{"id":28114,"date":"2016-10-04T20:04:21","date_gmt":"2016-10-05T01:04:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-41-11-comentario-por-jose-luis-la-torre-cuadros\/"},"modified":"2016-10-04T20:04:21","modified_gmt":"2016-10-05T01:04:21","slug":"san-mateo-41-11-comentario-por-jose-luis-la-torre-cuadros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-41-11-comentario-por-jose-luis-la-torre-cuadros\/","title":{"rendered":"San Mateo 4:1-11 Comentario por Jos\u00e9 Luis La Torre-Cuadros"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>Preparaci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Las tentaciones al comienzo del ministerio de Jes&uacute;s establecen un paralelo hist&oacute;rico con el peregrinaje del pueblo israelita en su viaje a la tierra prometida. La tradici&oacute;n jud&iacute;a en la que se form&oacute; Mateo ense&ntilde;aba que el pueblo israelita dej&oacute; Egipto y viaj&oacute; por el desierto durante cuarenta a&ntilde;os, debiendo all&iacute; experimentar la total dependencia de Dios, antes de conquistar la tierra prometida; y que tambi&eacute;n Mois&eacute;s se prepar&oacute; en el desierto con cuarenta d&iacute;as en ayuno y oraci&oacute;n para recibir la ley (Dt 9:9). Mateo, siguiendo esa tradici&oacute;n, describe a Jes&uacute;s, el creador del nuevo Israel, tambi&eacute;n dejando Egipto de ni&ntilde;o (Mt 2:15), y emprendiendo, antes de comenzar su ministerio p&uacute;blico, su viaje de fe por cuarenta d&iacute;as, siendo el n&uacute;mero cuarenta por esta raz&oacute;n sin&oacute;nimo del tiempo de prueba o preparaci&oacute;n para el pueblo o para los profetas, en el cual el juicio divino siempre se manifiesta (v&eacute;ase por ejemplo Jon 3:4). Para el evangelista Mateo, Jes&uacute;s, antes de comenzar su misi&oacute;n de crear al nuevo Israel (la comunidad de disc&iacute;pulos), debe ser probado en el mismo escenario en que lo fue Mois&eacute;s, el formador del Israel del Antiguo Testamento. Y pasando la prueba, Jes&uacute;s demuestra que est&aacute; listo para llevarnos a la tierra prometida, que en Mateo es el Reino de Dios que Jes&uacute;s mismo proclama (Mt 4:17).<\/p>\n<p>Cabe agregar que el desierto tambi&eacute;n era el escenario del poder del mal y de la ausencia de protecci&oacute;n, as&iacute; como el lugar donde, en el d&iacute;a de la expiaci&oacute;n, se soltaba y se abandonaba a un macho cabr&iacute;o al que se le hac&iacute;an llevar sobre s&iacute; todos los pecados (Lv 16:21-22).<\/p>\n<p><strong>&iquest;Eres Verdaderamente Quien Dices Ser?<\/strong><\/p>\n<p>El tentador usa la expresi&oacute;n &ldquo;si eres Hijo de Dios&rdquo; (vv. 3 y 6), porque este fue el t&iacute;tulo que Jes&uacute;s recibi&oacute; al salir de las aguas de su bautismo (Mt 3:17, Mc 1:11, Lc 3:22). Las dos primeras tentaciones se dirigen a probar la veracidad de ese t&iacute;tulo, desafiando a Jes&uacute;s a demostrar que la proclamaci&oacute;n bautismal era fidedigna.<\/p>\n<p>La confrontaci&oacute;n entre el tentador y el Hijo de Dios se menciona en los tres evangelios sin&oacute;pticos, pero queda establecida con detalle s&oacute;lo en Mateo y Lucas. La principal diferencia entre Mateo y Lucas es que la segunda y tercera tentaci&oacute;n aparecen en diferente orden (ver paralelo de Mt 4:5-10 con Lc 4:5-12).<\/p>\n<p>N&oacute;tese que aunque el tentador aparece realizando un gran despliegue de poder, en realidad no es &eacute;l quien ha creado la oportunidad de tentar a Jes&uacute;s, sino que esta oportunidad es m&aacute;s bien el resultado de una libre decisi&oacute;n divina de someterse a una prueba. Por ello, Mateo declara en el v. 1 que &ldquo;Jes&uacute;s fue llevado por el Esp&iacute;ritu al desierto para ser tentado por el diablo.&rdquo; No es el tentador quien ha tendido una emboscada a Jes&uacute;s o quien controla las circunstancias, sino que es m&aacute;s bien Dios quien por medio del Esp&iacute;ritu lleva a Jes&uacute;s a un per&iacute;odo de preparaci&oacute;n en el desierto que incluye una confrontaci&oacute;n con el tentador.<\/p>\n<p>La conexi&oacute;n entre el bautismo y la tentaci&oacute;n es interesante, puesto que la filiaci&oacute;n divina no libra a Jes&uacute;s de la prueba, sino que m&aacute;s bien lo ayuda a identificarse y a atravesar la prueba seguro de su identidad como Hijo de Dios. En otras palabras, Jes&uacute;s no necesita probar que es Hijo de Dios porque sabe que lo es desde que escuch&oacute; la voz de Dios proclam&aacute;ndolo como tal en su bautismo.<\/p>\n<p><strong>Tres Desaf&iacute;os<\/strong><\/p>\n<p>Las tentaciones describen tres realidades con las cuales el mensajero de Dios debe confrontarse:<\/p>\n<p><strong>Piedras en pan (vv. 3-4):<\/strong> Las piedras abundan en el desierto; el pan no. Jes&uacute;s es desafiado a usar su poder para resolver su hambre. El sustento vital para seguir con su misi&oacute;n est&aacute; en sus manos, y la tentaci&oacute;n desaf&iacute;a a Jes&uacute;s a usar esa capacidad para resolver el hambre y las necesidades b&aacute;sicas para la vida. El pan aqu&iacute; representa esa necesidad vital. As&iacute; como Israel clam&oacute; por pan (Ex 16) y recibi&oacute; el man&aacute;, ahora Jes&uacute;s es retado a hacer realidad su propio man&aacute; para as&iacute; demostrar su filiaci&oacute;n divina.<\/p>\n<p><strong>El pin&aacute;culo del templo (vv. 5-7):<\/strong> Este es el lugar alto desde donde toda la ciudad es visible y Jes&uacute;s mismo puede ser visto. El tentador tiene la fuerza de transportar a Jes&uacute;s desde el desierto hasta Jerusal&eacute;n (dice el v.5: &ldquo;el diablo lo llev&oacute; a la santa ciudad, lo puso sobre el pin&aacute;culo del Templo&rdquo;). All&iacute; en la ciudad Santa, la ciudad del gran Rey (Mt 5:35), Jes&uacute;s es invitado a demostrar que Dios est&aacute; de su lado y que lo proteger&aacute; y librar&aacute; de todo peligro y da&ntilde;o. La tentaci&oacute;n lo desaf&iacute;a a revelar a un Dios capaz de servirlo como protector y de hacerlo invulnerable a la muerte (por eso el v.6 dice: &ldquo;Si eres Hijo de Dios, t&iacute;rate abajo, pues escrito est&aacute;: &lsquo;A sus &aacute;ngeles mandar&aacute; cerca de ti,&rsquo; y &lsquo;En sus manos te sostendr&aacute;n, para que no tropieces con tu pie en piedra.&rsquo;&rdquo;). La tentaci&oacute;n es sutil en su invitaci&oacute;n a proclamar y reclamar su derecho de ser protegido por la mano de Dios de todo mal; es una invitaci&oacute;n a demostrar que Jes&uacute;s no puede ni debe morir, porque el verdadero Hijo de Dios siempre ser&aacute; preservado de cualquier da&ntilde;o. As&iacute; el tentador busca que Jes&uacute;s use su filiaci&oacute;n divina para manipular a Dios, demandando la acci&oacute;n inmediata de Dios en cualquier momento de necesidad, y demostrar as&iacute; ante el mundo que esta filiaci&oacute;n divina lo libra de cualquier peligro inminente.<\/p>\n<p><strong>Los reinos del mundo (vv. 8-10):<\/strong> La escena se mueve ahora de la ciudad a una monta&ntilde;a. El tema ya no se relaciona con el poder creador que existe en Jes&uacute;s, ni con el poder de Dios para librarlo de cualquier peligro, sino que se mueve hacia el deseo y la ambici&oacute;n de poder que habita en todo ser humano (dicen los vv. 8-9: &ldquo;Le mostr&oacute; todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: &lsquo;Todo esto te dar&eacute;, si postrado me adoras.&rsquo;&rdquo;). El tentador est&aacute; probando la humanidad de Jes&uacute;s y su capacidad de ser plenamente humano y de demostrar que es posible otra forma de humanidad, una en la cual el poder no es la meta suprema. En las dos primeras tentaciones se desaf&iacute;a a Jes&uacute;s probar la filiaci&oacute;n divina; en esta tercera se desaf&iacute;a su humanidad, para ver si es posible ser plenamente humano sin sucumbir al deseo de poder.<\/p>\n<p>Las dos primeras tentaciones implican un debate b&iacute;blico entre el tentador y Jes&uacute;s; la tercera presenta al tentador trayendo una oferta concreta de poder pol&iacute;tico y a Jes&uacute;s rechazando el poder y la riqueza del mundo con la Palabra de Dios. Seg&uacute;n el v.10, Jes&uacute;s dice: &ldquo;Al Se&ntilde;or tu Dios adorar&aacute;s y s&oacute;lo a &eacute;l servir&aacute;s&rdquo;, palabras que son un eco del <em>Shem&aacute;<\/em>, que es una de las principales plegarias del juda&iacute;smo (Dt 6:4 y 13).<\/p>\n<p><strong>Conclusi&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Podemos decir que, aunque hayamos sido marcados en el bautismo como hijos e hijas de Dios, tambi&eacute;n atravesaremos el desierto de esta vida llenos de pruebas que constituir&aacute;n un desaf&iacute;o para nuestra fe y nuestra idea de Dios. El camino que nos lleva a la vida eterna es estrecho y dif&iacute;cil, pero de la misma manera en que Jes&uacute;s fue servido por &aacute;ngeles (v. 11), Dios pondr&aacute; en nuestro camino a hermanos y hermanas que nos proveer&aacute;n del alimento f&iacute;sico y espiritual que necesitemos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Preparaci&oacute;n Las tentaciones al comienzo del ministerio de Jes&uacute;s establecen un paralelo hist&oacute;rico con el peregrinaje del pueblo israelita en su viaje a la tierra prometida. 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