{"id":5729,"date":"2016-02-08T19:12:15","date_gmt":"2016-02-09T00:12:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-el-camino-hacia-dios\/"},"modified":"2016-02-08T19:12:15","modified_gmt":"2016-02-09T00:12:15","slug":"en-el-camino-hacia-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-el-camino-hacia-dios\/","title":{"rendered":"En el camino hacia Dios"},"content":{"rendered":"<div>por Madame Guy&#243;n  <\/p>\n<p>UNA VISI&#211;N CONCISA DEL CAMINO HACIA DIOS;<\/p>\n<p>Y DEL ESTADO DE UNI&#211;N<\/p><\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">&#8220;La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, as&#237; como nosotros somos uno. Yo en ellos y t&#250; en m&#237;, para que sean perfectos en unidad&#8221;.<\/p>\n<p>Evangelio de Juan 17:22<\/p>\n<p>Traducci&#243;n, hijo mayor de Epafrodito<\/p>\n<p>&#8220;Que la luz del Eterno brille sobre ti, querido padre&#8221;<\/p>\n<p>\nPrimera impresi&#243;n, diciembre 1998<br \/>\nC&#237;rculo Santo<br \/>\nMadrid<\/p>\n<p>Traducida de la versi&#243;n:<br \/>\n&#8220;On the way to God&#8221;<br \/>\nEdited by James W. Metcalf<\/p>\n<p>New York:<br \/>\nPublicado por M.W.Dodd, Brick Church Chapel, City Hall Square 1853<\/p>\n<p>Este peque&#241;o tratado de Madame Guy&#243;n resume gran parte de lo que ella aprendi&#243; en los caminos de su Se&#241;or.<\/p>\n<p>NOTA <\/p>\n<p>Y ahora, amado lector, una &#250;ltima palabra como conclusi&#243;n, proveniente del amor de Dios para contigo. Dios te ha guiado, en su Providencia, a abrir este libro para que te pueda hacer bien. Si, por medio, de su infinita misericordia, has tenido una experiencia personal de las cosas aqu&#237; relatadas, tu coraz&#243;n sobreabundar&#225; de agradecimiento y adoraci&#243;n a medida que vayas leyendo. &#161;Oh, lo que Dios ha forjado! Si no es as&#237;, encontrar&#225;s muchas cosas extra&#241;as. Y no ser&#237;a raro que te inclinaras por tachar muchas de ellas de falsedad. Cuidado. No desconf&#237;es de las buenas nuevas de estos esp&#237;as que Dios ha enviado delante tuya a la tierra prometida. Es una tierra que fluye leche y miel; y Dios luchar&#225; de nuestro lado para conseguirla.   <\/p>\n<p>El hombre natural no recibe las cosas de Dios, pues son locura para &#233;l; tampoco las puede conocer, pues se disciernen a trav&#233;s del esp&#237;ritu. Si, por tanto, no has experimentado las cosas que siguen, no te extra&#241;es de que suenen como algo falso. En el tiempo de Dios, ser&#225;n percibidas, si perseveras en conocer. Espero que no recibas nada m&#225;s que lo que se acompa&#241;a por el Am&#233;n del Esp&#237;ritu de Dios en tu coraz&#243;n; todo lo dem&#225;s es vanidad de vanidades. Si lees de esta forma, en una absoluta dependencia, no en la sabidur&#237;a o ense&#241;anza del hombre, sino en los susurros del bendito Esp&#237;ritu interior, ser&#225;s infaliblemente guiado a toda Verdad. Tal es la promesa de Aquel que no puede mentir.<\/p>\n<p>PARTE I <br \/>\nEN EL CAMINO HACIA DIOS <\/p>\n<p><b>CAPITULO I <\/p>\n<p>EL PRIMER NIVEL: LA CONVERSI&#211;N<\/b><\/p>\n<p>1.  El primer nivel es el regreso del alma hacia Dios, cuando, siendo verdaderamente convertida, empieza a subsistir mediante la gracia. <\/p>\n<p><b>CAPITULO II <\/p>\n<p>EL SEGUNDO NIVEL: EL TOQUE EFICAZ SOBRE LA VOLUNTAD<\/b><\/p>\n<p>2.    Seguidamente, el alma recibe un toque eficaz y verdadero en la voluntad, que invita al alma al recogimiento, y la instruye en que Dios est&#225; en el interior y debe ser buscado all&#237;; de que &#201;l est&#225; presente en el coraz&#243;n, y que debe disfrutar de &#201;l all&#237;. <\/p>\n<p>3.    Este descubrimiento, al principio, es fuente de gran regocijo para el alma, ya que es un indicio o promesa de la felicidad que ha de venir. Desde sus comienzos, el camino que ha de seguirse se abre y se muestra como aquel que pertenece a la vida interior. Este conocer es el m&#225;s admirable, ya que es la primavera de toda la felicidad del alma y el s&#243;lido cimiento del progreso interior; en cuanto a aquellas almas que se inclinan hacia Dios solamente a trav&#233;s del intelecto, a pesar de que han de disfrutar hasta cierto punto de una contemplaci&#243;n espiritual, si no dejan esa senda y entran en esta del tocar interior, donde toda el obrar est&#225; en la voluntad, nunca pueden entrar a la uni&#243;n &#237;ntima. <\/p>\n<p>4.                Aquellos que son guiados a este camino, aunque dirigidos por un ciego abandono, experimentan un sano y profundo conocimiento. No caminan con la luz del intelecto, como los anteriores, que reciben luces inequ&#237;vocas que les gu&#237;an, y quienes, teniendo una n&#237;tida vista del sendero, nunca se introducen en esos impenetrables desfiladeros de la oculta voluntad, que son reservados para los postreros. No. Los primeros siguen avanzando sobre la evidencia engalanada por su luz, auxiliada por su raz&#243;n, y les va bien. Sin embargo, los postreros est&#225;n destinados a seguir ciegamente una senda desconocida, la cual, a pesar de todo, les parece totalmente natural, aunque parece como si se les &#8220;forzara&#8221; a sentir su camino. Caminan, empero, con mayor certeza que los otros, que est&#225;n sujetos a ser enga&#241;ados en sus luces intelectuales, pues son guiados por una Voluntad suprema que les dirige a su antojo. Y como consecuencia, toda inmediata obra llevada a cabo se realiza en el centro del alma, esto es, en los tres poderes reducidos a la unidad de la voluntad, donde todos ellos son absorbidos, siguiendo inconscientemente la senda prescrita para ellos por medio de aquel toque al que nos hemos referido con anterioridad.<\/p>\n<p>5.         Estos postreros son aquellos que prosiguen el camino de la Fe y el Abandono absoluto. No tienen deleite ni libertad con ninguna otra senda; todo lo dem&#225;s les limita e incomoda. Habitan en mayor aridez que los otros, ya que al no haber nada claro y definido a lo que sus mentes est&#225;n unidas sus pensamientos divagan a menudo y nada tienen a donde poder fijarlos. Y as&#237; como existen diferencias entre las almas, algunas con deleites perceptibles, y otras m&#225;s &#225;ridas, as&#237; es con aquellos que son guiados por la voluntad. La primera clase de creyente tiene mayor deleite y un aprendizaje menos s&#243;lido, y han de refrenar su excesivo entusiasmo en su temperamento, y sufrir el dejar pasar sus emociones, incluso cuando parece que se queman de amor. Los postreros parecen que son m&#225;s duros y m&#225;s insensibles, y su estado se muestra absolutamente natural, no obstante, existe algo fr&#225;gil en lo profundo de la voluntad que sirve para alimentarles, y es, por as&#237; decirlo, la esencia condensada de lo que los otros experimentan en el intelecto y en el ardor del prop&#243;sito. <\/p>\n<p>6.         Sin embargo, al ser este apoyo sumamente delicado, con frecuencia se vuelve imperceptible, y se esconde de las cosas m&#225;s insignificantes. Esto da pie a gran sufrimiento, especialmente en tiempos de tribulaci&#243;n y tentaci&#243;n, ya que al ser el deleite y el apoyo fr&#225;giles, y estar disimulados, la voluntad participa en gran manera del mismo car&#225;cter de la persona, de manera que tales almas no tienen una fuerte voluntad como la de aquellas almas. Su estado es m&#225;s indiferente e insensible, y su naturaleza m&#225;s tranquila. Pero esto no les evita el tener tan intensos, e incluso m&#225;s serios problemas que otros, porque al no hacerse en ellos nada por impulso, todo toma lugar, por as&#237; decirlo, naturalmente, y su d&#233;bil, insensible y oculta voluntad no puede ser hallada para estar avizor contra sus enemigos. Su fidelidad, empero, con frecuencia sobrepasa la de otros. Date cuenta de la llamativa diferencia entre Pedro y Juan; uno parece sobreabundar con extraordinario celo, y se va a pique a la voz de una criada; el otro no hace manifestaci&#243;n externa, y permanece fiel hasta el fin. <\/p>\n<p>7.    Entonces, me preguntar&#225;s, si estas almas no son acuciadas por influencia violenta, sino que caminan en ceguera, &#191;hacen la voluntad de Dios?  La hacen, y a&#250;n mejor, aunque no tienen clara garant&#237;a de ello. La Voluntad de Dios est&#225; grabada con caracteres imborrables sobre su m&#225;s rec&#243;ndito interior, de manera que ellos llevan a cabo con un fr&#237;o y l&#225;nguido -m&#225;s firme e inviolable- abandono, lo que los otros logran por las meditaciones de un exquisito placer y deleite. <\/p>\n<p>8.  De esta forma contin&#250;an caminando bajo la influencia de este tocar divino, de un nivel a otro, por una fe m&#225;s o menos percibida de una manera consciente, y experimentan constante alternancia entre aridez y disfrute de la presencia de Dios, pero siempre encontrando que el disfrute se va haciendo sin cesar m&#225;s profundo y menos perceptible y, as&#237;, m&#225;s delicado e interior. Tambi&#233;n descubren que, en medio de su aridez, y sin ninguna luz n&#237;tida, no son los menos iluminados, porque este estado es luminoso en s&#237; mismo, aunque oscuro para el alma que mora en &#233;l. Y tan cierto es esto que se encuentran a s&#237; mismos m&#225;s familiarizados con la verdad; me refiero a esa verdad implantada en su interior, y que causa que todo se rinda a la Voluntad de Dios. Esta Voluntad divina se va haciendo m&#225;s familiar para ellos y se les permite, en su insulso caminar, penetrar en muchos misterios que nunca hubieran podido ser descubiertos por la luz de la raz&#243;n y del conocimiento. De una forma indiferente y gradual se est&#225;n preparando, sin darse cuenta de ello, para los estados que vienen a continuaci&#243;n. <\/p>\n<p>9.  Las dificultades de este estado son alternancias de sequedad y humedad. El primero purifica el apego o tendencia y deleite natural que tenemos hacia el disfrutar de Dios. As&#237; pues, todo este nivel transcurre entre alternancias de gozo, aridez, y humedad, sin mezcla de tentaciones por medio, excepto muy transitorias, o ciertas faltas; porque en cada estado, desde el comienzo en adelante, las faltas de la naturaleza son mucho m&#225;s propensas a superarnos en &#233;pocas de aridez que en estaciones de gozo interior, cuando la unci&#243;n de la gracia nos protege de miles de males. En todos los anteriores estados hasta aqu&#237; el alma estaba envuelta en combatir sus malvados h&#225;bitos, y en esforzarse para vencerlos por medio de toda clase de dolorosas negaciones del yo. <\/p>\n<p>10.      Al principio, cuando Dios cambi&#243; la mirada del alma hacia su propio interior, tanto la influenci&#243; que la enemist&#243; consigo s&#237; misma, y se vio obligada a amputar todos sus gozos, incluso los m&#225;s inocentes, y a cargarse a s&#237; misma con toda clase de aflicci&#243;n. Dios no da respiro a algunas personas con respecto a este tema, hasta que la vida de la Naturaleza, esto es, la de los sentidos exteriores como se manifiestan en apetitos, gustos y aversiones, es completamente destruida. <\/p>\n<p>11.      Esta destrucci&#243;n de los apetitos y repugnancias de los sentidos exteriores pertenece al segundo nivel, que yo he denominado el toque eficaz en la voluntad, en el cual la m&#225;s alta y mayor virtud es practicada, especialmente cuando la meditaci&#243;n interior es vigorosa y la unci&#243;n muy perceptible. Porque no hay artima&#241;a que Dios no descubra al alma con el fin de capacitarla para conquistar y vencer al yo en todo, por lo que, finalmente, por medio de esta pr&#225;ctica constante, acompa&#241;ada por la misericordiosa unci&#243;n a la que anteriormente nos refer&#237;amos, el esp&#237;ritu se impone a la naturaleza, y la parte interior entra en sujeci&#243;n sin resistencia. No hay, por tanto, m&#225;s problemas producidos por esta fuente, como tampoco habr&#237;a si se hubieran llevado todo sentimiento externo. Este estado es confundido por aquellos poco iluminados por un estado de muerte. Es, ciertamente, la muerte de los sentidos, pero todav&#237;a queda un largo camino para aquello del esp&#237;ritu.<\/p>\n<p><b>CAPITULO III <\/p>\n<p>EL TERCER NIVEL: PASIVIDAD Y SACRIFICIO INTERIOR<\/b><\/p>\n<p> 12.             Cuando hemos disfrutado por alg&#250;n tiempo el reposo de una victoria que nos ha costado tanto problema, y nos suponemos aliviados para siempre de un enemigo cuyo poder ha sido completamente destruido, entramos en el tercer nivel, pr&#243;ximo en orden al otro, el cual es un camino de fe m&#225;s o menos perceptible, de acuerdo con el estado o condici&#243;n. Nos introducimos en una condici&#243;n de alternativa sequedad o humedad, como ya he expuesto, y en esta sequedad el alma percibe cierta debilidad exterior, defectos naturales, los cuales, aun leves, la cogen por sorpresa. Tambi&#233;n siente que la fuerza que hab&#237;a recibido para la lucha se est&#225; desvaneciendo. Esto es causado por la p&#233;rdida de nuestra activa fuerza interna, porque aunque el alma, en el segundo nivel, se imagina a s&#237; misma estar en silencio ante Dios, no es totalmente as&#237;. No habla, ciertamente, ni por boca ni por coraz&#243;n, pero se encuentra en una activa lucha por conseguir a Dios y en un constante transpirar de amor, de tal manera que, siendo la s&#250;bdita de la m&#225;s poderosa actividad amorosa, ejercida por el Amor Divino hacia S&#237; Mismo, est&#225; de continuo saltando, por as&#237; decirlo, hacia su objeto, y su actividad es acompa&#241;ada por una deliciosa y casi constante paz. Ya que es de esta actividad de amor que adquirimos la fuerza para vencer la naturaleza, es entonces cuando practicamos la mayor de las virtudes y las m&#225;s duras mortificaciones. <\/p>\n<p>13.      Pero justo en la misma proporci&#243;n en que esta actividad decae, y se pierde en una pasividad amorosa, as&#237; nuestra fuerza de resistencia se hunde y disminuye, y, al avanzar en este nivel y el alma volverse m&#225;s y m&#225;s pasiva, se hace m&#225;s y m&#225;s d&#233;bil en combate. A medida que Dios se hace fuerte dentro, as&#237; nos volvemos nosotros d&#233;biles. Algunos consideran esta imposibilidad de resistencia como una gran tentaci&#243;n, sin embargo no ven que todo nuestro trabajo, auxiliado y asistido por gracia, s&#243;lo puede concluir en la conquista de nuestros sentidos exteriores, tras de lo cual Dios toma un poseer paulatino de nuestro interior y se vuelve &#201;l Mismo nuestro purificador. Y de la misma manera en que &#201;l exigi&#243; toda nuestra atenci&#243;n cuando nos auxili&#243; en la actividad amorosa, as&#237; exige &#201;l ahora toda nuestra fidelidad para dejarle trabajar, mientras comienza a hacerse a S&#237; Mismo Se&#241;or por la sujeci&#243;n de la carne al esp&#237;ritu. <\/p>\n<p>14.             Porque debe de ser observado que toda nuestra perfecci&#243;n externa depende y debe seguir a la interior, de tal manera que, cuando estamos ocupados en devoci&#243;n activa, por muy simple que sea, estamos ocupados activamente ni m&#225;s ni menos que contra nosotros mismos. <\/p>\n<p>15.      El segundo nivel lleva a cabo la destrucci&#243;n de los sentidos externos; el tercero, aquello de lo interior, y esto se produce por medio de esta perceptible pasividad. Pero entonces, a medida que Dios est&#225; trabajando dentro, &#201;l parece descuidar lo externo. De ah&#237; el reaparecer de defectos que, aunque d&#233;biles y s&#243;lo en tiempo de aridez, cre&#237;amos extintos. <\/p>\n<p>16.            Cuanto m&#225;s nos aproximamos al t&#233;rmino del tercer nivel, tanto m&#225;s largas y frecuentes son nuestras sequ&#237;as, y tanto mayor nuestra debilidad. Esta es una purificaci&#243;n que sirve para destruir nuestros sentimientos internos, del mismo modo que la actividad amorosa puso fin a nuestros sentimientos externos, y, en cada nivel, hay alternancias de sequedad y disfrute. La sequedad sirve como purificador de su tendencia a la aridez y la debilidad. Tan pronto como cesamos, por incapacidad, de practicar mortificaciones de nuestra propia cosecha, aquellas de la Providencia toman su lugar&#8230; las cruces que Dios dispensa conforme a nuestro nivel. Estas no son elegidas por el alma; sino que el alma, bajo la gu&#237;a interior de Dios, a tales recibe en la manera en que &#201;l asigna.<\/p>\n<p><b>CAPITULO IV<\/p>\n<p>EL CUARTO NIVEL: FE DESNUDA<\/b><\/p>\n<p> 17.     El cuarto nivel es fe desnuda; aqu&#237; nada tenemos excepto desolaci&#243;n interna y externa; porque la una siempre sigue a la otra. <\/p>\n<p>18.      Cada nivel tiene su principio, progreso y consumaci&#243;n.<\/p>\n<p>Cada nivel tiene su principio, progreso y consumaci&#243;n. <\/p>\n<p>19.      Todo lo concedido y adquirido hasta ahora con tanto esfuerzo es quitado poco a poco de manera gradual. <\/p>\n<p>20.      Este nivel es el m&#225;s largo, y s&#243;lo finaliza con una muerte completa&#8230; si el alma est&#225; dispuesta a ser tan afligida como para morir por completo al yo. Pues hay un infinito n&#250;mero de almas que nunca pasan los primeros niveles, y de aquellos que alcanzan el presente estado hay muy pocos en los que su perfecta obra es concluida. <\/p>\n<p>21.      En algunos esta desolaci&#243;n toma lugar con violencia, y aunque sufren mayor angustia que otros tienen, sin embargo, menos raz&#243;n para quejarse, pues la severidad de su aflicci&#243;n es una especie de consolaci&#243;n. Hay otros que experimentan &#250;nicamente un debilitamiento y una especie de repugnancia para con todo, lo cual tiene la apariencia de ser un descuido en las obligaciones y una mala disposici&#243;n a obedecer. <\/p>\n<p>22.             Primero somos privados de nuestras obras voluntarias y nos hacemos incapaces de hacer lo que hac&#237;amos en los niveles anteriores; y a medida que esto va a m&#225;s empezamos a sentir una incapacidad general con respecto a todo, lo cual, en vez de disminuir, aumenta d&#237;a a d&#237;a. Con esta debilidad e incapacidad poco a poco tomando posesi&#243;n de nosotros, entramos en una condici&#243;n en la que decimos: &#8220;Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.&#8221; (Rom. 7:15) <\/p>\n<p>23.      Tras ser as&#237; privados de todas las cosas, tanto interiores como exteriores, las cuales no son esenciales, la obra da comienzo sobre aquellos as&#237; dispuestos, y en la proporci&#243;n en que la virtuosa vida de volverse Cristiano, la cual consider&#225;bamos con tanta complacencia, desaparece, igualmente somos nosotros despojados de un cierto deleite interior y de un importante apoyo. A medida que este apoyo se vuelve m&#225;s d&#233;bil, y m&#225;s sutil, m&#225;s perceptible se hace su p&#233;rdida. Debe ser observado, empero, que no existe p&#233;rdida alguna salvo para nuestra propia consciencia, ya que a&#250;n existe apoyo en el alma, pero de manera imperceptible y sin aparente acci&#243;n. Si no estuviera oculto, la muerte y la p&#233;rdida del yo no podr&#237;an ser llevadas a cabo. Pero se retira al interior, y enmud&#233;cese de tal manera que el alma no se da cuenta de su presencia.<\/p>\n<p>24.             &#191;Preguntas por qu&#233; se sigue este sendero? Todo el prop&#243;sito del camino hasta ahora recorrido ha sido provocar al alma pasar de la multiplicidad a la certeza palpable sin multiplicidad; de la certeza palpable a la impalpable certeza; y, seguidamente, a la palpable falta de certeza*, la cual es un deleite mucho menos concreto y atractivo que el otro. En sus comienzos este sendero es vigoroso y en&#233;rgico, e introduce al alma desde lo perceptible a lo imperceptible, que es un m&#225;s puro pero menos exquisito placer que el primero; en primer lugar, de lo perceptible (certeza palpable), a la fe sostenida y obrada por medio del amor (impalpable certeza); pasando de esta manera de lo sensible (sentimientos y sentidos) a lo espiritual. En segundo lugar, de lo espiritual, a la fe desnuda, que provocando en nosotros el estar muertos a toda experiencia espiritual, nos hace morir a nosotros mismos y entrar en Dios, para que de aqu&#237; en adelante podamos vivir solamente por la vida de Dios. <\/p>\n<p>* Puede traducirse tambi&#233;n por &#8220;discernimiento&#8221;. As&#237; pues, los grados pueden quedar como siguen:<\/p>\n<p>Multiplicidad Un discernimiento palpable (un Dios perceptible por los sentidos) Un impalpable discernimiento (lo espiritual con una fe sostenida y obrada por medio del amor) Una palpable falta de discernimiento (fe desnuda). <\/p>\n<p>25.            Conforme a la medida de la gracia, he aqu&#237; que comenzamos con las cosas sensibles, continuamos con aquellas que son espirituales, y terminamos por guiar gradualmente al alma hacia su centro, y uni&#233;ndola con Dios. <\/p>\n<p>26.      A mayor profundidad que se retire este imperceptible apoyo (v.23), tanto m&#225;s enhebra al alma, por lo que no puede continuar multiplic&#225;ndose a s&#237; misma en miles de cosas sobre las cuales no puede ya influir ni percibir; y, despojada por completo, se ve poco a poco obligada a abandonarse incluso a s&#237; misma. <\/p>\n<p>27.      Es, por lo tanto, desnudada sin misericordia, equitativamente y al mismo tiempo, de todo lo habido, tanto dentro como afuera, y lo que es peor, es entregada a tentaciones; y cu&#225;nto m&#225;s es as&#237; entregada a la tentaci&#243;n, tanto m&#225;s es privada de fuerza para resistirlas desde afuera; as&#237; es debilitada todav&#237;a m&#225;s, al tiempo que es sujeta a m&#225;s ataques violentos, y, por &#250;ltimo, su soporte interno es extirpado, el cual, mientras serv&#237;a de asilo y excusa, era una evidencia de la bondad de Dios, y de su fidelidad consigo mismo. <\/p>\n<p>28.      Por lo tanto puedes ver a un hombre siendo perseguido por un poderoso adversario. Lucha, y se defiende de la mejor forma que puede, sin embargo, siempre ingeni&#225;ndoselas para acercarse m&#225;s y m&#225;s a la protecci&#243;n de una fortaleza; empero cu&#225;nto m&#225;s lucha, m&#225;s se debilita, mientras que la fuerza de su oponente incrementa de continuo. &#191;Qu&#233; har&#225;? Ganar&#225; la entrada de la fortaleza tan h&#225;bilmente c&#243;mo pueda, pues all&#237; encontrar&#225; abundante ayuda. Pero al llegar ve que est&#225; cerrada, y se encuentra con que, lejos de rendirle socorro alguno, los guardianes han cerrado con barricadas toda posible salida para refugiarse. Debe caer a manos de su poderoso enemigo, al cual reconoce, cuando indefenso y desesperado se ha entregado, como su mejor y m&#225;s fiel amigo. <\/p>\n<p>29.      Ten por seguro, pues, que este nivel comprende todas estas cosas; la privaci&#243;n de todo bien, el acumular de toda clase de debilidades, impotencia de defensa, ning&#250;n asilo interno, Dios a menudo aparece como enfadado; y, para rematarlo todo, tentaciones. <\/p>\n<p>30.             Perfecto -creo o&#237;rte decir-, siempre y cuando pueda estar seguro que mi voluntad no estaba en armon&#237;a con la maldad de la naturaleza y la debilidad de los sentidos. &#161;Ah!, que feliz ser&#237;as. Pero eso no puede ser. En la proporci&#243;n en que t&#250; te debilitas y eres destituido de toda operaci&#243;n y actividad de amor, aun insignificante, la voluntad, que estaba fundada en ese vigor de amor, haci&#233;ndose m&#225;s y m&#225;s d&#233;bil cada d&#237;a, desaparece poco a poco, y, desvaneci&#233;ndose as&#237;, es seguro que no toma parte en nada que le est&#225; ocurriendo al hombre, sino que est&#225; separada. Pero como no se manifiesta a s&#237; misma por ninguna parte -por ninguna se&#241;al- no permite un soporte seguro al alma, sino todo lo contrario, pues, no encontrando ya m&#225;s a la voluntad en una actitud de resistencia, el alma cree que lo consiente todo, y que se ha unido con la voluntad animal, que es la &#250;nica perceptible. <\/p>\n<p>31.      Me recuerdes, quiz&#225;s, que antes he expuesto que, en la primera contienda de la actividad amorosa, la naturaleza y los sentidos se hab&#237;an, por as&#237; decirlo, extinguido y subyugado. Es cierto; pero el esp&#237;ritu del yo, a trav&#233;s de las mismas victorias que la gracia as&#237; le ha adquirido, se ha vuelto altruista, se aferra con mayor tenacidad a lo que considera bueno, y se hace a&#250;n m&#225;s indomable. Dios, que est&#225; resuelto a subyugarlo, hace uso para ese prop&#243;sito de una aparente resurrecci&#243;n de aquella misma naturaleza que el alma supon&#237;a muerta. Pero observa que &#201;l no usa la naturaleza hasta que ha extra&#237;do su maldad, la ha destruido, y ha  separado la voluntad superior de aquello que la hac&#237;a violenta y criminal. Extrae el veneno de la v&#237;bora, y lo usa entonces como ant&#237;doto para el esp&#237;ritu. Cualquiera que ha de llegar a familiarizarse con la admirable medida de gracia y sabidur&#237;a de Dios en traer al hombre a un total sacrificio del yo ser&#225; lleno de deleite, y, aun sin conocimiento, expirar&#225; de amor. Las peque&#241;as trazas de ello que han sido reveladas a mi coraz&#243;n, me han sobrecogido a menudo con embeleso y &#233;xtasis. <\/p>\n<p>32.      La fidelidad en este nivel nos pide el sufrir destrucci&#243;n hasta el punto en que se alcancen los designios de Dios, sin estar preocupados por nosotros mismos, sacrificando a Dios todos nuestros intereses, tanto por un tiempo, como por toda la eternidad. Nada debe ser un pretexto para conservar o retener el m&#225;s m&#237;nimo &#225;tomo, pues la m&#225;s m&#237;nima reserva es la causa de una irreparable p&#233;rdida, evitando que nuestra muerte sea completa. Debemos permitir a Dios trabajar a su absoluto placer y sufrir los vientos y tempestades arremeter sobre nosotros desde cada esquina, sumergidos, como a menudo podremos estar, bajo las tumultuosas olas. <\/p>\n<p>33.      Es percibida aqu&#237; una cosa maravillosa. Lejos de ser separados por nuestro sufrimiento y miserable estado, es entonces que Dios aparece, y si alguna debilidad ha sido aparente, &#201;l nos da alguna muestra de su inmediata presencia, como para asegurar al alma durante por un momento que &#201;l estaba con ella en su tribulaci&#243;n. Digo por un momento, porque no tiene una utilidad posterior como punto apoyo, sino que m&#225;s bien est&#225; destinado a se&#241;alar el camino e invitar al alma a una superior p&#233;rdida del yo. <\/p>\n<p>34.      Estos estados no son continuos en su violencia. Hay remisiones, las cuales, adem&#225;s de dar un espacio para tomar aliento, sirven al mismo tiempo para hacer la subsiguiente prueba m&#225;s dolorosa, pues la naturaleza har&#225; uso de cualquier cosa para preservar su vida, como un hombre al ahogarse se sostendr&#225; a flote agarr&#225;ndose a la hoja de una cuchilla, sin advertir el dolor que le causa, si no hubiera nada m&#225;s a su alcance.<\/p>\n<p><b>CAPITULO V <\/p>\n<p>EL QUINTO NIVEL: MUERTE M&#205;STICA<\/b><\/p>\n<p> 35.              Atacados de este modo por todos lados y por tantos enemigos, sin vida y sin apoyo, no tenemos m&#225;s recurso que expirar en los brazos del Amor. Cuando la muerte es completa los m&#225;s horribles estados no provocan m&#225;s inquietud. No reconocemos la muerte por el hecho de haber pasado a trav&#233;s de todos estos estados, sino por una absoluta carencia de poder para sentir dolor, para pensar o cuidar del yo, y por nuestra indiferencia a permanecer all&#237; para siempre sin manifestar el m&#225;s leve signo de vitalidad. La vida se evidencia por una voluntad o una repugnancia hacia algo, pero aqu&#237;, en esta muerte del alma, todas las cosas son iguales. Permanece muerta e indiferente a todo lo concerniente a ella misma, y, al permitir a Dios llevarla a los extremos que &#201;l desea, no siente repugnancia. No tiene elecci&#243;n entre &#193;ngel o Demonio, porque no tiene ya m&#225;s ojos para s&#237; misma. Es entonces cuando Dios ha situado a todos sus enemigos bajo sus pies, y, supremamente reinando, la toma y la posee en la medida en la que se haya abandonado a s&#237; misma. Pero esto toma lugar por niveles. <\/p>\n<p>36.            Permanece all&#237; por alg&#250;n tiempo, incluso tras la muerte, un peque&#241;o rastro de calor viviente, el cual s&#243;lo se disipa de forma gradual. Todos los estados surten alg&#250;n efecto en la limpieza del alma, pero aqu&#237; se completa el proceso. <\/p>\n<p>37.      No morimos espiritualmente de una vez por todas, como lo hacemos de forma natural. Es llevado a cabo gradualmente. Vibramos entre la vida y la muerte, estando a veces en una y otras veces en otra, hasta que la muerte ha conquistado por fin a la vida. <\/p>\n<p>38.      No es que la nueva vida no llegue de repente. Aquel que estaba muerto, se encuentra a s&#237; mismo viviendo, y posteriormente nunca puede dudar que &#233;l estaba muerto y que de nuevo est&#225; vivo; sin embargo, no era entonces algo establecido; es m&#225;s bien una disposici&#243;n hacia vivir, y posteriormente un estable estado de vida. <\/p>\n<p>39.      La primera vida de la gracia empez&#243; con lo sensible y se hundi&#243; continuamente al interior, hacia el centro, hasta que, habiendo reducido al alma a la unidad, la hizo expirar en los brazos del amor. Porque todos experimentan esta muerte, pero cada cual por medios caracter&#237;sticos de s&#237; mismos. Pero la vida que ahora se ha comunicado se levanta del interior; es, por as&#237; decirlo, una semilla viviente que siempre existi&#243; all&#237; -aunque pas&#243; desapercibida- y que demuestra que la vida de la gracia nunca se ha ausentado por completo, aunque haya tenido que soportar el permanecer escondida. Ah&#237; permanec&#237;a, incluso en medio de la muerte, y no era menos muerte porque la vida estaba oculta en ella&#8230; al igual que el gusano de seda permanece por largo tiempo muerto en la cris&#225;lida, pero contiene un germen de vida que lo despierta para una resurrecci&#243;n. Esta nueva vida, despu&#233;s, hecha brotes en el centro, y crece desde all&#237;, desde all&#237; se extiende de forma gradual por todas las facultades y sentidos, impregn&#225;ndolos con su propia vida y fecundidad. <\/p>\n<p>40.      El alma, encari&#241;ada con esta vitalidad, experimenta un infinito contentamiento; no en s&#237; misma, sino en Dios; y esto especialmente cuando la vida est&#225; bien avanzada. <\/p>\n<p>41.      Sin embargo, antes de entrar con los efectos de esta admirable vida, dejadme decir que hay algunos que no pasan a trav&#233;s de estas muertes dolorosas; s&#243;lo experimentan una mortal languidez y desvanecimiento que los aniquila y los hace morir a todo. <\/p>\n<p>42.            Muchas personas espirituales han dado el nombre de muerte a las tempranas purificaciones, las cuales son, en cierto modo, una muerte en relaci&#243;n con la vida comunicada, pero no una muerte total. &#201;stas resultan en una extinci&#243;n de alguna de las vidas de la naturaleza, o de la gracia; pero eso es completamente diferente de una extinci&#243;n general de toda vida. <\/p>\n<p>43.      La muerte tiene varios nombres, de acuerdo a nuestra diferente manera de expresi&#243;n o concepci&#243;n. Es llamada una salida, esto es, una separaci&#243;n del yo para que podamos entrar en Dios; o una p&#233;rdida, total y completa, de la voluntad de la criatura, que causa al alma el estar ausente de s&#237; misma para que pueda existir s&#243;lo en Dios. Ahora, ya que esta voluntad est&#225; en todo lo que subsiste en la criatura, por muy bueno y santo que pueda ser, todas estas cosas deben ser necesariamente destruidas, hasta el punto que dejen de subsistir y hasta que la  buena voluntad de hombre desaparezca de ellas, para que s&#243;lo pueda permanecer la voluntad de Dios. Todo lo nacido de la voluntad de la carne y la voluntad de hombre debe ser destruido. He aqu&#237; que nada queda, excepto la voluntad de Dios, la cual se convierte en el principio b&#225;sico de la nueva vida, y, poco a poco reanimando la ya ha tiempo extinta voluntad, toma su lugar y la transforma en fe. <\/p>\n<p>44.      Desde el momento en que el alma expira m&#237;sticamente, generalmente es separada de todo lo que fuera un obst&#225;culo a su perfecta uni&#243;n con Dios; sin embargo, debido a todo aquello, no es recibida en Dios. Esto causa en ella el m&#225;s extremo sufrimiento. Objetar&#225;s aqu&#237; que, si estuviera completamente muerta, no puede sufrir m&#225;s. D&#233;jame explicar. <\/p>\n<p>45.      El alma est&#225; muerta tan pronto como es separada del yo, pero esta muerte o defunci&#243;n m&#237;stica no es completa hasta que ha pasado a Dios. Hasta entonces sufre muy grandemente, pero su sufrimiento es general y poco definido, y contin&#250;a &#250;nicamente por el hecho de que todav&#237;a no ha sido establecida en su lugar apropiado. <\/p>\n<p>46.      El sufrimiento que sigue a la muerte es causado por nuestra repugnancia a los medios que se emplean para producirla. Esta repugnancia hacia los medios aumenta cuando estos medios reaparecen o se vuelven m&#225;s &#225;speros, pero en la medida que nosotros morimos, nos volvemos m&#225;s y m&#225;s insensibles, y parece que nos endurecemos bajo los golpes, hasta que, a lo &#250;ltimo, la muerte llega en verdad a trav&#233;s de un completo cese de toda vida. Dios ha perseguido implacablemente nuestra vida en todos sus encubiertos lugares de escondite, porque tan maligna es que, cuando se la presiona duramente, se fortifica a s&#237; misma en sus refugios, y hace uso de los m&#225;s santos y razonables pretextos para su existir. Pero, siendo perseguida y seguida hasta su &#250;ltimo refugio, en unas pocas almas -&#161;ay, qu&#233; pocas! &#8211; es obligada a abandonarlo por completo. <\/p>\n<p>47.      No queda pues, dolor que se levante en contra de los medios que han causado nuestra muerte, y que son exactamente los opuestos a aquellos que serv&#237;an para mantener nuestra vida. Cuanto m&#225;s razonables y santos son los &#250;ltimos en apariencia, tanto m&#225;s irrazonable y corrompida es la apariencia del otro.  <\/p>\n<p>48.      Pero esto sucede despu&#233;s de la muerte -que es la causa de la salida del alma del yo, esto es, de su perder cada cualquiera que sea pues nunca sabemos nosotros cu&#225;n fuertemente nos aferramos a objetos hasta que son quitados, y aquel que piensa que no est&#225; apegado a algo, normalmente est&#225; muy equivocado, estando atado a miles de cosas, desconocidas para s&#237; mismo- tras la muerte, repito, el alma se libra por completo del yo, pero al principio no es acogida en Dios. A&#250;n existe all&#237; un algo, no s&#233; exactamente qu&#233;, una forma, un remanente humano. Pero eso tambi&#233;n desaparece. Es una mancha que es destruida por un sufrimiento general y poco definido que no tiene relaci&#243;n con los medios que producen la muerte, ya que &#233;stos han pasado y terminado, sino que es un malestar y desasosiego que surge del hecho de haber sido extra&#237;da del yo sin ser acogida en su gran Original. El alma pierde toda posesi&#243;n del yo, sin lo cual nunca podr&#237;a estar unida a Dios. Sin embargo, es s&#243;lo de manera gradual que se vuelve completamente pose&#237;da de &#201;l por medio de la nueva vida, la cual es completamente divina.<\/p>\n<p><b>CAPITULO VI <\/p>\n<p>UNI&#211;N CON DIOS: PERO AUN NO ACEPTADA<\/b><\/p>\n<p> 49.     Tan pronto como el alma ha muerto bajo los abrazos del Se&#241;or, es unida a &#201;l en verdad y sin ning&#250;n intermediario, pues al perderlo todo, incluso sus mejores posesiones, ha perdido los medios e intermedios que moraban en ellas; e incluso estos mismos grandes tesoros no eran m&#225;s que intermediarios. Por tanto, desde ese momento est&#225; unida a Dios de forma inmediata, pero ella no lo acepta, ni tampoco disfruta los frutos de su uni&#243;n hasta que &#201;l la anima y se convierte en su principio vivificante. Una esposa que se desmaya en los brazos de su marido est&#225; estrechamente unida a &#233;l, pero ella no disfruta la bendici&#243;n de la uni&#243;n, y puede que no sea consciente de ello; pero cuando &#233;l la ha contemplado por alg&#250;n tiempo, desfalleciendo de exceso de amor, y la trae de nuevo a la vida por sus tiernas caricias, entonces ella percibe que est&#225; en posesi&#243;n de aquel al cual su alma ama, y de que ella es pose&#237;da por &#233;l.<\/p>\n<p><b>PARTE II <\/p>\n<p>EN LA UNI&#211;N CON DIOS <\/p>\n<p>CAPITULO I <\/p>\n<p>LA RESURRECCI&#211;N<\/b><\/p>\n<p>50.      El alma pose&#237;da as&#237; de Dios encuentra que &#201;l es tan perfectamente Se&#241;or sobre ella que ya no puede hacer nada sino lo que &#201;l desea y de la manera en que &#201;l lo desea; y este estado va en aumento. Su falta de poder no es ya dolorosa, sino agradable, porque est&#225; llena de la vida y del poder de la Voluntad Divina. <\/p>\n<p>51.      El alma muerta est&#225; en uni&#243;n, pero no disfruta los frutos de esa uni&#243;n hasta el momento de su resurrecci&#243;n cuando Dios, haci&#233;ndola entrar a &#201;l, le otorga tales promesas y certidumbres de la consumaci&#243;n de su divino enlace que no puede dudar por m&#225;s tiempo, pues esta inmediata uni&#243;n es tan espiritual, tan refinada, tan divina, tan &#237;ntima, que es igualmente imposible para el alma el tratar de concebirla o dudarla. Porque podemos observar que todo el camino del cual hablamos est&#225; infinitamente alejado de cualquier imaginaci&#243;n. Estas almas no tienen la m&#225;s m&#237;nima imaginaci&#243;n, pues tienen el intelecto desocupado, y est&#225;n perfectamente protegidas de las decepciones e ilusiones, ya que todo toma lugar adentro. <\/p>\n<p>52.             Durante su traves&#237;a por el camino de la fe, no ten&#237;an nada que poder discernir*, -pues el discernimiento es completamente opuesto a la fe- y  no pod&#237;an disfrutar de algo as&#237;, y s&#243;lo se les permit&#237;a tener algo general e indeterminado como fundamento sobre el cual todo les era comunicado. Pero de muy distinta manera es cuando la vida se vuelve avanzada en Dios, porque aunque no tienen nada n&#237;tidamente discernido para ellas mismas, lo tienen para otros;  y su luz, de uso para otros, aunque no siempre recibida por aquellos a los que estaba destinada, es lo m&#225;s seguro debido a su inmediatez y, por as&#237; decirlo, naturalidad.<\/p>\n<p>* Se refiere a un discernimiento con el cual somos capaces de percibir algo con nitidez o claridad; profundamente relacionado con el v.24. (Ver NOTA v.24) <\/p>\n<p>53.             Cuando Dios levanta a un alma, -o lo que es lo mismo, la recibe en S&#237; Mismo- y la semilla viviente -la cual no es otra que la Vida y el Esp&#237;ritu de la Palabra- comienza a aparecer, forma en ella la revelaci&#243;n de Jesucristo, (GAL 1:16) el cual vive en nosotros por medio de la p&#233;rdida de la vida de Ad&#225;n que subsiste en el yo. <\/p>\n<p>54.      El alma es as&#237; recibida en Dios, y all&#237; es cambiada y transformada de forma gradual a Su semejanza, de la misma forma en que la comida se transforma en aquel que ha tomado de ella. Todo esto toma lugar sin ninguna p&#233;rdida de su propia existencia individual, como ha sido explicado en otra parte. <\/p>\n<p>55.            Cuando comienza la transformaci&#243;n se la denomina aniquilaci&#243;n pues, al cambiar nuestra propia forma, se nos aniquila en relaci&#243;n con lo que es nuestro, para que podamos adquirir lo Suyo. Esta actividad contin&#250;a de manera constante durante toda la vida, convirtiendo al alma m&#225;s y m&#225;s a semejanza de Dios y concedi&#233;ndole de forma continua una cada vez mayor participaci&#243;n en las cualidades divinas, haci&#233;ndola impermutable, inmutable, etc. Pero &#201;l tambi&#233;n la hace fruct&#237;fera en S&#237; mismo, y no fuera de S&#237; mismo. <\/p>\n<p>56.      Esta fructificaci&#243;n se extiende a ciertas personas, las cuales Dios otorga y sujeta al alma, comunic&#225;ndole a &#233;sta &#250;ltima Su Amor, rebosante de Caridad. Porque el amor de estas almas divinas hacia las personas as&#237; conferidas sobre ellas, al tanto que est&#225; muy alejado de los sentimientos naturales, es infinitamente m&#225;s fuerte que el amor de los padres para con sus ni&#241;os, y aunque parezca precipitado y ansioso, no es as&#237;, pues aquel que lo exhibe simplemente est&#225; siguiendo el mover que est&#225; impreso sobre &#233;l. <\/p>\n<p>57.      Para hacer esto inteligible debemos saber que Dios no priv&#243; a los sentidos y a las facultades de su vida para dejarlos muertos porque, aunque hubiera vida en el centro del alma, aquellos continuar&#237;an muertos si esa vida no les fuera tambi&#233;n comunicada. Esta vida aumenta por niveles, anima a todos los poderes y sentidos, -los cuales, hasta entonces, hab&#237;an permanecido yermos y est&#233;riles- los ampl&#237;a proporcionalmente a su relaci&#243;n, y les permite estar activos, pero con una actividad proporcionada y regulada por Dios, acorde a sus designios. Las personas en una condici&#243;n de estar muriendo, o de muerte, no deben condenar la actividad de tales almas, pues nunca podr&#237;an haber sido puestas en un movimiento divino si no hubiesen pasado por la m&#225;s maravillosa de las muertes. Durante todo el periodo de fe el alma se queda sin movimiento, pero despu&#233;s de que Dios ha infundido en ella la divina actividad su esfera es extendida infinitamente; sin embargo, tan enorme como pueda ser, no puede ejecutar un solo movimiento originado en el yo. <\/p>\n<p><b>CAPITULO II<\/p>\n<p>LA VIDA EN DIOS<\/b><\/p>\n<p> 58.     No hay m&#225;s que se ha de decir aqu&#237; de los niveles; el de la gloria siendo todo lo que queda, todos los recursos siendo dejados atr&#225;s y el futuro consistente en nuestro disfrutar de un infinito manantial de vida, y &#233;sta, m&#225;s y m&#225;s abundantemente (Juan 10:10). A medida que Dios transforma el alma a Su semejanza, su vida le es comunicada m&#225;s copiosamente. El amor de Dios hacia la criatura es incomprensible, y su diligencia inexplicable. Algunas almas &#201;l persigue sin descanso, las protege, &#201;l mismo se sienta a su puerta, y se deleita a S&#237; mismo en estar con ellas y en llenarlas con las marcas de su amor. &#201;l imprime este casto, puro, y tierno amor sobre el coraz&#243;n. San Pablo y San Juan el Evangelista sintieron al m&#225;ximo este afecto maternal. Pero para que sea como lo he descrito debe ser dado al alma en el estado de gracia del que acabo de hablar, de otra manera tales emociones son puramente naturales. <\/p>\n<p>59.      La oraci&#243;n del estado de fe es un absoluto silencio de todos los poderes del alma y un cese de toda obra, por delicada que sea, sobre todo cuando su fin est&#225; pr&#243;ximo. El alma en este estado, no pudiendo percibir m&#225;s oraci&#243;n, y no siendo capaz de separar unos tiempos fijados para ella -ya que todos los tales ejercicios han sido arrebatados- es guiada a pensar que ha perdido por completo toda clase de devoci&#243;n. Pero cuando la vida regresa la oraci&#243;n vuelve con ella, y acompa&#241;ada de una maravillosa facilidad, y a medida que Dios toma posesi&#243;n de los sentidos y facultades su devoci&#243;n se vuelve dulce, tierna, y muy espiritual, pero siempre para Dios. Su anterior devoci&#243;n le hac&#237;a sumergirse en su propio interior para poder disfrutar a Dios, mas aquello que ahora posee la saca del yo, de tal manera que pueda estar m&#225;s y m&#225;s perdida y cambiada en Dios. <\/p>\n<p>60.      Esta diferencia es bastante acusada y s&#243;lo se puede lograr entender por la experiencia. El alma est&#225; callada en el estado de muerte, pero su quietud es est&#233;ril y acompa&#241;ada de un desesperado divagar  que no deja m&#225;s se&#241;ales de silencio que la propia imposibilidad de dirigirse a Dios, sea con labios o coraz&#243;n. Pero tras la resurrecci&#243;n su silencio da fruto, y es asistido por una unci&#243;n en sobremanera pura y refinada, la cual es deliciosamente difuminada por los sentidos, pero con tal pureza que ocasiona no poder resistirla, y no conlleva impureza alguna. <\/p>\n<p>61.      Es ahora imposible para el alma tomar lo que no tiene o desprenderse de lo que tiene. Recibe con una pasiva voluntad cualquier impresi&#243;n que se realiza sobre ella. Su estado, aunque sobrecogedor, estar&#237;a libre de sufrimiento si Dios, que hace que se mueva hacia ciertas cosas libres, le otorgara la necesaria correspondencia. Pero ya que su estado no lo va a soportar, se hace necesario que lo que Dios desea que ella tenga le sea comunicado por medio de sufrimiento.<\/p>\n<p>62.      Ser&#237;a incorrecto que tales personas dijeran que no desean estos medios; que s&#243;lo desean a Dios. &#201;l est&#225; preocupado de que estas personas deban morir a cierto soporte interior del yo, el cual les hace decir que s&#243;lo desean a Dios; y si rechazaran estos medios, ellas mismos se apartar&#237;an del orden de Dios y pondr&#237;an bajo arresto a su progreso. Sin embargo, al ser otorgados sencillamente como medios, aunque fruct&#237;feros en gracia y virtud -a pesar de ser secretos y estar ocultos-, finalmente desaparecen cuando el alma se encuentra unida a los medios en Dios, y &#201;l se comunica a s&#237; mismo directamente. Entonces Dios retira los medios, sobre los cuales ya no imprime m&#225;s movimientos en direcci&#243;n a la persona a la cual est&#225;n sujetos, pues puede que entonces sirvieran como impedimento al ser por fin reconocida su utilidad. Por consiguiente el alma ya no puede tener lo que ten&#237;a, y permanece en su primera muerte con respecto a ellos (los medios), aunque a&#250;n est&#225;n estrechamente unidos entre s&#237;. <\/p>\n<p>63.      En este estado de resurrecci&#243;n llega ese silencio inefable por el cual no s&#243;lo subsistimos en Dios, sino que tenemos &#237;ntima comuni&#243;n con &#201;l, el cual, en un alma muerta as&#237; a su propio obrar y muerta a su generalizada y fundamentalizada forma de auto-apropiaci&#243;n del yo, se convierte en un flujo y reflujo de la comuni&#243;n divina, con nada que mancille su pureza, pues no hay nada que lo impida. <\/p>\n<p>64.             Entonces el alma se hace part&#237;cipe de la inefable comuni&#243;n de la Trinidad, donde el Padre de los esp&#237;ritus imparte su fecundidad espiritual y la hace un esp&#237;ritu con S&#237; mismo. Aqu&#237; es cuando tiene comuni&#243;n &#237;ntima con otras almas, si aquellas son lo suficientemente puras para recibir sus mensajes en silencio, de acuerdo a su nivel y estado. Aqu&#237;, cuando los inefables secretos son revelados -no por una moment&#225;nea iluminaci&#243;n, sino en Dios mismo, donde todos ellos est&#225;n escondidos- el alma no los posee para s&#237; misma, ni tampoco los ignora. <\/p>\n<p>65.             Aunque con esto he dicho que el alma tiene entonces algo n&#237;tido* (discernible), no es n&#237;tido en referencia a s&#237; misma, sino a aquellos con los cuales tiene &#237;ntima comuni&#243;n; porque lo que dice es dicho naturalmente y sin atenci&#243;n, pero parece extraordinario a los oyentes, quienes, no encontrando ese algo en ellos -a pesar de que pudiera estar all&#237;- lo consideran algo n&#237;tido y maravilloso, o quiz&#225;s fan&#225;tico. Las almas que todav&#237;a est&#225;n habitando entre los dones tienen iluminaciones n&#237;tidas y moment&#225;neas, empero estos &#250;ltimos s&#243;lo tienen una luz general, sin los rayos definidos, la cual es Dios mismo. De ah&#237; extraen ellas lo que quiera que necesiten, lo cual es n&#237;tido cuando quiera que es solicitado por aquellos con los cuales ellas est&#225;n conversando, pero despu&#233;s no queda nada de eso junto a ellas. <\/p>\n<p>* Ver nota v.52 y v.24<\/p>\n<p><b>CAPITULO III <\/p>\n<p>LA TRANSFORMACI&#211;N<\/b><\/p>\n<p>66.      Hay miles de cosas que se podr&#237;an decir acerca de la vida interior y celestial del alma llena as&#237; de vida en Dios, la cual muy amorosamente &#201;l abriga y protege para s&#237;, y a la cual &#201;l cubre externamente con humillaci&#243;n porque &#201;l es un Dios celoso. Pero requerir&#237;a un tomo entero, y s&#243;lo tengo que cumplir con tu petici&#243;n. Dios es la vida y alma de esta alma, que ininterrumpidamente vive as&#237; en Dios, como un pez en el mar, en inexpresable felicidad, aunque cargada de los sufrimientos que Dios extiende sobre ella por causa de otros.<\/p>\n<p>67.      Se ha vuelto tan sencilla, especialmente cuando su transformaci&#243;n est&#225; avanzada, que va caminando perpetuamente sin un solo pensamiento para ninguna criatura o para s&#237; misma. No tiene m&#225;s que un prop&#243;sito: hacer la voluntad de Dios. Pero al tener que relacionarse con muchas de las criaturas que no pueden alcanzar este estado, algunas de ellas le causan sufrimiento al tratar de forzarla a tomar un cuidado de s&#237;, a tomar precauciones y cosas as&#237;, -cosas que no sabe hacer- y otras criaturas por su necesidad de ver una correspondencia con la Voluntad de Dios.<\/p>\n<p>68.      Las cruces de tales almas son las m&#225;s severas, y Dios las deja bajo las m&#225;s miserables humillaciones y un muy com&#250;n y d&#233;bil exterior, aunque ellas son su deleite. Entonces Jesucristo se comunica a S&#237; mismo en todos sus estados y el alma es dispuesta en sacrificio, con sus inclinaciones y con sus sufrimientos. Ella entiende lo que el hombre le ha costado, lo que su falta de fe le ha hecho sufrir, qu&#233; es la redenci&#243;n de Jesucristo, y c&#243;mo &#201;l ha soportado a sus ni&#241;os.<\/p>\n<p>69.      La transformaci&#243;n se reconoce por la falta de distinci&#243;n entre Dios y el alma, ya no siendo &#233;sta capaz de separarse a s&#237; misma de Dios. Todo es igual a Dios, porque ha entrado en su Fuente Original, es reunida en su TODO, y es transformada en semejanza a &#201;l. Pero es suficiente para m&#237; el perfilar los contornos generales de lo que deseas saber. La experiencia te ense&#241;ar&#225; el resto, y habi&#233;ndote mostrado lo que deber&#237;a ser para ti puedes juzgar lo que soy en nuestro Se&#241;or.<\/p>\n<p>70.      En la medida en que su transformaci&#243;n es perfeccionada el alma encuentra un m&#225;s amplio car&#225;cter en s&#237; misma. Todo es expandido y dilatado, haci&#233;ndola Dios part&#237;cipe de su infinidad, de tal manera que a menudo se encuentra a s&#237; misma inmensa, y toda la tierra no parece m&#225;s que un punto en comparaci&#243;n a esta maravillosa extensi&#243;n y amplitud. Cualquier cosa que est&#233; en el orden y voluntad de Dios la expande. Cualquier otra cosa la contrae, y esta contracci&#243;n la contiene de perder el conocimiento. Ya que la voluntad es el medio de llevar a cabo la transformaci&#243;n -y el centro no es m&#225;s que todas las facultades unidas en la voluntad-, cuanto m&#225;s transformada es el alma tanto m&#225;s es su voluntad cambiada e introducida en lo referente a Dios, y tanto m&#225;s Dios mismo es el que desea para el alma. El alma act&#250;a y obra en este deseo o voluntad divino (que de esta forma es substituido por el suyo) de manera tan natural, que no puede decir si la voluntad del alma se ha convertido en la voluntad de Dios, o la voluntad de Dios se ha convertido en la voluntad del alma.<\/p>\n<p>71.      Con frecuencia Dios exige sacrificios de las almas as&#237; transformadas en &#201;l, pero no les cuesta nada, ya que ellas lo sacrificar&#225;n todo a &#201;l sin repugnancia. Los m&#225;s peque&#241;os sacrificios son los que m&#225;s cuestan y los m&#225;s grandes los que menos, pues &#233;stos no son exigidos hasta que el alma est&#225; en un estado que le permite admitirlos sin dificultad, para lo cual tiene una tendencia natural. Esto es lo dicho de Jesucristo de su venida al mundo; &#8220;Entonces dije, he aqu&#237;, Yo vengo: en el tomo del libro est&#225; escrito de m&#237;; me deleito en hacer Mi Voluntad, o mi Dios; &#161;s&#237;!, tu amor est&#225; dentro de mi coraz&#243;n.&#8221; (Salmo 11:7, 8 *)   Tan pronto como Cristo llega a cualquier alma para convertirse en su principio viviente, &#201;l dice lo mismo acerca de ella; &#201;l se convierte en el eterno Sacerdote que sin cesar lleva a cabo dentro del alma su funci&#243;n sacerdotal. En verdad esto es sublime, y contin&#250;a hasta que la v&#237;ctima es llevada a gloria.<\/p>\n<p>* El manuscrito original as&#237; lo cita, aunque tal salmo no corresponda con la cita, y ello puede deberse a un error de transcripci&#243;n; o bien su causa podr&#237;amos encaminarla al  hecho de que la versi&#243;n francesa de los Salmos pudiera diferir de la nuestra; los Salmos han dado lugar a diversas traducciones a lo largo de toda la historia, y todas ellas var&#237;an entre s&#237;. Notemos el pronombre posesivo &#8220;Mi&#8221;, que no es lo mismo que &#8220;Tu&#8221;.<\/p>\n<p>72.      Dios destina a estas almas para el auxilio de otras en las m&#225;s enrevesadas sendas, pues, no teniendo m&#225;s inquietud ya con respecto a s&#237; mismas, ni teniendo nada que perder, Dios las puede usar para introducir a otras al camino de su pura, desnuda y segura voluntad. Aquellos que todav&#237;a est&#225;n pose&#237;dos por el yo no podr&#237;an ser usados para este prop&#243;sito, ya que, no habiendo entrado a&#250;n en un estado en el cual ellos siguen ciegamente la voluntad de Dios por s&#237; mismos, sino siempre mezcl&#225;ndola con sus propios razonamientos y falsa sabidur&#237;a, de ninguna manera se encuentran en una condici&#243;n como para ocultar nada al transmitirlo a otras almas de una manera ciega*. Cuando digo &#8220;ocultar nada&#8221;, me refiero a aquello que Dios desea en el momento presente, porque con frecuencia &#201;l no nos permite mostrar a una persona todo lo que les es de estorbo, y lo que nosotros vemos debe pasar de largo con respecto a esa persona, excepto en t&#233;rminos generales, ya que &#233;sta no lo puede sobrellevar. Y aunque algunas veces puede que digamos cosas duras, como Cristo dijo a los Caferna&#237;tas, a pesar de ello &#201;l otorga una fuerza secreta para soportarlo. Al menos as&#237; lo hace con aquellas almas a las cuales ha elegido exclusivamente para &#201;l&#8230; y este es el quid de la cuesti&#243;n.<\/p>\n<p>* Es una manera de decir que aquellos que no est&#225;n preparados para ello, al intentar comunicar cosas espirituales a otras almas, normalmente lo dicen todo de una vez. No saben hasta donde deben llegar. Si uno est&#225; preparado para ello (cuando Dios posee al alma verdaderamente), pronunciar&#225; las palabras que el Esp&#237;ritu le gu&#237;e a decir, no m&#225;s.<\/p>\n<p>****<\/p>\n<p> <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/www.iglesia.net\">http:\/\/www.iglesia.net<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Madame Guy&#243;n UNA VISI&#211;N CONCISA DEL CAMINO HACIA DIOS; Y DEL ESTADO DE UNI&#211;N &#8220;La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, as&#237; como nosotros somos uno. Yo en ellos y t&#250; en m&#237;, para que sean perfectos en unidad&#8221;. Evangelio de Juan 17:22 Traducci&#243;n, hijo mayor de Epafrodito &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-el-camino-hacia-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEn el camino hacia Dios\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5729","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5729","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5729"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5729\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5729"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5729"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5729"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}