{"id":5681,"date":"2016-02-08T19:11:47","date_gmt":"2016-02-09T00:11:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/desnudarse-para-vestirse\/"},"modified":"2016-02-08T19:11:47","modified_gmt":"2016-02-09T00:11:47","slug":"desnudarse-para-vestirse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/desnudarse-para-vestirse\/","title":{"rendered":"Desnudarse para vestirse"},"content":{"rendered":"<div>Una constante del ser humano es la vestimenta. Desde que Dios expuls&#243; a nuestros primeros padres del Para&#237;so y los \u00abvisti&#243;\u00bb con una piel de cordero, al que primeramente hubo de sacrificar, la raza humana a cubierto su desnudez de forma sencilla, como lo hacen las tribus que a&#250;n perviven en la Amazon&#237;a, o de forma un poco m&#225;s aparatosa, como el \u00abcivilizado\u00bb hombre occidental.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">El hombre y la mujer, de ordinario, se sienten avergonzados de ir descubiertos, sin nada que tape sus verg&#252;enzas. Es natural el ocultarse cuando, por cualquier circunstancia, nos vemos desnudos ante otros semejantes. En un s&#243;lo lugar de la Escritura se nos muestra que no se avergonzaban, a pesara de estar desnudos. Fue cuando estaban en el Ed&#233;n que Dios hab&#237;a creado para ellos (G&#233;n. 2:25).<\/p>\n<p>A partir de su pecado de desobediencia, ellos mismos trataron de cubrirse con hojas de higuera (G&#233;n. 3:7), que posteriormente el Creador cambi&#243; por las citadas pieles de cordero (G&#233;n. 3:21).<\/p>\n<p>Lo que entonces fue una necesidad, el estar cubierto, se fue convirtiendo, poco a poco, en una manifestaci&#243;n m&#225;s del car&#225;cter del hombre y, la sencillez de la cubierta de Dios, se transform&#243; en uno de los principales ornamentos de la mujer y del var&#243;n.<\/p>\n<p>Hasta tal punto ha llegado la sofisticaci&#243;n del vestido que, en la actualidad, es un important&#237;simo mercado que mueve miles de millones al a&#241;o. De hecho hay algunos canales de TV, que se emiten diariamente, durante los cuales se muestran distintos pases de modelos durante todo el d&#237;a, a lo largo de 12 &#243; 14 horas, sin repetirse. Esto da un vislumbre de la cantidad de personas dedicadas a este lucrativo negocio.<\/p>\n<p>A lo largo de la historia la moda ha sido muy cambiante, pero siempre ha habido moda. Parte de la vanidad del hombre, y sobre todo de la mujer, ha sido satisfecha a trav&#233;s de la moda. Por eso, aquello que fu&#233; dise&#241;ado por Dios como una simple cubierta que tapara a los ojos de los dem&#225;s nuestro cuerpo es, hoy en d&#237;a, una prueba mas de la decadencia del hombre que da una suma importancia a aquello que no lo tiene y resta categor&#237;a a las cosas que Dios se&#241;ala como importante (Mt. 6:25-34).<\/p>\n<p>Lo mismo podr&#237;amos decir de la comida que, de un medio dado para la subsistencia, hemos creado un imperio para los sentidos.<\/p>\n<p>Quiero que se me entienda bien, no estoy en contra de los gustos particulares de cada persona, Dios nos ha dado ojos para ver y paladar para disfrutar de los alimentos que &#201;l puso para nuestro deleite; pero nosotros hemos convertido estas dos necesidades b&#225;sicas en un sofisticado placer para nuestros sentidos, llegando a extremos insospechados para satisfacer nuestros refinados gustos. Una de las profesiones mejor pagadas, si se es un buen profesional, es sin duda alguna la de cocinero. Se han escrito cientos de libros para ense&#241;ar, no s&#243;lo a cocinar, si no mas bien a elevar la sensualidad del gusto a cimas incre&#237;bles. En ciertos restaurantes lujosos se llegan a pagar verdaderas fortunas por platos decorados con un arte exquisito y que no tienen mas de cuarto kilo de alimento. Fij&#225;os bien y ver&#233;is como todo lo que tenga que ver con el placer de los sentidos el hombre lo ha llevado a las m&#225;s altas cotas del refinamiento.<\/p>\n<p>Ahora bien, para vestirnos, es una evidencia que debemos previamente quitarnos la ropa que llevamos puesta. As&#237; pues, una vez desvestidos y antes de ponernos las nuevas prendas, hay un momento en el que estamos desnudos. Este cambio, normalmente, lo realizamos en una habitaci&#243;n cerrada, si es en nuestra casa, o en un vestidor, si es en una tienda de ropa.<\/p>\n<p>&#191;Porqu&#233; hacemos as&#237;? Naturalmente por la verg&#252;enza que a todos nos da el mostrarnos tal como somos a los ojos de los dem&#225;s y, salvo casos concretos principalmente en ambientes de prostituci&#243;n, &#233;ste principio es v&#225;lido para todos nosotros.<\/p>\n<p>As&#237; que concluimos que, en condiciones normales, solemos cubrirnos ante el resto de los mortales.<\/p>\n<p>En la Palabra se nos muestra un hombre que fu&#233; despojado de su vestimenta y expuesto a vituperio; lo contemplaron en su absoluta desnudez y, ante los ojos de los injustos, el Justo fu&#233; manifestado. Las tinieblas \u00abvieron\u00bb la Luz, y los imperfectos admiraron la perfecci&#243;n en su mas alta expresi&#243;n (Is. 53:2-9).<\/p>\n<p>Estamos acostumbrados a ver cuadros con la figura del Se&#241;or Jesucristo cubriendo, por recato del pintor, sus partes m&#225;s &#237;ntimas con un lienzo; una especie de sabanilla que oculta las partes indecorosas de su cuerpo a nuestra vista. Pero la realidad fu&#233; muy otra. &#201;l estuvo desnudo ante aquellos que le menospreciaban, sin nada que ocultar ante la soldadesca, civiles y religiosos de aquella &#233;poca. El Impecable expuesto ante los pecadores. Tan desnudo estuvo que hasta la cubierta espiritual que el Padre le daba, al mantenerse en continua comuni&#243;n con &#201;l, le fu&#233; quitada: \u00abEl&#237;, El&#237;, &#191;lama sabactani? (Sal. 22:1, Mt. 27:46, Mr. 15:34).<\/p>\n<p>El Cordero fu&#233; desnudado de su piel para nosotros ser vestidos con ella. El Justo fu&#233; considerado como injusto para ser nosotros revestidos de su Justicia. Al Sumo Obediente se le estim&#243; como rebelde para que su perfecta obediencia fuera aplicada para nuestra salvaci&#243;n. S&#237;, &#201;l estuvo desnudo ante todos, y nadie pudo hallar en &#201;l defecto alguno. Era un Cordero perfecto, sin nada que ocultar. &#201;l genuino Cordero de Dios (Ex. 12:5, Jn. 1:29).<\/p>\n<p>No s&#233; si en esta vida llegaremos a tener un entendimiento pleno de lo que &#201;l ha hecho por nosotros. El que pudi&#233;ramos ver su desnudez natural, f&#237;sica, no ten&#237;a mayor trascendencia para su alma tan pura, pero el verse delante de todos sin Aquel que hasta entonces hab&#237;a sido su verdadero vestido (Jn. 12:45) fu&#233; demoledor para &#201;l.<\/p>\n<p>Nos es dif&#237;cil entender ese angustioso clamor que sal&#237;a de lo mas profundo de su esp&#237;ritu: \u00abDios m&#237;o, Dios m&#237;o, &#191;por qu&#233; me has desamparado?\u00bb<\/p>\n<p>Cuando en nuestra vida cotidiana el Se&#241;or aparta, por un momento, su Presencia de nosotros, nos angustiamos a pesar de tener su promesa de que no nos abandonar&#225; nunca (Is. 49:15-16).<\/p>\n<p>&#191;Qu&#233; debi&#243; pues ser aquel instante? Indudablemente es un misterio. Como tantas cosas del Reino solo se puede entender por revelaci&#243;n. Las palabras y el entendimiento se quedan cortos. S&#243;lo Dios lo puede revelar, personalmente, a cada una de sus ovejas.<\/p>\n<p>Retomando el hilo del inicio, volvemos al estudio de la vestimenta. Despu&#233;s de este peque&#241;o pensamiento sobre la sublime desnudez del Maestro, llegamos t&#250; y yo vestidos f&#237;sica y espiritualmente. Ambos vestidos nos han sido dados por el Supremo Hacedor. El primero cuando vinimos a este mundo, al nacer de nuestra madre. Y el segundo, tambi&#233;n dado sin coste alguna por nuestra parte, al ser nacidos de nuevo para el Reino Celestial (Jn. 3:3).<\/p>\n<p>Pudiera ser que en alg&#250;n momento las circunstancias de la vida nos obligaran a mostrarnos, tal cual somos, ante otros. Por ejemplo, durante la &#250;ltima cruel guerra mundial, los nazis desnudaban a sus v&#237;ctimas, en mas de una ocasi&#243;n, para finalmente aniquilarlos en los hornos crematorios. Durante el periodo militar, al menos hace tiempo, los reclutas marchaban desnudos, en fila india, por las duchas colectivas. Tambi&#233;n las mujeres, en ciertos lugares deben, por falta de mayor privacidad, lavarse desnudas en grupo.<\/p>\n<p>Resumiendo, que existen ciertos momentos y circunstancias que nos obligan a desnudarnos y vernos, unos a otros, como \u00abnuestra madre nos trajo al mundo\u00bb. Pero hay otra desnudez mucho mas angustiosa todav&#237;a, la cual a ninguno de nosotros nos gustar&#237;a padecer, y es la desnudez del alma. Aquella que nos muestra como somos. La que ense&#241;a las partes mas &#237;ntimas de nuestro ser. Aquella desnudez que ense&#241;a a otros nuestros \u00ablugares oscuros\u00bb. Lo que con mas ah&#237;nco ocultar&#237;amos, Dios permite que se exponga a otros. Si nos rendimos lo suficiente, Dios traer&#225; a juicio estos dominios donde &#201;l no reina. Indudablemente ser&#225; doloroso, pero el crecimiento que estos tratos pueden traer sobre nuestra vida espiritual es inconmensurable. Ahora bien, deber&#237;amos ser de aquellos que no tienen nada que ocultar. Debi&#233;ramos podernos manifestar ante los dem&#225;s tal cual. Pero, infelizmente, no podemos hacerlo. Dios que nos conoce tan bien, mejor que nosotros mismos, sabe que somos como los no pudieron apedrear a la mujer ad&#250;ltera dado que, desde el mayor hasta el menor, todos ten&#237;an algo que ocultar.<\/p>\n<p>Pero la Escritura nos muestra, al margen del Maestro, otras personas que se pudieron mostrar p&#250;blicamente tal y como eran sin temor a la afrenta. Naturalmente hablamos de Pablo y Bernab&#233; que el cap&#237;tulo 14 de los Hechos aparecen rasg&#225;ndose las vestiduras y exponi&#233;ndose, no solo a los ojos, mas tambi&#233;n a las iras de la multitud.<\/p>\n<p>He aqu&#237; hombres que no temieron mostrarse ante los dem&#225;s. &#191;Y sab&#233;is porqu&#233;? Porque se consideraban igual al resto de los mortales. Ninguna presunci&#243;n ni sensaci&#243;n de superioridad les embargaba, adem&#225;s de proclamar que en nada se diferenciaban de los que les aclamaban como dioses. Si t&#250; y yo nos sinti&#233;ramos como el resto, no habr&#237;a raz&#243;n para tapar &#225;reas oscuras. Si nos conoci&#233;ramos como Dios nos conoce, sabr&#237;amos que las mismas pasiones que luchan, y a veces vencen, en tu interior, son las que hay tambi&#233;n en todos nuestros hermanos. Solo que tendr&#237;amos un coraz&#243;n m&#225;s blandito para juzgarnos unos a otros. No nos enga&#241;emos como tu y yo somos, son los dem&#225;s. Las mismas presiones y tentaciones que te acontecen a ti, acontecen al resto. Limpi&#233;monos, pues, de toda contaminaci&#243;n de alma y esp&#237;ritu (2 Cor. 7:1) y no temamos ser expuestos ante esta humanidad. Seamos dechados de la grey, sin nada que esconder y si alg&#250;n d&#237;a hemos de ser juzgados por este mundo, quiera Dios que no nos vean a nosotros mismos, sino a nuestro Se&#241;or Jesucristo en nosotros. Am&#233;n y am&#233;n.<\/p>\n<p>Epafrodito<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una constante del ser humano es la vestimenta. 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