{"id":5199,"date":"2016-02-08T19:07:21","date_gmt":"2016-02-09T00:07:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/fe-en-la-tierra\/"},"modified":"2016-02-08T19:07:21","modified_gmt":"2016-02-09T00:07:21","slug":"fe-en-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/fe-en-la-tierra\/","title":{"rendered":"&#191;Fe en la tierra?"},"content":{"rendered":"<div>&#8220;Pero cuando venga el Hijo del Hombre,<\/p>\n<p>&#191;hallar&#225; fe en la tierra?&#8221;<\/p>\n<p>                                        Lucas 18:8b<\/p><\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Algunas de las preguntas del Se&#241;or Jes&#250;s nos dejan boquiabiertos, sin atener a c&#243;mo contestarlas. &#201;sta, especialmente, nos da tantas vueltas en<\/p>\n<p>la cabeza, que por no terminar mareados preferimos lanzarla fuera de nuestro sistema mental.<\/p>\n<p>  Por un lado, nos es muy f&#225;cil improvisar una respuesta:                       <\/p>\n<p>-&#161;Por supuesto que s&#237;! Cuando &#201;l venga a buscar su iglesia, all&#237; estaremos millones de cristianos &#8211;con mucha, poca o algo de fe-, prestos a ser transformados y arrebatados a su presencia en los aires.<\/p>\n<p>  Pero tan f&#225;cilmente sale de nuestros labios tal respuesta, que el coraz&#243;n<\/p>\n<p>se sobresalta como si nuestro esp&#237;ritu no quedara conforme con ella. Tal<\/p>\n<p>parece como si el Se&#241;or nos volviera a hacer la pregunta, y ah&#237; vuelve a<\/p>\n<p>estar otra vez, como si nada hubi&#233;semos dicho.<\/p>\n<p>  Para colmo de males, &#201;l m&#225;s nada dice ampliando la idea o esperando respuesta de sus disc&#237;pulos como en otros casos. As&#237; que no sabemos qu&#233;<\/p>\n<p>decir, pues ni siquiera estamos seguros de lo que quiso decir.<\/p>\n<p>  &#191;Ser&#225; que nuestra versi&#243;n espa&#241;ola no es aqu&#237; todo lo clara que ser&#237;a de<\/p>\n<p>desear? &#191;Qu&#233; dicen otras traducciones o el mismo texto griego? &#191;Podr&#225;n<\/p>\n<p>ayudarnos los comentaristas?<\/p>\n<p>  En realidad, ning&#250;n problema hay con nuestra versi&#243;n ni con otras, y el<\/p>\n<p>texto griego no presenta ninguna diferencia apreciable. Los comentaristas<\/p>\n<p>se reparten entre los que se&#241;alan a determinada clase de fe, como la de la<\/p>\n<p>viuda de la par&#225;bola; los que piensan que el Se&#241;or nos sugiere que ser&#225; muy escasa la fe al tiempo de su venida, apenas la de su remanente fiel; y los dem&#225;s que esquivan el bulto sin aventurar opini&#243;n alguna.<\/p>\n<p>  Pero siendo que la pregunta est&#225; all&#237; y de alguna manera nos sigue punzando, y aunque no pretendamos hallar la respuesta cabal y correcta,<\/p>\n<p>parece bastante importante como para que sacudamos nuestra modorra, y<\/p>\n<p>por m&#225;s que nos incomode, atender a ella, no sea que nos escurramos y por no examinarnos a nosotros mismos si estamos en la fe, resulte que<\/p>\n<p>todav&#237;a estemos entre los reprobados (2Co.13:5).<\/p>\n<p>  Cuando Carlos Marx difundi&#243; su concepto que se hizo famoso: &#8220;La<\/p>\n<p>religi&#243;n es el opio de los pueblos&#8221;, dijo una gran verdad que los religiosos tomaron como una gran mentira. En realidad, la aut&#233;ntica fe en Cristo es liberadora de pueblos y salvadora de individuos. Pero buena parte de las naciones protestantes contempor&#225;neas de Marx, as&#237; como las<\/p>\n<p>cat&#243;licas romanas del sur europeo, y la Iglesia Ortodoxa de Rusia y la<\/p>\n<p>Europa oriental, estaban comprometidas con el poder temporal de Zares, Emperadores y Reyes, manteniendo sus pueblos sumidos en la ignorancia y sometidos a toda clase de injusticia. Por supuesto que todav&#237;a eran peores el islamismo, hinduismo y confucionismo (opio incluido).   <\/p>\n<p>  Quienes acostumbramos usar con mucho cuidado el t&#233;rmino &#8220;religi&#243;n&#8221;, no tendr&#237;amos que molestarnos tanto con el dicho de Marx. Y en caso que s&#237; nos moleste, deber&#237;amos entonces revisar si la nuestra es &#8220;la fe que ha sido una vez dada a los santos&#8221; (Judas 3), o simplemente una religi&#243;n m&#225;s, por cristiana y evang&#233;lica que la llamemos.<\/p>\n<p>  Basta una lectura de corrida del Nuevo Testamento para imponernos de<\/p>\n<p>la importancia vital de la fe. No nos conmueve tanto los preceptos o ritos religiosos como la misma realidad de la fe. El o&#237;r y creer la Palabra<\/p>\n<p>de Dios parece ser la esencia misma del Evangelio, el discipulado y la vida<\/p>\n<p>de las iglesias. Escuchar las palabras del Se&#241;or Jes&#250;s y perseverar en la<\/p>\n<p>doctrina de sus ap&#243;stoles, es el alimento cotidiano que nutre a los fieles.<\/p>\n<p>No se ense&#241;a hoy otra cosa desde nuestros p&#250;lpitos, ni se aprende nada<\/p>\n<p>distinto a ello en los Institutos B&#237;blicos. Sin embargo, algo pasa, algo no<\/p>\n<p>cierra y desentona con el clima neotestamentario. &#191;Qu&#233; nos ocurre?<\/p>\n<p>  Siendo que somos humanos, para bien o para mal, somos individuos simult&#225;neamente influenciables e influyentes. No podemos substraernos al poder y dominio que ejercen sobre nosotros las personas de nuestra casa, vecindario, lugar de trabajo o estudio. Como cristianos, la iglesia, con sus ministros y dem&#225;s hermanos del cuerpo, as&#237; como la Biblia, los libros que leemos, sermones que escuchamos e himnos que cantamos, todo ello contribuye a nuestra edificaci&#243;n espiritual. As&#237; que Dios mismo por su Esp&#237;ritu Santo es quien mejor puede influir en nuestras vidas.<\/p>\n<p>  Por experiencia propia y ajena, sabemos demasiado bien que no siempre<\/p>\n<p>nos sometemos a los medios de gracia con los que Dios nos prodiga sus<\/p>\n<p>bendiciones, y que muchas veces nos sentimos atra&#237;dos por lo que logra<\/p>\n<p>captar nuestra atenci&#243;n e inter&#233;s, aunque termine desvi&#225;ndonos de la senda recta.<\/p>\n<p>  Dios nos ha hecho ciudadanos de los cielos, haci&#233;ndonos sentar all&#237; mismo junto a Cristo. Pero por esas incomprensibles reacciones que<\/p>\n<p>todav&#237;a nos suscita la carne, nos descolgamos de los balcones celestiales para sentarnos en las sillas de los escarnecedores de este mundo, si es que tambi&#233;n invocan el nombre de Cristo y el &#233;xito les acompa&#241;a.<\/p>\n<p>  Lo que tenemos que revisar entonces, es la verdadera naturaleza de la fe<\/p>\n<p>por la que vivimos. Sabemos que este es un don de Dios que recibimos por su gracia, y que &#8220;la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios&#8221;.<\/p>\n<p>  Esta verdad no s&#243;lo rige para los inconversos a quienes predicamos el<\/p>\n<p>Evangelio, sino tambi&#233;n para nosotros los que hemos cre&#237;do.<\/p>\n<p>  Sabemos que toda Escritura es inspirada divinamente, y que adem&#225;s de<\/p>\n<p>los libros de la antigua ley, los salmos y los profetas, en estos postreros<\/p>\n<p>d&#237;as Dios nos ha hablado por el Hijo, de tal manera que es el ministerio<\/p>\n<p>del Esp&#237;ritu de verdad, tomar todo lo de Jes&#250;s y hac&#233;rnoslo saber.<\/p>\n<p>  La Palabra de Dios no nos es &#8220;letra muerta&#8221; sino que es viva y eficaz.<\/p>\n<p>  Siempre que evangelizamos a alguien o discipulamos a un reci&#233;n convertido, procuramos instruirle respecto a todo &#233;sto.<\/p>\n<p>  Si tal ense&#241;anza es buena y verdadera para ellos, lo sigue siendo y a&#250;n en mayor grado para quienes deber&#237;amos &#8220;ser ya maestros, despu&#233;s de tanto tiempo&#8221;.<\/p>\n<p>  Pero he aqu&#237; que parece producirse un fen&#243;meno singular: quienes echamos a andar en nuestra vida cristiana con los ojos puestos en Jes&#250;s, aliment&#225;ndonos de la Palabra de Dios, primero con leche, y luego con manjar s&#243;lido, habiendo comenzado por el Esp&#237;ritu obrando en nosotros<\/p>\n<p>por la fe, terminamos por mirar a las masas y a quienes las seducen,<\/p>\n<p>siendo fascinados de tal manera que terminamos por imitarlos para as&#237;<\/p>\n<p>conseguir algo de su &#233;xito y compartir algo de su gloria.<\/p>\n<p>  As&#237; que tanto nuestra doctrina como nuestras pr&#225;cticas son alteradas,<\/p>\n<p>no por una mejor comprensi&#243;n de la Palabra de Dios que corrige ideas<\/p>\n<p>y costumbres equivocadas, sino porque si hay algo que colma los lugares<\/p>\n<p>de reuni&#243;n, congregando multitudes enfervorizadas, entonces conviene ser pragm&#225;ticos, y no dudar m&#225;s de la bondad de lo que goza de fama,<\/p>\n<p>tiene auge y exhibe logros.<\/p>\n<p>  Ciertamente que ser&#237;a tonto desconfiar de todo lo exitoso, tanto como confiar en cuanto sea todo un fracaso; pero el uno y el otro pueden ser<\/p>\n<p>tan reales como aparentes. Aunque aparezcan los frutos que sirvan para identificar al &#225;rbol, muchas veces se ve la apariencia del fruto, pero no se llega a conocer su verdadera naturaleza. &#161;Claro, si le di&#233;ramos un mordisc&#243;n sabr&#237;amos qu&#233; es y cual es su estado!<\/p>\n<p>  No nos ser&#237;a posible hablar de la fe sin citar el texto de Hebreos 11:1.<\/p>\n<p>Dos palabras que aparecen en nuestra versi&#243;n (R.V.1960) merecen<\/p>\n<p>destacarse: certeza y convicci&#243;n: &#8220;certeza de lo que se espera, convicci&#243;n<\/p>\n<p>de lo que no se ve&#8221;. Son estos dos elementos que hacen a la fe, pero cuya rareza hoy d&#237;a hace parecer a quienes poseen esta clase de fe, como<\/p>\n<p>extremistas fan&#225;ticos. Hoy se considera sabio y humilde a cualquiera que<\/p>\n<p>en materia teol&#243;gica mantenga conceptuosas y moderadas opiniones, sin<\/p>\n<p>el radicalismo y fundamentalismo que parecen inspirar palabras como<\/p>\n<p>certeza y convicci&#243;n. Sin embargo, desde el momento que Dios ha hablado, tal como empieza esta ep&#237;stola, no puede ser presunci&#243;n ni<\/p>\n<p>arrogancia afirmarse y descansar en lo que &#201;l ha dicho. Si el mismo<\/p>\n<p>universo fue constituido por la palabra de Dios, &#8220;de modo que lo que se<\/p>\n<p>ve fue hecho de lo que no se ve&#237;a&#8221;, &#191;qu&#233; jactancia puede haber en estar<\/p>\n<p>ciertos y convencidos de que todo es as&#237; como Dios ha dicho? Puede ser<\/p>\n<p>que esto no nos agrade ni convenga, as&#237; que le damos vueltas al asunto<\/p>\n<p>hasta llegar a conclusiones que nada tienen que ver con la revelaci&#243;n b&#237;blica; pero recordemos que fue Satan&#225;s mismo quien dio a Eva su propia versi&#243;n de las palabras de Dios. La primer mujer inaugur&#243; el<\/p>\n<p>sistema de las opiniones personales cuando agreg&#243; por su cuenta aquello de &#8220;ni le tocar&#233;is&#8221;, lo que no consta que Dios dijera. Es por eso que el<\/p>\n<p>Apocalipsis concluye con serias advertencias de juicio contra quienes se<\/p>\n<p>atrevan a modificar las palabras de la profec&#237;a, ya sea quitando como agregando.<\/p>\n<p>  Los ministros del Evangelio, maestros de la Palabra y expositores b&#237;blicos, son quienes m&#225;s y mejor uso hacen de la Biblia; aunque,<\/p>\n<p>parad&#243;jicamente, ellos mismos son enemigos potenciales de la misma<\/p>\n<p>toda vez que no sean sus propias manos las que abran un ejemplar ante<\/p>\n<p>sus ojos.<\/p>\n<p>  Es cierto que la Sagrada Escritura es como una espada de doble filo que debemos saber esgrimir diestramente. Pero tambi&#233;n es verdad el caso<\/p>\n<p>inverso, es decir, nosotros mismos somos tomados como instrumentos por esa Palabra viva que nos usa como sus voceros. Esta doble funci&#243;n se<\/p>\n<p>cumple en forma simult&#225;nea, y jam&#225;s nadie sabr&#225; usar bien de la Biblia si<\/p>\n<p>no ha aprendido todav&#237;a a ser usado por ella misma. Tan necesario nos es<\/p>\n<p>acrecentar nuestra capacidad de conocimiento y comprensi&#243;n de las<\/p>\n<p>Escrituras, como nuestra capacidad de temblar ante la Palabra de Dios. Si<\/p>\n<p>no somos sensibles a esto &#250;ltimo, poco nos aprovechar&#225; el conocimiento.<\/p>\n<p>  Por todas las iglesias y en todas partes se levantan s&#250;plicas al cielo:<\/p>\n<p>-&#161;Aum&#233;ntanos la fe!<\/p>\n<p>  Pero la fe, como don de Dios que nos es otorgado libremente por su gracia, no es una p&#243;cima milagrosa, ni una virtud m&#225;gica, ni nada raro o<\/p>\n<p>esot&#233;rico que nos es infundido por imposici&#243;n de manos o en una ministraci&#243;n de efectos espectaculares. &#161;Claro que es m&#225;s c&#243;modo irla a<\/p>\n<p>buscar a un culto, que ponerse a leer, creer, amar y obedecer la Palabra<\/p>\n<p>de Dios! Pero as&#237; son las cosas: si nuestra credulidad se satisface con las<\/p>\n<p>fantas&#237;as, teatros y circos han sido montados para brindar un divertido<\/p>\n<p>espect&#225;culo. Pero si de veras queremos crecer en fe, levantemos los ojos de nuestro coraz&#243;n fij&#225;ndolos en Jes&#250;s, mientras estos otros de carne hurgan las Escrituras para que el Esp&#237;ritu con su unci&#243;n nos ense&#241;e todas<\/p>\n<p>las cosas. A tal aprendizaje seguir&#225; necesariamente el creer, amar y acatar<\/p>\n<p>la Palabra de Dios; y el gozo de esta experiencia se hace inenarrable.<\/p>\n<p>  Siempre es mejor el m&#233;todo original de Dios que cuantos los hombres han inventado. &#191;Por qu&#233; complicarnos innecesariamente? La desilusi&#243;n y<\/p>\n<p>frustraci&#243;n campea por todas las iglesias, nada m&#225;s que por esta fat&#237;dica<\/p>\n<p>obsesi&#243;n por las cisternas rotas que no pueden retener el agua.<\/p>\n<p>  Quiera el Se&#241;or que cuando &#201;l regrese, t&#250;, yo y cuantos amamos su<\/p>\n<p>venida seamos hallados con una fe viva, arraigada en su Palabra, y con su<\/p>\n<p>ancla echada a los cielos, de donde tambi&#233;n le esperamos.<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Pero cuando venga el Hijo del Hombre, &#191;hallar&#225; fe en la tierra?&#8221; Lucas 18:8b Algunas de las preguntas del Se&#241;or Jes&#250;s nos dejan boquiabiertos, sin atener a c&#243;mo contestarlas. &#201;sta, especialmente, nos da tantas vueltas en la cabeza, que por no terminar mareados preferimos lanzarla fuera de nuestro sistema mental. 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