{"id":4967,"date":"2016-02-08T19:05:16","date_gmt":"2016-02-09T00:05:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/perdonar-las-ofensas-nos-libera\/"},"modified":"2016-02-08T19:05:16","modified_gmt":"2016-02-09T00:05:16","slug":"perdonar-las-ofensas-nos-libera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/perdonar-las-ofensas-nos-libera\/","title":{"rendered":"Perdonar las ofensas, nos libera"},"content":{"rendered":"<div>Cuando amigos y conocidos se refieren a Ricardo Jos&#233;, lo hacen en los mejores t&#233;rminos, rememoran su amabilidad, disposici&#243;n de ayudar a quien lo necesita; la sonrisa afable que le caracteriza, y el ser un buen hijo. Pero sus sue&#241;os de estudiar ingenier&#237;a y la condici&#243;n de joven emprendedor, estuvieron a punto de romperse un s&#225;bado cualquiera, pasadas las nueve de la noche, cuando al regresar a casa el muchacho fue atacado con tres disparos de rev&#243;lver. Por varias horas libr&#243; una batalla sin cuartel entre la vida y la muerte.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Todos en el barrio supieron quien protagoniz&#243; el atentado criminal. Lo vieron correr callej&#243;n arriba. A la luz de una l&#225;mpara, lo identificaron. Justo cuando hu&#237;a. Y lo reconocieron tambi&#233;n a la ma&#241;ana siguiente cuando sal&#237;a rumbo a su trabajo como agente de seguridad.<\/p>\n<p>Nadie supo cu&#225;les fueron sus razones para actuar as&#237;. Pero guardaron silencio, salvo la decisi&#243;n de no volver a saludarle, como forma de expresar su rechazo.<\/p>\n<p>Pasados los tiempos dif&#237;ciles, cuando Ricardo Jos&#233; daba los primeros pasos ayudado con unas muletas, Olga Luc&#237;a &#8211;su madre&#8212;esper&#243; al criminal a la hora que sol&#237;a regresar. Siempre a las seis de la tarde. Se miraron sin decir palabras. El hombre intent&#243; eludirla. Ella se interpuso r&#225;pidamente en su camino.<\/p>\n<p>\t&#8211;Se que usted fue quien intent&#243; matar a mi hijo&#8230;&#8212;le dijo.<br \/>\n\t&#8211;No se de qu&#233; me habla&#8230;&#8212;se defendi&#243;.<br \/>\n\t&#8211;S&#237;, usted sabe de qu&#233; le estoy hablando, porque usted fue. Todos lo vieron, pero no vengo a acusarlo. Despreoc&#250;pese. Vengo a decirle lo que le habr&#237;a dicho as&#237; mi hijo no estuviera a salvo: Que lo perdono. No se por qu&#233; lo hizo, pero igual, lo perdono. Y se que mi hijo tambi&#233;n&#8230;&#8212;enfatiz&#243; la mujer.<\/p>\n<p>\tActo seguido, se alej&#243;. El hombre se qued&#243; en la mitad de la acera, duramente golpeado por el peso de su conciencia. No sab&#237;a qu&#233; decir ni qu&#233; hacer&#8230;<\/p>\n<p>La fuerza del perd&#243;n&#8230;<\/p>\n<p>Guardar rencor hacia quien nos ofendi&#243; se convierte en una carga dif&#237;cil de soportar. Conforme pasa el tiempo, se torna m&#225;s pesada. Nos roba la paz. Lleva a que nuestras acciones y pensamientos est&#233;n volcados hacia el ofensor. El resentimiento toma forma. Se convierte en una sombra que nos sigue a todas partes.<\/p>\n<p>Olga Luc&#237;a experiment&#243; esta situaci&#243;n pero decidi&#243; liberarse. Lo hizo en una forma inusual. Perdon&#243; a quien le  caus&#243; el da&#241;o. Pudo recurrir a la venganza &#8211;muchos lo habr&#237;an hecho&#8212;pero sab&#237;a que no era el camino indicado. Por el contrario, habr&#237;a agravado el asunto.<\/p>\n<p>El ap&#243;stol Pablo enfrent&#243; una situaci&#243;n similar. Pese a sus desvelos por ayudar al pr&#243;jimo y predicar la Palabra de Dios, alguien en particular se empe&#241;aba en tornarle la vida imposible. Lo difamaba. Desconoc&#237;a su autoridad. Cuestionaba su ministerio. &#191;Qu&#233; hizo Pablo? &#191;Cu&#225;l fue su reacci&#243;n? &#191;Qu&#233; camino tom&#243;? Las respuestas a este y otros interrogantes, las hallamos en la segunda carta a los Corintios, cap&#237;tulo dos, vers&#237;culos del cinco al once. A partir de ese texto, podemos aprender varios principios de vida cristiana pr&#225;ctica.<\/p>\n<p>Una ofensa se extiende a muchos otros&#8230;<\/p>\n<p>Imagino que usted como yo se dej&#243; tentar alguna vez por la posibilidad de tirar una piedra en el centro mismo de un r&#237;o tranquilo. &#191;Lo hizo quiz&#225; en la adolescencia?&#191;Recuerda qu&#233; ocurri&#243;? La piedra cay&#243;, pero adem&#225;s, el impacto gener&#243; ondas a su alrededor que se extendieron progresivamente.<\/p>\n<p>Igual ocurre con una ofensa. Alcanza no s&#243;lo a quien la recibe, sino a quienes se encuentran a su alrededor. &#191;Ha visto familias enteras que no tienen trato con otras justo porque uno de sus integrantes alguna vez recibi&#243; una ofensa?<\/p>\n<p>Sobre el particular, Pablo escribi&#243;: &#8220;Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mi solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros&#8221; (vers&#237;culo 5).<\/p>\n<p>En adelante, usted debe cuidarse de no ofender a los dem&#225;s Mida el alcance de sus gestos y palabras. Recuerde que su alcance puede ser devastador.<\/p>\n<p>Aunque cueste hacerlo, hay que perdonar&#8230;<\/p>\n<p> \tPerdonar no es f&#225;cil. Nunca lo ha sido y, de seguro, no lo ser&#225;.  Pero es el camino m&#225;s r&#225;pido para librarnos de la pesada carga que nos genera. <\/p>\n<p>Frente a la ofensa que recibi&#243; Pablo, sus seguidores tomaron justicia por su mano. Y el ap&#243;stol les exhort&#243; diciendo: &#8220;Le basta a tal persona (el causante de la ofensa) esta reprensi&#243;n hecha por muchos; as&#237; que, al contrario, vosotros m&#225;s bien deb&#233;is perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirm&#233;is el amor para con &#233;l&#8221; (vers&#237;culos 6-8).<\/p>\n<p>Lo m&#225;s posible en una persona com&#250;n es que estuviera pensando en c&#243;mo vengarse. Pero Pablo les reconviene no solo a perdonarle sino a expresarle el amor de Cristo.<\/p>\n<p>&#191;Rompe sus esquemas? Por supuesto que si &#191;Siente que se le mueve el piso? Naturalmente. &#191;La raz&#243;n? A usted y a mi nos prepararon para aplicar la ley del Tali&#243;n: &#8220;Ojo por ojo, diente por diente&#8221;.<\/p>\n<p>Sin embargo. De acuerdo con el Evangelio, el perd&#243;n es una de las principales caracter&#237;sticas del cristiano. Si usted profesa ser creyente, debe asumir esta pauta de vida pr&#225;ctica. Es ineludible.<\/p>\n<p>El perd&#243;n debe ser real, no meras palabras<\/p>\n<p>Es com&#250;n que digamos a alguien que nos ofendi&#243;: &#8220;Te perdono&#8221; y seguir albergando resentimiento en nuestro coraz&#243;n. Es un perd&#243;n s&#243;lo de palabra. Pero la advertencia del ap&#243;stol Pablo es que debemos hacerlo delante de Dios, sin lugar a ning&#250;n rev&#233;s. &#201;l dice: &#8220;&#8230; si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo&#8221; (vers&#237;culo 10 b).<\/p>\n<p>Es tanto como tener a mano una escritura de hipoteca de la propiedad de alguien. Esa vendr&#237;a a ser la ofensa que recibimos y los sentimientos que despierta en nuestro ser. Y al optar por el perd&#243;n, la decisi&#243;n es romper la hipoteca. No tenemos ya derecho a volver sobre el pasado. Perdonar es arrojar al fondo del mar lo que ten&#237;amos contra alguien.<\/p>\n<p>El rencor abre las puertas al mal&#8230;<\/p>\n<p>&#191;Qui&#233;n gana cuando odiamos a alguien? &#191;El reino de Dios acaso? &#191;Por el contrario el mal? Por supuesto, guardar resentimiento y rencor s&#243;lo favorece al  reino de las tinieblas como advierte el propio ap&#243;stol Pablo: &#8220;&#8230;para que Satan&#225;s no gane ventaje alguna sobre vosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones&#8221; (vers&#237;culo 11).<\/p>\n<p>Al perdonar, le cerramos las puertas al diablo y a todas sus estratagemas.<\/p>\n<p>La decisi&#243;n de asumir el perd&#243;n es suya y nada m&#225;s que suya. Nadie puede obligarle. Es una decisi&#243;n personal. Pero puede estar seguro de que, si lo hace, ser&#225; liberado de una pesada carga que le impide crecer como cristiano y como persona&#8230; &#161;No se arrepentir&#225;! &#161;P&#237;dale al Se&#241;or Jesucristo esa fuerza que necesita para perdonar&#8230;!<\/p>\n<p>Por Fernando Alexis Jim&#233;nez<\/p>\n<p>P&#225;gina en Internet <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.heraldosdelapalabra.com\">http:\/\/www.heraldosdelapalabra.com<\/a> y MEDITACIONES DIARIAS en <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.adorador.com\/meditaciones\">http:\/\/www.adorador.com\/meditaciones<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando amigos y conocidos se refieren a Ricardo Jos&#233;, lo hacen en los mejores t&#233;rminos, rememoran su amabilidad, disposici&#243;n de ayudar a quien lo necesita; la sonrisa afable que le caracteriza, y el ser un buen hijo. 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