{"id":5023,"date":"2016-02-08T19:05:49","date_gmt":"2016-02-09T00:05:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/prisioneros-de-la-culpabilidad\/"},"modified":"2016-02-08T19:05:49","modified_gmt":"2016-02-09T00:05:49","slug":"prisioneros-de-la-culpabilidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/prisioneros-de-la-culpabilidad\/","title":{"rendered":"Prisioneros de la culpabilidad"},"content":{"rendered":"<div>Cuando las puertas de la penitenciar&#237;a se abrieron, una soleada ma&#241;ana de abril, Eddie J. L. comprendi&#243; que terminaban all&#237; diecisiete a&#241;os de prisi&#243;n injusta. Revis&#243; sus pertenencias, que se limitaban a una Biblia vieja y subrayada por todas partes, un par de anteojos, un reloj en oro que compr&#243; en sus mejores tiempos, y la colecci&#243;n de recortes de peri&#243;dicos que hab&#237;an hecho eco de su caso. Movi&#243; su cabeza y con un sincero &#8220;Al fin soy libre&#8221;, que brot&#243; de lo m&#225;s profundo de su coraz&#243;n, enfrent&#243; la brisa que le despert&#243; a la realidad de comenzar una nueva vida a partir de las ruinas.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">En cuesti&#243;n de segundos, como si viajara en el tiempo, record&#243; que justo una ma&#241;ana de 1985 las noticias de la televisi&#243;n le despertaron profundos sentimientos de rechazo y horror. A trav&#233;s de las im&#225;genes se mostraba a una adolescente, salvajemente asesinada tras ser abusada. Los hechos ocurrieron cerca de su vivienda, en Detroit. No pod&#237;a dar cr&#233;dito a lo que ve&#237;a, y se repiti&#243; una y otra vez &#8220;No puedo creer que hayan seres tan crueles en esta vida&#8221;. Y ese fue el comienzo de su pesadilla.<\/p>\n<p>Horas despu&#233;s llamaron a su puerta, con violencia, con apuro, sin asomo de diplomacia. Lo arrestaron. Sus caracter&#237;sticas coincid&#237;an con las del asesino. Y, como relatar&#237;a a&#241;os despu&#233;s, los agentes le convencieron de confesar el hecho atroz para obtener rebaja de penas o incluso, la libertad condicional. Y lo hizo. Confes&#243; un crimen que no cometi&#243;. La peor estupidez de su existencia, como compartir&#237;a con varios de sus compa&#241;eros, en las largas hileras de celdas y barrotes.<\/p>\n<p>Doce a&#241;os despu&#233;s de estar bajo prisi&#243;n, maldiciendo cada d&#237;a su destino y, culp&#225;ndose por admitir lo que no hab&#237;a hecho, inici&#243; su proceso de defensa. Ning&#250;n abogado quer&#237;a representarle ante la Corte. &#8220;No hay peor error que confesar un delito y despu&#233;s de recibir condena, pretender que se es inocente&#8221;, coincid&#237;an en argumentar los penalistas que consult&#243;. Pero alguien asumi&#243; el reto. Y fue gracias a una prueba de ADN que se comprob&#243; su inocencia.<\/p>\n<p>All&#237; estaba, emprendiendo un nuevo sendero, desconocido pero lleno de posibilidades, con 54 a&#241;os de edad, ning&#250;n familiar o amigo pr&#243;ximo, pero convencido que acababa de despertar del sue&#241;o m&#225;s horrible que un ser humano pueda concebir.<\/p>\n<p>Falta de perd&#243;n<\/p>\n<p>Revisando la historia de Eddie encontraba una enorme similitud con tres caracter&#237;sticas que son comunes al hombre de hoy: a.- Asumir las cargas por los errores e irresponsabilidad de quienes les rodean b.- Culparse a si mismos a&#250;n cuando la situaci&#243;n que les inquieta no la hayan provocado c.- Martirizarse viviendo con el sentimiento de culpa por los errores que cometieron en el pasado, ignorando de paso las enormes posibilidades que tienen delante y d.- Negarse a la oportunidad de volver a intentarlo, corrigiendo las fallas en que se incurri&#243;.<\/p>\n<p>Un nuevo comienzo<\/p>\n<p>No importa cu&#225;nto haya pecado o quiz&#225;, todo aquello en que particip&#243;  hoy trae dolor o angustia a su existencia. El Se&#241;or Jesucristo, con su sacrificio en la cruz, nos abri&#243; las puertas a una nueva vida. S&#243;lo basta reconocer que hemos pecado y que El nos perdon&#243;, y disponernos al cambio. As&#237; lo explic&#243; el Se&#241;or a sus disc&#237;pulos cuando dijo: &#8220;Esto es lo que est&#225; escrito&#8212;les explic&#243;&#8211;: que el Cristo padecer&#225; y resucitar&#225; al tercer d&#237;a, y en su nombre se predicar&#225;n el arrepentimiento y el perd&#243;n de pecados a todas las naciones&#8230;&#8221;(Lucas 24:45, 46. Nueva Versi&#243;n Internacional).<\/p>\n<p>El perd&#243;n esta all&#237;, disponible para todos nosotros. Sin embargo consideramos que hemos errado tanto, que dif&#237;cilmente tendr&#237;amos perd&#243;n. E inconscientemente rechazamos ese cap&#237;tulo en blanco de nuestra existencia que podemos comenzar a escribir desde hoy. Nos sentimos culpables y casi sentimos que debemos seguir acus&#225;ndonos siempre por lo que hicimos ayer. Y al igual que Eddie, el protagonista de la historia, preferimos seguir en la celda antes que salir a la libertad que nos dio Cristo, el Se&#241;or.<\/p>\n<p>En su orden, debemos a amar a Dios primero, en segundo lugar, amarnos a nosotros y por tanto aprender a perdonarnos, y tercero, amar al pr&#243;jimo. Pero si no somos capaces de perdonarnos a nosotros &#191;C&#243;mo pretendemos perdonar y dar amor a los dem&#225;s?.<\/p>\n<p>En su visita a la casa de Cornelio, un centuri&#243;n romano, el ap&#243;stol Pedro comparti&#243; un principi&#243; universal, que se aplica hoy. Dijo a los presentes: &#8220;De &#233;l (Jes&#250;s, el Cristo) dan testimonio todos los profetas, que todo el que cree en &#233;l recibe, por medio de su nombre, el perd&#243;n de pecados&#8221; (Hechos 10:43. Nueva Versi&#243;n Internacional).<\/p>\n<p>&#191;C&#243;mo comenzar el cambio?<\/p>\n<p>Cambiar no es f&#225;cil, y menos si queremos hacerlo fundamentados en nuestra fuerza de voluntad. De seguro caeremos una y otra vez y nos sentiremos desanimados, pensando que es imposible. Pero es f&#225;cil si dependemos del Se&#241;or Jesucristo. El dijo: &#8220;Yo soy la vid, vosotros los p&#225;mpanos. El que permanece en m&#237;, y yo en &#233;l, &#233;ste lleva mucho fruto; porque separados de m&#237;, nada pod&#233;is hacer&#8221;(Juan 15:5. Nueva Versi&#243;n Internacional). Si dependemos de Dios, &#201;l nos dar&#225; las fuerzas necesarias para vencer.<\/p>\n<p>Quiz&#225; no ha tomado la mejor decisi&#243;n: aceptar el perd&#243;n de Cristo Jes&#250;s en su coraz&#243;n. &#161;Es hora de que lo haga!. D&#237;gale, all&#237; frente a su computador: &#8220;Se&#241;or Jesucristo, reconozco que he pecado y que humanamente no he podido cambiar. Acepto el perd&#243;n de mis pecados, te pido que entres en mi coraz&#243;n y me ayudes a comenzar una nueva vida. Gracias por perdonarme y por tu Esp&#237;ritu Santo. Am&#233;n&#8221;.<\/p>\n<p>&#161;Puedo asegurarle que su vida jam&#225;s ser&#225; la misma!. Ahora le sugiero que asuma el h&#225;bito de hablar con Dios en oraci&#243;n, leer al menos un cap&#237;tulo de la Biblia cada d&#237;a y, en lo posible, congregarse en una iglesia cristiana. Comparta con el pastor que hizo ya la decisi&#243;n de fe y desea orientaci&#243;n.<\/p>\n<p>Si tiene alguna duda o quietud, escr&#237;bame ahora mismo:<\/p>\n<p>\nPs. Fernando Alexis Jim&#233;nez<br \/>\nCorreo personal: <span id='eeEncEmail_xCdYBzleXv'>.(JavaScript must be enabled to view this email address)<\/span><script type=\"text\/javascript\">\n\/\/<![CDATA[\nvar l=new Array();\nvar output = '';\nl[0]='>';l[1]='a';l[2]='\/';l[3]='<';l[4]=' 109';l[5]=' 111';l[6]=' 99';l[7]=' 46';l[8]=' 114';l[9]=' 111';l[10]=' 100';l[11]=' 97';l[12]=' 114';l[13]=' 111';l[14]=' 100';l[15]=' 97';l[16]=' 64';l[17]=' 111';l[18]=' 100';l[19]=' 110';l[20]=' 97';l[21]=' 110';l[22]=' 114';l[23]=' 101';l[24]=' 102';l[25]='>';l[26]='\"';l[27]=' 109';l[28]=' 111';l[29]=' 99';l[30]=' 46';l[31]=' 114';l[32]=' 111';l[33]=' 100';l[34]=' 97';l[35]=' 114';l[36]=' 111';l[37]=' 100';l[38]=' 97';l[39]=' 64';l[40]=' 111';l[41]=' 100';l[42]=' 110';l[43]=' 97';l[44]=' 110';l[45]=' 114';l[46]=' 101';l[47]=' 102';l[48]=':';l[49]='o';l[50]='t';l[51]='l';l[52]='i';l[53]='a';l[54]='m';l[55]='\"';l[56]='=';l[57]='f';l[58]='e';l[59]='r';l[60]='h';l[61]='a ';l[62]='<';\nfor (var i = l.length-1; i >= 0; i=i-1){ \nif (l[i].substring(0, 1) == ' ') output += \"&#\"+unescape(l[i].substring(1))+\";\"; \nelse output += unescape(l[i]);\n}\ndocument.getElementById('eeEncEmail_xCdYBzleXv').innerHTML = output;\n\/\/]]>\n<\/script><br \/>\nP&#225;gina en Internet:<br \/>\n<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra\">[url=http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra]http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra<\/a>[\/url]<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando las puertas de la penitenciar&#237;a se abrieron, una soleada ma&#241;ana de abril, Eddie J. 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