{"id":5428,"date":"2016-02-08T19:09:22","date_gmt":"2016-02-09T00:09:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/enamorado-de-dios\/"},"modified":"2016-02-08T19:09:22","modified_gmt":"2016-02-09T00:09:22","slug":"enamorado-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/enamorado-de-dios\/","title":{"rendered":"Enamorado de Dios"},"content":{"rendered":"<div>Enamorado de Dios, cuanto le conced&#237;a el Esp&#237;ritu Santo, dijo un salmista: &#171;En presencia de los &#193;ngeles salmodio para ti&#187; (Sal 138,1; cf. 59,18; 66,4; 71,22.23; 101,1; 144,9). &#161;Dulce experiencia del coraz&#243;n humano, que cuando canta para Dios se siente hermano de los &#193;ngeles y descubre, tras los velos de la fe, su sitio en la Asamblea Celeste!<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">&#161;Qu&#233; fuerza la que entra&#241;a esa sola palabra: enamorado! As&#237; lees, por ejemplo: &#171;Cuando Tob&#237;as oy&#243; las razones de Rafael y que era pariente suya, del linaje de la casa de su padre, se enamor&#243; de tal modo que se le apeg&#243; el coraz&#243;n a ella&#187; (Tob 6,19). Ese amor que enamora verdaderamente arrastra, ya sea para el mal, como le pas&#243; a los israelitas a quienes denuncia Ezequiel (Ez 23,7-10), ya sea para el bien, como cuando Jacob se enamor&#243; de Raquel (G&#233;n 29,18), la que le dio como hijo a Jos&#233;, que habr&#237;a de librar a la estirpe de Abraham de morir de hambre.<\/p>\n<p>El hombre enamorado es fuerte, valiente, arrojado, audaz, valiente, rebosante de vida y abierto con gozo al futuro; la mujer enamorada es dulce, bell&#237;sima, llena de paz y armon&#237;a, alegre, perseverante, grata y gr&#225;cil. Puedes bien decir que el amor saca lo mejor de cada uno de ellos, y por eso el d&#237;a de la boda, cuando la pareja en verdad se ama, es el d&#237;a para contemplar en todo su esplendor a la raza humana: no hay hombre tan gallardo como el novio, ni mujer tan hermosa como la novia. Lo que no sab&#237;as del hombre y lo que no so&#241;abas de la mujer est&#225; ah&#237; ante tus ojos el d&#237;a en que unen sus vidas y con gozo hacen p&#250;blico su mutuo amor.<\/p>\n<p>El verdadero enamorado tiene m&#225;s ojos para el gozo de su amada que para s&#237; mismo; le duelen m&#225;s los inconvenientes que ella tenga que los suyos propios, y siente que su vida es precio justo por defenderla, pues le resulta intolerable que ella meng&#252;e o sufra de cualquier modo. La verdadera enamorada conoce el coraz&#243;n de su amado y siente que un torrente de delicioso fuego le abrasa el alma con intens&#237;simos deseos de hacerlo feliz. Olvidada de s&#237; misma, detesta pronunciar &#8220;yo&#8221; cuando puede decir &#8220;nosotros&#8221;, y de modo espont&#225;neo, suav&#237;simo y tierno quisiera fundirse en aquel a quien pertenece.<\/p>\n<p>Cuando este verdadero enamorado se une a su verdadera enamorada el tiempo deja de existir, el universo se colapsa al ritmo de cada beso y suave caricia, las palabras naufragan en un mar de cari&#241;os y halagos que t&#250; conoces bien, porque has le&#237;do el Cantar de los Cantares.<\/p>\n<p>En aquellos momentos, que ellos no quisieran que terminaran jam&#225;s, se ven y sienten sumergidos en las piscinas del amor mismo y en las fuentes de la vida. &#161;Cu&#225;nto am&#243; Dios a los hombres, pues quiso que en el &#233;xtasis de su entrega mutua tuvieran la huella elocuente del gozo mismo del acto creador!<\/p>\n<p>Estas realidades est&#225;n ya expuestas -con delicadeza pero tambi&#233;n con claridad- en la Sagrada Escritura. As&#237; descritas, estoy seguro de que pueden conmover tu coraz&#243;n y el de muchos de tus hermanos los hombres. No es para menos, pues pertenece al plan de Dios la grandeza de ese amor, que de alg&#250;n modo todos conoc&#233;is pues ha sido la fuente de vuestra propia existencia. No es entonces cosa de maravillarse que estos amor&#237;os los busquen con ardor los hijos de Ad&#225;n.<\/p>\n<p>S&#237; es, en cambio, cosa extraordinaria que alguien pueda enamorarse de Dios. S&#237; es maravilla de las maravillas que el coraz&#243;n humano, como levant&#225;ndose sobre s&#237; mismo, pueda aspirar el aroma de un amor creador que trasciende a la figura de la pareja, del cari&#241;o y del placer corp&#243;reo.<\/p>\n<p>Si ya es bello contemplar c&#243;mo se aman las parejas que se aman, piensa qu&#233; ser&#225; contemplar c&#243;mo surge en la tierra del alma una plantita que es como Jes&#250;s, pues no tiene semilla humana. En efecto, as&#237; como el Salvador naci&#243; sin concurso de var&#243;n, as&#237; este amor que enamora de Dios no tiene m&#225;s ra&#237;z que los Cielos. &#191;Un hombre enamorado de Dios? Dime, &#191;qu&#233; es un hombre as&#237;, sino una imagen del Cielo a vista de la tierra?<\/p>\n<p>Semejante amor, sin anular la obra divina, y por tanto, sin anular su condici&#243;n de var&#243;n, le lleva m&#225;s all&#225; de su masculinidad; y si tal amor llega a una mujer, lo mismo: sin anular su femineidad la lleva m&#225;s all&#225; de su ser mujer. Estos hombres y mujeres, que son m&#225;s que hombres y mujeres, hacen un inmenso bien a la tierra, porque le hacen llover roc&#237;o del cielo.<\/p>\n<p>  Deja que te invite a la alegr&#237;a. Dios te ama; su amor es eterno.<\/p>\n<p>Por &#193;ngel<\/p>\n<p>Lunes, 13 de diciembre de 1999<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enamorado de Dios, cuanto le conced&#237;a el Esp&#237;ritu Santo, dijo un salmista: &#171;En presencia de los &#193;ngeles salmodio para ti&#187; (Sal 138,1; cf. 59,18; 66,4; 71,22.23; 101,1; 144,9). &#161;Dulce experiencia del coraz&#243;n humano, que cuando canta para Dios se siente hermano de los &#193;ngeles y descubre, tras los velos de la fe, su sitio en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/enamorado-de-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEnamorado de Dios\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5428","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5428","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5428"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5428\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5428"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5428"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5428"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}