{"id":5133,"date":"2016-02-08T19:06:47","date_gmt":"2016-02-09T00:06:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-tiempo-de-los-milagros-no-termina\/"},"modified":"2016-02-08T19:06:47","modified_gmt":"2016-02-09T00:06:47","slug":"el-tiempo-de-los-milagros-no-termina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-tiempo-de-los-milagros-no-termina\/","title":{"rendered":"El tiempo de los milagros no termina"},"content":{"rendered":"<div>La luz violeta era intensa. En el centro era semejante a un sol que se divid&#237;a en sinn&#250;mero de rayos morados. Aunque fueron s&#243;lo unos segundos, cegaban. Era irresistible.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">El oftalm&#243;logo retir&#243; el aparato. El consultorio estaba casi en penumbra. Guard&#243; silencio unos instantes. Encendi&#243; una peque&#241;a l&#225;mpara y comenz&#243; a escribir en el recetario. Revis&#243; algo en el equipo que hab&#237;a utilizado. Y sigui&#243; escribiendo.<\/p>\n<p>&#8211;Me temo que tiene glaucoma. Los s&#237;ntomas son inequ&#237;vocos&#8212;dijo<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Es grave?&#191;Hay alguna alternativa?&#8212;pregunt&#243; con ansiedad, temiendo lo peor. El dolor de cabeza era constante e intenso, lapsos recurrentes de distorsi&#243;n en los colores y la visi&#243;n nublada, no parec&#237;an ofrecer las mejores posibilidades.<\/p>\n<p>&#8211;Lo lamento, Ignacio. Pero el glaucoma es irreversible. No tiene curaci&#243;n. Y en este caso, lamento decirte que est&#225; muy avanzado. Ha causado da&#241;os en el nervio &#243;ptico, y por esta raz&#243;n tu campo visual se ha disminuido. Voy a prescribirte unas gotas. A la salida, reclamas la orden de intervenci&#243;n quir&#250;rgica. Temo que no hay mucho que hacer&#8212;sentenci&#243; con voz inamovible, casi insensible, de alguien acostumbrado a tratar muchos casos similares a diario.<\/p>\n<p>Ignacio sinti&#243; que el mundo se hund&#237;a bajo sus pies. Pens&#243; que eso no podr&#237;a estar ocurri&#233;ndole a alguien como &#233;l, que no solo amaba la vida sino que se extasiaba con la gama de colores de un hermoso amanecer, y en las preciosas e indescriptibles degradaciones del azul celeste y el amarillo intenso, al morir el sol en la tarde.<\/p>\n<p>Sin muchas alternativas, s&#243;lo le qued&#243; volcarse a Dios. Clamar intensamente por un milagro de sanidad. No quer&#237;a quedar ciego. Ni siquiera pod&#237;a concebirlo. Y el milagro ocurri&#243;: contrario a todo lo que le anticipaba la ciencia&#8230;<\/p>\n<p>Los milagros s&#237; ocurren<\/p>\n<p>La fe no se opone a la ciencia. Simplemente, va m&#225;s all&#225; de cualquier diagn&#243;stico que considera imposible un milagro. Deposita toda su confianza en Dios, el Creador. La fe considera viable que el Se&#241;or, que cre&#243; al ser humano, puede restablecer &#243;rganos y hacer nuevas todas las cosas.<\/p>\n<p>Hay casos en los que una operaci&#243;n cl&#237;nica ha testimoniado el amor y la misericordia de Dios. Pero en otras circunstancias, sin la intervenci&#243;n de un facultativo, hechos maravillosos han ocurrido, incluso aquellas que escapan a toda l&#243;gica humana.<\/p>\n<p>En esencia: los milagros s&#237; ocurren. Y hoy tanto como ayer. El, nuestro amado Dios, responde a nuestro clamor como lo ha hecho a lo largo de la historia del hombre.<\/p>\n<p>Dios es nuestro sanador<\/p>\n<p>Orar y creer constituye la combinaci&#243;n que abre las puertas a los milagros. Basta que tengamos claro que Dios tiene el poder para obrar maravillas.<\/p>\n<p>As&#237; lo dej&#243; planteado el Se&#241;or cuando el pueblo de Israel, una vez cruz&#243; el mar rojo y atravesaron al desierto de Sur, lleg&#243; a Mara. El Todopoderoso san&#243; las aguas que eran amargas. Pero fue all&#237; tambi&#233;n que hizo una gloriosa proclamaci&#243;n: &#8220;Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehov&#225; tu Dios, &#233; hiciereis lo recto delante de sus ojos, y dieres o&#237;do &#225; sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envi&#233; a los Egipcios te enviar&#233; a ti; porque yo soy Jehov&#225; tu sanador&#8221;(&#201;xodo 15:26. Versi&#243;n Antigua Reina-Valera, 1909).<\/p>\n<p>&#161;Es una promesa maravillosa!. Y est&#225; ah&#237; para que nos apropiemos de ella.<\/p>\n<p>Mi bisabuelo Maximiliano vendi&#243; en cierta ocasi&#243;n unos terrenos de su propiedad. En su &#233;poca bastaba la palabra empe&#241;ada. No hizo Escritura P&#250;blica en Notar&#237;a. El comprador muri&#243; d&#237;as despu&#233;s. Los hijos vinieron a reclamar la propiedad. Le dijeron: &#8220;Estos terrenos ahora son nuestros. Usted se comprometi&#243; con mi padre&#8221;. Y en efecto, mi bisabuelo hizo el traspaso correspondiente.<\/p>\n<p>As&#237; es esta promesa b&#237;blica. Dios ha dado su Palabra. &#201;l se identific&#243; como nuestro Sanador. Si creemos, en fe, veremos Su gloria y los milagros. &#201;l es quien sana. No hay enfermedad que el Se&#241;or no pueda curar. Tampoco problema, por grande que parezca, que no pueda resolver.<\/p>\n<p>Lo invito para que, en este momento de profunda crisis por el que atraviesa, deposite su esperanza en Aqu&#233;l que todo lo puede.<\/p>\n<p>&#161;Dios har&#225; un milagro en su vida!&#8230;<\/p>\n<p>Quiz&#225; est&#225; orando por un milagro y quiere que le acompa&#241;emos a interceder. S&#243;lo basta que nos escriba ahora mismo y comparte su motivo de oraci&#243;n:<\/p>\n<p>Ps. Fernando Alexis Jim&#233;nez<br \/>\nP&#225;gina de Internet: <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra\">[url=http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra]http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra<\/a>[\/url]<br \/>\nCorreo electr&#243;nico: <span id='eeEncEmail_2LZCKh4J05'>.(JavaScript must be enabled to view this email address)<\/span><script type=\"text\/javascript\">\n\/\/<![CDATA[\nvar l=new Array();\nvar output = '';\nl[0]='>';l[1]='a';l[2]='\/';l[3]='<';l[4]=' 109';l[5]=' 111';l[6]=' 99';l[7]=' 46';l[8]=' 114';l[9]=' 111';l[10]=' 100';l[11]=' 97';l[12]=' 114';l[13]=' 111';l[14]=' 100';l[15]=' 97';l[16]=' 64';l[17]=' 111';l[18]=' 100';l[19]=' 110';l[20]=' 97';l[21]=' 110';l[22]=' 114';l[23]=' 101';l[24]=' 102';l[25]='>';l[26]='\"';l[27]=' 109';l[28]=' 111';l[29]=' 99';l[30]=' 46';l[31]=' 114';l[32]=' 111';l[33]=' 100';l[34]=' 97';l[35]=' 114';l[36]=' 111';l[37]=' 100';l[38]=' 97';l[39]=' 64';l[40]=' 111';l[41]=' 100';l[42]=' 110';l[43]=' 97';l[44]=' 110';l[45]=' 114';l[46]=' 101';l[47]=' 102';l[48]=':';l[49]='o';l[50]='t';l[51]='l';l[52]='i';l[53]='a';l[54]='m';l[55]='\"';l[56]='=';l[57]='f';l[58]='e';l[59]='r';l[60]='h';l[61]='a ';l[62]='<';\nfor (var i = l.length-1; i >= 0; i=i-1){ \nif (l[i].substring(0, 1) == ' ') output += \"&#\"+unescape(l[i].substring(1))+\";\"; \nelse output += unescape(l[i]);\n}\ndocument.getElementById('eeEncEmail_2LZCKh4J05').innerHTML = output;\n\/\/]]>\n<\/script><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La luz violeta era intensa. En el centro era semejante a un sol que se divid&#237;a en sinn&#250;mero de rayos morados. Aunque fueron s&#243;lo unos segundos, cegaban. Era irresistible. El oftalm&#243;logo retir&#243; el aparato. El consultorio estaba casi en penumbra. Guard&#243; silencio unos instantes. Encendi&#243; una peque&#241;a l&#225;mpara y comenz&#243; a escribir en el recetario. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-tiempo-de-los-milagros-no-termina\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl tiempo de los milagros no termina\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5133","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5133","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5133"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5133\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5133"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5133"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5133"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}