{"id":5173,"date":"2016-02-08T19:07:07","date_gmt":"2016-02-09T00:07:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/regresando-a-la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-08T19:07:07","modified_gmt":"2016-02-09T00:07:07","slug":"regresando-a-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/regresando-a-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Regresando a la Iglesia"},"content":{"rendered":"<div>REGRESANDO A LA IGLESIA<\/p>\n<p>Por: Rodrigo Abarca<\/p>\n<p>ISBN 956-291-156-X<br \/>\nRegistro de Propiedad Intelectual Inscripci&#243;n N&#186; 122-549<br \/>\nTelstar Impresores Soc. Ltda. Fono 337745 &#183; Temuco, Chile, Noviembre 2001.<\/p>\n<p>A Miriam,<br \/>\nsin cuyo apoyo y aliento constantes este libro jam&#225;s se habr&#237;a escrito.<br \/>\nCon amor eterno<\/p>\n<p>\nAgradecimientos<br \/>\nA Gonzalo, Eliseo, Roberto y Claudio, junto a quienes se ha renovado mi esperanza de ver la iglesia tal como ella debe ser. Y, junto con ellos, a Mario Contreras, por su invaluable ayuda en la revisi&#243;n, diagramaci&#243;n, dise&#241;o y publicaci&#243;n de este libro.<\/p>\n<p>A Marcelo D&#237;az, por los ya casi 20 a&#241;os de amistad y compa&#241;erismo en Cristo.<\/p>\n<p>A mis queridos pastores: Rub&#233;n, Sergio, Cristian, Guillermo y Marcelo, quienes me han ense&#241;ado el significado pr&#225;ctico de la vida y el ministerio compartidos.<\/p>\n<p>A mis hijas: Manuela, Celeste y Javiera, por ser simplemente quienes son.<\/p>\n<p>A mis queridos hermanos de San Francisco 618, con quienes he crecido y aprendido el inexpresable privilegio de ser un miembro m&#225;s del cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>A mis amados hermanos de Pe&#241;aflor, por el inmenso regalo de servirles en Cristo.<\/p>\n<p>Y, sobre todo, a nuestro amado Se&#241;or Jesucristo, de quien, por quien y para quien son todas las cosas. Am&#233;n.<\/p><\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Introducci&#243;n<\/p>\n<p>&#171;Edificar&#233; mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecer&#225;n contra ella&#187;. Estas palabras del Se&#241;or Jesucristo dadas a Pedro en respuesta a su conocida confesi&#243;n: &#171;T&#250; eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente&#187;, representan tal vez la &#250;nica ocasi&#243;n en que &#233;l declar&#243; expl&#237;citamente el significado m&#225;s amplio de su venida al mundo. En ellas encontramos el designio m&#225;s alto de Dios para sus hijos, incluso m&#225;s all&#225; de la salvaci&#243;n, la santidad, la vida abundante, la prosperidad, los avivamientos y todos aquellos t&#243;picos que suelen enfatizarse como el centro de la experiencia cristiana. Sin duda, estas cosas son importantes para la vida de los hijos de Dios; con todo, no son lo m&#225;s importante. Pues aquello que reclama toda la atenci&#243;n de Dios desde la eternidad es la iglesia, la desposada del Cordero. <\/p>\n<p>Puede que una afirmaci&#243;n as&#237; suene extra&#241;a si se consideran los conceptos que, al respecto, manejan la mayor&#237;a de los cristianos. Por cierto, un fr&#237;o edificio de ladrillo donde un grupo de personas se re&#250;ne una vez por semana para cantar un poco, escuchar un serm&#243;n, hacer una o dos oraciones para luego marcharse cada una a su casa a continuar con su vida &#171;real&#187; de los restantes seis d&#237;as, a todas luces no parece la mism&#237;sima obra de Dios en la historia del mundo. Y en verdad, no lo es. Pero la iglesia, concebida para ser la expresi&#243;n m&#225;s completa y elevada de la vida divina en la tierra, es un asunto muy distinto de los conceptos, ideas, proyectos, organizaciones y edificios que en el transcurso de la historia han llevado su nombre. <\/p>\n<p>No obstante, no siempre fue as&#237;, pues al menos durante los primeros 100 o quiz&#225; 200 a&#241;os de la historia cristiana existi&#243; un &#171;algo&#187; digno de usar ese nombre. Nuestra necesidad de llamarlo &#171;algo&#187;, pues su verdadero car&#225;cter y naturaleza nos resultan casi inaccesibles en la actualidad, es la evidencia m&#225;s concreta de cu&#225;n descaminados andan nuestros conceptos actuales. &#191;Inaccesibles? Casi, al menos para las capacidades y habilidades meramente humanas. <\/p>\n<p>&#191;Pero, acaso no tenemos el Nuevo Testamento y con &#233;l todo lo que necesitamos saber sobre la iglesia primitiva? &#191;No podemos estudiar a fondo sus principios y metodolog&#237;as y aplicarlos en la actualidad? Este parece en principio un buen camino, pero no lo es, pues olvida un asunto fundamental. El simple estudio de la Biblia no nos da el conocimiento de Dios y su prop&#243;sito. Se requiere algo m&#225;s: una revelaci&#243;n del Esp&#237;ritu en nuestros corazones, profunda y transformadora, capaz de revolucionar toda nuestra experiencia cristiana. <\/p>\n<p>Sin embargo, esta revelaci&#243;n tiene un precio que quiz&#225; muchos no est&#233;n dispuestos a pagar. Ya que, antes de edificar su santo templo, Dios destruye el vano edificio que nuestros propios esfuerzos han levantado. Si nos acercamos a &#233;l para conocer la verdad hemos de estar preparados para quedar expuestos y desnudos bajo la luz divina. Esto puede suponer mucho sufrimiento y p&#233;rdida para nosotros, porque es extremadamente duro ser enfrentados con nuestra verdadera condici&#243;n. En lo &#237;ntimo, cada uno tiene un secreto aprecio por s&#237; mismo, sus cualidades y habilidades, y depende de ellas para su servicio y vida cristiana. No obstante, dichas habilidades y todo lo que de ellas pueda nacer no tienen valor alguno en la obra de Dios. <\/p>\n<p>Aceptar este hecho no es f&#225;cil. Y puede ser que esta &#250;ltima afirmaci&#243;n nos parezca dura o excesiva y requiera una aclaraci&#243;n. Precisamente este libro intentar&#225; mostrar el por qu&#233; de una afirmaci&#243;n tan radical, pues lo &#250;ltimo que desea es establecer una suerte de metodolog&#237;a o manual para la vida de iglesia que excluya nuestra primordial necesidad, esto es, conocer a nuestro Dios de manera profunda y experimental. Dicho conocimiento y la iglesia de Jesucristo no son dos hechos extra&#241;os entre s&#237;, sino que constituyen, desde la perspectiva divina, una unidad indivisible. En la eternidad Dios estableci&#243; que su vida ser&#237;a conocida, experimentada y expresada a trav&#233;s de un organismo vivo, la iglesia, y nada que sea menos que esto podr&#225; satisfacer jam&#225;s su coraz&#243;n. <\/p>\n<p>Mas, como se ha dicho antes, acceder a ella requiere mucho de nosotros; m&#225;s a&#250;n, lo demanda todo. Para experimentar la vida divina hemos de perder primero la nuestra; ser desnudados antes de ser vestidos; demolidos antes de ser edificados. &#191;Es demasiado dif&#237;cil? Imposible es quiz&#225; una mejor definici&#243;n. Pero esto es precisamente la iglesia, una obra que &#250;nicamente el poder sobrenatural de Dios es capaz de levantar, ya que todo lo que sea menos que ello, por muy bueno que nos parezca, no es la novia de Jesucristo. Los hombres pueden hacer lo meramente posible, s&#243;lo Dios puede hacer lo imposible. Este es el sello de toda verdadera obra nacida de sus santas manos.<\/p>\n<p>No obstante, es triste comprobar cu&#225;n poco conocen, en la actualidad, los hijos de Dios sobre la iglesia que Cristo vino a edificar. Ciertamente existen acerca de ella variados conceptos. Todos, sin embargo, tienen un signo en com&#250;n: ninguno parece alcanzar la elevada norma de experiencia que el Se&#241;or revel&#243; y estableci&#243; en el Nuevo Testamento. Esto no quiere decir que en estas experiencias de &#171;iglesia&#187; no existe cierta realidad espiritual. Con todo, dicha realidad se encuentra, en general, acotada por una inmensa cantidad de conceptos, estructuras y pr&#225;cticas b&#225;sicamente humanas. Pero una expresi&#243;n plena del prop&#243;sito de Dios es un asunto que parece superar por completo toda nuestra experiencia previa de la iglesia, tal como se la conoce en nuestros d&#237;as. Sin embargo, el Se&#241;or Jesucristo dijo &#171;edificar&#233; mi iglesia&#187; y estas palabras a&#250;n expresan el supremo llamado de Dios para todos aquellos que quieren conocerle m&#225;s profundamente y hacer s&#243;lo su voluntad. <\/p>\n<p>Finalmente, es necesario hacer un importante aclaraci&#243;n con respecto al prop&#243;sito de este libro. Su intenci&#243;n original es mostrar que la iglesia es esencialmente el resultado de la vida divina actuando desde el interior de los hijos de Dios. Dicha vida tiene una forma caracter&#237;stica de operar y tiene, adem&#225;s, su fruto m&#225;s evidente en el amor. Los aspectos funcionales de la vida de iglesia tratados en este libro tienen por fin mostrar c&#243;mo dicha vida crece y se expande para alcanzar su m&#225;s &#237;ntimo designio. Su objetivo no es, en ning&#250;n sentido, establecer un modelo absoluto sobre el funcionamiento pr&#225;ctico de la iglesia y sus ministerios. Lo que se ha buscado es descubrir en las p&#225;ginas inspiradas del Nuevo Testamento como la vida divina creci&#243; y se expandi&#243; en la experiencia de la primera iglesia.<\/p>\n<p>Luego, no quisi&#233;ramos que se tome este libro como un manual pr&#225;ctico con los pasos para convertirnos en &#8220;la verdadera iglesia&#8221;. De hecho, es posible que algunos lectores disientan honestamente en algunos aspectos de pr&#225;ctica y experiencia con &#8220;el modelo&#8221; de iglesia aqu&#237; presentado. Y eso est&#225; bien, pues hasta que no regresemos a la profunda y abrumadora experiencia de los primeros disc&#237;pulos con Jesucristo, no tendremos a la iglesia otra vez como ella debe ser. Hasta ese d&#237;a &#8220;nuestros modelos&#8221; son necesariamente provisorios. <\/p>\n<p>Este libro est&#225; delimitado por la luz que el Se&#241;or nos ha dado hasta este momento acerca de c&#243;mo nace y se desarrolla su iglesia. Su asunto, en consecuencia, no est&#225; cerrado ni mucho menos agotado. No queremos ser absolutos al respecto. M&#225;s bien, esperamos que el Se&#241;or en su misericordia nos siga conduciendo, junto a muchos otros, por la senda de regreso a su intenci&#243;n original y eterna. <\/p>\n<p>Cap&#237;tulo I<\/p>\n<p>Un Prop&#243;sito Eterno<\/p>\n<p>Al abrir nuestra Biblia en el primer cap&#237;tulo del G&#233;nesis nos encontramos con un relato de la creaci&#243;n donde Dios aparece como protagonista y el hombre como resultado final de su obra creadora. En un primer momento, cometas, oc&#233;anos, continentes, bosques, praderas y animales surgen al simple mandato de su voz. No obstante, casi al final de su obra creadora, la acci&#243;n experimenta un importante giro. En ese preciso punto, Dios vuelve sus palabras sobre s&#237; mismo y en el &#237;ntimo consejo de la deidad, m&#225;s all&#225; de todo tiempo y lugar, da finalmente expresi&#243;n al motivo por el cual ha querido crear todas las cosas, que es tambi&#233;n su prop&#243;sito eterno: &#171;Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza&#187; (Gn. 1:26). En esta misteriosa frase se encierra todo el secreto de la creaci&#243;n visible.1<\/p>\n<p>Hasta ahora, todo se ha creado por la sola mediaci&#243;n de su palabra, mas lo que est&#225; a punto de acontecer ha de involucrar a Dios en su totalidad: Padre, Hijo y Esp&#237;ritu Santo participar&#225;n por igual de esta tarea, que ser&#225; tambi&#233;n su obra maestra. Si se quiere, todo lo dem&#225;s fue una introducci&#243;n, un pre&#225;mbulo para lo que viene. <\/p>\n<p>De all&#237; la expresi&#243;n &#171;hagamos&#187;, que nos muestra c&#243;mo la plenitud del ser divino est&#225; comprometida en esta tarea y nos da un indicio de cu&#225;n importante es lo que est&#225; a punto de comenzar. <\/p>\n<p>El significado de la imagen<\/p>\n<p>Ahora bien, tradicionalmente la teolog&#237;a cristiana ha interpretado la imagen de Dios como aquellas cualidades que hacen del hombre un ser libre, racional, auto consciente y capaz de tener comuni&#243;n con Dios. As&#237; Ad&#225;n, el primer hombre, habr&#237;a llevado la imagen de Dios desde el momento de su creaci&#243;n. Por un breve tiempo, pues muy pronto esta ser&#237;a da&#241;ada por el pecado. <\/p>\n<p>En esta perspectiva, cada persona que nace en este mundo lleva consigo una traza de aquella imagen original, aunque disminuida y empobrecida por raz&#243;n del pecado que vive en ella. La salvaci&#243;n, por tanto, permitir&#237;a restaurar dicha semejanza en quienes la reciben. <\/p>\n<p>Sin embargo, aunque parcialmente cierta, esta interpretaci&#243;n falla en mostrar el sentido m&#225;s amplio del plan divino. All&#225;, en los recintos sin tiempo de la eternidad, Dios concibi&#243; un prop&#243;sito vasto y profundo, nacido de su amor: crear para s&#237; una raza de seres que participasen de su misma vida increada y llevasen consigo su imagen divina en el mundo creado. <\/p>\n<p>El ap&#243;stol Pablo lo ha expresado de esta manera: &#171;Seg&#250;n nos escogi&#243; en &#233;l antes de la fundaci&#243;n del mundo&#8230;en amor, habi&#233;ndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos, por medio de Jesucristo, seg&#250;n el puro afecto de su voluntad&#8221; (Ef. 1:4-5). Y tambi&#233;n, &#171;Porque a los que antes conoci&#243;, tambi&#233;n los predestin&#243; para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que &#233;l sea el primog&#233;nito entre muchos hermanos&#8221; (Ro. 8:29).<\/p>\n<p>Esta es la s&#237;ntesis de su designio, definido por tres asuntos principales: Primero, como se ha dicho, el suyo es un prop&#243;sito de amor eterno, anterior a la fundaci&#243;n del mundo; segundo, dicho designio no se refiere a meros individuos, sino a una realidad m&#225;s amplia y articulada, esto es a una familia de muchos hijos; tercero, y lo m&#225;s importante, que todo se llevar&#225; a cabo por y para su Hijo, Jesucristo. &#191;De qu&#233; manera? Don&#225;ndose a s&#237; mismo por medio del Hijo, y expandiendo de ese modo su vida hacia una raza de seres creados, para elevarlos desde su condici&#243;n de peque&#241;as criaturas de barro hasta la estatura de hijos amados, capaces de conocerle y, a la vez, expresarle en todo el orbe visible. En suma, hijos que lleven consigo la imagen de su Padre, el mismo Dios. <\/p>\n<p>\n&#161;Cu&#225;nta gloria hay reunida aqu&#237;! Pues ni aun los &#225;ngeles, tanto mayores en fuerza y potencia, fueron escogidos para una meta tan elevada (1Pd. 1:12). &#8220;Cre&#243; Dios al hombre a su imagen&#187; nos dice el G&#233;nesis sin explicar nada m&#225;s sobre el asunto. El Nuevo Testamento, sin embargo, nos revela que la imagen de Dios es Jesucristo y con ello nos muestra la meta de Dios Padre:<\/p>\n<p>&#183; &#8220;El es la imagen del Dios invisible&#8221; (Col. 1:15).<br \/>\n&#183; &#8220;El cual siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia&#8221; (Heb. 1:3).<br \/>\n&#183; &#8220;La gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios&#8221; (2 Cor. 4:4b).<br \/>\n&#183; &#8220;A Dios nadie le vio jam&#225;s, el (Dios) unig&#233;nito Hijo, que est&#225; en el seno del Padre, &#233;l le ha dado ha conocer.&#8221; (Jn. 1:18).<\/p>\n<p>&#183; &#8220;El que me ha visto a m&#237;, ha visto al Padre&#8221; (Jn. 14:9).<\/p>\n<p>En los textos de m&#225;s arriba se nos presentan al menos dos hechos importantes: el primero es que Dios mismo es invisible para los hombres; el segundo, que Jesucristo lo ha hecho visible. <\/p>\n<p>En lenguaje b&#237;blico invisible significa desconocido, oculto e inaccesible. Dios declar&#243; a Mois&#233;s que ning&#250;n hombre podr&#237;a ver su rostro y seguir viviendo (Ex. 33:20). Su imagen o aspecto visible era inaccesible para los hombres y esta situaci&#243;n, m&#225;s que ninguna otra, expresaba nuestra verdadera condici&#243;n ante &#233;l. &#191;Por qu&#233; raz&#243;n? Porque, como hemos visto, Dios cre&#243; al hombre para que llevase su imagen en la tierra. <\/p>\n<p>Profundicemos un poco m&#225;s en este punto. Seg&#250;n Colosenses, Cristo es la imagen del Dios invisible. Aqu&#237; &#8220;la imagen&#8221; aparece como algo opuesto a lo invisible, lo cual equivale a decir que Jesucristo en su encarnaci&#243;n es la expresi&#243;n visible del Dios invisible. Esta misma idea est&#225; presente en el citado pasaje de Juan, donde se nos dice que el Hijo ha dado a conocer al Dios que nadie, desde el principio, vio jam&#225;s. <\/p>\n<p>De lo anterior se desprende que, desde Ad&#225;n hasta la encarnaci&#243;n del Se&#241;or, la verdadera identidad de Dios permaneci&#243; oculta para todos los hombres, lo que pon&#237;a en evidencia la inmensa tragedia de toda la raza humana, creada para llevar una imagen que jam&#225;s llegar&#237;a a conocer. <\/p>\n<p>Sin embargo, con la venida de Cristo dicha identidad finalmente qued&#243; revelada, porque &#233;l es la revelaci&#243;n plena y definitiva del Dios invisible (Hb. 1:1-4). Y, con ello, su eterno prop&#243;sito fue finalmente manifestado, pues Cristo es aquella imagen a la cual el hombre habr&#237;a de ser conformado en el principio.<\/p>\n<p>Todo lo anterior nos permite asumir que el G&#233;nesis, cuando nos dice que Dios cre&#243; al hombre a su imagen, se refiere m&#225;s bien a un proyecto realizado en la divinidad (&#8220;las obras suyas estaban acabadas desde la fundaci&#243;n del mundo&#8221; (Hb.3:3b)), antes que a una obra acabada en el tiempo y en la historia, pues los acontecimientos subsiguientes nos muestran c&#243;mo el hombre se apart&#243; totalmente de este objetivo. <\/p>\n<p>Esto &#250;ltimo se puede apreciar claramente a partir del cap&#237;tulo dos de dicho libro. Mientras que en el primer cap&#237;tulo la creaci&#243;n del hombre aparece como un hecho acabado: &#8220;y cre&#243; Dios al hombre a su imagen&#8221; (donde el verbo cre&#243; aparece en tiempo pasado); en el siguiente cap&#237;tulo el relato parece comenzar otra vez. Esta diferencia de enfoque se debe a que el primer cap&#237;tulo nos muestra la historia del hombre en la perspectiva del prop&#243;sito eterno de Dios, donde la ca&#237;da y el pecado no tienen lugar, hasta culminar en el d&#237;a s&#233;ptimo, cuando Dios reposa de todo su trabajo. El segundo, en tanto, nos muestra la historia tal como realmente ocurri&#243;, incluyendo el pecado y la desobediencia del hombre. <\/p>\n<p>De esta manera, encontramos que, en el desarrollo concreto de la historia, Dios toma con sus manos la roja arcilla de la tierra y cual paciente, experto alfarero, se da a la tarea de modelar el vaso de sus designios. &#191;Qui&#233;n podr&#225; expresar el amor con el cual se aboc&#243; a este trabajo? El Salmo 139 y un pasaje del libro de Job nos lo recuerdan un poco. Ad&#225;n, fue tejido con huesos y nervios en lo profundo de la tierra, cuajado como leche, vaciado como un queso. El v&#237;vido lenguaje de la Escritura busca, precisamente, enfatizar el car&#225;cter &#237;ntimo y personal de la creaci&#243;n del primer hombre. <\/p>\n<p>Cuando al fin estuvo acabado, se aproxim&#243; hasta el rostro del primer hombre y sopl&#243; en su nariz su divino aliento. En ese preciso instante, la vida lleg&#243;, estremeciendo cada fibra de ese cuerpo inerte, subyug&#225;ndolo a un principio m&#225;s alto que unificaba su existencia. Ad&#225;n abri&#243; los ojos y se quedo all&#237; delante de Dios, asustado y feliz a la vez; una vasija fr&#225;gil y hermosa, destinada a un designio glorioso aunque todav&#237;a desconocido. Su cuerpo, mente, voluntad y emociones permanec&#237;an despiertos y vigilantes bajo la &#233;gida de su esp&#237;ritu. Era consciente de s&#237; mismo, y mucho m&#225;s a&#250;n, estaba consciente de la presencia de su Creador. <\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de todos sus magn&#237;ficos dones, a&#250;n no pose&#237;a la imagen de Dios. El era tan s&#243;lo un vaso de arcilla al que a&#250;n le faltaba el contenido. La obra de Dios estaba todav&#237;a incompleta, pues su Hijo no hab&#237;a sido revelado.<\/p>\n<p>Por ello, de inmediato Dios plant&#243; un huerto y coloc&#243; all&#237; a su nueva criatura, la hizo caer en un profundo sue&#241;o y de su misma carne form&#243; una mujer, co-igual a &#233;l en llamamiento y prop&#243;sito, para que fuese su ayuda id&#243;nea (Gn. 1:27). Ahora el hombre, Ad&#225;n y Eva, estaba preparado para acceder al designio divino. <\/p>\n<p>Con este fin, Dios hab&#237;a plantado en el medio del huerto el &#225;rbol de la vida. Este &#225;rbol representaba a Cristo, ordenado a ser el centro de la vida humana (Juan nos dice que el Verbo era la vida destinada a ser la luz de los hombres (Jn.1:4)). Si Ad&#225;n y Eva com&#237;an de su fruto, entonces esa vida eterna e increada que estaba con Dios desde el principio, vendr&#237;a a morar en ellos y su descendencia para siempre, convirti&#233;ndolos en verdaderos hijos de Dios. Y as&#237;, Cristo se convertir&#237;a en la cabeza y la vida de una raza celestial, creada a partir de Ad&#225;n y su descendencia. Por medio de esa vida, dicha raza llevar&#237;a consigo la imagen de Dios. Tan s&#243;lo entonces la obra de Dios estar&#237;a acabada.<\/p>\n<p>La intromisi&#243;n del pecado<\/p>\n<p>Esto es lo que deb&#237;a suceder; sin embargo, no fue lo que en verdad ocurri&#243;. Conocemos demasiado bien aquella vieja historia. <\/p>\n<p>Hab&#237;a otro &#225;rbol en el huerto y muy cerca de all&#237; merodeaba una serpiente. Dios hab&#237;a prohibido expresamente comer el fruto de ese &#225;rbol en particular &#191;Por qu&#233; raz&#243;n? Pues, porque aquel era el &#225;rbol de la ciencia del bien y del mal, y representaba la terrible posibilidad de existir lejos de Dios y su voluntad, separados de su deseo eterno. <\/p>\n<p>M&#225;s a&#250;n, estaba all&#237; para revelar una profunda verdad: Dios desea hijos semejantes a &#233;l, esto es, capaces de amar con el amor con que &#233;l ama. Por ello, les concedi&#243; el don de ser identidades distintas de &#233;l mismo. Sus hijos no habr&#237;an de ser meras extensiones de su personalidad; aut&#243;matas que se moviesen sin voluntad propia. Muy por el contrario, ellos tendr&#237;an su propio ser y voluntad. <\/p>\n<p>No obstante, su don ten&#237;a una condici&#243;n, m&#225;s a&#250;n, una demanda necesaria a su propia naturaleza: s&#243;lo podr&#237;a subsistir mientras fuese rendido a la vida y voluntad divinas. De otra manera se perder&#237;a. Esa es la condici&#243;n b&#225;sica para toda criatura. S&#243;lo puede existir mientras se mantenga unida a su fuente original. En el hombre, dicha uni&#243;n deb&#237;a expresarse del modo m&#225;s elevado y semejante a Dios mismo: una uni&#243;n perfecta de amor, porque &#233;l quer&#237;a que Ad&#225;n participase voluntariamente de su misma vida divina. De ah&#237;, aquel &#225;rbol y su prohibici&#243;n: no comer&#225;s de &#233;l para que no mueras (Gn. 2:17). <\/p>\n<p>La advertencia era clara, directa y simple. Mas, en un tiempo remoto, en regiones inaccesibles para Ad&#225;n y su mujer, otro ser se hab&#237;a enfrentado a una prohibici&#243;n semejante y hab&#237;a escogido el camino de la rebeli&#243;n, s&#243;lo para descubrir que donde Dios est&#225; ausente quedan &#250;nicamente el vac&#237;o y la desesperaci&#243;n. Una vez fue un &#225;ngel grande, hermoso y sabio. Pero, en un vano intento de ser su propio due&#241;o y usurpar a Dios en su alt&#237;simo trono, cay&#243; hasta una profundidad insondable de muerte y perdici&#243;n eternas, arrastrando consigo a muchos de sus compa&#241;eros. Ahora, toda traza de belleza, bondad y verdad se han ido para siempre de &#233;l. S&#243;lo le quedan, revolvi&#233;ndose sin descanso en su interior, una perversidad y odio infinitos contra aquel que una vez fue la fuente de toda su sabidur&#237;a y belleza. Pero aquel oscuro ser, ciego a todo aquello que no sea &#233;l mismo, se ha puesto a s&#237; mismo para siempre fuera del alcance de la misericordia divina. Y est&#225; all&#237; para hurtar, matar y destruir la obra de Dios. <\/p>\n<p>Mas, por el momento, no es necesario hablar m&#225;s de &#233;l. El mundo es joven y todav&#237;a no tiene un nombre en el lenguaje de los hombres. Es s&#243;lo una serpiente que susurra suaves palabras al o&#237;do de la primera mujer: &#8220;&#191;Con que Dios os ha dicho, no com&#225;is de todo &#225;rbol del huerto?&#8221; (Gn. 3:1). <\/p>\n<p>He aqu&#237; el principio de toda tentaci&#243;n, y, tambi&#233;n, la ra&#237;z m&#225;s profunda del pecado: la serpiente instala en el coraz&#243;n de Eva una duda acerca de Dios y sus verdaderos motivos, vale decir, una mortal desconfianza. Su estrategia consiste en desfigurar a Dios en su imaginaci&#243;n, present&#225;ndolo como un antagonista arbitrario, en quien no se puede confiar, ni tampoco obedecer. <\/p>\n<p>Pero la mujer replica que no fueron esas las palabras de Dios, ya que su mandamiento fue que no comieran exclusivamente del &#225;rbol de la ciencia del bien y del mal que se encuentra en medio del huerto y tampoco tocarlo (Gn. 3:2-3). Una buena respuesta&#8230; pero, un momento, &#191;fue eso exactamente lo que Dios dijo? &#191;no hay algo que est&#225; dem&#225;s en su respuesta? Por cierto que s&#237;. Eva ha a&#241;adido dos elementos extra&#241;os: el primero, la ubicaci&#243;n del &#225;rbol; el segundo, la prohibici&#243;n de tocarlo. <\/p>\n<p>Al leer atentamente el relato de la Escritura, encontramos que en medio del huerto estaba el &#225;rbol de la vida, mas con respecto a la ubicaci&#243;n del otro &#225;rbol nada se nos dice (Gn. 2:9). Sin embargo, las palabras de la serpiente han comenzado a dar en el blanco, pues la conciencia de la mujer ha sufrido una extra&#241;a distorsi&#243;n. Lentamente, el &#225;rbol prohibido se ha convertido en el foco de su atenci&#243;n. Y el segundo elemento a&#241;adido por la mujer refuerza a&#250;n m&#225;s este cuadro: &#171;Ni le tocar&#233;is, para que no mur&#225;is&#187;. Esta frase final no hab&#237;a salido de la boca de Dios, pero Eva comenzaba a ver las cosas desde la perspectiva sat&#225;nica: Dios est&#225; aqu&#237; para impedir y prohibir, y ahora su divina figura se yergue como un inmenso obst&#225;culo entre ella y sus deseos. <\/p>\n<p>La serpiente ve llegada su hora y da su golpe final: &#171;No morir&#233;is; sino que sabe Dios que el d&#237;a que com&#225;is de &#233;l, ser&#225;n abiertos vuestros ojos, y ser&#233;is como Dios, sabiendo el bien y el mal&#187; (Gn. 3:5). <\/p>\n<p>El dardo ha sido arrojado para penetrar hasta lo profundo de su coraz&#243;n. Al parecer Dios ha mentido. Tan s&#243;lo quiere impedirles obtener para ellos la misma clase de vida, posici&#243;n y libertad que &#233;l tiene. Mas, si comen ese fruto ser&#225;n, al igual que &#233;l, sus propios dioses, due&#241;os de su propio destino. Tendr&#225;n el poder de modelar sus vidas a su gusto y no necesitar&#225;n que nadie les diga lo que tienen que hacer (esta es la terrible oferta del pecado y su enga&#241;o). <\/p>\n<p>Eva, pues, comi&#243; del fruto y lo dio luego a su marido. No obstante, a&#250;n entonces el da&#241;o pudo evitarse, pero Ad&#225;n opt&#243; deliberadamente por aquella comida y precipit&#243; la tragedia. La serpiente hab&#237;a ganado la primera batalla y ahora el hombre con toda su descendencia le pertenec&#237;a a ella. Se hab&#237;an convertido en esclavos del pecado y por tanto ella, muy superior en fuerza y habilidad, podr&#237;a dominarlos a voluntad. <\/p>\n<p>Ese era el verdadero motivo que ocultaban sus enga&#241;osas palabras. Ciertamente Dios ya no gobernar&#237;a la vida del hombre y su lugar ser&#237;a usurpado por Satan&#225;s. El imperio de la muerte hab&#237;a comenzado y nadie pod&#237;a prever su fin. <\/p>\n<p>Despu&#233;s de esto, con toda probabilidad la serpiente se sent&#243; en su reci&#233;n estrenado trono de tinieblas y pens&#243; que su victoria era definitiva. El hombre, cautivo del pecado, era reo de muerte, y su Creador nunca quebrantar&#237;a la ley que &#233;l mismo estableci&#243;. Sin embargo, gracias a Dios, nunca antes estuvo tan equivocada.<\/p>\n<p>\nUn accidente innecesario<\/p>\n<p>Se ha se&#241;alado con anterioridad que el designio divino con respecto al hombre es anterior a la misma creaci&#243;n (&#171;seg&#250;n nos escogi&#243; en &#233;l, antes de la fundaci&#243;n del mundo&#187;). La serpiente, por tanto, hab&#237;a errado por completo en su c&#225;lculo. Su plan era poner una insalvable sima entre Dios y los hombres, introduciendo en ellos su propia simiente de rebeli&#243;n y pecado, convirti&#233;ndolos as&#237; en enemigos de su Creador. Sin embargo, en su sabidur&#237;a Dios hab&#237;a previsto esta posibilidad y su amor ten&#237;a preparada una salida. <\/p>\n<p>Necesitamos, sin embargo, comprender bien el significado de dicha salida. Ella no formaba parte de su prop&#243;sito original expresado en G&#233;nesis cap&#237;tulo uno, pues el hombre no fue creado para el pecado. <\/p>\n<p>En este sentido, la ca&#237;da debe ser considerada como un accidente innecesario, una destructiva lesi&#243;n que la salvaci&#243;n viene a reparar. Sin embargo, si se les pregunta cu&#225;l es el prop&#243;sito de Dios, muchos cristianos responden r&#225;pidamente: la salvaci&#243;n del hombre. De igual modo y desde esa misma perspectiva, la obra de Dios en esta edad consistir&#237;a b&#225;sicamente en rescatar a los perdidos. Para estos hijos de Dios, la salvaci&#243;n se ha transformado en el asunto central de su experiencia cristiana. Mas, aunque sin duda ella tiene un valor inestimable a nuestros ojos, con todo, no es lo m&#225;s importante. La salvaci&#243;n satisface una necesidad del hombre, pero, tal como se ha visto anteriormente, el hombre mismo fue creado para satisfacer una &#8220;necesidad&#8221; de Dios, que s&#243;lo quedar&#225; satisfecha cuando &#233;l obtenga un hombre hecho a imagen y semejanza suya. <\/p>\n<p>El pecado abri&#243; un largo par&#233;ntesis en el desarrollo del plan divino, pero no pudo impedir su realizaci&#243;n, pues Dios provey&#243; una perfecta obra de reparaci&#243;n que destruy&#243; por completo al pecado y todos sus efectos sobre la raza humana ca&#237;da.<\/p>\n<p>En la perspectiva escritural, la salvaci&#243;n es vista como una recuperaci&#243;n de lo perdido, un encontrar lo extraviado, un volver a encauzar aquello que se alej&#243; de su curso normal. Nunca debi&#243; haber ocurrido la p&#233;rdida, el extrav&#237;o; mas, por cuanto ocurri&#243;, se hizo necesaria la recuperaci&#243;n. Y en este mismo sentido, la obra de salvaci&#243;n tiene por fin rescatarnos y traernos de vuelta al plan original de Dios, devolvi&#233;ndonos a nuestra vocaci&#243;n eterna. <\/p>\n<p>Cuando Ad&#225;n escogi&#243; comer el fruto del &#225;rbol de la ciencia del bien y del mal, eligi&#243; en ese mismo acto desarrollar una vida independiente de Dios y su prop&#243;sito para &#233;l. La serpiente lo persuadi&#243; a tomar el destino de su vida en sus propias manos, sin consultar a nadie m&#225;s que a s&#237; mismo. As&#237;, Ad&#225;n qued&#243; libre para decidir por su propia cuenta el bien y el mal, sin importarle lo que Dios establece al respecto. <\/p>\n<p>En esta disposici&#243;n fundamental se encuentra la ra&#237;z y el n&#250;cleo del pecado: una arrogante obstinaci&#243;n en vivir una existencia separada de Dios. <\/p>\n<p>Pero dicha determinaci&#243;n trajo sobre Ad&#225;n la muerte, manifestaci&#243;n definitiva de la magnitud de su enga&#241;o y extrav&#237;o, ya que no existe verdadera vida all&#237; donde Dios ha sido excluido. Al abandonar a Dios, el hombre se separ&#243; tambi&#233;n de la fuente de su vida para quedar convertido, desde entonces, en s&#243;lo una sombra de lo que debi&#243; ser; un proyecto inconcluso en peligro constante de perderse eternamente. Todas sus facultades morales e intelectuales no son m&#225;s que un esbozo, no el retrato mismo. O bien, como nos dice el ap&#243;stol Pablo, un simple vaso de barro, aunque destinado a recibir un tesoro incomparable. Toda su gloria est&#225; en llevar consigo ese tesoro. Mas si lo pierde, ya no sirve de nada. <\/p>\n<p>Por ello es tan grande la salvaci&#243;n que nos ha dado Dios por medio de la fe en Jesucristo, pues s&#243;lo &#233;l pudo cerrar la inmensa brecha que nuestro pecado abri&#243; entre nosotros y su gloria. <\/p>\n<p>Sin embargo, para la primera pareja todo esto permanece a&#250;n en el misterio. S&#243;lo las palabras dichas a la serpiente permiten conjeturar una esperanza. Lejos, en un futuro todav&#237;a remoto, de la mujer vendr&#225; la simiente que pondr&#225; fin a su reino de tinieblas y muerte (Gn. 3:15). &#191;La simiente de la mujer? As&#237; es, y desde ese momento toda la historia de los tratos de Dios con el hombre lo llevar&#225;n progresivamente hacia ella. <\/p>\n<p>Mas &#191;qui&#233;n o qu&#233; es esa simiente? La respuesta a esta pregunta nos acerca ineludiblemente al coraz&#243;n del prop&#243;sito divino. Para ello, hemos de aproximarnos hasta el borde mismo de aquel insondable abismo que es su voluntad, y all&#237;, en el centro mismo de todo, encontraremos lo que buscamos entender. <\/p>\n<p>El misterio de su voluntad<\/p>\n<p>El ap&#243;stol Pablo declara en su carta a los Efesios que ahora, en la econom&#237;a del cumplimiento de los tiempos, Dios nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad (Ef. 1:9). En el comienzo de la ep&#237;stola nos revela brevemente en que consiste su prop&#243;sito eterno para con el hombre, y luego contin&#250;a explicando el tema central de toda su obra: que dicho designio tiene como fin &#171;reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensaci&#243;n del cumplimiento de los tiempos, as&#237; las que est&#225;n en los cielos, como las que est&#225;n en la tierra&#187; (Ef. 1:10). <\/p>\n<p>Esto es, que Cristo sea el principio y el fin de todo cuanto ha sido creado. El v&#233;rtice absoluto que une y re&#250;ne bajo su mando la suma total de las cosas visibles e invisibles. La c&#250;spide final que recapitula en s&#237; mismo la totalidad de la obra divina. <\/p>\n<p>Este es el magn&#237;fico resumen de su eterna voluntad y nada puede ser superior a este fin. De eternidad a eternidad es este el motivo central que rige y subordina todos los actos divinos. <\/p>\n<p>Porque Dios se ha propuesto reunir bajo el mando de Cristo la totalidad de las cosas creadas: desde los &#225;tomos hasta los querubines; desde las margaritas hasta las galaxias; desde las amebas hasta los elefantes. Toda forma de vida animal y vegetal, desde lo m&#225;s peque&#241;o hasta lo m&#225;s grande, y a&#250;n todos los poderes de la oscuridad habr&#225;n de ser sometidos por el Padre bajo la autoridad de su Hijo Jesucristo, el Se&#241;or. Hasta que todo sea lleno de Cristo, seg&#250;n el objetivo supremo por el cual cre&#243; todas las cosas. <\/p>\n<p>Cristo es aquel a quien Dios ha establecido como el principio y el fin de toda su obra en la historia de la creaci&#243;n. El ap&#243;stol Juan nos dice que &#171;todas las cosas por medio de &#233;l fuero hechas, y sin &#233;l nada de lo que ha sido hecho, fue hecho&#187; (Jn. 1:3), mientras que Pablo afirma: &#8220;Porque en &#233;l fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de &#233;l y para &#233;l&#8221; (Col. 1:16). <\/p>\n<p>Sin embargo, cabe preguntarnos, &#191;De qu&#233; manera Dios lograr&#225; que todo tenga a Cristo por centro y meta suprema? La respuesta a esta pregunta fundamental se encuentra en su prop&#243;sito para con el hombre y la podemos resumir de esta manera: La eterna voluntad de Dios es que su Hijo obtenga el lugar de preeminencia que &#233;l le ha otorgado, siendo la cabeza del cuerpo que es la iglesia, tal como nos dice el ap&#243;stol Pablo: &#8220; y someti&#243; todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo&#8221; (Ef. 1:22-23); y tambi&#233;n: &#8220;&#233;l es la cabeza del cuerpo que es la iglesia&#8230; para que en todo tenga la preeminencia&#8221; (Col. 1:18). <\/p>\n<p>Ambos textos demuestran enf&#225;ticamente lo reci&#233;n afirmado, vale decir, que el objetivo divino de dar a Cristo la preeminencia absoluta sobre todas las cosas se llevar&#225; a cabo por medio de la iglesia. <\/p>\n<p>Y en este punto surge una nueva pregunta &#191;Qu&#233; es aquello que llamamos iglesia? La hemos encontrado previamente aunque sin nombrarla todav&#237;a: ella es aquel hombre destinado a llevar consigo la imagen de Dios del que nos hablaba el G&#233;nesis. La raza celestial que Dios se propuso obtener desde la eternidad, para que por su intermedio el Hijo venga a ser centro y cabeza de todas las cosas creadas. El hombre de G&#233;nesis cap&#237;tulo uno no debe ser considerado, entonces, como un individuo, sino como un hombre corporativo que tiene a Cristo por cabeza (Ef.2:15-16).<\/p>\n<p>La iglesia existe por y para Jesucristo. Ella es su novia y su desposada, creada para convertirse en su ayuda id&#243;nea, y as&#237; cumplir el objetivo de Dios Padre, como carne de su carne y hueso de sus huesos (Ef. 5:29-32). <\/p>\n<p>Tomada de Cristo, tal como Eva fue tomada de Ad&#225;n (Gn. 1:21-24), la iglesia es &#233;l mismo pero expresado de otra manera, ya que en el misterio de la voluntad de Dios fue concebida para ser su contraparte perfecta. Una mujer que, como Eva en el costado de Ad&#225;n, permaneci&#243; oculta desde la eternidad en lo profundo de Dios en Cristo, esperando a ser manifestada en la plenitud de los tiempos. Porque as&#237; como Jesucristo es la expresi&#243;n perfecta de Dios Padre, la iglesia es la perfecta expresi&#243;n de Cristo. <\/p>\n<p>&#191;Podemos, ahora, comprender cu&#225;n preeminente y central es el Se&#241;or Jesucristo en la obra de Dios? &#191;Y, por la misma raz&#243;n, cu&#225;n importante es la iglesia a los ojos de Dios? Cuando el Esp&#237;ritu de Dios abra nuestros ojos para ver este hecho esencial, comenzaremos a entender cu&#225;n superficiales e in&#250;tiles son los esfuerzos que hacemos en cualquier otro sentido, porque s&#243;lo aquello que se relaciona con su eterna voluntad en Jesucristo tiene valor delante de Dios y nada que sea menos que ello podr&#225; jam&#225;s complacer su coraz&#243;n. <\/p>\n<p>&#218;nicamente en este contexto es posible comprender las palabras de Se&#241;or Jes&#250;s: &#171;Edificar&#233; mi iglesia&#187; (Mt. 16:18). M&#225;s all&#225; de la redenci&#243;n efectuada en la cruz, cuyo fin fue recuperar lo que se hab&#237;a perdido, Jesucristo vino a cumplir una misi&#243;n, cuyas ra&#237;ces se hunden en la eternidad. Su vida, muerte y resurrecci&#243;n no s&#243;lo tuvieron por fin obtener nuestra salvaci&#243;n (tan preciosa a nuestros ojos) sino constituir y dar vida &#8211;su propia vida&#8211; a aquella gloriosa realidad que lo contiene y expresa en plenitud: la iglesia que es su cuerpo: &#171;Y lo dio por cabeza, por sobre todas las cosas, a la iglesia; la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo&#187;. <\/p>\n<p>Por esta raz&#243;n, es posible afirmar con toda certeza que nada puede expresar la plenitud de Cristo en esta tierra (su poder, car&#225;cter, voluntad y autoridad) a excepci&#243;n de la iglesia, que es su cuerpo y su desposada. Y este hecho fundamental nos obliga a considerar a fondo la naturaleza de esta novia celestial, as&#237; como tambi&#233;n su expresi&#243;n pr&#225;ctica en la tierra. Para ello es necesario comenzar con lo m&#225;s b&#225;sico o esencial.<\/p>\n<p>\nNotas<\/p>\n<p>1. En verdad, como se ver&#225; en la &#250;ltima parte de este cap&#237;tulo, el prop&#243;sito &#250;ltimo de Dios tiene por centro a Jesucristo, para quien fueron creadas todas las cosas. En este libro se asume que &#8220;el hombre&#8221; al que se refiere el cap&#237;tulo 1 de G&#233;nesis no es en absoluto un individuo particular, sino un nuevo hombre corporativo, vale decir Cristo y la iglesia. En la mente de Dios, &#8220;hagamos al hombre a nuestra imagen&#8221; se refiere al hecho decisivo de dar a su Hijo una esposa, que sea su perfecta expresi&#243;n en el orbe visible e invisible, meta suprema de toda la creaci&#243;n divina.<\/p>\n<p>Cap&#237;tulo II<\/p>\n<p>Vida Divina Antes del Tiempo<\/p>\n<p>Probablemente, ning&#250;n ap&#243;stol conoci&#243; tan &#237;ntimamente al Se&#241;or Jesucristo como Juan, pues as&#237; como Pablo fue escogido para conocer y revelar el misterio de Cristo en la iglesia, Juan fue elegido para conocer el misterio de Dios en Cristo. M&#225;s adelante veremos c&#243;mo ambas verdades forman una sola realidad indivisible; no obstante, la revelaci&#243;n dada a Juan es el fundamento de la verdad revelada a trav&#233;s del ap&#243;stol Pablo, pues el objetivo del disc&#237;pulo amado es llevarnos al principio, al cimiento inalterable sobre el que descansa la iglesia. <\/p>\n<p>El disc&#237;pulo amado<\/p>\n<p>Este principio, nos dice Juan, se encuentra en Dios mismo. &#201;l es la fuente de donde procede la vida y nada, en toda la creaci&#243;n, posee por s&#237; mismo ese g&#233;nero de vida excepto Dios. <\/p>\n<p>Existen, por cierto, muchas clases de vida: vegetal, animal, humana y ang&#233;lica. Pero ellas son s&#243;lo met&#225;foras, p&#225;lidas sombras de la vida original que s&#243;lo Dios posee, de la cual a su vez derivan su existencia. Pero la vida divina se eleva por encima de ellas m&#225;s all&#225; de toda comparaci&#243;n posible o imaginable. <\/p>\n<p>Con todo, esa es precisamente la vida que Dios quiso para el hombre desde la eternidad. El ap&#243;stol nos dice que en el principio estaba con el Verbo en Dios y que era adem&#225;s la luz de los hombres. Esa fue la vida que Ad&#225;n perdi&#243; en el huerto y una espada encendida ocult&#243; de sus ojos (&#191;Podemos ver cu&#225;n terrible fue nuestra p&#233;rdida?). <\/p>\n<p>Mas, vino el d&#237;a (y &#233;l fue testigo) en que aquella vida celestial descendi&#243; de su santa morada para habitar entre los hombres. &#171;Y aquel Verbo fue hecho carne, y habit&#243; entre nosotros. Y vimos su gloria&#187; (Jn. 1:14), escribi&#243; al relatarnos el acontecimiento. A trav&#233;s de los d&#237;as, meses y a&#241;os, este disc&#237;pulo fue un espectador privilegiado del evento m&#225;s trascendente de la historia. <\/p>\n<p>&#161;Nadie, jam&#225;s, vio y experiment&#243; algo semejante! Porque el Verbo, Jesucristo, habit&#243; entre los hombres viviendo una vida tan completamente diferente, real, &#237;ntima y maravillosa que, progresivamente, el coraz&#243;n de sus rudos disc&#237;pulos fue cautivado, sobrecogido, traspasado y, finalmente, transformado al contacto de esa vida celestial. <\/p>\n<p>Y a Juan, m&#225;s que a ninguno de ellos, le fue dado comprender el misterio de esa vida. Por esta raz&#243;n, en sus escritos se refiere siempre a los aspectos m&#225;s profundos y esenciales de la obra de Dios. &#201;l no se preocupa, como Pablo en algunas de sus cartas, de los asuntos m&#225;s exteriores de la iglesia (como por ejemplo, los dones, el culto, las ofrendas, etc.) sino que nos remite siempre a lo fundamental. A aquello que sustenta todo, exist&#237;a desde el principio y permanece inalterable: la vida. Y esto, porque la iglesia es en esencia el mismo Cristo expresado de otra forma. <\/p>\n<p>&#191;C&#243;mo lleg&#243; Juan al conocimiento de esta verdad? La respuesta a esta pregunta es muy importante, pues nos revela un modelo pr&#225;ctico sobre c&#243;mo se establece y edifica la iglesia. La meta del ap&#243;stol es mostrarnos que antes de los dones, el evangelismo, la doctrina, el ministerio, y cualquier otra obra visible y exterior, se encuentra la vida. Si ella est&#225; presente, entonces todo lo dem&#225;s est&#225; asegurado; mas, si ella falta, todo est&#225; en peligro de perderse. <\/p>\n<p>La gran tragedia de la cristiandad en nuestros d&#237;as se encuentra precisamente en este punto. Exteriormente, nos parece que mucho estuviera ocurriendo. Hay una gran actividad all&#225; afuera y los creyentes corren de aqu&#237; para all&#225; afanados en un sinn&#250;mero de tareas urgentes. Se organizan campa&#241;as, seminarios de capacitaci&#243;n, congresos, movimientos misioneros, ministerios interdenominacionales y todo el tiempo parece que la obra de Dios estuviese creciendo a un gran ritmo. &#191;Pero, crece realmente? &#191;Son los resultados objetivos la prueba irrefutable de que Dios avala nuestra obra? Y, &#191;Cu&#225;l es la fuente m&#225;s profunda de toda esa actividad? &#191;Qu&#233; se esconde detr&#225;s de todo ese ir y venir? &#191;No existe una deficiencia en todo esto? <\/p>\n<p>Sin embargo, no se intenta aqu&#237; juzgar la obra que otros hacen para Dios, sino &#250;nicamente establecer lo que es esencial, pues, como nos dice el ap&#243;stol Pablo, vendr&#225; el d&#237;a en que Dios probar&#225; la calidad de nuestra obra. <\/p>\n<p>Veamos lo que nos dice al respecto el disc&#237;pulo amado:<\/p>\n<p>&#171;Lo que era desde el principio,<\/p>\n<p>lo que hemos visto con nuestros ojos, <br \/>\nlo que hemos contemplado,<\/p>\n<p>y palparon nuestras manos tocante al Verbo de Vida (porque la Vida fue manifestada y la hemos visto,<br \/>\ny testificamos y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifest&#243;)&#187; (1Jn. 1: 1-2).<\/p>\n<p>Este es, seg&#250;n Juan, el g&#233;nesis de la iglesia. Ella comenz&#243;, nos dice, en el mismo principio de todo, antes de que el hombre caminara sobre la tierra; antes de que fuesen formados las monta&#241;as y los oc&#233;anos del mundo; y a&#250;n antes de que el sol, las estrellas y las incontables galaxias esparciesen su luz por el universo; antes del mismo tiempo&#8230; all&#225; lejos, en la &#237;ntima vida trinitaria de Dios. <\/p>\n<p>Acceder a esa intimidad es, por cierto, un asunto que excede todas nuestras posibilidades. Sin embargo, la gracia divina nos ha otorgado la forma de llegar hasta all&#237;. &#191;C&#243;mo puede ser esto posible? &#161;Porque la vida, escribe el ap&#243;stol, fue manifestada y la hemos visto! La misma vida divina, eterna e inaccesible, descendi&#243; hasta nosotros, para hacerse visible, contemplable y palpable en el r&#250;stico paisaje de Galilea. <\/p>\n<p>All&#237;, entre sus &#225;ridas colinas y peque&#241;as aldeas, Juan encontr&#243; a Jesucristo. Cuando escribi&#243; su carta era ya un anciano, pero seguramente pod&#237;a a&#250;n recordar v&#237;vidamente el d&#237;a en que Jes&#250;s cruz&#243; por su camino. <\/p>\n<p>Desde el primer momento qued&#243; prendado de su calidez, su sabidur&#237;a, su profundidad y ese algo inexpresable que se desprend&#237;a de cada uno de sus actos. Nunca hubo alguien tan humano como Jes&#250;s, y sin embargo&#8230; hab&#237;a en &#233;l un secreto inefable, algo m&#225;s que humano desde donde parec&#237;a brotar toda la gloria de su vida. <\/p>\n<p>Juan lo percibi&#243; desde el principio, y dejando atr&#225;s toda su vida anterior, sus sue&#241;os personales, ambiciones y proyectos, se embarc&#243;, junto a muchos m&#225;s, en la incierta aventura de seguirle. <\/p>\n<p>De esta manera, lleg&#243; a ser en uno de los tantos disc&#237;pulos del Nazareno. No hubo promesas, s&#243;lo una mirada inolvidable ardiendo en su coraz&#243;n y aquellas palabras resonando en sus o&#237;dos: &#171;s&#237;gueme&#187;. Probablemente, desde hac&#237;a tiempo ya le segu&#237;a y escuchaba como uno m&#225;s entre la multitud. Pero aquel d&#237;a, mientras remendaba sus redes en la playa junto a su hermano Jacobo, inesperadamente el Maestro detuvo sus pasos frente a &#233;l, lo interpel&#243; directamente al coraz&#243;n y cambi&#243; su vida para siempre. <\/p>\n<p>A partir de ese momento Juan vivi&#243; para conocer a Jes&#250;s. <\/p>\n<p>En cada uno de nosotros el llamado del Se&#241;or asume una expresi&#243;n distintiva y su trato nos lleva por caminos singulares de conocimiento y experiencia, pues &#233;l busca hacernos instrumentos &#250;tiles en la edificaci&#243;n de su casa. Obreros que tengan algo espec&#237;fico y distintivo de Cristo que aportar al crecimiento de todo el cuerpo. <\/p>\n<p>En Juan dicho llamamiento se expres&#243;, desde un comienzo, como un deseo profundo e incesante por conocerle a &#233;l y su misterio. Desde entonces, durante los tres a&#241;os que siguieron a su llamamiento, estuvo exclusivamente dedicado a seguir al Se&#241;or. En alg&#250;n punto de esos tres a&#241;os, fue apartado junto a otros once para vivir una experiencia m&#225;s &#237;ntima con Jes&#250;s. <\/p>\n<p>Fue as&#237; como, a lo largo de esos d&#237;as gloriosos estuvo con &#233;l y los once en toda circunstancia humana posible. Caminando por los polvorientos caminos de Galilea o durmiendo al abrigo de una improvisada hoguera, despu&#233;s de compartir una escasa raci&#243;n de alimento. Pero tambi&#233;n escuchando en medio de la multitud, cuando sus palabras descend&#237;an como la lluvia fresca sobre la tierra reseca. O bien, en el curso de esas agotadoras jornadas, cuando el Se&#241;or sanaba cientos de enfermos y expulsaba demonios. <\/p>\n<p>Esa experiencia lo transform&#243; por completo. Cuando comenz&#243; seguirle era joven y estaba lleno ambiciones, desconfianzas y temores. En un momento lo encontramos pidiendo fuego del cielo sobre una ciudad de samaritanos y un poco m&#225;s all&#225;, escondido tras las faldas de su madre solicitando un lugar de privilegio en el reino de Dios. <\/p>\n<p>Ciertamente, como todos los dem&#225;s, Juan era un caso dif&#237;cil. Mas, progresivamente aquella experiencia de vida con Jes&#250;s comenz&#243; a rendir sus frutos. Sus motivos ocultos quedaron expuestos, sus temores salieron a luz, su debilidad y fracaso puestos en evidencia. Y, simult&#225;neamente, mientras su vida iba siendo tratada por las &#8220;circunstancias&#187; exteriores, su coraz&#243;n fue comprendiendo el misterio de Cristo y su vida. <\/p>\n<p>El secreto de Cristo<\/p>\n<p>M&#225;s all&#225; del velo de la carne, Juan pudo ver que el Se&#241;or caminaba y respiraba por medio de una vida superior. &#201;l parec&#237;a habitar en una constante dependencia e &#237;ntima comuni&#243;n con Otro, que constitu&#237;a la fuente de toda su existencia. Es probable que sus disc&#237;pulos no lo notaran al principio, y les parecieran extra&#241;as sus constantes alusiones a aquel Otro, pues los jud&#237;os nunca lo hab&#237;an conocido por el nombre que Jes&#250;s le daba. <\/p>\n<p>Mas Juan comprendi&#243; al fin. Quien estaba en medio de ellos era m&#225;s que un maestro, un profeta e incluso a&#250;n m&#225;s que todos los grandes l&#237;deres del pasado. Lo que se estaba manifestando en medio de ellos era la misma vida divina, anterior al tiempo y la historia, pues verdaderamente estaban contemplando al eterno Hijo de Dios, y a trav&#233;s de &#233;l, su secreto m&#225;s profundo: el Padre. <\/p>\n<p>Porque Jesucristo viv&#237;a por medio de la vida del Padre y los disc&#237;pulos conocieron en &#233;l la forma de vida m&#225;s elevada: la forma divina. <\/p>\n<p>Precisamente, &#233;l hab&#237;a venido con la misi&#243;n de revelarnos la vida tal como se la experimenta en la intimidad de Dios y expandirla hasta nosotros, haci&#233;ndonos as&#237; part&#237;cipes de ella . &#171;Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia&#8221;. <\/p>\n<p>Esta es la clase de vida que Juan nos describe, tras contemplarla manifestada en el Se&#241;or Jesucristo: Desde la eternidad, en la intimidad de Dios, el Padre da todo cuanto es, la totalidad de su vida y esencia, al Hijo, quien recibe la vida del Padre como suya, para luego devolverla completamente al Padre en un acto de inefable amor. As&#237;, el Padre es la fuente de todo lo que el Hijo es. Nada hay en el Hijo que no proceda del Padre. El Hijo no tiene m&#225;s vida que aquella que el Padre le da. Y el Padre se da por completo al Hijo para que todo aquello que es suyo sea tambi&#233;n del Hijo. El Hijo recibe la vida del Padre y luego la retorna, a su vez, al Padre como una ofrenda de amor. <\/p>\n<p>Dar, recibir, restituir lo dado es el principio esencial que opera en el seno de la vida divina. Principio que puede ser definido por una sola palabra: amor. Por ello, Juan nos dice que Dios es amor. <\/p>\n<p>Por otra parte, el flujo incesante de comuni&#243;n de vida entre el Padre y el Hijo se realiza a su vez en la tercera persona divina, el Esp&#237;ritu Santo. El Padre ama, da, habla, escucha, revela, manda; el Hijo recibe, ama, da, contempla, escucha, habla, obedece. Y todo esto ocurre en la comuni&#243;n profunda e inefable del Esp&#237;ritu. <\/p>\n<p>Veamos algunos vers&#237;culos al respecto:<\/p>\n<p>&#171;No puede el Hijo hacer nada por s&#237; mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, tambi&#233;n lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que &#233;l hace&#187; (Jn. 5:20).<\/p>\n<p>&#171;Porque como el Padre tiene vida en s&#237; mismo, as&#237; tambi&#233;n ha dado al Hijo el tener vida en s&#237; mismo&#187; (Jn. 5:26).<\/p>\n<p>&#171;No puedo yo hacer nada por m&#237; mismo; seg&#250;n oigo as&#237; juzgo&#187; (Jn. 5:30).<\/p>\n<p>&#8220;Como me envi&#243; el Padre viviente, y yo vivo por el Padre&#8221; (Jn. 6:57).<\/p>\n<p>&#8220;Porque el que me envi&#243;, conmigo est&#225;&#8221; (Jn. 8:29).<\/p>\n<p>Los pasajes citados nos permiten ver c&#243;mo Cristo atribuye al Padre la causa de todas sus palabras y obras. &#201;l no act&#250;a ni habla por iniciativa propia. Por el contrario, todo su ser se encuentra movido por la voluntad de Padre. <\/p>\n<p>Su relaci&#243;n con &#233;l puede ser descrita como una dependencia &#237;ntima y vital. El Padre habita en Cristo otorg&#225;ndole su vida y direcci&#243;n constantes. &#201;l vive y respira cada segundo en la presencia del Padre y toda la gloria de su vida consiste en vivir y expresar la vida de su Padre (&#171;el Padre que mora en m&#237;, &#233;l hace las obras&#187;). <\/p>\n<p>Ciertamente, nadie podr&#225; comprender jam&#225;s el insondable misterio de su relaci&#243;n con el Padre, ya que existe en &#233;l una dimensi&#243;n que estar&#225; por siempre m&#225;s all&#225; del alcance de nuestro peque&#241;o entendimiento. No obstante, como se ha dicho antes, los aspectos de su vida que &#233;l ha querido mostrarnos en su encarnaci&#243;n tienen un fin concreto. <\/p>\n<p>&#8220;Aquel Verbo fue hecho carne&#8221; nos dice Juan, es decir, tom&#243; plenamente nuestra condici&#243;n humana para convertirse en el primer hombre de aquella raza celestial que Dios quiso tener en el principio. <\/p>\n<p>Por consiguiente, &#233;l debi&#243; aprender como hombre lo que ya sab&#237;a desde la eternidad siendo el Verbo de Dios: c&#243;mo vivir la vida de su Padre en la comuni&#243;n del Esp&#237;ritu Santo. Durante 30 a&#241;os el Padre le ense&#241;&#243; a vivir dicha vida en el m&#225;s com&#250;n de los contextos: el hogar y el taller de un sencillo carpintero en Nazaret. El Se&#241;or Jes&#250;s no recibi&#243; una preparaci&#243;n acad&#233;mica o especializada. Simplemente aprendi&#243; a vivir la vida divina a trav&#233;s de todas las vicisitudes de una existencia humana com&#250;n y corriente. Su vida no fue formada en la sinagogas, los seminarios o los templos, sino en la casa y el taller de trabajo. &#191;No nos ense&#241;a algo todo esto? Porque debemos comprender que su vida en la tierra es la fuente y el modelo a partir del cual Dios habr&#225; de dar forma a todos sus hijos hechos conformes a su imagen (la imagen de su Hijo). <\/p>\n<p>La clase de vida que Cristo manifest&#243; es, necesariamente, la &#250;nica posible para los hijos de Dios, pues &#233;l es tanto la fuente como el modelo de vida para la iglesia. <\/p>\n<p>Por esta raz&#243;n, no es suficiente considerar a Cristo s&#243;lo como un modelo a imitar (por Ej. la escuela del &#191;qu&#233; har&#237;a Jes&#250;s en mi lugar?) ya que una compresi&#243;n as&#237; fallar&#237;a por completo al no discernir que para realizar las obras de Cristo es imprescindible poseer la misma vida que Cristo, el Se&#241;or. <\/p>\n<p>Este es un punto central, que tantos cristianos ignoran o parecen ignorar. Piensan que es suficiente con el esfuerzo y capacidad meramente humanos. Pero la vida humana jam&#225;s podr&#225; imitar la vida divina. Es un asunto de naturaleza, porque lo nacido de la carne es solamente m&#225;s carne. <\/p>\n<p>El mejor y m&#225;s acucioso esfuerzo de la naturaleza humana jam&#225;s podr&#225; producir un solo gramo de vida divina, porque, como el Se&#241;or ense&#241;&#243;, no se cosechan higos de los espinos, ni se vendimian uvas de los abrojos. <\/p>\n<p>&#191;Pero, no era humano Jes&#250;s? Ciertamente, mas con una gran diferencia. Cristo era verdaderamente humano, en un sentido que nadie antes de &#233;l posey&#243; jam&#225;s. Sin embargo, recordemos que el hombre fue creado para contener una vida m&#225;s alta que la suya, destinada a ser el centro de su existencia. Mas Ad&#225;n, el primero, escogi&#243; desligarse de esa vida superior e intentar vivir por el poder de su vida meramente humana. As&#237; se convirti&#243; en el hombre ca&#237;do, o en palabras de Pablo, el viejo hombre. <\/p>\n<p>Pero Cristo entr&#243; en el mundo para reparar el da&#241;o causado en el principio. &#201;l, a diferencia de Ad&#225;n, rehus&#243; vivir por el poder de su naturaleza humana, esto es, se neg&#243; a tener una vida propia, separada de Dios. De ah&#237; que la tentaci&#243;n del diablo siempre apuntara a desligarlo de la vida divina. Su intenci&#243;n era llevarlo a actuar de manera aut&#243;noma. Por esto sus palabras &#171;si eres hijo de Dios&#187; (Mt. 4:3), es decir, si fueses realmente divino t&#250; har&#237;as esto o aquello por tu cuenta sin consultar a nadie (lo que de paso demuestra la absoluta incapacidad de Satan&#225;s para comprender la naturaleza divina). Mas todo su esfuerzo result&#243; vano. La serpiente antigua fue completamente derrotada, pues Cristo habr&#237;a de vivir hasta su muerte por medio del Padre. Todas sus facultades humanas, su intelecto, emociones y voluntad, se rindieron sin limitaciones a la acci&#243;n de la vida divina que moraba en &#233;l. <\/p>\n<p>De esta manera, en &#233;l la naturaleza humana encontr&#243; al fin el sentido para el cual fue creada: ser un instrumento para la plena expresi&#243;n de dicha vida celestial en el orbe visible.<\/p>\n<p>El secreto de su iglesia<\/p>\n<p>El secreto de Cristo estaba en la fuente que nutr&#237;a su vida. Sus obras exteriores y visibles brotaban de una vida interior que proced&#237;a directamente del Padre. No obstante, mientras Jes&#250;s estuvo en la tierra era el &#250;nico hombre que pose&#237;a esa clase de vida. Es decir, en &#233;l la vida divina se encontraba confinada por las limitaciones f&#237;sicas de su humanidad. Hasta ese momento s&#243;lo Cristo ten&#237;a la imagen de Dios. Mas el hombre que Dios buscaba en el principio no era un individuo &#250;nico e irrepetible, sino una realidad m&#225;s amplia y articulada. &#201;l deseaba que su Hijo fuese la cabeza de un cuerpo constituido por muchos hombres, que conformar&#237;an una sola cosa con &#233;l; o, en otras palabras, un hombre corporativo que viviese por medio de &#233;l <\/p>\n<p>&#191;C&#243;mo lograr&#237;a el Se&#241;or su objetivo? Pues bien, &#233;l se refiri&#243; a ello al menos en dos oportunidades. La primera, cuando habl&#243; de s&#237; mismo como el pan que descendi&#243; del cielo. Sus palabras fueron, &#171;como me envi&#243; el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, &#233;l tambi&#233;n vivir&#225; por mi&#187; (Jn. 6:57) . Es decir, tal como el Padre es la vida, el centro mismo de mi ser, yo vendr&#233; a ser la vida, el centro mismo de la iglesia. <\/p>\n<p>Nunca podremos enfatizar esto demasiado. El Padre es la fuente de todo cuanto Jesucristo es; Jesucristo es la fuente de todo cuanto la iglesia es. <\/p>\n<p>He aqu&#237; la importancia de lo que Juan nos ense&#241;a. Su fin es, como hemos visto, revelacional y pr&#225;ctico a la vez. Por una parte, busca revelarnos el fundamento eterno e inconmovible de la iglesia. Por otra, la forma pr&#225;ctica de su relaci&#243;n con Cristo, su fundamento, porque la iglesia ha de vincularse con Cristo del mismo modo en que &#233;l se relaciona con el Padre. <\/p>\n<p>Su significado pr&#225;ctico es que solamente en Cristo la iglesia puede obtener vida, poder, instrucci&#243;n, direcci&#243;n, sabidur&#237;a y fortaleza. Esto significa, experimentalmente, el vivir por medio de &#233;l. Pues, as&#237; como Cristo caminaba, viv&#237;a y respiraba por medio del Padre, nosotros (su iglesia) hemos de caminar, vivir y respirar por medio de Cristo. Ese era el &#171;secreto&#187; de Cristo, y este es tambi&#233;n el glorioso e inefable &#171;secreto&#187; de la iglesia. &#171;Yo en ellos y t&#250; en m&#237;&#187;, dijo el Se&#241;or refiri&#233;ndose a esta verdad fundamental, que tantos cristianos parecen ignorar o desconocer casi por completo, &#171;porque separados de m&#237; nada pod&#233;is hacer&#187; (Jn. 15:5). <\/p>\n<p>Ahora bien, la segunda oportunidad en que el Se&#241;or se refiri&#243; al nacimiento de la iglesia se encuentra en la par&#225;bola del grano de trigo: &#171;si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto&#187; (Jn. 12:24). <\/p>\n<p>En este pasaje, el Se&#241;or Jes&#250;s nos habla sobre el sentido de su pr&#243;xima muerte, compar&#225;ndose con un grano de trigo. Mientras su exterior permanezca intacto, la vida que bulle en su interior no podr&#225; multiplicarse. Para que esto ocurra, debe ser enterrado y morir, es decir, su envoltura exterior debe ser quebrantada y molida para que desde adentro surja la vida que luego crecer&#225; y se multiplicar&#225; como una espiga cargada con cientos de granos nuevos. <\/p>\n<p>Y esto fue lo que, precisamente, ocurri&#243;. Antes de morir, s&#243;lo el Se&#241;or pose&#237;a la vida como Hijo Unig&#233;nito de Dios; mas, porque acept&#243; morir en la cruz, fue posible que dicha vida se liberara y expandiera hasta nosotros, transform&#225;ndose as&#237; en el primog&#233;nito entre muchos hermanos (Ro. 8:29). De esta manera, dio nacimiento a la iglesia que es carne de su carne y hueso de sus huesos. Y Dios obtuvo, finalmente, el hombre corporativo que buscaba en el principio, al que Pablo llama tambi&#233;n el nuevo hombre (Ef. 2:15). <\/p>\n<p>La muerte del Se&#241;or tuvo entonces un doble objetivo: por un lado, en su aspecto negativo, rescatarnos del pecado, libr&#225;ndonos de Satan&#225;s y de la muerte. Por otro, en su dimensi&#243;n positiva, consumar el designio eterno del Padre, dando su vida a la iglesia, la raza celestial que lleva consigo su propia imagen.<\/p>\n<p>Este es el fundamento eterno e inconmovible revelado a Juan y los dem&#225;s ap&#243;stoles durante aquellos gloriosos a&#241;os: Cristo, el Hijo de Dios. &#171;Separados de m&#237;, nada pod&#233;is hacer&#187; fue su lecci&#243;n m&#225;s importante para quienes m&#225;s tarde deber&#237;an enfrentar la inmensa tarea dar forma hist&#243;rica a dicha iglesia. Mas, la obra ya estaba hecha, y el fundamento establecido. Dios mismo puso el fundamento. &#171;Porque nadie puede poner otro fundamento que el que est&#225; puesto, el cual es Jesucristo&#8221; (1Co. 3:11). <\/p>\n<p>&#191;Podemos ver, ahora, cu&#225;n absolutamente cristoc&#233;ntrica es la obra de Dios y por lo mismo, cuan cristoc&#233;ntrico debe ser el ministerio de quienes le sirven? Precisamente los a&#241;os que Jes&#250;s paso junto a sus ap&#243;stoles tuvieron como objetivo establecer este fundamento inconmovible en sus vidas, pues finalmente, tras vivir con &#233;l durante 24 horas diarias, por alrededor de 1.100 d&#237;as seguidos, llegaron a conocerle de una manera profunda, &#237;ntima y real. <\/p>\n<p>Su car&#225;cter, metodolog&#237;a, ternura, compasi&#243;n y paciencia, as&#237; como su modo de tratar a la gente, su dedicaci&#243;n sin l&#237;mites, su amor ardiente por el Padre y su voluntad se fueron adhiriendo en cada fibra de sus disc&#237;pulos, compenetr&#225;ndolos y traspas&#225;ndolos hasta la misma m&#233;dula de su existencia. Y, simult&#225;neamente, aquella vida fue irradi&#225;ndose entre ellos, amas&#225;ndolos, entreteji&#233;ndolos, suavizando aristas y asperezas, creando lazos indestructibles de amor, cuidado, paciencia, tolerancia y perd&#243;n. <\/p>\n<p>Los largos a&#241;os que siguieron habr&#237;an de probar colosalmente aquellos lazos. Pero es un tributo perenne al maestro que los form&#243; el que nunca, a&#250;n durante las crisis m&#225;s severas, aquellos lazos pudieron ser destruidos. <\/p>\n<p>Y esta fue la matriz hist&#243;rica de la iglesia, aunque su origen, como hemos visto, se remonta a la eternidad. <\/p>\n<p>\nCap&#237;tulo III<\/p>\n<p>La Obra del Esp&#237;ritu<\/p>\n<p>Despu&#233;s de su muerte y resurrecci&#243;n, el Se&#241;or reuni&#243; a sus disc&#237;pulos y les mand&#243; que esperasen juntos la venida del Esp&#237;ritu Santo. Tal como hemos visto, verdaderamente el grano de trigo hab&#237;a sido enterrado, molido y de su interior hab&#237;a brotado una vida ilimitada. El pan hab&#237;a sido partido y entregado. &#191;Qu&#233; faltaba entonces? Una palabra lo define: Pentecost&#233;s. <\/p>\n<p>Hist&#243;ricamente, se trataba de una fiesta jud&#237;a cuyo significado era m&#225;s bien oscuro. &#191;La raz&#243;n? Todas las fiestas hebreas se hab&#237;an instituido para recordar alg&#250;n acontecimiento memorable del pasado. No as&#237; Pentecost&#233;s. <\/p>\n<p>Su sentido seg&#250;n el Antiguo Testamento era dar gracias por los primeros frutos y se celebraba 50 d&#237;as despu&#233;s de la Pascua. Siguiendo la tradici&#243;n, ese d&#237;a un sacerdote descend&#237;a hasta los campos de trigo y recog&#237;a los primeras espigas repletas con dorados granos maduros. Despu&#233;s de quitar cuidadosamente los granos de las espigas, los mol&#237;a hasta formar una harina suave con la que amasaba un pan. Acto seguido, pon&#237;a el pan en un horno caliente y lo coc&#237;a. Cuando al fin estaba listo, retiraba el pan del fuego y, levant&#225;ndolo con ambas manos, lo dejaba sobre el altar de Dios como una ofrenda de acci&#243;n de gracias. <\/p>\n<p>Ahora bien, la obra de Dios tiene siempre una dimensi&#243;n objetiva y otra experimental (subjetiva). Objetivamente, Cristo en su muerte y resurrecci&#243;n consum&#243; plenamente el prop&#243;sito de Dios. En &#233;l la iglesia, eterna en los cielos, fue constituida, santificada, perfeccionada y glorificada. En este sentido, debemos aceptar que la obra del Se&#241;or es perfecta y absoluta; nada m&#225;s puede serle a&#241;adido. Nuestra fe debe apoyarse en la verdad (realidad) inconmovible de lo que Dios hizo en Cristo y entonces, a partir del hecho objetivo, surgir&#225; la experiencia. Y, aunque nuestra experiencia en la tierra puede cambiar, la realidad misma permanece inalterable en los cielos; aunque la expresi&#243;n tangible de la iglesia se encuentre en franca decadencia, con todo permanece el hecho de que nuestro Se&#241;or y su obra jam&#225;s decaen ni cambian. Lo que era verdad ayer acerca de la iglesia, a&#250;n es verdad hoy y seguir&#225; siendo verdad ma&#241;ana (por ello, a&#250;n hoy, cualesquiera sean nuestras circunstancias, siempre podremos volvernos al fundamen<br \/>\nto eterno para encontrar all&#237; la misma riqueza, poder y gloria que experimentaron nuestros hermanos de anta&#241;o &#161;El Se&#241;or es el mismo ayer, hoy y por los siglos! <\/p>\n<p>Mas &#233;l desea que su iglesia sea una realidad palpable entre los hombres. Por esta raz&#243;n, si elevamos nuestros ojos, abandonando toda otra esperanza o fortaleza, para contemplarle &#250;nicamente a &#233;l en su trono de gloria, reconoci&#233;ndole como Se&#241;or absoluto y soberano, a&#250;n es posible que la gloria del principio nos sea restaurada. <\/p>\n<p>Precisamente, aquel principio hist&#243;rico fue Pentecost&#233;s. El aspecto objetivo de la obra divina estaba consumado, m&#225;s a&#250;n deb&#237;a realizarse en el tiempo. Es pues la hora del Esp&#237;ritu Santo, cuando la oscura fiesta de los primeros frutos se har&#225; realidad. <\/p>\n<p>El trigo ha sido molido, convertido en harina y amasado.<\/p><\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\"><b>Debido a la longitud del Estudio no lo hemos publicado completo, para seguir ley&#233;ndolo <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"\/pdf\/RegresandoalaIglesia.pdf\">descargue la versi&#243;n en PDF<\/a>.<\/b><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>REGRESANDO A LA IGLESIA Por: Rodrigo Abarca ISBN 956-291-156-X Registro de Propiedad Intelectual Inscripci&#243;n N&#186; 122-549 Telstar Impresores Soc. Ltda. Fono 337745 &#183; Temuco, Chile, Noviembre 2001. A Miriam, sin cuyo apoyo y aliento constantes este libro jam&#225;s se habr&#237;a escrito. 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