{"id":5624,"date":"2016-02-08T19:11:16","date_gmt":"2016-02-09T00:11:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-pecado\/"},"modified":"2016-02-08T19:11:16","modified_gmt":"2016-02-09T00:11:16","slug":"el-pecado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-pecado\/","title":{"rendered":"El Pecado"},"content":{"rendered":"<div>El pecado es transgresi&#243;n de la ley&#8217;<\/p>\n<p>(1&#170; Juan 3:4)<\/p><\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Quien desee tener nociones claras sobre la santidad cristiana, debe empezar estudiando el vasto y solemne tema del pecado. Si se quiere edificar muy alto, primero se ha de cavar muy hondo. Cualquier error sobre este punto es fatal. Por lo general, las ideas equivocadas que sobre la santidad se tienen son resultado de nociones err&#243;neas con respecto a la depravaci&#243;n de la naturaleza humana. Para una comprensi&#243;n apropiada del teme de la santidad, hay que entender primero el tema del pecado.<\/p>\n<p>Es evidente, y b&#237;blico al mismo tiempo, que el conocimiento del pecado constituye la ra&#237;z misma de la fe cristiana. Sin &#233;l, doctrinas tales como la justificaci&#243;n, la conversi&#243;n, la santificaci&#243;n, no son m&#225;s que meras palabras que no aportan conocimiento alguno a la mente. Cuando dios se propone hacer una nueva criatura en Cristo, lo que primeramente hace es enviar luz al coraz&#243;n del pecador, a fin de que &#233;ste puede ver su estado de culpabilidad. La creaci&#243;n material del G&#233;nesis empez&#243; con luz, y con luz empieza tambi&#233;n la creaci&#243;n espiritual. Por la obra del Esp&#237;ritu Santo, Dios brilla en nuestros corazones, y es as&#237; como la vida espiritual empieza (2&#170; Corintios 4:6). Gran parte de los errores, herej&#237;as y doctrinas falsas tan comunes en nuestro tiempo, se originan y tienen su causa en ideas poco claras y poco profundas sobre el pecado. Si una persona no se ha dado cuenta de la peligrosa naturaleza de la enfermedad de su alma, no nos extra&#241;e que se contente con remedios falsos o imperfectos. Una de las necesidades m&#225;s imperiosas de nuestro siglo ha sido, y es, la de una ense&#241;anza m&#225;s clara y completa de lo que es el pecado.<\/p>\n<p>I &#8211; Definici&#243;n de pecado.<\/p>\n<p>Todos estamos familiarizados con los t&#233;rminos &#8216;pecado&#8217; y &#8216;pecadores&#8217;. Con frecuencia hablamos del &#8216;pecado&#8217; en el mundo, y de personas cometiendo &#8216;pecados&#8217;. Pero &#191;qu&#233; es lo que queremos decir cuando usamos estos t&#233;rminos y estas frases? &#191;Comprendemos lo que decimos? Mucho me temo que sobre este tema reina mucha confusi&#243;n y mucha oscuridad. De una manera tan breve como pueda tratar&#233; de definir lo que es el pecado.<\/p>\n<p>Como se declara en una de nuestros art&#237;culos doctrinales, el pecado &#8216;es la culpa y corrupci&#243;n de la naturaleza de cada hombre que desciende de Ad&#225;n; y por la cual el hombre est&#225; muy lejos de la justicia original, y por propia naturaleza est&#225; inclinado al mal; de manera que la carne codicia continuamente contra el esp&#237;ritu; por consiguiente, y en toda persona nacida en este mundo, el pecado merece la ira y condenaci&#243;n de Dios&#8217;. El pecado es, pues, aquel mal tan com&#250;n y universal que aflige a toda la raza humana, sin distinci&#243;n de rango, clase, nombre, naci&#243;n, pueblo o lengua; es un mal del que s&#243;lo se libr&#243; un hombre: el Se&#241;or Jes&#250;s.<\/p>\n<p>Adem&#225;s, y de una manera m&#225;s particular, el pecado consiste en hacer, decir, pensar o imaginar, cualquier cosa que no est&#225; en perfecta conformidad con la ley y mente de Dios. Como dice la Escritura: &#8216;El pecado es la transgresi&#243;n de la ley&#8217;. El m&#225;s insignificante alejamiento (externo o interno) por nuestra parte de la voluntad revelada de Dios, constituye pecado y nos hace, por consiguiente, culpables delante de Dios.<\/p>\n<p>A los que con atenci&#243;n leen la Biblia no es necesario que les diga que aunque una persona no cometa abierta y externamente un acto malo, en su coraz&#243;n y en su mente puede haber traspasado la ley de Dios. En el Serm&#243;n del Monte el Se&#241;or Jes&#250;s estableci&#243;, sin dar lugar a dudas, esta posibilidad (Mateo 5:21-28). Con gran acierto ha dicho uno de nuestros poetas: &#8216;Un hombre puede sonre&#237;r y sonre&#237;r, y a&#250;n as&#237; ser un villano&#8217;.<\/p>\n<p>Tampoco es necesario que haga observar al estudiante diligente del Nuevo Testamento, que hay no s&#243;lo pecados de comisi&#243;n, sino tambi&#233;n pecados de omisi&#243;n; y que a menudo pecamos por &#8216;haber hecho las cosas que no deb&#237;amos haber hecho&#8217;, como pecamos tambi&#233;n por &#8216;no haber hecho las cosas que deb&#237;amos haber hecho&#8217;. Esto bien claramente se prueba por aquellas palabras del Maestro que encontramos en el evangelio seg&#250;n San Mateo: &#8216;Apartaos de m&#237;, malditos, al fuego eterno; porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber&#8217; (Mateo 25:41-42). Profunda y acertada fue la confesi&#243;n de aquel santo hombre, el arzobispo Usher, antes de morir: &#8216;Se&#241;or, perdona todos mis pecados, y de una manera muy especial, mis pecados de omisi&#243;n&#8217;.<\/p>\n<p>Pero particularmente en los tiempos en que vivimos, creo que es necesario recordar a mis lectores que una persona puede cometer pecado, y aunque sea tan ignorante del mismo que se imagine inocente, no por ello deja de ser culpable. No puedo encontrar la sanci&#243;n b&#237;blica a la aserci&#243;n moderna de que &#8216;el pecado no es pecado, a menos que seamos conscientes del mismo&#8217;. La Palabra de Dios nos ense&#241;a todo lo contrario; en los cap&#237;tulos 4 y5 del libro del Lev&#237;tico (por cierto tan descuidado) y en el 15 de N&#250;meros, encontramos que de una manera clara se ense&#241;a a Israel que hab&#237;a pecados de ignorancia que dejaban al pueblo en una condici&#243;n impura y un necesidad de sacrificios expiatorios. Y seg&#250;n las palabras tan evidentes del Se&#241;or Jes&#250;s, al siervo que &#8216;no entendi&#243; e hizo cosas dignas de azotes&#8217;, no se le excus&#243; a causa de su ignorancia, sino que fue &#8216;azotado&#8217; o castigado (Lucas 12:48). Haremos bien en recordar que si hacemos de nuestro conocimiento y conciencia (tan miserablemente imperfectos) la medida de nuestra pecaminosidad, nos colocaremos en terreno muy peligroso. Un buen estudio del libro de Lev&#237;tico nos puede ayudar mucho en este aspecto.<\/p>\n<p>II &#8211; Causa y origen del pecado.<\/p>\n<p>Mucho me temo que sobre este particular la manera de pensar de muchos cristianos es tristemente defectuosa y poco s&#243;lida; por eso no dejar&#233; sin tratar este punto. Acord&#233;monos siempre de que la pecaminosidad del hombre no viene de fuera, sino que brota del interior de su coraz&#243;n. No es el resultado de una formaci&#243;n deficiente en la infancia; no se debe a las malas compa&#241;&#237;as y a los malos ejemplos, como muchos cristianos d&#233;biles con demasiada indulgencia conceden. &#161;No! Es una enfermedad familiar que todos hemos heredado de nuestros primeros padres Ad&#225;n y Eva, con la cual hemos nacido. Nuestros primeros padres fueron creados &#8216;a imagen de Dios&#8217; y en estado de justicia e inocencia, pero cayeron de esta justicia original y se convirtieron en pecadores. Y desde aquel d&#237;a, todo hombre y mujer que viene a este mundo nace con la imagen del Ad&#225;n ca&#237;do, y en consecuencia hereda un coraz&#243;n y una naturaleza inclinada al mal. &#8216;El pecado entr&#243; en el mundo por un hombre&#8217;. &#8216;Lo que es nacido de la carne es enemistad contra Dios&#8217;. &#8216;Porque de dentro, del coraz&#243;n de los hombres (como si fuera una fuente), salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones&#8217; y cosas semejantes (Romanos 5:12; Juan 3:6; Efesios 2:3; Romanos 8:7; Marcos 7:21).<\/p>\n<p>El m&#225;s hermoso de los beb&#233;s que haya nacido este a&#241;o, y que se ha convertido en el centro de los afectos y atenciones de la familia, no es, como favoritamente lo llama su madre, un &#8216;peque&#241;o &#225;ngel&#8217; o un &#8216;peque&#241;o inocente&#8217;, sino un &#8216;peque&#241;o pecador&#8217;. &#161;Ah! Por mucho que sonr&#237;a y se mueva en la cunita, pensad que en su coraz&#243;n lleva las semillas de la iniquidad. Vigiladle estrechamente mientras crece en estatura y su mente se desarrolla, y pronto descubrir&#233;is en &#233;l una tendencia constante hacia aquello que es malo, y un alejamiento de todo aquello que es bueno. Descubrir&#233;is en &#233;l los brotes y los or&#237;genes del enga&#241;o, de un temperamento malo, del ego&#237;smo, de la voluntad propia, de la obstinaci&#243;n, de la avaricia, de la envidia, de los celos y de las pasiones que, de no ser reprimidas y controladas a tiempo, se desarrollar&#225;n con dolorosa rapidez. &#191;Qui&#233;n ense&#241;&#243; al ni&#241;o estas cosas? &#191;D&#243;nde las aprendi&#243;? S&#243;lo la Biblia puede dar respuesta a estas preguntas. De todas las tonter&#237;as que cualquier padre puede decir de sus hijos, la peor es aquella de que &#8216;en el fondo mi hijo tiene buen coraz&#243;n&#8217;. &#8216;No es lo que deber&#237;a ser, pero es que ha ca&#237;do en malas manos. Las escuelas p&#250;blicas son lugares malos&#8230; Los maestros descuidan a los ni&#241;os y&#8230;.. Pero aun con todo, en el fondo, tiene buen coraz&#243;n&#8217;. Pero en realidad, la verdad es lo diametralmente opuesto a las afirmaciones del padre: la causa primera de todo pecado est&#225; en la corrupci&#243;n natural del coraz&#243;n del muchacho y no en la escuela o las compa&#241;&#237;as.<\/p>\n<p>III &#8211; El alcance del pecado.<\/p>\n<p>No nos equivoquemos en este particular. Veamos cu&#225;l es el testimonio de la Escritura con referencia a los l&#237;mites del pecado. &#8216;Todo designio de los pensamientos del coraz&#243;n de ellos era de continuo solamente el mal&#8217;. &#8216;Enga&#241;oso es el coraz&#243;n m&#225;s que todas las cosas, y perverso&#8217; (G&#233;nesis 6:5; Jerem&#237;as 17:9). La enfermedad del pecado corre por todas las partes de nuestra constituci&#243;n moral y por todas las facultades de nuestro ser. Los afectos, las facultades intelectuales y la voluntad, est&#225;n todas, m&#225;s o menos, infectadas por la plaga del pecado. Incluso la conciencia es tan ciega que no constituye un gu&#237;a seguro del cual podamos depender, y si no es iluminada por el Esp&#237;ritu Santo, muy posiblemente nos llevar&#225; por un sendero equivocado. En resumen: &#8216;Desde la planta del pie hasta la cabeza, no hay en &#233;l cosa ilesa&#8217; (Isa&#237;as 1:6). La enfermedad quiz&#225; est&#233; encubierta bajo una delgada capa de cortes&#237;a, educaci&#243;n y decoro, pero se encuentra arraigada en lo profundo de nuestra naturaleza.<\/p>\n<p>Admito plenamente que el hombre, aun despu&#233;s de la ca&#237;da, posee grandes y nobles facultades, y que en las ciencias, en las artes y en la literatura da muestras de una capacidad maravillosa. Pero en lo que a las cosas espirituales concierne est&#225; totalmente &#8216;muerto&#8217;, y carece de u verdadero conocimiento, amor y temor natural de Dios. Lo mejor del hombre est&#225; tan mezclado con la corrupci&#243;n, que el contraste a&#250;n pone m&#225;s de relieve la verdad y alcance de la ca&#237;da. Como resultado del pecado, en el hombre se dan grandes contrastes: en algunas cosas puede ascender a grandes alturas y en otras descender a un nivel muy bajo; en la concepci&#243;n y realizaci&#243;n de cosas materiales puede ser sublime, pero en sus afectos ruin y despreciable; puede dise&#241;ar y construir edificios como los de Karnak y Luxor en Egipto y el Parten&#243;n de Atenas, y sin embargo adorar a grotescas divinidades, a p&#225;jaros, animales, reptiles; es capaz de producir tragedias como las de Esquilo y S&#243;focles e historias como las de Tuc&#237;dides, y sin embargo ser esclavo de vicios abominables, tales como los que se nos describen en el primer cap&#237;tulo de la ep&#237;stola a los Romanos. Este contraste constituye una gran dificultad para aquellos que se burlan de la Palabra de Dios y se r&#237;en de nosotros como pobres &#8216;biblistas&#8217;. Sin embargo, nosotros, con la Biblia en la mano, podemos explicar el porqu&#233; de esta contradicci&#243;n en el hombre. Reconocemos y podemos ver en el hombre las huellas y se&#241;ales de lo que en un principio fue un templo majestuoso; un templo en el que Dios lleg&#243; a morar, pero que ahora, despu&#233;s de la ca&#237;da, est&#225; completamente en ruinas. Una ventana rota aqu&#237;, una puerta y un pasillo aqu&#237;, todav&#237;a nos dan idea de la magn&#237;fica estructura original; pero con todo, se trata de un templo que ha perdido su gloria y que ahora permanece en ruinas. Nada puede explicar la presente condici&#243;n del hombre a no ser la doctrina del pecado original y las consecuencias de la ca&#237;da.<\/p>\n<p>Recordemos, adem&#225;s, que cualquier parte y rinc&#243;n del mundo nos ofrece testimonio de que el pecado es una enfermedad universal de la raza humana. Escudri&#241;ad el globo de este a oeste y de polo a polo, investigad cuidadosamente todas las clases sociales de nuestro pa&#237;s desde las m&#225;s altas a las m&#225;s humildes, y lo que descubrir&#233;is ser&#225; siempre lo mismo. Las islas m&#225;s remotas del Oc&#233;ano Pac&#237;fico (completamente separadas de Europa, Asia, &#193;frica, y Am&#233;rica, y habitadas por gente que ignora completamente o que sean los libros, el dinero, la p&#243;lvora, el vapor, y que no ha sido influenciada por los vicios de la civilizaci&#243;n moderna), una vez fueron descubiertas, manifestaron que en ellas tambi&#233;n reinaban las formas m&#225;s bajas de la lujuria, la crueldad, la supercher&#237;a y la superstici&#243;n. Por ignorantes que hayan sido los moradores de estas islas, &#161;siempre han sabido pecar! En todas partes el coraz&#243;n humano es por naturaleza &#8216;enga&#241;oso m&#225;s que todas las cosas, y perverso&#8217; (Jerem&#237;as 17:9). El poder, alcance y universalidad del pecado, para m&#237; constituyen la prueba m&#225;s convincente de la inspiraci&#243;n del G&#233;nesis y la narraci&#243;n mosaica del origen el hombre. Una vez se acepta el hecho de que el g&#233;nero humano proviene de Ad&#225;n y Eva, y de que &#233;stos, tal como dice el G&#233;nesis, cayeron en el pecado, entonces se entiende y tiene explicaci&#243;n el estado y condici&#243;n presente de la raza humana. Pero de negarse la narraci&#243;n del G&#233;nesis (como hacen tantas personas) se cae en dificultades insuperables. La prevalencia y universalidad de la depravaci&#243;n humana viene a ser para los incr&#233;dulos una dificultad que no pueden evadir ni explicar.<\/p>\n<p>Una de las pruebas m&#225;s evidentes del alcance y poder del pecado la constituye el hecho de que, a&#250;n despu&#233;s de la conversi&#243;n, y cuando la persona ya ha venido a ser el objeto de la obra del Esp&#237;ritu Santo, el pecado todav&#237;a persiste y hace mella en el creyente. Esto se expresa en el Art&#237;culo Noveno de nuestra confesi&#243;n con aquellas palabras de que &#8216;la infecci&#243;n de la naturaleza por el pecado, permanece incluso en los que han sido regenerados&#8217;. Las ra&#237;ces de la corrupci&#243;n humana est&#225;n tan profundamente arraigadas a&#250;n despu&#233;s de haber sido el creyente regenerado, lavado, santificado, justificado y hecho miembro vivo de Cristo que, al igual que la lepra en el cuerpo, el creyente no podr&#225; verse completamente libre de estas ra&#237;ces hasta que el tabern&#225;culo terrestre se haya deshecho.<\/p>\n<p>Cierto es que en el creyente el pecado &#8216;ya no tiene m&#225;s dominio&#8217; sino que gracias al principio liberador de la gracia, es reprimido, controlado, mortificado y crucificado. La vida del creyente es una vida de victoria y no de derrota. Sin embargo, las luchas que tienen lugar en su interior, la vigilancia tan estrecha que debe ejercitar en todo momento sobre su &#237;ntima personalidad, la contienda entre la carne y el esp&#237;ritu, los &#8216;gemidos&#8217; interiores que s&#243;lo el creyente conoce, todo, todo esto evidencia la misma gran verdad: el enorme poder y vitalidad del pecado. En verdad debe ser poderoso cuando, a&#250;n despu&#233;s de haber sido crucificado, &#161;todav&#237;a est&#225; vivo! Bienaventurado el creyente que ha entendido esto y se goza en el Se&#241;or Jes&#250;s, pero que no tiene confianza en la carne; y mientras dice, &#8216;Gracias a Dios que nos da la victoria&#161;, nunca se olvida de velar y orar para no caer en la tentaci&#243;n.<\/p>\n<p>IV &#8211; La culpabilidad y car&#225;cter vil y ofensivo del pecado.<\/p>\n<p>Sobre este punto mis palabras ser&#225;n pocas y breves. No creo que desde un plano natural y como criaturas podamos darnos verdadera cuenta de la tremenda pecaminosidad que a los ojos de Dios, santo y perfecto, tiene el pecado. Por otra parte, Dios es aquel Ser eterno &#8216;que nota necedad en sus &#225;ngeles&#8217;, y en cuyos ojos ni aun &#8216;los cielos son limpios&#8217; (Job 4:18; 15:15). Dios lee los pensamientos, los sentimientos y las acciones, y &#8216;ama la verdad en lo &#237;ntimo&#8217; (Salmo 51:6). Por otra parte, nosotros no somos m&#225;s que pobres criaturas ciegas nacidas en pecado, que hoy estamos aqu&#237; y ma&#241;ana retornamos al polvo; nuestra morada est&#225; entre pecadores y nuestra atm&#243;sfera es de maldad, enfermedad e imperfecciones. De ah&#237; que no seamos capaces de formarnos un concepto correcto del car&#225;cter vil y terrible del pecado; pues no podemos sondear sus profundidades, ni tenemos vara para medirlo.<\/p>\n<p>El ciego no puede apreciar diferencia alguna entre las obras maestras de Ticiano o Rafael y la cabeza de la reina de Inglaterra pintada en una pancarta del pueblo. El sordo no puede distinguir entre el silbido de un pito de ni&#241;o y el sonido de un &#243;rgano de catedral. La hediondez que nosotros notamos en ciertos animales est&#225; bien lejos de ser percibida por &#233;stos. Y el hombre, el hombre ca&#237;do, no puede hacerse una idea justa de lo abominable que es el pecado a los ojos de Dios, de este Dios tan santo cuya obra es tan perfecta ya sea mir&#225;ndola a trav&#233;s de un telescopio, a simple vista o por medio de un microscopio; perfecta en la creaci&#243;n de un planeta tan enorme como J&#250;piter y que guarda un tiempo matem&#225;tico en sus vueltas alrededor del sol; perfecta en la creaci&#243;n de m&#225;s peque&#241;o insecto que se arrastra sobre un pedazo de tierra menor que una huella de pie.<\/p>\n<p>No nos olvidemos nunca de que el pecado &#8216;es aquella cosa tan abominable que Dios aborrece&#8217;, que Dios es &#8216;muy limpio de ojos para ver el mal y que no puede ver el agravio&#8217;, que la m&#225;s insignificante transgresi&#243;n de la ley de Dios nos &#8216;hace culpables de todos los mandamientos&#8217;, que &#8216;el alma que pecare morir&#225;&#8217;, que Dios &#8216;juzgar&#225; los secretos del hombre&#8217;, que &#8216;la paga del pecado es muerte&#8217;, que hay un lugar &#8216;donde el gusano no muere y el fuego nunca se apaga&#8217;, que &#8216;los malos ser&#225;n trasladados al infierno&#8217; e &#8216;ir&#225;n a la condenaci&#243;n eterna&#8217; y que no entrar&#225; en el cielo &#8216;ninguna cosa sucia&#8217; (Jerem&#237;as 44:4; Habacuc 1:13; Santiago 2:10; Ezequiel 18:4; Romanos 2:16; Romanos 6:23; Marcos 9:44; Salmo 9:17; Mateo 25:46; Apocalipsis 21:27). Estas palabras son en verdad terribles, y m&#225;s a&#250;n si pensamos que se hallan escritas en el Libro de un dios de misericordia.<\/p>\n<p>La cruz, pasi&#243;n y obra redentora de nuestro Se&#241;or Jesucristo, constituyen la prueba m&#225;s abrumadora e irrefutable de la universalidad y profundidad del pecado. &#161;Qu&#233; terrible y negra deb&#237;a ser la culpa del pecado, cuando nada, a no ser la sangre de Cristo, pod&#237;a hacer satisfacci&#243;n por ella! Pesada hab&#237;a de ser la carga del pecado humano cuando hizo que Jes&#250;s derramara sudor de sangre en la agon&#237;a de Getseman&#237;, y clamara en el G&#243;lgota: &#8216;Dios m&#237;o, &#191;por qu&#233; me has desamparado?&#8217; (Mateo 27:46). Lo que m&#225;s nos pasmar&#225; en el despertar del d&#237;a de la resurrecci&#243;n, ser&#225; la clara visi&#243;n que tendremos del pecado, y de nuestras faltas y defectos. Hasta entonces no llegaremos a tener una visi&#243;n completa de la &#8216;pecaminosidad del pecado&#8217;. Bien pod&#237;a Whitefield decir: &#8216;La ant&#237;fona del cielo ser&#225;: &#161;Lo que Dios ha obrado!&#8217;. <\/p>\n<p>V &#8211; El car&#225;cter enga&#241;oso del pecado.<\/p>\n<p>Este punto es de gran importancia, y mucho me tomo que no se le de la que merece. Podemos ver este car&#225;cter enga&#241;oso del pecado en la sorprendente inclinaci&#243;n que muestra el hombre a darle una importancia muy inferior a la que en realidad tiene delante de Dios, y a la prontitud con que aten&#250;a, excusa y minimiza la culpabilidad del mismo. &#8216;Dios es misericordioso&#8217;, se nos dice, &#8216;se trata de un peque&#241;o pecado&#8217;. &#8216;&#161;Dios no es tan estricto como para culparnos de lo que hacemos por equivocaci&#243;n! Nuestras intenciones, a pesar de todo, &#161;son buenas! &#161;No se puede ser tan escrupuloso! &#191;D&#243;nde est&#225; el mal? &#161;A fin de cuentas hacemos lo que hace la dem&#225;s gente!&#8217;.<\/p>\n<p>&#191;A qui&#233;n no le es familiar esta manera de hablar? Con estas frases el hombre trata de allanar y suavizar lo que Dios ha designado como perverso y ruinoso para el alma. Con aquello de que una persona es &#8216;pronta&#8217;, &#8216;achispada&#8217;, &#8216;alocada&#8217;, &#8216;inconsciente&#8217;, &#8216;irreflexiva&#8217;, &#8216;sin ataduras&#8217;, etc&#233;tera, la gente se enga&#241;a a s&#237; misma con la creencia de que el pecado no es tan &#8216;pecante&#8217; como Dios dice, y que no son tan malos como en realidad son. Esto puede apreciarse incluso en la tendencia de padres creyentes a permitir que sus hijos hagan ciertas cosas que son muy cuestionables. &#161;Qu&#233; poco nos damos cuenta de la astucia del pecado! Somos demasiado propensos a olvidar que la tentaci&#243;n al pecado raramente se presentar&#225; a nosotros en sus colores verdaderos, y dici&#233;ndonos: &#8216;Yo soy vuestro enemigo mortal y deseo vuestra ruina eterna en el infierno&#8217; &#161;Oh, no! La tentaci&#243;n se acerca a nosotros como Judas, con un beso; y como Joab, con mano amiga y palabras aduladoras. El fruto prohibido ten&#237;a una apariencia buena y deseable a los ojos de Eva, pero fue la causa de que nuestros primeros padres fueran arrojados del Ed&#233;n. Aquel paseo ocioso por la terraza del palacio parec&#237;a muy inocente a David, y sin embargo termin&#243; en adulterio y homicidio. En sus principios, el pecado raramente parece pecado. Velemos y oremos, no sea que caigamos en tentaci&#243;n. Podemos dar nombres suaves a la maldad pero no podemos alterar con ello su naturaleza y car&#225;cter perverso delante de dios. Acord&#233;monos de las palabras del ap&#243;stol Pablo: &#8216;Exhortaos los unos a los otros cada d&#237;a, para que ninguno de vosotros se endurezca con enga&#241;o de pecado&#8217; (Hebreos 3:13).<\/p>\n<p>Y antes de proseguir adelante en el estudio del tema, deseo brevemente mencionaros dos pensamientos que con irresistible fuerza se abren paso en mi mente, El primero es &#233;ste: Lo dicho sobre el pecado es motivo m&#225;s que sobrado para una profunda humillaci&#243;n por nuestra parte. Par&#233;monos delante de la imagen que del pecado nos presenta la Biblia, y d&#233;monos cuenta de cu&#225;n viles, depravados y culpables somos delante de Dios. &#161;Cu&#225;n necesario es que en nosotros tenga lugar aquel cambio total y completo de coraz&#243;n que se llama regeneraci&#243;n, nuevo nacimiento o conversi&#243;n! &#161;Qu&#233; masa de imperfecci&#243;n y enfermedad se pega a&#250;n a los mejores de nosotros y en lo mejor de nosotros! &#161;Cu&#225;n solemne es el pensamiento de que &#8216;sin santidad nadie ver&#225; al Se&#241;or&#8217; (Hebreos 12:14). Al pensar en nuestros pecados de comisi&#243;n y de omisi&#243;n, &#161;qu&#233; motivos tenemos para clamar cada noche con el publicano: &#8216;Se&#241;or, s&#233; propicio a m&#237;, pecador&#8217; (Lucas 18:13). Cu&#225;n apropiadas son aquellas palabras del Ritual de nuestra Iglesia: &#8216;El recuerdo de nuestras ofensas nos es doloroso; nos resulta una carga insoportable. Ten misericordia de nosotros, Padre de misericordia; por amor de tu Hijo nuestro Se&#241;or Jesucristo, perd&#243;nanos todo lo pasado&#8217;. El hombre m&#225;s santo, en su propia estimaci&#243;n es un miserable pecador, y hasta el &#250;ltimo momento de su existencia ser&#225; un deudor de la misericordia y de la gracia.<\/p>\n<p>Con todo mi coraz&#243;n me identifico con las palabras de Hooker, que cito a continuaci&#243;n: &#8216;Examinemos a&#250;n las cosas mejores y m&#225;s santas de nuestra vida espiritual; por ejemplo: la oraci&#243;n. Es en la oraci&#243;n cuando nuestros sentimientos hacia Dios m&#225;s se conmueven; sin embargo, aun mientras oramos, &#161;cu&#225;n a menudo nuestros afectos se distraen! &#161;Qu&#233; poca reverencia mostramos hacia la sublime majestad del Dios con quien hablamos! &#161;Qu&#233; poco remordimiento por nuestras propias miserias! &#161;Qu&#233; poco gustamos de la dulce influencia de sus tiernas misericordias! &#191;No es cierto que muchas veces no tenemos deseos de orar? Parece como si Dios, al decirnos &#8216;Clama a m&#237;&#8217;, nos hubiera impuesto una labor pesada. Lo que digo quiz&#225; pueda parecer un poso extremado, pero permitid que vuestro coraz&#243;n haga recto examen de todo esto, y ver&#233;is que es as&#237;. Sab&#233;is que Dios dijo a Abraham que si encontraba cincuenta, cuarenta, veinte o aunque s&#243;lo fueran diez personas justas, por amor a las tales no destruir&#237;a la ciudad de Sodoma. Imaginad que ahora Dios viene a nosotros con una propuesta distinta: la de que escudri&#241;emos a todas las generaciones desde la ca&#237;da de nuestro padre Ad&#225;n hasta nuestro d&#237;a en busca de alguna persona que pueda haber realizado una obra que ante los ojos de Dios sea pura y sin sombra alguna de pecado, y que por amor a esta obra inmaculada Dios estar&#237;a dispuesto a librar a los hombres y a los &#225;ngeles ca&#237;dos de la condenaci&#243;n. &#191;Cre&#233;is que esta obra, este rescate, podr&#237;a hallarse entre todos los hijos de los hombres? &#161;No! A&#250;n en lo m&#225;s perfecto que pueda haber en nosotros hay mucho que necesita perd&#243;n&#8217;.<\/p>\n<p>Estoy persuadido de que cuanta m&#225;s luz se tiene, m&#225;s se llega a ver la pecaminosidad del coraz&#243;n; de ah&#237; que cuanto m&#225;s cerca est&#233; el creyente del cielo m&#225;s debe revestirse de humildad. Si estudi&#225;ramos las biograf&#237;as de los santos m&#225;s eminentes, como Bradford, Rutherford y McCheyne, nos dar&#237;amos cuenta de que ellos han sido tambi&#233;n los hombres m&#225;s humildes.<\/p>\n<p>En segundo lugar deseo que mis lectores se den cuenta de cu&#225;n agradecidos deber&#237;amos estar por el glorioso Evangelio de la gracia de Dios. Existe un remedio para las necesidades del hombre que es tan ancho y profundo, como para cubrir su enfermedad. No debemos, pues, tener miedo de mirar al pecado y estudiar su naturaleza, origen, poder, alcance y car&#225;cter enga&#241;oso si al mismo tiempo miramos a la medicina todopoderosa que en la persona y obra de Cristo tenemos a nuestro alcance. Aunque el pecado abund&#243;, la gracia ha sobreabundado. En la obra que &#201;l hizo muriendo por nuestros pecados y resucitando para nuestra justificaci&#243;n, en los oficios que &#201;l desempe&#241;a como Sacerdote, Sustituto, M&#233;dico, Pastor y Abogado, en la preciosa sangre que derram&#243; y que nos puede limpiar de todo pecado, en la justicia eterna que &#201;l adquiri&#243;, en la intercesi&#243;n continua que como representante nuestro ejerce a la diestra de Dios, en su poder para salvar al peor de los pecadores y su buena disposici&#243;n para recibir y perdonar al m&#225;s inicuo, en la gracia que el Esp&#237;ritu Santo implanta en los corazones de los creyentes, renov&#225;ndolos y santific&#225;ndolos y haciendo que las cosas viejas pasen y que todas sean hechas nuevas, en todo ese, &#161;y qu&#233; resumen m&#225;s breve hemos hecho!, en todo eso, digo, se descubre una medicina completa y perfecta para la horrible enfermedad del pecado. Por terrible y espantosa que resulte la visi&#243;n correcta del pecado, no hay motivo para desmayar ni desesperar; &#161;Miremos a Cristo! No es de extra&#241;ar que el gran siervo de Dios, Flavel, termina cada cap&#237;tulo de su admirable obra &#8216;La Fuente de la Vida&#8217; con aquellas conmovedoras palabras: &#8216;Bendito sea Dios por Jesucristo&#8217;.<\/p>\n<p>En lo que llevamos dicho, no he hecho m&#225;s que estudiar la superficie del tema, y es que la amplitud del mismo escapa a los horizontes de este escrito. Quien desee profundizar m&#225;s sobre el mismo, tendr&#225; que acudir a los estudios completos y exhaustivos de los maestros de la teolog&#237;a experimental, tales como Owen, Burgess, Manton, Charnock y otros gigantes de la escuela puritana. En temas como el que nos ocupa ning&#250;n escritos puede compararse con los puritanos. Ahora s&#243;lo me resta establecer unas conclusiones pr&#225;cticas que de la doctrina del pecado podemos inferir.<\/p>\n<p>a.      El concepto b&#237;blico de pecado es uno de los mejores ant&#237;dotos contra la oscura, vaga y nebulosa teolog&#237;a de nuestro tiempo. La base doctrinas del cristianismo mayoritario de nuestro tiempo, si bien no podemos decir que no sea evang&#233;lica, tenemos motivos suficientes para sospechar que no da el peso, no llega a los 1000 gramos el kilo. Es un cristianismo en el que, sin duda alguna, &#8216;hay algo de Cristo, algo de gracia, algo sobre la fe, algo sobre el arrepentimiento y algo sobre la santidad&#8217;, pero no es la cosa verdadera tal como se encuentra en la Biblia. Todo se encuentra fuera de lugar y fuera de proporci&#243;n. En una mezcla doctrinal confusa, que ni puede influenciar la conducta diaria, ni brindar consuelo en la vida, ni dar paz en la hora de la muerte; y los que la profesan se dan cuenta de ello cuando es demasiado tarde. La mejor manera de subsanar un cristianismo endeble, es predicar y llevar a primer plano la vieja doctrina b&#237;blica de la pecaminosidad del pecado. La gente no volver&#225; sus rostros hacia el cielo, hasta que no llegue a experimentar la realidad del pecado y el peligro del infierno. Esforc&#233;monos para predicar en todas partes esta olvidada doctrina del pecado. No olvidemos que &#8216;la ley es buena, si alguno usa de ella leg&#237;timamente&#8217; y que &#8216;por la ley viene el conocimiento del pecado&#8217; (1&#170; Timoteo 1:8; Romanos 3:20; 7:17). Confrontemos a la gente con la ley. Expongamos los Diez Mandamientos y golpeemos las conciencias con la amplitud, profundidad y altura de sus requerimientos. Esto fue lo que hizo el Se&#241;or Jes&#250;s en el Serm&#243;n del Monte; y lo mejor que nosotros podemos hacer es imitarle. La gente nunca acudir&#225; verdaderamente a Jes&#250;s, permanecer&#225; con Jes&#250;s y vivir&#225; con Jes&#250;s, a menos que vea su necesidad y sepa por qu&#233; ha de acudir. Las almas que verdaderamente acuden a Jes&#250;s, son aquellas a las que el Esp&#237;ritu Santo ha dado convicci&#243;n de pecado. Sin una convicci&#243;n genuina de pecado los hombres podr&#225;n actual como si en verdad siguieran a Jes&#250;s, pero tarde o temprano volver&#225;n al mundo. <\/p>\n<p>El concepto b&#237;blico del pecado es uno de los mejores ant&#237;dotos contra la teolog&#237;a liberal y modernista tan en boga en nuestros d&#237;as. La tendencia del pensamiento moderno es la de rechazar credos, dogmas y cualquier encasillamiento doctrinal. Se considera como principio sabio y sublime el no condenar ninguna opini&#243;n, y considerar a los inteligentes y sinceros maestros de la &#233;poca como dignos de ser o&#237;dos y respetados, pese a la heterogeneidad de su pensamiento y a los efectos destructivos de sus sistemas. En pocas palabras: seg&#250;n el sentir de hoy en d&#237;a todo el mundo tiene raz&#243;n y nadie est&#225; equivocado. &#161;Todo es verdad y nada es mentira! &#161;Todo el mundo se salvar&#225;, y nadie se perder&#225;! La obra de la Redenci&#243;n y de la Sustituci&#243;n, la personalidad del diablo, el elemento sobrenatural y milagroso de la Escritura, la realidad y eternidad del castigo futuro, todas estas grandes y enormes piedras fundamentales son serenamente arrojadas por la borda, como si fueran maderas, para aligerar el barco del cristianismo y poder as&#237; navegar a comp&#225;s con el barco de la ciencia. Y si alguien se atreve a alzar su voz en contra de estas innovaciones, enseguida se le tildar&#225; de ignorante, atrasado, y de f&#243;sil teol&#243;gico. Si citamos la Biblia se nos dir&#225; que &#8216;toda la verdad no se contiene en las p&#225;ginas de este viejo libro jud&#237;o, y que la investigaci&#243;n actual ha encontrado y descubierto muchas cosas desde que el Libro se termin&#243;&#8217;. Para contrarrestar esta plaga moderna no hay mejor m&#233;todo que el de predicar claramente la naturaleza, realidad, enga&#241;o, poder y culpa del pecado. Debemos atacar las conciencias de estos hombres de &#8216;ideas tan amplias&#8217;, con nociones claras sobre el pecado. Debemos pedirles que con la mano sobre el coraz&#243;n, nos digan si sus opiniones favoritas les son de consuelo en los d&#237;as de enfermedad, en la hora de la muerte, o junto al lecho de muerte de sus padres, o junto a la sepultura de la esposa amada o el hijo querido. Debemos preguntarles si una vaga &#8216;buena fe&#8217;, sin contenido doctrinal definido, puede darles paz en tales circunstancias. Debemos preguntarles si de vez en cuando no sienten como un corroer interior, y si en verdad toda esta investigaci&#243;n, filosof&#237;a y ciencia del mundo, les llega a satisfacer. Y hemos de explicarles que este algo que corroe, es un sentimiento de pecado y culpabilidad que ellos tratan de acallar e ignorar. Sobre todas las cosas debemos decirles que s&#243;lo una sincera sumisi&#243;n a las viejas doctrinas de la ca&#237;da y ruina del hombre y de la rendici&#243;n a Cristo, pueden proporcionar verdadero descanso. <br \/>\nEl concepto b&#237;blico del pecado es uno de los mejores ant&#237;dotos contra un cristianismo ritualista. Puedo comprender bien que para un alma que no ha sido iluminada por el Esp&#237;ritu, una liturgia florida y un ritualismo elaborado tengan un gran atractivo. Pero me resisto a creer que una vez la conciencia ha sido despertada y vivificada, un culto ritualista pueda satisfacerle plenamente. Mientras no tenga hambre, con fastuosos juguetes y sonajeros podremos acallar al beb&#233;, pero tan pronto como sienta los imperiosos deseos que reclaman satisfacci&#243;n, nada lo calmar&#225; a no ser la comida. Y as&#237; sucede con el hombre en lo que concierne a su alma. La m&#250;sica, las flores, los cirios, el incienso, etc. Podr&#225;n complacer el alma bajo ciertas condiciones, pero una vez esta alma &#8216;se levanta de los muertos&#8217; ya no se contentar&#225; con estas cosas; las considerar&#225; como bagatelas y p&#233;rdida de tiempo. Cuando un pecador ve su pecado lo &#250;nico que desea ver es al Salvador. Experimenta sobre s&#237; los efectos de una enfermedad terrible, y s&#243;lo el gran M&#233;dico puede curar sus dolencias. Tiene hambre y sed, y desea el agua de vida y el pan de vida. No tendr&#237;amos tanto romanismo en nuestro pa&#237;s si en los &#250;ltimos veinticinco a&#241;os la doctrina de la pecaminosidad del pecado hubiera sido predicada. <br \/>\nEl concepto b&#237;blico del pecado es uno de los mejores ant&#237;dotos contra las teor&#237;as forzadas que sobre la perfecci&#243;n y santificaci&#243;n cristiana prevalecen en nuestro tiempo. No me extender&#233; mucho sobre este punto, y conf&#237;o que lo poco que diga no ofenda a nadie. Estoy de acuerdo con aquellos que buscan la perfecci&#243;n en el uso diligente y constante de los medios de gracia y en el progresivo desarrollo de las gracias del car&#225;cter cristiano. Pero si se nos dice que en este mundo el creyente puede conseguir un estado libre del pecado, y que puede vivir a&#241;os y a&#241;os en una ininterrumpida comuni&#243;n con Dios y por largos meses puede no tener no un solo pensamiento malo, con toda honestidad debe decir que tal creencia me parece totalmente desprovista de base b&#237;blica. Y a&#250;n dir&#233; m&#225;s: tal creencia es muy peligrosa para el que la tiene, y redundar&#225; en perjuicio propio y de aquellos qe sinceramente buscan su salvaci&#243;n. <br \/>\nNo encuentro en la Biblia esta noci&#243;n de que mientras estamos en la carne podamos alcanzar tal perfecci&#243;n. Creo que las palabras del Art&#237;culo Quince de nuestra confesi&#243;n son estrictamente verdaderas: &#8216;S&#243;lo Cristo fue sin pecado y todos nosotros, aunque bautizados y nacidos de nuevo en Cristo, ofendemos en muchas cosas; y si decimos que no tenemos pecado, nos enga&#241;amos a nosotros mismos y la verdad no est&#225; en nosotros&#8217;. A&#250;n en nuestra mejores obras hay imperfecci&#243;n; no amamos a Dios como deber&#237;amos, es decir, con todo nuestro coraz&#243;n, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas; no tememos a Dios como deber&#237;amos; nuestras oraciones est&#225;n manchadas de imperfecci&#243;n. Damos, perdonamos, creemos, vivimos y esperamos, pero de una manera imperfecta; luchamos contra el diablo, el mundo y la carne de una manera imperfecta. No nos avergoncemos, pues, de confesar nuestro estado de imperfecci&#243;n. Repito de nuevo lo que ya he dicho: el mejor ant&#237;doto en contra de esta ilusi&#243;n vana de perfeccionamiento que nubla algunas mentes, es el que se deriva de una noci&#243;n clara y profunda de la naturaleza, pecaminosidad y enga&#241;o del pecado.<\/p>\n<p>En &#250;ltimo lugar, el concepto b&#237;blico del pecado viene a ser un ant&#237;doto admirable contra el concepto tan pobre que hoy en d&#237;a se tiene de la santidad personal. Ya s&#233; que este tema es muy delicado y doloroso, pero no por ello lo pasar&#233; por alto. Ya desde hace tiempo, mi triste convicci&#243;n es de que la regla de vida diaria ha ido descendiendo y va empobreci&#233;ndose cada vez m&#225;s entre los que profesan ser creyentes. Mucho me temo que aquella caridad a la semejanza de Cristo, aquella amabilidad y buen temperamento, aquel desinter&#233;s y mansedumbre, aquel celo y deseo de hacer el bien, aquella consagraci&#243;n y separaci&#243;n del mundo, que eran tan apreciadas por nuestros antepasados, en nuestro tiempo, no tienen la estima que deber&#237;an tener. <br \/>\nNo pretendo desarrollar exhaustivamente las causas que han ocasionado este estado de cosas, sino que har&#233; algunas conjeturas para la consideraci&#243;n del lector. Quiz&#225; se deba a que cierta profesi&#243;n de fe religiosa se ha puesto tan de moda y f&#225;cil, que las corrientes que eran estrechas y profundas ahora se han ensanchado y perdido profundidad; lo que se ha ganado en apariencia externa, se ha perdido en calidad. Quiz&#225; se deba a la prosperidad material registrada en los &#250;ltimos veinte a&#241;os y que ha introducido en el cristianismo una plaga mundana de indulgencia propia y &#8216;amor a la buena vida&#8217;. Lo que antes eran lujos, ahora son necesidades; la abnegaci&#243;n y el esp&#237;ritu de sacrificio ahora casi se desconocen. Quiz&#225; la gran controversia religiosa de nuestro tiempo haya secado la vida espiritual de muchos. A menudo nos hemos contentado con mostrar celo por la pureza doctrinal del Evangelio y hemos descuidado las sobrias realidades de una vida de piedad. Sean cuales sean las causas, los resultados permanecen: el nivel de santidad personal del creyente ha bajado, y &#161;el Esp&#237;ritu Santo est&#225; siendo contristado! Todo esto requiere, por nuestra parte, una sincera y profunda humillaci&#243;n y un examen de coraz&#243;n.<\/p>\n<p>El remedio para todo este estado de cosas hay que buscarlo en una comprensi&#243;n clara y b&#237;blica de la pecaminosidad del pecado. No es necesario ir a Egipto o adoptar pr&#225;cticas semi-romanas para reavivar nuestra vida espiritual. No hay necesidad de que instauremos de nuevo el confesionario o volvamos al monasticismo y al ascetismo. &#161;Nada de eso! Debemos, simplemente, arrepentirnos y hacer nuestras primeras obras; debemos acudir de nuevo a las &#8216;sendas antiguas&#8217;. Debemos arrodillarnos humildemente en la presencia de dios, y mirar de frente a lo que el Se&#241;or Jes&#250;s llama pecado y a lo que el Se&#241;or Jes&#250;s llama &#8216;hacer su voluntad&#8217;. D&#233;monos entonces cuenta de que es terriblemente posible vivir una vida despreocupada, f&#225;cil y medio mundana, y mantener, al mismo tiempo, principios evang&#233;licos y considerarnos evang&#233;licos. Una vez nos hayamos percatado de que el pecado es abominable, que mora en nosotros de una manera muy intensa y que se adhiere a nosotros m&#225;s de lo que llegamos a suponer, seremos llevados a confiar, creer y permanecer m&#225;s cerca de Cristo. Una vez cerca de Cristo, beberemos m&#225;s profundamente de Su plenitud, y aprenderemos de una manera m&#225;s real a &#8216;vivir la vida de fe&#8217; tal como hizo San Pablo. Una vez hayamos sido ense&#241;ados a vivir la vida de la fe en Cristo, morando en &#201;l, llevaremos m&#225;s fruto y estaremos m&#225;s fortalecidos para el desempe&#241;o de nuestras obligaciones, seremos m&#225;s pacientes en la tribulaci&#243;n, ejerceremos m&#225;s vigilancia sobre nuestros pobres y d&#233;biles corazones y nos transformaremos m&#225;s a la semejanza de nuestro Maestro. En la misma proporci&#243;n en que apreciemos lo que Cristo ha hecho por nosotros, nos esforzaremos en vivir y trabajar para &#201;l. Siendo mucho lo que sintamos haber sido perdonados, mucho le amaremos. En resumen y como dice el ap&#243;stol: &#8216;mirando a cara descubierta como en u espejo la gloria del Se&#241;or, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Esp&#237;ritu del Se&#241;or&#8217; (2&#170; Corintios 3:18).<\/p>\n<p>A simple vista parece experimentarse en nuestro tiempo un creciente deseo de santidad. Las conferencias para promover una vida de santidad son muy comunes y frecuentes. El tema de la &#8216;vida espiritual&#8217; es el de muchos congresos y el de muchas reuniones y ha despertado inter&#233;s general en nuestra naci&#243;n. De ello deber&#237;amos alegrarnos. Todo movimiento que, basado en sanos principios, tenga como meta profundizar las ra&#237;ces de nuestra vida espiritual y aumentar la santidad personal, vendr&#225; a ser una verdadera bendici&#243;n para nuestras iglesias, har&#225; mucho para reunir a los cristianos y salvar las tristes divisiones entre los creyentes. Puede traernos un derramamiento fresco de la gracia del Esp&#237;ritu y venir a ser vida para los muertos. Pero tal como dije al principiar este escrito, si queremos edificar alto, primero debemos cavar hondo; y estoy convencido de que el primer paso para conseguir una santidad de vida m&#225;s elevada consiste en darse cuenta de la terrible pecaminosidad del pecado.<\/p>\n<p>Autor: J. C. Ryle (1816 &#8211; 1900)<br \/>\nObra: Perlas Cristianas<br \/>\nEditada por: The Banner of Truth<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pecado es transgresi&#243;n de la ley&#8217; (1&#170; Juan 3:4) Quien desee tener nociones claras sobre la santidad cristiana, debe empezar estudiando el vasto y solemne tema del pecado. Si se quiere edificar muy alto, primero se ha de cavar muy hondo. Cualquier error sobre este punto es fatal. 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