{"id":5403,"date":"2016-02-08T19:09:10","date_gmt":"2016-02-09T00:09:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-pecado-acobarda\/"},"modified":"2016-02-08T19:09:10","modified_gmt":"2016-02-09T00:09:10","slug":"el-pecado-acobarda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-pecado-acobarda\/","title":{"rendered":"El pecado acobarda"},"content":{"rendered":"<div>El pecado es cobarde y acobarda. Hay siete razones para ello.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">La primera es porque el pecado tiene su cimiento en la mentira, que es como la arena. El pecado supone una traici&#243;n al propio ser, traici&#243;n que sin embargo no cambia el ser sino s&#243;lo lo que de &#233;l se dice, y por eso es constitutivamente una mentira. Para sostenerse en una mentira es preciso decir otra mentira, y as&#237; en una sucesi&#243;n desesperada y cada vez m&#225;s absurda, que engendra un profundo vac&#237;o en el coraz&#243;n. Esa &#8220;nada&#8221; viviendo en el alma hace cobarde al alma.<\/p>\n<p>La segunda es porque el pecado destruye toda posible alianza. Es lo que sucede cuando una banda de maleantes asalta un banco. Mientras est&#225;n en el asalto cada uno necesita de la colaboraci&#243;n de los otros porque solo no hubiera podido aventurarse a semejante empresa. Pero una vez conseguido el objetivo, los aliados se convierten en enemigos, porque cuanto mayor sea su n&#250;mero menor ser&#225; lo que reciba la codicia de cada uno.<\/p>\n<p>Lo mismo podr&#237;as decir de los dem&#225;s pecados, porque todos suponen la desp&#243;tica posesi&#243;n de cosas creadas, y por consiguiente no pueden interesarse en el bien de los dem&#225;s, sino que tienen que concentrarse en el suyo propio. El efecto es el mismo que el del asalto: el pr&#243;jimo es necesario y a la vez es estorboso. En esta diab&#243;lica perspectiva hay que utilizarlo pero no amarlo. Con un esquema as&#237;, nadie es tan tonto como para creer que mientras se esfuerza en usar a los dem&#225;s de ellos puede esperar amor, comprensi&#243;n o siquiera justicia. El resultado es que cada uno est&#225; solo y por lo tanto teme que, como de hecho sucede en m&#225;s de una ocasi&#243;n, los dem&#225;s hagan complot contra &#233;l.<\/p>\n<p>La tercera es porque el pecado supone una fractura dentro del propio pensamiento. El pecador tiene como primer mandamiento traicionarse, aun antes de traicionar a los dem&#225;s. En efecto, en cuanto hambriento de placeres, honores o victorias, el pecador necesita querer eficazmente un bien; pero en cuanto disc&#237;pulo de las tinieblas tiene que rechazar el bien mayor, que es Dios y sus promesas. As&#237; se priva a s&#237; mismo de su bien propio y se enga&#241;a a s&#237; mismo por lo que vale menos. Cada pecador es como ese reino en guerra civil del que habl&#243; Nuestro Se&#241;or Jesucristo (Mt 12,25), y en lo profundo de su coraz&#243;n sabe que su peor enemigo es &#233;l mismo, y por lo tanto, el primero en quitarse sus propias fuerzas. Esto acobarda.<\/p>\n<p>La cuarta es que el pecado va aproximando a regiones oscuras donde la propia inteligencia ve cada vez menos. Al principio, no por el pecado sino por el bien que a&#250;n queda en el alma, no parece sino que las decisiones son l&#243;gicas y necesarias, como cuando el ladr&#243;n hurta por primera vez. Pero el tiempo pasa y pronto hay que a&#241;adir a los robos mentiras, a las mentiras traiciones, y a las traiciones violencia verbal y luego f&#237;sica. Cuando el que empez&#243; como un pelafust&#225;n ladronzuelo se ve a s&#237; mismo tomando decisiones sobre a qui&#233;n hay que matar se va sintiendo cada vez m&#225;s extra&#241;o a s&#237; mismo, y cada vez menos seguro de que cada nuevo paso hacia las tinieblas sea el que hay que dar. Esto lo hace inseguro y lo llena de temor.<\/p>\n<p>La quinta es la proximidad con Satan&#225;s. La tiniebla no es s&#243;lo la privaci&#243;n del bien, que ya es nociva para el alma: es la cercan&#237;a a seres malos y poderosos, que pronto hacen sentir su autoridad a base de amenazas y terror. Todo criminal sabe que puede ser burlado por otro criminal m&#225;s astuto, y como en eso de astucias y arter&#237;as no se ha escrito la &#250;ltima palabra, necesariamente tiene que temer que un d&#237;a sus habilidades le fallen, la enfermedad o los a&#241;os lo hayan debilitado o las circunstancias no sean propicias. Esa sensaci&#243;n, cuando ya se presiente el tufo del infierno paraliza de miedo al coraz&#243;n.<\/p>\n<p>La sexta es por el n&#250;mero creciente de enemigos. Cuando el pecado ya no es un accidente sino una forma de vida, es inevitable engendrar m&#225;s y m&#225;s enemigos. El pecador sabe que est&#225; rode&#225;ndose de adversarios que cada vez est&#225;n menos dispuestos a tolerarle o a ser sus c&#243;mplices. Esta fue una de las causas de la locura de algunos Emperadores de la antig&#252;edad. Por eso ten&#237;an que temer que el mundo un d&#237;a se cansar&#237;a de ellos y con hast&#237;o habr&#237;a de expulsarlos en medio de ignominias sin cuento.<\/p>\n<p>La s&#233;ptima raz&#243;n es la desesperaci&#243;n creciente ante la certeza de la derrota final. Dios no cambia; permanece Se&#241;or y Rey mientras las fuerzas del pecador se agrietan y su alma se agita y agota. Desde la tierra donde pretendi&#243; mandar, mordiendo el polvo que ahora le humilla, el pecador ve c&#243;mo Dios sigue amaneciendo en las vidas de los justos, y sabe y no puede negar que ese Reino no se ha preparado para &#233;l. Lleno de miedo ante Dios, puede llegar incluso a rechazar al &#250;nico que podr&#237;a hacerle bien, es decir, el mismo Dios, que es tardo a la ira y rico en misericordia (&#201;x 34,6; N&#250;m 14,18; Neh 9,17; Sal 7,12; 86,15; 103,8; 145,8; Jl 2,13; Jon 4,2; Nah 1,3).<\/p>\n<p>Mira, pues, que el pecado acobarda. C&#243;lmate de la gracia divina, que es tu heredad. Deja que te invite a la alegr&#237;a. Dios te ama; su amor es eterno.<\/p>\n<p>Por &#193;ngel<\/p>\n<p>Jueves, 23 de diciembre de 1999<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pecado es cobarde y acobarda. Hay siete razones para ello. La primera es porque el pecado tiene su cimiento en la mentira, que es como la arena. 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