{"id":5534,"date":"2016-02-08T19:10:22","date_gmt":"2016-02-09T00:10:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-apocalipsis\/"},"modified":"2016-02-08T19:10:22","modified_gmt":"2016-02-09T00:10:22","slug":"el-apocalipsis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-apocalipsis\/","title":{"rendered":"El Apocalipsis"},"content":{"rendered":"<div>Este estudio est&#225; sacado del libro \u00abEl judeo-cristianismo palestino en el siglo I\u00bb de C&#233;sar Vidal Manzanares, publicado por la editorial Trotta.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Descripci&#243;n del libro seg&#250;n la contraportada:<\/p>\n<p>Esa obra analiza, situ&#225;ndolo dentro del contexto social, pol&#237;tico e ideol&#243;gico, el esquema doctrinal del m&#225;s primitivo cristianismo (cristolog&#237;a, pneumatolog&#237;a, angeleolog&#237;a, escatolog&#237;a&#8230;), su historia, instituciones y composici&#243;n social, y pone de manifiesto el proceso mediante el cual un movimiento \u00abmedularmente jud&#237;o\u00bb abandona paulatinamente la ortodoxia jud&#237;a y se abre a los gentiles. Para ello el autor ha manejado, por primera vez de forma completa, todas las fuentes escritas sobre el cristianismo primitivo (cl&#225;sicas, jud&#237;as, neotestamentarias, ap&#243;crifas y patr&#237;sticas) a partir de sus idiomas originales, as&#237; como las fuentes arqueol&#243;gicas e institucionales.<\/p>\n<p>Mi opini&#243;n sobre el libro:<\/p>\n<p>Sencillamente una obra maestra. No en vano el libro es el resumen de la obra le&#237;da y defendida como tesis para la obtenci&#243;n del grado de Doctor en historia en la Facultad de Geograf&#237;a y Historia de la UNED. Obtuvo por unanimidad la calificaci&#243;n cum laude por parte del tribunal de la tesis y adem&#225;s acab&#243; por recibir el Premio Extraordinario de Fin de Carrera de la mencionada Facultad. Se podr&#225; estar de acuerdo o no con sus conclusiones (yo disiento de algunas en este cap&#237;tulo sobre el Apocalipsis), pero no se puede negar que la profusi&#243;n de fuentes usadas por C&#233;sar y la elaboraci&#243;n de sus argumentos est&#225;n realizado con maestr&#237;a.<\/p>\n<p>Dios os bendiga.<\/p>\n<p>Luis Fernando<\/p>\n<p>El Apocalipsis<\/p>\n<p>El libro del Apocalipsis tiene unas caracter&#237;sticas &#250;nicas dentro del conjunto del Nuevo Testamento. Su relaci&#243;n con el tema de nuestro estudio es relativamente indirecta, puesto que se referir&#237;a fundamentalmente a las tensiones que experimentaron ciertos sectores judeo-cristianos al entrar en contacto con el mundo gentil de Asia Menor.<\/p>\n<p>La fecha de su redacci&#243;n es objeto de controversia hoy en d&#237;a, pues si bien existe un n&#250;mero considerable de autores que la sit&#250;a a finales del siglo I, relacion&#225;ndola con una supuesta persecuci&#243;n de Domiciano contra los cristianos, no es menos cierto que existe una tendencia creciente a datarla a finales de los sesenta, conect&#225;ndola con la persecuci&#243;n de Ner&#243;n. La primera tesis se ha sustentado fundamentalmente en el hecho de que Ireneo, escribiendo hacia el 180 d.C. en relaci&#243;n con la Bestia de Ap 13,18, la identific&#243; con Domiciano (Adv. Haer. V,30,3). El pasaje es mencionado por Eusebio en dos ocasiones (HE III, 18,2 s. y V,8,6), si bien no parece desprenderse ineludiblemente que &#233;ste situara la redacci&#243;n del Apocalipsis en la &#233;poca de Domiciano, aunque fija durante ese reinado el destierro de Juan a Patmos, identificando a &#233;ste con el ap&#243;stol, al igual que Victorino (In Apoc. X,11). Todo esto implicar&#237;a que Juan, el autor del Apocalipsis, y Juan, el del Cuarto Evangelio, son la misma persona; que ambos coinciden con el ap&#243;stol Juan; y que el Apocalipsis fue \u00abvisto\u00bb durante el reinado de Domiciano. Ya hemos examinado la discusi&#243;n actual en relaci&#243;n con las dos primeras suposiciones. En cuanto a la tercera, tendremos ocasi&#243;n de ver que no resulta tan obvia.Clemente de Alejandr&#237;a (Quis div. salv.? XLII, 1-15) ciertamente nos habla de que Juan, el autor del Apocalipsis, fue liberado de Patmos a la muerte del \u00abtirano\u00bb, pero en ning&#250;n momento se identifica a qu&#233; personaje se refiere con ese calificativo. Algo similar sucede con Or&#237;genes (In Matth. XX,22), que nos habla de la condena de Juan a Patmos pero que no la sit&#250;a bajo ning&#250;n monarca concreto. Por el contrario, Tertuliano -al igual que Hip&#243;lito (De Chr. et Antichr. XXXVI)- se&#241;ala que Juan estaba en Roma cuando fue desterrado y de ello parece desprenderse que el hecho tuvo lugar bajo el principado de Ner&#243;n (Paersec. XXXVI,3). Al menos, as&#237; lo interpret&#243; Jer&#243;nimo (De vir. ill. IX).Epifanio (Adv. haer. XLI,12 y 33) sit&#250;a el destierro de Juan en el reinado de Claudio C&#233;sar, si bien -cabe al menos la posibilidad- seguramente confundi&#243; a Ner&#243;n con Claudio como consecuencia de que el primero tambi&#233;n ten&#237;a ese nombre.<\/p>\n<p>En cuanto a la versi&#243;n sir&#237;aca del Apocalipsis y a la Historia de Juan, el hijo de Zebedeo en sir&#237;aco, se&#241;alan que fue Ner&#243;n el que orden&#243; el destierro de Juan.<\/p>\n<p>Aparentemente, pues, las noticias patr&#237;sticas acerca del periodo de dataci&#243;n de la obra est&#225;n divididas en cuanto a relacionarlo con el de Ner&#243;n o el de Domiciano.<\/p>\n<p>Hay que se&#241;alar, en primer lugar y pese a los parecidos evidentes que este escrito presenta en su transfondo hist&#243;rico y teol&#243;gico con 1 Pe (supuestamente datable antes de la persecuci&#243;n neroniana), que en el Apocalipsis nos hallamos ante una situaci&#243;n posterior. Babilonia (quiz&#225;s Roma) ya est&#225; borracha con la sangre de los santos (Ap 16,6) y, l&#243;gicamente, la actitud hacia el Imperio es negativa, puesto que se ha producido la persecuci&#243; neroniana del 65 d.C. En repetidas ocasiones se hace referencia a la necesidad de un juicio divino contra<\/p>\n<p>la \u00abBestia\u00bb (Ap 6,9 s.; 16,6; 17,6; 18,20.24; 19,2; 20,4) y en ello se trasluce la sensaci&#243;n de que el autor hab&#237;a vivido una situaci&#243;n de persecuci&#243;n en la que el poder imperial hab&#237;a derramado la sangre de sus correligionarios sin ning&#250;n tipo de contemplaciones. Este cuadro bien puede encajar con la persecuci&#243;n neroniana y con la tradici&#243;n de la muerte de algunos ap&#243;stoles como Pedro y Pablo, mientras que no se corresponde con lo que sabemos de Domiciano.De hecho, el an&#225;lisis de las fuentes antiguas resulta descorazonador a la hora de encontrar evidencias de una persecuci&#243;n imperial contra los cristianos durante el reinado de Domiciano. Suetonio, que residi&#243; en Roma durante la mayor parte de este reinado, no menciona nada al respecto, y Plinio, que a la circustancia anterior une la de haber formado parte del senado, se&#241;alar&#237;a despu&#233;s su ignorancia acerca de los cristianos y de c&#243;mo tratarlos de acuerdo con el derecho del Imperio (Ep. X,96). Tertuliano -en un testimonio reflejado por Eusebio (HE IV,20,7)- parece admitir que se tomaron algunas medidas aisladas contra algunos cristianos, pero las mismas se limitaron al destierro y concluyeron en breve tiempo con el perd&#243;n de los condenados (Apol. V). Eusebio (HE III,17-20) hace referencia a una persecuci&#243;n contra los cristianos en la &#233;poca de Domiciano pero es incapaz de mencionar el nombre de un solo de los m&#225;rtires e incluso la referencia a Domitila y Flavio Clemente est&#225; plagada de errores (se&#241;ala que este &#250;ltimo fue desterrado en lugar de ejecutado como dice Suetonio [Domiciano XVI] y afirma que Domitila era sobrina de Flavio Clemente, cuando de hecho era la esposa de Clemente y sobrina de Domiciano). Por otro lado, parece que el caso de Domitila estuvo posiblemente m&#225;s relacionado con razones pol&#237;ticas que religiosas y adem&#225;s Eusebio part&#237;a de Melit&#243;n de Sardes, que, muy posiblemente, invent&#243; la existencia de una persecuci&#243;n bajo Domiciano con la finalidad de mostrar que s&#243;lo los \u00abmalos emperadores\u00bb hab&#237;an perseguido a los cristianos. A&#241;adamos a lo anterior que la calificaci&#243;n de Domiciano como el emperador bajo el cual tuvo lugar \u00abla m&#225;s cruel persecuci&#243;n en todo el mundo\u00bb no se produjo hasta el siglo V con Osorio (Hist. adv. pag. VII, 10,1). Este conjunto de aspectos, que hemos rese&#241;ado someramente, hace que, a nuestro juicio, resulte muy dif&#237;cil de aceptar la idea de situar una persecuci&#243;n -y, m&#225;s, generalizada- contra los cristianos en la &#233;poca de Domiciano. Por lo tanto, dif&#237;cilmente podr&#237;a situarse en su reinado el ambiente del que surgi&#243; el Apocalipsis.Por el contrario, el contexto que deja traslucir el libro s&#237; parece que encajar&#237;a en el clima de la persecuci&#243;n neroniana. Para empezar, la persecuci&#243;n se limita a la ciudad de Roma (Ap 13,14-17) y no se extiende a las provincias (Ap 1-2), circustancias ambas que armonizan con lo que sabemos de este evento.<\/p>\n<p>El mismo libro (13,8) indica adem&#225;s cu&#225;l es el nombre de la Bestia mediante un ingenioso recurso a la gematr&#237;a. El mismo aparece como 666, es decir, la suma de las letras en hebreo (o arameo) para Ner&#243;n C&#233;sar. Tal identificaci&#243;n ha sido confirmada por los hallazgos de Qumram y tiene paralelos en Suetonio (Ner&#243;n XXXIX) -quien nos dice que se practicaba un curioso juego gem&#225;trico con Ner&#243;n cuyo nombre en griego sumaba 1005, es decir, lo mismo que \u00abmat&#243; a su madre\u00bb, una referencia al crimen del emperador- y en Filostrato (Vi. Apol. IV,38) donde a Ner&#243;n se le denomina la \u00abbestia\u00bb. {Nota del autor: La lectura alternativa 616- que ya mencion&#243; Ireneo en Adv. haer. V,28,2- encaja con la forma latina Nero Caesar y con la griega Kyrios Kaisar.}<\/p>\n<p>Por otro lado, la descripci&#243;n de la Bestia encaja con la figura de Ner&#243;n en otros aspectos. En primer lugar, est&#225; la referencia a la herida de espada de la Bestia posiblemente relacionada con el suicidio del emperador. Tenemos adem&#225;s las noticias relativas a la estatua o imagen de la misma (Ap 13,4.12-15; 14,9-11;15,2; 16,2; 1920; 20,4) que, f&#225;cilmente, podr&#237;a identificarse con el episodio acerca de Ner&#243;n descrito por T&#225;cito en Ann. XIII, 8 (Una confimaci&#243;n de las pretensiones de culto por parte de Ner&#243;n, en Di&#243;n Casio, Hist. LXII, V,II.).<\/p>\n<p>Ap 17,9-11 contribuye a confirmar este punto de vista. Seg&#250;n este pasaje, Roma ha tenido ya cinco reyes, otro est&#225; reinando, y otro tiene que venir por un periodo muy breve. Una vez m&#225;s, los datos encajan con el per&#237;odo al que hacemos referencia. Los reyes ya pasados ser&#237;an: 1) Augusto, 2) Tiberio, 3) Cal&#237;gula, 4) Claudio y 5) Ner&#243;n. Galba corresponder&#237;a al sexto (rein&#243; de junio del 68 a enero del 69) y Ot&#243;n al s&#233;ptimo, que hab&#237;a de durar poco (de hecho, de enero a abril del 69).En relaci&#243;n con el contexto jud&#237;o de la obra, resulta asimismo evidente que no se ha producido una ruptura absoluta entre cristianismo y juda&#237;smo (aunque ya se producen indicios de la misma, v.g.: Ap 2,9 y 3,9) y que la esperanza de la Parus&#237;a es patente (Ap 2,25). Sin duda, ha comenzado la guerra jud&#237;a, pero el templo no ha ca&#237;do a&#250;n del todo en manos de los romanos (Ap 11,1 ss.) ni tampoco la ciudad en la que se crucific&#243; a Jes&#250;s, el Se&#241;or (11,8 y 18,10). Los miembros del puelo de Dios (&#161;al que se identifica con Israel y no con una nueva entidad espiritual!) han experimentado persecuci&#243;n persecuci&#243;n en Jerusal&#233;n (Ap 11,7 s.) y han huido de la ciudad en un intento de ponerse a salvo (Ap 12,1 s. Algo que recuerda las advertencias de Jes&#250;s en los denominados apocalipsis sin&#243;pticos y que excluye, siquiera indirectamente, que los judeo-cristianos se identificaran con los zelotes que la defend&#237;an). Con todo, desde el punto de vista del autor, la suerte del Templo ya est&#225; echada.<\/p>\n<p>Hab&#237;a sido medido -un s&#237;mbolo veterotestamentario para indicar lo irreversible del juicio divino (2 Re 21,13; Is 34,11; Lam 2,8; Am 7,7-9 y especialmente Ez 40-45, v.g.: 44,23 y 43,7-10)- y ser&#237;a arrasado.<\/p>\n<p>Este conjunto de evidencias, principalmente el hecho de que las fuentes m&#225;s primitivas no identificaran al emperador que desterr&#243; a Juan con Domiciano o incluso lo hiciera con Ner&#243;n, llev&#243; a diversos autores a situar la redacci&#243;n del Apocalipsis entre la muerte de Ner&#243;n en el 68 y la ca&#237;da de Jerusal&#233;n en el 70.<\/p>\n<p>&#201;sa fue la postura de T. Zahn (1909), A.S Peake (1919), E. B.Allo (1933), J.B.Loghtfoot (1867-1872,1889), B.F.Westcott (1882), e incluso Fr. Engels. Tal punto de vista se vio sometido a un cambio de posici&#243;n radical en nuestro siglo por parte de algunos te&#243;logos, aunque no sucedi&#243; lo mismo en el terreno de la ciencia hist&#243;rica. Recientemente, aunque con ciertas matizaciones, Rowland sit&#250;a el Apocalipsis en la &#233;poca de Ner&#243;n. Aunque no se puede adoptar una respuesta dogm&#225;tica sobre esta cuesti&#243;n, creemos que efectivamente el punto de vista expresado por estos autores es el m&#225;s razonable. Los datos anteriores obligar&#237;an a fijar la fecha de redacci&#243;n de la obra a finales del a&#241;o 68.<\/p>\n<p>Desde esa perspectiva, ser&#237;a incluso posible identificar las diversas cabezas de la \u00abbestia\u00bb. Galba -como indicar&#237;a 17,10- estar&#237;a en el trono, Ner&#243;n habr&#237;a muerto a espada hac&#237;a poco, y podr&#237;a creerse no s&#243;lo que Babilonia (Roma) se ver&#237;a entregada a la anarqu&#237;a interna sino de adem&#225;s la misma Jerusal&#233;n -donde hab&#237;an sido asesinados Jes&#250;s y algunos de sus seguidores- acabar&#237;a pereciendo frente a las hordas, siendo su templo arrasado. Con ello, se cumplir&#237;a as&#237; el juicio de Dios contra los perseguidores jud&#237;os de los disc&#237;pulos de Jes&#250;s. {nota del autor: Existe otra alternativa a la fecha mencionada que desplazar&#237;a unos a&#241;os la misma. Consistir&#237;a &#233;sta en pensar que el saqueo de Roma encaja mejor con la descripci&#243;n de Babilonia ca&#237;da que el incendio del 64 y que la cercan&#237;a de las legiones romanas al &#225;rea del templo es la acaecida en los primeros meses del 70 y no durante el 68}Henderson sostuvo ya en su d&#237;a una interpretaci&#243;n muy parecida, pero, adem&#225;s, procedi&#243; a incluir otros aspectos identificativos que no resultan tan evidentes.<\/p>\n<p>As&#237;, 9, 14-16 y 16,12 ser&#237;an, presumiblemente, referencias a la creencia de que Ner&#243;n ser&#237;a apoyado en su regreso a Roma por el rey de los partos; 11,2 y 20,9 reflejar&#237;an la situaci&#243;n de la guerra contra Roma en Judea, un conflicto a&#250;n inconcluso mientras se escrib&#237;a el Apocalipsis; 17,16 s. vendr&#237;a relacionado con la crisis del Imperio a finales del 68 d.C.; y 18,17 ss. ser&#237;a una descripci&#243;n del incendio de Roma que hab&#237;a tenido lugar cuatro a&#241;os antes {Nota del autor:<\/p>\n<p>Se ha insistido en este mismo aspecto indicando que 18,17b-19 contiene incluso recuerdos de un testigo ocular. J. Stevenson se&#241;al&#243; en su d&#237;a a J.T. Robinson que la descripci&#243;n ten&#237;a elementos de la visi&#243;n del incendio de Roma contemplado desde Ostia.}. De nuevo, estos argumentos abogar&#237;an por una dataci&#243;n en los sesenta para el libro.<\/p>\n<p>La conciliaci&#243;n de esto con las fuentes que relacionan el encarcelamiento de Juan con el gobierno de Domiciano resulta, por otra parte, sencilla. A mitad del a&#241;o 70 d.C. Vespasiano se hallaba en Alejandr&#237;a, mientras su hijo mayor, Tito, sitiaba Jerusal&#233;n. Su hijo menor, Domiciano, fue nombrado C&#233;sar y utiliz&#243; la residencia imperial (T&#225;cito, Hist. IV,2 y Suetonio, Domiciano I); se le invisti&#243; del imperium consulare y se escrib&#243; su nombre en el encabezamiento de edictos y despachos (T&#225;cito, Hist. IV, 3 y Di&#243;n Casio, Hist. LXV,2,1 ss) En ese periodo -tal y como indica Tertuliano- un profeta judeo-cristiano llamado Juan habr&#237;a sido condenado por Domiciano al destierro en Patmos. En junio, Domiciano abandon&#243; Roma y en el 71 Vespasiano tom&#243; como colega a Nerva y, quiz&#225;, en este periodo de tiempo Juan fue liberado. De ser cierta esta hip&#243;tesis, Juan habr&#237;a sido condenado por Domiciano y liberado por Nerva (como afirma la tradici&#243;n), pero en el 70-71 y no durante el periodo de reinado de aqu&#233;l. Para entonces, su obra ya estar&#237;a escrita desde hace tiempo e incluso se ha formulado la hip&#243;tesis de que en parte lo hubiera escrito antes del destierro y de que mensajes similares a los contenidos en la misma fueran la causa de su condena. Esta soluci&#243;n que proponemos es, a nuestro juicio, la &#250;nica que permite hacer justicia a los diferentes datos que nos proporcionan tanto la evidencia interna como externa del libro en torno a su fecha de redacci&#243;n. La misma se habr&#237;a producido entre el 68 y el 70 d.C., si bien antes de la ca&#237;da de Jerusal&#233;n.Pasemos ahora a la cuesti&#243;n del autor del libro. Que &#233;ste presenta puntos de contacto con el del Cuarto Evangelio resulta dif&#237;cil de negar. En ambos casos, el Hijo es llamado el Verbo; se le identifica con el Cordero de Dios; y se habla de su victoria ligada a la de los que le siguen (un factor en com&#250;n con las cartas: Jn 16,33 y 1 Jn 5,4). En el Apocalipsis se presenta como un profeta de nombre Juan (1,4 y 9; 22,8), preso en Patmos por una circustancia relacionada con el hecho de ser cristiano. A&#241;adamos a esto que Juan, el profeta, parece gozar de un cierto predicamento entre las iglesias de Asia Menor que,<\/p>\n<p>hist&#243;ricamente, se relacionan con un ministerio de Juan en la Di&#225;spora. Este conjunto de circustancias conecta estrechamente a ambos autores, pero, pese a todo lo anterior, la diferencia de estilo literario entre ambas obras dificulta la identificaci&#243;n sin m&#225;s del autor del Cuarto Evangelio con el del Apocalipsis.<\/p>\n<p>Se ha alegado que tales diferencias se deben al g&#233;nero literario o a la imposibilidad de pulir el estilo de la obra en Patmos, pero tales opciones distan de ser plenamente convincentes. Resulta, no obstante, dif&#237;cil negar que ambos autores presentan se&#241;ales de pertenecer a una \u00abescuela teol&#243;gica\u00bb (por denominarla de alguna manera) que estaba dotada de una cierta especifidad. Como ya vimos al tratar el Cuarto Evangelio, la misma era judeo-cristiana y palestina. Desde luego, el autor del Apocalipsis era asimismo un judeo-cristiano palestino muy bien informado de los avatares b&#233;licos posteriores al 66 d.C. y anteriores al 68 d.C. Como judeo-cristiano palestino, precisamente, chocaba con el cristianismo gentil de algunas iglesias de Asia Menor (1,14; 2,20 s.) y cabe la posibilidad de que pudiera ser identificado con Juan, el anciano que hab&#237;a sido disc&#237;pulo de Juan el ap&#243;stol, al que se refieren algunos Padres. Con todo, tal supuesto no pasa de ser una hip&#243;tesis razonable..&#191;Esperaba este Juan un enfrentamiento escatol&#243;gico inmediato entre Cristo y un anti-Cristo, que ser&#237;a Ner&#243;n? As&#237; lo ha pensado alg&#250;n autor como Robinson, pero, desde nuestro punto de vista, tal visi&#243;n dista mucho de resultar evidente.<\/p>\n<p>Ciertamente, Juan profetiz&#243; una serie de juicios contra diversas naciones (Roma e Israel especialmente) y, a la vez, proyect&#243; a sus lectores hacia la esperanza escatol&#243;gica ligada a la Parus&#237;a, pero no parece que tal proceso pueda seguirse de manera inmediatamente lineal. De hecho, m&#225;s bien se tiene la impresi&#243;n de que en el Apocalipsis, como dice Rowland, se entrelazan al menos dos hilos conductores, uno presente, y otro futuro. El presente (descripciones relativamente f&#225;ciles de reconocer acerca de Roma e Israel) nos permite encuadrar la obra en un contexto hist&#243;rico exacto y descubrir el juicio que del mismo ten&#237;an los primeros cristianos. El futuro sirve al autor del escrito para mostrar a sus lectores c&#243;mo la historia actual tendr&#225; similitudes con la del futuro, pero, entonces, ligada a la victoria final del Mes&#237;as. Empero, no nos hallamos ante una visi&#243;n c&#237;clica de la Historia.El continuo avance hacia el futuro a partir de las condiciones presentes ha permitido a ciertos autores elaborar interpretaciones coherentes y s&#243;lidas del libro sin referirlas necesariamente a personajes hist&#243;ricos concretos y limit&#225;ndose a ver en sus descripciones paradigmas de todas las &#233;pocas. En otros casos, se ha tendido a contemplar la obra como una serie de repeticiones continuadas en torno al mismo marco de hechos, algo que la estructura septenaria del libro favorece de manera especial. Posiblemente, esta especial estructura explique que ya en el a&#241;o 180 Ireneo no supiera el significado del 666 y que la Oda 22 de las Odas de Salom&#243;n hubiera ya identificado al mostruo de siete cabezas con el mismo Satan&#225;s. Esta &#250;ltima posibilidad no es tan rara si tenemos en cuenta que las operaciones con 666 pueden reducirse a 8 (7+1), lo que, para algunos, constitu&#237;a un s&#237;mbolo del diablo. Por si fuera poco, no olvidemos que el n&#250;mero 666 aparece en algunos manuscritos como 616 (&#191;Kyrios Kaisar? &#191;Ner&#243;n C&#233;sar?), lo que hace m&#225;s dif&#237;cil su interpretaci&#243;n en t&#233;rminos de historia espec&#237;fica y facilita su ex&#233;gesis simb&#243;lica. La Bestia vendr&#237;a a ser una imagen del poder civil absoluto que persigue a los seguidores de Jes&#250;s, una conducta que Ner&#243;n tipific&#243; magn&#237;ficamente, como lo har&#225;, en el periodo previo a la Parus&#237;a el mismo Anticristo. En cualquiera de los casos, el final de los enemigos de Dios simepre ser&#225; la ruina terrenal y eterna.Si aceptamos tal perspectiva, el Apocalipsis nos aparece como una lectura del presente (los cap&#237;tulos 1-3 son buena muestra de ello) -un presente que pod&#237;a volverse tremendamente cruel para los juedo-cristianos como lo hab&#237;a demostrado la persecuci&#243;n de Ner&#243;n- pero que permit&#237;a interpretar el futuro. Sucediera lo que sucediese en el mismo, la &#250;ltima palabra estar&#237;a en manos de Dios y de su Mes&#237;as.<\/p>\n<p>La visi&#243;n de Juan en relaci&#243;n con el futuro cercano se mostr&#243; sorprendentemente l&#250;cida y exacta. Jerusal&#233;n fue arrasada y tambi&#233;n pas&#243; lo mismo con el Templo. En cuanto a Roma, bebi&#243; la amargura del desorden sobrevenido tras el principado de Ner&#243;n. Con referencia al futuro, el mensaje de que alg&#250;n d&#237;a, tras una persecuci&#243;n generalizada de los disc&#237;pulos de Jes&#250;s peor que la neroniana y llevada a cabo por alguien del que Ner&#243;n era un tipo, tendr&#237;a lugar la Parus&#237;a y con ella la conclusi&#243;n adecuada de la historia, no ha dejado de resultar estimulante, generaci&#243;n tras generaci&#243;n, para cristianos en conflictos con el poder civil.<\/p>\n<p>Presumiblemente, el autor de Apocalipsis, tras recuperar su libertad, march&#243; a Asia Menor donde se estableci&#243; y ocup&#243; un papel de importancia en las iglesias de la zona, pero esa andadura es algo que ya sobrepasa nuestro &#225;mbito de estudio. No obstante, debemos dedicar alg&#250;n espacio a se&#241;alar el valor que esta fuente tiene para nosotros. Para empezar, resulta indiscutible su origen judeo-cristiano, ligado a una preocupaci&#243;n muy clara por las comunidades palestinas y el destino de Israel. Los destinatarios de la obra son, principalmente, iglesias de Asia Menor (cap. 1-3), pero el origen de la misma es judeo-cristiano y palestino, a juzgar no s&#243;lo por el conocimiento de ese transfondo sino tambi&#233;n por el tipo de griego utilizado.El Apocalipsis nos permite as&#237; acceder, siquiera indirectamente, no s&#243;lo a datos hist&#243;ricos concretos sino tambi&#233;n a una visi&#243; ideol&#243;gica espec&#237;fica cuyo origen era palestino, y que, como hemos se&#241;alado, presenta puntos de contacto espec&#237;ficos con el Cuarto Evangelio, sinti&#233;ndose adem&#225;s confrontada con algunas manifestaciones del cristianismo gentil. Como tendremos ocasi&#243;n de ver, cuestiones como el tratamiento posterior de los decretos del concilio de Jerusal&#233;n, el destino de los judeo-cristianos de Palestina o su especial cristolog&#237;a aparecen e esta fuente arrojando no poca luz acerca de su significado y trascendencia.<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este estudio est&#225; sacado del libro \u00abEl judeo-cristianismo palestino en el siglo I\u00bb de C&#233;sar Vidal Manzanares, publicado por la editorial Trotta. Descripci&#243;n del libro seg&#250;n la contraportada: Esa obra analiza, situ&#225;ndolo dentro del contexto social, pol&#237;tico e ideol&#243;gico, el esquema doctrinal del m&#225;s primitivo cristianismo (cristolog&#237;a, pneumatolog&#237;a, angeleolog&#237;a, escatolog&#237;a&#8230;), su historia, instituciones y composici&#243;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-apocalipsis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl Apocalipsis\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5534","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5534","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5534"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5534\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5534"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5534"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5534"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}