{"id":5610,"date":"2016-02-08T19:11:07","date_gmt":"2016-02-09T00:11:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lectura-frecuente-de-la-sagrada-escritura\/"},"modified":"2016-02-08T19:11:07","modified_gmt":"2016-02-09T00:11:07","slug":"lectura-frecuente-de-la-sagrada-escritura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lectura-frecuente-de-la-sagrada-escritura\/","title":{"rendered":"Lectura frecuente de la Sagrada Escritura"},"content":{"rendered":"<div>Querid&#237;simos, es una cosa muy buena la lectura de las divinas Escrituras. Da sabidur&#237;a al alma, eleva la mente al cielo, hace al hombre agradecido, nos impulsa a no admirar las realidades de aqu&#237; abajo, sino a vivir con el pensamiento puesto all&#225; arriba, a realizar todas nuestras obras con la mirada fija en la recompensa que nos dar&#225; el Se&#241;or, a dedicarnos al trabajo de la virtud con gran entusiasmo. Gracias a ellas, podemos conocer la providencia de Dios, siempre dispuesta a prestar auxilio; la valent&#237;a de los justos, la bondad del Se&#241;or, la grandeza de los premios. Nos pueden impulsar a imitar fervorosamente la piedad de hombres generosos, para no adormecernos en las batallas espirituales y para confiar en las promesas divinas antes de que se cumplan.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Por esto os exhorto: &#161;leamos con mucha atenci&#243;n las Escrituras divinas! Alcanzaremos su verdadera comprensi&#243;n si nos dedicamos siempre a ellas. No es posible, en efecto, que quien demuestra gran cuidado y deseo de conocer las palabras divinas se quede en la estacada. Incluso si no tiene ning&#250;n maestro, el Se&#241;or mismo entrar&#225; en nuestros corazones, iluminar&#225; nuestra inteligencia, nos revelar&#225; las verdades escondidas; ser&#225; &#201;l nuestro Maestro en lo que no comprendamos, con tal de que nosotros estemos dispuestos a hacer lo que podamos (&#8230;).<\/p>\n<p>Cuando tomamos en nuestras manos el libro espiritual, hemos de poner en vela nuestro esp&#237;ritu, recoger nuestros pensamientos, echar fuera cualquier preocupaci&#243;n terrena. Dediqu&#233;monos entonces a la lectura con mucha devoci&#243;n, con gran atenci&#243;n, para que se nos conceda que el Esp&#237;ritu Santo nos gu&#237;e a la comprensi&#243;n de lo que est&#225; escrito, sacando as&#237; gran utilidad. Aquel hombre eunuco y b&#225;rbaro, ministro de la reina de los et&#237;opes, que era un hombre importante, no descuidaba la lectura de la Escritura ni siquiera cuando estaba de viaje. Teniendo en sus manos al profeta [Isa&#237;as], le&#237;a con mucha atenci&#243;n, incluso sin comprender lo que ten&#237;a ante sus ojos; pero como pon&#237;a de su parte cuanto pod&#237;a -diligencia, entusiasmo y atenci&#243;n-, obtuvo un gu&#237;a (cfr Hech 8,26-40).<\/p>\n<p>Considera, por tanto, qu&#233; gran cosa es no descuidar la lectura de la Escritura tampoco durante los viajes, ni yendo en carro. Escuchen esto quienes ni siquiera en su propia casa admiten que haya que leer la Sagrada Escritura, con la excusa de que conviven con su mujer o militan en el ej&#233;rcito, porque est&#225;n preocupados por los hijos, dedicados al cuidado de los parientes, o comprometidos en otros negocios.<\/p>\n<p>Ese hombre era eunuco y b&#225;rbaro: dos circunstancias suficientes para que hubiese sido negligente. Otros factores eran su dignidad y sus grandes riquezas, y el hecho de viajar en una carroza, pues no es f&#225;cil dedicarse a la lectura cuando se viaja as&#237;; m&#225;s a&#250;n, resulta costoso. Y, sin embargo, su deseo y su celo superaban cualquier impedimento. Hasta tal punto estaba enfrascado en la lectura, que no dec&#237;a lo que muchos repiten en el d&#237;a de hoy: \u00abNo entiendo lo que contiene, no logro comprender la profundidad de la Escritura; &#191;por qu&#233;, pues, voy a sujetarme in&#250;tilmente y sin fruto a la fatiga de leer, sin que nadie me gu&#237;e?\u00bb. Nada de eso pensaba aquel hombre, b&#225;rbaro por la lengua pero sabio por el pensamiento. Cre&#237;a que Dios no lo despreciar&#237;a, sino que le mandar&#237;a alguna ayuda de lo alto, con tal de que &#233;l hubiese puesto lo que estaba de su parte, dedic&#225;ndose a la lectura. Por eso, el Padre benigno, viendo su &#237;ntimo deseo, no le descuid&#243; ni le abandon&#243; a s&#237; mismo, sino que le mand&#243; enseguida un maestro.<\/p>\n<p>Este b&#225;rbaro est&#225; en condiciones de ser maestro de todos nosotros: de quienes llevan una vida privada, de quienes est&#225;n enrolados en el ej&#233;rcito, de quienes gozan de autoridad. En una palabra, puede ser maestro de todos; no s&#243;lo de los hombres, sino tambi&#233;n de las mujeres -tanto m&#225;s que siempre est&#225;n en casa-, y de los que han elegido la vida mon&#225;stica. Aprendan todos que ninguna circunstancia es obst&#225;culo para leer la palabra divina, que es posible hacerlo no s&#243;lo en casa, sino en la plaza, de viaje, en compa&#241;&#237;a de otros o cuando estamos metidos en plena actividad. Si nosotros hacemos lo que est&#225; en nuestra mano, pronto encontraremos quien nos ense&#241;e. Porque el Se&#241;or, viendo nuestro af&#225;n por las realidades espirituales, no nos despreciar&#225;, sino que nos mandar&#225; una luz del cielo e iluminar&#225; nuestra alma. No descuidemos, por tanto -os lo ruego-, la lectura de la Escritura.<\/p>\n<p>San Juan Cris&#243;stomo s. IV.<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Querid&#237;simos, es una cosa muy buena la lectura de las divinas Escrituras. 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