{"id":5218,"date":"2016-02-08T19:07:32","date_gmt":"2016-02-09T00:07:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-prisionero-de-la-tercera-celda\/"},"modified":"2016-02-08T19:07:32","modified_gmt":"2016-02-09T00:07:32","slug":"el-prisionero-de-la-tercera-celda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-prisionero-de-la-tercera-celda\/","title":{"rendered":"El prisionero de la tercera celda"},"content":{"rendered":"<div>Por: GENE EWARDS<\/p>\n<p>Traducido por: Esteban A. Marosi<\/p>\n<p>DEDICATORIA<br \/>\nA<br \/>\nCindy<br \/>\nMi muy amada<br \/>\nhija menor<\/p>\n<p>\nSe ha dicho que resulta imposible<br \/>\nperdonar a alguien que te hiere<br \/>\ndeliberadamente con el solo prop&#243;sito<br \/>\nde destruirte o de humillarte.<br \/>\nSi es cierto, tienes una sola esperanza:<br \/>\nmirar esa injusta herida como que viene<br \/>\npermitido por Dios, con el prop&#243;sito<br \/>\nde elevar tu estatura por encima de la<br \/>\nposici&#243;n en que estabas anteriormente.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">PROLOGO<\/p>\n<p>&#8211;Capit&#225;n, ha llegado el nuevo prisionero.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Es cierto ese rumor? &#8211;pregunt&#243; el capit&#225;n a modo de respuesta.<\/p>\n<p>Sin contestar, el guarda levant&#243; una hoja de papiro para que Proteus lo viera.<\/p>\n<p>&#8211;Herodes a perdido el juicio &#8211;sigui&#243; diciendo&#8211;, puede muy bien hacer estallar una revuelta. La gente com&#250;n del pueblo est&#225; enfurecida.<\/p>\n<p>&#8211;Disc&#250;lpame, capit&#225;n &#8211;dijo uno de los guardas con voz que temblaba de emoci&#243;n&#8211;, pero debo hablar. No me gusta esto. No lo quiero a &#233;l aqu&#237;. No quiero su sangre en mis manos. Temo a ese hombre. Lo escuch&#233; all&#225; en el desierto. Temo lo que Dios pueda hacernos por encarcelar a un hombre as&#237;.<\/p>\n<p>         &#8211;Cumple tu deber, soldado. Prepara una celda.<\/p>\n<p>         &#8211;Hay una sola vac&#237;a, se&#241;or.<\/p>\n<p>         &#8211;Entonces, prepara esa.<\/p>\n<p>\n&#8211;No hay nada que preparar, se&#241;or. Es la tercera celda.<\/p>\n<p>         &#8211;&#191;La mazmorra? &#191;Hemos de ver a un santo hombre de Dios humillado hasta eso?<\/p>\n<p>&#8211;Capit&#225;n, hay algo en todo esto que detesto m&#225;s que cualquier otra cosa.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Y qu&#233; es eso, soldado?<\/p>\n<p>&#8211;Me aterra la que vamos a tener que escuchar de parte de los otros dos presos cuando descubran qui&#233;n est&#225; en la celda n&#250;mero tres.<\/p>\n<p>&#8211;No puedo decir que discrepo de ti &#8211;suspir&#243; Proteus.<\/p>\n<p>En ese momento se abri&#243; de golpe la puerta que daba a las escaleras que conduc&#237;an abajo. A trav&#233;s de la misma pod&#237;a verse la silueta de dos soldados y un preso.<\/p>\n<p>&#8220;Me pregunto cu&#225;nto tiempo Herodes lo dejar&#225; vivir&#8221;, pens&#243; el capit&#225;n.<\/p>\n<p>PARTE I<\/p>\n<p>El que toma la espada, a espada<\/p>\n<p>perecer&#225;. El que rehusa tomar<\/p>\n<p>la espada, perecer&#225; en la cruz.<\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Elisabet abri&#243; la puerta de su casa y vio parado all&#237; frente a ella a un joven pariente suyo de Bel&#233;n que la saludaba.<\/p>\n<p>&#8211;Traigo un mensaje urgente de Jos&#233; y Mar&#237;a para ti.<\/p>\n<p>&#8211;Ven, entra &#8211;respondi&#243; Elisabet. En ese momento entr&#243; a la habitaci&#243;n Zacar&#237;as trayendo en los brazos a un muchachito de unos tres a&#241;os de edad.<\/p>\n<p>&#8211;Traigo un mensaje y un paquetito, tanto de parte de Jos&#233; como de Mar&#237;a &#8211;dijo otra vez el muchacho.<\/p>\n<p>&#8211;L&#233;emelo, por favor &#8211;dijo Elisabet&#8211;. Hace mucho que mis ojos perdieron su habilidad de leer letras tan peque&#241;as.<\/p>\n<p>El joven rompi&#243; el sello de cera del peque&#241;o rallo, se aclaro la garganta y empez&#243; a leer:<\/p>\n<p>&#8220;Ultimamente han acontecido cosas muy extra&#241;as en nuestra vida, acontecimientos tan ins&#243;litos como aquellos que precedieron el nacimiento de tu hijo y del nuestro. Ayer mismo nos visitaron tres astr&#243;logos babilonios. Luego, anoche mismo, Jos&#233; tuvo un sue&#241;o, un sue&#241;o muy perturbador. En el sue&#241;o, nuestro, hijo se encontraba en grave peligro a causa de la ira de ese monstruo, Herodes el Grande. Nos vamos de Bel&#233;n en esta hora misma.  Jos&#233; y yo nos vamos a Egipto, y nos quedaremos all&#237; hasta que pase este aterrador peligro, cualquiera que pueda ser.<\/p>\n<p>Pero nuestro hijo no es el &#250;nico que est&#225; en peligro. Tememos que Juan lo est&#225; tambi&#233;n. Tal vez todos los ni&#241;os de Judea est&#225;n en peligro. Elisabet, te instamos, a ti y a Zacar&#237;as, a que se vayan de Judea inmediatamente. Vayan a donde les parezca mejor, pero su escondite m&#225;s cercano y m&#225;s seguro es el desierto. Junto con esta carta estamos envi&#225;ndoles un paquetito. Pero si no les explico, ustedes van a estar pregunt&#225;ndose siempre c&#243;mo es que un simple carpintero y su esposa tienen oro. Esos astr&#243;logos babilonios nos dieron varios presentes. Uno de los regalos fue un estuche con monedas de oro. Estamos comparti&#233;ndolas con ustedes tres. Por favor, en el nombre de nuestro Dios, huyan de Judea hoy mismo. Ma&#241;ana pudiera ser ya demasiado tarde.  Trataremos de encontrarlos alg&#250;n d&#237;a futuro mejor, cuando, as&#237; esperamos, podamos regresar de Egipto.&#8221;<\/p>\n<p>La carta estaba firmada por Jos&#233; y por Mar&#237;a.<\/p>\n<p>A continuaci&#243;n, el joven le entreg&#243; a Zacar&#237;as una bolsita de piel, la cual &#233;l abri&#243; enseguida. Dentro de la bolsita hab&#237;a varias monedas de oro. Por un momento nadie habl&#243;.<\/p>\n<p>Ignorando el presente, Elisabet rompi&#243; el silencio:<\/p>\n<p>&#8211;En lo que a Herodes se refiere, a m&#237; no me sorprende nada.  El enemigo de Dios har&#237;a exactamente eso. Tenemos que irnos inmediatamente.<\/p>\n<p>Entonces Zacar&#237;as le dijo al joven mensajero:<\/p>\n<p>&#8211;Vete. Y no le hables a nadie de esto.<\/p>\n<p>Tras escuchar esas sencillas palabras el joven hizo una respetuosa reverencia con la cabeza y se fue.<\/p>\n<p>&#8211;Tienes raz&#243;n, Elisabet. Debemos partir para el desierto inmediatamente &#8211;dijo Zacar&#237;as.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Pero c&#243;mo podremos sobrevivir all&#225; afuera en el desierto?  Para estar completamente a salvo, deberemos meternos bien lejos en el desierto. &#191;Y c&#243;mo se puede sobrevivir all&#237;?<\/p>\n<p>&#8211;Elisabet, esto va a ser algo bien dif&#237;cil para todos nosotros, para decir lo menos. Pero s&#233; que los esenios sobreviven all&#225; afuera. Y ellos tienen familia, tienen hijos, tienen casas, tienen su hogar all&#237;. Nuestro hijo va a sobrevivir.<\/p>\n<p>Enseguida Zacar&#237;as a&#241;adi&#243; con una risita:<\/p>\n<p>&#8211;Quiz&#225;s hasta t&#250; y yo podamos sobrevivir all&#237;, al menos por un poco de tiempo.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>\nEl viento era implacable. Y hab&#237;a mucho m&#225;s calor de lo que Zacar&#237;as o Elisabet hab&#237;an imaginado jam&#225;s. Las paredes de esos desfiladeros eran como un horno. Hasta la arena voladora quemaba el rostro tratando de destruir, seg&#250;n parec&#237;a, todo aquel que se atrev&#237;a a entrar caminando en ese horno viviente. El agua era muy escasa. No exist&#237;an alimentos. En medio de ese calor asesino Zacar&#237;as se hab&#237;a desvanecido ya en varias ocasiones.<\/p>\n<p>Finalmente, luego de una semana de viajar penetrando dentro de ese infierno hirviente, los tres caminantes llegaron a una de las comunidades de los esenios. Despu&#233;s de tomarse unos d&#237;as de descanso, siguieron penetrando a&#250;n m&#225;s hondo dentro de ese horno de arena y rocas. Por &#250;ltimo, llegaron a la mayor de las comunidades esenias del desierto.<\/p>\n<p>Aquellos esenios de rostro serio recibieran a los tres con una afable reserva. Al cabo de unas semanas la anciana pareja y su peque&#241;o hijo ya formaban parte de aquella extra&#241;a comunidad de estoicos religiosos.<\/p>\n<p>Zacar&#237;as enferm&#243; casi de inmediato. En ninguna parte de ese infierno pod&#237;a hallarse un escondite para escapar de aquellas temperaturas que lo penetraban todo. El anciano se percataba de que su muerte era s&#243;lo cuesti&#243;n de d&#237;as. Sus &#250;ltimas horas las pas&#243; siendo atendido por algunas mujeres del poblado, quienes, compasivamente le envolv&#237;an el cuerpo en trapos mojados.  Finalmente, ya tarde una noche, cuando el calor era m&#237;nimo, Zacar&#237;as entreg&#243; su vida a Dios, dejando una viuda y un hijo peque&#241;o.<\/p>\n<p>Durante los a&#241;os subsiguientes, el joven Juan ocup&#243; su lugar entre los esenios, viniendo a ser, con el tiempo, uno de ellos. Desde el principio el muchacho pareci&#243; tener una disposici&#243;n natural para la vida comunal de ese eremitorio del desierto.<\/p>\n<p>Con el tiempo, el calor del desierto cobr&#243; su precio en Elisabet tambi&#233;n, ya que los ancianos no viv&#237;an por mucho tiempo en ese mundo agostado. Y cuando ya las fuerzas de Elisabet estaban decayendo y sus pasos se hac&#237;an m&#225;s escasos, lleg&#243; la noticia de que Herodes hab&#237;a muerto. Inmediatamente ella hizo planes para regresar a su hogar ubicado en las frescas colinas de Judea. Con las &#250;ltimas fuerzas que le quedaban, y con la ayuda de algunos esenios, ella y su hijo regresaran sin novedad a su hogar de Judea. Pero no mucho despu&#233;s del duod&#233;cimo cumplea&#241;os de Juan, Elisabet se reuni&#243; con Zacar&#237;as en la muerte. Ahora Juan quedaba del todo hu&#233;rfano. Los parientes m&#225;s cercanos de Elisabet la sepultaron no lejos del mism&#237;simo lugar en que una vez la visitara un &#225;ngel, que le dijo que ella dar&#237;a a luz a uno de los m&#225;s incre&#237;bles ni&#241;os que hubiesen entrado jam&#225;s a este mundo.<\/p>\n<p>&#191;D&#243;nde ir&#237;a a vivir Juan ahora que sus padres hab&#237;an muerto? &#191;Qui&#233;n seguir&#237;a criando a este muchacho hasta la madurez? Estas eran las preguntas l&#243;gicas que llenaban la mente de todos al regresar Juan y sus parientes a su casa despu&#233;s del entierro.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>&#8211;Juan, nos condolemos por el deceso de tu madre. &#8211;Esta voz era la de Hannel, uno de los creyentes m&#225;s devotos de Israel&#8211;.  No obstante, tenemos que tomar una decisi&#243;n. Ma&#241;ana cada uno de nosotros deber&#225; regresar a su propio hogar. Te toca a ti decidir con qui&#233;n de nosotros ir&#225;s a vivir. Aun cuando no soy uno de tus parientes m&#225;s pr&#243;ximos, he venido aqu&#237; porque tengo conocimiento de tu devoci&#243;n a la religi&#243;n hebrea, y con frecuencia habl&#233; con tu madre respecto de adoptarte, si alguna vez la providencia de Dios pusiese de manifiesto tal necesidad.<\/p>\n<p>&#8211;Juan, estoy muy consciente de c&#243;mo piensas acerca de tu futuro, que un d&#237;a deber&#225;s dedicarte a servir a Dios. A mi juicio, lo mejor que puedes hacer es venir a vivir conmigo. Dios ha sido muy bueno conmigo, Juan. Nuestro hogar es un hogar muy devoto. Oramos, ayunamos. Mi familia entera tiene devoci&#243;n a Dios. Incluso poseo varios rollos de las sagradas escrituras. No hay muchos hogares tan honrados.<\/p>\n<p>&#8211;Te prometo ahora, aqu&#237; delante de tus parientes, que ser&#225;s instruido por el mejor de los rabinos. Te empe&#241;o mi palabra que tendr&#225;s la mejor educaci&#243;n religiosa posible. Tenemos una casa bien grande y muy c&#243;moda. Podr&#225;s pasar en oraci&#243;n todo el tiempo que puedas desear. Podr&#225;s ir y venir en la prosecuci&#243;n de tu entrenamiento religioso como te plazca. Y cuando cumplas los veinti&#250;n a&#241;os de edad, caso que as&#237; lo desees. Podr&#225;s ir al templo de Jerusal&#233;n para estudiar con los fariseos o ser entrenado para venir a ser un sacerdote del templo. Aun cuando eres de la tribu de Jud&#225; y no un levita, se te permitir&#237;a que entres en cualquiera de las &#243;rdenes religiosas, incluso en el sacerdocio lev&#237;tico debido a que has hecho voto de nazareo.<\/p>\n<p>Hannel hizo una pausa. Juan no dijo nada, ni revel&#243; ninguno de sus sentimientos.<\/p>\n<p>Fue Parnach, primo de Zacar&#237;as y un hombre influyente, poderoso y rico, el que habl&#243; a continuaci&#243;n:<\/p>\n<p>&#8211;Juan, es cierto que puedes querer seguir adelante con tu voto de nazareo. Por otro lado, puede llegar el d&#237;a en que tal vez decidas tomar otra direcci&#243;n en tu vida. Si quisieras venir a vivir conmigo, te prometo que vas a tener la mejor educaci&#243;n en Israel.  No es necesario que te hable del puesto que tengo en el gobierno.  Me encuentro en el escal&#243;n m&#225;s alto del poder. Te criar&#225;s entre los hombres de m&#225;s influencia de nuestro pa&#237;s, ya que entre mis amigos se cuentan incluso los gobernantes principales. Tengo posici&#243;n, prestigio y acceso al poder. Cualquiera que sea tu meta en la vida, como miembro de mi hogar, ser&#225;s amigo de los hombres que poseen la mayor influencia para ayudarte a realizar tus objetivos. Quisiera recomendarte en gran manera que vengas y pases a formar parte de m&#237; hogar.<\/p>\n<p>Una vez m&#225;s Juan no dijo nada.<\/p>\n<p>Ahora lleg&#243; el turno de Jos&#233; y Mar&#237;a. Mar&#237;a le dijo:<\/p>\n<p>&#8211;Juan, tenemos muy poco que ofrecerte. Mayormente la compa&#241;&#237;a de tus primos. Como sabes, tenemos una familia numerosa. T&#250; y mi hijo mayor siempre han disfrutado rec&#237;procamente uno de la compa&#241;&#237;a del otro. Pero si vinieses con nosotros, trabajar&#237;as en un taller de carpinter&#237;a. Supongo que, a la luz de lo que estos hombres te han ofrecido, ser&#237;a sabio de tu parte irte con uno de ellos. Casi me da pena invitarte a nuestro hogar. Como te dije, no somos pudientes, pero ser&#237;as muy amado.<\/p>\n<p>&#8211;Lo s&#233; &#8211;respondi&#243; Juan finalmente&#8211;. Si tuviese que elegir entre Hannel, Parnach y tu familia, escoger&#237;a esto &#250;ltimo.<\/p>\n<p>&#8211;Entonces, &#191;vendr&#225;s a vivir con nosotros?<\/p>\n<p>&#8211;No &#8211;respondi&#243; Juan, mirando tranquilamente a los ojos de Mar&#237;a.<\/p>\n<p>Inadvertidamente Mar&#237;a se llev&#243; la mano a la boca y le dijo: <\/p>\n<p>&#8211;Es por los esenios, &#191;verdad? &#8211;Mar&#237;a hizo una pausa, y su semblante indicaba que deseaba o&#237;r una clara respuesta.<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;; es por eso. Yo pertenezco all&#237;.<\/p>\n<p>Sigui&#243; un momento de silencio.<\/p>\n<p>&#8211;Juan &#8211;sigui&#243; diciendo Mar&#237;a&#8211;, quiz&#225;s t&#250; no sabes esto, pero varias familias de esenios se han trasladado a Nazaret.  Recuerdas los dos ni&#241;itos con quienes sol&#237;as jugar all&#237;&#8230; y, ah, s&#237;&#8230; y esa peque&#241;a de ojos verdes&#8230;<\/p>\n<p>&#8211;Mar&#237;a &#8211;interrumpi&#243; Juan hablando con firmeza, casi con severidad, y en forma bastante impropia para un muchacho israelita&#8211;.  S&#233; lo que tengo que hacer. El Se&#241;or me lo ha aclarado muy bien. He de regresar al desierto y he de vivir all&#237;.<\/p>\n<p>Ahora Juan se volvi&#243; hacia Hannel y Parnach.<\/p>\n<p>&#8211;Quiero agradecerles a ustedes dos su amable oferta. Todos ustedes han sido bondadosos y sol&#237;citos. Gracias por su inter&#233;s por mi futuro. Sin embargo, yo s&#233; d&#243;nde pertenezco. Voy a regresar al desierto.<\/p>\n<p>Una vez m&#225;s Juan se volvi&#243; para encarar a Mar&#237;a.<\/p>\n<p>&#8211;T&#250; fuiste la amiga m&#225;s cercana de mi madre. Ella te amaba entra&#241;ablemente. A menudo hablaba de ti. No obstante, debo marcharme inmediatamente, solo. El Se&#241;or ha tomado a mi padre y a mi madre. No tengo absolutamente ninguna obligaci&#243;n. No tengo hermanos ni hermanas, ni abuelos tampoco. &#8211;Aqu&#237; Juan hizo una pausa&#8211;. No debes preocuparte por m&#237;; y aunque a todos ustedes les pueda parecer que simplemente he desaparecido, yo voy a estar bien. Dios cuidar&#225; de m&#237;.<\/p>\n<p>&#8211;No estoy seguro de mucho, excepto de que debo vivir en el desierto hasta que Dios me diga lo contrario. Tambi&#233;n s&#233; esto: All&#225; afuera entre los esenios descubrir&#233; qu&#233; es lo que mi Dios quiere que yo haga. El desierto me proporcionar&#225; las respuestas adecuadas. Mi preparaci&#243;n para cumplir su voluntad no ha de ser en una ciudad ni en una aldea, sino en el desierto.<\/p>\n<p>En la ma&#241;ana siguiente un muchacho que a&#250;n no ten&#237;a trece a&#241;os, se despidi&#243; de Parnach y de Hannel, de Jos&#233; y de Mar&#237;a, y de su primo segundo que era casi un a&#241;o menor que &#233;l, que llevaba el nombre de Jes&#250;s.<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>Juan ocup&#243; su lugar otra vez entre los esenios, pero no dej&#243; que ninguno lo adoptara. Viv&#237;a solo. Para satisfacer sus escasas necesidades de alimentos, agua y ropas, trabajaba con las manos.<\/p>\n<p>En los a&#241;os subsiguientes nunca, ni una sola vez, prob&#243; Juan vino alguno. Sus cabellos crecieron, sin cortar, desde el d&#237;a de su nacimiento. Pero, debido a que los mismos pod&#237;an llegar a ser una posible fuente de orgullo en su vida, le dedicaba tan s&#243;lo un m&#237;nimo cuidado a su larga y lustrosa cabellera negra, opacando su largura y belleza.<\/p>\n<p>Juan pasaba una gran parte de su tiempo en oraci&#243;n y ayuno. Hac&#237;a eso con tanta frecuencia, que a veces sus dedos se pon&#237;an morados, y a veces se debilitaba tanto que las piernas ya no pod&#237;an sostener su cuerpo. A menudo pasaba d&#237;as y noches enteras en ininterrumpida oraci&#243;n, no haciendo pr&#225;cticamente nada para protegerse el cuerpo de los rigurosos elementos del desierto. Su estilo de vida era austero; su semblante se torn&#243; severo.<\/p>\n<p>Al transcurrir los a&#241;os, Juan empez&#243; a pasar su tiempo andurreando por el desierto. All&#237; el ardiente sol curti&#243; su rostro, llen&#225;ndolo de &#225;speras arrugas. Para cuando lleg&#243; a la madurez, el hijo de Zacar&#237;as y Elisabet luc&#237;a mayor, mucho mayor que la edad que ten&#237;a. Para Juan tales cosas eran un peque&#241;o precio que hab&#237;a de pagar, porque sus largas incursiones a lo profundo del desierto eran su tiempo m&#225;s codiciado. All&#237; pod&#237;a pasar ininterrumpidas horas a solas con Dios. El ululante viento, el calor de horno, el sol abrasador y la cortante arena voladora vinieron a ser sus compa&#241;eros m&#225;s &#237;ntimos.<\/p>\n<p>Al aproximarse a los treinta a&#241;os de edad, cuando, por tradici&#243;n, los hombres santos consagrados a Dios pod&#237;an terminar su preparaci&#243;n y comenzar el ministerio, Juan era uno de aquellos que pod&#237;an o&#237;r la voz de Dios en el viento del desierto, ver su rostro en el sol y sentir su presencia en la arena voladora.  Para entonces &#233;l ya era tanto un misterio como una leyenda entre los esenios. Pocos hombres &#8211;los esenios lo daban por seguro&#8211;hab&#237;an vivido jam&#225;s su vida tan completamente delante de Dios.  Pocos hombres hab&#237;an abandonado toda comodidad humana para poder estar tan cabalmente ininterrumpidos en su empe&#241;o de conocer al Se&#241;or. En la mente de muchos esenios, e incluso entre algunas de las tribus n&#243;madas, no cab&#237;a duda de que se estaba levantando un profeta en medio de ellos. Ciertamente el desierto estaba dando a luz a un hombre de Dios.<\/p>\n<p>Raras veces hab&#237;a visto el mundo a un hombre como Juan. Su devoci&#243;n a Dios era absoluta, su vida estaba desprovista de todo excepto su llamado de hablar por Dios. No conoc&#237;a la vida familiar, viv&#237;a sin entretenimientos, sin amigos, sin compa&#241;&#237;a. La idea de tener una esposa, un hogar o unos hijos nunca le cruz&#243; por la mente. Dentro de Juan todo era para Dios. La devoci&#243;n de un Abraham, de un Mois&#233;s, de un El&#237;as, de un El&#237;seo, de un Am&#243;s, palidec&#237;an en presencia de este soltero que ten&#237;a un solo prop&#243;sito en la mente y cuyo &#250;nico amigo y compa&#241;ero era su Se&#241;or.<\/p>\n<p>Nunca antes el mundo hab&#237;a visto nada como Juan, ni tampoco era probable que alg&#250;n d&#237;a volviese a ver a un hombre semejante.<\/p>\n<p>Una tarde, mientras estaba parado sobre los riscos de piedra arenisca que daban al mar Muerto y miraba c&#243;mo el deslumbrante sol rojo se pon&#237;a detr&#225;s de las dentadas colinas, una voz desde el cielo le habl&#243;:<\/p>\n<p>Juan, ha llegado la plenitud del tiempo.  Aquello por <\/p>\n<p>lo que has vivido tu vida entera est&#225; a la puerta.  Ve.  <\/p>\n<p>Proclama el D&#237;a del Se&#241;or. Allana los montes, rellena <\/p>\n<p>los valles; prepara camino para el Mes&#237;as. Ve,  Juan, <\/p>\n<p>ahora. No mires ni a la derecha ni a la izquierda.  No <\/p>\n<p>haya nada m&#225;s en tu vida.  Nunca  nadie  ha  llevado <\/p>\n<p>una responsabilidad tan grande como la que llevas <\/p>\n<p>t&#250; en esta hora.<\/p>\n<p>&#161;Proclama la venida del Se&#241;or!<\/p>\n<p>5<\/p>\n<p>Los primeros en encontrarse cara a cara con el profeta del desierto fueron las caravanas de n&#243;madas. Las miradas de todos ellos delataban incredulidad al contemplar la apariencia de una criatura tan demacrada. Su primer pensamiento fue bastante simple y obvio: &#8220;Debe de ser alg&#250;n demente que se ha extraviado en el desierto.&#8221; O quiz&#225; m&#225;s caritativamente: &#8220;El calor ha dejado bien trastornado a uno de los esenios.&#8221;<\/p>\n<p>Obviamente este hombre an&#243;nimo era Jud&#237;o; pero llevaba puesta una vestidura procedente de animal inmundo, de un detestable camello. Y en poco tiempo se corri&#243; el rumor de que como alimento com&#237;a langostas &#8211;un alimento usado tan s&#243;lo por la gente m&#225;s necesitada, m&#225;s empobrecida.<\/p>\n<p>Su apariencia exterior era la de un lun&#225;tico, pero sus palabras manifestaban que era un profeta. Su cabellera, descuidada, llegaba casi hasta las rodillas. Su rostro era como el de un anciano, pero su voz tronaba con el vigor de la juventud.  Sus ojos fulguraban el ardiente fuego del desierto.<\/p>\n<p>Muy a pesar suyo los que pasaban no pod&#237;an sino detenerse, y mirar&#8230; y escuchar. El timbre de su voz era claro. Sus palabras eran mayest&#225;ticas y denodadas, casi po&#233;ticas. Hab&#237;a poder en cada palabra que dec&#237;a. Este hombre irradiaba una dignidad y una integridad que estaban casi m&#225;s all&#225; de la comprensi&#243;n del entendimiento humano.<\/p>\n<p>Las caravanas aflojaban el paso, se deten&#237;an y formaban un c&#237;rculo alrededor del hombre. Cada cual aguzaba los o&#237;dos para o&#237;r lo que este hombre ten&#237;a que decir.<\/p>\n<p>Y todo lo que esos viajeros del desierto o&#237;an, resonaba con sus propios sentimientos m&#225;s profundos. Al mismo tiempo, las palabras de este profeta del desierto convenc&#237;an de pecado a todos y cada uno de ellos. Todo lo que este hombre dec&#237;a, era enervante. Aquello que predec&#237;a, era imposible, pero lo que demandaba, era a&#250;n m&#225;s incre&#237;ble. Juan no s&#243;lo demandaba de sus oyentes un cambio radical, sino que demandaba que ese cambio tuviera lugar all&#237; mismo y entonces mismo.<\/p>\n<p>Nadie habr&#237;a de tomar en serio a este hombre, de eso estaban seguros.<\/p>\n<p>S&#237;; las caravanas seguir&#237;an su camino, pero vendr&#237;an otras, y &#233;sas tambi&#233;n se detendr&#237;an para escuchar a este hombre. Y cada caravana, cuando al terminar la traves&#237;a saliese del desierto, llevar&#237;a consigo la noticia de que, all&#225; afuera en el desierto, un orate o profeta loco predicaba a todos los que osaban detenerse y escuchar.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Y por qu&#233; no viene &#233;se a las aldeas &#8211;se dec&#237;an&#8211; a proclamar su mensaje? &#191;No sabe que todos los profetas respetables predican en las plazas de mercado, que es donde la gente puede escucharlos? &#191;Cree ese tonto que la gente va a salir all&#225;, a ese horno infernal, para escucharlo? &#191;Qui&#233;n que est&#233; en sus cabales va a ir a ese desierto sin caminos ni sendas y pararse all&#237; bajo ese ardiente sol que levanta ampollas, para escuchar a un hombre que hace demandas a las cuales nadie va a responder? Ciertamente ese hombre est&#225; enajenado.<\/p>\n<p>Con todo, sucedi&#243;. Algunos que iban en las caravanas en su viaje de regreso, buscaban al profeta del desierto hasta hallarlo. La gente com&#250;n y corriente de las aldeas situadas al borde del desierto sal&#237;a a &#233;l para escucharlo. Corazones que buscaban, almas vac&#237;as, esp&#237;ritus hambrientos &#8211;que ansiaban desesperadamente encontrar algo que sab&#237;an que no ten&#237;an&#8211; osaban penetrar con su vida vac&#237;a en aquella inexplorada desolaci&#243;n para hallar al Profeta.<\/p>\n<p>Al principio tan solamente unos cuantos lo escucharon. Pero luego los mismos regresaron para contarles a sus amigos y familiares todo lo que hab&#237;an experimentado. Se difundieron rumores acerca de ese hombre semisalvaje del desierto por toda Judea y Galilea.<\/p>\n<p>Primeramente los oyentes vinieron de uno en uno y de dos en dos; luego, por decenas y por veintenas y despu&#233;s, por millares. Ven&#237;an a pie a trav&#233;s de esas arenas ardientes. Su n&#250;mero aumentaba d&#237;a a d&#237;a. Bien pronto algunos hombres emprendedores empezaron a organizar caravanas enteras que entraban al desierto para escuchar a ese hombre.<\/p>\n<p>Todos ellos escuchaban atentamente. Algunos lloraban.  Otros ca&#237;an de rodillas con gran seriedad. Muchos clamaban en alta voz por un inmerecido perd&#243;n. Otras m&#225;s se regocijaban.  Nadie se mofaba. Ni una palabra de cr&#237;tica sali&#243; de boca alguna, al menos no entre la gente com&#250;n.<\/p>\n<p>Sin embargo, aquellos que nunca le hab&#237;an o&#237;do, que viv&#237;an en la distante ciudad de Jerusal&#233;n&#8230; ellos lo juzgaron, lo procesaron, y lo condenaron&#8230; sin haberlo visto ni escuchado. El veredicto fue simple. Y muy familiar. Se le endilga a todo disidente a lo largo de todos los tiempos: &#8220;Est&#225; endemoniado.&#8221;<\/p>\n<p>Luego vinieron algunos hombres y se sentaron directamente a los pies de Juan. Su prop&#243;sito era claro: quer&#237;an ser sus disc&#237;pulos.  Y as&#237; mismo sucedi&#243;.<\/p>\n<p>Ese pu&#241;ado de disc&#237;pulos asumir&#237;a el estilo de vida de Juan. Los mismos llegar&#237;an a ser sus constantes compa&#241;eros. Y como &#233;l, vendr&#237;an a ser hombres austeros, de aspecto grave y deshumorado. Llevar&#237;an muy metida en el coraz&#243;n, como &#233;l la llevaba en el suyo, la carga de los pecados de todo Israel.  Aquellos hombres se unieron a Juan en su tit&#225;nica tarea de preparar el camino para la venida del propio Mes&#237;as de Dios.<\/p>\n<p>Escuchar a Juan era escuchar lo inesperado, porque cada d&#237;a era diferente. Juan hablaba cada d&#237;a, pero cada vez que hablaba, discurr&#237;a acerca de algo que la multitud nunca hab&#237;a o&#237;do a nadie m&#225;s decirlo. Su osad&#237;a y su intrepidez en introducir alg&#250;n t&#243;pico aterraba a la multitud y a sus disc&#237;pulos.<\/p>\n<p>Un d&#237;a particularmente muy caluroso, cuando las multitudes parec&#237;an extenderse hasta el horizonte, Juan exclam&#243;:<\/p>\n<p>&#8211;El d&#237;a siguiente al pr&#243;ximo Sabbath voy a ir al r&#237;o Jord&#225;n y all&#237; sumergir&#233; en las aguas del Jord&#225;n a todos aquellos que se han arrepentido de su manera de vivir. Bautizar&#233; a todos los que preparan su vida para la venida del Se&#241;or.<\/p>\n<p>Fue ese d&#237;a que Juan recibi&#243; un nuevo nombre, un nombre que en breve estar&#237;a en los labios de todo Israel, porque en ese d&#237;a &#233;l pas&#243; a ser conocido como Juan el Bautizador.<\/p>\n<p>6<\/p>\n<p>La gente ven&#237;a a escuchar a Juan porque buscaba algo que pudiese llenar el profundo vac&#237;o que hab&#237;a en su vida.<\/p>\n<p>Ven&#237;an mercaderes para escucharlo, y se arrepent&#237;an de sus injustas pr&#225;cticas comerciales, y entonces eran bautizados en las legendarias aguas del Jord&#225;n. Ven&#237;an soldados, se arrepent&#237;an de las brutalidades que comet&#237;an, y eran bautizados tambi&#233;n.  Ven&#237;an camelleros, ven&#237;an agricultores, ven&#237;an pescadores r&#250;sticos, ven&#237;an esposas, ven&#237;an mujeres de renombre y mujeres de la calle. Ven&#237;a gente de toda clase y de todo nivel social. Y todos los que ven&#237;an, al parecer ven&#237;an con alg&#250;n pecado secreto, pero se arrepent&#237;an del mismo y desaparec&#237;an bajo las aguas del Jord&#225;n sumergi&#233;ndose en ellas.<\/p>\n<p>Todo jud&#237;o conoc&#237;a el antiguo significado de ser sumergido en las aguas de ese r&#237;o en particular. Significaba el t&#233;rmino de la vida, el cese de todo. Todos los que esperaban ser bautizados se paraban en la ribera oriental, que era tierra extra&#241;a. Desde all&#237; entraban en el agua caminando y desaparec&#237;an en ella &#8211;para all&#237; morir. Pero cada cual surg&#237;a nuevamente y sub&#237;a del agua caminando por la ribera occidental, seguro ya dentro de los l&#237;mites de la tierra prometida, para comenzar all&#237; una nueva vida con Dios. Ese simple y sencillo drama resultaba inolvidable.<\/p>\n<p>Pero hubo un d&#237;a especial en el Jord&#225;n que se destac&#243; de todos los dem&#225;s. Todo empez&#243; con la llegada de carros tirados por caballos. Hab&#237;a llegado una delegaci&#243;n de signatarios. &#191;Qu&#233; personajes de importancia hab&#237;an salido a ese oscuro lugar?<\/p>\n<p>Eran los l&#237;deres religiosos de la naci&#243;n.<\/p>\n<p>Cuando Juan vio a aquellos hombres bien vestidos, todos los m&#250;sculos de su cuerpo quedaron inm&#243;viles. No hubo ni un solo movimiento externo en su semblante que revelase sus sentimientos internos. Mientras aquellos signatarios religiosos atravesaban la multitud, Juan observ&#243; c&#243;mo la gente com&#250;n inclinaba la cabeza o doblaba la rodilla en un gesto de honra.  Aquello no le agrad&#243; en absoluto al m&#225;s grande disidente de todos los tiempos.<\/p>\n<p>Juan escudri&#241;&#243; a cada uno de esos hombres conforme sal&#237;an de los carros. Obviamente algunos hab&#237;an venido para mofarse, para reunir evidencias contra Juan, y para condenar. Otros ven&#237;an con una gran incertidumbre, esperando poder descubrir para s&#237; mismos si Juan era o no un verdadero profeta. Incluso hab&#237;a entre ellos algunos, los m&#225;s j&#243;venes, que ven&#237;an creyendo de verdad que Juan era un hombre de Dios. Esos hombres j&#243;venes ten&#237;an la esperanza de que los dirigentes de mayor edad y m&#225;s respetados estuviesen de acuerdo con su inexpresada opini&#243;n. Despu&#233;s de todo, si los dirigentes de mayor edad daban su bendici&#243;n a Juan, algunos de los dirigentes j&#243;venes sab&#237;an que estar&#237;an libres para hacerse disc&#237;pulos d&#233; Juan.<\/p>\n<p>Pero Juan ve&#237;a m&#225;s que eso. Escudri&#241;aba el coraz&#243;n de cada hombre que ahora se abr&#237;a paso entre la multitud, y discern&#237;a la debilidad fundamental de cada cual. No hab&#237;a ni uno solo entre ellos que fuera suficientemente atrevido como para romper, por su propia cuenta, con las tradiciones religiosas aceptas.<\/p>\n<p>La multitud sigui&#243; d&#225;ndoles paso a esos vanagloriosos dirigentes. La delegaci&#243;n avanzaba hacia el frente de la multitud, para ocupar sus leg&#237;timos puestos de honor. Aquello ya era m&#225;s de lo que el profeta del desierto pod&#237;a jam&#225;s esperar soportar. &#191;El sistema religioso de sus d&#237;as ven&#237;a all&#237;? &#191;Y osaba imponer sus abominables pr&#225;cticas all&#237;? &#161;Pero, c&#243;mo osaban venir! &#161;C&#243;mo osaban traer su arrogancia, su menosprecio, su desd&#233;n, y su orgullo a ese lugar!<\/p>\n<p>Juan no hab&#237;a venido a este mundo para contemporizar, ni para ganarse a tales hombres para los caminos de Dios. Despu&#233;s de todo, aquellos hombres se ve&#237;an a s&#237; mismos como autoridades en los caminos de Dios. Juan no intentar&#237;a hacer lo imposible. No llamar&#237;a a los dirigentes del sistema religioso para que salieran de ese sistema. No obstante, la presencia de ellos all&#237; ya estaba pervirtiendo la libertad que los bautizados hab&#237;an adquirido al desechar la sistematizaci&#243;n de este mundo.<\/p>\n<p>Por lo tanto, Juan declar&#243; la guerra. Una guerra abierta y sin cuartel, sin tregua&#8230; contra los personajes m&#225;s venerados de Israel. Quer&#237;a que todo ser humano all&#237; presente supiera c&#243;mo pensaba &#233;l acerca de las cadenas que los tradicionalistas hab&#237;an forjado sobre el coraz&#243;n y el alma del pueblo de Dios. Y, &#191;c&#243;mo pensaba &#233;l? Juan opinaba que toda aquella cultura religiosa deb&#237;a perecer.<\/p>\n<p>No hab&#237;a nada que Juan pudiera hacer mejor que tronar, y en esa ocasi&#243;n rugi&#243; como un le&#243;n. Extendi&#243; la mano y se&#241;al&#225;ndolos con el dedo &#237;ndice estremeci&#243; cielos y tierra con su denuncia:<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Qui&#233;n&#8230; qui&#233;n, pregunto yo&#8230; qui&#233;n les ha dicho a ustedes que se arrepientan?<\/p>\n<p>S&#237;, ustedes, generaci&#243;n de v&#237;boras, &#191;qu&#233; est&#225;n haciendo aqu&#237;?<\/p>\n<p>La multitud qued&#243; pasmada. Nunca nadie hab&#237;a hablado de esa manera a aquellos hombres. Instintivamente, muchos de entre la multitud se pusieron de pie; un momento despu&#233;s ampl&#237;as sonrisas ir&#243;nicas empezaron a aparecer en algunos rostros. Pero todos los ojos estaban fijos ahora en los dirigentes religiosos. &#191;Cu&#225;l ser&#237;a la reacci&#243;n de ellos? Y &#191;era posible&#8230; hab&#237;a cometido Juan alguna clase de blasfemia? La gente conoc&#237;a los rumores que circulaban en cuanto a que &#233;l estaba pose&#237;do por un demonio; y esto no iba a ayudar nada. Lo apreciaban por su denuedo, pero nadie so&#241;aba siquiera que &#233;l desafiar&#237;a a los dirigentes religiosos de la naci&#243;n. &#161;Nadie hab&#237;a hecho eso nunca!<\/p>\n<p>Aquel sobresalto se convirti&#243; en incredulidad cuando Juan prosigui&#243;:<\/p>\n<p>&#8211;Les pregunto otra vez, a ustedes, generaci&#243;n de v&#237;boras, &#191;qui&#233;n les ha dicho que huyan de la ira que viene sobre ustedes?<\/p>\n<p>Entonces aquellos dirigentes religiosos se detuvieron. Nadie pod&#237;a hablarles de esa manera. Despu&#233;s de un breve momento, uno de los dirigentes se subi&#243; la capa alrededor de s&#237;, se volvi&#243; y susurr&#243; algo a los m&#225;s pr&#243;ximos a &#233;l. Ellos, a su vez, les hicieron se&#241;as a los otros a que hicieran una s&#250;bita retirada.<\/p>\n<p>Pero Juan no hab&#237;a terminado a&#250;n.<\/p>\n<p>&#8211;&#161;Su &#225;rbol! Un hacha ha sido puesta a las ra&#237;ces de su &#225;rbol.  La ira de Dios est&#225; sobre ustedes. El hacha cortar&#225; su &#225;rbol y destruir&#225; las ra&#237;ces del mismo. No est&#225; lejano el d&#237;a en que todo lo que ustedes son ser&#225; destruido bajo la ira de Dios.<\/p>\n<p>Con eso, los miembros de la delegaci&#243;n, todos a una, se recogieron los extremos de sus capas y se apresuraron a regresar a sus carros, cada cual ideando en su coraz&#243;n alguna forma de venganza que tomar contra Juan.<\/p>\n<p>Alguien en la multitud comenz&#243; a regocijarse. De inmediato alguien m&#225;s bati&#243; las manos. Con eso, la multitud entera puesta de pie hizo suyo el aplauso. Por dondequiera hombres y mujeres sent&#237;an caer grilletes y cadenas de su alma. &#161;Por fin, alguien hab&#237;a osado desafiar al sistema religioso!<\/p>\n<p>Entonces, en forma espont&#225;nea, la multitud se fue aproximando hacia Juan. Parec&#237;a que cada uno all&#237; presente que no hab&#237;a sido bautizado, quer&#237;a en gran manera hacerlo ahora.  Todos a una hab&#237;an vislumbrado algo m&#225;s profundo del mensaje de Juan, algo que nunca antes hab&#237;an comprendido.<\/p>\n<p>Fue un d&#237;a glorioso. Con todo, nadie parec&#237;a haber captado lo obvio de aquello. Una conducta como &#233;sa traer&#237;a como consecuencia que mataran a Juan.<\/p>\n<p>Y luego, hubo aquel otro d&#237;a muy memorable.<\/p>\n<p>7<\/p>\n<p>La puerta que da paso desde el otro &#225;mbito a &#233;ste se abri&#243;, como una ventana, justamente sobre el r&#237;o Jord&#225;n. Entonces, desde el centro mismo del ser de Dios Padre sali&#243; su propio sagrado Esp&#237;ritu, el Esp&#237;ritu Santo, aleteando como si fuese una paloma al salir a trav&#233;s de la puerta abierta, y viniendo a reposar sobre uno de los espectadores que escuchaba a Juan.<\/p>\n<p>Los ojos de Juan escudri&#241;aban la multitud y su fiera mirada enfocaba cada rostro. Pero &#191;qu&#233; fue eso? Una luz de origen no natural que aparec&#237;a de no se sabe d&#243;nde, como si fuese una paloma que sal&#237;a volando por una ventana, y ven&#237;a a reposar sobre alguien all&#225; afuera entre la multitud.<\/p>\n<p>Juan comprendi&#243; que estaba viendo algo que ning&#250;n otro ojo pod&#237;a ver. Esa era la se&#241;al del Mes&#237;as. Entonces Juan guard&#243; silencio. Su &#250;nico pensamiento era: &#8220;&#191;D&#243;nde se pos&#243; aquella paloma iluminada? &#191;Qui&#233;n est&#225; por all&#237;?&#8221;<\/p>\n<p>Un murmullo de susurros recorri&#243; a toda la multitud.  Muchos trataron de seguir la mirada escrutadora de Juan.<\/p>\n<p>De pronto Juan rugi&#243; espont&#225;neamente:<\/p>\n<p>&#8211;&#161;Miren all&#237; al Cordero de Dios!<\/p>\n<p>&#8211;Yo no soy nada. Este hombre lo es todo. No me miren m&#225;s a m&#237;, m&#237;renlo a &#233;l. En cuanto a m&#237;, yo no soy digno siquiera de encorvarme para desatar las correas de las sandalias que lleva &#233;ste en los pies.<\/p>\n<p>Al parecer el Padre estaba de acuerdo. Parado en la puerta que est&#225; entre los dos &#225;mbitos, exclam&#243;:<\/p>\n<p>&#8211;Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.<\/p>\n<p>Y as&#237; como Dios estaba complacido, de la misma manera Juan tambi&#233;n estaba complacido. Tampoco incomod&#243; a Juan en absoluto ver que las multitudes lo abandonaban y comenzaban a seguir a Jes&#250;s. Despu&#233;s de todo, Juan sab&#237;a que &#233;l hab&#237;a venido al mundo por esta sola raz&#243;n.<\/p>\n<p>Lo que Juan no sab&#237;a era que los d&#237;as m&#225;s f&#225;ciles de su obra hab&#237;an transcurrido ya. Los m&#225;s dif&#237;ciles estaban a&#250;n por venir.<\/p>\n<p>8<\/p>\n<p>H&#225;blame de mi primo &#8211;requiri&#243; Juan.<\/p>\n<p>&#8211;Al presente tu primo se encuentra en Galilea. &#201;l, como t&#250;, tiene doce disc&#237;pulos. Tambi&#233;n hay otros, quiz&#225; unos cincuenta o sesenta m&#225;s, que est&#225;n siempre con &#233;l. &#201;l viaja de poblaci&#243;n en poblaci&#243;n predicando.<\/p>\n<p>La voz era de Nadab, un seguidor de Juan, que hab&#237;a estado en Galilea y hab&#237;a presenciado el ministerio de Jes&#250;s.<\/p>\n<p>&#8211;En ocasiones &#233;l les habla a grandes multitudes, pero la mayor parte de las veces habla en la casa de alguien.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Y acerca de qu&#233; habla?<\/p>\n<p>&#8211;Mayormente cuenta par&#225;bolas. Y muchas de ellas contienen bastantes agudezas.<\/p>\n<p>Nadab hizo una pausa. Luego continu&#243;:<\/p>\n<p>&#8211;Maestro, &#191;sab&#237;as que &#233;l bebe? Quiero decir que &#161;bebe vino! Y los doce, sus doce disc&#237;pulos, no son como nosotros. Ellos r&#237;en mucho.<\/p>\n<p>&#8211;&#201;l recibe muchas invitaciones a banquetes. Y seg&#250;n parece, &#233;l siempre acepta. Algunos dicen que come demasiado y bebe demasiado o, al menos, que sus disc&#237;pulos s&#237;.<\/p>\n<p>Juan mostr&#243; inter&#233;s al escuchar, pero su semblante no revel&#243; ninguna evidencia de sus pensamientos &#237;ntimos. Nadie de los presentes ten&#237;a la m&#225;s ligera idea de lo que &#233;l pensaba del informe de Nadab. Ese era un t&#237;pico rasgo de Juan que se remontaba hasta su infancia.<\/p>\n<p>Nadab continu&#243; hablando:<\/p>\n<p>&#8211;Los que lo acompa&#241;an, mayormente son cobradores de impuestos, rameras, y&#8230; bueno, gente como &#233;sa.<\/p>\n<p>Entonces uno de los otros disc&#237;pulos de Juan interrumpi&#243; con una observaci&#243;n:<\/p>\n<p>&#8211;Maestro, nosotros ayunamos, a veces casi hasta el punto de inanici&#243;n. Oramos hasta que nuestras rodillas quedan doloridas. Nosotros seguimos tu ejemplo en estas cosas. T&#250; ayunas, pasas tu vida en oraci&#243;n, vives una vida de gran restricci&#243;n y disciplina en todas las cosas. Sin embargo, tu primo cuenta par&#225;bolas, habla de lirios y de pajarillos, de semillas y de ovejas, a menudo va a banquetes en los cuales come y bebe. Por lo general, parece que &#233;l se divierte en gran manera. Algunos hasta lo han llamado bebedor de vino y comil&#243;n. &#191;Puedes comprender por qu&#233; algunos de nosotros estamos un poco confundidos?<\/p>\n<p>Luego de una larga pausa, se vio claramente que &#233;l no iba a responder. Por &#250;ltimo, Juan respir&#243; profundamente y poni&#233;ndose de pie, dijo:<\/p>\n<p>&#8211;La gente est&#225; esperando y yo tengo algo muy importante que decirles.<\/p>\n<p>Juan sali&#243; caminando y se meti&#243; en medio de la multitud reunida all&#237; y se subi&#243; a una gran roca. Era al caer la tarde. Una fresca brisa que ven&#237;a desde el mar de Galilea estaba soplando a trav&#233;s del campo. El sol se estaba poniendo y al hacerlo, emit&#237;a enormes rayos dorados a trav&#233;s del cielo.<\/p>\n<p>Juan recorri&#243; con su mirada a la gente y trajo otra vez a la memoria la tarea de su vida: traer a Israel a un completo arrepentimiento, allanar los montes, llenar los valles y preparar el camino para la obra final y m&#225;s grande de Dios sobre la tierra.<\/p>\n<p>&#8211;&#161;Nuestro rey &#8211;exclam&#243; Juan&#8211; ha tomado para s&#237; la esposa de su propio hermano! Herodes est&#225; haciendo descender la ira de Dios sobre s&#237;. Y su mujer Herod&#237;as tampoco ser&#225; librada.<\/p>\n<p>No ser&#237;a m&#225;s tarde que a la ma&#241;ana siguiente cuando Herodes el Tetrarca se habr&#237;a de enterar de la denuncia de Juan. Y cuando &#233;l la oy&#243;, mont&#243; en c&#243;lera. Pero su ira no fue nada comparada con la de su nueva esposa, quien jur&#243; la venganza m&#225;s negra posible en contra de Juan el Bautizador. Y en ese vehemente deseo de venganza, le grit&#243; a su marido chillando y exigiendo que Juan fuese arrestado y tirado en una mazmorra. &#161;Inmediatamente! Pero aquello no marc&#243; el t&#233;rmino de su malvado plan.<\/p>\n<p>9 <\/p>\n<p>Proteus levant&#243; la vista para ver la causa del bullicio que ven&#237;a desde arriba de la escalera. Pudo distinguir la silueta de un prisionero parado entre dos guardas romanos. Lenta y laboriosamente, el prisionero encadenado fue descendiendo por la larga y angosta escalera.<\/p>\n<p>Proteus no pudo menos que pensar para sus adentros: &#8220;Siempre me imagin&#233; que eras un hombre gigantesco; sin embargo, aqu&#237;, en este lugar, pareces desde todo punto de vista tan com&#250;n, tan corriente. Pareces&#8230; casi vulnerable.&#8221;<\/p>\n<p>Ahora el prisionero quedaba bien a la vista. Proteus empez&#243; a escudri&#241;ar el rostro de Juan, pero al igual que tantos otros, no pudo hallar en el semblante de este hombre ni un solo indicio que delatara cu&#225;les eran sus pensamientos. &#191;Estaba atemorizado? &#191;O ansioso? &#191;U hostil? Proteus estaba acostumbrado a poder leer las emociones de un preso en ese momento en particular. Pero hoy este prisionero no le proporcion&#243; nada.<\/p>\n<p>Entonces Proteus se volvi&#243; hacia uno de los soldados que estaban detr&#225;s de &#233;l.<\/p>\n<p>&#8211;Celda n&#250;mero tres.<\/p>\n<p>El soldado abri&#243; la puerta de rejas de hierro. Justamente al otro lado de la reja, el piso de la celda ca&#237;a a plomo en un foso como de tres metros y medio de profundidad. Entonces uno de los soldados se puso a atar una cuerda a una de las barras de la reja para descender por ella al fondo del foso, pero Proteus lo interrumpi&#243; dici&#233;ndole:<\/p>\n<p>&#8211;Un momento, soldado. Yo encadenar&#233; al prisionero.<\/p>\n<p>Acto seguido Proteus se volvi&#243; hacia los dos guardas romanos y les indic&#243; que quitaran las cadenas al prisionero.  Entonces camin&#243; hasta la puerta de la celda y, con ayuda de la cuerda, se desliz&#243; al fondo de ese foso infestado de ratas.<\/p>\n<p>Aquel lugar era oscuro, h&#250;medo y todo lo que se supone que una mazmorra sea. Desde abajo, Proteus grit&#243; a los soldados:<\/p>\n<p>&#8211;Retrocedan del prisionero.<\/p>\n<p>A continuaci&#243;n, dirigi&#233;ndose a Juan, le dijo:<\/p>\n<p>&#8211;Juan, baja aqu&#237; por esa cuerda. &#8211;Juan agarr&#243; la cuerda y desliz&#225;ndose por ella descendi&#243; a ese foso infernal.<\/p>\n<p>&#8211;Estas cadenas fijadas a la pared&#8230; tengo que asegur&#225;rtelas a tus pies y manos. Las cadenas son suficientemente largas como para permitirte alg&#250;n movimiento.  Herodes mismo orden&#243; pon&#233;rtelas. Siento tener que hacerlo.  Permanecer&#225;s en esta prisi&#243;n hasta que &#233;l decida qu&#233; hacer contigo.<\/p>\n<p>Proteus pas&#243; varios minutos en ponerle a Juan trabajosamente las manillas y grilletes de hierro alrededor de las mu&#241;ecas y de los tobillos. Cuando termin&#243;, dio un paso atr&#225;s.<\/p>\n<p>&#8211;Tres de tus disc&#237;pulos han pedido poder verte. Se les permitir&#225; venir la semana entrante. Entiendo que te traer&#225;n alg&#250;n alimento.<\/p>\n<p>Enseguida Proteus agarr&#243; la cuerda para subir con ayuda de ella. Pero hizo una pausa, se volvi&#243; y mir&#243; a Juan de lleno.<\/p>\n<p>&#8211;He o&#237;do decir que t&#250; hablas en el desierto. Lo lamento<\/p>\n<p>&#8211;Est&#225; bien &#8211;respondi&#243; Juan&#8211;. La culpa no es tuya.<\/p>\n<p>Entonces Proteus subi&#243; por la cuerda al piso de arriba, cerr&#243; la puerta de la celda y se dirigi&#243; a todos los soldados que estaban de guardia:<\/p>\n<p>&#8211;Esc&#250;chenme. Dentro de los l&#237;mites que esta detestable celda permita, hagan que este hombre se sienta confortable, en lo que cabe; prov&#233;anle alimentos y agua, y cualquier otra cosa que necesite. Suplan sus necesidades hasta los l&#237;mites que permitan las restricciones que Herodes le ha impuesto. Y una cosa m&#225;s. He colocado en forma bien clara el nombre de Juan en la pared junto a la puerta de su celda. Quiero que todos los que est&#233;n en este recinto recuerden qui&#233;n est&#225; en este foso.<\/p>\n<p>En ese momento una voz grit&#243; desde la primera celda:<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Qu&#233; fue lo que dijiste? &#191;Han tra&#237;do a Juan el Bautista a este lugar?<\/p>\n<p>Proteus suspir&#243;. El y todos los dem&#225;s que estaban en ese recinto sab&#237;an qu&#233; era lo que vendr&#237;a a continuaci&#243;n.<\/p>\n<p>10<\/p>\n<p>Eso lo hizo Herodes, &#191;no es as&#237;? &#161;Ese detestable monstruo! <\/p>\n<p>&#8211;&#191;Juan, eres t&#250;? &#191;No te acuerdas de m&#237;? Yo fui a verte, cuando t&#250; no eras m&#225;s que un muchachito. Yo era un hombre grande e importante entonces. &#161;M&#237;rame ahora!<\/p>\n<p>&#8211;Herodes me quit&#243; la casa, tom&#243; mi dinero. Sin ning&#250;n proceso, &#161;y sin siquiera una audiencia! Luego me ech&#243; en este foso infernal. &#161;Ahora Herodes es el que es rico! Rico con mi dinero, y ya no soy m&#225;s que un desgraciado. &#161;Maldito seas con maldici&#243;n, Herodes&#8230; monstruo&#8230; malvado.<\/p>\n<p>&#8211;Lo serv&#237; durante veinte a&#241;os. Fielmente. Nunca ha vivido nadie en esta tierra que haya sido tratado tan injustamente como yo. Es del todo injusto lo que &#233;l me hizo, te lo digo yo.  Ahora mira lo que ese nefando hombre ha hecho; el monstruo ha salido para traer a un profeta de Dios a este maldito lugar.<\/p>\n<p>&#8211;Te lo digo yo, todo problema, todo dolor, toda desgracia que hay en Judea tiene su origen en Herodes. No hay justicia en esta tierra, no hay misericordia&#8230; no hay compasi&#243;n. Todo es culpa suya. Todo, todo.<\/p>\n<p>&#8211;Juan, &#191;puedes o&#237;rme? No olvides mis palabras: te pudrir&#225;s aqu&#237; como el resto de nosotros. All&#225; afuera en tu desierto, dijiste algo que es muy cierto. La perversidad del coraz&#243;n humano no tiene l&#237;mites. Y Herodes es el peor de todos.  Hoy yo ser&#237;a un hombre feliz y pr&#243;spero, si no fuera por ese Herodes de sangre fr&#237;a, y los otros&#8230; los dem&#225;s&#8230; esos perversos que conspiraron con &#233;l contra m&#237; para quitarme todo lo que yo ten&#237;a.<\/p>\n<p>&#8211;Parnach, controla tu lengua &#8211;grit&#243; uno de los guardas.<\/p>\n<p>Hubo una pausa. El prisionero de la primera celda se call&#243;.  Pero, desafortunadamente, sus gritos hab&#237;an despertado al prisionero de la celda pr&#243;xima a la de &#233;l.<\/p>\n<p>11<\/p>\n<p>Un hombre delgado y huesudo vino hasta la puerta de su celda y mir&#243; desatinadamente a los ojos del capit&#225;n de la guardia.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Juan? &#191;Aqu&#237;? &#8211;pregunt&#243;&#8211;. &#191;Me est&#225;s diciendo que Juan ha sido encarcelado aqu&#237; en la prisi&#243;n de Machaerus?  Proteus, &#191;est&#225;s diciendo, que &#233;l ha sido echado en la celda n&#250;mero tres, de entre todos los sitios?<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, Hannel, as&#237; es. Herodes mand&#243; arrestar a Juan y lo ha hecho traer aqu&#237;.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Pero es que Dios no tiene misericordia? &#191;No tiene sentimientos? &#8211;pregunt&#243; Hannel con una voz fr&#237;a y apagada.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Es que la devoci&#243;n no significa nada para &#233;l? Una vez yo tambi&#233;n confiaba en Dios, as&#237; como Juan conf&#237;a. &#191;Est&#225;s realmente aqu&#237;, Juan? &#191;Te acuerdas de m&#237;? Yo viv&#237;a una vida devota y santa delante de Dios. Te acuerdas, &#191;no es as&#237;, Juan?  Bueno, mira lo que eso me ha tra&#237;do. Y t&#250;, &#191;ves lo que la devoci&#243;n a Dios te ha tra&#237;do? &#191;Ha de ser &#233;ste el final de los hombres que han amado a Dios y lo han obedecido? &#191;Qu&#233; clase de Dios es &#233;ste que permite cosas tales como las que nosotros sufrimos ahora? &#161;Dios, t&#250; has echado a uno de tus propios siervos tuyos en un sucio foso!<\/p>\n<p>Con un r&#225;pido movimiento Hannel pas&#243; un brazo por entre las barras de la puerta de su celda, apret&#243; el pu&#241;o, alz&#243; el rostro y espet&#243; maldiciones a Dios. Luego termin&#243; sus desvar&#237;os con una declaraci&#243;n final:<\/p>\n<p>&#8211;Nunca m&#225;s volver&#233; a servir a un Dios que trata a los hombres de este modo. Cu&#225;ndo tuve necesidad de &#233;l, &#191;d&#243;nde estaba &#233;l? Juan, &#191;d&#243;nde est&#225; tu Dios cuando m&#225;s lo necesitas?<\/p>\n<p>Ni un solo sonido sali&#243; de la tercera celda. Cualquier cosa que Juan pudiera estar pensando, lo estaba guardando en secreto. Por otra parte, Proteus no pudo menos que preguntarse, para sus adentros: &#8220;El prisionero de la primera celda culpa de todo a los hombres. El prisionero de la segunda celda le echa la culpa de todo a Dios. Me pregunto, &#191;a qui&#233;n ir&#225; a inculpar el prisionero de la tercera celda? &#191;Al hombre? &#191;A Dios?&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;&#191;O tal vez a su primo?&#8221;<\/p>\n<p>12<\/p>\n<p>El escenario es una poblaci&#243;n de Galilea llamada Na&#237;n. Es al caer la tarde. Las calles de la ciudad est&#225;n repletas de gente que espera para presentar sus enfermos a Jes&#250;s.<\/p>\n<p>Algunos de los enfermos son ciegos, otras son impedidos, uno es sordo; a otro m&#225;s que est&#225; echando espumarajos por la boca lo est&#225;n sujetando sus familiares. Una angustiada madre sostiene en sus brazos a su peque&#241;o beb&#233; que tiene fiebre. Un poco m&#225;s all&#225;, otra madre est&#225; meciendo en su regazo a un ni&#241;o lisiado. Hay gente de toda clase all&#237;, atormentada por todo tipo de enfermedades conocidas por el hombre. Todos ellos tienen una cosa en com&#250;n: est&#225;n buscando a Jes&#250;s, con la esperanza de recibir sanidad o liberaci&#243;n por sus manos.<\/p>\n<p>El centro de atenci&#243;n de esa multitud es una casa situada en una de las calles secundarias de la poblaci&#243;n. Por todas partes las calles que llevan hacia esa casa se encuentran atestadas de gente. P&#225;sese por el patio de la casa y se ver&#225; que &#233;se tambi&#233;n est&#225; completamente repleto.<\/p>\n<p>Hay patetismo y ansiedad por todas partes. Tal vez lo que es m&#225;s dif&#237;cil para aquellos que est&#225;n esperando, es o&#237;r los gritos de gozo que salen peri&#243;dicamente de la casa y luego, un momento despu&#233;s, ver irse a alguien que alaba a Dios por su sanaci&#243;n.<\/p>\n<p>En esas circunstancias, tres hombres toscamente vestidos, o m&#225;s bien, cubiertos de pieles aparecen en el port&#243;n de entrada del patio. Uno de los disc&#237;pulos de Jes&#250;s los reconoce y entra a la casa corriendo. En ese mismo momento, justo cuando el disc&#237;pulo est&#225; a punto de decirle a su maestro la noticia de la llegada de esos hombres, un tullido se levanta poni&#233;ndose de pie, alza las manos hacia el cielo y exclama en voz alta alabando a Dios por su sanaci&#243;n.<\/p>\n<p>&#8211;Se&#241;or, los disc&#237;pulos de Juan est&#225;n aqu&#237;.<\/p>\n<p>Jes&#250;s levant&#243; la vista. Por un breve momento hubo ansiedad en su mirada.<\/p>\n<p>&#8211;Despidan a la gente que est&#225; all&#225; afuera &#8211;dijo&#8211;. Traigan a los disc&#237;pulos de Juan aqu&#237;. Inmediatamente.<\/p>\n<p>A continuaci&#243;n, el Se&#241;or se sent&#243; en el suelo y esper&#243; pensativamente que entraran los disc&#237;pulos de Juan.<\/p>\n<p>Sin p&#233;rdida de tiempo, los tres hombres tomaron asiento solemnemente delante de Jes&#250;s. Hubo una larga pausa. Al fin Nadab rompi&#243; el silencio.<\/p>\n<p>&#8211;Venimos de parte de Juan. &#201;l est&#225; en la c&#225;rcel. Herodes lo mand&#243; arrestar por&#8230;<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, lo s&#233; &#8211;respondi&#243; el Se&#241;or.<\/p>\n<p>&#8211;Hace unos d&#237;as se nos permiti&#243; visitar a nuestro maestro. Se encuentra encadenado en una sucia mazmorra. Se rumorea que no pasar&#225; mucho tiempo antes de que Herodes lo mande matar.<\/p>\n<p>Nadab hizo una pausa aqu&#237; esperando ver s&#237; Jes&#250;s ten&#237;a alguna respuesta a sus palabras.<\/p>\n<p>&#8211;Juan nos envi&#243; a ti, para hacerte una pregunta. Eso fue lo &#250;nico que nos pidi&#243; que hici&#233;ramos. Hemos hecho un largo viaje para hallarte, pero venimos con el solo prop&#243;sito de recibir tu respuesta a esta pregunta.<\/p>\n<p>De nuevo Nadab hizo una pausa. Y de nuevo ninguno habl&#243;. <\/p>\n<p>&#8211;Maestro, la pregunta que Juan quer&#237;a hacerte es &#233;sta &#8211;y una vez m&#225;s Nadab hizo una pausa, y su rostro se ruboriz&#243;&#8211;.  La pregunta de Juan es &#233;sta: &#8216;&#191;Eres t&#250; el Mes&#237;as, o debemos esperar a otro?&#8217;<\/p>\n<p>Entonces sigui&#243; un largo y sobrecogedor silencio. Todos los que estaban en esa habitaci&#243;n sintieron dolor en su coraz&#243;n. Se lo pod&#237;a ver en el rostro de los tres disc&#237;pulos de Juan, era evidente en el rostro de los doce, pero donde era m&#225;s evidente era en el rostro del Se&#241;or mismo.<\/p>\n<p>Jes&#250;s suspir&#243; hondamente. Por un breve momento baj&#243; la cabeza en lo que pareci&#243; un gesto de angustia. Entonces, levantando la vista de nuevo, abord&#243; el asunto.<\/p>\n<p>&#8211;Nadab, retorna nuevamente a Juan. Dile de mi parte lo siguiente:<\/p>\n<p>&#8211;En primer lugar, dile a Juan que los ciegos ven, los cojos andan y los sordos oyen.<\/p>\n<p>&#8211;Despu&#233;s dile a mi primo que el evangelio es anunciado.  Y no s&#243;lo anunciado, sino recibido con gozo. Y que hombres y mujeres est&#225;n recibiendo liberaci&#243;n.<\/p>\n<p>Aqu&#237; el Se&#241;or hizo una pausa, y respir&#243; honda y laboriosamente. Luego continu&#243; despacio y con determinaci&#243;n:<\/p>\n<p>&#8211;Por &#250;ltimo, Nadab, dile a Juan&#8230; dile a Juan&#8230; &#8211;La voz del Se&#241;or se ahog&#243; por un momento, y en sus palabras se denotaba dolor&#8211;. Dile a mi hermano Juan:<\/p>\n<p>&#8211;Y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en m&#237;.<\/p>\n<p>Entonces hubo otra pausa. Jes&#250;s se puso de pie, abraz&#243; a los tres hombres y luego se volvi&#243; hacia sus disc&#237;pulos:<\/p>\n<p>&#8211;La hora est&#225; muy avanzada. Es tiempo de irnos de aqu&#237;.  Debemos ir a la siguiente ciudad. Vayan y despidan a los que est&#225;n esperando afuera.<\/p>\n<p>Los tres disc&#237;pulos de Juan quedaron at&#243;nitos. Despu&#233;s de un largo momento de obvia confusi&#243;n, los tres se volvieron y salieron para irse. El patio que hab&#237;an atravesado entre tanta gente, ahora estaba vac&#237;o, al igual que las calles por las que hab&#237;an pasado al venir.<\/p>\n<p>El ma&#241;ana traer&#237;a para Jes&#250;s a&#250;n una poblaci&#243;n m&#225;s.  Para los disc&#237;pulos de Juan, el ma&#241;ana retendr&#237;a el enigma de este d&#237;a.<\/p>\n<p>&#191;Pero qu&#233; tendr&#237;a el ma&#241;ana para aquellos que fueron despedidos de vuelta a sus casas esa tarde? Todos ellos partieron sin haber sido sanados. &#191;Y Juan? &#191;Cu&#225;l habr&#237;a de ser su reacci&#243;n a las extra&#241;as palabras de su primo?<\/p>\n<p>\n13<\/p>\n<p>Los tres disc&#237;pulos de Juan se pusieron en cuclillas en el viscoso suelo de la oscura y sucia mazmorra que hab&#237;a pasado a ser el hogar de Juan.<\/p>\n<p>&#8211;Maestro, hemos visto a tu primo. <\/p>\n<p>&#8211;&#191;Le hicieron mi pregunta?<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, se la hicimos.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Y cu&#225;l fue su respuesta?<\/p>\n<p>&#8211;Maestro, su respuesta es muy extra&#241;a. No la entendemos.<\/p>\n<p>Juan suspir&#243;. Fue como si &#233;l supiera que &#233;sa ser&#237;a la respuesta de Nadab.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Su respuesta? &#8211;inquiri&#243; de nuevo.<\/p>\n<p>&#8211;Maestro, &#233;l nos dijo que te dij&#233;ramos que los ciegos reciben la vista, los sordos oyen y los cojos son sanados.  Entonces nos dijo que te dij&#233;ramos que el evangelio es anunciado y recibido con gozo.<\/p>\n<p>Muy detenida y lentamente Juan medit&#243; sobre esas palabras. Unos minutos despu&#233;s, frunci&#243; las cejas. El prisionero se inclin&#243; hacia adelante y pregunt&#243;:<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Eso es todo?<\/p>\n<p>&#8211;No, maestro, &#233;l nos dijo una cosa m&#225;s, y entonces despidi&#243; a la multitud y nos despidi&#243; a nosotros tambi&#233;n. Lo que nos dijo fue esto: &#8220;D&#237;ganle a Juan: &#8216;Y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en m&#237;.&#8221;&#8217;<\/p>\n<p>Hubo un largo silencio mientras tres hombres escudri&#241;aban el rostro de Juan, esperando poder siquiera vislumbrar su reacci&#243;n a esas palabras. Pero, como siempre, no hubo ninguna.<\/p>\n<p>Finalmente Juan inquiri&#243;:<\/p>\n<p>&#8211;&#191;D&#243;nde se encontraba mi primo?<\/p>\n<p>&#8211;En una poblaci&#243;n de Galilea llamada Na&#237;n &#8211;respondi&#243; Nadab&#8211;. Hab&#237;a enfermos dondequiera; calles, callejones y caminos estaban todos llenos de gente que esperaba ser sanada. El lugar se hallaba invadido por almas sufrientes.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Estaban siendo sanados?<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, maestro, muchos estaban siendo sanados.<\/p>\n<p>Al o&#237;r esas palabras, el inter&#233;s de Juan se aviv&#243;, y &#233;l mismo se enderez&#243;.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Dijiste: muchos? &#8211;pregunt&#243;.<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, maestro, muchos.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Muchos? &#8211;volvi&#243; a preguntar Juan.<\/p>\n<p>Nadab mostr&#243; perplejidad al responder:<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, maestro, as&#237; es &#8211;dijo nuevamente&#8211;. Muchos estaban siendo sanados.<\/p>\n<p>&#8211;Muchos &#8211;repiti&#243; Juan en voz baja, como para s&#237;, mismo.  Entonces se inclin&#243; hacia adelante otra vez y pregunt&#243;:<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Muchos, Nadab? &#191;Muchos, pero no todos?<\/p>\n<p>Por un breve instante Nadab qued&#243; confuso por lo que Juan le acababa de preguntar. Pero casi de inmediato sus propios ojos se iluminaron, revelando la inquietud que la observaci&#243;n de Juan le hab&#237;a producido.<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, maestro, es cierto. Eran muchos los que estaban siendo sanados, pero no todos.<\/p>\n<p>&#8211;&#8230;no&#8230; todos &#8211;repiti&#243; Juan.<\/p>\n<p>Su mirada se perdi&#243; en el espacio. &#191;Hab&#237;a hallado al fin la respuesta a las preguntas que lo hab&#237;an turbado tan hondamente con respecto a Jes&#250;s? &#191;O simplemente hab&#237;a a&#241;adido m&#225;s preguntas a su dilema?<\/p>\n<p>Pero en ese momento mismo hab&#237;a alguien m&#225;s que estaba luchando con ese mismo dilema.<\/p>\n<p>14<\/p>\n<p>D&#233;jenme solo &#8211;dijo Jes&#250;s a sus compa&#241;eros.<\/p>\n<p>Enseguida y sin decir nada m&#225;s, sali&#243; caminando hacia un lugar apartado, a fin de estar solo. Nunca antes en sus treinta y un a&#241;os de vida en la tierra, ni en toda su preexistencia en la eternidad, hab&#237;a deseado tan intensamente contestar el clamor y la pregunta de alguien que lucha por comprender los misteriosos caminos de su Dios.<\/p>\n<p>Si hab&#237;a habido jam&#225;s un momento en que el Se&#241;or hubiese de dar una clara respuesta; si hab&#237;a habido jam&#225;s alguien a quien deb&#237;a hablar con claridad, ciertamente ese momento era ahora y esa persona era Juan. Si hab&#237;a existido jam&#225;s alguien que ten&#237;a derecho a que se le diera una explicaci&#243;n, &#233;se era su pariente: su primo.<\/p>\n<p>&#8211;Juan, s&#233; que tu angustia es grande &#8211;musit&#243; como para s&#237; mismo&#8211;. Yo la siento. Esta noche necesitas tan desesperadamente comprenderme, sondear mis caminos, atisbar dentro del enigma de mi soberan&#237;a. Tu coraz&#243;n est&#225; desfalleciendo. Pero, Juan, t&#250; no eres el primero que tienes esta necesidad. T&#250; no eres sino uno en un largu&#237;simo tren del g&#233;nero humano, que se extiende a trav&#233;s de todas las centurias de la existencia del hombre, que ha clamado a m&#237; con interrogantes y dudas. T&#250; no eres m&#225;s que una voz entre tantos y tantos que se hacen preguntas y agonizan en lo que a mis caminos concierne.<\/p>\n<p>Al terminar de decir estas palabras, comenz&#243; a emerger ante los ojos del Se&#241;or la escena de un acontecimiento que hab&#237;a tenido lugar hac&#237;a mucho tiempo.<\/p>\n<p>Jes&#250;s se estremeci&#243;. Delante de &#233;l se encontraba Egipto.  El Se&#241;or del tiempo entr&#243; a las calles de la ciudad de Fara&#243;n.<\/p>\n<p>&#8211;Yo he estado aqu&#237; antes &#8211;se dijo&#8211;. He caminado por estas calles escuchando los silenciosos gritos, las murmuraciones, las quejas, las oraciones de mi propio pueblo&#8230; mantenido aqu&#237; en esclavitud.<\/p>\n<p>El Se&#241;or hizo una pausa y mir&#243; alrededor. Pod&#237;a escuchar con claridad todas las oraciones que hac&#237;a su pueblo. Las mismas parec&#237;an ascender a &#233;l en armon&#237;a con el sonido de sus cadenas.<\/p>\n<p>&#8211;Ustedes, que son descendientes de un hombre llamado Jacob, estuvieron clamando a m&#237; durante mucho tiempo, sufrieron durante mucho tiempo y lloraron durante mucho tiempo. Ustedes alzaron su rostro al cielo a lo largo de innumerables a&#241;os. Pero los cielos eran como de piedra.  Parec&#237;a que su Dios se hab&#237;a quedado sordo. Ustedes nacieron en esclavitud. Luego crecieron, clamaran por su libertad, y despu&#233;s murieron, sin que sus oraciones fueran jam&#225;s contestadas. Despu&#233;s vinieron sus hijos, para tomar el lugar de ustedes. Ellos tambi&#233;n fueron encadenados con las mismas gastadas cadenas que hab&#237;an llevado sus padres. Luego ellos tambi&#233;n clamaron pidiendo su liberaci&#243;n, pero ellos tambi&#233;n murieron con sus cadenas todav&#237;a unidas a sus manos.<\/p>\n<p>El Se&#241;or sigui&#243; caminando.<\/p>\n<p>&#8211;Luego los hijos de los hijos de ustedes crecieron, y envejecieron. Tambi&#233;n ellos vinieron a m&#237; innumerables veces con sus oraciones, clamando: &#8220;Oh, Dios nuestro, lib&#233;ranos de Fara&#243;n, lib&#233;ranos de este amo esclavizador que no conoci&#243; a Jos&#233;, nuestro padre. &#161;Oh, Dios nuestro, ll&#233;vanos de regreso a nuestra tierra!&#8221;<\/p>\n<p>&#8211;Pero yo no respond&#237;, ni siquiera una palabra. Y as&#237; sigui&#243; transcurriendo todo para ustedes y para los descendientes de ustedes&#8230; por doce generaciones.<\/p>\n<p>&#8211;Los dej&#233; en esclavitud cerca de cuatrocientos a&#241;os.  Nunca, ni una vez en todo ese tiempo, fueron contestadas sus oraciones. Ustedes clamaban a m&#237;, pero yo no respond&#237;a.  Nunca les fue dada ninguna palabra clara, ni ning&#250;n discernimiento de mis caminos, ni ninguna explicaci&#243;n de mis prop&#243;sitos, ni tampoco ninguna raz&#243;n de por qu&#233; yo no les contestaba su clamor. Ustedes ten&#237;an el coraz&#243;n quebrantado delante de m&#237;.<\/p>\n<p>&#8211;Pero mi coraz&#243;n tambi&#233;n estaba quebrantado junto con el de ustedes.<\/p>\n<p>&#8211;&#161;Al cabo de cuatrocientos a&#241;os a&#250;n hab&#237;a hombres y mujeres que segu&#237;an creyendo en m&#237;! &#161;Al cabo de cuatrocientos a&#241;os de no o&#237;r nada de mi parte, ustedes todav&#237;a cre&#237;an!<\/p>\n<p>En ese momento lleg&#243; hasta &#233;l un penetrante clamor. Era la voz de una madre:<\/p>\n<p>&#8211;Oh, Dios, si est&#225;s ah&#237; &#191;no responder&#225;s? Ma&#241;ana este hermoso ni&#241;o ser&#225; quitado de mis brazos, para siempre. Ser&#225; encadenado, esclavizado y destinado para siempre a hacer ladrillos junto al r&#237;o Nilo. Morir&#233; sin volver a ver nunca a mi hijo. Envejecer&#225; y morir&#225; en las cadenas que ma&#241;ana habr&#225;n de poner sobre sus mu&#241;ecas. &#191;Es que no oir&#225;s mi clamor?<\/p>\n<p>Los ojos del Se&#241;or se llenaron de l&#225;grimas.<\/p>\n<p>&#8211;Oh, Israel, confrontas un simple hecho.<\/p>\n<p>&#8211;Oh, mujer, t&#250;, al igual que todos los que han pasado antes de ti&#8230; t&#250;, al igual que mi primo Juan, que est&#225; pudri&#233;ndose en una mazmorra&#8230; est&#225;s confrontando una verdad desnuda:<\/p>\n<p>&#8211;Tu Dios no ha obrado de conformidad con tus expectativas.<\/p>\n<p>25<\/p>\n<p>La escena cambi&#243;. Una vez m&#225;s el lugar era Egipto, pero hab&#237;an transcurrido muchos a&#241;os. Ahora el Se&#241;or del tiempo entr&#243; en un drama en pleno desarrollo que era una escena, no de esclavitud, sino de muerte.<\/p>\n<p>Se ve&#237;a a mujeres que corr&#237;an fren&#233;ticamente por las calles, y a soldados egipcios que las persegu&#237;an. Todo ni&#241;o var&#243;n primog&#233;nito de los hebreos ser&#237;a muerto ese d&#237;a. Esto es, todos menos uno. Ese solitario superviviente crecer&#237;a para liberar a Israel de la esclavitud de Egipto. Pero aquellas madres presas de p&#225;nico no sab&#237;an eso. Vivir&#237;an el resto de su vida sin que siquiera una de ellas supiera jam&#225;s, que de all&#237; a ochenta a&#241;os Dios vengar&#237;a la muerte de sus hijos y liberar&#237;a a Israel.<\/p>\n<p>&#8211;Ellas no lo saben &#8211;suspir&#243; el Se&#241;or&#8211;. La sabr&#225;n, pero no aqu&#237; en la tierra. Todo lo que sabr&#225;n jam&#225;s en esta vida es que yo no he venido a ellas en la hora de su mayor necesidad.  Ellas hoy, al igual que todos los dem&#225;s, conocen a un Dios a quien no comprenden.<\/p>\n<p>&#8211;As&#237; ha sido en todo el pasado, y as&#237; ser&#225; a trav&#233;s de todas las edades por venir.<\/p>\n<p>La escena cambi&#243; de nuevo. El Se&#241;or del espacio y del tiempo estaba de vuelta en Galilea otra vez, solo. Y una vez m&#225;s habl&#243;:<\/p>\n<p>&#8211;Si es que yo cuid&#233; jam&#225;s de aquellos que vivieron en esclavitud en Egipto; si es que cuid&#233; jam&#225;s de Job cuando estaba sentado sobre su mont&#243;n de cenizas, o de Jerem&#237;as cuando se encontraba en la cisterna cenagosa; si es que cuid&#233; jam&#225;s de mi pueblo cuando los ej&#233;rcitos de Nabucodonosor rodearon a Jerusal&#233;n y luego se los llevaron en esclavitud; si es que alguna vez he deseado intensamente dar una respuesta y una explicaci&#243;n; s&#237; hubiese un d&#237;a sobre todos los dem&#225;s en que yo quisiera hablar, hoy ser&#237;a ese d&#237;a.<\/p>\n<p>&#8211;En este d&#237;a tengo carne y sangre. Tengo una madre humana que amaba a Elisabet y que ama al hijo de Elisabet.  Ella no desea verlo morir e, igual que todos los dem&#225;s, desea tanto poder entender. Hoy tengo hermanos, tengo hermanas.  Soy un hombre de esta tierra; por mis venas corre sangre; tengo emociones humanas y responsabilidades familiares. Juan y yo somos los hijos mayores de nuestras dos familias. Y es con ojos humanos que miro esta obra imp&#237;a de Herodes. Pero esto no es todo. Adondequiera que miro, veo a mi pueblo enredado en circunstancias que no son de su propia hechura.<\/p>\n<p>&#8211;Si ha habido jam&#225;s un momento en que yo haya deseado mucho contestar las preguntas de alg&#250;n hombre o mujer, es ahora. Y es a ti, Juan, que quiero dar una explicaci&#243;n de mis caminos.<\/p>\n<p>&#8211;Juan, vi c&#243;mo entraste caminando en aquel desierto cuando eras s&#243;lo un muchacho de doce a&#241;os.<\/p><\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Vi c&#243;mo tus d&#237;as se tornaban en semanas y tus semanas en a&#241;os, en tanto t&#250; ayunabas, en tanto t&#250; com&#237;as de los mendrugos del desierto, en tanto te vest&#237;as con los desechos del desierto. He visto c&#243;mo tu piel suave se tornaba en cuero. Te he visto envejecer desmedidamente. Tu fidelidad para conmigo no tiene paralelo.  Desde cuando Eva dio a luz a su primer hijo, no ha habido nunca nadie semejante a ti.<\/p>\n<p>&#8211;Te di una tarea mayor que la que le di a Mois&#233;s. Eres un profeta mayor que cualquiera que haya venido jam&#225;s antes.<\/p>\n<p>&#8211;Pero, sobre todo, t&#250; eres mi pariente pr&#243;ximo. T&#250; eres mi propia sangre.<\/p>\n<p>&#8211;Si es que alguna vez he querido de veras dar una respuesta a las preguntas de un hombre, explicar mis caminos soberanos, es hoy. Sin embargo he sido para ti, como para todos los dem&#225;s, un Se&#241;or no plenamente comprendido, un Dios que raras veces aclara exactamente lo que est&#225; haciendo en la vida de uno de sus hijos.<\/p>\n<p>Los &#225;ngeles rogar&#225;n<\/p>\n<p>para que seas liberado,<\/p>\n<p>la muerte llorar&#225;<\/p>\n<p>cuando venga por ti.<\/p>\n<p>Con todo, nunca te llegar&#225;<\/p>\n<p>una respuesta de m&#237;.<\/p>\n<p>16<\/p>\n<p>Cuando amaneci&#243; en la poblaci&#243;n de Na&#237;n, la multitud que se hab&#237;a reunido all&#237; la tarde anterior, recibi&#243; una insoportable desaz&#243;n. Jes&#250;s hab&#237;a partido de la poblaci&#243;n durante la noche, poco despu&#233;s de haber despedido a la multitud cuando anochec&#237;a. Se hab&#237;a ido, y nadie sab&#237;a a d&#243;nde.<\/p>\n<p>Esa ma&#241;ana una madre, que hab&#237;a venido caminando desde Damasco cargando a su hijito lisiado, comenzar&#237;a la larga jornada de regreso a su hogar, cargando a&#250;n a su amado hijito que ten&#237;a un pie torcido y que ahora no se sanar&#237;a nunca.  Durante todo el resto de su larga vida, esa madre se preguntar&#237;a siempre por qu&#233; el Se&#241;or no esper&#243; tan s&#243;lo unos momentos m&#225;s antes de despedir a la multitud, siendo as&#237; que ella era la siguiente en la cola de espera.<\/p>\n<p>&#8220;Y bienaventurado eres<\/p>\n<p>si no hallas tropiezo en m&#237;.&#8221;<\/p>\n<p>Esa misma ma&#241;ana un anciano regresar&#237;a a su hogar guiado por un amigo, donde se preguntar&#237;a siempre, hasta el d&#237;a de su muerte, c&#243;mo habr&#237;a sido haber podido recibir la vista, si tan s&#243;lo hubiese podido llegar hasta el maestro sanador nada m&#225;s unos minutos antes. Pero su destino seguir&#237;a siendo siempre una vida de tinieblas&#8230; y de hacerse preguntas.<\/p>\n<p>&#8220;Y bienaventurado es aquel<\/p>\n<p>que no halle tropiezo en m&#237;.&#8221;<\/p>\n<p>Una madre regresar&#237;a a su hogar con su joven hija quien permanecer&#237;a siempre desfigurada debido a un accidente ocurrido en su infancia. Durante todo ese d&#237;a de frustraci&#243;n, y en adelante a lo largo de las siguientes semanas y a&#241;os, esa madre mirar&#237;a el rostro de su hija, y con frecuencia la oir&#237;a preguntarle por qu&#233; ella no hab&#237;a sido sanada ese d&#237;a en Galilea.<\/p>\n<p>&#8211;Oh, Mam&#225; &#8211;dir&#237;a&#8211;, despu&#233;s de todo, tantos otros fueron sanados.<\/p>\n<p>La madre le dar&#237;a primero una respuesta y luego otra; y esas respuestas no satisfar&#237;an ni a la madre ni a la hija. Las dos se preguntar&#237;an siempre por qu&#233; el Se&#241;or las dej&#243; aquella tarde, no demostrando suficiente solicitud por ellas qued&#225;ndose tan s&#243;lo un poco m&#225;s de tiempo. Esa madre morir&#237;a y descender&#237;a a su sepulcro, y su hija crecer&#237;a y llegar&#237;a a ser mujer, portando su deformidad durante toda su vida.<\/p>\n<p>&#8220;Y bienaventurado es el que<\/p>\n<p>no halle tropiezo en m&#237;.&#8221;<\/p>\n<p>Una criaturita enferma morir&#237;a. Un ni&#241;o epil&#233;ptico continuar&#237;a teniendo ataques mientras viviese. Una jovencita afiebrada sufrir&#237;a semanas de dolor antes de recuperar su salud. Un sordo mudo pasar&#237;a todo el resto de su vida mendigando a la puerta de la ciudad. Estos y muchos otros, con historias a&#250;n m&#225;s tr&#225;gicas, partieron de la poblaci&#243;n de Na&#237;n esa ma&#241;ana&#8230; todos ellos tan abatidos, que meras palabras no pod&#237;an expresar sus sentimientos de desesperanza.  Lo peor de todo, que de parte de Dios no vino ninguna explicaci&#243;n en lo que a sus caminos concern&#237;a.<\/p>\n<p>Muchos fueron sanados. Pero no todos.<\/p>\n<p>&#8220;Y bienaventurado es aquel<\/p>\n<p>que no halle tropiezo en m&#237;.&#8221;<\/p>\n<p>17<\/p>\n<p>Proteus abri&#243; la pesada puerta de la prisi&#243;n empu&#241;&#225;ndola y sali&#243; a la luz del sol para escapar del hedor de los calabozos y, por un momento, respirar aire fresco. De inmediato sus o&#237;dos captaron la m&#250;sica procedente del palacio de Herodes. Esa tarde el rey estaba dando un gran banquete a sus amigos.  &#8220;&#161;Celebrando su propio cumplea&#241;os!    &#8211;record&#243;  Proteus  y pens&#243;&#8211;: Habr&#225; org&#237;a. Habr&#225;&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>S&#250;bitamente un fr&#237;o estremecimiento se apoder&#243; de &#233;l, aviv&#225;ndole la imaginaci&#243;n.<\/p>\n<p>&#8220;&#161;Precisamente&#8230; &#8211;sigui&#243; pensando&#8211; puede ser que Herodes haga subir a Juan el Bautista all&#225; al sal&#243;n de banquete para hacer escarnio de &#233;l!<\/p>\n<p>&#8220;&#161;Eso es exactamente lo que va a hacer!&#8221;<\/p>\n<p>Proteus dio media vuelta y r&#225;pidamente entr&#243; de regreso a la c&#225;rcel&#8230; Quer&#237;a poner sobre aviso a Juan respecto de lo que pudiera ocurrirle antes de que terminase la noche de org&#237;a.  Pero antes de que pudiese alcanzar la celda de Juan, Proteus sinti&#243; una mano fuerte sobre su hombro. De inmediato se volvi&#243;. Era uno de los guardaespaldas personales de Herodes.<\/p>\n<p>&#8211;Es Juan &#191;no es verdad? &#8211;le pregunt&#243; Proteus&#8211;. Has venido por Juan. Herodes va a hacer escarnio de &#233;l.<\/p>\n<p>&#8211;Mucho peor que eso &#8211;replic&#243; el guardaespaldas, revelando su propia aprensi&#243;n&#8211;. Mucho, much&#237;simo peor que eso. Salom&#233;, la hija de la mujer de Herodes, ha danzado para los invitados, Herodes est&#225; borracho, y en su estupor ofreci&#243; a Salom&#233; darle todo lo que ella quisiera, hasta la mitad de su reino. Ella a su vez, le pregunt&#243; a su madre qu&#233; hab&#237;a de pedir en vista de una oferta tan lucrativa. &#8211;Entonces el guardaespaldas hizo una pausa.<\/p>\n<p>&#8211;Proteus, parece que esta noche los invitados de Herodes no ser&#225;n entretenidos haciendo escarnio de Juan el Bautista.  Oh no, ser&#225; mucho m&#225;s macabro que eso. La cabeza de Juan ha de ser llevada &#161;en un plato a la sala de banquete!<\/p>\n<p>Proteus perdi&#243; el equilibrio; su vista se nubl&#243;. El guardaespaldas le agarr&#243; el brazo y lo afianz&#243;.<\/p>\n<p>&#8211;A m&#237; me ocurri&#243; lo mismo cuando escuch&#233; esto &#8211;observ&#243; el guarda.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Y ahora, qu&#233;? &#8211;pregunt&#243; Proteus.<\/p>\n<p>&#8211;Yo dir&#237;a que a Juan le quedan menos de cinco minutos de vida. Tr&#225;emelo.<\/p>\n<p>&#8211;Que   los   dioses   tengan   misericordia    de   nosotros  &#8211;susurr&#243; Proteus&#8211;. Y si hay un solo Dios, y si en verdad ese Dios es el Dios de los jud&#237;os, ser&#237;amos muy necios si crey&#233;semos que &#233;l va a tener misericordia de nosotros por lo que estamos a punto de hacer.<\/p>\n<p>18<\/p>\n<p>Juan, han venido por ti. Mucho antes de lo que hab&#237;as pensado. Dentro de unos minutos t&#250; ya no ser&#225;s. No hay tiempo para avisar a tus disc&#237;pulos. Ni a Mar&#237;a, mi madre, que se ha preocupado tanto por tu seguridad. No se te va a dar la oportunidad de decirle ni una sola palabra a nadie. Ni podr&#225;s hacerme otra vez las preguntas que me hiciste.<\/p>\n<p>&#8211;Ahora, en menos de cuatro minutos, estar&#225;s muerto. &#191;Cu&#225;ntos pensamientos se pueden amontonar en la mente en s&#243;lo cuatro minutos? &#191;Cu&#225;ntas dudas? &#191;Y cu&#225;ntas preguntas?  No muchas. Pero, Juan, lo peor de todo, no habr&#225; respuestas.<\/p>\n<p>&#8211;Y bienaventurada eres, Juan,<\/p>\n<p>si no hallas tropiezo en m&#237;.<\/p>\n<p>&#8211;Te han quitado los grilletes. Las escaleras est&#225;n delante de ti. All&#225; arriba la puerta se encuentra abierta. Puedes ver la luz del d&#237;a encima de ti.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Por qu&#233; te est&#225; sucediendo esto a ti, Juan? &#191;A ti, entre toda la gente? &#191;Tu cabeza&#8230; separada de tu cuerpo? &#191;Por qu&#233;?  Por causa de una danza obscena ejecutada por una muchacha adolescente. &#161;Qu&#233; iron&#237;a!<\/p>\n<p>&#8211;No vivir&#225;s para ver tu trig&#233;simo tercer cumplea&#241;os, ni sabr&#225;s exactamente por qu&#233; te llam&#233;. Tampoco sabr&#225;s s&#237; tu vida en esta tierra vali&#243; para algo. Durante aquellos largos a&#241;os en el agostador desierto te negaste todo la que esta tierra proporciona, menos alimentos y agua, y s&#243;lo lo suficiente para mantenerte vivo. Hiciste todo eso por m&#237;. No obstante, ahora que encaras la muerte no hay evidencia de que tu vida no haya sido m&#225;s que desperdiciada. &#191;Te he abandonado en la hora que m&#225;s me necesitas?<\/p>\n<p>&#8211;Y bienaventurado eres<\/p>\n<p>si no hallas tropieza en m&#237;.<\/p>\n<p>&#8211;Has llegado ahora a la parte alta de las escaleras. No est&#225;s seguro de hacia qu&#233; lado te har&#225;n doblar. Un guarda se&#241;ala hacia la izquierda. T&#250; lo sigues. &#191;Est&#225; esto sucediendo?  Ahora tienes menos de un minuto antes de llegar a ese inmutable blanco. Te acuerdas de esas largas vigilias que pasaste delante de mi rostro. &#191;Me entendiste mal? &#191;Estabas equivocado? &#191;Tal vez no escuchaste mi voz en absoluto?<\/p>\n<p>&#8211;Durante todos aquellos a&#241;os que viviste solo en el desierto, nunca ni una sola vez recibiste amor o consuelo de otro ser humano. &#191;No te ofrecer&#233; yo tal consuelo ahora, al fin?  Nunca tuviste el placer de que tus propios hijos se subieran a tu regazo para proporcionarte gozo terrenal. Nunca, ni una vez, entraste en contacto con una mujer; nunca tuviste esposa.  Nunca conociste un amor &#237;ntimo. Nunca tuviste siquiera un amigo. Viviste toda tu vida por tu llamado, y por m&#237;. &#191;No rasgar&#233; ahora, en este &#250;ltimo momento de tu vida, el velo para dejarte ver algo&#8230; siquiera un detalle de mi prop&#243;sito en tu vida y en tu muerte? Morir&#225;s pregunt&#225;ndote por qu&#233; yo com&#237;a y beb&#237;a como lo hac&#237;a, por qu&#233; yo no ayunaba como t&#250; ayunabas. &#191;No hab&#237;a de ser el Mes&#237;as un var&#243;n de dolores, experimentado en quebranto?<\/p>\n<p>&#8211;Hoy vas a morir a manos de romanos gentiles, paganos, incircuncisos, inmundos. Pero tu muerte a manos de ellos ocurrir&#225; tan s&#243;lo con mi soberano permiso. Y t&#250; morir&#225;s sin entender por qu&#233; yo he permitido este acto aparentemente sin sentido.<\/p>\n<p>&#8211;Y bienaventurado eres<\/p>\n<p>si no hallas tropiezo en m&#237;.<\/p>\n<p>&#8211;No ver&#225;s c&#243;mo las multitudes van a exclamar con j&#250;bilo a mi entrada a Jerusal&#233;n. Tampoco me ver&#225;s crucificado, ni oir&#225;s hablar de mi resurrecci&#243;n ni de mi triunfo sobre la muerte. Morir&#225;s sin saber que has proclamado la venida de nada menos que el Hijo de Dios.<\/p>\n<p>&#8211;La muerte est&#225; a unos segundos de distancia, y todav&#237;a no hay respuesta a tu pregunta. Morir&#225;s sin haber entendido.<\/p>\n<p>&#8211;Y bienaventurado eres, Juan,<\/p>\n<p>si no hallas tropiezo en m&#237;.<\/p>\n<p>&#8211;Han abierto el port&#243;n que da al patio. All&#237; est&#225;, el tajo sobre el cual vas a colocar tu cabeza, y all&#237; est&#225; el hombre que te va a quitar la vida. Ser&#225;s recordado como uno de los hombres m&#225;s grandes que hayan v&#237;vido jam&#225;s. Pero no has o&#237;do ni sabr&#225;s que el Hijo de Dios ha dicho de ti que &#8220;entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan&#8221;.<\/p>\n<p>&#8211;Incluso ahora que te vas a arrodillar, te preguntas si no ser&#225;s un completo fracaso. Has dado tanto, has derramado tu vida en forma tan completa, has vivido por Dios de modo tan singular.<\/p>\n<p>No obstante, a pesar de todo esto, no has podido siquiera ganarte el favor de Dios hasta el punto de que te diera una respuesta a tu pregunta. Despu&#233;s de todo, &#233;sta ha sido la &#250;nica petici&#243;n que hayas hecho nunca.<\/p>\n<p>&#8211;No te he dado ninguna respuesta. Nunca. La pregunta de porqu&#233; siempre queda sin respuesta en todos mis tratos con los hombres; &#233;ste es m&#237; modo de obrar. Pero si hubiese un ser humano en esta tierra a quien yo le aclarar&#237;a mi prop&#243;sito, &#233;se ser&#237;as t&#250;. Y el momento ser&#237;a ahora. Sobre todo otro hombre o mujer que hayan vivido jam&#225;s, te dar&#237;a una respuesta a ti.<\/p>\n<p>Juan se arrodill&#243; y puso su cabeza sobre el tajo.<\/p>\n<p>&#8211;Cuando te llam&#233;, Juan, y te dije que t&#250; anunciar&#237;as la venida del Mes&#237;as, asumiste que, debido a que t&#250; ir&#237;as a preparar el camino para m&#237;, tendr&#237;as el gozo de ver ese maravilloso d&#237;a de mi venida en gloria. Pero hoy has conocido un Dios a quien no comprendes. Tal es el misterio de mi soberan&#237;a. As&#237; son mis caminos en todas las generaciones.  Nadie me ha comprendido nunca; no plenamente. Nadie lo lograr&#225; jam&#225;s. Yo ser&#233; siempre algo distinto de lo que los hombres esperan que yo sea. Llevar&#233; a cabo mi voluntad en formas diferentes de la que los hombres prev&#233;n.<\/p>\n<p>&#8211;El guarda ha equilibrado el peso de su cuerpo. La hoja est&#225; levantada por encima de ti. La muerte est&#225; a tu lado.  Muere, mi hermano Juan, en la presencia de un Dios que no ha obrado seg&#250;n t&#250; esperabas.<\/p>\n<p>&#8211;Y bienaventurado eres<\/p>\n<p>si no hallas tropiezo en m&#237;.<\/p>\n<p>&#191;Desde&#241;aremos<br \/>\nque Dios haya revelado tan poco<br \/>\nen lo que a sus caminos concierne,<br \/>\no nos regocijaremos<br \/>\nporque ha revelado tanto?<\/p>\n<p>\n19<\/p>\n<p>Un d&#237;a como el que esperaba a Juan nos espera a todos nosotros. Esto es inevitable, porque todo creyente se imagina que su Dios es de cierta manera, y est&#225; bastante seguro de que su Se&#241;or har&#225; ciertas cosas bajo ciertas condiciones. Pero tu Se&#241;or nunca es enteramente lo que t&#250; te has imaginado que &#201;l es.<\/p>\n<p>Ahora has llegado a estar cara a cara con un Dios a quien no entiendes plenamente. Has conocido a un Dios que no ha obrado de conformidad con lo que esperabas. Todo creyente tiene que afrontar a un Dios que no ha hecho las cosas enteramente de la manera que se esperaba.<\/p>\n<p>Tendr&#225;s que conocer a tu Se&#241;or por fe, o no lo conocer&#225;s en absoluto. Fe en &#201;l, confianza puesta en &#201;l&#8230; no en sus caminos.<\/p>\n<p>Hoy est&#225;s resentido por aquellos que te hieren con tanta insensibilidad. Pero no, no realmente. La verdad es que te sientes enojado con Dios porque, b&#225;sicamente, no est&#225;s lidiando con hombres, sino que est&#225;s tratando con la soberana mano de tu Se&#241;or. Detr&#225;s de todos los acontecimientos, detr&#225;s de todas las cosas, est&#225; siempre su mano soberana.<\/p>\n<p>La pregunta no es: &#8220;&#191;Por qu&#233; Dios est&#225; haciendo esto? &#191;Por qu&#233; &#201;l es as&#237;?&#8221; La pregunta no es: &#8220;&#191;Por qu&#233; no me contesta?&#8221; La pregunta no es: &#8220;Lo necesito desesperadamente, &#191;por qu&#233; no viene a rescatarme?&#8221; Y la pregunta no es: &#8220;&#191;Por qu&#233; Dios permiti&#243; que esta tragedia me ocurriera a m&#237;, a mis hijos, a mi esposa, a mi esposo, a mi familia?&#8221; Ni tampoco es: &#8220;&#191;Por qu&#233; Dios permite las injusticias?&#8221;<\/p>\n<p>En realidad la pregunta es &#233;sta: &#8220;&#191;Seguir&#225;s a un Dios que no entiendes? &#191;Seguir&#225;s a un Dios que no obra de conformidad con lo que t&#250; esperas?&#8221;<\/p>\n<p>Tu Se&#241;or ha colocado algo en tu vida que no puedes soportar. Simplemente la carga es demasiado grande. &#161;No se supon&#237;a que &#201;l hiciese esto nunca! Pero la pregunta sigue siendo: &#8220;&#191;Continuar&#225;s siguiendo a este Dios que no ha obrado de conformidad con lo que t&#250; esperabas?&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;Y bienaventurado eres<br \/>\nsi no hallas tropiezo en m&#237;.&#8221;<\/p>\n<p>\nEp&#237;logo<\/p>\n<p>\nCapit&#225;n, la tercera celda est&#225; vac&#237;a.<\/p>\n<p>&#8211;No lo estar&#225; por mucho tiempo. Acabo de recibir noticia de que vamos a recibir un nuevo preso.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Y qu&#233; es lo que ha hecho &#233;ste?<\/p>\n<p>&#8211;No lo s&#233;. Siempre hay la posibilidad de que &#233;ste sea tan inocente como era Juan.<\/p>\n<p>La respuesta del soldado fue sencilla:<\/p>\n<p>&#8211;&#161;Aborrezco tener a tales prisioneros! Tenemos un preso en la primera celda que protesta contra la injusticia, contra los hombres y contra las circunstancias. Tenemos otro preso en la segunda celda que se muestra hostil hacia Dios, por lo que su Dios le ha hecho&#8230;<\/p>\n<p>&#8211;Ha llegado el nuevo prisionero &#8211;grit&#243; una voz desde la parte alta de las escaleras.<\/p>\n<p>&#8211;Toma la cuerda &#8211;dijo Proteus al guarda&#8211;. Baja al preso a la mazmorra cenagosa.<\/p>\n<p>&#191;Y qui&#233;n es este preso? &#191;Qui&#233;n es &#233;ste que ahora va a quedar encerrado en esa tercera celda? &#191;Qu&#233; nombre se inscribir&#225; junto a la puerta de su celda?<\/p>\n<p>Una cosa es cierta: Era inevitable que esta persona fuera enviada aqu&#237;. Inevitable, ineludible y un soberano acto de Dios.<\/p>\n<p>&#191;Y el nombre del prisionero? Ciertamente la pregunta no es necesaria. &#161;T&#250; eres el prisionero de la tercera celda!<\/p>\n<p>&#8220;Y bienaventurado eres<\/p>\n<p>si no hallas tropiezo en m&#237;.&#8221;<\/p>\n<p>\n&#8211;&#191;Primo?<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, Juan.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;Jes&#250;s?<\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, Juan. Soy yo.<\/p>\n<p>&#8211;&#161;Mi Se&#241;or y mi Dios&#8230; pero yo ten&#237;a tantas preguntas que hacerte cuando encar&#233; la muerte!<\/p>\n<p>&#8211;Yo tambi&#233;n tuve muchas cuando afront&#233; la muerte. Y justamente como yo no te contest&#233;, tampoco mi Padre me contest&#243; a m&#237;. T&#250; y yo morimos en forma bastante similar.<\/p>\n<p>&#8211;&#191;T&#250; moriste? &#191;Moriste tan ignominiosamente como yo? <\/p>\n<p>&#8211;S&#237;, Juan. Pero yo resucit&#233; de los muertos. <\/p>\n<p>&#8211;&#191;Resucitaste de los muertos? &#191;Pero c&#243;mo?<\/p>\n<p>&#8211;Ven, hermano Juan&#8230; t&#243;mame la mano. Ha llegado el momento. Ahora te llevar&#233; a ese lugar donde t&#250; conoces&#8230; como eres conocido.<\/p>\n<p>\nApreciado lector, nadie puede comprender plenamente el dolor que sientes al sufrir tu presente situaci&#243;n. Sea que la misma te haya sobrevenido a causa de las circunstancias o por obra de los hombres, una cosa es cierta: antes de que esta presente tragedia entrara en tu vida, primero pas&#243; por la soberana mano de Dios.<\/p>\n<p>&#8220;Y bienaventurado eres&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>             Gene Edwards es un ministro bautista del sur, retirado, que sirvi&#243; en calidad de pastor y evangelista antes de entrar de lleno en el ministerio de vida cristiana m&#225;s profunda, que tuvo por veinticinco a&#241;os. Ahora su pluma interpreta algunas de las mas profundas verdades de la fe cristiana en los t&#233;rminos m&#225;s sencillos.<\/p>\n<p>          El autor Edwards obtuvo su licenciatura en literatura inglesa y en historia en la Universidad Estatal del Este de Texas, y su maestr&#237;a en teolog&#237;a en el Seminario Teol&#243;gico Bautista Southwestern. Al presente &#233;l y su esposa, Helen, residen en la Nueva Inglaterra.<\/p>\n<p>            Si usted est&#225; interesado en saber m&#225;s acerca de la vida cristiana m&#225;s profunda,<\/p>\n<p>\nEscr&#237;banos a:<\/p>\n<p>Cells Christian Ministry<br \/>\n3027 N. Clybourn<\/p>\n<p>Chicago, Illinois 60618<br \/>\nEE.UU. De Am&#233;rica<\/p>\n<p><><<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: GENE EWARDS Traducido por: Esteban A. Marosi DEDICATORIA A Cindy Mi muy amada hija menor Se ha dicho que resulta imposible perdonar a alguien que te hiere deliberadamente con el solo prop&#243;sito de destruirte o de humillarte. Si es cierto, tienes una sola esperanza: mirar esa injusta herida como que viene permitido por Dios, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-prisionero-de-la-tercera-celda\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl prisionero de la tercera celda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5218","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5218","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5218"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5218\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5218"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5218"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5218"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}