{"id":5398,"date":"2016-02-08T19:09:06","date_gmt":"2016-02-09T00:09:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-guarda-a-los-suyos\/"},"modified":"2016-02-08T19:09:06","modified_gmt":"2016-02-09T00:09:06","slug":"dios-guarda-a-los-suyos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-guarda-a-los-suyos\/","title":{"rendered":"Dios guarda a los suyos"},"content":{"rendered":"<div>En muchos lugares de la Escritura se te invita a guardar la palabra que Dios ha pronunciado (Prov. 3,1; 4,4; 7,1.2; Sir 39,2; Jn 8,51.52; 14,24), la alianza que con &#201;l se ha sellado (G&#233;n 17,9; Sal 25,10), los mandatos y preceptos que ha dado a su pueblo (Dt 4,40; 7,11; 8,6; 1 Re 2,3; Sal 37,34; 119,129.136.167; Prov. 19,16; Qo 12,13; Sir 1,26; 21,11; Mt 19,17; Jn 14,21; 1 Jn 2,4.5; 3,24), las prescripciones rituales por &#201;l dispuestas (Dt 16,1; Is 56,6).<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Esta multitud de invitaciones admira tanto m&#225;s cuanto que no es Dios quien recibe lucro ni beneficio alguno de toda esa obediencia. La pregunta que hace por boca del salmista es reveladora en este sentido: &#171;&#191;Es que voy a comer carne de toros, o a beber sangre de machos cabr&#237;os?&#187; (Sal 50,13). Dios pide unos sacrificios que no le enriquecen y requiere una sujeci&#243;n que no le a&#241;ade bien alguno. De mil modos, como ves, pide y exige que su alianza sea &#8220;guardada&#8221; y sus palabras &#8220;conservadas&#8221;, &#161;cuando en realidad es &#201;l el &#250;nico que puede guardar y conservar lo que es suyo!<\/p>\n<p>No debe extra&#241;arte sino admirarte esta pedagog&#237;a divina. Te ordena algo que s&#243;lo &#201;l puede cumplir. Por eso or&#243; Salom&#243;n diciendo: &#171;Yahveh, Dios de Israel, no hay Dios como t&#250; en lo alto de los cielos ni abajo sobre la tierra, t&#250; que guardas la alianza y el amor a tus siervos que andan en tu presencia con todo su coraz&#243;n, t&#250; que has mantenido a mi padre David la promesa que le hiciste, pues por tu boca lo prometiste y por tu mano lo has cumplido este d&#237;a&#187; (1 Re 8,23-24; cf. 2 Cr&#243; 6,14-15; Neh 1,5; Dan 9,4). La bondad y la sabidur&#237;a del Se&#241;or son tan grandes, que obrando as&#237; dispon&#237;a el alma humana para acoger el Don por excelencia, es decir, el Esp&#237;ritu Santo, de modo tal que el Esp&#237;ritu de Dios llevara a plenitud a la Palabra de Dios.<\/p>\n<p>Ahora bien, esto que te digo vale no s&#243;lo para la escala &#8220;grande&#8221; de los mandamientos que sirven como de constituci&#243;n o de mapa de ruta al pueblo de Dios; vale igualmente, y quiz&#225; m&#225;s sensiblemente para cada paso del camino en la respuesta personal y &#250;nica que cada creatura debe a Dios. Dicho de otro modo: Dios en la acci&#243;n de su Esp&#237;ritu siempre va a querer de ti cosas que te superan y que s&#243;lo podr&#225;s entender rectamente, apreciar justamente y realizar plenamente con la ayuda que &#201;l mismo te d&#233;. &#201;l te ordena que obres y &#201;l hace que obres, seg&#250;n ya predic&#243; Pablo: &#171;pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece&#187; (Flp 2,13).<\/p>\n<p>Esto significa que la condici&#243;n &#8220;normal&#8221; de un cristiano es verse enfrentado a lo inexorable y llamado a lo imposible. No puede renunciar al hecho de tener que decidir, ni al hecho de que su decisi&#243;n le d&#233; un perfil propio e irrenunciable a &#233;l mismo; en esto est&#225; enfrentado a lo &#8220;inexorable&#8221;. Por otra parte, al buscar en su coraz&#243;n lo mejor de sus sue&#241;os y lo m&#225;s puro de sus prop&#243;sitos, una y otra vez encuentra que su primer obst&#225;culo est&#225; en &#233;l mismo, y siente que se le pide algo que de ning&#250;n modo alcanzar&#225;; en esto se encuentra como llamado a lo &#8220;imposible&#8221;.<\/p>\n<p>No todos descubren claramente este drama en toda su terrible dimensi&#243;n, pero s&#237; puedo decirte que casi todos lo viven intensamente. Las m&#225;s de las veces ello produce desencanto y amargura: sensaciones propias del que estuviera sentado sobre un cofre de tesoros que ya no sabe ni quiere aprender c&#243;mo abrir. T&#250; s&#237; lo sabes, y contigo mucha gente: la clave del tesoro est&#225; en comprender que el mismo Dios que quiere algo de ti, con ese mismo acto te hace capaz de realizarlo. Esto explica el sentido prof&#233;tico denso y gozoso de lo que dijo el Deuteronomio: &#171;Y, en efecto, &#191;hay alguna naci&#243;n tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo est&#225; Yahveh nuestro Dios siempre que le invocamos? Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni est&#225;n fuera de tu alcance. Sino que la palabra est&#225; bien cerca de ti, est&#225; en tu boca y en tu coraz&#243;n para que la pongas en pr&#225;ctica&#187; (Dt 4,7; 30,11.14).<\/p>\n<p>Cuando aquello fue escrito, debi&#243; de sonar como un latigazo en los o&#237;dos inculpados y los corazones convictos de los hebreos. Pero su contenido m&#225;s hondo vendr&#237;a cuando esa Palabra, hecha carne (Jn 1,14) por la obra del Esp&#237;ritu Santo (Mt 1,20), fue verdaderamente el &#8220;Emmanuel&#8221; esperado (Mt 1,23), en el que toda ley alcanza su plenitud (Mt 5,17).<\/p>\n<p>Deja que te invite a la alegr&#237;a. Dios te ama; su amor es eterno.<\/p>\n<p>Por &#193;ngel.<\/p>\n<p>Mi&#233;rcoles, 5 de enero del 2000<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En muchos lugares de la Escritura se te invita a guardar la palabra que Dios ha pronunciado (Prov. 3,1; 4,4; 7,1.2; Sir 39,2; Jn 8,51.52; 14,24), la alianza que con &#201;l se ha sellado (G&#233;n 17,9; Sal 25,10), los mandatos y preceptos que ha dado a su pueblo (Dt 4,40; 7,11; 8,6; 1 Re 2,3; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-guarda-a-los-suyos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDios guarda a los suyos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5398","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5398","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5398"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5398\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5398"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5398"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5398"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}