{"id":7031,"date":"2016-02-17T14:17:01","date_gmt":"2016-02-17T19:17:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/soy-yo-acaso-guarda-de-mi-hermano-i\/"},"modified":"2016-02-17T14:17:01","modified_gmt":"2016-02-17T19:17:01","slug":"soy-yo-acaso-guarda-de-mi-hermano-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/soy-yo-acaso-guarda-de-mi-hermano-i\/","title":{"rendered":"\u00bfSoy yo acaso guarda de mi hermano? (I)"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00abSobrellevad los unos las cargas de los otros y cumplid as\u00ed la ley de Cristo\u00bb (G\u00e1l. 6:2).<\/strong><\/p>\n<p>\u00abEste es tu problema, no el m\u00edo\u00bb; \u00ab\u00bfY a m\u00ed qu\u00e9? Yo paso\u00bb.<\/p>\n<p>Estas frases, tan populares hoy en una sociedad individualista en grado sumo, reflejan la tendencia natural del ser humano desde que Ca\u00edn hizo la c\u00ednica pregunta que aparece como t\u00edtulo de este art\u00edculo refiri\u00e9ndose a su hermano Abel, a quien acababa de matar<strong>.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por naturaleza, todos llevamos algo de \u00abcainismo\u00bb en el coraz\u00f3n: indiferencia y ego\u00edsmo en las relaciones con el pr\u00f3jimo.<\/strong><\/p>\n<p>Incluso muchas personas creen y hacen suyo de buena fe aquel refr\u00e1n que dice: \u00abCada uno en su casa y Dios en la de todos\u00bb. Es una versi\u00f3n \u00abespiritualizada\u00bb que pretende justificar la comodidad del individualismo. No se trata, pues, de un problema moderno ni exclusivo de ego\u00edstas empedernidos. Nos afecta a todos y ha sido as\u00ed desde siempre.<\/p>\n<p>Es cierto que la actual crisis econ\u00f3mica en Europa est\u00e1 estimulando formas de solidaridad alentadoras, ya sean en an\u00f3nimos actos de amor o mediante organismos -las ONG- donde podemos encontrar a personas que de manera voluntaria y sacrificada, a veces casi de forma heroica, se desviven por ayudar al pr\u00f3jimo. Como dec\u00eda Pascal, el ser humano no es ni \u00e1ngel ni bestia y, en el fondo, es las dos cosas a la vez. Todos llevamos \u00abun \u00e1ngel\u00bb dentro porque conservamos la imagen de Dios, este sello imborrable que persiste aunque est\u00e9 profundamente alterado por el Pecado. Esta impronta del car\u00e1cter divino nos lleva a luchar contra el \u00abdemonio\u00bb que tambi\u00e9n anida en nuestro coraz\u00f3n y que convierte al hombre con frecuencia en esclavo de su codicia, su ego\u00edsmo, su ambici\u00f3n sin l\u00edmites, su amor por el dinero f\u00e1cil etc. Precisamente todas estas conductas -la Biblia las llama pecados- est\u00e1n en la ra\u00edz de la actual debacle econ\u00f3mica. El problema de Europa hoy no es en primer lugar un problema de mercados financieros sino de ambiciones sin l\u00edmite y de egos desbordados. Ah\u00ed empieza todo.<\/p>\n<p><strong>Surge entonces una pregunta natural: \u00bfc\u00f3mo podemos promover estas actitudes y conductas de solidaridad y de preocupaci\u00f3n mutua? \u00bfEs una asunto s\u00f3lo de sensibilidad social? \u00bfQu\u00e9 aporta el cristianismo a la cura -el cuidado- del pr\u00f3jimo?<\/strong> No es este el lugar para hacer un repaso detallado, pero la Historia nos muestra c\u00f3mo el cristianismo, y en particular su \u00e9nfasis distintivo en el amor al pr\u00f3jimo, ha sido una de las columnas de la civilizaci\u00f3n occidental. Frente al innato ego\u00edsmo humano la \u00e9tica del Evangelio se ha alzado -y sigue alz\u00e1ndose hoy- como una poderosa fuente de sanidad en las relaciones humanas. Ha transformado personas, familias y pa\u00edses enteros. Esto ha sido as\u00ed porque el seguidor de Cristo no puede lavarse las manos indiferente ante las necesidades de otros y es llamado a preocuparse activamente por su hermano.<\/p>\n<p><strong>El sobrellevar los unos las cargas de los otros constituye uno de los mayores privilegios -y deberes- del disc\u00edpulo de Jes\u00fas que afirm\u00f3 con rotundidad en la frase conocida como \u00abregla de oro\u00bb: \u00abAs\u00ed que todas las cosas que quer\u00e1is que los hombres hagan con vosotros, as\u00ed tambi\u00e9n haced vosotros con ellos\u00bb (Mt. 7:12).<\/strong><\/p>\n<p>De esta manera, la exhortaci\u00f3n del ap\u00f3stol Pablo a sobrellevar los unos las cargas de los otros deviene un examen clave de la vida cristiana. Viene a ser como una rev\u00e1lida de nuestra fe que eval\u00faa tres aspectos esenciales de la madurez cristiana: por un lado mide nuestro ego\u00edsmo; en segundo lugar, nuestro amor al pr\u00f3jimo y, finalmente, nuestro compromiso con el pueblo de Dios, con la iglesia.<\/p>\n<p>Vamos a considerar en este art\u00edculo y en el siguiente tres aspectos fundamentales del cuidado mutuo. Estos principios son extensivos a todo pr\u00f3jimo, aunque los hermanos en Cristo -\u00abla familia de la fe\u00bb- constituyen nuestra prioridad tal como ense\u00f1a el ap\u00f3stol Pablo (G\u00e1. 6:10), de ah\u00ed nuestro \u00e9nfasis en las relaciones con los hermanos en la fe. El que no ama y cuida de su hermano al que tiene al lado, dific\u00edlmente podr\u00e1 cuidar al que est\u00e1 m\u00e1s lejos.<\/p>\n<ul>\n<li><strong>Motivaciones correctas: \u00bfPor qu\u00e9 he de sobrellevar las cargas de mis hermanos?<br \/><\/strong><\/li>\n<li><strong>La puesta en pr\u00e1ctica del cuidado mutuo: \u00bfC\u00f3mo hacerlo?<br \/><\/strong><\/li>\n<li><strong>Los resultados: \u00bfQu\u00e9 consecuencias tiene?<br \/><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>1. Motivaciones correctas: \u00bfPor qu\u00e9?<\/strong><\/p>\n<p>Tener las motivaciones correctas es el paso inicial que nos abre la puerta a una pr\u00e1ctica correcta. La motivaci\u00f3n es como el motor que nos \u00abmueve\u00bb y genera la fuerza para avanzar. El creyente, en la tarea de cuidar del hermano, necesita tener una buena motivaci\u00f3n por dos razones: primero porque su vieja naturaleza -\u00abla carne\u00bb- le impele al ego\u00edsmo y al individualismo. La conversi\u00f3n no garantiza un cambio autom\u00e1tico de nuestros impulsos egoc\u00e9ntricos. La lucha espiritual entre las obras de la carne y el fruto del Esp\u00edritu persistir\u00e1 hasta que estemos en la presencia de Cristo. Ello explica las deficiencias -\u00abmanchas y arrugas\u00bb- de nuestra vida de fe y, en consecuencia, de nuestras iglesias. En el tema que nos ocupa, ya Pablo expresaba su preocupaci\u00f3n por esta conducta en la carta a los filipenses: \u00abNo mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual tambi\u00e9n por lo que es de los otros\u00bb (Fil. 2:4). Y m\u00e1s adelante, en el vers\u00edculo 21, reitera esta triste realidad: \u00abPorque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jes\u00fas\u00bb. As\u00ed pues, una buena motivaci\u00f3n le ayudar\u00e1 a luchar mejor contra su \u00abego\u00bb carnal.<\/p>\n<p>La segunda raz\u00f3n para una buena motivaci\u00f3n radica en la influencia constante del mundo, que nos \u00abcontagia\u00bb de sus valores y nos obliga a navegar contracorriente. Hoy, la presi\u00f3n de la sociedad en esta l\u00ednea es muy fuerte. Incluso pensadores no creyentes, como el soci\u00f3logo Lipovetsky, nos advierten de los peligros sociales del individualismo exacerbado de principios del siglo XXI. Por todo ello, una buena motivaci\u00f3n es imprescindible en la tarea -noble, pero agotadora- de sobrellevar las cargas.<\/p>\n<p><strong>\u00bfCu\u00e1les son entonces los motivos para cuidar al pr\u00f3jimo en general y a mis hermanos en Cristo en particular?<\/strong><\/p>\n<p>Ante todo, debemos considerar la motivaci\u00f3n incorrecta. Cuidar de mi hermano no debe ser, por lo menos en primer lugar, una forma de autorrealizaci\u00f3n personal. No lo hago para sentirme yo mejor. Desde luego es leg\u00edtimo esperar una satisfacci\u00f3n personal en el servicio a los dem\u00e1s. No hay nada que llene tanto como darse a otros. Pero esta satisfacci\u00f3n es la consecuencia, y no la motivaci\u00f3n, de tal ministerio. A veces podemos enfocar las tareas de ayuda al pr\u00f3jimo -por ejemplo, participar en una ONG o en otras formas de voluntariado- desde un prisma ego\u00edsta: \u00abPorque me ayuda a ser yo mismo\u00bb. Cuidado con las formas de servicio en la iglesia que pueden nacer m\u00e1s del amor a uno mismo que del amor al pr\u00f3jimo. El antiguo refr\u00e1n latino \u00abdo ut des\u00bb -doy para que me des- no refleja el esp\u00edritu de Cristo, sino un sutil ego\u00edsmo. Por el contrario, \u00aben esto consiste el amor, en que \u00e9l nos am\u00f3 primero\u00bb, nos recuerda el ap\u00f3stol Juan.<strong> El verdadero amor de Cristo da sin esperar nada a cambio; no da para recibir.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El amor a Cristo<\/strong><\/p>\n<p>Para el creyente, el cuidado del hermano y del pr\u00f3jimo surge del amor a su Se\u00f1or y Salvador. Si \u00e9l ha hecho tanto por m\u00ed, \u00bfqu\u00e9 no har\u00e9 yo por \u00e9l? Esta fue la experiencia del conde Von Zinzendorf cuando contemplaba un cuadro de la crucifixi\u00f3n. En la parte inferior del cuadro, un escrito interpelaba al espectador: \u00abEsto hice yo por ti, \u00bfqu\u00e9 has hecho t\u00fa por m\u00ed?\u00bb. Von Zinzendorf se sinti\u00f3 tan desafiado por este reto que le llev\u00f3 a una transformaci\u00f3n espiritual de consecuencias hist\u00f3ricas: Se convirti\u00f3 en el fundador de los Hermanos Moravos, uno de los movimientos misioneros m\u00e1s destacados del siglo XVIII.<\/p>\n<p>Ya Pablo dec\u00eda con gran fuerza: \u00ab<strong>El amor de Cristo nos constri\u00f1e<\/strong>\u00bb (2 Co. 5:14). Su ejemplo es el m\u00f3vil que nos impele en la preocupaci\u00f3n por el hermano. La exhortaci\u00f3n de G\u00e1latas 6:2 precisamente apela a esta realidad: \u00ab<strong>Sobrellevad los unos las cargas de los otros y cumplid as\u00ed la ley de Cristo<\/strong>\u00bb. La palabra \u00abley\u00bb aqu\u00ed no significa tanto precepto como modelo. Se refiere al esp\u00edritu, el talante, la forma de ser de Cristo, quien \u00ab<strong>ungido con el Esp\u00edritu santo y con poder, anduvo haciendo bienes y sanando a todos..<\/strong>.\u00bb (Hch. 10:38). Los cristianos deber\u00edamos cambiar el refr\u00e1n de \u00abhaz bien y no mires a qui\u00e9n\u00bb por \u00abhaz bien y mira a Cristo\u00bb. Al hacer el bien, ten la mirada puesta en aquel que dio su vida por ti. Esta visi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica nos librar\u00e1, de paso, de las decepciones causadas por la ingratitud. A veces, el hermano por el que m\u00e1s te has preocupado es tan desagradecido como aquellos leprosos sanados por Jes\u00fas: de diez, solo uno volvi\u00f3 para dar las gracias. \u00a1Qu\u00e9 reconfortante el pasaje de Mateo 25:31-46: \u00ab<strong>Por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed lo hicisteis<\/strong>\u00bb.<\/p>\n<p>Cristo est\u00e1 presente en mi hermano, est\u00e1 ah\u00ed, en su alma, de tal manera que cuidar de mi hermano es como cuidar de Cristo mismo. \u00a1Insondable misterio, pero precioso privilegio!<\/p>\n<p>Ahora bien, lo singular de la vida cristiana es que el amor de Cristo nos estimula no solo por v\u00eda de ejemplo -alguien a imitar-, sino que nos da su amor real, vivo, a trav\u00e9s de su Esp\u00edritu en nosotros. Esta realidad no la encontramos en ninguna otra religi\u00f3n. Gandhi es un ejemplo para muchos. Su memoria hist\u00f3rica estimula, pero nada m\u00e1s. El cristiano, en su servicio a los dem\u00e1s, tiene dos grandes herramientas: el ejemplo extraordinario de Cristo y su propio amor que me es transmitido por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la gran diferencia entre un humanista y el seguidor de Cristo radica precisamente en la motivaci\u00f3n: Al cristiano no le mueve, en primer lugar, mejorar la sociedad, sino amar a su Se\u00f1or y, en consecuencia, a su pr\u00f3jimo. Por supuesto que el cristiano quiere un mundo mejor, m\u00e1s justo, m\u00e1s solidario, pero \u00e9sta no es la meta, es el resultado, el efecto final de un compromiso perfectamente resumido por Jes\u00fas mismo: \u00abamar\u00e1s a Dios sobre todas las cosas y a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El amor al pueblo de Cristo<\/strong><\/p>\n<p><strong>El amor a Cristo, si es genuino, lleva de forma natural a amar a la Iglesia. El disc\u00edpulo no puede decir que ama a Cristo si no ama a sus hermanos que forman el cuerpo de Cristo. El compromiso con Dios implica compromiso con el pueblo de Dios. Esta segunda motivaci\u00f3n es, por tanto, consecuencia de la anterior. De tal manera que nuestro lema-resumen en el cuidado de mis hermanos deber\u00eda ser: por amor a Cristo y para edificaci\u00f3n de la Iglesia.<\/strong><\/p>\n<p>Observemos con detalle el texto de G\u00e1latas. Su traducci\u00f3n literal ser\u00eda: \u00abDe los otros, sobrellevad las cargas\u00bb. Pablo pone el genitivo \u00abde los otros\u00bb al comienzo de la frase para marcar un \u00e9nfasis. Con esta construcci\u00f3n gramatical, el Ap\u00f3stol nos quiere recordar un principio importante: la vida cristiana no es un asunto de \u00abDios y yo solos\u00bb; el cristiano solitario es incompatible con la ense\u00f1anza del Nuevo Testamento. Por supuesto que la fe tiene una dimensi\u00f3n \u00edntima, personal, que debe ser respetada. Pero la fe cristiana va mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo privado: tiene unas implicaciones comunitarias inevitables. Nos guste o no, al nacer de nuevo -la conversi\u00f3n- entramos a formar parte de una familia en la que -como sucede en toda familia- no nos es dado escoger a nuestros hermanos. \u00a1No conozco a nadie que haya tenido la oportunidad de escoger a sus hermanos de sangre!<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza b\u00edblica es clara: somos un cuerpo y nos pertenecemos los unos a los otros: \u00abVosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular&#8230; Que los miembros se preocupen los unos por los otros&#8230; De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con \u00e9l, y si un hermano recibe honra, todos los miembros con \u00e9l se gozan\u00bb (1 Co. 12:25-27).<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>No es una opci\u00f3n, sino una obligaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El texto de G\u00e1latas usa el modo imperativo: \u00absobrellevad\u00bb. Es un mandamiento, no una opci\u00f3n voluntaria. Algunos piensan que cuidar al hermano es responsabilidad propia del pastor y de los ancianos o di\u00e1conos de la iglesia. Ciertamente, estos tienen una responsabilidad especial. Pero a todo creyente, sin excepci\u00f3n, se le exhorta a preocuparse por los otros miembros del cuerpo. Este es, en esencia, el principio evang\u00e9lico del sacerdocio universal. El cuidado pastoral no es una tarea reservada para unos pocos miembros especializados, sino el privilegio y el deber de cada creyente. \u00a1Qu\u00e9 contraste con otras religiones tan de moda hoy! Su \u00e9nfasis en el beneficio exclusivamente personal las sit\u00faa a a\u00f1os luz de la pastoral y la \u00e9tica del Nuevo Testamento. El budismo, por ejemplo, desconoce por completo esta dimensi\u00f3n de cuerpo, y su \u00fanico \u00e9nfasis comunitario se refiere a la fusi\u00f3n del yo personal en un todo c\u00f3smico despu\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p><strong>Nuestro celo en la pr\u00e1ctica de este mandamiento -cuidar del hermano- no debe apagarse por las \u00abmanchas y arrugas\u00bb de mi iglesia o de mi hermano. La iglesia no es una comunidad de justos donde escasea el pecado, sino una comunidad de pecadores donde abunda la gracia. Esta debe ser nuestra visi\u00f3n. As\u00ed, nuestras expectativas ser\u00e1n realistas y evitaremos caer en el des\u00e1nimo al descubrir que la perfecci\u00f3n solo la alcanzaremos en el cielo. Mientras tanto, todos estamos en la \u00abtintorer\u00eda\u00bb, siendo \u00ablavados\u00bb -transformados- por el Esp\u00edritu Santo en el proceso de la santificaci\u00f3n. Si alguien va a la iglesia esperando ver solo ropas blancas, encontrarla acabada ya de lavar, no ha entendido ni la naturaleza de la iglesia ni el proceso de transformaci\u00f3n que se est\u00e1 realizando desde el nuevo nacimiento.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Autor:<\/strong> Dr. Pablo Mart\u00ednez Vila<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abSobrellevad los unos las cargas de los otros y cumplid as\u00ed la ley de Cristo\u00bb (G\u00e1l. 6:2). \u00abEste es tu problema, no el m\u00edo\u00bb; \u00ab\u00bfY a m\u00ed qu\u00e9? Yo paso\u00bb. Estas frases, tan populares hoy en una sociedad individualista en grado sumo, reflejan la tendencia natural del ser humano desde que Ca\u00edn hizo la c\u00ednica &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/soy-yo-acaso-guarda-de-mi-hermano-i\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfSoy yo acaso guarda de mi hermano? 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