{"id":5047,"date":"2016-02-08T19:06:00","date_gmt":"2016-02-09T00:06:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-mensaje-que-lleg-cuando-no-haba-nada-que-hacer\/"},"modified":"2016-02-08T19:06:00","modified_gmt":"2016-02-09T00:06:00","slug":"el-mensaje-que-lleg-cuando-no-haba-nada-que-hacer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-mensaje-que-lleg-cuando-no-haba-nada-que-hacer\/","title":{"rendered":"El mensaje que lleg&#243; cuando no hab&#237;a nada que hacer&#8230;"},"content":{"rendered":"<div>La carta lleg&#243; veinte a&#241;os tarde. Estaba sin abrir, completa. En un costado, el sello postal. En el lugar indicado, las direcciones del remitente y del destinatario. Se ve&#237;a amarilla, por el paso del tiempo. Comprob&#243; el membrete. Y como si viajara en la m&#225;quina del tiempo, retrocedi&#243; a los d&#237;as en que esper&#243; con ansias aquella comunicaci&#243;n. Hab&#237;a aplicado documentos para ser becado en la universidad estatal de M&#233;jico. Y jam&#225;s recibi&#243; respuesta, excepto ahora, veinte a&#241;os despu&#233;s. En aqu&#233;l tiempo era su esperanza de cursar una carrera profesional, forjarse un futuro y salir adelante&#8230;<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">La abri&#243; con esa extra&#241;a sensaci&#243;n que despierta querer conocer su contenido, pero a la vez, la desilusi&#243;n de pensar que sea cual fuere la respuesta, hab&#237;a llegado tarde. Salt&#243; los protocolos del saludo y se dirigi&#243; al segundo p&#225;rrafo, el m&#225;s importante. All&#237; le notificaban que, dadas sus altas calificaciones, era aceptado en la facultad de ingenier&#237;a. Pero ahora, esa carta no serv&#237;a de nada&#8230;<\/p>\n<p>Por alguna raz&#243;n que ahora no ten&#237;a sentido analizar en detalle, el cartero entreg&#243; la encomienda en una casa vecina. La habitaban una mujer de sesenta a&#241;os, con visibles muestras de demencia senil, y su &#250;nico nieto, de trece a&#241;os. La mujer refundi&#243; el sobre en un ba&#250;l en el que adem&#225;s guardaba recortes de peri&#243;dicos y cuanta bisuter&#237;a consideraba que ten&#237;a valor. Cuando muri&#243;, su nieto, sin tomarse el trabajo de revisar el contenido, lo guard&#243; en un lugar del s&#243;tano. Y lo abri&#243;, preso de una extra&#241;a curiosidad, veinte a&#241;os despu&#233;s&#8230;<\/p>\n<p>Ley&#243; de nuevo la carta. Y pens&#243; en las iron&#237;as. Su vecino, ahora con m&#225;s de treinta a&#241;os sonri&#243; y se alej&#243;, sin comprender lo que pasaba. El se qued&#243; en el mismo lugar pensando que, si esa carta hubiese llegado a tiempo, no estar&#237;a vendiendo seguros en una empresa de tercera categor&#237;a con un salario que a duras penas le serv&#237;a para sobrevivir.<\/p>\n<p>Un mensaje que llega muy tarde&#8230;<\/p>\n<p>El hecho ocurri&#243;. Y su protagonista vive, aunque desconozco qu&#233; piensa cada d&#237;a que mira ese correo que debi&#243; llegar en el momento oportuno. Talvez siente rabia o tristeza o quiz&#225; nostalgia porque un equ&#237;voco o un olvido le robaron la oportunidad de su vida&#8230; Y medito en las decenas de personas a quienes no les compartimos el evangelio, y mueren sin esperanza de salvaci&#243;n. Y cuando queremos hacerlo, comprobamos como en el caso de esta historia, que es demasiado tarde. Nuestro destinatario ha muerto o est&#225; agonizando, o sencillamente lo visitamos, pero en las fr&#237;as l&#225;pidas de un cementerio&#8230;<\/p>\n<p>A las puertas de partir al cielo, el Se&#241;or Jesucristo imparti&#243; una clara instrucci&#243;n a sus seguidores. Les dijo: &#8220;Id y hacer disc&#237;pulos a todas las naciones, bautiz&#225;ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&#237;ritu Santo, ense&#241;&#225;ndoles que guarden todas las cosas que os he mandado;  he aqu&#237; yo estoy con vosotros todos los d&#237;as, hasta el fin del mundo&#8230;&#8221; (Mateo 28:19, 20).<\/p>\n<p>Y creemos, de manera errada, que se trata de un compromiso que debe asumir el pastor o el l&#237;der de la congregaci&#243;n. Al fin y al cabo, para eso aportamos los diezmos y ofrendas, pensar&#225;n muchos. Otros razonar&#225;n que fueron ellos quienes se formaron en una instituci&#243;n teol&#243;gica. &#8220;Ellos conocen m&#225;s de esas cosas que yo. Que lo hagan ellos&#8221;. Y dilatan su compromiso. Para despu&#233;s. Para ma&#241;ana. Para nunca&#8230; <\/p>\n<p>Usted tiene su grado de responsabilidad&#8230;<\/p>\n<p>Imagine por un instante que, una vez en la eternidad, usted acompa&#241;a al Se&#241;or Jesucristo a las puertas del infierno. Escucha con l&#225;stima los gritos y la angustia que revelan esas voces de miles y miles de almas, de todas las edades, naciones y lenguas, en esa caverna donde pasar&#225;n por siempre jam&#225;s su existencia.<\/p>\n<p>Y justo cuando decide alejarse, llega, encadenado, alguien a quien reconoce como su vecino. Aqu&#233;l al que a duras penas saludaba cuando marchaba deprisa al templo, con la Biblia bajo el brazo. Nunca le hablo del mensaje de Salvaci&#243;n. No se tom&#243; el tiempo necesario para referirle que sus problemas ten&#237;an soluci&#243;n en Jes&#250;s, el Se&#241;or. <\/p>\n<p>Usted se ocup&#243; de otras cosas que consider&#243; m&#225;s importantes: particip&#243; en la sociedad de di&#225;conos, en el coro o quiz&#225; en el comit&#233; de ayuda social. Pero no se preocup&#243; por compartir siquiera una palabra del evangelio con quienes ve&#237;a a su lado. No, estaba demasiado atareado. Y as&#237; ocurri&#243; con su vecino. Pero ahora, cuando ya no hay nada que hacer, mira su rostro de desesperaci&#243;n antes de entrar al infierno. Le impacta su mirada de desesperanza. Pero lo que m&#225;s le golpea es que le dice: &#8220;Pudiste ayudarme, y no lo hiciste..&#8221;. <\/p>\n<p>La misi&#243;n no es s&#243;lo a pa&#237;ses lejanos&#8230;<\/p>\n<p>Generalmente pensamos que el t&#233;rmino &#8220;misi&#243;n&#8221; est&#225; estrechamente ligado a pa&#237;ses musulmanes o africanos. Lejos de nosotros. En puntos que ni siquiera figuran en los mapas. Y pasamos por alto que la misi&#243;n hay que desarrollarla all&#237; mismo donde nos desenvolvemos. En la casa, en la cuadra, en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en el autob&#250;s. Donde quiera que nos encontremos.<\/p>\n<p>Un vers&#237;culo que me impacta profundamente, lo hallamos en la carta de Pablo a los Romanos: &#8220;&#191;C&#243;mo pues, invocar&#225;n a aquel en el cual no han cre&#237;do?&#191;Y c&#243;mo creer&#225;n en aquel de quien no han o&#237;do?&#191;Y c&#243;mo oir&#225;n si haber qui&#233;n les predique?&#8221; (Romanos 10:14).<\/p>\n<p>Hag&#225;moslo pr&#225;ctico. Traslade la imagen a un familiar. &#191;C&#243;mo pretende que transforme su vida si no tiene a Cristo en su coraz&#243;n?&#191;Y c&#243;mo aspira que conozca de Jes&#250;s, el Se&#241;or, si usted que le conoce no le comparte el mensaje de Salvaci&#243;n?&#191;Y c&#243;mo espera que el mundo sea evangelizado si todos permanecen encerrados en sus c&#243;modos templos desconociendo que afuera, miles se pierden diariamente sin conocer al Hijo de Dios?.<\/p>\n<p>No puede seguir tardando el mensaje&#8230;<\/p>\n<p>A mediados del siglo pasado, un renombrado criminal fue condenado a la c&#225;mara de gas en los Estados Unidos. En torno a su caso estaban divididas las opiniones. Decenas lo se&#241;alaban como inocente. Otros tantos le acusaban. Y un buen n&#250;mero guardaba silencio. Pero su drama fue uno de los m&#225;s impactantes de la historia norteamericana. Y buscando que no fuera condenado a la muerte, se generaron varios movimientos civiles. El d&#237;a de ejecutar la pena, el tel&#233;fono de la penitenciar&#237;a son&#243; muchas veces. Nadie estaba cerca para contestar. Era de una oficia estatal confirmando que se le hab&#237;a otorgado un indulto. Cuando por fin pudieron tener contacto con el penal, ya era tarde. El reo llevaba dos minutos muerto&#8230;<\/p>\n<p>Hay decenas de lugares donde no se ha ido. O posiblemente se predic&#243; una sola vez, y nadie regreso. Piense en los campos latinoamericanos. Son extensos. Las distancias que separan las ciudades y los pueblos de los asentamientos ind&#237;genas y campesinos, son enormes. Nadie va a ellos. Algunos argumentan que no hay forma de sostener un pastor para esas zonas. Otros dicen que no hay suficientes l&#237;deres con s&#243;lidas bases teol&#243;gicas. Pero cualquiera que sea el argumento, muchos mueren sin Cristo en sus corazones&#8230;<\/p>\n<p>Testigos fuera de las paredes del templo&#8230;<\/p>\n<p>A las afueras de Jerusal&#233;n, el Se&#241;or Jes&#250;s se dirigi&#243; por ultima vez a sus seguidores. Les dijo &#8220;&#8230; recibir&#233;is poder, cuando haya venido sobre vosotros el Esp&#237;ritu Santo, y me ser&#233;is testigos en Jerusal&#233;n, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo &#250;ltimo de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, vi&#233;ndolo ellos, fue alzado, y le recibi&#243; una nube que le ocult&#243; de sus ojos&#8221;(Hechos 1:8, 9).<\/p>\n<p>De nuevo un instructivo: la necesidad de salir de las cuatro paredes del templo y ser testigos de Cristo donde quiera que nos desenvolvamos. <\/p>\n<p>Nuestro compromiso va m&#225;s all&#225;. No lo podemos delegar &#250;nicamente en el pastor o en los l&#237;deres. Ganar el mundo para Jes&#250;s es tarea de todos. Si no lo hacemos, miles ir&#225;n a la eternidad a las mazmorras de la condenaci&#243;n. Y en parte, ser&#225; culpa de quienes rehusaron su misi&#243;n.<\/p>\n<p>Al comenzar un nuevo a&#241;o, es necesario revisar qu&#233; hicimos en el 2002. &#191;Cumplimos nuestra labor de evangelizaci&#243;n?&#191;Llevamos al menos a una persona a los pies de Jesucristo?&#191;Qu&#233; pasar&#237;a si esa persona pr&#243;xima, por quien profesamos amistad y aprecio, muriera hoy?&#191;Ir&#237;a a la presencia misma de Dios o a la oscuridad y el tormento eternos?<\/p>\n<p>La respuesta est&#225; en sus manos&#8230;<\/p>\n<p>Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme:<\/p>\n<p>Ps. Fernando Alexis Jim&#233;nez<br \/>\nCorreo personal: <span id='eeEncEmail_Qnxhl873PG'>.(JavaScript must be enabled to view this email address)<\/span><script type=\"text\/javascript\">\n\/\/<![CDATA[\nvar l=new Array();\nvar output = '';\nl[0]='>';l[1]='a';l[2]='\/';l[3]='<';l[4]=' 109';l[5]=' 111';l[6]=' 99';l[7]=' 46';l[8]=' 114';l[9]=' 111';l[10]=' 100';l[11]=' 97';l[12]=' 114';l[13]=' 111';l[14]=' 100';l[15]=' 97';l[16]=' 64';l[17]=' 111';l[18]=' 100';l[19]=' 110';l[20]=' 97';l[21]=' 110';l[22]=' 114';l[23]=' 101';l[24]=' 102';l[25]='>';l[26]='\"';l[27]=' 109';l[28]=' 111';l[29]=' 99';l[30]=' 46';l[31]=' 114';l[32]=' 111';l[33]=' 100';l[34]=' 97';l[35]=' 114';l[36]=' 111';l[37]=' 100';l[38]=' 97';l[39]=' 64';l[40]=' 111';l[41]=' 100';l[42]=' 110';l[43]=' 97';l[44]=' 110';l[45]=' 114';l[46]=' 101';l[47]=' 102';l[48]=':';l[49]='o';l[50]='t';l[51]='l';l[52]='i';l[53]='a';l[54]='m';l[55]='\"';l[56]='=';l[57]='f';l[58]='e';l[59]='r';l[60]='h';l[61]='a ';l[62]='<';\nfor (var i = l.length-1; i >= 0; i=i-1){ \nif (l[i].substring(0, 1) == ' ') output += \"&#\"+unescape(l[i].substring(1))+\";\"; \nelse output += unescape(l[i]);\n}\ndocument.getElementById('eeEncEmail_Qnxhl873PG').innerHTML = output;\n\/\/]]>\n<\/script> <\/p>\n<p>P&#225;gina en Internet <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra\">[url=http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra]http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra<\/a>[\/url]<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La carta lleg&#243; veinte a&#241;os tarde. 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