{"id":7169,"date":"2016-02-17T14:21:52","date_gmt":"2016-02-17T19:21:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/fiel-es-dios-lo-somos-nosotros\/"},"modified":"2016-02-17T14:21:52","modified_gmt":"2016-02-17T19:21:52","slug":"fiel-es-dios-lo-somos-nosotros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/fiel-es-dios-lo-somos-nosotros\/","title":{"rendered":"\u00abFiel es Dios\u00bb&#8230; \u00bfLo somos nosotros?"},"content":{"rendered":"<p><strong>Suele entenderse la fidelidad como lealtad en el cumplimiento de los compromisos que alguien ha contra\u00eddo<\/strong>.<\/p>\n<p>En muchos casos incluye un sentimiento de amor o cari\u00f1o hacia otro ser, en favor del cual se hace cuanto pueda contribuir a su bienestar. A nivel humano, se dice que es fiel el empleado que cumple escrupulosamente los deberes que le han sido se\u00f1alados por su amo.<\/p>\n<p><strong>Pero el ejemplo m\u00e1s sublime de fidelidad se halla en Dios mismo.<\/strong><\/p>\n<p><p>Ejemplo: el de la fidelidad conyugal, es decir, la lealtad amorosa que los c\u00f3nyuges se prometen el d\u00eda de su enlace matrimonial. En el plano espiritual, es fiel el creyente que se compromete a confiar en Dios y obedecerle. Pero el ejemplo m\u00e1s sublime de fidelidad se halla en Dios mismo, siempre cumplidor de sus pactos y promesas. As\u00ed nos lo atestiguan las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Pocos temas podr\u00edan ser m\u00e1s inspiradores para el pueblo cristiano al principio de un nuevo a\u00f1o.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La fidelidad divina en el Antiguo Testamento<\/strong><\/p>\n<p>Aparece brillantemente en la relaci\u00f3n de Dios con su pueblo Israel, ante el cual se enfatiza: \u00abConoce que Yahv\u00e9h, tu Dios, es el Dios verdadero, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos&#8230;\u00bb (Dt. 7:9; Sal. 36:5; Is. 11:5). Esa fidelidad se une a su inmutabilidad, como se desprende de la palabra m\u00e1s usada en el hebreo del Antiguo Testamento para expresar la idea de fidelidad: emunah, cuya ra\u00edz, aman, significa seguridad o firmeza. El concepto se nos ilustra a veces, muy atinadamente, mediante la met\u00e1fora de la \u00abroca\u00bb (Dt. 32:4; Sal. 18:2; Sal. 42:9; Is. 17:10).<\/p>\n<p>De los textos b\u00edblicos se deduce que nada ni nadie puede anular los prop\u00f3sitos y las promesas de Dios, fundamentados en la solemnidad de un pacto inquebrantable. En su d\u00eda lo asegur\u00f3 Dios por medio del profeta: \u00abLos montes se mover\u00e1n y los collados temblar\u00e1n, pero no se apartar\u00e1 de ti mi misericordia ni el pacto de mi paz se romper\u00e1\u00bb. (Is. 54:10).<\/p>\n<p>Ni siquiera las infidelidades de su pueblo pueden dejar sin efecto lo que ha prometido. As\u00ed se puso de manifiesto en la historia de Israel. Uno de los textos m\u00e1s pat\u00e9ticos que hallamos en el Antiguo Testamento expresa la sublime reacci\u00f3n de Dios frente a la infidelidad de su pueblo, ilustrada por el adulterio de la esposa de Oseas (Os. 11:8-9).<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar que la fe del israelita piadoso hiciese de la fidelidad divina el fundamento de su fe y uno de los objetos preferentes de su alabanza (Sal. 36:5; Sal. 40:10; Sal. 89:1; Sal. 89:8; Sal. 92:2; Sal. 100:5; Is. 25:1). Sin duda, la fidelidad de Dios era la mejor garant\u00eda de salvaci\u00f3n. Todo lo que \u00e9l hab\u00eda prometido -las m\u00faltiples bendiciones inherentes al pacto- tendr\u00eda plena realizaci\u00f3n. Y esto no en virtud de m\u00e9ritos u obras de los israelitas, sino por la gracia inmerecida del Todopoderoso (Dt. 7:6-8; Dt. 8:17-18).<\/p>\n<p>La apostas\u00eda y los muchos pecados de Israel le atrajeron graves juicios, pero no extinguieron la misericordia y la fidelidad del Alt\u00edsimo. Tras las pruebas correctivas, el pueblo siempre experiment\u00f3 su ayuda. As\u00ed pudo verse en el cautiverio jud\u00edo en Babilonia y la posterior restauraci\u00f3n. Israel hab\u00eda sido infiel;<\/p>\n<p><strong>Pero Dios hab\u00eda permanecido fiel. Y fiel permanecer\u00e1 hasta la consumaci\u00f3n de los siglos (Is. 40:8). La historia y la escatolog\u00eda b\u00edblicas as\u00ed nos lo muestran.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>La fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento<\/strong><\/p>\n<p>En la segunda parte de la Biblia el t\u00e9rmino pist\u00f3s (fiel) est\u00e1 etimol\u00f3gicamente emparentado con p\u00edstis (fe o confianza). Y, ciertamente, Dios es digno de confianza porque es fiel, pese a las infidelidades humanas (Ro. 3:3-4). El pueblo israelita sufri\u00f3 -y sufre a\u00fan- el juicio condenatorio de Dios; pero \u00ab<strong>al final todo Israel ser\u00e1 salvo<\/strong>\u00bb (Ro. 11:25-29). Esta perspectiva pone de relieve que, por la fidelidad de Dios, todos sus prop\u00f3sitos de salvaci\u00f3n se cumplen. Esta verdad tiene facetas preciosas que resplandecen en los escritos de los ap\u00f3stoles para nuestro consuelo y aliento:<\/p>\n<p><strong>La fidelidad de Dios, garant\u00eda de nuestra salvaci\u00f3n en Cristo (1 Co. 1:8-9)<\/strong><\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n no es un beneficio que el creyente disfruta de modo aut\u00f3nomo, como si tuviera capacidad para alcanzarla y mantenerla por s\u00ed mismo. Depende de que el cristiano viva \u00aben comuni\u00f3n con Cristo\u00bb (1 Co. 1:9; cf. Ef. 1:3, Ef. 1:7). Tan vital es esa comuni\u00f3n que, seg\u00fan ense\u00f1anza del propio Se\u00f1or Jesucristo, es comparable a la uni\u00f3n del sarmiento con la vid (Jn. 15:1-5). Pese a lo esencial de la comuni\u00f3n con Cristo, \u00e9sta se ve amenazada por muy diversas formas de alejamiento, bien por influencias exteriores, bien por tendencias pecaminosas internas. Algunos creyentes temen que no podr\u00e1n vivir a la altura del prop\u00f3sito divino, pero \u00abfiel es Dios\u00bb, quien, mediante su Esp\u00edritu y la acci\u00f3n de su Palabra, ayuda a sus redimidos a no salirse de la esfera de \u00abcomuni\u00f3n con su Hijo\u00bb.<\/p>\n<p><strong>La fidelidad de Dios, auxilio en la tentaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>\u00abFiel es Dios, que no os dejar\u00e1 ser probados m\u00e1s de lo que pod\u00e1is resistir, sino que proveer\u00e1 tambi\u00e9n, juntamente con la tentaci\u00f3n, la v\u00eda de escape para que pod\u00e1is soportar\u00bb (1 Co. 10:13). De las palabras de Pablo se deduce que, por la fidelidad de Dios, toda tentaci\u00f3n o prueba tiene una salida, un camino de escape y que lo que el cristiano tiene que hacer es seguir las instrucciones dadas por Dios en su Palabra (es lo que los corintios deb\u00edan hacer frente a los pecados expuestos en 1 Co. 10:1-12). Esto, por supuesto, no significa que el cristiano, con absoluta certeza, saldr\u00e1 triunfante de toda tentaci\u00f3n (\u00abel que piensa estar firme, mire que no caiga\u00bb, 1 Co. 10:12), sino m\u00e1s bien que Dios no le abandonar\u00e1 en la prueba.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s alguien se preguntar\u00e1: \u00bfQu\u00e9 sentido tiene el texto que estamos comentando (1 Co. 10:13) en el caso del creyente que cae cuando es tentado? \u00bfCabe dudar del auxilio del Se\u00f1or? Conviene recordar que la promesa se hace despu\u00e9s de una aseveraci\u00f3n importante: \u00abNo os ha sobrevenido una tentaci\u00f3n que no sea humana\u00bb (1 Co. 10:13) y que esa \u00abhumanidad\u00bb de la tentaci\u00f3n sugiere la posibilidad de caer. Pero aun despu\u00e9s de la ca\u00edda, Dios puede actuar de modo que se produzca un levantamiento, una restauraci\u00f3n. Pedro cay\u00f3 negando tres veces al Se\u00f1or; pero despu\u00e9s, en el momento oportuno, fue restaurado por el Cristo resucitado. \u00abSi confesamos nuestros pecados, \u00e9l es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad\u00bb (1 Jn. 1:9). \u00abSi somos infieles, \u00e9l permanece fiel; no puede negarse a s\u00ed mismo\u00bb (2 Ti. 2:13).<\/p>\n<p><strong>La fidelidad de Dios y la santificaci\u00f3n de sus hijos<\/strong><\/p>\n<p>Una de las prioridades en el desarrollo del cristiano debe ser la santificaci\u00f3n total (\u00abpara que todo vuestro ser, esp\u00edritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb &#8211; 1 Ts. 5:23). Esta meta ser\u00eda inalcanzable si hubi\u00e9semos de llegar a ella por nuestras propias fuerzas. Pero la santificaci\u00f3n, al igual que la justificaci\u00f3n, es obra de Dios. Por eso el Se\u00f1or Jesucristo pidi\u00f3 al Padre: \u00abSantif\u00edcalos en tu verdad; tu palabra es verdad\u00bb (Jn. 17:17). Dios, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, nos va transformando m\u00e1s y m\u00e1s a semejanza de su Hijo (2 Co. 3:18) por el poder modelador de su Palabra.<\/p>\n<p><strong>Conocedores de nuestros defectos, debilidades y tendencias pecaminosas, nos parece que esa tarea es imposible. Pero Pablo afirma con acento triunfal: \u00abFiel es el que os llama, el cual tambi\u00e9n lo har\u00e1\u00bb (1 Ts. 5:24). Lo har\u00e1 aunque para lograrlo a veces tenga que usar circunstancias y experiencias correctoras (Heb. 12:5-10). Se ha comprometido a hacerlo en virtud de su fidelidad.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La fidelidad divina, est\u00edmulo para nuestra perseverancia<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed lo entendi\u00f3 el autor de la carta a los Hebreos cuando escribi\u00f3: \u00abMantengamos firme, sin fluctuar, la profesi\u00f3n de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometi\u00f3\u00bb (Heb. 10:23). Los cristianos procedentes del juda\u00edsmo, a los cuales fue dirigida esta exhortaci\u00f3n, hab\u00edan sufrido vituperios y p\u00e9rdida de bienes por su fe. Sus anteriores correligionarios se burlaban de la simplicidad de sus creencias y de su culto y les presionaban para que abandonasen el Evangelio y volviesen a la religi\u00f3n de sus padres.<\/p>\n<p>Pero su nueva fe les abr\u00eda una perspectiva radiante con las promesas de vida eterna que Dios les hab\u00eda hecho. Estas promesas no proced\u00edan de un ap\u00f3stol, ni de un \u00e1ngel. Las hab\u00eda formulado Dios mismo por medio de su Hijo encarnado. Y este que prometi\u00f3 es fiel, lo que equivale a decir: su fidelidad asegura vuestra salvaci\u00f3n. En tal caso vale la pena \u00abmantener firme la profesi\u00f3n de nuestra esperanza\u00bb, cueste lo que cueste.<\/p>\n<p>Todo lo expuesto descansa sobre un fundamento glorioso:<\/p>\n<p><strong>Cristo, nuestro \u00abmisericordioso y fiel sumo sacerdote\u00bb (Heb. 2:17)<\/strong><\/p>\n<p>\u00e9l es el autor de nuestra salvaci\u00f3n. Como Mediador entre Dios y los hombres, ha llevado a efecto la expiaci\u00f3n de nuestros pecados al precio de su sangre (Heb. 8-10), que es la garant\u00eda de un nuevo pacto (Mt. 26:28; Heb. 8:6). Nos ha reconciliado con Dios (Col. 1:19-21). \u00e9l, que fue tentado en todo seg\u00fan nuestra semejanza, aunque sin pecado, \u00abpuede compadecerse de nuestras debilidades\u00bb (Heb. 4:15), lo que nos anima a acercarnos confiadamente al Trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro\u00bb (Heb. 4:16).<\/p>\n<p><strong>Podr\u00edamos decir que en \u00e9l y por \u00e9l el creyente tiene a su favor todos los recursos de la gracia. Nada m\u00e1s necesitamos para asegurar nuestra herencia eterna de redimidos. Todo porque Cristo tambi\u00e9n es fiel.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>La fidelidad del cristiano<\/strong><\/p>\n<p>Es l\u00f3gico que el creyente corresponda a la fidelidad de Dios con su propia fidelidad. Es lo que se espera de cuantos desean agradarle y servirle. En las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas la fidelidad del siervo aparece como deber ineludible con especial relieve (Mt. 24:45; Mt. 25:21; Lc. 12:35-48; Lc. 16:10; Lc. 19:17). Y tanto las Escrituras como la historia de la Iglesia nos ofrecen ejemplos estimulantes de siervos fieles. Nos impresionan figuras tan admirables como Jerem\u00edas o Juan el Bautista. El primero sufri\u00f3 encarcelamiento, burlas y rechazo. El segundo, una muerte ignominiosa. Suerte parecida corrieron Esteban, Jacobo, Pablo y Pedro. Asimismo la historia de la Iglesia nos da a conocer la fidelidad heroica de miles de m\u00e1rtires que prefirieron perderlo todo, la vida incluida, antes que negar a Jesucristo como su \u00fanico Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Todav\u00eda en nuestro tiempo multitud de cristianos en diferentes pa\u00edses est\u00e1n sufriendo diversas formas de persecuci\u00f3n; pero perseveran fieles en su testimonio cristiano.<\/p>\n<p>Sin duda, grande es el precio del discipulado, aunque no siempre haya de ser sellado con la tortura o la muerte. \u00bfQu\u00e9 cristiano puede escapar de la prueba de sus propias debilidades as\u00ed como del menosprecio, las burlas o la oposici\u00f3n mal\u00e9vola de quienes no comparten su fe? Pero igualmente cierto es que la fidelidad del creyente no perder\u00e1 su recompensa. Cristo mismo dijo: \u00abS\u00e9 fiel hasta la muerte y yo te dar\u00e1 la corona de la vida\u00bb (Ap. 2:10). Y en su d\u00eda dir\u00e1 a cada uno de quienes le han sido leales: \u00abBien, buen siervo y fiel&#8230; entra en el gozo de tu Se\u00f1or\u00bb (Mt. 25:21).<\/p>\n<p><strong>\u00abDios es fiel\u00bb&#8230; \u00bfY nosotros?<\/strong><\/p>\n<p><strong>Autor:<\/strong> Jos\u00e9 M. Mart\u00ednez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Suele entenderse la fidelidad como lealtad en el cumplimiento de los compromisos que alguien ha contra\u00eddo. En muchos casos incluye un sentimiento de amor o cari\u00f1o hacia otro ser, en favor del cual se hace cuanto pueda contribuir a su bienestar. A nivel humano, se dice que es fiel el empleado que cumple escrupulosamente los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/fiel-es-dios-lo-somos-nosotros\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00abFiel es Dios\u00bb&#8230; \u00bfLo somos nosotros?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-7169","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7169","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7169"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7169\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7169"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7169"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7169"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}