{"id":7102,"date":"2016-02-17T14:19:31","date_gmt":"2016-02-17T19:19:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jesus-en-el-getsemani\/"},"modified":"2016-02-17T14:19:31","modified_gmt":"2016-02-17T19:19:31","slug":"jesus-en-el-getsemani","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jesus-en-el-getsemani\/","title":{"rendered":"Jes\u00fas en el Getseman\u00ed"},"content":{"rendered":"<p><strong>En compa\u00f1\u00eda\u00a0de sus disc\u00edpulos, el Salvador se encamin\u00f3 lentamente hacia el huerto de Getseman\u00ed. <\/strong><\/p>\n<p>La luna de Pascua, ancha y llena, resplandec\u00eda desde un cielo sin nubes. La ciudad de caba\u00f1as para los peregrinos estaba sumida en el silencio. Jes\u00fas hab\u00eda estado conversando fervientemente con sus disc\u00edpulos e instruy\u00e9ndolos; pero al acercarse a Getseman\u00ed se fue sumiendo en un extra\u00f1o silencio.<\/p>\n<p><strong>Con frecuencia, hab\u00eda visitado, este lugar para meditar y orar; pero nunca con un coraz\u00f3n tan lleno de tristeza como esta noche de su \u00faltima agon\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p>Toda su vida en la tierra, hab\u00eda andado en la presencia de Dios. se hallaba en conflicto con hombres animados por el esp\u00edritu de Satan\u00e1s, pudo decir: \u00ab<strong>El que me envi\u00f3, est\u00e1; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que a el le agrada, hago<\/strong><strong>siempre.\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Pero ahora le parec\u00eda estar excluido de la luz de la presencia sostenedora de Dios. Ahora se contaba con los transgresores. Deb\u00eda llevar la culpabilidad de la humanidad ca\u00edda. Sobre el que no conoci\u00f3 pecado, deb\u00eda ponerse la iniquidad de todos nosotros. Tan terrible le parece tan grande el peso de la culpabilidad que debe llevar, que est\u00e1 tentado a temer que quedar\u00e1 privado para siempre de su Padre. Sintiendo cu\u00e1n terrible es la ira de Dios contra la transgresi\u00f3n, exclama: \u00ab<strong>Mi alma est\u00e1 muy triste hasta la muerte.\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Al acercarse al huerto, los disc\u00edpulos notaron el cambio de \u00e1nimo en su Maestro. Nunca antes le hab\u00edan visto tan triste y callado. Mientras avanzaba, esta extra\u00f1a se iba ahondando; pero no se atrev\u00edan a interrogarle acerca de la causa. Su cuerpo se tambaleaba como si estuviese por caer.. Al llegar al huerto, los disc\u00edpulos buscaron ansiosamente el lugar donde sol\u00eda retraerse, para que su Maestro pudiese descansar. Cada paso le costaba un penoso esfuerzo.<\/p>\n<p>Dejaba o\u00edr gemidos como si le agobiase una terrible carga. Dos veces le sostuvieron sus compa\u00f1eros, pues sin ellos habr\u00eda ca\u00eddo al suelo.<\/p>\n<p>Cerca de la entrada del huerto, Jes\u00fas dej\u00f3 a todos sus disc\u00edpulos, menos tres, rog\u00e1ndoles que orasen por si mismos y por \u00e9l. Acompa\u00f1ado de Pedro, Santiago y Juan, entr\u00f3 en los lugares m\u00e1s retirados. Estos tres disc\u00edpulos eran los compa\u00f1eros m\u00e1s \u00edntimos de Cristo. Hab\u00edan contemplado su gloria en el monte de la transfiguraci\u00f3n; hab\u00edan visto a Mois\u00e9s y El\u00edas conversar con \u00e9l; hab\u00edan o\u00eddo la voz del cielo; y ahora en su grande lucha Cristo deseaba su presencia inmediata. Con frecuencia hab\u00edan pasado la noche con \u00e9l en este retiro. En esas ocasiones, despu\u00e9s de unos momentos de vigilia y oraci\u00f3n, se dorm\u00edan apaciblemente a corta distancia de su Maestro, hasta que los despertaba por la ma\u00f1ana para salir de nuevo a trabajar. Pero ahora deseaba que ellos pasasen la noche con \u00e9l en oraci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Sin embargo, no pod\u00eda sufrir que aun ellos presenciasen la agon\u00eda que iba a soportar.<\/strong><\/p>\n<p>\u00abQuedaos aqu\u00ed &#8211;dijo,&#8211; y velad conmigo.\u00bb<\/p>\n<p>Fue a corta distancia de ellos -no tan lejos que no pudiesen verle y o\u00edrle&#8211; y cay\u00f3 postrado en el suelo. Sent\u00eda que el pecado le estaba separando de su Padre. La sima era tan ancha, negra y profunda que su esp\u00edritu se estremec\u00eda ante ella. No deb\u00eda ejercer su poder divino para escapar de esa agon\u00eda. Como hombre, deb\u00eda sufrir las consecuencias del pecado del hombre. Como hombre, deb\u00eda soportar la ira de Dios contra la transgresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Cristo asum\u00eda ahora una actitud diferente de la que jam\u00e1s asumiera antes. Sus sufrimientos pueden describirse mejor en las palabras del profeta: \u00ab<strong>Lev\u00e1ntate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre campanero m\u00edo, dice Jehov\u00e1 de los ej\u00e9rcitos<\/strong>\u00bb Como substituto y garante del hombre pecaminoso, Cristo estaba sufriendo bajo la justicia divina. Ve\u00eda lo que significaba la justicia. Hasta entonces hab\u00eda obrado como intercesor por otros; ahora anhelaba tener un intercesor para s\u00ed.<\/p>\n<p>Sintiendo quebrantada su unidad con el Padre, tem\u00eda que su naturaleza humana no pudiese soportar el venidero conflicto con las potestades de las tinieblas. En el desierto de la tentaci\u00f3n, hab\u00eda estado en juego el destino de la raza humana.\u00a0Cristo hab\u00eda vencido entonces. Ahora el tentador hab\u00eda acudido a la \u00faltima y terrible lucha, para la cual se hab\u00eda estado preparando durante los tres a\u00f1os del ministerio de Cristo. Para \u00e9l, todo estaba en juego. Si fracasaba aqu\u00ed, perd\u00eda su esperanza de dominio; los reinos del mundo llegar\u00edan a ser finalmente de Cristo; \u00e9l mismo seria derribado y desechado. Pero si pod\u00eda vencer a Cristo, la tierra llegar\u00eda a ser el reino de Satan\u00e1s, y la familia humana estar\u00eda para siempre en su poder. Frente a las consecuencias posibles del conflicto, embargaba el alma de Cristo el temor de quedar separada de Dios. Satan\u00e1s le dec\u00eda que si se hac\u00eda garante de un mundo pecaminoso, la separaci\u00f3n seria eterna. Quedar\u00eda identificado con el reino de Satan\u00e1s, y nunca mas seria uno con Dios.<\/p>\n<p>Y \u00bfqu\u00e9 se iba a ganar por este sacrificio? \u00a1Cu\u00e1n irremisibles parec\u00edan la culpabilidad y la ingratitud de los hombres! Satan\u00e1s presentaba al Redentor la situaci\u00f3n en sus rasgos mas duros: El pueblo que pretende estar por encima de todos los dem\u00e1s en ventajas temporales y espirituales te ha rechazado. Est\u00e1 tratando de destruirte a ti, fundamento, centro y sello de las promesas a ellos hechas como pueblo peculiar. Uno de tus propios disc\u00edpulos, que escuch\u00f3 tus instrucciones y se ha destacado en las actividades de tu iglesia, te traicionar\u00e1. Uno de tus m\u00e1s celosos seguidores te negar\u00e1. Todos te abandonar\u00e1n.<\/p>\n<p>Todo el ser de Cristo aborrec\u00eda este pensamiento. Que aquellos a quienes se hab\u00eda comprometido a salvar, aquellos a quienes amaba tanto se uniesen a las maquinaciones de Satan\u00e1s, esto traspasaba su alma. El conflicto era terrible. Se med\u00eda por la culpabilidad de su naci\u00f3n, de sus acusadores y su traidor, por la de un mundo que yac\u00eda en la iniquidad. Los pecados de los hombres descansaban pesadamente sobre Cristo, y el sentimiento de la ira de Dios contra el pecado abrumaba su vida.<\/p>\n<p>Mir\u00e9mosle contemplando el precio que ha de pagar por el alma humana. En su agon\u00eda, se aferra al suelo fr\u00edo, como para evitar ser alejado m\u00e1s de Dios. El fr\u00edo roc\u00edo de la noche cae sobre su cuerpo postrado, pero \u00e9l no le presta atenci\u00f3n. De sus labios p\u00e1lidos, brota el amargo clamor: \u00ab<strong>Padre m\u00edo, si es posible, pase de mi este vaso<\/strong>.\u00bb Pero a\u00fan entonces a\u00f1ade: \u00ab<strong>Empero no como yo quiero, sino como t\u00fa<\/strong>.\u00bb<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano anhela simpat\u00eda en el sufrimiento. Este anhelo lo sinti\u00f3 Cristo en las profundidades de su ser. En la suprema agon\u00eda de su alma, vino a sus disc\u00edpulos con un anhelante deseo de o\u00edr algunas palabras de consuelo de aquellos a quienes hab\u00eda bendecido y consolado con tanta frecuencia, y escudado en la tristeza y la angustia. El que siempre hab\u00eda tenido palabras de simpat\u00eda para ellos, sufr\u00eda ahora agon\u00eda sobrehumana, y anhelaba saber que oraban por \u00e9l y por s\u00ed mismos. \u00a1Cu\u00e1n sombr\u00eda parec\u00eda la malignidad del pecado! Era terrible la tentaci\u00f3n de dejar a la familia humana soportar las consecuencias de su propia culpabilidad, mientras \u00e9l permaneciese inocente delante de Dios. Si tan s\u00f3lo pudiera saber que sus disc\u00edpulos comprend\u00edan y apreciaban esto, se sentir\u00eda fortalecido.<\/p>\n<p><strong>Levant\u00e1ndose con penoso esfuerzo, fue tambale\u00e1ndose adonde hab\u00eda dejado a sus compa\u00f1eros. Pero \u00ablos hall\u00f3 durmiendo.\u00bb Si los hubiese hallado orando, habr\u00eda quedado aliviado.<\/strong> Si ellos hubiesen estado buscando refugio en Dios para que los agentes sat\u00e1nicos no pudiesen prevalecer sobre ellos, habr\u00eda quedado consolado por su firme fe. Pero no hab\u00edan escuchado la amonestaci\u00f3n repetida: \u00abVelad y orad.\u00bb Al principio, los hab\u00eda afligido mucho el ver a su Maestro, generalmente tan sereno y digno, luchar con una tristeza incomprensible. Hab\u00edan orado al o\u00edr los fuertes clamores del que sufr\u00eda. No se propon\u00edan abandonar a su Se\u00f1or, pero parec\u00edan paralizados por un estupor que podr\u00edan haber sacudido s\u00ed hubiesen continuado suplicando a Dios. No comprend\u00edan la necesidad de velar y orar fervientemente para resistir la tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Precisamente antes de dirigir sus pasos al huerto, Jes\u00fas hab\u00eda dicho a los disc\u00edpulos: \u00ab<strong>Todos ser\u00e9is escandalizados en m\u00ed esta noche<\/strong>.\u00bb Ellos le hab\u00edan asegurado en\u00e9rgicamente que ir\u00edan con El a la c\u00e1rcel y a la muerte. Y el pobre Pedro, en su suficiencia propia, hab\u00eda a\u00f1adido: \u00ab<strong>Aunque todos sean escandalizados, mas no yo.<\/strong>\u00bb Pero los disc\u00edpulos confiaban en s\u00ed mismos. No miraron al poderoso Auxiliador como Cristo les hab\u00eda aconsejado que lo hiciesen.<\/p>\n<p><strong>As\u00ed que cuando m\u00e1s necesitaba el Salvador su simpat\u00eda y oraciones, los hall\u00f3 dormidos, Pedro mismo estaba durmiendo.<\/strong><\/p>\n<p>Y Juan, el amante disc\u00edpulo que se hab\u00eda reclinado sobre el pecho de Jes\u00fas, dorm\u00eda. Ciertamente, el amor de Juan por su Maestro debiera haberlo mantenido despierto. Sus fervientes oraciones debieran haberse mezclado con las de su amado Salvador en el momento de su suprema tristeza. El Redentor hab\u00eda pasado noches enteras orando por sus disc\u00edpulos, para que su fe no faltase. Si Jes\u00fas hubiese dirigido a Santiago y a Juan la pregunta que les hab\u00eda dirigido una vez: <strong>\u00ab\u00bfPod\u00e9is beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?\u00bb<\/strong> no se habr\u00edan atrevido a contestar: \u00abPodemos.\u00bb<\/p>\n<p>Los disc\u00edpulos se despertaron al o\u00edr la voz de Jes\u00fas, pero casi no le conocieron, tan cambiado por la angustia hab\u00eda quedado su rostro. Dirigi\u00e9ndose a Pedro, Jes\u00fas dijo: <strong>\u00ab\u00a1Sim\u00f3n! \u00bfduermes t\u00fa? \u00bfno has podido velar una sola hora? Velad, y orad, para que no entr\u00e9is en tentaci\u00f3n; el esp\u00edritu a la verdad est\u00e1 pronto, mas la carne es d\u00e9bil.\u00bb<\/strong> La debilidad de sus disc\u00edpulos despert\u00f3 la simpat\u00eda de Jes\u00fas. Temi\u00f3 que no pudiesen soportar la prueba que iba a sobrevenirles en la hora de su entrega y muerte. No los reprendi\u00f3, sino dijo: \u00ab<strong>Velad, y orad, para que no entr\u00e9is en tentaci\u00f3n<\/strong>.\u00bb Aun en su gran agon\u00eda, procuraba disculpar su debilidad. \u00ab<strong>El esp\u00edritu a la verdad est\u00e1 pronto &#8211;dijo,&#8211; mas la carne es d\u00e9bil<\/strong>.\u00bb<\/p>\n<p>El Hijo de Dios volvi\u00f3 a quedar presa de agon\u00eda sobre humana, y tambale\u00e1ndose volvi\u00f3 agotado al lugar de su primera lucha. Su sufrimiento era aun mayor que antes. Al apoderarse de \u00e9l la agon\u00eda del alma, \u00abfue su sudor como grandes gotas de sangre que ca\u00edan hasta la tierra.\u00bb Los cipreses y las palmeras eran los testigos silenciosos de su angustia. De su follaje ca\u00eda un pesado roc\u00edo sobre su cuerpo postrado, como si la naturaleza llorase sobre su Autor que luchaba a solas con las potestades de las tinieblas.<\/p>\n<p>Poco tiempo antes, Jes\u00fas hab\u00eda estado de pie como un cedro poderoso, presintiendo la tormenta de oposici\u00f3n que agotaba su furia contra \u00e9l. Voluntades tercas y corazones llenos de malicia y sutileza hab\u00edan procurado en vano confundirle y abrumarle. Se hab\u00eda erguido con divina majestad como el Hijo de Dios. Ahora era como un junco azotado y doblegado por la tempestad airada. Se hab\u00eda acercado a la consumaci\u00f3n\u00a0 de su obra como vencedor, habiendo ganado a cada paso la victoria sobre las potestades de las tinieblas. Como ya glorificado, hab\u00eda aseverado su unidad con Dios. En acentos firmes, hab\u00eda elevado sus cantos de alabanza. Hab\u00eda dirigido a sus disc\u00edpulos palabras de estimulo y ternura. Pero ya hab\u00eda llegado la hora de la potestad de las tinieblas. Su voz se o\u00eda en el tranquilo aire nocturno, no en tonos de triunfo, sino impregnada de angustia humana. Estas palabras del Salvador llegaban a los o\u00eddos de los so\u00f1olientos disc\u00edpulos: \u00ab<strong>Padre m\u00edo, si no puede este vaso pasar de mi sin que yo lo beba, h\u00e1gase tu voluntad<\/strong>.\u00bb<\/p>\n<p>El primer impulso de los disc\u00edpulos fue ir hacia \u00e9l; pero les hab\u00eda invitado a quedarse all\u00ed velando y orando. Cuando Jes\u00fas vino a ellos, los hall\u00f3 otra vez dormidos. Otra vez hab\u00eda sentido un anhelo de compa\u00f1\u00eda, de o\u00edr de sus disc\u00edpulos algunas palabras que le aliviasen y quebrantasen el ensalmo de las tinieblas que casi le dominaban. Pero \u00ablos dos de ellos estaban cargados; y no sab\u00edan qu\u00e9 responderle.\u00bb Su presencia los despert\u00f3. Vieron su rostro surcado por el sangriento sudor de la agon\u00eda, y se llenaron de temor. No pod\u00edan comprender su angustia mental. \u00ab<strong>Tan desfigurado, era su aspecto m\u00e1s que el de cualquier hombre, y su forma m\u00e1s que la de los hijos de Ad\u00e1n.\u00bb<\/strong> Apart\u00e1ndose, Jes\u00fas volvi\u00f3 a su lugar de retiro y cay\u00f3 postrado, vencido por el horror de una gran obscuridad. La humanidad del Hijo de Dios temblaba en esa hora penosa.<\/p>\n<p>Oraba ahora no por sus disc\u00edpulos, para que su fe no faltase, sino por su propia alma tentada y agonizante. Hab\u00eda llegado el momento pavoroso, el momento que hab\u00eda de decidir el destino del mundo. La suerte de la humanidad pend\u00eda de un hilo. Cristo pod\u00eda aun ahora negarse a beber la copa destinada al hombre culpable. Todav\u00eda no era demasiado tarde. Pod\u00eda enjugar el sangriento sudor de su frente y dejar que el hombre pereciese en su iniquidad. Pod\u00eda decir: Reciba el transgresor la penalidad de su pecado, y yo volver\u00e9 a mi Padre. \u00bfBeber\u00e1 el Hijo de Dios la amarga copa de la humillaci\u00f3n y la agon\u00eda? \u00bfSufrir\u00e1 el inocente las consecuencias de la maldici\u00f3n del pecado, para salvar a los culpables? Las palabras caen temblorosamente de los p\u00e1lidos labios de Jes\u00fas: \u00ab<strong>Padre m\u00edo, si no puede este vaso pasar de mi sin que yo lo beba, h\u00e1gase tu voluntad.\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Tres veces repiti\u00f3 esta oraci\u00f3n. Tres veces rehuy\u00f3 su humanidad el \u00faltimo y culminante sacrificio, pero ahora surge delante del Redentor del mundo la historia de la familia humana. Ve que los transgresores de la ley, abandonados a si mismos, tendr\u00edan que perecer. Ve la impotencia del hombre. Ve el poder del pecado. Los ayes y lamentos de un mundo condenado surgen delante de \u00e9l. Contempla la suerte que le tocarla, y su decisi\u00f3n queda hecha. Salvar\u00e1 al hombre, sea cual fuere el costo. Acepta su bautismo de sangre, a fin de que por \u00e9l los millones que perecen puedan obtener vida eterna. Dej\u00f3 los atrios celestiales, donde todo es pureza, felicidad y gloria, para salvar a la oveja perdida, al mundo que cay\u00f3 por la transgresi\u00f3n. Y no se apartar\u00e1 de su misi\u00f3n. Har\u00e1 propiciaci\u00f3n por una raza que quiso pecar. Su oraci\u00f3n expresa ahora solamente sumisi\u00f3n: \u00abSi no puede este vaso pasar de m\u00ed sin que yo lo beba, h\u00e1gase tu voluntad.\u00bb<\/p>\n<p>Habiendo hecho la decisi\u00f3n, cay\u00f3 moribundo al suelo del que se hab\u00eda levantado parcialmente. \u00bfD\u00f3nde estaban ahora sus disc\u00edpulos, para poner tiernamente sus manos bajo la cabeza de su Maestro desmayado, y ba\u00f1ar esa frente desfigurada en verdad m\u00e1s que la de los hijos de los hombres? El Salvador piso solo el lagar, y no hubo nadie del pueblo con \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero Dios sufri\u00f3 con su Hijo. Los \u00e1ngeles contemplaron la agon\u00eda del Salvador. Vieron a su Se\u00f1or rodeado por las legiones de las fuerzas sat\u00e1nicas, y su naturaleza abrumada por un pavor misterioso que lo hacia estremecerse. Hubo silencio en el cielo. Ning\u00fan arpa vibraba. Si los mortales hubiesen percibido el asombro de la hueste ang\u00e9lica mientras en silencioso pesar ve\u00eda al Padre retirar sus rayos de luz, amor y gloria de su Hijo amado, comprender\u00edan mejor cu\u00e1n odioso es a su vista el pecado.<\/p>\n<p>Los mundos que no hab\u00edan ca\u00eddo y los \u00e1ngeles celestiales hab\u00edan mirado con intenso inter\u00e9s mientras el conflicto se acercaba a su fin. Satan\u00e1s y su confederaci\u00f3n del mal, las legiones de la apostas\u00eda, presenciaban atentamente esta gran crisis de la obra de redenci\u00f3n. Las potestades del bien y del mal esperaban para ver qu\u00e9 respuesta recibirla la oraci\u00f3n tres veces repetida por Cristo. Los \u00e1ngeles hab\u00edan anhelado llevar alivio 643 al divino doliente, pero esto no pod\u00eda ser. Ninguna v\u00eda de escape hab\u00eda para el Hijo de Dios. En esta terrible crisis, cuando todo estaba en juego, cuando la copa misteriosa temblaba en la mano del Doliente, los cielos se abrieron, una luz resplandeci\u00f3 de en medio de la tempestuosa obscuridad de esa hora cr\u00edtica, y el poderoso \u00e1ngel que est\u00e1 en la presencia de Dios ocupando el lugar del cual cay\u00f3 Satan\u00e1s, vino al lado de Cristo. No vino para quitar de su mano la copa, sino para fortalecerle a fin de que pudiese beberla, asegurado del amor de su Padre. Vino para dar poder al suplicante divino-humano. Le mostr\u00f3 los cielos abiertos y le habl\u00f3 de las almas que se salvar\u00edan como resultado de sus sufrimientos. Le asegur\u00f3 que su Padre es mayor y m\u00e1s poderoso que Satan\u00e1s, que su muerte ocasionar\u00eda la derrota completa de Satan\u00e1s, y que el reino de este mundo ser\u00eda dado a los santos del Alt\u00edsimo. Le dijo que ver\u00eda el trabajo de su alma y quedar\u00eda satisfecho, porque ver\u00eda una multitud de seres humanos salvados, eternamente salvos.<\/p>\n<p>La agon\u00eda de Cristo no ces\u00f3, pero le abandonaron su depresi\u00f3n y desaliento. La tormenta no se hab\u00eda apaciguado, pero el que era su objeto fue fortalecido para soportar su furia. Sali\u00f3 de la prueba sereno y henchido de calma. Una paz celestial se le\u00eda en su rostro manchado de sangre. Hab\u00eda soportado lo que ning\u00fan ser humano hubiera podido soportar; porque hab\u00eda gustado los sufrimientos de la muerte por todos los hombres.<\/p>\n<p>Los disc\u00edpulos dormidos hab\u00edan sido despertados repentinamente por la luz que rodeaba al Salvador. Vieron al \u00e1ngel que se inclinaba sobre su Maestro postrado. Le vieron alzar la cabeza del Salvador contra su pecho y se\u00f1alarle el cielo. Oyeron su voz, como la m\u00fasica m\u00e1s dulce, que pronunciaba palabras de consuelo y esperanza. Los disc\u00edpulos recordaron la escena transcurrida en el monte de la transfiguraci\u00f3n. Recordaron la gloria que en el templo hab\u00eda circuido a Jes\u00fas y la voz de Dios que hablara desde la nube. Ahora esa misma gloria se volv\u00eda a revelar, y no sintieron ya temor por su Maestro. Estaba bajo el cuidado de Dios, y un \u00e1ngel poderoso hab\u00eda sido enviado para protegerle. Nuevamente los disc\u00edpulos cedieron, en su cansancio, al extra\u00f1o estupor que los dominaba. Nuevamente Jes\u00fas los encontr\u00f3 durmiendo.<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndolos tristemente, dijo: \u00ab<strong>Dormid ya, y descansad: he aqu\u00ed ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores<\/strong>.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Aun mientras dec\u00eda estas palabras, o\u00eda los pasos de la turba que le buscaba, y a\u00f1adi\u00f3: \u00abLevantaos, vamos: he aqu\u00ed ha llegado el que me ha entregado.\u00bb<\/strong><\/p>\n<p><strong>No se ve\u00edan en Jes\u00fas huellas de su reciente agon\u00eda cuando se dirigi\u00f3 al encuentro de su traidor. Adelant\u00e1ndose a sus disc\u00edpulos, dijo: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n busc\u00e1is?\u00bb <\/strong><\/p>\n<p>Contestaron: \u00abA Jes\u00fas Nazareno.\u00bb Jes\u00fas respondi\u00f3: \u00abYo soy.\u00bb Mientras estas palabras eran pronunciadas, el \u00e1ngel que acababa de servir a Jes\u00fas, se puso entre \u00e9l y la turba. Una luz divina ilumin\u00f3 el rostro del Salvador, y le hizo sombra una figura como de paloma. En presencia de esta gloria divina, la turba homicida no pudo resistir un momento. Retrocedi\u00f3 tambale\u00e1ndose. Sacerdotes, ancianos, soldados, y a\u00fan Judas, cayeron como muertos al suelo.<\/p>\n<p>El \u00e1ngel se retir\u00f3, y la luz se desvaneci\u00f3. Jes\u00fas tuvo oportunidad de escapar, pero permaneci\u00f3 sereno y due\u00f1o de si. Permaneci\u00f3 en pie como un ser glorificado, en medio de esta banda endurecida, ahora postrada e inerme a sus pies. Los disc\u00edpulos miraban, mudos de asombro y pavor.<\/p>\n<p>Pero la escena cambi\u00f3 r\u00e1pidamente. La turba se levant\u00f3. Los soldados romanos, los sacerdotes y judas se reunieron en derredor de Cristo. Parec\u00edan avergonzados de su debilidad, y temerosos de que se les escapase todav\u00eda, Volvi\u00f3 el Redentor a preguntar: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n busc\u00e1is?\u00bb Hab\u00edan tenido pruebas de que el que estaba delante de ellos era el Hijo de Dios, pero no quer\u00edan convencerse. A la pregunta: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n busc\u00e1is?\u00bb volvieron a contestar: \u00abA Jes\u00fas Nazareno.\u00bb El Salvador les dijo entonces: \u00abOs he dicho que yo soy: pues si a m\u00ed busc\u00e1is, dejad ir a \u00e9stos,\u00bb se\u00f1alando a los disc\u00edpulos. Sab\u00eda cu\u00e1n d\u00e9bil era la fe de ellos, y trataba de escudarlos de la tentaci\u00f3n y la prueba. Estaba listo para sacrificarse por ellos.<\/p>\n<p>El traidor Judas no se olvid\u00f3 de la parte que deb\u00eda desempe\u00f1ar. Cuando entr\u00f3 la turba en el huerto, iba delante, seguido de cerca por el sumo sacerdote. Hab\u00eda dado una se\u00f1al a los perseguidores de Jes\u00fas diciendo: \u00abAl que yo besare, aqu\u00e9l es: prendedle.\u00bb Ahora, fingiendo no tener parte con ellos, se acerc\u00f3 a Jes\u00fas, le tom\u00f3 de la mano como un amigo familiar, 645 diciendo: \u00abSalve, Maestro,\u00bb le bes\u00f3 repetidas veces, simulando llorar de simpat\u00eda por \u00e9l en su peligro.<\/p>\n<p>Jes\u00fas le dijo: \u00abAmigo, \u00bfa qu\u00e9 vienes?\u00bb Su voz temblaba de pesar al a\u00f1adir: \u00abJudas, \u00bfcon beso entregas al Hijo del hombre?\u00bb Esta s\u00faplica debiera haber despertado la conciencia del traidor y conmovido su obstinado coraz\u00f3n; pero le hab\u00edan abandonado la honra, la fidelidad y la ternura humana. Se mostr\u00f3 audaz y desafiador, sin disposici\u00f3n a enternecerse. Se hab\u00eda entregado a Satan\u00e1s y no pod\u00eda resistirle. Jes\u00fas no rechaz\u00f3 el beso del traidor.<\/p>\n<p>La turba se envalenton\u00f3 al ver a Judas tocar la persona de Aquel que hab\u00eda estado glorificado ante sus ojos tan poco tiempo antes. Se apoder\u00f3 entonces de Jes\u00fas y procedi\u00f3 a atar aquellas preciosas manos que siempre se hab\u00edan dedicado a hacer bien.<\/p>\n<p>Los disc\u00edpulos hablan pensado que su Maestro no se dejar\u00eda prender. Porque el mismo poder que hab\u00eda hecho caer como muertos a esos hombres pod\u00eda dominarlos hasta que Jes\u00fas y sus compa\u00f1eros escapasen. Se quedaron chasqueados e indignados al ver sacar las cuerdas para atar las manos de Aquel a quien amaban. En su ira, Pedro sac\u00f3 impulsivamente su espada y trat\u00f3 de defender a su Maestro, pero no logr\u00f3 sino cortar una oreja del siervo del sumo sacerdote. Cuando Jes\u00fas vio lo que hab\u00eda hecho, libr\u00f3 sus manos, aunque eran sujetadas firmemente por los soldados romanos, y diciendo: \u00abDejad hasta aqu\u00ed,\u00bb toc\u00f3 la oreja herida, Y \u00e9sta qued\u00f3 inmediatamente sana. Dijo luego a Pedro: \u00abVuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomaren espada, a espada perecer\u00e1n. \u00bfAcaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y \u00e9l me dar\u00eda m\u00e1s de doce legiones de \u00e1ngeles?\u00bb&#8211;una legi\u00f3n en lugar de cada uno de los disc\u00edpulos&#8211; Pero los disc\u00edpulos se preguntaban: \u00bfOh, por qu\u00e9 no se salva a s\u00ed mismo y a nosotros? Contestando a su pensamiento inexpresado, a\u00f1adi\u00f3: \u00ab\u00bfC\u00f3mo, pues, se cumplir\u00edan las Escrituras, que as\u00ed conviene que sea hecho?\u00bb \u00abEl vaso que el Padre me ha dado, \u00bfno lo tengo de beber?\u00bb<\/p>\n<p>La dignidad oficial de los dirigentes jud\u00edos no les hab\u00eda impedido unirse al perseguimiento de Jes\u00fas. Su arresto era un asunto demasiado importante para confiarlo a subordinados; as\u00ed que los astutos sacerdotes y ancianos se hab\u00edan unido a\u00a0 la polic\u00eda del templo y a la turba para seguir a Judas hasta Getseman\u00ed. \u00a1Qu\u00e9 compa\u00f1\u00eda para estos dignatarios: una turba \u00e1vida de excitaci\u00f3n y armada con toda clase de instrumentos como para perseguir a una fiera!<\/p>\n<p>Volvi\u00e9ndose a los sacerdotes y ancianos, Jes\u00fas fij\u00f3 sobre ellos su mirada escrutadora. Mientras viviesen, no se olvidar\u00edan de las palabras que pronunciara. Eran como agudas saetas del Todopoderoso. Con dignidad dijo: Salisteis contra m\u00ed con espadas y palos como contra un ladr\u00f3n. D\u00eda tras d\u00eda estaba sentado ense\u00f1ando en el templo. Tuvisteis toda oportunidad de echarme mano, y nada hicisteis. La noche se adapta mejor para vuestra obra. \u00abEsta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.\u00bb<\/p>\n<p>Los disc\u00edpulos quedaron aterrorizados al ver que Jes\u00fas permit\u00eda que se le prendiese y atase. Se ofendieron porque sufr\u00eda esta humillaci\u00f3n para si y para ellos. No pod\u00edan comprender su conducta, y le inculpaban por someterse a la turba. En su indignaci\u00f3n y temor, Pedro propuso que se salvasen a si mismos. Siguiendo esta sugesti\u00f3n, \u00abtodos los disc\u00edpulos huyeron, dej\u00e1ndole.\u00bb<strong> Pero Cristo hab\u00eda predicho esta deserci\u00f3n. \u00abHe aqu\u00ed hab\u00eda dicho, la hora viene, y ha venido, que ser\u00e9is esparcidos cada uno por su parte, y me dejar\u00e9is solo: mas no estoy solo, porque el Padre est\u00e1 conmigo<\/strong>.\u00bb<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Extracto de \u00abEl Deseado de todas las Gentes. Cap\u00edtulo 74. E. G. White)<br \/>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En compa\u00f1\u00eda\u00a0de sus disc\u00edpulos, el Salvador se encamin\u00f3 lentamente hacia el huerto de Getseman\u00ed. La luna de Pascua, ancha y llena, resplandec\u00eda desde un cielo sin nubes. La ciudad de caba\u00f1as para los peregrinos estaba sumida en el silencio. Jes\u00fas hab\u00eda estado conversando fervientemente con sus disc\u00edpulos e instruy\u00e9ndolos; pero al acercarse a Getseman\u00ed se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jesus-en-el-getsemani\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJes\u00fas en el Getseman\u00ed\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-7102","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7102","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7102"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7102\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7102"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7102"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7102"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}