{"id":5745,"date":"2016-02-08T19:12:27","date_gmt":"2016-02-09T00:12:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-experiencia-interior-del-creyente\/"},"modified":"2016-02-08T19:12:27","modified_gmt":"2016-02-09T00:12:27","slug":"la-experiencia-interior-del-creyente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-experiencia-interior-del-creyente\/","title":{"rendered":"La experiencia interior del Creyente"},"content":{"rendered":"<div>&#8220;Porque seg&#250;n el hombre Interior, me deleito en la ley de Dios, mas veo otra ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi esp&#237;ritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que est&#225; en mis miembros. &#161;Miserable hombre de m&#237;! &#191;qui&#233;n me librar&#225; del cuerpo de esta muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo Se&#241;or nuestro. As&#237; que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado.&#8221; (Romanos, 7:22-25).<\/div>\n<div style=\"text-align:justify; color:#3d3d3d;\">Un creyente ha de ser conocido no s&#243;lo por su paz y por su gozo, sino tambi&#233;n por su lucha y por su congoja. Su paz es muy peculiar; la recibe de Cristo. Es una paz celestial, una paz santa. Su combate, su lucha es tambi&#233;n muy especial; porque la tiene muy arraigada en lo m&#225;s &#237;ntimo de su ser, le produce verdadera agon&#237;a y s&#243;lo cesar&#225; cuando muera. Si el Se&#241;or lo permite, la mayor&#237;a de nosotros esperamos participar el pr&#243;ximo domingo de la cena del Se&#241;or. La gran pregunta que ha de ser contestada antes de participar de la comuni&#243;n es: &#8220;&#191;Me he refugiado en Cristo Jes&#250;s, o sigo expuesto a la condenaci&#243;n?&#8221;<\/p>\n<p>Quisiera conocer s&#243;lo este punto, que a menudo me turba el pensamiento, &#191;Amo yo o no amo a mi Se&#241;or? &#191;Soy realmente de &#201;l o no lo soy?<\/p>\n<p>Para ayudaros a hacer m&#225;s clara la pregunta me ha parecido bueno escoger el sujeto de las luchas del cristiano para que pod&#225;is saber por ello si sois un soldado de Cristo, si realmente est&#225;is peleando la buena batalla de la fe.<\/p>\n<p>I. EL CREYENTE SE DELEITA EN LA LEY DE DIOS<\/p>\n<p> &#8220;Seg&#250;n el hombre interior, me deleito en la ley de Dios&#8217;&#8217; (v. 22).<\/p>\n<p>1. Antes de que el hombre acuda a Cristo, aborrece y le desagrada la ley de Dios. Su alma se alza contra ella: &#8220;La intenci&#243;n de la carne es enemistad contra Dios&#8221;. Primero: el hombre no convertido odia la ley de Dios por ser tan pura. &#8220;Tu palabra es muy pura, por esto la ama tu siervo.&#8221; <\/p>\n<p>Y por la misma raz&#243;n la odia el hombre no regenerado. La ley fue dada como expresi&#243;n de la mente pura y santa de Dios. Es infinitamente opuesta a toda impureza y pecado. Cada palabra y l&#237;nea de la ley se opone al pecado. Pero el hombre natural ama el pecado y por esto se opone a la ley, porque ella condena todo cuando el hombre ama. Del mismo modo que el murci&#233;lago no ama la luz y huye de ella, tambi&#233;n el no convertido odia la pura luz de la ley de Dios y se desentiende de ella.<\/p>\n<p>Segundo: la odia tambi&#233;n por su amplitud, por su alcance. &#8220;Ancho en gran manera es tu mandamiento.&#8221; Alcanza en sus preceptos todos a sus actos internos, vistos o no vistos, llega a condenar toda palabra ociosa que los hombres pronuncian, se extiende hasta redarg&#252;ir las miradas de los ojos lascivos, profundiza hasta las m&#225;s secretas intenciones de pecado y de lujuria que anidan en el coraz&#243;n. El inconverso desprecia la ley a causa de su rectitud y estricta acci&#243;n. Si su acci&#243;n se limitase a solamente los hechos exteriores, entonces quiz&#225; podr&#237;a tolerarla, pero condena tambi&#233;n mis pensamientos y deseos m&#225;s secretos, lo cual me resulta imposible impedir. Por todo ello el hombre natural se levanta contra la ley.<\/p>\n<p>Tercero: la odia a causa de su inmutabilidad. El cielo y la tierra pasar&#225;n, pero ni una jota ni una tilde de la ley quedar&#225;n en modo alguno eliminados. Si la ley cambiase, o hiciese algunas concesiones, o tolerase algunas cosas en seg&#250;n qu&#233; casos, e incluso quedase eliminada su acci&#243;n en ciertas circunstancias, quiz&#225;s entonces s&#237; complacer&#237;a a los imp&#237;os. Pero es tan inmutable como Dios mismo: la ha dictado el coraz&#243;n de Dios, en quien no hay variaci&#243;n ni sombra de cambio alguno. No puede cambiar, a menos que Dios cambie; no puede morir, a menos que Dios muera. A&#250;n en el mismo infierno, en los tormentos eternos, sus requerimientos y sus maldiciones seguir&#225;n siendo los mismos. Es una ley inmutable porque ha sido promulgada por un Dios inmutable. &#201;stas son las razones por las que los imp&#237;os odian, con un desprecio tambi&#233;n inmutable, a la ley santa y buena y perfecta-<\/p>\n<p>2. Cuando un hombre viene a Cristo, todo le ha sido cambiado. Puede decir: &#8220;Seg&#250;n el hombre interior, me deleito en la ley de Dios&#8221;. Con David puede repetir: &#161;Cu&#225;nto amo yo tu ley! es ella mi meditaci&#243;n d&#237;a y noche.&#8221; Con Jes&#250;s puede decir en el Salmo 40: &#8220;El hacer tu voluntad, Dios m&#237;o, hazme agradado, y tu ley est&#225; en medio de mis entra&#241;as&#8221;.<\/p>\n<p>El convertido ama la ley por dos razones:<\/p>\n<p>La ley ya no le es m&#225;s un enemigo. &#8211; Si alguno de vosotros siente la opresi&#243;n del temor por causa de sus infinitos pecados y las maldiciones de la ley que culpablemente ha quebrantado, acuda a Cristo, en quien hallar&#225; descanso. Entonces podr&#225; decir como Pablo: &#8220;Cristo me redimi&#243; de la maldici&#243;n de la ley, siendo hecho maldici&#243;n por m&#237;, como est&#225; escrito. Maldito cualquiera que es colgado en madero&#8221;. Por tanto, nunca m&#225;s tendr&#225; temor de aquella temible y santa ley: &#8220;Ya no est&#225;is bajo la ley, sino bajo la gracia&#8221;. Nunca m&#225;s tendr&#233;is temor de la ley con que hab&#237;ais de ser juzgados en el d&#237;a del juicio. Imaginaos cu&#225;l ser&#225; la experiencia del alma salvada una vez terminado el juicio; cuando el terrible cuadro haya concluido, cuando los muertos, peque&#241;os y grandes estar&#225;n en pie delante del Trono blanco, cuando, la sentencia de eterno castigo se haya dictado sobre los no convertidos y se le&#237;; sumerja en el lago de fuego que nunca puede ser apagado, &#191;no dir&#225;n los redimidos: &#8220;yo no he de temer nada m&#225;s de aquella ley santa, ya he visto c&#243;mo sus vasos de ira han sido derramados, pero no me ha alcanzado ni una gota de su contenido?&#8221; Creyente en Cristo Jes&#250;s, ya puedes hablar as&#237;. Cuando tu alma contemple el alma de Cristo con las cicatrices que le produjeron los rayos de la justicia de aquella santa ley quebrantada por ti; cuando contemple su cuerpo traspasado por el pecado, exclamar&#225;s: &#8220;Fue hecho maldici&#243;n por m&#237;, &#191;por qu&#233; he de temer que me sobrevengan las maldiciones de la ley?&#8221;<\/p>\n<p>El Esp&#237;ritu de Dios graba la ley en el coraz&#243;n. &#8211; &#201;sa es la promesa. &#8220;Despu&#233;s de aquellos d&#237;as, dice el Se&#241;or, dar&#233; mi ley en sus entra&#241;as y escribir&#233;la en sus corazones: y ser&#233; yo a ellos por Dios y ellos me ser&#225;n por pueblo.&#8221; (Jerem&#237;as 31:33). Acudiendo a Cristo desaparecer&#225; vuestro temor a la ley, y por otro lado, viniendo el Esp&#237;ritu Santo a morar en vuestros corazones, har&#225; que am&#233;is la ley &#237;ntimamente. El Esp&#237;ritu Santo nunca m&#225;s abandonar&#225; tales corazones. Vendr&#225; al coraz&#243;n y lo ablandar&#225;. Quitar&#225; el coraz&#243;n de piedra y lo cambiar&#225; por uno de carne y all&#237; escribir&#225; la tres veces -santa ley de Dios.<\/p>\n<p>Entonces la ley resultar&#225; dulce al alma y se deleitar&#225; &#237;ntimamente en ella. <\/p>\n<p>&#8220;La ley es santa, y el mandamiento santo, y justo y bueno&#8221;. Ahora el creyente desea sincera y fervientemente que todo pensamiento, palabra y obra se ajuste aquella ley santa. &#8220;&#161;Oh, que mis caminos fuesen dirigidos guardar tus estatutos! gran paz tienen los que aman tu ley y no hay para ellos tropiezo&#8221;. El Salmo 119 se convierte en el aliento del nuevo coraz&#243;n. Ahora el creyente se afana en lograr que todo el mundo se sujete a aquella ley pura y santa. &#8220;R&#237;os de agua descendieron de mis ojos porque no guardan tu ley&#8221; (Salmo 119-136). &#161;Oh, si todo el mundo comprendiese que la santidad y la felicidad son una misma cosa! &#161;Oh, si todo el mundo se hiciese una familia santa, con su acudir gozosamente todos a someterse a las puras reglas del Evangelio! Con&#243;cete a ti mismo por esta prueba. &#191;Puedes decir &#8220;me deleito en la ley de Dios?&#8221; &#191;Recuerdas cu&#225;ndo la odiabas? Porque ha tenido que haber un tiempo cuando la rechazabas, si ahora realmente eres suyo. &#191;La amas ahora? &#191;Te enardece el pensamiento de que llegar&#225; el tiempo cuando vivir&#225;s en la eternidad bajo sus direcciones de forma total, siendo t&#250; mismo santo como Dios es santo, puro como Cristo es puro?<\/p>\n<p>&#161;Oh, venid, pecadores y ofreced vuestros corazones a Cristo para que escriba por su Esp&#237;ritu Santo su santa ley en ellos! Demasiado tiempo ha estado esculpida en vuestros corazones la ley del diablo: venid, pues, a Jes&#250;s, y &#201;l no s&#243;lo os guardar&#225; de las maldiciones de la ley, sino que tambi&#233;n os dar&#225; el Esp&#237;ritu para que la grabe en vuestros corazones; entonces notar&#233;is que la am&#225;is en lo m&#225;s &#237;ntimo de vuestra alma. Pedid que juntamente con &#201;l os sea concedido el cumplimiento de sus promesas. Con toda seguridad que hab&#233;is gustado los placeres del pecado por demasiado tiempo. Venid ahora y probad los goces de la santidad, fruto del nuevo coraz&#243;n.<\/p>\n<p>Si murieseis tal como ahora est&#225;is, para toda la eternidad os quedar&#237;a estampado vuestro coraz&#243;n malo y perverso. &#8220;El que es injusto, s&#233;alo todav&#237;a, y el que es sucio, ens&#250;ciese todav&#237;a&#8221; (Apoc. 22:11). &#161;Oh, venid a Cristo y permitid que cambie vuestro coraz&#243;n antes de que mur&#225;is! A menos que nazc&#225;is de nuevo, no ver&#233;is el reino de Dios.<\/p>\n<p>II. UN VERDADERO CREYENTE SIENTE UNA LEY OPUESTA EN SUS MIEMBROS.<\/p>\n<p>&#8220;Veo otra ley&#8221; (v. 23). Cuando un pecador viene a Cristo, generalmente piensa que dar&#225; un adi&#243;s para siempre al pecado: &#8220;Ahora -piensa- nunca m&#225;s pecar&#233;&#8221;. Se siente ya en la misma puerta del cielo. Pero pronto nota en su coraz&#243;n una leve sombra de tentaci&#243;n y es forzado a exclamar: &#8220;Veo otra ley&#8221;.<\/p>\n<p>1. Observamos c&#243;mo la llama Pablo: &#8220;Otra ley&#8221;. Una ley completamente diferente a la ley de Dios. Una ley evidentemente contraria a ella. La llama &#8220;ley del pecado&#8221; (v. 25), una ley que le impulsar&#225; a cometer el pecado, una ley que le urge a pecar a veces con premios, a veces con amenazas, una &#8220;ley del pecado y de la muerte&#8221; (8:2); una ley que, no s&#243;lo impulsa al pecado, sino que conduce a la muerte, y muerte eterna: &#8220;La paga del pecado es muerte&#8221;. Es la misma ley que en G&#225;latas se llama &#8220;la carne&#8221;: &#8220;La carne lucha contra el esp&#237;ritu&#8221; (G&#225;l. 5:17). Es la misma que en Efesios 4:22 recibe el nombre de &#8220;el viejo hombre&#8221; que es guiado por pasiones pecaminosas; la misma ley que en Colosenses 3 es llamada &#8220;vuestros miembros&#8221;. La misma que se llama en Romanos, 7:24 &#8220;el cuerpo de esta muerte&#8221;. La verdad es, por tanto, que en el coraz&#243;n del creyente anidan todos los miembros y cuerpo del viejo hombre, de su vieja naturaleza. En su vieja naturaleza existe la fuente de todo pecado, la cual ha contaminado todo el mundo.<\/p>\n<p>2. Observad otra vez lo que la ley est&#225; haciendo, &#8220;Se rebela&#8221;. Esta ley que se halla en mis miembros no est&#225; quieta, no est&#225; inm&#243;vil, sino que se rebela, siempre est&#225; en una acci&#243;n de rebeli&#243;n. As&#237; es que nunca puede haber paz en el seno del creyente. Hay, s&#237;, paz con Dios, pero guerra constante con el pecado. Esta ley que est&#225; en los miembros, cuenta con un ej&#233;rcito de pasiones que radica en lo &#237;ntimo del convertido y guerrea constantemente contra la ley de Dios. Algunas veces, ciertamente, alg&#250;n arma es dejada guardada y quieta y permanece inm&#243;vil hasta que se presenta un momento favorable. Del mismo modo en el coraz&#243;n las pasiones a menudo est&#225;n quietas, pero se hallan en estado de alerta hasta que llega la ocasi&#243;n propicia y entonces pelean contra el alma. El coraz&#243;n es como un volc&#225;n, algunas veces dormita y humea s&#243;lo de cuando en cuando, pero en tanto, el fuego est&#225; completamente encendido en el fondo y no tarda en propagarse de forma violenta al exterior. Hay dos grandes combatientes dentro del alma del creyente. Por un lado est&#225; Satan&#225;s, con la carne y todas sus concuspiscencias a sus &#243;rdenes; por otra parte, el Esp&#237;ritu Santo con la nueva criatura a sus mandatos. Y as&#237; &#8220;la carne pelea contra el Esp&#237;ritu y el Esp&#237;ritu contra la carne; y la una es contraria a la otra, para que no hag&#225;is lo que quisiereis&#8221;.<\/p>\n<p>&#191;Triunfa siempre Satan&#225;s? En la sabidur&#237;a insondable de Dios la ley en los miembros triunfa en numerosas ocasiones sobre el alma. No&#233; fue perfecto y anduvo con Dios y, sin embargo, tambi&#233;n fue vencido. &#8220;Y bebi&#243; del vino y se embriag&#243;&#8221; (G&#233;nesis, 9:21). Abraham fue el &#8220;amigo de Dios&#8221; y, con todo, minti&#243; diciendo de Sara, su esposa, &#8220;es mi hermana&#8221;. Job tambi&#233;n fue var&#243;n perfecto, var&#243;n que tem&#237;a a Dios y se apartaba del mal y, a pesar de todo, fue provocado a maldecir el d&#237;a en que naci&#243;. Y lo mismo pas&#243; con Mois&#233;s, con David, y con Salom&#243;n y Ezequ&#237;as y los ap&#243;stoles.<\/p>\n<p>3. &#191;Hab&#233;is experimentado esta batalla? Es una se&#241;al inequ&#237;voca que se da en los hijos de Dios. Me temo que la mayor&#237;a de vosotros jam&#225;s la hab&#233;is experimentado. No pens&#233;is que me enga&#241;&#225;is. Casi todos vosotros hab&#233;is sentido la batalla cuando algunas veces ha luchado vuestra conciencia con la ley de Dios. Es una contienda entre la conciencia y la ley de Dios. Pero no es esa la contienda que se libra en el seno del creyente. Es una lucha entre el Esp&#237;ritu de Dios en el coraz&#243;n y el viejo hombre con sus obras, la lucha del creyente. <\/p>\n<p>4. Si alguno de vosotros gime en medio de esa guerra, aprenda a ser humilde, pero no se desaliente.<\/p>\n<p>Sed humildes por causa de ella. &#8211; Dios est&#225; intentando que muerdas el polvo con las derrotas para que sientas que no eres sino gusano. &#161;Oh, qu&#233; miserable debes de ser, que aun despu&#233;s de haber sido perdonado y de haber recibido el Esp&#237;ritu Santo, tu coraz&#243;n todav&#237;a tiene una fuente de maldades sin n&#250;mero! &#161;Cu&#225;n vil, que a&#250;n en tus m&#225;s solemnes contactos con Dios, en la misma casa de Dios, en situaciones terriblemente llenas de responsabilidad -tales como hall&#225;ndote arrodillado ante alg&#250;n lecho de muerte- sientes bullir en tu seno todos los miembros de tu vieja naturaleza!<\/p>\n<p>Permite que tal situaci&#243;n te ense&#241;e tu necesidad de Jehov&#225;. &#8211; Ahora te es tan vitalmente necesaria la sangre de Cristo como lo fue cuando tuvo lugar tu conversi&#243;n. Nunca podr&#237;a permanecer delante de Dios por ti mismo. Una y otra y otra vez debes ser lavado; aun en el momento de tu muerte habr&#225;s de refugiarte en Jehov&#225; -Jehov&#225; nuestra justicia. Debes apoyarte en Jes&#250;s, s&#243;lo &#201;l te puede sobrellevar. Mantente m&#225;s y m&#225;s cerca cada d&#237;a de &#201;l.<\/p>\n<p>No te desalientes. &#8211; Jes&#250;s desea ser un Salvador para ti tal cual eres, quiere ser tu adecuado Salvador. Puede salvarte hasta lo m&#225;ximo. &#191;Piensas que tu caso ha de ser dif&#237;cil o desesperado para Cristo? Todo aquel a quien Jes&#250;s ha salvado tiene exactamente un coraz&#243;n igual que el tuyo. Pelea, por tanto, la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna. Apl&#237;cate la resoluci&#243;n de Jonathan Edwards: &#8220;Por muchos que aun mis fracasos, nunca abandonar&#233; mi lucha, m permitir&#225; en lo m&#225;s m&#237;nimo que mis corrupciones la aminoren&#8221;. &#8220;Al que venciere, yo le har&#233; columna en el templo de mi Dios&#8221; (Apocalipsis, 3:12).<\/p>\n<p>III. LOS SENTIMIENTOS DEL CREYENTE DURANTE SU PELEA.<\/p>\n<p>1. Se siente miserable. &#8211; &#8220;Miserable hombre de m&#237;&#8221; (v. 24). No hay nadie tan feliz en este mundo como el creyente. Ha acudido a Cristo y ha hallado descanso. Ha hallado en Cristo el perd&#243;n de todos sus pecados. Ha sido hecho cercano a Dios. Tiene el Esp&#237;ritu Santo morando en su coraz&#243;n. Tiene la esperanza de la gloria. En los tiempos peores y m&#225;s peligrosos puede mantenerse feliz, porque siente que Dios est&#225; con &#233;l. Y, a pesar de todo, hay momentos en que clama: &#161;Miserable hombre de m&#237;! Cuando nota y descubre la terrible plaga que hay en su propio coraz&#243;n, cuando siente el aguij&#243;n de la carne, cuando su coraz&#243;n malvado le es puesto de manifiesto en toda su terrible malignidad&#8230; &#161;ah, entonces se postra humillado clamando: &#8220;&#161;Miserable hombre de m&#237;!&#8221; &#8216; Una raz&#243;n que pone de manifiesto su miseria, consiste en que el pecado, descubierto ya en su coraz&#243;n en su terrible malignidad, le quita la esperanza de que podr&#225; ser perdonado. Un sentimiento de culpabilidad pesa sobre la conciencia y una densa nube cubre su alma. &#8220;&#191;C&#243;mo puedo ahora, al, ahora, acudir a Cristo? &#8220;Es su clamor.&#8221; &#161;Ay de m&#237;, que he pecado contra mi Salvador!&#8221; Otra raz&#243;n radica en lo asqueroso y detestable que es el pecado. Causa en el coraz&#243;n la misma sensaci&#243;n que la mordedura de una v&#237;bora. El hombre natural cae a menudo en un estado de miseria moral que le convierte en una piltrafa por causa del pecado, pero &#233;l nunca es consciente cu&#225;n detestable y asqueroso es. Sin embargo, la nueva criatura en Cristo conoce cu&#225;n vil y miserable es el Pecado. &#161;Ah hermanos!, &#191;hab&#233;is conocido algo de lo que significa la miseria del creyente? Si no lo hab&#233;is conocido&#8217; os estar&#225; vedado el camino que conduce al gozo de la gracia en favor del pecador, gracia y gozo que constituyen el m&#225;s preciado don. Si os resultan desconocidas las l&#225;grimas y gemidos del creyente, tambi&#233;n desconoc&#233;is su c&#225;ntico de victoria.<\/p>\n<p>2. El creyente busca liberaci&#243;n. &#8211; &#191;Qui&#233;n me librar&#225;? Antiguamente algunos tiranos acostumbraban a encadenar a sus prisioneros junto con un, cad&#225;ver, de tal manera que por doquiera fuese el prisionero arrastras &#233;l el Putrefacto cad&#225;ver. Parece ser que Pablo hace alusi&#243;n aqu&#237; a pr&#225;ctica tan inhumana. Sent&#237;a Pablo que su viejo hombre era un repugnante cad&#225;ver corrompido, cad&#225;ver que continuamente llevaba tras s&#237;. Su deseo intenso era verse libre de &#233;l. &#8220;&#191;Qui&#233;n me librar&#225;?&#8221;. Vosotros record&#225;is bien que cuando Dios permiti&#243; que un aguij&#243;n en la carne atormentase cruelmente a su siervo, un mensajero de Satan&#225;s que le abofetease, Pablo se sinti&#243; impulsado a caer postrado ante Dios. &#8220;Tres veces he rogado al Se&#241;or que se quite de m&#237;&#8221; &#161;Oh, &#233;sta es, la verdadera se&#241;al de todo hijo de Dios! El mundo tiene una vieja naturaleza; todos a una son cada uno &#8220;un viejo hombre.&#8221; Pero tal hecho no les hace caer de rodillas porque no tienen la nueva naturaleza. &#191;Cu&#225;l es vuestra actitud, almas queridas? &#191;La corrupci&#243;n que sientes en &#8216;ti mismo&#8217; te conduce al trono de la gracia? &#191;Te mueve ella a invocar el nombre del Se&#241;or? &#191;Te hace hacer como la viuda inoportuna que ped&#237;a &#8220;hazme justicia de mi adversario?&#8221;&#8216; &#191;Hace como aquel hombre que llamaba en casa de su amigo a la media noche para que le diese tres panes? &#191;Es tambi&#233;n tu clamor como el de la mujer cananea que no dejaba a Jes&#250;s, invocando de &#201;l una curaci&#243;n? &#161;Ah!, recuerda y sabe que si la concupiscencia obra en tu coraz&#243;n y t&#250; contin&#250;as tan tranquilo con ella sin clamar por tu liberaci&#243;n, t&#250; no eres de Cristo.<\/p>\n<p>3. El creyente da gracias por la victoria. &#8211; Ciertamente somos m&#225;s que vencedores en aquel que nos am&#233;; podemos dar gracias porque la victoria ya ha sido conseguida. Si aun en lo m&#225;s tremendo de la batalla podemos mirar a Jes&#250;s y clamar: &#8220;&#161;Gracias a Dios!&#8221; En el momento en que un alma que se lamenta bajo la opresi&#243;n de su corrupci&#243;n fija su alma en Jes&#250;s, en ese mismo instante su gemido es trocado en un c&#225;ntico de alabanza. En Jes&#250;s descubrir&#233;is una fuente en que lavar toda vuestra culpabilidad del pecado. En Jes&#250;s hallar&#233;is gracia suficiente para vosotros, gracia para sosteneros hasta el fin y la segura y firme promesa de que el pecado pronto ser&#225; totalmente desarraigado de vuestro coraz&#243;n. &#8220;No temas que yo te redim&#237;; te he llamado por nombre y m&#237;o eres t&#250;&#8221;. &#161;Ah, esta verdad cambia los gemidos en himnos de alabanza! Esta es la experiencia diaria de todo el pueblo de Dios. &#191;Es la tuya amigo? Exam&#237;nate a ti mismo por medio de ella. &#161;Oh, si no conoces la canci&#243;n de alabanza del creyente, nunca rendir&#225;s tu corona con todos los salvos en el cielo a los pies de Jes&#250;s!<\/p>\n<p>Queridos creyentes, alegr&#225;os en glori&#225;ros en vuestras enfermedades para que toda la potencia de Cristo os baste. &#161;Gloria, gloria sea dada al Cordero!<\/p>\n<p>Por: R. M. McCheyne<\/p><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Porque seg&#250;n el hombre Interior, me deleito en la ley de Dios, mas veo otra ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi esp&#237;ritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que est&#225; en mis miembros. &#161;Miserable hombre de m&#237;! &#191;qui&#233;n me librar&#225; del cuerpo de esta muerte? &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-experiencia-interior-del-creyente\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa experiencia interior del Creyente\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5745","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5745","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5745"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5745\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5745"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5745"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5745"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}