{"id":7179,"date":"2016-02-17T14:22:11","date_gmt":"2016-02-17T19:22:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/del-conflicto-a-la-reconciliacion-el-perdon\/"},"modified":"2016-02-17T14:22:11","modified_gmt":"2016-02-17T19:22:11","slug":"del-conflicto-a-la-reconciliacion-el-perdon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/del-conflicto-a-la-reconciliacion-el-perdon\/","title":{"rendered":"Del conflicto a la reconciliaci\u00f3n: el perd\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00abSoport\u00e1ndoos unos a otros, y perdon\u00e1ndoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la misma manera que Cristo os perdon\u00f3, as\u00ed tambi\u00e9n hacedlo vosotros\u00bb (Col. 3:13)<\/strong><\/p>\n<p>En el camino que lleva a la reconciliaci\u00f3n hay un paso fundamental: el perd\u00f3n. Es el sello que\u00a0marca el final de una disputa y constituye el ingrediente m\u00e1s distintivo del cristiano en cualquier conflicto.<\/p>\n<p><strong>El perd\u00f3n est\u00e1 en el coraz\u00f3n mismo del Evangelio. Todo el mensaje cristiano gira alrededor del perd\u00f3n de Dios a trav\u00e9s de la cruz de Cristo y nos\u00a0da ejemplo\u00a0a nosotros, como disc\u00edpulos suyos, a ofrecer el perd\u00f3n all\u00ed donde sea necesario. <\/strong><\/p>\n<p>Fallar u obedecer en este punto viene a ser un test b\u00e1sico de nuestra madurez cristiana.<\/p>\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 nos ense\u00f1a la Palabra de Dios sobre este tema? Necesitamos entender bien qu\u00e9 es perdonar y sus implicaciones pr\u00e1cticas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El perd\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de la paz <\/strong><\/p>\n<p><strong>La paz no siempre es posible. <\/strong><\/p>\n<p><strong>A pesar de la mejor disposici\u00f3n que uno pueda tener, hay ocasiones cuando no se logra restaurar una relaci\u00f3n rota. <\/strong><\/p>\n<p>El ap\u00f3stol Pablo ya lo deja entrever en su clara exhortaci\u00f3n a la paz: \u00ab<strong>Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres<\/strong>\u00bb (Ro. 12:18). Pablo, hombre curtido en mil conflictos, inicia el vers\u00edculo con dos notas previas: \u00absi es posible\u00bb y \u00aben cuanto dependa de vosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Estas dos peque\u00f1as cl\u00e1usulas le dan un toque de realismo imprescindible y nos liberan de expectativas exageradas. <strong>La paz no siempre es posible sencillamente porque es cosa de dos, no depende de una sola parte.<\/strong> Nuestra responsabilidad -lo que se espera de nosotros- es intentarlo, tomar la iniciativa, hacer todo lo posible para llegar a \u00abestar en paz con todos los hombres\u00bb. Los resultados ya no est\u00e1n en nuestras manos.<\/p>\n<p><strong>\u00abPadre, perd\u00f3nalos porque no saben lo que hacen\u00bb <\/strong><\/p>\n<p>(Lc. 23:34). El ejemplo del Se\u00f1or Jes\u00fas es bien elocuente. En ning\u00fan momento \u00e9l regate\u00f3 esfuerzos para estar en paz con sus contempor\u00e1neos, a los que am\u00f3 hasta el momento mismo de su muerte. Sin embargo, a pesar de su car\u00e1cter santo, irreprochable, vivi\u00f3 rodeado de enemigos que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, le llevaron a la cruz. \u00bfC\u00f3mo se explica esta paradoja? No podemos acercarnos al tema de la reconciliaci\u00f3n olvidando la realidad del pecado. Vivimos en un mundo donde el diablo tiene como una de sus metas dividir, separar, alzar muros entre las personas. Por esta raz\u00f3n, habr\u00e1 ocasiones en que todos nuestros esfuerzos por lograr la paz ser\u00e1n bald\u00edos.<\/p>\n<p><strong>El perd\u00f3n, sin embargo, no necesita de la paz. No depende de la reconciliaci\u00f3n, va m\u00e1s lejos de la restauraci\u00f3n de la relaci\u00f3n. <\/strong><\/p>\n<p>El ejemplo del Se\u00f1or, de nuevo, nos marca la pauta. Clavado ya en la cruz, ridiculizado y torturado por los enemigos a los que hab\u00eda intentado amar, cerca ya de la agon\u00eda, pronuncia unas memorables palabras que contienen, en forma de s\u00edntesis luminosa, el meollo del Evangelio: \u00abPadre, perd\u00f3nalos porque no saben lo que hacen\u00bb. (Lc. 23:34)<\/p>\n<p><strong>Aunque la reconciliaci\u00f3n no sea posible, siempre hay algo que el cristiano puede y debe hacer: perdonar.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>La pr\u00e1ctica del perd\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Transformando heridas en cicatrices.<\/strong><\/p>\n<p>Perdonar implica eliminar todos los sentimientos y pensamientos negativos hacia la otra persona. El resentimiento, el odio, el deseo de venganza deben desaparecer con el perd\u00f3n genuino. En este sentido, perdonar es un proceso similar a la curaci\u00f3n de una herida: al principio, est\u00e1 abierta, sangra f\u00e1cilmente y duele. Pero, una vez se ha convertido en cicatriz, ya no duele ni sangra. El perd\u00f3n es como transformar heridas abiertas en cicatrices. De esta ilustraci\u00f3n se desprenden varios aspectos importantes.<\/p>\n<p><strong>Un proceso largo y costoso.<\/strong><\/p>\n<p>La disposici\u00f3n a perdonar puede \u2013y deber\u00eda- ser inmediata; \u00e9sta es la voluntad de Dios. Pero llegar a completar el proceso emocional y moral del perd\u00f3n suele llevar su tiempo. Hay un camino a recorrer desde el momento en que se decide perdonar hasta que se hace efectivo. Recordemos el caso de Jos\u00e9 en el Antiguo Testamento. Perdon\u00f3 a sus hermanos (ver los emotivos pasajes de Gn. 45 y Gn. 50), pero no antes de pasar por un dilatado proceso (seguramente meses) en el que tuvo que luchar contra sus propias reacciones. Es importante, sin embargo, afirmar desde el primer momento: \u00abestoy decidido a perdonar, aunque la curaci\u00f3n de mis heridas requiera m\u00e1s tiempo\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Puedes hacerlo t\u00fa solo.<\/strong><\/p>\n<p>El perd\u00f3n puede ser unilateral: yo puedo, y debo, perdonar aunque la otra persona se muestre reacia a perdonar o ser perdonada. Puedo perdonar en la intimidad de mi coraz\u00f3n, en secreto, sin que la otra parte lo sepa. Este fue el caso de Esteban cuando, a punto de morir exclam\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no les tomes en cuenta este pecado\u00bb (Hch. 7:60). Debemos estar dispuestos a perdonar aunque no se nos pida, o incluso cuando siguen ofendi\u00e9ndonos.<\/p>\n<p><strong>\u00bfAmigos de nuevo?<\/strong><\/p>\n<p>La meta primera del perd\u00f3n no es que las partes enfrentadas vuelvan a ser amigas, sino que eliminen el veneno de su coraz\u00f3n. Hay veces en que es imposible volver al mismo tipo de relaci\u00f3n despu\u00e9s de una ofensa grave. As\u00ed ocurre, por ejemplo, en algunos casos de divorcio. Dios no nos pide un ejercicio de masoquismo restaurando relaciones imposibles. La reconciliaci\u00f3n es un resultado deseable, pero no siempre posible. Pero s\u00ed que nos pide amar al ofensor con el amor sobrenatural que es fruto del Esp\u00edritu, el agape de Cristo. Alguien dijo que el perd\u00f3n es la mejor manera de librarse de los enemigos. Esta es exactamente la idea de Ro. 12:20-21.<\/p>\n<p><strong>\u00bfPerdonar requiere olvidar?<\/strong><\/p>\n<p>La mente humana es como un \u00e1lbum de recuerdos que permanecen para siempre. No podemos esperar que el perd\u00f3n borre estas memorias. Ello ser\u00eda absurdo. Cuando hay perd\u00f3n, el recuerdo de una experiencia dolorosa sigue ah\u00ed, pero ya no evoca sentimientos negativos u odio. La idea de la cicatriz nos ayuda a entenderlo: la cicatriz es el recuerdo de un trauma pasado; queda ah\u00ed para siempre, pero ya no duele ni sangra ni se infecta. La herida est\u00e1 cerrada. No podemos borrar los recuerdos de nuestra mente, pero s\u00ed podemos quitar el veneno de esos recuerdos. En realidad, recordar puede ser positivo porque nos evita repetir los mismos errores o faltas. Alguien dijo, refiri\u00e9ndose al holocausto jud\u00edo, que recordar es la mejor vacuna para no repetir.<\/p>\n<p><strong>El problema con la frase \u00abyo perdono, pero no olvido\u00bb, frecuente en labios de algunas personas, es que siguen albergando deseos de venganza y resentimiento en su coraz\u00f3n. No hay un simple recuerdo; es el recuerdo m\u00e1s su correspondiente dosis de veneno. Esta actitud s\u00ed es pecado.<\/strong><\/p>\n<p>Dios es el \u00fanico que puede perdonar y al mismo tiempo olvidar porque \u00e9l est\u00e1 fuera del tiempo \u00abYo, yo soy el que borro tus rebeliones&#8230; y no me acordar\u00e9 de tus pecados\u00bb (Is. 43:25)<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Aprendiendo a perdonar<\/strong><\/p>\n<p>Un antiguo proverbio latino dice: \u00abErrar es humano, perdonar es divino\u00bb. Si el perd\u00f3n tiene un origen divino, \u00bfc\u00f3mo estimular esta pr\u00e1ctica tan importante en las relaciones humanas? El aprendizaje del perd\u00f3n se fundamenta en dos grandes realidades cuya ausencia va a dificultar mucho un perd\u00f3n genuino.<\/p>\n<p><strong>Ser conscientes de nuestros pecados.<\/strong><\/p>\n<p>Tomar conciencia de nuestras propias faltas es el requisito inicial para perdonar. Si no somos capaces de ver primero \u00abla viga\u00bb en nuestro propio ojo, dif\u00edcilmente llegaremos a perdonar al pr\u00f3jimo. Este fue el procedimiento que sigui\u00f3 Jes\u00fas en casa de Sim\u00f3n el fariseo (Lc. 7:36-50). Sim\u00f3n ve\u00eda con nitidez los pecados de aquella mujer, pero estaba ciego ante sus propias faltas.<\/p>\n<p>Por ello, Jes\u00fas las pone al descubierto: \u00abno me diste agua para mis pies&#8230; no me diste beso&#8230; no ungiste mi cabeza con aceite\u00bb (Lc. 7:44-46). Es interesante observar que eran pecados de omisi\u00f3n: Jes\u00fas no le recrimina un mal que hab\u00eda cometido, sino un bien que hab\u00eda dejado de hacer. Y es que, para Dios, tan graves son nuestros pecados de omisi\u00f3n como los de comisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La reprensi\u00f3n del Se\u00f1or a Sim\u00f3n apunta a un aspecto crucial: la esencia del pecado no est\u00e1 en el mal que le hacemos al pr\u00f3jimo, sino en el bien que dejamos de hacerle a Dios: dejar de darle la honra y adoraci\u00f3n que merece (como se expresa claramente en Ro. 1:21).<\/p>\n<p><strong>Por tanto, perdonar requiere, primero, arrojar luz en los oscuros rincones de nuestra conducta y descubrir la sutileza del pecado que \u00abmora en m\u00ed\u00bb: el ego\u00edsmo en nuestras motivaciones, la soberbia, el orgullo, el laberinto de nuestras pasiones, nuestro potencial violento, la vanidad y una lista larga de \u00abobras de la carne\u00bb se ponen al descubierto cuando nos miramos en el espejo de la Palabra de Dios. Los seres humanos tenemos la vista muy fina para ver la \u00abpaja\u00bb del ojo ajeno, pero sufrimos miop\u00eda a la hora de descubrir nuestras faltas.<\/strong><\/p>\n<p>La incapacidad para reconocer el pecado propio es un gran obst\u00e1culo para perdonar porque lleva a la soberbia. Y una persona soberbia trata a los dem\u00e1s con tanta severidad como es indulgente consigo misma. Este fue el problema de Sim\u00f3n en particular y de los fariseos en general. Por ello Jes\u00fas, en otra ocasi\u00f3n tuvo que avergonzarles con aquel reto: \u00abel que de vosotros est\u00e9 sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella\u00bb (Jn. 8:7). Por el contrario, reconocer nuestras faltas nos pone en una situaci\u00f3n de humildad, nos hace sentir \u00abpobres\u00bb delante de Dios y nos lleva a exclamar la petici\u00f3n del Padrenuestro \u00abperd\u00f3nanos nuestras deudas (ofensas) como nosotros perdonamos a nuestros deudores (ofensores)\u00bb. (Mt. 6:12)<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Experimentar el perd\u00f3n de Cristo<\/strong><\/p>\n<p>Sim\u00f3n ten\u00eda dificultades para aceptar y amar a la mujer pecadora no s\u00f3lo por su orgullo, sino tambi\u00e9n porque \u00e9l mismo no hab\u00eda experimentado el perd\u00f3n: \u00abaquel a quien se le perdona poco, poco ama\u00bb le dijo Jes\u00fas (Lc. 7:47). En la medida en que yo me siento deudor de Dios -conciencia de pecado- y perdonado por \u00e9l, ser\u00e9 capaz de perdonar al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p><strong>Es cierto que el perd\u00f3n no es patrimonio exclusivo de los cristianos; pero el creyente es quien est\u00e1 en mejores condiciones para perdonar porque \u00e9l mismo lo ha experimentado. Suplicar el perd\u00f3n de Cristo y recibirlo nos obliga moralmente a perdonar: \u00absi el Se\u00f1or me ha perdonado tanto a m\u00ed, \u00bfc\u00f3mo no voy a perdonar yo tan poco a mi pr\u00f3jimo?\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Este efecto motivador del perd\u00f3n divino act\u00faa tambi\u00e9n por la v\u00eda del ejemplo, no s\u00f3lo de la obligaci\u00f3n moral: \u00abDe la manera que Cristo os perdon\u00f3, as\u00ed tambi\u00e9n hacedlo vosotros\u00bb (Col. 3:13). \u00a1Qu\u00e9 gran privilegio y qu\u00e9 gran reto! Para cumplirlo contamos con el poder de su gracia.<\/p>\n<p><strong>Autor:<\/strong> Dr. Pablo Mart\u00ednez Vila<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abSoport\u00e1ndoos unos a otros, y perdon\u00e1ndoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la misma manera que Cristo os perdon\u00f3, as\u00ed tambi\u00e9n hacedlo vosotros\u00bb (Col. 3:13) En el camino que lleva a la reconciliaci\u00f3n hay un paso fundamental: el perd\u00f3n. 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