{"id":5134,"date":"2016-02-08T19:06:47","date_gmt":"2016-02-09T00:06:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-perdn-una-alternativa-frente-a-la-infidelidad\/"},"modified":"2016-02-08T19:06:47","modified_gmt":"2016-02-09T00:06:47","slug":"el-perdn-una-alternativa-frente-a-la-infidelidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-perdn-una-alternativa-frente-a-la-infidelidad\/","title":{"rendered":"El perd&#243;n, una alternativa frente a la infidelidad"},"content":{"rendered":"<div>La relaci&#243;n de Ana Rosario y Eduardo se convirti&#243; en un infierno el d&#237;a que descubri&#243; la carta que le dirig&#237;a su esposa a un viejo conocido. En la misiva le expresaba, no solo su admiraci&#243;n, sino lo que calificaba de sentimiento oculto que no pod&#237;a definir como amor pero que iba m&#225;s all&#225; de la atracci&#243;n.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">&#8211;Sent&#237; que el mundo se hund&#237;a bajo mis pies porque a mi esposa siempre la consider&#233; transparente en todo, salvo la faceta oculta que descubr&#237; aqu&#233;l d&#237;a&#8212;confes&#243; Eduardo tres a&#241;os despu&#233;s, mientras nos tom&#225;bamos un caf&#233; en el centro de Cali.<\/p>\n<p>En medio de actitudes de rechazo, resentimiento, dolor y una extra&#241;a mezcla de tristeza y rabia contenida, rememor&#243; las escenas que a partir de entonces se sucedieron en su hogar, signadas por frecuentes discusiones, al t&#233;rmino de las cuales cada uno terminaba con m&#225;s heridas sentimentales que antes.<\/p>\n<p>&#8211;Cada vez que la veo, pienso, no solo que me enga&#241;a sino que lo har&#237;a de nuevo. Y creo que no puedo seguir en estas circunstancias&#8211;, admiti&#243; con impotencia porque comprobaba, d&#237;a a d&#237;a, que su matrimonio se desmoronaba progresivamente, sin aparente salida al laberinto.<\/p>\n<p>Concluyendo la conversaci&#243;n, frustrante por dem&#225;s ya que Eduardo se negaba a la posibilidad de perdonarla y darle una nueva oportunidad, me extendi&#243; una hoja cuidadosamente doblada. <\/p>\n<p>&#8211;L&#233;ala&#8230; &#8211;me dijo&#8212;esa es la carta de que la hablo. No solo la descubr&#237;, sino que la he guardado desde entonces. L&#233;ala. Y compruebe por usted mismo de todo lo que es capaz mi esposa. La carta desde hoy es suya&#8211;.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Segura que es m&#237;a?&#8212;respond&#237;.<\/p>\n<p>&#8211;Totalmente&#8212;dijo con determinaci&#243;n, para, acto seguido, gritar horrorizado:&#8221; &#191;Qu&#233; est&#225; haciendo?&#191;C&#243;mo se le ocurre romper la carta? La conserv&#233;  todos estos a&#241;os para que usted, sin leerla, decida sin m&#225;s ni m&#225;s romperla&#8230; &#161;Usted est&#225; loco!&#8221;. Y sali&#243; de la cafeter&#237;a, airado, murmurando y con visible molestia que se reflejaba en su rostro y en sus ademanes.<\/p>\n<p>Dos d&#237;as despu&#233;s llam&#243; a mi oficina: &#8220;Quiero que hablemos. He reconsiderado las cosas. Si perdonar a mi esposa es la soluci&#243;n, quiero intentarlo&#8221;.<\/p>\n<p>No fue f&#225;cil. Las heridas estaban abiertas, pero con ayuda de Dios, tanto Eduardo como Ana Rosario lograron superar esa situaci&#243;n.<\/p>\n<p>&#8220;&#191;Qu&#233; hago frente a la infidelidad de mi c&#243;nyuge?&#8221;<\/p>\n<p>Tras escribir el art&#237;culo: &#8220;Infidelidad: origen, evoluci&#243;n y consecuencias&#8221;, llovieron sobre mi correo electr&#243;nico infinidad de cartas de todas partes, con una pregunta recurrente: &#8220;&#191;Qu&#233; hago frente a la infidelidad de mi c&#243;nyuge?&#8221; y otra que me llam&#243; mucho la atenci&#243;n porque se repet&#237;a una y otra vez: &#8220;Usted escribe sobre la infidelidad del hombre&#8230; &#191;Y cuando es la mujer quien incurre en infidelidad?&#191;Qu&#233; hacer?&#191;Pasar por alto el error?&#161;No podr&#237;a hacerlo!&#8221;.<\/p>\n<p>La infidelidad tiene iguales dimensiones, tanto en el hombre como en la mujer. Lamentablemente en una sociedad machista como la latinoamericana, el que una mujer le falte a su esposo, reviste mayor esc&#225;ndalo que cuando se trata del hombre quien pasa por encima de la lealtad que le debe a su c&#243;nyuge.<\/p>\n<p>Si el esposo considera que debe ser perdonado y recibir una nueva oportunidad, la esposa igualmente debe tener la posibilidad, no solo del perd&#243;n, sino de una nueva oportunidad. Puede sonar a un juego de palabras, pero encierra un significado que se vierte en un principio claro: si bien es cierto que la infidelidad no tiene justificaci&#243;n, tampoco tiene justificaci&#243;n que se vea admisible en el hombre mientras que a la mujer se le condena.<\/p>\n<p>El perd&#243;n va m&#225;s all&#225; de las palabras<\/p>\n<p>En cierta ocasi&#243;n el ap&#243;stol Pedro se acerc&#243; a Jes&#250;s y le dijo: &#8220;Se&#241;or, &#191;Cu&#225;ntas veces perdonar&#233; a mi hermano que peque contra mi?&#191;Hasta siete? Jes&#250;s le dijo: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete&#8221; (Mateo 18: 21, 22).<\/p>\n<p>&#191;Entendi&#243; el significado de esta respuesta de Jesucristo? Si no es as&#237;, l&#233;ala de nuevo. Sin importar si usted es cat&#243;lico o protestante o si quiz&#225; profesa otros principios religiosos, entiendo que el perd&#243;n, a la luz de las Escrituras e incluso de los libros que rigen filosof&#237;as de oriente, es perd&#243;n y no tiene car&#225;cter limitado.<\/p>\n<p>Setenta veces siete significa justamente eso: de manera ilimitada. Ahora, lo m&#225;s f&#225;cil es decir: &#8220;Me caus&#243; tanto da&#241;o, que no puedo perdonarle&#8221;. Pero al hacerlo, nos negamos la posibilidad de comenzar de nuevo, y por a&#241;os arrastraremos la carta del odio, el rencor o el resentimiento.<\/p>\n<p>Viene a mi mente el pasaje de la Biblia en el que una mujer es llevada a Jes&#250;s para conocer su opini&#243;n. Hab&#237;a sido sorprendida en el acto mismo de adulterio, y los jud&#237;os pretend&#237;an lapidarla, es decir, darle muerte con piedras. (Entre otras cosas, es curioso que llevaran a juicio a la ad&#250;ltera pero no al ad&#250;ltero, cuando el adulterio lo cometen dos y no solo una persona).<\/p>\n<p>Despu&#233;s que Jes&#250;s exhorta a los presentes para que, quien estuviese libre de pecado, arrojara la primera piedra, nadie qued&#243; en el lugar. S&#243;lo la ad&#250;ltera. &#8220; Enderez&#225;ndose Jes&#250;s, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, &#191;d&#243;nde est&#225;n los que te acusaban?&#191;Ninguno te conden&#243;?. Ella dijo: Ninguno, Se&#241;or, Entonces Jes&#250;s le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques m&#225;s&#8221; (Juan 8:10, 11).<\/p>\n<p>Respeto lo que opinen pastores, l&#237;deres y cristianos comprometidos al leer este estudio, pero tengo claro como debe tenerlo usted, que si Dios le brind&#243; a trav&#233;s de su Hijo, una segunda oportunidad a una ad&#250;ltera, y no solo eso, sino que le inst&#243; a cambiar su vida &#191;C&#243;mo podr&#237;amos nosotros negar el perd&#243;n?&#191;C&#243;mo cerrarle las puertas a una segunda oportunidad?.<\/p>\n<p>Abandonando el pasado <\/p>\n<p>S&#243;lo cuando romp&#237; esa carta, sin leerla por supuesto, Eduardo comprendi&#243; que hab&#237;a perdido tres a&#241;os de su vida en discusiones con su esposa, con la que quer&#237;a vivir pero a quien no le perdonaba su presunta infidelidad. Cuando ya no pudo torturarse esa tarde leyendo el contenido, entendi&#243; que era necesario perdonar. <\/p>\n<p>&#191;Dif&#237;cil? No lo dudo. Pero cuando involucramos a Dios para que nos ayude en ese proceso, estoy convencido que no es imposible, como pudi&#233;ramos pensar.<\/p>\n<p>&#191;Y si fuera usted? Imagine por un instante que esa infidelidad que descubri&#243; en su c&#243;nyuge, la hubiese cometido usted. &#191;Esperar&#237;a perd&#243;n? Entonces &#191;Por qu&#233; se niega a perdonar?.<\/p>\n<p>En las fuerzas de Dios <\/p>\n<p>Admito que no es f&#225;cil comenzar de nuevo, pero es necesario, m&#225;s cuando los dos tienen claro que no quieren romper su relaci&#243;n matrimonial y al menos uno de los dos est&#225; dispuesto a aprovechar una segunda oportunidad, si se la ofrecen.<\/p>\n<p>A partir de ese momento, todo se circunscribe a comenzar de cero. Es decir, avanzar en el proceso de sobreponerse a la situaci&#243;n y consecuencias que se derivaron de la infidelidad.<\/p>\n<p>Alguien me dijo, y reconozco que es comprensible su posici&#243;n: &#8220;No es f&#225;cil perdonar y, m&#225;s a&#250;n, volver a confiar&#8221;. Pero creo que si sometemos a Dios nuestros sentimientos y le pedimos su fortaleza, lo lograremos. Me fundamento en un principio que traz&#243; el ap&#243;stol Pablo al escribir: &#8220;Todo lo puedo en Cristo que me fortaleza&#8221; (Filipenses 4:13).<\/p>\n<p>En nuestras fuerzas no es posible, pero s&#237; con ayuda de Dios. No olvide que El nos cre&#243;, conoce nuestras &#225;reas d&#233;biles y puede transformar, no solo las circunstancias, sino tambi&#233;n nuestros sentimientos.<\/p>\n<p>An&#237;mese&#8230; &#161;Comience ahora!<\/p>\n<p>Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme ahora mismo:<\/p>\n<p>Ps. Fernando Alexis Jim&#233;nez<br \/>\nCorreo electr&#243;nico: <span id='eeEncEmail_IwrR97L4Dq'>.(JavaScript must be enabled to view this email address)<\/span><script type=\"text\/javascript\">\n\/\/<![CDATA[\nvar l=new Array();\nvar output = '';\nl[0]='>';l[1]='a';l[2]='\/';l[3]='<';l[4]=' 109';l[5]=' 111';l[6]=' 99';l[7]=' 46';l[8]=' 114';l[9]=' 111';l[10]=' 100';l[11]=' 97';l[12]=' 114';l[13]=' 111';l[14]=' 100';l[15]=' 97';l[16]=' 64';l[17]=' 111';l[18]=' 100';l[19]=' 110';l[20]=' 97';l[21]=' 110';l[22]=' 114';l[23]=' 101';l[24]=' 102';l[25]='>';l[26]='\"';l[27]=' 109';l[28]=' 111';l[29]=' 99';l[30]=' 46';l[31]=' 114';l[32]=' 111';l[33]=' 100';l[34]=' 97';l[35]=' 114';l[36]=' 111';l[37]=' 100';l[38]=' 97';l[39]=' 64';l[40]=' 111';l[41]=' 100';l[42]=' 110';l[43]=' 97';l[44]=' 110';l[45]=' 114';l[46]=' 101';l[47]=' 102';l[48]=':';l[49]='o';l[50]='t';l[51]='l';l[52]='i';l[53]='a';l[54]='m';l[55]='\"';l[56]='=';l[57]='f';l[58]='e';l[59]='r';l[60]='h';l[61]='a ';l[62]='<';\nfor (var i = l.length-1; i >= 0; i=i-1){ \nif (l[i].substring(0, 1) == ' ') output += \"&#\"+unescape(l[i].substring(1))+\";\"; \nelse output += unescape(l[i]);\n}\ndocument.getElementById('eeEncEmail_IwrR97L4Dq').innerHTML = output;\n\/\/]]>\n<\/script><br \/>\nP&#225;gina en el Internet: <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra\">[url=http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra]http:\/\/www.adorador.com\/heraldosdelapalabra<\/a>[\/url]<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La relaci&#243;n de Ana Rosario y Eduardo se convirti&#243; en un infierno el d&#237;a que descubri&#243; la carta que le dirig&#237;a su esposa a un viejo conocido. En la misiva le expresaba, no solo su admiraci&#243;n, sino lo que calificaba de sentimiento oculto que no pod&#237;a definir como amor pero que iba m&#225;s all&#225; de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-perdn-una-alternativa-frente-a-la-infidelidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl perd&#243;n, una alternativa frente a la infidelidad\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5134","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5134","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5134"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5134\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5134"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5134"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5134"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}