{"id":28109,"date":"2016-10-04T20:04:08","date_gmt":"2016-10-05T01:04:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-313-17-comentario-por-elizabeth-gareca-gareca\/"},"modified":"2016-10-04T20:04:08","modified_gmt":"2016-10-05T01:04:08","slug":"san-mateo-313-17-comentario-por-elizabeth-gareca-gareca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-313-17-comentario-por-elizabeth-gareca-gareca\/","title":{"rendered":"San Mateo 3:13-17 Comentario por Elizabeth Gareca Gareca"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">&ldquo;En aquellos d&iacute;as&hellip;&rdquo; (3:1).<\/p>\n<p>As&iacute; inicia Mateo su relato de la vida p&uacute;blica de Jes&uacute;s en un tiempo kair&oacute;tico, mesi&aacute;nico. Con este texto Mateo est&aacute; cerrando el ciclo de la infancia de Jes&uacute;s (el nazareno del cual hablan las Escrituras, como dice 2:3) y abre la narrativa de su ministerio p&uacute;blico.<\/p>\n<p><strong>Los contrastes del texto&hellip;<\/strong><\/p>\n<p>En la primera parte del cap&iacute;tulo 3 de San Mateo aparecen muchos s&iacute;mbolos y personajes contrastados:<\/p>\n<p><strong>1) Desierto y r&iacute;o:<\/strong><\/p>\n<p>Juan aparece primero como &ldquo;la voz del que clama en el desierto&rdquo; (3:3). El desierto es un lugar dif&iacute;cil para posibilitar la vida. El pueblo de Israel conducido por Dios tuvo que enfrentarse al terrible desierto (Dt 1:19) antes de entrar en la tierra prometida, y fue all&iacute; donde tom&oacute; conciencia de su propia identidad (de que era el pueblo elegido y liberado), y descubri&oacute; la necesidad de organizarse (mediante sus c&oacute;digos legales) para vivir en comunidad y con perspectivas futuras de poseer la tierra como don de su Dios liberador. Por ende, el desierto es tambi&eacute;n un espacio propicio para el encuentro con Dios y su proyecto. Es precisamente en ese espacio en que Juan comienza a anunciar que el Reino de los cielos estaba cerca y que, para acogerlo, era urgente la conversi&oacute;n del pueblo.<\/p>\n<p>Desde aquel desierto de Judea, Juan baja al r&iacute;o Jord&aacute;n, hace la transici&oacute;n entre estos dos espacios y logra complementarlos. El r&iacute;o contrasta con el desierto por su significaci&oacute;n, pues el agua siempre ser&aacute; s&iacute;mbolo de vida y purificaci&oacute;n. Estar en el r&iacute;o tiene un prop&oacute;sito: bautizar a los que confesaban sus pecados y cre&iacute;an en las palabras del Bautista. Los espacios del desierto y del r&iacute;o se reflejan el s&iacute;mbolo del bautismo, con la conversi&oacute;n por la cual dejamos atr&aacute;s una vida alejada del proyecto de Dios o de pecado e iniciamos una nueva vida, acorde con el anuncio del Reino que hicieron primero Juan y luego Jes&uacute;s.<\/p>\n<p><strong>2) Juan y Jes&uacute;s:<\/strong><\/p>\n<p>Cada uno tiene una misi&oacute;n y una visi&oacute;n diferentes, aunque convergen en el anuncio del Reino de Dios y la experiencia del bautismo de Jes&uacute;s. Juan llama a una conversi&oacute;n para la pronta venida del Reino de los cielos, bautiza con agua (purifica) a los que confiesan sus pecados (como s&iacute;mbolo de conversi&oacute;n), lleva una vida austera en el desierto (como la de cualquier asceta que se retira de la ciudad), advierte sobre el castigo inminente para la &eacute;lite religiosa de la &eacute;poca, y cree en un juicio divino que separar&aacute; lo bueno de lo malo. De ah&iacute; viene justamente su preocupaci&oacute;n por la purificaci&oacute;n ante la cercan&iacute;a del Reino.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s llega hasta el r&iacute;o Jord&aacute;n desde su pueblo (3:13), no del aislamiento, con el prop&oacute;sito de ser bautizado por Juan. El bautismo se convertir&aacute; en el mayor s&iacute;mbolo de la filiaci&oacute;n de Jes&uacute;s con su Padre. Jes&uacute;s es presentado por Dios con las palabras &ldquo;Este es mi hijo amado&rdquo; (3:17) tanto ante los presentes entonces como ante los lectores de todas las &eacute;pocas. Seguramente Jes&uacute;s conoc&iacute;a el anuncio del Reino que hac&iacute;a Juan y cre&iacute;a en &eacute;l, y por eso fue que seg&uacute;n Mateo 4:17, Jes&uacute;s repetir&iacute;a la misma frase de Juan: &ldquo;&iexcl;Arrepent&iacute;os, porque el reino de los cielos se ha acercado!&rdquo; Pero si bien ambos anuncian que el Reino de los cielos se acerca, la perspectiva de cada uno es diferente. Juan imagina que la llegada del Reino estar&aacute; acompa&ntilde;ada por un juicio divino y tiene por lo tanto una visi&oacute;n apocal&iacute;ptica del acontecimiento (3:10.12). Jes&uacute;s usa par&aacute;bolas para ense&ntilde;ar como lo entiende &eacute;l y toda su vida se dedicar&aacute; a anunciar y vivir esa utop&iacute;a.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s decide iniciar su misi&oacute;n con el bautismo de Juan precisamente porque el bautismo le confiere su filiaci&oacute;n con el Padre. La pr&aacute;ctica de Juan es transformada por la presencia de Jes&uacute;s, y por ende, el bautismo se transforma en el reconocimiento de nuestra identidad m&aacute;s profunda, la de ser hijos e hijas de Dios.<\/p>\n<p><strong>3) El pueblo com&uacute;n y la &eacute;lite religiosa jud&iacute;a:<\/strong><\/p>\n<p>Mateo muestra el contraste entre el pueblo que, confesando sus pecados, es bautizado por Juan, y las autoridades jud&iacute;as, representadas por los fariseos, sacerdotes y saduceos que se contentan s&oacute;lo con tener el t&iacute;tulo de &ldquo;hijos de Abraham&rdquo; (aut&eacute;nticos jud&iacute;os). Por eso es que a ellos Juan les anuncia el castigo inminente; ellos representaban la &ldquo;institucionalidad religiosa&rdquo; y no estaban dando los frutos esperados. El pueblo, en cambio, se convierte, y Juan los bautiza a todos y a todas.<\/p>\n<p>Es importante pensar en la institucionalidad de nuestras iglesias. &iquest;Est&aacute;n dando los frutos que Dios y el pueblo espera? Si el bautismo, seg&uacute;n este texto b&iacute;blico, es la consecuencia de la conversi&oacute;n, y la conversi&oacute;n es la consecuencia de una fe madura y reflexionada, &iquest;ser&aacute; que las iglesias est&aacute;n asumiendo el bautismo con la suficiente seriedad y coherencia, como una verdadera conversi&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;les ser&aacute;n los motivos de la creciente incredulidad de las nuevas generaciones y de la desolaci&oacute;n de muchos de nuestros templos? &iquest;Qu&eacute; incidencia logramos en la transformaci&oacute;n de las realidades? Quiz&aacute; la pr&aacute;ctica de nosotros\/as los\/as creyentes est&eacute; alejada de su esencia, quiz&aacute; no estemos sabiendo dar frutos dignos de nuestra fe, que muestren verdaderamente nuestra conversi&oacute;n y la b&uacute;squeda permanente del Reino de Dios.<\/p>\n<p>Nuestra vida est&aacute; tambi&eacute;n llena de contrastes que nos ubican dentro de un largo proceso de conversi&oacute;n. A veces estamos en el desierto fluctuando entre los encuentros y desencuentros con Dios, a veces ya estamos en la ribera del r&iacute;o esperando vivir nuestro bautismo, revestidos de Cristo e inspirados por el Esp&iacute;ritu Santo. A veces nos recogemos como Juan, preferimos alejarnos de la cotidianidad, y no hay nada malo en eso, siempre y cuando sea para recuperar fuerzas y regresar al mundo habitual con el firme prop&oacute;sito de procurar cambios positivos. A veces somos como Jes&uacute;s, nos ligamos a una cotidianidad, nos involucramos y comprometemos con su utop&iacute;a, con &iexcl;otro mundo m&aacute;s humano!<\/p>\n<p>Cuando actuamos como Jes&uacute;s, somos parte del pueblo com&uacute;n que confiesa sus pecados y abraza el proyecto de Dios; establecemos una relaci&oacute;n filial con el Padre. Y en otras ocasiones somos parte de la &ldquo;institucionalidad religiosa&rdquo; y miramos o escuchamos con sospecha aquello que interpela nuestra comodidad y seguridad.<\/p>\n<p><strong>Cumplir &ldquo;<em>toda justicia:<\/em>&rdquo; el reto para todos\/as<\/strong><\/p>\n<p>Este texto de Mateo inaugura la vida p&uacute;blica de Jes&uacute;s que tendr&aacute; por finalidad cumplir &ldquo;toda justicia&rdquo; (3:15) como interpretaci&oacute;n de la voluntad de su Padre. Es Jes&uacute;s quien invita a Juan &ndash;y por ende a cualquiera que lea el evangelio&ndash; a cumplir con la voluntad de su Padre. El texto nos insta a vivir la justicia de Dios como el camino para encontrar el <em>Shalom<\/em>,<sup>1<\/sup> es decir, aquella paz integral fruto de la justicia social. Que todos\/as puedan gozar de una vida plena ser&aacute; la manera m&aacute;s efectiva de hacer presente el Reino.<\/p>\n<p>En nuestro continente podemos hablar del &ldquo;buen vivir,&rdquo; como una &eacute;tica de vida de armon&iacute;a plena con todo el cosmos. En t&eacute;rminos cristianos, este es el proyecto de Dios que se nos acerca y nos interpela a cambiar las estructuras sociales, econ&oacute;micas, religiosas, culturales, &eacute;tnicas, etc., en busca &ndash;siempre&ndash; del bien com&uacute;n. Este es el reto para cada bautizado\/a, el de asumir su fe y producir los buenos frutos que demanda Juan, el de comprometernos verdaderamente con la vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>1<\/sup>Significa &ldquo;paz&rdquo; en hebreo. No es la paz entendida como silencio o quietud, sino como armon&iacute;a plena, gozo, unidad, plenitud, salud, prosperidad tanto a nivel personal como comunitario y social.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;En aquellos d&iacute;as&hellip;&rdquo; (3:1). As&iacute; inicia Mateo su relato de la vida p&uacute;blica de Jes&uacute;s en un tiempo kair&oacute;tico, mesi&aacute;nico. Con este texto Mateo est&aacute; cerrando el ciclo de la infancia de Jes&uacute;s (el nazareno del cual hablan las Escrituras, como dice 2:3) y abre la narrativa de su ministerio p&uacute;blico. 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