{"id":7206,"date":"2016-02-17T14:23:10","date_gmt":"2016-02-17T19:23:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/testimonio-del-suicidio-a-la-salvacion\/"},"modified":"2016-02-17T14:23:10","modified_gmt":"2016-02-17T19:23:10","slug":"testimonio-del-suicidio-a-la-salvacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/testimonio-del-suicidio-a-la-salvacion\/","title":{"rendered":"Testimonio: del suicidio a la salvaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u201cDice el Se\u00f1or:\u2026 \u2018As\u00ed ser\u00e1 la palabra que sale de mi boca; no volver\u00e1 a m\u00ed vac\u00eda, sino que har\u00e1 lo que yo quiero, y ser\u00e1 prosperada en aquello para que la envi\u00e9\u2019\u201d (Isa\u00edas 55:10, 11).<\/strong><\/p>\n<p>Ingres\u00e9 en la Iglesia en febrero de 1982. Tres meses m\u00e1s tarde complet\u00e9 la carrera de medicina y comenc\u00e9 a trabajar. Cuando fui bautizada en la iglesia de La Aurora, en la ciudad de Santa Fe, Argentina, los miembros me obsequiaron una peque\u00f1a Biblia, acaso el mejor regalo que alguna vez haya recibido.<\/p>\n<p><strong>Al ir al trabajo, siempre la llevaba conmigo. <\/strong><\/p>\n<p>Le\u00eda con avidez sobre la vida de Jes\u00fas. Me atra\u00edan especialmente las promesas de la Palabra de Dios, ya que mi ingreso a la iglesia hab\u00eda sido dif\u00edcil, pues mi familia se hab\u00eda opuesto a mi decisi\u00f3n. Por eso me aferraba a las promesas de Dios, procurando memorizarlas, y nunca me separaba de mi Biblia.<\/p>\n<p>Una noche, mientras estaba de guardia en un hospital de la ciudad de Santa Fe, la vigilancia me avis\u00f3 que hab\u00eda llegado un nuevo paciente a la sala de emergencias. Me apresur\u00e9 a llegar y all\u00ed lo encontr\u00e9. Roberto agitaba en la mano un frasco vac\u00edo de un conocido psicof\u00e1rmaco, dici\u00e9ndome que hab\u00eda ingerido todo su contenido.<\/p>\n<p><strong>El cuadro era claro: un intento de suicidio. Para agravar la situaci\u00f3n, lo acompa\u00f1aba su esposa, completamente ebria. <\/strong><\/p>\n<p>Ambos eran pacientes psiqui\u00e1tricos; ambos eran adictos. De inmediato lo envi\u00e9 en ambulancia a una unidad de toxicolog\u00eda de otro hospital, ya que el nuestro carec\u00eda de la infraestructura para tratar su caso. All\u00ed recibi\u00f3 el tratamiento adecuado y luego lo enviaron de regreso para ser controlado en nuestro hospital.<\/p>\n<p>Intern\u00e9 a Roberto y llam\u00e9 a su m\u00e9dico psiquiatra, que confeccion\u00f3 una lista de medicamentos que deb\u00edamos administrarle con suero por v\u00eda endovenosa y me dio otras indicaciones. Me inquiet\u00e9 al ver la cantidad de psicof\u00e1rmacos indicados y compart\u00ed mi preocupaci\u00f3n con el colega. Sin embargo, me dijo que no me preocupara, ya que este paciente estaba habituado a recibir grandes dosis de medicamentos.<\/p>\n<p>Dejamos a Roberto recibiendo el suero y nos retiramos de la habitaci\u00f3n. Una hora m\u00e1s tarde, un enfermero me llam\u00f3 para decirme que Roberto estaba reaccionando de manera inesperada. Corr\u00ed a su cuarto y not\u00e9 que en vez de dormir estaba muy excitado. Los medicamentos le hab\u00edan producido un efecto contrario al esperado. All\u00ed estaba Roberto, temblando como una hoja. Ten\u00eda los ojos bien abiertos, llenos de temor y angustia.<\/p>\n<p>Cuando me vio, grit\u00f3: \u201c\u00a1S\u00e1queme ese suero! \u00a1No sirve para nada! \u00a1Siempre me ponen lo mismo y no me ayuda!\u201d<\/p>\n<p>Me acerqu\u00e9 a su lecho. Entonces baj\u00f3 la voz y me rog\u00f3: \u201c<strong>Por favor, doctora, s\u00e1queme este suero. S\u00f3lo empeora las cosas. Lo que necesito es hablar con alguien. Necesito que me escuchen y que alguien me hable<\/strong>\u201d.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, Roberto \u2014le dije\u2014. Ahora mismo llamo a tu psiquiatra.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No! \u2014exclam\u00f3\u2014. S\u00f3lo me va a volver a medicar. \u00c9l no me escucha ni me habla. \u00a1Por favor, qu\u00e9dese aqu\u00ed y hablemos!<\/p>\n<p>\u2014Bueno, Roberto. No soy psiquiatra, pero \u00bfde qu\u00e9 quieres hablar?<\/p>\n<p>\u2014De cualquier cosa.<\/p>\n<p>\u2014Mira, te hablar\u00e9 de lo mejor que puedo compartir contigo. Te voy a hablar de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe Jes\u00fas? Bueno, pero hay un problema.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l es el problema?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Soy jud\u00edo!<\/p>\n<p>Realmente era un problema. Cuando me levant\u00e9 para llamar a su m\u00e9dico, implor\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No se vaya!<\/p>\n<p>\u2014Roberto, no soy especialista; necesito llamar a tu psiquiatra. Adem\u00e1s, no quieres que te hable del Amigo que me ha ayudado tanto.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien. H\u00e1bleme de ese Jes\u00fas.<\/p>\n<p>A\u00fan recuerdo el tono despectivo de su voz. Con una oraci\u00f3n silenciosa, abr\u00ed mi Biblia y comenc\u00e9 a leerle de Jes\u00fas. No recuerdo nada de lo que dije. S\u00f3lo le\u00eda de los Evangelios, ya que en esa \u00e9poca temprana de mi vida cristiana era lo \u00fanico que sab\u00eda compartir con otros. Luego de unos minutos, pude ver lo incre\u00edble. Roberto se hab\u00eda tranquilizado, ya no temblaba y finalmente se qued\u00f3 dormido.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente fui a visitarlo. Estaba sentado en un banco frente a su cuarto. Se lo ve\u00eda demacrado; la angustia de sus ojos reflejaba su largo padecimiento. Pero me estaba esperando para que le hablara m\u00e1s de \u201cese Jes\u00fas\u201d.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, abr\u00ed mi Biblia y le le\u00ed durante un largo tiempo acerca de Jes\u00fas. Tampoco recuerdo el contenido de mi lectura. Roberto escuchaba atentamente. Sus enormes ojos a veces me miraban y a ratos se concentraban en la Biblia. De tanto en tanto asent\u00eda, o formulaba alguna pregunta o hac\u00eda un comentario. Como m\u00e9dica, razonaba: \u201cEsto no tiene sentido. Estoy con un paciente psiqui\u00e1trico lleno de psicof\u00e1rmacos, ni siquiera es cristiano, y yo le hablo de Jes\u00fas. Esto no tiene sentido\u201d.<\/p>\n<p>Roberto finalmente fue dado de alta. Me desped\u00ed de \u00e9l y pens\u00e9 que se ve\u00eda un poco mejor. No registr\u00e9 su direcci\u00f3n para visitarlo y continuar ley\u00e9ndole la Biblia. \u00bfPor qu\u00e9 no lo hice? Por mis preconceptos y porque desconoc\u00eda el maravilloso poder de la Palabra de Dios.<\/p>\n<p><strong>Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s me traslad\u00e9 a la ciudad de Rosario para realizar una especializaci\u00f3n. Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, una tarde de oto\u00f1o cruzaba una plaza en la ciudad de Santa Fe cuando un caballero pas\u00f3 a mi lado. Luego de dar unos pasos, se volvi\u00f3 hacia m\u00ed y me dijo:<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Usted es doctora\u2026 y tiene un nombre doble\u2026 \u00bfMar\u00eda Emilia? \u00a1S\u00ed! Usted es la doctora Mar\u00eda Emilia. A qu\u00e9 no se imagina qui\u00e9n soy. \u00a1Soy Roberto, aquel hombre desesperado que usted ayud\u00f3 hace tres a\u00f1os en esa noche terrible!<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 muda. \u00a1Roberto! No pod\u00eda ser el paciente que hab\u00eda atendido tres a\u00f1os antes; pero s\u00ed, era \u00e9l. Su figura demacrada se hab\u00eda rellenado, sus ojos ya no reflejaban desesperaci\u00f3n, sino serenidad. Era notable su transformaci\u00f3n. Roberto advirti\u00f3 mi asombro y continu\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, doctora. Yo mismo casi no puedo creer el cambio que he experimentado. Han pasado grandes cosas en mi vida. Cuando usted me habl\u00f3 de Jes\u00fas, le cre\u00ed, y me dije a m\u00ed mismo que Jes\u00fas me iba a ayudar. Dej\u00e9 el hospital y, un d\u00eda, me hallaron unas damas cristianas. Les cont\u00e9 mi experiencia, acept\u00e9 a Jes\u00fas, y finalmente fui bautizado. Mi vida anterior era un verdadero infierno. Viv\u00eda drogado. Mis hijos crecieron sin padre. Ahora son adolescentes y por primera vez estoy con ellos y les escucho. Mi esposa tambi\u00e9n cambi\u00f3. Hemos recuperado nuestra familia. Soy una persona diferente, gracias a Jes\u00fas. Mire, Mar\u00eda Emilia, nunca me olvidar\u00e9 de lo que usted me dec\u00eda de Jes\u00fas; nunca lo olvidar\u00e9. Cuando usted hablaba, yo cre\u00ed en Jes\u00fas, me aferr\u00e9 a \u00e9l, y supe que me salvar\u00eda.<\/p>\n<p><strong>La sorpresa no me permit\u00eda reaccionar. Aqu\u00ed estaba el hombre que tres a\u00f1os antes hab\u00eda tratado de suicidarse. Ahora estaba totalmente sano, sin la angustia que antes hab\u00eda tenido, con una mirada llena de paz y esperanza.<\/strong><\/p>\n<p>No puedo recordar una sola palabra de lo que le le\u00ed junto a su lecho del hospital. S\u00f3lo s\u00e9 que le le\u00ed de los Evangelios, porque era lo \u00fanico que sab\u00eda compartir con otros en ese tiempo. Incluso pens\u00e9 que estaba perdiendo el tiempo, que lo que hac\u00eda no ten\u00eda sentido. Pero tres a\u00f1os despu\u00e9s, en una hermosa tarde oto\u00f1al, aprend\u00ed una lecci\u00f3n important\u00edsima: La Palabra de Dios tiene poder para cambiar vidas y cumplir\u00e1 su prop\u00f3sito. El Se\u00f1or lo prometi\u00f3 por medio de su profeta: \u201cAs\u00ed ser\u00e1 la palabra que sale de mi boca; no volver\u00e1 a m\u00ed vac\u00eda, sino que har\u00e1 lo que yo quiero, y ser\u00e1 prosperada en aquello para que la envi\u00e9\u201d.<\/p>\n<p><strong>Autor:<\/strong>Mar\u00eda Schaller de Ponce ha completado estudios en medicina y teolog\u00eda, y dicta c\u00e1tedra en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Adventista del Plata, en Argentina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cDice el Se\u00f1or:\u2026 \u2018As\u00ed ser\u00e1 la palabra que sale de mi boca; no volver\u00e1 a m\u00ed vac\u00eda, sino que har\u00e1 lo que yo quiero, y ser\u00e1 prosperada en aquello para que la envi\u00e9\u2019\u201d (Isa\u00edas 55:10, 11). Ingres\u00e9 en la Iglesia en febrero de 1982. Tres meses m\u00e1s tarde complet\u00e9 la carrera de medicina y comenc\u00e9 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/testimonio-del-suicidio-a-la-salvacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTestimonio: del suicidio a la salvaci\u00f3n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-7206","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7206","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7206"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7206\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7206"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7206"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7206"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}