lo entend&#237; ayer cuando termin&#243; el servicio religioso y evaluamos que, involucrando a Dios, s&#237; es posible que las cosas funcionen. <\/p>\n<p>Un hogar a nuestra manera, en nuestras fuerzas, est&#225; destinado al fracaso. Con la ayuda de Dios, saldr&#225; adelante&#8230;<\/p>\n<p>No olvide un principio de vida cristiana pr&#225;ctica: el Se&#241;or Jesucristo es quien debe reinar en su matrimonio&#8230; El nos concede la sabidur&#237;a necesaria para saber pensar y actuar&#8230; Revise su vida, es probable que usted mismo est&#233; necesitando a Dios en su hogar&#8230; Nunca es tarde para empezar&#8230; Hoy puede ser el d&#237;a&#8230;<\/p>\n<p>Ps. Fernando Alexis Jim&#233;nez<br \/>\nP&#225;gina en Internet <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.heraldosdelapalabra.com\">http:\/\/www.heraldosdelapalabra.com<\/a> y meditaciones diarias en <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.adorador.com\/meditaciones\">http:\/\/www.adorador.com\/meditaciones<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El lugar donde reside Ra&#250;l no es propiamente halagador. Por el contrario, revela descuido y hacinamiento. El cuarto de pocos metros luce desordenado. Hay ropa por todas partes, libros, revistas, un vaso de agua que derram&#243; el contenido, dos recibos por cancelar y un &#225;lbum viejo. 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