{"id":28081,"date":"2016-10-04T20:02:58","date_gmt":"2016-10-05T01:02:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-118-25-comentario-por-pablo-r-andinach\/"},"modified":"2016-10-04T20:02:58","modified_gmt":"2016-10-05T01:02:58","slug":"san-mateo-118-25-comentario-por-pablo-r-andinach","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-118-25-comentario-por-pablo-r-andinach\/","title":{"rendered":"San Mateo 1:18-25 Comentario por Pablo R. Andi\u00f1ach"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>El centro del tiempo<\/strong><\/p>\n<p>Este breve relato de menos de doscientas palabras narra el cambio m&aacute;s importante en la historia humana. Lo que all&iacute; se cuenta es una bisagra en la historia. Es &ldquo;el centro del tiempo.&rdquo; Es el centro porque todo lo que sucedi&oacute; antes y todo lo que sucedi&oacute; y suceder&aacute; despu&eacute;s, para la fe cristiana, es definido por el hecho de que Dios decidi&oacute; hacerse persona y vivir en medio nuestro. El Mes&iacute;as esperado durante tanto tiempo llegaba al mundo y la relaci&oacute;n de los seres humanos con Dios cambiar&iacute;a para siempre. Ahora sabemos, no ya por las Escrituras ancestrales sino por la propia experiencia, que este es el centro del tiempo porque en &eacute;l Dios hace m&aacute;s radical su compromiso con la vida humana y con su creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El profeta Isa&iacute;as lo hab&iacute;a anunciado varios siglos antes. Tambi&eacute;n Zacar&iacute;as hab&iacute;a adelantado que entrar&iacute;a en la ciudad montado en un burro, s&iacute;mbolo de humildad y sencillez. Pero las profec&iacute;as eran mensajes parciales y borrosos comparados con el hecho concreto de la llegada de un ni&ntilde;o que transformar&iacute;a la fe de Israel y que invitar&iacute;a a todas las naciones a sumarse a su mensaje. Tan solo unos pocos tuvieron el privilegio de saber lo que estaba sucediendo. Sus padres, unos pastores, unos sabios de oriente, quiz&aacute;s algunas de las personas de Bel&eacute;n que estaban cerca. Tambi&eacute;n el cruel Herodes supo del ni&ntilde;o rey que acababa de nacer. Cada uno lo recibi&oacute; de una manera distinta, pero todos sintieron&ndash;incluso Herodes&ndash;que algo muy especial de parte de Dios suced&iacute;a delante de ellos y de ellas en esa noche.<\/p>\n<p>Los hechos son contundentes. Mar&iacute;a est&aacute; encinta y su esposo busca abandonarla en secreto para evitar tener que denunciarla a las autoridades, porque el embarazo no era de &eacute;l. De hecho, a&uacute;n no estaban casados sino comprometidos. En aquel entonces el matrimonio constaba de dos partes: se entregaba una suma de dinero a la familia de la novia y as&iacute; se establec&iacute;a el compromiso, que pod&iacute;a durar hasta un a&ntilde;o. Luego de ese tiempo se establec&iacute;a el casamiento, en el cual el novio llevaba a su esposa a su casa y comenzaban su verdadera vida de pareja.&nbsp; Hasta ese momento, no conviv&iacute;an ni estaban permitidas las relaciones sexuales.&nbsp; Pero el var&oacute;n pod&iacute;a repudiar a la novia si ten&iacute;a motivos para hacerlo durante ese per&iacute;odo de compromiso. Es el caso de Jos&eacute;, que supone que Mar&iacute;a le ha sido infiel y que ha quedado embarazada de otro hombre. Este tipo de adulterio era condenado con la muerte (Deuteronomio 22:20), aunque se requer&iacute;an dos testigos del hecho, y no se aplicaba habitualmente. Lo que resultaba era que la mujer era humillada ante todos, y es lo que Jos&eacute; desea evitar.<\/p>\n<p>Hay un dato muy importante que nos se&ntilde;ala el texto cuando habla del nombre del ni&ntilde;o. Se nos dice que el &aacute;ngel revel&oacute; a Jos&eacute; el nombre: Jes&uacute;s, que significa &ldquo;el salvador&rdquo; (y que es &ldquo;Josu&eacute;&rdquo; en hebreo, el nombre del l&iacute;der que dirigi&oacute; el ingreso a la tierra prometida).&nbsp; Pero inmediatamente agrega que ser&aacute; as&iacute; para que se cumpla lo que dijo el profeta Isa&iacute;as (7:14): &ldquo;le pondr&aacute;s por nombre Emanuel (que significa: &lsquo;Dios con nosotros&rsquo;).&rdquo; Pero este no es un nombre de persona, sino un t&iacute;tulo o una declaraci&oacute;n de qui&eacute;n ser&aacute; el ni&ntilde;o y de cu&aacute;l ser&aacute; su misi&oacute;n. Ya en el anuncio est&aacute; establecido que a trav&eacute;s de su persona Dios se radicar&aacute; con todo el pueblo de Dios y que &ldquo;estar&aacute; con nosotros y nosotras.&rdquo; Que no es un nombre queda claro, pues de hecho el ni&ntilde;o se llamar&aacute; Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>&nbsp;Hay momentos en la historia que marcan a una generaci&oacute;n; otros a un pa&iacute;s o a un pueblo. El momento del nacimiento de Jes&uacute;s marc&oacute; el punto alrededor del cual toda la historia habr&iacute;a de girar. Y por ello podr&iacute;amos pensar que los protagonistas deber&iacute;an ser personas poderosas, extremadamente sabias o astutas como pocas. Pero no es el caso. All&iacute; est&aacute; Mar&iacute;a, una joven sencilla, sin rango ni alcurnia. All&iacute; Jos&eacute;, un muchacho carpintero sin fama ni prestigio. Y all&iacute; est&aacute; el ni&ntilde;o de Bel&eacute;n. &iquest;Podemos&nbsp; imaginar alguien m&aacute;s fr&aacute;gil que un ni&ntilde;o? Un ni&ntilde;o depende de los dem&aacute;s en todo: para alimentarse, para aprender a caminar, para aprender a hablar. Sin que alguien le hable, jam&aacute;s llegar&iacute;a a pronunciar una palabra. Un ni&ntilde;o necesita del amor de sus padres o morir&iacute;a de soledad. Es un ser que necesita del cuidado de los seres humanos para sobrevivir. Y ese ser fr&aacute;gil e indefenso es quien nos ha sido enviado por Dios para cambiar las coordenadas de la historia.<\/p>\n<p>Este Adviento hemos venido prepar&aacute;ndonos para su llegada. Un ni&ntilde;o o una ni&ntilde;a son esperados, porque se anuncian ya en la madre desde el momento de la concepci&oacute;n y en la familia en cuanto el embarazo comienza a notarse en el cuerpo de la madre. Siempre un ni&ntilde;o es esperado. Hay expectativas entre quienes rodean a la madre. Pero el ni&ntilde;o de Bel&eacute;n se nos anunci&oacute; con siglos de anticipaci&oacute;n y ahora su presencia nos ilumina. &iquest;C&oacute;mo nos preparamos para recibirlo?<\/p>\n<p>Es curioso que mientras unos se acercaban desde muy lejos para adorarle, otros lo quer&iacute;an matar. Parece que ya desde su nacimiento, la presencia de Dios entre nosotros y nosotras trajo alegr&iacute;a en unos y pesar en otros; trajo la buena noticia para los pobres y humildes y desaz&oacute;n para quienes detentaban el poder. Quienes eran marginados (los enfermos, las mujeres, los ni&ntilde;os, los samaritanos) recibieron un lugar especial en su ministerio. A los soberbios los invit&oacute; a cambiar de actitud&nbsp; y a todos a cambiar de vida. Pero lo que resalta de las historias b&iacute;blicas es que ante &eacute;l no es posible ser neutral. Quienes lo conocieron tuvieron que tomar decisiones fuertes. Seguirlo o abandonarlo. Serle fiel o traicionarlo. Obedecerle o tratarlo como un ladr&oacute;n. Amarlo o colgarlo de una cruz. Nosotros y nosotras hoy no somos ajenos a esas disyuntivas. Contemplar al ni&ntilde;o de Bel&eacute;n nos enfrenta con opciones que marcar&aacute;n nuestras vidas. Es cuesti&oacute;n de que lo ignoremos o que sea el centro de nuestro tiempo. Hay muchos caminos delante para seguir, y de los tantos caminos propuestos, somos invitados a elegir el que conduce hacia &eacute;l.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El centro del tiempo Este breve relato de menos de doscientas palabras narra el cambio m&aacute;s importante en la historia humana. Lo que all&iacute; se cuenta es una bisagra en la historia. 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