{"id":5734,"date":"2016-02-08T19:12:20","date_gmt":"2016-02-09T00:12:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/autobiografa-de-madame-guyon-2-parte-continuacin\/"},"modified":"2016-02-08T19:12:20","modified_gmt":"2016-02-09T00:12:20","slug":"autobiografa-de-madame-guyon-2-parte-continuacin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/autobiografa-de-madame-guyon-2-parte-continuacin\/","title":{"rendered":"Autobiograf&#237;a de Madame Guyon (2&#170; Parte) (continuaci&#243;n)"},"content":{"rendered":"<div>&#201;l concibi&#243; mientras una fuerte amistad por m&#237; como si yo hubiera sido su hermana; y su &#250;nico placer, en medio de sus incesantes ocupaciones, era venir y pasar media hora conmigo hablando de Dios. Le escribi&#243; al Obispo de Marsella para agradecerle el haberme protegido all&#237; en las persecuciones. Le escribi&#243; al Obispo de Grenoble; y no omiti&#243; nada para manifestar su consideraci&#243;n por m&#237;. Ahora parec&#237;a pensar exclusivamente en hallar los medios para detenerme en su di&#243;cesis. &#201;l no quer&#237;a o&#237;r hablar de mi ida para ver a la Marquesa de Prunai. Al contrario, la escribi&#243; para que viniese y se estableciera conmigo en su di&#243;cesis. Le envi&#243; al Padre La Combe, con el prop&#243;sito de exhortarla a venir; asegur&#225;ndola que nos unir&#237;a a todos para hacer una congregaci&#243;n. La Marquesa particip&#243; prontamente en ello, y as&#237; como su hija. Ellas habr&#237;an venido con el Padre La Combe, pero la Marquesa estaba enferma. El obispo era activo y serio buscando y estableciendo una sociedad con nosotros, y encontr&#243; varias personas p&#237;as y algunas se&#241;oras j&#243;venes muy devotas, que estaban preparadas para venir a un&#237;rsenos. Pero no era la voluntad de Dios el organizarme as&#237;, sino para crucificarme todav&#237;a m&#225;s.<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">La fatiga del viaje me hizo enfermar. Tambi&#233;n la muchacha que traje de Grenoble cay&#243; enferma. Sus amistades, que eran codiciosas interpretaron en sus cabezas que, si muriese a mi servicio, yo conseguir&#237;a que ella hiciera un testamento a mi favor. Estaban muy equivocados. Lejos de desear la propiedad de otros, me hab&#237;a desprendido de la m&#237;a. Su hermano, preso de este temor, vino con toda rapidez; la primera cosa sobre la que habl&#243;, aunque la encontr&#243; recuperada, fue de hacer un testamento. Eso hizo un gran ruido en Verceil. Quer&#237;a que ella volviera con &#233;l, pero ella se neg&#243;. Le aconsej&#233; que hiciera lo que su hermano deseaba. &#201;l contrajo amistad con algunos de los funcionarios de la guarnici&#243;n, a quienes cont&#243; historias rid&#237;culas, como que yo quer&#237;a usar a su hermana mal. &#201;l aparentaba que ella era una persona de calidad. Ellos departieron de lo que me asustaba,&#8211;que yo vine detr&#225;s del Padre La Combe. Ellos incluso lo acosaban para que les contara sobre m&#237;. Se perturb&#243; mucho el obispo, pero no pod&#237;a remediarlo. La amistad que ten&#237;a conmigo se incrementaba cada d&#237;a; porque, como &#233;l amaba a Dios, as&#237; lo hac&#237;a con todos aquellos quienes consideraba que deseaban amar a Dios. Cuando me vio tan indispuesta, vino a verme con asiduidad y caridad, cuando sus ocupaciones le dejaba tiempo libre. Me hizo peque&#241;os regalos de frutas y otras cosas. Ten&#237;an celos de su amistad. Dijeron que yo hab&#237;a venido a arruinarlo, y para que se llevara su dinero a Francia, lo que estaba muy lejos de mis pensamientos. El obispo pacientemente soport&#243; estas afrentas, esperando a pesar de eso mantenerme en su di&#243;cesis, puesto que deb&#237;a recuperarme.<\/p>\n<p>El Padre La Combe era la prebenda del obispo y su confesor. &#201;l le ten&#237;a mucha estima. Dios hizo uso de &#233;l para convertir algunos de los funcionarios y soldados, quienes, de ser hombres de vidas escandalosas, se volvieron modelos de piedad. En ese lugar todo estaba mezclado con cruces, pero se ganaron almas para Dios. Hab&#237;a algunos de sus frailes, que, despu&#233;s de su ejemplo, estaban avanzando hacia la perfecci&#243;n. Yo no entend&#237;a su idioma ni ellos el m&#237;o, el Se&#241;or nos hizo entendernos el uno al otro en aquello concerniente con Su servicio. El Rector de los Jesuitas tom&#243; su tiempo, cuando el Padre La Combe se hubo marchado del pueblo, para probarme, como &#233;l dijo. &#201;l hab&#237;a estudiado materias teol&#243;gicas, que yo no entend&#237;a. Propuso varias preguntas. El Se&#241;or me inspir&#243; contestarle de semejante manera, que se march&#243; sorprendido y satisfecho. &#201;l no pod&#237;a abstenerse de hablar de ello.<\/p>\n<p>Los Barnabitas de Par&#237;s, o mejor dicho al Padre de la Mothe se le meti&#243; en la cabeza el intentar traer al Padre La Combe para que predicase en Par&#237;s. &#201;l escribi&#243; al Padre-general sobre eso, porque ellos no ten&#237;an ninguno en Par&#237;s para apoyar su convento, que su iglesia estaba desierta; que era una pena el dejar a semejante hombre como el Padre La Combe en un lugar donde &#233;l s&#243;lo viciaba su idioma. Era necesario hacer que sus finos talentos aparecieran en Par&#237;s, donde &#233;l no pod&#237;a llevar la carga de la casa, si no le dieran un<\/p>\n<p>ayudante de tal calificaci&#243;n y experiencia. &#191;Qui&#233;n no habr&#237;a pensado que todo esto era sincero? El Obispo de Verceil, que era muy amigo del Padre-general, teniendo aviso de eso, se opuso, y contest&#243; que estar&#237;a haci&#233;ndole el mayor da&#241;o al quitarle un hombre que le era tan sumamente &#250;til, y en un momento cuando ten&#237;a mucha necesidad de &#233;l.<\/p>\n<p>El Padre-general de los Barnabitas no aceptar&#237;a la demanda del Padre de la Mothe, por miedo de ofender al Obispo de Verceil. Acerca de m&#237;, mi indisposici&#243;n aument&#243;. El aire, de all&#237; que es muy malo, me causaba una tos incesante, con frecuentes apariciones de fiebre. Empeor&#233; tanto que llegu&#233; a pensar que no podr&#237;a superarlo. Se afligi&#243; el Obispo al verme as&#237;, pero, habiendo consultado a los m&#233;dicos, le aseguraron que el aire del lugar era mortal para m&#237;, despu&#233;s de lo cual me dijo, &#8220;prefiero m&#225;s bien tenerla viva, aunque distante de m&#237;, que verla morirse aqu&#237;.&#8221; Abandon&#243; su plan de establecer su congregaci&#243;n, porque mi amiga no se establecer&#237;a all&#237; sin m&#237;. La se&#241;ora de G&#233;nova no pod&#237;a dejar su propia ciudad f&#225;cilmente, donde era respetada. La Genovesa suplic&#243; el instalar all&#237; lo que el Obispo de Verceil hab&#237;a querido que ella preparara. Casi era una congregaci&#243;n como la de la Se&#241;ora de Miramion. Cuando el Obispo propuso esto la primera vez, sin embargo, seg&#250;n parec&#237;a, tuve un presentimiento de que no tendr&#237;a &#233;xito, y que no era lo que nuestro Se&#241;or requer&#237;a de m&#237;, aunque yo me rend&#237; sumisamente a tan buena propuesta, s&#243;lo fue por reconocer los muchos favores especiales de este prelado. Estaba segura que el Se&#241;or me har&#237;a conocer bien como prevenir lo que &#201;l quisiera requerir ahora de m&#237;. Como este prelado bueno vio que deb&#237;a resignarse a dejarme ir, me dijo, &#8220;Usted est&#225; dispuesta para estar en la di&#243;cesis de G&#233;nova, y all&#237; ellos la perseguir&#225;n y la rechazaran; yo, qui&#233;n la tendr&#237;a con mucho gusto, no puedo retenerla.&#8221; Le escribi&#243; al Padre La Mothe dici&#233;ndole que deb&#237;a irme en primavera, en cuanto el tiempo lo permitiera. &#201;l sent&#237;a verse obligado a dejarme ir. Todav&#237;a aun esperaba retener al Padre La Combe, que probablemente podr&#237;a haber estado, de no recibir la noticia de la muerte del Padre-general dando esto otro giro.<\/p>\n<p>Aqu&#237; fue cuando escrib&#237; sobre el Apocalipsis, y que all&#237; se me dio una certeza mayor de todas las persecuciones de los sirvientes m&#225;s fieles de Dios. Aqu&#237; tambi&#233;n fui fuertemente movida para escribir a la Se&#241;ora De Ch<\/p>\n<p>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br \/>\n-. Lo hice con gran sencillez; y lo que escrib&#237; fue como los primeros cimientos de lo que el Se&#241;or requer&#237;a de ella, habi&#233;ndose agradado de hacer uso de m&#237; para ayudarla a conducirla en Sus caminos, siendo una persona a quien yo estoy muy unida, y por ella a otros.<\/p>\n<p>El amigo del Obispo de Verceil, el Padre-general de los Barnabitas, parti&#243; de esta vida. Tan pronto hubo muerto, el Padre de La Mothe escribi&#243; al Vicario general que ahora ocupaba su puesto hasta que otro fuera elegido, renovando su demanda para tener al Padre La Combe como ayudante. El padre, oyendo que me obligaban a causa de mi indisposici&#243;n a volver a Francia, le envi&#243; una orden al Padre La Combe para volver a Par&#237;s, y para acompa&#241;arme en mi viaje, as&#237; de este modo al hacerlo se le dispensar&#237;a en su convento en Par&#237;s, ya pobre, por los gastos de tan largo viaje. El Padre La Combe, quien no se trag&#243; el veneno que hab&#237;a bajo esta justa opini&#243;n, consinti&#243; eso; sabiendo que era mi costumbre el tener alg&#250;n eclesi&#225;stico conmigo cuando viajaba. El Padre La Combe se march&#243; doce d&#237;as antes que yo, para llevar a cabo algunos negocios, y esperarme para pasar a trav&#233;s de las monta&#241;as, ya que en ese lugar era donde yo ten&#237;a la mayor necesidad de una escolta. Me puse en camino por Cuaresma, el tiempo entonces era bueno. Fue una separaci&#243;n triste para el Obispo. Me dio lastima de &#233;l; estaba muy afectado de perdernos a ambos, al Padre La Combe y a m&#237;. Hizo que me acompa&#241;aran hasta Tur&#237;n, coste&#225;ndolo de su propio dinero, d&#225;ndome un se&#241;or y uno de sus eclesi&#225;sticos para acompa&#241;arme.<\/p>\n<p>En cuanto se tom&#243; la resoluci&#243;n de que el Padre La Combe deb&#237;a acompa&#241;arme, el Padre La Mothe inform&#243; por todas partes &#8220;que le hab&#237;an obligado a hacerlo, para hacerle volver a Francia.&#8221; &#201;l se extendi&#243; sobre el apego que yo ten&#237;a por el Padre La Combe, fingiendo tener l&#225;stima de m&#237;. En esto todo el mundo dijo que deb&#237;a de ponerme bajo la direcci&#243;n del Padre de La Mothe. Mientras tanto &#233;l falsamente pali&#243; la malignidad de su coraz&#243;n, escribiendo cartas llenas de estima al Padre La Combe, y algunas a m&#237; llenas de ternura, &#8220;deseando traerse a su estimada hermana, y servirla en sus enfermedades, y en las penalidades de tan largo viaje; que &#233;l conmovido, se sent&#237;a obligado a ello por su cari&#241;o&#8221;; con muchas otras cosas de igual naturaleza.<\/p>\n<p>No pod&#237;a atreverme a partir sin ir a ver a mi buena amiga, la Marquesa de Prunai, a pesar de la dificultad de los caminos. Hice que me llevaran, siendo casi imposible ir por otro sitio a causa de las monta&#241;as. Estaba sumamente alegre al verme llegar. Nada podr&#237;a ser m&#225;s cordial que lo que pas&#243; entre nosotras. Fue entonces que reconoci&#243; que todo lo que le dije hab&#237;a sucedido. Un eclesi&#225;stico bueno, que vive con ella, me dijo lo mismo. Nosotros hicimos ung&#252;entos y escayolas juntos, y le di el secreto de mis remedios, yo la anim&#233;, y, por tanto, el Padre La Combe hizo, para establecer un hospital en ese lugar; qu&#233; se hizo mientras nosotros est&#225;bamos all&#237;. Contribu&#237; con mi &#243;bolo a ello, qu&#233; ha sido siempre bendici&#243;n a todos los hospitales, que se han establecido alguna vez confiando en la Providencia.<\/p>\n<p>Creo que me he olvidado de decir, que el Se&#241;or hab&#237;a hecho uso de m&#237; para establecer uno cerca de Grenoble, que subsiste sin ning&#250;n otro fondo que los proporcionados por la Providencia. Mis enemigos hicieron uso de eso despu&#233;s para calumniarme, diciendo que yo hab&#237;a gastado la riqueza de mis hijos estableciendo hospitales, aunque, lejos de gastar nada de su riqueza, yo les hab&#237;a dado incluso de la m&#237;a. Todos esos hospitales s&#243;lo se han establecido con los fondos de la Providencia divina que es inagotable. Pero de manera que ello ha sido ordenado para mi bien, que todo lo que nuestro Se&#241;or me ha hecho hacer para Su gloria se ha convertido algunas veces en cruces para m&#237;.<\/p>\n<p>Tan pronto como se determin&#243; que deb&#237;a irme a Francia, el Se&#241;or me hizo saber, que era para tener las mayores cruces que alguna vez tuve. El Padre La Combe ten&#237;a el mismo sentir. Me alent&#243; a que me resignara a la voluntad divina, y para convertirme en una v&#237;ctima ofrecida libremente para nuevos sacrificios. Tambi&#233;n me escribi&#243;, &#8220;&#191;Si no fuese una cosa muy gloriosa para Dios, si &#201;l nos hiciera servir en esa gran ciudad, para espect&#225;culo a los &#225;ngeles y a los hombres?&#8221; Me retir&#233; con un esp&#237;ritu de sacrificio, para ofrecerme a mi misma para los nuevos tipos de castigos, si agradaba a mi estimado Se&#241;or. A lo largo del camino algo dentro de m&#237; repet&#237;a las mismas palabras de San. Pablo: &#8220;Ahora, he aqu&#237;, ligado yo en esp&#237;ritu, voy a Jerusal&#233;n, sin saber lo que all&#225; me ha de acontecer; salvo que el Esp&#237;ritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para m&#237; mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo.&#8221; (Hechos 20:22,23,24.) No pod&#237;a abstenerme de testificarlo a mis amigos m&#225;s &#237;ntimos, que intentaron con ah&#237;nco el persuadirme para detenerme, y que no siguiera. Estaban todos deseosos de contribuir con una porci&#243;n de lo que ten&#237;an, para que me asentara all&#237;, y evitar mi llegada a Par&#237;s. Pero hall&#233; mi deber proseguir mi camino, y sacrificarme a mi misma por &#201;l qui&#233;n primero se sacrific&#243; por m&#237;.<\/p>\n<p>En Chamberry vimos al Padre La Mothe, que iba a la elecci&#243;n de un Padre-general. Sin embargo, &#233;l afect&#243; una apariencia de amistad, no era dif&#237;cil descubrir que sus pensamientos eran diferentes de sus palabras, y que hab&#237;a concebido planes oscuros contra nosotros. Hablo no de sus intenciones, sino para obedecer la orden que se me ha dado de no omitir nada. Necesariamente me ver&#233; obligada a menudo a hablar de &#233;l. Desear&#237;a con todo mi coraz&#243;n si estuviera en mi poder suprimir lo que tengo que decir de &#233;l. Si lo que ha hecho solo fuera respecto a m&#237;, enterrar&#237;a de buena gana todo; pero pienso que me debo a la verdad, y a la inocencia del Padre La Combe, tan cruelmente perseguido, y gravemente aplastado tanto tiempo, por horribles calumnias, por un encarcelamiento de varios a&#241;os, que con toda probabilidad durar&#225; mientras viva. Sin embargo, el Padre La Mothe puede parecer acusado excesivamente en lo que digo de &#233;l, yo protesto solemnemente, y en la presencia de Dios que paso por alto, y en silencio por muchas de sus malas acciones.<\/p>\n<p><FONT SIZE=\"+1\"><b>CAPITULO 19<\/b><\/FONT><br \/>\nApenas hube llegado a Par&#237;s, cuando prontamente descubr&#237; los negros planes preparados contra el Padre La Combe y contra m&#237;. El Padre La Mothe que dirig&#237;a toda la tragedia, disimulaba diestramente, seg&#250;n su costumbre; adul&#225;ndome en mi cara, mientras que con entusiasmo procuraba da&#241;arme a mis espaldas. &#201;l y sus confederados quer&#237;an, por su propio inter&#233;s, persuadirme para ir a Montargis (mi lugar de nacimiento), esperando, por eso, conseguir la protecci&#243;n de mis hijos, y disponer de mi persona y efectos. Todas las persecuciones del Padre La Mothe, y mi familia han sido motivadas por su parte mirando a su inter&#233;s; aquellos que han saltado de rabia y venganza contra el Padre La Combe, porque &#233;l, como mi director, no me oblig&#243; a hacer lo que quer&#237;an; adem&#225;s de por celos. Puedo entrar en largos detalles sobre esto, suficientes para convencer a todo el mundo; pero los suprimo, para evitar alargarme. S&#243;lo dir&#233;, que amenazaron con privarme de lo poco que hab&#237;a reservado para m&#237;. A esto s&#243;lo contest&#233;, que no recurrir&#237;a a la ley, si ellos estuvieran resueltos a quitarme lo poco que me hab&#237;a quedado (poco de hecho en comparaci&#243;n con lo que hab&#237;a dado) renunciar&#237;a a ello completamente por ellos; siendo bastante libre y deseosa no s&#243;lo para ser pobre, sino para estar incluso en la m&#225;s extrema necesidad, en imitaci&#243;n de nuestro Se&#241;or Jesucristo.<\/p>\n<p>Llegu&#233; a Par&#237;s en la v&#237;spera de la Magdalena, en 1686, exactamente cinco a&#241;os despu&#233;s de mi salida de esa ciudad. Despu&#233;s de que lleg&#243; el Padre La Combe, pronto fue seguido y muy aplaudido. Percib&#237; algo de envidia por esto en el Padre La Mothe, pero no pens&#233; que se llevar&#237;an estas cuestiones tan lejos como han sido llevadas. La mayor parte de los Barnabitas de Par&#237;s, y su vecindario, se unieron contra el Padre La Combe, inducidos por varias causas particularmente relacionadas con su orden. Pero todas sus calumnias y malas intenciones fueron derribadas por la sencilla piedad que manifest&#243;, y la bondad de sus obras de las qu&#233; se beneficiaron multitudes.<\/p>\n<p>Hab&#237;a depositado una peque&#241;a suma de dinero en sus manos (con el consentimiento de su superior), entregada para el ingreso de una monja. Pens&#233; para mi misma, que en conciencia estaba obligada a hacerlo. Ella se hab&#237;a ido de los Nuevos cat&#243;licos, por medio de m&#237;. Era esa joven a quien mencion&#233; antes, quien el sacerdote de Gex quiso ganarse. Cuando es bonita, aunque muy prudente, siempre continu&#243; all&#237; a causa del temor, cuando tal se expone uno en el mundo. La Mothe quer&#237;a tener ese dinero, y expres&#243; a La Combe que, si &#233;l no me hiciera d&#225;rselo para una pared, que ten&#237;a que reconstruir en su convento, le har&#237;a padecer por esto. Pero este &#250;ltimo, qui&#233;n siempre es honrado, contest&#243; que &#233;l no pod&#237;a en conciencia aconsejarme que hiciera otra cosa, pero que yo ya me hab&#237;a resuelto, en favor de esa joven. De ah&#237; que &#233;l y el provincial anhelaran ardientemente satisfacer sus deseos de venganza. Emplearon todos sus pensamientos en los medios para efectuarlos.<\/p>\n<p>Un hombre muy malo que fue empleado para ese prop&#243;sito, escribi&#243; libelos difamatorios, declarando que las proposiciones de Molinos, que hab&#237;a estado los dos &#250;ltimos a&#241;os en Francia, era el parecer del Padre La Combe. Se extendieron estos libelos por todas partes en la comunidad. El Padre La Mothe el provincial, actuando como personas muy afectadas a la iglesia, los llevaron al oficial, o juez de la corte eclesi&#225;stica, quien se incorpor&#243; al oscuro plan. Ellos se los mostraron al Arzobispo, diciendo, &#8220;que ello estaba fuera de su celo, y que estaban sumamente afligidos por que uno de su hermandad fuese un hereje, y como tal execrable.&#8221; Tambi&#233;n me condujeron a m&#237;, pero m&#225;s moderadamente, diciendo que el Padre La Combe casi siempre estaba en mi casa, lo que era falso. Apenas podr&#237;a verlo en absoluto excepto en el confesionario, y entonces durante un tiempo muy corto. Diversas cosas igualmente falsas las esparcieron libremente involucr&#225;ndonos a nosotros dos.<\/p>\n<p>Ellos mismos acordaron llevar una cosa mas all&#225;, probablemente para favorecer su conspiraci&#243;n. Supieron que hab&#237;a estado en Marsella, y pensando que ten&#237;an un buen fundamento para una nueva calumnia. Falsificaron una carta de una persona en Marsella (yo o&#237; que era del Obispo) dirigida al Arzobispo de Par&#237;s, o a su oficial, en la que ellos escribieron el esc&#225;ndalo m&#225;s abominable. El Padre La Mothe vino para intentar arrastrarme a su trampa, y hacerme decir, en la presencia de las personas que hab&#237;a tra&#237;do, que yo hab&#237;a estado en Marsella con el Padre La Combe. &#8220;Hay,&#8221; dijo &#233;l, &#8220;informes escandalosos contra usted, enviados por el Obispo de Marsella. Usted ha ca&#237;do all&#237; en un gran esc&#225;ndalo con el Padre La Combe. Hay bastantes evidencias de ello.&#8221; Contest&#233; con una sonrisa, &#8220;La calumnia se inventa bien; pero habr&#237;a sido apropiado saber primero si el Padre La Combe hab&#237;a estado en Marsella, porque yo no creo que haya estado nunca en su vida. Mientras yo estaba all&#237;, el Padre La Combe estaba trabajando en Verceil.&#8221; Estaba perplejo y se fue, diciendo, &#8220;est&#225; dando testimonio de su verdadero ser.&#8221; Fue inmediatamente a preguntarle al Padre La Combe si &#233;l no hubiera estado en Marsella. Asegur&#243; que &#233;l nunca hab&#237;a estado all&#237;. Ellos se toparon con la decepci&#243;n. Entonces propagaron que no era Marsella sino Seisel. Ahora Seisel es un lugar en el que nunca he estado, y no hay ning&#250;n obispo all&#237;.<\/p>\n<p>Usaron todas las estratagemas imaginables para aterrarme con amenazas, falsificando cartas, y cr&#243;nicas dirigidas contra m&#237;, acus&#225;ndome de ense&#241;ar doctrinas err&#243;neas, y de vivir una vida mala, e inst&#225;ndome a que huyera del pa&#237;s para escapar a las consecuencias de las denuncias. Fracasando en todo esto, a la larga La Mothe se quit&#243; la m&#225;scara, y me dijo en la iglesia, ante La Combe, &#8220;es ahora, mi hermana que usted debe pensar en huir, usted est&#225; acusada con cr&#237;menes de tintes profundos.&#8221; No me conmov&#237; lo m&#225;s m&#237;nimo, sino contest&#233; con mi tranquilidad usual, &#8220;Si soy culpable de tales cr&#237;menes no pueden castigarme severamente; porque no huir&#233; o saldr&#233; de esta manera. He hecho una profesi&#243;n abierta a mi misma de consagraci&#243;n completa a Dios. Si he hecho cosas ofensivas a &#201;l, quien yo desear&#237;a que ambos amaran, y causar que fuera amado por el mundo entero, incluso a costa de mi vida, si mi castigo fuera un ejemplo al mundo; pero si soy inocente, para m&#237; huir, no es la manera para que mi inocencia sea cre&#237;da.&#8221;<\/p>\n<p>Se hicieron esfuerzos similares para derribar al Padre La Combe. Tergiversaron groseramente las palabras de &#233;l al rey, y procuraron una orden para su arresto y encarcelamiento en la Bastilla.<\/p>\n<p>Aunque en su proceso apareci&#243; completamente inocente, y no pod&#237;an encontrar nada despu&#233;s de lo cual justificar una condenaci&#243;n, todav&#237;a le hicieron creer al rey que era un hombre peligroso en temas de religi&#243;n. &#201;l estaba entonces encerrado en una segura fortaleza de la Bastilla de por vida; pero cuando sus enemigos oyeron que el capit&#225;n de esa fortaleza lo apreciaba, y lo trataba bondadosamente, ellos lo cambiaron a un lugar mucho peor. Dios que mira todo, premiar&#225; a cada hombre seg&#250;n sus obras. Yo s&#233; por una comunicaci&#243;n interior que &#233;l est&#225; muy bien satisfecho, y totalmente resignado a Dios.<\/p>\n<p>La Mothe ahora se esforzaba m&#225;s que nunca para inducirme a huir, asegur&#225;ndome que, si me fuera a Montargis, estar&#237;a fuera de todo problema; pero que si no lo hiciera, pagar&#237;a por ello. &#201;l insisti&#243; en que lo tomara como mi director, lo que yo no pod&#237;a aceptar. Me desacredit&#243; dondequiera que fue, y escribi&#243; a sus hermanos para que hicieran lo mismo. Ellos me enviaron cartas muy injuriosas, asegur&#225;ndome que, si no me pusiera bajo su direcci&#243;n, ser&#237;a deshecha. Todav&#237;a tengo las cartas conmigo. Un padre me dese&#243; en este caso hacer de la necesidad virtud. No, algunos me aconsejaron que fingiera ponerme bajo su direcci&#243;n, y enga&#241;arlo. Aborrec&#237; la idea del enga&#241;o. Soport&#233; todo con la m&#225;s gran tranquilidad, sin tener ninguna preocupaci&#243;n por justificarme o defenderme, dej&#225;ndoselo completamente a Dios, el ordenar como le agradase sobre m&#237;. Aqu&#237; menciono que se agrad&#243; misericordiosamente aumentar la paz de mi alma, mientras todos parec&#237;an gritar contra m&#237;, y mir&#225;ndome como una criatura infame, excepto esos pocos que me conoc&#237;an bien por una cercana uni&#243;n de esp&#237;ritu. En la iglesia yo o&#237; a las personas detr&#225;s de m&#237; exclamar contra m&#237;, e incluso unos sacerdotes diciendo que era necesario expulsarme de la iglesia. Me abandon&#233; a mi misma a Dios sin reservas, estando preparada del todo para soportar los sufrimientos m&#225;s rigurosos y torturas, si tal era Su voluntad.<\/p>\n<p>Nunca hice ninguna petici&#243;n por el Padre La Combe o por m&#237;, aunque cargada con eso entre otras cosas. Le deber&#233; todo a Dios, no tengo dependencia de ninguna criatura. Yo no dir&#237;a que nadie sino Dios hab&#237;a hecho a Abraham rico. G&#233;nesis 14:23. Perder todo por &#201;l es mi mejor ganancia; y ganar todo sin &#201;l ser&#237;a mi peor p&#233;rdida. Aunque en este momento un grito general se levant&#243; contra m&#237;, Dios no dej&#243; de hacer uso de m&#237; para ganar muchas almas para &#201;l. En lo m&#225;s furioso de la persecuci&#243;n contra m&#237;, m&#225;s ni&#241;os se me dieron, en quienes el Se&#241;or confiri&#243; grandes favores a trav&#233;s de Su sierva.<\/p>\n<p>Uno no debe juzgar a los sirvientes de Dios por lo que dicen sus enemigos, ni por ser perseguido bajo las calumnias sin ning&#250;n recurso. Jes&#250;s Cristo expir&#243; bajo dolores. Dios usa ello para guiar a Sus m&#225;s queridos sirvientes, para hacerlos conforme a Su Hijo, en quien &#201;l siempre se agrada. Pero pocos sit&#250;an esa conformidad donde ha de ser. No est&#225; en dolores voluntarios o austeridades, sino en aquellos que se sufren en la vida en una sumisi&#243;n conforme a la voluntad de Dios, en una renuncia completa de nuestros egos, al extremo que Dios pueda ser nuestro todo en todo, dirigi&#233;ndonos seg&#250;n Sus parecer, y no por el nuestro, qu&#233; generalmente est&#225; opuesto al Suyo. Toda perfecci&#243;n consiste en estar en completa conformidad con Jes&#250;s Cristo, no en las cosas brillantes que los hombres estiman. S&#243;lo se ver&#225; en la eternidad quienes son los verdaderos amigos de Dios. Nada Le agrada sino Jes&#250;s Cristo, y aquellos quienes llevan Su marca o car&#225;cter.<\/p>\n<p>Me presionaban continuamente para que huyera, aunque el Arzobispo hab&#237;a hablado conmigo, y me rog&#243; que no dejara Par&#237;s. Pero ellos quisieron dar la apariencia de criminalidad a m&#237; y al Padre La Combe por mi fuga. No sab&#237;an como hacerme caer en las manos del oficial. Si ellos me acusaran de cr&#237;menes, debe ser ante otros jueces. Cualquier otro juez habr&#237;a visto mi inocencia; el que da falso testimonio habr&#237;a corrido el riesgo de ser penado por ello. Continuamente difund&#237;an historias de cr&#237;menes horribles; pero el oficial me asegur&#243; que no hab&#237;a o&#237;do mencionar ninguna. &#201;l estaba asustado, que deber&#237;a retirarme fuera de su jurisdicci&#243;n. Entonces hicieron creer al rey &#8220;que era una hereje que manten&#237;a una correspondencia literaria con Molinos (yo, que nunca supe que hab&#237;a un Molinos en el mundo, hasta que la Gaceta me habl&#243; de &#233;l) que yo hab&#237;a escrito un libro peligroso; y que con esos informes ser&#237;a necesario emitir una orden para ponerme en un convento, para que puedan examinarme. Yo era una persona peligrosa, que ser&#237;a apropiado encerrarme con llave, para no permitirme ning&#250;n trato con ninguno; ya que continuamente sostuve asambleas,&#8221; lo qu&#233; era completamente falso. Para apoyar esta calumnia mi letra fue falsificada, y se falsific&#243; una carta como m&#237;a, significando, que ten&#237;a &#8220;grandes planes, pero tem&#237;a que resultaran abortados, por el encarcelamiento del Padre La Combe, por que raz&#243;n hab&#237;a dejado de mantener asambleas en mi casa, porque estaba siendo vigilada estrechamente; pero que las mantendr&#237;a en las casas de otras personas.&#8221; Esta carta falsificada se la mostraron al rey, y sobre esto se dio una orden para mi encarcelamiento.<\/p>\n<p>Esta orden se tendr&#237;a que haber ejecutado dos meses antes, pero hab&#237;a ca&#237;do muy enferma. Ten&#237;a dolores inconcebibles y fiebre. Algunos pensaron que ten&#237;a una inflamaci&#243;n en mi cabeza. El dolor que sufr&#237; durante cinco semanas me hizo delirar. Ten&#237;a tambi&#233;n un dolor en el pecho y una violenta tos. Dos veces recib&#237; el santo sacramento, cuando se pensaban que yo estaba expirando. Una de mis amigas hab&#237;a informado al Padre La Mothe, (no conociendo que fue su mano, la que encarcel&#243; al Padre La Combe) que me hab&#237;a enviado un certificado de la inquisici&#243;n en favor del Padre La Combe, habiendo o&#237;do que su poseedor lo hab&#237;a perdido. Esto contest&#243; muy bien a prop&#243;sito; porque hab&#237;an hecho creer al rey que &#233;l hab&#237;a huido de la inquisici&#243;n; pero esto le mostr&#243; lo contrario.<\/p>\n<p>Entonces el Padre La Mothe vino a m&#237;, cuando estaba con un dolor excesivo, simulando todo el afecto y ternura que pudo, y dici&#233;ndome &#8220;que el asunto del Padre La Combe estaba yendo muy bien, que estaba listo para salir de prisi&#243;n con honor, que estaba muy alegre por ello. Si &#233;l tuviera s&#243;lo este certificado, ser&#237;a liberado pronto. D&#233;melo entonces,&#8221; dijo &#233;l, &#8220;y ser&#225; soltado inmediatamente.&#8221; Al principio yo hice una objeci&#243;n para hacerlo. &#8220;&#161;C&#243;mo! dijo &#233;l, quiere usted ser la causa que arruine al pobre Padre La Combe, teniendo en su poder el salvarlo, y caus&#225;ndonos esta aflicci&#243;n, por que desea usted tenerla en sus manos.&#8221; Ced&#237;, pidiendo que fuera tra&#237;do y se lo entregu&#233;. Pero &#233;l lo hizo desaparecer, y extendi&#243; que estaba perdido. Nunca conseguimos que lo devolviera. El Embajador de la Corte de Tur&#237;n me envi&#243; un mensajero por este certificado, destinado para servir al Padre La Combe. Lo remit&#237; al Padre La Mothe. El mensajero fue a &#233;l y se lo pidi&#243;. Neg&#243; que yo se lo hubiera dado, diciendo, &#8220;Su cerebro se desordena lo qu&#233; le hace imaginarlo.&#8221; El hombre regres&#243; a m&#237; y me dijo su respuesta. Las personas en mi c&#225;mara fueron testigos de que se lo hab&#237;a dado. A pesar de todo no signific&#243; nada; no pod&#237;a recuperarlo de sus manos; sino al contrario, me insult&#243;, y tambi&#233;n hizo que lo hicieran otros, aunque yo estaba tan d&#233;bil que parec&#237;a estar a las mismas puertas de la muerte.<\/p>\n<p>Me dijeron que s&#243;lo esperaban por mi recuperaci&#243;n para arrojarme en prisi&#243;n. &#201;l hizo creer a sus hermanos que yo hab&#237;a tratado de enfermar. Me escribieron, que era por mis cr&#237;menes que yo sufr&#237;; y que debo ponerme bajo el mando del Padre La Mothe, por otra parte debo arrepentirme; que estaba loca y deb&#237;a ser atada; y que era un monstruo de orgullo, puesto que yo no sufrir&#237;a el ser dirigida por el Padre La Mothe. Cosas as&#237; eran mi fiesta diaria en mi dolor extremo; abandonada por mis amigos, y oprimida por mis enemigos; aquellos se avergonzaban de m&#237;, por las calumnias que fraguaron y diligentemente propagaban; esto &#250;ltimo les permiti&#243; perseguirme; bajo todo guard&#233; silencio, abandon&#225;ndome al Se&#241;or.<\/p>\n<p>No hab&#237;a ning&#250;n g&#233;nero de infamia, error, hechicer&#237;a, o sacrilegio de los que no me acusaran. En cuanto pudieron me llevaron a la iglesia en una silla, se me dijo que ten&#237;a la prebenda de hablar. (Era una trampa concertada entre el Padre La Mothe y el Can&#243;nigo del convento donde me hospedaba). Le habl&#233; con mucha sencillez, y aprob&#243; lo que dije. Todav&#237;a, dos d&#237;as despu&#233;s de que propagaran que yo hab&#237;a proferido muchas cosas, y acusado a muchas personas; y por esto ellos procuraban el destierro de varias personas con quienes estaban disgustados, personas quienes yo nunca hab&#237;a visto, o de quienes nunca o&#237;. Eran hombres de honor. Se desterr&#243; a uno de ellos, porque dijo que mi peque&#241;o libro es bueno. Es notable que ellos no dicen nada a aquellos que prefijaron sus aprobaciones, y que, lejos de condenar el libro, se reimprimi&#243; desde que yo he estado en prisi&#243;n, y los anuncios de &#233;l han sido hechos en el palacio del Arzobispo, y por Par&#237;s. Con respecto a otros, cuando ellos encuentran faltas en sus libros, condenan los libros y dejan a la persona en libertad; pero en cuanto a m&#237;, mi libro es aceptado, vendido y difundido, mientras yo soy mantenida prisionera.<\/p>\n<p>El mismo d&#237;a que esos se&#241;ores fueron desterrados, yo recib&#237; una carta sellada, una orden lacrada para trasladarme al Convento de la Visitaci&#243;n de Santa Mar&#237;a, en un suburbio de San, Antoine. Lo recib&#237; con una tranquilidad que sorprendi&#243; al portador sumamente. No pod&#237;a abstenerse de expresarlo, habiendo visto el dolor extremo de aquellos que s&#243;lo fueron desterrados. &#201;l estaba tan emocionado con esto como para derramar l&#225;grimas. Y aunque su orden era llevarme inmediatamente, no tuvo miedo de confiar en m&#237;, sino que me dej&#243; todo el d&#237;a, solicitando el trasladarme a Santa, Mar&#237;a por la tarde. En ese d&#237;a muchos de mis amigos vinieron a verme, y me encontraron muy animada, lo que sorprendi&#243; a todos los que conoc&#237;an mi caso. No pod&#237;a estar de pie, estaba muy d&#233;bil, teniendo fiebre todas las noches, y hac&#237;a solo una quincena desde que se pensaban que yo estaba expirando. Imagin&#233; que ellos me dejar&#237;an a mi hija y a la criada para servirme.<\/p>\n<p><FONT SIZE=\"+1\"><b>CAPITULO 20<\/b><\/FONT><br \/>\nEl 29 de enero de 1688, yo fui a Santa Mar&#237;a. All&#237; me hicieron saber que no pod&#237;a tener a mi hija ni una criada para servirme, sino que deb&#237;a ser encerrada con llave sola en una c&#225;mara. De hecho conmovi&#243; mi coraz&#243;n cuando me quitaron a mi hija. Ellos no le permitir&#237;an estar en esa casa, ni que alguien me trajera alguna noticia de ella. Me obligaron entonces a que sacrificara a mi hija, como si ella no fuera m&#237;a nunca m&#225;s. Las personas de la casa estaban predispuestas con tan espantosos informes de m&#237;, que me miraban con horror. Para mi carcelero ellos designaron especialmente a una monja que, ellos pensaron, me tratar&#237;a con gran rigor, y no se equivocaron en eso.<\/p>\n<p>Me preguntaron qui&#233;n era ahora mi confesor. Yo lo nombr&#233;; pero le embarg&#243; tal miedo que lo neg&#243;; aunque yo pod&#237;a presentar a muchas personas que me hab&#237;an visto en su confesionario. Entonces dijeron que me hab&#237;an cogido en una mentira; yo no era de fiar. Mis amistades dijeron entonces que ellas no me conoc&#237;an, y otros estaban en libertad para inventar historias, y decir toda clase de mal sobre m&#237;. La mujer, nombrada como mi guardi&#225;n, fue ganada por mis enemigos, para atormentarme como un hereje, una fan&#225;tica, una chiflada y una hip&#243;crita. Solo Dios sabe lo que ella me hizo sufrir. Cuando ella busc&#243; sorprenderme en mis palabras, los mir&#233;, para ser m&#225;s exacto por ellos; pero me fue peor por esto. Hice empeorar m&#225;s las cosas y les di m&#225;s ventajas sobre m&#237;, junto a los problemas de mi propia mente por esto. Me abandon&#233; a m&#237; misma a como estaba, y resolv&#237; que, aunque esta mujer me llevar&#237;a al pat&#237;bulo, por los informes falsos que estaba llevando continuamente a la priora, que yo me resignar&#237;a simplemente a mi porci&#243;n; as&#237; que yo re-entr&#233; en mi condici&#243;n anterior.<\/p>\n<p>Monsieur Charon el Oficial, y un Doctor de la Sorbona, vinieron cuatro veces para examinarme. Nuestro Se&#241;or me hizo el favor que &#201;l prometi&#243; a Sus ap&#243;stoles, para hacerme contestar mucho mejor que si yo hubiera estudiado. Lucas 21:14,15*. Me dijeron, si yo me hubiera explicado, como lo hice ahora, en el libro titulado, M&#233;todo Corto y F&#225;cil de Oraci&#243;n, yo no estar&#237;a ahora aqu&#237;. Mi &#250;ltimo examen trataba sobre una carta falsa, que leyeron y me permitieron verla. Les dije que la letra no era en ninguna manera parecida a la m&#237;a.<\/p>\n<p>Dijeron que era s&#243;lo una copia; que ten&#237;an el original en casa. Yo dese&#233; verlo, pero no pod&#237;a obtenerlo. Les dije que nunca lo escrib&#237;, ni conoc&#237;a a la persona a quien estaba dirigida; pero apenas tomaron alguna rese&#241;a de lo que dije.<\/p>\n<p>Despu&#233;s de que esta carta fue le&#237;da, el oficial se volvi&#243; a m&#237; y dijo, &#8220;ve, se&#241;ora, que despu&#233;s de semejante carta hab&#237;a suficiente base para encarcelarla.&#8221; &#8220;S&#237;, se&#241;or,&#8221; dije yo, &#8220;si la hubiera escrito.&#8221; Les mostr&#233; sus falsedades e inconsistencias, pero todo en vano. Pasaron dos meses, y tratada peor y peor, antes de que alguno de ellos viniera de nuevo a verme. Hasta entonces siempre tuve alguna esperanza de que, viendo mi inocencia, me har&#237;an justicia; pero ahora vi que no quer&#237;an hallarme inocente, sino hacerme parecer culpable.<\/p>\n<p>El oficial lleg&#243; solo la siguiente vez, y me dijo, &#8220;no debe hablar m&#225;s de la carta falsa; que no era nada.&#8221; &#8220;&#161;C&#243;mo nada!,&#8221; dije yo, &#8220;&#161;falsificar la escritura de una persona, y hacerle aparecer como un enemigo al Estado!&#8221; &#201;l contest&#243;, &#8220;Nosotros buscaremos al autor de ello.&#8221; &#8220;El autor,&#8221; dije yo, &#8220;no es otro que el Escribano Gautier.&#8221; Entonces demand&#243; donde estaban los papeles qu&#233; yo escrib&#237; sobre las Escrituras. Yo le dije, &#8220;se los dejar&#233; cuando estuviera fuera de prisi&#243;n; mas no estaba dispuesta a decir con quien los hab&#237;a alojado.&#8221;<\/p>\n<p>_______________________________________________________________________<\/p>\n<p>* Proponed en vuestros corazones no pensar antes c&#243;mo hab&#233;is de responder en vuestra defensa; porque yo os dar&#233; palabra y sabidur&#237;a, la cual no podr&#225;n resistir ni contradecir todos los que se opongan.<\/p>\n<p>(Lucas 21:14,15.)<\/p>\n<p>Tres o cuatro d&#237;as antes de Pascua ocurri&#243; de nuevo, con el doctor, y se prepar&#243; un proceso verbal contra m&#237; por rebeli&#243;n, no dej&#225;ndoles los papeles. Entonces pusieron en sus manos copias de mis escritos; porque yo no ten&#237;a los originales. No s&#233; d&#243;nde los han puesto aquellos que los recibieron de m&#237;; pero estoy firme en la fe que se guardaron todos, a pesar de la tormenta. La priora le pregunt&#243; al oficial c&#243;mo iba mi asunto. &#201;l dijo, muy bien, y que yo ser&#237;a puesta en libertad pronto; esto lleg&#243; a ser el decir general; pero yo ten&#237;a un presentimiento de lo contrario.<\/p>\n<p>Ten&#237;a una satisfacci&#243;n inexpresable y alegr&#237;a sufriendo, y siendo un prisionero. El encierro de mi cuerpo me hizo disfrutar mejor la libertad de mi mente. El d&#237;a de San Jos&#233; fue para m&#237; un d&#237;a memorable; por entonces mi estado ten&#237;a m&#225;s del Cielo que de la tierra, m&#225;s all&#225; de lo que cualquier expresi&#243;n pueda alcanzar. Esto fue seguido, cuando era, con una suspensi&#243;n de cada favor que entonces disfrutada, una dispensaci&#243;n de nuevos sufrimientos. Me obligaron a que me sacrificara nuevamente, y beber las mismas heces del amargo trago.<\/p>\n<p>Nunca tuve ning&#250;n resentimiento contra mis perseguidores, aunque conoc&#237;a bien, su esp&#237;ritu y sus acciones. Jes&#250;s Cristo y los santos vieron a sus perseguidores, y al mismo tiempo sab&#237;an que no pod&#237;an tener poder excepto si no les fuera dado de lo alto. Juan 19:11*.<\/p>\n<p>Amando los golpes que Dios da, uno no puede odiar la mano que &#201;l utiliza para golpear.<\/p>\n<p>__________________________________________<\/p>\n<p>* Respondi&#243; Jes&#250;s: Ninguna autoridad tendr&#237;as contra m&#237;, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. (Juan 19:11.)<\/p>\n<p>Unos d&#237;as despu&#233;s, vino el oficial, para decirme que me daba la libertad de la clausura, eso es, salir y entrar del convento. Ahora estaban muy afanados en instar a mi hija para que consintiera a un matrimonio, que de haber tenido lugar, habr&#237;a sido su ruina.<\/p>\n<p>Al lograr lo aqu&#237; mencionado, la hab&#237;an puesto en relaci&#243;n con el se&#241;or con quien ellos quer&#237;an que se casara. Toda mi confianza estaba en Dios, que &#201;l no les permitir&#237;a lograrlo, cuando aquel hombre no ten&#237;a ninguna tintura de Cristiandad, habiendo abandonado sus principios y moral.<\/p>\n<p>Para inducirme a dejarles a mi hija me prometieron una inmediata puesta en libertad de la prisi&#243;n y de todos los cargos bajo los que estaba acusada. Pero si me negara a ello, me amenazaron con encarcelarme de por vida y con muerte en el cadalso. A pesar de todas sus promesas e intimidaciones, me negu&#233; persistentemente.<\/p>\n<p>Poco despu&#233;s, el oficial y el doctor vinieron a decirle a la priora que ten&#237;a que encerrarme con llave. Ella les manifest&#243; que la c&#225;mara en la que yo estaba, era peque&#241;a, teniendo una apertura a la luz y al aire, s&#243;lo a un lado a trav&#233;s del cual el sol brillaba a lo largo de todo el d&#237;a, y siendo el mes de julio, pronto causar&#225; mi muerte. Ellos no hicieron ning&#250;n caso. Ella pregunt&#243; por qu&#233; deb&#237;a encerrarme con llave. Ellos dijeron que hab&#237;a cometido cosas horribles en su convento, incluso dentro del &#250;ltimo mes, y hab&#237;a escandalizado a las monjas. Ella protest&#243; en contra, y les asegur&#243; que la comunidad entera hab&#237;a recibido gran edificaci&#243;n de m&#237;, y no pod&#237;a sino admirar mi paciencia y moderaci&#243;n. Pero todo era en vano. La pobre mujer no pod&#237;a refrenar las l&#225;grimas, ante una declaraci&#243;n tan lejos de la verdad.<\/p>\n<p>Entonces enviaron por m&#237;, y me dijo, que hab&#237;a hecho cosas viles en el &#250;ltimo mes. &#191;Pregunt&#233; qu&#233; cosas? No me las dir&#237;an. Dije entonces que sufrir&#237;a tanto tiempo y tanto como quisiera Dios; que se empez&#243; este asunto con falsificaciones en contra m&#237;a, y as&#237; continuaba. Que Dios era testigo de todo. El doctor me dijo, que tomar a Dios por testigo en semejante cosa era un crimen. No contest&#233;, nada en el mundo podr&#237;a impedirme recurrir a Dios. Estaba entonces encerrada m&#225;s estrechamente que al principio, hasta que estuviera absolutamente a punto de morir, ca&#237; con una violenta fiebre, y casi me ahogu&#233; con el encierro del lugar, y no me permitieron ninguna asistencia.<\/p>\n<p>En el tiempo de la ley antigua, hab&#237;a algunos de los m&#225;rtires de Se&#241;or que sufrieron por afirmar y confiar en el verdadero Dios. En la iglesia primitiva de Cristo los m&#225;rtires vertieron su sangre, por mantener la verdad de Jes&#250;s Cristo crucificado. Ahora hay m&#225;rtires del Esp&#237;ritu Santo, quienes sufren por su dependencia en &#201;l, por mantener Su reino en las almas, y por ser v&#237;ctimas de la voluntad Divina.<\/p>\n<p>Es este Esp&#237;ritu que ser&#225; derramado sobre toda carne, como dice el profeta Joel. Los m&#225;rtires de Jes&#250;s Cristo han sido m&#225;rtires gloriosos, habiendo bebido &#201;l la confusi&#243;n de ese martirio; pero los m&#225;rtires del Esp&#237;ritu Santo son m&#225;rtires de reproche e ignominia. El Diablo nunca m&#225;s puede ejercer su poder contra su fe o creencia, pero ataca directamente el dominio del Esp&#237;ritu Santo, oponi&#233;ndose a Su movimiento celestial en las almas, y descargando su odio en los cuerpos de aquellos cuyas mentes no puede herir. Oh, Santo Esp&#237;ritu, un Esp&#237;ritu de amor, perm&#237;teme estar siempre sometida a T&#250; voluntad, y, como una hoja se mueve antes del viento, as&#237; perm&#237;teme que sea movida por Tu Divino soplo. Como el viento impetuoso rompe todo lo que se le resiste, as&#237; rompe a todos los que se oponen a Tu imperio.<\/p>\n<p>Aunque me han obligado a que describa el procedimiento de aquellos que me persiguen, no lo he hecho con resentimiento, ya que los amo en mi coraz&#243;n, y he orado por ellos, dejando a Dios el cuidado de defenderme, y abandon&#225;ndome a sus manos, sin hacer ning&#250;n movimiento de mi misma para ello. He aprehendido y cre&#237;do que Dios me har&#237;a escribir todo sinceramente, que Su nombre pueda glorificarse; que las cosas hechas en secreto contra Sus sirvientes un d&#237;a ser&#225;n publicadas desde los tejados; por m&#225;s que ellos se esfuercen por ocultarlas de los ojos de los hombres, es m&#225;s la voluntad de Dios a Su propio tiempo har&#225; todo manifiesto.<\/p>\n<p>El 22 de agosto de 1688, se pens&#243; que yo estaba para salir de prisi&#243;n, y todo parec&#237;a tender a ello. Pero el Se&#241;or me dio un sentido de que lejos de estar deseosos por liberarme, ellos estaban tendiendo solamente nuevas trampas para da&#241;arme m&#225;s eficazmente, y hacer al Padre La Mothe conocido por el rey, y estimado por &#233;l. En el d&#237;a mencionado que era mi cumplea&#241;os, ten&#237;a cuarenta a&#241;os, me despert&#233; bajo una impresi&#243;n de Jes&#250;s Cristo en agon&#237;a, viendo el consejo de los jud&#237;os contra &#201;l. Supe que nadie sino Dios podr&#237;a sacarme de prisi&#243;n, y estaba satisfecha porque &#201;l lo har&#237;a un d&#237;a por Su justa mano, aunque ignorante de la manera, y dej&#225;ndoselo totalmente a &#201;l.<\/p>\n<p>En el orden de la Providencia Divina mi caso se puso ante la Se&#241;ora de Maintenon, quien lleg&#243; a estar profundamente interesada en los relatos que le dieron de mis sufrimientos, y a la larga procur&#243; m&#237; liberaci&#243;n. Unos d&#237;as despu&#233;s tuve mi primera entrevista con el Abad Fenelon.<\/p>\n<p>Saliendo de Santa Mar&#237;a me retir&#233; en la comunidad de Mad. Miramion, donde guard&#233; cama por una fiebre tres meses, y ten&#237;a una p&#250;stula en mi ojo. Todav&#237;a en este tiempo me acusaban de salir continuamente fuera, manteniendo asambleas sospechosas, junto con otras falsedades infundadas. En esta casa se cas&#243; mi hija con Mons. L. Nicol&#225;s Fouquet, Conde de Vaux. Me traslad&#233; a la casa de mi hija, a causa de su gran juventud, viv&#237; con ella dos a&#241;os y medio. Incluso all&#237; mis enemigos siempre estaban fraguando una cosa tras otra contra m&#237;. Entonces quise retirarme muy en secreto, al convento de los Benedictinos en Montargis, (mi lugar de nacimiento) pero fue descubierto, y ambos amigos y enemigos juntamente lo previnieron.<\/p>\n<p>La familia en la que mi hija se cas&#243; eran unos de los numerosos amigos del Abad Fenelon, tuve la oportunidad de verlo a menudo en nuestra casa. Tuvimos algunas conversaciones sobre el tema de la vida espiritual, en las que hizo varias objeciones a mis experiencias. Le contest&#233; con mi sencillez usual, cuando me encontr&#233;, que lo convenc&#237;. Como el asunto de Molinos en ese momento hizo un gran ruido, se recelaba de las cosas poco claras, y los t&#233;rminos usados por escritores m&#237;sticos se refutaban. Pero le expuse todo tan claramente, y resolv&#237; plenamente todas sus objeciones, que nadie m&#225;s entendi&#243; plenamente mis sentimientos que &#233;l; lo qu&#233; desde entonces ha sido el fundamento de la persecuci&#243;n que ha sufrido. Sus respuestas al Obispo de Meaux muestran esto evidentemente a todos los que las han le&#237;do.<\/p>\n<p>Entonces tom&#233; una peque&#241;a casa privada, para seguir la disposici&#243;n que ten&#237;a para la jubilaci&#243;n; donde a veces ten&#237;a el placer de ver a mi familia y a unos pocos amigos. Ciertas se&#241;oras j&#243;venes de San Cyr. Hab&#237;an informado a Mad. Maintenon, que encontraron en mi conversaci&#243;n algo que las atrajo a Dios, ella me alent&#243; a que continuara instruy&#233;ndolas. Por el gran cambio en algunas de ellas con quienes antes no estaba muy contenta, ella hall&#243; que no ten&#237;a ninguna raz&#243;n para arrepentirse de esto. Ella me trat&#243; entonces con mucho respeto; y durante tres a&#241;os despu&#233;s, mientras esto dur&#243;, recib&#237; de ella toda se&#241;al de estima y confianza. Pero esa misma cosa despu&#233;s me trajo la m&#225;s severa persecuci&#243;n. La entrada libre que ten&#237;a en la casa, y la confianza que algunas se&#241;oras j&#243;venes de la Corte, distinguidas por su rango y piedad, depositaban en m&#237;, les inquiet&#243; a las personas que me hab&#237;an perseguido. Los directores se ofendieron por ello, y con el pretexto de los problemas que tuve unos a&#241;os antes, comprometieron al Obispo de Chartres, Superior de San Cyr, para presentar a Mad. Maintenon que, por mi conducta particular, perturb&#233; el orden de la casa; as&#237; que se unieron las mujeres j&#243;venes a m&#237;, y a lo que les dije, que ya no escuchaban a sus superiores. As&#237; que no fui nunca m&#225;s a San Cyr. Contest&#233; a las damas j&#243;venes que me escribieron, s&#243;lo por cartas no cerradas para que pasaran a trav&#233;s de las manos de Mad. Maintenon.<\/p>\n<p>Poco despu&#233;s ca&#237; enferma. Los m&#233;dicos, despu&#233;s de intentar en vano el m&#233;todo usual de cura, pidieron que me arreglara con las aguas de Borb&#243;nico. Mi sirviente hab&#237;a sido inducido para darme alg&#250;n veneno. Despu&#233;s de tomarlo, sufr&#237; tan intensos dolores que, sin pronto socorro, deber&#237;a haber muerto en unas horas. El hombre huy&#243; inmediatamente, y nunca lo he visto desde entonces. Cuando estaba tomando Borb&#243;nico, las aguas que vomit&#233; quemaban como el alcohol de vino. No ten&#237;a ninguna idea de estar siendo envenenada, hasta los m&#233;dicos del Borb&#243;nico me aseguraron esto. Las aguas ten&#237;an sino un efecto peque&#241;o. Lo padec&#237; durante siete a&#241;os.<\/p>\n<p>Dios me guard&#243; en tal disposici&#243;n de sacrificio, que estaba completamente resignada para sufrir todo, y recibir de Su mano todo lo que pudiera acontecerme, ya que para m&#237; presentar alguna clase de vindicaci&#243;n por m&#237; misma, ser&#237;a como golpear al aire. Cuando el Se&#241;or consiente en hacer que cualquiera sufra, &#201;l incluso permite que las personas m&#225;s virtuosas sean f&#225;cilmente cegadas para con ellos; y confesar&#237;a que la persecuci&#243;n de los malos es m&#225;s que peque&#241;a, cuando la comparamos con la de los sirvientes de la iglesia, enga&#241;ados y animados con un celo que piensan derecho. Estos eran ahora muchos, por los artificios de que hicieron uso, que aprovecharon grandemente respecto a m&#237;. Fui representada a ellos en una luz odiosa, como una criatura extra&#241;a. Desde entonces, por eso, debo, O mi Se&#241;or, estar en conformidad a Ti, para agradarte; pongo m&#225;s valor en mi humillaci&#243;n, y sobre verme condenada de todos, que si me viera en la c&#250;spide del honor en el mundo. &#161;Qu&#233; a menudo he dicho, incluso en el amargor de mi coraz&#243;n, que debo tener m&#225;s miedo de un reproche de mi conciencia, que del grito y condenaci&#243;n de todos los hombres!<\/p>\n<p><FONT SIZE=\"+1\"><b>CAPITULO 21<\/b><\/FONT><\/p>\n<p>En este tiempo conoc&#237; por primera vez al Obispo de Meaux. Fui presentada por un amigo &#237;ntimo, el Duque de Chevreuse. Le di la historia anterior de mi vida, y confes&#243;, que hab&#237;a encontrado en esta tal unci&#243;n que raramente encontraba en otros libros, y que se hab&#237;a pasado tres d&#237;as ley&#233;ndolo, con una impresi&#243;n de la presencia de Dios en su mente todo ese tiempo.<\/p>\n<p>Le propuse al obispo que examinara todos mis escritos, lo que le llev&#243; cuatro o cinco meses, y entonces aumentaron sus objeciones; a las que di respuesta. De su desconocimiento con los caminos interiores, no pod&#237;a aclararle todas las dificultades que hall&#243; en ellos.<\/p>\n<p>&#201;l confes&#243; que investigando en las historias eclesi&#225;sticas de edades pasadas, podemos ver que Dios a veces ha hecho uso de hombres comunes, y de mujeres para instruir, y edificar moralmente, para ayudar a las almas en su progreso a la perfecci&#243;n.<\/p>\n<p>Pienso que una de las razones de Dios para actuar as&#237;, es que la gloria no se le puede atribuir a nadie, sino a &#201;l solo. Para este prop&#243;sito, &#201;l ha escogido las cosas d&#233;biles de este mundo, para confundir a los que son poderosos. 1Cor. 1:27*.<\/p>\n<p>____________________________________<\/p>\n<p>* &#8220;Sino que lo necio del mundo escogi&#243; Dios, para avergonzar a los sabios; y lo d&#233;bil del mundo escogi&#243; Dios, para avergonzar a lo fuerte.&#8221;<\/p>\n<p>(1&#170; Corintios 1:27.)<\/p>\n<p>Celoso de las atribuciones que los hombres pagan a otros hombres, que solamente son debidas a &#201;l, &#201;l ha hecho una paradoja de tales personas, que &#201;l solo pueda tener la gloria de Sus propias obras. Oro a Dios, con todo mi coraz&#243;n, para que me aplaste del todo pronto, con la destrucci&#243;n m&#225;s terrible, que sufrir el tomar el menor honor para m&#237;, de algo que &#201;l se agrad&#243; hacer por m&#237; para el bien de otros. Yo soy s&#243;lo una pobre nada. Dios es todopoderoso. &#201;l se deleita en obrar, y ejercer Su poder por la mera nada.<\/p>\n<p>La primera vez que escrib&#237; una historia sobre m&#237; misma, fue muy corta. En ella hab&#237;a particularizado mis faltas y pecados, y dije poco de los favores de Dios. Me pidieron que la quemara, para escribir otra, y en esta no omitir nada y de este modo remarcar lo que me hab&#237;a sucedido. Lo hice. Es un crimen el publicar secretos del Rey; pero es una cosa buena declarar los favores del Se&#241;or nuestro Dios, y magnificar Sus misericordias.<\/p>\n<p>Como el grito contra m&#237; se hizo m&#225;s violento, y la Se&#241;ora Maintenon fue movida para declarar contra m&#237;, yo le envi&#233; recado a trav&#233;s del Duque de Beauvilliers, rog&#225;ndole la cita con las personas apropiadas para examinar mi vida y doctrinas, ofreciendo retirarme en cualquier prisi&#243;n hasta que fuera completamente exculpada. Se rechaz&#243; mi propuesta. En el entretanto, uno de mis amigos m&#225;s &#237;ntimos y partidarios, Mons. Fouquet, fue llamado por la muerte. Yo sent&#237; su p&#233;rdida muy profundamente, pero me regocij&#233; en su felicidad. &#201;l era un verdadero sirviente de Dios.<\/p>\n<p>Decid&#237; retirarme fuera de manera que no ofendiera a nadie, les escrib&#237; a algunos de mis amigos, y los di un &#250;ltimo adi&#243;s; no sabiendo si saldr&#237;a airosa de la indisposici&#243;n que entonces ten&#237;a, que hab&#237;a sido una fiebre constante durante los &#250;ltimos cuarenta d&#237;as, o me recuperar&#237;a de esta.<\/p>\n<p>Referente a la Condesa de G. y la Duquesa de M., escrib&#237;, &#8220;Cuando estas damas y otras estaban en las vanidades del mundo, cuando se iban de juerga, y algunas de ellas estaban en el camino de arruinar a sus familias por el juego, y la profusi&#243;n de gastos en vestidos, nadie se levant&#243; para decir algo contra esto; ellos lo sufrieron calladamente. Pero cuando han roto y se han apartado de todo esto, entonces ellos claman contra m&#237;, como si yo las hubiera estropeado. Si las hubiera llevado de la piedad al lujo, no har&#237;an tal grito. La Duquesa de M. entreg&#225;ndose a Dios, consider&#243; el obligarse ella misma a dejar la corte, que era para ella como una peligrosa piedra, para dedicar su tiempo a la educaci&#243;n de sus ni&#241;os y al cuidado de su familia que, hasta entonces, hab&#237;a abandonado. Suplico a ustedes, por tanto, que recojan todos los informes que puedan contra m&#237;; si soy hallada culpable de las cosas que ellos me acusan, he de ser castigada m&#225;s que cualquier otro, desde que Dios me ha llevado a conocerlo y amarlo, y estoy bien segura que no hay ninguna comuni&#243;n entre Cristo y Belial.&#8221;<\/p>\n<p>Les envi&#233; mis dos peque&#241;os libros impresos, con mis comentarios sobre las Santas Escrituras. Tambi&#233;n, por encargo suyo, escrib&#237; una obra para facilitar su examen, y ahorrarles tanto tiempo y esfuerzo como pude, que fue el recopilar un gran n&#250;mero de pasajes de escritores aceptados, que mostraron la conformidad de mis escritos con aquellos usados por los escritores santos. Hice que fueran transcritos a mano, cuando lo hube escrito para envi&#225;rselos a los tres comisionados. Tambi&#233;n, como se present&#243; la ocasi&#243;n, aclar&#233; los lugares dudosos y oscuros. Lo hab&#237;a escrito en un tiempo cuando los asuntos de Molinos no hab&#237;an estallado, us&#233; poca precauci&#243;n expresando mis pensamientos, no imaginando que alguna vez se tomar&#237;an en un sentido malo. Este trabajo fue titulado, &#8216;LAS JUSTIFICACIONES&#8217;. Lo redacte en cincuenta d&#237;as, y pareci&#243; muy suficiente para aclarar la materia. Pero el Obispo de Meaux nunca toler&#243; que fuera le&#237;do.<\/p>\n<p>&#191;Despu&#233;s de todo los ex&#225;menes, y no encontrando nada contra m&#237;, qui&#233;n no habr&#237;a pensado que me dejar&#237;an descansar en paz? Por otra parte, mi inocencia aparec&#237;a completamente, lo que m&#225;s hicieron, qui&#233;nes hab&#237;an emprendido el convertirme en criminal, fue poner todos los resortes en movimiento para conseguirlo. Ofrec&#237; al Obispo de Meaux ir a pasar alg&#250;n tiempo en cualquier comunidad dentro de su di&#243;cesis, donde podr&#237;a enterarse mejor conmigo. Me propuso la de Santa Mar&#237;a de Meaux, que acept&#233;; pero entrando en la profundidad del invierno estuve a punto de perecer en la nieve, el coche entr&#243; en la nieve, deteni&#233;ndose cuatro horas, casi enterr&#225;ndose en ella, en una profunda hondonada. Abr&#237; la puerta con ayuda de una sirvienta. Nos sentamos en la nieve, resignada a la misericordia de Dios, esperando nada m&#225;s que la muerte. Nunca tuve m&#225;s tranquilidad de mente, aunque helada y empapada por la nieve, que se derret&#237;a sobre nosotros. Ocasiones como estas muestran si nos resignamos completamente a Dios o no. Esta pobre muchacha y yo est&#225;bamos con nuestras mentes en calma, en un estado de completa resignaci&#243;n, aunque seguras de morir si pas&#225;bamos la noche all&#237;, y no viendo ninguna probabilidad de que alguien viniera a socorrernos. Al fondo surgieron unos carromatos, que con dificultad nos arrastraron a trav&#233;s de la nieve.<\/p>\n<p>El obispo, cuando oy&#243; hablar de esto, se asombr&#243;, y no tuvo poca complacencia de pensar que hab&#237;a arriesgado as&#237; mi vida para obedecerlo puntualmente. Todav&#237;a despu&#233;s lo denunci&#243; como artificio e hipocres&#237;a.<\/p>\n<p>Hubo tiempos de hecho cuando encontr&#233; mi naturaleza sobrecargada; pero el amor de Dios y Su gracia dio dulzura a la peor de mis amarguras. Su mano invisible me apoy&#243;; sino me habr&#237;a hundido bajo tantas pruebas. A veces me dije, &#8220;todas tus ondas y tus olas han pasado sobre m&#237;.&#8221; (Salmo 42:7). &#8220;Entes&#243; su arco, y me puso como blanco para la saeta. Hizo entrar en mis entra&#241;as las saetas de su aljaba.&#8221; (Lam. 3:12,13). Me pareci&#243; como si todo el mundo pensara que estaba en el derecho de tratarme mal, y haci&#233;ndolo prestar servicio a Dios. Entonces comprend&#237; que era la misma manera en la que Jes&#250;s Cristo sufri&#243;. &#201;l fue contado con los inicuos, (Marcos 15:28.) &#201;l fue condenado por el pont&#237;fice soberano, sacerdotes principales, doctores de la ley, y jueces delegados por los romanos, quienes se valoraron ellos mismos para hacer justicia. &#161;Felices los que sufriendo por la voluntad de Dios bajo todas las circunstancias que guste, tienen una relaci&#243;n cercana a los sufrimientos de Jes&#250;s Cristo!<\/p>\n<p>Seis semanas despu&#233;s de mi llegada a Meaux, estaba con una fiebre incesante, no habi&#233;ndome recuperado de mi indisposici&#243;n, cuando fui aguardada por el obispo, quien me forzaba a firmar, que yo no cre&#237;a la Palabra encarnado, (o Cristo manifestado en carne). Le contest&#233;, que &#8220;por la gracia de Dios, s&#233; sufrir, incluso la muerte, pero no c&#243;mo para firmar tal falsedad.&#8221; Algunas de las monjas que oyeron por casualidad esta conversaci&#243;n, y percibiendo los sentimientos del obispo, se unieron con la Priora, dando testimonio, no s&#243;lo de mi buena conducta, sino de su creencia en la solidez de mi fe.<\/p>\n<p>El obispo algunos d&#237;as despu&#233;s, me trajo una confesi&#243;n de fe, y una demanda para someter mis libros a la iglesia, que yo pod&#237;a firmar, prometiendo darme un certificado que hab&#237;a preparado. En mi sumisa entrega lo firm&#233;, &#233;l, a pesar de su promesa, se neg&#243; a darme el certificado. Alg&#250;n tiempo despu&#233;s, &#233;l se esforzaba para hacerme firmar su carta pastoral, y reconocer que yo hab&#237;a ca&#237;do en los errores, que puso all&#237; acus&#225;ndome, y hizo muchas demandas de m&#237; de naturaleza absurda e irrazonable, amenaz&#225;ndome con esas persecuciones que despu&#233;s soport&#233;, en caso de incumplimiento. Sin embargo, continu&#233; resuelta neg&#225;ndome a poner mi nombre a falsedades. A la larga, despu&#233;s de que hab&#237;a permanecido aproximadamente seis meses en Meaux, &#233;l me dio el certificado. Resultando que Mad. Maintenon desaprob&#243; el certificado que &#233;l hab&#237;a concedido, entonces quiso darme otro en lugar de este. Mi negativa para entregar el primer certificado lo enfureci&#243;, y cuando entend&#237; que ellos pensaban continuar la situaci&#243;n con suma violencia, &#8220;pens&#233; que aunque me resignara a cualquier cosa podr&#237;an atacar, por lo que deb&#237;a tomar medidas prudentes para evitar la amenazante tormenta.&#8221; Se me ofrecieron muchos lugares de refugio; pero no era libre en mi mente el aceptarlo de cualquiera, ni para avergonzar a nadie, ni involucrar en problemas a mis amigos y a mi familia, a quienes podr&#237;an atribuir mi huida. Tom&#233; la resoluci&#243;n de continuar en Par&#237;s, de vivir all&#237; en alg&#250;n lugar privado con mis sirvientas que eran leales y convencidas, y esconderme de la vista del mundo. Continu&#233; as&#237; durante cinco o seis meses. Pasaba el d&#237;a solo leyendo, orando a Dios, y trabajando. Pero el 27 de diciembre de 1695, fui arrestada, aunque sumamente indispuesta en ese momento, y conducida a Vincennes. Estuve tres d&#237;as bajo la custodia de Mons. des Grez, que me hab&#237;a arrestado; porque el rey no consentir&#237;a que fuera puesta en prisi&#243;n; diciendo varias veces sobre esto, que un convento era suficiente. Lo enga&#241;aron aun con calumnias m&#225;s fuertes. Me pintaron ante sus ojos, con colores tan negros, que le hicieron vacilar en su bondad y equidad. Entonces consinti&#243; en que fuera llevada a Vincennes.<\/p>\n<p>No hablar&#233; de esa persecuci&#243;n tan larga que ha hecho tanto ruido, por una serie de diez a&#241;os, los encarcelamientos, en toda clase de prisiones, y de un destierro casi tan largo, que todav&#237;a no acab&#243;, a trav&#233;s de cruces, calumnias, y todas las clases de sufrimientos imaginables. Hay hechos demasiado odiosos por parte de diversas personas, que la caridad me induce cubrir.<\/p>\n<p>He soportado mucho tiempo el penoso languidecer en prisi&#243;n, y enfermedades opresivas y dolorosas sin alivio. Yo tambi&#233;n he estado interiormente bajo grandes desolaciones por varios meses, en tal grado que solo pod&#237;a decir estas palabras, &#8220;&#161;Dios m&#237;o, Dios m&#237;o!, &#191;por qu&#233; me has desamparado?&#8221; Todas las criaturas parec&#237;an estar contra m&#237;. Entonces me puse a mi misma en el lado de Dios, contra m&#237; misma.<\/p>\n<p>Quiz&#225;s algunos se sorprender&#225;n a mi rechazo a dar los detalles de las m&#225;s grandes y m&#225;s fuertes cruces de mi vida, despu&#233;s de que he relatado aqu&#233;llas que eran menores. Pens&#233; apropiado decir algo de las cruces de mi juventud, mostrar la crucifixi&#243;n que Dios mantuvo sobre m&#237;. Pens&#233; que estaba obligada a relatarles ciertos hechos, para manifestar su falsedad, y la conducta de aquellos por quienes ocurrieron, y los autores de esas persecuciones de las que yo he sido s&#243;lo el objeto accidental, cuando s&#243;lo fui perseguida para involucrar a personas de gran m&#233;rito; quienes, estando fuera de su alcance, ellos, por consiguiente, no pod&#237;an atacarlos personalmente, sino confundiendo sus asuntos con los m&#237;os. Pienso que le deb&#237;a esto a la religi&#243;n, a la piedad, a mis amigos, a mi familia, y a m&#237; misma.<\/p>\n<p>Mientras estaba prisionera en Vincennes, y Monsieur De La Reine me examin&#243;, yo pas&#233; mi tiempo en gran paz, contenta de pasar el resto de mi vida all&#237;, si tal era la voluntad de Dios. Yo cant&#233; canciones de alegr&#237;a que la sirvienta que me atend&#237;a aprendi&#243; de memoria, tan r&#225;pido como yo las hice. &#161;Nosotras cantamos juntas el te alabo, O mi Dios! Las piedras de mi prisi&#243;n parec&#237;an a mis ojos semejantes a rub&#237;es; las estimaba m&#225;s que toda la brillantez ostentosa de un mundo vano. Mi coraz&#243;n estaba lleno de esa alegr&#237;a que Usted otorga a aquellos que Te aman, en medio de sus m&#225;s grandes cruces.<\/p>\n<p>&#161;Cu&#225;ndo las cosa llegaron a situaciones limite, estando entonces en la Bastilla, dije, &#8220;O, mi Dios, si Te agrad&#243; exhibirme para servir de un nuevo espect&#225;culo a los hombres y a los &#225;ngeles, T&#250; santa voluntad se har&#225;!&#8221;<\/p>\n<p>DICIEMBRE, 1709.<\/p>\n<p>Aqu&#237; dej&#243; su narrativa, aunque vivi&#243; una vida jubilada sobre siete a&#241;os despu&#233;s de esta fecha. Lo que ella ha escrito  s&#243;lo lo hizo en obediencia a las &#243;rdenes de su director. Muri&#243; el 9 de junio de 1717, en Blois, en su septuag&#233;simo a&#241;o.<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#201;l concibi&#243; mientras una fuerte amistad por m&#237; como si yo hubiera sido su hermana; y su &#250;nico placer, en medio de sus incesantes ocupaciones, era venir y pasar media hora conmigo hablando de Dios. Le escribi&#243; al Obispo de Marsella para agradecerle el haberme protegido all&#237; en las persecuciones. 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