{"id":5621,"date":"2016-02-08T19:11:13","date_gmt":"2016-02-09T00:11:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/virtudes-teologales\/"},"modified":"2016-02-08T19:11:13","modified_gmt":"2016-02-09T00:11:13","slug":"virtudes-teologales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/virtudes-teologales\/","title":{"rendered":"Virtudes teologales"},"content":{"rendered":"<div>(Tratado sobre la fe, la esperanza y la caridad)<\/p>\n<p>San Zen&#243;n de Verona s. IV.<\/p><\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Tres cosas son fundamentales para la perfecci&#243;n del cristiano: la fe, la esperanza y la caridad; y de tal modo se enlazan estas virtudes entre s&#237;, que cada una de ellas es necesaria para las otras. Si la esperanza no va por delante, &#191;a qui&#233;n aprovechar&#225; la fe? Si la fe no existe, &#191;c&#243;mo nacer&#225; la esperanza? Y si a la fe y a la esperanza les quitas la caridad, una y otra quedar&#225;n in&#250;tiles, pues ni la fe obra sin la caridad, ni la esperanza sin la fe. Por consiguiente, el cristiano que desee ser perfecto ha de fundamentarse en las tres: si le falta alguna, no alcanzar&#225; la perfecci&#243;n de su obra.<\/p>\n<p>En primer lugar se nos propone la esperanza de las cosas futuras, sin la que las mismas cosas presentes no pueden mantenerse en pie. Es m&#225;s, quita la esperanza, y se paralizar&#225; la humanidad entera; quita la esperanza y cesar&#225;n todas las artes y todas las virtudes; quita la esperanza, y todo quedar&#225; destruido. &#191;Qu&#233; hace el ni&#241;o junto al maestro, si no espera fruto de esas letras? &#191;En qu&#233; barca se aventurar&#225; el navegante entre las olas del mar, si no espera una ganancia ni conf&#237;a en llegar al puerto deseado? &#191;Qu&#233; soldado menospreciar&#225;, no ya las injurias del cruel invierno o del t&#243;rrido verano, sino a s&#237; mismo, si no abriga la esperanza de una gloria futura? &#191;Qu&#233; agricultor esparcir&#225; la semilla, si no piensa que recoger&#225; la cosecha como premio de su sudor? &#191;Qu&#233; cristiano se adherir&#225; por la fe a Cristo, si no cree que ha de llegar el tiempo de la felicidad eterna que se le ha prometido? (&#8230;).<\/p>\n<p>Por tanto, hermanos, abracemos con tenacidad la esperanza; custodi&#233;mosla entre todas las virtudes, dediqu&#233;monos a cultivarla constantemente. La esperanza es el fundamento inconmovible de nuestra vida, baluarte invicto y dardo contra los asaltos del demonio, coraza impenetrable de nuestra alma, ventajosa y verdadera ciencia de la ley, terror de los demonios, fortaleza de los m&#225;rtires, esplendor y muralla de la Iglesia. La esperanza es sierva de Dios, amiga de Cristo, convidada del Esp&#237;ritu Santo. El presente y el futuro le est&#225;n sometidos: el presente, porque lo desprecia; el futuro, porque sabe de antemano que es suyo. No teme que no venga, pues siempre lo lleva consigo en el &#225;mbito de su poder. Por esto, Abraham, esperando contra toda esperanza confi&#243; en Dios, que le harta padre de muchas gentes (Rm 4,18). Contra toda esperanza, es decir, porque parece imposible y no es objeto de visi&#243;n; pero se hace posible por esta esperanza cuando se conf&#237;a en la palabra de Dios sin ninguna duda y con firmeza, pues dice el Se&#241;or: todo es posible para el que cree (Mc 9,22). Por eso, Abraham crey&#243; en Dios, y le fue reputado para justicia (Gn 15,6). es justo por haber sido fiel, pues el justo vive de la fe (Gal 3,6); y es fiel por haber cre&#237;do en Dios: si no hubiera tenido fe, no habr&#237;a podido ser justo ni padre de los pueblos. Por esta raz&#243;n es evidente que una e inseparable es la naturaleza de la esperanza y de la fe: si cualquiera de ellas falta en el hombre, mueren las dos.<\/p>\n<p>La fe es lo m&#225;s propiamente nuestro, pues dice el Se&#241;or: tu fe te ha salvado (Mc 10,52). Por tanto, si es nuestra, conserv&#233;mosla como nuestra, para que con motivo podamos esperar las cosas que a&#250;n no poseemos. Nadie recuenta los haberes de un dilapidador, ni honra al desertor con las recompensas del triunfo, m&#225;s a&#250;n estando escrito: al que tiene se le dar&#225; y tendr&#225; en abundancia; pero al que no tiene, aun eso que posee le ser&#225; quitado (Mt 13,12).<\/p>\n<p>Por la fe, hermanos, Henoch mereci&#243; que Dios le trasladase de lugar con su cuerpo, contra la ley de la naturaleza. Por la fe, salv&#225;ndose, No&#233; no hall&#243; a nadie con quien hablar que hab&#237;a habido un diluvio. Por la fe lleg&#243; Abraham a la amistad con Dios, Isaac se distingui&#243; m&#225;s que los restantes (cfr Heb 11, 5,7,8,20), y Jos&#233; someti&#243; a Egipto bajo su autoridad (cfr Gn 32,41). Esta fe le hizo a Mois&#233;s un muro de cristal en el Mar Rojo (cfr Ex 14,22); puso su freno al sol y a la luna para que, abandonando su curso acostumbrando, se sometieran al deseo de Josu&#233; (cfr Jos 10,13); ofreci&#243; al inerme David el triunfo sobre el armado Goliat (cfr 1 Sam 17) y no desmay&#243; en Job, asaltado de frecuentes y graves males (Job 1 y 2). Ella fue medicina en la ceguera de Tob&#237;as (cfr. Tob 11); en Daniel, at&#243; las fauces a los leones (cfr Dan 6); y convirti&#243; para Jon&#225;s la ballena en barca (cfr Jon 2). Ella sola venci&#243; en el ej&#233;rcito de los hermanos Macabeos (cfr 2 Mac 7) e hizo agradables los fuegos a los tres j&#243;venes (cfr Dan 3). Esta fe hizo que Pedro se atreviera a caminar sobre el mar (cfr Mt 24,29), y fue la causa de que los Ap&#243;stoles curaran a muchos de sus contagiosas &#250;lceras y enfermedades, cambiando la lepra deforme en limpia piel. Por esta fe, a&#241;adir&#233;, mandaron ver a los ciegos, o&#237;r a los sordos, hablar a los mudos, correr a los cojos, fortalecer a los paral&#237;ticos, huir de los posesos a los demonios y, con frecuencia, volver de los sepulcros en sus propios funerales a los mismos muertos, para que todos vieran convertirse en l&#225;grimas de alegr&#237;a las que hasta entonces lo hab&#237;an sido de tristeza.<\/p>\n<p>Pero es largo, hermanos, ir detallando los hechos de la fe; sobre todo, porque la caridad presenta unos hechos a&#250;n m&#225;s portentosos. Y es l&#243;gico que sea as&#237;, pues de tal modo se eleva la caridad por encima de todas las virtudes, que por derecho propio es la reina de todas ellas.<\/p>\n<p>Aunque triunfe la fe con todo g&#233;nero de hechos prodigiosos, y la esperanza proponga muchas y grandes cosas, ni una ni otra podr&#225;n sostenerse sin la caridad: ni la fe, si no se ama a s&#237; misma; ni la esperanza, si no es amada. Adem&#225;s, la fe aprovecha s&#243;lo a uno mismo; la caridad a todos. La fe no lucha gratis; la caridad, en cambio, se suele dar incluso a los ingratos. La fe no pasa a otro; la caridad, poco es decir que alcanza a otro, pues beneficia al pueblo. La fe es de unos pocos, la caridad de todos.<\/p>\n<p>A&#241;ade a todo esto que la esperanza y la fe tienen un tiempo, mientras que la caridad no conoce fin (cfr 1 Cor 13), crece en cada momento, y cuanto m&#225;s es practicada por los que se aman mutuamente, tanto m&#225;s es debida entre ellos. La caridad no hace distinci&#243;n de personas, porque no sabe adular; no busca conseguir honores, porque no es ambiciosa; no se fija en el sexo, porque para ella los dos son uno; no se ejercita seg&#250;n el tiempo, porque no es caprichosa; no tiene envidia, porque desconoce qu&#233; es la envidia; no se hincha, porque cultiva la humildad; no piensa mal, porque es sencilla; no se deja llevar por la ira, porque tambi&#233;n abraza gustosamente las injurias; no enga&#241;a, porque es la guardiana de la fe, de nada se muestra indigente, porque -fuera de lo que es- no experimenta ninguna necesidad.<\/p>\n<p>La caridad conserva los campos, las ciudades y pueblos, y los tratados de paz. Hace seguras las espadas en torno a los flancos de los reyes. Suprime las guerras, borra las ri&#241;as, vac&#237;a los privilegios, evita los tribunales, erradica los odios, apaga las iras. La caridad traspasa el mar, circunda el orbe, suministra lo necesario a las naciones por medio del mutuo intercambio. Proclamar&#233;, hermanos, su poder con brevedad. Lo que la naturaleza ha negado a unos lugares, la caridad lo otorga. La caridad del afecto conyugal une en una sola carne a dos personas con un venerable sacramento. Ella da a la humanidad que exista lo que nace. <\/p>\n<p>Por la caridad es amada la propia mujer, los hijos se muestran orgullosos de su origen, y los padres son verdaderos padres. A ella se debe que los dem&#225;s sean para nosotros pr&#243;jimos y amigos, tan cercanos o m&#225;s que nosotros mismos. A la caridad se debe que amemos a los siervos como a hijos, y que ellos nos sirvan gustosamente como a se&#241;ores. La caridad hace que amemos, no s&#243;lo a los conocidos o amigos, sino incluso a los que nunca hemos visto. A la caridad se debe, en fin, que reconozcamos las virtudes de los antiguos por los libros, o a los libros por sus virtudes.<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Tratado sobre la fe, la esperanza y la caridad) San Zen&#243;n de Verona s. IV. Tres cosas son fundamentales para la perfecci&#243;n del cristiano: la fe, la esperanza y la caridad; y de tal modo se enlazan estas virtudes entre s&#237;, que cada una de ellas es necesaria para las otras. Si la esperanza no &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/virtudes-teologales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVirtudes teologales\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5621","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5621","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5621"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5621\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5621"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5621"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5621"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}