{"id":6762,"date":"2016-02-16T20:15:48","date_gmt":"2016-02-17T01:15:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-arte-de-estimular-y-premiar-a-los-hijos\/"},"modified":"2016-02-16T20:15:48","modified_gmt":"2016-02-17T01:15:48","slug":"el-arte-de-estimular-y-premiar-a-los-hijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-arte-de-estimular-y-premiar-a-los-hijos\/","title":{"rendered":"El arte de estimular y premiar a los hijos"},"content":{"rendered":"<p>\u00abLos ni\u00f1os tienen m\u00e1s necesidad de est\u00edmulo que de castigo\u00bb (Fenel\u00f3n).<\/p>\n<p>Creer que existen en realidad las buenas disposiciones es crearlas y aumentarlas.<\/p>\n<p>La idea del juicio o de la opini\u00f3n que de ellos se tiene desempe\u00f1a en el ni\u00f1o un papel importante en la elaboraci\u00f3n de esa urdimbre psicol\u00f3gica en la que bordan cada d\u00eda sus actos pensamientos y un poco de su vida.<\/p>\n<p>Quien se persuade de que es incapaz de una cosa, pronto se hace efectivamente incapaz.<\/p>\n<p>No es malo que el ni\u00f1o tenga confianza en s\u00ed. Vale m\u00e1s, en definitiva que lo tenga en exceso que con escasez. El \u00abyo soy m\u00e1s\u00bb es mejor estimulante que el \u00abyo no sirvo para nada\u00bb o \u00abyo no conseguir\u00e9 nada\u00bb.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o es esencialmente sugestionable. Si se le dice sin cesar que es torpe, ego\u00edsta, embustero, etc., se le hunde , se le hace decaer de tal manera que no podr\u00e1 salir de all\u00ed.<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s sana es la sugesti\u00f3n, inversa, que consiste en repetir con obstinaci\u00f3n un ni\u00f1o atacado de tal o cual defecto que tiene en verdad algunas manifestaciones del mismo, pero que est\u00e1 en camino de curarse.<\/p>\n<p>Nada desanima tanto como la indiferencia: \u00abDespu\u00e9s de todo, no has hecho m\u00e1s que tu deber\u00bb. \u00abPuesto que nada te digo, es que est\u00e1 bien\u00bb. El ni\u00f1o necesita algo m\u00e1s. &#161;Es tan feliz cuando ve que le miman y aprueban aquellos quienes estima y ama!<\/p>\n<p>La confianza facilita la acci\u00f3n; la desconfianza suscita el deseo de hacer mal.<\/p>\n<p>No hay que temer en demostrar a los ni\u00f1os nuestra confianza en sus posibilidades. A veces ser\u00e1 este el mejor medio para que aparezcan algunas cualidades, todav\u00eda adormecidas. Recordemos la observaci\u00f3n de Goethe, aplicable a los ni\u00f1os y a los hombres: \u00abSi consideramos a los hombres como son, los haremos ser m\u00e1s malos; si los tratamos como si fueran lo que deber\u00edan ser, los conduciremos a donde deben ser conducidos.\u00bb<\/p>\n<p>Tanto en la alabanza como en la reprensi\u00f3n, en el premio como en el castigo, es necesario tener mesura, l\u00f3gica y justicia. Mesura, porque el exceso termina por desconcertar y hasta hace dudar del juicio de quien ejerce la autoridad. L\u00f3gica, porque &#191;qu\u00e9 significa felicitar hoy una acci\u00f3n que mereci\u00f3 ayer una cr\u00edtica?. Justicia, porque un premio no merecido pierde su inter\u00e9s y su fuerza.<\/p>\n<p>Se debe estimular al ni\u00f1o, m\u00e1s por el esfuerzo que ha empleado que por el resultado obtenido. Es necesario conseguir que la aprobaci\u00f3n de sus padres tenga para \u00e9l m\u00e1s importancia que una golosina.<\/p>\n<p>Hay casos en que est\u00e1 permitido utilizar el amor propio; por ejemplo: \u00abIntenta hacer tal esfuerzo; es dif\u00edcil, pero creo que t\u00fa si podr\u00e1s conseguirlo.\u00bb<\/p>\n<p>Debemos evitar hacer elogios que conduzcan al ni\u00f1o a creerse mejor que los dem\u00e1s. Lo mejor es demostrarle los progresos que ha hecho sobre s\u00ed mismo, d\u00e1ndole a entender que puede hacer m\u00e1s todav\u00eda.<\/p>\n<p>Uno de los medios de estimular al ni\u00f1o es trabajar con \u00e9l en la realizaci\u00f3n de tal o cual proyecto, sobre todo si este proyecto necesita para salir bien que se guarde un secreto, como, por ejemplo, la preparaci\u00f3n de una fiesta de la madre.<\/p>\n<p>Toma el ni\u00f1o gustoso el esfuerzo cuando le vale nuestra aprobaci\u00f3n. Hay impulsos que son m\u00e1s bien t\u00edmidos deseos, impulsos que no saldr\u00edan de ese estado si no fueran auxiliados por las personas de alrededor. Un aplauso oportuno da valor y confianza a quienes dudan. Una de las cosas que m\u00e1s animan a un ni\u00f1o es decirle cuando ha expresado algo bueno: \u00abSi, tienes raz\u00f3n\u00bb, y record\u00e1rselo h\u00e1bilmente si hay ocasi\u00f3n: \u00abcomo tu acabas de decir\u00bb o \u00abcomo dec\u00edas antes\u00bb. Reconocerle a un ni\u00f1o sus progresos es animarlo a hacer otros nuevos.<\/p>\n<p>Si el ni\u00f1o sufre un fracaso no se le debe tratar con rigor, puesto que ha hecho por su parte un esfuerzo laudable.<\/p>\n<p>Debe evitarse el alabar sin reserva al ni\u00f1o. El alabarle un poco es a veces necesario. D\u00e9mosle testimonio de nuestra estima: \u00abHe cre\u00eddo siempre que eras capaz de eso y de mucho m\u00e1s.\u00bb Anim\u00e9mosle; pero no le tratemos como si fuera una perfecci\u00f3n confirmada en gracia. El ni\u00f1o a qui\u00e9n se le dice sin tino y sin medida todo lo bueno que de \u00e9l se piensa. corre el peligro de engre\u00edrse y llegar a ser un pavo real fatuo y orgulloso.<\/p>\n<p>Puede traducirse el est\u00edmulo a un ni\u00f1o en una recompensa material: golosina, juguete, dinero. Pero no abusemos: es una soluci\u00f3n f\u00e1cil. Uno de los peligros de este m\u00e9todo es el de mercantilizar y materializar los esfuerzos de orden moral que deben encontrar su sanci\u00f3n fundamentalmente en la aprobaci\u00f3n de las personas que le rodean y en la satisfacci\u00f3n de la propia conciencia. Hay, adem\u00e1s, otro peligro: a medida que el ni\u00f1o crezca ser\u00e1n necesarias recompensas cada vez mayores. &#191;no hemos visto padres que han prometido imprudentemente una bicicleta o un abrigo de pieles con peligro de comprometer el presupuesto familiar?<\/p>\n<p>Sucede, a veces, que los resultados no est\u00e1n a la altura de la buena voluntad y de los sinceros esfuerzos del ni\u00f1o. Evitemos el agobiarlo, y aun para que no se quede bajo la impresi\u00f3n deprimente del fracaso, intentemos poner de relieve la buena cualidad desplegada.<\/p>\n<p>Anita, de cuatro a\u00f1os, y Bernardo, de cinco a\u00f1os y medio, regresan de paseo. Las zapatillas de la hermanita han quedado en la habitaci\u00f3n del primer piso. Bernardo se ofrece galante para ir a buscarlas. Corre por la escalera y baja triunfalmente llevando un par de zapatillas que no eran las de Anita. En lugar de rega\u00f1ar a Bernardo y decirle: \u00ab&#161;Qu\u00e9 bruto eres: podr\u00edas fijarte; siempre lo haces igual!\u00bb, es preferible decirle: \u00abhas sido muy amable queriendo traer las zapatillas de tu hermanita. El par que has tra\u00eddo se parecen; es muy f\u00e1cil confundirlas. Vas a ser del todo bueno&#8230;\u00bb El ni\u00f1o comprender\u00e1 enseguida y volver\u00e1 a subir con alegr\u00eda, con lo cual se duplicar\u00e1 el valor de su gesto fraternal.<\/p>\n<p>Tomado de \u00abEl arte de educar a los ni\u00f1os de hoy\u00bb. D\u00e9cima edici\u00f3n. Sociedad de Educaci\u00f3n Atenas. Madrid.<br \/>Por Gaston Courtois <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abLos ni\u00f1os tienen m\u00e1s necesidad de est\u00edmulo que de castigo\u00bb (Fenel\u00f3n). 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